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Salvación en la paz

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Cuento sobre una cierta "Paz" con el que participo en http://palabrasdesindel.blogspot.com.es/2014/02/contando-las-semanas-en-52-palabras.html

Published in: Spiritual
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Salvación en la paz

  1. 1. SALVACIÓN EN LA PAZ La aldea llevaba una buena temporada pasando penuria tras penuria, desastre tras desastre, malos augurios tras otros apenas mejores. Tres veranos seguidos la cosecha perdida. Cinco madres desesperadas porque de repente dejaron de serlo, antes incluso de dar a luz, otras dos porque sendos pares de gemelos habían desaparecido de la faz de la Tierra. Muertos habrían podido ser cerradas las heridas, pero ningún rastro se encontraba de ellos. Una misteriosa enfermedad se cebó un invierno con las reses. Una oleada de accidentes postraron a los hombres y los campos no se araron a tiempo, las trampas del bosque no se revisaron y las carretas para ir al mercado de la aldea vecina siguieron empeorando y alguna tuvo que dejar de traquetear por el camino hasta su destino por un suelo cada vez más deteriorado. El Concejo se reunió. Como tantas otras veces, el patio que enmarcaba al aire el portón del templo, otrora orgulloso símbolo de la laboriosidad y fe del paisanaje, se llenó con la población -menguante, como se ve- para escuchar a los Venerados. - Vecinos, no se os puede ocultar que nos encontramos ante una racha insospechada de desgracia. Gracias por venir, porque hoy seremos todos los que escuchemos y debatamos. Anoche nos reunimos y los Venerados decidimos por unanimidad que no podéis ser castigados, además, con nuestra falta de ideas. Un murmullo recorrió por unos segundos la multitud. Una mente atenta habría descubierto sectores donde era más un bufido de escepticismo, otros, menos poblados, donde se aprobaba lo recién escuchado, y finalmente habría concluido que el estupor, la sorpresa y la alarma ante la novedad cabalgaban la amplia mayoría de las ondas sonoras subrepticiamente despedidas. - Sabeís igual que nosotros todo lo que nos viene pasando, y también todos los cambios que hemos realizado estos años respecto de la más tradicional vida anterior. Otro Venerado tomó la palabra: - Nosotros, varones, hemos aprendido a zurcir, sabemos cocinar mejor y más rico que antes, y nuestros vástagos pasan más tiempo con nosotros aprendiendo nuestras cosas mientras más mujeres aran, cazan y negocian con los comerciantes de la aldea vecina.
  2. 2. Ahora una Venerada, como en una bien ensayada obra de teatro: - Nosotras hablamos con más personas que antes, no sólo ya entre nosotras. Ahora sabemos que los hombres tienen su propia vida emocional, la vida de todos en nuestros hogares ha mejorado, y cada vez hacemos más cultura juntos. Finalmente recobró la palabra el primero: - Los Sabios de la Montaña nos dijeron que debíamos pensar más los unos en los otros, y cooperar más, hacer a un lado nuestras diferencias y postergar hasta las disputas pasadas legítimas entre familias, deshaciendo lindes incluso si fuese preciso. Como resultado, no ha habido riñas entre familias y casi todo el terreno del pueblo es de todos, como este suelo que pisamos. Una Venerada joven: - Pero las desgracias no han cesado. Y no sabemos qué más hacer. La dificultad nos desborda, agría nuestro carácter y ensombrece la vida común que habíamos empezado a apreciar. Los grupos se disgregan si uno de sus líderes cae enfermo o si una familia no puede ya sacar adelante su casa porque su campo se secó. Creemos, amigos, que un demonio ha puesto su horrenda mirada sobre la aldea. Ahora grititos y algún casi desmayo corrió como un tsunami por entre la congregación. Una voz se alzó: - ¿Qué podemos hacer? Otras se unieron: - ¿Qué más tenemos que cambiar? - ¿Por qué los cambios no nos han hecho más ricos? - La aldea vecina está empedrada, mientras nosotros nos manchamos de barro los mocasines. ¡No es justo! - Más campos para todos es menos libertad para todos.
