El arbolito mágico

El árbol mágico tenía un cartel que decía: soy

un árbol encantado, si dices las palabras

mágicas, lo...
alumbraba un camino hacia una gran montaña

de juguetes y chocolate.

El niño pudo llevar a todos sus amigos a aquel

árbo...
lo que le decían tras el baño. El prefería vestir

de forma mucho más rara, pero sobre todo,

tardar mucho. Sus papás, que...
poco, además había olvidado sus gafas, así

que cuando vio la piel rosada del niño, creyó

que era uno de sus cerdos, y a ...
primero en vestirse y arreglarse para ser un

niño perfecto.
El rio amargado

Había una vez un río serio y solitario. No

recordaba cuándo, sin duda hacía mucho

tiempo, había decidid...
no podía acompañarle en su viaje a otro país.

Cuando Escamas cayó al agua, sintió

inmediatamente la soledad de aquel río...
antes del primer día se habían hecho muy

amigos, y el río se pasó toda aquella noche

pensando lo divertido que era tener...
día más. Pero al recordar lo triste y sólo que

se había sentido durante años, se dio cuenta

de que aunque tuviera sus pe...
Había una vez una estrella muy, muy

chiquitita, tan pequeñita como un mosquito,

que vivía en el cielo junto a sus papás,...
Una vez en la Tierra, donde creía que lo

pasaría bien, la gente y los demás animales la

confundieron con una luciérnaga ...
darse cuenta, se encontraba entre las llamas

de fuego que escupía por su boca el dragón.

Afortunadamente era una estrell...
brillar en la noche, y acudieron corriendo a

señalarle el camino de vuelta.

Así la estrellita vivió muchas aventuras y

...
Hace muchos, muchos pero que muchos

años, vivía una niña en un pueblecito muy

pequeño donde apenas había tiendas.

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la niña estuvo comiendo en su casa y vio el

caballito. - Me dejas jugar con el - preguntó el

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amigo que eran muchos hermanos. Así el

