Aira, César - Cómo me hice monja                                  1                                                      r...
2                                       Aira, César - Cómo me hice monjaÉl, que en su juventud había                      ...
Aira, César - Cómo me hice monja                                   3segundo pensé en disimularlo.                         ...
4                              Aira, César - Cómo me hice monja    Recordé que en el camino me                        no q...
Aira, César - Cómo me hice monja                             5—¡¡Es amargo!!                                          pace...
6                               Aira, César - Cómo me hice monja     —¡Qué   va   a   ser   horrible!                     ...
Aira, César - Cómo me hice monja                        7  —¡Probalo bien, idiota! Una                                  hu...
8                              Aira, César - Cómo me hice monja Me atraganté, tosí, y empecé a                          —D...
Aira, César - Cómo me hice monja                                      9humillación papá se la ahorró.Se había callado, no ...
10                                   Aira, César - Cómo me hice monjadefinitivo recurso habría sido                       ...
Aira, César - Cómo me hice monja                                11aguileña        que         heredó          mi          ...
12                                  Aira, César - Cómo me hice monjano había dejado de mirarme.                           ...
Aira, César - Cómo me hice monja                                 13a     anularlo      cualquier   persona                ...
14                             Aira, César - Cómo me hice monja—¿Qué culpa tengo yo si al pibe                        no l...
Aira, César - Cómo me hice monja                                 15normalidad, el ancho mundo                             ...
16                                 Aira, César - Cómo me hice monjarealidad,     no     cuadraba.      Fue                ...
Aira, César - Cómo me hice monja                       17Con fuerza hercúlea le hundía la                          irregul...
18                                       Aira, César - Cómo me hice monjacon inscripciones cariñosas... El                ...
Aira, César - Cómo me hice monja                                   19reflejaban          los             bucles           ...
20                                     Aira, César - Cómo me hice monjaencontraría... mi secreto... ¡Alto,                ...
Aira, César - Cómo me hice monja                                      21un entretenimiento de fin de                      ...
22                                 Aira, César - Cómo me hice monjalo que pueda pasar... Yo estaba                        ...
Aira, César - Cómo me hice monja                         23 Sacudían la puerta con frenesí,                               ...
24                                  Aira, César - Cómo me hice monjade       ser,     su    pasado,      sus              ...
Aira, César - Cómo me hice monja                                25desenlace! Era y no era... Casi                         ...
26                          Aira, César - Cómo me hice monjalas venticuatro horas. Yo estaba                    siquiera l...
Aira, César - Cómo me hice monja                                27quisiera, impunemente. Pero no                          ...
28                               Aira, César - Cómo me hice monjadolía?" y yo contestaba "no"                             ...
Aira, César - Cómo me hice monja                              29encontraba, no encontraba lo                           ver...
30                             Aira, César - Cómo me hice monjaespecie. Me había hecho su                             de q...
Aira, César - Cómo me hice monja                              31cuarenta pequeños pacientes...                            ...
32                                 Aira, César - Cómo me hice monjaignorantes, amas de casa en                            ...
Aira, César - Cómo me hice monja                               33parlantes...    Dejaban       de     vivir               ...
34                                Aira, César - Cómo me hice monjade que llegara la primera madre,                        ...
Aira, César - Cómo me hice monja                             35sur, un brazo, un dedo... La fe                            ...
36                                 Aira, César - Cómo me hice monjaY entonces empecé a mentir con                         ...
Aira, César - Cómo me hice monja                            37que lo pienso, ningún mimo, ni                          ingr...
38                                       Aira, César - Cómo me hice monjatienen por qué parecer más que                   ...
Aira, César - Cómo me hice monja                               39no estaba en él, estaba y no                             ...
40                                    Aira, César - Cómo me hice monjamuy      "struggle    for    life".    Las          ...
Aira, César - Cómo me hice monja                                 41ejemplo. Yo debía de haber                             ...
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Aira, césar -_como_me_hice_monja[1]

  1. 1. Aira, César - Cómo me hice monja 1 recuerdo vívido, que puedo reconstruir en su menor detalle. Antes de eso no hay nada: después, todo siguió haciendo un solo recuerdo vívido, continuo e ininterrumpido, incluidos los lapsos de sueño, hasta que tomé los hábitos. Nos habíamos mudado a Rosario. Mis primeros seis años los habíamos pasado, papá, mamá y yo, en un pueblo de la provincia de Buenos Aires del que no guardo memoria alguna y al que no he vuelto después: Coronel Pringles. La gran ciudad (era lo que parecía Rosario, viniendo de donde veníamos)1 nos produjo una sensación inmensa. Mi padre no demoróMi historia, la historia de "cómo más que un par de días enme hice monja", comenzó muy cumplir una promesa que metemprano en mi vida; yo había hecho: llevarme a tomaracababa de cumplir seis años. El un helado. Sería el primero paracomienzo está marcado con un mí, pues en Pringles no existían.
  2. 2. 2 Aira, César - Cómo me hice monjaÉl, que en su juventud había viniera de él. Nos sentamos enconocido ciudades, me había un banco en la vereda, bajo loshecho más de una vez el elogio árboles que había en aquelde esa golosina, que recordaba entonces en el centro dedeliciosa y festiva aunque no Rosario: plátanos. Observé cómoatinaba a explicar su encanto lo hacía papá, que en segundoscon palabras. Me lo había había dado cuenta del copete dedescripto, muy correctamente, crema verde. Cargué lacomo algo inimaginable para el cucharita con extremo cuidado,no iniciado, y eso había bastado y me la llevé a la boca.para que el helado echara raíces Bastó que las primerasen mi mente infantil y creciera partículas se disolvieran en mien ella hasta tomar las lengua para sentirme enfermadimensiones de un mito. del disgusto. Nunca había Fuimos caminando hasta una probado algo tan repugnante.heladería que habíamos Yo era más bien difícil en lalocalizado el día anterior. alimentación, y la comedia delEntramos. Él pidió uno de asco no tenía secretos para mí,cincuenta centavos, de pistaccio, cuando no quería comer; perocrema americana y kinotos al esto superaba todo lo quewhisky, y para mí uno de diez, hubiera experimentado nunca;de frutilla. El color rosa me mis peores exageraciones,encantó. Yo iba bien incluidas las que nunca me habíapredispuesta. Adoraba a mi permitido, se veían justificadaspapá. Veneraba todo lo que de sobra. Por una fracción de
  3. 3. Aira, César - Cómo me hice monja 3segundo pensé en disimularlo. seguir a papá ni siquiera en estePapá había puesto tanta ilusión camino de placeres. Habría sidoen hacerme feliz, y eso era tan insensato intentar ocultarlo; niraro en él, un hombre distante, siquiera hoy podría hacerlo,violento, sin ternuras visibles, porque esa mueca no se haque echar por la borda la borrado de mi cara.ocasión me pareció un pecado. —¿Qué te pasa?Pasó por mi mente la alternativa En su tono ya estaba todo loatroz de tragar todo el helado, que vino después.sólo por complacerlo. Era un En circunstancias normales eldedal, el vasito más chico, para llanto me habría impedidopárvulos, pero ahora me parecía contestarle. Siempre tenía lasuna tonelada. lágrimas a flor de ojos, como No sé si mi heroísmo habría tantos chicos hipersensibles.llegado a tanto, pero no pude Pero un rebote del gustosiquiera ponerlo a prueba. El horrendo, que me había bajadoprimer bocado me había hasta la garganta y ahora volvíadibujado en el rostro una mueca como un latigazo, me electrizóinvoluntaria de asco que él no en seco.pudo dejar de ver. Fue una —Gggh...mueca casi exagerada, en la que —¿Qué?se conjugaba la reacción —Es... feo.fisiológica y su acompañamiento —¿Es qué?psíquico de desilusión, miedo, y —¡Feo! —chillé desesperada.la trágica tristeza de no poder —¿No te gusta el helado?
