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Sacerdotes	del	Sagrado	Corazón	de	Jesús
Padres	Reparadores	o	Dehonianos
Balbina	Valverde,	5.	28002	MADRID
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León	Dehon
            Fundador	de	los	Sacerdotes
          del	Sagrado	Corazón	de	Jesús

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El	Padre	Dehon	emprendió	su	trabajo	con	entu-
siasmo.	Durante	el	tiempo	que	estuvo	en	San	Quintín
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Introducción

     El	niño	deambulaba	sin	rumbo	fijo	por	las	callejas
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Señor	Jesús,	que	siempre	pueda	ser	capaz
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Suscitar	a	un	niño	como	cristiano	no	es	sim-
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pesa	sobre	él	de	muchas	formas.	Las	muchedumbres
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condúcelas	a	verdes	pastos.	Todo	lo	que	hagas	por	la
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los	curaba!	Frecuentemente	estaba	tan	preocupado
por	ellos	que	olvidaba	comer:	“Se	aglomera	otra	vez	la
muchedumbre	 de	 m...
Si	tuviese	un	pequeño	aviso	que	dar	a	los
cristianos	y	sacerdotes	de	nuestros	días,	sería	no	per-
manecer	extraños	a	las	c...
Oración	de	petición

Dios,	Padre	misericordioso,
que	concediste	a	tu	siervo
el	Venerable	León	Dehon
la	gracia	de	entrar	en...
ÍNDICE

     León	Dehon

 3   Fundador	de	los	Sacerdotes
     del	Sagrado	Corazón	de	Jesús	


 5   Introducción


 7   AMA...
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Folleto definitivo

  1. 1. Sacerdotes del Sagrado Corazón de Jesús Padres Reparadores o Dehonianos Balbina Valverde, 5. 28002 MADRID e-mail: curia@scj.es www.scj.es Editorial El Reino, 2010 Imprime: Gráficas Dehon La Morera, 23-25. Tel.: 91 675 15 36 28850 TORREJÓN DE ARDOZ (Madrid)
  2. 2. León Dehon Fundador de los Sacerdotes del Sagrado Corazón de Jesús El Padre León Juan del Sagrado Corazón Dehon nació en La Capelle, en la Diócesis de Soissons (Fran- cia), el 14 de Marzo de 1843. Después de completar sus estudios medios, cursó Derecho en la Universidad de La Sorbona en París gra- duándose a la edad de veinte años. Aunque su familia quería que ejerciera la abogacía, él quería seguir su vocación al sacerdocio, una llamada que sentía desde su adolescencia. En un viaje por Oriente Próximo, mientras visitaba Palestina, experimentó una fuerte llamada de Dios y lo organizó todo para entrar en el seminario. Fue a Roma, donde estudió en la Universidad Gregoriana y en el Apolinar. Completó estudios de Filosofía, Teología y Derecho Canónico, alcanzado el doctorado en cada una de estas disciplinas. El 19 de diciembre de 1868 fue ordenado sacer- dote. Su primera tarea fue servir como estenógrafo en el Concilio Vaticano I. Cuando regresó a su Diócesis, fue destinado a la parroquia de San Quintín. Las condiciones de vida de los obreros le conmo- vieron y extendió su acción para ayudarlos en muchas formas. Creía que se corresponde mejor al amor de Dios tratando de conocer las necesidades de aquellos que nos rodean. 3
  3. 3. El Padre Dehon emprendió su trabajo con entu- siasmo. Durante el tiempo que estuvo en San Quintín hizo cambios significativos. Reunió a los trabajadores y a los dueños de las fábricas, iniciando diálogos que eventualmente condujeron a los obreros a mejores condiciones económicas y sociales. Fundó un perió- dico, inauguró un círculo para niños y creó una escuela; mientras, continuaba con sus obligaciones como sacer- dote en la parroquia. Durante estos años tan atareados, el anhelo del Padre Dehon de hacerse miembro de una comunidad religiosa creció. Con el permiso de su obispo fundó la Congregación de los Sacerdotes del Sagrado Corazón de Jesús el 28 de junio de 1878. Entre sus apostolados más queridos, enumeró: • promover la devoción al Sagrado Corazón por medio del amor y la reparación , • educar a seminaristas, • ofrecer asistencia al clero local, • trabajar en misiones extranjeras. Como en toda obra