EJERCICIOS ESPIRITUALES PARA EL PBRO. DE HERMOSILLO          Marzo del 14 al 18 de 2011 en San Ignacio, Son.Expositor: P. ...
puertas entornadas y protegidas por un carro de heno oportunamente aparcado(mientras algunos campesinos hacen guardia a la...
1. Cuando era joven, un día comentó a su madre: Si fuese sacerdote, querría ganarmuchas almas. Las almas a las que puede a...
agrado las familiares y entretenidas palabras del señor Cura. Este grupo de simplescampesinas pronto le va a servir de con...
10. Según una tradición, en Loreto se encuentra la casa de Nazaret, donde acudenmuchos cristianos a rezar desde hace siglo...
boquita y tiende sus pequeñas manos para abrazada. Nuestra alma, en presencia delsacerdote, se alza naturalmente hacia Dio...
yo algún comentario sobre la crudeza del frío o dificultad de los caminos, su respuestaestaba siempre pronta: "Los Santos:...
Carta de Mons. Juan José Hinojosa Vela, Decano: ³Hay muchas razones para hacerejercicios espirituales ahora; aunque los hu...
necesitamos gracias especialísimas para convertirnos de veras a una vida santa, segúnnuestra vocación. En cada misa rogaré...
Como demuestra la larga experiencia espiritual de la Iglesia, los ejercicios espiritualesson un instrumento idóneo y efica...
Cuando la obtenga daré gracias al Señor y le suplicaré que, si así lo desea, aumentemis sufrimientos y los continúe, porqu...
SEGUNDA MEDITACIÓN:EL BAUTISMO DE JESÚS EN EL JORDÁNPreámbulos: ³Pero ahora se plantea la pregunta: ¿en qué consiste esta ...
El 8 de diciembre de 1896 hizo los votos en Verona, en la Congregación de lashermanas Canosianas, y desde entonces ±junto ...
a. Coherencia de vida. Es el un nazir «no pasará la navaja por su cabeza» (Jue 13, 5) yun asceta: «su vestido hecho de pel...
encontrar a Dios tiene que convertirse interiormente una y otra vez, una conversióncontinua, un crecimiento espiritual, un...
que Jesús venga de otra zona geográfica, de lejos, por así decirlo. Lo realmente nuevoes que Él ²Jesús² quiere ser bautiza...
cuanto que alguien nos ha dicho antes: Tu eres mi hijo, tu eres mi hija. El PadreNuestro es una oración que responde a qui...
de vida eterna, palabras de luz que responden a los grandes desafíos de la vida y danuna indicación exacta sobre el camino...
un nombre, tiene palabras, tiene cuerpo y sangre; a un Dios concreto que nos da lavida y nos muestra el camino de la vida;...
una vida mediocre, vivida según una ética minimalista y una religiosidad superficial.Este ideal de perfección no ha de ser...
las horas de oscuridad de su Pasión, en todo momento Cristo supo descubrir en laoración la luz y la fuerza necesarias para...
suprema de vida es, además, fuente de felicidad y de profunda paz, porque el almabusca agradar a Dios en todo momento movi...
Es tan fácil autojustificarse, maquillar la propia imagen ante los demás y ante unomismo, con una larga letanía de excusas...
TERCERA MEDITACIÓN:LAS TENTACIONESPreámbulo: Los cuatro camaradas avanzaron hasta más allá del centro de la sala donde en ...
algunos, ese precio no era demasiado alto con tal de verte partir cuanto antes. Sospecho que una vezmássucederá lo mismo: ...
Las puertas se abrieron de par en par y un aire refrescante entró silbando en la sala. El viento soplabasobre la colina.-E...
siquiera sospecha.Gandalf habló entonces rápida y secretamente, en voz baja, y nadie excepto el rey pudo oír lo quedecía. ...
alguna.» Jesús le respondió: «Está dicho: No tentarás al Señor tu Dios.» Acabada todatentación, el diablo se alejó de él h...
La acción está precedida por el recogimiento, y este recogimiento es necesariamentetambién una lucha interior por la misió...
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Ejercicios espirituales sacerdotes

  1. 1. EJERCICIOS ESPIRITUALES PARA EL PBRO. DE HERMOSILLO Marzo del 14 al 18 de 2011 en San Ignacio, Son.Expositor: P. Daniel Watts, LC PRIMERA MEDITACIÓN:TRAS DIOS, EL SACERDOTE LO ES TODO.«Erase una vez en Francia, en la provincia de Lyón, un pequeño campesino cristianoque, desde la más tierna edad, amaba la soledad y al buen Dios. Y puesto que losseñores de París, que habían hecho la Revolución, impedían a la gente rezar, elpequeño y sus padres escuchaban Misa en el fondo de un granero. Los sacerdotes poraquel entonces se escondían y, cuando eran detenidos, les cortaban precisamente lacabeza. Era por eso por lo que Juan María Vianney soñaba con convertirse ensacerdote. Pero, aunque sabía rezar, le faltaba, sin embargo, instrucción. Guardaba lasovejas y trabajaba los campos. Entró demasiado tarde en el Seminario y tropezó entodos los exámenes. Pero las vocaciones entonces eran raras y, al final, lo ordenaron.Fue nombrado Cura de Ars y permaneció allí hasta la muerte. Ars era el último curatode Francia y el último pueblo del país. Sin embargo, fue enteramente un «Párroco» yesto no sucede de manera frecuente. Lo fue de manera tan completa que el últimopueblo de Francia se convirtió en el primer Curato, y Francia entera se puso en caminopara ir a visitarlo. Ya entonces, convertía a todos los que llegaban hasta él y, si nohubiese muerto, habría convertido a toda Francia. Curaba las almas y los cuerpos. Leíaen los corazones como en un libro. La Santísima Virgen lo visitaba y el demonio lomenospreciaba, pero no conseguía impedirle ser un hombre santo. Fue ascendido aCanónigo, después a Caballero de la Legión de Honor, luego considerado santo. Noobstante, mientras vivió no comprendió nunca el porqué. Ésta era la prueba más belladel hecho de que mereciese precisamente aquella gloria. Todo esto sucedía en el sigloXIX, que en el Paraíso, donde se conoce el justo valor de la gente, es llamado «el siglodel Cura de Ars». Pero Francia no se lo imagina siquiera».Este inicio de la biografía del Santo Cura de Ars, escrita por el poeta y dramaturgofrancés, Henri Ghéon, nacido hace más de cien años, nos parece una fábula, tan llenade ingenuidad y de cosas maravillosas, que no nos sentimos atraídos. Y sin embargo,aunque todo es verdad, se advierte una realidad que nos llama la atención.Los episodios a los que se alude son todos verdaderos. Aquel campesino de laprovincia de Lyón tiene siete años cuando en París reina el Terror y son exiliados, bajopena de muerte, todos los sacerdotes que no se someten al cisma, además de losmiles que son masacrados. Es más, las tropas de la Convención atraviesan la regiónde Dardilly, donde él vive, para ir a reprimir la insurrección de Lyón. La iglesia ha sidocerrada. El Párroco cede primero a todos los juramentos que le son impuestos,después deja de actuar como sacerdote. Los Vianney de vez en cuando hospedaban,arriesgando la vida, a algún sacerdote clandestino; y es en una habitación con las
  2. 2. puertas entornadas y protegidas por un carro de heno oportunamente aparcado(mientras algunos campesinos hacen guardia a las puertas) donde el pequeño JuanMaría puede recibir la Comunión a los trece años: estamos en el denominado«segundo Terror». La vocación le viene muy pronto -como él mismo dirá-, «después deun encuentro que había tenido con un confesor de la fe», o sea, cuando comprendeque hacerse sacerdote significaba también estar dispuesto a morir por el propioministerio. Pero si el niño no podía frecuentar la parroquia, todavía menos podíafrecuentar las inexistentes escuelas. La primera vez que logró sentarse en los pupitresde la escuela tenía ya 17 años. Intentó desesperadamente aprender, ayudado por unsacerdote amigo que creía en la vocación de aquel muchacho, pero los resultadosfueron míseros. Dirá, después, el mismo Cura de Ars que aquel sacerdote «ha tratadodurante cinco o seis años de hacerme aprender algo, pero ha sido fatiga en vano,porque no he logrado nunca meterme nada en la cabeza». Hay mucha humildad enesta expresión, pero también mucho de verdad. Las dificultades se convertirán mástarde en insuperables cuando trató de afrontar, en un seminario, los estudios defilosofía y de teología que, por lo demás, entonces debían realizarse sirviéndose detextos escritos y explicados en latín. Aun así, el párroco de Ecuilly, muy estimado en laDiócesis, le proporciona todas las facilidades posibles (de estudios y de exámenes)llegando a alcanzarle la ordenación sacerdotal, tomándolo él mismo como vicario. Fueordenado a los 29 años. Pasó los primeros años de ministerio en la escuela de estasanto sacerdote que lo había ayudado y educado tan intensamente: «tiene una culpa -dirá después Juan María Vianney- de la que le será difícil justificarse ante Dios: la dehaberme admitido a las Órdenes Sagradas». Es preciso comprender bien que, JuanMaría lo deseaba con todo el corazón, pero se sentía profundamente indigno. El otro,sin embargo, lo estimulaba y lo protegía, porque estaba convencido de que se tratabade una óptima vocación y que la escasa instrucción se vería compensada por unaparticular inteligencia de fe. Y tenía razón. Juan María, por su parte, estaba convencidode haber recibido un grandísimo e inmerecido don: «Pienso -dirá- que el Señor haquerido escoger la cabeza más dura de todos los párrocos para realizar el mayor bienposible. Si hubiese encontrado todavía uno peor, lo habría puesto en mi lugar, paramostrar su gran misericordia». El carisma de este joven sacerdote será el dedesaparecer de tal manera tras su ministerio, de ser solamente sacerdote, ministro deDios, hasta el punto que su persona se mezcle y se confunda enteramente con el dondel sacerdocio.El Cura de Ars es el santo patrón de todos los sacerdotes del mundo, puesto que viviráuna desesperada necesidad de anularse frente al don inmerecido que ha recibido, deconsumirse ejerciéndolo: y lo hará también de forma penitencial, consumiendofísicamente, con las más duras mortificaciones, su sustancia humana.Hacemos ejercicios espirituales como sacerdotes y son precisamente estos modelos yejemplos los que necesitamos, para entender mejor nuestra vocación y misión,queridos hermanos sacerdotes:
  3. 3. 1. Cuando era joven, un día comentó a su madre: Si fuese sacerdote, querría ganarmuchas almas. Las almas a las que puede ayudar a llevar una buena vida cristiana...es lo que le dio fuerza para superar todas las dificultades.2. ¿Qué es el sacerdote? Un hombre que ocupa la plaza de Dios, un hombre revestidode todos los poderes de Dios. Vamos -dice Nuestro Señor al sacerdote-, como miPadre me ha enviado, yo os envío. Todo el poder me ha sido dado en el cielo y en latierra. Ve a instruir a todas las naciones. Quien te escucha me escucha; quien tedesprecia me desprecia. Cuando el sacerdote redime los pecados, no dice: Dios teperdona. El dice: Yo te absuelvo". "¡Oh! ¡Qué cosa es el sacerdote! Si él se percatarade ello, moriría... Dios le obedece: dice dos palabras y nuestro Señor desciende delcielo. ¡No se comprenderá la dicha que hay en decir la misa más que en el cielo!"3. San Bernardo asegura que todo nos viene por María; se puede decir también quetodo nos viene por el sacerdote: sí, todas las felicidades, todas las gracias, todos losdones celestes. Si no tuviésemos el sacramento del orden sacerdotal, no tendríamos aNuestro Señor. ¿Quién le ha puesto ahí, en ese tabernáculo? El sacerdote. ¿Quién harecibido el alma en su entrada a la vida? El sacerdote. ¿Quién la alimenta para darle lafuerza para hacer su peregrinación de la vida? El sacerdote. ¿Quién la preparará apresentarse ante Dios, lavando esta alma, por última vez, en la sangre de Jesucristo?El sacerdote. ¿Y si esta alma va a morir por el pecado, quién la resucitará?, ¿quién ledevolverá la calma y la paz? Otra vez el sacerdote. No os podéis acordar de una buenaobra de Dios, sin encontrar al lado de este recuerdo a un sacerdote. Id a confesaros ala Santa Virgen o a un ángel: ¿os absolverán? No. ¿Os darán el Cuerpo y la Sangre deNuestro Señor? No. La Santa Virgen no puede hacer descender a su divino Hijo en lahostia. Podría haber doscientos ángeles ahí, que no podrían absolverle. Un simplesacerdote puede hacerlo; puede deciros: Vete en paz, te perdono. Oh, ¡qué grande esel sacerdote!".4. Aunque hubiera podido disfrutar de muchos ratos libres y de descanso, ya que elpueblo que le fue confiado era bastante pequeño -unas pocas familias, muchas de lascuales pasaban de la iglesia-, siempre estaba ocupado en algo. Desde el primermomento, vivió en Ars con un constante espíritu de conquista. Él era quien debía llevara Dios al pueblo ya cada una de las personas del pueblo. Su tiempo era de Dios y deaquellos hombres. No lo podía perder en sus cosas. Tenía un espíritu de conquistapara el Buen Dios, que le llevo a trabajar donde otro se excusaría fácilmente pensandoque no tenía trabajo.5. A su llegada, en la primavera de aquel 1818 no había más remedio que comenzardando un margen de confianza a lo más selecto de lo que heredaba: tres o cuatroancianitas de buena voluntad. Él las invita a asistir a misa de entre semana y lespropone comulgar diariamente. Les enseña a rezar el rosario a la virgen María. Lasanima para que acojan en su grupo a algunas niñas, que se sienten más a gusto entresus abuelas, que entre sus madres, tan ocupadas como están. Seis meses después elgrupo ya se reúne, normalmente, los domingos por la tarde en el jardín de la casaparroquial, si hace buen tiempo; rezan un poco, aprenden cánticos, escuchan con