  4. 4. 4 Aira, César - Cómo me hice monja Recordé que en el camino me no quería retroceder. Se mehabía dicho, entre otras cosas revelaba que mi único camino acargadas de una agradable esta altura era demostrarle aexpectativa: "Vamos a ver si te papá que lo que tenía entregusta el helado". Claro que lo manos era inmundo. Miré el rosadecía dando por supuesto que sí del helado con horror. Lame gustaría. ¿A qué chico no le comedia asomaba a la realidad.gusta? Los hay que, adultos, Peor: la comedia se hacíarecuerdan su niñez como un realidad, frente a mí, a través deprolongado pedido de helados y mí. Sentí vértigo, pero no podíapoca cosa más. Por eso ahora su echarme atrás.pregunta tenía una resonancia —¡Es feo! ¡Es una porquería! —de incrédulo fatalismo, como si Quise ponerme histérica. —¡Esdijera: "No puedo creerlo; asqueroso!también en esto tenías que No dijo nada. Miraba el vacíofallarme". delante de él y comía de prisa suVi construirse la indignación y el helado. Yo había errado una vezdesprecio en sus ojos, pero se más el enfoque. Lo cambié concontuvo todavía. Decidió darme aturdida precipitación.una oportunidad más. —Es amargo —dije.—Cómelo. Es rico —dijo, y para —No, es dulce —respondió condemostrarlo se llevó a la boca una contenida suavidad cargadauna cucharada cargada del suyo. de amenaza. Yo ya no podía retroceder. —¡Es amargo! —grité.Estaba jugada. En cierto modo —Es dulce.
  5. 5. Aira, César - Cómo me hice monja 5—¡¡Es amargo!! paces por un camino retorcido, Papá ya había renunciado a muy típico de mí:toda satisfacción que pudiera —-No sé cómo puede gustartehaber esperado de la salida, de esa porquería. —Traté de darlela comunión de gustos, de la un tonillo de admiración.camaradería. Eso quedaba atrás, —A todo el mundo le gustan los¡y qué ingenuo de su parte, helados —dijo lívido de furia. Ladebía de estar pensando, en máscara de paciencia caía, y nohaberlo creído posible! No sé cómo yo todavía no estabaobstante, y sólo para ahondar llorando. —A todo el mundomás su propia herida, emprendió menos a vos, que sos un tarado.el trabajo de convencerme de mi —¡No, papá! ¡Te juro...!error. O de convencerse él de —Come ese helado.— Frío,que yo era su error. tajante. —Para eso te lo compré, —Es una crema muy dulce con taradito.gusto a frutilla, riquísima. —¡Pero no puedo...!Yo negaba con la cabeza. —Comelo. Probalo. Ni lo —¿No? ¿Y qué gusto tiene probaste.entonces? Abriendo grandes los ojos por—¡Es horrible! mi honestidad puesta en duda —A mí me parece muy rico — (tendría que haber sido undijo tranquilamente, y engulló monstruo para mentir por gusto)otra cucharada. Su calma me exclamé:espantaba más que cualquier —¡Te juro que es horrible!otra cosa. Intenté hacer las
  6. 6. 6 Aira, César - Cómo me hice monja —¡Qué va a ser horrible! Me resultó mil veces másProbalo. asqueante que la vez anterior.—¡Ya lo probé! ¡No puedo! Lo habría escupido, de saberSe le ocurrió algo y volvió a un cómo hacerlo. Nunca aprendí anivel más condescendiente: escupir a distancia. Me chorreó—¿Sabes qué debe ser? Que te por las comisuras de los labios.dio impresión lo frío. No el Papá había seguido cada unogusto, sino lo frío que está. Pero de mis movimientos de reojo,enseguida te vas a acostumbrar sin dejar de comer su helado ay vas a ver qué rico es. grandes cucharadas. Las tres Me aferré a un clavo ardiente. capas de distintos colores ibanQuise creer en esa posibilidad, desapareciendo velozmente. Conque a mí no se me habría la cucharita aplastó la cremaocurrido en mil años. Pero en el dejándola a nivel con los bordesfondo sabía que no valía la del vasito de barquillo. En esepena. No era así. Yo no tomaba punto comenzó a comérselo. Yohabitualmente bebidas heladas no sabía que esos vasitos se(no teníamos heladera) pero las comían, y me pareció unahabía probado y sabía bien que manifestación de salvajismo queno era eso. Aun así, me aferré. desbordó la capa de mi espanto.Tomé con suma precaución una Empecé a temblar. Sentí subir elpizca de helado en la punta de llanto. Me habló con la bocala cucharita, y me la llevé a la llena:boca mecánicamente.
  7. 7. Aira, César - Cómo me hice monja 7 —¡Probalo bien, idiota! Una hubiera inventado. Papá mebuena porción para que puedas arrancó la cucharita de la otrasentirle el gusto. mano y la clavó en la frutilla. La—Pe... pero... levantó bien cargada y me la Terminó el suyo. Arrojó la acercó a la boca. Mi únicacucharita a la calle. Milagro que defensa habría sido cerrarla, yno se la comiera también, no volver a abrirla nunca más.pensé. Con las manos libres, se Pero no podía. La abrí, redonda,volvió hacia mí, y supe que el y la cucharita entró. Se posó encielo se me estaba cayendo mi lengua.encima. —Cerrá.—¡Cómelo de una vez! ¿No ves Lo hice. Las lágrimas ya meque se está derritiendo? velaban los ojos. Al apretar la Efectivamente, el copo de lengua contra el paladar y sentirhelado se estaba haciendo cómo se deshacía la crema, selíquido, y unos arroyuelos rosa formó un sollozo en todo micorrían por el borde del vasito y cuerpo. No hice los movimientosme goteaban sobre la mano y el de tragar. El asco me inundaba,brazo, y sobre mis piernas flacas me explotaba en el cerebrobajo el pantalón corto. Eso me como un rayo. Otra cucharadainmovilizaba definitivamente. Mi bien cargada venía en camino.angustia crecía al modo Abrí la boca. Ya estaba llorando.exponencial. El helado se me Papá me puso la cucharita en laaparecía como el más cruel otra mano.dispositivo de tortura que se —Seguí vos.
  8. 8. 8 Aira, César - Cómo me hice monja Me atraganté, tosí, y empecé a —Decime por qué no te gusta.llorar a los gritos. A todos les gusta y a vos no.—Ahora estás encaprichado. Me Decime el motivo.lo haces a propósito. Increíblemente, pude hablar; —¡No, papá! —tartamudeé de pero tenía tan poco que decir.modo ininteligible. Sonaba: "pa —Porque es feo.no pa no no pa". —No, no es feo. A mí me gusta. —¿No te gusta? ¿Eh? ¿No te —A mí no —imploré.gusta? ¿No ves que sos un Me tomó el brazo y guió latarado?— Lloré. —Contestame. mano con la cucharita hasta elSi no te gusta no hay problema. helado.Lo tiramos a la mierda y ya está. —Tómalo y nos vamos. Para Lo decía como si eso fuera una qué te habré traído.solución. Lo peor era que papá, —¡Pero no me gusta! Por favor,por haber comido tan de prisa por favor...su helado, tenía la lengua —Está bien. Nunca más teentumecida y hablaba como yo vuelvo a comprar uno. Peronunca lo había oído, con una tomá éste.torpeza que me lo hacía más Cargué la cucharitaferoz, más incomprensible, mecánicamente. De sólo pensarmuchísimo más temible. Creía que ese suplicio iba a seguir meque era la rabia lo que le sentía desfallecer. Ya no teníaendurecía la lengua. voluntad. Lloraba francamente, sin embozos. Por suerte estábamos solos. Al menos esa