de Dios, esta nueva comunidad religiosa tuvo que superar muchas pruebas que el Padre Dehon aceptaba como la voluntad de Dios. Fortalecido por su confianza en el amor al Sagrado Corazón, el Padre Dehon continuó su trabajo. Su Congregación creció por toda Europa, luego por América del Norte y del Sur, así como en África. Trabajador incansable a favor de las misiones, los obreros y los jóvenes, predicó sin cesar el mensaje del amor de Dios y nos llamó a responder a ese amor mediante vidas de amor y reparación. Después de una vida de santidad, el Padre Dehon murió en Bruselas (Bélgica) el 12 de agosto de 1925. Momentos antes de su muerte, el Padre Dehon señaló con su dedo una estatua del Sagrado Corazón y dijo: “Por Él viví y por Él muero”. El 8 de abril de 1997, el Papa Juan Pablo II declaró que había vivido una vida de virtud heroica por lo que lo declaró Venerable, y en 2005 se aprobó su beatifi- cación. 4
  4. 4. Introducción El niño deambulaba sin rumbo fijo por las callejas y suburbios de Roma cuando, abruptamente, giró una esquina y un nuevo mundo apareció de pronto ante sus ojos. Las puertas y postigos del taller de un artista abiertos en el momento de máxima luz y diafanidad. Dentro vio un escultor golpeando con su martillo y escoplo un gran bloque de mármol de Carrara. Fragmentos de piedra, grandes y pequeños, volaban por el aire rebotando en el techo y las paredes tras cho- car ruidosamente en el suelo. El niño permaneció hip- notizado, incapaz de darse cuenta de lo que ocurría ante sus ojos. Entonces la mente del muchacho comenzó a vagar como nunca lo había hecho antes y, una vez más, volvió a tomar las calles de Roma en busca de nuevas aventuras. Algunas semanas más tarde, el deambular diario del chico le devolvió al estudio del artista y para su gran sorpresa, allí, donde estuvo el bloque de mármol, vio el más grande y regio león que jamás había visto en su vida; su majestuosa melena parecía flotar en la brisa, su cabeza estaba vuela hacia atrás para permitir salir un poderoso rugido. Con gran excitación, el chico corrió hacia el escultor y le preguntó: “Señor, decidme, ¿cómo sabía que lo que había en el mármol era un león? El escultor replicó: “Sabía que había un león en él porque antes de verlo en el mármol lo vi en mi pro- pio corazón. El secreto es que el león en mi corazón reconoció al león en el mármol”. Esta simple historia capta la esencia de la aproxi- mación a la vida del Venerable León Dehon, esencia a la que se refiere como “mi temperamento y mi gracia”. Sabía “que nada grande o provechoso se ha hecho en el mundo a no ser que primero hubiese sido pre- parado desde antiguo para él, en silencio y soledad y oración”. Como cristiano de profunda fe y ardiente entusiasmo, supo que antes de poder salir al mundo 5
  5. 5. a expandir el amor de Dios, primero tenía que ir a Dios para ver el mundo como Dios lo ve. Sabía que había una diferencia entre “trabajar para Dios” y “hacer el trabajo de Dios”. El Rey David había buscado construir un templo para el Señor pero ése no era el trabajo que el Señor le pedía hacer. Entonces David tuvo que dejar de hacer ese trabajo para Dios para hacer el trabajo de Dios (Segundo libro de Samuel 7, 1-7). Este es el triple camino de proceder en la vida del Venerable Dehon: Amor, Oración y Acción. El primer paso es mirar todas las cosas según la mente y el cora- zón de Dios. Esta mirada de Dios sobre las cosas evoca a Dios mismo como respuesta de Amor en el corazón humano que está abierto a la presencia de lo divino. Y amor, en respuesta, se convierte en el motivo y la ins- piración para nuestra acción. El centro de su aproxi- mación a la vida es el corazón: el corazón humano moldeado y formado en oración unida al Corazón de Cristo. Él dice: “Cuando el corazón está profunda- mente impresionado, todas las demás facultades o bien caen en el silencio o bien se alinean con él. El mejor camino para permitir actuar en nosotros la gra- cia del Corazón de Jesús es dar precedencia a las acti- vidades del corazón. La gracia siempre actúa en el corazón. Actúa en la voluntad solo tras haber pasado por el camino del corazón”. El triple proceso de Amor-Oración-Acción forma la estructura de este librito sobre el Venerable León Dehon titulado Con sus propias palabras. En su Testamento espiritual escribió Dehon: “Os dejo el más maravilloso de los tesoros: el Corazón de Jesús”. Con esta colección de sus palabras y sabiduría él mismo nos dice, como dijo a sus primeros compañeros: “Ahora vosotros tenéis la llave del tesoro, está abierto para que vosotros saquéis cosas de él generosamente”. P. Paul J. Maguire, SCJ Provincia USA 6
