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  1. 1. UNA EXTRAÑA MASCOTA Aquel verano hacía un calor insoportable. Nos habíamos levantado con mucho sueño esamañana. Salí al patio y al mirar hacia un lado me llevé una susto horrible: ¡Papá, papá, hay unsaltamontes gigante en los ladrillos de la pared!, gritaba yo mientras corría. Llegué jadeandohasta el comedor. Mi padre me calmó: Tranquilo, Pablo, no creo que sea ninguna invasión deextraterrestres. Tiré de su brazo y lo arrastré hasta el patio. ¡Mira, mira!Allí estaba el insecto, no se había movido. Mi padre, que es amante de los animales, me dijoque intentaríamos cogerlo y meterlo en un bote; o mejor, en un terrario de cristal queguardaba en el garaje, para estudiar su comportamiento. Y, sí, intentamos cogerlo, (bueno, mipadre) pero el saltamontes tenía otros planes. Después de varios intentos y varias carreras porel patio, cogimos al saltamontes, más por su agotamiento que por nuestra habilidad.Ya en el terrario el pobre animal estaba muy quieto. Mi padre, que tiene muchos libros sobreanimales, estuvo buscando un momento y pronunció una solemne frase: "No es unsaltamontes, es un langosta, de nombre científico Locusta migratoria y además es unahembra" . Lo siguiente que hicimos fue coger un pedazo de lechuga y echárselo en su nuevacasa. Luego estuvimos buscando más información, incluso en Internet.Aprendimos que las langostas pueden originar temibles plagas en África que arrasan loslugares por donde pasan. También me dijo mi padre que algunos pueblos de África utilizan laslangostas como comida. ¡Puaj! Aunque bien pensado las gambas son más feas... y bien ricasque están.La langosta era mi mascota. Bien es verdad que no la podía sacar a pasear, como si fuera unperro, o acariciarle el lomo, como si fuera un gato. Pero pocos niños tienen un insecto comomascota. Y yo pasaba ratos interminables viendo cómo devoraba cualquier alimento que leponía. ¡Comía de todo! Pan, lechuga, ciruelas, patata... Ahora no me extrañaba que mi,aparentemente, inofensiva langosta pudiera ser una plaga cuando se juntaba con otraslangostas.Mi langosta comía mucho pero también... ejem... cagaba. Depositaba unos excrementosovalados en el interior de la tierra del terrario. Era normal.Al cabo de unas semanas mi insecto dejó de moverse. Preocupado, abrí la tapa del terrario.¡Mi mascota había muerto! ¡Qué desgracia! Lloré durante un buen rato por mi animalito.Decidí que había que enterrar el cadáver. Levanté la tapa y con mimo cogí al insecto muerto.Quedé sorprendido al ver que una hormiguitas correteaban por el fondo de tierra. Llamé a mipadre, que se fijó bien en las supuestas hormiguitas y dijo: Pablo no son hormigas, y aquellosexcrementos ovalados... eran huevos: ¡Has conseguido criar langostas! FUENTE: © Ministerio de Educación, Cultura y Deporte Instituto Nacional de Tecnologías Educativas y de Formación del Profesorado Información general: webmaster@ite.educacion.es C/ Torrelaguna 58. 28027 Madrid - Tlf: 913 778 300. Fax: 913 680 709

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