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Guillermo Tovar de Teresa                            Ficha biográfica por Xavier Guzmán                                   ...
•   República de Weimar y la vienesa de la posguerra. Era lector de Marcel Schwob, Gustave Flaubert, Pierre    Louys, Robe...
•   Por esta época es que se ubica la búsqueda y final hallazgo de un autor (él sólo lo había leído), frente a quién decid...
••   En la secundaria se transformó en un alumno “indiferente, ausentista y jugador de dominó.” Era    también, no hace fa...
•   No es de sorprender que pronto se acercara, mientras cursaba la preparatoria en el Centro Universitario    México, a p...
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•   Guillermo Tovar de Teresa ha comprendido que para llenar las múltiples lagunas que aún existen en las    biografías de...
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•   En 1993 apareció Pegaso o el mundo barroco novohispano en el siglo XVII, librito que, no obstante su talla (no llega a...
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Guillermo tovar de teresa

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  1. 1. Guillermo Tovar de Teresa Ficha biográfica por Xavier Guzmán Primeros años. Guillermo Tovar de Teresa (ciudad de México, 23 de agosto de 1956) aprendió a leer “mucho antes de ingresar al sistema escolar”. La lectura lo llevó a la historia. A sus padres, el primer hecho no les llamó la atención; en cambio su inclinación temprana al estudio sí los alertó. No tenían un hijo cualquiera. Sin embargo, por increíble que parezca, esto no era extraordinario en su familia. Pero en su caso, el interés por lahistoria, más allá del cariño fraterno, le hizo contar con la solidaridad humana e intelectual de su abuelo, Guillermo de Teresa y Teresa. Este tercer hecho resultó fundamental para conseguir su libertad. Él mismo ha escrito que se “independizó a los cinco años”. Ejecutar acciones que nocorrespondían a su edad se transformó a partir de entonces en algo recurrente en su vida.No obstante, las razones esgrimidas en aquel momento eran las de un niño: no le gustaba el pollo y, según recuerda, en su casa materna lo comía diario. La del abuelo, ahora su hogar, era otra cosa. Se ubicaba en Jalapa número 78, colonia Roma. Vivía rodeado de un servicio doméstico de otra época. Él ahí era un señor. Pero la explicación baladí no se sostiene al saber que en casa de su abuelo había un tesoro, una magnífica biblioteca, y menos aún al entender que, por supuesto, la leyó completa. Hay tantos libros, tanto qué leer, pero ¿dónde están? Existen bibliotecas públicas. Hay muchas que se han perdido o disgregado. Se propuso formar la suya. Deseaba reunir todas. A aquella casa también acudía el tío Ignacio de Teresa y Teresa. Era un hombre cultísimo que había vivido en Biarritz, Berlín y Viena en los años de la entre guerra. Conocía la cultura parisina, de la
  2. 2. • República de Weimar y la vienesa de la posguerra. Era lector de Marcel Schwob, Gustave Flaubert, Pierre Louys, Robert Musil, Hermann Broch, Joseph Roth y Walter Benjamin. Era asimismo entusiasta de la pintura de Gustav Klimt, y la música de Debussy y Mahler. Ellos, el abuelo, el tío y el nieto, conversaban de todo eso. Creció en aquel ambiente como un niño precoz acumulando un tesoro de experiencias. Su abuela materna era alemana, Josefina Wiechers, y a la vez la abuela de ella se apellidaba Wedekind, parienta de Frank Wedekind, inicial expresionista alemán, maestro de Bertolt Brecht, autor de la Lulú para la ópera de Alban Berg, y de Die Büchse der Pandora, obra que dio origen a una película muda, de 1929, dirigida por George Wilhelm Pabst.•• Por eso Guillermo Tovar de Teresa, desde entonces, empezó a silbar con gran pericia, misma que aún conserva, tanto la música de Bach como la de Kurt Weill. Obviamente la escuela se transformó ante sus ojos en algo muerto, aburrido y doctrinario; todo lo contrario a su casa en que leyendo viajaba y se tuteaba con personas vivas: Lucas Alamán, Vicente Riva Palacio, Justo Sierra. Ahí dio inicio su formación autodidacta y su amplitud interdisciplinaria. Un día terminó de leer Los bandidos de Río Frío y sintió una gran tristeza por todo aquel México que se fue… Lloró. ¿Cómo recuperarlo?