  4. 4. agrado las familiares y entretenidas palabras del señor Cura. Este grupo de simplescampesinas pronto le va a servir de contacto con otras personas; el grupo crece y seasocia en la Cofradía del Rosario. Tres años mas tarde no alberga sólo a ancianas yniñas, también forman parte de él esposas, madres de familia y jovencitas casaderas.El santo cura, no se desanima, ni cae en lamentaciones, ni en la típica excusa de queno es fácil cambiar las cosas: trabaja, cuida las pocas personas que tiene, tira de ellaspara ir llegando a mas personas; es lento, pero lo importante es no perder el espíritu deconquista.6. Trabajó mucho. Pedía a Dios, pero ponía todos los medios para ayudar a los pocosque iban a la Iglesia a descubrir a Dios. Renard, un seminarista que fue a ayudarle aArs un mes del primer verano, 1818, cuenta: Se encerraba en la sacristía para escribirsu sermón del domingo y aprenderlo de memoria. No lo componía de su puño y letra, lotomaba del libro µInstrucions familières¶, con cuidado de adaptarlo a las necesidades desus feligreses. Allí, a solas ensayaba la entonación debida y predicaba como si estuvie-se en el púlpito. El ponía todo de su parte y esperaba que Dios hiciese el resto.7. Predicaba mucho en cuanto pudo, catecismo a los niños; después a los adultos; lashomilías del domingo, que escribía de pe a pa, pues no se atrevía a soltarse del papelya que no se fiaba de su memoria y temía olvidarse de todo. Pero, sobre todo,predicaba mucho con el ejemplo. Nuestro cura, comentaba la gente, hace todo lo quedice y practica lo que enseña; nunca le hemos visto tomar parte en ninguna diversión;su único placer es rogar a Dios; debe de haber en ello algún goce, puesto que él sabeen contrario; sigamos, pues, sus consejos; no desea sino nuestro bien.8. No se ahorró ningún esfuerzo a la hora de administrar cualquiera de los sacra-mentos. Dios necesitaba de su sacerdocio para hacer el bien a aquellas personas: "Lasotras buenas obras de Dios no nos servirían de nada sin el sacerdote. ¿Para qué ser-viría una casa llena de oro, si no tenemos a nadie para que nos abra la puerta? Sin elsacerdote, la muerte y la pasión de Nuestro Señor no servirían de nada. Tras Dios, ¡elsacerdote lo es todo! Dejad una parroquia veinte años sin sacerdote, adorarán a lasbestias. Cuando se quiere destruir la religión, se comienza por atacar al sacerdote,porque allá donde no hay sacerdote, no hay sacrificio, y donde no hay sacrificio, no hayreligión".9. Lo central de su vida, como sacerdote, era celebrar la Misa. La Misa era lo másgrande para él. Durante sus cuarenta años en Ars antes de celebrar la misa -deordinario a las siete de la mañana- se preparaba durante casi una hora de oración...¡era tan grande lo que iba a realizar!: "Si uno tuviera suficiente fe, vería a Diosescondido en el sacerdote como una luz tras su fanal, como un vino mezclado con elagua. Hay que mirar al sacerdote, cuando está en el altar o en el púlpito, como si deDios mismo se tratara". Vivió, también, para la eucaristía. La mayor alegría del Cura deArs era repartir las sagradas hostias. Con frecuencia las repartía con lágrimas en losojos.
  5. 5. 10. Según una tradición, en Loreto se encuentra la casa de Nazaret, donde acudenmuchos cristianos a rezar desde hace siglos, con la ilusión de estar entre las paredesdonde se encontró María adolescente, donde concibió a Jesús. El Cura aprovecha estehecho para comparar: "Se da mucha importancia a los objetos depositados en laescudilla de la Santa Virgen y del Niño Jesús, en Loreto. Pero los dedos del sacerdote,que han tocado la carne adorable de Jesucristo, que se han sumergido en el cálizdonde ha estado su sangre, en el vaso sagrado donde ha estado su cuerpo, ¿no sonmás preciosos? El sacerdocio es el amor del Corazón de Jesús. Cuando veas alsacerdote, piensa en Nuestro Señor". El sacerdote no es sacerdote para sí mismo. Elno se da la absolución. No se administra los sacramentos. No es para sí mismo, lo espara vosotros.11. También acompañó, con la unción de los enfermos y la confesión, a todos en susúltimos momentos, sin importarle el clima, las horas o su estado de salud. Un día quese encontraba muy mal, se fue a pie a casa de un enfermo de Savigneux para oír suconfesión. Estaba tan enfermo el pobre Cura, que tuvieron que llevarle hasta su casa ymeterle en cama. Lo mismo le acaeció un día lluvioso de otoño, al ser solicitado suministerio por una familia de Rancé. Calado hasta los huesos, temblando de fiebre,tuvieron que acostarle en la misma cama del enfermo. En esta postura le confesó."Estaba más enfermo que el enfermo" -decía con humor al regresar-. Jamás se negó,jamás. Se dio siempre a los demás sin interés alguno. La señorita Bernard, de Fareins,enferma de un cáncer, deseaba antes de morir tener el consuelo de ver por última vezal Cura de Ars de quien oía contar maravillas. El reverendo Dubouis le escribió cuatropalabras para comunicarle los deseos de la enferma. Era el día del Jueves Santo de1837, día en el que tenía la costumbre de pasar toda la noche en la iglesia,acompañando a Jesús en el Monumento. Sin haber dormido, partió enseguida paraFareins. Se equivocó en el camino; después de dar vueltas y vueltas, llegó cubierto debarro y muerto de fatiga. No quiso aceptar ni un vaso de agua. Como ya era conocido,la gente del pueblo le abordaba por la calle. Sin la menor queja atendió amablemente acada persona, y se volvió a su casa sin darse importancia. Lo mismo en 1852, con 66años, el Rdo. Beau -Cura de Jassans y confesor ordinario del Cura de Ars durante 13años-, cayó gravemente enfermo: µMi amigo vino a visitarme. Era por la tarde del díadel Corpus, el 11 de junio. Hizo el viaje a pie, con un fuerte calor y después de haberpresidido en Ars la procesión del Santísimo Sacramento, contaba agradecido este sa-cerdote¶. Del nuevo cementerio, inaugurado en 1855, a trescientos metros de la iglesiay bendecido por él, el Cura de Ars gustaba de repetir: "¡ Es un relicario!". Habíaayudado a bien morir a cuantos en él reposaban, aun a ciertos pecadores, de loscuales, según testimonio de los ancianos del pueblo, ninguno se le escapaba en aquelterrible trance, por lo que el Santo los creía a todos en salvo.12. "El sacerdote es como una madre, como una comadrona para un niño de pocosmeses: ella le da su alimento: él no tiene más que abrir la boca. La madre le dice a suhijo: Toma, pequeño mío, come. El sacerdote os dice: ¡Tomad y comed el cuerpo deCristo que os guarde y os conduzca a la vida eterna! ¡Qué palabras más bellas! Unniño, cuando ve a su madre, va hacia ella; lucha contra quienes le retienen; abre su
  6. 6. boquita y tiende sus pequeñas manos para abrazada. Nuestra alma, en presencia delsacerdote, se alza naturalmente hacia Dios, sale a su encuentro".13. Amó la confesión, pero no la confesión en general, sino el perdón y la paz quepodía llevar a cada alma en la confesión. No desaprovechaba ocasión: cogía las almasal vuelo. Cuenta un testigo de entonces: "Amigo mío, haga usted venir a una señoraque está en el fondo de la iglesia" y me indicó cómo la encontraría. Yo no encontré anadie en el sitio señalado. Voy a decírselo, y "daos prisa, replica, ahora está delante detal. Voy corriendo y doy alcance a la señora que se alejaba, desolada por no haberpodido aguardar más. Una pobre mujer, que sin duda por tímida había perdido dos otres veces su turno, llevaba ya ocho días en Ars sin poder acercarse al Rdo. Vianney.Al fin, el mismo Santo la llamó; o mejor dicho, fue a buscarla y la condujo a través de lamultitud hasta la capilla de San Juan Bautista. Sintiéndose feliz, le cogía de la sotana,deslizándose por el pasillo que le iban abriendo. Sabía por experiencia que la graciatiene sus momentos; que puede pasar para no volver. Así, pues, cuando llegaba laocasión cogía las almas al vuelo. En el confesionario hablaba de corazón a corazón,convencido de que "el sacerdote es como una madre". Cualquier pecador que se lepusiese delante le conmovía; se dirigía a ellos con tal cariño y con tantas ganas decurarles que le bastaban pocas palabras para darles el empujón definitivo que lesayudaba, que les elevaba, cuando se sentían incapaces de confesar algunos hechosde sus vidas. Por lo demás, fuera de casos excepcionales, como, por ejemplo, el deuna confesión general, era muy expeditivo y exigía que lo fuesen. En cinco minutos -decía el señor Combalot- metí toda mi alma dentro de la suya. No andaba concumplidos: decía lo que tenía que decir; cuando era del caso, decía a los hombres,fuese cual fuere su condición: "¡Tal cosa no está permitida!" Conocía el punto dondehabía que asestar el golpe y raras veces dejaba de dar en el blanco.14. Con el paso del tiempo, su fe en lo que es el sacerdote, en lo que era él, no cayó enla rutina ni en la costumbre. Renovaba su entrega a Dios como sacerdote. Un año, alterminar la misión, se celebró una ceremonia en la que los sacerdotes renovaban suspromesas. El Cura de Ars pronunció las palabras del ritual, y lo hizo con tanta devociónque los otros sacerdotes se emocionaron.15. Era frecuente en aquellos tiempos organizar misiones en los pueblos, unos días enlos que se intensificaban los cuidados espirituales de aquella gente, con máscatequesis, mas predicación y más tiempos de confesiones; normalmente se pedía aotros sacerdotes que se trasladasen allí durante esos días. El Cura de Ars, cuandotenía que acudir a alguna misión a otro pueblo, siempre pedía a algún cura vecino quele reemplazase, para asegurar el servicio de su parroquia. Pero el siempre visitaba asus feligreses una vez a la semana. Durante la misión de Trevoux, en pleno mes deenero, andaba a pie y de noche las dos leguas que le separaban de Ars. El señorMandy, alcalde del pueblo, solía mandar a su hijo que le acompañase. Aún los días denieve y frío, cuenta Antonio Mandy, raramente seguíamos el camino mas corto y mejortrillado. El señor Cura siempre, tenía que ejercer su ministerio cerca de algún enfermo.El trayecto, empero, no se me hacia largo, pues el siervo de Dios sabía hacerlo corto:amenizándolo con hechos interesantes de las vidas de los Santos. Si alguna vez hacía
  7. 7. yo algún comentario sobre la crudeza del frío o dificultad de los caminos, su respuestaestaba siempre pronta: "Los Santos: amigo mío, sufrieron mucho más. Ofrezcamosesto a Dios". Cuando cesaba de hablar de cosas espirituales, se ponía a rezar elrosario. Todavía tengo el regusto del edificante recuerdo de aquellas conversaciones.Era sacerdote para todos, no sólo para los de su pueblo: sacerdote de Jesucristo paratodos los hijos de Dios. Por eso, cuando algunos curas, viejos o enfermos, como los delos pueblos vecinos Villeneuve y Mizerieux, no podían atender bien sus parroquias,espontáneamente su compañero de Ars se ponía a sus órdenes. Iba de noche a visitara los enfermos de Rancé de otras poblaciones. Si le llamaban en domingo, partíaenseguida, después de la misa mayor, sin entrar en su casa, y volvía en ayunas altiempo de vísperas.16. No le interesaba más que ser sacerdote: era ese su mayor orgullo. En la últimadécada, el emperador le designó para nombrarle Caballero de la Legión de Honor. Elnombramiento apareció en los periódicos. El alcalde, señor des Garets, le comunicó lanoticia ¿Tiene asignada alguna renta esta cruz? ¿Me proporcionará dinero para mispobres? -preguntó el Santo sin manifestar contento ni sorpresa. -No. Es solamente unadistinción honorífica. Pues bien, si en ello nada a los pobres, diga usted al Emperadorque no la quiero. He visto a Dios en un hombre, decía del Cura de Ars un viñador. Unjoven peregrino decía: Cuando se ha tenido la dicha de conocer a este sacerdote, noconcibo que sea uno capaz de ofender a Dios.Angelo Roncali, futuro Beato Juan XXIII, a los 22 años, reflexionando sobre su sistemade vida espiritual, tiene una reflexión muy jugosa sobre el ejemplo de los santos: ³Afuerza de tocarla con la mano me he convencido de una cosa: qué falso es el conceptoque me he formado de la santidad aplicada a mí mismo. En cada una de mis acciones,en las pequeñas faltas advertidas rápidamente, traía a la mente la imagen de algúnsanto al que me proponía imitar en todas las cosas, aún en las más pequeñas, comoun pintor copia exactamente un cuadro de Rafael. Decía siempre si san Luis, en estecaso, haría así y así, no haría esto o aquello, etc. Pero sucedía que yo nunca lograballegar a lo que me había imaginado poder hacer, y me inquietaba. Es un sistemaequivocado. De la virtud de los santos sólo debo tomar la sustancia, no los accidentes.Yo no soy san Luis, ni debo santificarme exactamente como él lo hizo, sino como exigemi ser, que es distinto, mi carácter, mis diferentes condiciones. No debo ser lareproducción rígida y seca de un tipo, aunque perfectísimo. Dios quiere que al seguir elejemplo de los santos absorbamos el jugo vital de la virtud para convertirlo en sangrenuestra, adaptándolo a nuestras particulares aptitudes y especial circunstancias. SanLuis, si hubiera sido lo que yo soy, se hubiera santificado de un modo distinto del quesiguió´ (Beato Juan XXIII, Diario del alma, 16 de enero de 1903, pp. 175 y 176). ³Elsecreto espiritual del beato Juan XXIII consistía en su capacidad de transformar enocasión de bien, con la fuerza interior de la oración, todas las situaciones de sujornada, sus preocupaciones, sus alegrías, y sus tristezas, el paso de los años. Enefecto, quien lee su Diario no puede por menos de sentir admiración por la riqueza desu vida espiritual, alimentada de diálogo constante con Dios en cada circunstancia, confidelidad diaria al deber, incluso oscuro, monótono y pesado´ (Juan Pablo II, 15 deseptiembre de 2000).
