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Hombres de poca fe

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REFLEXIÓN

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Hombres de poca fe

  1. 1. "Ante situaciones angustiosas, tenemos la sensación de ahogo e impotencia. No vislumbramos salidas, soluciones. No atinamos a quién acudir. No tenemos suficiente fe para reconocer al Señor que se acerca a nosotros. Eso sí: en cada tormenta, Dios siempre viene a nosotros..." nos dice el P. José Del Col en la homilía de este domingo. 19º Domingo durante el año, Ciclo A, 2014
  2. 2. Mateo 14, 22-33 22 En seguida, obligó a los discípulos que subieran a la barca y pasaran antes que él a la otra orilla, mientras él despedía a la multitud. 23 Después, subió a la montaña para orar a solas. Y al atardecer, todavía estaba allí, solo. 24 La barca ya estaba muy lejos de la costa, sacudida por las olas, porque tenían viento en contra. 25 A la madrugada, Jesús fue hacia ellos, caminando sobre el mar.
  3. 3. 26 Los discípulos, al verlo caminar sobre el mar, se asustaron. «Es un fantasma», dijeron, y llenos de temor se pusieron a gritar. 27 Pero Jesús les dijo: «Tranquilícense, soy yo; no teman. 28 Entonces Pedro le respondió: «Señor, si eres tú, mándame ir a tu encuentro sobre el agua». 29 «Ven», le dijo Jesús. Y Pedro, bajando de la barca, comenzó a caminar sobre el agua en dirección a él.
  4. 4. 30 Pero, al ver la violencia del viento, tuvo miedo, y como empezaba a hundirse, gritó: «Señor, sálvame». 31 En seguida, Jesús le tendió la mano y lo sostuvo, mientras le decía: «Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?». 32 En cuanto subieron a la barca, el viento se calmó. 33 Los que estaban en ella se postraron ante él, diciendo: «Verdaderamente, tú eres el Hijo de Dios».
  5. 5. Tantas veces nuestra vida se parece a esa barca zarandeada por las olas a causa del viento contrario. La barca zarandeada puede ser el propio matrimonio, la salud, los negocios… El viento contrario puede ser la incomprensión y hostilidad de las personas, la dificultad para encontrar casa o trabajo, etc. Ante situaciones angustiosas, tenemos la sensación de ahogo e impotencia. No vislumbramos salidas, soluciones. No atinamos a quién acudir.
  6. 6. No tenemos suficiente fe para reconocer al Señor que se acerca a nosotros. Eso sí: en cada tormenta, Dios siempre viene a nosotros. El puede devolvernos la serenidad, la calma. El es capaz de tranquilizar el viento y las olas de nuestra vida. Quizás, durante un tiempo nosotros también hemos caminado sobre las aguas, como Pedro, confiando únicamente en la ayuda de Dios. Pero después, al ver que nuestra prueba era cada vez más dura, hemos pensado que no podíamos más, que nos hundíamos. Hemos perdido la valentía.
  7. 7. Este es el momento de acoger y experimentar como dirigidas personalmente a nosotros esas palabras que Jesús dirigió a los apóstoles, presa del pánico: “Tranquilícense, soy yo; no teman”. Pedro llama Señor a Jesús y eleva una extraña petición, pues caminar sobre las aguas es propio de la condición divina: “Señor, si eres tú, mándame ir a tu encuentro sobre el agua”. Jesús le hace caso. Pedro comenzó a caminar sobre el agua en dirección a Jesús, pero al sentir la violencia del viento, tuvo miedo y empezó a hundirse. Le gritó entonces a Jesús: “Señor, sálvame”. Jesús en seguida le tendió la mano y lo sostuvo.
  8. 8. Por lo visto, Pedro se debatió entre la confianza y el miedo. Mientras miraba a Jesús y confiaba en él, pudo caminar sobre las aguas, pero al poner su atención en la tormenta, empezó a hundirse. Pedro experimentó su cobardía y falta de fe. Es lo que ocurre a muchos cristianos: siguen a Jesús, pero las adversidades hacen que sucumban y tengan que ser sostenidos por Jesús.