•• Enrique Krauze entendió bien sus sentimientos cuando escribió: “un niño con alma secular sintió la gravitación de toda la historia derruida y se propuso retenerla. Algún día la ciudad tendría el valor de verse en el espejo que él, con amor, reconstruiría”. Su tragedia era mayúscula. Le pesaba la pérdida de la riqueza material, pero también la inmaterial, tangible e intangible, de una cultura como la mexicana, formada con la herencia prehispánica, colonial y moderna. Con la fuga de bibliotecas, eliminación de paisajes, olvidos de recursos diversos, la cultura mexicana perdía su esencia, su ser. ¿Cómo recuperarlos? Sin saberlo estaba en la ruta del historiador tozudo y amoroso. Los rasgos de carácter del lector voraz, solitario, ensimismado, entusiasta y precoz llevaban aparejados otros. La displicencia hacia sus compañeros de la primaria del Colegio México, quienes hacían chistes vulgares y hablaban de tonterías. Esta manera de juzgar a sus condiscípulos se la curó gracias a Tomás Zurián, quien lo conoció por entonces, y le hizo ver que esos chicos serían sus pares y sus amigos toda la vida. Otro día le platicó al mismo Zurián que había logrado bromear con sus compañeros, así como salir de la escuela riendo, ellos lo abrazaron; fue un triunfo tan grande como salir de la casa materna. ¿Cómo tratar a la gente? La doble moral, la rigidez de la disciplina marista chocaban con su autodidactismo, con su amplitud de horizonte, para entonces ya estructurado y dirigido con claridad al estudio del arte colonial mexicano.•
  3. 3. • Por esta época es que se ubica la búsqueda y final hallazgo de un autor (él sólo lo había leído), frente a quién decidió presentarse como su par: Francisco de la Maza. Éste primero se sorprendió; luego lo aceptó gustoso y le abrió puertas.•• Entre sus once y catorce, Guillermo Tovar de Teresa, mientras cursaba los últimos años de la primaria y los primeros en la secundaria, del mismo Colegio y Secundaria México, fue consejero de la Presidencia de la República. Los hechos se dieron del siguiente modo. El Altar del Perdón en la Catedral Metropolitana se incendió en enero de 1967. Francisco de la Maza, no pudiendo asistir a Palacio Nacional a una audiencia con el presidente Gustavo Díaz Ordaz, le solicitó a la señora María Cusi de Escandón que acudiese con Guillermo Tovar para que él le explicase al jefe de la nación la importancia del altar y su rescate. La entrevista resultó tan afortunada que culminó con su nombramiento como asesor para asuntos de arte colonial.•• Empezaron a llegar a su casa (hasta el día de hoy no han parado) solicitudes muy graves sobre las que debía dar su opinión, hacer alguna autentificación de un óleo, así como unas cartas por demás curiosas del presidente Díaz Ordaz dirigidas al “niño Guillermo Tovar”, acompañadas éstas últimas por un centenario de oro como pago por su trabajo durante el año transcurrido. Saber historia enriquecía su espíritu, pero además tenía un objetivo útil, servía para algo, pero en él la parte práctica nunca le ganó a la gozosa. Por tanto, eso no significó el comienzo de una carrera política; jamás se ocupó de esa actividad. En cambio ha sido un activista de la sociedad civil. Desde niño lo afirmaba con una frase que compuso para aclarar su posición: “lo importante en la vida no es cambiar de collar sino dejar de ser perro”. Aprendió también pronto, muy pronto, a ser discreto y falto de presunción. Por lo demás sus compañeros, o no lo entendían o no le creían. Así llegó a la madurez, ¿para qué desgastarse?•• En 1967 el historiador Jorge Gurría Lacroix lo invitó a colaborar en el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), donde sorprendía a investigadores experimentados, como Antonio Pompa y Pompa, Xavier Moyssén Echeverría y Constantino Reyes Valerio, por su erudición y conocimientos.•• En 1968 murió su padre, Rafael Tovar Villa Gordoa; era muy cercano a él. Nació en Guadalajara, Jalisco. Era médico, a la antigua, serio y humanista. Culto, bondadoso y sumamente ético. Fue Director de la Escuela de Enfermería y Obstetricia, dependiente de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), entre 1966 y 1968. Le transmitió la simpatía por todo lo mexicano. Siempre contó con su apoyo, lo dejó crecer y seguir su camino sin mojigaterías ni sobreprotección. Confió en él. Apenas recuperado del golpe, murió en 1971 su otro ángel tutelar: el abuelo Guillermo.