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Constitución española liberal de 1812

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Constitución española liberal de 1812

  1. 1. LA CONSTITUCIÓN LIBERAL GADITANA DE 1812.ELABORACIÓN Y MOTIVOS DE UNA OPOSICIÓN JOSÉ FERMÍN GARRALDA ARIZCUN Doctor en Historia Colección: Nueva Bermeja nº 8 PAMPLONA 2012
  2. 2. José Fermín Garralda ArizcunJosé Fermín Garralda ArizcunAño 2012“La constitución liberal gaditana de 1812. Elaboración y motivos de una oposición”C/ Arrieta nº 231002 PamplonaNavarra - Españarargonz@gmail.comhistoriadenavarraacuba.blogspot.comColección: Nueva Bermeja nº 8* Queda prohibida la reproducción total o parcial de este trabajo sin permiso del autor.En caso de ser citado, la cita debe ser completa: autor, título y procedencia. Diciembrede 2012 (N. de A.) 2
  3. 3. José Fermín Garralda Arizcun A don Federico Suárez Verdeguer (1-I-2005), investigador, profesor y maestro, a quien con la distancia de los años tanto debo y que tanto influyó en jóvenes investigadores, con rigor y sin servidumbres humanas, con fuentes históricas y sin divagaciones retóricas. 3
  4. 4. José Fermín Garralda Arizcun LA CONSTITUCIÓN LIBERAL GADITANA DE 1812. ELABORACIÓN Y MOTIVOS DE UNA OPOSICIÓN José Fermín Garralda Arizcun Doctor en Historia Pamplona, julio de 2012Í N D I C E:I. ACTUALIDAD Y SIGNIFICADO DE UN CENTENARIO:1. Más allá de adscripciones de escuela. Historiografía o historia de los historiadores2. Las tres –al menos- tendencias políticas3. Temas candentesII. LAS CORTES –ASAMBLEA- EXTRAORDINARIAS DE 18121. Agentes y convocatoria de Cortes: 1.1. Agentes y diputados 1.2. Convocatoria 1.3. Las discusiones y votaciones 1.4. La soberanía nacional 1.5. La legislación2. La Constitución de Cádiz: 2.1. Las fuentes 2.2. El proyecto constitucional 2.3. Los contenidos 2.4. Las leyes fundamentales y la Constitución 2.5. El cumplimiento 2.6. A perpetuidadIII. ¿POR QUÉ CAE LA CONSTITUCIÓN EN ESPAÑA?IV. COLOFÓNNOTASFUENTES 4
  5. 5. José Fermín Garralda ArizcunI. ACTUALIDAD Y SIGNIFICADO DE UN CENTENARIO POR LO OBSERVADO en los festejos realizados por las institucionespúblicas, en las declaraciones de publicistas independientes o paniaguados,y hasta en aquellos historiadores de la época y otros mucho más autónomos,este tema mantiene toda su frescura. Es la lozanía de los diversos perfilesque permite la inquietud natural del hombre por la cosa pública y el biencomún, y por el ansia de continuidad de los pueblos. Sin duda, ello exige contraponer la verdad sobre el conocimiento delpasado por un lado con los apriorismos, las inexactitudes y errores, y lainteresada mitificación de los hechos. Si el apriorismo como defecto fue frecuente en los temas relativos a lahistoria contemporánea, tratados antes de configurarse el oficio científicodel historiador avanzado el siglo XX, llama la atención que el posterioracademicismo de los historiadores no haya logrado superar ciertosapriorismos, e incluso que reaparezcan con fuerza en muchos textoshistoriográficos de diversas tendencias. A veces, hablar a los hombres de la época en su propio lenguaje y parasatisfacer sus gustos, exige un excesivo precio como puede ser el desenfoquey hasta alejarse de la verdad conocida por unas y otras –todas- fuentesdocumentales. Añadamos a ello el lamentable régimen de la universidadespañola, que cierra el paso a quienes no gozan de la cooptación en lascátedras, del amiguismo, y que no se advienen a la endogamia y unclientelismo que tanto mal ha hecho. Desde cualquier punto de vista, este tema tuvo y tiene hoy una granimportancia. Quizás en algunos casos sea excesiva, debido a su utilizaciónpor ciertas tendencias ideológicas de poder que han cuajado. En el ámbito de la realidad histórica, los españoles asistieron a varios“plantes” a comienzos del s. XIX. Por un lado, los españoles sufrieron como parte pasiva el “plante” de lasminorías afrancesadas pero también de las liberales, cuando éstasredactaron la Constitución de 1812 en la Asamblea gaditana –que no Cortes-, y cuando luego apoyaron el pronunciamiento militar y violento del liberalRafael Riego en 1820, y otros sucesos posteriores, entre los que se incluye lafiltración liberal en las instituciones públicas entre 1823 y 1833. Cuando seinsiste en exceso que Fernando VII, en su regresó a España en 1814, noaprobó –“anuló” es la verbalización liberal- lo realizado en Cádiz, es porque 5
  6. 6. José Fermín Garralda Arizcunse quiere reafirmar lo ocurrido en Cádiz frente al entusiasmo que levantó elrey a su llegada a España. El segundo “plante”, mucho menos apreciable pero contundente, es el delos llamamos pensadores tradicionales frente a los afrancesados y liberales.Se sitúa en un ámbito doctrinal en las Cortes de Cádiz, en el “Manifiesto delos Persas” del realismo renovador en 1814, y en otras actuaciones anterioreso posteriores. El tercer “plante” será “in extremis” y directamente bélico. Adquiere laforma de levantamiento popular, de la mayoría de los españoles –tradicionales, o, según los liberales de ayer, “atrasados” e “ignorantes”-frente al afrancesamiento revolucionario en 1808, en el cual liberalismo ydespotismo ilustrado se dieron la mano. Fue la gran agitación, estruendo ydesgaste de 1808. Le siguió la guerra realista en el Norte de 1821 a 1823, laguerra de los “agraviados” catalanes de 1827, y la primera guerra carlista –“isabelina” o “liberal” según guste- generalizada en amplias zonas de lapenínsula. La guerra por la Independencia y la Constitución de 1812 han sido unostemas prolíficos para los historiadores, al margen de aquellasaportaciones que tienen connotaciones de ensayo y opinión. Los sucesos y laépoca donde se contextualiza el texto constitucional de 1812, tienen unaenorme dimensión social y proyección histórica desde todos los puntos devista que se consideren. Es una época de una gran densidad espiritual –yreligiosa-, psicológica y en general humana. Nuestro Goya recogió la amabley festiva sociabilidad dieciochesca, la solemnidad de la familia real tan delalma popular, la eclosión y violencia de sus pinturas históricas y losDesastres de la guerra, la depresión de las pinturas negras en paralelo con lamáxima tensión ante las circunstancias… hasta el dulce lirismo de la lecherade Burdeos. La ruptura producida por los afrancesados de Bayona en 1808 y lalabor gaditana de 1810 a 1812 es demasiado intensa como para pasardesapercibida. 6
  7. 7. José Fermín Garralda Arizcun 1. MÁS ALLÁ DE ADSCRIPCIONES DE ESCUELA. HISTORIOGRAFÍA O HISTORIA DE LOS HISTORIADORES. Estas páginas no insistirán en un análisis historiográfico, por otra parte brillantemente realizado por autores cualificados (1). Ciñéndose al ámbito de lo académico, en ellas se omite el ensayo y la opinión, ajenas de raíz –no lo pueden decir todos los historiadores- al panegírico del quehacer constitucional de 1812 y del texto que la magna asamblea alumbró. El tema es complejo. En él se advierte que la historiografía ideológica de influencia liberal y marxista, ha realizado no pocas simplificaciones “barriendo para casa” según el lenguaje “A la guerra, a la guerra, españoles, ¡Muera coloquial. Este problema de Napoleón, y viva el Rey, la Patria y la simplificación es un aviso de Religión!”, Revista “Ahora-Información”, Madrid, nº 93, julio-agosto 2008 navegantes. En estas páginas optaremos por aquellas fuentesbibliográficas que mejor permitan acercarnos a lo ocurrido en torno a1812. Aunque para ello seguiremos a otros autores, a quienes enfatizarondecir lo que otros callaban, en la segunda parte de este trabajo utilizaremosuna significativa fuente documental de carácter primario que no hemosvisto utilizada en otros trabajos. La simplificación, inadecuada en ciencia aunque útil en el ensayo, noes un recurso nuevo. El lector se queda asombrado cuando, en sus eruditostrabajos, Estanislao Cantero nos sintetiza y recuerda los términosapriorísticos y “de parte” con los que importantes investigadores seexpresan. Es como si tuviesen una causa a defender más allá del sosegado 7
  8. 8. José Fermín Garralda Arizcundescubrimiento la verdad en el conocimiento del pasado al que debieranservir, o bien como si tuviesen que agradar a alguien. Hace poco leímoscómo Emilio de Miguel explicaba la técnica de la simplificación en “Un falsodilema” entre el capitalismo opresor y el socialismo liberador, que decía así: “(…) todos los demagogos han utilizado esquemas conceptuales de semejante jaez, simplificando el complicado entramado de las relaciones económicas o interpersonales a la radical disyuntiva de blanco o negro. Se trata, en realidad, de uno de los recursos básicos de la propaganda como han puesto de manifiesto los especialistas de la psicología de masas. Y así, Maurice Mégret, cuando habla de la guerra psicológica, dice que el propagandista busca, ante todo, simplificar los problemas, para que todo el mundo pueda entenderle sin necesidad de esfuerzo intelectual. Y en parecidos términos se expresan Ramball Young y Gordon W. Allport. (…) Bueno sería que, ante falsos dilemas como éste, se ejercitara, en un poco el sentido crítico que todos tenemos, en vez de dejarnos arrastrar por argumentos emocionales sin base racional, que no pretenden sacar la verdad a relucir, sino simplemente, convencer. En estos casos, se impone no entrar en el juego propuesto, porque se trata de un juego que, desde el principio, está lleno de trampas” (2). Con estas palabras se sitúa uno de los problemas patentes en algunosescritores que son ajenos a la profesión de historiador –e incluso algunoshistoriadores- sobre las Cortes de 1812. Sus dilemas son: “O absolutismo oliberalismo”, “o esclavitud y servilismo o bien Libertad”, “o inmovilismo odialéctica histórica” etc. En realidad, se trata de reproducir ad hoc de lo quelos revolucionarios dijeron ayer. ¿Por qué no recordar al lector alguno de los más importantesdescubrimientos historiográficos sobre la Constitución de 1812, cómo surgióy fue impuesta a la población española, término éste -el de “imposición”- notomado como juicio “a priori”? Tales descubrimientos explican los aires yborrascas –más que el cielo despejado- de la España contemporánea, cuyosgérmenes podemos encontrar a finales del siglo XVIII. Ahora bien, nada deello –que está bien probado- era nuevo, pues fue anunciado por elManifiesto de los Persas de 1814 y por el mismo Vicente Pou en su libro LaEspaña en la presente crisis de 1842 (3). Como los datos históricos hanmostrado, todo recelo hacia dicho Manifiesto y a la obra de Vicente Pouresulta indebido. ¿Qué plantean unos y qué dicen otros? Mostremos los hechos y elpasado tal como las fuentes históricas nos lo permiten. Aunque algunoshistoriadores olviden (4) los estudios y aportaciones de Federico SuárezVerdeguer, Comellas García-Llera (5) y otros autores (6), sin duda estossiguen estando vigentes, y a la espera de nuevas aportaciones por parte delos historiadores actuales, cuyo número ha ido lamentablementedisminuyendo debido a la actual crisis de las humanidades, tanto de susestudios como de las profesiones que originan (7). Desde luego, nopodemos olvidar o relegar lo ya probado por dichos investigadores comohacen algunos autores noveles de una manera harto improcedente, esto es,seleccionando de una forma algo gratuita el seguimiento de unos autores endetrimento de otros (8). Por ejemplo, alguno de ellos afirma que eleminente profesor Suárez Verdeguer: “(…) actúa como un digno discípulo de Menéndez y Pelayo clamando contra las ilegalidades cometidas por los jóvenes liberales para hacerse con el poder, insistiendo además en su error al haber dado –para la Regeneración de la Monarquía- la espalda a la tradición española” (9). 8
