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Frontera y lengua en el alto ebro siglos VIII - XI

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Frontera y lengua en el alto ebro siglos VIII - XI

  1. 1. Frontera y lengua en el alto ebro, siglos Viii-Xi
  2. 2. DaViD Peterson Frontera y lengua en el alto ebro, siglos Viii-Xi las consecuencias e implicaciones de la invasión musulmana logroño, 2009
  3. 3. reservados todos los derechos. ni la totalidad ni parte de esta publicación pueden reproducirse, registrarse o transmitirse, por un sistema de recuperación de información, en ninguna forma ni por ningún medio, sea electrónico, mecánico, fotoquímico, magnético o electroóptico, por fotocopia, grabación o cualquier otro, sin permiso previo por escrito de los titulares del copyright. Primera edición: diciembre, 2009 © David Peterson © instituto de estudios riojanos, 2009 C/ Portales, 2 - 26001 logroño www.larioja.org/ier imagen de cubierta: la frontera altomedieval: vista desde hisn al-Manar (grañón) hacia Cellorigo (ernesto Pastor) Depósito legal: lr-506-2009 isbn: 978-84-96637-85-6 Diseño gráfico de la colección: ice comunicación Producción gráfica: riocar impreso en españa - Printed in spain Peterson, David Frontera y lengua en el alto ebro : siglos Viii-Xi / David Peterson. – logroño : instituto de estudios riojanos, 2009. 464 p. ; 24 cm. – (Ciencias históricas ; 13) D.l. lr 506-2009. – isbn 978-84-96637-85-6 1. lengua española- Historia. i. instituto de estudios riojanos. ii. título. iii. serie. 811.134.2
  4. 4. 7 Índice 11 Prólogo (Juan José García González) 15 Introducción 35 Las fuentes 35 La diplomática 36 Consideraciones generales 44 Otras colecciones diplomáticas utilizadas 46 Las fuentes narrativas 47 Problemas 49 Principales fuentes narrativas utilizadas 50 Otras fuentes narrativas consultadas y / o citadas en el texto 52 Otras fuentes 55 Antecedentes premusulmanes 58 Retrato etno-lingüístico del Pasillo premusulmán 66 Indicios tardoantiguos de población vascófona 68 Situación político-administrativa 68 Integración del Pasillo en el Reino de Toledo 70 Integración del Pasillo entero en la Tarraconensis 73 ¿La frontera berón-autrigona  la frontera diocesana Auka- Alesanco? 76 Creación y ubicación del Ducado de Cantabria 80 Conclusión: el Pasillo durante la tardoantigüedad 83 Creación y ubicación de la frontera del Pasillo 86 La evidencia cronística 86 La invasión musulmana: pacto y conquista 93 El polémico quinteo de la Gallaecia 97 Las sacudidas de mediados del siglo VIII
  5. 5. 8 106 La evidencia toponímica 106 Huellas de presencia bereber en Castilla y León 110 Quintana 124 Zahara 142 Conclusiones: la frontera del Pasillo 149 La Rioja andalusí 149 Los Banu Qasi y sus tierras 156 Mozárabes, muladíes y judíos 156 Consideraciones generales 157 El equívoco ejemplo de los Banu Qasi 159 El contexto geopolítico del islamismo riojano 161 Evidencia onomástica 165 Indicios de mozarabismo riojano durante el periodo banuqasi 169 La Rioja ‘reconquistada’ 169 La supuesta reconquista de la Rioja Alta, 918 – 924 174 Naturaleza y límites geográficos del dominio navarro 174 La naturaleza pactista de la introducción navarra 180 Los límites geográficos de la penetración navarra 183 La supuesta entrega de la Tierra de Nájera 185 La supuesta capitalidad de Nájera durante el s. X 191 La frontera oriental de Castilla 191 Control castellano del extremo occidental de la actual Rioja 192 Las cuencas del Oja y del Tirón 196 La Sierra de la Demanda 199 Falacias historiográficas en torno a presencia castellana en tierras hoy riojanas 209 La historia temprana de San Millán de la Cogolla 211 La evidencia codicológica 212 El supuesto paralelismo con Albelda 215 La diplomática emilianense 215 Eliminar el ruido de fondo 220 La cronología de la diplomática apócrifa 221 Los navarros toman posesión de San Millán 225 Castilla-Álava: nexo político-cultural 225 El nexo geopolítico castellano-alavés, 759 a 959 232 Un espacio cultural 234 El río Oja como divisoria antroponímica 237 Análisis diacrónico 237 Oveco 240 El culto de San Millán 245 Estratos etnolingüísticos y sus contextos históricos
  6. 6. 9David Peterson 257 Onomástica semítica en la Castilla Condal 258 Planteamientos metodológicos 261 La onomástica semítica cardeniense 273 La explicación mozárabe 286 Explicaciones alternativas 286 ¿Población judía, tempranamente arabizada? 287 ¿Colonización bereber? 288 ¿Islamismo autóctono castellano? 293 La cronología del vascuence al sur del Ebro 294 El distrayente enfoque riojano 294 Cronologías propuestas 298 Antecedentes pretéritos 304 La modernidad del vasco al sur del Ebro 308 Cronología visigoda 310 Presencia vascófona altomedieval 310 La fase castellana, siglos VIII, IX y X 310 El prólogo: San Miguel de Pedroso, 759 315 La toponimia diplomática (siglos IX y X) 316 Glosario de temprana toponimia vasca al sur del Ebro 334 Evaluación de la evidencia diplomática 342 Distribución espacial 345 Antroponimia y gentilicios 349 Características y parentesco del dialecto vasco al sur del Ebro 350 La fase riojana, s. XI en adelante 352 Cronología de la toponimia altorriojana en -uri 358 Villa Nunno Falzahuri 363 Conclusiones 369 La minoría judía 370 Presencia judía en el pasillo occidental 375 Presencia judía en el pasillo oriental 378 Tudela y Calahorra 384 Nájera 401 Acercamientos cuantitativos 405 Conclusiones 409 Conclusiones generales 427 Apéndice I. Quintana Apéndice II. Oveco 431 Bibliografía 431 Recursos bibliográficos 431 Recursos cartográficos 449 Índice de personas y lugares
  7. 7. 11David Peterson Prólogo El trabajo que el Instituto de Estudios Riojanos oferta a través de este volumen a los interesados en la historia del Alto Ebro es una versión fidedigna de la Tesis que David Peterson sometió al escrutinio académico del Tribunal convocado por la Universidad de Burgos en el otoño de 2006 para la obtención del Grado de Doctor. Los retoques efectuados con posterioridad no sólo han sido poco significativos en términos científicos sino que además se han reducido al ajuste de algunos aspectos colaterales, como el afinamiento del soporte técnico-literario, la sim- plificación de las notas a pie de página, la contracción de varios apéndices complementarios y el repaso formal y funcional de los gráficos que ilustran el texto, operaciones de enjundia menor que permiten garantizar al lector intere- sado en la problemática de referencia la estricta concordancia del mismo con los contenidos que fueron presentados como definitivos hace ya tres años. El libro conserva, pues, lo sustancial del proyecto inicial y, con ello, lo que, en opinión de quien esto suscribe, constituye lo sustancial de su andamiaje cientí- fico: el empleo meticuloso y exhaustivo en perspectiva histórica de los concep- tos de lengua y de frontera en su doble acepción de objeto y de herramienta. En nuestro sentir, el producto resultante de semejante aplicación no puede por menos que caracterizarse como un estudio fronterizo, al igual por contenido que por su continente, es decir, como un ejemplo paradigmático de convergen- cia de las dinámicas de confluencia/repulsión acaecidas en un territorio liminar y de las peculiaridades de una investigación que se plantea en los mismísimos linderos de la práctica histórica. Y ello por igual en el plano cronológico y geo- gráfico que en el metodológico y temático.
  8. 8. 12 Frontera y lengua en el alto ebro, siglos Viii-Xi PrÓlogo En el orden cronológico la singularidad viene determinada por el tratamiento de la trayectoria del centro-norte peninsular durante los siglos oscuros, locución construida específicamente para dar cuenta de la naturaleza de un período socialmente crítico, extremadamente complejo, situado a medio camino entre el fin del mundo antiguo y el arranque de la medievalidad. Tal vez nada mejor para definir el carácter liminar del mismo que la noción de Transición, emplea- da por el materialismo histórico de base dialéctica –no por el autor– para definir el papel de quicio histórico que desempeñó dicha secuencia en la dinámica social del centro-norte peninsular, insertada específicamente entre la disolución de la Formación Social Antiguo-Esclavista y el despegue del Modo de Produc- ción Feudal. Si la vinculación del estudio a la problemática de un período rupturista consti- tuye una de sus relevantes peculiaridades, la naturaleza del espacio estudiado acentúa aún más el carácter poco convencional del mismo, pues se trata de un escenario realmente especial: la encrucijada ecogeográfica en que se produjeron y se producen las relaciones de convergencia/divergencia entre algunas de las formaciones geomorfológicas de mayor personalidad estructural del centro-norte peninsular: la Meseta Superior y el Valle del Ebro en el sentido de los meridianos y la Cordillera Cantábrica y la Cordillera Ibérica en el sentido de los paralelos. El tiempo y el espacio contribuyen poderosamente, pues, a conferir a este tra- bajo un carácter peculiar en el panorama historiográfico actual, circunstancia en absoluto distinta a lo que sucede en el orden metodológico, en el empleo que se hace en el seno del mismo de las técnicas historiográficas. En efecto, su elaboración se nutre tanto de los hallazgos arqueológicos –en la medida en que encuentran disponibles y cobran utilidad científica– como del documentalismo, pero en este caso empleado desde una perspectiva eminentemente toponomás- tica, herramienta no siempre apreciada y, en general, poco aplicada, especial- mente en escenarios culturalmente tan complejos como el que nos ocupa, en el que convergieron, secuencial o simultáneamente, el indoeuropeo, el latín, las lenguas semíticas y el euskera. En fin, en el orden temático el trabajo que prologamos adquiere igualmente un acusado carácter fronterizo bajo las dos acepciones que consignamos al califi- cativo en esta semblanza introductoria: una genuina, empleada para subrayar el papel prioritario que juegan en el estudio la lengua y la frontera en la configu- ración e individualización de las formaciones geopolíticas, y otra convencional,
  9. 9. 13David Peterson PrÓlogo utilizada para denotar el carácter singular, poco habitual, del trabajo de David Peterson en el panorama historiográfico actual. Y ello tanto por la profundidad cronológica de su planteamiento como por las variadas problemáticas que se tratan en su seno: geopolítica, religiosa, cultural y social. El estudio aborda un proceso histórico particularmente extenso, en cuyo trans- curso el espacio incriminado funcionó como elemento de caracterización e individualización de las agrupaciones sociales bajo cuatro modalidades dife- rentes: en tiempos de las colectividades indígenas, como umbral de separación de algunas de las etnias más relevantes del centro-norte peninsular: cántabros, autrigones, caristios, turmogos, várdulos, vascones, pelendones, arévacos y be- rones; en tiempo de los romanos y de los visigodos como línea de separación de diversas circunscripciones administrativas intraestatales, tanto de naturaleza civil como eclesiástica; en tiempo de los musulmanes, como lindero de dife- renciación de civilizaciones plenamente formalizadas, la cristiana a poniente y la islámica a levante; finalmente, en tiempos de la cristiandad protomedieval, como demarcación de dos grandes estados monárquicos: el reino de León por un lado y el reino de Navarra por otro. En opinión del abajo firmante, gracias al trabajo de David Peterson conocemos ahora mucho mejor los límites cuantitativo-cualitativos de la arqueología, es de- cir, las restricciones que le impone su escaso desarrollo a la hora de participar en el ajuste fino de las interpretaciones históricas; también, las potencialidades de la historia comparada entre territorios circunvecinos –emplazados a uno y otro lado de las divisorias geopolíticas– mediante el empleo entreverado de los conceptos de lengua y de frontera; igualmente, en fin, las incuestionables ventajas del manejo de la Toponimia y de la Antroponimia como fuentes de co- nocimiento de los procesos históricos, sean geopolíticos, sociales, económicos, religiosos o culturales. Merced a los esfuerzos realizados en la elaboración de este trabajo, procesos tan decisivos como la invasión e islamización del centro-norte peninsular, el devenir del euskera fuera de su marco tradicional, la operatividad de los con- ceptos de mozárabe y de muladí, las relaciones entre los reinos de Navarra y de León, entre el Islam y la Cristiandad, entre el califato y los muladíes del Ebro, la trayectoria altomedieval de La Rioja, la entidad de la comunidad judaica en la tierra de Nájera, la configuración del condado de Castilla, la evolución de los estados musulmán, leonés y navarro en el Alto Ebro en el transcurso de los
  10. 10. 14 Frontera y lengua en el alto ebro, siglos Viii-Xi PrÓlogo siglos oscuros, el papel que jugaron y que les hicieron jugar a los Banu Qasi, la noción de reconquista en relación con la ocupación de La Rioja por la mo- narquía navarra, y tantos otros aspectos más, son hoy en día científicamente mucho más inteligibles de lo que lo han sido nunca jamás. En última instancia, pues, la aplicación en perspectiva histórica de los concep- tos de lengua y de frontera en su doble acepción de objeto y de herramien- ta permite contar ya con claves nuevas y mejores para entender la dinámica histórica de los siglos oscuros en el punto de confluencia/repulsión del Valle del Ebro y de la Meseta Superior, de la Cordillera Cantábrica y de la Cordillera Ibérica. Todo ello gracias a los logros obtenidos con perseverancia y lucidez en el seno de este bello libro, paradigmáticamente fronterizo tanto por su temática como por su metodología. Juan José García González Catedrático de Historia Medieval UNIVERSIDAD DE BURGOS
  11. 11. 15David Peterson introducción En 1016, Sancho, conde de Castilla, y su yerno, Sancho el Mayor de Navarra, fijaron la frontera entre sus respectivos dominios. La noticia del acuerdo que se ha conservado en el Becerro Galicano de San Millán de la Cogolla parece ser posterior1 y sólo cubre la parte más meridional de la frontera, entre Numancia en Soria y el pico de San Lorenzo en la Sierra de la Demanda. Más al norte, un enigmático silencio, pero, a pesar de ello, la noticia reúne algunos ingredientes de interés, como la existencia en este periodo del concepto de una frontera política nítidamente delimitada e incluso amojonada2 , y la centralidad de la documentación de San Millán en el estudio de estas tierras fronterizas. Lo que proponemos es examinar los orígenes y mutaciones de esta frontera a lo largo de la Alta Edad Media, sobre todo a partir del punto en el Pico de San Lorenzo donde el texto emilianense había arrancado. Con esta finalidad definiremos pri- mero los términos que vamos a manejar y los métodos que vamos a emplear. Frontera La frontera que nos interesa es un fenómeno plurisecular que grosso modo sigue la línea del actual límite provincial entre Burgos y La Rioja. Las diversas fuentes medievales manejadas ofrecen perspectivas variadas (administrativas, militares, políticas, diocesanas, etc.) pero el mismo espacio desempeña, una y 1. Sobre todo, porque fue suscrito por dos magnates (Duenno Nunno Alvaro de Castella et sennor Furtun Oggoiz de Pampilona,) cuyas trayectorias diplomáticas indican una cronología posterior a la fecha (1016) que ostenta el texto (Cogolla166), cf. PETERSON, “De Divisione Regno ...”. 2. ... per summo lumbo et media Galaza, et ibi molione est sito, Cogolla166.
