Las historia inedita de los años verde olivo

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Historias desconocidas del terrorismo marxista durante el Gobierno de Pinochet

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Las historia inedita de los años verde olivo

  1. 1. http://docs.tercera.cl/especiales/2001/verdeolivo/capitulo01/index.htmLA HISTORIA INEDITADE LOS AÑOS VERDE OLIVOCAPITULO IPor Cristián BofillLa novela Nuestros años verde olivo, de Roberto Ampuero, comprueba una tesis que másde un profesional de la historia o de la prensa suscribiría: en algunos casos losficcionistas se han encargado mucho mejor de abordar algunos capítulos de la tragediacolectiva chilena de las últimas décadas que los periodistas e historiadores.La novela - lanzado en 1999 y que revela desde el terreno de la ficción el mundo delexilio chileno en Cuba - fue el punto de partida de esta serie especial de reportajes.Ampuero es un testigo privilegiado de esa época, ya que la vivió en medio de la altajerarquía castrista, y con su libro dejó al desnudo una de las falencias de quienes sededican a dar a conocer episodios que ayuden a los chilenos a conocer su historia.Al contrario de otros temas cruciales -como las violaciones a los derechos humanos o losentretelones del golpe contra Allende, sobre los cuales se han publicado valiosísimoslibros y reportajes- el verdadero alcance de la influencia de Fidel Castro en la políticachilena se ha quedado estancado en las versiones fragmentadas e ideologizadas, por ladoy lado, de los años 70 y 80.Si bien el punto de partida de la investigación de La Tercera era el mundo descrito porAmpuero, el tema se fue ampliando en la medida en que se constató que el peso de Cubaen las generaciones que protagonizaron los conflictos chilenos de las últimas décadas eramucho mayor de lo descrito en la novela.
  2. 2. Iniciada en abril del año pasado, la investigación se extendió por casi un año y se tradujo tambien en viajes a ciudades como La Habana, Berlín, Leipzig, Frankfurt, Buenos Aires, Miami y Chicago. En cada rincón, se encontraron protagonistas olvidados dispuestos a relatar episodios inéditos que de a poco fueron tomando la forma de un verdadero eslabón perdido de la historia chilena de las últimas décadas. Para bien o para mal -dependiendo del punto de vista que se suscriba- es imposible entender esa historia sin detenerse sobre todo en la figura de Fidel Castro y su enorme influencia desde los años 60 hasta los inicios de la redemocratización tras el régimendel general (R) Augusto Pinochet.Sería lo mismo que ignorar la influencia de Estados Unidos. Pero -al contrario de ésta,bastante estudiada y documentada- sobre la primera hastaahora ha habido bastantemenos elementos aportados por testigos directos o archivos desclasificados, como losrelativos a la Operación Cóndor o a las actividades clandestinas de la CIA en Chile.El histórico viraje del Partido Comunista hacia la lucha armada - pese a que fue el únicode los partidos de la Unidad Popular que durante el gobierno de Allende no sucumbió alas tesis rupturistas - es uno de los fenómenos que, si bien responde a circunstanciaspolíticas chilenas, no es posible desentrañar sin penetrar en los laberintos de la políticacubana. También es imprescindible hacer escala en la ex Alemania Oriental.La historia no contada de la izquierda chilena en el exilio se escribió en Berlín, Moscú y LaHabana, donde los comunistas chilenos fueron influidos por la visión de sus anfitriones ycomenzaron a analizar las causas de su derrota, la forma de redimir sus culpas y elcamino para enfrentar a Pinochet. Sin la ingerencia de esos tres gobiernos el proceso quedesembocó en la lucha armada - tomada por el PC en 1980- nunca hubiera sido igual.Alemania Oriental, la Unión Soviética, pero especialmente Cuba, entregaron un elementovital a la hora de tomar el camino de las armas: el entrenamiento militar masivo.Pese a su desconfianza inicial, importantes ex dirigentes del PC y ex integrantes delFrente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR) fueron entregando antecedentes.Los conocimientos de todas estas personas, además, contribuyeron para encontrar, enmedio de páginas y páginas de textos políticos, valiosas pistas en obras como lasmemorias de ex timoneles del PC, el ex secretario general Luis Corvalán (De lo vivido y lopeleado) y el ex senador Orlando Millas (Una disgresión). Lo mismo se puede decir delibros como el del ex embajador y ex dirigente del PC, José Rodríguez Elizondo (Crisis yRenovación de las izquierdas en América Latina) y, en menor medida, del senador JaimeGazmuri (El Sol y la Bruma).La mayor parte de ese trabajo de reporteo e investigación fue realizado por el periodistaJavier Ortega, quién realizó muchas entrevistas en Cuba, Alemania y Argentina, ademásde lograr numerosos contactos en Chile.Otros periodistas realizaron entrevistas en Estados Unidos y Chile. Todo ese trabajo fueapoyado por el equipo de Proyectos Especiales de La Tercera, además de contribucionesde otras áreas del diario. La edición final fue realizada por un equipo encabezado por ladirección del diario.Entre los factores que más colaboraron para persuadir a muchos testigos a contar susvivencias está, en primer lugar, el fin de la guerra fría y la consecuente desilusión demuchas personas que en su momento no titubearon en arriesgar la vida por esa causa.También ayudó -y mucho- a romper el hermetismo, la gran purga política realizada enCuba por Fidel Castro, en 1989, cuando fusiló al general Arnaldo Ochoa y al coronel Tonyde la Guardia -dos de sus hombres más cercanos - bajo el pretexto de que se habíaninvolucrado en tráfico de drogas a sus espaldas.La purga de 1989Con esas ejecuciones, Fidel Castro perdió la lealtad de algunos miembros de su círculomás estrecho, varios de los cuáles se exiliaron en Estados Unidos. Varios de ellos -aligual que Ochoa y De la Guardia, quienes cumplieron misiones en Chile durante la UP-tenían un profundo conocimiento de las actividades cubanas en Chile desde los años 60,
  3. 3. 70 y 80.En esas circunstancias, aceptaron hablar ex agentes como Jorge Masetti, el ex subjefe desu equipo de seguridad, capitán Lázaro Betancourt, el escritor Noberto Fuentes, el exdiplomático cubano en Chile, René Núñez, Ileana de la Guardia (hija de Tony de laGuardia) y Alina Fernández, hija de Fidel. Se trata de personas que, desde diferentesposiciones (Masetti mantiene una fuerte enemistad con Fuentes, a quien todavíaconsidera un hombre cercano a Castro), ayudaron a enriquecer y cotejar informaciones.Hubo muchos que sólo aceptaron hablar bajo la condición del anonimato. Otros, noquisieron dar su testimonio, pese a que les fue solicitado insistentemente, entre ellosvarios que aparecen mencionados en situaciones que sienten que podríancomprometerlos.Otras fuentes valiosas fueron los archivos desclasificados tras el fin de la guerra fría porlos servicios secretos de Estados Unidos, la ex Alemania Oriental y la ex URSS.De la recopilación, análisis y cruce de esas informaciones es fruto esta serie especial.Como todo trabajo periodístico, no aspira a entregar una verdad incuestionable, sino laversión más acuciosa y profesional posible de los hechos investigados. 1976 Exiliados en la RDA sufrieron la "proletarización" impuesta por el gobierno alemán alos chilenos. 1979 Futuros miembros del FPMR luchan por Castro en Nicaragua. 1986 Fracasa el atentado contra Augusto Pinochet fraguado en Santiago y La Habana. 1983-1995 Nacimiento y muerte del más poderoso grupo guerrillero chileno del siglo XX,sustentado desde sus inicios por el gobierno cubano.
  4. 4. Por Javier Ortega Durante una cita en el despacho del líder cubano en el Palacio de la Revolución, en junio de 1974, se gestó la creación del FPMR. A partir de ahora, decenas de jóvenesLuis Corvalán y Volodia comunistas ingresaron a escuelas militares cubanas paraTeitelboim. Mientras el primero formarse como oficiales del “nuevo ejército democráticoestaba detenido en la isla chileno”.Dawson, Teitelboim aceptó laoferta de Castro. Un caluroso día de junio de 1974 aterrizó en La Habana el máximo dirigente del PC chileno en el exilio, Volodia Teitelboim, quien residía en Moscú y lideraba el partido en reemplazo delsecretario general, Luis Corvalán detenido en la isla Dawson.En el aeropuerto José Martí Teitelboim fue recibido por los dirigentes chilenos del PC enCuba, Rodrigo Rojas, Orel Viciani (ver recuadro) y Julieta Campusano, a cargo del flujode chilenos que llegaban a la isla tras el golpe militar de un año antes.Mientras el poder de la junta militar se asentaba en Chile la golpeada izquierda intentabarecomponerse, tanto en el exilio como dentro del país. La represión era durísima lasnoticias sobre detenciones, torturas y muertes llegaban día a día. El contacto entre lasdirigencias del “exterior” y el “interior” se mantenía al costo de muchas vidas.La principal actividad de Teitelboim fue una cita en el Palacio de la Revolución, dondeacudió con Rodrigo Rojas para entrevistarse con Fidel Castro (1).El "nuevo ejército"Castro los recibió en su despacho con su hermano Raúl, segundo hombre del régimen; eljefe de la inteligencia cubana y máximo implicado en exportar de la revolución, Manuel“Barbarroja” Piñeiro y el viceprimer ministro Carlos Rafael Rodríguez. Excepto Raúl, todoshabían estado en Chile durante la UP.Como siempre, Castro monopolizó la palabra. A sus 48 años, seguía siendo el iconorevolucionario latinoamericano. Sus interlocutores chilenos, en cambio, estabanmarcados por una derrota que el mundo socialista les enrostraba día a día. No habíansido capaces de resistir el golpe militar, de hacer la revolución chilena. Una “culpa” queera más fuerte en el caso del PC: era el único partido que se había jugado a fondo por lafracasada vía legal de la UP, camino que le había provocado fuertes roces con susactuales anfitriones.“El gran error del gobierno de Allende fue no contar con una fuerza militar que lodefendiera8, dijo Castro. “Ahora no veo ninguna posibilidad a la vía armada en Chile,dado el profesionalismo y nivel de sus fuerzas armadas. No veo otra salida a la dictaduramilitar chilena que la formación de un gran frente encabezado por Eduardo FreiMontalva”.Acto seguido, frente a sus perplejos interlocutores, lanzó su propuesta para revertir laderrota: iniciar en las Fuerzas Armadas Revolucionarias cubanas (FAR) un ambiciosoproceso de formación de jóvenes comunistas chilenos, los que serían admitidos enescuelas de elite para graduarse como oficiales de carrera.“Estos muchachos se formarán para que no vuelva a ocurrir la derrota de 1973”,argumentó Castro y aseguró que los nuevos militares serían “para defender al futurogobierno democrático... no para tomar el poder por asalto”. La última salvedad que elcomandante puso sobre la mesa fue la siguiente: “Serán militantes suyos, pero yo serédueño de darle la formación militar que estime conveniente”. (2)Hasta ese momento La Habana había instruido en sus escuelas de guerrilla a centenaresde militantes chilenos del MIR, pero por primera vez ofrecóa a una formación militarcompleta, cien por ciento profesional. Las FAR contaban con cientos de asesores
  5. 5. soviéticos, altamente calificados. “Todos nuestros oficiales piensan en ruso”, acotó,orgulloso, Raúl Castro. (3)Teitelboim y Rojas aceptaron y agradecieron la inesperada oferta. Concluido elencuentro, Castro se despidió afectuosamente de los chilenos. Antes de abandonar lasala, el comandante señaló:-Este acuerdo lo voy a guardar yo en mi caja fuerte, porque es el acta de nacimiento deun nuevo ejército democrático para Chile.1 Serie de 12 entrevistas con el ex dirigente comunista de nombre político Ernesto Contreras Santiago, septiembre del 2000 hasta enero del 2001.2 Ibid...Serie de entrevistas con Ernesto Contreras3 Ibid... Serie de entrevistas con Ernesto Contreras.El secreto mejor guardadoSegún un alto dirigente del PC a quien Rodrigo Rojas le relató en detalles el encuentroese mismo día, negarse al ofrecimiento de Castro era “impresentable”. (4) Si bienrepresentaba un enorme giro en la tradición del partido, los dirigentes “aceptaron laoferta sin mayores reflexiones ni debates y la mantuvieron en estricto secreto por largotiempo” señala un entrevistado.En esa tarde caribeña comenzó a entretejerse el primer eslabón de una cadena. Seisaños después, la cadena llevaría al PC a adoptar formalmente la “vía armada” y alnacimiento del Frente Patriótico Manuel Rodríguez.Teitelboim y Rojas mantuvieron el estratégico acuerdo en secreto. No sólo no fueinformada la dirigencia al interior de Chile, encabezada por el ex sindicalista Víctor Díaz.El ex senador Orlando Millas -en ese entonces tercero en la línea de mando comunista-reconoce en sus memorias que sólo se enteró meses después y a grandes rasgos, en unareunión en Moscú con Volodia Teitelboim, Manuel Cantero y Gladys Marín.“Fue en esa oportunidad cuando supe del acuerdo a que habían llegado en La Habanadirigentes de los respectivos partidos, para que contingentes de militantes comunistaschilenos fuesen aceptados como alumnos en calidad de cadetes de la Escuela Militar deCuba, manteniendo sus deberes disciplinarios de afiliados a nuestra organización (...) Elasunto implicaba mucho y nunca se debatió debidamente”, relata Millas. (5) Hasta hoy elpacto de La Habana es materia ignota para muchos dirigentes del PC.Consultado por La Tercera, Teitelboim reconoció la existencia de un encuentro con Castroen el cual el jefe de estado cubano ofreció adiestrar militantes del PC en las FAR.Tambien admite que la propuesta fue aceptada. Pero señala que “la proposición no fuepara venir a combatir a Chile. Fidel propuso formar jovenes chilenos para luchar enNicaragua contra Somoza. Además, nosotros pensamos que era necesario tener unaautodefensa. Recuerde que se producían hechos como la Caravana de la Muerte, dondegente indefensa fue asesinada”.Sin embargo, el relato de Teitelboim no calza con el de dos de altos dirigentes del PC:Luis Corvalán y Orlando Millas. En sus memorias, Corvalán señala que se impuso delacuerdo en 1976, cuando no había ninguna guerra civil en curso en Nicaragua (sólo seiniciaría en 1978). Millas, al describir la postura de Teitelboim sobre el entrenamientomilitar de jóvenes del PC, no hace ninguna referencia a Nicaragua e incluso ironiza a sucamarada.“Pude advertir que Volodia abordaba esta materia con mucha seguridad. No ocultó suvinculación con lo resuelto y que había comenzado a aplicarse. Durante decenios, habíasido uno de nuestros tribunos más conocidos (...) Ahora, se le veía en un plano diferente,de teórico, y autor de una nueva orientación política”, escribe Millas en sus memorias (6)Luis Corvalán señala que no tuvo otra opción que saludar el acuerdo con Castro. “Sólocuando salí al exilio (en 1976) me impuse del esfuerzo que habían hecho los compañerosdel exterior en la preparación de cuadros militares y cuánto había avanzado el partido eneste aspecto”, cuenta el dirigente en sus memorias (7).