  8. 8. Carta de Mons. Juan José Hinojosa Vela, Decano: ³Hay muchas razones para hacerejercicios espirituales ahora; aunque los hubiéremos hecho el año pasado: Siemprenos vienen bien, pero no sólo para cumplir con el Derecho de la Iglesia, y con lasresponsabilidades de quienes guiamos al pueblo de Dios, sino simplemente porque lodeseamos. La legislación canónica establece que los clérigos están llamados aparticipar de los retiros espirituales según las disposición del derecho particular (can276&2.4; 533&2; 550&3).Los dos modos más usuales, que podrían ser prescritos por el obispo en la propiadiócesis son: el retiro espiritual de un día ±de ser posible mensual- y los ejerciciosespirituales anuales. ³La práctica de los ejercicios se ha demostrado un gran don deDios para cualquiera que los haga. Es un tiempo en el que se dejan todas las otrascosas para encontrarse con Dios y disponerse a escucharle sólo a él. Esto es sin dudauna ventajosa oportunidad para el ejercitante. Por eso no se le debe presionar, sinomás bien despertar en él la necesidad interior de hacer una experiencia de este tipo. Sí,en ocasiones se le puede decir a alguien: Vete donde los Camaldulenses o a Tyniecpara encontrarte a ti mismo´; pero, en principio, es una decisión que ha de nacer sobretodo de una necesidad interior. La Iglesia, como institución, recomienda de modoespecial a los sacerdotes que hagan los ejercicios espirituales; pero esta normacanónica es solo un elemento que se añade al impulso que proviene del corazón´ (JuanPablo II, ¡Levantaos! ¡Vamos!, p. 151).Nos retiramos unos días con Jesucristo cuyo sacerdocio ejercemos.San Carlos Borromeo fue ordenado sacerdote el 17 de julio de 1563 en Roma, en laIglesia de San Pedro in Montorio y celebró su primera Misa el 15 de agosto. El mes deen medio hizo los ejercicios espirituales de san Ignacio. Fue el inicio verdadero de suoración y penitencia, ya profundamente estimulada de la muerte de su hermanoFederico el año anterior. Escribió: ³La mano de Dios nos ha golpeado, ningunaconsideración humana es capaz de consolarme´. El interpretó aquel doloroso hechocomo una señal de la voluntad de Dios que lo llevó a decidir reformar su vida y pidió serordenado sacerdote. ³Que con un curso de Ejercicios Espirituales propiamente dichossan Carlos inaugurase aquella que puede definirse su conversión es aquello que susbiógrafos dicen unánimemente. Ellos están de acuerdo en confirmar el piadoso hábitoque tenía el santo de regresar fielmente a los Ejercicios, pero no una vez, sino dosveces al año; que aquellos primeros ejercicios que hizo según el método de san Ignaciono pueden meterse en duda, del momento que los hizo bajo la guía del P. Ribera, de laCompañía de Jesús´ (Aquile Ratti, San Carlo e gli Esercizi Spirituali di Sant¶ Ignazio,Milano 1910, pp. 482-488).San José María Yermo y Parres, en A solas con Cristo, dice: ³Debo hacer de misacerdocio y de mi vida una sola cosa, que el Sacramento del Orden penetre en todami vida personal y me santifique. Necesito ser siempre fiel a Cristo, el Amigo de mivida, pero una fidelidad indomable. Sé que soy otro Cristo y por esto llevo la bendición,la salvación y la presencia divina, aunque yo no lo sienta, y sea para mi mismo unmisterio tremendo que jamás podré comprender. Comprendo bien que los sacerdotes
  9. 9. necesitamos gracias especialísimas para convertirnos de veras a una vida santa, segúnnuestra vocación. En cada misa rogaré al Sagrado Corazón de Jesús por todos lossacerdotes, sus amigos y mis hermanos´ (Ejercicios Espirituales de 1903).Revisamos la propia vida para encontrar pistas de cómo evangelizar más al pueblo queservimos: ³El contenido esencial de la caridad pastoral es la donación de sí, la totaldonación de sí a la Iglesia, compartiendo el don de Cristo y a su imagen. «La caridadpastoral es aquella virtud con la que nosotros imitamos a Cristo en su entrega de símismo y en su servicio. No es sólo aquello que hacemos, sino la donación de nosotrosmismos lo que muestra el amor de Cristo por su grey. La caridad pastoral determinanuestro modo de pensar y de actuar, nuestro modo de comportarnos con la gente. Yresulta particularmente exigente para nosotros´ (Juan Pablo II, Pastores dabo vobis, nº23).Avivamos los dones y carismas del Sacramento. Es una ocasión propicia parareconsiderar nuestra vocación, volviendo a descubrir el sentido y la grandeza quesiempre nos superan (cf. Juan Pablo II, Carta a los sacerdotes con ocasión del JuevesSanto de 1996, n.8). Siendo joven sacerdote, Antonio Rosmini, redactó para sí mismo,una regla de conducta, basada en el evangelio, que consistía en dos principios.1º Primero, pensar seriamente en enmendarme de mis vicios y purificar mi alma de lainiquidad que grava sobre ella desde mi nacimiento, sin buscar otras ocupaciones uobras a favor del prójimo, encontrándome en la absoluta impotencia de hacer por mimismo cosa alguna en su beneficio. Sin mí no podéis hacer nada (Jn 15, 5)2º Segundo, no rechazar los servicios de caridad a favor del prójimo cuando la divinaProvidencia me los ofrezca y presente, dado que Dios puede servirse de cualquiera,incluso de mi, para sus obras, y en ese caso conservar una perfecta indiferencia conrespecto a todas las obras de caridad, haciendo la que se me proponga con igual fervorcomo a cualquier otra en cuanto a mi libre voluntad. Todo lo puedo en Aquel que meconforta (Flp 4, 13).Todos sabemos que si damos más tiempo al Señor en la oración, meditación y laalabanza, se seguirá un mayor fruto en la actividad Pastoral: ³La mayor o menorsantidad del ministro influye realmente en el anuncio de la Palabra, en la celebración delos Sacramentos y en la dirección de la comunidad en la caridad. Lo afirma con claridadel Concilio: «La santidad misma de los presbíteros contribuye en gran manera alejercicio fructuoso del propio ministerio; pues, si es cierto que la gracia de Dios puedellevar a cabo la obra de salvación aun por medio de ministros indignos, sin embargo,Dios prefiere mostrar normalmente sus maravillas por obra de quienes, más dóciles alimpulso e inspiración del Espíritu Santo, por su íntima unión con Cristo y la santidad desu vida, pueden decir con el Apóstol: "Pero ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí"(Gál 2, 20)» (Juan Pablo II, Pastores dabo bobis, nº 25).Y, viviremos una oportunidad para afianzar la fraternidad sacramental de que habló elConcilio Vaticano II, en la Presbyterorum ordinis, 8, que habla de la unión ycooperación fraterna entre los presbíteros.
  10. 10. Como demuestra la larga experiencia espiritual de la Iglesia, los ejercicios espiritualesson un instrumento idóneo y eficaz para una adecuada formación permanente del clero.Conservan hoy toda su necesidad y actualidad. Contra la praxis que tiene a vaciar alhombre de todo lo que sea interioridad, el sacerdote debe encontrar a Dios y a símismo haciendo un reposo espiritual para sumergirse en la meditación y oración.Mi tarea entre Ud. es muy secundaria, transmitirles la Palabra de Dios, para que seaella quien como espada de doble filo, enderece los corazones, aliente las motivaciones,les consuele y les llene de valor. ³Todos somos, en parte, niños necesitados de quenos guíe la voz viva de quien nos presenta la doctrina ya preparada´. (Juan XXIII,Diario de un alma, p. 308).Me he inspirado libremente, para las exposiciones de estos Ejercicios espirituales parasacerdotes, de la diócesis de Arq. de Hermosillo, del lunes 14 al viernes 18 de marzodel 2011, del libro Jesús de Nazaret de Joseph Ratzinger-Benedicto XVI. Y aunque anadie le gusta recibir consejos que no ha pedido, me atrevo a solicitar su benevolencia,para sugerir tres actitudes básicas:La primera es que piensen delante del Señor en estos Ejercicios hemos de tener unagran ambición de santidad sacerdotal. No importa que nos asalte a más de un eldesaliento ante esta invitación: «Si estos Ejercicios son para la santidad, no son paramí, porque mi problema está muy lejos de ser un problema de santidad, me es lejanaesa temática, me puede parecerme extraña, como dirigida a otras personas, pero sinembargo los ejercicios son para iniciar, continuar, y madurar la santificación que Diosempezó en nosotros por el sacramento. Así pues, un gran deseo, ambición, decolaborar con la gracia de Dios, con el Dios de la gracia, no estorbarle, no corregirle elplan, ser un discípulo en las manos del gran Maestro.La segunda es que hay que entrar en ellos con gran ánimo y liberalidad, que consistenen ofrecer libremente su voluntad para que el Señor entre en ella y la haga decidir, sinreticencias, lo que sea para su servicio: ³Mucho aprovecha entrar en ellos con grandeánimo y liberalidad con su Criador y Señor, ofreciéndole todo su querer y libertad, paraque su divina Majestad, así de su persona como de todo lo que tiene, se sirva conformea su santísima voluntad´ (EE, 5) Aprovechará, y no en cualquier grado, sino en mucho,quien entre en Ejercicios con ³grande ánimo´, deseoso de hacer grandes cosas, y nosólo con ³gran ánimo´, sino además con grande liberalidad con su Creador y Señor´,deseando hacer aquellas grandes cosas movido solamente del deseo de mostrarsegenerosa con su Dios y su Creador, sin pretender sus propios intereses. Estamagnanimidad y generosidad hay que ofrecerla desde el primer instante, devolviéndolea Dios, ³nuestro querer y libertad´ con el fin de que Él se sirva conforme a sussantísima voluntad, de su persona y de todo lo que tiene.La tercer es que hay que estar abiertos a las sugerencias de Dios. El beato MoisésTovini, escribía en su diario espiritual, al terminar los ejercicios espirituales de 1895:³Deseo seguir a Jesús entre las cruces y los sufrimientos, aunque con igual méritopodría llevar una vida cómoda. Deseo sufrir y pediré con frecuencia esta gracia.