  12. 12. 16 Frontera y lengua en el alto ebro, siglos Viii-Xi introDuCCiÓn otra vez, un papel fronterizo3 . Tampoco es que la frontera sea inamovible. Su- fre modificaciones tanto en su trazado como en su significado, e intentaremos fijar ese trazado en el tiempo y en el espacio, e indagar en los motivos de su ubicación, metamorfosis, trascendencia y longevidad. Conviene distinguir entre el concepto de frontera que manejamos, una línea divisoria relativamente bien definida, y otro muy corriente en la historiografía. Nos referimos a la idea de una frontera como una sociedad inestable y de oportunidad con sus propias dinámicas, la antítesis de la sociedad ordenada de retaguardia. Este modelo tiene gran relevancia para el medievalismo hispano, en parte a través de la obra de hispanistas como BISHKO, McCRANK, BURNS o GLICK4 , pero también en la obra de historiadores cisatlánticos como por ejem- plo, y ciñéndonos a nuestro espacio, GARCÍA DE CORTÁZAR, cuya idea de la organización social del espacio parte en gran medida del encuentro entre “una sociedad sin espacio; un espacio sin sociedad”, SENAC o MANZANO MORE- NO5 . Los dos conceptos de frontera no son necesariamente incompatibles, y en momentos y aspectos concretos el segundo paradigma también será aplicable a nuestro espacio, pero ése no es el concepto que manejamos a priori. Pero, además de ser un objeto de estudio, la frontera también se convertirá, en momentos concretos de este estudio, en una herramienta que se utilizará para comprender algunas manifestaciones culturales diatópicas, método que expli- caremos más adelante cuando detallemos la metodología empleada. Lengua En torno al segundo elemento del título también conviene hacer algunas pre- cisiones, pues aquí la lengua, como la frontera, funciona a la vez como objeto de estudio y como herramienta analítica. 3. Por ejemplo: en periodo altoimperial, según Ptolomeo, Cerezo (Segisamunculon) se sitúa en Autrigonia y Herramélluri (Oliba) en Beronia; en 882, según la Crónica Albeldense, la frontera (oriental) de Castilla yace entre Pancorbo y Cellorigo; y a mediados del siglo XIII el mismo espacio actúa de nuevo como divisoria, ahora episcopal, según la Concordancia del Obispo Aznar. 4. BISHKO, “The Castilian as Plainsman”, 1963; McCRANK, “The Cistercians of Poblet as medieval Frontiersmen”, 1983; BURNS, “The Significance of the Frontier”, 1989; GLICK, From Muslim fortress to Christian Castle, 1995. 5. GARCÍA DE CORTÁZAR, Organización social del espacio en la España medieval, 1985, especialmente la página 33; SENAC, La Frontière et les hommes, 2000; MANZANO MORENO, La frontera de al-Andalus en época de los Omeyas, 1991; “The Creation of a Medieval Frontier”, 1999.
  13. 13. 17David Peterson introDuCCiÓn Como objeto de estudio, nos interesa a la hora, por ejemplo, de contextualizar la presencia altomedieval del vascuence al sur del Ebro. Decidimos afrontar la cro- nología del fenómeno, analizándola más sistemáticamente de lo que se había he- cho, y desde la perspectiva histórica cuando antes, en general, había sido afron- tada desde la perspectiva filológica. Esto obligaba un análisis pormenorizado de la documentación, que aunque generalmente ya editada, en algunos casos no ha sido tenida en cuenta por los estudiosos del tema, y también una comprensión de otros estratos lingüísticos que podrían compartir el mismo espacio y la misma documentación. Así nacieron dos capítulos que exploran las cronologías detrás de los estratos onomásticos semíticos observables en la región. A su vez, esto nos obligó a reconsiderar la historia política de la región, y así la lengua, originalmen- te objeto de análisis, se convierte también en herramienta analítica. Al final, analizamos tres estratos onomásticos: la toponimia vasca al sur del Ebro, la onomástica semítica castellana, y la antroponimia judía najerense. En adición, contemplamos otros fenómenos onomásticos como la distribución del nombre personal Oveco, del hagiónimo San Millán, de la toponimia en Quin- tana, y de la toponimia en Zahar. En cada caso, intentamos contextualizar los fenómenos espacial y cronológicamente, y a través de ellos entender mejor la historia de nuestra región durante el periodo especificado. Ya hemos glosado y justificado los dos primeros elementos del título. Ahora conviene elaborar algo más en torno al marco geográfico y cronológico, y ex- plicar algunos de nuestros planteamientos eL aLto ebro (eL PasiLLo) El espacio estudiado es el valle que separa las estribaciones más septentrionales del Sistema Ibérico de la Cordillera Cantábrica. Todo corresponde a la cuenca del río Ebro, y así la referencia en el título al Alto Ebro, término también uti- lizado por CASTELLANOS para delimitar espacios comparables6 , pero no del todo satisfactorio para delimitar la región contemplada, pues nuestro espacio se restringe al sur de la Cordillera Cantábrica, excluyendo así partes más septen- trionales de la cuenca del Ebro, como las Merindades burgalesas y la Llanada alavesa. Sin embargo, tampoco nos sirve ningún corónimo aplicable a la región, 6. Por ejemplo, CASTELLANOS GARCÍA, “Aristocracias y dependientes en el Alto Ebro (siglos V-VIII)”, 1996.
  14. 14. 18 Frontera y lengua en el alto ebro, siglos Viii-Xi introDuCCiÓn ni actual ni histórico, pues lo que consideramos un espacio de cierta coherencia geográfica casi siempre se ha visto dividido políticamente por motivos que exa- minaremos a lo largo del estudio. En reconocimiento de estos matices hemos adoptado y empleado a lo largo del trabajo la voz Pasillo. Ahora pasaremos a definirla, pero primero hemos querido justificar su exclusión del título, por ser un neologismo, y su sustitución por la menos precisa, pero esperamos que más intuitivamente comprensible, referencia geohidrográfica. La voz Pasillo sugiere movimiento, y esta vectorialidad es muy importante para entender la historia de nuestro espacio, que funciona como corredor enlazador entre las dos cuencas hidrográficas más importantes del norte pe- ninsular: las de los ríos Ebro y Duero. Este corredor se encajona entre dos cordilleras; las dos de características diferentes. La del sur, cuyo segmento septentrional es conocido como la Sierra de la Demanda, es más alta, al- canzando en muchos puntos los 2.000 metros. Con puertos de más de 1.700 metros (Piqueras y Santa Inés), resulta prácticamente infranqueable, lo cual acentúa la importancia estratégica del Pasillo, una vía natural de comunica- ciones que buscan el noroeste peninsular desde el valle del Ebro y la cuenca mediterránea. Esta característica, de importancia primordial para entender la historia de la región, se ve reflejada continuamente en el periodo estudiado, con la vía romana Tarragona - León (De Italia in Hispanias) marcando un eje de penetración que sería seguido por los mismos romanos, por los visigodos (y quizás antes por los suevos), luego por los musulmanes, primero bajo Muza y luego durante continuas aceifas veraniegas. Al final del periodo estu- diado, el Camino de Santiago también sigue esta trayectoria, que hoy alberga la autopista y la línea de ferrocarril que comunican la Meseta Norte y el litoral cantábrico con la cuenca mediterránea. En cambio, las sierras al norte del Pasillo, a pesar del tópico historiográfico sobre su infranqueabilidad, no suponen un obstáculo tan contundente desde la perspectiva puramente orográfica, y las gentes del norte se relacionarían insistentemente con el Pasillo. Esto introduce un vector transversal al sentido del Pasillo, lo cual cobra importancia añadida dada la estrechez del corredor, que apenas supera los veinte kilómetros. Como resultado, en tiempos de in- certidumbre geoestratégica el Pasillo sería un escenario fácilmente amenazado desde el norte. En su mitad oriental, no obstante, la presencia del Ebro mitiga esta vulnerabilidad estratégica, protegiendo las vías de comunicación, situadas siempre al sur del río, de posibles amenazas desde el norte. En cambio, al oes-
  15. 15. 19David Peterson introDuCCiÓn te de las Conchas de Haro ya no es el caso. Las tierras directamente al sur de Cellorigo representan el puente más fácilmente transitable entre los sistemas montañosos del norte peninsular (aquí la Cordillera Cantábrica) y los del centro (aquí el Sistema Ibérico), y el Pasillo queda fácilmente controlable, o por lo menos amenazable, desde estas dos masas montañosas. No es que la distancia en este punto sea menor que más al este, sino que, en la ausencia del río Ebro, el Pasillo occidental no está protegido del norte, y éste es el punto en que se sitúa la frontera plurisecular que nos interesa7 . Nuestra hipótesis es que, durante el Altomedievo y por motivos esencialmen- te geopolíticos, el Pasillo se bloquea en este punto, perdiendo así su función comunicante. Una antigua divisoria administrativa romana y diocesana se con- vertiría en una auténtica frontera, sobre todo durante el siglo IX, cuya finalidad sería la de impedir las aceifas veraniegas andalusíes en una dirección y las incursiones de los temidos nativos de Gilliqiya en la otra. El Pasillo sólo recupe- 7. GARCÍA GONZÁLEZ (“La Castilla del Ebro”, p. 43) cristaliza la importancia histórica del espacio así: “quien dominara finalmente el estrecho istmo que separaba ambas masas montañosas, estaría en posición inmejorable para afrontar el futuro.” Mapa I. Ubicación estratégica del Pasillo
  16. 16. 20 Frontera y lengua en el alto ebro, siglos Viii-Xi introDuCCiÓn raría plenamente su función comunicante durante el siglo XI, cuando la dinastía navarra ocupa ambos extremos, haciendo redundante la frontera. También conviene definir la comarca estudiada en términos de otras caracterís- ticas geográficas. En cuanto a la hidrografía, además de pertenecer todo el es- pacio contemplado a la cuenca del río Ebro, en un nivel más pormenorizado lo constituyen (en progresión hacia el levante) las cuencas de los ríos Oca, Tirón, Oja, Najerilla e Iregua8 . De especial relevancia es la desembocadura del Iregua en el Ebro a la altura de la actual ciudad de Logroño. En este punto, donde se situaba la civitas berona de Vareia, el Ebro deja de ser navegable debido a los vados que dan a este lugar cierta trascendencia estratégica9 . Aguas abajo de Logroño se ensancha notablemente el valle del Ebro, perdiendo así la forma encajonada característica del Pasillo. El extremo occidental del Pasillo lo marca una serie de páramos, que funcionan a la vez como divisoria de aguas entra las cuencas del Ebro y del Duero, y que separan la Bureba de la ciudad de Burgos: los Montes de Oca, el Puerto de la Brújula y tierras de Ubierna. Ésta es la línea que parece haber separado a los autrigones de los túrmogos, y también a Castilla y Navarra después de la muerte de Sancho el Mayor, siendo el escenario fronterizo de la batalla fratricida de Atapuerca en 1054. En diferentes apartados saldremos de estos extremos en búsqueda de pistas que podrían explicar lo ocurrido en el Pasillo, pero el centro de nuestra atención es el corredor que une las dos cuencas fluviales más importantes del norte peninsular. 8. Estos ríos, que nacen todos en la Sierra de la Demanda, fluyen hacia el noreste hasta su desembocadura en el Ebro, con la excepción del Oja, que confluye con el Tirón dos kilómetros antes de la desembocadura conjunta en el Ebro. Estos ríos a su vez necesariamente tienen sus afluentes, y aunque el espacio contemplado queda sufi- cientemente bien definido con referencia a los cinco ríos ya nombrados, para una mejor percepción del espacio, y para contextualizar referencias que aparecerán luego en el texto también conviene nombrar algunos otros como el Ea (afluente del Tirón) o el Cárdenas (del Najerilla). También introducimos, a lo largo del estudio, datos de las más inmediatas cuencas fluviales vecinas, como el Arlanzón (tributario del Duero), y en el extremo oriental varios afluentes del Ebro (los ríos Leza, Jubera, Cidacos y Alhama). 9. En cuanto a la navegabilidad del Ebro: PLINIO EL VIEJO, Naturalis Historia, III.3.18. Según RODRÍGUEZ R. DE LAMA (Colección Diplomática Medieval de la Rioja, tomo I: Estudio, p. 272 y ss.), el nombre Logroño se deri- varía de la voz indoeuropeo gronio = ‘vado’, más el primitivo artículo romance, y así, por ejemplo, las tempranas referencias a Gronio (Rioja32, 1076, aunque de difícil lectura), y más explícitamente, illo Gronio (Fuero de Logro- ño, 1095; Rioseco35, 1185). Esta etimología, sin embargo, dista de ser universalmente aceptada, cf. ESPINOSA, “El gentilicio Berones en el topónimo Logroño”. Notamos también la presencia de una calzata en este entorno (Calzata de Barea, Rioja15, 1054), voz que en la documentación medieval parece reservarse para las vías de cierta importancia, y quizás incluso las antiguas vías romanas.