  9. 9. Aira, César - Cómo me hice monja 9humillación papá se la ahorró.Se había callado, no se movía. 2Me miraba con el mismodisgusto profundo, visceral, con La discusión, como dije alque yo consideraba mi helado de terminar el capítulo anterior,frutilla. Yo quería decirle algo, había llegado a su fin, si es quepero no sabía qué. ¿Que el puede hablarse de discusión.helado no me gustaba? Ya se lo Habíamos caído en un silenciohabía dicho. ¿Que el sabor del que ni siquiera el ruidohelado era inmundo? También entrecortado de mis sollozosse lo había dicho, pero era algo alteraba en profundidad. Mique no valía la pena decir, que padre era una estatua, unaun después de decirlo seguía bloque de piedra. Yo,en mí, incomunicable. Porque a estremecida, trémula, húmeda,él le gustaba, le parecía con el vaso de helado en unaexquisito. Todo era imposible, mano y la cucharita en la otra, lapara siempre. El llanto me cara roja y descompuesta en undobló, me quebró. Y no podía rictus de angustia, no estabaesperar ningún consuelo. La menos inmovilizada. Lo estabasituación era inexpresable por más, atada a un dolor que meambos lados. Él tampoco podía superaba con creces, dando condecirme cuánto me despreciaba, mi infancia, con mi pequeñez,cuánto me odiaba. Esta vez, yo con mi extrema vulnerabilidad,había ido demasiado lejos. Sus la medida del universo. Papá nopalabras no me alcanzarían. insistió más. Mi último y
  10. 10. 10 Aira, César - Cómo me hice monjadefinitivo recurso habría sido por la voluntad o la deliberación.terminar por mi cuenta el Una arcada me sacudió el plexo.helado, encontrarle el gusto al Fue algo grotesco, de caricatura.fin, remontar la situación. Pero Era como si algo en mí quisieraera imposible. No necesitaba demostrar que tenía enormesque me lo dijeran. Ni siquiera reservas de energía, listas anecesitaba pensarlo. En mi desencadenar en cualquiersuprema impotencia, tenía momento. De inmediato, otra,firmemente dominadas las más exagerada todavía. A losriendas de lo imposible. La calle muchos estratos de mi miedo sevacía bajo los plátanos, el calor agregaba éste de ser presa deasfixiante del enero rosarino, un mecanismo físicodevolvían el eco de mis sollozos. incontrolable. Papá me miró,En la quietud, el sol hacía como si volviera de muy lejos:dibujos de luz. Me caían —Basta de farsa.lágrimas innumerables, y el Otra arcada. Otra más. Otra.helado se derretía francamente, Eran una serie. Todas secas, sinlos hilos rosa me corrían hasta el vómito. Parecían las frenadas decodo, desde donde goteaban a un auto loco. Frenadas ante ella pierna. abismo, pero repetidas, como si Pero no hay situación que se el abismo se multiplicara.eternice. Siempre pasa algo Un interés nació en el rostro demás. Lo que sucedió entonces papá. Yo conocía tan bien esevino de mi cuerpo, de lo rostro, cetrino, redondo, con laprofundo, sin preparación alguna calva prematura, la nariz
  11. 11. Aira, César - Cómo me hice monja 11aguileña que heredó mi Vacilaba un poco. Debía dehermana, no yo, y el espacio estar pensando cómo haría paraexcesivo entre la nariz y la boca, llevarme a casa. No sabía, pobreque él disimulaba con un bigote papá, que ya nunca más mebien recortado. Lo conocía tan llevaría a casa. Aunque estoybien que no necesitaba mirarlo. segura de que si alguien se loEra un hombre previsible. Al hubiera dicho en ese momento,menos lo era para mí. Yo habría sentido alivio.también debía de ser previsible Con todas las sacudidas, ypara él. Pero las arcadas lo siempre sin soltar el vasito, yohabían sorprendido. Las miraba me había asperjado de heladocasi como si yo me hubiera de pies a cabeza, ropa incluida.objetivado, como si hubiera De modo que su primera medidasalido de él, de su destino. Yo fue quitármelo; hizo lo propioseguía en la mía. Arcada. con la cucharita de la otra mano.Arcada. Arcada. Yo era muy pequeña, muy Al fin amainaron, sin que menuda, inclusive para mis seishubiera llegado a vomitar. Ya no años recién cumplidos. Papá eralloraba. Me contenía, me un hombre grande, sin seraferraba a una triste parálisis. corpulento. Pero tenía dedosOtra arcada remanente. Un hipo largos y finos (que yo sí hehepático. heredado), y me alivió de mis —Pero será posible, la puta dos cargas con precisión. Buscómadre que te parió... un lugar donde tirarlos. Pero no lo buscaba en realidad porque
  12. 12. 12 Aira, César - Cómo me hice monjano había dejado de mirarme. última, secreta, sublimeEntonces hizo algo confirmación.sorprendente. Pero se produjo un giroMetió la cuchara en el vaso, en completo. Frunció los rasgos delos restos del heladito rosa ya inmediato en una mueca demedio líquido, pero todavía asco, y escupió con fuerza. ¡Eramanejable, la cargó y se la llevó inmundo! Yo estaba desorbitadaa la boca. No insultaré la (estaba desorbitada de antes,memoria de mi padre diciendo por las arcadas) y lo veía doble,que no quería desaprovechar el o triple. Debería habermehelado ya pago. Estoy segura de transportado el conocidoque no era ése el caso. Podía sentimiento de triunfo, el triunfotener gestos de tacaño, como de los débiles de ver que se leslos tenemos todos, pero no en da la razón después de louna ocasión como aquélla. En su irremediable. Algo de eso hubo,simplicidad de hombre de quizás, porque el hábito espueblo, era coherente. Estoy fuerte. Pero no me sentísegura de que no concebía transportada. De hecho, nosiquiera la posibilidad de entendía bien qué podía estarcomplicar la tragedia. Prefiero pasando. Estaba tan arraigadapensar que quiso deleitarse, una en el desastre que buscaba otrasola vez, una sola cucharada, explicación, más barroca, unacon el más cabal sabor del vuelta de tuerca que no anulasehelado de frutilla. Como una lo anterior, como habría tendido
  13. 13. Aira, César - Cómo me hice monja 13a anularlo cualquier persona El heladero alzó la vista delmoralmente sana. Tony. Quiso componer la cara Se llevó el vasito a la nariz y porque adivinó que habíaolió con fuerza. Su gesto de problemas, y no acertaba adisgusto se acentuó. Hubo esa imaginarse de qué índole eran.impasse de movimientos —Esta mierda de helado queimperceptibles que anuncia el me vendió está en mal estado.paso a la acción. Él no era un —No.hombre de acción; en ese —¡Cómo que no, carajo!aspecto era normal. Pero la —No señor, todo el helado queacción a veces se impone. No vendo es fresco.me miró. En todo lo sucesivo de —Bueno, éste está podrido.esa tarde funesta no volvió a —¿Cuál es? ¿Frutilla? Me lomirarme. Aunque debo de haber trajeron esta mañana.sido un considerable —¡Qué mierda me importa!espectáculo. Ni una sola vez ¡Esto está podrido!volvió sus ojos a mí. Una mirada —Más fresco, imposible —habría equivalido a una insistió el hombre. Buscóexplicación, y ya era imposible rápidamente entre las tapas deexplicarnos. Se levantó y fue aluminio de los tamboresadentro de la heladería, me dejó alineados en el mostrador, ysola en el banco de la vereda, abrió una. —Ahí está, sinllorosa y enchastrada. Pero yo empezar. Lo empecé con usted.fui tras él. —¡Pero no me va a decir a mí!—Señor...