  6. 6. 4 Ibid... Serie de entrevistas con Ernesto Contreras.5 Millas, Orlando. "Memorias. Volúmenes IV, Una disgresión". Santiago, Ediciones ChileAmérica CESOC, 1996. 604 pg.6 Ibid... Memorias de Millas.7 Corvalán, Luis. "De lo vivido y lo peleado".Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR) 1983-1995El más poderoso grupo guerrillero chileno del siglo XX, que llegó a contar con casi medio millar de hombres, nacióoficialmente el 14 de diciembre de 1983, con un apagón que afectó a la zona central de Chile. Aunque la colectividadnunca lo reconoció, se trataba en la práctica el aparato militar del PC, formado gracias al apoyo del gobierno cubano,iniciado ocho años antes.El objetivo inicial del FPMR fue derrocar a Augusto Pinochet, para lo cual inaguró modalidades guerrilleras desconocidasen la historia chilena, como los secuestros. En 1986 el PC estableció que sería el año en que Pinochet debía serderrocado. Con ese fin, y con la ayuda cubana, el FPMR internó toneladas de armas y atentó contra Pinochet. Comoambas acciones fracasaron, el PC inició la desmovilización de los frentistas. Un sector, aquél entrenado por FidelCastro, desoyó la orden y continuó la lucha. En 1991, el grupo asesinó al senador de la UDI Jaime Guzmán y secuestróa Cristián Edwards, por lo que el gobierno de Patricio Aylwin inició una minuciosa labor de inteligencia a base deinfiltraciones y delaciones compensadas. El grupo sólo fue neutralizado cuando Chile reestableció relacionesdiplomáticas con La HabanaLos primeros enroladosEl histórico pacto comenzó a ponerse en práctica en 1975. Los primeros chilenosreclutados para vestir el uniforme verde olivo fueron escogidos entre dos centenares dejóvenes que habían llegado a la isla a estudiar medicina, en 1972. A gran parte de esegrupo la historia le depararía un inédito camino.Habían llegado a Cuba un año y medio antes del golpe, gracias a una invitación hechapor Fidel Castro durante su maratónica visita a Chile, entre noviembre y diciembre de1971. En una de sus intervenciones, Castro determinó que uno de los problemas de Chileera la falta de médicos. Ofreció públicamente 100 cupos para que jóvenes militantes dela UP, rigurosamente seleccionados, estudiaran gratis la carrera en la Universidad de LaHabana. Un segundo grupo conformado por otro centenar llegó a Cuba en marzo de1973.Casi todos eran humildes jóvenes comunistas y socialistas, aunque también habíaalgunos miembros de la juventud del Mapu Obrero Campesino. No había ningún miembrodel MIR, ya que ésta colectividad no formó parte de la Unidad Popular.Para todos ellos no había sido fácil la integración a la Cuba socialista y muchos larecuerdan como una época dura, salpicada por las disputas internas por el procesopolítico chileno y por el duro estudio, que hizo a más de la mitad desertar en los primerosaños. “Los del Mapu OC eran estigmatizados por pertenecer a una colectividad pequeño-burguesa”, cuenta un ex integrante del grupo, actualmente médico en un hospital públicosantiaguino.Un sábado de 1975, los estudiantes de medicina fueron citados a las oficinas del ComitéChile Antifascista de La Habana, en el barrio de El Vedado. Según relata un ex miembrodel comité central del PC que residía en la isla, allí los esperaban el dirigente y exdiputado Orel Viciani, quien a cada uno le hizo una invitación formal: dejar sus estudiospara transformarse en cadetes militares. “Nos dijeron que en ese momento, los fusileseran más importantes que los libros para derrotar a la dictadura”, relata uno de losreclutados.La gran mayoría aceptó la oferta. Habían vivido el naufragio de la UP, muchos teníanfamiliares desaparecidos y querían imitar a los exitosos revolucionarios cubanos. “Habíauna suerte de gran remordimiento, se hablaban cosas terribles de la represión en Chile.En ese contexto moral, era muy difícil decir que no”, relata el mismo testigo.
  7. 7. Sólo en contados casos la respuesta fue negativa. El estudiante Pedro Marín argumentóque quería aportar a la lucha, pero como médico. Se ganó el repudio de sus compañeros.Años después, Marín se “reivindicaría” combatiendo en Nicaragua e ingresando a Chile,donde fue apresado y torturado con salvajismo. Más tarde integraría la red del FPMRencargada de darle asistencia médica a los combatientes. Hoy, trabaja como médico enel norte del país.La labor de enrolamiento del PC se selló con un fuerte golpe de imagen, una escenaocurrida en junio de 1975, que demostraría que los chilenos no eran unos cobardes.Ocurrió una mañana, en el barrio habanero de Siboney. Frente a la vista de todo elalumnado del campus universitario de Girón, un centenar de jóvenes subieron con suspertenencias a varios buses estacionados en la puerta de la Facultad de Medicina. Eranlos enrolados que partían a un curso de formación de oficiales en la Escuela MilitarCamilo Cienfuegos.“Los distribuyeron sobre todo en cursos de artillería terrestre y antiaérea”, relata LázaroBetancourt, quién convivió con varios chilenos en esa escuela militar. (8).Años después, los chilenos se graduarían como militares cubanos. Una nueva etapa -quelos llevaría primero a combatir en la insurrección contra Somoza en Nicaragua y despuésa la lucha armada contra Pinochet- comenzaba. Sin saberlo, al aceptar la oferta deCastro, el PC había desatado una fuerza que lo aislaría políticamente y se le escaparíadefinitivamente de las manos en 1987, cuando los principales mandos del FPMRrompieron con el partido. Esto, no sin antes haber fracasado en dos tareas clavesorganizadas en La Habana el año anterior: el atentado contra Pinochet y el desembarcode armas en Carrizal Bajo.8 Entrevista a Lázaro Betancourt, quien se desempeñó durante 20 años en la seguridad de Fidel Castro y en 1999 se asiló en Estados Unidos. Miami, 9 de febrero del 2001.Las dos caras de un fracasoEn su libro Nuestros Años Verde Olivo, Roberto Ampuero describe en detalles las actividades de los dos principalesencargados del PC en La Habana en 1974, Rodrigo Rojas y Orel Viciani. Sus biografías sintetizan los diferentes caminosque tomaron ex dirigentes del PC que se alejaron del partido tras el fracaso de su aventura armada.Ex director de El Siglo, Rojas, quien se trasladó a Alemania Oriental a mediados de la década del 70, cayó en desgraciaen los círculos de Berlín Oriental y terminó sus días melancólicamente execrado por sus ex camaradas. Tras el regresode la democracia, se desempeñó como periodista de rango menor en la Secretaría General de Gobierno de 1991 a1996, cuando sufrió un derrame cerebral. Fallecería en 1999. “Murió amargado, convencido de que lo habíanconvertido en chivo expiatorio de los errores del FPMR”, relata uno de sus amigos. Viciani supo adaptarse mejor a losnuevos tiempos. Ex diputado del PC durante la UP y encargado de reclutar a jóvenes del PC para enrolarlos en las filasdel FPMR -entre ellos a Ampuero, quien rechazó la oferta- actualmente se desempeña como jefe de la Unidad deControl de de la Subsecretaria de Desarrollo Regional en Rancagua. Aunque se había comprometido, finalmente noquiso dar su versión de los hechos a La Tercera, pese a insistentes pedidos.En todo caso, en el libro de Ampuero se relata que en los 90 cumplió misiones en el ministerio del Interior, reparticiónque se encargó secretamente de desarticular a los integrantes del FPMR, los mismos que él había reclutado en LaHabana. Rodrigo Rojas, ex dirigente del PC en La Habana.
