Tema 10. EL PRIMER FRANQUISMO (1939-1959).

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Tema 10. EL PRIMER FRANQUISMO (1939-1959).

  1. 1. TEMA 10. EL PRIMER FRANQUISMO (1939-1959). 10.1 Fundamentos ideológicos y evolución política. 10.2 Sociedad y economía en el primer franquismo. 10.3 La represión y la oposición al régimen franquista (1939-1959). La guerra civil terminaba el 1 de abril de 1939. Empezaba una nueva etapa para España, dirigida por Francisco Franco, vencedor de una contienda que había causado graves daños al país y dividido profundamente a los españoles. Era también el inicio de la revancha política y de una represión despiadada. Franco no perdonó a los vencidos. Impuso la voluntad del vencedor apoyado por el ejército, la Iglesia, la Falange y el aparato propagandístico del Estado. Franco se presentó a sí mismo como el salvador de la católica España, en trance de perecer en manos del liberalismo, el comunismo y la masonería. Franco adaptó en todo momento la política a las circunstancias y conservó el máximo de poder hasta su muerte. 10.1 Fundamentos ideológicos y evolución política. La implantación del nuevo Estado El 1 de abril de 1939 Franco daba por terminaba la guerra civil. La victoria le otorgaba un poder absoluto para construir un nuevo Estado. La dictadura instaurada tras el final de la guerra civil aglutinó las fuerzas contrarias a la república. El régimen de Franco puede definirse como una dictadura personal que suprimió derechos y libertades, represora y sin una ideología elaborada. El régimen se dotó desde el principio de símbolos, leyes e instituciones fascistas, algunas de las cuales permanecieron hasta el final. El nuevo Estado había nacido sin constitución, sin partidos políticos ni libertades civiles. Esta falta de legalidad democrática se cubrió con Leyes Fundamentales, promulgadas según las necesidades y evolución del régimen: La Ley Constitutiva de las Cortes (1942); el Fuero de los Españoles (1945) recogía los derechos de los españoles (obediencia a los principios del régimen) y establecía la confesionalidad católica del Estado; la Ley del Referéndum Nacional (1945) permitía someter a consulta popular las decisiones del gobierno o de las Cortes; la Ley de Sucesión (1947) definía a España como un reino; la Ley de Principios del Movimiento Nacional (1958) establecía que las ideas falangistas eran asumidas por el Movimiento, y Falange perdía cotas de poder. Al finalizar la guerra, Franco era generalísimo de los ejércitos, jefe del Estado, del gobierno y del partido único. En agosto de 1939 asumía los poderes legislativos. Su poder absoluto fue objeto de culto a la personalidad al estilo fascista, exaltado por las instituciones del Estado, la Iglesia y la prensa. Estaba exento de cualquier control y solo respondía «ante Dios y ante la Historia». En 1942 se crearon las Cortes para dotar al régimen de apariencia representativa. No eran unas Cortes soberanas, sino un órgano consultivo sin poder, al servicio de Franco. Los procuradores representaban a la élite del régimen: miembros de la Falange, de los sindicatos, jerarquía eclesiástica, personas elegidas directamente por el jefe del Estado... Este sistema fue denominado “democracia orgánica” para distinguirla de los sistemas democráticos basados en los partidos políticos y en los derechos individuales. En 1938, se había aprobado el Fuero del Trabajo, fundamento del sindicalismo vertical y del nacionalsindicalismo, inspirados en la Italia fascista. El sindicalismo se concebía como un instrumento al servicio del régimen. Había un sindicato único bajo la jefatura de la Falange, 1