  9. 9. José Fermín Garralda Arizcun Lo de menos es que tal autor opte por las tesis de Artola, y de Tomás yValiente (10) -que por otra parte tienen sus aciertos- y que sean similares alas de otros que se expresan de forma partidista (11). Nada habría queoponer dicha opción en el debate profesional, salvo que omite ciertasfuentes y datos históricos. Lo más significativo es que el autor cuyaspalabras recogemos utilice un tono engolado, poco académico y nadajustificado. Sin menoscabo alguno de las importantes aportaciones de MenéndezPelayo, digamos que el método y punto de partida del profesor Suárez esdiferente al del insigne polígrafo santanderino y tiene una personalidadpropia. Las investigaciones de Suárez han ofrecido numerosas aportaciones quedeben estar siempre presentes en vez de relegarse al olvido. Creó unaimportante escuela historiográfica, como unos y otros reconocen, y lo hizocon la independencia que siempre le caracterizó y con escasez de recursosmateriales. Su método, su total apertura a lo que aportan los datos más alláde las modas imperantes favorables a unos o bien a otros, su deseo deabordar temas que algunos consideraban incómodos, su conocimiento delllamado Antiguo Régimen (12) etc., no son exclusivos en él, puesactualmente ciertos historiadores tienen un similar sesgo historiográfico.Estos últimos pertenecen a universidades e instituciones académicas que notiene relación alguna con la universidad de Navarra donde Federico Suárezdesarrolló su docencia y en la que lamentablemente no conocemosactualmente “seguidores”. Como el lector ha observado, la importancia de este tema corre parejascon la abundancia historiográfica. Los numerosos métodos y diversos temasabordados por los historiadores van de la mano del quehacer, estilo oenfoque histórico. A continuación nos hacemos eco de ello. En primer lugar, hay historiadores que en sus estudios parten y hacenprevalecer el empirismo de los datos y los hechos, esto es, las fuenteshistóricas tal y como han llegado a nosotros. Lo hacen, de una forma máso menos consciente, en afortunado y abierto contraste con lasconmemoraciones realizadas por las instituciones oficiales, y en contrastetambién con las imágenes del pasado propias de las modas de época quepueden llegar a condicionar a los mismos historiadores. Los historiadores alos que nos referimos consideran erróneo subordinar las fuentes o bien laelección de los aspectos a estudiar, a las tendencias ideológicas, a lospresentismos y a las excesivas conceptualizaciones teóricas. En efecto, larealidad se descubre utilizando las mejores fuentes históricas, sujetas –esosí- a las críticas documental e histórica. El segundo lugar, otros estudios manifiestan una gran capacidadverbal o teorética pero sin descubrimientos significativos. Sepuede dudar si el elevado grado de conceptualización de estos estudios,reflejan lo vivido en la época, pudiendo existir una clara diferencia entre loocurrido en el pasado y la recreación por la pluma del historiador. Nipodemos repetir las fuentes, y decir más de lo que ellas permiten. Un verbobrillante sumado a la tendencia a la teorización pudiera recrear una realidadgenérica y pretendidamente explicativa pero sin el suficiente asidero en la 9
  10. 10. José Fermín Garralda Arizcunrealidad individual y concreta. A veces no es bueno pretender explicardemasiado. En realidad, la tendencia actual de pensamiento que presupone laconveniencia e incluso necesidad del cambio constitucional de 1812, aunqueno se formule así, es la más cómoda, y se encuentra en la base de muchosenfoques históricos que no en vano se centran en los personajes adscritos alliberalismo. Al identificar las ideas liberales, no es extraño que algunoscritiquen a los españoles tradicionales, y que lo hagan con las ideas propiasde los liberales de la época, reservándose además para los liberales laexclusividad –así lo defendieron ellos- de los conceptos y realidad denación, patria y patriotismo. Presentemos una tercera cuestión. Afortunadamente hay estudios quesuperan las concepciones monolíticas y simplistas de la realidad, y quereconocen la existencia de decisiones individuales que siguen un“proceso” no siempre bien definido. En efecto, en la misma personapuede existir continuidades y rupturas, y además en grado diverso, antes deconfigurarse finalmente en una decisión definitiva, a la “hora de la verdad”.Esta “hora de la verdad” son los alzamientos armados populares de 1808,1821-1823, 1827 etc. que comprometieron a sus agentes mucho más que lamera proclamación de un texto constitucional por los militares, que hoy setrae y mañana se sortea, cae o se hace caer o se suprime. Pues bien, a vecesse echa en falta en las publicaciones el reconocimiento liso y llano de que losindividuos y colectivos tienen una “hora de la verdad”, la hora de lasgrandes decisiones y compromisos, cuya delimitación no puede serrecreada por el historiador salvo que sea afirmada expresamente por susprotagonistas. Dicho de otra manera; ¿es que las proclamas, manifiestos y la abundantedocumentación producida en la guerra de la Independencia, el TrienioConstitucional etc. encubrieron intenciones diferentes a las expresadas, yreflejaron la política actual reducida al cálculo, la propaganda, y latransformación de la realidad a través de la manipulación de la palabra,según aquellas ideologías y prácticas políticas tan frecuentes por otra parteen nuestro presente? ¿No sería esto otra forma de presentismo? En realidad,la hipercrítica parece ser el caldo de cultivo de la manipulación. Terminemos esta cuestión. Algunos estudios históricos pero tambiénhistoriográficos dejan de lado ciertas investigaciones y aportacionesserias. Se conforman subjetivamente con aquello que ha triunfado o puedetriunfar en el presente, colaborando así con la pluma –les guste o no- en elamanecer o consolidación de la nueva época. Quizás en esta actitud influyanlas modas, los patronazgos laborales –hay que “buscarse la vida”- y lasclientelas ideológicas si no institucionales. No es sencillo reafirmarse en lapropia investigación, pues siempre cuesta discrepar de otros criterios que sepresentan como muy académicos, máxime si se pone en juego el futuroprofesional y amenazan tiempos de crisis. Y no digamos cuando a ello sesuman las simpatías personales, el deseo de estar “bien visto”, el afán deprosperar, “situarse” en cada momento o competir, o simplemente elsaberse un elemento de una silenciosa labor de penetración cultural y social. Será el lector quien saque sus propias conclusiones en este trabajo desdeel análisis de los datos históricos sobre la Asamblea de Cádiz de 1812 y eldiscurso político de los realistas de 1823. 10
  11. 11. José Fermín Garralda Arizcun 2. LAS TRES -AL MENOS- TENDENCIAS POLÍTICAS ¿Fue el tránsito de los siglos XVIII a XIX una época de continuidadabsoluta o de total ruptura? Seguramente ni lo uno ni lo otro. FedericoSuárez planteó esta cuestión para iniciar una línea de investigación queafirmaba tres tendencias básicas en los albores de la revolución liberal. Enprimer lugar los absolutistas o conservadores de lo existente (luegofernandinos). Luego los renovadores o tradicionales, que deseabanactualizar aspectos de la tradición española que la praxis del absolutismo(no el rey absoluto, en absoluto, o absuelto) o del despotismo ilustrado(regio o ministerial) habían olvidado. En tercer lugar los innovadores oliberales que hacían tabla raza del pasado. A parte estaban losafrancesados, muy similares a los liberales. La distinción de Suárez no fue del todo compartida por otros autoresgranados de su época como Seco Serrano, Artola, Jover y, hoy día, por PeñaGonzález. En el repaso bibliográfico del trabajo ya citado, EstanislaoCantero hace algunas interesantes críticas al respecto. Hoy día se hageneralizado utilizar únicamente los términos absolutistas y liberales, nosin un llamativo simplismo tan querido por los liberales de influenciadecimonónica seguidos por la escuela dialéctica y economicista, y como si lainvestigación de otros historiadores no sirviera de nada Otros investigadores identificaron a los renovadores con los“jovellanistas”, lo que sin duda extrañaría a los realistas navarros, que noeran ni absolutistas ni revolucionarios, ni conocían muy bien –o nada- laimportancia de Jovellanos. También sería para ellos extraño considerar,como considera Joaquín Varela, que los liberales seguían elconstitucionalismo francés, los absolutistas el histórico español y losrealistas ilustrados el inglés. ¿En cuál de los tres se puede incluir a Navarra?(13). Cuando se señala el constitucionalismo histórico español, ¿se refiereal pactismo de la Corona de Aragón anterior a 1707 y 1714, o bien al derechocastellano? (14). No obstante, hoy día, diversos historiadores, citados por el trabajo deEstanislao Cantero, mantienen la distinción de Suárez. Personalmente meparece muy acertada, porque de lo contrario no sabría donde “situar” a losrealistas navarros, ni a la constitución histórica de Navarra. No todo ocurrió en estado puro, pues entre los absolutistas oconservadores es preciso distinguir al pueblo como tal, que actúa en unascircunstancias casi siempre extremas, y de las élites imbuidas deldespotismo ilustrado, parte de las cuales aceptaron como rey a José 11