  3. 3. - Mis lindes eran mi sustento, ¿cómo alimentaremos mi esposo y yo a nuestra familia si cualquiera de fuera puede entrar y coger lo que le venga en gana? - ¿Más cultura juntos? Ya no jugamos a los dados ni a los dardos, no cazamos para retarnos ni pescamos para poder estar solos. ¡Ja! Sólo hacemos lo que les place a las mujeres. El murmullo pronto se hizo ininteligible y eso hizo que todos aumentaran el volumen de sus quejas. - ¿Un demonio, habéis dicho? Las palabras llegaron desde fuera del tumulto. No fueron dichas en voz demasiado alta. Les acompañó el roce de la piel de cabra contra el suelo y el "frusfrús" de una tela basta al moverse su ocupante. Una oleada de reverencia aplacó los nervios, como cada vez que un Sabio de la Montaña bajaba a la aldea, lo que generalmente solía ocurrir en días de mercado -aumentaban las ventas- o para una festividad religiosa -se vivía una fé más vívida-. Años atrás también actuaban de magistrados en los pleitos por lindes, y al revés que en otras aldeas sin Sabios, eso propiciaba acuerdos y escasez de venganzas. - ¿Habéis observado el cementerio? Unanimidad de bocas abiertas, reconocimiento de no haberse fijado mucho pese al aumento en las visitas al camposanto. - Allí es donde mora. Las almas precariamente sujetas aún a los cuerpos son su alimento preferido. Una gigantesca interrogación se dibujó sobre el colectivo. - Vivís ansiosos. El mañana inexistente os impide disfrutar el presente a aquellos a los que un pasado ya inalcanzable no amarga aún un presente sin futuro. Miradas al suelo.
  4. 4. - Habéis tenido un éxito que no pensábamos cuando os recomendamos hacer las paces unos con otros. Pero no nos dimos cuenta de que aún más que eso necesitáis la Paz con vosotros mismos. Sin ella, vuestra alma no descansa ni muerto vuestro cuerpo, y viejos, jóvenes o incluso sin nacer, vuestros cadáveres son carnaza del demonio que se ha asentado en el cementerio. Por una vez, silencio total, hasta que Venerada más anciana, quizás incluso de más edad que el Sabio de la Montaña, tomó la palabra, voz cascada, sabiduría práctica, pelo canoso al viento: - ¿Qué haremos, Sabio? - Cada cual tendrá su propia llave a la puerta a su camino personal hacia su propia Paz. Nadie, ni nosotros mismos, podemos forjar la primera, abrir la segunda, tamizar el tercero ni deciros cuál es la forma de la cuarta. Pero sabemos ćomo deshacer el hechizo maligno que el demonio ha extendido sobre vuestros corazones para que sigáis en guerra con vosotros mismos. - ¿Cómo? - ni discurso ni nada: la Venerada sabía que las preguntas directas eran más prácticas y satisfactorias, sobre todo con los vetustos Sabios. - La persona en paz consigo misma, que suba al camposanto y duerma una noche allí. Los ropajes rozaron, el suelo volvió a rechinar ante el paso decidido del Sabio de vuelta a su Montaña. Vinieron a mi casa. Yo tenía catorce años, pero todo el mundo me decía que parecía mayor. Estaba tranquilo y apenas me alarmé cuando me dijeron que debía ir al cementerio y pasar allí la noche. Al día siguiente me contaron que extraordinarios prodigios se obraron, pasmosas imágenes fueron vistas y horrendos monstruos se abalanzaron sobre mí para ser una y otra vez rechazados mientras dormía. Al final fue como si una pavorosa sombra que nadie veía antes se levantase ante los rayos de un Sol de nuevo luminoso. Yo no me había enterado, pero cuando desperté allí estaba todo el pueblo para llevarme en volandas hasta el templo. Lo recuerdo como si fuera ayer.
  5. 5. Toda mi vida he investigado qué pasó, lo que había ido ocurriendo y por qué las desgracias posteriores no nos afectaron tanto, o tan mal. Vi al Sabio de la Montaña varias veces, luego a sus sucesores. Aún mantengo la sospecha de que no estaban por completo seguros de mí. Supongo que cuando varios comprobaron que tampoco la curiosidad me apartaba de la serenidad fue cuando cesaron las visitas. Recuerdo que poco después me convertí en Alcalde, y aquí sigo. Pero ya soy muy mayor. Pronto, creo, recorreré el camino al Monasterio Evanescente y seré un Sabio más. ¿Cómo haremos esta vez para que nunca se vaya la Paz interior, para que no echen a patadas a su hermana mayor la paz social, para que quien más, quien menos, sea aquel yo durmiendo sereno en la garita del enterrador en el cementerio de la aldea? ¿Le contaré mi secreto a mi sucesora o sucesor?¿Que aquella noche soñé con mi amor y por eso ningún fantasma logró rozarme el alma siquiera?

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