  8. 8. Por Javier Ortega Por no haber sabido hacer la revolución en su país, los exiliados chilenos eran despreciados como cobardes por la dirigencia cubana. La única vía para expiar aquella pesada culpa parecía ser el acero de las armas. Esa presión política y sicológica fue crucial en el desarrollo del FPMR.Monumento a Salvador Allendeen La Habana. Avenida de los Al subir a los buses verde olivo que los llevarían a la EscuelaPresidentes, en el barrio de ElVedado. Militar Camilo Cienfuegos, en 1975, los estudiantes comunistas chilenos iban cantando a coro. En el campus de Girón de la Universidad de La Habana, toda la Facultad de Medicina fuetestigo de la escena. La dirigencia cubana así lo había dispuesto. En la simbologíacastrista, era una señal de que comenzaba el largo camino en que la izquierda chilenaexpiaría sus culpas. Fue la única excepción al secretismo que, desde entonces, rodearía atodo el proyecto.Como ministro de Defensa y segundo hombre del régimen, Raúl Castro era elresponsable de la formación de los oficiales chilenos, a los cuales se sumaría su yerno,Juan Maco Gutiérrez Fishmann, “El Chele”, actualmente prófugo de la justicia chilena porsu participación en el secuestro de Cristián Edwards y en el asesinato de Jaime Guzmán.La Escuela Militar Camilo Cienfuegos era y es la más prestigiosa de Cuba. Desde ellaegresan los hombres destinados a guiar a los tres ejércitos de la isla: el del Oriente, eldel Centro y el de Occidente. Los chilenos entraron a un curso de un año destinado aperfeccionar a oficiales jóvenes para mandos superiores. Una vez graduados, seintegraron sin distingos a la oficialidad isleña: vestían de verde olivo, cumplían turnosguardias y estaban bajo oficiales superiores cubanos.Casi todos pertenecían al PC. La excepción era un puñado de socialistas, “no más dediez”, asegura un protagonista de esos días. Fidel recalcó en el acuerdo de 1974 que sóloaceptaría socialistas en sus fuerzas armadas si el partido se lo pedía expresamente. Algoque nunca sucedió: con la pequeña excepción de los diez socialistas que ingresaron pordecisión propia a las FAR, todos los combatientes del PS se entrenaron en los centrospara formar guerrilleros del Ministerio del Interior cubano (Minint), lugares como “PuntoCero” y “Pinar del Río”, donde también se formaba el MIR. (Ver artículo pág. 11)“Para Fidel Castro tener al PC chileno aceptando la vía armada era tremendamenteimportante, una prueba irrefutable de que sus advertencias sobre el camino equivocadode Allende eran correctas”, señala un ex ministro (PS) de Patricio Aylwin que conoció decerca esa realidad.El punto anterior es considerado clave por todas las fuentes consultadas por La Tercerarespecto de las motivaciones emocionales del PC para embarcarse en la lucha armada,las cuales jugaron un papel que en buena parte se explica por el clima que encontraronen La Habana los exiliados y la represión que sufrieron en Chile a manos del nuevorégimen.Desde que habían llegado en sucesivas oleadas, los chilenos habían percibido dos facetasde la solidaridad cubana. La primera era una genuina intención por acogerlos. Pese a lamala situación económica del país, los chilenos recibieron departamentos y trabajos,postergando incluso a los cubanos. Por todos los rincones de la isla se comentaba sobreLa Moneda incendiada, los cuerpos flotando sobre el Mapocho y los estadios deportivosconvertidos en cárceles.Pero al mismo tiempo también existía y -con el tiempo adquiriría mayor intensidad- unareprimenda a su fracaso, a su derrota. Esto último se traducía en enrostrarle su falta dehabilidad y, lo que es peor, de valentía para hacer su revolución. “Les faltó un Fidel y lesfaltaron cojones”, es una frase que muchos chilenos escucharon. En momentos de ira,
  9. 9. como relata Roberto Ampuero, a los chilenos los trataban con uno de los más fuertesepítetos en Cuba: “Comemierda”. (1)Primero en voz baja, luego sin tapujos, las autoridades locales consideraban a laizquierda chilena, y especialmente a los comunistas, responsable de su derrota. No habíasabido “defender sus conquistas”, era el dictamen. Los chilenos sufrieron el desprecio deuna elite gobernante que, para muchos, es sobre todo “machista-leninista” y cuyo mayororgullo es haber llegado al poder por las armas y ser una espina en la garganta de lamayor potencia militar del mundo.Fieles a la máxima de Ernest Hemingway -para quien “ser cobarde es la peor desgraciaque le puede ocurrir a un ser humano”- los dirigentes de La Habana decían que nopodían comprender que el golpe militar encontrara escasa resistencia, ni que los líderesde la UP huyeran sin “disparar un chícharo”, como dicen los cubanos.El propio Fidel Castro había comentado a sus cercanos que la de los chilenos no fue una“derrota productiva”, ya que, salvo Allende, ni siquiera dejó mártires, como su fracasadoasalto al Cuartel Moncada, en 1953. Por “derrota productiva” entendía al menos unlegado de héroes caídos en combate para servir de ejemplos de lucha a lossobrevivientes.Esa visión crítica de la dirigencia de la UP -sobre todo de aquellos que alardearon queiban a incendiar el país y luego huyeron sin resistir- caló hondo, especialmente en lasnuevas generaciones. Más tarde se traduciría en un desprecio de los comandantes delFPMR por muchos jerarcas del PC, los mismos que los habían reclutado aceptando laoferta de Castro.Lo anterior es uno de los factores que explica la leyenda fabricada por Castro de queAllende había sido acribillado bajando los peldaños de La Moneda, disparando suametralladora. “Los cubanos tienen un problema terrible con el suicidio, para ellossupone una cobardía, una derrota, pero en Chile tiene otra connotación”, recalca el hoysenador socialista Jaime Gazmuri en sus memorias. (2)“La visión de los cubanos del fracaso chileno era terrible y por ello se los humillabaconstantemente”, dice el ex agente de inteligencia cubano, Jorge Masetti. “Elrazonamiento en Cuba era que los chilenos eran unos pendejos, lo que en Cuba quieredecir cobardes. Se decía que no habían defendido a Allende, que eso en Cuba no habríapasado. Y también se decía que Allende no había seguido los consejos de Fidel de golpearél primero a los militares”. (3)Incluso, los comentarios llegaban a la gente común. En más de una ocasión, cuando ibaun chileno a una casa, no faltaba quien le dijera: “¿Y por qué no te quedaste a pelear?”.Contribuyó a exacerbar este clima de recriminaciones el que, en los primeros días, todoslos chilenos fueron alojados en los más elegantes hoteles de la isla. En el HotelPresidente de La Habana, el ambiente inicial era tan depresivo que, durante una reunióndel comité de la Unidad Popular realizado en sus salones y después de haber escuchadolargo rato los debates, uno de los chilenos miró el desorden en que estaban lasinstalaciones y dijo: “¿Y esta huevá querían hacer en Chile?”. (4)La culpa que sentían los chilenos bajo el sol del caribe se repetía también en Moscú y enBerlín Oriental, urbes donde se habían instalado las máximas cúpulas del PC y el PS,respectivamente. En esas naciones, sus anfitriones les recalcarían continuamente queellos sí habían sabido aplicar la máxima de Lenin: “La revolución no sólo hay queconquistarla, sino que hay que saber defenderla”.Las cúpulas máximas de la izquierda chilena tomarían nota de esa discusión. Y esimposible entender lo que posteriormente sería el viraje del PC hacia la vía armada sintener en cuenta esta fuerte presión sicológico-política.1 Ampuero, Roberto. “Nuestros años verde olivo”. Barcelona, Editorial Planeta, 19992 Gazmuri, Jaime. “El sol y la bruma”. Santiago, Antártica Quebecor S.A, 2000. Pág. 85.3 Serie de entrevistas a Jorge Masetti, ex agente de inteligencia cubano que formó parte de la elite política de La Habana. Buenos Aires, 4 y 5 de diciembre del 2000. Miami, 27 de noviembre del 2000, 9 y 10 de febrero del 2001.4 Entrevista con un actual funcionario de gobierno que vivió en La Habana, donde ocupó un alto cargo en el PS
  10. 10. La presión, por cierto, tenía mucha mayor fuerza en Cuba, la pequeña isla a pocas millasde Estados Unidos que se presentaba como “el primer territorio libre del continente” yque había prometido “diez, cien Vietnam”. Mientras en Alemania Oriental y la UniónSoviética fustigaban a los chilenos desde la palestra político-teórica, en La Habanasimplemente se hablaba de “cobardes y poco hombres”.“La visión de los cubanos del fracaso chileno era terrible y por ello se loshumillaba constantemente”, dice el ex agente de inteligencia cubano, JorgeMasetti. “El razonamiento en Cuba era que los chilenos eran unos pendejos, loque en Cuba quiere decir cobardes”.Según Masetti, el único chileno al que admiraba la cúpula cubana era a Miguel Enríquez,el líder mirista, porque había muerto luchando. “Pero, incluso Enríquez era consideradodemasiado teórico”, precisa.La historia de Humberto Sotomayor, el mirista que alcanzó a huir cuando el 5 de octubrede 1974 la DINA acorraló a Enríquez, revela con exactitud esta apreciación. Al llegarposteriormente a Cuba, Sotomayor fue sancionado y vilipendiado por no haber muertocon su jefe. Largos años le costaría reivindicarse de este estigma, trabajando comoagente de los cubanos en diversas operaciones de riesgo por toda América Latina.En su libro, Masetti relata que en una misión para la inteligencia cubana en México sucontacto fue Sotomayor. “Cuál no sería mi sorpresa cuando al abrirse la puerta descubrofrente a mí a un tipo que años atrás, había dado muestras de cobardía abandonando a sujefe en medio de un enfrentamiento dándose a la fuga, sin hacer el más mínimo intentode proteger a uno de los dirigentes revolucionarios más íntegros y capaces de nuestrageneración… No podía entender cómo los cubanos utilizaban a semejante elemento entareas tan delicadas”. (5)En última instancia, el código más veraz para ser respetado por las cúpulas de La Habanaera el “test de los cojones”. Así lo recoge el actual senador Gazmuri, en sus memorias.Según cuenta, su estrecha amistad con Manuel Piñeiro -jefe del departamento América,encargado de exportar la revolución en el continente- se debía a sus arriesgadas salidasclandestinas del país. “Pese a no estar de acuerdo conmigo en nada, me tenía buenaporque yo pasaba el test de los cojones”. (6)Quien tal vez mejor representaba este fenómeno era el propio Manuel “Barbarroja”Piñeiro. El siempre había apostado por el MIR chileno y su lucha armada irreductible.Tambien alimentaba simpatías por el ala más radical del PS, liderada por CarlosAltamirano. En contraste, despreciaba a los comunistas.Los jóvenes chilenos que ingresaron a las Fuerzas Armadas cubanas se empaparían deese espíritu, donde los códigos de honor se basan sobre todo en el valor personal, en ser“cojonudos”. En su libro, Norberto Fuentes describe en detalles esa mentalidad: elaprecio por la aventura, por símbolos de poder y status, como ametralladoras UZI,relojes Rólex, anteojos Ray-Ban, jeans y automóviles Lada con potentes motoresarreglados. (7)No era una vida accesible para la gran mayoría de los exiliados.Un actual diplomático de la Cancillería chilena recuerda que las penurias económicasllevaron a la mayor parte de los chilenos a emigrar al poco tiempo, o apenas pudieron. Laexcepción a la regla fueron los llamados “chilenos VIP”: figuras importantes oemblemáticas, como la familia Allende y el ex GAP Max Marambio, sin duda el chilenoque ha escalado más alto en la jerarquía cubana.Salir de Cuba, en todo caso, no era una tarea fácil. Había que obtener autorización delComité Chile Antifascista, que en la práctica era una especie de consulado con poder paradecidir el destino de los exiliados.La desconfianzaLos organismos de inteligencia cubanos, obsesionados por evitar que se infiltraranagentes enemigos, tenían una especial política hacia los recién llegados. Todo exiliado de
  11. 11. mediana importancia que llegaba a la isla era citado a una oficina del espionaje cubanoubicado en Miramar, a la altura de la calle 40. Allí, eran sometidos a un rigurosointerrogatorio. “Teníamos que explicar nuestra biografía en detalles”, cuenta un residentede esos años.El entonces dirigente del Mapu Obrero Campesino, Enrique Correa, pasó algunastemporadas en la isla. Consciente del celo de los aparatos de seguridad, tenía porcostumbre nunca hablar de temas delicados en su oficina. Correa prefería charlar en lacalle, como lo atestigua un joven exiliado al que ayudó a salir de Cuba por medio de unainvitación a una escuela de adoctrinamiento marxista en Alemania Oriental. Al igual queél, cientos serían los jóvenes chilenos que tomarían este camino.En este ambiente de vigilancia, dificultades y desprecio político, los dirigentes comunistaschilenos que llevaron a sus militantes para ingresar al Ejército cubano, vieron el hechocomo una segunda oportunidad para limpiar su honor.Dos años después, en el pleno del PC chileno realizado en Moscú, varios sentirían que laafrenta de 1973 estaba a punto de lavarse. En el encuentro, un muchacho vestido conuniforme de combate se cuadró ante los viejos próceres de la colectividad y, en posiciónfirme y tono marcial, solicitó permiso para tomar la palabra. Era Sergio GalvarinoApablaza Guerra, el “comandante Salvador”, el primer oficial chileno salido de lasescuelas matrices de La Habana. Líder de una nueva generación cuya increíble historia ybautismo de fuego en combate merece otro capítulo de esta saga, “Salvador” tambiénestá prófugo por el secuestro de Cristián Edwards y el asesinato de Jaime Guzmán.5 Masetti, Jorge. “El furor y el delirio”. Barcelona, Tusquets Editores, 1999.6 Ibid, Gazmuri Jaime. Pág. 230. 7.- Fuentes, Norberto. “Dulces guerreros cubanos”. Tercera edición. Barcelona, Editorial Seix Barral, S.A, 2000. 457 pgs.7 Fuentes, Norberto. "Dulces guerreros cubanos". Tercera edición. Barcelona, Editorial Seiz Barral, S.A, 2000. 457 pgs.Por Javier OrtegaLos jóvenes comunistas chilenos fueron los primeros extranjeros a los cualesCastro les abrió las puertas de sus escuelas militares para formar oficiales decarrera, no meros guerrilleros. Con el tiempo, esos jóvenes se foguearían enNicaragua, formarían el FPMR y se distanciarían de sus líderes del PC chileno, aquienes despreciaban como “viejos caducos”.La llegada de los chilenos a la Escuela Militar Camilo Cienfuegos, la más elitista yprestigiosa de Cuba, fue todo un símbolo de la importancia asignada por Fidel Castro a laformación del “ejército democrático chileno”.Hasta esa fecha, 1975, millares de revolucionarios de todo el mundo habían sidoinstruidos en centros de adiestramiento guerrillero de la isla, como Punto Cero, donde seformaron decenas de militantes del MIR a partir de fines de los 60. Sin embargo, almatricular al contingente del PC en la Camilo Cienfuegos, Fidel por primera vez abrió aun grupo extranjero las puertas de una escuela militar para oficiales de carrera. Setrataría ahora de una formación castrense en el sentido clásico, profesional, y no desimples insurgentes.“Fue un gesto absolutamente inédito: ya no se trataba de especialistas en sabotajes niatentados, sino de la tentativa más audaz de crear un ejército paralelo en otro país”,señala un ex dirigente del PC, actualmente retirado del partido. “Los alemanes orientales,por ejemplo, dieron todo tipo de ayuda a la izquierda chilena, pero jamás permitieronque un chileno vistiera su uniforme militar”.