  17. 17. 21David Peterson introDuCCiÓn Por último, dentro de estas consideraciones geográficas, nos queda justificar nuestra tendencia a emplear definiciones anacrónicas para los dos extremos del Pasillo. El extremo oriental llamamos riojano y el occidental castellano. Somos plenamente conscientes del anacronismo inherente en estas designaciones, y de los peligros interpretativos que pueden resultar de este uso, pero con todo parece la forma más intuitiva y sencilla de distinguir ambos extremos. sigLos Viii a Xi El periodo que estudiamos abarca algo más de tres siglos entre la invasión musulmana y mediados del siglo XI. Así se delimita un periodo durante el cual se establece una frontera política que incide notablemente en el devenir de la región. Nuestra hipótesis es que la invasión musulmana añadió trascendencia política, religiosa, étnica y lingüística a una antigua frontera diocesana y administrativa. Teniendo en cuenta la ambigüedad cronológica de la cronística árabe y el hecho de que los dos extremos del espacio estudiado parecen haber sido incorporados al sistema musulmán durante campañas sucesivas, definimos el comienzo del periodo musulmán en el periodo 711-714. La desaparición de la frontera que nos interesa no coincide con el ocaso del control andalusí sobre nuestro espacio (hacia 750 en la parte occidental, y a partir de 924 más al este), sino que tiene lugar durante la primera mitad del siglo XI. A lo largo del reinado de Sancho el Mayor la monarquía navarra se introduce progresivamente en la mitad occidental (castellana) del Pasillo, y la reorganización territorial que sigue a la muerte de este monarca en 1035 es un momento conveniente para cerrar el proceso. Necesariamente también contemplamos los periodos anterior y posterior a esta cronología central. En un capítulo introductorio examinamos el espacio durante los siglos anteriores a la invasión musulmana, con especial incidencia en los temas que luego desarrollamos como el perfil etnolingüístico de la población, y las estructuras y divisorias políticas y administrativas. ConsiDeraCiones MetoDoLÓgiCas Nuestro estudio se basa en el registro escrito, tanto diplomático como cronísti- co, con especial y en cierto modo novedoso énfasis en el contenido onomástico de la diplomática. En comparación con algunos otros estudios regionales alto- medievales, la mayor divergencia metodológica aquí sería en el uso del registro
  18. 18. 22 Frontera y lengua en el alto ebro, siglos Viii-Xi introDuCCiÓn arqueológico, relegado a un segundo plano. Esto no supone ningún desplante hacia esa disciplina, sino que es fruto de nuestra preparación científica y tam- bién de la convicción de que al registro documental, aunque muy conocido y en cierto modo ya trabajado, aún le quedan vías de interrogación. En cuanto a la cronística, para contrarrestar la tradicional tendencia a historiar el norte cristiano casi exclusivamente a partir de las fuentes también cristianas, prestamos mayor atención a la narrativa proveniente de las fuentes andalusíes. Nos interesan, sobre todo, tres momentos claves: − la ‘conquista’ musulmana de nuestro espacio hacia 711-714; − el desmoronamiento del poder musulmán en Castilla a mediados del siglo VIII; − y la ‘conquista’ cristiana de la Rioja Alta hacia 923-925. Como se observa, se tratan de significativos acontecimientos geopolíticos, y nuestra hipótesis es que su naturaleza ha sido camuflada por el predominio de la tradición cristiana. La atención a la cronística andalusí permite unas lecturas alternativas a esa versión tradicional, que hemos enriquecido con referencia a la aportación onomástica: la abundancia de onomástica semítica en Castilla; y la naturaleza alavesa de la temprana toponimia vasca al sur del Ebro y su ubi- cación en tierras castellanas. En cuanto a la diplomática, utilizamos casi siempre textos ya editados10 , sobre todo las archiconocidas colecciones diplomáticas de los grandes cenobios de nuestro espacio o próximos a él: San Millán de la Cogolla, San Pedro de Carde- ña, San Martín de Albelda, Santa María de Valvanera y San Salvador de Oña (en aproximado orden de utilidad). Toda esta documentación ha sido editada, en algunos casos más de una vez, pero no siempre ha sido analizada lo suficien- te11 , y un factor clave en este desajuste ha sido la falta de índices para algunas fuentes importantes, sobre todo la documentación emilianense. 10. La única documentación inédita manejada ha sido algunos pocos textos de la Edad Moderna referentes a los Montes de Oca, cuya aportación toponímica utilizamos en el capítulo sobre el Vascuence al sur del Ebro, y el cartulario de San Miguel de Froncea, al cual sólo hemos tenido acceso a través de una regesta de su contenido. 11. Así, por ejemplo, la primera referencia a Guipúzcoa ha podido pasar desapercibida aunque apareciera en un texto editado desde hace treinta años: UBIETO ARTETA, Cartulario de San Millán de la Cogolla, 1976, doc. nº. 31; véase PETERSON, “Primeras referencias a Guipúzcoa”, 2004.
  19. 19. 23David Peterson introDuCCiÓn Dentro de la diplomática, hacemos uso sobre todo de su contenido onomástico, registro que también, en ocasiones, extraemos de las fuentes narrativas. Es en este sentido, en el uso del registro onomástico, que antes hemos hablado de la utilidad de la Lengua no sólo como objeto de estudio sino también como herramienta. En esta labor consideramos importante la variedad de registros onomásticos analizados: nombres de persona, de lugar y de culto; casos concretos, genéri- cos y tipologías. Creemos que la variedad de registro consolida la validez de lo observado, y por ejemplo, tanto el culto de San Millán, como la temprana toponimia vasca, algunos antropónimos específicos (por ejemplo, Oveco), y topónimos genéricos del tipo Quintana, refuerzan la idea tan central a nuestra tesis de la existencia de una frontera, no sólo política sino también cultural, que divide el Pasillo. La relación entre la onomástica y el espacio, todo a su vez contextualizado cronológicamente, es central a nuestro método, y aunque intentamos siempre describir la relación textualmente, el medio gráfico resulta mucho más elocuen- te, y de ahí la importancia de la cartografía que incorporamos. De especial interés son las distribuciones atípicas, tanto las agrupaciones (clusters) como las ausencias, en cuya identificación la cartografía nos ayuda sobremanera. Plasmar así los resultados de los análisis onomásticos en mapas ya delimita áreas, y las líneas delimitadoras, más o menos nítidas, se convierten en auténticas fronteras onomásticas cuando convergen. Aquí incorporamos la segunda herramienta analítica, la frontera política y ad- ministrativa reconstruida a partir de diversos registros evidenciales no onomás- ticos: los límites diocesanos plenomedievales; el insólito texto de expreso corte geopolítico con el cual hemos empezado el capítulo (Cogolla166); la cronística (Crónica Albeldense, año 882); la geografía antigua (Ptolomeo); la compleja labor de reconstrucción de espacios de poder a partir de los escatocolos di- plomáticos; e incluso el trazado de las actuales fronteras provinciales. Al final, contrastamos la frontera así reconstruida con las distribuciones onomásticas observadas para comprender mejor la historia de la región. La otra importante consideración metodológica tiene que ver con la coordena- da temporal. El problema esencial es que existe un déficit de información para los siglos que nos interesan. Por ejemplo, de 188.000 documentos registrados
  20. 20. 24 Frontera y lengua en el alto ebro, siglos Viii-Xi introDuCCiÓn para el Medievo hispano-luso por el programa CODIPHIS12 , tan sólo 51 corres- ponden al siglo VIII. Aunque las cosas mejoran rápidamente a nivel peninsular, con más de mil textos para el siglo IX, gran parte de esa temprana documen- tación es leonesa, gallega o catalana, y en nuestro espacio ese siglo sigue infradocumentado, y además con hegemonía casi absoluta de la diplomática apócrifa. No será hasta el siglo X que tenemos un corpus documental relativa- mente abundante. Las cifras para el Pasillo y su entorno (sólo incorporando las fuentes principales) son las siguientes: s. VIII s. IX s. X s. XI s. XII s. XIII Total 2 25 450 1.274 1.035 1.160 3.946 En respuesta a este problema proponemos un método retrospectivo: el uso de datos posteriores para interpretar periodos anteriores. Por ejemplo, en nuestro capítulo sobre la Onomástica semítica castellana observamos distribuciones antroponímicas en la diplomática de principios del siglo X que utilizamos para acercarnos a la historia de los dos siglos anteriores. En cuanto a la toponimia, siempre que es factible utilizamos la contenida en la diplomática medieval fidedigna, pero también recurrimos en ocasiones a la toponimia actual. Esto ocurre cuando queremos analizar la distribución espacial de un tipo de toponimia sobre espacios considerables, el caso, sobre todo, de la toponimia en Quintana. La desigual distribución espacial de la diplomática, llegando a ser carencia completa para algunas áreas, nos obliga a esto. Cons- cientes de los riesgos inherentes a este método, también aportamos datos pro- venientes de la diplomática medieval, así por lo menos se demuestra la vigencia en periodo medieval de la toponimia en cuestión. Pero creemos que una visión equilibrada de la distribución de ciertos topónimos es más factible a través de la toponimia actual, a pesar de los años transcurridos, que a partir del desespera- damente problemático e incompleto registro diplomático medieval13 . De todos modos, notamos que el empleo de toponimia actual es práctica habitual en las obras de Filología Histórica14 . 12. CODIPHIS = Catálogo de colecciones diplomáticas hispano-lusas de época medieval, coordinado por GAR- CÍA DE CORTÁZAR, MUNITA, y FORTÚN. 13. PASTOR DÍAZ DE GARAYO, “Los testimonios escritos del sector meridional de Castilla (siglos X-XI). Ensayo de crítica documental”, pp. 335-7; BARCELÓ, “Los límites de la información documental escrita”, p. 74 y ss. 14. Por ejemplo, limitándonos a las obras pertinentes a nuestro espacio y problemática, se puede citar OLIVER ASÍN, En torno a los orígenes de Castilla. Su toponimia en relación con los árabes y los beréberes, y KNÖRR
  21. 21. 25David Peterson introDuCCiÓn La formulación de tipologías es fundamental a la hora de superar la margi- nación cuantitativa de muchos de los elementos onomásticos más llamativos. Nadie niega la abundancia de toponimia vasca o de antroponimia semítica en la documentación altomedieval de nuestro espacio, pero las incidencias individuales apenas se registran en un análisis cuantitativo15 . Así es importante avanzar tipológicamente: identificar y definir una clase de nombres, como los topónimos en –uri, que se pueden analizar luego en grupo, observando un comportamiento diplomático-cronológico común. En el citado caso el grupo es relativamente fácil de definir, pero en otros casos el proceso resulta más cos- toso. En cuanto a la antroponimia semítica pudimos recurrir a un nomenclator confeccionado por otros16 , a partir del cual definir el grupo, y así medirlo, pero más costoso resultó el establecer criterios para la inclusión o exclusión de to- pónimos individuales en el capítulo sobre la toponimia vasca. otros aProXiMaCiones a La ProbLeMÁtiCa ConteMPLaDa Es habitual en las secciones introductorias de un trabajo de este tipo resumir el Estado de la Cuestión. Esto presupone que esté bien definida ‘la cuestión’, y que tal cuestión tenga un estado, en el sentido de que se haya planteado anteriormente. Si nuestra cuestión se centra en la problemática que rodea la frontera que divide el Pasillo, el punto de partida serían sendas aproximaciones de los años 50 que intentaron fijar la geografía del fenómeno, sin indagar demasiado en las dinámicas detrás del trazado. Nos referimos a los estudios de UBIETO ARTETA y LÓPEZ MATA17 , ambos con bastante trascendencia historiográfica. BORRÀS, “Para una delimitación etno-lingüística de la Álava antigua. Ensayo de cartografía a partir de pruebas toponímicas”. 15. Por ejemplo, en el capítulo de Antroponimia y sociedad dedicado a analizar la antroponimia altomedieval burgalesa (GARCÍA DE CORTÁZAR, DÍEZ HERRERA, y PEÑA BOCOS, “Antroponimia de Burgos y su alfoz en los siglos X a XII”, pp. 231-258), los nombres semíticos se contemplan brevemente como un bloque, pero en ningún momento se cierra la definición de tal bloque, y así tampoco se cuantifican estos nombres, quedando así su importancia muy relativizada. 16. TERÉS, Antroponimia hispanoárabe, con referencia también a AGUILAR SEBASTIÁN y RODRÍGUEZ ME- DIANO, “Antroponimia de origen árabe en la documentación leonesa (siglos VIII-XIII)”. 17. UBIETO ARTETA, “Las fronteras de Navarra”, 1953; LÓPEZ MATA, Geografía del condado de Castilla a la muerte de Fernán González, 1957.