  6. 6. amar La cabeza es el símbolo de la inteligencia y la autoridad. El corazón es el símbolo del amor. Jesús es nuestra cabeza en el sentido de que nos ilumina, nos ordena y nos dirige. Él es nuestro corazón por el amor que tiene por nosotros y que nos inspira. Él es nues- tro corazón mucho más que nuestra cabeza, porque el amor lo sobrepasa todo (1 Corintios 13, 13): el pensa- miento es apenas una preparación para él y la acción es solo una consecuencia suya. (Coronas de amor I, 5, 3) Para mí, el amor lo abraza todo. Domina y contiene las demás devociones; no excluye otras for- mas de devoción, pero las transforma a todas en devo- ciones de amor. Los sentimientos y las disposiciones interiores del Corazón de Jesús son el objeto directo de esta devoción. Difiere en esto de la devoción al cru- cifijo, que se detiene en los sufrimientos exteriores de Jesús. (Coronas de amor, II, 3, 4-5) 7
  7. 7. Jesús enseñó a sus discípulos: Mi Pasión deriva todo su valor, todo su mérito, no solo de mis sufrimientos físicos, sino de mi Corazón, del amor que inspiró mi sacrificio. Deseo prolongar estos sufrimien- tos extraordinarios en orden a probar mi amor y no ahorrar nada, en orden a ganar tu amor de respuesta. Desde que me entregué a mi Padre para darlo todo por vosotros, se cumplió un voto de amor en todas las cir- cunstancias de mi Pasión. (Vida de amor, Meditación 7) El objetivo especial de la devoción al Sagrado Corazón no es imitar al Salvador en sus sufri- mientos exteriores, al menos de una manera directa. Los amigos del Sagrado Corazón no se imponen nece- sariamente mortificaciones y terribles flagelaciones. Entran en el Sagrado Corazón y se embriagan de amor de reconocimiento y compasión, pero es precisamente a causa de esto por lo que están preparados para aguantar el sufrimiento exterior, si la Providencia se lo envía. (Coronas de amor, II, 3, 6) 8
  8. 8. No unimos nosotros nuestro cuerpo a la cruz, sino que nos dejamos unir. No nos damos el golpe mortal, sino que nos parecemos a Isaac sobre la hoguera: esperamos que nuestro Padre tenga a bien inmolarnos. ¿Cuáles son sus designios? No lo sabemos; para un gran número se contentará con las mortifica- ciones unidas a la observancia de sus obligaciones en la vida y con la unión de su amor con el del Corazón de Jesús. En esta actitud de resignación reposa la esen- cia del sacrificio. (Coronas de amor, II, 3, 6) Aceptamos nuestras cruces tal como son. Cuando tú tienes una cruz, no desees cambiarla por otra; acéptala tal como es. Acepta todo lo que la Providencia te pida. Tus disposiciones serán perfectas si piensas que no amas el sufrimiento por el sufri- miento, ni la cruz por la cruz, sino que amas al Sagrado Corazón de Jesús que quiso enviarte esos sufrimientos o esas cruces. Esta fue la actitud de Nuestro Señor hacia su Padre: Ecce venio: Heme aquí dispuesto a hacer tu voluntad. (Coronas de amor, II, 3, 6) 9