  11. 11. Cuando la obtenga daré gracias al Señor y le suplicaré que, si así lo desea, aumentemis sufrimientos y los continúe, porque sufrir por amor es suma caridad; además, nosaleja del pecado, nos obtiene grandísimos méritos para la vida eterna y nos asemeja aJesús, cuya vida estuvo llena de sufrimiento´. El Card. José Saraiva Martins, comentóen la eucaristía de la beatificación, se consolidó en él el propósito de no contentarsecon una vida mediocre, sino de dedicarse con el máximo empeño a la gloria de Dios, yal bien de las almas, así como una profunda sensibilidad para promover las clases másdesfavorecidas.Conclusión: ³Los ejercicios espirituales han acabado. Recojamos las velas. Tambiénesta vez la gracia ha sobreabundado verdaderamente. Quizás nunca como hoy me hesentido verdadera y firmemente convencido de la necesidad absoluta de darme y deltodo, y para siempre, a mi Señor, que quiere servirse de mi pobre persona para hacerel bien en su Iglesia y para llevar almas a su corazón amoroso´ (Angelo Roncalli,Ejercicios Espirituales del 10 al 20 de diciembre de 1902).Finalmente, el Enchiridion indulgentiarum nos indica: Plenaria indulgentia concéditurchristifideli qui exercitiis spiritálibus saltem per tres íntegros dies vacaverit, definiendo el«Código de derecho canónico» (c. 992) y el «Catecismo de la Iglesia católica» (n.1471): «La indulgencia es la remisión ante Dios de la pena temporal por los pecados,ya perdonados, en cuanto a la culpa, que un fiel dispuesto y cumpliendo determinadascondiciones consigue por mediación de la Iglesia, la cual, como administradora de laredención, distribuye y aplica con autoridad el tesoro de las satisfacciones de Cristo yde los santos». Para conseguirla, además del estado de gracia, es necesario: - tener ladisposición interior de un desapego total del pecado, incluso venial; - confesarsesacramentalmente de sus pecados; - recibir la sagrada Eucaristía (ciertamente, esmejor recibirla participando en la santa misa, pero para la indulgencia sólo es necesariala sagrada Comunión); - orar según las intenciones del Romano Pontífice. La oración,según la mente del Papa, queda a elección de los fieles, pero se sugiere un«Padrenuestro» y un «Avemaría».
  12. 12. SEGUNDA MEDITACIÓN:EL BAUTISMO DE JESÚS EN EL JORDÁNPreámbulos: ³Pero ahora se plantea la pregunta: ¿en qué consiste esta esperanzaque, en cuanto esperanza, es « redención »? Pues bien, el núcleo de la respuesta seda en el pasaje antes citado de la Carta a los Efesios: antes del encuentro con Cristo,los Efesios estaban sin esperanza, porque estaban en el mundo « sin Dios ». Llegar aconocer a Dios, al Dios verdadero, eso es lo que significa recibir esperanza. Paranosotros, que vivimos desde siempre con el concepto cristiano de Dios y nos hemosacostumbrado a él, el tener esperanza, que proviene del encuentro real con este Dios,resulta ya casi imperceptible. El ejemplo de una santa de nuestro tiempo puede encierta medida ayudarnos a entender lo que significa encontrar por primera vez yrealmente a este Dios.Me refiero a la africana Josefina Bakhita, canonizada por el Papa Juan Pablo II.Nació aproximadamente en 1869 ±ni ella misma sabía la fecha exacta± en Darfur,Sudán. Cuando tenía nueve años fue secuestrada por traficantes de esclavos,golpeada y vendida cinco veces en los mercados de Sudán.Terminó como esclava al servicio de la madre y la mujer de un general, donde cada díaera azotada hasta sangrar; como consecuencia de ello le quedaron 144 cicatrices parael resto de su vida.Por fin, en 1882 fue comprada por un mercader italiano para el cónsul italiano CallistoLegnani que, ante el avance de los mahdistas, volvió a Italia. Aquí, después de losterribles dueños de los que había sido propiedad hasta aquel momento, Bakhita llegó aconocer un dueño totalmente diferente ±que llamó «paron» en el dialecto venecianoque ahora había aprendido±, al Dios vivo, el Dios de Jesucristo. Hasta aquel momentosólo había conocido dueños que la despreciaban y maltrataban o, en el mejor de loscasos, la consideraban una esclava útil. Ahora, por el contrario, oía decir que había un«Paron» por encima de todos los dueños, el Señor de todos los señores, y que esteSeñor es bueno, la bondad en persona. Se enteró de que este Señor también laconocía, que la había creado también a ella; más aún, que la quería. También ella eraamada, y precisamente por el «Paron» supremo, ante el cual todos los demás no sonmás que míseros siervos. Ella era conocida y amada, y era esperada. Incluso más:este Dueño había afrontado personalmente el destino de ser maltratado y ahora laesperaba «a la derecha de Dios Padre».En este momento tuvo esperanza; no sólo la pequeña esperanza de encontrar dueñosmenos crueles, sino la gran esperanza: yo soy definitivamzente amada, suceda lo quesuceda; este gran Amor me espera. Por eso mi vida es hermosa. A través delconocimiento de esta esperanza ella fue redimida, ya no se sentía esclava, sino hijalibre de Dios. Entendió lo que Pablo quería decir cuando recordó a los Efesios queantes estaban en el mundo sin esperanza y sin Dios; sin esperanza porque estaban sinDios. Así, cuando se quiso devolverla libre a Sudán, Bakhita se negó; no estabadispuesta a que la separaran de nuevo de su «Paron».El 9 de enero de 1890 recibió el Bautismo, la Confirmación y la primera Comunión demanos del Patriarca de Venecia.
  13. 13. El 8 de diciembre de 1896 hizo los votos en Verona, en la Congregación de lashermanas Canosianas, y desde entonces ±junto con sus labores en la sacristía y en laportería del claustro± intentó sobre todo, en varios viajes por Italia, exhortar a la misión:sentía el deber de extender la liberación que había recibido mediante el encuentro conel Dios de Jesucristo; que la debían recibir otros, el mayor número posible de personas.La esperanza que en ella había nacido y la había «redimido» no podía guardárselapara sí sola; esta esperanza debía llegar a muchos, llegar a todos. Bastaría esta graciapara que la persona se sintiera profundamente feliz y dichosa. Bastaría ese don paravivir eternamente agradecidos´ (Benedicto XVI, Spei salvi, nº 3).PreámbuloEn la figura de Gandalf, vemos el arquetipo de un patriarca del Antiguo Testamento, subastón aparentemente tenía el mismo poder que el de Moisés. En su aparente«muerte» y «resurrección», lo vemos emerger como una figura semejante a Cristo. Su«resurrección» se convierte en su transfiguración. Antes de entregar su vida por suamigos era Gandalf el Gris; después, se convierte en Gandalf el Blanco. Es blanqueadoen la pureza de su autosacrificio y emerge más poderoso en virtud que nunca.³Y proclamaba: «Detrás de mí viene el que es más fuerte que yo; y no soy digno dedesatarle, inclinándome, la correa de sus sandalias. Yo os he bautizado con agua, peroél os bautizará con Espíritu Santo.» Y sucedió que por aquellos días vino Jesús desdeNazaret de Galilea, y fue bautizado por Juan en el Jordán. En cuanto salió del agua vioque los cielos se rasgaban y que el Espíritu, en forma de paloma, bajaba a él. Y se oyóuna voz que venía de los cielos: «Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco» (Marcos1, 7-11).Oración preparatoria: ³Reconoce, ¡oh cristiano!, tu dignidad y, ya que ahora participasde la misma naturaleza divina, no vuelvas a tu antigua vileza con una vida depravada.Recuerda de qué cabeza y de qué cuerpo eres miembro. Ten presente que has sidoarrancado del dominio de las tinieblas y transportado al reino y a la claridad de Dios.Por el sacramento del bautismo te has convertido en templo del Espíritu Santo; noahuyentes, pues, con acciones pecaminosas un huésped tan excelso, ni te entreguesotra vez como esclavo al demonio, pues el precio con que has sido comprado es lasangre de Cristo´ (San León Magno, Sermón 1 en la Natividad del Señor, nº 3).Petición: Señor, dame una profunda conciencia de mi bautismo e inserción en ti, queme lance a vivir una vida nueva y a predicarte entre mis hermanos. La renovación delbautismo es un estímulo para ³buscar las cosas de arriba donde está Cristo sentado ala diestra de Dios´ (Col 3, 1). El cristiano vive en la tierra y necesita continuar luchando,pero el hecho de que Cristo haya entrado en el cielo es una garantía de esperanza y deposibilidades para los miembros de su cuerpo.La vida pública de Jesús comienza con su bautismo en el Jordán por Juan el Bautista.1. Yo soy la voz: Juan, el Bautista: «Hubo un hombre, enviado por Dios: se llamabaJuan. Este vino para un testimonio, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeranpor él. No era la luz, sino quien debía dar testimonio de la luz» (Jn 1, 6-8)
  14. 14. a. Coherencia de vida. Es el un nazir «no pasará la navaja por su cabeza» (Jue 13, 5) yun asceta: «su vestido hecho de pelos de camello, con un cinturón de cuero a sus lomos,y su comida eran langostas y miel silvestre» (Mt 3, 4). Jesús le describirá: «Qué salisteis aver en el desierto? ¿Una caña agitada por el viento? ¿Qué salisteis a ver, si no? ¿Unhombre elegantemente vestido?» (Lc 7, 24-25). «No comía pan, ni bebía vino» (Lc 7, 33),«ni licor» (Lc 1, 15); pero sobre todo es el hombre consagrado totalmente al Señor. Suvida entera, desde el vientre de su madre, está inflamada por el don del Espíritu Santo,«saltó de gozo el niño en su seno» (Lc 1, 41). Como Jeremías (1, 5), como el siervo deYavé (Is 49,1-5), como Pablo (Gál 1, 15) todo les conduce a la misión, todo su ser es paraCristo, toda su palabra es para Él; su destino es el de ser el predicador de conversión: vozque clama.b. Espiritualidad del desierto. Juan espera, al que viene, con un deseo que llena todo suser y, al mismo tiempo, con una profunda emoción: «Detrás de mí viene el que puedemás que yo y yo no merezco agacharme para desatarle las sandalias» (Mc 1,7). «Detrásde mí viene un hombre, que se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo» (Jn1, 30). «Él tiene que crecer, y yo tengo que menguar» (Jn 3, 30). Un hombre anclado enla eternidad no puede decir sino la verdad y la verdad tiene el poder de hacernos libres.Herodes, no te está permitido tener a la mujer de tu hermano. Y Herodes asentía, escierto, pero quiero tenerla: «Sin verdad, se vive mejor». Y le escuchaba con agrado enotros muchos problemas, pero no en ese. Juan era «la voz del que clama en el desierto:rectificad el camino del Señor» (Jn 1, 23). «Juan no realizó ninguna señal, pero todo loque dijo Juan de éste, era verdad» (Jn 10, 41).c. Mensaje: «Mira envió me mensajero delante de ti, el que ha de preparar el camino. Vozdel que clama en el desierto: preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas» (Mc1, 3-4). Entre él y la llegada de Dios, ya no hay sitio para ningún profeta: es el último delos profetas «Elías ha venido ya y han hecho con él cuanto han querido» (Mc 9, 13). Y esmás que un profeta: Es un mensajero que Dios envía delante para preparar su camino,porque Dios viene. Dios viene para poner orden, para juzgar y salvar. Para provocar unadecisión básica, radical. «El hacha está puesta ya a la raíz de los árboles; y todo árbolque no dé buen fruto será cortado y arrojado al fuego» (Mt 3, 10). Ya está el bieldo en lasmanos de Dios, y «él aventará su parva, reunirá su trigo en el granero y quemará la pajaen una hoguera que no se apaga» (Mt 3, 12).El que así habla es alguien que está decidido a todo; no vacila en dirigirse a los grandesdel pueblo con la expresión «raza de víboras, quién os ha enseñado a huir de la irainminente» (Mt 3, 7) y en echarle en cara sus bajezas al tetrarca Herodes: «no te es lícitotenerla» (Mt 14, 4) (a Herodías, la mujer de su hermano); no tiene miedo a la cárcel y a ladecapitación, en Maqueronte, «su cabeza fue traída en una bandeja y entregada a lamuchacha, la cual se la llevó a su madre» (Mt 14, 11). El es voz que lo atraviesa todo,incluso los oídos taponados, un grito que nos llega nítido hasta hoy.Juan el Bautista está ante nosotros exigiendo y actuando. Él es el que llama con todorigor a la metanoia, a transformar nuestro modo de pensar, amar y sentir. Quien quiera
