Cuando el amor es odio

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Cuando el amor es odio

  1. 1. CUANDO EL AMOR ES ODIOCÓMO LIBERARSE DEL MALTRATO SICOLÓGICO SUSAN FORWARD http://www.librodot.com
  2. 2. Librodot Cuando el amor es odio Susan Forward 2 Hombres que odian a las mujeres y mujeres que siguen amándolos 2 Librodot
  3. 3. Librodot Cuando el amor es odio Susan Forward 3 Susan Forward Cuando el Amor es ODIO Hombres que odian a las mujeres y mujeres que siguen amándolos grijalbo Para Wendy y Matt 3 Librodot
  4. 4. Librodot Cuando el amor es odio Susan Forward 4 Agradecimientos Hay varias personas que, por su dedicación y por el apoyo que me han brindado, hancontribuido en gran medida a la elaboración de este libro. Mi hábil colaboradora Joan Torres dio forma a mis ideas y a mi pasión por contar lo que aquíse recoge. Dorris Gathrid, Don Weisberg y Larry Goldman prestaron su concurso para dar coherencia almaterial reunido. Dos amigas y colegas a quienes aprecio mucho, Nina Miller y Arlene Drake, aportaron congran generosidad su tiempo y su experiencia, por lo que se han hecho acreedoras a mi permanentegratitud. Mi asesora editorial, Toni Burbank, implacable en sus exigencias perfeccionistas, me apoyo yestimulo cada vez —y fueron muchas— que lo necesite. Respecto de los amigos y clientes que me proporcionaron el material de los casos, deborespetar el anonimato, pero agradezco profundamente el valor y la buena disposición quedemostraron al prestarse a compartir sus experiencias. Por último, mi más sincero reconocimiento a los miles de mujeres que me han escrito o quehan telefoneado a mi programa radiofónico. Sus palabras me han conmovido hondamente. Este libro pertenece a todos ellos. 4 Librodot
  5. 5. Librodot Cuando el amor es odio Susan Forward 5 A modo de introducción personal Nadie que este en su sano juicio se quedará con alguien que este como yo estoy. Si Jeff lohace, es solo porque me ama. La primera vez que vino a verme, Nancy tenía un exceso de peso de 27 kilos y una úlcera. Sepresentó con unos viejos tejanos con rodilleras y una camisa informe; tenía el pelo descuidado,las uñas comidas hasta sacarse sangre y le temblaban las manos. Cuatro años antes, cuando secaso con Jeff, era la coordinadora de modas de uno de los principales grandes almacenes de LosAngeles. Parte de su trabajo consistía en viajar por Europa y Oriente, encargada de seleccionarprendas de vestir para el establecimiento. Ella misma se había vestido siempre a la última moda ysalía con hombres fascinantes; había sido el centro de varios artículos periodísticos sobre lasmujeres que triunfan en la zona de Los Angeles, y todo eso lo había logrado antes de cumplir los30 años. Sin embargo, cuando yo la vi por primera vez, a los 34, se sentía tan avergonzada de suaspecto y tenia una opinión tan pobre de sí misma, que apenas salía de casa. Aparentemente, su autoestima había comenzado a desvanecerse cuando se caso con Jeff; sinembargo, a mis preguntas sobre su marido, Nancy respondió con una larga lista de superlativos. Es un hombre maravilloso, encantador, divertido y dinámico. Siempre tiene pequeñasatenciones conmigo... Me envió flores para conmemorar el aniversario de la primera noche quehicimos el amor. El año pasado, para mi cumpleaños, me sorprendió con dos billetes para unasvacaciones en Italia. Nancy me contó que Jeff, pese a lo ocupado que estaba con su profesión de abogado, siempreencontraba tiempo para estar con ella y que, a pesar de su apariencia actual, seguía queriendo queNancy lo acompañara en todos sus compromisos y cenas de negocios. A mi solía encantarme salir con él y con sus clientes, porque aun íbamos tomados de la mano,como unos colegiales. Por él soy la envidia de todas mis amigas. «Tu si que tuviste suerte,Nancy», me dijo una de ellas. Y yo sé que es así, pero fíjese en mí! No entiendo que ha pasadopara que me sienta siempre tan deprimida. Tengo que rehacerme de alguna manera, porque si no,terminare por perderlo. Un hombre como Jeff no tiene por qué andar por ahí cargando con unamujer como yo. Él puede tener las mujeres que quiera, incluso estrellas de cine. Ya tengo suertede que me haya aguantado tanto tiempo. Mientras escuchaba a Nancy y observaba su aspecto, yo pensaba: «En esta imagen hay algoque no cuadra». Advertía una contradicción básica en todo aquello. ¿Por qué una mujer tancompetente y eficaz podía quedar hecha polvo a causa de una relación amorosa? ¿Qué le habíasucedido a Nancy durante sus cuatro años de matrimonio para que se operase un cambio tannotable no sólo en su aspecto, sino en su autoestima? La insté a que me siguiera hablando de su relación con Jeff, y poco a poco fue apareciendo uncuadro más completo. Creo que lo único que realmente me preocupa de él es la facilidad con que pierde los estribos. 5 Librodot
  6. 6. Librodot Cuando el amor es odio Susan Forward 6 —¿Qué quieres decir con «perder los estribos»? —le pregunté, y ella soltó una risita. Que hace lo que yo llamo «su imitación de King Kong», vociferando y armando muchoescándalo. Y a veces me obliga a callar, como la otra noche, cuando estábamos cenando con unosamigos. Él estaba hablando de una obra de teatro, y cuando yo intervine me cortó en seco,diciéndome que me callara. «No le prestéis atención, siempre está soltando alguna estupidez», lesdijo después a nuestros amigos. Yo me quedé tan humillada que hubiera querido hundirme en elasiento, y después apenas pude tragar bocado. Nancy se puso a llorar al evocar diversas escenas humillantes en que Jeff la había tratado deestúpida, egoísta o desconsiderada. Cuando se enfurecía, su marido le gritaba, daba portazos yarrojaba objetos. Cuanto más interrogaba yo a Nancy, con más claridad veía el cuadro general. Me hallabafrente a una mujer que trataba desesperadamente de encontrar la manera de complacer a unmarido que tan pronto se mostraba colérico y atemorizador como fascinante. Nancy contó quecon frecuencia se quedaba dormida mucho después que él, sintiendo que la crueldad de suspalabras seguía hiriéndole los oídos. Durante el día, y sin razón aparente, tenía ataques de llanto. La insistencia de Jeff hizo que Nancy dejara su trabajo cuando se casaron, y ahora se sentíaincapaz de reiniciar su carrera. Así lo expresó ella: Ahora no me animaría siquiera a afrontar una entrevista, y mucho menos un viaje de compras.Ya no me siento capaz de tomar decisiones, porque he perdido la confianza en mí misma. En el matrimonio, Jeff tomaba todas las decisiones, e insistía en controlar hasta el últimodetalle de todos los aspectos de la vida de la pareja. Verificaba todos los gastos, escogía a laspersonas con quienes mantenían contacto social, e incluso tomaba decisiones referentes a lo quedebía hacer Nancy mientras él estaba en su trabajo. La ridiculizaba si ella manifestaba cualquieropinión que difiriese de las suyas, y cuando algo le disgustaba, le gritaba, incluso en público. Lamínima desviación, por parte de ella, del derrotero que él había establecido para ambos originabaescenas espantosas. Advertí a Nancy que tendríamos que trabajar mucho, pero le aseguré que empezaría a sentirsemenos abrumada. Le dije que estudiaríamos con ánimo crítico su relación con Jeff, y que enrealidad conservaba la confianza en sí misma que ella creía haber perdido; sólo estaba puestadonde no correspondía. Entre las dos terminaríamos por recuperarla. Al concluir nuestra primerasesión, Nancy se sentía un poco más firme y menos perdida, pero la que empezaba a vacilar erayo. El relato de Nancy me había afectado muy profundamente. Yo sabía que, como terapeuta, misreacciones hacia un cliente eran instrumentos muy importantes. Establecer relacionesemocionales con las personas con quienes trabajo me ayuda a comprender antes cómo se sienten.Pero en este caso había algo más. Cuando Nancy salió de mi despacho, me sentí muy incómoda.No era la primera vez que una mujer acudía a mí con ese tipo de problema, ni tampoco la primera 6 Librodot
  7. 7. Librodot Cuando el amor es odio Susan Forward 7vez que mi reacción había sido tan intensa. Ya no podía seguir negando que lo que me afectabaera el hecho de que la situación de Nancy estuviera tan próxima a la mía. En lo exterior, yo parecía segura y realizada, una mujer que realmente lo tenía todo. Durante eldía, en mi despacho del hospital y en la clínica donde ejercía, trabajaba con la gente, ayudándolea consolidar su confianza y a recuperar su propia fuerza. Pero en casa era otra historia. Como elde Nancy, mi marido era encantador, atractivo y romántico, y yo me había enamorado locamentede él casi tan pronto como nos conocimos. Pero no tardé en descubrir que albergaba dentro de símucha cólera, y que tenía el poder de hacerme sentir pequeña y fuera de lugar, hasta el punto dedesequilibrarme. Insistía en llevar él el control de todo lo que yo hacía, creía y sentía. La terapeuta Susan bien podía decirle a Nancy que el comportamiento de su marido no parecíamuy amoroso, sino que más bien daba la impresión de que translucía mucha violenciapsicológica, pero ¿qué me decía yo a mí misma? La Susan que por las noches regresaba a su casase retorcía hasta hacerse un nudo en el intento de evitar que su marido le gritase. Era la Susan queseguía repitiéndose que él era un hombre maravilloso, que estar con él resultaba fascinante y que,desde luego, si algo andaba mal, la culpa debía de recaer sobre ella. Durante los meses siguientes, estudié con más atención lo que estaba sucediendo en mi propiomatrimonio y en las relaciones de aquellas clientas que, al parecer, se encontraban en situacionessimilares. ¿Qué sucedía realmente en esos casos? ¿Cuáles eran las pautas? Aunque por lo generaleran las mujeres las que buscaban mi ayuda, a mí me llamaba la atención el comportamiento delos hombres. Tal como sus mujeres los describían, con frecuencia eran encantadores, e inclusoafectuosos, pero siempre capaces de cambiar de actitud en un abrir y cerrar de ojos, paracomportarse de un modo cruel, crítico e insultante. Su forma de proceder iba desde la evidenteintimidación y las amenazas hasta ataques más sutiles y encubiertos, en forma de humillacionesconstantes o críticas destructivas. Fuera cual fuere el estilo, los resultados eran los mismos. Elhombre mantenía el control haciendo polvo a la mujer. Además, esos hombres se negaban aasumir responsabilidad alguna por el sufrimiento que sus agresiones ocasionaban a su pareja.Culpaban, en cambio, a su mujer —o a su amante— de todos los sucesos desagradables, delprimero al último. Yo sabía, por mi experiencia en el trabajo con parejas, que todo matrimonio tiene dos caras.Sin embargo, es fácil que los terapeutas nos sobreidentifiquemos con el cliente cuando noconocemos más que una versión de cada caso. Indudablemente, ambos miembros de la pareja contribuyen al conflicto y a la tormenta quepueda abatirse sobre una relación. Pero una vez que empecé a ver en sesiones de asesoramiento[counseling] a los compañeros de algunas de mis clientas, caí en la cuenta de que ellos no sufríantanto como las hacían sufrir a ellas, ni mucho menos. Eran las mujeres quienes sufrían. Todasellas padecían una grave pérdida de autoestima, y muchas tenían además otros síntomas yreacciones. Nancy padecía úlceras, le sobraba peso y había descuidado completamente su as-pecto; otras tenían problemas graves de abuso de alcohol y de otras drogas, sufrían migrañas,problemas gastrointestinales o trastornos del apetito y del sueño. Era frecuente que su eficiencialaboral se hubiera resentido, y que carreras prometedoras en su momento estuvieran abando-nadas. Mujeres que conocieron el éxito y se mostraron competentes dudaban ahora de sus 7 Librodot
