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Grupo Macomaco - Madre peluquera

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Grupo Macomaco - Madre peluquera

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Grupo Macomaco - Madre peluquera

  1. 1. 22 Mi mamá, peluquera En la peluquería española, abundan las vocaciones transmitidas de generación en generación. Árboles familiares que, además de apellidos, comparten los genes que determinan la pasión por un oficio. Existen historias grandilocuentes y también pequeñas grandes narraciones de madres luchadoras y constantes que, silenciosas, inocularon a sus hijos el amor a la peluquería. Este reportaje habla de las segundas. Por marga sánchez Anna Ferrer - Alexis Ferrer “De mi madre aprendí a ser constante, generoso, perfeccionista, sensible a las tendencias, fie- les a mis convicciones, apasionado…” ¿Se le puede pedir algo más a una madre? Alexis Ferrer, talento heterodoxo y esquivo a las ampulosidades públicas, escribe su historia en forma de punto y seguido a la de su madre, una peluquera rara avis que ya por aquel entonces dedicaba buena parte de su tiempo a los escenarios. Hoy, Anna Ferrer, nombre de la enseña y de la progenitora, cuenta con cuatro salones, fruto del tándem que forman Anna y Alexis, quienes, además de compartir inicial en el nombre, convergen en la forma de entender una profesión que les da alegría para vivir y seguir creando. Alexis señala cómo su madre entra cada día en el salón saludando a sus clientas con un cantarín “Bon dia!” y cómo estar a su lado supone una lección constante de humildad: “El mejor consejo que me ha dado mi madre es a saber trabajar en equipo y a respetar a quienes te rodean”. Lecciones profesionales que bien pueden ser un tratado de vida, con las que Alexis traza un camino sólido en el que el espíritu de superación está siempre muy presente. “La constancia, la tenacidad, la innovación, el inconformismo”, éstos son los valores que impregnan la filosofía de la firma Anna Ferrer y que no son otros que los principios de toda una familia que se ha granjeado el respeto dentro y fuera del circuito profesional. “Muchos de mis clientes cuando me ven trabajar dicen que ven a mi madre. Me llena de orgullo parecerme a ella. Es el gran éxito de mi vida”, concluye Alexis Ferrer. Madres peluqueras Alexis Ferrer con su madre, Anna Ferrer.
  2. 2. 23 “Recuerdo los sábados en el salón, cuando las clientas le regalaban a mi madre flores para la peluquería, inundándola de un perfume fan- tástico e inolvidable”. Dolors Bruguera, fundadora de Carol Bruguera y autora del libro autobiográfico “Mare, vull ser perruquera [Madre, quiero ser peluquera]” es una mujer de rompe y rasga. Un espíritu li- bre, luchador y convencido del que ‘quien quiere, puede’ que ha trans- mitido a sus hijos, una generación de peluqueros entusiasta y volcada en hacer de Carol Bruguera una firma de reconocimiento nacional. “Sé amable y contagia tu sonrisa. Dos consejos que, con el tiempo, te das cuenta de que se convierten en una actitud frente a la vida”, señala Marc, quien para este reportaje, nos ha servido de portavoz familiar. A las madres se les reconoce el mérito y también el esfuerzo con el que, en condiciones adversas, sacaron adelante el negocio. “Recuer- do que antes, los sábados, abríamos el salón de ocho de la mañana a ocho de la noche. Ella resistía las maratonianas sesiones de trabajo, siempre sonriendo y con humildad”, comenta Marc. Un valor, el de no saberse mejor que nadie, que resaltan todos los entrevistados y que parece como grabado a fuego en su personalidad. Respecto a la fractura generacional, desde Carol Bruguera viven esa transición de forma natural. Recogen los frutos de los impecables y deseados recogidos de su madre, trabajos que, todavía hoy, le atraen clientela a sus salones. “Ama lo nuevo pero no olvides jamás el pa- sado”, subraya Marc, quien no duda en reconocer la extraordinaria influencia de la carga genética combinada con el toque personal. Una mezcla que, como el buen vino, parece mejorar con los años. Dolors Bruguera - Mia, Jacint i Marc Carol Bruguera Árboles familiares que, además de apellidos, comparten los genes que determinan la pasión por un oficio Dolors Bruguera realizando uno de sus primeros servicios. Dolors Bruguera y Jacint Carol concediendo una entrevista en los inicios de la empresa.
  3. 3. Madres peluqueras 24 Manuel Collado, de Grupo macomaco, ha compartido diez años de trabajo con su madre, peluquera valiente y comprometida, que hacía felices a sus clientas desde un sencillo salón en el que no abundaban las cosas superfluas. A partir de ahí y con una mochila cargada de aprendizaje, cariño y respeto, Manuel y su hermana Rosana emprendieron su propio camino en una profesión que, como ellos mismos afirman, “hemos mamado desde pequeños”. “Nuestra madre nos educó libres de pensa- miento para que fuéramos responsables y consecuentes con nuestras decisiones”, recalca Manuel sobre una relación de admiración mutua en la que insiste una y otra vez. “Creo que una de las mejores cosas de mi vida ha sido el conocer a mi madre más allá de su rol como cabeza de familia. La forma como trataba a sus clientes, su capacidad de escucha y asesoramiento y su sempiterno 'No engañes a nadie, porque esa será la primera y última vez'. Sobre la evolución de Grupo macomaco, Manolo y Rosana –quien, por lo que dice su hermano, es clavada a su madre– comentan que ella la vive con cierta incompren- sión. “Reconoce nuestra mirada especial pero, al mismo tiempo, la observa con ojos incrédulos, de quien se encuentra frente a algo completamente nuevo”. Un choque generacional que, sin embargo, Manuel trata de superar bebiendo de la tradición y de unas bases perfectamente asimiladas. “En muchos sentidos, en nuestra profe- sión hemos querido empezar la película por la mitad. Sin embargo, creo que para romper las reglas hay que conocerlas; y que, para evolucionar, es imprescindible conocer la historia”. Un pasado que nos transporta a conceptos y principios eternos: “La caja es sagrada. Trata a los demás como te gustaría que te trataran a ti. Paga a tiempo. Cumple con lo que compromete. Guárdate las malas caras…”. Lugares comunes que se transmiten de madres a hijos. Las primeras, emprendedoras silenciosas; los segundos, sabedo- res de que sin ellas todo hubiera sido infinitamente distinto. Mª Teresa Sempere Reig - Manuel y Rosana Collado Manuel Collado con su madre, Mª Teresa Sempere Reig.

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