  9. 9. Todos vosotros cuyas almas están cansadas y agobiadas, venid y ved; tomad sobre vosotros el remedio para vuestras tribulaciones. Si estás hundido en las profundidades de la impaciencia y de la ira, ve y sumérgelas en la gentileza del Corazón amante de Jesús, que te hará gentil y humilde. Si estás hundido en las profundidades de la infidelidad y de la inconscien- cia, ve y sumérgete en la firmeza y estabilidad del Sagrado Corazón de Jesús. Si te encuentras a ti mismo en las profundidades de la ingratitud por todas las grandes bendiciones que has recibido de Dios ve y sumérgete en su divino corazón que es fuente de gra- titud y amor. (Retiro en el océano, meditación 12) Sumérgete frecuentemente en la ternura de este Corazón amante, que nunca puedas hacer nada con esta virtud que dañe ligeramente a tu prójimo. Si tú estás sumergido en las profundidades de la angus- tia, ve y sumerge tu pena en este adorable Corazón que está lleno de gracia. Si te encuentras en profunda necesidad, ve y sumerge tu necesidad en el Sagrado Corazón de Jesús, que abunda con toda suerte de bue- 10
  10. 10. nos dones. Si estás inmerso en las profundidades de la tristeza, ve y sumerge tus penas en la divina alegría del Corazón de Jesús, donde encontrarás un abundante consuelo que disolverá tu tristeza y dolor. Cuando te encuentres preocupado y ansioso, ve y sumérgete en la serenidad de este adorable Corazón que nadie te podrá quitar. (Retiro en el océano, meditación 12) El universo pasará, pero Dios permanecerá para siempre. Si posees a Dios, eres más rico que si todo el mundo estuviese a tu disposición. El es tu Dios en el orden de la gracia, y cuando has caído de ese ben- dito estado por el pecado, él te restaura en un camino aún más favorable adoptándote como su hijo en la per- sona de su único Hijo. Él te da abundantemente toda la ayuda que necesitas para alcanzar tu fin. Tras ofen- derle, te perdona siempre que vuelves a él. De hecho, es él quien te invita a volver y da el primer paso. Qué motivo te falta para amarle a él que no te necesita y que incluso te ha amado primero, y a quien tú puedes amar en respuesta. (Vida de amor, Meditación 4) 11
  11. 11. El corazón de Jesús está lleno de ternura y compasión por todos los que sufren, los que pasan muchos apuros, que pasan hambre, por los enfermos y los débiles. El suyo es el Corazón de un Padre, el Corazón de una madre, el Corazón de un Pastor. El suyo es un Corazón sacerdotal que sufre con nosotros cuando nosotros sufrimos. (Corazón sacerdotal de Jesús, meditación 14) El Sagrado Corazón consolará a sus servi- dores en sus penas, si no librándolos de ellas, al menos aliviando sus sufrimientos. Porque nada hay de rudo ni de enojoso que no pueda aliviar. Les dará fuerza en sus debilidades. Ellos encontrarán en él un poderoso reme- dio a todos sus males y un refugio en todas sus nece- sidades. (Coronas de amor, II, 1, 3) (cita de Santa Margarita María) “Dios es amor”. San Juan lee esto en el Corazón de Jesús. Vayamos más profundamente y veamos todo lo que este dulce corazón sufrió. Todas las tristezas acudieron juntas a este Corazón y lo abru- 12
  12. 12. maron. Experimentó todas estas cosas y las hizo san- tas. En nuestras penas, tan extremas como puedan ser, tengamos confianza en la simpatía y compasión de este Corazón, que quiso ser como nosotros en el sufrir para ser más compasivo y misericordioso: “Habiendo sido probado en el sufrimiento, puede ayudar a los que se ven probados” (Hebreos 2, 18). (Año con el Sagrado Corazón, Viernes Santo) Cristo dijo a su Padre: “Dame todo lo que es amor, dulzura y humanidad. El pueblo necesita un salvador que no mire a los sufrimientos humanos sin moverse a compasión, que no pueda mirar a su oveja perdida sin sentir su inquietud. Necesita un amor que le haga arriesgar su vida, que le haga disponible para tomar sobre sus hombros la carga de su oveja perdida; un amor que le haga clamar: si hay alguien sediento, dejadle venir a mí. En fin, necesita un corazón que le haga gritar: entrego mi vida porque quiero hacerlo”. Este es el amor del Corazón de Jesús, la fuente de todos los misterios del amor redentor. Por eso San Juan resume nuestra fe en estas palabras: Hemos cre- ído en el amor que Dios nos tiene (1 Juan 4, 16). (Sermón de Cuaresma, 1885) 13