  2. 2. que agrupaba de forma obligatoria y corporativa a obreros y patronos en las distintas ramas de producción. Se prohibía la huelga y también el despido libre. Bases ideológicas del régimen Franco contó con el apoyo del ejército, la Iglesia y la Falange, que constituyeron los pilares del régimen. El ejército depurado se convirtió en la columna vertebral y base del régimen. Fue siempre fiel a Franco y garantizó el orden y la unidad de España. Franco y los militares compartían los mismos ideales (nacionalpatriotismo). Eran los vencedores de la guerra y gozaron de grandes privilegios (muchos ministros fueron militares). La Iglesia bendijo y legitimó moral y espiritualmente el «Alzamiento», se identificó con el régimen y puso las bases del nacionalcatolicismo. El triunfo de Franco fue también el de la jerarquía católica, que aprovechó su posición para imponer sus normas de conducta religiosas y morales. La religión, con sus símbolos, se hizo omnipresente. Franco puso en manos de la Iglesia el control de la educación, y de su seno surgieron dos organizaciones laicas que participaron en las tareas de Estado, primero la Asociación Católica Nacional de Propagandistas (ACNP) y después el Opus Dei. La Falange flexibilizó la doctrina de José Antonio y se acomodó bajo la jefatura de Franco. En general, la Falange fue esencial para el régimen por su carácter político e ideológico (antiliberal, antimarxista y antidemocrática). Franco la utilizó como instrumento para mantener vivo el espíritu y los ideales de 1936, para controlar la opinión pública, organizar manifestaciones y como trama social de unificación nacional. La dictadura de Franco también fue respaldada por la burguesía, los terratenientes y los hombres de negocios, así como por gran parte de las clases medias y de los católicos. Propaganda y control social El franquismo desmanteló el régimen republicano y sometió a los españoles a un control social e ideológico completo. Se utilizó la propaganda para exaltar la figura del Caudillo. La censura de libros, periódicos, actividades lúdicas y culturales, viajes y cine empobreció el desarrollo cultural e intelectual del país. La formación político-ideológica estuvo a cargo de las distintas organizaciones falangistas, como el Frente de Juventudes y la Sección Femenina. En las escuelas se implantó la asignatura de Formación del Espíritu Nacional. Las asociaciones estudiantiles quedaron integradas bajo el único sindicato posible, el Sindicato de Estudiantes Universitarios (SEU). La Iglesia controló la moral social, tanto en el espacio público como en el privado. Colaboró con la maquinaria represiva del régimen e impuso una concepción ética tradicional. La evolución política En 1939 la España franquista mantenía unas relaciones excelentes con las potencias del Eje (la Alemania nazi y la Italia fascista). Sin embargo, al estallar la guerra en septiembre de 1939, el gobierno de Franco se declaró neutral. A pesar de ello, la colaboración con los países fascistas fue constante y en 1940, ante las arrolladoras victorias alemanas, Franco decidió adoptar una política de no beligerancia con la que mantenía abierta la posibilidad de intervenir a favor de Alemania, y conservaba la esperanza de participar en el reparto del imperio colonial francés y británico. A pesar de que Hitler desestimó las peticiones que Franco le formuló en una entrevista en Hendaya, el ministro de Asuntos Exteriores, Serrano Suñer, siguió colaborando con Hitler (exportación de wolframio, hierro y piritas). El momento de máxima 2
  3. 3. colaboración se produjo en junio de 1941 con el envío al frente ruso de la División Azul para luchar contra el comunismo. A medida que el signo de la guerra cambiaba de sentido, el gobierno fue modificando su actitud, sustituyendo al pro nazi Serrano Suñer por el conde de Jordana, volviendo a la política de neutralidad y retirando del frente la División Azul (1943). La victoria de los aliados en la Segunda Guerra Mundial representaba una amenaza para la estabilidad del franquismo. En el ámbito internacional existía un claro rechazo hacia la dictadura franquista. La asamblea fundacional de las Naciones Unidas negó la admisión de la España franquista en la organización. Entonces el régimen procuró borrar su imagen fascista e intentó homologarse a las democracias occidentales convirtiéndose en una “democracia orgánica”. A pesar de ello, el cerco internacional se vio culminado con la retirada de embajadores de Madrid en 1946 y el veto a que España pudiera participar en las ayudas del Plan Marshall. No obstante, los inicios de la guerra fría redujeron la beligerancia antifranquista de las potencias occidentales. Los sectores más conservadores y anticomunistas de Europa y Estados Unidos comenzaron a considerar al general Franco como un potencial