•• Su libertad tan buscada era proverbial. Se desveló leyendo, deambuló solo por las calles, exploró la colonia Roma, se adentró a la ciudad. Visitó bibliotecas, conventos, iglesias, museos y librerías. Pero su libertad era también intelectual. Tenía opiniones propias. Nadie lo reprimió, al contrario, el trato con adultos era para él lo natural. El niño risueño, maduro, precoz. Su atrevimiento y arrogancia fueron naturales. Por las librerías de Donceles, la Lagunilla, y rondando por el centro de la ciudad, dio con el local de la Robredo, legendaria y maravillosa, la de Porrúa Hermanos, donde encontró a alguien fundamental para él: Felipe Teixidor. Asimismo tuvo trato cercano con los viejos libreros del centro: Gustavo Navalón, cuya actividad comenzó en los años veinte; Ubaldo López Barrientos y Fernando Villanueva, por mencionar unos pocos. Teixidor se reconoció en Guillermo Tovar de Teresa, y años más tarde le confió a Claudia Canales “hay un muchacho que se parece mucho a mí”. Texidor se refería a alguien que siendo niño se llevaba con adultos y los trataba como iguales, alguien que por no asistir a la escuela no tenía condiscípulos, alguien que gozaba a su edad de esa libertad y disponía de dinero suficiente para comprar libros y arte. Su vestido, sus maneras, y sus conocimientos, ya enciclopédicos, no correspondían con su físico.•
  4. 4. •• En la secundaria se transformó en un alumno “indiferente, ausentista y jugador de dominó.” Era también, no hace falta aclararlo, un jovencito rebelde, tal vez hasta brusco, aunque siempre inteligentísimo y sincero. ¿Cómo conciliar todos esos rasgos de carácter: el ensimismamiento, el entusiasmo, la displicencia, la disciplina, la rebeldía, la generosidad, la avidez, el atrevimiento, la discreción?•• Sus caminatas lo llevaron a hacerse de una palomilla. Siempre chiflaba temas clásicos o música que oía en su casa y se le quedaban en la cabeza. Aquel grupo de niños y adolescentes vivían en la privada de Puebla número 143, casi enfrente del mítico club nocturno El Quid. Eran Roberto Vallarino, los hermanos Segovia y Jesús Martínez Malo; todos, o casi todos, con sus familias, compartían el patio común de aquella privada. Hablaban de mitología y de todo. Guillermo Tovar intercambiaba sus discos de música clásica por los de rock, pertenecientes a Vallarino. Chucho Martínez Malo se acuerda de las tardes interminables en su casa jugando dominó u oyendo música y del abuelo Guillermo enviando al chofer por algo de comer para aquellos jovencitos y niños. Francisco Segovia rememora cierto día en que, caminando por Insurgentes y Puebla, Guillermo Tovar le habló por primera vez de autores diversos y complejos, a quiénes, le dijo, “debes asimilarlos”. Ahí estaba la otra razón de sus lecturas, de sus investigaciones: explicar, para hacerles entender a otros, lo que él había descifrado; al explicar algo, su interlocutor lo captaba, pero él también. Esto fue otro descubrimiento para él, tan importante como el aprendizaje que implicó acercarse a la gente y hablarles a cada quién como cada uno lo necesitaba, o las asesorías que daba en la presidencia de la República. De esta época data el enriquecimiento de su interdisciplinariedad: al estudio del arte colonial, la música y la literatura, se agregó la ciencia política: su horizonte continuaba ampliándose.•• Para entonces ya había agotado varias bibliotecas, así que para sus trabajos escolares empezó a usar archivos. En principio buscaba información novedosa, profunda y datos sobre el arte, los artistas y arquitectos coloniales. Esa actividad se la facilitó el licenciado Octavio Sentíes Gómez, que fuera Jefe del Departamento del Distrito Federal, cuando Guillermo Tovar de Teresa se desempeñó como su asesor entre 1974 y 1976. Así, el Archivo General de Notarías de la ciudad de México se presentó ante él como una mina inexplorada. No existen historiadores precoces, dice una vieja conseja, lo que pasaba con él es que para sus quince años ya llevaba diez de experiencia y trabajo.•