  13. 13. ¿Por qué Jesús quiso que su costado fuese abierto tras su muerte? Porque Él dijo: “El mayor acto de amor es entregar la vida por los amigos”. Tras entre- gar su vida parece que nada podía añadir a este acto supremo de amor por nosotros. Pero su amor encon- tró el medio de colmar en nosotros la medida: abriendo su Corazón después de su muerte. Nuestro Señor reveló este secreto a santa Catalina de Siena. Un día en que estaba contemplando la imagen del cruci- fijo con lágrimas en los ojos, ella preguntó a Nuestro Señor: “Dulce Cordero sin mancha, estabas muerto cuando tu costado fue abierto, ¿por qué quisiste que tu Corazón fuese herido y abierto?”. Dios Padre le res- pondió: “Su deseo de salvar el género humano fue infi- nito; su cuerpo no pudo soportar los dolores y los tormentos más que en cierta medida; la muerte solo pudo mostrar el amor infinito con que os amó. Entonces quiso que vieseis el secreto de su Corazón; os muestra su corazón abierto para haceros com- prender que os ama tanto que ni su muerte lo puede demostrar”. (Coronas de Amor, II, 5, 2) 14
  14. 14. Con la Hermana Teresa del Niño Jesús, quiero presentarme ante Dios con confianza y amor. Aun si fuese encontrado culpable por todas las ofen- sas que pude cometer, no quisiera perder nada de mi confianza; quiero ir con el corazón roto por el dolor, y arrojarme entre los brazos de mi Salvador. Sé que él ama entrañablemente al hijo pródigo; he oído sus palabras a Santa María Magdalena, a la adúltera y a la mujer samaritana. No, no hay quien pueda asustarme, porque sé la clase de misericordia y amor que él tiene. Sé que estas numerosas transgresiones podrían desa- parecer en el parpadeo de un ojo como una gota de agua se echa en el fuego ardiente. Quiero morir con estos sentimientos de confianza y amor al Sagrado Corazón de Jesús. (Diario, XL/1925, 63) Como el Corazón de Jesús nos ha mostrado su amor a través de tantos sufrimientos, nosotros tam- bién debemos estar dispuestos a soportarlos para mos- trarle nuestro amor, las pruebas que la Providencia nos envíe. Si amamos realmente a Jesús nada contarán los sufrimientos a soportar por él. En definitiva, no hay 15
  15. 15. grandes o pequeñas cruces, no hay más que un pequeño o un gran amor. Si amamos mucho, el Sagrado Corazón vendrá a nosotros por su gracia y sufrirá en nosotros, en nosotros comunicará su fuerza y su alegría. Aceptaremos las pruebas que el divino Maestro nos enviará, esta es la esencia de la devoción de abandono y confianza en el Corazón de Jesús. El Sagrado Corazón elegirá lo que Él quiera para noso- tros. (Coronas de Amor, II, 1, 1) 16
  16. 16. orar Sentimientos de ternura y amistad quieren tomar el principal lugar en tu oración, pero siempre concluye con algunas moderadas y firmes resolucio- nes. Al final de este ejercicio espiritual, haz una revisión de la preparación y las características de tu oración, y luego en el primer momento libre toma nota de ambas resoluciones y de qué ha sido más impactante en la oración. Este es un camino para hacerla fructífera y ser capaz de dar verdadera cuenta de tu oración, así como para mejorar la siguiente, haciendo consciente lo que faltaba. Ahora tienes la llave del tesoro, te hace capaz de detenerte generosamente en él. (Conferencias a los novicios, III, 44) Señor, el deseo que tengo por mi propia san- tidad y de los que quiero, incluso el deseo que los san- tos tienen por la santidad del mundo: todo esto es nada comparado con el ardiente deseo de tu corazón por hacernos santos. Señor, a través de tu magnífico poder da a mi corazón las rectas disposiciones que me hagan capaz de recibir la gracia que confieres en ellas. (Diario, II/1869, 32) 17
  17. 17. Dios mío, bendice mis resoluciones. Me entrego a tu amor por el resto de mi vida: amor arre- pentido, removido por la meditación de tu Pasión; amor agradecido, sostenido por la consideración de las divinas bendiciones y todas las gracias especiales –tan numerosas y siempre tan extraordinarias– que he reci- bido; amor confiado en Jesús y María, mostrado por el completo abandono a la divina Providencia; amor devoto, que será traducido en fidelidad a las obliga- ciones de mi estado de vida y a las inspiraciones de la gracia. Ayúdame, Salvador mío, a amarte y hacer que seas amado, que puedas encontrar tu descanso y tu alegría en nuestros hogares. (Diario, VI/1893, 39-40) El Rosario es el resumen de todo el evange- lio. Nos recuerda todos los misterios de la vida, la pasión y la resurrección de Nuestro Señor. El Rosario está dentro de la búsqueda de todo nivel de conoci- miento. Es como el maná en el desierto que siempre tenía un nuevo y encantador sabor. ¡Los misterios del Rosario tienen demasiados diferentes aspectos! Los 18