  8. 8. Librodot Cuando el amor es odio Susan Forward 8habilidades y de su capacidad de juicio. Con frecuencia alarmante, sufrían ataques de llanto y deangustia, y caían en profundas depresiones. En todos los casos, esos problemas empezaron amanifestarse durante la relación o el matrimonio. Cuando me di cuenta de que en estas relaciones se podía advertir una pauta muy nítida,comencé a analizar el asunto con mis colegas. Todos estaban familiarizados con el tipo dehombre que yo describía: cada uno de ellos había tratado a mujeres que estuvieron enamoradas dehombres que respondían a la descripción que yo les daba, se casaron con ellos o bien eran sushijas. Lo que me parecía más sorprendente era que, si bien el tipo de comportamiento nosresultaba tan familiar, todavía no hubiera dado nadie una descripción exhaustiva de él. Llegada a este punto, me puse a revisar la bibliografía psicológica. Dada la falta desensibilidad del hombre para el dolor que causaba en su pareja, empecé por repasar los trastornosdel carácter. Las personas que padecen tales trastornos tienen poca capacidad para experimentarsentimientos de culpa, remordimiento o angustia, es decir, emociones ciertamente incómodaspero necesarias, fruto de nuestras interacciones morales y éticas con el resto de la gente. Yo sabía que se reconocen dos tipos principales de trastornos del carácter. Primero están losnarcisistas, personas totalmente obsesionadas por sí mismas. Los narcisistas tienden a establecerrelaciones con el fin primordial de sentir confirmada su condición de seres muy especiales. Esfrecuente que los hombres que entran en esta categoría revoloteen de una relación a otra en buscade amor y admiración. «Peter Pan» y «Don Juan» son nombres familiares para ese tipo dehombres, a quienes se califica de «seres que no pueden amar». Pero los hombres con quienes mis clientas mantenían relaciones eran diferentes. Daban laimpresión de amar intensamente, y en muchos casos se mantenían fieles durante largo tiempo asu pareja. Además, su necesidad primaria difería de la del narcisista, en cuanto parecía más bienuna necesidad de control que de admiración. En el otro polo del espectro de los trastornos del carácter, estaban los sociópatas más extremosy peligrosos, es decir, personas que crean un torbellino caótico en su vida, usando y explotando acualquiera que se ponga en su órbita. La mentira y el engaño constituyen su segunda naturaleza.Entre ellas se encuentran desde delincuentes comunes hasta profesionales destacados y de éxito,permanentemente comprometidos en delitos de guante blanco. El rasgo más asombroso de lossociópatas es su total carencia de conciencia moral. Pero, con frecuencia, el hombre que yo intentaba definir era sin duda responsable ycompetente en sus tratos sociales. Su comportamiento destructivo no estaba generalizado, comoel del sociópata, sino —de hecho— muy focalizado. Lamentablemente, se centraba de forma casiexclusiva en su pareja. Como armas, se valía de sus palabras y de sus estados de ánimo. Si bien no mostrabatendencia a la violencia física con la mujer que compartía su vida, la demolía sistemáticamentemediante un vapuleo psicológico que, en última instancia, desde el punto de vista emocional, estan devastador como la propia violencia física. 8 Librodot
  9. 9. Librodot Cuando el amor es odio Susan Forward 9 Me pregunté después si esos hombres obtenían algún tipo de placer perverso del dolor y elsufrimiento que provocaban a sus parejas. ¿No serían, en realidad, sádicos? Después de todo,muchas personas con quienes comentaba lo que iba descubriendo me aseguraban que las mujeresque se enredaban con hombres así eran masoquistas clásicas, «de libro de texto». Eso me irritaba,porque yo sabía que tachar de masoquistas —es decir, de buscadoras del dolor, porque disfrutancon él— a las mujeres que participan en relaciones enfermizas ha sido durante mucho tiempo lapráctica estándar en mi profesión y en nuestra cultura. Se trata de un intento muy cómodo, perosumamente peligroso, de explicar por qué muchas mujeres caen en un comportamiento deabnegación y sumisión en sus relaciones con los hombres. De hecho, las mujeres aprenden desdemuy temprano ese comportamiento, y por él se las elogia y recompensa. La paradoja reside enque los comportamientos que hacen de una mujer un ser vulnerable a los malos tratos son losmismos que le han enseñado como femeninos y dignos de amor. El concepto de masoquismo esespecialmente peligroso porque sirve para justificar la agresión contra las mujeres, en cuantoconfirma que «eso es lo que realmente quieren ellas». A medida que continuaba hablando con las parejas que atendía, me di cuenta de que no se lespodía aplicar ninguno de esos términos. Más que obtener placer emocional o sexual delsufrimiento de su pareja, que es lo que hace el sádico, al hombre que yo intentaba definir le en-furecía el dolor de su pareja y le hacía sentir amenazado. Y la mujer tenía tan poco de masoquistacomo de sádico el hombre. Del tratamiento abusivo a que la sometía su compañero no obteníaningún placer oculto, fuera éste sexual o emocional. En cambio, la situación la desmoralizabagravemente. Una vez más, me encontré con que la terminología y las categorías psicológicashabituales no eran adecuadas para la descripción de lo que estaba yo viendo en tales relaciones.El hombre que yo intentaba definir resultaba desconocido en la bibliografía. No era inequívocamente un sociópata, un narcisista ni un sádico, por más que con frecuenciaalgunos de esos elementos se hallaran presentes en su carácter. La diferencia más llamativa entreeste hombre y los que sí figuraban en la bibliografía psicológica, residía en su capacidad de com-prometerse en una relación duradera con una sola mujer. Es más: su amor parecía especialmenteardoroso e intenso. Lo trágico era que hiciese todo lo posible por destruir a la mujer que decíaamar tanto. Como terapeuta, sé que decir «te amo» no define necesariamente lo que está sucediendo enuna relación. Sé que la realidad no la definen las palabras, sino el comportamiento. Mientrasescuchaba a mis clientas, yo seguía preguntándome si era esa la forma en que uno trata a un ser aquien realmente ama. ¿No es esa, más bien, la forma en que se trata a alguien a quien se odia? Recordé una palabra griega que significa “el que odia a las mujeres”: misógino (de miso, quesignifica “odiar” y gyné que significa “mujer”). Aunque hace cientos de años que la palabraforma parte del lenguaje, en general se usa para referirse a asesinos, violadores y otros sujetosque actúan violentamente contra las mujeres. Se trataba, desde luego, de misóginos en el peorsentido de la palabra. Pero yo estaba convencida de que los hombres a quienes estaba empeñadaen definir también eran misóginos, sólo que diferían de aquellos desalmados en su elección de lasarmas. Cuanto más iba sabiendo de los misóginos y de sus relaciones, más aprendía no sólo de mis 9 Librodot
  10. 10. Librodot Cuando el amor es odio Susan Forward 10pacientes, sino sobre mi marido y yo y acerca de nuestra relación. Para entonces, mi situación encasa se había vuelto sumamente tensa. Al término de cada día, me descubría inventando refinadasexcusas para no tener que dejar el trabajo. Mis hijos estaban sufriendo el estrés de la situación, ymi autoestima no podía haber caído más bajo. De hecho, si hubiera dispuesto de bibliografíasobre relaciones misóginas, mi marido y yo habríamos figurado como un caso clásico. Para él eraculpa mía si cualquier cosa andaba mal. Me responsabilizaba de todo, desde sus problemas denegocios hasta de que no le hubieran limpiado bien los zapatos. Aunque en aquel momento mitrabajo fuera nuestra principal fuente de ingresos, con frecuencia él se burlaba de la profesiónterapéutica en general y de mí en particular. Cuanto más me tachaba de egoísta y desconsiderada, más me esforzaba yo por apaciguarlodisculpándome, capitulando o retardando deliberadamente todo progreso en mi carrera. Alcomienzo de nuestro matrimonio, yo era una persona alegre y enérgica; en ese momento, catorceaños después, estaba angustiada y frecuentemente me sentía al borde de las lágrimas. Meconducía de maneras que yo misma no podía tolerar, fastidiándolo e interrogándoloconstantemente, o retrayéndome en un silencio hosco y colérico, en vez de afrontar directamentelos sentimientos que me provocaba nuestra relación. Entonces se produjo un incidente que, para mí, fue decisivo. Yo había empezado aespecializarme en el trabajo con adultos que, en su infancia habían sido víctimas de abusossexuales, y mi persistencia en que el público cobrara conciencia de este problema habíaempezado a llamar la atención. Finalmente, llegó el contrato por mi primer libro: La inocenciatraicionada: el incesto y sus estragos. Ese día corrí a casa, deseosa de compartir con mi marido miemoción y mi alegría. Pero tan pronto como entré caí en la cuenta de que él tenía uno de sus díasmalos. Como sabía que mi buena noticia sólo iba a intensificar sus frustraciones, me fui a lacocina sin decir una palabra del libro, me serví un vaso de vino y lo celebré con un brindis ensolitario. En vez de compartir mi júbilo con el hombre que tanto significaba para mí, tuve queesconderme por temor a que él se alterase. Entonces me di cuenta de que algo andaba tremendamente mal. Comprendí que —como lasparejas que yo estaba atendiendo— mi marido y yo necesitábamos ayuda exterior para resolvernuestros problemas. Sin embargo, él no estaba dispuesto a analizar ni su comportamiento, ninuestra relación. Por último, llegué a la dolorosa conclusión de que no podía seguir manteniendoese matrimonio sin renunciar totalmente a mí misma. El duelo por una pérdida tan terrible se prolongó mucho tiempo, pero al mismo tiempo ibasucediéndome algo más. Descubrí en mí misma una reserva enorme de creatividad y energía,hasta el momento desaprovechadas. Mi vida profesional no tardó en experimentar un alza espec-tacular: se publicó mi libro, mi consulta se ampliaba y llegué a tener mi propio programa deradio, de ámbito nacional y con recepción de llamadas telefónicas. Me encontré tratando, enmedida creciente, y tanto por la radio como en mi despacho, con el mismo tipo de violenciapsicológica que yo había experimentado en mi matrimonio. Me llamaban mujeres que veníanmanteniendo ese tipo de relaciones durante períodos que iban desde unos pocos meses a mediosiglo. Con frecuencia, después de que me hubieran descrito unos pocos incidentes significativos,yo les hacía las siguientes preguntas referentes a sus relaciones: 10 Librodot