aliado en un mundo polarizado en torno a la URSS y Estados Unidos con alto valor estratégico en el Mediterráneo. De esta forma, en 1953 se firmó un tratado bilateral que permitía al ejército norteamericano establecer las bases militares de Morón, Rota, Torrejón y Zaragoza; a cambio España recibió ayuda económica. Ese mismo año se firmó el Concordato con la Santa Sede, que acabó de legitimar moralmente al régimen ante la comunidad internacional. El patrocinio norteamericano permitió a la España franquista ingresar en diversos foros internacionales como la UNESCO, la ONU (1955) y el Fondo Monetario Internacional (1958). La visita del presidente norteamericano Eisenhower representó la consagración definitiva del franquismo en la escena internacional. A pesar de ello, en Europa occidental se mantuvieron las reticencias hacia la dictadura. Se rechazó la petición de entrada en la Comunidad Económica Europea surgida con el Tratado de Roma (1957). Otro acontecimiento que afectó a la estabilidad del régimen fue la precipitada descolonización de Marruecos. Francia decidió conceder la independencia a su zona en 1956 y los desórdenes en la zona española llevaron al gobierno a hacer lo mismo. Marruecos comenzó entonces la reivindicación de Sidi Ifni, el Sáhara, Ceuta y Melilla. 3
  4. 4. 10.2 Sociedad y economía en el primer franquismo. Una economía autárquica La guerra civil tuvo unos efectos devastadores tanto demográficos como económicos. Las medidas tomadas por el gobierno, inspiradas en el modelo fascista italiano, agravaron la situación. A partir de 1951 el escenario mejoró, aunque la estructura económica se mantuvo hasta el Plan de Estabilización de 1959. El objetivo de la política económica franquista era establecer una economía autárquica sin dependencia exterior. El régimen impuso su política económica tras la guerra con un marcado carácter nacionalista y estatal. España, cuyo potencial económico se ensalzaba de forma demagógica, debía contar con sus propios recursos y ser autosuficiente para emprender el camino de la reconstrucción y del desarrollo. Se abría así un largo período intervencionista, autárquico, dirigista y corrupto. La economía quedaba subordinada a los intereses políticos de corte fascista y antiliberal, bajo la dirección de hombres escasamente preparados. En 1941 se creó el Instituto Nacional de Industria (INI), con el fin de articular, fomentar y nacionalizar la industria, prestando especial atención a la militar. Surgieron empresas como IBERIA, ENSIDESA, ENASA o SEAT. Al mismo tiempo se nacionalizaban la telefónica (CTNE) y los ferrocarriles (RENFE). No se escatimaron subvenciones porque estaba en juego el prestigio del régimen. El Estado intervino regulando toda la actividad económica, especialmente el comercio exterior. La escasez de divisas y la sobrevaloración artificial de la peseta, que encarecía las importaciones, obligó a vigilar el comercio. La gran perjudicada de la política autárquica fue la agricultura, que, a pesar de toda la retórica del régimen, recibió pocas ayudas. Además no hubo ningún proyecto de reforma agraria. Las medidas paliativas, como la creación en 1939 del Instituto Nacional de Colonización (INC), resultaron insuficientes. El atraso técnico, la falta de abonos, el paro encubierto y las medidas autárquicas, a lo que se sumó una grave sequía, provocaron una disminución de la producción. En la década de los cincuenta se pusieron en marcha planes integrales para mejorar la terrible situación social del campo español con el desarrollo de regadíos, la construcción de viviendas, la extensión de la red eléctrica, etc. Destacaron los planes de Badajoz en 1952 y de Jaén en 1953. Las consecuencias de la política económica del régimen fueron negativas. Según los analistas cabe hablar de los «malogrados años cuarenta». Lejos de recuperar el nivel de vida anterior a la guerra, la situación se deterioró más. Ante la ausencia de un mercado competitivo, los precios se fijaron de forma arbitraria y los productos protegidos se encarecieron mucho, elevando la inflación y frenando el crecimiento. La disminución de la producción agrícola provocó una creciente escasez de alimentos y el alza continuada de los precios. La población