  18. 18. amigos del Sagrado Corazón pueden contemplar todos los sentimientos del Corazón de María y el Corazón de Jesús en el Rosario. Este es el consejo de San Pablo: “Tened entre vosotros los mismos sentimientos que Cristo” (Filipenses 2, 5). (El Año con el Sagrado Corazón, 1 de Octubre) Mi buen Maestro, vengo a ti, me tienes ante ti en calma, en un pío recogimiento, como un lienzo. Contemplaré pacífica y amorosamente los misterios de tu vida. Estaré abierto a tu gracia y a tu amor. Así tomaré fácilmente distancia por mí mismo de los pen- samientos que distraen y purificaré mi corazón en el fuego de tu amor, para oír tu dulce voz que me quiere ofrecer el don de tu Corazón. (Coronas de amor, I, meditación preliminar) Maestro bueno, de ahora en adelante quiero ser fiel a la entrega total que te hice. Verdaderamente quiero entregarte todas mis acciones, renovando mi amor, ofreciéndotelo antes de mis principales activi- dades y conduciendo estas acciones de un modo que te agrade y complete mi anterior falta de interés. (Vida de amor, meditación 26) 19
  19. 19. Señor Jesús, que siempre pueda ser capaz de servirte con un corazón amante y una inquebran- table fidelidad. ¡Tú me amaste demasiado! ¡Eres muy generoso, muy fiel! Sé que, a través de tu gracia, solo estarás unido a un corazón si encuentras que es autén- tico, leal y sensible. Ayúdame, Señor, a mostrarte mi leal devoción. No puedo vivir más sin ti. (Vida de amor, meditación 27) Señor, quiero hacer cualquier esfuerzo para vivir unido estrechamente a ti y ofrecerme entera- mente a ti. Quiero que seas el continuo objeto del deseo de mi corazón. Quiero pensar en ti habitual y tiernamente. Iré a ti a través de María. (Vida de amor, meditación 29) Te amo, Señor, pero mi amor es aún débil. Quiero que sea fuerte y más constante. Fortalécelo y hazlo duradero e inquebrantable. Me has dado la gra- cia para empezar a amarte; dame también la gracia de continuar amándote, cueste lo que cueste. Quiero ofre- certe constantemente mis acciones diarias, trabajos y problemas en un espíritu de amor. (Vida de amor, meditación 33) 20
  20. 20. Buen Maestro, entiendo la llamada de tu corazón y estoy impaciente por responder a ella. Me ofrezco enteramente a ti, por amor a ti. Quiero vivir en completa dependencia tuya, hacerlo todo por ti y con- tigo. Recibe mi ofrecimiento, bendícelo y sánalo por tu gracia para que pueda ser generoso y duradero. (Vida de amor, meditación 23) Renuevo la ofrenda de todo mi ser y de toda mi vida al Sagrado Corazón. Señor, te amo; estas pala- bras resumen toda mi vida: Ecce venio. Aquí estoy para hacer tu voluntad. Te pertenezco. (Coronas de amor, III, meditación final III) 21
  21. 21. actuar Desde el principio de su vida pública, Nuestro Señor nos previno contra la ilusión de una fe sin obras. Llevaremos a cabo todo lo que la fe requiere de nosotros guardando lo que se refiere a nuestra vocación: todas las obligaciones de nuestro estado de vida, la necesidad de orar y la práctica de las virtudes cristianas y las obras de misericordia, que es el distin- tivo del camino cristiano de vida. Jesús describe al ver- dadero cristiano en acción en la parábola del buen samaritano (Lucas 10, 29-37) y nos advierte que el jui- cio de condena espera a aquellos que no realizaron las obras de misericordia (Mateo 25, 45-46). (Año con el Sagrado Corazón, 28 de julio) Cada persona tiene una inalienable dignidad, obligaciones y derechos. Pertenezca a la clase social que sea, cada persona no solo está dotada de un 22