  12. 12. La instrucción en la mejor de las academias militares cubanas fue una prueba difícil paralos ex estudiantes de medicina: la mitad de los postulantes reprobaron. “Los chilenoscompartían las aulas y los dormitorios con nosotros y estaban distribuidos sobre todo enartillería terrestre y antiaérea”, recuerda el ex capitán cubano Lázaro Betancourt, quiéningresó a la Camilo Cienfuegos en 1978 y desertó en 1999, en medio de una gira oficial aRepública Dominicana, cuando integraba el selecto aparato de seguridad de Fidel Castro.(1)Durante su instrucción, Betancourt no convivió estrechamente con el primer grupo dechilenos enrolados, ya que entró tres años después. Pero se encontró con muchos deellos a lo largo de su carrera, en diferentescentros de adiestramiento. “Los en-trenamientos más intensos a los chilenos ocurrieronentre 1982 y 1986. Estuve con muchos de ellos en el Centro de Entrenamiento número8, en Pinar del Río, y en Punto Cero, en Guanabo”, recuerda el militar. “En 1985 participéde simulaciones de golpes de mano contra cuarteles. Los chilenos tenían que atacarnospor sorpresa. En general, eran buenos militares. Su punto débil era la lucha en lamontaña”.Además de la Camilo Cienfuegos, varios contingentes de chilenos pasaron por al menoscinco otras escuelas militares profesionales (Antonio Maceo, José Maceo, InstitutoTécnico Militar, la Escuela Naval Granma y La Cabaña) y por los tres principales centrosde formación de guerrilleros: Punto Cero, Cordillera de los Organos y Pinar del Río.1 Entrevista a Lázaro Betancourt, quien se desempeñó durante 20 años en la seguridad de Fidel Castro y en 1999 se asiló en EE.UU. Miami, 9 de febrero del 2001.Desde blindados hasta pilotos de helicópterosA medida que transcurrió el tiempo, el destacamento chileno del PC se fue pareciendocada vez más a un pequeño ejército a medida que Castro amplió su oferta, incorporandomás centros de instrucción al proyecto. Un ex oficial chileno del Ejército cubano, hoyradicado en Alemania, estima que en 1982 se habían formado en la isla por lo menos 200de sus compatriotas como oficiales, distribuidos en especialidades que iban desdeblindados hasta pilotos de helicóptero.Cuando en 1979 el contingente chileno fue enviado a luchar en la guerra civil deNicaragua, su número ya era considerable. En un informe del 3 de octubre de 1979, elsecretario general del PC, Luis Corvalán, expresó a un funcionario de Alemania Orientalque los jóvenes del PC chileno entrenados en Cuba “pasaron con éxito por Nicaragua,aunque hubo que lamentar la muerte de dos de ellos. En total, hay 76 hombres nuestrosque han alcanzado el grado de oficiales en las tropas sandinistas”, detalla un documentosecreto hecho público luego del derrumbe de la RDA. (2)Según un ex exiliado que estuvo en Cuba en esos años y que conoció a varios reclutas, latemida Dirección General de Inteligencia cubana (DGI) también enroló a algunoschilenos, mediante un programa especial de ese organismo para captar a cadetes de laEscuela Camilo Cienfuegos como agentes, sin que se enteraran sus compañeros.Incluso, diez chilenos pasaron por la Escuela Naval cubana Granma. “Contábamos contodas las especialidades. Si el FPMR no llegó a tener pilotos de aviones de combate fueporque los pilotos cubanos se formaban en la Unión Soviética”, se jacta un ex frentistaque en 1991 resultó gravemente herido en una acción en Santiago, donde fue el únicosobreviviente.Con el correr de los años, decenas de otros chilenos pasarían por las aulas militarescubanas. La escuela José Maceo - destinada a la instrucción de tropas generales yubicada en Santiago de Cuba - recibió en 1983 al único contingente de chilenos llegadoíntegramente del interior de Chile. Como ese mismo año el centro trasladó susinstalaciones a un complejo militar en la Isla de la Juventud -frente a las costas del surde Cuba- los miembros de esa generación fueron bautizados como “los jóvenes”.Mientras los “camilitos” tenían una formación militar estándar que completaron concursos posteriores, los “jóvenes” accedieron a una formación completa de oficiales,partiendo como cadetes y egresando de alférez. Teórica y técnicamente eran mejor
  13. 13. preparados.A fin de llenar todos los cupos disponibles en la isla, muy pronto el primer contingente deex estudiantes de medicina se hizo pequeño, por lo que el PC chileno comenzó a mirarhacia su militancia en otros países. Gracias a esto, en 1976 la isla empezó a recibir ahijos de chilenos exiliados en Europa Oriental que también deseaban enrolarse. Como elprograma era secreto, estos jóvenes simplemente “desaparecían” de sus ciudades deresidencia alemanas o soviéticas. Muchas veces ni sus padres sabían que estaban enCuba.Un ejemplo que marcó la senda de esta nueva oleada fue Raúl Pellegrín Friedman, el“comandante” José Miguel, quien en 1975 se trasladó con su familia desde Frankfurt paraalistarse en la Camilo Cienfuegos. Tras destacarse en la insurrección nicaragüense,Pellegrín entró clandestinamente a Chile a fines del 83, como encargado máximo delnaciente FPMR. Su cuerpo apareció en el río Tinguiririca en octubre de 1988, luego decomandar el asalto al retén Los Queñes. Varios indicios apuntan a que fue delatado porun compañero de armas que actuaba como infiltrado. Un ejemplo que marcó la senda de esta nueva oleada fue Raúl Pellegrín Friedman, el “comandante” José Miguel, quien en 1975 se trasladó con su familia desde Frankfurt para alistarse en la Camilo Cienfuegos.En la segunda mitad de 1981, al ya desarrollado destacamento de chilenos en La Habanase incorporaría una tercera generación que con el correr del tiempo sería considerada elcuerpo de fuerzas especiales del FPMR: los llamados “búlgaros”, que habían cumplido unaacabada instrucción militar en la república socialista de Bulgaria.Cuando llegaron a Cuba, los “búlgaros” eran sólo 13, pero se distinguieroninmediatamente del resto por su excelente adiestramiento militar. De hecho, casi todosasumieron como instructores en los centros castrenses de la isla.Su origen se remonta a un centenar de campesinos chilenos que el 9 de septiembre de1973 viajaron a la URSS para instruirse como tractoristas. Cuando vino el golpe,quedaron olvidados en la ciudad cosaca de Saporoche. “El resultado fue para esos pobrescompañeros muy triste y a mi parecer inhumano”, relata Orlando Millas en susmemorias. (3) En total, los chilenos que se graduaron como oficiales en Bulgaria fueron30, pero sólo 13 aceptaron la instrucción del partido de ir a Cuba, formulada por el exsenador Millas. Pese a que al interior de la colectividad era el mayor opositor a la víaarmada, Millas viajó especialmente a la capital búlgara, Sofía, para plantearles el desafíoa principios de 1981. A los que se negaron les advirtió que no podrían abandonarBulgaria, a fin de evitar que el proyecto se filtrara.Producto de una formación mucho más pro-soviética, cuando los “búlgaros” llegaron aCuba tuvieron roces con los oficiales chilenos que copaban el aparato y que estabanencabezados por “Salvador”, Sergio Galvarino Apablaza.2 “Los documentos secretos de Honecker sobre Chile”. Revista Qué Pasa, 16 de mayo de 1996.3 Millas, Orlando. Memorias “Una disgresión”, ediciones ChileAmérica, 1996, pg. 254. 4.- Ibid, entrevista a Lázaro Betancourt.La brecha con el PCPese a toda esta política de instrucción masiva, el atentado a Pinochet, organizado porCuba y por la cúpula del PC, fue una acción muy mal evaluada por los cubanos. Segúnrecuerda Lázaro Betancourt, en una conferencia en Punto Cero los instructores cubanosreconstruyeron en detalles el atentado, como parte de un curso, y lo usaron como unejemplo de lo que no se debe hacer.“Inexplicablemente usaron cohetes Low, pese a que disponían de lanzacohetes rusos
  14. 14. RPG7, que habrían destrozado el auto de Pinochet. Lo peor es que los RPG7 fueronencontrados intactos por la represión chilena escondidos en cuevas (se refiere a CarrizalBajo)”, relata Betancourt respecto del atentado, cuyos detalles inéditos serán abordadosen otro capítulo de esta serie. (4)Pese a que los jóvenes militares mantuvieron su afiliación política, la directiva del PC enla isla fue perdiendo el control, y al final hasta el respeto, de los jóvenes. Laconsecuencia lógica fue que se convirtieron más en soldados de Castro que del PCchileno. “Para ellos la última palabra siempre la tenía Fidel”, recuerda un ex dirigente delPC en la isla.Un ejemplo del distanciamiento de esa generación es lo ocurrido con el hijastro deVolodia Teitelboim, Roberto Nordenflycht, “comandante Aurelio”, quien murió en 1989cuando preparaba un atentado con explosivos al aeródromo de Tobalaba. Formado enCuba como oficial de infantería mecanizada y blindados, Nordenflycht -pese a suparentesco- optó por el ala del FPMR que rompió con el PC en 1987.Nordenflycht pertenecía a la primera promoción de soldados formados en Cuba, que nosólo se forjó en un país que había hecho realidad el sueño de la revolución socialista porlas armas, sino tambien participó activamente en otra guerrilla victoriosa: la revoluciónsandinista de 1979.El papel de los jóvenes reclutas de las FAR en el triunfo de los sandinistas contribuiríaaún más a alejarlos de la tradicional cúpula del PC, que pasaron a ver con ojos cubanos:una generación de “viejos fracasados”, que no supieron hacer la revolución comocorresponde, con armas en la mano.”Los jóvenes muy pronto aprendieron a mirar con desdén y hasta con sorna a sus viejoslíderes partidarios. Mientras Volodia Teitelboim, Américo Zorrila y Rodrigo Rojas hablabancon orgullo de sus “muchachos verde oliva”, los reclutas se referían a ellos como “viejoshuevones”, relata un ex integrante del FPMR formado en Bulgaria y que prestó servicios aCuba hasta mediados de los 80.Lejos de hallarlos entre una cúpula dirigente que consideraban marcada por el fracaso deAllende, los referentes de los jóvenes oficiales del PC estaban entre ellos mismos. Esdecir, entre aquellos que habían mostrado mayor valor o capacidad militar en Nicaragua,experiencia que marcaría al FPMR desde su auge y hasta su declive.En los campos de batalla en Nicaragua los chilenos no sólo participaron de una campañavictoriosa -que les abrió el entusiasmo por hacer lo mismo en Chile- sino tambiénpelearon codo a codo con algunos de los principales militares de elite de Fidel Castro. En la segunda mitad de 1981, al ya desarrollado destacamento de chilenos en La Habana se incorporaría una tercera generación que sería el cuerpo de fuerzas especiales del FPMR: los llamados “búlgaros”, que habían cumplido una acabada instrucción militar en la república socialista de Bulgaria.Entre éstos estaban varios destacados oficiales cubanos que habían estado en Chiledurante la UP, como los entonces coroneles de Tropas Especiales Tony de la Guardia yAlejandro Ronda. De la Guardia y Ronda -que no escondían su profundo desprecio por la“falta de cojones” de los líderes de la izquierda chilena durante el período de Allende-serían vistos como símbolos a seguir por los jóvenes chilenos.Tony de la Guardia (fusilado en 1989 por Fidel Castro) participó de muchas aventurasarmadas con chilenos. Ronda, actualmente retirado, jugó un papel aún más importante.Dirigió la operación más ambiciosa lanzada por Fidel Castro durante el llamado “añodecisivo” (1986): el desembarco de varias toneladas de armas en Carrizal Bajo, temaque será abordado detalladamente en otro capítulo de la serie.4 Ibid, entrevista a Lázaro Betancourt.
