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Las leyes para quien las quiera

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Trabajo de Celia Carragal para la XIV Olimpiada Filosófica

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Las leyes para quien las quiera

  1. 1. 1 Dilema moral: Las leyes para quien las quiera. Teller O, mejor dicho, para quien las necesite. Porque la realidad es así: las leyes no se quieren o se desprecian, las leyes son necesitadas, tanto por las personas que las incumplen o se ven tentadas a incumplirlas como por las personas afectadas por esas infracciones. ¿Quién necesita más las leyes, un establecimiento para que esté protegido de posibles robos o los ladrones? Este supuesto establecimiento no incumple las leyes, no las necesita, son los ladrones, que se adueñan des sus propiedades, los que necesitan la ley para reconducirlos en la sociedad. Las leyes están hechas para quienes las incumplen, quiero decir que están hechas para esas personas que anteponen su bienestar y su satisfacción personal antes que la salud y felicidad a nivel global. Por lo tanto, las leyes, las justas, solo son incumplidas por las personas que se han quedado estancadas en la fase convencional de Kohlberg.1 Recordemos estas etapas: ● En la primera etapa o etapa preconvencional el individuo obedece o no las reglas mirando por sus intereses propios. Por ejemplo, cuando una persona comete un homicidio llevado por su ira, no lo hace porque crea que este delito tenga que ser legal ni porque sea lo mejor a nivel global para la sociedad, sino porque se guía por su interés propio, que es, en este caso, saciar su ira. ● En la segunda etapa o etapa convencional el individuo obedece las leyes porque las dicta la autoridad y porque si no las cumple recibirá una sanción. En esta etapa las personas respetan las leyes pero no creen en su legitimidad2 ; por lo tanto, no aceptan las leyes, sino que se someten a ellas y a la autoridad que las dicta. Como ejemplo valga el de las personas que usan el cinturón de seguridad en los vehículos porque si no lo hacen recibirían una sanción económica. ● En la tercera etapa o etapa postconvencional el individuo decide aceptar o repudiar de las leyes basándose en lo que es mejor para toda la humanidad. Aquí se reconoce la legitimidad. Por ejemplo, la lucha en Sudáfrica contra el Apartheid3 en la que aunque las leyes implicasen la segregación racial, el pueblo rechazó estas leyes porque carecían de legitimidad. 1 http://ficus.pntic.mec.es/~cprf0002/nos_hace/desarrol3.html (9/02/2015) 2 Locke definió la legitimidad como 3 Apartheid: política de segregación racial practicada en la República de Sudáfrica, durante casi toda la segunda mital del siglo XX. http://www.profesorenlinea.cl/universalhistoria/Apartheid.htm (10-2-15)
  2. 2. 2 Creo que las etapas de Kohlberg son como una carrera. Puedes quedarte estancado en la primera, que es la más cómoda para uno mismo, o puedes continuar avanzando y nutriendo tu ética4 para poder llegar a la última etapa, en la cual se desarrolla la legitimidad. Vamos a profundizar en estos términos. La legitimidad es “la justificación de la autoridad en sociedades relativamente complejas”5 . Esto quiere decir que cuando una persona acepta las leyes dictadas por la autoridad es porque la ley es legítima, y, por lo tanto, piensa que está en un Estado de Derecho. Cuando una ley carece de sentido o no es beneficiosa para la comunidad el individuo entiende que no es legítima y que debe rechazarla. Los dilemas que surgen acerca de la legitimidad de las leyes se reducen a la ética personal de cada uno, ya que lo que a mí me parece lo más correcto y lo más favorable para la sociedad, para otras personas puede ser un atentando contra la misma, y viceversa. La legitimidad de una persona cambia con ella. Con esto quiero decir que la legalidad es algo rígido e invariable, mientras que la legitimidad, aparte de ser personal, varía dependiendo de la edad o etapa vital en la que esté el individuo. Cuando hablamos de legalidad hablamos de la autoridad y de la moral,6 pero cuando hablamos de legalidad nos referimos al individuo y a su ética. A partir de esta conclusión, surgen las siguientes preguntas: ¿Qué es más importante: la moral o la ética? ¿la autoridad o el individuo? ¿la legalidad o la legitimidad? 1. La moral está basada en las convenciones sociales que se vienen dando desde la antigüedad. Por ejemplo, en nuestra región hace años era inmoral que las mujeres trabajasen porque debían cuidar de sus hijos y gracias a mujeres que lucharon con su ética contra ésta desfachatez sexista, se está logrando igualar a los sexos en sus puestos de trabajo. Con esto no quiero decir que la moral siempre esté mal. La moral es indispensable en la sociedad, pero debemos evadirnos de la moral para poder corregir nuestros errores, ya que a veces se nos olvida cuestionarnos si lo moral, a lo que estamos acostumbrados y es nuestra rutina, realmente es beneficioso y justo. Por el contrario, la ética, aunque pueda ser errónea, significa progreso y evolución, y ambas cosas, al menos en mi opinión, no pueden ser dañinas para la sociedad. 2. La autoridad siempre ha existido desde que el hombre es hombre, “unos adquieren el poder por elección popular; otros por la fuerza de las armas, y los más por sucesión hereditaria”7 ; pero, aunque la autoridad represente el poder político, no significa estrictamente que posea ese poder, ya que pasa de mano a mano de cada representante de los gobiernos. El poder reside en quien el pueblo decide que resida y cuando me refiero al 4 Entendemos por ética la aceptación o rechazo por parte del individuo, de la moral mediante la crítica y el razonamiento. 5 Fernando Savater: Política para Amador, 8ª edición, Barcelona, Ariel, 1994, pp. 70-71. 6 La moral es el conjunto de costumbres y de acciones que se desarrollan en una cultura y en una época. Al contrario que la ética no es producto de la reflexión personal, sino que viene dada por la cultura en la que nos desarrollamo. 7 Etienne de la Boëtie:Discurso contra la servidumbre voluntaria o Contra Uno, http://www.noviolencia.org/publicaciones/contrauno.pdf