  12. 12. José Fermín Garralda ArizcunBonaparte. En tales circunstancias, el pueblo subrayó lo esencial, como fuela Religión y el Rey, en el que incluían la Patria, a similitud de lo ocurrido enel motín de Esquilache de 1766, del que se conservan abundantes panfletos.Este despotismo ilustrado generó los motines de Esquilache y de Aranjuez –aunque este último careció de espontaneidad-, el descontento por laexpulsión de los jesuitas y la oposición al favorito Godoy. Súmese a ello elintento de cisma realizado por Olavide, el inicio de las desamortizaciones, yla debilidad política de los dirigentes de España ante Napoleón Detalle de los fusilamientos del dos de mayo, por Fco. Goya y Lucientes. El pueblo español respondió como un solo hombre a la agresión napoleónica, aunque la magna Asamblea de Cádiz no entendió ni para qué fue convocada originariamente ni los deseos de los españoles. Jovellanos quiso que se restableciesen las antiguas leyes fundamentales y la constitución de la monarquía, actualizando aquello que fuese necesario, pero sin hacer una nueva Constitución. El ilustrado asturiano optó por una línea tradicional y renovadora casi hasta el fin de sus días. Quizás los renovadores o tradicionales fuesen más una interesante éliteque pueblo consciente, aunque en el caso de Navarra coincidirían con elReino (élites, leyes y pueblo), al igual que en Vizcaya, Guipúzcoa y Álava, ydespués en la Cataluña de la Regencia de Urgel. No obstante, y por lo ya dicho, es muy posible que el pueblo llamadoabsolutista fuese más tradicional que conservador del absolutismo, comolo mostró desde el movimiento juntero de 1808 hasta la preponderancia delCarlismo en la sociedad española de 1833. Lo mismo puede apreciarse enAmérica, por ejemplo en el Virreinato de Río de la Plata (15). Sin que por estas afirmaciones sea realista renovador, el pensadortradicionalista padre Alvarado (“Filósofo Rancio”), caracterizado muyinmerecidamente por Javier Herrero de poseedor de un “obtuso sectarismoideológico o una crasa ignorancia”, deseaba que las Cortes no fuesenestamentales, desconfiaba del papel de la nobleza en ellas, rechazaba laforma de elegir los diputados para representar a los pueblos o universidadesen Cortes. Así mismo, Alvarado defendía los Fueros o el régimen foral,rechazaba el absolutismo regio, el despotismo ministerial y la abundancia deleyes, critica los excesivos privilegios de la aristocracia de sangre, y explica lanecesidad de repartir las cargas del Estado de forma equilibrada… Esto esmuy diferente a la imagen que los liberales interesados suelen ofrecer deeste insigne y brillante polemista. 12
  13. 13. José Fermín Garralda Arizcun Los liberales o innovadores serán una minoría, establecidaespecialmente en ciudades costeras como Cádiz. Entre ellos se incluíanpersonas como Martínez Marina quien, ante la crisis de la políticaabsolutista, volvieron su mirada, ya como un falso recurso retórico o bienpor convencimiento, a la escuela de Salamanca sobre el origen del poder.Volvieron su mirada pero para empañar o tergiversar la doctrina clásica otradicional. Desde luego, la soberanía nacional de las Cortes de 1812 notenía relación con la escuela de Salamanca sobre la transmisión del poderpolítico. Sea lo que fuere, por muchas continuidades reales o aparentes, yrupturas, la Constitución de Cádiz fue en realidad rupturista (16). Al margen de las tres tendencias, se encontrarían los afrancesados y losdiversos grados de colaboracionistas con el francés. En resumen, en las mismas Cortes de Cádiz existió una minoría dediputados absolutistas o fernandinos que aspiraban a mantener lo anteriora 1808 como si nada hubiera pasado. El resto quería cambios, pero unos ensentido liberal o extranjerizante, y otros en sentido tradicional “al compás deun proceso de decantación doctrinal que llevó tiempo, porque no disponíande modelos ya elaborados, procedentes de allende los Pirineos como lessucedía a los liberales” (Andrés Gambra). 13
  14. 14. José Fermín Garralda Arizcun 3. TEMAS CANDENTES Tengamos en cuenta algunos aspectos generales. En Cádiz hubodos tipos de Cortes a comienzos de siglo XIX –así se llamaron aunque esmejor decir Asamblea-, las extraordinarias reunidas desde septiembre de1810 hasta el mismo mes de 1813, y las ordinarias inauguradas en Cádiz el25-IX-1813 y trasladadas a Madrid el 15-I-1814. Las primeras únicamente seresponsabilizaron de la Constitución de 1812 y emitieron abundantesdecretos de Gobierno, aumentados en las posteriores Cortes ordinarias. Hablar de las Cortes resulta más amplio que analizar la Constitucióngaditana, pues en las aquellas se distingue una variedad de procedimientos,se pronunciaron muchos discursos, se presentaron enmiendas que noprosperaron, y se aprobaron muchos decretos diferentes a lo que fue lamisma Constitución interna para la monarquía española. Si bien el estudio de las Cortes gaditanas puede distinguirse del análisisde la Constitución elaborada en dicha ciudad de Cádiz, los contenidosconstitucionales quedaron vinculados a las irregularidades de laconvocatoria y del funcionamiento de dichas Cortes. Analizar tales irregularidades permite entender por qué se llegó aredactar y aprobar una Constitución liberal o revolucionaria en una nacióneminentemente tradicional y católica. Demostró antes de la fecha lo era ya,lo probará frente a Napoleón y lo renovará con posterioridad. Sobre las irregularidades de las Cortes de Cádiz muchos pasan sobreascuas y ponen bajo sospecha el método histórico e incluso los propósitos dequienes las investigan Prefieren callarlas y dedicarse a cuestionesideológicas y a otras que colindan con la filosofía de la historia. Sin embargo,lo que a un historiador le interesa es la realidad de cada momento ydesvelarla desde las fuentes históricas. Si los escritores del siglo XIX y comienzos del XX, que no eranpropiamente historiadores académicos, justificaron como un “a priori” lalabor gaditana, influidos por el discurso dominante, la historiografíaposterior más o menos declaradamente liberal es auto justificativa, y laimpregnada de marxismo presenta el conocimiento histórico como uninstrumento de lucha y recreación de la realidad. En ambos casos, y porunas u otras razones, todo lo que no signifique ensalzar la Constitución yobra gaditana como liberadora, no merece ser considerado. No entramos enjuicios de valor, de si el liberalismo es filosóficamente liberador o no, sinoque advertimos los mostrados por otros autores que alardean de empíricos eimparciales. La lucha por las cátedras universitarias, la cultura y los recursos 14
  15. 15. José Fermín Garralda Arizcunvitales, más el clientelismo, el “prestigio” personal y tributo al “qué dirán”, yel desear hacerse un hueco en la vida académica… no es ajeno a todo esto. En estas páginas recordaremos lo tratado por otros autores en estudioscarentes de apriorismos ideológicos y modas pero concluyentes, al afirmarque la Constitución y los decretos liberales de Cádiz imitaron la ideologíay actividad de los revolucionarios franceses y los seguidores deJosé I Bonaparte. El cómo pensaban los españoles de la época quedaba patente en losdiputados que finalmente llegaron a Cádiz, que eran de mayoría tradicional,y, sobre todo, en la lucha de los españoles durante seis largos años contra lastropas francesas, identificadas con la Revolución. También queda patente enuna cantidad ingente de textos de la naturaleza más diversa, y en laaceptación de Fernando VII como monarca absoluto. Si en otras ocasiones hemos tratado este mismo tema (17), ahora sesintetizan los contenidos de la Constitución liberal, y su ruptura respecto alas leyes fundamentales vigentes, ajenas como tales al absolutismoministerial o regio. También se apunta el gran distanciamiento existenteentre los contenidos gaditanos y los motivos que llevaron a luchar a losespañoles en la guerra por la independencia. Entonces… ¿qué queda? Seplantean básicamente tres cuestiones: a) Las notorias y graves irregularidades de las Cortes de Cádiz. b) Un folleto anónimo de un realista renovador –no liberal ni absolutista-, editado en 1823, titulado “¿Por qué cae la Constitución en España?”. En otra ocasión se analizó la reacción de los realistas de Santander en1821-1823 con fuentes primarias documentales (18). Ahora quedapendiente analizar la reacción de los realistas navarros –ni absolutistas nijovellanistas, sino directa y simplemente tradicionales-, sublevados contrael Gobierno constitucional de diciembre de 1821 a septiembre de1823, ycómo verbalizaron los motivos que les llevaron a reafirmarse en sutradición, recibida y vivida, quebrada por el liberalismo (19). 15
  16. 16. José Fermín Garralda Arizcun II. LAS CORTES –ASAMBLEA- EXTRAORDINARIAS DE 1812 ¿Sólo la “Pepa”? LA CONSTITUCIÓN del 19 de marzo de 1812 fue llamada popularmente y no sin ironía, la “Pepa”, por ser publicada el día de San José, un santo popular donde los haya y cuyo nombre siempre fue muy común en el pueblo español. La elección de dicho día apelaba a dicha El bicentenario de la Constitución de 1812 se celebró en el popularidad, y a la hermosísimo Oratorio de San Felipe Neri en Cádiz, solemne religiosidad de los escenario donde tuvo lugar el homenaje a los diputados de españoles. Sin embargo, gaditanos. (Imagen de la Web.) sobre todo fue un mentísa la nueva dinastía Bonaparte y la Constitución de Bayona de 1808. Enefecto, según recuerda Javier Moscoso del Prado y Muñoz: “En Matagorda el Rey José, para intimidar a los gaditanos y con el pretexto de celebrar su onomástica, el día 19 de marzo preparó una gran parada militar, que fue respondida por los constituyentes sitiados con la promulgación de ‘la Pepa’. Las bombas quedaron para el olvido y para alguna ‘chirigota’ gaditana. La Pepa para la historia” (20). Si la Constitución de 1812 tuvo una gran importancia en sí misma, sobretodo fue por estar de alguna manera presente en buena parte de la historiade la España Contemporánea, y por dejar a todo el s. XIX obsesionado por laidea de la Constitución. Aunque la Constitución gaditana tuvo una escasa vigencia (1812-1814,1820-1823 y 1836-1837), influyó en todas las Constituciones que le siguieronen la España gobernada por el liberalismo. También influyó en los textoslegales de Italia y en los de no pocos países hermanos de Hispanoaméricatras la secesión, lo que es llamativo de la fraternidad liberal por encima depaíses y del carácter abstracto de la Constitución. 16