  5. 5. • No es de sorprender que pronto se acercara, mientras cursaba la preparatoria en el Centro Universitario México, a personalidades, algunas de ellas, gracias siempre a Francisco de la Maza. El trato de iguales con gente de la generación de sus abuelos, lo hizo saltar experiencias, pero en cambio logró darles continuidad a diversas reflexiones y preocupaciones que ellos le heredaron. Gente que a partir de entonces lo enriqueció. No fueron mezquinos, ni egoístas, al contrario, generosos lo alentaron: Diego Angulo Íñiguez, Silvio Zavala, Salvador Moreno y Octavio Paz. Guillermo Tovar de Teresa mismo, reflexionando sobre su concepción de la historia, definió este salto: “resulta evidente que, casi siempre, una edad histórica se construye negando a la anterior y la sucesiva rescata a la edad abuela”. Él es, avant la lettre, un joven contemporáneo de sus abuelos y, por supuesto, a la vez, y ahí radica su versatilidad, de su propia generación.•• Este periodo se cierra en 1976 con la publicación de su primer libro, a sus diez y nueve años: Noticias históricas de la Delegación Miguel Hidalgo, con una introducción de Francisco González de Cosío. Sin embargo, este mismo historiador y bibliófilo, al darle la alternativa, aclaraba:•• Si consideramos que esta obra fue elaborada hace alrededor de tres años, cuando su autor contaba con 16 años de edad, nos podemos imaginar bien la excepcional disposición de Guillermo Tovar de Teresa para la investigación histórica y estética de nuestras manifestaciones culturales a través del tiempo.•• González de Cosío opinó a la vez sobre la “sabrosa amenidad” de la obra:•• No ha pretendido más que poner a la disposición del público un trabajo de divulgación, basado en testimonios irrecusables así como en la sagaz penetración de quien sabe interpretar las motivaciones de un estilo y los sucesos que han dejado su huella en las piedras de nuestros centenarios edificios.••• II. La edad adulta•• Estudió algunos cursos de Derecho en la recién fundada Universidad Autónoma Metropolitana, siendo asesor de su fundador y primer Rector, arquitecto Pedro Ramírez Vásquez, hacia 1974.••
  6. 6. • Casi no asistió a la escuela, pues llegó formado. No obstante, el mundo de las leyes enriqueció sus intereses; con ello se ampliaron más aún sus enfoques. La interdisciplina, la transversalidad, del conocimiento, es para él lógica. Le permite ver siempre un problema, cualquiera que sea, desde diversos puntos de vista, así como desarmarlo y armarlo para entenderlo siempre con gran cantidad de datos, matices, así como haciendo asociaciones por demás ricas. El resultado es un pensamiento sugerente. Si el nexo de la historia con la ciencia política es viejo, hoy la preservación del patrimonio material e inmaterial tiene que ver con la biología y, por tanto, con la ecología, la ética y, a su vez para salvar el patrimonio es indispensable conocer los recovecos legales.•• Entre 1977 y 1982 fue asesor del arquitecto Pedro Ramírez Vázquez. Fue vecino de cubículo de proyectistas y constructores de otra generación, por ejemplo, Raúl Cacho. Desde ese mirador privilegiado pudo constatar la transformación de la Secretaría de Obras Públicas, en Secretaría de Asentamientos Humanos y Obras Públicas. Ahí se elaboraron y pusieron en marcha infinidad de planes de desarrollo de capitales de diversos estados de la República, ciudades medias (los construidos en la frontera norte aún no se aquilatan) y pequeñas; la tímida descentralización que se procuró fue, como sea, la más amplia de los años recientes. Se realizaron obras importantes: la continuación del Drenaje Profundo, por sólo mencionar una de gran envergadura. Era una intervención que al realizarse e impactar el Centro Histórico de la ciudad de México debía atender la preservación del patrimonio. Guillermo Tovar de Teresa ahí encajaba de lleno.•• Durante esta época privilegiada, se hizo tiempo y, a los 22 años publicó su segundo libro: Pintura y escultura del renacimiento en México. Se trata de un estudio documentadísimo. Diego Angulo Íñiguez escribió sobre éste:
  7. 7. • Guillermo Tovar de Teresa ha comprendido que para llenar las múltiples lagunas que aún existen en las biografías de los principales artistas y para resolver algunos de los importantes problemas que existen sobre la atribución de no pocas obras, era indispensable intensificar la investigación documental en los archivos mexicanos, y así lo ha hecho.•• Asimismo, en 1979 tuvo la oportunidad de iniciar una amistad fructífera con el historiador de la Universidad de Yale, George Kubler; en 1980 al prologar México barroco, el siguiente libro de Guillermo Tovar, escribió su opinión sobre aquel joven:•• Es rara la ocasión en la que se encuentra uno con alguien que no solamente está predestinado, sino preparado y muy dotado para ser historiador de arte desde su temprana juventud. Nunca en más de cuatro décadas dedicado a la docencia, me ha impresionado un estudioso tan precoz con su extraordinario talento para estos estudios.