  22. 22. 26 Frontera y lengua en el alto ebro, siglos Viii-Xi introDuCCiÓn Desde la perspectiva castellana, el acercamiento más sugerente de los últimos lustros ha sido el estudio de GARCÍA GONZÁLEZ que, parafraseando al autor, entiende la frontera como mecanismo funcional necesario para contextualizar y salvaguardar el desarrollo económico-social del espacio burgalés18 . Sobre todo, se resalta la frontera como la clausura militar en el eje Pancorbo-Cerezo- Ibrillos del corredor que admitía incursiones musulmanas hacia el corazón del naciente Condado de Castilla. Desde la perspectiva andalusí, el acercamiento más reciente a la frontera que contemplamos es el de MANZANO MORENO19 ; sin embargo, la frontera del Pasillo, la periferia de la periferia dentro del mundo (y la historiografía) andalusí, dista mucho de ser el objeto principal del estudio. También LACARRA DE MIGUEL contemplaría el significado de la frontera a lo largo del Ebro20 aunque su enfoque fue más bien el de cuestionar la relevancia histórica del concepto, y así, por ejemplo, el epígrafe “el Ebro, como vía que rompe fronteras”. Aguas más abajo, las relaciones entre cristia- nos y musulmanes en la frontera aragonesa centran gran parte del trabajo de SENAC21 . Si nos centramos en la complejidad lingüística del espacio, muchos autores se han fijado en uno u otro estrato: ALVAR22 (romance riojano), GONZÁLEZ OLLÉ23 (romance burebano), MICHELENA24 y MERINO URRUTIA25 (vascuence) y OLIVER ASÍN26 (arabo-bereber), mientras la documentación originaria del Pa- sillo tiene un papel destacado en casi todas las obras que contemplan los oríge- 18. GARCÍA GONZÁLEZ, “Fronteras y fortificaciones en territorio burgalés en la transición de la Antigüedad a la Edad Media”, 1995. 19. MANZANO MORENO, La frontera de al-Andalus en época de los Omeyas, 1991; también el reciente artículo de SOUTO, “El noroeste de la frontera de al-Andalus en época omeya: poblamiento y organización territorial”, 2004. 20. LACARRA DE MIGUEL, “Acerca de las fronteras en el Valle del Ebro (Siglos VIII-XII)”, 1981. 21. SENAC, La Frontière et les hommes (VIII-XII siècle). Le peuplement musulman au nord de l’Ebre et les débuts de la reconquête aragonaise, 2000; con LALIENA, Musulmans et Chrétiens dans le Haut Moyen Âge: aux origines de la Reconquête aragonaise, 1991. 22. ALVAR, El Dialecto Riojano, 1976. 23. GONZÁLEZ OLLÉ, “El habla de la Bureba”, 1964. 24. MICHELENA, “Onomástica y Población en el antiguo reino de Navarra: La Documentación de San Millán”, 1976. 25. MERINO URRUTIA, La Lengua Vasca en La Rioja y Burgos, 1978. 26. OLIVER ASÍN, En torno a los orígenes de Castilla. Su toponimia en relación con los árabes y los beréberes, 1974.
  23. 23. 27David Peterson introDuCCiÓn nes del castellano27 . Quizás éste también es el lugar para citar la imprescindible, aunque algo difícil de clasificar, obra de DÍAZ Y DÍAZ, Libros y Librerías en La Rioja altomedieval (1979). Hemos nombrado ya algunos de los filólogos más insignes de las letras hispanas, pero la complejidad lingüística de este espacio apenas se ha tratado explícitamente, siendo el artículo de ALARCOS LLORACH sobre la toponimia riojana una de las pocas excepciones28 . En cuanto al estrato vasco, mientras se han contemplado las implicaciones para el primitivo castellano de su proximidad tanto geográfica como fonética al euskera29 , la problemática de la cronología del euskera al sur del Ebro no se ha abordado de manera sistemática desde el citado artículo de Michelena del 27. MENÉNDEZ PIDAL, Orígenes del Español, 1980 (9ª edición); WRIGHT, Latín tardío y romance temprano en España y la Francia carolingia, 1982; mientras en la reciente (2005) Historia de la lengua española (coord. CANO AGUILAR), hay varios capítulos dedicados a temas relacionados con nuestro espacio, como la relación entre el vascuence y el castellano (ECHENIQUE ELIZONDO), las glosas emilianenses (BUSTOS TOVAR) etc. 28. ALARCOS LLORACH, “Apuntaciones sobre toponimia riojana”, 1950. 29. Entre muchos autores: MENÉNDEZ PIDAL, Orígenes del Español; MARTINET, Economía de los cambios fo- néticos, 1974; GONZÁLEZ OLLÉ, “Evolución y castellanización del romance navarro”, 1983; RAMOS REMEDIOS, “Para una revisión de la documentación hispana hasta el siglo XIII los Cartularios de Valpuesta”, 2003; y ECHE- NIQUE ELIZONDO, “La lengua vasca en la historia lingüística hispánica”, 2005. Mapa II. Contextualización geográfica del Pasillo
  24. 24. 28 Frontera y lengua en el alto ebro, siglos Viii-Xi introDuCCiÓn año 1976, y la considerable cantidad de documentación editada desde enton- ces apenas ha sido trabajada desde esta perspectiva. En Castilla, la toponimia vasca tiende a verse marginada como un mero excedente o continuum de la riojana30 . Algunos arabistas han denunciado la presencia en el noroeste peninsular de interesantes concentraciones de topónimos aparentemente de origen semíti- co31 , pero, aun así, OLIVER PÉREZ hablaría en 1994 de un campo de estudio prácticamente virgen, a pesar de la abundante materia que parece haber y de la posible trascendencia de su estudio. VIGUERA MOLINS también denuncia la falta de análisis del fenómeno en La Rioja32 , donde, en 1995, GARCÍA DE CORTÁZAR todavía se tendría que basar en el ya citado trabajo de ALARCOS LLORACH de 1950 para un análisis de este estrato toponímico33 . Entre los estudiosos del Altomedievo castellano arraigó la tendencia a consi- derar los 40 años andalusíes como anecdóticos, y que lo semítico en Castilla y León fuese casi siempre el resultado de migraciones mozárabes, y por tanto alóctono a Castilla y menos relevante a su desarrollo histórico. El reto que supu- so el citado artículo de OLIVER ASÍN no ha sido aceptado por una generación de historiadores que se han volcado con el Altomedievo castellano, pero que apenas contemplan su toponimia, y menos todavía el estrato semítico34 . Mien- tras algo de trabajo se ha hecho al respecto en Galicia, en León y en Cataluña35 , 30. Sigue habiendo un goteo de artículos al respecto, y el descubrimiento de las estelas soriano-riojanas ha reavivado las cenizas de la antigua y generalmente desacreditada idea de un euskera prerromano en el Sistema Ibérico, pero demasiados acercamientos han sido meramente descriptivos o de escasa calidad científica. 31. OLIVER ASÍN, En torno a los orígenes de Castilla. Su toponimia en relación con los árabes y los beréberes, 1974; OLIVER PÉREZ, “Observaciones sobre la toponimia árabe de la región castellano leonesa”, en Toponimia de Castilla y León, 1994. 32. VIGUERA MOLINS, “La Rioja en Al-andalus (siglos VIII-XII)”, 2000. 33. GARCÍA DE CORTÁZAR, “Organización social del espacio en La Rioja cristiana en los siglos X y XI”. 34. Notamos que la obra de OLIVER encuentra más acogida entre otros arabistas (RUBIERA DE EPALZA, “Álava y los alaveses en los textos árabes medievales”, 1982, p. 386; VIGUERA MOLINS, “La Rioja en Al-andalus (siglos VIII-XII)”, 2000; CHALMETA, Invasión e islamización, 1994, p. 232 n. 506; GLICK, From Muslim fortress to Chris- tian Castle, 1995, p. 191), que entre los historiadores de la Castilla altomedieval entre cuyas obras (que citaremos a continuación) apenas encuentra referencia. 35. HITCHCOCK, “Arabic Proper Names in the Becerro de Celanova”, 1990; AGUILAR SEBASTIÁN y RODRÍ- GUEZ MEDIANO, “Antroponimia de origen árabe en la documentación leonesa (siglos VIII-XIII)”, 1994; MARTÍ CASTELLÓ, “Palacios y guardias emirales en Cataluña”, 2005.