  17. 17. José Fermín Garralda Arizcun 1. AGENTES Y CONVOCATORIA DE CORTES1.1. Agentes y diputados UN ÍMPETU ROMÁNTICO aupó a los sectores de pensamiento racionalista, afrancesado e innovador, o bien de mentalidad liberal, subjetivista, basada en la emotividad y cierto idealismo, mientras que el pueblo en general se jugaba la vida –la única que tenía en este mundo- Monumento conmemorativo a las Cortes de Cádiz. Plaza de luchando contra el nuevo España (Cádiz) (Imagen de la web) amo de Europa: Napoleón, el heredero de la Revolución liberal ensu versión moderada y de orden, de despotismo ilustrado, con propósito depermanencia. Se quiso partir de cero como constitución política. El idealismomencionado se expresaba en la voluntad de ignorar las costumbres y laconstitución histórica de España, en un permanente recurso teórico-ideológico argumental, en no pocas generalidades y en el olvido de laespecificidad de cada país. Los liberales en general se caracterizaron porutilizar la religión a su propio beneficio aunque fuese esto lo que –creemossin razón- achacasen a sus contrarios. También consideraban que la“observancia (de la Constitución) ha de asegurar su prosperidad (de lamonarquía) para los siglos venideros”, siendo su publicación “un díamemorable como primero de la libertad política de la nación española”(“Gacetas de las Españas” nº 35 a 37 y 42). Estaban convencidos de que elmero hecho de proclamar la Constitución implicaría automáticamente elapoyo universal de la sociedad española. Apelar al pueblo incluyéndose en él quienes nada se jugaronpersonalmente y querían transformarlo desde la Asamblea de Cádiz, no sóloes equívoco sino falaz. En efecto, el pueblo incluía a todos los españolesajenos a las camarillas del despotismo ilustrado, ajenos a los afrancesados, alos clubes y sociedades patrióticas, a quienes recibieron empleos por 17
  18. 18. José Fermín Garralda Arizcunsimpatía ideológica, y ajenos también a quienes influyeron directamente enla formación de una opinión pública desde el poder del Estado o bien laprensa, por ejemplo en Cádiz. Pocos fueron los que hicieron -o deshicieron-. Los liberales en laEspaña de 1812 eran una minoría bien organizada y atrevida. También loserán en 1820, apoyados en un Ejército cuyos mandos intermedios estabandominados por elementos liberales e incluso masónicos. Conspiración y unocultismo radicalizado iban de la mano. Según Federico Suárez, en tres añosy medio, un grupo compacto, hábil y sabiendo qué quería, desarticuló lapolítica, la sociedad y economía del llamado Antiguo Régimen, medianteunas reformas profundas y precipitadas para aprovechar así -con eficacia-la coyuntura de una cruel guerra contra Napoleón. Los trabajos del profesorSuárez Verdeguer y del erudito investigador Fernández de la Cigoña másrecientemente, ofrecen los nombres, lugares de procedencia y cargos de losdiputados. En Cádiz hubo 301 diputados, aunque otros dicen 303, 291, 258 y 240.Ahora bien, sólo 185 diputados firmaron las Actas (de ellos 52 eran deUltramar) y, en la clausura, asistieron 223 diputados. Los diputados de Cádiz que hicieron la Constitución no eranrepresentativos. ¿Cómo iban a serlo si muchas provincias estabaninvadidas por los imperiales bonapartistas y las americanas en plenainsurrección? ¿Cómo iban a ser representativos si se omitió en su inicio elpropósito de hacer una nueva Constitución y además los españoles seestaban jugando la vida contra los franceses en cuanto invasores yrevolucionarios? ¿Cómo si los diputados suplentes carecían de poderes desus pueblos para acordar cosa alguna? Por otra parte, no es de extrañar quelas elecciones de los diputados a Cortes sólo se realizasen en algunoslugares. En todo momento hay que diferenciar los diputados titulares deaquellos diputados suplentes elegidos por las provincias. También hayque distinguir a estos suplentes de aquellos diputados también suplentespero elegidos arbitrariamente por grupos de refugiados en Cádiz. Estosúltimos fueron tomados como “a lazo” entre la población de la ciudad deCádiz, de “las (personas) que se hallaban refugiadas en Cádiz; á quienesallí mismo, otros sus paisanos fugitivos declararon representantes de susrespectivas provincias” (21). Digamos que Cádiz era una ciudad con unapresencia liberal por ser puerto de mar y estar abierta a los ingleses. ¿Cuáles fueron las tendencias políticas? De los 233 diputadospeninsulares más los isleños de Baleares y Canarias, Fernández de la Cigoñaidentifica a 110 tradicionales y 70 liberales, desconociéndose la adscripciónpolítica de los restantes. Ante esta mayoría tradicional, fueron losamericanos quienes volcaron el Congreso hacia el liberalismo, pues de los68 que se añadían a dichos 233, se identifican a 38 liberales y 14tradicionales. Pero no sólo era esto. También predominaron los liberalesgracias a los suplentes, pues entre los 54 diputados suplentes habrá 36liberales (entre ellos estaba toda la jefatura del partido liberal de entonces),11 tradicionales y de 7 de ellos se ignora la tendencia política. Todavía no sehabían presentado los diputados titulares, pero cuando lleguen a Cádiz todoestaba hecho. Es difícil encasillar a los diputados por sus votos. Suárez lo señalacuando advierte las aparentes contradicciones en algunas votaciones 18
  19. 19. José Fermín Garralda Arizcunrealizadas por un mismo diputado. Por ejemplo, a veces fue contradictorio elcatalán Antonio de Capmany, estudiado por Fernández de la Cigoña yEstanislao Cantero, cuando junto a votos claramente liberales sin embargodefendió los gremios como el que más y sin rival. Entre los diputados se constata un número considerable de clérigos,incluidos algunos obispos, pues de 233 diputados peninsulares e isleños losclérigos ascendieron a un total de 68, buena parte de ellos tradicionales,aunque también hubiese algunos liberales, esto es, un total de seis. Otros,como Belda y Labra, mencionan 97 eclesiásticos y, Solís, recoge sólo 90. Durante el período del debate de la Constitución, entre los tradicionaleshubo más fallecidos que entre los liberales porque tenían más edad. Cuando las provincias liberadas pudieron elegir a sus diputados, seprodujo un vuelco espectacular en la tendencia política de lasCortes a favor de los tradicionales, pues llegaron 70 diputados (deellos 2 americanos), de los cuales 33 eran tradicionales frente a 2 liberales,ignorándose del resto su adscripción. También los dos americanos erantradicionales. Así, cuando predominaron los realistas, la Constitución yaestaba hecha (22). Como los liberales temían la llegada de los tradicionales,apresuraron los contenidos de la primera sesión y los decretos que fueronquedando paralizados. Conocido óleo conmemorativo de las Cortes de Cádiz (Imagen de la web) La conquista de la opinión pública. Nada más instalarse las Cortes,hubo en la ciudad de Cádiz un enjambre de escritores que inundaron alpúblico con sus textos: “sobre los derechos del pueblo, sobre su dignidad, sobre su independencia, y al fin sobre su soberanía”, asuntos no tratados todavía entre los españoles. Escribieron sobre “los desórdenes del último reynado, se gritó mucho contra el despotismo, y se persuadió la necesidad de asegurar la observancia de las antiguas leyes” (23). En realidad, los nuevos escritos difundieron una utopía iluminista quepretendió dirigir y enseñar al pueblo y, sobre todo, a los legisladoresgaditanos. 19
  20. 20. José Fermín Garralda Arizcun “Voces del Pueblo”. Redes de comunicación y orígenes de la opinión enel mundo hispánico, ha sido tratado por François-Xavier Guerra, al analizarla existencia de multitud de planteamientos y opiniones en la España yAmérica de esos años, la abundancia de gacetas, los periódicos de opinión,manuscritos, hojas volantes, la tertulia, y las Sociedades Patrióticas comoherederas –de alguna manera- de las Sociedad de Amigos del País etc. (24).Estas “voces del pueblo” a veces pudieran confundirse con los publicistascomprometidos con la invención de su público; así ocurrió en Cádiz, dondeunos crearon una opinión que tras influir en la ciudad luego se traspasó alresto de España. Súmese a ello las redes de sociabilidad cultural y laexistencia de espacios de mediación en las ideas de las élites (25). La mismaexistencia de la Constitución era una propia propaganda. 1.2. Convocatoria Saber cómo se fraguó, desarrolló y publicó la Constitución, permitedesengañarse de la “leyenda rosa” divulgada de forma incansable a filo dela política de cada momento, que dio origen a la creación de un mitopolíticamente muy eficaz. Ahí están, en la creación de dicho mito, lasMemorias de Quintana de 1818 y La reforma constitucional en Cádizredactada por Agustín Argüelles. La idea de convocar Cortes fue de Fernando VII en su Real Decreto del5-V-1808, después de salir de Madrid el 10 de abril para entrevistarse conNapoleón, siendo al final apresado por él en Bayona. Los españolesconocieron las abdicaciones forzadas –así lo podían imaginar- de Carlos IVy Fernando VII, presionados por el coloso de la guerra que dominaba asangre, el fuego y la intriga. Zeus al menos se ocultó y convirtió en toro en elrapto de Europa. Sobre quien reunió Cortes, la Junta Suprema Central decretó el 1-I-1810 la convocatoria. No obstante, y tras el debido traspaso de poderes, alfinal el convocante fue el Consejo de la Regencia del Reino que le sucedió el31-I-1810. Tal convocatoria se hizo de una forma precipitada y confusa,presionada la Regencia por la Junta de Cádiz y los diputados de las otrasJuntas de aquella ciudad. También Palacio Atard reconoce que: “toda una serie de intrigas y presiones se concitan alrededor de la Regencia para forzar la convocatoria de Cortes, uno de cuyos testimonios más interesantes nos ha dejado Agustín de Argüelles en su Examen histórico, pieza justificativa de sus actuaciones en todas aquellas maniobras de las que fue protagonista” (26). Pasaron los meses, y, tras los trabajos de la Comisión de Cortes, éstasabrieron sus sesiones el 24-IX-1810. Año y medio después se firmará laConstitución (18-III-1812), que se proclamará en Cádiz (19-III),realizándose el juramento militar y la celebración de aquella por el Ejército ypueblo gaditano el 29 de marzo. Ahora bien, lo que aquí nos interesa escómo fueron los preparativos y el posterior desarrollo de la Asamblea que seautoproclamó como Cortes generales y extraordinarias. La finalidad de convocar Cortes extraordinarias fue -sobre todo- la deconsolidar una Regencia que actuase en nombre del Rey, y arbitrar losmedios necesarios para la guerra. En segundo lugar, se quería restablecer lo 20