  11. 11. Librodot Cuando el amor es odio Susan Forward 11 —¿Se arroga él el derecho de controlar la forma en que usted vive y se conduce? —Para mantenerlo feliz, ¿usted ha renunciado a personas o actividades que eran importantesen su vida? —¿Desvaloriza él las opiniones, los sentimientos y los logros de usted? —Cuando usted hace algo que le disgusta, ¿vocifera, la amenaza o se refugia en un silenciocolérico? —¿Tiene usted que «mirar dónde pisa» y estar ensayando lo que le dirá para que él no seenfade? —¿La confunde cambiando del más dulce encanto a la cólera sin que nada lo haga suponer? —¿Se siente usted con frecuencia perpleja, desorientada o fuera de lugar cuando está con él? —¿Es sumamente celoso y posesivo? —¿Le echa a usted la culpa de todo lo que funciona mal en la relación? Si respondían con un «sí» a la mayoría de mis preguntas, ya estaba segura de que se trataba deuna relación con un misógino. Y una vez les había explicado lo que estaba sucediendo en su vida,incluso a través del teléfono se podía percibir el alivio que experimentaban. Convencida de que había descubierto un trastorno psicológico importante, decidí sondear unpoco más las aguas hablando del tema en el A.M. Los Ángeles, un programa matutino de latelevisión. En él describí las tácticas y los comportamientos de un misógino típico. Tan pronto como terminé, varias de las mujeres que integraban el personal del programacorrieron hacia mí y me rodearon. Todas ellas habían tenido alguna experiencia personal íntimacon ese tipo de hombre. Al día siguiente, la cadena de televisión me informó que mi intervenciónhabía provocado un alud de llamadas telefónicas como casi nunca había tenido. No pasó mucho tiempo sin que yo volviera a aparecer en otro programa, esta vez en Boston.En esa ocasión dediqué una hora entera al tema, y la respuesta fue aún más impresionante.Cuando empezaron a lloverme cartas de todas partes, me di cuenta de que había acertado con unpunto neurálgico. El sentimiento de urgencia que transmitían las cartas era enorme. Las mujeresquerían saber dónde podían conseguir un libro sobre el tema de la misoginia: querían saber más. Las mujeres que me escribieron para relatarme su historia me conmovieron profundamente.Necesitaban que las tranquilizaran, asegurándoles que lo que habían estado sintiendo en susrelaciones no era simple «locura». Necesitaban saber que no eran solamente «ellas», sino quehabía otras personas que las entendían, que no querían definirlas en los mismos términosnegativos que usaban sus compañeros. Sus reacciones vinieron a reafirmarme en la idea de que reconocer, clarificar y comprender loque está sucediendo con tales relaciones puede representar un tremendo alivio de la presiónaplastante de la autoinculpación. Supe entonces que tenía que escribir este libro, no sólo paraayudar a las mujeres a entender lo que estaba sucediéndoles, sino también para que supieran loque podían hacer al respecto. Antes de que ninguno de nosotros pueda cambiar una relación, es necesario que entendamos loque está sucediendo en ella. Pero con entender no basta. Tomado aisladamente, entender es un 11 Librodot
  12. 12. Librodot Cuando el amor es odio Susan Forward 12ejercicio intelectual. Para que nuestra vida y nuestras relaciones cambien, es necesario hacer algodiferente; no basta con pensar de manera distinta. A fin de ayudar a mis lectoras, he dividido el libro en dos partes. En la primera describo cómofuncionan las relaciones que nos ocupan y por qué. Exploro todos los aspectos de la interacción,desde la emoción y el romanticismo del comienzo hasta la confusión y el dolor que termina porexperimentar cualquier mujer enamorada de un misógino. Me ocupo después de los hombres ypor qué llegaron a conducirse como lo hacen, y considero también cómo y por qué las mujeresacaban aceptando el trato que ellos les dispensan. Entretanto, presentaré varias parejas que han pasado por mi consulta, y seguiremos latrayectoria de algunas de ellas a lo largo del libro. Como es natural, todos los nombres, ycualquier característica que pudiera permitir su identificación, han sido cambiados parasalvaguardar su intimidad. Pero tanto las situaciones que atravesaron como las palabras queusaron para describirlas han sido descritas con la mayor exactitud posible. En la segunda parte del libro propongo una serie de técnicas de comportamiento eficaces quehe perfeccionado durante los últimos años, y que pueden ser de mucha utilidad para introducirimportantes cambios en la relación de las lectoras consigo mismas y con su pareja. Estas técnicasles ayudarán a protegerse y hacerse valer mejor, a ser más eficaces y a sentirse menos vulnerablesa la manipulación, confusión y pérdida de confianza en sí mismas que siempre son el resultado dela asociación con un misógino. Se que en este libro hay material que puede suscitar intensos sentimientos en mis lectoras,Tanto si actualmente mantienen relación con un misógino, como si están recuperándose de unarelación pasada o les preocupa la posibilidad de ser vulnerables a ellas en el futuro. Aunque nopueda acompañarlas personalmente al emprender este viaje, quiero hacerles saber que a lo largodel camino contaran con todo mi respeto, mi cariño y mi cordial estímulo 12 Librodot
  13. 13. Librodot Cuando el amor es odio Susan Forward 13 Primera parte LOS HOMBRES QUE ODIAN A LAS MUJERES 13 Librodot
  14. 14. Librodot Cuando el amor es odio Susan Forward 14 1 El hombre más romántico del mundo Hay un estilo de enamoramiento apabullante: el flechazo. Tú lo ves desde el otro lado de unahabitación atestada de gente, vuestros ojos se encuentran y a ti te inunda ese estremecimiento.Cuando él está cerca de ti empiezan a sudarte las manos; el corazón se te acelera; parece que todocobrara vida en tu cuerpo. Es el sueño de la felicidad, de la realización sexual, de la plenitud. Esees el hombre que sabrá apreciarte y comprenderte. Sólo estar junto a él es emocionante,maravilloso. Y cuando todo eso sucede, arrasa contigo. Es lo que solemos llamar amor ro-mántico. Cuando conoció a Jim, Rosalind tenía 45 años. Es una mujer llamativa, alta, de cabellocastaño rojizo y figura esbelta, que se esmera en conservar. viste con un estilo muy personal querealza su estatura y pone de relieve su gusto artístico. Es dueña de una tienda de antigüedades yse destaca como tratante, coleccionista y experta en su especialidad, el arte publicitario. Rosalindha estado casada en dos ocasiones, y tiene un hijo ya adulto. Le interesaba conocer a Jim porquehabía oído hablar mucho de él a amigos comunes, que finalmente la llevaron a oírle tocar con ungrupo local de jazz. Después, cuando fueron todos a beber una copa, Rosalind se sintió muyatraída por Jim, tan alto, moreno y apuesto. Jim y yo sentimos una gran atracción. Hablamos de niños y de música. Me contó que habíaestado casado y que sus dos hijos vivían con él; eso me impresionó. Se interesó por lo que yo lecontaba de mi tienda de antigüedades, porque le interesaba la ebanistería y, consiguientemente, elmercado en general. Me preguntó si podía volver a verme la noche siguiente. Cuando nospresentaron la cuenta advertí que no tenía mucho dinero y le sugerí la posibilidad de que paranuestro próximo encuentro cenáramos en casa. Me cogió la mano, me la oprimió y, durante unmomento, sus ojos se detuvieron en los míos y sentí lo agradecido que estaba de que yoentendiera su situación. Al día siguiente pensé constantemente en él, y por la noche, cuando llegó, fue maravilloso.Como soy una romántica incurable, después de cenar puse la música de Nace una estrella, yhenos ahí bailando al compás de ella en la sala de estar; él me lleva estrechamente abrazada y yosiento que todo el mundo da vueltas a mi alrededor. Aquí hay un hombre a quien de verdad legusto, que es fuerte, que está dispuesto a que construyamos juntos una relación. Todo eso es loque me pasa por la cabeza mientras siento que floto con él, a la deriva; es maravilloso. Fue lo másromántico que me hubiera sucedido jamás. Jim tenía 36 años cuando conoció a Rosalind, y se sintió tan embriagado como ella por elromance; ella era la mujer que durante toda su vida había buscado. Él me dijo más adelante: Era hermosa, con una figura estupenda. Tenía su propio negocio y, ella sola, lo llevabaespléndidamente bien. Había criado a su hijo y, al parecer, lo había criado bien. Yo jamás habíaconocido a nadie como ella. Era cordial y alegre, se interesaba con entusiasmo por mi vida,incluso por mis hijos. Era perfecta. Empecé a llamar a todos mis amigos para hablarles de ella. 14 Librodot
  15. 15. Librodot Cuando el amor es odio Susan Forward 15Incluso llamé a mi madre. Le aseguro que era algo que no había sentido jamás. Nunca pensé tantoen nadie ni soñé con nadie en la forma que entonces soñaba con ella. Quiero decir que era algorealmente diferente. Después de su tercera salida juntos, Rosalind empezó a escribir su nombre con el apellido deél, para ver qué impresión le hacía. Cancelaba sus compromisos sociales por miedo a no estarcuando él la llamara, y Jim no la decepcionó. En vez de comportarse como un «hombre típico»,se prendó de ella tanto como ella se había prendado de él. Le telefoneaba siempre cuando se lohabía prometido —se acabó aquello de esperar durante semanas enteras a que un hombre lallamase— y jamás anteponía su trabajo a la necesidad que sentía de verla. Para los dos, estar jun-tos tenía toda la fascinación de un montaña rusa emocional. Para mi clienta Laura, el cortejo —un torbellino— se inició literalmente «desde el otro lado deuna habitación atestada». En aquel momento, ella se sentía una triunfadora: ejecutiva contable deuna importante firma de cosméticos, era una mujer sumamente bonita, de ojos oscuros yalmendrados, pelo castaño claro y figura esbelta. Laura tenía 34 años cuando ella y Bob seconocieron. Una noche que salió a cenar con una amiga en un restaurante ocurrió lo siguiente: Yo había ido a hacer una llamada telefónica, y cuando regresé a nuestra mesa me encontré conaquel hombre tan guapo allí sentado, conversando con mi amiga. Yo le había llamado la atencióny estaba esperándome. Desde aquel primer momento se estableció una especie de corriente eléc-trica entre nosotros. No creo que jamás en mi vida me haya atraído alguien de esa manera. Bobtenía esos ojos destellantes que para mí son simplemente irresistibles. Me impresionó de talmanera, que no veía el momento de irme a la cama con él. A la noche siguiente volvimos a encontrarnos, por primera vez solos. Me llevó a unrestaurante delicioso, pequeñito, junto al mar, y él se encargó de hacer el pedido. Es uno de esoshombres que entienden muchísimo de vinos y comidas, y a mí eso me encanta. Se interesó portodo lo que se relacionaba conmigo: lo que hacía, lo que sentía, lo que me gustaba. Yo hablabasin parar y él se limitaba a estar allí, mirándome con sus ojos magnéticos, absorbiendo cuanto yodecía. Después de cenar fuimos a casa a escuchar música, y entonces fui yo quien le sedujo. Élera demasiado caballero, y eso también me encantó. Por cierto que sexualmente era increíble, nohay otra palabra. Con él sentí más intimidad de lo que hubiera experimentado jamás con hombrealguno en mi vida. Bob tenía 40 años y trabajaba como agente de ventas de un fabricante de tejidos. Le contó queel año anterior se había divorciado, y antes de que su relación con Laura llegara a cumplir el mes,se fueron a vivir juntos y él empezó a hablar de casarse. Cuando la presentó a sus dos hijospequeños, el entendimiento entre todos fue inmediato. La evidente devoción de Bob a los niñoshizo que Laura se sintiese cada vez más atraída por él. El romance de Jackie y Mark se inició cuando unos amigos comunes los presentaron, y desdela primerísima noche se convirtió en algo muy serio. Así me lo describió Jackie: 15 Librodot