  25. 25. 29David Peterson introDuCCiÓn GARCÍA GONZÁLEZ es de los pocos que sistemáticamente incorpora el perio- do andalusí en su análisis del Altomedievo castellano36 . Al margen de los enfoques específicos de nuestro estudio, el espacio y periodo contemplado sí han centrado la atención de muchos autores, y si las cuestiones planteadas han sido diferentes, estas obras paralelas y próximas han sido fun- damentales a la hora de elaborar este estudio. En particular, como acabamos de señalar, el Altomedievo castellano ha sido objeto de numerosas aproximaciones monográficas en los últimos lustros, la mayoría de las cuales se centran en el problema de la emergencia del sistema feudal37 . En cuanto al extremo riojano del Pasillo, la figura más destacada historiográfi- camente es la de José Ángel GARCÍA DE CORTÁZAR, y si volvemos repetidas veces a matizar aspectos puntuales de su obra es por la centralidad de ésta al espacio y temática que analizamos38 . También cabe citar la obra esencialmente descriptiva de FERNÁNDEZ DE LA PRADILLA39 , con un enfoque ligeramente posterior al periodo que nos ocupa. En ambos casos se parte de la rica docu- mentación cenobítica, sobre todo la emilianense, y se observa la tendencia, nacida quizás del hecho de que la documentación emilianense hace referencia 36. GARCÍA GONZÁLEZ, “La Castilla del Ebro”, p. 71. No sólo ha sido marginado el artículo de OLIVER ASÍN (“significativamente desaprovechado” para BESGA MARROQUIN, Orígenes hispano-godos del Reino de Asturias, p. 277, n. 871), sino todo referente a la presencia musulmana en Castilla; véase, como ejemplo y en un plano meramente cuantitativo, el Ensayo de bibliografía medieval burgalesa de PÉREZ Y PÉREZ (pp. 220-5) en el cual constan sólo nueve obras sobre el mahometismo burgalés, mientras en cambio bajo el epígrafe Judíos y conversos se citan 59. 37. ÁLVAREZ BORGE, Poder y relaciones sociales en Castilla en la Edad Media: los territorios entre el Arlanzón y el Duero en los siglos X al XIV, 1996; ESCALONA MONGE, Transformaciones sociales y organización del espacio en el alfoz de Lara en la Alta Edad Media, 1996; GARCÍA GONZÁLEZ, “La Castilla del Ebro”, 2002; MARTÍN VISO, Poblamiento y estructuras sociales en el norte de la Península Ibérica, 2000; MARTÍNEZ DÍEZ, El Condado de Castilla, 2004; PASTOR DÍAZ DE GARAYO, Castilla en el tránsito de la antigüedad al feudalismo: poblamiento, poder político y estructura social del Arlanza al Duero (siglos VII – XI), 1996; PEÑA BOCOS, La atribución social del espacio en la Castilla altomedieval, 1995; PEÑA PÉREZ, “El modo de producción feudal: algunos problemas”, 1995; “Las Comunidades de aldea en la Alta Edad Media. Precisiones terminológicas y conceptuales”, 2001. 38. Son muchas las obras de GARCÍA DE CORTÁZAR que versan sobre nuestro espacio, pero tres que pode- mos considerar como representativas y a la vez próximas a nuestra línea de investigación serían: El Dominio del Monasterio de San Millán de la Cogolla (siglos X a XIII): Introducción a la Historia Rural de Castilla Altomedieval, 1969, obra seminal en el estudio de los cenobios medievales; “La Rioja Alta en el siglo X. Un análisis cartográfico sobre los comienzos de la ocupación y explotación cristiana del territorio”, 1973; y “Organización social del es- pacio en La Rioja cristiana en los siglos X y XI”, 1995. 39. FERNÁNDEZ DE LA PRADILLA MAYORAL, El Reino de Nájera (1035 – 1076): Población, economía, sociedad y poder, 1991.
  26. 26. 30 Frontera y lengua en el alto ebro, siglos Viii-Xi introDuCCiÓn a ambos lados de la frontera del Pasillo, de incluir en un análisis esencialmente riojano las comarcas orientales del Pasillo castellano. Por lo tanto, estos trabajos se aproximan a nuestro estudio en un aspecto metodológico muy significativo al considerar el Pasillo como una entidad íntegra, aunque no afrontan la pro- blemática de la frontera que divide tal espacio. Fuera ya de La Rioja, aunque en las regiones próximas, cabe citar los varios trabajos monográficos de CAÑADA JUSTE40 que se aproximan a varias de nues- tras inquietudes, los ya citados estudios de SENAC y LALIENA sobre Aragón, y las obras de LARREA y JIMENO ARANGUREN sobre Navarra41 . En cuanto al actual País Vasco, las más significativas monografías más o menos recientes so- bre el Altomedievo serían las de MARTÍNEZ DÍEZ (Álava), AZKARATE GARAI- OLAUN, BARRENA OSORO (Guipúzcoa) y GARCÍA CAMINO (Vizcaya)42 . Generalmente en estos estudios los ingredientes básicos son los mismos (la diplomática, la cronística y la arqueología), pero rara vez se ha incorporado la onomástica de manera sistemática como proponemos43 . La excepción más no- table sería la tesis de JIMENO ARANGUREN sobre la cristianización de Navarra en la cual la hagionimia tiene un papel fundamental. Por su parte, la toponimia aparece en papeles secundarios en muchos de estos trabajos, pero raramente como protagonista. Una excepción sería cuando en la toponimia se ha fosili- zado un concepto de especial significado histórico, y así nuestro análisis de la toponimia en Quintana se asemeja al de la serna de BOTELLA POMBO, y también a otros estudios, más lexicográficos y menos toponímicos, pero que siguen esencialmente la misma metodología y que analizan la distribución de 40. CAÑADA JUSTE, “El posible solar originario de los Banu Qasi”, 1977; “Los Banu Qasi (714 – 924)”, 1980; “Un milenario navarro: Ramiro Garcés, rey de Viguera”, 1981; “Álava frente al Islam”, 1984. 41. LARREA, La Navarre du IV au XII siècle. Peuplement et société, 1998; JIMENO ARANGUREN, Orígenes del Cristianismo en la tierra de los vascones, 2003. 42. MARTÍNEZ DÍEZ, Álava medieval, 1974; AZKARATE GARAI-OLAUN, Arqueología cristiana de la antigüedad tardía en Álava, Guipúzcoa y Vizcaya, 1988; BARRENA OSORO, La formación histórica de Guipúzcoa, 1989; GAR- CÍA CAMINO, Arqueología y poblamiento en Bizkaia, siglos VI-XII: La coniguración de la sociedad feudal, 2002. 43. Nos referimos a la ausencia de esta metodología entre la historiografía más o menos reciente. Antes la topo- nimia ocupó un lugar central en los debates en torno a la despoblación - repoblación de la Cuenca del Duero, y un análisis de este debate se encuentra en BESGA MARROQUÍN, Orígenes hispano-godos del Reino de Asturias, p. 277 y ss. Más recientemente, un equipo liderado por Ramón MARTÍ ha vuelto a trabajar este registro sistemá- ticamente en referencia a los siglos VIII y IX y en un contexto catalán: MARTÍ CASTELLÓ, “Palacios y guardias emirales en Cataluña”, 2005.
  27. 27. 31David Peterson introDuCCiÓn voces y conceptos como el alfoz (ESTEPA), el palatium (CORTÁZAR Y PEÑA BOCOS), los collazos (HOMET) etc.44 Por último, la antroponimia ha sido apenas aprovechada en las obras de his- toria medieval45 . Y sin embargo, existe la conciencia de la necesidad de traba- jar este registro: ya en 1955 MICHELENA comentaba que “En la Edad Media aparecen en documentos e inscripciones nombres típicos cuya clasificación y distribución geográfica no está aún suficientemente hecha”46 ; al año siguiente LACARRA DE MIGUEL sugería que “en los nombres de persona cabría hacer un estudio metódico, agrupándolos por épocas [...] y por regiones”47 ; y más recien- temente GUICHARD reclama “mettre en valeur la richesse de l’information que l’étude de l’anthroponymie peut apporter à l’historien”48 . Con esta finalidad, ya se han emprendido algunas iniciativas valiosas49 , y donde más se ha avanzado es en la comprensión de la llamada revolución antroponímica, pero falta por incorporar este registro plenamente en el discurso histórico medievalista, cuan- do, en contraste, notamos su centralidad en la historiografía de otros periodos con déficit evidencial50 . 44. BOTELLA POMBO, La serna: ocupación, organización y explotación del espacio en la Edad Media, 800- 1250, 1988; ESTEPA DÍEZ, “El Alfoz Castellano En Los Siglos IX al XII”, 1984; GARCÍA DE CORTÁZAR y PEÑA BOCOS, “El palatium símbolo y centro de poder, en los reinos de Navarra y Castilla en los siglos X a XII”, 1989; HOMET, “Los collazos en Castilla (ss. X-XIV)”, 1976. 45. Una de las pocas excepciones es el análisis de la antroponimia del Testamentum Regis Adefonsi del 812 de BESGA MARROQUÍN, Orígenes hispano-godos del Reino de Asturias, pp. 511 y ss. Menos afortunadamente, en su artículo “Sobre la conquista de la Rioja por los Pamploneses” (1970), UBIETO ARTETA pretendió analizar el trasfondo histórico del mozarabismo riojano a través de la antroponimia, pero partía de un supuesto erróneo, el origen riojano (Albelda1) de un texto en realidad castellano (=Cardeña14), tema que desarrollaremos más adelante. 46. MICHELENA, Apellidos vascos, p. 20. 47. LACARRA DE MIGUEL, Vasconia Medieval, p. 21. 48. GUICHARD, “L’anthroponymie des zones de contact entre monde chrétien et monde musulman: de Palerme à Tolède”, p. 111. 49. Por ejemplo, el ya citado estudio de AGUILAR SEBASTIÁN y RODRÍGUEZ MEDIANO, “Antroponimia de origen árabe en la documentación leonesa (siglos VIII-XIII)”, 1994; VV.AA., Antroponimia y sociedad: Sistemas de identiicación hispano-cristianos en los siglos IX a XIII, 1995; VV.AA., L’anthroponymie. Document de l’histoire social des mondes méditerranéens médiévaux, 1996; y SALABERRI ZARATIEGI, Euskal Deiturategia: Patronimia, 2003. Notamos el título completo de la obra de 1995, y su énfasis en sistemas de identiicación, luego ratificada en las Conclusiones (pp. 395-404), en vez de en la geografía de nombres individuales. 50. Por ejemplo, extraña que se haya hecho un análisis tipológico de la onomástica peninsular prerromana (varias obras de ALBERTOS FIRMAT), pero que todavía no se haya desarrollado una herramienta equivalente para periodos más recientes.
  28. 28. 32 Frontera y lengua en el alto ebro, siglos Viii-Xi introDuCCiÓn JustiFiCaCiÓn: ¿QuÉ tiene De noVeDoso? A la vista de las obras citadas en las páginas anteriores, que representan sólo la parte más destacable de los estudios que han contemplado nuestro espacio y / o problemática, es inevitable concluir que los temas que analizamos no son en sí generalmente novedosos: ni el problema de la toponimia vasca y su cronología, ni el de la onomástica semítica en Castilla, ni la historia temprana de San Millán ... Lo que sí creemos novedoso, en cambio, es el uso sistemático de diversos registros onomásticos como herramientas para analizar la historia geopolítica. Estrechamente vinculado está el reconocimiento explícito de la complejidad lingüística de la zona, lo cual nos causa no pocos problemas metodológicos, pero que es en sí también sintomático de la rica y variada historia de la región, un auténtico crisol. Novedoso también puede considerarse la incorporación de documentación ‘nueva’51 a problemas antiguos. Esto tiene dos vertientes. Por un lado, la incor- poración del testimonio de la cronística árabe a problemáticas ‘cristianas’. Por ejemplo, la ‘Reconquista de La Rioja’ parece otra cosa vista desde la perspectiva andalusí. Por otro lado, incorporamos también la parte correspondiente de la abundante diplomática cenobítica editada en las últimas décadas52 , en muchos casos después de la última revisión historiográfica de algunos de los temas que hemos afrontado. Así, por ejemplo, la cuestión de la cronología del vascuence al sur del Ebro no se había retomado seriamente desde los años 70, cuando ahora disponemos quizás del doble de documentación. En cuanto a los avances historiográficos que aquí incorporamos, destacamos los avances en la comprensión de al-Andalus, sobre todo sus orígenes (CHAL- META53 ), sus relaciones con la periferia peninsular no-andalusí (MANZANO 51. Aquí el adjetivo ‘nueva’ refiere, generalmente, a recientemente editada y / o traducida. 52. “... el número de colecciones documentales publicadas desde 1981 hasta 1995 es superior al de las apa- recidas en los ochenta años anteriores”, CODIPHIS, p. 85. El Pasillo ha sido especialmente afortunado en este proceso editorial, y si Castilla-León encabeza la lista de regiones que más colecciones diplomáticas tienen, la concentración por kilómetro cuadrado es aun mayor en La Rioja. 53. CHALMETA, Invasión e islamización, 1994.