  15. 15. Por Javier OrtegaLos jóvenes del PC no fueron los únicos chilenos que recibieron instrucciónmilitar en la isla. Cuando los hombres del futuro FPMR se formaban en lasFF.AA. cubanas, miristas y socialistas hacían lo mismo, aunque en las basesclásicas de entrenamiento guerrillero.Desde el punto de vista político, Castro había establecido un acuerdo tácito en lasrelaciones de Cuba con los chilenos. Mientras su hermano Raúl, Ministro de Defensa ysegundo hombre de la isla, se hizo cargo de los jóvenes militares comunistas,“Barbarroja” Piñeiro -el líder del Departamento América, encargado de exportar larevolución- manejaba al MIR desde fines de los 60.El grueso de los socialistas recibió instrucción en tácticas de guerrilla urbana. Laenseñanza era preferentemente en las calles habaneras, donde los aspirantes debíancumplir una serie de misiones ficticias, tras lo cual eran evaluados a puertas cerradas porsus instructores. Uno de estos lugares de entrenamiento era una casa en la calle 30 delbarrio Miramar. El 27 de enero de 197”, el secretario general del PS, Carlos Altamirano,elevó un informe confidencial al máximo líder de la Alemania Oriental, Erich Honecker,detallándole los avances en tal sentido: “Cincuenta a sesenta compañeros han sidoformados militarmente a lo largo de estos años en Cuba y la Unión Soviética.Actualmente, tenemos 30 compañeros siguiendo cursos militares en Cuba”. (1)Los miristas, en cambio, recibieron la mayor parte de su adiestramiento en técnicas deguerrilla rural, muy apreciadas por el castrismo y cuyos cursos se dictaban en basesespeciales. La más importante era “Punto Cero”: un valle completamente cerrado, a 30kilómetros al este de La Habana donde se enseñaban técnicas vietnamitas de combaterural, según relata el escritor cubano Norberto Fuentes (2). Allí se fraguó la fracasada“Operación Retorno” de 1980, mediante la cual el MIR intentó levantar un foco guerrilleroal sur de Chile, siendo desarticulados por comandos del Ejército. También en 1980 llegóa Punto Cero un contingente de comunistas salidos clandestinamente de Chile paraentrenarse. Ellos pasarían a ser después los mandos medios del Frente, ya que loscomandantes se habían formado en el Ejército.1 “Los documentos secretos de Honecker sobre Chile”. Revista Qué Pasa,16 de mayo de 1998. Entrevista a Norberto Fuentes, escritor cubano vinculado a los servicios de seguridad de Fidel2 Castro hasta su salida de la isla en 1994. Miami, 10 de febrero de 2001.Revolución exportadaVarios eran los grupos subversivos latinoamericanos que en la década del 70 recibían apoyo de Cuba. De hecho,prácticamente no hubo grupo revolucionario del continente que no tuviera a efectivos formados en suelo cubano. ElMIR chileno, el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) argentino, los Tupamaros uruguayos, el M-19 colombiano, los“Macheteros” portorriqueños y el Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN) salvadoreño, son algunos delos mejores ejemplos.El propio Fidel Castro lo reconoció así en 1998, durante un seminario económico realizado en La Habana. “En el únicolugar donde no intentamos promover la revolución fue en México. En el resto (de los países latinoamericano), sinexcepción, lo intentamos”, sostuvo.A partir de 1979, luego del triunfo de la revolución sandinista en Nicaragua, la política cubana de exportar surevolución inició sus años de gloria, principalmente de la mano de Manuel “Barbarroja” Piñeiro y sus hombres delDepartamento América. Según un informe del Departamento de Inteligencia norteamericano fechado en 1987 —desclasificado recientemente— al menos 27 grupos subversivos de América Latina mantenían nexos con la isla hastaesa fecha.Incluso, el analista de inteligencia cubano-americano Marcelo Fernández Zayas, quien nació en Cuba y conoció afiguras como el Che Guevara, afirma a La Tercera: “Fidel ha intervenido en todos los países de América Latina,incluyendo a México. Este último por orgullo no ha querido admitirlo. He tratado de calcular lo que Cuba ha gastado enestos empeños, pero es imposible. La cifra sobrepasa los mil millones de dólares”.
  16. 16. El camino del MapuA fines de 1973, el Mapu OC inició la formación de sus cuadros en Cuba. Al igual que elPC, reclutó a los jóvenes que habían enviado a estudiar medicina en La Habana. Pero suobjetivo era muy distinto: instruirlos para que regresaran a Chile y colaboraran en larearticulación del partido. Como el Mapu privilegiaba la vía política sobre la militar, laformación de estos grupos se orientó a técnicas conspirativas tales como chequeo ycontrachequeo, con el objetivo de sobrevivir en el trabajo político clandestino.En sus memorias el senador Jaime Gazmuri, ex líder del Mapu OC, relata: “En la épocade la clandestinidad más dura enviamos a algunos militantes a La Habana y a Moscú paraformarlos en las escuelas de cuadros de esos países. Pasaban 6 u 8 meses (...) Losllamábamos “los salmones” porque después de un viaje tan complicados debían remontarla corriente hasta su lugar de origen”. Según Gazmuri, fueron “poco más de un centenar”y hasta el día de hoy los “cubanos”, -los entrenados en la isla- se reunen entre sí. (3)Un puñado de mapucistas que se habían adiestrado en “Punto Cero” ingresóclandestinamente a Chile, a mediados de 1975. Les habían hablado de una heroicaresistencia y combates en las calles. “Pero nos encontramos con una nula resistencia y,peor aún, con una improvisación que llegaba a lo irresponsable”, afirma uno, que viajó aChile más de cinco veces entre 1975 y 1976. Entre sus misiones de mayor peligro, estehombre recuerda la ocasión en que viajó a Italia - portando pasaporte falso y con elconstante peligro de ser apresado- para entrevistarse con el encargado de su partido enRoma, Jaime Estévez. La cita no pudo realizarse porque Estévez se negó a ir, aduciendoque estaba estudiando y que no deseaba volver a ser molestado.Por razones de seguridad, los militantes del PC en las Fuerzas Armadas cubanas nodebían tener contacto con los hombres del MIR y el PS. Pero como todos erancompatriotas en tierra extraña y unidos por el afán de derrocar a Pinochet, variossocialistas y miristas llegaron a conocer a algunos de los que después serían“comandantes” del Frente. Estos nexos se profundizarían luego de la caída de Somoza enNicaragua, donde chilenos instruidos en Cuba ayudaron en la creación del estadosandinista.Ni socialistas ni miristas sospecharon entonces que, diez años después, cuando lademocracia volviera a Chile, ellos mismos ayudarían a desarticular a sus camaradas delFrente Patriótico. Instalados en el gobierno democrático de Patricio Aylwin algunos deestos hombres -como el socialista Oscar Carpenter- serían clave a la hora de desarticulara los grupos extremistas, incluyendo a los comandantes del Frente, los mismos conquienes habían compartido en Cuba y Nicaragua. El tema será abordado en otro capítulo.3 Gazmuri, Jaime. “El sol y la bruma”. Santiago, Antártica Quebecor S.A.2000. Pg. 187
  17. 17. Por Cristián Bofill y Pedro Schwarze *El escritor Norberto Fuentes, que hasta 1989 integró el círculo más exclusivodel regimén cubano, revela detalles de la relación de Fidel Castro con Chile y loschilenos Su relato incluye la participación de oficiales de la isla en accionescomo el desembarco en Carrizal Bajo y el atentado contra Pinochet.En su pequeño departamento en Coral Gables, el escritor cubano Norberto Fuentesparece añorar sus días de gloria en La Habana, cuando se codeaba con lo más graneadode la nomenclatura cubana, como el ministro de Defensa, Raul Castro, el general ArnaldoOchoa y los hermanos Antonio (Tony) y Patricio de la Guardia. El mismo proceso quellevó al paredón a Ochoa y a Tony y a Patricio a una condena de 30 años de carcel, enjulio de 1989, marcó el fin del reinado de Fuentes como el escritor favorito del regimencubano.Tuvo mejor suerte que varios de sus compañeros de desgracia. Estuvo sólo algunos díasen prisión y, gracias a las presiones de escritores e intelectuales extranjeros, Fidel Castrolo dejó salir del país en 1994. En realidad, Fuentes experimentó un mejor destino que susamigos porque, en rigor, jamás tuvo importancia política o cargos de estatura. Pero, alpertencer a sus círculos en calidad de cronista, coleccionó numerosos secretos a lo largode décadas de convivencia con Fidel Castro y muchos de sus importantes colaboradores.Uno de sus relatos más detallados de ese período es el libro Dulces Guerreros Cubanos(Ed. Seix Barral, 456 páginas, 1999). Tambien es autor de Hemingway en Cuba, unelogiado relato de los años pasados por ese escritor en la isla.Fuentes tambien convivió con varios chilenos, como Max Marambio, ex GAP, oficial de lasFuerzas Armadas cubanas, hombre de confianza de Fidel Castro y que actualmente gozade gran prosperidad empresarial obtenida gracias a sus inmejorables contactos en Cuba.El siguiente es un extracto de varias horas de entrevistas concedidas por Fuentes a La
  18. 18. Tercera en Miami. Otras partes importantes de ese material serán reveladas en lospróximos capítulos de esta serie.- ¿Qué sección del gobierno cubano manejaba la insurrección en AméricaLatina?Fundamentalmente a través de tres departamentos. Uno era la Dirección General deInteligencia (DGI), que trabajó mucho con los chilenos en los 60 y 70. El otro, y másimportante, era el Departamento América, dirigído por Manuel “Barbarroja”, Piñeiro. Porúltimo, estaba el Grupo de Operaciones Especiales (GOE), que después pasó a ser partede la Dirección General de Operaciones Especiales (DGOE) que a su vez se dividía endos: las Tropas Especiales y el Departamento Liberación. Tropas Especiales es lo mejorde lo mejor. “Así es Fidel: destruyó a Allende y ahora va a hacer lo mismo con Hugo Chávez en Venezuela”- ¿Por qué tantos organismos para un sólo objetivo?Fidel siempre tiene dos o tres medios para cada cosa. Tiene el Ministerio del Interior(Minint), el Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (Minfar), el Instituto deCine, el Instituto de Televisión. Como escritores tenía a García Márquez y me tenía a mí.La idea de todo esto es crear siempre competencia, una cosa muy sabia y muyinteligente de su parte. Fidel nunca se casa con una sola idea ni con un solo grupo.Siempre tiene varias cosas para distribuir y organizar. “Vilma (esposa de Raúl Castro) me pidió que escribiera un libro sobre el atentado a Pinochet y me entregó una caja con más de 60 horas de testimonios grabados”.- ¿Cuál de estos departamentos operó en Chile durante la UP?Los primeros cubanos que llegan a Chile eran la gente de las tropas especiales. La DGI yel Departamento América también operaron, con sus propios contactos, pero dominabaTropas Especiales, esencialmente con la presencia de Patricio y Tony de la Guardia.Inmediatamente después del triunfo de Allende, los chilenos comenzaron a pedir armas yCuba empezó a enviarlas por las valijas diplomáticas armamento. Recuerdo que eran tresfusiles AK 47 por valija. Iban seis o diez valijas por cada vuelo de Cubana de Aviación,que creo que eran dos veces a la semana. Ahí deben haber metido tres o cuatro mil AK-47, que siempre iban en las valijas. Creo que hubo cargamentos en barcos también.+Tony, de la Guardia era el cubano encargado de distribuir las armas.- ¿Las armas eran principalmente para el MIR?Si, pero creo que se le dio equitativamente a todo el mundo.Pero el MIR no era parte del gobierno y le complicaba las cosas a Allende.Eso era parte de la estrategia. Fidel Castro se quedó deliberadamente tres semanas enChile (durante su gira oficial, en 1971) para joder a Allende. El mismo se lo dijo a(general cubano Arnaldo) Ochoa y a “Tony”, (de la Guardia). Allende lo invitó por 10días, pero Fidel estuvo tres semanas. No se movió de Chile hasta convencerse de haberminado a cabalidad y minuciosamente los cimientos del gobierno de la Unidad Popular,un gobierno que no había llegado al poder por la vía de la violencia revolucionaria,situación que a Fidel no le gustaba.Pero Allende simpatizaba con la Revolución Cubana...Es parte de la personalidad de Fidel la necesidad de ser el único. Desde el principio jugópara destruir a Allende. Incluso le penetró con agentes cubanos su entorno político, de