  16. 16. Librodot Cuando el amor es odio Susan Forward 16 Abrí la puerta y me encontré con un hombre increíblemente guapo, que me sonrió y mepreguntó si podía usar el teléfono. Pestañeando, le dije que sí y él entró, fue hacia el teléfono yllamó al amigo que nos había presentado para decirle: «John, tenías razón. Es todo lo que tú medijiste que era». ¡Y eso no fue más que el comienzo de la velada! Jackie, menuda y vivaz, tenía treinta años cuando conoció a Mark. Trabajaba como maestra enuna escuela primaria, mantenía a los dos hijos que tenía de un matrimonio anterior y, al mismotiempo, trataba de terminar un doctorado. Mark, de 38 años, había sido poco antes candidato a uncargo público, y Jackie recordaba haber visto carteles con su imagen por toda la ciudad. Estabamuy impresionada por él y se sintió halagadísima por las atenciones que Mark le prodigó. Estábamos cenando con John, que nos había presentado, y con su mujer. Ella se volvió haciamí para decirme: «Ya sé que acabáis de conoceros, pero en mi vida he visto dos personas que denla impresión de estar tan bien juntas». Después me tomó de la mano y me dijo que iba a casarmecon ese hombre. «Atiende a lo que te está diciendo, que esta es una chica muy lista», me dijoMark, asintiendo con la cabeza, y después susurró: «Tú tienes un problema, y el problema sellama Mark». «Ah —le contesté riendo—, ¿conque piensas andar rondando por aquí un rato?»«Seguro que sí», me respondió. Esa noche, cuando me llevó a casa, mientras estábamos sentadosen el coche, frente al edificio, me besó y me dijo: «Ya sé que esto suena a locura, pero estoyenamorado de ti». Eso sí que es romántico. A la mañana siguiente, cuando me volvió a llamar, ledije que no lo consideraba obligado por ninguna de las cosas que me había dicho la nocheanterior, y me contestó: «Puedo repetírtelo todo ahora, palabra por palabra». A partir de esa noche, Jackie se sintió como si anduviera volando en una alfombra mágica. Elhecho de que Mark se enamorase de ella de semejante manera la tenía completamente arrebatada. A TODAS NOS ENCANTA UN IDILIO Un idilio es algo que nos hace sentir estupendamente. Las emociones y los sentimientossexuales alcanzan niveles de fiebre, y al comienzo pueden ser de intensidad realmenteabrumadora. La relación puede afectarnos como si fuera una droga euforizante; es lo que muchaspersonas llaman estar «en el séptimo cielo». Y el hecho es que en esas circunstancias el cuerpoproduce una enorme cantidad de sustancias que contribuyen a darnos ese «especial resplandor»de que tanto habla la gente. Lo que en esos momentos fantaseamos, por cierto, es que vamos a sentirnos así eternamente.Durante toda la vida nos han dicho que el amor romántico tiene el poder mágico de hacer denosotras mujeres enteras y felices. La literatura, la televisión y el cine ayudan a reforzar esta con-vicción. La paradoja es que incluso la relación más destructiva que cualquier mujer puedaestablecer con un misógino se inicia intensamente teñida de este mismo tipo de emociones yexpectativas. Sin embargo, pese a los gratos sentimientos que caracterizan los comienzos, cuandoRosalind fue a verme estaba hecha un manojo de nervios, y su antes próspera tienda deantigüedades se hallaba al borde de la quiebra; Laura, la que había sido ejecutiva contable, sedesmoralizó a tal punto que estaba segura de ser incapaz de volver a tener jamás otro trabajo; yJackie —que había afrontado con éxito el malabarismo de ser maestra y continuar sus estudios deposgraduada al mismo tiempo que criaba dos niños pequeños— se encontraba con que incidentes 16 Librodot
  17. 17. Librodot Cuando el amor es odio Susan Forward 17sin importancia la abrumaban, sumiéndola en un mar de lágrimas. ¿Qué había sucedido con elbello, mágico idilio con que se iniciaron sus relaciones? ¿Por qué se encontraban ahora tandolidas y desilusionadas aquellas mujeres? LOS GALANTEOS ARREBATADORES Estoy convencida de que cuando un idilio avanza a velocidad tan vertiginosa como estos, serespira una inquietante atmósfera de peligro. Es verdad que el peligro puede constituirse en unmotivo adicional de emoción y ser un estímulo para la relación. Cuando se monta a caballo, eltrote es muy placentero, pero no especialmente interesante; lo fascinante es galopar. Y parte deesa fascinación reside en el hecho de saber que podría suceder algo inesperado: el caballo podríaarrojarme al suelo y hacerme daño. Es la misma sensación de fascinación y de peligro que todosexperimentábamos de niños al subir a la montaña rusa: algo rápido, emocionante, y que da unasensación de peligro. Una vez que a todo esto se le agrega la intimidad sexual, la rapidez e intensidad de lasemociones crecen más. Entonces una mujer no pasa por el proceso normal de ir descubriendo a sunuevo amante, porque no ha habido el tiempo suficiente. Tu nueva pareja tiene muchas cuali-dades que en algún momento han de influir sobre tu vida, y son cualidades que no se pueden verde forma inmediata. Se necesita tiempo para que ambos miembros de la pareja lleguen aconsolidar la confianza y la sinceridad que son la base de una relación sólida. Por más fascinantesque puedan ser, los galanteos arrebatadores tienden a no generar otra cosa que unaseudointimidad, fácil de confundir con un acercamiento auténtico. LAS ANTEOJERAS ROMÁNTICAS Para poder ver realmente quién es nuestro nuevo compañero, la relación tiene que avanzar conmás lentitud. Para ver a las otras personas de una manera realista, que nos permita reconocer yaceptar tanto sus virtudes como sus defectos, hace falta tiempo. En un galanteo arrebatador, lascorrientes emocionales son de una rapidez y una fuerza tales que desquician las percepciones deambos miembros de la pareja, las cuales tienden a ignorar o negar cualquier cosa que interfieracon la imagen «ideal» del nuevo amor. Es como si los dos llevaran anteojeras. Nos concentramosexclusivamente en cómo nos hace sentir la otra persona, en vez de atender a quién es en realidad.Nuestro razonamiento es: si este hombre me hace sentir estupendamente, debe ser maravilloso. Laura y Bob fueron arrastrados por la magia del hechizo que sintieron crecer entre ambosdurante los primeros encuentros. Una magia que tenía muy poco que ver con lo que cada uno deellos era como persona. El transporte que mencionaba Laura no se relacionaba con el carácter deBob, sino con sus ojos, con su manera de moverse y con la forma en que pidió el vino en elrestaurante. Ella no me dijo en ningún momento que Bob fuera un hombre decente y sincero. Elpapel que estaba desempeñando él a sus ojos era el del perfecto amante romántico, y los dos seencontraron atrapados en la seducción momentánea del enamoramiento. El primer indicio que tuvo Laura de los problemas que podrían planteársele se produjo pocodespués de que ella y Bob se hubieran ido a vivir juntos. 17 Librodot
  18. 18. Librodot Cuando el amor es odio Susan Forward 18 Un día me dijo: «Tengo que confesarte algo. Todavía no estoy divorciado». Yo casi me caigode la silla, porque para entonces ya estábamos haciendo planes para la boda. «Como yo me sentíadivorciado, realmente no creí que la cosa tuviera tanta importancia», aclaró. Yo estaba tanhorrorizada que no podía hablar; simplemente, me quedé mirándolo, pasmada. Entonces me dijoque el divorcio estaba en trámite, que él se ocupaba de todo y que yo no tenía motivos parapreocuparme. Me di cuenta de que me había mentido desde el comienzo...; quiero decir que mehabía hablado de fechas y todas esas cosas, pero entonces no me pareció tan importante. No meparecía importante que él me hubiera mentido, sino que realmente estuviera por conseguir eldivorcio. El engaño de Bob debería haber sido para Laura una advertencia de que tenía que estar másatenta, mirarlo mejor, pero ella no quería ver. Se empeñaba en creer que Bob era el hombre desus sueños. También Jackie tuvo una advertencia desde el principio. Al comienzo de su relación conMark, él le habló mucho de sí mismo y de sus actitudes hacia las mujeres, pero su información,aderezada con adulación y halagos, no llegó a crear en ella una sensación de alerta. Me contó que todas las demás mujeres a quienes había conocido sólo estaban interesadas en loque podía darles. Lo que en mí le parecía tan especial era mi interés por lo que yo podía darle aél. Me dijo que era como si yo hubiera nacido y crecido y existiera sólo para cuidar de él. Lasotras mujeres se habían limitado a tomar siempre, a pedir siempre, a estar cuando todo andaba apedir de boca y a desaparecer cuando las cosas se ponían mal. Y yo era diferente. Jackie podía haber entendido que Mark ponía a todas las mujeres en el mismo montón, y lasveía voraces, egoístas e indignas de confianza; pero, en cambio, optó por interpretar lo que él ledecía como prueba de que ella era el alma gemela destinada a ser la salvadora de su vida. Para Rosalind hubo también una advertencia precoz de que podía estar metiéndose endificultades, pero ella fue incapaz de interpretar debidamente las señales. Aquella primera vez que él vino a cenar a mi apartamento nos fuimos a la cama. El tuvo grandificultad para mantener una erección. Fue decepcionante, pero yo me dije que a muchoshombres les ocurre eso cuando están por primera vez con una mujer, y le resté importancia. A lamañana siguiente, volvimos a hacer el amor y la cosa estuvo un poco mejor, pero aún así se veíaque él tropezaba con dificultades. Me imaginé que podía ayudarle a superarlas, y me dije que losexual no tenía tanta importancia. Lo que más me impresionaba en Jim era lo próxima que mesentía a él, y lo bien que él me respondía como persona. Rosalind hizo lo que tantas hacemos: ignoró todo cuanto no armonizara con su imagenromántica. Jim la hacía sentir tan bien, tan halagada, que ella no tuvo en cuenta un problemasexual que su compañero arrastraba desde hacía tiempo, y que afectó gravemente a la relación. Sin darse cuenta, muchas mujeres dividen el paisaje emocional de sus relaciones en primerplano y fondo. En el primer plano están todas las características maravillosas que encuentran en 18 Librodot