  21. 21. José Fermín Garralda Arizcunque se había olvidado sobre la antigua constitución de la monarquíaespañola, y aclarar y añadir algunas leyes que se considerasen necesarias.No se convocaron para crear una nueva Constitución, ni nuevas formas deGobierno, ni leyes rupturistas. En el proceso de la convocatoria a Cortes de 1808 a 1810, diversaspersonalidades ofrecieron sus dictámenes e informes a la Suprema JuntaCentral y después a la Comisión de Cortes. Nos referimos a Pedro Ribero, aCalvo de Rozas, Lorenzo Bonifaz, Antonio Valdés, al vizconde deQuintanilla, Francisco Palafox, Jovellanos etc. Si concretamos enJovellanos, éste dice, en sus dictámenes de 7 de octubre de 1808 y 21 demayo de 1809, lo siguiente: “Haciendo, pues, mi profesión de fe política, diré que, según el derecho público de España, la plenitud de la soberanía reside en el monarca, y que ninguna parte ni porción de ella existe, ni puede existir, en otra persona o cuerpo fuera de ella. Que, por consiguiente, es una herejía política decir que una nación, cuya constitución es completamente monárquica, es soberana, o atribuirle las funciones de la soberanía; y como ésta sea por su naturaleza indivisible, se sigue también que el soberano mismo no puede despojarse ni ser privado de ninguna parte de ella en favor de otro ni de la nación misma” (27). “Y notaré que oigo hablar mucho de hacer en las mismas Cortes una nueva Constitución, y aun de ejecutarla; y en esto sí que, a mi juicio, habría mucho inconveniente y peligro. ¿Por ventura no tiene España su Constitución? Tiénela, sin duda; porque ¿qué otra cosa es una Constitución que el conjunto de Leyes Fundamentales que fijan los derechos del soberano y de los súbditos, y los medios saludables de preservar unos y otros? ¿Y quién duda que España tiene estas Leyes y las conoce? ¿Hay algunas que el despotismo haya atacado o destruído? Restablézcanse. ¿Falta alguna medida saludable para asegurar la observancia de todas? Establézcase. Nuestra constitución, entonces, se hallará hecha y merecerá ser envidiada por todos los pueblos de la tierra que amen la justicia, el orden, el sosiego público y la libertad, que no puede existir sin ellos” (28) Lo mismo afirmará el padre Alvarado (“Filósofo Rancio”, estudiadorecientemente por Andrés Gambra), entre muchos autores, quien demuestraque la monarquía en España era moderada o templada, no absoluta. Lasprovincias que enviaron diputados no lo hicieron para fundar la Nación, nipara cambiar la forma y contenidos de la política española, que es lo que dehecho se hizo. Sin embargo, algunas élites querían hacer a toda costa unaConstitución rupturista, que iban a dar como cosa hecha y aprovechando lascircunstancias de una persistente y cruel guerra -basta contemplar estacrueldad en los grabados titulados “Los Desastres” de Goya-. Sobre la ocasión de la difícil, delicada y arriesgada tarea de elaborar unanueva constitución política, las circunstancias eran totalmente adversas.En España se vivía una dificilísima guerra contra los Ejércitos imperiales, yse sufría la orfandad de monarca, luchando el pueblo español durante seislargos años por la religión católica, la independencia de España y laliberación del monarca cautivo en Bayona por Napoleón. Las facultades que se otorgaron a sí mismas las Cortes fueronabsolutas e ilimitadas, y las ejercieron “de modo pronto y absoluto”.Abarcaban los preparativos, el funcionamiento de la Asamblea, lascompetencias atribuidas y el acatamiento exigido. Estas páginas recogeránlos aspectos más relevantes de todo ello. 21
  22. 22. José Fermín Garralda Arizcun Las Cortes se reunieron gracias a unos procedimientos desusados yanómalos. En los preparativos se hizo caso omiso sobre el modo como sereunían las Cortes tradicionales, creando en 1810 un reglamento sinconsiderar autoridad alguna por encima de la Asamblea. Dado que laconvocatoria se realizó al margen de toda la legislación existente, se carecióde reglas que limitasen el poder de las nuevas Cortes y les indicasen elcamino (Suárez). Lo mismo ocurrió sobre los contenidos de las discusiones, por lo que estotalmente falsa la afirmación de los liberales, según los cuales la Comisiónde Constitución había consultado unas leyes fundamentales que –decían-deseaban restablecer. La convocatoria, realizada después de comisiones, consultas, juntas,resoluciones, informes y planes, fue una improvisación, “fruto de laspresiones de los más audaces, ya que no de los más experimentados”(Suárez, 1982). Personajes como el poeta liberal Manuel José Quintana(Memoria, 1814), oficial mayor de la Secretaría de la Junta Central, y otrossecretarios, hicieron posible desviar los objetivos y formas propuestas. ¿Cómo se compuso la Cámara? La Junta Central acordó reunirCortes por tres estamentos en dos Cámaras, pues Jovellanos habíapropuesto con éxito unir en una Cámara al Clero y la Nobleza y, en otra, alas universidades. Sin embargo, de hecho no se reunieron porestamentos porque ocurrieron dos cosas muy extrañas. La primera extrañeza es que, mientras se convocaba al estamento de lasuniversidades (las juntas superiores, las ciudades con voto en Cortes y lasprovincias): “por algunas circunstancias se difirió y no se extendieron las convocatorias para los estamentos militar o noble y eclesiástico, a causa de no tener completas las listas de grandes y obispos, así como por algunas dudas no resueltas acerca de quiénes deberían ser llamados” (Suárez). Por la segunda, “misteriosamente el decreto (de la convocatoria porestamentos) desapareció”, una vez firmado el 29-I-1810 por la JuntaSuprema Central. Los rumores señalaron como causante al liberal Quintana,quien tuvo que defender su inocencia en la prensa gaditana. También fueronirregulares las decisiones de la Regencia contra lo dispuesto por la JuntaSuprema. Con todo lo dicho, se concluye que las Cortes se constituyeron “de modomuy distinto, y un tanto atropellado, a como se había pensado” (F. Suárez,1982). Circunstancias extraordinarias y precipitación no eran buenasconsejeras. Por eso, al inicio de las Cortes surgieron dudas sobre lalegitimidad de su instalación y sus primeros actos, y sobre “la validez de larepresentación tal como existió”. El Consejo de Regencia dimitió repetidasveces, aunque otras tantas veces su dimisión fuese desatendida. Las Cortes también asumieron todo el poder legislativo, gobernaron, eincluso decidieron materias judiciales, ejerciendo así todos los poderes delEstado. Fruto de ello, ahí está la sucesión de las Regencias dispuesta por lasCortes y con motivos fútiles –según Suárez-. La división de poderes, tanansiada por los liberales, sólo existió sobre el papel. En realidad, las Cortesejercieron los tres poderes del Estado de una forma más amplia e ilimitadaque los reyes absolutos. 22
  23. 23. José Fermín Garralda Arizcun Coherentemente con lo anterior, las Cortes se otorgaron el tratamientode Majestad, para indicar que había sustituido a la Regencia y que el reyera súbdito. También se cambiaron significativamente de nombre pues envez de Cortes extraordinarias se autoproclamaron Cortes “generales yextraordinarias”. En la aplicación de las instrucciones de admisión de diputados aCortes hubo agravios comparativos, pues se aplicaron rigurosamente enperjuicio del diputado J. Tenreyro (conde de Vigo y de tendenciatradicional), que fue desposeído del acta por no haber nacido en Galicia,pero no se aplicaron sobre el liberal conde de Toreno, aunque éste notuviera la edad reglamentaria. También hubo irregularidades en contra deEsteban Gómez y Veladier (diputados por Guadalajara) y a favor deArgüelles (conspicuo liberal). Los diputados eran inviolables, aunque los únicos que no vieronrespetada su inviolabilidad en la práctica fueron los tradicionales. No fueronrespetados debido a sus opiniones: el obispo de Orense don Pedro deQuevedo y Quintano, el regente Lardizábal, José Joaquín Colón, FreireCastrillón, García Quintana, González Peinado, López Reina, Ostolaza, elmarqués del Palacio, Riesco, Ros Medrano, Valiente y otros que tambiénfueron perseguidos. El lugar de las reuniones fue la isla de León (332 sesiones) en laprovincia gaditana, prolongadas con 1.478 sesiones más en la ciudad deCádiz. En resumen, Suárez Verdeguer señala que: “de golpe, con un apresuramiento que se hizo sospechoso, procedieron no sólo a corregir los abusos, sino a modificar la total estructura de la Monarquía en todos sus aspectos (…) es patente que las Cortes no pretendieron continuar la Monarquía del despotismo ilustrado, ni la anterior de los Austrias, si es que tenían intención de continuar alguna. Más bien establecieron un régimen nuevo, sin tradición ni precedente alguno en el pasado español, pero (…) con un claro precedente francés, tanto en el plano teórico como en el de la ejecución”. Sustituyeron la reforma por cambiar totalmente la nación en los ámbitos, político, social, económico y aún religioso. Y Fernández de la Cigoña añade: “Lo cierto es que el sistema adoptado, y creemos que con toda intención, primó al liberalismo de tal forma que le entregó (a éste último) las Cortes en contra de lo que era el sentimiento popular” (29). “Día de mercado en Cádiz. España”, por Carlo Bossolí. (Imagen de la web) 23