  14. 14. 14 Aira, César - Cómo me hice monja—¿Qué culpa tengo yo si al pibe no lo había hecho, y ahora leno le gustó? devolvían la misma moneda, que Papá estaba rojo de furor. Le él no podía ver sino por eltendió el vasito. reverso, el de la malevolencia.—¡Pruébelo! Adiviné que estaba dispuesto a —Yo no tengo por qué probar hacérselo probar por la fuerza.nada. El otro, por su parte, se —No... Usted lo va a probar y enfrentaba a una alternativa enme va a decir si... la que creía tener todas las de—No me grite. ganar. Podía probar el helado, A pesar de esta sugerencia encontrarle o no algún saborsensata, los dos estaban extraño, ligeramente amargo ogritando. medicinal, y embarcarse en una—Lo voy a denunciar. interminable discusión sobre lo—No me haga reír. incomunicable o indecidible. En—¡Qué se cree! ese momento entraron dos—¡Qué se cree usted! chicos. El heladero los miró, con En realidad, habían llegado a el triunfo pintado en el rostro.una competencia de voluntades. —Dos de un peso.Eso impedía que el problema Los de un peso eran grandes,encontrara su solución natural. de cuatro gustos. Dos pesos enMi padre debía de saber que si aquellos años eran algo. Laél hubiera probado el helado de escena cambiaba radicalmente.frutilla de entrada, las cosas no Ahora ponía a la heladería bajohabrían llegado tan lejos. Pero la luz de la prosperidad, de la
  15. 15. Aira, César - Cómo me hice monja 15normalidad, el ancho mundo derretido en la mano. El otro noentraba bajo la figura de esos probaría esa porquería: probaríados adolescentes. Quedaba atrás su buen helado del tambor,la figura siniestra del loco fresco y virgen. Papá se alarmó.reclamando por un matiz del Se sentía derrotado.sabor en un helado de diez —No, pruebe éste... —dijo. Perocentavos. Esa apertura de la lo dijo sin verdadera convicción.situación significaba nuevas No tenía la razón de su parte. Yreglas. Reglas de racionalidad, a la vez la tenía. Dentro de todo,que habían estado faltando. le convenía reservarse esa carta.Toda relación, incluida (y sobre Si el helado del tambor setodo) la mía con papá, tenía sus revelaba correcto, le quedaba elreglas. Pero además estaban las recurso del vasito.reglas de juego generales del El heladero alzó la tapa, tomómundo. El heladero lo percibió una cucharita limpia, raspócon fluidez, y fue lo último que superficialmente y se la llevó apercibió. Sin alterar su gesto de la boca como un conocedor. Eltriunfo, dijo: gesto de asco fue instantáneo y —A ver qué pasa con esa automático. Escupió a unfrutilla. costado. Se dirigía más a los recién —Tiene razón. Está feo. No lollegados que a papá. Era su había probado.definitiva demostración de Lo decía como si tal cosa. Comodominio. Mi padre seguía con el lo más natural del mundo. Nopatético vasito de helado pensaba pedir perdón. En
  16. 16. 16 Aira, César - Cómo me hice monjarealidad, no cuadraba. Fue otro lado del mostrador y dirigíademasiado para papá. El odio, el todas sus trompadas a la cabezainstinto destructor, se hizo de su rival. El heladero erapresente con la contundencia de gordo, torpe, y no atinaba aun mazazo. devolver los golpes, sólo a —¿Y así me lo dice? ¿Después cubrirse, y eso apenas. Papáde...? gritaba como un energúmeno. —¡No se altere! ¡Yo qué culpa Estaba fuera de sí. Un cross quetengo! acertó por casualidad en plena A esta altura, lo único que les oreja hizo girar al heladeroquedaba, a los dos, para poder noventa grados. Quedó dándoleseguir adelante, era la violencia la espalda, y papá lo tomó conmás desencadenada. No las dos manos por la nuca, se leretrocedieron. Papá se lanzó por pegó con todo el cuerpo (parecíasobre el mostrador a como si lo estuviera violando) yabofetearlo. El heladero se hizo le metió la cabeza en el tamborfuerte detrás de la caja de frutilla, que había quedadoregistradora. Los dos chicos abierta.salieron corriendo, pasaron a mi —¡Te lo vas a comer! ¡Te lo vaslado (yo estaba clavada en el a comer!umbral, fascinada, hilvanando de —¡Nooo! ¡Saquenmeló... ggh...modo enfermizo las distintas de encima...!lógicas que se sucedían en la —¡Te lo vas a...!controversia) y miraron desde —¡Gggh...!!afuera. Papá había saltado al —¡Te lo vas a comer!
  17. 17. Aira, César - Cómo me hice monja 17Con fuerza hercúlea le hundía la irregular en la tráquea torcida...cara en el helado y apretaba y Nada más...apretaba. Los movimientos de la Yo había sido víctima de losvíctima se hacían espasmódicos, temibles ciánidos alimenticios...y más espaciados... hasta que la gran marea de intoxicacionescesaron por completo. letales que aquel año barría la Argentina y países vecinos... El3 aire estaba cargado de miedo, porque atacaban cuando menos Nunca supe cómo salí de la se los esperaba, el mal podíaheladería, cómo me sacaron... venir en cualquier alimento, aunqué pasó... Perdí el los más naturales... la papa, elconocimiento, mi cuerpo empezó zapallo, la carne, el arroz, laa disolverse... literalmente... Mis naranja... A mí me tocó elórganos se hicieron viscosos... helado. Pero hasta la comidapingajos colgados de necrosis hecha en casa, amorosamente...pétreas... verdes... azules... La podía ser veneno... Los niñosúnica vida que producían era el eran los más afectados... noardor frío de la infección... de la resistían... Las amas de casa sedescomposición... hinchazones... desesperaban. ¡La madremanojos de ganglios... Un mataba a su bebé con la papilla!corazón del tamaño de una Era una lotería... Tantas teoríaslenteja latiendo aterido en medio contradictorias... Tantos habíande los despojos... un silbido muerto... Los cementerios se llenaban de pequeñas lápidas
  18. 18. 18 Aira, César - Cómo me hice monjacon inscripciones cariñosas... El en un delirio constante, meángel voló a los brazos del sobraba tiempo para elaborar lasSeñor... firmado: sus padres historias más barrocas...inconsolables. Yo la saqué Supongo que tendría altos ybarata. Sobreviví. Pude contar el bajos, pero se sucedían en unacuento... pero a un precio de intensidad única de invención...todos modos muy alto... Por Las historias se fundían en unaalgo dicen: lo barato sale caro. sola, que era el revés de unaLa enfermedad se hizo doble en historia... porque no tenía másmí. Debería habérmelo historia que mi angustia, y lasesperado... en el caso fantasmagorías no se posaban,inconcebible de que hubiera no se organizaban... No mepodido esperar algo. El mal se permitían siquiera entrar,manifestó en una especie de perderme en ellas...equivalencia cruel. Mientras mi Uno de los avatares de lacuerpo se retorcía en las historia era la inundación. Yotorturas del dolor, mi alma estaba en mi casa... En la casaestaba en otra parte, donde por de Pringles que habíamosmotivos distintos sufría lo dejado al mudarnos a Rosario...mismo. Mi alma... la fiebre... En que ya no era nuestra y dondeaquel entonces no se usaba no volveríamos a vivir. El aguabajar la fiebre con subía, y yo en la cama mirandomedicamentos... La dejaban el techo paralizada... ni siquieracumplir su ciclo, podía volver la cabeza para verinterminablemente... Yo estaba el agua... pero en el techo se
  19. 19. Aira, César - Cómo me hice monja 19reflejaban los bucles una hija que matara a susblanquecinos de la creciente... padres... nunca...Era una ficción salida de la nada, Otro (pero eran distintas carasporque nunca habíamos estado de la misma pesadilla): uncerca de una inundación... animal nadando dentro de laOtro: yo convidaba a mi familia casa inundada, una nutria... Noscon bombones envenenados... mordía los pies si intentábamosCobertura de chocolate, una caminar en el agua que subía...capa finísima de vidrio, y Si mi mano resbalaba de laadentro arsénico alcohólico... No sábana me comería los dedostenía antídoto... Lo irreparable... uno por uno...Papá aceptaba uno, mamá Otro más: yo seguía paralizada,también... Yo quería volver la cabeza apoyada en unaatrás, me arrepentía, pero ya almohada alta, y mi mamá abríaera tarde... Iban a morirse... la el armario con puertas de vidriopolicía no tendría problemas en verde que había frente a laaveriguar la causa... me cama, donde yo guardaba misinterrogarían... Yo decidía libros... En realidad no teníaconfesar todo, llorar a mares, libros, era demasiado chica, nodejar que me arrastraran las sabía leer... El pánico meaguas... Pero ni siquiera la cortaba la respiración... ¿Quémuerte podía consolarme había ido a buscar en el armarioporque ¿cómo iba a vivir yo sin mi mamá? ¿Acaso sabía...?mi papá y mi mamá? Y lo peor Aprovechaba mi impotenciaera que nunca se había visto para... En cualquier momento lo
