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El recurso educativo por excelencia eres tú.

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El recurso educativo por excelencia eres tú.
PADRES Y MAESTROS nº 299. MARZO/ABRIL 2006

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El recurso educativo por excelencia eres tú.

  1. 1. 16 PADRES YMAESTROS ~ nº 299 MARZO/ABRIL 2006JOSÉ MARÍA TOROMAESTRO Y ESPECIALISTA EN CREATIVIDAD Y TÉCNICAS DE ESTUDIOEL RECURSO EDUCATIVOPOR EXCELENCIA ERES TÚVivir la educacióny compartir losvalores a travésdel acompaña-miento incondicio-nal al alumno.Educar con lamirada, connuestro cuerpo,nuestros gestos yno sólo conel libro de texto.a mayor parte de la formación inicial y continua del profesoradosuele dirigirse a formar el “hacer” técnico o metodológico propio yespecífico de la acción docente. La mayoría de propuestas forma-tivas se dirigen a la capacitación técnica o de intervención. Algo similarsucede en los procesos de formación para padres, centrados en su granmayoría en dar pautas e indicaciones sobre qué hacer con los niños, quéhacer ante determinadas situaciones o problemáticas.Se relega a un segundo plano, cuando no se minimiza o incluso seobvia, la formación humana, el estado personal, el propio proceso dedesarrollo y transformación de aquellos que luego tienen un papel tanimportante en el cuidado, trato y atención a niños, jóvenes e inclusoadultos.Pero ¿quién, cómo y cuándo se forma o se desarrolla el “ser” depadres y maestros?Los niños van demandando algo más que una actuación técnicaimpecable; van requiriendo una interacción o encuentro humano quesea, en sí mismo, formativo y educativo.La “presencia”, el estado personal de padres y maestros se va reve-lando como uno de los mejores recursos para la eficiencia y fecundidadde la intervención pedagógica o educativa. Esta intervención es unaactuación esencialmente corporal porque es una intervención “cuerpo acuerpo”. Se puede instruir virtualmente, podemos proporcionar infor-mación a través de los recursos tecnológicos… pero “hacer a un serhumano”, “formar a ciudadanos responsables, libres y felices”… sólopuede darse en el encuentro interpersonal. Y no hay encuentro sin “pre-sencia”.
  2. 2. MARZO/ABRIL 2006 nº 299 ~ PADRES Y MAESTROS 17¿QUÉ ES LA PRESENCIA?La “presencia” es algo difícil-mente definible. Pero si abrimosla palabra y nos adentramos enella nos revela la profundidad desu significado: la presencia con-siste básicamente en presentar laesencia.PRESENCIAPRESENTAR MI ESENCIAESTAR PRESENTE, VIVIR EN PRE-SENTE:Cuando “estoy presente” soy“un presente”(= un aquí-ahora)(= un regalo)Sin embargo, ¿qué suele ocu-rrir? Sucede que “en mi estar nosiempre estoy presente”, no siem-pre estoy en “lo que estoy”, ha-ciendo lo que hago.La “presencia” no consiste tan-to en “estar delante de los niños”cuanto en “estar dentro”, en con-tacto con uno mismo. La “presen-cia”, tal y como la entiendo y pro-muevo, significa “presencia de undeterminado estado de conscienciay de conciencia”.Un educador no ha de buscaruna “identificación con él” sino laconstrucción en cada uno de supropia identidad. De esta forma,ya no es un modelo sino una “pre -sencia”, un signo referencial quecon su solo “estar” educa, inter-pela e interroga al niño. Pero pue-de ser, además, una presenciaabierta a los niños, también “pre-sencias” que, a su vez, educan,interpelan e interrogan al adulto.Desde la “presencia”, un edu-cador no demuestra, sino que“muestra” y “se muestra”. Mues-tra unas determinadas manerasde pensar, sentir, emocionar, ac-tuar y relacionarse. Pero, sobre to-do, se muestra a sí mismo.Me costó años advertir que nosoy tanto un rol, una funcióncuanto una presencia que, cierta-mente, desempeña unas funcio-nes que corresponden a un deter-minado rol, papel o responsabili-dad.Hasta el día de hoy continúotrabajando y trabajándome parapoder ser una presencia cada vezmás plena y más serena en todoaquello que hago. Una presenciamás total:• estar presente con la espalda,con las tripas, en las piernas yen los pies,• estar presente con la mente ycon el corazón, en mis pensa-mientos y en mis emociones• estar presente con mi respira-ción y en mi respiración• estar presente en mis posturasy movimientos.En definitiva, “estar presente”para hacer lo que he de hacer yque esta acción sea un hacer“habitado” o consciente y en elque se implica y participa la tota-lidad de mi cuerpo, todo mi ser.Esto significa e implica ir desarro-llando y afinando una atencióntotal dirigida a toda la persona, atodo el cuerpo, mío y de los niños.Es algo que me obliga a estaratento a todo y a todos: percibir elmás mínimo cambio en la respira-ción, en la tensión de los múscu-los, observar las colocaciones yalcances de las miradas, cualquierfluctuación en la