  24. 24. José Fermín Garralda Arizcun 1.3. Las discusiones y votaciones. Faltaron taquígrafos así como los textos auténticos de las primerasintervenciones entre el 24-IX y 9-X. Se tergiversarán las palabras. Y así, el24-IX-1810, que era el primer día de sesiones, se hizo la revoluciónpolítica. En las actuaciones hubo precipitación y ocultamiento. Prontocomenzaron las sesiones secretas, de las que no se levantaban “Actas”aunque luego se imprimiesen los contenidos de aquellas sesiones. Habráquejas porque en las sesiones secretas se podía modificar lo acordado en lassesiones públicas y abiertas. No pocas veces se trataron temas secundarios por delante de otrosverdaderamente nucleares. No decidieron los argumentos sino los votos. Se asistió a las primeras votaciones–sorpresa de nuestra historia porqueel Reglamento de 1810 no indicaba el número para que hubiese quorum(Artola). Así, fue frecuente la artimaña de forzar la votación cuando losdiputados tradicionales estaban ausentes. A veces la disciplina de partidohará votar hasta los enfermos, sacándoles de la cama. Los discursos fueron declamatorios. Trasladadas las Cortes de la Isla de León a la ciudad de Cádiz, los curiosos de las galerías tomarán parte en los debates presionando sobre los diputados con murmullos y alborotos, gritos e insultos, interrupciones y amenazas contra los diputados realistas. Los argumentos de los diputados realistas (por ej. de Gómez Fernández de Sevilla) no fueron rebatidos sino acallados – seguimos a Suárez-. Para acelerar la aprobación del Caracteres populares (Blog. Francisco Gijón borrador del texto de la “Historia incompleta de España”) Constitución, hubo presiones en las Cortes y el público, y hasta --coacciones en la votación. Supieron mucho de presiones los cuatro regentesque fueron obligados a jurar la Constitución a media noche inmediatamentea aprobarse. El obispo de Orense, que era el quinto de los regentes, fue laprincipal víctima de los innovadores liberales cuando se negó a jurar una“soberanía nacional” que respondía al espíritu del liberalismo. También tuvoproblemas el marqués del Palacio cuando asoció al juramento sus debereshacia el monarca ausente. 24
  25. 25. José Fermín Garralda Arizcun 1.4. La soberanía nacional Sobre este tema hay una abundante bibliografía política (30), aunque anosotros nos interesa exclusivamente el enfoque y método histórico. Abiertas las sesiones el 24-IX-1810, en tres años y medio un grupoorganizado y hábil desarticuló España. En la primera sesión del día 24 serealizó la revolución política. Nosotros vemos en ello la huella delracionalismo y el romanticismo, que en España se dieron la mano debido alas circunstancias extraordinarias de una guerra sumamente popularmantenida contra todo pronóstico frente a Napoleón durante seis años.Añadamos que entre los miembros de la masonería destacaba AgustínArgüelles, metido como diputado “con calzador” o como suplente. ¿Cuál fue el comienzo de la Asamblea? En la primera sesión ydecreto del 24-IX-1810, colaron los principios decisivos de la soberaníanacional y separación de poderes, enmascarados en otras medidas demucha menor importancia. Fue una sorpresa para los asistentes. Además,en la sala sólo estaba un tercio de los diputados, de los que muchos deellos eran suplentes. Las cifras no son seguras, pero las que se han dadovarían entre sí muy poco. En ese momento -y según Suárez- había 95diputados (de ellos nada menos que la mitad -48- eran suplentes)de un total de entre 240 y 303 miembros –es notable la diferencia-,aunque al final la Constitución fuese firmada por sólo 184diputados. Suárez recoge dichos 95 porque estos son el total de votos queeligieron al presidente y secretario nada más instalarse las Cortes. Porsu parte, las Actas o Diarios de las sesiones señalan que estuvieron 102diputados presentes (a ellos se ciñe Fernández de la Cigoña), de los cuales46 eran suplentes y 56 en propiedad. El ministro de Gracia y Justicia señaló,en su “Acta”, 104 diputados en la primera sesión, que son los admitidos porArtola. Hemos dicho que los diputados liberales se dieron prisa para que amedia noche este artículo tuviese la firma de los regentes, que ni habíanestado ni en adelante estarán presentes en las sesiones. Cuatro de ellos lofirmaron, “sin apenas tiempo para deliberar” (Suárez) y aceptandoobedecer decretos todavía inexistentes. Quien no firmó fue el presidente dela Regencia, esto es, el obispo de Orense don Pedro de Quevedo y Quintano,que se había retirado por su delicada salud. En adelante, a éste último lehicieron la vida imposible, para lograr que jurase lo que se oponíareiteradamente a jurar, recluyéndolo durante más de cuatro meses. Al final,este piadoso y heroico Obispo hizo el juramento sub conditione. Acontinuación, los liberales gaditanos no quisieron reconocer públicamenteeste condicionado, seguramente para paralizar toda oposición, quizástambién como desdén, y para mostrar la necesidad de un absolutoacatamiento social al nuevo Régimen. Tras este paso, que tenía una enorme magnitud práctica y doctrinal,meses después, tras presentarse el proyecto constitucional propuestopor Ranz y Romanillos, la soberanía nacional fue discutida el 28-VIII-1811,aunque ya había sido aprobada once meses antes en la mencionada sesióndel 24-IX-1810. Esta insistencia sobraba, pues no era posible la marchaatrás. Para Suárez Verdeguer la fuerza de los defensores de la soberanía de 25
  26. 26. José Fermín Garralda Arizcunlas Cortes descansaba sobre una base teórica débil, como también lo era elescaso número de diputados que la aprobaron. Para defender la soberanía nacional, el liberal Giraldo se sirvió deNavarra como argumento histórico-jurídico, lo que tan sólo mostraba surotunda ignorancia sobre las cosas relativas al antiguo y singularísimo Reinonavarro. Entre los oradores de tendencia realista (en paréntesis el mayor númerode intervenciones según Suárez) destacaron por orden alfabético lossiguientes: Fco. Javier Borrull (65 intervenciones), Ramón Lázaro de Dou(63), Vicente González Llamas, José Miguel Guridi Alcocer, Pedro Inguanzoy Rivero (46), Juan Llera y Cano (65), y, sobre todo, Fco Mateo Aguiriano yGómez como Obispo de Calahorra (68). Los oradores liberales que,seguramente fruto de la insistencia en este tema son hoy día –es fácilsuponer por qué- los más conocidos, son estos: Antonio Alcalá Galiano,Isidoro Antillón (33), Agustín Argüelles (suplente, 34), Calatrava (39), JoséEspiga y Gadea, Juan Nicasio Gallego (33), Golfín, José Mejía Lequerica(suplente, 33), Antonio Oliveros, Diego Muñoz Torrero (49), el conde deToreno (24), Villagómez… En los discursos hubo muchos “trucos” verbales, ambigüedades ydescalificaciones al contrario, como si con la palabra se pudiese crear unarealidad existente y sólida. Si los liberales se precipitaron en el tema de la teórica soberanía nacionaly de la también de la teórica separación de poderes, así mismo seprecipitaron para plantear y resolver la libertad de imprenta, libertadque por otra parte degeneró en una absoluta licencia. Lo hicieron en losprimeros días y estando presentes un escasísimo número de diputados,muchos de los cuales eran suplentes –y de qué manera… hasta “cogidos alazo”-. Tanta anomalía se repitió cuando el 8-XII-1810 fue la primera vezque se planteó la elaboración de una nueva Constitución. Por citar unejemplo, la Superintendencia general de Policía del Reino alertaba sobre elabuso de dicha libertad (Madrid, 31-VII-1824) con las palabras siguientes: “Para ello se han valido de la propagacion de obras y libelos pestilentes, de libros infames que corrompiendo los hombres y dando pábulo á sus pasiones, alhagan sus caprichos, y, ó bien entre frases pomposas encubren los sofismas con que seducen los incautos, ó bien con descripciones torpes é impías procuran se pierda hasta la idea de Religion, y que entregándose la juventud incauta al libertinaje, se preste ciergamente á ser instrumento de una facción devastadora, impía y sanguinaria. Los ominosos horrores de este partido se difunden entre teorías demagógicas, se introducen y estienden en la Península, inficionando la fidelidad española, insultándo los sagrados derechos de S.M., y atacando los dogmas de nuestra santa Religion, con la horrorosa idéa de sepultarlos en el desorden, en la impiedad, y en la anarquía” (31). Muchas afirmaciones como estas rechazaban el abuso que conllevaba laabsoluta libertad de expresarse y de imprimir, cuando se atentaba contra lareligión, las buenas costumbres y la estabilidad política de la monarquía. 1.5. La legislación Los Decretos de las Cortes extraordinarias fueron abundantes. Así, segúnComellas y Suárez, entre septiembre de 1810 y julio de 1812 se promulgaron26 decretos que desmantelaron las instituciones políticas, y, de julio de 1812 26
  27. 27. José Fermín Garralda Arizcuna mayo de 1813, 12 decretos hicieron lo mismo en relación con la estructurasocial, más 2 decretos de reforma política y 3 de materias económicas.Desde abril de 1813 se publican 5 decretos de reforma política, 4 de reformassociales y 26 de materias económicas. El 25-IX-1813 y tras las Cortes generales, se reunirán Cortes ordinarias,cuyo estudio omitimos en estas páginas. Las leyes de dichas Cortesordinarias fueron muy abundantes. Por lo que respecta a la Iglesia, la Asamblea gaditana practicó unregalismo mucho mayor que el borbónico. Tal fue su intromisión en lajurisdicción y cosas de la Iglesia. Además, las cuestiones religiosas fueronuno de sus temas favoritos, pues las Cortes “casi llegaron en no pocasocasiones a parecer un Concilio” (32). Las Cortes, influidas por eljansenismo y regalismo manifiesto en varios ministros del “piadoso” CarlosIII, dispusieron, despojaron y expoliaron a la Iglesia de sus bienes,justificaron la desamortización, se entrometieron en el gobierno de la Iglesiareduciendo conventos y sus bienes, actuaron contra los jesuitas y losreligiosos, y fueron contrarias al influjo del clero en la sociedad.Sustituyeron a los grandes filósofos por otros heterodoxos en el ámbito de laeducación, extendieron la libertad de imprenta incluso contra la religión,aceptaron imitar el regio exequatur o pase regio sobre los documentos de laiglesia, y suprimieron la Inquisición, tribunal éste que por entonces era muydiferente al del siglo XVI y, como siempre, era muy popular. Todo elloculminó con el proyecto de un Sínodo nacional al margen de la Santa Sede,asunto que resurgirá tras el pronunciamiento militar liberal en 1820. Este libro es desvela una sorprendente realidad a la ignorancia que existe en relación con el enfrentamiento de la Revolución liberal contra la religión católica. A pesar de las protestas de catolicismo por parte de los diputados liberales de Cádiz y los gobernantes del Trienio constitucional, los hechos expresan por sí mismos sus propósitos contrarios a la Iglesia católica, tan querida por el pueblo español. Foto:JFG2012 27