  15. 15. encontrar a Dios tiene que convertirse interiormente una y otra vez, una conversióncontinua, un crecimiento espiritual, una maduración en la fe, en la esperanza y en lacaridad. Ni siquiera Juan el Bautista se eximió del difícil acontecimiento de transformar suinterioridad, del deber de convertirse. ¿Quién vino en realidad? Alguien que es «manso yhumilde de corazón», que «no voceará por las calles... y el pábilo vacilante no loapagará» (Mt 11, 29; 12, 19s.), de modo que Juan cuando está en la cárcel se asombra yvacila, porque no ve nada de fuego, hacha y bieldo: «¿Eres tú el que ha de venir odebemos de esperar a otro?» (Mt 11, 3). Pero Jesús le abre su mente y su corazón: mirasi las promesas no están cumplidas, si por mí los orgullosos no han sido derribados desus tronos y los pobres han sido levantados del polvo, si los que ven son ciegos y los queestán ciegos ven. ¡Si en mis obras, por la presencia de Dios, no cambia el orden delmundo!2. La aparición del Bautista llevaba consigo algo totalmente nuevo. El bautismo, alque invita, se distingue de las acostumbradas abluciones religiosas. No es repetible ydebe ser la consumación concreta de un cambio que determina de modo nuevo y parasiempre toda la vida. Está vinculado a un llamamiento ardiente a una nueva forma depensar y actuar, está vinculado sobre todo al anuncio del juicio de Dios y al anuncio dealguien más Grande que ha de venir después de Juan.El cuarto Evangelio nos dice que el Bautista «no conocía» a ese más Grande a quienquería preparar el camino, pero sabe que ha sido enviado para preparar el camino aese misterioso Otro, sabe que toda su misión está orientada a Él. En los cuatroEvangelios se describe esa misión con un pasaje de Isaías: «Una voz clama en eldesierto: " ¡Preparad el camino al Señor! ¡Allanadle los caminos!"» (Is 40, 3). Marcosañade una frase compuesta de Malaquías 3, 1 y Éxodo 23, 20 que, en otro contexto,encontramos también en Mateo (11, 10) y en Lucas (1, 76; 7, 27): «Yo envío a mimensajero delante de ti para que te prepare el camino» (Mc 1,2). Todos estos textosdel Antiguo Testamento hablan de la intervención salvadora de Dios, que sale de loinescrutable para juzgar y salvar; a Él hay que abrirle la puerta, prepararle el camino.Con la predicación del Bautista se hicieron realidad todas estas antiguas palabras deesperanza: se anunciaba algo realmente grande.Podemos imaginar la extraordinaria impresión que tuvo que causar la figura y elmensaje del Bautista en la efervescente atmósfera de aquel momento de la historia deJerusalén. Por fin había de nuevo un profeta cuya vida también le acreditaba como tal.Por fin se anunciaba de nuevo la acción de Dios en la historia. Juan bautiza con agua,pero el más Grande, Aquel que bautizará con el Espíritu Santo y con el fuego, está alllegar. Por eso, no hay que ver las palabras de san Marcos como una exageración:«Acudía la gente de Judea y de Jerusalén, confesaban sus pecados y él los bautizabaen el Jordán» (1,5).3. ³Por entonces llegó Jesús, desde Nazaret de Galilea, a que Juan lo bautizaraen el Jordán» (Mc 1, 9). Hasta entonces, no se había hablado de peregrinos venidosde Galilea; todo parecía restringirse al territorio judío. Pero lo realmente nuevo no es
  16. 16. que Jesús venga de otra zona geográfica, de lejos, por así decirlo. Lo realmente nuevoes que Él ²Jesús² quiere ser bautizado, que se mezcla entre la multitud gris de lospecadores que esperan a orillas del Jordán.El bautismo era realmente un reconocimiento de los pecados y el propósito de poner fina una vida anterior malgastada para recibir una nueva. ¿Podía hacerlo Jesús? ¿Cómopodía reconocer sus pecados? ¿Cómo podía desprenderse de su vida anterior paraentrar en otra vida nueva? Los cristianos tuvieron que plantearse estas cuestiones. Ladiscusión entre el Bautista y Jesús, de la que nos habla Mateo, expresa también lapregunta que él hace a Jesús: «Soy yo el que necesito que me bautices, ¿y tú acudesa mí?» (3, 14). Mateo nos cuenta además: «Jesús le contestó: "Déjalo ahora. Está bienque cumplamos así toda justicia. Entonces Juan lo permitió» (3, 15). No es fácil llegar adescifrar el sentido de esta enigmática respuesta. Para interpretar la respuesta deJesús, resulta decisivo el sentido que se dé a la palabra «justicia»: debe cumplirse toda«justicia». En el mundo en que vive Jesús, «justicia» es la respuesta del hombre a laTorá, la aceptación plena de la voluntad de Dios, la aceptación del «yugo del Reino deDios», según la formulación judía. El bautismo de Juan no está previsto en la Torá,pero Jesús, con su respuesta, lo reconoce como expresión de un sí incondicional a lavoluntad de Dios, como obediente aceptación de su yugo.El relato del evangelista san Lucas, que presenta a Jesús mezclado con la gentemientras se dirige a san Juan Bautista para ser bautizado. Cuando recibió también él elbautismo, -escribe san Lucas- "estaba en oración" (Lc 3, 21). Jesús habla con suPadre. Y estamos seguros de que no sólo habló por sí, sino que también habló denosotros y por nosotros; habló también de mí, de cada uno de nosotros y por cada unode nosotros. Después, el evangelista nos dice que sobre el Señor en oración se abrió elcielo. Jesús entra en contacto con su Padre y el cielo se abre sobre él. Cuanto másvivimos en contacto con Jesús en la realidad de nuestro bautismo, tanto más el cielo seabre sobre nosotros. Sobre Jesús el cielo está abierto. Su comunión con la voluntad delPadre, la «toda justicia» que cumple, abre el cielo, que por su propia esencia esprecisamente allí donde se cumple la voluntad de Dios.Los cuatro Evangelios indican, aunque de formas diversas, que al salir Jesús de lasaguas el cielo se «rasgó» (Mc), se «abrió» (Mt y Lc), que el espíritu bajó sobre Él«como una paloma» y que se oyó una voz del cielo que, según Marcos y Lucas, sedirige a Jesús: «Tú eres...», y según Mateo, dijo de él: «Éste es mi hijo, el amado, mipredilecto» (3, 17). La imagen de la paloma puede recordar al Espíritu que aleteabasobre las aguas del que habla el relato de la creación (ver Gn 1, 2); mediante lapartícula «como» (como una paloma) ésta funciona como «imagen de lo que ensustancia no se puede describir. Por lo que se refiere a la «voz», la volveremos aencontrar con ocasión de la transfiguración de Jesús, cuando se añade sin embargo elimperativo: «Escuchadle».-Tú eres mi hijo. Es la primera palabra reveladora de Jesús que Lucas refiere de formadirecta mientras que Mateo lo hace de forma indirecta (Este es mi hijo) Mt 3,17). Túeres mi hijo es la premisa para la respuesta: Padre. En tanto podemos decir Padre en
  17. 17. cuanto que alguien nos ha dicho antes: Tu eres mi hijo, tu eres mi hija. El PadreNuestro es una oración que responde a quien nos llama hijos. Tú eres mi hijo es lapalabra más elevada que revela la esencia de Jesús: palabra sacada del Salmo 2. Túeres mi hijo, yo te he engendrado hoy (v. 7) donde se refiere a un rey protegido,cariñosamente amado. Y la respuesta a esta declaración la leemos en el salmo 89, enla bellísima oración que recoge toda la espiritualidad de la alianza y que, hablando delMesías, del futuro rey David, dice: Él me invocará: ¡Tú, mi Padre, mi Dios y roca de misalvación! Y yo haré de él mi primogénito, el Altísimo entre los reyes de la tierra (27-28). Seguimos estando en el ámbito de la promesa de Natán: Yo seré para él padre, yél será para mí hijo (2 Samuel 7,14) y de Isaías 11, donde se subraya la paternidad y lafiliación. Pero la cima está en la palabra dirigida a Jesús: Tú eres mi hijo. -La segunda afirmación en es añadido: predilecto, un adjetivo que noencontramos en los salmos sino en el libro del Génesis, cuando Dios, para probar aAbrahán, le dijo Toma a tu hijo, a tú único, al que amas. (22,2) La referencia deAbrahán y a Isaac nos recuerda la unicidad del Hijo, el predilecto. -En ti me he complacido. La alusión bíblica es a Isaías, 42, 1, el comienzo delsiervo de Adonai: He aquí a mi siervo a quien yo sostengo, mi elegido, en quien secomplace mi alma. He puesto mi espíritu sobre Él. El Padre se complace en Élprecisamente en el acto de profunda humillación que Jesús está viviendo, ya que elbautismo era un gesto de penitencia. A la vez que Jesús está en un estado dehumillación y de oración, el Padre lo proclama Hijo suyo.4. Sólo a partir de aquí se puede entender el bautismo cristiano. La anticipación dela muerte en la cruz, que tiene lugar en el bautismo de Jesús, y la anticipación de laresurrección, anunciada en la voz del cielo, se hacen realidad para nosotros. En elJordán, se abrieron los cielos, para indicar que el Salvador nos abrió el camino de lasalvación y que podemos recorrerlo precisamente gracias al nuevo nacimiento «en elagua y en el Espíritu», que se realiza en el Bautismo. En él, quedamos introducidos enel Cuerpo místico de Cristo, que es la Iglesia, morimos y resucitamos con Él, nosrevestimos de Él, como subraya en varias ocasiones el apóstol Pablo.En virtud de la filiación divina conferida por el bautismo, puede decirse que para cadapersona bautizada e injertada en Cristo resuena aún la voz del Padre: ³Tú eres mi hijoamado, en ti me complazco´. ¿Cómo no exclamar con san Juan?: ³Mirad cómo nosamó el Padre. Quiso que nos llamáramos hijos de Dios, y nosotros lo somos realmente´(1 Jn 3, 1). ¿Cómo permanecer indiferentes ante este desafío del amor paternal deDios que nos invita a una santidad de vida en profunda e íntima armonía con Él?Somos insertados en una compañía de amigos que no lo abandonará nunca ni en lavida ni en la muerte, porque esta compañía de amigos es la familia de Dios, que llevaen sí la promesa de eternidad. Esta compañía de amigos, esta familia de Dios, loacompañará siempre, incluso en los días de sufrimiento, en las noches oscuras de lavida; le brindará consuelo, fortaleza y luz. Esta compañía, esta familia, le dará palabras
  18. 18. de vida eterna, palabras de luz que responden a los grandes desafíos de la vida y danuna indicación exacta sobre el camino que conviene tomar. Esta compañía brinda alniño consuelo y fortaleza, el amor de Dios incluso en el umbral de la muerte, en el valleoscuro de la muerte. Le dará amistad, le dará vida. Y esta compañía, siempre fiable, nodesaparecerá nunca.Ninguno de nosotros sabe lo que sucederá en el mundo, pero de una cosa estamosseguros: la familia de Dios siempre estará presente y los que pertenecen a esta familianunca estarán solos, tendrán siempre la amistad segura de Aquel que es la vida.Un don de amistad implica un "sí" al amigo e implica un "no" a lo que no es compatiblecon esta amistad, a lo que es incompatible con la vida de la familia de Dios, con la vidaverdadera en Cristo.¿A qué decimos "no"? Sólo así podemos comprender a qué queremos decir "sí". En laIglesia antigua estos "no" se resumían en una palabra que para los hombres de aqueltiempo era muy comprensible: se renuncia -así decían- a la "pompa diaboli", es decir, ala promesa de vida en abundancia, de aquella apariencia de vida que parecía venir delmundo pagano, de sus libertades, de su modo de vivir, sólo según lo que agradaba.Por tanto, era un "no" a una cultura de aparente abundancia de vida, pero que enrealidad era una "anticultura" de la muerte. Era el "no" a los espectáculos donde lamuerte, la crueldad, la violencia se habían transformado en diversión. Pensemos en loque se realizaba en el Coliseo o en los jardines de Nerón, donde se quemaba a loshombres como antorchas vivas. La crueldad y la violencia se habían transformado enmotivo de diversión, una verdadera perversión de la alegría, del verdadero sentido de lavida. Esta "pompa diaboli", esta "anticultura" de la muerte era una perversión de laalegría; era amor a la mentira, al fraude; era abuso del cuerpo como mercancía y comocomercio. Y ahora, si reflexionamos, podemos decir que también en nuestro tiempo esnecesario decir un "no" a la cultura de la muerte, ampliamente dominante. Una"anticultura" que se manifiesta, por ejemplo, en la droga, en la huida de lo real hacia loilusorio, hacia una felicidad falsa que se expresa en la mentira, en el fraude, en lainjusticia, en el desprecio del otro, de la solidaridad, de la responsabilidad con respectoa los pobres y los que sufren; que se expresa en una sexualidad que se convierte enpura diversión sin responsabilidad, que se transforma en "cosificación" ²por decirloasí² del hombre, al que ya no se considera persona, digno de un amor personal queexige fidelidad, sino que se convierte en mercancía, en un mero objeto. A esta promesade aparente felicidad, a esta "pompa" de una vida aparente, que en realidad sólo esinstrumento de muerte, a esta "anticultura" le decimos "no", para cultivar la cultura de lavida.Por eso, el "sí" cristiano, desde los tiempos antiguos hasta hoy, es un gran "sí" a lavida. Este es nuestro "sí" a Cristo, el "sí" al vencedor de la muerte y el "sí" a la vida enel tiempo y en la eternidad. Del mismo modo que en este diálogo bautismal el "no" searticula en tres renuncias, también el "sí" se articula en tres adhesiones: "sí" al Diosvivo, es decir, a un Dios creador, a una razón creadora que da sentido al cosmos y anuestra vida; "sí" a Cristo, es decir, a un Dios que no permaneció oculto, sino que tiene