  3. 3. 3 pueblo, debe entenderse como conjunto de individuos, porque, como dice Etienne de la Boëtie, “¿De dónde adquiera él (el Uno, refiriéndose a la autoridad) tantos ojos para acecharos si vosotros no se los facilitaseis? ¿Cómo tuviera tantas manos para subyugaros si no las tomara de entre vosotros?”8 No podemos oponernos a la autoridad cuando la naturaleza del hombre es verse dominado por ese Uno al que solemos despreciar. Y es que, según Weber,9 existen tres tipos de dominación legítima: ● De carácter racional: en la que lo legal y lo legítimo van de la mano, es el caso de por ejemplo un código civil de un estado de derecho en el que se prohíbe hurtar. No se debe hacer porque provoca un conflicto social y empeora la convivencia. La autoridad sería aprobada por el pueblo. ● De carácter tradicional: la legalidad se basa en unas tradiciones y la legitimidad viene dada por la tradición también, y no por la ética personal. Por ejemplo, las leyes dictadas desde una religión están basadas en la tradición. La autoridad suele ser de cargo hereditario o una divinidad. ● De carácter carismático: la legalidad y la legitimidad es entregada a una persona que actúa como autoridad por su heroísmo, santidad o ejemplaridad. Con el tiempo tiende a convertirse en dominación tradicional. Entonces, aunque el individuo decida a quién le entrega el poder, no debe rebelarse contra la autoridad como tal, sino contra sus representantes, ya que, como hemos visto, el hombre necesita de la autoridad, así que de lo que debemos preocuparnos es de quién y cómo ejerce el poder. 3. El dilema entre la legalidad y la legitimidad se resolvería si la persona o grupo de personas que dictan las leyes busquen la legalidad global, lo que, obviamente es una utopía imposible. Pero aunque no todas las personas estemos de acuerdo con todas las leyes, siempre y cuando las leyes persigan el ideal de libertad individual, igualdad y justicia, serán legítimas. La legalidad debe ser respetada, pero unas leyes que provengan de una autoridad que sólo ha tenido en cuenta su propia legitimidad y su propio bienestar (como sería en el caso de las dictaduras), deben ser rechazadas por el pueblo. Por lo tanto, la legalidad es mucho más peligrosa que la legitimidad, ya que la primera afecta a grandes sociedades lo cual hace difícil su rechazo, ya que las personas pueden ser castigadas y privadas de su libertad; y la segunda está basada en la ética individual de cada uno, y si una persona cree que robar debería ser legal, solo lo será para ese individuo y no para toda la sociedad. La conclusión es que debemos modernizar la moral, adaptarla a los nuevos tiempos, sin dejar de escuchar a nuestra ética y así reconocer los errores de la primera. Debemos respetar la autoridad, ya que luchar contra ella es inefectivo; por lo tanto, debemos acceder a ella mediante 8 Etienne de la Boëtie:Discurso contra la servidumbre voluntaria o Contra Uno, http://www.noviolencia.org/publicaciones/contrauno.pdf (15-1-15). 9 Max Weber: “La política como vocación” en El político y el científico, Madrid, Alianza, 1967 (1987), pp. 84-85.
  4. 4. 4 sistemas de gobiernos que lo permitan, como las democracias. Debemos respetar la legalidad, ya que, aunque pueda parecernos errónea, también puede ser errónea nuestra idea de legitimidad. A esta conclusión también llegó Platón en el Critón, diálogo entre Sócrates y las leyes que narra cómo él podía huir de su injusta sentencia de muerte o enfrentarse a ella y aceptarlas. Son las propias leyes las que se dirigen a él y le dicen: “Pues bien, si te vas ahora, te vas condenado no por nosotras, las leyes, sino por los hombres.”10 . Es decir, no son las leyes ( la legalidad) lo que puede ser erróneo, sino los hombres que las dictan. Como dice Platón y yo he intentado desmostrar en este ensayo, la legalidad y la autoridad son dos elementos imprescindibles para la sociedad, pero no por ello debemos subestimar a la ética, el individuo y la legitimidad, puesto que sin ellos las civilizaciones no podrían evolucionar ni mejorar. Mediante la legitimidad seremos exigentes con la legalidad y así podremos vigilarla y prevenir de abusos de los representantes de la autoridad. Bibliografía Fernando Savater: Política para Amador, 8ª edición, Barcelona, Ariel, 1994. Max Weber: “La política como vocación” en El político y el científico, Madrid, Alianza, 1967 (1987). http://ficus.pntic.mec.es/~cprf0002/nos_hace/desarrol3.html http://www.profesorenlinea.cl/universalhistoria/Apartheid.htm http://www.noviolencia.org/publicaciones/contrauno.pdf http://www.noviolencia.org/publicaciones/contrauno.pdf http://www.bibliotecasvirtuales.com/biblioteca/OtrosAutoresdelaLiteraturaUniversal/Platon/Crit on.asp 10 Platón:Critón, http://www.bibliotecasvirtuales.com/biblioteca/OtrosAutoresdelaLiteraturaUniversal/Platon/Criton.asp (3-11-14).

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