se empobreció y se alcanzaron niveles de pobreza extremos. La escasez de alimentos propició la aparición de enfermedades y el aumento de la mortalidad, especialmente entre los niños y las personas más débiles. Hubo mucha hambre, más incluso que durante el tiempo de la guerra. El régimen utilizó Auxilio Social como solución de choque a la falta de comida a través de comedores para niños y gente muy necesitada. Esta institución caritativa fue subvencionada por familias de holgada posición económica. La escasez de alimentos obligó muy pronto al gobierno a distribuir entre la población cartillas de racionamiento a partir de mayo de 1939. Estas cartillas estuvieron vigentes hasta 1952. El Estado intentó solucionar los problemas de abastecimiento controlando la producción 4
  5. 5. agrícola a través del Servicio Nacional del Trigo. Los agricultores estaban obligados a entregar la mayor parte de sus cosechas al Servicio a un precio regulado. El procedimiento disgustó a los productores, que en unos casos cambiaron de cultivos y en otros ocultaron parte de la cosecha. El desabastecimiento propició la aparición de un mercado negro, basado en la especulación, conocido como estraperlo, en el que era posible encontrar abundantes productos a precios altos. Esta práctica favoreció la usura y el amiguismo. Al hambre y a la miseria en la que vivía gran parte de la población se unieron el miedo, las restricciones energéticas, la falta de vivienda, la inflación creciente y la sequía. Hacia 1950 era evidente el fracaso de la política económica autárquica aplicada desde el final de la guerra civil. Por ello, un año después Franco cambió la mayor parte de su gobierno con mayor influencia de los católicos (Martín Artajo, Ruiz Jiménez y Carrero Blanco). El nuevo gabinete nacía con el objetivo prioritario de intentar mejorar la economía del país. La llegada de las primeras ayudas procedentes de Estados Unidos y del Fondo Monetario Internacional coincidió con el inicio de la liberalización del estricto marco económico autárquico. El resultado fue un proceso de crecimiento desconocido desde antes de la guerra y en 1954 se logró recuperar el nivel de renta de 1935. Sin embargo hacia 1956 se hicieron patentes las limitaciones de los cambios operados. Hasta 1959 no se producirá una mayor liberalización de la economía española con el Plan de Estabilización. La sociedad. Desde comienzos del siglo XX la población española venía experimentando un doble proceso: crecimiento demográfico continuado y disminución de la población campesina. Ambos se vieron frenados por la guerra civil y los primeros años de la posguerra debido a las numerosas bajas en el conflicto o al hambre, subalimentación o represión de los años siguientes. Pero avanzando en los cuarenta la tasa de mortalidad comenzó a descender y el crecimiento demográfico se consolidó. La guerra también supuso un freno en el proceso de urbanización. Después de la contienda, las escasas posibilidades que ofrecía el campo generaron un importante movimiento migratorio que irá en aumento hasta la década de los sesenta. Por un lado se dirigió hacia las principales ciudades del país, comenzando el vaciado demográfico de extensas regiones del país. En las principales ciudades el problema de la vivienda adquirió tintes trágicos: se multiplicó el chabolismo, los barrios periféricos crecieron de forma anárquica y sin servicios básicos y se multiplicaron las prácticas de realquiler. También hubo una importante emigración hacia el exterior, primero hacia América Latina y más tarde hacia Europa occidental. El régimen de Franco impulsó esta corriente migratoria por motivos económicos y para aliviar tensiones sociales (Instituto Español de Emigración, 1956). La guerra dejó una España de vencedores y vencidos. Los primeros gozaron de todo tipo de privilegios, mientras los derrotados fueron arrinconados socialmente y silenciados. La sociedad quedó dirigida por unos principios altamente tradicionalistas, impulsados por la Iglesia. La educación se orientó hacia unos valores marcadamente autoritarios, impregnado de un vocabulario castrense y religioso. La familia era uno de los pilares básicos de la sociedad. El papel de la mujer quedaba definido en el hogar como esposa y madre y para el mantenimiento de estos principios se creó la Sección Femenina. 5