  19. 19. un nombre, tiene palabras, tiene cuerpo y sangre; a un Dios concreto que nos da lavida y nos muestra el camino de la vida; "sí" a la comunión de la Iglesia, en la queCristo es el Dios vivo, que entra en nuestro tiempo, en nuestra profesión, en la vida decada día.Podríamos decir también que el rostro de Dios, el contenido de esta cultura de la vida,el contenido de nuestro gran "sí", se expresa en los diez Mandamientos, que no son unpaquete de prohibiciones, de "no", sino que presentan en realidad una gran visión devida. Son un "sí" a un Dios que da sentido al vivir (los tres primeros mandamientos); un"sí" a la familia (cuarto mandamiento); un "sí" a la vida (quinto mandamiento); un "sí" alamor responsable (sexto mandamiento); un "sí" a la solidaridad, a la responsabilidadsocial, a la justicia (séptimo mandamiento); un "sí" a la verdad (octavo mandamiento);un "sí" al respeto del otro y de lo que le pertenece (noveno y décimo mandamientos).Esta es la filosofía de la vida, es la cultura de la vida, que se hace concreta, practicabley hermosa en la comunión con Cristo, el Dios vivo, que camina con nosotros encompañía de sus amigos, en la gran familia de la Iglesia. El bautismo es don de vida.Es un "sí" al desafío de vivir verdaderamente la vida, diciendo "no" al ataque de lamuerte, que se presenta con la máscara de la vida; y es un "sí" al gran don de laverdadera vida, que se hizo presente en el rostro de Cristo, el cual se nos dona en elbautismo y luego en la Eucaristía.En el Bautismo de Cristo el mundo es santificado, los pecados son perdonados; en elagua y en el Espíritu nos convertimos en nuevas criaturas» («Antifona al Benedictus»,Oficio de Laudes). De este modo, cada uno de nosotros puede aspirar a la santidad,una meta que, como ha recordado el Concilio Vaticano II, constituye la vocación detodos los bautizados.El compromiso que surge del Bautismo consiste por tanto en «escuchar» a Jesús: esdecir, creer en Él y seguirle dócilmente haciendo su voluntad, la voluntad de Dios.Descubrir a la Iglesia como misterio, es decir, como pueblo congregado en la unidaddel Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, llevaba a descubrir también su santidad,entendida en su sentido fundamental de pertenecer a Aquél que por excelencia es elSanto, el tres veces Santo. Confesar a la Iglesia como santa significa mostrar su rostrode Esposa de Cristo, por la cual él se entregó, precisamente para santificarla. Este donde santidad, por así decir, objetiva, se da a cada bautizado.Pero el don se plasma a su vez en un compromiso que ha de dirigir toda la vidacristiana: «Ésta es la voluntad de Dios: vuestra santificación» (1 Ts 4,3). Es uncompromiso que no afecta sólo a algunos cristianos: «Todos los cristianos, de cualquierclase o condición, están llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección delamor. El Bautismo es una verdadera entrada en la santidad de Dios, por medio de lainserción en Cristo y la inhabitación de su Espíritu. Preguntar a un catecúmeno,¿quieres recibir el Bautismo?», significa al mismo tiempo preguntarle, ¿quieres sersanto? Significa ponerle en el camino del Sermón de la Montaña: «Sed perfectos comoes perfecto vuestro Padre celestial » (Mt 5,48). Sería un contrasentido contentarse con
  20. 20. una vida mediocre, vivida según una ética minimalista y una religiosidad superficial.Este ideal de perfección no ha de ser malentendido, como si implicase una especie devida extraordinaria, practicable sólo por algunos genios de la santidad. Los caminos dela santidad son múltiples y adecuados a la vocación de cada uno: en nuestro caso lasacerdotal.«Os exhorto, pues, yo, preso por el Señor, a que viváis de una manera digna de lavocación con que habéis sido llamados, con toda humildad, mansedumbre y paciencia,soportándoos unos a otros por amor, poniendo empeño en conservar la unidad delEspíritu con el vínculo de la paz. Un solo Cuerpo y un solo Espíritu, como una es laesperanza a que habéis sido llamados. Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo,un solo Dios y Padre de todos, que está sobre todos, por todos y en todos. A cada unode nosotros le ha sido concedido el favor divino a la medida de los dones de Cristo» (Ef4,1-7).La santidad es don, una riqueza y una tarea: «Llega a ser lo que eres».Uno de los más graves errores de nuestra época» -señaló el Concilio Vaticano II - es eldivorcio entre «la fe y la vida diaria de muchos. Es muy frecuente también la tendenciaa las vidas paralelas, fragmentadas, parcializadas, en las que la familia, la educación,el trabajo, las diversiones, la política y la religión ocupan como compartimentosseparados y escasamente comunicados. En la existencia de los cristianos parecenmuchas veces darse dos vidas paralelas: por una parte, la llamada vida µespiritual¶, consus valores y exigencias, y por otra, la vida llamada µsecular¶, o sea la vida de familia,de trabajo, de las relaciones sociales, del compromiso político y de la cultura. La ferecibida va quedando así reducida a episodios y fragmentos de toda la existencia. Secae, pues en el ritualismo ± lo religioso reducido a episódicos y a veces esporádicosgestos rituales y devocionales -, en el espiritualismo ± el cristianismo evaporado en unvago sentimiento religioso -, en el pietismo ± una piedad cristiana amenazada desubjetivismo, sin arraigo en la objetividad sacramental y magisterial de la Iglesia ± y enel moralismo ± la fe en Cristo salvador reducida a ciertas reglas y comportamientosmorales -.La autenticidad, en resumidas cuentas, exige conciencia de lo que debemos ser porvoluntad de Dios y coherencia con lo que debemos ser. Esta coherencia, lo sabemosmuy bien, exige una lucha continua contra todo lo que nos aparta del cumplimiento fielde la voluntad de Dios.Implicaciones de una vida cristiana auténtica.a).La oración como un medio para descubrir lo que Dios quiere de mí. La oración es unelemento imprescindible para cultivar la conciencia clara y habitual de lo que Dios,fuente de toda autenticidad, quiere de mí en cada momento. Es más, la oración no sólome ilumina sino que me proporciona también la fuerza, los motivos, para amar esequerer divino y llevarlo a su realización. ¡Cuánto nos estimula contemplar a Jesúsabsorto tantas veces en oración durante amplios ratos! Ante las grandes decisiones, en
  21. 21. las horas de oscuridad de su Pasión, en todo momento Cristo supo descubrir en laoración la luz y la fuerza necesarias para perseverar en el cumplimiento de las «cosasde su Padre». ¡Todo cambia con la oración! No podemos imaginar la fuerzatransformadora que tiene. Las penas las convierte en gozo, las tristezas en consuelo, ladebilidad en fortaleza, la preocupación en paz. Cristo se retiraba a orar. Ahí decidía, ahísuplicaba al Padre, desde ahí nos enseñó el camino, el mejor camino de todos. Orar,orar, orar. No cabe duda que aquí está el camino para todo. No hay que olvidar que,junto con el cultivo de la oración, también el sabio consejo del director espiritual puedeayudarnos a conocernos y a discernir mejor las manifestaciones concretas de estequerer de Dios.b). Mantener una recta jerarquía de valores. La voluntad de Dios debe ser la normasuprema, por encima de las pasiones y caprichos, de las modas y costumbres delmundo, de las solicitudes del diablo. Es bueno lo que me ayuda a cumplir la voluntadde Dios, y malo lo que me estorba. Los santos nos dan un maravilloso testimonio de loque significa vivir con coherencia esta recta jerarquía de valores. «Hay que obedecer aDios antes que a los hombres», confesaron valientemente Pedro y los demásApóstoles ante el Sanedrín (Hch 5,29). ¡Cuántas oportunidades tenemos en nuestrotrabajo y en general en nuestras relaciones sociales, para dar testimonio valiente deesta verdad que en ocasiones puede implicar tomar decisiones difíciles o contracorriente! José Luis tenía muy clara su jerarquía de valores: «Primero muerto, antesque traicionar a Cristo y a mi patria», repetía a sus verdugos. Tenía bien puesto sucorazón en la patria eterna, en las palabras que Jesucristo nos dice en el Evangelio:«¡ven, siervo bueno y fiel, entra en el gozo de tu Señor!» (Mt 25,21). Para vivir concoherencia según la norma suprema de la voluntad de Dios hemos de ser fieles a lavoz del Espíritu Santo en nuestra conciencia. «La conciencia ±nos recuerda el ConcilioVaticano II- es el núcleo más secreto y el sagrario del hombre, en el que éste se sientea solas con Dios, cuya voz resuena en el recinto más íntimo de aquélla» (Gaudium etSpes, n. 16). En ella resuena con fuerza la ley moral fundamental: hay que hacer elbien y evitar el mal. Es ahí, en la conciencia, donde estamos a solas con el Amigo, quea fin de cuentas sólo quiere nuestro bien, ¡nuestra felicidad verdadera!Una de las cosas más terribles que nos pueden suceder es perder la sensibilidad deconciencia, porque mientras ésta exista siempre habrá posibilidad de rescate, Dios nospodrá dar la mano para sacarnos adelante. Hemos de cuidar, más que la propia saluddel cuerpo, la salud de nuestra conciencia; llamar siempre al bien, «bien» y al mal,«mal»; que nos preocupe más una deformación de conciencia que una herida o uncomentario molesto. Nuestro Padre Fundador al respecto nos da un consejo muypráctico: «Sea auténtico todos los días de su vida. No se acueste un solo día conalguna rotura o deformación interior, como no sería capaz de dormir con un brazo roto.Que le duela la fractura o torcedura y ponga remedio. No espere a que se pase el dolorde la conciencia y se consolide la deformación. ¡Ahí sí que habría que temer! ¡Quéresolución tan útil podríamos sacar para nuestras vidas: nunca acostarnos sin hacer unbreve examen de conciencia para ver cómo estamos respondiendo al querer concretode Dios en nuestra vida, para agradecerle lo bueno que hayamos hecho y rectificarcualquier indicio de engaño o deformación! Hacer de la voluntad de Dios la norma
  22. 22. suprema de vida es, además, fuente de felicidad y de profunda paz, porque el almabusca agradar a Dios en todo momento movida por el amor y no por el temor. Comobien dice La imitación de Cristo: «La gloria del hombre bueno está en el testimonio deuna buena conciencia. Ten una conciencia recta y tendrás siempre alegría» (libro II, c.6, n. 1-2). Ayuda mucho repasar, sobre todo con el corazón, las palabras del salmo118: «¡cuánto amo tu Voluntad, Señor, pienso en ella, todo el día!». Es lo mismo quenos ocurre cuando amamos a una persona: la queremos tanto y nos quiere tanto, queel gozo de nuestro corazón es hacer lo que a Él le agrada, verle feliz y saber quenuestra gratitud a Él se manifiesta más que en palabras, en obras de fidelidad a suVoluntad. Por eso decimos su santa voluntad y por eso le pedimos todos los días en elPadrenuestro que se haga SU voluntad. No hay petición mejor en nuestra vida.c) Huir de la mentira en la vida, y por lo mismo, buscar ser buenos y no sóloaparentarlo. Hemos de procurar actuar siempre de cara a Dios y no sólo de cara a losdemás. Un gran enemigo de la autenticidad es la vanidad, el respeto humano, el miedoa lo que los demás puedan pensar o decir de nosotros. A veces es necesario cuidar lapropia imagen y tener en cuenta las posibles repercusiones de nuestros actos ante losdemás. Pero cuando esto me lleva a silenciar mi conciencia, a dejar de cumplir mideber y omitir el bien, entonces preferimos traicionar a Dios antes que quedar mal antelos hombres. El hombre siempre ha sentido la necesidad de la careta; para reír y parallorar. Hay muchos hombres y mujeres que la llevan. No se guíe por apariencias,hermano. Mucha gente se acicala, sonríe, guiña el ojo al espejo...; pero con la caretapuesta. Quizá sólo cuando han apagado la luz, se atreven a quitársela por brevesinstantes, pero la dejan sobre la mesilla, al alcance de la mano, para acomodárselacomo primera medida del día. Lo que nos debe preocupar es la imagen que Dios tienede nosotros, construir nuestra vida minuto a minuto de cara a Él. Ésta es la mejorimagen que podemos dar a los demás, la más auténtica, la que mejor «vende». «Noeres más santo porque te alaben, ni peor porque digan de ti cosas censurables. Eressencillamente lo que eres, y no puedes considerarte mayor de lo que Dios testifica deti» (La imitación de Cristo, II, c. 6, n. 12).A Dios nuestro Señor no le podemos engañar, ya que «todo está desnudo y patente asus ojos» (Heb 4,13). Él es quien nos ha creado y nos juzgará. No es la suya, sinembargo, la mirada escrutadora del policía o del inquisidor, sino la de un Padre que nosama, que se preocupa por nosotros y que si a veces nos corrige es sólo por nuestrobien. ¡Cuánta paz y seguridad da al alma vivir esta realidad, actuar siempre de cara aDios! No hay nada que temer, no hay por qué esconderse al escuchar los pasos deDios en el jardín, como Adán y Eva después del pecado. Se está a gusto con Él. Sedialoga con Él con franqueza y espontaneidad.d) Volver a la Verdad: saber levantarse con humildad y reemprender el camino. Todospodemos tener caídas y limitaciones, pero ello no nos hace incoherentes siempre ycuando reconozcamos con humildad nuestra debilidad, pidamos perdón a Dios consinceridad y volvamos al camino recto. La confesión frecuente es el sacramento quenos vuelve a colocar en la verdad de Dios y, junto con la Eucaristía, nos da la fuerzapara vivir en ella.