  19. 19. Librodot Cuando el amor es odio Susan Forward 19el hombre, y que son los rasgos sobre los cuales se concentran, exagerándolos e idealizándolos.Cualquier cosa que apunte a un problema la relegan al fondo, restándole toda importancia. Un ejemplo extremo de este tipo de manipulación es el caso de la mujer que se enamora de unasesino convicto. También ella os dirá que es el hombre más maravilloso del mundo; solamenteella lo entiende. El asesinato se ha desplazado a ese fondo que «no importa», mientras que elencanto superficial del personaje ocupa el centro del escenario. Las frases de que se vale la gente para describir este proceso en las primeras etapas de unarelación romántica son muy significativas. —Yo era simplemente incapaz de ver sus defectos. —Preferí no tener en cuenta sus problemas. —Me limité a cerrar los ojos, en la esperanza de que todo anduviera bien. —Debo de haber estado ciega para no haberlo visto antes. Es fácil no ver los indicios que apuntan en las relaciones, problemas e irresponsabilidades queintegran el pasado de alguien cuando esa persona hace que te sientas maravillosamente bien. Lasanteojeras cumplen la función de eliminar del campo visual cualquier información que puedanublar o de alguna manera arruinar el cuadro romántico que tú quieres ver. DESESPERACIÓN Y «FUSIÓN» Otro tema recurrente en las primeras etapas de una relación con un misógino es el sentimientode desesperación subyacente en ambos miembros de la pareja, cada uno de los cuales tiene unanecesidad frenética de atrapar y mantener atada a la otra persona. «La razón de que yo me apegara tanto a Jackie —me confesó Mark— fue que tenía miedo deperderla si no lo hacía.» En sus palabras no se trasluce pura y simplemente amor por Jackie: hay también unsentimiento de pánico. Después, agregó: En nuestro segundo encuentro se lo dije todo claramente. Le dije cuál era la clase de vida quequería, y que íbamos a casarnos. Le pregunté si estaba saliendo con alguien más, y cuando mecontestó que sí le dije que terminara con eso porque en lo sucesivo no podría estar con nadie másque conmigo. Yo sabía que era así, y quería que ella también lo creyera. A los ojos de Jackie, la exigencia de Mark constituía una prueba de la disposición de él acomprometerse sin reservas en la relación de ambos. La experiencia de Laura estaba penetrada de una desesperación diferente. Le faltaban dosmeses para cumplir los treinta y cinco años cuando conoció a Bob, precisamente cuando sufamilia italiana, tan aferrada a lo tradicional, la presionaba para que se casara y tuviera hijos.Cuando Bob empezó a insistirle en que se casaran, ya desde el primer mes, la reacción de ella fueno sólo sentirse halagada, sino también aliviada. 19 Librodot
  20. 20. Librodot Cuando el amor es odio Susan Forward 20 Alguien que observe desapasionadamente estas relaciones construidas sobre el arrebato,podría sorprenderse de las prisas que les entran a los enamorados. Es evidente que cuando dospersonas se conocen, se enamoran, se van a vivir juntas y empiezan a hacer planes para la boda,todo en unas pocas semanas, lo que está pasando va más allá del hecho de que se importen yquieran estar juntas. Lo que cada una de ellas experimenta en un caso así es una necesidad exacerbada, casiinsoportable, de confundirse o «fundirse» con su pareja, tan pronto como sea posible. Lasensación de ser una persona aparte pasa a ocupar en la relación un lugar secundario. Cada unoempieza a vivir los sentimientos del otro; los cambios anímicos se vuelven contagiosos. Esfrecuente que dejen de lado el trabajo, a los amigos y otras actividades. Una cantidad enorme deenergía se está canalizando hacia el amar y ser amado, a fin de obtener la aprobación del otro yprocurar la recíproca fusión psicológica. Esta necesidad de unificación instantánea parece la principal fuerza de propulsión de estasrelaciones. El ESPÍRITU DE RESCATE Hay una fantasía de rescate que también es un elemento importante en el «pegoteo» quecaracteriza a las relaciones con misóginos. Se trata de una fantasía que crea un vínculo muyespecial, capaz de hacer que una mujer se sienta a la vez necesaria y heroica. Gran parte del entusiasmo inicial de Jackie en su relación con Mark provenía de la abundanciade emociones maternales que él le despertaba. Ella era la llamada a darle lo que nadie más lehabía dado, y su amor sería la compensación de todo lo que él había sufrido en la vida. Por ellaMark se convertiría en el triunfador, en el hombre responsable que Jackie intuía oculto bajo lasuperficie. Ella misma lo explicó así: La segunda vez que lo vi me habló con detalle de su situación financiera, y yo me sentísumamente halagada por su sinceridad, al punto de que acepté sin más el hecho de que, con 38años, no tuviera trabajo fijo. Después de todo, pensé, acababa de presentarse a oposiciones, yalguien tenía que perderlas. Me pintó un cuadro tan glorioso de sus proyectos para el futuro, semostró tan cortés y encantador, y parecía tan capaz de triunfar que yo estaba segura de que conapenas alguna ayuda mía, lo lograría en muy poco tiempo. Entonces decidí que le daría el amor yel apoyo que él necesitaba para recuperar la confianza en sí mismo. Jackie creyó que, mediante el poder de su amor, lograría transformar mágicamente a Mark.Para muchas mujeres, tal creencia es un afrodisíaco fortísimo: permite que una mujer se sientauna deidad, una Madre Tierra con poderes curativos. No importa que el problema de él sea fi-nanciero, que se trate de alcoholismo o de abuso de drogas, o que sus relaciones amorosasanteriores resultaran insatisfactorias: ella cree que su amor puede curarlo. Además, en cuanto da,ayuda y abastece, se crea también, para sí misma, una ilusión de poder y de fuerza. De la situa-ción deriva un sentimiento de heroísmo: con el rescate, ella se ennoblece, porque gracias a suayuda él se convertirá en un hombre diferente. 20 Librodot
  21. 21. Librodot Cuando el amor es odio Susan Forward 21 Sin embargo, entre ayudar y rescatar hay una diferencia muy grande. De cuando en cuando,todos necesitamos ayuda para superar los momentos difíciles de la vida. Que le prestes ayudafinanciera si te es posible, que seas comprensiva y lo apoyes son cosas que dan a tu compañero laseguridad de que estás de parte de él. Pero a lo que me refiero aquí es al hombre con una historiaprevia que te infunde la certeza de que es capaz de cuidarse solo. Sus problemas son temporales,y ayudarle es algo ocasional; no va a ser una constante. El rescate, por otra parte, es un comportamiento repetitivo. Ese hombre siempre necesita tuayuda, y está continuamente en dificultades. Tanto su vida personal como la profesionalresponden a una pauta persistente de inestabilidad. Además, siempre está culpando a los demásde sus fracasos. Compara, por ejemplo, a estos dos hombres: —El hombre 1 ha sido siempre laborioso y financieramente responsable. La compañía en quetrabajaba se vende y el trabajo que él hacía es confiado a otro. Hasta que pueda volver a trabajar,necesita pedir prestado algún dinero, pero está buscando empleo activamente, y cuando loencuentra comienza en seguida a devolverte el préstamo. —El hombre 2 ha tenido largos períodos de caos financiero en su vida, y constantementerecurre a ti para que lo saques de apuros. En ningún trabajo se encuentra a gusto, y tieneantecedentes de que no se lleva bien con sus jefes. Cuando finalmente consigue colocarse, nohace ningún esfuerzo —o casi— por devolverte lo que le has prestado. Rosalind había advertido los problemas financieros de Jim desde la primera noche que seconocieron, y en seguida empezó a ayudarle, invitándolo a cenar. Al cabo de pocas semanas, lesugirió que él y sus dos hijos adolescentes se fueran a vivir con ella hasta que Jim pudiera en-contrar trabajo estable con una banda. «Me dijo que yo era la mujer más maravillosa del mundo, y que ahora que me había conocidotodo iba a ser diferente en su vida.» No pasó mucho tiempo sin que Rosalind estuviera manteniéndolos definitivamente a todos. Al comienzo, la gratitud de Jim hacia Rosalind intensificó sus sentimientos. Si se habíaenamorado de ella desde la primera vez que se vieron, una vez que Rosalind empezó a ocuparsede todos ellos su amor se convirtió en locura. Para Jim, como para tantos misóginos, la ayuda deuna mujer era la prueba de que ella realmente se interesaba por él. Muchas mujeres se regodean en la cálida luz del agradecimiento de su pareja; eso las hacesentirse realmente necesarias y queridas. Y seguro que es emocionante eso de ayudar alcompañero, y comprobar que tu amor y tu generosidad son importantes en la vida de él. Su efu-siva gratitud puede hacer que te sientas tan bien, que comienzas .a aceptarla como única ysuficiente forma de pago. 21 Librodot
  22. 22. Librodot Cuando el amor es odio Susan Forward 22 Resulta obvio que no todos los misóginos necesitan rescate. Muchos son estables, tanto en loprofesional como en lo financiero. En realidad, cuanto más éxito tenga el misógino, más probablees que insista en que la mujer de su vida dependa totalmente de él. El que necesita que lo rescatenes el misógino con alguna forma de inestabilidad grave, que puede manifestarse de muy diversasmaneras: problemas con el dinero, abusos en el comer, el beber o las drogas, relaciones caóticas,juegos y apuestas o imposibilidad de conservar el trabajo. Es un hombre que lanza llamadas deauxilio para que alguien lo salve. Muchas mujeres, especialmente las que tienen una carreraindependiente, se apresuran demasiado a correr hacia él armadas de un salvavidas, sólo paraencontrarse con que también a ellas se las traga la resaca. Tampoco es el caso que en cualquier idilio que marche a un ritmo acelerado el hombre hayade ser un misógino. Desde luego, una relación que se inicia con un caudal enorme de emoción yentusiasmo puede resultar estupenda. Pero si, además de la emoción romántica, te encuentras conque está en juego algún otro de los elementos que acabo de describir —el rescate, un sentimientode desesperación y de pánico, una fusión (o confusión) demasiado rápida, y una especie deanteojeras deliberadas—, entonces es probable que las aguas por donde navegas lleguen aponerse muy turbulentas. 22 Librodot