  6. 6. 10.3 La represión y la oposición al régimen franquista. El miedo a la represión político-militar al acabar la guerra empujó a muchos españoles al exilio. Los que optaron por quedarse en España se expusieron al rigor de la represión en caso de haber militado en el bando republicano. Hubo quienes no quisieron exiliarse ni rendirse y se refugiaron en los montes, iniciando una primera ofensiva contra el régimen hasta 1944. El Estado policial impidió cualquier oposición eficaz durante la década de los cuarenta. El exilio Cuando la guerra entraba en su fase final, los defensores de la república empezaron a abandonar España (en torno a 500.000) para evitar las represalias de los vencedores. Algunos marcharon al norte de África, pero la mayor parte pasó a Francia, donde fueron instalados en campos de concentración en condiciones humillantes e infrahumanas en la zona del sudeste (Argeles, Saint Cyprien...). Al iniciarse la Segunda Guerra Mundial alrededor de 200.000 exiliados volvieron a España acogiéndose a un indulto limitado. Entre los que se quedaron, hubo quienes se sumaron a la resistencia francesa para luchar contra el nazismo. Los que pudieron se embarcaron rumbo a Chile, Argentina, Cuba, Santo Domingo y sobre todo México, cuyo presidente Lázaro Cárdenas hizo el mayor esfuerzo para acoger a cuantos pudo. Allí se asentó la colonia más importante de políticos e intelectuales, que aportaron su caudal humano, cultural, científico y político, manteniendo viva la actividad de la Segunda República. La represión de la larga posguerra En febrero de 1939 se publicaba la Ley de Responsabilidades Políticas que, con efecto retroactivo, llegaba hasta 1934. Según esta ley los vencidos no cabían ni eran admitidos en la «nueva España». En 1940 se aprobaba la Ley de Represión de la Masonería y el Comunismo y al año siguiente la Ley de Seguridad del Estado. El número de presos fue muy alto, muchos víctimas inocentes de la venganza, de la injusticia y de la delación interesada. Entre ellos, había numerosos militares o soldados republicanos. Se habilitaron cárceles especiales: campos de concentración, plazas de toros, escuelas, cines y conventos, para acoger a tanto preso en condiciones humillantes y míseras. La tortura, los apaleamientos y las muertes eran frecuentes. Iguales sufrimientos padecieron quienes aceptaron la redención de penas por trabajo, los llamados «esclavos de Franco». De entre los prisioneros, más de 30.000 fueron ejecutados. Otros permanecieron presos muchos años y algunos quedaron libres provisionalmente por falta de espacio. Los sospechosos que permanecieron en libertad fueron depurados por sus ideas, especialmente los funcionarios, empleados de instituciones e intelectuales. Cualquiera que hubiera tenido relación con la república era peligroso y se le apartaba de toda responsabilidad pública. El profesorado universitario, de institutos de enseñanza media y magisterio fue depurado desde 1936 de forma amplia y sistemática. Al menos un 25% de los maestros fueron apartados de su trabajo, numerosos institutos fueron cerrados y algunos rectores universitarios fusilados. El miedo se adueñó de la sociedad española, que se acostumbró a ver, oír y callar. Franco mantuvo interesadamente viva la división de las dos Españas. Se premió a los fieles, se persiguió a los disidentes y se prohibieron las peculiaridades regionales como la lengua o el folclore. 6
  7. 7. La oposición al régimen La oposición al régimen careció de organización por las condiciones de clandestinidad en que debía realizar su trabajo, en un ambiente de férreo control militar y policial. Hacia el final de la Segunda Guerra Mundial, con la derrota fascista, crecieron las esperanzas de los exiliados de derribar el régimen con la ayuda de los aliados. Con este fin, los comunistas crearon la Unión Nacional para llevar a cabo actuaciones de guerrilla (el maquis) en algunas zonas de España. El maquis se extendió desde el Valle de Aran hasta el Levante. Las acciones aisladas se desarrollaron en zonas rurales y montañosas y fueron magnificadas por Radio Pirenaica (invasión del valle de