•• Había leído la vida de los miembros de las familias novohispanas de los siglos XVI al XVIII y sus benefactores. Aspiraba él mismo a transformarse en uno del siglo XX, que financiaba expediciones, regalaba buques, iglesias completas y retablos para las mismas. Así que, hacia 1981 hizo una emulación de esos propósitos y uno de sus pininos como donador. Lo motivaba también el entusiasmo que le transmitió el padre Luis Ávila Blancas, capellán del templo de la Profesa y reorganizador del museo que lo enriquece. Ahorró durante un año y en las Galerías La Granja localizó un óleo sobre tabla de más de dos metros de altura que representa una Sagrada Familia, pintado por Baltazar de Echave Ibia, mismo que entregó solemnemente al templo. Ésta será a partir de entonces otra de sus constantes: su generosidad al entregar colecciones, bibliotecas, documentos y obras artísticas a diversas instituciones.•• Más tarde, en 1983 fue asesor de Juan José Bremer en la Subsecretaría de Cultura de la Secretaría de Educación Pública. Gracias a la oportunidad que Bremer le brindó pudo escribir La ciudad de México y la utopía en el siglo XVI.•• 1984 fue afortunado para él, pues Diego Ángulo Iñiguez, Octavio Paz, Ramón Xirau y George Kubler se pusieron de acuerdo para apoyarlo ante el jurado de las becas Guggenheim. Propuso estudiar el barroco estípite y a sus artífices, así como formar una bibliografía exhaustiva sobre el tema. Rastrearía todos los impresos que pudiese hallar en las bibliotecas y colecciones mexicanas y extranjeras, tanto públicas como privadas, para formar la que sería su Bibliografía novohispana de arte. Por tanto, durante 1985 se abocó a ello. Logró reunir un corpus documental para infinidad de investigaciones futuras. Esta experiencia lo alejó en definitiva de la vida pública, burocrática, académica y lo hizo independiente.
  8. 8. • La recuperación de bibliotecas lo llevó a salvar la que se encontraba en la Librería Génova de la calle de Chiapas, colonia Roma y, luego del sismo de 1985, rescatarla, literalmente, para la memoria del país. Adquirió ese inconmensurable acervo, mayor a los 100 mil libros, y los distribuyó entre instituciones y amigos, conservando sólo cerca de mil. Con ello concilió, en su más amplio sentido, el pasado colonial con el siglo XIX y el México actual, pues ahí se encontraban ejemplares invaluables, algunos de los cuales, luego de estudiarlos, los donó. Baste mencionar la colección de dos mil libros y diez mil documentos, entregados a la Biblioteca del INAH, entre los que se encuentran la Crónica de Oaxaca del padre Francisco Burgoa, los villancicos y otros impresos raros de Sor Juana Inés de la Cruz; el ejemplar que leyó y anotó el virrey Antonio de Mendoza, llamado De reaedificatoria, de León Battista Alberti (en la edición de París de 1512); el bautizado Códice Guillermo Tovar de Huejotzingo publicado en 2011; o la importante colección que fue entregada en comodato de Ex Libris mexicanos y extranjeros, formada inicialmente por el historiador José Miguel Quintana, cuya publicación ha quedado pendiente. Otras instituciones y museos que han sido beneficiarias de su generosidad son:•• los Museos de Zacatecas, la Universidad Iberoamericana, el Archivo General de la Nación, la UNAM, El Colegio de Michoacán, la Biblioteca Pública de Estado de Jalisco, el Museo de Artes Populares, etcétera. Sus donaciones, aunque discretas, a menudo han figurado en la prensa.•• En 1986 fue Cronista de la ciudad de México. Ocupó el cargo que inmediatamente antes ostentaran Miguel León Portilla, José Luis Martínez y Salvador Novo. Sin embargo, ante el crecimiento tan veloz y desmesurado de la ciudad, ante la complejidad de la tarea, así como los pobres medios para enfrentarla, discurrió en 1987, fundar el Consejo de la Crónica de la Ciudad de México. No podía pretenderse que una sola persona pudiese dar cuenta del acontecer de una megalópolis, y debía asumirse que esa tarea es de todos los interesados. Invitó para ello a un grupo que contó con Octavio Paz, Rufino Tamayo, José Iturriaga, Fernando Benítez, José Luis Martínez, Luis González y González, Emmanuel Carballo, Ramón Xirau, Fernando Gamboa, José Luis Cuevas, Silvio Zavala y otros ilustres espíritus mexicanos. Aquel primer consejo, y los que se han sucedido, han dado a lo largo de los años, muchas batallas y producido no pocos libros. Él se quedó entonces sencillamente como Cronista Emérito. Con ello, desde 1987 abandonó todo contacto con el servicio público y se concentró en sus investigaciones y en su compromiso con la sociedad civil.
