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Guna yala 1ª

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Guna yala 1ª

  1. 1. Niños de Armila. De sonrisa limpia y fácil. Decidí ocupar de fondo las cañas de bambú que están presentes en las paredes de sus casas. Mi primera visita a Kuna Yala, obedeció a eso que muchos llaman un encuentro fortuito en Ciudad de Panamá. La conversación improvisada con Nacho, miembro de una pequeña y remota aldea llamada Armila, me llevó a visitar su comunidad en el año 2004. El acceso, podía hacerse en avio- neta o bien en barco con una serie de combinaciones que en ese momento me parecían demasiado complejas. Así que decidí subirme en una vie- ja avioneta bimotor, de la compañía “Aeroperlas” con capacidad para 20 personas y dos tripulantes y una ca- pacidad de carga de unos 2000 kilos. Como curiosidad, dos semanas antes, otra avioneta –según comentaban a bordo– había caído mientras se diri- gía al mismo destino, Puerto Obaldia, sin que hubiera supervivientes. Una vez aterrizamos, había dos opciones para llegar hasta la aldea Armila. La primera, subirnos a una Panga, una lancha de madera, con un motor de 30 cv, e intentar ganar la desembocadura de dos ríos que se encuentran en el acceso marítimo a la aldea. El mar estaba demasiado movi- do, además de coincidir con la marea alta y se decidió hacer el trayecto por un sendero que va rodeando la costa, con pequeñas incursiones en la selva. En condiciones normales, en 45 minu- tos se hubiera llegado, pero el camino estaba impracticable por las recientes lluvias y tardamos casi el doble. Armila está situado a pie de playa. En los últimos 25 años, el pueblo ha debido retroceder unos diez metros debido a los temporales y marejadas que se llevan parte de la costa len- tamente. Todo esto acrecentado por los cambios climatológicos que inclu- so para ellos son evidentes. Además hay que tener en cuenta que dos ríos Hace unos años, entré por primera tico que amenaza sus tradiciones, su desembocan al mar delante mismo del vez dentro del mundo de los Kunas de aparente fragilidad como pueblo y el pueblo. Por un lado el Rio Blanco que la mano de uno de sus descendientes equilibrio que siempre hay entre la deposita sus aguas al lecho del Rio directos y su familia. Me perdí en sus Negro. Y éste, con el caudal de am- naturaleza, y los que en ella viven. bos, se adentra en el Océano Pacifico, tradiciones ancestrales y me dejé se- La facilidad de viajar, lleva a des- aunque algunos le llamen el mar del ducir por la simplicidad aparente de su vida. cubrir lugares del mundo llenos de Caribe. En Panamá, la provincia de San calma y que un buen día empiezan a Una vez en Armila, la sensación Blas, Kuna Yala, para sus moradores, perecer lentamente en una agónica de haber llegado a un paraíso perdi- se ha transformado en destino turís- do fue total. Las cabañas, con techo supervivencia moral. 46 47
  2. 2. : Los primeros días, las mujeres Guna cuando me veían, me daban la Unos de los mayores tesoros de Armila, lo encon- espalda o simplemente se alejaban tramos en su desértica playa donde desde que se rápidamente dirección contraria a la tiene consciencia, las Tortugas Baula, vienen a mía. Poco a poco me fueron teniendo desovar. Estar al lado de una de estas portentosas confianza. tortugas de más de cuatrocientos kilos es algo más que un privilegio. En la imagen Nacho, quien mide poco más de 1.50 mira con admiración a la Tortu- ga. Hernán, antropólogo de nacionalidad Colom- biana, estaba tan sorprendido como yo detrás de la cámara. Cacique: Uno de los tres caciques Nacho me pidió si le podía hacer unas días porque estaba tentado por que- de la comarca, se desplazó hasta fotografías a su Madre, ya que nunca En pocos días aprendí las palabras darme a vivir allí. Armila, donde me dio la bienvenida. antes le habían hecho una fotografía. básicas de cortesía y con ellas, podía Es curioso que en su vestimenta de Le hice tres. Las cuales están colga- hacerme entender con más facilidad. gala hayan incorporado la corbata das dentro de su casa. La libreta de notas que siempre via- como señal de distinción. Estas sue- ja conmigo me permitía anotar todo len estar tejidas por las mujeres Guna aquello que me causaba curiosidad. siguiendo la misma tradición de cuan- de palma, dotaban a su interior de La cámara, hacía el resto. Notas: do elaboran sus “molas”, que son una impermeabilidad que pudimos Una de los primeros trabajos que –Las quince letras que conforman unos tejidos que representan fuguras comprobar al estar lloviendo en ese quise hacer fue fotografiar a los casi el alfabeto “Dulegaya” son: A, B, D, geométricas o animales de la zona momento. A pesar de no ser el primer sesenta niños que había en ese mo- E, G, I, L, M, N, O, R, S, U, W, Y. que para ellos son sagrados. occidental en llegar a la población, mento en la aldea. No fue difícil, ya –En octubre del 2011, el gobierno la curiosidad suscitada por mi presen- que su predisposición fue total. El de Panamá, reconoció el derecho del cia, quedó latente cada vez que salía único inconveniente es que nunca te- pueblo Guna a denominar su provincia las”, que solía hacer los destinos in- a dar una vuelta, cámara en mano, nían bastante con una foto y siempre como “Guna Yala”, en lugar de Kuna teriores del país, cesó sus actividades por la gran cantidad de niños que querían ponerse delante de cualquier Yala, debido a que en su alfabeto al en febrero de 2012. me seguían. El idioma original es el encuadre que intentaba materializar. no existir la letra K, no tenía ningún Dulegaya o Gunagaya. Como curiosi- En esta primera visita estuve dos sentido su uso. [Continuara el próximo mes] dad, cabe destacar que solo tiene diez semanas. Más adelante, pasé un mes –Mientras escribo este artículo me consonantes y cinco vocales. y medio. Y la tercera vez no conté los comentan que la compañía “Aeroper- JAN PUERTA 48 49

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