Arán en 1944). Las guerrillas contaron con escasa participación de la población, que fue sometida a estrecha vigilancia, y fueron reprimidas por la Guardia Civil y el ejército amparados por la Ley de Represión del Bandidaje y el Terrorismo (1947). Hacia 1951-1952 la guerrilla desapareció. Tras el fracaso de la vía guerrillera, Dolores Ibarruri y Santiago Carrillo orientaron el PCE hacia una política de reconciliación nacional y ponen en práctica una estrategia de acción en los sindicatos para organizar la lucha de los trabajadores aprovechando los resquicios legales. La victoria de los aliados y después el bloqueo internacional contra el franquismo despertaron el entusiasmo de los exiliados republicanos y avivaron las esperanzas de los monárquicos. Unos y otros se pusieron en contacto con el fin de crear un frente común de oposición a Franco. Los socialistas de Rodolfo Llopis y los republicanos en el exilio crearon en 1944 la Alianza Nacional de Fuerzas Democráticas, para compensar la influencia de los comunistas. En marzo de 1945 desde Lausana, don Juan de Borbón publicó un manifiesto en el que, tras hablar del fracaso del régimen de Franco, proponía como alternativa para España la monarquía tradicional. En 1948, Juan de Borbón aceptó enviar a su hijo Juan Carlos a España para acabar su formación, bajo la supervisión directa de Franco, para mantener abierta la vía del restablecimiento de la monarquía. Los partidos políticos en el exilio asumieron la imposibilidad de derrocar a Franco mediante acciones guerrilleras y crearon redes de actuación interna. Muchos de sus miembros, que no habían participado en la guerra civil, asumieron nuevas tareas y se introdujeron en ámbitos universitarios, sindicales y laborales, aprovechando todos los resquicios que permitía el régimen. A pesar del estricto control político, se llevaron a cabo algunos actos de protesta contra las condiciones económicas desde 1945. Poco a poco, las huelgas se convirtieron en la forma más efectiva de protestar, mezclando a veces objetivos políticos y económicos. Desde 1945 hasta 1957-58 las reivindicaciones fueron cada vez más frecuentes en Madrid, Cataluña y el País Vasco. Desde la década de 1950 el movimiento estudiantil se convirtió en el símbolo de oposición al franquismo y en un quebradero de cabeza permanente para el régimen (crisis universitaria de 1956). 7
  8. 8. TEXTOS 36-LA CONDENA DE LAS NACIONES UNIDAS Por su origen, naturaleza, estructura y comportamiento general, el régimen de Franco es un régimen fascista, organizado e implantado en gran parte merced a la ayuda de la Alemania nazi y de la Italia fascista de Mussolini. Durante la larga lucha de las Naciones Unidas contra Hitler y Mussolini, Franco prestó una ayuda muy considerable a tas potencias enemigas, a pesar de las continuas protestas de los aliados. [...] La Asamblea General, convencida de que el Gobierno fascista de Franco en España [...] no representa al pueblo español [...], recomienda que se prohíba al Gobierno de Franco pertenecer a los organismos internacionales creados por las Naciones Unidas o relacionados con ellas [...] hasta que se forme en España un Gobierno nuevo y adecuado [...]. Asimismo, la Asamblea recomienda que todos los Estados miembros de las Naciones Unidas retiren inmediatamente los embajadores y ministros plenipotenciarios que tienen acreditados en Madrid. Recomendación de la Asamblea General de la ONU, Nueva York, 12 de diciembre de 1946 37-EL FUERO DE LOS ESPAÑOLES Art.1.- El Estado español proclama como principio rector de sus actos el respeto a la dignidad, la integridad y la libertad de la persona humana, reconociendo al hombre, en cuanto portador de valores eternos y miembro de una comunidad nacional, titular de deberes y derechos, cuyo ejercicio garantiza en orden al bien común. Art. 6.- La profesión y práctica de la Religión Católica, que es la del Estado español, gozará de la protección oficial. Nadie será molestado por sus creencias religiosas ni el ejercicio privado de su culto. No se permitirán otras ceremonias ni manifestaciones externas que las de la Religión Católica. Art. 10.- Todos los españoles tienen derecho a participar en las funciones públicas de carácter representativo, a través de la familia, el municipio y el sindicato, sin perjuicio de otras representaciones que las Leyes establezcan. Art. 12. Todo español podrá expresar libremente sus ideas, mientras no atenten a los principios fundamentales del Estado. Art. 16.- Los españoles podrán reunirse y asociarse libremente para fines lícitos y de acuerdo con lo establecido por las Leyes. El Estado podrá crear y mantener las organizaciones que estime necesarias para el cumplimiento de sus fines. 8