  29. 29. 33David Peterson introDuCCiÓn MORENO, MAÍLLO SALGADO54 ), y la sugerente idea de que la voz quinta- na describe una forma de terrazgo esencialmente bereber (OLIVER ASÍN, LA- GARDÈRE55 ). También incorporamos avances del mundo no-andalusí. Los más destacables serían el rechazo de la idea de despoblación (varios autores56 ), la emergencia de alternativas solventes57 , y la gradual consolidación de la teoría de MICHELENA de la Lengua Común Vasca58 . Entre estos dos ‘mundos’, algo artificialmente separados (tanto aquí como en la historiografía), está la naciente idea, más desarrollada en León que en Castilla, de que la onomástica semítica del siglo IX en la Meseta Septentrional es autóctona y no inmigracional59 . Por último, el marco geográfico elegido también resulta novedoso, ya que, en vez de analizar una sola entidad política, como la mayoría de los estudios regionales ya mencionados, escogemos un espacio ‘natural’ y exploramos los motivos del asentamiento en él de una divisoria política a lo largo del Altome- dievo, y las consecuencias socioculturales del hecho. agraDeCiMientos Numerosas personas me han ayudado y animado a lo largo del proceso cuyo resultado más concreto tiene el lector entre sus manos. La compleja naturaleza tanto del espacio como de la temática me ha obligado a recurrir a muchos ex- pertos. Sin su ayuda algunos capítulos, y francamente la empresa en sí, habrían sido impensables, y todos han sido generosos con su tiempo y con sus cono- cimientos. Sobre todo, lo más gratificante de todo este largo ‘proceso’ ha sido 54. MANZANO MORENO, La frontera de al-Andalus en época de los Omeyas, 1991. MAÍLLO SALGADO, ¿Por qué desapareció al-Andalus?, 1998; “La guerra santa según el derecho malakí”, 1983. 55. OLIVER ASÍN, En torno a los orígenes de Castilla, 1974; LAGARDÈRE, Campagnes et paysans d’Al-Andalus, VIII-XV s., 1993. 56. GARCÍA GONZÁLEZ (“La Castilla del Ebro”, p. 80) resume algunas de las “propuestas alternativas, a cada cual más atractiva: desarticulación (Barbero y Vigil), desorganización (García de Cortázar, Esther Peña), desacti- vación (Pierre Bonnassie, Ernesto Pastor) y tierra de nadie (José María Mínguez)”. 57. Por ejemplo, GARCÍA GONZÁLEZ y FERNÁNDEZ DE MATA, “Antropología, Arqueología e Historia. La des- estructuración de la cuenca del Duero ...”, 1999. 58. MICHELENA, “Lengua común y dialectos vascos”, 1981. Hay poco publicado al respecto, aunque la idea empieza a arraigar en, por ejemplo, AZKARATE GARAI-OLAUN, “La Tardoantigüedad”, pp. 102-4, 2003. 59. ESTEPA DÍEZ, Estructura social de la ciudad de León, p. 152; SÁNCHEZ BADIOLA, “Mozarabismo y pobla- miento en el León altomedieval: el Valle de Ardón”, p. 321; RODRÍGUEZ MEDIANO, “Acerca de la población arabizada del Reino de León”, p. 471.
  30. 30. 34 Frontera y lengua en el alto ebro, siglos Viii-Xi introDuCCiÓn el ver cómo, de conversaciones inicialmente académicas, han florecido algunas auténticas amistades. Así, quiero expresar mi agradecimiento a Ángel Aparicio, Eduardo Manzano, Ernesto García, Estíbaliz Bedialauneta, Felipe Maíllo, Hen- rike Knörr, Ignacio Álvarez, Iván García Izquierdo, Javier García Turza, Javier Peña, Jesús Lorenzo, Juanjo Larrea, Juanjo Martín, Lucía García, Luís Martínez, Pruden Gartzia, Roger Wright y Rufino Gómez: una mezcla de amigos y colegas, dos categorías que cada día resulta más difícil de separar. El formato, un listado de nombres, quizás parezca algo frío, pero aquí es de lo más apropiado dado la naturaleza del estudio. Fuera de esos confines, dos personas me ayudaron de manera especial, el indefatigable Ernesto Pastor con su ojo exquisitamente crítico, y Joseba Lakarra quien me dedicó unas auténticas clases maestras de Filología Histórica. Tampoco he olvidado los mil ánimos, atenciones y ayudas de mis domestiques: Carlos, Eduardo, Jacqueline, Javi y Marian. Mención aparte para dos personas que me han guiado e inspirado durante estos últimos años. Al director de esta tesis, Juan José García, quien, a pesar de las manifiestas diferencias de estilo y metodología, tiene mucha más responsabilidad en esto que lo que se reconoce explícitamente en estas páginas. En más de una ocasión, pensando felizmente que una idea había sido mía, me he topado con la misma en las páginas mucho antes publicadas de este auténtico maestro. Por otra parte, a Virginia, sin cuya ayuda esto, sencillamente, no habría sido posible. Este trabajo fue defendido como Tesis Doctoral el 24 de noviembre de 2006 en la Universidad de Burgos ante el tribunal formado por los profesores José Ángel García de Cortázar (presidente), Henrike Knörr Borràs, F. Javier Peña Pérez, Eduardo Manzano Moreno y Ernesto Pastor Díaz de Garayo, y obtuvo la máxima y unánime calificación de Sobresaliente cum laude. Tristemente, el profesor Knörr quien, a pesar de estar gravemente enfermo, se empeñó en la publicación del trabajo con la generosidad de tiempo y esfuerzo que le carac- terizaba, falleció sin poder ver realizado su deseo.
  31. 31. 35David Peterson las fuentes La DiPLoMÁtiCa Las principales fuentes diplomáticas utilizadas en la elaboración de este estudio son las siguientes: Distribución cronológica y cuantitativa de textos en las fuentes principales Fuente s.VIII s.IX s.X s.XI S.XII s.XIII total hasta Albelda - - 29 39 10 - 78 1.196 Calzada - - - - 84 66 150 1.257 Cardeña - 1 212 169 - - 382 1.085 Condes - - 61 20 - - 81 1.024 Oña (incl. Oña2) - 2 4 137 263 417 823 1.300 Rioja (incl. Rioja4) - 3 44 352 670 1.069 1.299 Cogolla (incl. Cogolla2) 2 15 102 628 204 - 951 1.199 Valpuesta (incl. Valpuesta2) - 7 39 46 86 - 178 1.200 Valvanera - - - 191 36 7 234 1.264 TOTAL 2 25 450 1.274 1.035 1.160 3.9461 - 1 Hemos adoptado la convención de referirnos a los textos diplomáticos median- te la forma abreviada del nombre de la fuente y un valor numérico: Albelda17, 1. En esta evaluación cuantitativa incluimos la diplomática apócrifa. Cuando el mismo texto aparece en más de una colección diplomática lo incluimos ambas veces para simplificar el análisis, aunque, al margen de colecciones temáticas como Condes, la incidencia de estos casos es mínima.
  32. 32. 36 Frontera y lengua en el alto ebro, siglos Viii-Xi las Fuentes Cardeña134, Cogolla2/495, Condes1, etc. Las abreviaturas empleadas son las siguientes: Abreviatura Fuente Albelda Cartulario de Albelda, ed. Antonio UBIETO ARTETA, Anúbar, Valencia, 1981. Calzada Cartularios (I, II y III) de Santo Domingo de la Calzada, ed. Agustín UBIETO ARTETA, Anúbar, Zaragoza, 1978. Cardeña Colección documental del Monasterio de San Pedro de Cardeña, ed. Gonzalo MARTÍNEZ DÍEZ, Caja Círculo, Burgos, 1998. Condes Colección Diplomática de los Condes de Castilla. Edición y comentario, ed. Manuel ZABALZA DUQUE, Junta de Castilla y León, Valladolid, 1998. Cogolla Cartulario de San Millán de la Cogolla (759 – 1076), ed. Antonio UBIETO ARTETA, Anúbar, Valencia, 1976. Cogolla2 Cartulario de San Millán de la Cogolla (1076 - 1200), ed. María Luisa LEDESMA RUBIO, Anúbar, Zaragoza, 1989. Oña Colección Diplomática de San Salvador de Oña (822-1284), ed. Juan del ÁLAMO, CSIC, Madrid, 1950. Oña2 Documentación del Monasterio de San Salvador de Oña (1032- 1284), ed. Isabel OCEJA GONZALO, Garrido Garrido, Burgos, 1983. Rioja Colección Diplomática Medieval de la Rioja: Tomos II y III, ed. Ildefonso RODRIGUEZ R. DE LAMA, Instituto de Estudios Riojanos, Logroño, 1979. Rioja4 Colección Diplomática Medieval de la Rioja: Tomo IV, ed. Ildefonso RODRIGUEZ R. DE LAMA, Instituto de Estudios Riojanos, Logroño, 1989. Valpuesta Cartulario de Valpuesta, ed. Mª Desamparados PÉREZ SOLER, Anúbar, Valencia, 1970. Valpuesta2 Los Cartularios Gótico y Galicano de Santa María de Valpuesta (1090 – 1140), ed. Saturnino RUIZ DE LOIZAGA, Dipn. Foral de Álava, Vitoria, 1995. Valvanera Documentación medieval del monasterio de Valvanera, siglos XI a XIII, ed. Francisco Javier GARCÍA TURZA, Anúbar, Zaragoza, 1985. ConsiDeraCiones generaLes Geografía diplomática. En general, la documentación referente al Pasillo pro- viene de los monasterios sitos en él, aunque se observa cierto desequilibrio espacial, a favor de los bordes serranos al norte y al sur, y en detrimento del
  33. 33. 37David Peterson las Fuentes fondo de valle en sí2 . Creemos que éste es el contexto en el cual entender los tempranos intereses en el Pasillo de algunos pequeños cenobios sitos en los Montes Obarenes, como San Mamés de Obarenes, y también del primitivo monasterio mirandés (ya al norte de los Montes Obarenes) de San Esteban de Salcedo. Por otra parte, si el Monasterio de las Huelgas desarrolla extensivos intereses en la Bureba, es con una cronología tardía, que poco afecta a este estudio, y en general las instituciones burgalesas tienen sorprendentemente poca actividad en el Pasillo. La Catedral de Burgos tenía algunos intereses, como no podría ser menos para la heredera de las sedes de Valpuesta y (sobre todo) Oca, pero en general la tónica es de desinterés por parte del obispado hacia estas comarcas, delegando sus intereses en el Pasillo a su decanía de San Miguel de Froncea, 2. Para una introducción a la geografía de los dominios cenobíticos castellanos véase la obra de MORETA VELAYOS, Rentas monásticas en Castilla: problemas de método. Otros mapas dominicales de interés se pueden encontrar en: GARCÍA DE CORTÁZAR, El Dominio del Monasterio de San Millán de la Cogolla, pp. 184-5; GAR- CÍA FERNÁNDEZ, Santa María de Irache, p. 39 y ss.; GARCÍA TURZA, El Monasterio de Valvanera en la Edad Media, p. 121; LÁZARO RUIZ, “El Monasterio de San Martín de Albelda”, p. 370; LIZOAIN GARRIDO y GARCÍA GONZÁLEZ, El Monasterio de las Huelgas, p. 248 y ss.; VIVANCOS GÓMEZ, Documentación del Monasterio de Santo Domingo de Silos, p. LXXVI. Mapa III. Las principales colecciones diplomáticas utilizadas
  34. 34. 38 Frontera y lengua en el alto ebro, siglos Viii-Xi las Fuentes y despertando tardíamente de su olvido sólo cuando la pujante diócesis de Calzada-Calahorra amenaza sus posesiones en las cabeceras del Tirón y del Oja a principios del siglo XIII3 . En cuanto a la mitad riojana del Pasillo, ahora sí encontramos algunos intereses de monasterios foráneos (Leire e Irache) en el entorno de Nájera, pero de nue- vo, la mayor parte de la documentación referente al Pasillo se origina dentro de él, y concretamente en el caso de La Rioja en las abadías de San Millán de la Cogolla, San Martín de Albelda y Santa María de Valvanera. La diplomática popular y marginal. Además de diplomas de factura regia o condal, nuestras fuentes incluyen otros textos, de factura más humilde. Para distinguir los dos tipos de texto emplearemos los adjetivos cortesana y popu- lar. Muchas veces la documentación popular consiste en actas notariales que detallan compraventas y donaciones, generalmente a favor de alguna institu- ción cenobítica, y de ahí el interés en conservarlas como justificantes de su patrimonio. En ocasiones estos textos son muy breves, y esta brevedad quizás ha contribuido a su marginación, hasta el punto de que, remitiéndonos ahora a la documentación emilianense, Serrano no publicó muchos de ellos. Otros textos populares no son más que listas de posesiones de la institución archivera, a veces con algunos pocos datos orientativos sobre la ubicación de la finca adquirida, otras veces con referencia al dueño anterior. Creemos que estos textos, a pesar de su brevedad y aparente banalidad, nos ofrecen mucho desde el punto de vista lingüístico: nos adentran en la microtoponimia; nos acercan a la antroponimia de las capas sociales inferiores, muy diferente a la de las clases dirigentes como indican textos como Cogolla2/282 o Cardeña22, pero generalmente ausente de la diplomática cortesana4 ; y además están exentos de los problemas de falsedad e interpolación que lastran la mayor parte de la temprana diplomática cortesana. 3. Ésta es la lectura que hacemos del repentino interés del obispo Mauricio hacia estas comarcas en 1224, véase, PETERSON, La Sierra de la Demanda en la Edad Media, p. 231. 4. En el mismo sentido, RAMOS REMEDIOS reclama la antroponimia como herramienta en situaciones diglósicas cuando una lengua popular por lo demás apenas se registra en la documentación: “Así los apodos e hipocorísti- cos, instrumento precioso para acercarse al nivel de la lengua hablada, puesto que la antroponimia, no obstante estar sujeta a modas, transparenta en gran medida las preferencias lingüísticas de los hablantes ...”, RAMOS RE- MEDIOS, El apeo de Vitoria y su jurisdicción a ines del siglo XV, vol. II, p. 275.