  9. 9. Si no hay intimidad con Jesús, si nuestra vida no está religada a Jesús, el hundimiento es inevitable y cada vez mayor. Pedimos ayuda a Jesús, pero nuestro corazón y mente no están llenos de confianza en él. Tiene más peso la tormenta que la fe. Con razón Jesús, sosteniéndonos, nos dice como a Pedro: “Hombres de poca fe, ¿por qué dudan?” En la última escena del relato, el desconcierto inicial de los apóstoles se convierte en confianza y confesión de fe en Jesús: “Verdaderamente, tú eres el Hijo de Dios”. Los discípulos realizan un acto de adoración que se reserva solo a Dios.
  10. 10. El texto evangélico nos asegura que, por encima de nuestras dificultades, por encima de nuestros temores, por encima de nuestros bloqueos, Jesús está siempre con nosotros. Oremos pidiendo fe para experimentar a Jesús como al único capaz de tendernos su mano, siempre, sin reproche, incondicionalmente. Oremos para reconocerlo en todo lugar y momento como al Hijo de Dios. Jesús te extiende sus brazos. Extiende tú también los tuyos a Jesús. Con la confianza de estar protegidos por Jesús, celebramos cada domingo, hasta el final de los tiempos, la eucaristía.
  11. 11. El evangelista Mateo narrando la escena del evangelio de hoy, ha usado expresiones que llevan a una interpretación simbólica de los hechos. Desde el inicio del cristianismo la barca ha sido vista como una figura de la Iglesia. Se la encuentra en pinturas realizadas por los primeros cristianos. Desde muy antiguo, la Iglesia es representada como una barca siempre en peligro y siempre a flote, a pesar de todas las borrascas.
  12. 12. La Iglesia actual está amenazada y atacada desde fuera por toda clase de fuerzas adversas, y desde dentro por el miedo y la poca fe. Estamos viviendo la crisis de la Iglesia contagiándonos unos a otros desaliento, miedo y falta de fe. No advertimos que Jesús se nos está acercando precisamente desde esa crisis. Nos repite: “Animo. Soy yo. No teman”. A imitación de Pedro, hemos de aprender hoy a caminar hacia Jesús en medio de la crisis: apoyándonos, no en el poder, el prestigio y las seguridades del pasado, sino en el deseo de encontrarnos con Jesús en medio de la oscuridad y las incertidumbres de estos tiempos.
  13. 13. No es fácil. También nosotros podemos vacilar y hundirnos como Pedro. Pero lo mismo que él podemos experimentar que Jesús extiende su mano y nos salva, mientras nos dice: “Hombres de poca fe, ¿por qué dudan?” Hemos de aprender a caminar con fe renovada hacia Jesús en el interior mismo de la sociedad secularizada de nuestros días. Esta crisis no es el final de la fe cristiana.
  14. 14. Es la purificación que necesitamos para librarnos de intereses mundanos, de triunfalismos engañosos y deformaciones que nos han ido alejando de Jesús a lo largo de los siglos. Reavivemos nuestra confianza en Jesús. El está actuando en esta crisis. El nos está conduciendo hacia una Iglesia más evangélica. No tengamos miedo. La Iglesia, barca timoneada por Pedro por mandato de Jesús, es refugio seguro ante las tormentas. La Iglesia, barca que cuenta con la presencia del Señor, es lugar de comunión de hermanos ante los peligros. La Iglesia, barca de Cristo, es lugar de culto que reconoce con valentía a Jesús como el Hijo de Dios, el Salvador.
  15. 15. La travesía de la Iglesia por la historia no ha sido ni está siendo ahora un crucero de placer. Bien sabemos de vientos y nieblas, de oscuridades y hasta de fantasmas. Cristo nunca nos prometió que no habría tormentas en nuestra vida. Al contrario, nos avisó de persecuciones y peligros de dentro y de fuera. Dijo, por ej.: “Si me persiguieron a mí, también los perseguirán a ustedes” (Jn 15, 20). Pero el desenlace será de alegría. “Felices ustedes, cuando sean insultados y perseguidos, y cuando se los calumnie en toda forma a causa de mí. Alégrense y regocíjense entonces, porque ustedes tendrán una gran recompensa en el cielo” (Mt 5, 11-12).