  22. 22. cuerpo vivo, sino de inteligencia, libertad y un alma inmortal que Dios creó. Procedente de Dios, esta alma servirá a Dios y volverá a Dios. Esté esta alma viva en el cuerpo de un trabajador en el fondo de una mina de carbón, o esté en el cuerpo de un acomodado indus- trial que vive en lo alto de la lujuria, no hay problema: en realidad, ambas tienen el mismo valor. Ellas tienen igual divinidad personal, igual responsabilidad moral, el mismo destino eterno y ambas han tenido existen- cia terrenal por la que, a través de la verdad, la mora- lidad y la religión, podrán alcanzar la vida eterna. (Manual Social Cristiano, 3) Fácilmente hago largos viajes de vez en cuando. En orden a escribir o hablar sobre cuestiones sociales es necesario observar el gran contrato y cono- cer cómo comparar los sistemas sociales y las civiliza- ciones de los diferentes pueblos. Un amplio conocimiento provee las bases para la autoridad y per- mite corregir un gran número de errores y hacer juicios sobre la actividad de Dios y la de sus enemigos en varias partes del mundo. (Carta circular, 1912 § 389) 23
  23. 23. Todas las personas merecen respeto y jus- ticia, y tienen el derecho básico de disfrutar, aquí en la tierra, de las condiciones que cuiden su vida inte- lectual, moral y espiritual. Tienen derecho al pan diario para ellos y sus familias. Tienen derecho, igual y más, a un trato humano, a un suficiente grado de educación y libertad y a la oportunidad de adorar y servir a Dios. (Manual Social Cristiano, 3-4) Recientemente, el clamor fue, una vez más, que la economía es y debe ser inmoral. Es un camino brutal para decir que el trabajador es meramente un engranaje de la maquinaria y que no tiene derecho al respeto o a la justicia. Esto hace completamente claro que la enseñanza cristiana sobre la dignidad de la per- sona humana conduce a dos radicalmente diferentes acercamientos a la economía social. El primero es el camino de la justicia y la caridad, recomendada por la Iglesia porque lleva al orden y a la paz; el otro es el camino de la inhumana e inmisericorde explotación, que lleva al socialismo y a la lucha de clases. (Manual Social Cristiano, 4) 24
  24. 24. Suscitar a un niño como cristiano no es sim- plemente un problema de transmisión de una perspi- cacia del conocimiento humano que le será útil para ganar más tarde una posición en la vida. Implica más que enseñar buenas maneras, impartir grandes ense- ñanzas o animar a alguien con la habilidad y deseo de promover el desarrollo humano. También, y sobre todo, significa enseñar al estudiante a desarrollar un honorable y recto carácter, pureza de corazón y sóli- das virtudes. Significa cultivar en su alma una fe que abra puertas a entender el mundo que no es visible, una esperanza que fortalezca el corazón con la pro- mesa de la alegría sin fin y un amor que haga siempre palpable a Dios en las frías oscuridades de la vida. (La educación cristiana, 4 de agosto de 1877) Cristo dice a sus discípulos de hoy: Siento piedad por el pueblo, las muchedumbres que carecen de bienes espirituales y temporales. Como carecieron antes, aun hoy carecen de ello: el pan de la justicia, el pan de la caridad, el pan del apostolado. El trabajador pobre está habitualmente oprimido por toda suerte de 25
  25. 25. injusticias privadas y sociales. La pesada carga de usura pesa sobre él de muchas formas. Las muchedumbres están como ovejas sin pastor. Nadie les da instrucción, que es la comida del alma, o caridad, que es la comida del cuerpo. El pueblo necesita apóstoles para ense- ñarles. Todas estas pobres y necesitadas almas son numerosas como vastas cosechas de grano, y están esperando por trabajadores. Antes esta miseria y debi- lidad, no pude contentarme con una infructuosa com- pasión: actué, prediqué las obligaciones de la justicia y la caridad, curé a los que sufrían, consolé a los que estaban apenados. Inspiré la misma caridad y celo entre mis amigos. (Retiro con el Sagrado Corazón, meditación 40) Jesús habla al corazón de sus discípulos de hoy: Mira la discordia en la sociedad. ¿Quién estará entre el rico y el pobre para predicar a ambos sus obli- gaciones de justicia y caridad? Ves que los abusos de una parte provoca la revuelta en la otra; oyes las ame- nazadoras demandas de la envidia. Se necesitan más apóstoles de justicia y paz. ¿No quieres prestar tu mano a este trabajo de salvación? ¿Permanecerás sordo a mi llamada? Si me amas, apacienta mis ove- 26