  19. 19. seguridad y hasta familiar (como su yerno Luis Fernandez Oña, agente de la DGI que secasó con su hija Beatriz, quien se suicidó en La Habana en 1974). Fue un grave error deAllende dejarse penetrar en esa forma. Así es Fidel: destruyó a Allende y ahora va ahacer lo mismo con Hugo Chávez en Venezuela.- ¿Eso se notó sobre todo en su gira a Chile?Fidel se jugó una carta: fomentó una contrarrevolución. Se paseó por todo Chiledesplegando el lenguaje tremebundo de la dictadura del proletariado inevitable, de lasnacionalizaciones imprescindibles y de la lucha de clases impostergable. Sólo le faltócelebrar los progroms, los gulags, los paredones y el rodillo aplastante soviético ante suauditorio de comerciantes, viñateros, cultivadores de patatas, ganaderos y cerealeros, losque quedaban cada vez más palidecientes y aterrados ante el futuro inmediato que él lesdescribía. Cuando Fidel viajó a Chile, “Tony”, era el jefe del grupo operativo quegarantizaba su seguridad en el norte del país, desde Santiago hasta Iquique. Añosdespués, muerto de la risa,+Tony, me describíó al Fidel de Chile como un Testigo deJehová anunciando el apocalipsis. "En su parte cubana la operación y el desembarco del arsenal en las costas chilenas (Carrizal Bajo) fue todo un exito. El descalabro fue de los chilenos".- ¿Cómo fue la integración de los chilenos que llegaron a Cuba tras el Golpe?La mayoría tenía una vida bastante modesta en Cuba, una de las razones por las quemuchos se fueron. Pero hubo otros que se hicieron oficiales de las Fuerzas Armadas,gente muy revolucionaria, muy dedicada a sus tareas. Hubo realmente muchos chilenosa los que se les entregó las tareas de importancia y que se hicieron cubanos en el mejorsentido de la palabra.- ¿Cual fue el chileno que más alto llegó?Sin ninguna duda, Max Marambio, conocido como “el guatón”. Participó de numerosasmisiones con Tony de la Guardia, entre otras facetas de su curriculum que yo supongo nole gusta que se ventilen en Chile. La última vez que lo vi fue en su departamento enParis, en 1987. Era un departamento de millonario, a la altura de los negocios de todotipo que ha hecho en su larga carrera en los servicios de seguridad cubano.- ¿Cual era la relación de Castro con los dirigentes del FPMR?Los jovenes chilenos del FPMR eran los soldados de Fidel, que eran oficiales de lasFuerzas Armadas cubanas. Eran militares cubanos.- ¿Qué sabe de las dos principales acciones del FPMR contra Pinochet: lainternación de armas en Carrizal Bajo y el atentado en su contra?El desembarco de Carrizal Bajo lo dirigió el general Alejandro Ronda, jefe de TropasEspeciales. Pese a que al final los arsenales fueron descubiertos, en su parte cubana laoperación y el desembarco del arsenal en las costas chilenas (Carrizal Bajo) fue todo unéxito. El descalabro fue de los chilenos.- ¿Y el atentado contra Pinochet?Cuba tambien dirigió la operación, cuyo fracaso fue nuevamente un error de los chilenos.Sobre este tema casi escribí un libro, a pedido de Vilma Espín, la mujer de Raul Castro.Pero al final el proyecto se abortó.- ¿En qué circunstancias le pidieron que escribiera el libro?
  20. 20. Fue despues de un viaje que hice a Nueva York, en diciembre de 1988. Llegué a un cóctelen el Palacio de la Revolución y mientras estaba conversando con Raul Castro se meacercó Vilma. Dijo que había escuchado recientemente grabaciones del atentado y queera una historia digna de una novela policiaca, que merecía ser escrita por alguien comoyo. Me dijo tambien que sería un libro como el de García Marquez sobre la ida de Littin aChile. No le di ninguna importancia, lo consideré una “monería” de Vilma, una tontería demujeres. Le dije que lo iniciaría despues de mi regreso de Angola, donde iba a pasar elAño Nuevo. Al llegar, me encontré con una caja enviada por Vilma que contenía cintas deaudio con unas 60 horas grabadas.- ¿Examinó las cintas?No tenía ningún ínteres en el tema. Las dejé en un rincón, pero a los pocos días llegó unchileno que conocíamos como “Manolo” a decirme que para el Frente era muy importanteque escribiera el libro. Pero yo estaba escribiendo otro sobre Angola, tarea a la que medediqué los cinco meses siguientes. Los cassetes quedaron ahí hasta que detuvieron aOchoa a los De la Guardia y yo cai en desgracia. Uno de esos días llegó a midepartamento Alcibiades Hidalgo - jefe de gabinete de Raul Castro - y me exigió que ledevolviera las cintas. A mí no me interesaban antes y mucho menos ahora que ya teníasuficientes problemas. Le dije: aquí están, llévatelas.Más de 40 entrevistados, algunos de ellos en más de 15 ocasiones, además deuna veintena de libros y cientos de archivos desclasificados de la CIA, la RDA yla Unión Soviética, constituyeron la base de esta investigación. Salvo losarchivos norteamericanos, todas estas fuentes surgieron al interior del mundode la izquierda. Alina Fernández Nacida en La Habana en 1957, es hija de Fidel Castro y de Natalia Revuelta. Sólo a los diez años se enteró que el líder de la Revolución, quien acostumbraba a visitarla, era su padre. Hasta su salida de Cuba, Alina vivió en la isla, y fue parte del pequeño mundo de privilegiados en torno a Fidel. En ese ambiente, también conoció a chilenos del FPMR, uno de ellos estaba casado con su prima,Mariela, hija de Raúl Castro. Su nombre: Juan Gutiérrez Fischmann, “El Chele”, hoybuscado por el asesinato de Jaime Guzmán.En 1994 Alina abandonó el país. Radicada en Madrid, se convirtió en una detractora delrégimen de su padre. Autora del libro Alina, memorias de la hija rebelde de Fidel Castro,La Tercera la entrevistó telefónicamente en dos ocasiones, en diciembre y enero del 2001. Ileana de la Guardia La hija mayor de Antonio de la Guardia, el oficial cubano fusilado en 1989, tenía 24 años al momento de la muerte de su padre. Junto a su esposo, el ex agente Jorge Masetti, logró salir de Cuba en 1990. Hoy vive en Miami, donde se dedica, entre otras cosas, a denunciar al régimen castrista sobre la base de la información que le entregó el
  21. 21. hermano gemelo de su padre, el general Patricio de la Guardia, condenado a 30 años decárcel en la purga de 1989.Durante su vasta carrera militar, los gemelos De la Guardia fueron los combatientes demayor confianza de Fidel. De hecho, bajo el gobierno de la UP fueron los cubanos demayor rango instalados en Chile.Ileana es autora del libro El nombre de mi padre, donde cuestiona la versión oficial sobreel juicio más polémico de las últimas décadas en Cuba. Habló con La Tercera en variasocasiones, entre el 8,9, y 10 de febrero de este año, en Miami. Jorge Masetti Ex agente de inteligencia de Castro, la historia de Masetti -argentino de nacimiento- se funde con la de la Revolución Cubana. Su padre, Ricardo Masetti, fue amigo del Che Guevara y fundador de la agencia de noticias Prensa Latina. Tras su muerte, en 1965, Masetti se educó en La Habana bajo los vigilantes ojos de uno de los hombres más influyentes del régimen de Castro: Manuel “Barbarroja” Piñeiro, jefe del Departamento Américaquien lo apadrinó .En 1974 Masetti se convirtió en agente de los servicios de inteligencia cubanos,desplegando sus acciones en toda Latinoamérica. Si cercania con la nomenclatura cubanase acrecentó por su matrimonio con Ileana, la hija de Antonio de la Guardia, uno de losoficiales más cercanos a Fidel y que operó en Chile durante la UP.En 1989 “Tony” de la Guardia fue fusilado en La Habana, acusado por Castro denarcotráfico. En 1990 Masetti se exilió en Francia. En 1993 publicó el libro El furor y eldelirio, donde revela las operaciones encubiertas del gobierno cubano. Hoy reside enMiami. La Tercera lo entrevistó en Buenos Aires, el 4 y 5 de diciembre del 2000, y enMiami. En esta última ciudad concedió dos largas entrevistas, el 27 de noviembre del2000 y el 8,9 y10 de febrero del 2001.Lázaro BetancourtEl ex capitán de Tropas Especiales -la unidad de elite a cargo de la seguridad de FidelCastro- pidió asilo a las autoridades estadounidenses en República Dominicana, en abrilde 1999, mientras acompañaba como escolta a Castro durante una visita oficial a esepaís.Betancourt (38 años) reside hoy en Miami. Durante los 16 años que se desempeñó enTropas Especiales, llegó a ser el segundo jefe antiterrorista de la escolta de Castro.Como militar de alto rango, Betancourt conoció de cerca a varios chilenos comunistasque ingresaron a las FAR cubanas a partir de 1975, primero en la Escuela Militar CamiloCienfuegos y después como instructor de guerrilla en la base Punto Cero, Guanabo. La Tercera lo entrevistó en Miami, el 9 de febrero del 2001. Norberto Fuentes Escritor cubano y autor de una premiada biografía de Ernest Hemingway, Fuentes perteneció hasta 1989 al círculo más estrecho de Fidel Castro. Participó en varias acciones bélicas del Ejército Cubano - estuvo en Nicaragua y en Africa - y fue condecorado. Amigo personal del coronel de “Tropas Especiales”, Antonio de la Guardia, recorrió junto a él Europa y se internó en el mundo del tráfico de armas.Al estallar el caso Ochoa/De la Guardia, que culminó con el fusilamiento de ambosuniformados, a Fuentes se le prohibió salir de Cuba y estuvo preso. Debido a la presióninternacional, logró salir de la isla en 1994. Hoy vive en Miami. Su último libro, Dulcesguerreros cubanos (1999) revela algunos de los secretos mejor guardados del sistemacubano. Su figura no despierta unanimidad en el exilio cubano. Masetti, por ejemplo, loacusa de estar todavía al servicio de Castro. La Tercera lo entrevistó en Miami en cuatroocasiones, las dos primeras en noviembre de 1999 y las restantes en febrero del 2001.