  20. 20. 20 Aira, César - Cómo me hice monjaencontraría... mi secreto... ¡Alto, estaría actuando... si es quemamá! ¡No lo hagas! ¡Te había comido el bombón, ¡ycausará dolor, el dolor más ojalá lo hubiera comido!grande de tu vida! Su dolor sería Ojalá... dentro de todo... Perotan grande como mi vergüenza, no. No era cuestión de quemi espanto... pasara esto o aquello... Era una No necesito decir que yo no combinatoria, o mejor dicho untenía ningún secreto... Nunca orden... Los hechos setuve secretos, y a la vez todo ordenaban de otro modo... Seera secreto, pero secreto repetían... O mejor dicho,involuntario... El delirio daba el derivaban... En los peoresmodelo, y algo más que el momentos me preguntaba a mímodelo... Mamá hurgaba en el misma: ¿estoy loca?armario... en medio de la Por encima de estas historias seinundación... ¡en lugar de tomar suspendía otra, másmedidas más prácticas, como convencional en cierto modo, altomarme en brazos y ponerme a mismo tiempo más fantástica.salvo, a campo traviesa, por las Funcionaba aparte de la serie,llanuras inundadas! La odiaba como un "fondo", todo elpor eso... Ella seguía buscando, tiempo. Era una especie dealucinada, aunque la nutria, de cuento detenido... un episodiopronto mi cómplice, le roía los de terror, muy preciso y contobillos sumergidos... y yo sabía detalles escalofriantes... Laademás que le quedaban angustia que me provocabaminutos de vida, el veneno ya hacía parecer en comparación
  21. 21. Aira, César - Cómo me hice monja 21un entretenimiento de fin de papás: yo. El realismo erasemana el delirio cuadripartito... minucioso, hermético... PeroSalvo que no era un detalle, un cuando digo que estaba sola,relámpago en el cielo que la casa estaba cerrada, quetormentoso... Era todo lo que era de noche... no sonme pasaba... todo lo que me circunstancias, no son elementospasaría en una eternidad que no sueltos con los que armar unahabía empezado ni terminaría serie... La serie era exterior (lanunca... Yo estaba dibujada en inundación, la nutria, losun librito de cuento de hadas, bombones, el secreto) y agotabame había hecho mito... y lo veía todas las reservas delirantes dedesde adentro... mi fiebre... Aquí ya no quedabaDesde adentro... Yo estaba sola sino el bloque de realidaden casa. Papá y mamá habían inmanejable, el verosímiltenido que ir a un velorio y me rabioso...habían dejado encerrada... en Me habían recomendadoaquella vieja casita de Pringles severamente que no le abriera aen la que ya no vivíamos... sola nadie, bajo ningunacon mis cuatro historietas dando circunstancia. ¡Como si fueravueltas en la cabeza... mi corona necesario! De eso dependía mide espinas... Las dos puertas vida y algo más. Nunca meestaban con llave, bajadas las habían dejado sola antes (en lapersianas de madera de las realidad nunca lo hicieron) peroventanas... una caja fuerte para esto era fuerza mayor... Lael tesoro de vida que tenían mis primera vez siempre asusta, por
  22. 22. 22 Aira, César - Cómo me hice monjalo que pueda pasar... Yo estaba tan importante que tuvieran quesegura de mí, la consigna era abandonarme?simple... No abrir. Podía hacerlo. Lo peor es que... eran ellos...Era fácil. Podían confiar en mí. ¡Eran papá y mamá, los queAdemás, ¿quién iba a venir, a la llamaban a la puerta! Los dosmedianoche...? Mi vida dependía monstruos habían adoptado lade eso, mi integridad... ¿Quién, forma de mi mamá y mi papá...quién, quién podía venir? No sé cómo los veía, supongo ¡Pero estaban llamando a la que por el agujero de lapuerta de calle! ¡La estaban cerradura, que alcanzabagolpeando, como si quisieran poniéndome en puntas de pie...echarla abajo! No era sólo que Me erizaba de pies a cabeza, mellamaran: querían entrar... ¿Para congelaba... al verlos tanqué iban a quererlo sino para idénticos... les habían robado lasasesinarme? ¡Y yo estaba sola...! caras, la ropa, el pelo... a papáDebían de saberlo... lo sabían muy poco porque era calvo, peroperfectamente, por eso venían... los rulos rojos de mi mamá...Eran ladrones, venían a Eran símiles perfectos, sindesvalijar la casa, en la hipótesis errores... ¡El trabajo que semás benévola... Estaba en mis habían tomado! Esos seres quemanos impedirlo, pero mis no tenían forma, o no me lamanos eran tan débiles... revelaban... esos simulacros...Temblaba como una hoja, atrás sus pésimas intenciones... Elde la puerta... ¿Por qué me espanto me helaba la sangre, nohabían dejado sola? ¿Qué era podía pensar...
  23. 23. Aira, César - Cómo me hice monja 23 Sacudían la puerta con frenesí, escuchada, por una vez... Volvíano sé cómo no se venía abajo... a la puerta de calle...Gritaban mi nombre, hacía horas Y aunque quisiera abrirles,que lo estaban gritando... con ¿cómo hacerlo? Estabalas voces de papá y mamá... encerrada, no tenía la llave... ¿O¡Las voces también! Un poco sí la tenía?alteradas, un poco roncas... Eso era secundario. ¿Quería oHabían tomado cognac en el no quería abrirles? Por supuestovelorio, y no estaban que no. No me engañaban... ¿Oacostumbrados... se ponían sí me engañaban? ¿Cómocomo locos... Habían perdido la saberlo? Eran exactamentellave, o se la habían olvidado... como mis padres, más realescualquier cosa... la mentira era que la realidad... No sacaba eltan transparente... ¡Me ojo del agujero de la cerradura,insultaban! ¡Me decían cosas bebía esa escena irreal... Perofeas! Y yo lloraba de horror, dentro de lo irreal eran ellos,muda, paralizada... ellos mismos, mis padres... No Papá saltaba el muro del patio, sólo en la máscara sino en losiba a la puerta de la cocina, gestos, en los tics, en el estilo,empezaba a golpearla, a en sus historias... Ése era mipatearla... Yo cruzaba la casa modo de ver a mis padres, sobreoscura, como una sonámbula, todo a papá... con mamá erame paraba frente a la otra otra cosa... a él lo veía no en lapuerta, le rogaba a Dios que persona exterior como podíaresistiera... Mi plegaria era verlo cualquiera... veía su modo
  24. 24. 24 Aira, César - Cómo me hice monjade ser, su pasado, sus respetaban... Y sin embargo... areacciones, su razonamiento... a veces se ponían nerviosos... yomamá también, ahora que lo era una niña difícil... una niñapienso... Y no porque yo fuera problema en algún sentido... Losespecialmente perspicaz sino atacantes se aprovechaban deporque ellos, por ser mis padres, eso... toda la maldad del mundono tenían forma, o no me la era una arcilla con la que habíanrevelaban... se negaban a hecho esos dos muñecoshacerlo... fue la tragedia de mi atroces...infancia y de toda mi vida... Mi ¿Qué sería de mí? ¿Caería enmirada no podía detenerse en la sus manos? ¿Entrarían? ¿Mevisión, se precipitaba más allá, a daría un ataque de imprudenciaun abismo, y yo atrás... y les abriría yo misma, sin Los golpes eran atronadores, la pensar, llevada por uncasita se estremecía en sus optimismo imbécil...? ¿Lescimientos... los gritos creería?arreciaban... me decían todas las ¿Cómo saberlo? Eso era lo peor:verdades que se me podían que no hubiera desenlace... Odecir... ya sin palabras... no mejor dicho: que lo hubiera.importaba porque yo entendía Porque si sólo faltara eligual... ¿Pero no ves que somos desenlace, habría podidonosotros? ¿No ves que somos quedarme de algún modonosotros, idiota? ¡Idiota! tranquila, esperándolo... ¡No! Mis papas no me tratarían procrastinar, dejarlo paraasí... ellos me querían, me después... ¡Pero éste era el