  35. 35. 39David Peterson las Fuentes La diplomática apócrifa. Cualquier acercamiento histórico al espacio estudia- do en periodo altomedieval acaba topándose con un fundamental problema metodológico: en qué medida aceptar el testimonio de los tan numerosos di- plomas apócrifos reunidos en el Cartulario de San Millán de la Cogolla. Parece haber consenso ahora en cuanto a que la práctica totalidad de los diplomas emilianenses de aparente factura cortesana del siglo X son en realidad falsifica- ciones del siglo XII5 . Hasta ahí bien. Pero, ¿la falsificación es puramente formal, o también afecta al contenido de los diplomas? Existen básicamente dos respuestas a este problema. La primera rechaza el testi- monio de los diplomas cuya falsedad formal ha sido demostrada. La alternativa al rechazo es admitir la falsedad formal pero aun así intentar aprovechar elementos del documento. Si contemplamos una falsificación del siglo XII que se hace pasar por un original del siglo X, estos elementos aprovechables podrían ser: 1. el hecho de la falsificación en sí, y sus implicaciones para el siglo XII; 2. un acontecimiento histórico del siglo X que el diploma falsificado busca reflejar; 3. y elementos, generalmente onomásticos, repescados de anteriores documentos en que se habrían basado las falsificaciones. Todos ellos ofrecen líneas de investigación potencialmente interesantes, aunque metodológicamente muy complejas. Sin embargo, tenemos la impresión de que a veces el citar estas posibilidades es poco más que una excusa para no tener que deshacer del testimonio de estas fuentes, y así no tener que revisar los presu- puestos de la historiografía tradicional, y el aprovechamiento de estas difíciles y peligrosas fuentes raras veces se hace con el rigor metodológico necesario. En cuanto a la primera clase de información aprovechable de la diplomática apócrifa, las implicaciones plenomedievales de estas falsificaciones quedan fue- ra de los límites de este trabajo. Por otra parte, si las falsificaciones recuerdan un 5. Circunstancia denunciada ya por Ubieto Arteta (“Los primeros años del monasterio de San Millán”) en 1973, y recientemente confirmada por dos monografías: MARTÍNEZ DÍEZ, “El Monasterio de San Millán y sus Monasterios Filiales. Documentación emilianense y diplomas apócrifos”, 1998; y ZABALZA DUQUE, Colección Diplomática de los Condes de Castilla, 1998.
  36. 36. 40 Frontera y lengua en el alto ebro, siglos Viii-Xi las Fuentes acontecimiento histórico, el reto es cómo calibrar y avanzar a partir de lo que es esencialmente una intuición. Por último, la repesca de elementos onomásticos nos parece una línea de investigación interesante, pero habría que contrastar los datos sacados de estos documentos con los que nos han llegado de fuentes más fidedignas, cuando lo que se suele hacer, en cambio, es o eliminar estos documentos completamente, o incluirlos en un listado, así contaminado la in- formación derivada de fuentes fidedignas. Proponemos seguir estas dos últimas líneas de investigación, contrastando la aportación de la diplomática apócrifa con la auténtica, cuando ésta existe. Evaluación pormenorizada (en aproximado orden de utilidad) Cogolla (San Millán de la Cogolla): de todas las fuentes utilizadas, la contri- bución emilianense destaca por su relativamente temprana cronología y por ser a la vez la más rica en cuanto a la naturaleza de los textos, una de las más generosas en términos puramente cuantitativos, y también la más compleja y heterogénea. Es importante matizar, sin embargo, que mucha de la documenta- ción llamada ‘emilianense’, y la mayor parte de los textos tempranos (anteriores a 1030), en realidad se origina en cenobios agregados a San Millán (como San Felices de Oca, San Millán de Hiniestra, San Esteban de Salcedo y San Miguel de Pedroso), y es fruto de la política de la familia real navarra de potenciar ciertos cenobios durante la primera mitad del siglo XI. Estas matizaciones no restan importancia a la documentación emilianense (en un sentido archivístico podemos denominarla así sin complejos) sino todo lo contrario, la enriquecen, pero el considerar emilianenses, y por extensión riojanos e incluso navarros, muchos textos en realidad castellanos y sólo archivísticamente emilianenses, ha tendido a ‘navarrizar’ la historia de comarcas enteras6 . Otra importante característica de la documentación emilianense es que, como hemos señalado ya, una parte muy significativa de los textos más tempranos son apócrifos. También complica el uso de esta fuente el hecho trascendental 6. Como ejemplo de esta tendencia citamos el título del artículo que dedica Michelena a la problemática del vascuence al sur del Ebro: “Onomástica y Población en el antiguo reino de Navarra: La Documentación de San Millán”. Que los textos contemplados sean emilianenses se limita al sentido archivístico. Son textos castellanos, muchas veces del siglo X, cuya única vinculación con Navarra se produce cuando posterior y brevemente las comarcas (burgalesas) a las cuales hacen referencia, y los monasterios en los cuales se originaron, se encuentran integrados en ella durante algunos decenios (aproximadamente 1040-1060).
  37. 37. 41David Peterson las Fuentes de que la mayoría de los textos emilianenses no son originales, sino copias de finales del siglo XII, característica compartida con la mayoría de las Colecciones Diplomáticas utilizadas (sobre todo si se trata de Cartularios). Por otra parte, el análisis de la documentación emilianense se ve complicada por la falta de índices onomásticos, tanto antroponímicos como toponímicos, en las ediciones de Ubieto Arteta y Ledesma Rubio. Una carencia especialmente llamativa teniendo en cuenta la importancia de esta fuente que incluye, entre otras cosas: – el primer texto del norte cristiano después de la invasión musulmana (Cogolla1, 759); – los más nítidos y tempranos ejemplos del euskera al sur del Ebro (por ejemplo, Cogolla37, 945), de ahí el uso de esta documentación por Michelena en el artículo antes citado; – el insólito acuerdo fronterizo de 1016 (Cogolla166, 1016) que fija las fronteras entre Castila y Navarra; – la Reja de San Millán (Cogolla180, 1025), extraordinario, y en nuestra opinión infraanalizado, censo de Álava altomedieval; – y, en general, prácticamente las primeras noticias de muchos territorios, entre ellos Álava (Cogolla15, 873), Castilla (Cogolla1, 759; Cogolla2, 800; etc.), Guipúzcoa (Cogolla31, 943) y Soria (Cogolla166, 1016). Esta lista nos da una idea de la extensión de los intereses que luego adquiriría San Millán. El caso de Guipúzcoa es instructivo, ya que la que parece ser la pri- mera referencia a ese territorio, 80 años anterior a la que hasta ahora ostentaba ese honor, ha podido pasar desapercibida hasta ahora, a pesar de estar editada en tan archiconocida fuente, precisamente por la falta de índices que acabamos de denunciar7 . Hemos propuesto cronologías (generalmente aproximadas) para 44 textos emi- lianenses hasta ahora o bien carentes de fecha o bien con fechas que considera- mos erróneas. Remitimos al lector al correspondiente artículo, “Cambios y preci- siones de fecha de la diplomática emilianense”, donde explicamos y detallamos el proceso seguido y las propuestas resultantes. En muchos casos se trata de 7. Cf. PETERSON, “Primeras referencias a Guipúzcoa”.
  38. 38. 42 Frontera y lengua en el alto ebro, siglos Viii-Xi las Fuentes listas de las posesiones agrícolas del monasterio confeccionadas hacia finales del siglo XI, y son textos muy ricos onomásticamente, tanto por su microtopo- nimia como por la antroponimia que resulta muy llamativamente diferente a la de la diplomática cortesana. No obstante, la aportación emilianense a nuestro estudio no se limita a la diplomática. También los numerosos códices relacionados con el monasterio, estudiados por, entre otros, Díaz y Díaz y Claudio García Turza8 , nos iluminan la temprana historia del cenobio y, por extensión, del Pasillo. Sin embargo, aquí se aprecia un problema semejante en algunos aspectos al que ya hemos glosado en referencia al Cartulario: no siempre es evidente en qué sentido estos códices son emilianenses, pues algunos de ellos parecen haberse con- feccionado en otros monasterios. En cambio, no utilizaremos extensivamente las célebres Glosas Emilianenses ya que son consideradas por la mayoría de especialistas como productos del siglo XI9 , y por tanto posteriores a los temas que desarrollamos. Cardeña (San Pedro de Cardeña): gran fondo de documentación temprana (la fuente más rica para el periodo condal castellano con 232 diplomas10 ), muy útil para la antroponimia temprana (con la presencia de antroponimia araboide de especial interés), pero más pobre en cuanto a toponimia (sobre todo, microto- ponimia) que la documentación emilianense. Aunque algunos documentos car- denienses hacen referencia al Pasillo, la mayor parte se centra en Burgos y su entorno inmediato. Albelda (San Martín de Albelda): prácticamente la única fuente para aproxi- marnos a la sociedad riojana anterior al año mil, pues la práctica totalidad de 8. DÍAZ Y DÍAZ, Libros y Librerías en La Rioja altomedieval; Claudio GARCÍA TURZA, “San Millán de la Cogolla, el lugar de la palabra”. Los manuscritos más relevantes serían #1007B del Archivo Histórico Nacional de Madrid y #Em.24 y #Em.25 de la Real Academia de la Historia, aunque nuestro conocimiento de ellos es únicamente a partir de las obras citadas. 9. Por ejemplo, WRIGHT, Latín tardío y romance temprano en España y la Francia carolingia, p. 309. 10. “Sólo los diplomas de San Pedro de Cardeña representan para esa época condal una masa documental mucho mayor que la de todos los demás monasterios juntos, que aportan para esos mismos años: 49 Valpuesta, 29 San Pedro de Arlanza, 20 San Salvador de Oña, 17 Covarrubias y 3 Santo Domingo de Silos. Caso aparte es el de San Millán de la Cogolla , que aunque ubicado fuera de los límites del condado castellano, ofrece nada menos que 121 diplomas que atañen a lugares o territorios del mismo.” MARTÍNEZ DÍEZ, Colección documental del Monasterio de San Pedro de Cardeña, p. 8.
  39. 39. 43David Peterson las Fuentes las otras fuentes referentes al siglo X y antes son o bien de factura castellana y / o textos apócrifos. Rioja (Colección Diplomática Medieval de la Rioja): tres volúmenes de documen- tación, más un primer tomo analítico que nos aporta unas herramientas (análisis de escatocolos etc.) muy útiles. Mucha de la documentación tardía (ss. XII-XIII) apunta hacia la Rioja Baja (sobre todo, Calahorra) pero la documentación del siglo XI referente a la Rioja Alta es de gran valor, sobre todo el texto Rioja14, una larga y pormenorizada lista de las posesiones de Santa María de Nájera11 . Valvanera (Santa María de Valvanera): aunque se encuentra en la misma fron- tera navarro-castellana (cf. Cogolla166), Valvanera se relacionaba (según su ar- chivo) sólo con tierras navarras (al norte y al este). Documentación algo tardía (siglo XI en adelante) para nuestros intereses, pero que constituye una valiosa fuente para la onomástica de la sierra riojana, cuando los valles próximos (Oja, Iregua) apenas tienen documentación. Condes (Colección Diplomática de los Condes de Castilla): gran parte de esta documentación aparece en colecciones cenobíticas ya citadas, pero el meti- culoso análisis convierte a ésta en una fuente indispensable, sobre todo para algunos tempranos textos forales, como los de Canales y de Castrojeriz. Calzada (Santo Domingo de la Calzada): documentación tardía pero muy rica en onomástica vasca, circunstancia que hemos aprovechado para observar el comportamiento de un superestrato inmigracional. No sólo hace referencia al valle del Oja sino también a la Bureba (donde no aparece onomástica vasca en este periodo tardío) y a la cuenca de Miranda. Oña (San Salvador de Oña): esta documentación se divide entre el cartulario editado por Álamo en 1950 y los textos publicados por Oceja Gonzalo (Oña2) como parte de la serie Fuentes Castellano-leonesas. Sus zonas de interés son esencialmente el entorno inmediato del cenobio, y la parte noroeste de la Bu- reba, los valles del Ebro (Tobalina, Valdevielso etc.) y las Merindades. 11. Cuando hacemos referencia a los textos del cuarto tomo (fundamentales a la hora de elaborar los capítulos sobre la comunidad hebrea y la lengua vasca), nos hemos visto obligados a distinguir la aportación del cuarto tomo (Rioja4/## en vez de Rioja##) ya que el editor reinicia la enumeración.