  23. 23. Librodot Cuando el amor es odio Susan Forward 23 2 EL FIN DE LA LUNA DE MIEL La primera advertencia de que el Príncipe Encantador tiene su lado sombrío suele producirsedurante un incidente que parece insignificante. Lo que hace tan desconcertante el episodio para lamujer es que, de pronto, el encanto de su compañero se convierte en furia, y ella se ve sometida aun ataque totalmente desproporcionado. Para Laura, el primer incidente se produjo la víspera de Navidad, cuando ella y Bob llevabancuatro meses viviendo juntos. Así lo describe ella: Aquella noche yo estaba envolviendo regalos y él me dijo que se iba a acostar y que queríaque le acompañara. Le respondí que me reuniría con él tan pronto como terminara, y simplementese puso hecho una furia. Me dijo que quería que fuera ya. Como esa noche ya habíamos hecho elamor, yo sabía que no me lo pedía por eso, pero jamás lo había visto enojarse de esa manera. Depronto empezó a gritarme, tratándome de puta egoísta. Después cerró la puerta del dormitoriodando un portazo tal, que todo el apartamento se estremeció. Yo me quedé sola, completamenteaturdida y sin saber qué pensar. Lo atribuí a las fiestas, a la tensión y cosas semejantes. Laura estaba tan fascinada con la forma como la hacía sentir Bob durante casi todo el tiempo,que no quería ver el arrebato de cólera de él como una verdadera señal de peligro. Si no hubieraestado tan transportada por sus sentimientos románticos, podría haber tomado distancia duranteun momento, lo necesario para darse cuenta de que Bob tenía un problema con su enfado. Esa fueuna información sumamente importante, que tuvo un efecto tremendo sobre la vida de Laura,pero en vez de interpretar esa explosión colérica como una advertencia de que su amante eracapaz de estallidos de intimidación de carácter infantil, Laura se buscó una explicación que lerestara importancia. LA RACIONALIZACIÓN DEL COMPORTAMIENTO DE ÉL Racionalizar es lo que hacemos cuando dejamos de lado la voz de la intuición que interfierecon una situación que de ordinario nos hace sentir bien. Es una manera de hacer aceptable loinaceptable. Al buscar «buenas razones» para algo que de no ser por ellas nos haría sufrir,encontramos algún sentido en situaciones desconcertantes e incluso aterradoras. Laracionalización es diferente de la ceguera que vimos en el capítulo 1, en cuanto al racionalizarvemos y reconocemos lo que nos choca o desagrada, pero en vez de negar su existencia, le damosun nombre diferente. Rosalind empezó a racionalizar buena parte de la conducta irresponsable de Jim poco despuésde que él se fuera a vivir con ella. Este es su testimonio: Como músico, Jim sólo ocasionalmente podía conseguir algún trabajo pagado. Había probadocon muchísimas bandas diferentes, pero hay muchos directores que en realidad no saben nada dejazz. Yo sé que desde el punto de vista musical Jim tenía razón, pero por razones financieras 23 Librodot
  24. 24. Librodot Cuando el amor es odio Susan Forward 24deseaba que hubiera sido un poco más tolerante. Rosalind encontraba buenas excusas para la incapacidad de él de conservar su trabajo en unabanda. Resultó que Jim tenía muy mal genio y rechazaba cualquier figura de autoridad en sustrabajos. Pero, cada vez, ella prefería interpretar el conflicto como falta de conocimiento musicaldel director de la banda, antes que admitir el problema de personalidad de Jim. He aquí algunas de las expresiones que he oído de labios de mujeres que procuraban restarimportancia al comportamiento pasado y actual de su compañero: —Sí, ya estuvo casado tres veces, pero es que antes nadie lo entendió como yo lo entiendo. —Ya sé que ha sufrido varios fracasos comerciales, pero es que tuvo una cantidad de sociosdeshonestos que lo esquilmaron. —El dice cosas terribles de su ex mujer, pero yo no puedo criticarlo porque ella eraincreíblemente voraz y egoísta. —Ya sé que bebe demasiado, pero es que en este momento está trabajando en un caso muyimportante, y sé que cuando eso termine, lo dejará. —Verdaderamente me asustó al gritarme de esa manera, pero es que en este momento estásometido a mucha presión. —Claro que se enojó muchísimo cuando yo no coincidí con su opinión, pero a nadie le gustaque los demás estén en desacuerdo con él. —En realidad no puedo culparlo porque pierda los estribos, cuando ha tenido una niñez tandesdichada. Cualquier mujer que ante un comportamiento del tipo de arrebatos coléricos o estallidos deviolencia dice que «si él lo hizo fue sólo porque...», está racionalizando. No hay nadie que sea invariablemente agradable; eso es algo que no debemos esperar ni denosotros mismos ni de los demás. Y, naturalmente, hay ocasiones en que es necesario que nosmostremos comprensivos y aceptemos que alguien a quien amamos está en una situación de es-trés o es especialmente sensible a ciertos problemas. Aquí no me estoy refiriendo al hombrebásicamente bueno y respetuoso, pero que en alguna ocasión tiene un estallido; ese es el hombreque después asumirá la responsabilidad del episodio, y sentirá auténtico remordimiento por haberdescargado sus frustraciones sobre algún ser querido. El misógino actúa de modo diferente: él no sentirá remordimiento alguno por sus accesos decólera. Además, su compañera se encontrará a sí misma, cada vez con mayor frecuencia,justificando y tratando de hallar explicación a sus desagradables estallidos. La racionalización es una reacción muy humana, que no indica necesariamente un problemagrave. Pero empieza a serlo cuando, con regularidad, una se descubre disculpando uncomportamiento inaceptable de su compañero. A medida que los estallidos de él se vuelvan másfrecuentes, tú tendrás cada vez más necesidad de racionalizar para poder seguir soportando lasituación. El JUEGO DEL HOMBRE Y LA BESTIA 24 Librodot
  25. 25. Librodot Cuando el amor es odio Susan Forward 25 Si los misóginos se pasaran todo el tiempo encolerizándose y criticando, las racionalizacionesno le durarían mucho tiempo a ninguna mujer. Pero lo más probable es que, entre estallido yestallido, el hombre siga mostrándose tan encantador y fascinante como cuando lo viste porprimera vez. Por desgracia, esos buenos momentos siguen alimentando tu errónea creencia de quelos momentos malos son, sin que se sepa por qué, una pesadilla..., de que «ése» no es en realidad«él». Cuando se comporta afectuosamente, refuerza tus esperanzas de que, en adelante, las cosasirán maravillosamente. Pero no hay manera de saber cómo reaccionará ante cada situación unhombre así, porque sus reacciones, con toda probabilidad, serán diferentes cada vez. Este tipo decomportamiento coincide a tal punto con el de El doctor Jekyll y míster Hyde, la novela clásicade Robert L. Stevenson sobre los aspectos luminosos y oscuros, positivos y negativos, de lanaturaleza humana, que he optado por llamarlo «el juego del hombre y la bestia». Laura se encontró totalmente desorientada cuando Bob, poco después de su estallido de lavíspera de Navidad, comenzó a mostrar cambios súbitos de uno a otro comportamiento. Aúnpodía seguir siendo encantador y apasionado, pero el juego del hombre y la bestia se fueincorporando cada vez más a la relación. Una noche tuvimos una pelea espantosa. Yo había tenido un día tan demoledor que lo únicoque quería era dormir, pero él se empeñaba en que hiciéramos el amor. Le dije que estabademasiado cansada, pero él se negó a aceptarlo. Se lo tomó como algo personal. Creyó que yo loestaba rechazando y burlándome de él. Se enfureció tanto que se levantó de un salto y de unpuñetazo hundió la puerta del ropero. Yo estaba aterrorizada. Le dije que no podía seguirsoportando ese tipo de cosas y entonces se echó a llorar. Se arrojó a mis pies, sollozando. Me dijoque cambiaría, que todo era a causa del estrés que estaba pasando. Me rogó que comprendiera losmomentos difíciles que atravesaba. Yo estaba tan confundida por todo eso que no sabía quéhacer. Al verlo sollozar sobre mis rodillas y jurándome que me amaba más que a ninguna mujerque hubiera conocido en su vida, lo abracé y traté de tranquilizarlo. Naturalmente, terminamosreconciliándonos en la cama. Yo decidí que la peor parte de nuestra relación estaba superada, yque en adelante todo iba a ser maravilloso. Laura quedó atrapada en un vaivén emocional con Bob. Como una pelota de tenis entre losdos jugadores, saltaba continuamente del comportamiento bondadoso de él a sus impredeciblesestallidos de furia. No hay nada que confunda tanto ni deje tan perpleja a la gente como esta forma de conductaoscilante, que provoca una tensión enorme, porque una nunca sabe qué esperar. Es algo muyparecido al modelo de conducta de los adictos a los juegos de azar: algunas veces consiguen loque quieren, pero la mayoría de las veces no. Su nivel de ansiedad alcanza alturas increíbles, perola promesa de «dar el golpe» los mantiene colgados de la máquina tragaperras o pegados al tapeteverde. De manera similar, el comportamiento afectuoso de Bob mantenía a Laura en la seguridad deque sus reacciones violentas eran pasajeras, de que ese no era «realmente» él. La dualidad de susacciones y las fuentes cambiantes de su cólera eran el «gancho» que la mantenía atrapada. 25 Librodot
  26. 26. Librodot Cuando el amor es odio Susan Forward 26 Hasta ahora sólo hemos prestado atención al comportamiento del misógino, pero llegados aeste punto, la participación de la mujer se convierte en un elemento decisivo. Con una vez queella acepte un ataque a su autoestima y permita que la insulten, ya ha abierto la puerta a futurosataques. Quisiera que mis lectoras comparasen el comportamiento de Laura con la forma en quesupo protegerse Katie, una joven amiga mía: Tuve una experiencia con un hombre con quien me fui a México. Un día es el Príncipe Azul ylo pasamos estupendamente juntos, y después, sin el menor aviso previo, el señor se transformaen un monstruo. De pronto decidió que yo le había dado demasiada propina al taxista y empezó avociferar en plena calle. No sé por qué se creyó que podía salirse con la suya con ese tipo decosas, pero, en todo caso, se equivocó al elegirme a mí. Le dije que no iba a aguantar semejantetratamiento y que si me salía otra vez con eso, me iría. Bueno, pues entonces se pasó uno o dosdías hecho una seda, pero después volvió a empezar, y me fui. A diferencia de Katie, Laura estaba, de hecho, demostrándole a Bob la cantidad de insultosque era capaz de tolerar. Las disculpas y protestas de él la apaciguaban; Laura veía en ellasexpresiones de auténtico remordimiento. Y era muy probable que, en esos momentos, él losintiera. Si en lo sucesivo el comportamiento de Bob hubiera estado de acuerdo con susdisculpas, ella no habría tenido ningún problema. Pero sus remordimientos no duraban más que eltiempo necesario para que Laura volviese a morder el «anzuelo», y entonces ya estaba dada laseguridad de un nuevo estallido. Una vez que has aceptado el juego del hombre y la bestía, el paso de la agresión a lasdisculpas, de la cólera a la seducción, ya estás en camino hacia una etapa aún más dolorosa. EL CULPARTE A TI MISMA Esta etapa se basa en el razonamiento siguiente: Si él tiene la capacidad de ser tan encantador,entonces la causa de que las cosas vayan mal tiene que ser algo que yo hago. El misóginorefuerza esta creencia recordándote que él sería siempre un encanto, si tú dejaras de hacer esto, omodificaras lo otro, o fueras un poquitín más así o menos asá. Y esta es una manera de pensarmuy peligrosa. Este nuevo intento de hallar algún sentido a la confusión en que se encuentranvuestras relaciones representa un salto gigantesco en la dirección errónea. De reconocer que elcomportamiento de tu compañero tiene aspectos inquietantes has pasado ya al intento dejustificarlos o de explicártelos, y ahora pasas a internalizar y aceptar tú la responsabilidad de laforma en que él actúa. De nuevo el testimonio de Laura: Cada vez que yo no acudía de un salto en respuesta a algo que él quería, me trataba de egoístay me decía que yo no sabía lo que era dar en una relación. Si yo ya tenía 35 años y jamás habíaestado casada, ¿qué podía saber de lo que es compartir o convivir con alguien? El sí que habíaestado casado, y estaba bien al tanto de todo eso. Yo me imaginaba que tal vez tuviera razón;quizá yo fuera egoísta. Y entonces empecé a dudar de mí misma. 26 Librodot