voz, cualquieragitación en los párpados, losmovimientos involuntarios de losdedos, de las manos......Este modo de “presencia” seconstata con diversas característi-cas, rasgos o cualidades:• una presencia abierta• una presencia que actúa• una presencia que expresa y seexpresa1. UNA PRESENCIA ABIERTALa apertura es la actitud de fon-do básica y fundamental que sos-tiene un determinado modo de pre-sencia del educador. “Abrir” es elgran infinitivo a conjugar perma-nentemente en clase y en casa, entodo tiempo, modo, lugar y perso-na: abrir nuestra mirada y nuestraescucha, abrir nuestras manos ylas articulaciones de nuestro cuer-po, abrir nuestro pensamiento aotros modos de comprender lascosas y abrir nuestro corazón paraque los demás puedan entrar en él.Sugiero dos aperturas básicasy especialmente importantes:- La apertura de las manos.Dedicar momentos y ejerciciospara tomar conciencia de la máxi-ma apertura y expansión de nues-tras manos, evitando toda tensióno crispación. Suelo invitar a losniños a mantener la conciencia dedicha apertura todo el tiempoposible, de una manera especialcuando hacen cualquier ejerciciode papel y lápiz. Les insisto: “lamano que está apoyada sobre lamesa o sosteniendo el cuaderno
  3. 3. 18 PADRES YMAESTROS ~ nº 299 MARZO/ABRIL 2006para que no se mueva.... lo másabierta posible”; “estudiamos conlas manos abiertas”,.... La manoabierta abre nuestros circuitosinternos.Una postura abierta del cuer -po en los momentos en los quehago alguna interpelación, crítica,valoración o invitación a la tomade conciencia. Un cuerpo cerrado(brazos cruzados, posiciones decerramiento, alejamiento de lamirada....) no recibe nada o muypoco de lo que se le está diciendo.Por eso no continúo en mi diálogocuando lo que presentan ante míson gestos de cerramiento.Abrirse siempre conlleva unriesgo porque cuando me abro memuestro en lo que soy y entoncespuedo volverme vulnerable. Perosólo entonces puedo ser accesi -ble. Sólo si me abro puede un ni-ño acercarse y entrar en mí, sen-tirme no sólo como alguien cerca-no o próximo sino incluso comoalguien “íntimo”.La “presencia” como “apertu-ra” se va perfilando con muy di-versos matices:• una presencia abierta a la “pre-sencia” de los otros• una presencia abierta y favore-cedora del encuentro• una presencia receptiva yhumilde que se deja interpelarpor las demás presencias• una presencia abierta al circuitodar-recibir• una presencia silenciosa, atentay en actitud de escucha• una presencia abierta a lo quesucede y a los cambiosEl niño es visto, sentido ycomprendido como una presenciaen proceso de aprendizaje. No essólo, ni tan siquiera fundamental-mente, un objeto de instrucción yenseñanza sino un sujeto con elque encontrarse y relacionarse.Si el maestro “se encuentracon los niños”, y no sólo se limita aestar delante de ellos, estará cre-ando las condiciones propicias pa-ra que el estar en la clase sea, so-bre todo, una ocasión y una opor-tunidad para el encuentro. Si elmaestro establece un encuentropersonal con los niños, y no se li-mita a ser un gestor de temas yejercicios, estará favoreciendo queel estar en clase no quede reducidoy empobrecido a un “trabajar jun-tos” sino que podrá experimentar-se como un “vivir juntos”.Más allá de un lugar de traba-jo la clase puede ser y vivirsecomo un espacio para la convi -vencia.El encuentro de “presencias”abre de inmediato una dinámica ala que llamo el “circuito de lagenerosidad”. Lo más importanteque puede hacer un maestro noes “dar” matemáticas o lenguajesino “darse a sí mismo”. Sólo soylo que doy... pero también puedo“llegar a ser” lo que recibo.Pero, para el adulto, tambiénlos niños son veneros que le pro-porcionan un agua fresca y trans-parente. Y con humildad y reve-rencia coge su jarro y toma deellos ese agua de vida que puedenofrecerle ya que también él tienesed y necesidad de ella.Las formas y momentos paratrabajar esta misma dinámica conlos niños son innumerables. Lomás importante es mantenerseespecialmente atento a las situa-ciones en las que se realiza algúntipo de intercambio o donaciónespontánea: ¿cómo estamos pre-sentes en la transferencia o inter-cambio de algo?Estoy planteando un nuevocontenido curricular: la naturale -za de nuestros intercambios y supotencial formativo.La clase y la vida familiar nosplantean, una y otra vez, el retode estar delante de los niños, yante uno mismo, cada vez conmenos pensamientos, con menosbarullo mental, con menos distrac-ciones y con todos los sentidosabiertos, muy, pero que muyabiertos. Sobre todo entregarse ala observación atenta: estar atentoSólo si me abro puedeun niño acercarse yentrar en mí, sentir-me no sólo como al-guien cercano o próxi-mo sino incluso comoalguien “íntimo”.Más allá de un lugarde trabajo la clasepuede ser y vivirsecomo un espaciopara la convivencia.