  23. 23. Es tan fácil autojustificarse, maquillar la propia imagen ante los demás y ante unomismo, con una larga letanía de excusas y lenitivos («no era mi intención, no hay queexagerar, somos humanos, los demás también lo hacen, en estas circunstancias sí sepuede« »). La condición imprescindible para superarse en la vida, para ser un hombreauténtico es la honestidad con uno mismo, la sinceridad que Jesucristo «camino,verdad y vida» nos propone en el Evangelio. Hacer la verdad en el amor. «Si decimos:³No tenemos pecado´, nos engañamos y la verdad no está en nosotros. Sireconocemos nuestros pecados, fiel y justo es él para perdonarnos los pecados ypurificarnos de toda injusticia» (1Jn 1,8-9). El placer más grande de Dios esperdonarnos. Pero el perdón sin amor, es decir, sin arrepentimiento, corrompe. De igualmanera la autenticidad sin sinceridad es una farsa. Pidámosle a Dios que nos concedala gracia de ser muy honestos y humildes para que nunca permita que nos separemosde Él ni desconfiemos de su amor.
  24. 24. TERCERA MEDITACIÓN:LAS TENTACIONESPreámbulo: Los cuatro camaradas avanzaron hasta más allá del centro de la sala donde en el granhogarchisporroteaba un fuego de leña. Entonces se detuvieron. En el extremo opuesto de la sala, frente a laspuertas y mirando al norte, había un estrado de tres escalones, y en el centro del estrado se alzaba untrono de oro. En él estaba sentado un hombre, tan encorvado por el peso de los años que casi parecíaunenano; los cabellos blancos, largos y espesos, le caían en grandes trenzas por debajo de la fina coronadorada que llevaba sobre la frente. En el centro de la corona, centelleaba un diamante blanco. La barbale caía como nieve sobre las rodillas; pero un fulgor intenso le iluminaba los ojos, que relampaguearoncuando miró a los desconocidos. Detrás del trono, de pie, había una mujer vestida de blanco. Sobre lasgradas, a los pies del rey estaba sentado un hombre enjuto y pálido, con ojos de párpados pesados ymirada sagaz.Hubo un silencio. El anciano permaneció inmóvil en el trono. Al fin, Gandalf habló.-¡Salve, Théoden hijo de Thengel! He regresado. He aquí que la tempestad se aproxima y ahoratodos los amigos tendrán que unirse, o serán destruidos.El anciano se puso de pie poco a poco, apoyándose pesadamente en una vara negra con empuñadurade hueso blanco, y los viajeros vieron entonces que aunque muy encorvado, el hombre era alto todavía yque en la juventud había sido sin duda erguido y arrogante.-Yo te saludo -dijo-, y tú acaso esperas ser bienvenido. Pero a decir verdad, tu bienvenida es aquídudosa, señor Gandalf. Siempre has sido portador de malos augurios. Las tribulaciones te siguen comocuervos y casi siempre las peores. No te quiero engañar: cuando supe que Sombragris había vuelto sinsujinete, me alegré por el regreso del caballo, pero más aún por la ausencia del caballero; y cuando Eomerme anunció que habías partido a tu última morada, no lloré por ti. Pero las noticias que llegan de lejosrara vez son ciertas. ¡Y ahora has vuelto! Y contigo llegan males peores que los de antes, como era deesperar. ¿Por qué habría de darte la bienvenida, Gandalf Cuervo de la Tempestad? Dímelo. -Ylentamente se sentó otra vez.-Habláis con toda justicia, Señor -dijo el hombre pálido que estaba sentado en las gradas-. No haceaún cinco días que recibimos la mala noticia de la muerte de vuestro hijo Théodred en las Marcas delOeste: vuestro brazo derecho, el Segundo Mariscal de la Marca. Poco podemos confiar en Eomer. Dehabérsele permitido gobernar, casi no quedarían hombres que guardar vuestras murallas. Y aún ahoranos enteramos desde Gondor que el Señor Oscuro se agita en el Este. Y ésta es precisamente la horaqueeste vagabundo elige para volver. ¿Por qué, en verdad, te recibiríamos con los brazos abiertos, SeñorCuervo de la Tempestad? Lathspell, te nombro, Malas Nuevas, y las malas nuevas nunca son buenoshuéspedes, se dice.Soltó una risa siniestra, mientras levantaba un instante los pesados párpados y observaba a losextranjeros con ojos sombríos.-Se te tiene por sabio, amigo Lengua de Serpiente, y eres sin duda un gran sostén para tu amo -dijoGandalf con voz dulce-. Pero hay dos formas en las que un hombre puede traer malas nuevas. Puedeserun espíritu maligno, O bien uno de esos que prefieren la soledad y sólo vuelven para traer ayuda entiempos difíciles.-Así es -dijo Lengua de Serpiente-; pero los hay de una tercera especie: los juntacadáveres, los queaprovechan la desgracia ajena, los que comen carroña y engordan en tiempos de guerra. ¿Qué ayudahastraído jamás? ¿Y qué ayuda traes ahora? Fue nuestra ayuda lo que viniste a buscar la última vez queestuviste por aquí. Mi señor te invitó entonces a escoger el caballo que quisieras y ante el asombro detodos tuviste la insolencia de elegir a Sombragris. Mi señor se sintió ultrajado, mas en opinión de
  25. 25. algunos, ese precio no era demasiado alto con tal de verte partir cuanto antes. Sospecho que una vezmássucederá lo mismo: que vienes en busca de ayuda, no a ofrecerla. ¿Traes hombres contigo? ¿Traesacasocaballos, espadas, lanzas? Eso es lo que yo llamaría ayuda, lo que ahora necesitamos. ¿Pero quiénessonesos que te siguen? Tres vagabundos cubiertos de harapos grises, ¡y tú el más andrajoso de los cuatro!-La hospitalidad ha disminuido bastante en este castillo desde hace un tiempo, Théoden hijo deThengel - dijo Gandalf -. ¿No os ha transmitido el mensajero los nombres de mis compañeros? Rara vezun señor de Rohan ha tenido el honor de recibir a tres huéspedes tan ilustres. Han dejado a las puertasdevuestra casa armas que valen por las vidas de muchos mortales, aun los más poderosos. Grises son lasropas que llevan, es cierto, pues son los elfos quienes los han vestido y así han podido dejar atrás lasombra de peligros terribles, hasta llegar a tu palacio.-Entonces es verdad lo que contó Eomer: estás en connivencia con la Hechicera del Bosque de Oro -dijo Lengua de Serpiente -. No hay por qué asombrarse: siempre se han tejido en Dwimordene telas desupercherías.- 309 -Gimli dio un paso adelante, pero sintió de pronto que la mano de Gandalf lo tomaba por el hombro, yse detuvo, inmóvil como una piedra.En Dwimordene, en Lórienrara vez se han posado los pies de los hombres,pocos ojos mortales han visto la luzque allí alumbra siempre, pura y brillante.¡Galadriel! ¡Galadriel!Clara es el agua de tu manantial;blanca es la estrella de tu mano blanca,-intactas e inmaculadas la hoja y la tierraen Dwimordene, en Lórienmás hermosa que los pensamientos de los Hombres Mortales.Así cantó Gandalf con voz dulce, luego, súbitamente, cambió. Despojándose del andrajoso manto, seirguió y sin apoyarse más en la vara, habló con voz clara y fría.-Los Sabios sólo hablan de lo que saben, Gríma hijo de Gálmód. Te has convertido en una serpientesin inteligencia. Calla, pues, y guarda tu lengua bífida detrás de los dientes. No me he salvado de loshorrores del fuego y de la muerte para cambiar palabras torcidas con un sirviente hasta que el rayo nosfulmine.Levantó la vara. Un trueno rugió a lo lejos. El sol desapareció de las ventanas del Este; la sala seensombreció de pronto como si fuera noche. El fuego se debilitó, hasta convertirse en unos rescoldososcuros. Sólo Gandalf era visible, de pie, alto y blanco ante el hogar ennegrecido.Oyeron en la oscuridad la voz sibilante de Lengua de Serpiente. -¿No os aconsejé, señor, que no ledejarais entrar con la vara? ¡El imbécil de Háma nos ha traicionado!Hubo un relámpago, como si un rayo hubiera partido en dos el techo. Luego, todo quedó en silencio.Lengua de Serpiente cayó al suelo de bruces.-¿Me escucharéis ahora, Théoden hijo de Thengel? -dijo Gandalf-. ¿Pedís ayuda? -Levantó la vara y laapuntó hacia una ventana alta. Allí la oscuridad pareció aclararse y pudo verse por la abertura, alto ylejano, un brillante pedazo de cielo.- No todo es oscuridad. Tened valor, Señor de la Marca, pues mejorayuda no encontraréis. No tengo ningún consejo para darle a aquel que desespera. Podría sin embargoaconsejamos a vos y hablaros con palabras. ¿Queréis escucharlas? No son para ser escuchadas portodoslos oídos. Os invito pues a salir a vuestras puertas y a mirar a lo lejos. Demasiado tiempo habéispermanecido entre las sombras prestando oídos a historias aviesas e instigaciones tortuosas.Lentamente Théoden se levantó del trono. Una luz tenue volvió a iluminar la sala. La mujer corrió,presurosa, al lado del rey y lo tomó del brazo; con paso vacilante, el anciano bajó del estrado y cruzódespaciosamente el recinto. Lengua de Serpiente seguía tendido de cara al suelo. Llegaron a las puertasy Gandalf golpeó.-¡Abrid! -gritó-. ¡Aquí viene el Señor de la Marca!