  28. 28. José Fermín Garralda Arizcun Hubo liberales, como Antillón, que proponían abiertamente un cismareligioso respecto a Roma, al estilo de la Constitución civil del clero enFrancia, pues propuso hacer nacional la confirmación de los nuevos obispos.Con todo lo ocurrido, no es de extrañar que las Cortes privasen de susdiócesis a los obispos de Orense y Oviedo (1813), y luego a otros, y queexpulsasen de España al nuncio de la Santa Sede –Gravina- el 5-IV-1813 etc.Los obispos refugiados en Mallorca escribieron una conocida InstrucciónPastoral (Imp. Brusi, 1813, 271 pp.), donde señalaban que la Iglesia habíasido ultrajada en sus ministros, combatida en su disciplina y gobierno, yatacada en su doctrina. La conclusión de Fernández de la Cigoña es que sí hubo en las Cortespersecución a la Iglesia católica. Y añade: “Esta fue la verdad delliberalismo naciente. El pueblo era solo un pretexto. Se trataba de otrodespotismo” (33). También Palacio Atard, entre muchos autores, afirmaque la legislación de las Cortes: “dio motivo a rupturas y tensiones graves al ser alcanzado el siempre delicado plano de los sentimientos religiosos (…) resultó inquietante para muchos sectores eclesiásticos el que también en Cádiz se legislara en materia eclesiástica grave sin contar con la autoridad religiosa competente. Así se sembró el desconcierto y la alarma entre las gentes (…) se cometieron dos fallos: pretender las reformas eclesiásticas unilateralmente, a espaldas de Roma, siguiendo el ejemplo del regalismo absolutista anterior; y usar algunas veces de un tono agresivo en el lenguaje (…)” (34). 28
  29. 29. José Fermín Garralda Arizcun 2. LA CONSTITUCIÓN DE CÁDIZ UNA CONSTITUCIÓN ES IMPORTANTE por su significado jurídico-político. En un amplio sentido, es el instrumento técnico del Derechopúblico parar articular la estructura básica del poder civil, y la posición delos habitantes respecto a él. Anteriormente a la de Cádiz (35), España sítenía su constitución, llamada por entonces constitución histórica o leyesfundamentales. Lo mismo diremos del Reino de Navarra, que entrará en laescena en un próximo trabajo. 2.1. Las fuentes Estudiar este aspecto no ha perdido su importancia ni su atractivo. Por mucho que el debate sea antiguo, nunca es estéril entre historiadores. Autores como Warren Martín Diem (36) demuestran que la Constitución de 1812 es afrancesada prácticamente en su totalidad, y que el Padre Vélez, autor crítico de aquella época, no estaba desacertado, a diferencia de lo que algunos han dicho. Junto a Vélez citemos también al dominico Francisco Alvarado, llamado también “Filósofo Rancio” (37). Las Constitución es afrancesada en su Plancha que ilustra bellamente la edición del texto constitucional de 1812. (Wikipedia) estructura pero también en los artículos. Según Warren Martín Diem, 175 de sus 384 artículosestaban influidos por la Constitución francesa de 1791 (24 copiados al pie dela letra, 60 inspirados substancialmente y 91 influidos), y en buena medidapor los más importantes de ésta. Además, también se inspiraba en lasConstituciones francesas de 1793 (5 artículos literales, 4 inspiradossubstancialmente y 3 influidos), de 1795 (3 artículos copiados y 27influidos), de 1799, así como en la “Declaración de los Derechos del Hombre 29
  30. 30. José Fermín Garralda Arizcuny del Ciudadano” (5 artículos influidos) y la Constitución de Bayona de 1808(3 artículos). Preguntémonos: ¿hay alguna influencia de la tradición española en laConstitución de 1812? La respuesta es que dicha influencia es muy escasa. En primer lugar, sólo son peculiares de España el tema relativo a lanacionalidad española, el Consejo de Estado (Art. 231-241), la Diputaciónpermanente de Cortes (Art. 157-160), la confesionalidad católica del Estadoy unidad religiosa, y las Cortes extraordinarias. En segundo lugar, los constituyentes no pretendieron continuar lamonarquía española sino establecer un régimen nuevo, sin tradición niprecedente alguno. No se trató de enderezar o reformar los abusos yelementos que resultaban anacrónicos, sino de modificar totalmente laestructura de la monarquía española, endosándole vicios que ésta no tenía,confundiendo la monarquía con la práctica absolutista, e ignorando elmovimiento realista renovador o bien las peculiaridades de los Fuerospúblicos allí donde existían. La obra de siglos caía en pocos meses por elímpetu y la habilidad de unos pocos hombres, en maneras y trucos aquícitados, y en unas circunstancias dificilísimas en las que el pueblo españolera –por fuerza- totalmente ajeno a los legisladores gaditanos. Los historiadores, para no profundizar más, o bien para no poner enevidencia lo ocurrido, hablarán de la crisis del llamado Antiguo Régimen,tomando no obstante en bloque todos sus elementos para, ante la necesidadde modificar algunos de ellos, hacer una revolución. Aunque dicha crisisgeneral queda muy creíble desde el punto de vista estructuralista, sinembargo, siendo verdadera la existencia de una crisis económica y políticaen las más altas instituciones de la nación, el descrédito del inefable yadvenedizo Godoy que arrastró tras sí a la familia real, y el agotamiento deldespotismo ilustrado ministerial, no obstante Fernando VII gobernarásegún este modelo de 1814 a 1820 y de 1823 a 1833, esto es, en la décadaabsolutista u ominosa según la historiografía liberal. En ambos períodos elrey hará caso omiso a las sugerencias o peticiones del Manifiesto de losPersas de 1814. Es falsa la afirmación de los liberales como Martínez Marina de que laConstitución entroncaba con la tradición histórica de España (38). Por eso,aquellos acallaron a gritos al diputado realista que preguntó que se leindicase dónde estaba su inspiración en las Partidas o la NovísimaRecopilación. Tampoco hubo influencias de la Constitución americana de1787, ni de los Proyectos presentados en los años 1810 y 1811. Disfrazaron –embozaron- la Constitución bajo el signo de lareligiosidad, de la recuperación de las leyes tradicionales, de la teoría de laescuela de Salamanca sobre la transmisión del poder de Dios al gobernantea través del pueblo, y de la oposición a Napoleón. Incluso –añadimos-Agustín Argüelles ensalzará los Fueros del Reino de Navarra como opuestosal absolutismo pero, a continuación, suprimiéndolos contradictoriamente.Ciertamente, todo ello fue respondido por los diputados realistas, salvo elasunto de los Fueros, pues el diputado que decía representar a Navarra –singular contrafuero contra el milenario y activo Reyno- era liberal. Esteúltimo se llamaba Fco. de Paula Escudero, oficial 2º de la Secretaría deMarina, y diputado en categoría de suplente. Como él y con más prestigio ycapacidades que él, había muchas personas para elegir. Dicho Escudero fuehermano de Miguel, vocal de la Diputación del Reino en 1808. 30
  31. 31. José Fermín Garralda Arizcun La utilización de un lenguaje tradicional pero otorgándole un sentidosegún el liberalismo, también fue frecuente durante el Trienio. Puedeobservarse en los textos de las máximas instituciones liberales de Navarra ySantander, pero también en periódicos como el “Semanario Cántabro” (nº 2a 19, 1820) que hablan de “leyes fundamentales de la Monarquía”, “Patria,Rey y Religión”, “representación legítima”, el “Rey Padre de los pueblos”,“holladores de la Religión Santa de Jesú-Cristo, y de los derechos de loshombres”, lejos “de todo espíritu de partido y de ambicion”, “sistemadespótico y ministerial”… mezclados con nuevos vocablos y expresionesdesde “pacto social” a la “simplicidad natural” y la “alegría natural” La Constitución de 1812 engañó a los que quisieron ser engañados,aunque se enmascaró en lo que no era. Así, los liberales se propusieronconstituir España en vez de mejorar su constitución histórica, declararon lasoberanía nacional pero la abstención electoral fue altísima en 1820,legislaron contra la Iglesia católica a pesar de su art. 12, suprimieron losFueros sin preguntar a quienes los gozaban como derechos originarios,anularon el sistema gremial dejando sin protección al trabajador artesano ode oficios, ignoraron a la familia real y rebajaron al rey a la condición desúbdito de las Cortes... No abolieron la esclavitud, aunque curiosamentetampoco lo hizo la Declaración de Independencia de los Estados Unidos de1776, ni la Declaración francesa de 1789. Cuando se pretende afirmar que la Constitución de 1812 tenía raícespropiamente españolas, y se ve la partida perdida, se afirmará que el debatesobre las fuentes del texto gaditano es “viejo y estéril”. 2.2. El proyecto constitucional Realizado el primer acto revolucionario con la declaración de lasoberanía nacional el día de la apertura el 24-IX-1810, a continuación sepresentaron varios proyectos constitucionales. Los distintos aspectosacordados en dicha sesión orientaban todo el proyecto constitucional. El texto sobre el que las Cortes trabajaron fue el de Antonio RanzRomanillos. De profesión, Ranz era jurista, un técnico especializado en laelaboración de leyes que, reclamado por Napoleón, poco antes habíaredactado la flamante Constitución de Bayona de 1808. Era un afrancesadomás. Así –según Suárez-, quizás por su patriotismo, bien por ser solicitadopor los liberales de Cádiz o porque los españoles estaban ganando la guerra,Ranz decidió oponerse a José (I) Bonaparte. Para admitir el proyecto de Ranz, se había apartado previamente y asabiendas a la Junta de legislación creada por la Comisión de Cortes. Enefecto, Ranz será elegido como vocal de las tres de las juntas auxiliarescreadas por dicha Comisión. Lo fue en contra de lo establecido, de unaforma totalmente arbitraria, por afinidad ideológica con los liberales, y sólopara ilustrar –así decían- a dicha Comisión. Los liberales presentaron el Proyecto a las Cortes, tal cual Ranz loredactó. En realidad, los diputados carecieron de tiempo suficiente paraestudiar el texto constitucional propuesto, y sufrieron presiones de lasAsamblea y del público de las tribunas que deseaban acelerar su aprobación.Y el proyecto presentado fue aprobado. 31
