Terroristas y víctimas

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Terroristas y víctimas

  1. 1. Cara a cara entre terroristas y víctimasPresos disidentes de ETA se encuentran con sus damnificados en busca del perdónMÓNICA CEBERIO BELAZA - Madrid - 25/09/2011El 25 de mayo de 2011 sucedió algo insólito en una sala de oficina de Vitoria. Tras medio siglo deviolencia terrorista, de 829 asesinatos perpetrados por ETA, de varias generaciones que han crecidoen Euskadi entre el miedo y la falta de libertad, dos desconocidos se sentaban cara a cara. Mientrasel país entero hablaba sobre el final de la banda, estos dos hombres lo escenificaban, de formaprivada, en esa sala. Uno era una víctima del terrorismo cuyo padre fue asesinado en 1980 y queaún no conoce quiénes fueron los culpables. El otro, un preso condenado por pertenecer a ETA, condelitos de sangre, que ha llegado a la conclusión de que la violencia no tiene sentido yse haapartado de la banda. El primero quería saber el porqué de muchas cosas. Por qué la persona quetenía enfrente había sido un terrorista, por qué había matado, cómo podía vivir con ello, qué lecondujo a la organización que destrozó la vida de su madre y de sus seis hermanos... El segundoquería, sobre todo, pedir perdón.Como ellos, otras seis personas se reunieron por parejas esos días de mayo. A solas o junto a unmediador. Algunas en la cárcel, otras, si era posible, porque el preso estaba ya en régimen desemilibertad, fuera. Las víctimas, que habían accedido a escuchar lo que los internos tenían quedecir, han puesto voz y rostro a los estragos de los asesinatos cometidos por la banda; les hanenfrentado a las consecuencias personales de los atentados; a lo que significa una familia rota ennombre de una supuesta "lucha patriótica".Solo uno de los damnificados lo era directamente del preso con el que se encontró. Se sentó ahablar, frente a frente, con la persona que había asesinado a su familiar más querido. Fue la reuniónmás complicada emocionalmente. Las otras tres víctimas se han reunido con reclusos de la bandaque han hablado como exmiembros de una organización jerárquica en la que ellos no elegían a susvíctimas: cumplían órdenes. Todos eran de alguna manera partícipes y responsables de cada una delas muertes.Los encuentros son confidenciales y no hay ningún tipo de contraprestación ni beneficiopenitenciario para los presos. Es la forma de garantizar que su interés es sincero, que no buscanninguna ventaja que vaya más allá del plano estrictamente personal. Las víctimas, como no podíaser de otra forma, no están obligadas a perdonar. La idea es que hablen, que escuchen si lo desean.Que puedan expresar todo lo que quieran a quien tienen delante. Pueden abandonar el programa encualquier momento si así lo deciden. Es otro de los principios básicos del proceso.Las motivaciones de cada uno para participar han sido distintas. En el caso de las víctimas, todascon un profundo trabajo psicológico a sus espaldas para superar el trauma del atentado -todos eranhijos o viudas de asesinados por ETA-, ha pesado más el futuro que el pasado. No tenían claro quela experiencia les ayudara personalmente y aseguraban que no necesitaban que les pidieran perdón.Su verdadero motor era la esperanza de que quizá ese paso pudiera suponer un pequeño avancehacia la reconciliación en Euskadi. Hacia la creación de un futuro en paz donde no haya olvido, peroen el que sus hijos y nietos puedan vivir sin odio.Los presos que han participado pertenecen al grupo de reclusos que se han atrevido a expresarpúblicamente que la violencia no ha servido para nada; que le han dicho a ETA que ya no tienesentido y han abandonado su disciplina. Aún son minoría. No llegan a 30 los que han sidotrasladados al País Vasco, cerca de sus familiares, a Nanclares de Oca (Álava), gracias a su rechazoexplícito del terrorismo. Los que han llegado a la mediación, además, son personas convencidas deque sus acciones solo han generado sufrimiento. A los asesinados y a sus familias, pero también aellos mismos. Han querido liberar un poco su dolor por el daño causado pidiendo perdón; servir deejemplo a otros; colaborar, como sus interlocutores, a la construcción de un País Vasco en paz...Porque en Euskadi, a pesar de la esperanzadora perspectiva de estar asistiendo al final de ETA, alcierre de un ciclo de terror, aún queda mucho por hacer. Lo más complicado. Construir laconvivencia sin olvidar el pasado y alcanzar una normalidad aún hoy inexistente. A casi todos losparticipantes en el programa -víctimas y victimarios- les ha inquietado cómo se iba a entender sudecisión en sus respectivos mundos, a pesar de que se trata de una decisión libre y soberana paraparticipar en un acto íntimo y privado que solo a ellos atañe. Pero, por esta inquietud, en esteartículo no aparecen nombres ni circunstancias que revelen la identidad de los participantes.Una vez elegidas las personas que participarían en el proyecto, los mediadores se entrevistaron endiversas ocasiones de forma individual con cada víctima y con cada preso para ir preparando el
  2. 2. encuentro. De las seis víctimas, dos prefirieron no llevarlo a cabo en ese momento y recibieron unacarta escrita por los asesinos de su familiar. Otras cuatro siguieron adelante. En cuanto a los presos,en uno de los casos el mediador consideró que aún no era conveniente el encuentro cara a cara. Elrecluso pidió perdón por escrito.A finales de mayo llegó el momento para el que se habían estado preparando. Todos acudieron conincertidumbre, sin tener muy claro cómo iban a reaccionar ellos mismos ni sus interlocutores. Traspasar una hora o dos juntos, se estrecharon la mano o se dieron un abrazo. Se intercambiaron suscorreos electrónicos con la sensación de que el encuentro había sido terapéutico y de que habíandado un paso -aunque fuera pequeño- hacia una convivencia normalizada en Euskadi.La segunda fase del programa de mediación ya está en marcha. Otras ocho personas participan enel proyecto. Cuatro víctimas y cuatro presos que podrán encontrase próximamente si así lo desean.

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