  16. 16. En el orden individual quiere Jesús que llevemos la cruz diaria, o sea, el sufrimiento (molestias, contratiempos, cansancios…) que nos puede salir al paso cada día. Es, esta, una condición indispensable para seguirlo a Jesús. El mismo lo señaló: “El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz cada día y me siga” (Lc 9, 23). Pero tanto la Iglesia como cada cristiano puede contar con la asistencia y ayuda de Cristo: “Y yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo” (Mt 28, 20).
  17. 17. Vivamos, pues, animosos y llenos de esperanza. Cristo está siempre dispuesto a tendernos su mano. Cristo, solo anhela nuestro mayor bien y nuestra felicidad tanto en la vida presente como, y sobre todo, en la futura. Que ninguna eventual tempestad nos arredre y acobarde. En medio de cualquier tempestad, personal o eclesial, si lo invocamos con fe, Cristo nos repetirá: “Tranquilícense, soy yo; no teman”. FUENTE: INTERNET
  18. 18. LA FE ES EL ESFUERZO POR CONSEGUIR LO QUE ESPERAMOS; EL CONVENCIMIENTO RESPECTO DE LO QUE NO VEMOS. HEBREOS 11:1 EL, ESPERANDO CONTRA TODA ESPERANZA, CREYÓ. ROMANOS 4:18 LLAMA A LO QUE AÚN NO EXISTE COMO SI YA EXISTIERA. ROMANOS 4:17 PUES CREER CON EL CORAZÓN NOS DA ACCESO A DIOS. ROMANOS 10:10
  19. 19. PERO, EN ESTE MOMENTO, DIOS MANIFIESTA SU JUSTICIA: ÉL ES JUSTO Y SANTO, Y HACE JUSTO Y SANTO A TODO EL QUE CREE EN CRISTO JESÚS. ROMANOS 3:26 DIOS NOS HACE JUSTOS MEDIANTE LA FE EN JESUCRISTO, Y ESO VALE PARA TODOS LOS QUE CREEN, SIN DISTINCIÓN DE PERSONAS. ROMANOS 3:22 ESTA BUENA NUEVA NOS REVELA CÓMO DIOS HACE JUSTOS A LOS HOMBRES, POR LA FE Y PARA LA VIDA DE FE, COMO LO DIJO LA ESCRITURA: EL JUSTO POR LA FE VIVIRÁ. ROMANOS 1:17
  20. 20. “POR LO TANTO LA FE NACE DE UNA PREDICACIÓN, Y LO QUE SE PROCLAMA ES LA PALABRA DE CRISTO. ROMANOS 10:17 PUES LA LEY NOS LLEVA A CRISTO PARA QUE, AL CREER, RECIBAMOS ESTA SANTIDAD. ROMANOS 10:4 PUES A ÉL DIOS LO HABÍA DESTINADO A SER LA VÍCTIMA QUE POR SU SANGRE NOS CONSIGUE EL PERDÓN, CON TAL DE QUE NOSOTROS CREAMOS. ROMANOS 3:25 NOS PRESENTAMOS, PUES, COMO MENSAJEROS DE PARTE DE CRISTO, COMO SI DIOS MISMO LES ROGARA POR NUESTRA BOCA. Y DE PARTE DE CRISTO LES SUPLICAMOS: “DÉJENSE RECONCILIAR CON DIOS”. 2 CORINTIOS 5:20
  21. 21. PON TU PORVENIR EN MANOS DEL SEÑOR, CONFÍA EN ÉL Y DÉJALO ACTUAR. SALMO 37:5 “QUE SE CUMPLA EN USTEDES LO QUE HAN CREÍDO”. MATEO 9:29 PERO SIN LA FE ES IMPOSIBLE AGRADAR A DIOS, PUES UNO NO SE ACERCA A DIOS SIN ANTES CREER QUE EXISTE Y QUE RECOMPENSA A LOS QUE LO BUSCAN. HEBREOS 11:6
  22. 22. AHORA, PUES, HIJOS, ESCÚCHENME, FELICES LOS QUE SIGUEN MIS CAMINOS. ESCUCHEN MI ENSEÑANZA Y HÁGANSE SABIOS, NO LA DESPRECIEN. PROVERBIOS 8:32-33

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