  25. 25. Aira, César - Cómo me hice monja 25desenlace! Era y no era... Casi Cuando recuperé el sentido, mehabría podido decir que no era hallaba en la sala de pediatríanada. Porque no veía nada, el del Hospital Central de Rosario.delirio no era lo bastante fuerte, Abrí los ojos a una experienciao lo era demasiado... No veía la nueva para mí. El mundo de lascasa donde estaba encerrada, madres. Papá no fue a visitarmeno veía a los maniquíes una sola vez. Pero ni un solo díahorrendos que la sitiaban... las dejé de esperarlo, con unaalmas de mamá y papá... No era mezcla de anhelo y aprensiónuna alucinación... ¡Qué descanso que conservaba algo delsi lo hubiera sido...! Era una encadenamiento de los delirios.fuerza... una onda invisible... Mamá sí estaba presente, y ella Duró un mes. Increíblemente, traía el aroma del espanto, comosobreviví. Podría decir: me una sombra de papá. Eradesperté. Salí del delirio, como inevitable, porque yo habíase sale de la cárcel. El entrado para siempre en elsentimiento lógico habría sido el sistema de la acumulación, en elalivio, pero no fue mi caso. Algo que nada, nunca, queda atrás.se había roto en mí, una válvula, No le pregunté por él. Mamá noun pequeño dispositivo de era la misma. La veía distraída,seguridad que me permitiera inquieta, angustiada. No secambiar de nivel. quedaba mucho, decía que tenía que hacer, y yo entendía. En las4 otras camas había una madre o una tía o una abuela turnándose
  26. 26. 26 Aira, César - Cómo me hice monjalas venticuatro horas. Yo estaba siquiera las pupilas. Pasaba díassola, abandonada en un orbe enteros, semanas enteras, enmaterno. ese estado; me sentía recaer en Había unos cuarenta chicos él sin haber salido, o sin haberinternados conmigo, por las más tenido conciencia de salir... Y ladiversas causas, desde fracturas caída era muy profunda...a leucemia. Nunca los conté, ni Todos los días, a la peor hora,hice amistad con ninguno; ni al comienzo de la peor hora, mesiquiera le dirigí la palabra a visitaba el médico. Debía denadie. estar interesado en mi caso: Tardaron una eternidad en eran pocos los que sobrevivían adarme de alta, así que toda la los ciánidos. Alguna vez le oípoblación se renovó durante mi pronunciar la palabra "milagro".estada, algunas camas hasta Si había milagro, era pordiez veces o más. Había de todo, completo involuntario. Yo nodesde chicos que parecían gozar colaboraba con la ciencia. Porde excelente salud y hacían una una manía, un capricho, unabulla fenomenal, hasta otros locura, que ni yo misma hedecaídos, inmóviles, dormidos... podido explicarme, saboteaba elYo era de estos últimos. La trabajo del médico, lo engañaba.debilidad me tenía paralizada, en Me hacía la estúpida... Debo deun sopor permanente. Durante haber pensado que la ocasiónlargas horas, a partir de la era tan propicia que habría sidomedia tarde, entraba en una una pena desaprovecharla.especie de letargia. No movía Podía ser todo lo estúpida que
  27. 27. Aira, César - Cómo me hice monja 27quisiera, impunemente. Pero no sinuoso el procedimiento, lo queera tan simple como la no era tan fácil si uno deberesistencia pasiva. La mera responder por la negativa o lanegativa era demasiado afirmativa, sin medias tintas. Aaleatoria, porque a veces la lo que debe sumarse otranada puede ser la respuesta autoimposición: la de noacertada, y yo jamás habría intercalar verdades en lasdejado mi suerte en manos del mentiras. Esto último por miedoazar. De modo que pudiendo a no llevar bien la cuenta, y quedejar sus preguntas sin el azar interviniera. No sé porrespuesta, me tomaba el trabajo qué lo hacía, pero me lasde responderlas. Mentía. Decía arreglé. Algunas de mislo contrario de la verdad, o de lo maniobras (no sé para qué lasque me parecía más verdadero. cuento, como no sea para darlePero tampoco era tan simple ideas a un enfermo): me hacíacomo decir lo contrario... Él la sorda a una pregunta, yaprendió pronto a formular sus cuando él formulaba lapreguntas de modo que la siguiente, yo respondía a larespuesta fuera "sí" o "no", nada anterior, con la mentira pormás. No habría tardado en supuesto; respondía, siempreaprender a traducir al opuesto, falaz, a un elemento de lasi yo mentía siempre. Y yo me pregunta, por ejemplo a unhabía auto-impuesto el deber de adjetivo o a un tiempo verbal,mentir siempre; de modo que no a la pregunta en sí: mepara protegerme debía hacer preguntaba "¿era aquí dónde te
  28. 28. 28 Aira, César - Cómo me hice monjadolía?" y yo contestaba "no" Del mundo. Yo lo mirabaarreglándomelas, con un poniendo una cara especial quemovimiento de las cejas, para había inventado, que significabadarle a entender que no era ahí ¿qué? ¿qué? ¿de qué me estádonde me dolía antes, pero me hablando? ¿por qué me haceestaba doliendo ahora; él preguntas difíciles? ¿no ve elcaptaba esos matices, no se estado en que estoy? ¿por quéperdía uno, se desesperaba, se me habla en chino y no encorregía: "¿es ahí donde te castellano? Él bajaba la vista,duele?"; pero yo ya había pero lo tomaba lo mejor quepasado a otro sistema de mentir, podía. Se sentaba en el borde dea otra táctica... Debo decir en mi la cama y empezaba a palparme.descargo que lo improvisaba Hundía un dedo aquí y allá, en eltodo. Aunque tenía verdaderos hígado, en el páncreas, en laeones para pensar, nunca los vesícula...usaba para eso. —¿Duele aquí? —¿Cómo anda hoy don César? —Sí.Qué bien se lo ve don César. ¿Ya —¿Duele aquí?quiere ponerse a jugar al fóbal —No.don César? A ver cómo andamos —¿Aquí?don César... —¿Sí? Su alegría era contagiosa. Era Empezaba todo de nuevo,un hombre joven, pequeño, de desorientado. Buscaba losbigotito. Parecía venir de muy lugares donde fuera imposiblelejos. que no me doliera. Pero no los
  29. 29. Aira, César - Cómo me hice monja 29encontraba, no encontraba lo verdad. Es que las arcadasimposible, de lo que yo era tenían para mí un carácterdueña y señora. Yo tenía las sagrado, eran algo con lo que nollaves del dolor... se jugaba. El recuerdo de papá—¿Duele un poquito aquí? en la heladería las hacía más Le daba a entender que el reales que la realidad, las volvíainterrogatorio me había fatigado. el elemento que lo hacía realMe largaba a llorar, y él trataba todo, contra el que nada sede consolarme. resistía. Ahí ha estado desde Me ponía el estetoscopio. Yo entonces, para mí, la esencia decreía poder acelerar el corazón a lo sagrado; mi vocación surgióvoluntad, y quizás lo hacía. Acto de esa fuente.seguido empezaba a Cuando el doctor se iba, memanipularme con mil dejaba hecha una piltrafa. Lo oíaprecauciones. Se le ocurría hablar y reírse en las camasauscultarme por la espalda, para vecinas, oía las voces de loslo cual debía sentarme, y le enfermitos respondiendo a susresultaba tan difícil como dejar preguntas... Todo me llegaba aparado un palo de escoba. Si lo través de una niebla espesa. Meconseguía al fin, yo me ponía a sentía caer en un abismo... Mibambolear la cabeza con frenesí mala voluntad no era deliberada.y a hacer arcadas. En ese punto Era sólo mala voluntad, de lala ficción se confundía con la más primitiva, algo que se habíarealidad, mi simulacro se hacía apoderado de mí como lareal, teñía todas mis mentiras de evolución se apodera de una
  30. 30. 30 Aira, César - Cómo me hice monjaespecie. Me había hecho su de qué podía tratarse... No sabíapresa durante la enfermedad, o que habíamos salido en losquizás un poco antes, un paso diarios. Él decía una vez másantes, porque yo no era así "shock", y lo repetía una y otra ynormalmente. Al contrarío, si otra vez...algo me caracterizaba era mi Pero el médico, y mamá, eranespíritu de colaboración. Ese apenas una breve diversión enhombre, el médico, era una mi jornada. El día se extendíaespecie de hipnotizador que me con impávida majestad, setransformaba. Lo peor era que desenrollaba de la mañana a lame transformaba dejándome noche. No se me hacía largo,intacta la conciencia de mi mala pero me infundía una especie devoluntad. respeto. Cada instante era Mamá no se perdía pasada del distinto y nuevo y no se repetía.doctor... Se apartaba por Era la definición misma deldiscreción, se acercaba para tiempo, y se efectuaba sin cesar,ayudar en cuanto yo me hacía con todos... Hacía parecer taninmanejable... Tenía una pequeñas mis pequeñasverdadera ansiedad por sacarle estrategias malévolas, que medatos. Él hablaba de un shock... atontaba de vergüenza...No debía de ser un verdadero El día se encarnaba en Anaintelectual, porque mostraba Módena de Colon-Michet, lamucho interés en lo que le enfermera. Había una solacontaba mamá. Se alejaban, enfermera en la guardia diurnacuchicheaban, yo no tenía idea de la sala; una sola para
