Pena de muerte - Rafael Serrano

437 views

Published on

Karla Faye Tucker, la asesina ejecutada en Tejas el 3 de febrero de 1998, ha causado conmoción en Estados Unidos, donde casi todas las semanas se aplica alguna pena de muerte sin que la gente muestre mucho interés. Pero Tucker reunía varias condiciones especiales: era una mujer, se expresaba bien, se había convertido en ferviente cristiana y todo el país la conocía a través de la televisión. Los comentarios publicados en estos días subrayan que esta ejecución ha hecho pensar a muchos. Pero no es seguro que, pasada la impresión, cambie la opinión pública, mayoritariamente a favor de la pena capital.

0 Comments
0 Likes
Statistics
Notes
  • Be the first to comment

  • Be the first to like this

No Downloads
Views
Total views
437
On SlideShare
0
From Embeds
0
Number of Embeds
5
Actions
Shares
0
Downloads
7
Comments
0
Likes
0
Embeds 0
No embeds

No notes for slide

Pena de muerte - Rafael Serrano

  1. 1.  Pena de muerte: cuando el reo tiene rostroKarla Faye Tucker, la asesina ejecutada en Tejas el 3 de febrero de 1998, hacausado conmoción en Estados Unidos, donde casi todas las semanas se aplicaalguna pena de muerte sin que la gente muestre mucho interés. Pero Tucker reuníavarias condiciones especiales: era una mujer, se expresaba bien, se habíaconvertido en ferviente cristiana y todo el país la conocía a través de la televisión.Los comentarios publicados en estos días subrayan que esta ejecución ha hechopensar a muchos. Pero no es seguro que, pasada la impresión, cambie la opiniónpública, mayoritariamente a favor de la pena capital.Pedir clemencia para Tucker no es lo mismo que rechazar la pena de muerte.Muchos de los que intercedieron por la condenada en este caso siempre se hanmanifestado partidarios del castigo que se le ha aplicado. Entre ellos,señaladamente, están los protestantes evangelistas conservadores, con eltelepredicador Pat Robertson a la cabeza. Adujeron que Tucker merecía el perdónpor su arrepentimiento, su buena conducta durante más de 14 años en prisión y suconversión religiosa. Pero Tucker no era un caso excepcional. Muchos de loscondenados a muerte experimentan la misma transformación en la cárcel, segúndice el Washington Post en un editorial (5-II-98). Y "la pena de muerte, por sumisma naturaleza -prosigue el diario-, no manifiesta un particular interés por larehabilitación".De hecho, que Tucker se convirtiera, a los ojos del público, en un caso especial,quizá no ha ayudado a la causa abolicionista ni, en último término, a ella misma. Lapena de muerte, dicen los partidarios, sería más difícil de justificar si no dependierasólo de los criterios legales, aplicados a todos los condenados por igual, mujeres uhombres, negros o blancos. Para el próximo 20 de abril está prevista la ejecuciónen Tejas de otra mujer, que, a diferencia de Tucker, es de raza negra y harenunciado a apelar. Si el gobernador del Estado, George Bush, hubiera otorgadola gracia a Tucker, se habría expuesto a críticas por la diferencia de trato.De ahí que distintos comentarios opuestos a la pena capital vean ciertaincoherencia en el movimiento de compasión despertado por Tucker. TraceyDuncan, periodista que presenció la ejecución -y otras siete antes de esta-, explicaen The Daily Telegraph (5-II-98) que no volverá a aceptar encargos de ese tipo.Ante el despliegue de los medios de comunicación el pasado 3 de febrero, sepregunta: "¿Dónde estaban esos 500 periodistas y técnicos de televisión venidos 
  2. 2.  de todo el mundo, o los mil manifestantes que protestaban a las puertas de laprisión, hace dos semanas, cuando ejecutaron a Leslie Gosch?". En aquella ocasiónsólo se presentaron seis periodistas y un único manifestante, precisa Duncan. ConTucker fue distinto, dice, "porque era una mujer y, por tanto, su caso era unabomba periodística".Otros comentarios van más allá. Lo especial del caso, dice Ellen Goodman (TheBoston Globe, 5-II-98), es que "Karla Faye Tucker puso un rostro en la masa decondenados a muerte". Es lo que muestran reflexiones como la de una mujerentrevistada para una crónica del New York Times (5-II98): "Hasta ahora yo estabaa favor de la pena de muerte. Pero cuando llegas a conocer a alguien portelevisión, te paras a pensar: ¿es eso lo que se merecen los condenados?". Algoparecido dijo una periodista -citada por Goodman- de una cadena evangélica detelevisión, para explicar por qué, siendo partidaria de la pena capital, no lo era dela ejecución de Tucker: "Ella no encajaba en la imagen que teníamos de loscondenados a muerte".Por eso los comentaristas se preguntan si la simpatía suscitada por Tucker serviráde algo a los 3.365 sentenciados a muerte, hombres más del 98% de ellos, quehay actualmente en Estados Unidos. Aunque relativamente pocos terminarán en elpatíbulo (las ejecuciones en todo el país no llegan aún al centenar anual), ellos notienen rostro para el público. La batalla televisada de Tucker por su vida ha tenidoun efecto similar al de la ecografía que muestra en su aspecto humano al feto queiba a ser abortado; o ha sido para la gente algo parecido a pasar de la defensateórica de la eutanasia a atender a enfermos terminales. Es más difícil aprobar lamuerte de alguien al que se conoce.Rafael Serrano11-2-1998Aceprensa 

×