  27. 27. Librodot Cuando el amor es odio Susan Forward 27 Bob desplazaba la culpa sobre Laura, atacándola en los puntos que él conocía como másvulnerables. No todos los misóginos recurren a las ásperas críticas de Bob. Los hay que expresan sudecepción de maneras más calmas y sutiles, pero no por eso menos devastadoras. Así sucedió conotra de mis clientas, una mujer que había sido creativa publicitaria, y está casada con unpsicólogo. Paula conoció a Gerry cuando ambos estaban en la universidad. En sus dieciocho añosde matrimonio habían tenido cuatro hijos. Cuando ella acudió a verme tenía poco más decuarenta años y era una mujer de aspecto agradable, con el pelo oscuro, grandes y expresivos ojoscastaños y figura robusta. Me contó que Gerry había empezado a criticarla al poco tiempo dehaberse comprometido, y que ese cambio de novio solícito a crítico implacable había sido muydesconcertante para ella. Una vez, cuando estábamos comprometidos, fuimos a una feria donde tocaba Chuck Berry. Yoquería oírlo, pero Gerry empezó a tomarla conmigo: que aquella música era terrible, muyprimitiva, y que él no podía entender cómo era posible que alguien medianamente inteligenteescuchara semejante cosa. Me acusó de incultura y de falta de gusto, y se puso a mirarme como siyo fuera alguna alimaña acabada de salir de debajo de una roca. Yo sabía que él tenía razón, queyo aún seguía aferrada a la misma música que me había gustado en mi adolescencia. Es verdadque, en comparación con él, a mí me faltan refinamiento y clase. Tengo los gustos de unapalurda. Paula legitimaba su afirmación de que quien estaba en falta era ella autocalificándose depalurda y estúpida e idealizando la formación cultural de Gerry. En cuanto a él, jamás le permitiódudar de sus pretensiones de superioridad intelectual. Laura se había dado prisa en asegurarmeque ella era ciertamente «egoísta y consentida, y que no tenía la menor capacidad de mostrarsegenerosa con otras personas». Cuando le sugerí que se estaba tratando a sí misma con demasiadadureza, y le pregunté de dónde había sacado semejantes ideas, me contestó: «Es lo que dice Bob,y tiene razón. Yo soy egoísta, y él tiene todo el derecho a enfadarse.» Tanto Paula como Laura reconocían cierta «coherencia» en la violencia psicológica de susrespectivos compañeros, asumiendo ellas mismas la culpa. Estaban convencidas de que, si ellaspodían encontrar,«la llave mágica» —ese comportamiento o esa actitud que pudiera complacer asu pareja—, podrían conseguir que las trataran mejor. Es como si esas dos mujeres estuvierandiciendo: «Tal vez lo único que tenga que hacer sea escuchar lo que él dice e intentar comportarme deacuerdo con eso; entonces todo andará sobre ruedas. Si la culpa es mía, y él es la persona quedefine cuáles son mis culpas, es lógico que sea el único que puede ayudarme a mejorar». Lamentablemente, las señales del misógino son siempre cambiantes. Lo que le agrada un díapuede no agradarle al siguiente. No hay manera de saber qué puede ponerlo en ignición, y elempeño en encontrar cuál es la manera de agradarle puede llegar a ser el rasgo dominante de tuvida. 27 Librodot
  28. 28. Librodot Cuando el amor es odio Susan Forward 28 Rosalind había escuchado comprensivamente las quejas de Jim acerca de la insensibilidad delos directores de bandas, pero él no tardó mucho en empezar a canalizar su cólera hacia ella. Le pedí que me dijera qué prefería que yo hiciese, para no seguir enfureciéndose de aquelmodo, y desde luego que me lo dijo, pero eso no sirvió para acabar con las escenas, porque yosiempre seguía equivocándome en algo. Rosalind y Jim acababan de descubrir otro vínculo que habría de ligarlos más aún: los dos leechaban a ella la culpa de todo lo que andaba mal. ÉL Y SU DESENGAÑO Cuando una luna de miel se acaba, se acaba para la pareja. No es que uno de los dos se quedepara siempre en las cataratas del Niágara mientras el otro se vuelve a casa. Es decir, que, en tantoque la mujer se ha estado sintiendo perpleja y desorientada por los cambios producidos en larelación, su compañero también ha experimentado una desilusión a su modo. Al haberlaidealizado tanto al comienzo, es inevitable que se decepcione. Jackie recordaba: Mark me decía que si a él le pidieran que hiciese un diseño de una mujer perfecta me dibujaríaa mí, sin quitar ni añadir nada. Yo era simplemente perfecta, sin el menor fallo. Para ella, la idealización que Mark hacía de Jackie era algo maravilloso y emocionante.Resulta fácil entender por qué no reconoció el riesgo potencial. El hecho es que Mark no veía enella a un ser humano con los mismos defectos, fallos e inconvenientes que tenemos todos. Encambio, estaba deificándola: ella era su diosa. Y, naturalmente, esperaba que lo fuera sin unmomento de pausa. Tienes que ser perfecta Nancy y Jeff, a quienes conocimos en la introducción, llevaban seis meses saliendo juntoscuando se produjo el siguiente incidente: Pasamos una velada hermosísima asistiendo a un concierto. Cuando terminó, seguimossentados, esperando que se despejaran los pasillos. Cuando me levanté, él me preguntó qué prisame corría, y después se puso furioso conmigo. Me dijo a gritos que saldríamos cuando él dijera, yme acusó de impaciente. Estaba muy furioso, y yo no podía entender por qué. Después salió agrandes zancadas delante de mí y se fue al coche. Y no se le pasaba. La tuvo tomada conmigodurante todo el viaje de regreso. Fue horrible, y yo no sabía qué hacer. Imaginé que debía dehaber hecho algo muy malo, porque nadie se pone así por nada. Pero el misógino sí puede enfurecerse muchísimo por casi nada. Los acontecimientos másinsignificantes provocan un estallido, porque los exagera, haciendo una montaña dé un grano dearena. Es posible que la mujer se haya olvidado de pasar por la tintorería, que le hayan salidodemasiado oscuras las tostadas o que se hayan quedado sin papel en el lavabo. Él trata cualquierade esos incidentes como si fuera un delito contra la seguridad del Estado. El hecho de que Nancyse levantase la primera al terminar el concierto fue todo lo que necesitó Jeff para que su furia 28 Librodot
  29. 29. Librodot Cuando el amor es odio Susan Forward 29contra ella se desatara. Pero Nancy hizo todo lo contrario de exagerar: restó importancia alepisodio. Aceptó el ataque de irracionalidad de Jeff y no lo responsabilizó por él. La paradojareside en que, al tiempo que él estallaba por un acto inocente de Nancy, ¡ella asumía toda la culpay no reconocía para nada la de él! Nancy me contó que Jeff estaba siempre repitiéndole, en términos inequívocos, que ella estabaechando a perder la relación de ambos. Le decía que estaba decepcionado, que ella no era lo queél había creído, que se sentía estafado. ¿Dónde estaba la mujer perfecta de quien se habíaenamorado? Tienes que leerle el pensamiento El misógino espera que su pareja sepa lo que él piensa o siente, sin necesidad de tener quedecírselo. Espera que ella, no se sabe cómo, se anticipe a todas sus necesidades, y quesatisfacerlas se constituya en la prioridad número uno de su vida. Su mujer —o su amante— tieneque saber sus deseos sin que él se los diga. Una de las pruebas de amor que debe dar es sucapacidad de leerle el pensamiento; por eso, él le dirá cosas como: —Si me amaras de verdad, habrías sabido lo que estaba pensando. —Si no estuvieras siempre pensando en ti misma, te habrías dado cuenta de lo que yo quería. —Si yo realmente te importo, ¿cómo no te diste cuenta de que estaba cansado? —Si te interesaras de veras por mí, no habrías insistido para que fuéramos al cine. Este tipo de construcciones que empiezan con «Si...», para seguir con cualquier variante de«habrías» o «no habrías», implica que lo que tú debes hacer es tener la capacidad de penetrar enla mente de tu compañero y anticiparte a todos sus pensamientos y deseos. No se trata de que éltenga la responsabilidad de expresarse, sino de que tu obligación es ser clarividente. Si una mujercarece de poderes parapsicológicos, con ello da prueba de sus deficiencias. Y además, eso sirvepara justificar los ataques de él. Tienes que ser un manantial incesante de generosidad El misógino típico espera que su compañera sea una fuente inagotable de amor y adoración, deapoyo, aprobación y estímulo, total y generosa sin reservas. Su manera de establecer una relacióncon una mujer se parece mucho a la de un infante ávido y exigente, basada en la tácitaexpectativa de una total generosidad de ella en cuanto a la satisfacción de todas sus necesidades. Poco después de haberse casado con Mark, Jackie descubrió que él le había mentido,asegurándole que estaban saldadas algunas facturas importantes que en realidad no había pagado.El que debía encargarse de abonarlas era él, pero no lo había hecho, y cuando ella le preguntó quéhabía pasado, se enfureció. Me acusó de falta de amor y de comprensión hacia él. Me acusó de no estar de su parte. Dijoque él tenía amigos que hacían cosas mucho peores, que todas las noches volvían a casaborrachos y realmente eran un desastre en lo financiero, y que sin embargo sus mujeres jamás les 29 Librodot
  30. 30. Librodot Cuando el amor es odio Susan Forward 30negaban comprensión, amor y apoyo. ¿Cómo era posible que yo me mostrara incapaz de expresarun amor así? No sé cómo, se las arregló para presentar las cosas de tal manera que la malvada erayo por atreverme a preguntarle por qué no había pagado las cuentas. Desde el punto de vista de Mark, y con independencia de lo que él hiciera, Jackie nunca podíaalterarse, nunca podía preguntarle nada, y jamás podía ser otra cosa que absolutamente generosay amante. Por su parte, él se veía como un compañero amante, dedicado y generoso, que noquería otra cosa que brindar tan bellas cualidades a aquella mujer increíble que había encontrado,pero que tan pronto como veía que ella no era un manantial inagotable de generosidad, se sentíatraicionado y se encolerizaba con ella. Tienes que ser una torre de fortaleza Jim, el compañero de Rosalind, era incapaz de reconocer en ella a otro ser humano, diferentede él y que tenía necesidades y sentimientos propios. He aquí lo que él me contó: Yo creía que era muy entera, hasta que una vez, al comienzo de nuestra relación, se echó alloriquear como un bebé. ¡Dios, eso sí que fue una desilusión para mí! Yo no podía creer quefuese la misma mujer de quien me había enamorado de aquella manera. La verdad es que Rosalind era una mujer fuerte, bien preparada y eficiente, pero —como todoel mundo— pasaba por días malos. Cuando tuvo la osadía de expresar su vulnerabilidad, Jim latrató con repugnancia y desprecio. He aquí el relato que ella hace del episodio: Era la primera vez que él me veía perder el control, y reaccionó escandalizándose. Era como sime dijera: «¿Quién te crees tú que eres para echarte a llorar de esa manera? ¿Qué derecho tienes ano ser fuerte, si eres la que debe hacerse cargo de todo?». Me dio la sensación de que iba a irse yabandonarme. Para terminar con la situación tuve que disculparme, y aunque traté de restarimportancia a lo que había pasado, no pude superar la sensación de que él no quería aceptarmecomo un simple ser humano. El haber llorado hizo que el estatus de Rosalind en cuanto mujer perfecta se deteriorase. Por loque se refería a Jim, ella había dejado de ser digna de que él la tratara bien. La idealización es un arma de doble filo. Puede generar una maravillosa sensación de halago,pero también impide que una mujer advierta que está condenada al fracaso. Es imposible vivirsobre el pedestal donde la ha colocado el misógino, porque en un pedestal no queda margen parael error. Si un día su compañera está malhumorada o se conduce de cualquier manera que a él nole guste, el misógino lo considera un signo de deficiencia por parte de ella. El había contratado auna diosa, y ella no está a la altura de las exigencias del trabajo. El desprecio y la desilusión queella le provoca son todo cuanto él necesita para sentirse autorizado a dejar de expresarle su amory empezar a criticarla, acusarla y cubrirla de culpas. El desengaño inicial que desencadena el comportamiento típico del misógino se producegeneralmente al comienzo de la relación. Sin embargo, como la emoción del idilio está todavía ensus primeras etapas, es fácil barrer y ocultar bajo la alfombra el momento del estallido. Si en 30 Librodot