  31. 31. Aira, César - Cómo me hice monja 31cuarenta pequeños pacientes... su contra, y más de una vezPuede parecer muy poco, y hicieron participar a mamá, queseguramente era poco. El débil de carácter como era, noHospital Central de Rosario era sabía negarse ni siquiera cuandouna institución bastante advertía que no le convenía. Lasprecaria. Pero nadie se quejaba. quejas se dirigían contra suQuien más quien menos, todos brusquedad, su impaciencia, suesperaban salir de él con vida, y grosería, su ignorancia rayanatodos con la irracional ilusión de en la locura. Las madres seno volver. Hasta los niños, sin hacían una imagen (basada ensaberlo, se ilusionaban. su semana promedio de Pero los días se estacionaban experiencia hospitalaria) de laen la gran sala blanca y donde enfermera ideal para el pabellónse volviera la vista, allí estaba la de niños, el hada de delicadezaenfermera. Ana Módena era un y comprensión que debía ser,jeroglífico viviente. No se iba que sería cada una de ellas... Nonunca del hospital, no tenía les resultaba difícil imaginárselo;ilusiones. Era un fantasma. sin saberlo se referían a la Las madres siempre estaban delicadeza y comprensión quequejándose de ella, la habría que tener con ellas, ycombatían, pero debían de saber nadie sabe mejor que unoque era inútil. Las madres se mismo cómo ser delicado yrenovaban todo el tiempo, comprensivo con su propiamientras ella permanecía. Se persona. No se las podía culpar,forjaban y disolvían alianzas en eran mujeres pobres,
  32. 32. 32 Aira, César - Cómo me hice monjaignorantes, amas de casa en Siempre estaba apurada,desgracia. En nueve casos de atareadísima, como tenía quecada diez sus hijos se habían estarlo necesariamente la únicaenfermado por culpa de ellas... enfermera en una sala deNo se les podía impedir soñar... cuarenta camas. Pero nuncacreían saber, y sabían estaba disponible para nadie.realmente, cómo debía ser la Estaba ocupada con los otros, ybuena enfermera. Su error era ir los otros nunca eran uno... Meun paso más allá y pensar que acostumbré a verla delesas cualidades podían reunirse amanecer al crepúsculo, deen una mujer... Que Ana reojo desde mi horizontal,Módena, la enfermera-Perón de pasando a gran velocidad...la Sala de Pediatría, coincidiera Nunca se detenía... Es que no secon el opuesto de esa imagen, ocupaba sólo de los niños en suslas ponía en un estupor del que camas, sino de los que partían alno percibían más salida que quirófano, a los rayos... y lohacer un petitorio, o hacía tan mal, según losimplementar una política... para susurros de las madres, que casique la echaran... Eran esos todo fracasaba por culpa desueños los que la hacían un ella... Se le morían los chicos,fantasma. Yo, que no entendía decían... Se le mueren... se lenada, entendía bien esto porque mueren en las manos... Se leera una soñadora... Y también morían en las manos, decía laporque Ana Módena era un leyenda que a mí me rodeabafantasma en otros sentidos. como un vendaje de filacterias
  33. 33. Aira, César - Cómo me hice monja 33parlantes... Dejaban de vivir afectado por una gravedadcuando pasaban a ser los otros diferente... me fragmentaba enimposibles de su ocupación, de caídas, en desequilibrios... Consu velocidad... Pero esa ella no valían mis simulaciones...repetición maldita no impedía me ponía en otra dimensión…que las madres la cortejaran, la eran partes súbitamente lejanasmimaran, le dejaran propinas, le de mi cuerpo las que tomaban latrajeran pastelitos... con un iniciativa de simular por suservilismo increíble, chocante... cuenta... algo, no sabía qué...Después de todo, sus hijos, el Sus manos, en las que se moría,mayor tesoro que tenían, estaba amasaban una verdaden sus manos. absoluta... Era una mujer gorda, Me mantenían en vida concorpulenta. Cuando caía sobre suero. Ana Módena me renovabamí, era un elefante chapoteando los frascos, siempre aen un charco... yo era el agua... destiempo, y me pinchaba elSu torpeza tenía algo de brazo... Clavaba la aguja ensublime... Sufría de un mal cualquier parte. Me empezaba aextraño: para ella la izquierda chorrear la nariz. Todo lo queera la derecha, y viceversa. entraba por el brazo salía por laAbajo era arriba, adelante era nariz, en un goteo constante.atrás... La extensión tan pobre Era un caso rarísimo. A ella lede mi cuerpo se descuartizaba parecía normal... En todo casoen sus manos... piernas, brazos, no era una prioridad para ella.cabeza... cada extremo era Temprano a la mañana, antes
  34. 34. 34 Aira, César - Cómo me hice monjade que llegara la primera madre, ocupadas como las vacías... LaAna Módena traía a la enana, y religión entraba al mundo de lale hacía ejecutar sus ensalmos enfermedad, clandestinamente.frente a cada cama, inclusive las Por otra parte, era un secreto avacías. La enana era una autista voces, y la primera salvedad queiluminada. La traía tomándola oponían las madres con ínfulaspor los hombros como a un de decencia científica a lostriciclo, la enana no parecía ver desvaríos de esa bestia... peronada, era un mueble... Era de bastaba una reticencia delesos enanos de cabeza doctor, una recaída, un vómito,desmesurada... La ponía frente a y ahí eran los Tráigame a launa cama, a un niño dormido o enanita, se lo ruego, señora,demudado... se hacía un gran que me salve a mi ángel...silencio en la sala... le daba un Hipócritas. Y ella, austera: Lagolpecito entre los omóplatos y Virgen salva, no la enana...la enana bisbiseaba un ave Tráigame a la enanita, o memaría con raros movimientos de muero...los bracitos... La Madre Corita era la —¡La Madre Corita los salvará, verdadera consistencia delno los médicos! —tronaba Ana Hospital; la enfermera eraMódena. apenas su representante. LaEl pasaje de la enana era como enana impedía que el Hospitalun cometa... Todo se hacía estallara en mil pedazos... y miautomático... Era la cura a cuerpo hiciera lo mismo... laciegas: bendecía las camas cabeza al norte, las piernas al
  35. 35. Aira, César - Cómo me hice monja 35sur, un brazo, un dedo... La fe Necesitaba una confirmación.en la enana era la coherencia... Quise arrancársela a Anapor ella corría el líquido de la Módena... Quise ir al fondo. Yvida, por el tubo, del brazo a la así fue que una mañana, cuandonariz... Pero había que creer. la tuve a tiro...Había que simular no creer, y en —Soñé con una enana.realidad creer. —¿Qué? Entonces se me ocurrió que —Que soñé con una enana.yo... podía llegar a un punto, en —¿Qué? ¿Cuál?mis desmembramientos... en La había desconcertado.que no creyera en la enana. ¡Yo! —Soñé con una enana que¡Justo yo, que creía en todo! ¡Y tenía una espina clavada en elque dependía de que la creencia corazón.se sostuviera como un todo! ¡Yo —¡¿Pero cuál enana?!la hipnotizada! —Una enana... una enanana... ¿Y si la enana fuera un nuena naana...simulacro? ¿Si yo no podía creer "Cuál" estaba fuera deen ella? ¿Acaso no era lo mismo cuestión... Mi maniobra consistíaque me pasaba a mí? ¿No era yo en darle a entender que yo teníauna imposibilidad objetiva de algo "difícil" que expresar. Debíacreer? ¿Qué le impedía a la recurrir a lo indirecto, a laenana ser como yo? O, mucho alegoría, a la ficción lisa y llana.peor, ¿por qué no iba a ser yo Y ella se veía arrastrada a louna especie de enana, una mismo, a investigar esaemanación de la enana...? sutileza... que se le escapaba...