  4. 4. MARZO/ABRIL 2006 nº 299 ~ PADRES Y MAESTROS 19a todo el cuerpo de un niño, a todoel cuerpo de la clase, al ambienteo atmósfera en el aula, al modogeneral como se desarrolla unaactividad en particular...Otras veces podemos entre-garnos a una atención más focali-zada y específica: a un niño o niñaen concreto, a una parte concretadel cuerpo de un niño, a un sectorde la clase, al modo particular co-mo alguien desarrolla la actividadpropuesta, al modo de respirar, ala manera de coger el lápiz, a losrecursos utilizados en la gestión deuna dificultad, de un conflicto...2. UNA PRESENCIA QUE ACTÚACuando planteo la “presencia”como una presencia que actúaestoy planteando que, además delo anterior, hay otra manera dedesarrollar y vivir las acciones ylos gestos cotidianos. Y esto tam-bién ha de formar parte del currí-culum, no sólo del oculto, tam-bién del explícito y voluntario.Por eso es tan importante queel niño capte que hay “otra ma-nera” de acercarse y abrir unaventana, de escuchar la interven-ción de un compañero, de escribirsobre el cuaderno, de levantar lasilla que se ha caído o ha sidotirada, de borrar la pizarra, detener colocadas las cosas, dehablar o acariciar al otro,...La presencia que actúa ha deser, al mismo tiempo, una pre -sencia paciente. Inhibir el impul-so, mi tendencia al inmediatis-mo, al atosigamiento y a la rapi-dez es una intención, una volun-tad, un deseo y una tarea queme acompaña todos y cada unode los días. Para ello pongo car-teles o papelitos en varios luga-res estratégicos de la clase (enmi mesa, junto a la pizarra, enlas ventanas....) que me recuer-dan y nos recuerdan un modomás sereno y más consciente dehacer o actuar.En la clase llegamos incluso aponernos de acuerdo en un gesto(abrir y cerrar las manos uniendolas yemas de los dedos) que noshacíamos unos a otros paraadvertir la presencia de la rapi-dez, del excesivo volumen, de lainquietud.... en nuestro modo deconducir la actividad.3. UNA PRESENCIA QUE EXPRESAY SE EXPRESALa presencia del educador essiempre una presencia elocuente.No sólo dice sino que “se dice”.Puede expresar palabras, ideas,pensamientos e incluso visionesdel mundo...., pero sobre todopuede expresarse a sí mismo.También los niños son presenciasque expresan y se expresan.Durante años he tenido queestar muy atento para silenciartantas y tantas palabras sin inte-rés, que no decían nada, palabrasque entraban por un oído parasalir rápidamente por el otro,palabras que se las llevaba elviento. Aún hoy he de mantener-me alerta para aquietar o disolvergestos vacíos que no son sinomeras muecas.Mi experiencia en clase me haayudado a comprobar el efectoextraordinario que sobre el cuer-po y la conducta tienen determi-nadas palabras, cuando estas son“incorporadas”, pasadas al cuer-po del niño.Es algo que lleva su tiempo.Como la lluvia suave: es su insis-tencia la que acaba empapandola tierra y acrecentando losmares. Es como si el cuerpo seimpregnara de la conciencia de loque esas palabras revelan. Peropara ello hay que hacerlas pre-sentes, una y otra vez.Nuestra clase, nuestra casapuede ir decorándose, según sevan presentado, con algunas“frases especiales” que, poco apoco, van quedando impresas enel corazón de cada uno: “El silen -cio es bonito y nos ayuda a estarLa presencia que actúa ha de ser, al mismotiempo, una presencia paciente.