  9. 9. • Producto de la investigación realizada gracias a la beca Guggenheim, en 1988 apareció su esperada Bibliografía novohispana de arte, en el Fondo de Cultura Económica, gracias al apoyo de Jaime García Terrés. José Pascual Buxó la presentó del siguiente modo:•• Hay que decir, desde luego, que la obra de Tovar no es una mera selección de datos bibliográficos ya registrados anteriormente, sino el resultado de una dilatada indagación que le ha permitido enriquecer el tema con el descubrimiento de nuevos impresos y documentos de carácter notarial. Pero, sobre todas las cosas, esta Bibliografía novohispana de arte pone al alcance de los estudiosos un conjunto de textos cuya consulta no siempre resulta fácil y un caudal de datos acerca de arquitectos, pintores, entalladores y doradores novohispanos que sólo fue posible obtener gracias al largo trabajo del autor en archivos públicos y privados.•• El mismo año de 1988 vio la luz el bellísimo libro Un rescate de la fantasía. El arte de los Lagarto, iluminadores novohispanos de los siglos XVI y XVII. Fernando Gamboa escribió:•• El estudio, realizado con finura, altura y profundidad por el brillante historiador mexicano Guillermo Tovar de Teresa, biógrafo de la época, presenta en forma lúcida al que fuera “poeta, calígrafo, hombre de números, pero, sobre todo, un ser prodigioso que convirtió las letras en formas lúdicas y las cosas fantásticas en letras, dotándolas de animación y misterio”.•• 1990 fue el año en que La ciudad de los palacios: Crónica de un patrimonio perdido, pudo verse en librerías. Se trata de una explicación, documentada y visual, elocuente como la que más, de la incuria, desdén e ignorancia enormes con que, generación tras generación, sobre todo a partir del XIX mexicano, se han destruido conventos, iglesias, edificios públicos y privados, infraestructura y hasta la traza urbana de la ciudad de México. Sobre este libro José E. Iturriaga escribió:•• Guillermo Tovar, encendido de ira santa y dotado de paciencia ilimitada, ha denunciado la destrucción sufrida por nuestra ciudad capital armado de una rica y desconocida colección [fotográfica y litográfica] reunida por él. Con ese material ilustra objetivamente la obra depredadora a que ha sido sometida•
  10. 10. • nuestra ciudad a lo largo de cuatro oleadas vandálicas.•• Por su parte, Serge Gruzinski, al incluir algunas de las fotos que ilustran La ciudad de los palacios en su Historia de México, dirigida al público de habla francesa, opinó recomendando:•• Il offre au lecteur curieux un extraordinaire parcours animé au sein du centre historique et une leçon d´architecture occidentale.•• Tres años, entre 1989 y 1991, Guillermo Tovar vivió en España. Obtuvo el cargo de Ministro de la Misión Mexicana en Archivos Extranjeros. Antes de él lo ejercieron personalidades de la talla de Francisco del Paso y Troncoso, desde 1892; el poeta Luis G. Urbina, y el historiador Silvio Zavala, quien lo recomendó para continuarlo. Consultó el Archivo de Indias; no paró ahí, también la Biblioteca Nacional de Madrid, el Archivo y Biblioteca del Real Palacio, las Academias de la Historia y San Fernando, etcétera. Entregó miles de fotocopias de documentos al Acervo Histórico Diplomático de la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) de México. Con ese material se editaron en 1996, por ejemplo, gracias al apoyo de Jorge Álvarez Fuentes, las Cartas a Mariano Otero, 1829- 1845, con el trabajo de compilación realizado por Guillermo Tovar de Teresa, y un excelente estudio introductorio, selección y paleografía de Marcia Patrocinio Jiménez Lavín. Muchas investigaciones están pendientes en la SRE y en casa de Guillermo Tovar de Teresa a partir de montañas de fotocopias ordenadas y catalogadas.•• 1992 llegó con la aparición de La utopía mexicana del siglo XVI. Octavio Paz, quien hizo la presentación, lo saludó así:•• Es laudable que el joven historiador Guillermo Tovar de Teresa, espíritu alerta y sensible, haya tenido la feliz ocurrencia de reunir en este volumen tres notables ensayos sobre estas tres personalidades: el suyo y los de dos maestros reconocidos en esta materia, Silvio Zavala y Miguel León Portilla.