  36. 36. 36 Aira, César - Cómo me hice monjaY entonces empecé a mentir con acumulación de significados dela verdad (y viceversa) no sé los mohines y miradas ycómo... A mí también se me entonaciones se hacíaescapaba... Mis estrategias se excesiva... parecía acercarse ame morían en las manos... pero un límite, a un umbral... seresucitaban agigantadas... En la acercaba más y más...desesperación de hacerse Y en ese momento algo seentender en una materia indócil quebró. Creí que se quebraba nopor un niñita completamente exactamente en mí, sino entreentontecida por la miseria física, las dos. Pero no; fue en mí nadaAna Módena empezó a ayudarse más. De ese instante data unacon gestos... el gesto tomaba la curiosa falla perceptiva mía: nodelantera... Era una mujer puedo entender la mímica, soyprecipitada, sin método: cayó en sorda (o ciega, no sé cómola trampa de la intuición que habría que decirlo) al idioma devuela a oscuras y da en el los gestos. Me ha sucedidoblanco antes de que el después presenciar actuacionesentendimiento pueda empezar a de mimos... y mientras los niñoshacer lo suyo... Y el apuro, la de cuatro años a mi alrededortorpeza, hicieron que todos los entienden perfectamente lo quegestos se precipitaran unos se está representando y sesobre otros... por su parte. Por desternillan de risa, yo no veola mía, el desmembramiento me más que unos movimientos sinhacía gesticular en espejo... objeto, una gesticulaciónpero era un vértigo, la abstracta... Qué curioso, ahora
  37. 37. Aira, César - Cómo me hice monja 37que lo pienso, ningún mimo, ni ingresar, por qué se tomó ellos mejores, ni el mismo Marcel trabajo de conseguir que meMarceau (a él lo entiendo menos tomaran, lo que no debe deque a cualquier otro) ha haber sido fácil. Seguramenteintentado nunca representar a rogó, suplicó, se puso deun enano... Por qué será. El rodillas. Eso era muy de ella; eraenano debe de ser lo su idea de la maternidad. Habráirrepresentable para los gestos. pensado que no sabría qué hacer conmigo un año entero en5 casa. Pero el trabajo de llevarme a la escuela, irme a buscar, lavar Por causa de mi enfermedad, y planchar los guardapolvos,empecé la escuela tres meses comprarme los útiles, conseguirtarde, en junio. Todavía no me que le prestaran un libro deexplico cómo me aceptaron a lectura usado, a la larga habráesa altura del año, cómo me hecho parecer poca cosa el aliviopusieron entre los alumnos que de tenerme ubicada durante lashabían empezado en término. horas de la siesta. HabráSobre todo tratándose de primer pensado que lo hacía por migrado, del comienzo absoluto de bien. No se le ocurrió que estarla escolaridad (en mi época no tres meses atrasada, los tresexistía el jardín de infantes), primeros meses, en primermomento tan crucial y delicado. grado, era excesivo hasta paraMenos todavía me explico por mí. En fin. Hay que perdonar, yqué mamá insistió en hacerme yo he perdonado. Tres meses no
  38. 38. 38 Aira, César - Cómo me hice monjatienen por qué parecer más que escuela, y yo estaba lejos detres meses, tres meses en bruto. poder adivinarlo. Hasta ahí, elY la pobre mamá tenía problema no me parecía grave.demasiadas preocupaciones en Lo tomaba, y con ciertaaquel entonces. Claro que a la obstinación, como unmaestra, a la directora, es más espectáculo, como unadifícil disculparlas. Quizás ellas volatinería...estaban demasiado cerca de la El drama empezó después...problemática del aprendizaje, ¿Por qué será que el dramacomo mamá estaba demasiado siempre empieza después delejos. comenzado? La comedia en Las primeras semanas pasaron cambio, parece empezar antes,en forma de imágenes puras. El antes del comienzo inclusive.ser humano tiende a darle Pero después las perspectivas sesentido a la experiencia invierten... El drama semediante la continuidad, lo que desencadenó en mí cuandosucede se explica por lo que comprendí que esa escena mudasucedió antes; no puede que presenciaba, esa mímicasorprender que yo persistiera en abstracta de maestra y alumnos,mi reciente acomodación a Ana me concernía hasta el tuétano.Módena y siguiera viendo Era mi historia, no una ajena. Elgestos, mímica, historias sin drama había comenzado en elaudio, ante las cuales no podía momento en que pisé la escuela,hacer nada. Nadie me había y estaba todo frente a mí,explicado el objeto de la entero, intemporal, yo estaba y
  39. 39. Aira, César - Cómo me hice monja 39no estaba en él, estaba y no grado) era rutina: pasaba todosparticipaba, o participaba sólo los años, había desarrollado unapor mi negativa, como un ceguera localizada.agujero en la representación, El telón se levantó para mí un¡pero ese agujero era yo! Al día, en el baño de varones de lamenos, y debería haberlo escuela... Pero debo explicaragradecido, había llegado a algunas circunstancias, sin lasentender por qué el audio de la cuales esta anécdota resultaríaescena se me escapaba: porque oscura.no sabía leer. Mis compañeritos Vivíamos en las afueras desí sabían. En esos tres meses Rosario, en un área modesta, yhabían aprendido, quién sabe el distrito escolarpor qué milagro, un abismo se correspondiente abarcaba unahabía abierto entre ellos y yo. mayoría de niños de bajaUn abismo inexplicado, un extracción social, de hogaresabismo precisamente porque era que muchas veces bordeaban laun salto que no admitía miseria, o pertenecían de plenodescripción, un vacío. Ni ellos, ni derecho a ella. En aquelmucho menos yo, ni siquiera la entonces los ahora llamadosmaestra, podía decir cómo marginales asistían a la escuela,habían aprendido, en qué por lo menos a los primerosmomento exacto. Era algo que grados. Además, no existíanhabía sucedido, y basta. Para la gabinetes psicopedagógicos, nimaestra (que tenía cuarenta escuelas diferenciales... El climaaños de experiencia en primer era muy bárbaro, muy salvaje,
  40. 40. 40 Aira, César - Cómo me hice monjamuy "struggle for life". Las En sí, ese detalle no presentabapeleas eran sangrientas, dificultades para mí, porqueliteralmente. El vocabulario que estaba de acuerdo en que lalas acompañaba, brutal. Yo madre era sagrada, y habíasabía lo que eran las malas notado que en el flujo de malaspalabras, inclusive sabía cuáles palabras solía estar la palabraeran, pero por algún motivo "madre": creo que si me lonunca les había prestado mucha hubiera propuesto habría podidoatención. Tenía algo así como un repetir la frase completa, desegundo oído para captarlas, y tanto que la había oído: "la putapara trasladarlas a otro nivel de madre que te parió". Ahora bien,percepción. Había terminado por salvo esa palabra central, elhacerme la idea de que tenían resto eran para mí sonidos sinun sentido en bloque, un significado. Yo era distraída a unsentido-acción, y no estaba lejos grado difícil de concebir. Erade la realidad. Una sola cosa- distraída no porque me faltaraparticular había salido de ese inteligencia, sino porque no mebloque. En general entre mis importaban las cosas. Lacompañeros varones se pasaba paradoja aquí era inmensa:de las palabras a los hechos porque a mí todo me importaba,cuando uno decía de pronto, todo me era montañas, ése eraante la nebulosa (para mí) de mi problema más que ningúnmalas palabras: "insultó a la otro... Era como si me faltaramadre". interés, pero yo sabía que era lo contrario. Este caso es un
  41. 41. Aira, César - Cómo me hice monja 41ejemplo. Yo debía de haber sobre todo una, machona,notado que a veces se decía enérgica. Fue ésta la que vino."insultó a la madre" sin que la Los contendientes, dos chicos depalabra "madre" hubiera sido tercero, estaban cubiertos depronunciada, pero lo había sangre, los guardapolvosdejado pasar, y en retrospectiva, desgarrados, locos de excitación.en bloque, pensaba La maestra los separó, no sincómodamente que sí se había trabajo. Uno, el más grande, sedicho "madre" y que a mí se me retrajo entre su barra dehabía escapado. Una vez, sin amigos. El otro se largó a llorarembargo, no tuve más remedio a gritos. Le había dado ese hipoque notar que no era así. Hubo de llanto... ¡Si lo conocería yo!una pelea en un recreo, cerca La maestra pedía explicaciones adel molino que había al fondo los gritos pero él no podíadel patio. En las peleas, todos hablar. Era como si la peleaiban a ver, se formaban unos todavía persistiera en sucírculos multitudinarios: eso corazón. Tan patético resultabahacía que nunca pasaran que la maestra lo abrazó y lodesapercibidas. Entonces alguna apretó contra su pecho.maestra acudía a interrumpir el Adivinaba la explicación, quebox silvestre. Pero no efectivamente salió entrecualquiera; había un grupito de sollozos turbulentos: "me insultómaestras "bravas" que se a la madre". Ella lo calmaba, loatrevían (porque no era poca apretaba... Es que esa clase decosa, ir a meterse al avispero), maestras, las bravas, podían

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