  5. 5. 20 PADRES YMAESTROS ~ nº 299 MARZO/ABRIL 2006mejor”, “La ternura es la suavi -dad con la que nos sale la luz quellevamos dentro”, “A las cosassólo podemos oírlas con el cora -zón”, ”Para hacer bien una cosa,amigo mío, hay que amarla”,”Siempre puedo empezar de nue -vo”,” Hacer de mi voz una cari -cia”...EL CUERPO COMO LUGAR DEPRESENCIAA veces he tenido la sensaciónde no ser más que un volumenmóvil que se desplazaba por laclase y por la vida y actuabamecánica y automáticamente.Sin embargo, la “presencia” es un“estar habitado”, un “estar cons-ciente” que implica y conlleva undeterminado estado de concien-cia y que, a su vez, se sostiene yse asienta en un estado corporal,en un modo particular de gestio-nar y usar el propio cuerpo.El niño asimila mucho mejoralgo cuando forma parte de unasituación que ya está viviendo,que le es natural. La “presencia”no es algo a abordar en clasecomo un tema más sino algo quepodemos tener en cuenta, y de loque podemos darnos cuenta, entodos y cada uno de los momentosque se vayan dando y en todas ycada una de las actividades quevayamos haciendo. Así, por ejem-plo, podemos tomar conciencia denuestras manos mientras escribi-mos en el cuaderno; podemosinvitar al niño a detener su activi-dad y a darse cuenta del nivel deapertura, tensión o crispación desu mano, de sus dedos, su modode coger el lápiz, la cantidad defuerza que aplica sobre el papel, elemocionar desde el que está desa-rrollando la actividad, la postura yla presencia del resto de su cuer-po, y observar cómo todo ellorepercute o afecta a la calidad desu escritura y al bienestar de sumano y de todo su cuerpo.A veces me sorprende cómohay adultos que se preocupanmás por la caligrafía que por lacalidad de la mano que escribe.En más de una ocasión, cons-ciente y deliberadamente, hagouna pausa en lo que estoy ha-ciendo. Me detengo y digo en vozalta: “-Un momento”. Unas vecescon los ojos abiertos, otras conlos ojos cerrados, respiro profun-damente, dirijo mi mirada haciami interior para darme cuenta decómo estoy: mi postura, el ritmoy volumen de mi voz y mis movi-mientos, la vibración de mi pala-bra, la ubicación de mi mirada,mi modo de respirar, el contactode mis pies con el suelo, el esta-do de mis manos y dedos, la sus-pensión de mi columna,.....La pausa es la que me permi-te continuar con otra pauta en mipresencia y movimientos.El simple hecho de tomar con -ciencia del estado de nuestrocuerpo constituye un ejercicio bá-sico y continuamente reiteradoque favorece el hacernos másconscientes de nuestra presencia.Las actitudes y los valores nose “transmiten” como “conteni-dos” sino que se “contagian” comoun “estado”; son “materias” de loque denomino “aprendizaje at-mosférico”. Por eso cuestiono suabordaje transversal y propongola “medularidad” como enfoquealternativo. Un niño se educa nocon lo que decimos sino con loque nos ve que hacemos demanera natural, espontánea yhabitual. Para dar peso a la “pre-sencia” del adulto como granrecurso pedagógico el educadorha de liberarse de la “presión”curricular y social y de la “prisión”de los libros de texto. La “dicta-dura” del libro de texto, un “se-guidismo” incondicional y ciego aél impiden la apertura necesariapara acoger lo imprevisto, lo noprogramado. Se olvida, con de-masiada frecuencia, que el pro-grama y el libro están hechospara la clase, sin viceversa.■PARA SABER MÁS:-TORO, J. Mª, Educar con“Co-razón”, (2ª edic.), Des-clée, Bilbao, 2005.-TORO, J. Mª, La Vida Ma-estra, Desclée, Bilbao, 2005.-TORO, J. Mª, El pulso delcotidiano. Ser-Hacerse-Vivir-Realizarse, Sal Terrae, San-tander, 1993.A veces me sorprende cómo hay adultos quese preocupan más por la caligrafía que por lacalidad de la mano que escribe.

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