  9. 9. Art. 33. El ejercicio de los derechos que se reconocen en este Fuero no podrá atentar a la unidad espiritual, nacional y social de España. Francisco Franco. Boletín oficial del Estado. 18 de julio de 1945 EL MANIFIESTO DE LAUSANA (1945) Españoles: Conozco vuestra dolorosa desilusión y comparto vuestros temores [...]. Hoy, pasados seis años desde que finalizó la guerra civil, el régimen implantado por el general Franco, inspirado desde el principio en los sistemas totalitarios de las potencias del Eje, tan contrario al carácter y a la tradición de nuestro tiempo, es fundamentalmente incompatible con las circunstancias que la guerra presente está creando en el mundo. La política exterior, seguida por el Régimen, compromete también el porvenir de la Nación. Corre España el riesgo de verse arrastrada a una nueva lucha fratricida y de encontrarse totalmente aislada del mundo. El Régimen actual, por muchos que sean sus esfuerzos para adaptarse a la nueva situación, provoca este doble peligro; y una nueva república, por moderada que fuera en sus comienzos e intenciones, no tardaría en desplazarse hacia unos de los extremos reforzando así al otro, para terminar en una nueva guerra civil. Sólo la Monarquía Tradicional puede ser instrumento de paz y de concordia para reconciliar a los españoles; sólo ella puede obtener respeto en el exterior mediante un efectivo estado de derecho y realizar una armoniosa síntesis del orden y de la libertad en que se basa la concepción cristiana del Estado. Desde que por renuncia y subsiguiente muerte del rey Don Alfonso XIII, en 1941, asumí los derechos y deberes a la Corona de España, mostré mi disconformidad con la política interior y exterior seguida por el general Franco [...]. Por estas razones, me resuelvo [...] a levantar mi voz y requerir solemnemente al general Franco para que [...] abandone el poder, y dé libre paso a la restauración del régimen tradicional de España, único capaz de garantizar la Religión, el Orden y la Libertad [...]. JUAN, Lausana, 19 de marzo de 1945 38-PLAN DE ESTABILIZACIÓN DE 1959 Al final de la guerra de liberación, la economía española tuvo que enfrentarse con el problema de su reconstrucción (…) La guerra mundial y las repercusiones que trajo consigo aumentaron estas dificultades y cerraron gran parte de los mercados y fuentes de aprovisionamiento normales, lo que motivó una serie de intervenciones económicas al servicio de las tareas del abastecimiento y de la reconstrucción (…) Resueltos un sinfín de problemas, hay que enfrentarse ahora con otros derivados tanto del nivel de vida ya alcanzado cuanto de la evolución de la economía mundial, 9
  10. 10. especialmente de los países de Occidente, en cuyas organizaciones económicas está integrada España. Para ello son imprescindibles unas medidas de adaptación que (…) aseguren un crecimiento de la producción respaldada por una política de ahorro y de ordenación del gasto público (...) En este aspecto, el Decreto-Ley que continuación se articula establece la liberalización progresiva de la importación de mercancías y, paralelamente, la de su comercio interior, autoriza la convertibilidad de la peseta y una regulación del mercado de divisas, faculta al Gobierno para modificar las tarifas de determinados impuestos y al Ministerio de Hacienda para dictar normas acerca del volumen de créditos (...) De este modo, se espera obtener la estabilidad interna y externa de nuestra economía, el equilibrio de la balanza de pagos, el robustecimiento de la confianza en nuestro signo monetario y, en suma, la normalización de nuestra vida económica. Plan de Estabilización, 20 de Julio de 1959. Decreto Ley 10
  11. 11. 11

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