  32. 32. José Fermín Garralda Arizcun 2.3. Los contenidos Señalemos –para evitar ser prolijos- los contenidos más significativos delcódigo constitucional. Si la Constitución es extensa por alcanzar los 384artículos, es porque incluyó la primera Ley Electoral, así como por su afánde controlar todo y de crear una nueva política. La Constitución no es flexible sino rígida, por lo que su reforma eradifícil. Quizás fuese así para fijar definitivamente su carácter revolucionario. En principio, el texto se presenta como liberal (término acuñado enEspaña hacia 1810) de tendencia moderada, pues se inicia con unainvocación a la Santísima Trinidad “autor y supremo legislador de lasociedad”, y no al Ser Supremo deísta de la declaración de los Derechos delHombre de Francia. Así mismo, el Cap. 2, Artículo 12, proclama laconfesionalidad católica del Estado y la unidad jurídica religiosa, al prohibirel ejercicio público de cualquier otra. Sin embargo, el liberal radical AgustínArgüelles confesará que los liberales concedieron esto último de malagana. Ello explica que la práctica política liberal de 1813 y 1820 fueseabiertamente anticlerical y anticatólica, incluso contra la letra del Art. 12 dela Constitución. Si los liberales cedieron el Art. 12 fue por la elevadapresencia de clérigos en las Cortes, y porque lo mismo hicieron quienesapoyaron la Constitución de Bayona dictada por Napoleón en 1808. Fue untributo rendido a la profunda religiosidad de los españoles. Sobre la soberanía. En realidad, la Constitución es liberal –y radical-porque admite que “la soberanía reside esencialmente en la Nación” (Cap.I, Art. 3), y no “radicalmente” según propusieron varios realistas comoInguanzo y otros, teniendo en cuenta la ausencia del rey por encontrarsepreso en tierra francesa. El término “radicalmente” haría referencia a unaraíz originaria pero no actual, conforme a las tesis escolásticas de Vitoria ySuárez del pactum societatis u originario, que no se opone al pacto existenteo pacto subjetionis; de esta manera, el poder actual del monarca noemanaría de la soberanía esencial de la nación española. Según PalacioAtard, el proyecto del Art. 3 redactado por la Comisión era másrevolucionario al recoger que la nación podía “adoptar el gobierno quemás le convenga”. Esta formulación fue rechazada aunque no ahondaseen el carácter revolucionario de la soberanía nacional entendida como unabsoluto. Si los liberales que podían ser más moderados, admitieron dichasoberanía nacional, sin embargo con posterioridad darán más importanciaal rey que los liberales radicales. Otra cuestión es que para los liberales,radicales y moderados, la ley positiva civil fuese un absoluto en todoslos sentidos. A diferencia de ambos, para los tradicionales la supremapotestas (no soberanía) residía en el monarca, mientras que la ley la hacía elrey con las Cortes, desde luego con amplias limitaciones de caráctersociopolítico, moral y religioso. La Constitución era liberal radical, porque declaraba la separacióntotal de los tres poderes del Estado (Arts. 15 a 17). Si los liberalesmoderados añadirán después el poder moderador del rey, los tradicionalesafirmarán tanto la unidad del poder político, rechazada por los seguidoresde un Montesquieu al que nunca entendieron bien, así como la limitación dedicho poder. 32
  33. 33. José Fermín Garralda Arizcun En 1812 el poder legislativo de la Nación (concepto éste polisémico,con diferentes y evolutivos significados) radicaba en las Cortes (Art. 27 y28). Estas no eran estamentales, de modo que el diputado representaba atoda la Nación, careciendo de mandato imperativo (Art. 100) y juicio deresidencia. La representación individualista y conforme a un mandato“representativo” universal -no por instituciones-, chocaba con larepresentación orgánica –por entonces estamental- de las antiguas Cortes,con el mandato imperativo de los electores y con el juicio de residencia alque se sometía el electo. Las Cortes fueron unicamerales (Art. 132-141)seguramente por imperativo doctrinal y para lograr una mayorsimplificación en todos los aspectos. Ello era lógico de considerarúnicamente la soberanía nacional, pues bastaba una Cámara para que laNación mostrase su soberanía. En adelante los liberales moderadospretenderán que haya dos Cámaras –Baja y Alta, Congreso y Senadorespectivamente- para evitar improvisaciones y precipitaciones. El monarcapromulgaba las leyes con un derecho transitorio de veto (Art. 142-147),conservando la iniciativa legal más un poder reglamentario. El poder ejecutivo estaba en el rey pero sin sujeción a responsabilidad(Art. 17, 168, 170-171). El monarca era jefe de Estado y jefe de Gobierno,aunque se restringía su autoridad (Art. 172) con la creación de la Diputaciónpermanente de las Cortes y con la sujeción de los ministros a estas últimas.También se precisaba con detalle la fórmula que debía utilizar parapromulgar las leyes (Art. 155). El poder judicial residía en los Tribunales (Art. 242-285), con un únicocódigo y una igualdad absoluta –sin diferenciar funciones- ante la ley,aunque se mantuviese el fuero eclesiástico y el militar. En la Constitución de 1812, a diferencia de otras posteriores, no se haceuna declaración orgánica de derechos, aunque unos y otros se incluyana lo largo del texto constitucional. Por ejemplo, se incluyen la libertad deexpresión y de prensa (Art. 371), la integridad física (Art. 303), las garantíasprocesales y penales (Art. 247), etc. aunque nada se dice de la esclavitud. Enlos Art. 6 a 9 se expresan algunos deberes de los españoles, por ejemplo laretórica y conocida obligación de “ser justos y benéficos”. El liberalismoconsideró que los derechos no existían si no estaban declarados en el textoconstitucional. Por otra parte, los derechos están tomados como unabsoluto, con el único límite de la ley positiva dictada a arbitrio delgobernante, que en la práctica pudiera negar. Cuando el anticlericalismoafecte al contenido de una concreta ley, vulnerando así la Constitución (Art.12), esto reflejaba que, en realidad, el Gobierno o poder ejecutivo seconsideraba intérprete de la religión, pretensión ésta similar alregalismo dieciochesco, de influencia jansenista, que entendía la soberaníapolítica en clave racionalista y de razón de Estado. Desde luego, entre talesderechos no se encontraban los derechos reales y concretos, por ejemplo losderechos adquiridos en relación con los señoríos y mayorazgos que sonabolidos, los gremios que son anulados, los Fueros históricos Vascongadas ylos del Reino de Navarra que son suprimidos en cuanto ignorados, tampocose contemplaban las obligaciones previas al cierre de fincas o bien la libertadsobre éstas etc. El sufragio era un acto de voluntad universal, sólo masculino,individual, inorgánico e indirecto (por compromisarios). 33
  34. 34. José Fermín Garralda Arizcun Para los tradicionales, sin embargo, el sufragio universal en las grandescuestiones era el de los siglos, que incluían el Derecho, los deberes yderechos, las fidelidades y lealtades, los dogmas nacionales básicos, lascostumbres sanas y arraigadas, la complejidad de la vida real, y sobre todo elde la religión católica vivida. Para ellos, en otras muchas cuestiones, másque sufragio había capacidad y jurisdicción propia para ser, exigir respeto,decidir e intervenir, y, cuando fuese el caso, elegir con mandato imperativo yjuicio de residencia. El ejercicio de dicha jurisdicción sería personal y porinstituciones, como expresión de una realidad circunscrita a su ser (y porello limitada); jurisdicción que respetaría y expresaría los derechos de lapersona, comunidades y estamentos básicos (estados o formas de estar ensociedad: nobleza, clero y universidades o municipios), los Fueros sociales ypolíticos, y las leyes de todo tipo y no sólo las leyes fundamentales. Para los tradicionales, en la limitación en cuanto reconocimiento de loreal, estaba precisamente la fuerza moral, la consistencia y respeto social, yel acatamiento al Derecho. Toda sociedad tenía una forma metafísicamenteconsiderada, en lo esencial y también en lo menos esencial pero funcional –social- de primer orden. Además de la jerarquía u orden entre lasjurisdicciones personales, sociales e institucionales, la jurisdicción superiorrespetaba la inferior y, a medida que se ascendía en la pirámide socio-política, las atribuciones de las instituciones superiores sobre las inferioreseran más específicas y limitadas (39). Territorialmente, la Constitución de Cádiz impuso el centralismo, enclaro perjuicio de las Provincias forales y del Reino de Navarra. Dichocentralismo y uniformismo se extendió al gobierno provincial y municipal, ala ordenación económica, y la instrucción pública, según Federico Suárez.También la Constitución era meticulosa por lo que respecta a las eleccionesy funcionamiento municipal, tema este que ha sido estudiado porConcepción de Castro (40). Las convicciones y vida de los españoles de aquella época no eran lasmismas que las opiniones de los liberales, sino que ambas erancontradictorias. Como señala Fernández de la Cigoña, “nada había másimpopular en España que las tendencias y opiniones liberales, encerradascasi en los muros de Cádiz y limitadas a las Cortes” (41). 2.4. Las leyes fundamentales y la Constitución Tanto las leyes fundamentales de la monarquía como la Constitucióninnovadora de 1812, tenían un carácter supralegal, estaban por encima delas leyes ordinarias, suponían el sometimiento del poder a la ley, y conteníanun cuerpo “dogmático” y otro “orgánico” que explicaba cómo se articulaba elejercicio del poder político. A diferencia de las leyes fundamentales españolas, la Constitución de1812 significó una innovación, una ruptura, una revolución, tanto en laforma como en sus contenidos. No fue precisamente innovadora porestablecer un conjunto de normas jurídicas que limitasen el poder delEstado, regulasen su actividad, y garantizasen las libertades de loshabitantes. Fue innovadora o rupturista por los siguientes motivos. Pretendió fundarEspaña y a partir de cero, declaró la soberanía política y además nacional, 34

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