  22. 22. Rafael Nuñez Ex director del Organismo Internacional del Ministerio de Comercio Exterior cubano, este ex diplomático mantuvo estrechos nexos con la realidad chilena desde fines de la década del 60. Entre otros cargos, fue vicepresidente de la misión cubana en Chile durante la Unctad y estuvo siete meses en el país durante el gobierno de Allende, trabajando en la Cepal. Luego de caer en desgracia política, estuvo preso entre 1976 y 1988 enLa Habana. Hoy vive exiliado en Estados Unidos. Fue entrevistado por La Tercera el 11 defebrero del 2001, en Miami.Los que pidieron reservaTanto como los que hablaron con su nombre, en la reconstrucción de esta historia colaboró una veintena de otrosentrevistados, todos ellos como testigos directos de los hechos. Ellos entregaron sus testimonios bajo la condición deque sus nombres se mantuvieran en reserva. La Tercera sólo identificó a algunos con el nombre político que utilizabanen el pasado. La siguiente es una nómina de algunos de los que más material aportaron a esta serie:“Ernesto Contreras”: ex miembro del comité central del PC y uno de los diseñadores de la Política de Rebelión Popularde Masas (PRPM) que dio nacimiento al FPMR. Estuvo en Cuba en 1974, en la dirección del PC en la isla. Luego deresidir en Alemania Oriental se trasladó clandestinamente a Santiago y fue pieza clave en la implementación de laPRPM. Se alejó del partido en 1990. Hoy trabaja en una empresa privada.Ex frentista establecido en Europa: formado como oficial en el Ejército Búlgaro, este hombre llegó a La Habana en1981, donde se integró al dispositivo militar del PC. Luego de tomar parte en las acciones más espectaculares delFPMR, resultó gravemente herido en una acción. Hoy vive en Europa.“Carlos”: ex militante del PC, se formó como paramilitar en la base cubana de Punto Cero. De regreso en Chile, ayudóa la implementación de la vía insurreccional del PC. Cuando se dividió el FPMR, encabezó el grupo que se mantuvo enel partido, en su calidad de “comandante” militar. Se fue del PC en 1990. Hoy vive en Santiago.“Manuel”: militante del Mapu OC, se formó en técnicas conspirativas en la base cubana de Punto Cero, en 1974. Volvióa Chile para cumplir misiones clandestinas de alto riesgo. Posteriormente, se estableció en La Habana, donde trabóamistad con varios miembros del FPMR. Actualmente trabaja como médico en un hospital santiaguino.“Alberto”: dirigente de una colectividad de izquierda exiliado en Alemania Oriental. Como otros compatriotas, fuecontactado por la Stasi, la policía secreta de la RDA, y se convirtió por un tiempo en colaborador. Desencantado delsocialismo, se trasladó a Alemania Federal, donde se vinculó a los servicios de inteligencia germano-occidentales. Hoyvive en Santiago.“Víctor”: ex oficial del FPMR formado como militar de carrera en Europa Oriental. Antes de ingresar clandestinamente aChile estuvo en Cuba y en Nicaragua, donde luchó contra la guerrilla “contra”. Cuando sobrevino la división del FPMRpermaneció leal al PC. Hoy vive en Santiago, donde mantiene contactos con otros ex frentistas.Por Roberto Ampuero *El escritor chileno relata la ocasión en que casi fue reclutado como parte delaparato militar que luego se transformó en el FPMR y critica el manto desilencio que ha predominado sobre el tema hasta hoy.
  23. 23. Tuve por primera vez la certeza de que presenciaba momentos históricos el día en que videsde la distancia el bombardeo aéreo de La Moneda, en cuyo interior resistía SalvadorAllende. Tuve una sensación semejante en 1975, en una tarde asfixiante y húmeda de LaHabana, cuando dirigentes del Partido Comunista chileno me citaron a una mansión de ElVedado para reclutarme como cadete para las escuelas militares de las Fuerzas ArmadasRevolucionarias de Cuba. Seríamos, supuestamente, los oficiales del ejército popular deun futuro Chile socialista.Ese día perdí definitivamente la confianza en la racionalidad de la dirigencia. Los aparatosde seguridad del régimen militar habían desatado una represión criminal ydesarticuladora en contra de la izquierda, y en ese momento, dos años después del“golpe”, el partido apostaba por la “crítica de las armas”, la misma que había desechadosabiamente en el pasado. Ahora se proponía no sólo derrotar a las fuerzas armadaschilenas sino también instaurar el socialismo. Cuba era el ejemplo a seguir y la prueba deque aquello era posible. En una tarde asfixiante y húmeda de La Habana, dirigentes del Partido Comunista chileno me citaron a una mansión de El Vedado para reclutarme como cadete para las escuelas militares de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba.Guiado por un fogonazo de racionalidad, que se alimentaba de la convicción de que enChile no bastarían unas columnas de rebeldes barbudos para derrotar al Ejército chilenoy de que la Cuba de Castro no podía servir de forma alguna como modelo democrático nieconómico para Chile, rompí desilusionado con la tienda política. Quizás a eso le debaque aún esté entre los vivos.Muchos compatriotas jóvenes, militantes de partidos de izquierda, ingresaron entoncesvoluntariamente a las FAR cubanas, se hicieron oficiales y combatieron en guerras deCentroamérica y Africa. Suponían tal vez que esa experiencia en los trópicos les serviríamás tarde para tomar el poder en Chile. Algunos cayeron en tierras lejanas, otrosdecidieron olvidar para siempre ese pasado y hay quienes realizaron acciones armadas yterroristas en el país. Todos ellos son piezas de un sorprendente y vasto plan, fraguadopor políticos, que fracasó, significó frustraciones y también sangre, y del cual la mayoríade los chilenos nada sabe.Si bien esa tarde habanera intuí que me hacían partícipe de un proyecto delirante —desembarcar en un futuro no lejano un ejército chileno revolucionario en nuestras costaspara derrotar a la dictadura de Augusto Pinochet—, no fue sino muchos años más tardeque caí en la cuenta de que debía relatar ese episodio o nunca nadie lo conocería. No setrataba de impedir el olvido, porque sólo se puede olvidar aquello que se conoció, sino dealgo más básico: relatar lo desconocido. Así nació la novela “Nuestros años verde olivo”.En 1996, mientras residía en Estados Unidos, comencé a escribirla convencido de que erainconcebible que trascurridos veinte años del surgimiento del embrión del ejército delexilio, nadie hubiese hablado al respecto. Parecía que la necesidad —muy justa, porcierto— de esclarecer la violación a los derechos humanos durante el régimen militarhabía eclipsado la memoria de la izquierda. Ibamos conociendo gradualmente la historiade la derecha bajo la dictadura militar, pero un manto de silencio cubría la otra historia,ésa de los errores, los actos heroicos y condenables de la izquierda.Bajo la dictadura, el relato de la historia había sido abordado como patrimonio privado deun sector de la sociedad. La historia que se enseñaba en los colegios y universidadesdesvirtuaba gran parte de lo que había ocurrido en los años setenta y ochenta. Elrégimen y sus ideólogos eran los únicos propietarios de la historia, los encargados dedifundir su discurso, de destacar ciertos aspectos y de ocultar otros.En sectores de la izquierda, especialmente en aquel identificado con la vía armada, seimpuso el mismo concepto autoritario de narrar la historia. Y ese concepto exigíamantener en secreto la creación en Cuba del nuevo ejército chileno. Primero, porque lalucha contra la dictadura así lo exigía, después, ya en democracia, porque el relato de
  24. 24. esa experiencia, en verdad el silencio, era propiedad exclusiva de esa izquierda. Ella erala única indicada y legitimada para difundirlo, valorarlo u ocultarlo. Supongo que el silencio sobre esa etapa de nuestra historia se debe a que algunos intentan esconder su responsabilidad.Llama la atención que a sus dirigentes no les inquietó la idea de que los países tienenderecho a conocer toda su historia, y que es inadmisible que instituciones relevantes deuna sociedad se arroguen la potestad de ocultar su historia, aunque constituya parteesencial de la historia nacional. Supongo que el silencio sobre esa etapa de nuestrahistoria se debe a que algunos intentan esconder su responsabilidad. Constituye, desdeluego, la versión izquierdista de la postura derechista de “mejor demos vuelta la hoja ymiremos hacia el futuro”.“Nuestros años verde olivo” pretendía colocar sobre el tapete una etapa trascendental yoculta de nuestra historia, a la que ni los historiadores, ni los políticos ni los periodistashabían dirigido una mirada escrutadora. Supuse que una novela podía dar el primer pasoen la indagación de esa historia, y que el siguiente lo intentarían quienes estuviesenconvencidos de que allí se encerraba algo valioso para entender nuestro presente yavanzar en la reconciliación nacional.Cuando este periódico me informó que mi novela le había servido de estímulo e hiloconductor a un grupo de periodistas para iniciar una acuciosa investigación de esahistoria, en especial aquélla relacionada con el papel de la revolución cubana en lapolítica chilena, sentí que mi obra comenzaba a dar los frutos esperados: echar a andarla indagación histórica para que el país pudiera extraer conclusiones y lecciones.No conozco la totalidad de la investigación, sólo los capítulos que el lector encuentran eneste suplemento, pero tengo la impresión de estar ante una obra investigativa ágil,responsable, fundamentada y profunda, que sitúa al periodismo investigativo chileno enun nuevo nivel. Me enorgullece que “Nuestros años verde olivo” haya desencadenado unainvestigación de estas proporciones. La historia no es patrimonio de nadie y todos tienenderecho a conocerla. Es obvio que los reportajes generarán controversia, pero el debatesobre los años verde olivo de la izquierda es preferible al manto de silencio que algunosintentan mantener. Es preferible y necesario.* Roberto Ampuero militaba en el PC cuando se exilió en Cuba tras el Golpe. Se casó con la hija de uno delos hombres de confianza de Fidel, lo que lo vinculó a la clase influyente de La Habana. También vivió enAlemania Oriental. Ya alejado del PC, en 1999 escribió Nuestros Años verde Olivo, donde recrea todos losaños que vivió en la isla.