  26. 26. jas. No tiene pastor, están hambrientas y sedientas, condúcelas a verdes pastos. Todo lo que hagas por la última de ellas, lo considero hecho a mí. He venido para traer el fuego del celo sobre la tierra, y mi único deseo es que esté inflamado y se extienda y venza sobre todo el mundo. El tiempo es urgente: los lobos devoran a las ovejas, los zorros saquean la cosecha, mi pueblo está oprimido, las almas caen como las hojas del árbol. ¿Quién se levantará para ayudarme y trabajar conmigo? (Retiro con el Sagrado Corazón, meditación 33) Jesús fue bueno con aquellos que sufrían. Estuvo lleno de ternura y compasión por todos aque- llos que estaban afligidos, enfermos o atormentados por el mal. Las lágrimas de la viuda de Naín lo movie- ron a resucitar a su hijo. Lloró movido por la amistad en la muerte de Lázaro y la gente exclamó: ¡Mirad cómo lo quería! Mostró una gran y sincera compasión cuando la gente lo seguía hambrienta hasta la falda de la montaña. Probó su afecto cuando obró para ellos el más impresionante milagro. El enfermo fue siem- pre el primer objeto de su interés. ¡Cuán habitualmente 27
  27. 27. los curaba! Frecuentemente estaba tan preocupado por ellos que olvidaba comer: “Se aglomera otra vez la muchedumbre de modo que no podían comer” (Marcos 3, 20). Nunca se echó atrás. Estuvo comple- tamente disponible para ellos, diciéndoles: ¡Aquello que quieras lo haré! (Sermón de Cuaresma, 1885) A imitación del Corazón de Jesús, tomemos parte en los sufrimientos de nuestros hermanos; y como somos “un solo corazón y una sola alma en el Corazón de Jesús”, debemos ser también, un poco, corazón para todos nuestros hermanos. Muchas veces creemos que lo hacemos todo cuando damos dinero o hacemos mucho ruido de palabras, de propuestas y publicidad. Pero no damos nuestro corazón, porque no está unido al Corazón de Jesús, tan tierno, tan entre- gado, tan generoso, tan olvidado de sí mismo. Los que se entregan a las obras de caridad no deben omitir la oración interior si quieren cumplir estas obras como verdaderos discípulos del Corazón de Jesús en el tierno y continuo recuerdo de este divino Corazón. (Coronas de amor, I, 5, 3) 28
  28. 28. Si tuviese un pequeño aviso que dar a los cristianos y sacerdotes de nuestros días, sería no per- manecer extraños a las cuestiones sociales, como tan frecuentemente ocurre. Estar implicados en las vidas de los agricultores y trabajadores, aprender sobre sus condiciones de vida, su alimentación, sus salarios, sus hijos y sus ancianos, sus sociedades de ayuda mutua, lo que leen y lo que hacen en su tiempo libre. ¿Por qué? ¡Dios mío, en orden a cuidar de ellos, a instruirlos, a mejorar sus circunstancias! Esta debe ser nuestra ocu- pación principal, sin políticas, ni ambiciones o quejas. (Memorias, VI, 131) Servimos más directamente a nuestro Señor cuando dedicamos nuestros esfuerzos a aquellos con quienes él se identificó más explícitamente: “cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más peque- ños, a mí me lo hicisteis” (Mateo 25, 40). (Directorio espiritual, 225) 29
  29. 29. Oración de petición Dios, Padre misericordioso, que concediste a tu siervo el Venerable León Dehon la gracia de entrar en el misterio del Corazón herido de tu Hijo, para reconocer la profundidad de tu amor por todos los hombres; tú le inspiraste amar a los demás como tú los amas. Por medio suyo te pedimos que escuches nuestra oración por… Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria por siempre, Señor. (Padrenuestro, Avemaría, Gloria)
  30. 30. ÍNDICE León Dehon 3 Fundador de los Sacerdotes del Sagrado Corazón de Jesús 5 Introducción 7 AMAR 17 ORAR 22 ACTUAR

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