caballito nunca más estuvo abandonado y

siempre jugaban con él. Y además de ser m...
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  1. 1. El arbolito mágico El árbol mágico tenía un cartel que decía: soy un árbol encantado, si dices las palabras mágicas, lo verás. El niño trató de acertar el hechizo, y probó con abracadabra, supercalifragilisticoespialidoso, tan-ta-ta-chán, y muchas otras, pero nada. Rendido, se tiró suplicante, diciendo: "¡¡por favor, arbolito!!", y entonces, se abrió una gran puerta en el árbol. Todo estaba oscuro, menos un cartel que decía: "sigue haciendo magia". Entonces el niño dijo "¡¡Gracias, arbolito!!", y se encendió dentro del árbol una luz que
  2. 2. alumbraba un camino hacia una gran montaña de juguetes y chocolate. El niño pudo llevar a todos sus amigos a aquel árbol y tener la mejor fiesta del mundo, y por eso se dice siempre que "por favor" y "gracias", son las palabras mágico. Un día con los cerditos Había una vez un niño al que no le gustaba vestirse cuando querían sus papás, ni ponerse
  3. 3. lo que le decían tras el baño. El prefería vestir de forma mucho más rara, pero sobre todo, tardar mucho. Sus papás, que siempre tenían prisa, querían que fuera más rápido, pero a él eso no le gustaba y tardaba aún más. Hasta que un día sus padres tenían prisa, y se enfadaron tanto cuando se negó a vestirse, que le dijeron que saldría desnudo, lo que no le importó en absoluto. Así que salieron, y mientras esperaba desnudo junto a la casa que sus padres trajeran el coche, pasó el cuidador de los cerdos del pueblo. Ese hombre, que estaba medio sordo y veía muy
  4. 4. poco, además había olvidado sus gafas, así que cuando vio la piel rosada del niño, creyó que era uno de sus cerdos, y a voces y empujones se llevó al niño a la pocilga. El niño protestó todo el tiempo, pero como el hombre no oía bien, no le sirvió de nada. Y así pasó todo el día, viviendo entre los cerdos, confundido con uno de ellos, compartiendo su comida y su casa, hasta que sus padres consiguieron encontrarle. Y el niño lo pasó tan mal ese día, que ya nunca más quiere que le confundan con otra cosa que no sea un niño, y siempre es el
  5. 5. primero en vestirse y arreglarse para ser un niño perfecto.
  6. 6. El rio amargado Había una vez un río serio y solitario. No recordaba cuándo, sin duda hacía mucho tiempo, había decidido que no quería aguantar nada ni nadie, y echó de sus aguas a peces, plantas y cualquier otro animal que encontró. Y su vida pasó triste y solitaria durante muchos siglos. Un día, una niña llegó a la orilla de aquel río con una pequeña pecera circular. Dentro estaba Escamas, su pececito más querido, a quien había decidido dejar en libertad porque
  7. 7. no podía acompañarle en su viaje a otro país. Cuando Escamas cayó al agua, sintió inmediatamente la soledad de aquel río. Escamas trató de hablar con el río, pero éste, muy serio, sólo le invitó a marcharse. Escamas era un pececillo muy alegre, y no quiso darse por vencido. Preguntó y preguntó, y nadó y nadó, y finalmente comezón a dar saltitos por el río... El río, con los saltitos, comenzó a reír, pues le hacían muchas cosquillas, y en poco tiempo se sintió de tan buen humor que comenzó a hablar con Escamas. Casi sin darse cuenta,
  8. 8. antes del primer día se habían hecho muy amigos, y el río se pasó toda aquella noche pensando lo divertido que era tener amigos y lo mucho que los había echado de menos. Se preguntaba por qué nunca los tenía, pero no podía recordarlo. A la mañana siguiente, Escamas despertó al río con unos saltitos muy juguetones... y entonces el río recordó por qué había decidido ser un río tan serio: ¡tenía muchísimas cosquillas y no podía soportarlas! Ahora recordaba perfectamente cómo había echado a todo el mundo el día que decidió que ya no iba a aguantar las cosquillas ni un
  9. 9. día más. Pero al recordar lo triste y sólo que se había sentido durante años, se dio cuenta de que aunque tuviera sus pequeños inconvenientes, siempre era mejor tener amigos y tratar de estar alegre. La estrellita curiosa
  10. 10. Había una vez una estrella muy, muy chiquitita, tan pequeñita como un mosquito, que vivía en el cielo junto a sus papás, dos estrellas enormes. La pequeña estrella era muy curiosa y siempre quería verlo todo, pero sus papás le decían que aún era pequeña para ir sola, y que debía esperar. Un día, la estrella vio un pequeño planeta azul; era tan bonito que se olvidó de lo que le habían dicho sus padres, y se fue hacia aquel planeta. Pero voló tan rápido, tan rápido, que se desorientó y ya no sabía volver.
  11. 11. Una vez en la Tierra, donde creía que lo pasaría bien, la gente y los demás animales la confundieron con una luciérnaga brillantísima, así que todos querían atraparla. Huyó como pudo, muy asustada, hasta que se escondió tras una sábana. Entonces todos pensaron que era un fantasma, y huyeron despavoridos. La estrellita aprovechó su disfraz para divertirse muchísimo asustando a todo el mundo, hasta que llegó a una montaña en la que vivía un gran dragón. La estrellita también trató de asustarle, pero no sabía que era un dragón come fantasmas, y cuando quiso
  12. 12. darse cuenta, se encontraba entre las llamas de fuego que escupía por su boca el dragón. Afortunadamente era una estrella muy valiente, así que pudo escapar del fuego y del dragón, pero acabó muerta de miedo y de tristeza por no estar con sus papás. Estuvo llorando un rato, pero luego se le ocurrió una idea para encontrar a sus papás: buscó una gran roca en una montaña altísima, y desde allí, mirando al cielo, se asomó y se escondió, se asomó y escondió, y así una y otra vez. Sus papás, que la andaban buscando preocupadísimos, vieron su luz intermitente
  13. 13. brillar en la noche, y acudieron corriendo a señalarle el camino de vuelta. Así la estrellita vivió muchas aventuras y aprendió muchas cosas, pero ya no se le volvía a ocurrir irse solita hasta que fuera mayor. El caballito triste
  14. 14. Hace muchos, muchos pero que muchos años, vivía una niña en un pueblecito muy pequeño donde apenas había tiendas. Siempre había soñado con tener un caballito balancín. Un día su papá fue a la ciudad y le compró el caballito para su cumpleaños. Menuda alegría que se llevó su hija cuando lo vio. Lo colocó junto a la ventana para poder cabalgar viendo el paisaje. Pero pasaron unas semanas y la niña se cansó del caballito y lo arrinconó. El caballito ya no podía ver el paisaje y nadie jugaba con él. Cada día que pasaba esta más triste. Un día un amiguito de
  15. 15. la niña estuvo comiendo en su casa y vio el caballito. - Me dejas jugar con el - preguntó el niño. Bueno, como quieras, a mi ya no me gusta. El niño montó en el caballo, pero éste no se balanceaba. Por más que el niño se movía el caballito estaba quieto. Muy asustado el niño salió en busca de su amiga. La niña, creyendo que era una broma entró y pudo comprobar que ya no podía cabalgar en su caballito. Revisando el caballito, vio que en su cara había unas lagrimitas. El caballito estaba triste pues nadie le hacía caso. La niña comprendió a su caballito, y se lo regaló a su
  16. 16. amigo que eran muchos hermanos. Así el caballito nunca más estuvo abandonado y siempre jugaban con él. Y además de ser muy feliz, hizo felices a todos los niños de la casa.

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