  40. 40. 44 Frontera y lengua en el alto ebro, siglos Viii-Xi las Fuentes Valpuesta (Santa María de Valpuesta): documentación temprana y, onomástica- mente muy rica, pero apenas penetra en el Pasillo en sí. La excepción son una docena de textos provenientes de Santa María de Buezo, cerca de Briviesca, y que parecen haber terminado en el archivo valpostano en un proceso análogo al ya observado y comentado entre San Millán y sus filiales burebanos12 . otras CoLeCCiones DiPLoMÁtiCas utiLizaDas También hemos recurrido a diversas colecciones diplomáticas procedentes de comarcas próximas a la nuestra, a veces con intereses en (y por tanto documen- tación referente a) el Pasillo (casos de Leire, Irache etc.), y a veces para con- trastar fenómenos onomásticos. En muchos casos se trata de documentación posterior al periodo estudiado cuyo principal interés para nosotros reside en el seguimiento de formas onomásticas. A continuación enumeraremos todas estas fuentes y las abreviaturas que empleamos a la hora de hacer referencia a ellas. Más información sobre estas fuentes periféricas, el análisis cronológico de sus fondos, por ejemplo, se puede encontrar en la valiosa obra CODIPHIS13 . Abreviatura Fuente y edición Arlanza Cartulario de San Pedro de Arlanza, ed. Luciano SERRANO, Centro de Estudios Históricos, Madrid, 1925. Bujedo El Libro Becerro de Santa María de Bujedo de Candepajares (1168- 1240), ed. Saturnino RUIZ DE LOIZAGA, Fundación Cultural Profesor Cantera Burgos, Miranda de Ebro, 2000. Burgos Documentación de la Catedral de Burgos (804-1222), 2 vols., ed. José Manuel GARRIDO GARRIDO, Ediciones Garrido, Burgos, 1983. Campoo Colección diplomática de Santa María de Aguilar de Campoo (852- 1230), ed. José Luis RODRÍGUEZ DE DIEGO, Junta de Castilla y León, Salamanca, 2004. Carrión Documentación del Monasterio de San Zoilo de Carrión (1047- 1300), ed. Julio PÉREZ CELADA, Ediciones Garrido, Palencia, 1986. 12. ZABALZA DUQUE, “Tipología de los documentos de Valpuesta”, p. 321. Ésta nos parece una hipótesis atrac- tiva, y explicaría la ausencia de contextualización de algunas de las referencias, por ejemplo a Espinosa. Extraña- mente, en el mismo estudio (p. 321, n. 5), Zabalza afirma que Buezo fuera filial de San Millán de la Cogolla. No sabemos en qué se basa, pues no lo incluye MARTÍNEZ DÍEZ en su monografía sobre los filiales emilianenses (“El Monasterio de San Millán y sus Monasterios Filiales”), y tampoco encontramos eco de tal afiliación en GARCÍA DE CORTÁZAR, El Dominio del Monasterio de San Millán de la Cogolla. 13. Catálogo de colecciones diplomáticas hispano-lusas de época medieval, de GARCÍA DE CORTÁZAR, MUNITA LOINAZ y FORTÚN PÉREZ DE CIRIZA.
  41. 41. 45David Peterson las Fuentes Abreviatura Fuente y edición Colegiatas Colección diplomática de las colegiatas de Albelda y Logroño (Tomo I: 924-1.399), ed. Eliseo SÁINZ RIPA, Instituto de Estudios Riojanos, Logroño, 1981. Covarrubias Cartulario del Infantado de Covarrubias, ed. Luciano SERRANO, Burgos, 1987 [1907]. Elorrio Colección Documental del archivo municipal de Elorrio (1013-1519), eds. Concepción HIDALGO DE CISNEROS AMESTOY et alii, Eusko- Ikaskuntza, San Sebastián, 1988. Froncea San Miguel de Froncea, inédita. Fueros Fueros Locales en el territorio de la provincia de Burgos, ed. Gonzalo MARTÍNEZ DÍEZ, Caja de Ahorros Municipal, Burgos, 1982. Herrera Colección Diplomática de Santa María de Herrera, ed. Inocencio CADIÑANOS BARDECI, en Monasterios medievales mirandeses, Miranda de Ebro, 1999. Hospital Documentación del Hospital del Rey de Burgos (1136-1277), ed. Mª. del Carmen PALACÍN GÁLVEZ y Luis MARTÍNEZ GARCÍA, Ediciones Garrido, Burgos, 1990. Huelgas Documentación del Monasterio de Las Huelgas de Burgos, 1116-1348, 7 vols., eds. José Manuel LIZOAIN GARRIDO, Araceli CASTRO GARRI- DO y Javier PEÑA PÉREZ, Ediciones Garrido, Burgos, 1985-1990. Ibeas Diplomatorio de San Cristóbal de Ibeas, ed. Gonzalo MARTÍNEZ DÍEZ, en Boletín de la Institución Fernán González, nº. 185-186, Burgos, 1975-6. Irache Colección Diplomática de Irache I (958 – 1222), ed. José María LACARRA DE MIGUEL, CSIC, Instituto de Estudios Pirenaicos, Zaragoza , 1965. Laturce Documentacion Medieval del Monasterio de San Prudencio de Monte Laturce (siglos X – XV), ed. Javier GARCÍA TURZA, IER, Logroño, 1992. Leire Documentación Medieval de Leire (siglos IX a XIII), ed. Ángel MARTÍN DUQUE, Diputación Foral de Navarra, Pamplona, 1983. León Colección documental del Archivo de la Catedral de León (775-1230), ed. Emilio SÁEZ SÁNCHEZ, Centro de Estudios e Investigación San Isidoro, León, 1987-1991. Miranda Fuero de Miranda de Ebro, ed. Francisco CANTERA BURGOS, Fundación cultural ‘Profesor Cantera Burgos’, Miranda de Ebro, 1998. Monte Colección Diplomática de San Miguel del Monte, ed. Inocencio CADIÑANOS BARDECI, en Monasterios medievales mirandeses, Miranda de Ebro, 1999. Nájera Colección documental de Sª María la Real de Nájera, ed. Margarita CANTERA MONTENEGRO, Eusko Ikaskuntza, San Sebastián, 1991. Pamplona Colección diplomática de la Catedral de Pamplona, Tomo I (829 – 1243), ed. José GOÑI GAZTAMBIDE, Gobierno de Navarra, Pamplona, 1997. Peña Cartulario de San Juan de la Peña, 2 vols., ed. Antonio UBIETO ARTETA, Anúbar, Valencia, 1962-1963.
  42. 42. 46 Frontera y lengua en el alto ebro, siglos Viii-Xi las Fuentes Abreviatura Fuente y edición Rioseco El monasterio cisterciense de Santa María de Rioseco. Historia y Cartulario, ed. Inocencio CADIÑANOS BARDECI, Amigos de Villarcayo, Villarcayo, 1999. Roncesvalles Colección Diplomática de Santa María de Roncesvalles (1127- 1300), ed. María Isabel OSTOLAZA, Diputación Foral de Navarra, Pamplona, 1978. Sahagún Colección Diplomática del Monasterio de Sahagún, (siglos IX y X) , ed. José María MÍNGUEZ FERNÁNDEZ, Centro de Estudios e Investigación San Isidoro, León, 1976. Sahagún2 Colección Diplomática del Monasterio de Sahagún, Tomo II (1000 – 1073), ed. Marta HERRERO DE LA FUENTE, Centro de Estudios e Investigación San Isidoro, León, 1988. Samos El Tumbo de San Julián de Samos (ss. VIII-XII), ed. Manuel LUCAS ÁLVAREZ, Caixa Galicia, Santiago de Compostela, 1986. Silos Documentación del Monasterio de Santo Domingo de Silos (954-1254), ed. Miguel C. VIVANCOS GÓMEZ, Ediciones Garrido, Burgos, 1988. SJBurgos Documentación del Monasterio de San Juan de Burgos (1091-1400), ed. Javier PEÑA PÉREZ, Ediciones Garrido, Burgos, 1983. Teobaldo Registros de Teobaldo II, 1259, 1266, ed. Juan CARRASCO, Gobierno de Navarra, Pamplona, 1999. Trinidad Documentación del Monasterio de la Trinidad de Burgos (1198-1400), ed. Lucía GARCÍA ARAGÓN, Ediciones Garrido, Burgos, 1985. Vaticana Documentación vaticana sobre la Diócesis de Calahorra y la Calzada- Logroño (463-1342), ed. Saturnino RUIZ DE LOIZAGA, Pablo DÍAZ BODEGAS y Eliseo SAÍNZ RIPA, Instituto de Estudios Riojanos, Lo- groño, 1995. Valdeagés Junta de Valdeagés. Apuntes Históricos, inédita, realizada / transcrita por Luis MARTÍNEZ GARCÍA, Burgos, 1992. Las Fuentes narratiVas Las fuentes que reunimos bajo este epígrafe constituyen un bloque mucho más heterogéneo que la diplomática ya glosada. Tal heterogeneidad se de- muestra tanto en términos cronológicos (de los clásicos geógrafos greco- romanos hasta tradiciones cronísticas sólo conservadas en textos de la Edad Moderna14 ), como lingüísticos (griego, latín, árabe y castellano) y tipológicos 14. Sería el caso, por ejemplo, de la Risala. Chalmeta sugiere que la tradición historiográfica de recopilación árabe hace que desfases cronológicas de este tipo resultan menos dañinos para la verosimilitud de la fuente así trasmitida que si de la tradición europea se tratara. También algunas de las fuentes cristianas utilizadas son de
  43. 43. 47David Peterson las Fuentes (hagiografía, crónicas, obituarios, libros de Homilías, epigrafía, hasta una guía cinegética: el Libro de la Montería de Alfonso XI)15 . Las fuentes narrativas desempeñan un papel fundamental en este estudio a varios niveles. Al margen de la narrativa político-bélica en sí, y sus directas im- plicaciones geopolíticas, creemos que el contenido onomástico de estas fuentes puede complementar el de la diplomática. En concreto, donde más hemos hecho uso de este registro ha sido en la elaboración del capítulo sobre la Ono- mástica semítica castellana, donde nuestra convicción de que la mozarabía cordobesa del siglo IX apenas utilizaba antroponimia árabe se basa en las obras de San Eulogio y Paulo Álvaro (recogidas en el Corpus Scriptorum Muzarabi- corum). Por otra parte, creemos que algunas escuetas y aisladas referencias cronísticas arábigas a la naturaleza alavesa de comarcas ‘castellanas’ al sur del Ebro pueden contextualizar geopolíticamente la observada naturaleza alavesa del dialecto euskérico que arraiga en esos mismos espacios. ProbLeMas Parcialidad y distorsión. Todo lo registrado por escrito en una sociedad casi ágrafa es necesariamente interesado, pero sugerimos que nuestro énfasis en el con- tenido onomástico de las fuentes nos permite esquivar este problema. Para ilustrar la idea, de nuevo remitimos al martirologio cordobés, pues aunque tenga evidentes fines propagandísticos, lo único que aprovechamos, la onomástica personal, cree- mos libre de tal contaminación. Aun así quedan otros muchos tipos de distorsión dentro del registro onomástico: latinización de nombres indígenas, arabización de nombres hebreos, castellanización de topónimos vascos, protagonismo anacrónico de ciertos lugares en la diplomática apócrifa. Gran parte de nuestro esfuerzo se ha dedicado a calibrar y combatir estas tendencias. Es importante también el contraste entre la narrativa cronística y la evidencia onomástica, y sugerimos, por ejemplo, que la cronística sí nos explica los orígenes de la onomástica semítica en Castilla, así como el martirologio desmiente la tan arraigada hipótesis mozárabe. elaboración tardía, aunque sin llegar al extremo arriba citado, caso por ejemplo de la obra De rebus Hispaniae de Ximénez de Rada, una de las pocas fuentes que detallan los sucesos de los años 712-714 en la Meseta Septen- trional, pero a seiscientos años de distancia. 15. La Guía para la historia del País Vasco hasta el siglo IX de PÉREZ DE LABORDA es un compendio de fuentes que nos ha sido de singular utilidad en el manejo de las tan dispersas y heterogéneas fuentes narrativas, y que recoge las noticias referentes a un espacio mucho más extensivo de lo que podría sugerir su título.

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