  11. 11. • En 1993 apareció Pegaso o el mundo barroco novohispano en el siglo XVII, librito que, no obstante su talla (no llega al centenar de páginas), explica de manera sugerente e interdisciplinaria, a partir de la escultura del caballo alado que se colocó en la fuente del patio principal de Palacio Virreinal en 1625, cómo y porqué en él se cifra y resume el orgullo novohispano. Es un ensayo de historia del arte, la cultura y las ideas. En su tercera edición de 2006, Verónica Volkow halló en ese mismo “símbolo” resumida la idea “de libertad” y, conversando con Guillermo Tovar observaron cómo se ha repetido el mismo emblema en la historia reciente de México. Por su parte en uno de los estudios introductorios a la última edición Jacques Lafaye escribió:•• Frente a la tensión plástica del barroco, Tovar se resiste a inventar quimeras “posmodernistas” o lo que sean; no busca “la esencia del barroco” como lo hicieron Wölfflin, Eugenio d´Ors y Karl Vossler; no la busca pero la revela, mejor dicho la descifra; sigue con paciencia el hilo de Ariadna que le va a conducir al Pegaso nacido prodigiosamente de la cabeza de Medusa, cortada por el héroe Perseo, el Libertador.•• El esfuerzo de síntesis anterior (por entonces solía decir: “lo que puede decirse en treinta páginas no hay porqué extenderlo a trescientas”), lo llevó a su siguiente aventura. Entre 1995 y 1997 capitaneó a un grupo de cuatro especialistas en distintas materias de arte y arquitectura para llevar a cabo el Repertorio de artistas en México, aparecido con un prologó Octavio Paz. El trabajo fue intenso, pero cada ficha de aquellos tres tomos enormes contiene información precisa (“visión sintética de una realidad heterogénea”, opinó el mismo Paz), verificada y cotejada, sobre más de seiscientos artistas, ordenados alfabéticamente, a la vez que muchas veces la redacción se basó en fuentes de primera mano, en ocasiones develadas por vez primera. Puede decirse que representa un corte de caja respecto a lo que se sabía sobre un sin fin de autores y temas en esta generación; la que siga hará el suyo, lo ampliará con sus hallazgos y aportará su visión. Paz escribió sobre este esfuerzo:•• Es un instrumento precioso, no sólo de divulgación sino de conocimientos inéditos. Un instrumento de doble precisión, por decirlo así: la del mapa y la brújula. Este libro no nos cuenta la historia del arte mexicano sino la de sus protagonistas. No es un mero catálogo: es un espejo que, al interrogarlo, nos devuelve los muchos rostros que son el rostro de México.•• Hacia aquellos años una nueva persona significativa entró a su círculo de amigos, Enrique Norten, promotor e impulsor de la modernidad arquitectónica en México, si hay alguno. Norten, hasta el día de hoy, no deja de sorprenderse de cómo ambos pueden entenderse tan fácil al platicar, y aún conciliar, problemas puntuales, por demás complejos, sobre la conservación e intervención en las ciudades históricas y en el centro de la ciudad de México en específico. Su interés y profundos conocimientos sobre el arte colonial no han producido por consecuencia un historiador anticuario que desee mantener en formol al objeto de sus investigaciones, las ciudades históricas. El atrevimiento de su juventud está en sus venas. De Guillermo Tovar de Teresa puede decirse que su profundo amor e interés por el pasado es la razón y sostenimiento de su profundo amor e interés por el presente.•• En 2009 apareció su libro Crónica de una familia ente dos mundos. Los Ribadeneira en México y España, del que Sergio Raúl Arroyo opinó:•• Si se piensa que entre los principales atributos de un libro de historia, está el de arrojar información concentrada y claramente concatenada para reconstruir una o varias líneas temporales del mundo social, Los Ribadeneira en México y España, es una formidable muestra de los alcances de la investigación como vía de acceso a la dimensión humana del pasado.