  26. 26. Las puertas se abrieron de par en par y un aire refrescante entró silbando en la sala. El viento soplabasobre la colina.-Enviad a vuestros guardias al pie de la escalera -dijo GandalfY vos, Señora, dejadlo un momento a solas conmigo. Yo cuidaré de él.-¡Ve, Eowyn, hija de hermana! -dijo el viejo rey-. El tiempo del miedo ha pasado.La mujer dio media vuelta y entró lentamente en la casa. En el momento en que franqueaba laspuertas, volvió la cabeza y miró hacia atrás. Graves y pensativos, los ojos de Eowyn se posaron en el reycon serena piedad. Tenía un rostro muy hermoso y largos cabellos que parecían un río dorado. Alta yesbelta era ella en la túnica blanca ceñida de plata; pero fuerte y vigorosa a la vez, templada como elacero, verdadera hija de reyes. Así fue como Aragorn vio por primera vez a la luz del día a Eowyn,Señora de Rohan, y la encontró hermosa, hermosa y fría, como una clara mañana de primavera que nohaalcanzado aún la plenitud de la vida. Y ella de pronto lo miró: noble heredero de reyes, con la sabiduríade muchos inviernos, envuelto en la andrajosa capa gris que ocultaba un poder que ella no podía dejardesentir. Permaneció inmóvil un instante, como una estatua de piedra; luego, volviéndose rápidamente,entró en el castillo.-Y ahora, Señor -dijo Gandalf-, ¡contemplad vuestras tierras! ¡Respirad una vez más el aire libre!- 310 -Desde el pórtico, que se alzaba en la elevada terraza, podían ver, más allá del río, las campiñas verdesde Rohan que se pierden en la lejanía gris. Cortinas de lluvia caían oblicuamente a merced del viento, yel cielo allá arriba, en el oeste, seguía encapotado; a lo lejos retumbaba el trueno y los relámpagosparpadeaban entre las cimas de las colinas invisibles. Pero ya el viento había virado al norte y latormenta que venía del este se alejaba rumbo al sur, hacia el mar. De improviso las nubes se abrierondetrás de ellos y por una grieta asomó un rayo de sol. La cortina de lluvia brilló con reflejos de plata y alo lejos el río rieló como un espejo.-No hay tanta oscuridad aquí -dijo Théoden.-No -respondió Gandalf -. Ni los años pesan tanto sobre vuestras espaldas como algunos quisieranque creyerais. ¡Tirad el bastón!La vara negra cayó de las manos del rey, restallando sobre las piedras. El anciano se enderezólentamente, como un hombre a quien se le ha endurecido el cuerpo por haber pasado muchos añosencorvado cumpliendo alguna tarea pesada. Se irguió, alto y enhiesto, contemplando con ojos ahoraazules el cielo que empezaba a despejarse.-Sombríos fueron mis sueños en los últimos tiempos -dijo-, pero siento como si acabara de despertar.Ahora quisiera que hubieras venido antes, Gandalf, pues temo que sea demasiado tarde y sólo veas losúltimos días de mi casa. El alto castillo que construyera Bregon hijo de Eorl no se mantendrá en piemucho tiempo. El fuego habrá de devorarlo. ¿Qué podemos hacer?-Mucho -dijo Gandalf-. Pero primero traed a Eomer. ¿Me equivoco al pensar que lo tenéis prisioneropor consejo de Gríma, aquél a quien todos excepto vos llaman Lengua de Serpiente?-Es verdad -dijo Théoden-. Eomer se rebeló contra mis órdenes y amenazó de muerte a Gríma en mipropio castillo.-Un hombre puede amaros y no por ello amar a Gríma y aprobar sus consejos -dijo Gandalf.-Es posible. Haré lo que me pides. Haz venir a Háma. Ya que como ujier no se ha mostrado dignode mi confianza, que sea mensajero. El culpable traerá al culpable para que sea juzgado -dijo Théoden,yel tono era grave, pero al mirar a Gandalf le sonrió y muchas de las arrugas de preocupación que teníaenla cara se le borraron y no reaparecieron.Luego que Háma fue llamado y hubo partido, Gandalf llevó a Théoden hasta un sitial de piedra y élmismo se sentó en el escalón más alto. Aragorn y sus compañeros permanecieron de pie en lascercanías.-No hay tiempo para que os cuente todo cuanto tendríais que oír -dijo Gandalf -. No obstante, si elcorazón no me engaña, no tardará en llegar el día en que pueda hablaros con más largueza. Tenedpresente mis palabras: estáis expuesto a un peligro mucho peor que todo cuanto la imaginación deLengua de Serpiente haya podido tejer en vuestros sueños. Pero ya lo veis: ahora no soñáis, vivís.Gondor y Rohan no están solos. El enemigo es demasiado poderoso, pero confiamos en algo que él ni
  27. 27. siquiera sospecha.Gandalf habló entonces rápida y secretamente, en voz baja, y nadie excepto el rey pudo oír lo quedecía. Y a medida que hablaba una luz más brillante iluminaba los ojos de Théoden; al fin el rey selevantó, erguido en toda su estatura, y Gandalf a su lado, y ambos contemplaron al este desde el altositial.-En verdad -dijo Gandalf con voz alta, clara y sonora- ahí en lo que más tememos está nuestraesperanza. El destino pende aún de un hilo, pero hay todavía esperanzas si resistimos un tiempo más.También los otros volvieron entonces la mirada al Este. A través de leguas y leguas contemplaronallá en la lejanía el horizonte, y el temor y la esperanza llevaron los pensamientos de todos todavía máslejos, más allá de las montañas negras del País de las Sombras. ¿Dónde estaba ahora el Portador delAnillo? ¡Qué frágil era el hilo del que pendía aún el destino! Legolas miró con atención y creyó ver unresplandor blanco; allá, en lontananza, el sol centelleaba sobre el pináculo de la Torre de la Guardia. Ymás lejos aún, remota y sin embargo real y amenazante, flameaba una diminuta lengua de fuego.Lentamente Théoden volvió a sentarse, como si la fatiga estuviera una vez más dominándolo, contrala voluntad de Gandalf. Volvió la cabeza y contempló la mole imponente del castillo.-¡Ay! -suspiró-. Que estos días aciagos sean para mí y que me lleguen ahora, en los años de mi vejez,en lugar de la paz que creía merecer. ¡Triste destino el de Boromir el intrépido! Los jóvenes muerenmientras los viejos se agostan lentamente. -Se abrazó las rodillas con las manos rugosas.-Vuestros dedos recordarían mejor su antigua fuerza si empuñaran una espada -dijo Gandalf.Théoden se levantó y se llevó la mano al costado, pero ninguna espada le colgaba del cinto.- 311 --¿Dónde la habrá escondido Gríma? -murmuró a media voz. -¡Tomad ésta, amado Señor! -dijo unavoz clara-. Siempre ha estado a vuestro servicio.Dos hombres habían subido en silencio por la escalera y ahora esperaban de pie, a unos pocospeldaños de la cima. Allí estaba Eomer, con la cabeza descubierta, sin cota de malla, pero con unaespada desnuda en la mano; arrodillándose, le ofreció la empuñadura a su señor.-¿Qué significa esto? -dijo Théoden severamente. Y se volvió a Eomer, y los hombres miraronasombrados la figura ahora erguida y orgullosa. ¿Dónde estaba el anciano que dejaran abatido en eltronoo apoyado en un bastón?-Es obra mía, Señor -dijo Háma, temblando-. Entendí que Eomer tenía que ser puesto en libertad.Fue tal la alegría que sintió mi corazón, que quizá me haya equivocado. Pero como estaba otra vez librey es Mariscal de la Marca, le he traído la espada como él me ordenó.-Para depositarla a vuestros pies, mi Señor -dijo Eomer.Hubo un silencio y Théoden se quedó mirando a Eomer, siempre hincado ante él. Ninguno de los doshizo un solo movimiento.-¿No aceptaréis la espada? -preguntó Gandalf.Lentamente Théoden extendió la mano. En el instante en que los dedos se cerraban sobre laempuñadura, les pareció a todos que el débil brazo del anciano recobraba la fuerza y la firmeza. Levantóbruscamente la espada y la agitó en el aire y la hoja silbó resplandeciendo. Luego Théoden l³Jesús, lleno de Espíritu Santo, se volvió del Jordán, y era conducido por el Espíritu enel desierto, durante cuarenta días, tentado por el diablo. No comió nada en aquellosdías y, al cabo de ellos, sintió hambre. Entonces el diablo le dijo: «Si eres Hijo de Dios,di a esta piedra que se convierta en pan.» Jesús le respondió: «Esta escrito: No sólo depan vive el hombre.» Llevándole a una altura le mostró en un instante todos los reinosde la tierra; y le dijo el diablo: «Te daré todo el poder y la gloria de estos reinos, porquea mí me ha sido entregada, y se la doy a quien quiero. Si, pues, me adoras, toda serátuya.» Jesús le respondió: «Esta escrito: Adorarás al Señor tu Dios y sólo a él darásculto.» Le llevó a Jerusalén, y le puso sobre el alero del Templo, y le dijo: «Si eres Hijode Dios, tírate de aquí abajo; porque está escrito: A sus ángeles te encomendará paraque te guarden. Y: En sus manos te llevarán para que no tropiece tu pie en piedra
  28. 28. alguna.» Jesús le respondió: «Está dicho: No tentarás al Señor tu Dios.» Acabada todatentación, el diablo se alejó de él hasta un tiempo oportuno´ (Lucas 4, 1-13).Petición: Ayúdanos a superar las seducciones que nos alejen de vivir nuestrosacerdocio con integridad, y a poner nuestra confianza, no es nosotros mismos, y en lapotencia del mundo, sin en Dios y en su debilidad. Esta es la alternativa radical, «elamor de sí mismo hasta el olvido de Dios, o el amor de Dios hasta el olvido de simismo» (san Agustín de Hipona, La ciudad de Dios, XIV, 28).Objetivo: Para realizar plenamente la propia vida en la libertad es necesario superar laprueba que comporta la misma libertad, es decir, la tentación. Sólo si se libera de laesclavitud de la mentira y del pecado, la persona, gracias a la obediencia de la fe quele abre a la verdad, encuentra el sentido pleno de su existencia y alcanza la paz, elamor y la alegría.1. El descenso del Espíritu sobre Jesús con que termina la escena del bautismosignifica algo así como la investidura formal de su misión. Por ese motivo, losPadres no están desencaminados cuando ven en este hecho una analogía con launción de los reyes y sacerdotes de Israel al ocupar su cargo. La palabra «Cristo-Mesías» significa «el Ungido»: en la Antigua Alianza, la unción era el signo visible de laconcesión de los dones requeridos para su tarea, del Espíritu de Dios para su misión.Por ello, en Isaías 11,2 se desarrolla la esperanza de un verdadero «Ungido», cuya«unción» consiste precisamente en que el Espíritu del Señor desciende sobre él,«espíritu de ciencia y discernimiento, espíritu de consejo y valor, espíritu de piedad ytemor del Señor». Según el relato de san Lucas, Jesús se presentó a sí mismo y sumisión en la Sinagoga de Nazaret con una frase similar de Isaías: «El Espíritu delSeñor está sobre mí, porque él me ha ungido» (Lc 4,18; cf. Is 61,1). La conclusión de laescena del bautismo nos dice que Jesús ha recibido esta «unción» verdadera, que Eles el Ungido esperado, que en aquella hora se le concedió formalmente la dignidadcomo rey y como sacerdote para la historia y ante Israel.2. Desde aquel momento, Jesús queda investido de esa misión. Los tresEvangelios sinópticos nos cuentan, para sorpresa nuestra, que la primera disposicióndel Espíritu lo lleva al desierto. Aquí resuenan más fuertemente los cuarenta años queIsrael anduvo errante por el desierto. Fue éste un tiempo de prueba y a menudo deverdadera tentación, a la que el pueblo sucumbió más de una vez. Fue también eltiempo de ejercicio solitario de su relación con Dios, del mismo modo que losconfesores, los apóstoles y los santos cristianos con frecuencia sólo han comenzado sumisión entre los hombres después de años de desierto y de estar con Dios a solas.Que durante este tiempo su fe se forjara definitivamente, muestra que han seguido elcamino de su Señor, que también ayunó en el desierto y se vio sometido a lastentaciones relativas a su misión mesiánica. El ataque del tentador contra Jesús, quecomenzó durante su estancia en el desierto, culminará en los días de la pasión en elCalvario, cuando el Crucificado triunfe definitivamente sobre el mal.
  29. 29. La acción está precedida por el recogimiento, y este recogimiento es necesariamentetambién una lucha interior por la misión, una lucha contra sus desviaciones, que sepresentan con la apariencia de ser su verdadero cumplimiento. El descenso de Jesús«a los infiernos» del que habla el Credo (el Símbolo de los Apóstoles) no sólo se realizaen su muerte y tras su muerte, sino que siempre forma parte de su camino: deberecoger toda la historia desde sus comienzos ²desde «Adán»², recorrerla y sufrirlahasta el fondo, para poder transformarla. La Carta a los Hebreos, sobre todo, destacacon insistencia que la misión de Jesús, su solidaridad con todos nosotros prefiguradaen el bautismo, implica también exponerse a los peligros y amenazas que comporta elser hombre: «Por eso tenía que parecerse en todo a sus hermanos, para sercompasivo y pontífice fiel en lo que a Dios se refiere, y expiar así los pecados delpueblo. Como él había pasado por la prueba del dolor, puede auxiliar a los que ahorapasan por ella» (2,17s). «No tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse denuestras debilidades, sino que ha sido probado en todo exactamente como nosotros,menos en el pecado» (4, 15). Así pues, el relato de las tentaciones guarda unaestrecha relación con el relato del bautismo, en el que Jesús se hace solidario con lospecadores. Junto a eso, aparece la lucha del monte de los Olivos, otra gran luchainterior de Jesús por su misión. Pero las «tentaciones» acompañan todo el camino deJesús, y el relato de las mismas aparece así ²igual que el bautismo² como unaanticipación en la que se condensa la lucha de todo su recorrido.En su breve relato de las tentaciones, Marcos (ver 1,13) pone de relieve un paralelismocon Adán, con la aceptación sufrida del drama humano como tal: Jesús «vivía entrefieras salvajes, y los ángeles le servían». El desierto ²imagen opuesta al Edén² seconvierte en lugar de la reconciliación y de la salvación; las fieras salvajes, querepresentan la imagen más concreta de la amenaza que comporta para los hombres larebelión de la creación y el poder de la muerte, se convierten en amigas como en elParaíso. Se restablece la paz que Isaías anuncia para los tiempos del Mesías:«Habitará el lobo con el cordero, la pantera se tumbará con el cabrito.» (11, 6). Dondeel pecado es vencido, donde se restablece la armonía del hombre con Dios, se producela reconciliación de la creación; la creación desgarrada vuelve a ser un lugar de paz,como dirá Pablo, que habla de los gemidos de la creación que, «expectante, estáaguardando la plena manifestación de los hijos de Dios» (Rm 8, 19).Mateo y Lucas hablan de tres tentaciones de Jesús en las que se refleja su luchainterior por cumplir su misión, pero al mismo tiempo surge la pregunta sobre qué es loque cuenta verdaderamente en la vida humana. Aquí aparece claro el núcleo de todatentación: apartar a Dios que, ante todo lo que parece más urgente en nuestra vida,pasa a ser algo secundario, o incluso superfluo y molesto. Poner orden en nuestromundo por nosotros solos, sin Dios, contando únicamente con nuestras propiascapacidades, reconocer como verdaderas sólo las realidades políticas y materiales, ydejar a Dios de lado como algo ilusorio, ésta es la tentación que nos amenaza demuchas maneras. Es propio de la tentación adoptar una apariencia moral: no nos invitadirectamente a hacer el mal, eso sería muy burdo. Finge mostrarnos lo mejor:

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