  31. 31. Librodot Cuando el amor es odio Susan Forward 31alguna medida la mujer se siente desagradablemente sorprendida, no pasa de una mínima notadisonante en una sinfonía que, en conjunto, es armónica. Las primeras indicaciones del mal genio del misógino son esporádicas. Los estallidos no seconvierten en un modo de vida mientras no se ha llegado a algún tipo de compromiso, que tantopuede ser verbal, como el hecho de irse a vivir juntos, formal o, incluso, el matrimonio. Entonces,una vez él está seguro de «tenerla», la situación se deteriora rápidamente. 31 Librodot
  32. 32. Librodot Cuando el amor es odio Susan Forward 32 3 Las armas con que él se asegura el control Hacia el final de la luna de miel, las primeras veces que el misógino agravia la autoestima desu compañera, está haciendo tanteos de prueba. Si ese agravio inicial no tropieza con ningunaresistencia, ya sabe que lo que ella está haciendo, sin darse cuenta, es darle permiso para que per-sista en ese comportamiento. No deis la mano si no queréis que os cojan el codo: he aquí lo que digo continuamente a lasmujeres. El CONTRATO AMOROSO Al comienzo de la relación se sueltan muchos globos de prueba. El misógino —frecuentemente, sin darse cuenta de lo que hace— procura concretar su definición de hasta dóndepuede llegar. Lo lamentable es que su compañera crea que al no enfrentarse con él ni cuestionarsu comportamiento cuando él lastima su sensibilidad está expresando el amor que siente por él.Muchas mujeres caen en esa trampa. Desde pequeñas nos han enseñado que la respuesta es elamor. Con amor todo será mejor; lo único que tenemos que hacer es encontrar un hombre que nosame, y entonces la vida será maravillosa y viviremos felices por siempre jamás. Además, nos hanenseñado que, al servicio de ese amor, se esperan de nuestra parte ciertas formas decomportamiento, algunas de las cuales son «suavizar las cosas», dar marcha atrás, disculparnos y«mostrarnos agradables». Pero resulta que esos mismos comportamientos animan al misógino amaltratar a su compañera. Es como si hubiéramos establecido al mismo tiempo dos acuerdos o contratos con elmisógino, el uno explícito y el otro tácito. El acuerdo explícito es, por ambas partes, te amo yquiero estar contigo. El acuerdo tácito, que se origina en nuestras necesidades y temores másprofundos, es mucho más poderoso y vinculante. Tu parte —la parte de la mujer— en el acuerdotácito es: Mi seguridad emocional depende de tu amor, y para conseguirlo estoy dispuesta a serdócil y a renunciar a mis propios deseos y necesidades. La parte que le corresponde a él en eseacuerdo es: Mi seguridad emocional depende de que yo tenga el control absoluto. ÉL DEBE TENER EL CONTROL En todas las relaciones hay luchas por el poder. En las parejas se suscitan desacuerdos por eldinero, por la forma de educar a los hijos, por el lugar donde irán de vacaciones, por la frecuenciacon que han de visitar a los parientes políticos; se discute quién de los dos tiene los amigos másagradables y con quién habrán de pasar el tiempo. Pero aunque todo esto pueda constituir motivode conflicto, son cosas que habitualmente se pueden negociar de forma afectuosa y ton respeto. Sin embargo, cuando la relación se da con un misógino, lo que escasea son la negociación y elcompromiso. El juego se desarrolla, en cambio, en un campo de batalla donde él tiene que ganary ella debe perder. Este desequilibrio de poderes es el tema principal de la relación. 32 Librodot
  33. 33. Librodot Cuando el amor es odio Susan Forward 33 El misógino necesita controlar la forma en que piensa, siente y se conduce su mujer, decidirpor ella con quién y con qué se compromete. Sorprende la rapidez con que incluso mujerescompetentes y que hasta entonces tenían total éxito en su actividad renuncian a su talento y su ca-pacidad, e incluso los desconocen y niegan, con tal de obtener el amor y la aprobación de suscompañeros. Claro que un control total es una cosa muy incierta. Resulta imposible controlar totalmente aotro ser humano. Así pues, el empeño del misógino está condenado al fracaso y, como resultado,él se pasa buena parte del tiempo frustrado y colérico. A veces, consigue enmascarar adecua-damente su hostilidad, pero en otras ocasiones este sentimiento se manifiesta como abusopsicológico. POR QUÉ EMPLEO LA PALABRA «ABUSO» Entre los profesionales de la salud mental, abuso es una palabra que hace referencia a laviolencia, tanto psicológica como física. Es abuso cualquier comportamiento encaminado acontrolar y subyugar a otro ser humano mediante el recurso al miedo y la humillación, yvaliéndose de ataques físicos o verbales. Es decir, que son abusos la prepotencia, la arbitrariedad,las expresiones de desprecio, los reproches exagerados y toda forma de comportamiento que pormedios similares tienda a esos fines. Dicho de otra manera, no es necesario que a uno lo golpeenpara que haya abuso. Cuando hay castigo físico, las armas son los puños; si el castigo es psicológico, las armas sonpalabras. La única diferencia entre las dos categorías está en la elección de las armas. Quiero insistir en un uso restringido del término abuso. No me valgo de él para describir unmalhumor ocasional ni una expresión de enfado que se dan en cualquier relación. Cuando hablode «abuso», es para describir la persecución sistemática de uno de los miembros de la pareja poracción del otro. El abuso verbal no ha recibido la atención que merece, si se tiene en cuenta lodevastador que puede ser para la salud mental de una persona si se prolonga mucho tiempo. Confrecuencia, las mujeres me dicen que, por lo menos, él no les pega. A esa disculpa, les respondo:«El resultado es el mismo. Estás tan asustada y te sientes tan impotente como si te pegara. ¿Quédiferencia hay entre castigarte con los puños o con palabras?». EL CONTROL MEDIANTE EL ABUSO PSICOLÓGICO El misógino tiene un amplio repertorio de tácticas de intimidación, comentarios denigrantes,insultos y otras actitudes destinadas a hacer que su compañera se sienta incapaz e impotente. Sus ataques más obvios se expresan con gritos y amenazas, estallidos de cólera, insultos ycríticas constantes. Son ataques directos y abiertos, teñidos de una agresividad manifiesta. Las amenazas implícitas Una de las tácticas más aterradoras —y, por lo mismo, una de las que obtienen más éxito— 33 Librodot
  34. 34. Librodot Cuando el amor es odio Susan Forward 34que puede usar el misógino para obtener el control lleva consigo la amenaza implícita de malostratos físicos. Era el tipo de amenaza que caracterizaba al matrimonio de Lorraine y Nate, lospadres de Jackie. Nate era un próspero hombre de negocios a quien sus muchos empleados querían y respetabansinceramente. Lorraine era una mujer tranquila, que se ocupaba de la educación de sus dos hijos yde atender su casa. A lo largo de treinta y cinco años de matrimonio, Nate se valió de algunastácticas sumamente intimidatorias —que jamás dejó ver a nadie fuera de las cuatro paredes de sucasa— para tener sometidos a su mujer y al resto de la familia. Lorraine recordaba lo siguiente: Su hermana vivía en la casa de al lado, y las dos estábamos muy unidas. Una noche quefuimos juntas al cine, yo estrené un vestido y un sombrero. Al volver perdimos el autobús, asíque yo llegué a casa casi media hora más tarde de lo que le había dicho a Nate. Cuando entré,estaba paseándose de un lado a otro. No me dio siquiera ocasión de explicarle nada. Me arrancóel vestido, agarró el sombrero nuevo y me lo cortó con unas tijeras. Después lo arrojó todo alincinerador. Yo hubiera querido morirme. Estaba aterrorizada. Ese cruel episodio no era un incidente aislado. Escenas así ocurrían cada vez que Nate sesentía disgustado, aunque fuera momentáneamente, con el comportamiento de Lorraine. No es mi intención sugerir que los hombres como él planeen conscientemente sus agresiones.Gran parte de su comportamiento, aun del que parece más cruel y abusivo, tiene su origen enfuerzas que están más allá de su control. Pero, aun así, es necesario que, con independencia de losdemonios que rugen dentro de su alma, los adultos se hagan responsables de su manera deproceder. Este es el relato de Lorraine: Yo solía rogarle que no me hiciera cosas como esa, porque me daba unos sustos de muerte. Élme decía que se ponía así por lo mucho que se preocupaba cuando me demoraba, por lo muchoque me quería. Pero luego, una semana después del incidente en que me rompió el sombrero nue-vo, se me pasó un asado y me hizo pedazos todas las copas de la cocina. En el caso de Lorraine, los ataques de Nate estaban a un milímetro de la violencia física, ydaban a entender claramente: «Hoy rompo las copas y mañana te rompo un brazo». Nate nonecesitaba golpearla físicamente, porque la amenaza implícita en su comportamiento bastaba paramantenerla sometida del todo. Las agresiones verbales No todas las agresiones son tan manifiestamente violentas como las que me describíaLorraine. En muchos de estos ataques intervienen los gritos, que debido al volumen de la voz y ala intensidad de la cólera, pueden asustar muchísimo. A la mayoría de las personas se les hacemuy difícil manejar el enojo, incluso el propio. Y cuando eres tú el blanco de ese enojo, se creauna atmósfera de tensión tremenda. En el caso del misóginos lo más común es que sus gritosincluyan insultos y ataques verbales directos, que te hacen la experiencia doblemente dolorosa.Estas agresiones verbales pueden aterrorizar y desmoralizar a una persona tanto como las 34 Librodot

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