•• Guillermo Tovar de Teresa ha escrito infinidad de artículos sobre los temas de sus especialidades que han aparecido en México y el extranjero, lo mismo en revistas académicas que de divulgación, ente las que se encuentran: Historia Mexicana, Vuelta, Boletín de Monumentos Históricos, Archivo Español de Arte, y el Boletín del Museo del Instituto Camón Aznar. Ha sido conferencista invitado por diversas universidades así como círculos académicos y culturales nacionales y extranjeros. Dictó centenares de conferencias, a las que ahora se rehúsa con un argumento muy simple: “prefiero ocupar mi tiempo en aprender que en enseñar”.•• Ha obtenido la medalla “Benito Juárez” de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística en 1972, la medalla “Miguel Othón de Mendizábal” del INAH (que le entregó Enrique Florescano) en 1985, la Medalla al Mérito Ciudadano de la Asamblea de Representantes del Gobierno del Distrito Federal en 1995, y la medalla como fundador del Festival del Centro Histórico en 1999. Asimismo forma parte de la Comisión Nacional de Preservación del Patrimonio Cultural de México desde 1989, es miembro correspondiente en México de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando desde 1990, asociado honorario de la Hispanic Society of America desde 1995, de la Antigua Sociedad de Bibliófilos Mexicanos en 1976, del Comité Ejecutivo para el Rescate del Centro Histórico de la ciudad de México desde el 2000, y de tantas otras instituciones y asociaciones.•• Hoy Guillermo Tovar de Teresa sigue activo, ni dudarlo. Sus proyectos son siempre muchos: desea hacer la crónica del patrimonio perdido de las principales ciudades de la República Mexicana; hace tiempo brinda avances en borradores verbales de una futura historia de la fotografía mexicana en el siglo XIX. Dará mucho de qué hablar por la vastísima información que ha reunido y, sobre todo, en las sorpresas de su reflexión transversal y siempre sugerente.•• Nada resume mejor hoy su postura optimista y esperanzadora ante la vida como su enfoque y concepción sobre la historia, disciplina y profesión que ha sido la que ha ocupado buena parte de su vida. Después de años de una serie de pretendidos pujos científicos, abusos metodológicos y no poca doctrina, Guillermo Tovar de Teresa habla, en primer lugar, de la “necesidad de recuperar la lucidez y calidez de los textos históricos”, como un imperativo. La “lucidez” implica acertar al entender y hallar explicaciones; la “calidez” se traduce en hacer algo lejos de la supuesta frialdad de la ciencia y la técnica; implica hacer historia contentos y gozar. Congruente con su vida él cree que “los conocimientos históricos ayudan a desarrollar grados de conciencia, libertad y satisfacción”. Por lo tanto, piensa que es “necesario facilitar el acceso de una historia instructiva, amable” y, atención, “sabrosa”. Aquí ha dado un paso más. Continúa él mismo:•• En mi concepto, la historia es esa reflexión elucidatoria de los hechos pasados y presentes, concebida como pensamiento comprensivo, como conjunto de representaciones e ideas, relacionadas con los signos cronológicos, de conceptos entendidos como representaciones comprensivas.*…+ No es la visión mecánica de la historia politécnica, que la realiza distanciada del placer, como un conjunto de textos que no se gozan: una doctrina que sólo sirve para manipular. La visión moral de la historia corresponde a una introspección. Debe ser una representación comprensiva, lo que equivale a encontrar sus dos aspectos: la simpatía y el entendimiento. Calidez y lucidez. Simpatía determinada por los afectos y las imágenes, y entendimiento regido por el intelecto y por la función valoradora de la razón. La visión lúcida es la conciencia y su mejor fruto la libertad. La historia debe ser bella, respondiéndole satisfactoriamente al sentimiento; verdadera para los fines del pensamiento y buena para el sentido de la actividad. La historia *…+ puede ser algo más que una explicación útil o una herramienta; puede ser disfrutable y reveladora, para ser el motivo del amor a sí mismo y a los demás, por el mayor conocimiento de las esencias propias, amor que en su perseverancia

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