  25. 25. CAPITULO IIBAUTIZO DE FUEGO:FIDEL MANDA A LOS CHILENOSA NICARAGUAUna invitación a la guerra“Estos sí que tienen cojones”, fue la reacción de Fidel Castro tras reunirse conmedio centenar de chilenos entrenados en las Fuerzas Armadas Revolucionariasa fines de 1978, a quienes les ofreció ir a combatir a Nicaragua. Con estainvitación, los hombres del PC calmarían la inquietud que se anidaba entre susfilas, descorazonadas por no poder ir a combatir a Chile.Por Javier OrtegaEn 1978, tres años después de que en Cuba se iniciara el plan de formación militar parajóvenes exiliados chilenos en las Fuerzas Armadas Revolucionarias, cundía el desánimoentre los uniformados del PC. Pese a la generosa oferta de Fidel Castro de entrenarlos enlos institutos militares de la isla para crear “un nuevo ejército democrático para Chile”, ladesazón de no poder ir a combatir contra Pinochet había hecho mella incluso entre loslíderes de estos jóvenes. El propio “Salvador” -Sergio Galvarino Apablaza, futuro jefemáximo del Frente Patriótico Manuel Rodríguez-, barajaba en esa época la posibilidad deabandonar las filas. Otros tantos ya habían expresado sus deseos de cursar su baja,relata un ex comunista formado en Cuba.Sin embargo, un acontecimiento internacional se convertiría en la “válvula de escape”para las fuerzas chilenas del PC. A fines de 1978, Fidel Castro necesitaba reforzar laofensiva sandinista contra Somoza con oficiales calificados. La Habana había jugado unpapel crucial en la insurrección -financió y entrenó a los tres grupos que formaban elFrente Sandinista de Liberación Nacional, creado a sus instancias-, pero no podía enviarun contingente cubano para no provocar una fuerte reacción de Estados Unidos.Limitado a proporcionar abastecimiento logístico, Castro movilizó a una serie de“voluntarios” latinoamericanos controlados por Cuba. Nicaragua era un trofeo muypreciado por el líder cubano, ya que estaba en vías de convertirse en el único paíslatinoamericano -después de Cuba- donde mostraba la viabilidad de que la izquierdallegara al poder por la vía de las armas.El “no” que marcó al MIREl primer pensamiento de Castro fue “invitar” al MIR chileno para ir a luchar en tierranicaragüense. De todos los movimientos procrastristas de América Latina, este gruposiempre había sido considerado el hijo predilecto de La Habana.Nacidos bajo el influjo de la revolución cubana, los miristas cumplían con todos losrequisitos pedidos por La Habana a sus seguidores: arrojo, radicalismo y lealtadirrestricta a la senda revolucionaria castrista. El MIR adoptó su bandera rojinegra en
  26. 26. homenaje al Movimiento 26 de Julio cubano y durante la UP había compartido todas lastesis de La Habana respecto de que no existía la senda pacífica hacia el socialismo.Después del 11 de septiembre habían optado por una fiera -y suicida- resistenciaarmada, echando mano a “los fierros” tal como dictaba la manera cubana. Los líderes delmovimiento chileno cumplían con el prototipo del revolucionario romántico acuñado porFidel y el Che Guevara en la Sierra Maestra: brillantes, ilustrados y bien parecidos. En LaHabana eran conocidos como la vanguardia “más sexy de América Latina”, según recogeel escritor mexicano Jorge Castañeda en su obra (1).Por ello, cuando el movimiento decretó un “repliegue táctico” tras la muerte de MiguelEnríquez en 1974, la isla recibió con los brazos abiertos a los diezmados cuadros quellegaron desde Chile. Los miristas comenzaron a preparar su vuelta al país en la llamadaOperación Retorno en 1980 (ver recuadro) bajo los atentos ojos cubanos que pusieron asu disposición los centros de adiestramiento guerrilleros de Punto Cero y en la Cordillerade los Organos, en la zona occidental de la isla, relata el escritor Norberto Fuentes (2).Fue entonces cuando el propio Fidel le planteó a la cúpula mirista en Cuba que fueran acombatir a Nicaragua. Sin embargo, según relata un ex combatiente chileno, Castrorecibió un balde de agua fría en el encuentro. “Nuestros cuadros se están preparandopara ir a luchar a Chile y no a Nicaragua”, fue la respuesta de sus interlocutores, alrechazar la invitación del comandante cubano. La postura del MIR se comentaríaprofusamente en los círculos de la nomenclatura cubana, siendo considerada una afrentapara Castro.El episodio marcaría el inicio del declive de la influencia del MIR en Cuba y, por ende, ensu lucha contra el régimen militar chileno. “En ese momento se quebró la confianza entrelos seguidores de Miguel Enríquez y La Habana”, afirma un ex frentista que se enteró delos hechos por boca de los propios cubanos.1 Castañeda, Jorge. La Utopía Desarmada, Editorial Ariel, S.A. 1995 Entrevista a Norberto Fuentes, escritor cubano vinculado a los servicios de seguridad de2 Fidel Castro hasta su salida de la isla en 1994. Miami, 10 de febrero de 2001.“Estos sí que tienen cojones”Poco después, a fines de 1978, Castro se reunió en La Habana con medio centenar decomunistas chilenos egresados de las escuelas militares cubanas. También estabapresente Manuel “Barbarroja” Piñeiro, estrecho colaborador de Fidel y jefe delDepartamento América. Aquel encuentro efectuado en una amplia sala de audienciaspasaría de boca en boca entre los chilenos que vestían el uniforme verde olivo hastaconvertirse en una leyenda.Según relata un ex frentista que prestó servicios en Cuba y hoy reside en Europa, Castrodestinó sus primeras palabras “a elogiosos comentarios sobre el entrenamiento de loschilenos y al valor que los sandinistas estaban demostrando en el combate y laposibilidad de que fueran derrotados por falta de especialistas militares”.Enseguida le planteó directamente a la audiencia la posibilidad de marchar en apoyo delos revolucionarios nicaragüenses.En la sala se produjo un silencio. “De repente, uno de los presentes comenzó a cantar laInternacional con el puño izquierdo en alto. Entonces, varios se pusieron de pie y losiguieron, cantando con fuerza. Todos terminaron a coro, algunos emocionados hasta laslágrimas”, relata el ex frentista.Frente a tal reacción, Fidel hizo como que echaba pie atrás. Dijo que la decisión aún noestaba tomada; argumentó que tenía que consultar con la dirigencia del PC chileno, yque si ésta no estaba de acuerdo, él no podría hacer nada. La audiencia casi se vinoabajo. “Empezaron a gritar que iban a ir igual. Vociferaron que al diablo con los ‘viejos’del partido”.Satisfecho, Castro comenzó a caminar de un lado para otro. Y mirando a “Barbarroja”Piñeiro le comentó, lo suficientemente fuerte como para que lo oyera la audiencia: “Estossí que tienen cojones”.
  27. 27. La suerte estaba echada. El PC chileno no podría impedir que sus muchachos cumplierancon su bautismo de fuego en Nicaragua. Los jóvenes habían establecido su primera señalde independencia frente a la vieja guardia del partido. Y Castro contaba por fin concombatientes extranjeros para Nicaragua. Allá lucharía casi un centenar de chilenos,entre ellos “Salvador” -Sergio Galvarino Apablaza- y Raúl Pellegrín, el líder máximo delprimer destacamento del Frente que llegó a Chile en 1983.La fracasada operación retorno En la mañana del 27 de junio de 1981, en una zona rural de Neltume, “boinas negras” del Ejército chileno emergieron de la vegetación y se dejaron caer sobre un puñado de tiendas de campaña. Se trataba del campamento guerrillero Toqui Lautaro, levantado por combatientes del MIR que habían vuelto del extranjero en 1980, con la misión de inaugurar en Chile la guerra de guerrillas. La acción dio inicio a una serie de escaramuzas que, cuatro meses después, dejaría un saldo de siete miristas muertos. Tras ello, casi la totalidad de los 30 miristas ingresados clandestinamente morirían, marcando el fracaso de la Operación Retorno que el MIRhabía fraguado en Cuba desde 1977.En 1977 el MIR decidió volver a pasar a la ofensiva y, como a lo largo de toda su trayectoria, todos sus pasosestratégicos fueron planificados en Cuba. El escritor cubano Norberto Fuentes -vinculado a los aparatos deinteligencia de Fidel Castro hasta su salida del país en 1994- afirma que el entrenamiento mirista se efectuó en labase de Punto Cero y en la Cordillera de los Organos, al oeste de la isla. “La idea al principio era crear los focosguerrilleros en plena Cordillera de los Andes, pero se hicieron pruebas y el equipo que se necesitaba doblaba elpeso de los guerrilleros. Bastaría que el Ejército chileno estableciera un cerco para que se congelaran todos”,relata Fuentes (3).Finalmente, se optó por establecer dos focos en la Cordillera de la Costa: el Frente Uno de Neltume, en laprovincia de Valdivia, y el Frente Dos, en la Cordillera de Nahuelbuta. Cuando fueron descubiertos, la retirada delcampamento de Nahuelbuta se efectuó sin bajas. Pero el ataque a Neltume fue una completa sorpresa.Reagrupados en una columna, los miristas intentaron retroceder hacia un depósito de armas. Casi todos cayeronen sucesivas operaciones rastrillo. Uno de sus sobrevivientes, Jaime Castillo Petrucci, fue detenido en 1993 enPerú, acusado de dirigir el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA).Razones del fracasoUna de las versiones más difundidas respecto al fracaso de la Operación Retorno es la que asegura que losplanes fueron filtrados desde Cuba a la CIA y a la CNI por el entonces encargado del Departamento América paraChile, Héctor “Humberto” Sánchez. Este hombre, que coordinaba la acción conspirativa entre la isla y Santiago,fue detenido en La Habana a comienzos de 1994. La izquierda chilena siempre ha interpretado este hecho comola prueba de su delación. “Se decía en Cuba que él entregaba a la CIA las fotocopias de los pasaportesadulterados de los miristas que se aprestaban a ingresar a Chile”, sostiene un socialista que vivió durante añosen Cuba. Sin embargo, según cuenta un alto ex agente de inteligencia cubano, el encarcelamiento de Sánchez sedebió, en realidad, a un escándalo sexual montado por sus pares del organismo Tropas Especiales. El episodioestuvo vinculado al secuestro de un oficial argentino en Panamá, en 1982, en el que participaron Sánchez y elDepartamento América. Al enterarse de lo sucedido, el ministro del Interior, José Abrantes, montó en cólera. Elmomento fue aprovechado por Tropas Especiales -eterno rival del Departamento América- para desvestir, conropaje de escándalo, las peculiaridades sexuales de “Humberto” Sánchez, quien terminó encarcelado.La debacle de la Operación Retorno también abarcó a las ciudades, donde cayeron muchos de los contactos yapoyos de los guerrilleros. Según cuenta un actual funcionario de gobierno que vivió en La Habana, en Cubaquedó un grupo de más de cuarenta niños y adolescentes abandonados a su suerte, hijos de los miristasmuertos. Varios de los sobrevivientes del desmembrado MIR pasarían a una nueva etapa: el bandidaje y lasoperaciones encubiertas por encargo3 Ibid., entrevista a Norberto Fuentes.

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