Cerro corá

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Cerro Corá, la última resistencia paraguaya
Por José María Rosa

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Cerro corá

  1. 1. Cerro Corá, la última resistencia paraguayaPor José María RosaLa caravana empecinadaSoldados abrasados por la fiebre o por las llagas extenuadas por elhambre, sin más prendas de los desaparecidos uniformes que el calzónceñido por el ysypó, y algunas veces un correaje militar para sostener lacanana o pender el sable; pocos llevan el morricón con la placa debronce del número del regimiento. Descalzos porque los zapatos (y aveces el morrión y las correas) han sido comidos después de ablandar elcuero con agua de los esteros. Mujeres de rasgados tipoys, afiladascomo agujas por la extenuación o la peste, preparan el rancho; polvo dehuesos (cuando lo hay) cocido con juego de naranjas agrias, si se haconseguido alguna; las más de las noches, nada. Entonces se roe elcuero de los implementos militares.Todos están enfermos, todos escuálidos por el hambre, todos sufrenheridas de guerra que no han cicatrizado. Pero nadie se queja. No sesabe adónde se va, pero pero se sigue mientras haya fuerzas: quedarseatrás sería pisar un suelo que ha dejado de ser paraguayo y sufrir el
  2. 2. atropello de los cambás (los brasileños). Los rezagados también moriránde hambre en la tierra arrasada por los vencedores.En coches destartalados van Elisa Lynch con los niños pequeños delMariscal; la cuida su hijo de quince años, el coronel Panchito,improvisado jefe de estado mayor por su padre. En otro, tres fantasmas:la madre y las hermanas de López, flageladas por su debilidad ante laresistencia imposible; en otro, el vicepresidente Sánchez, anciano deochenta años cuya razón desvaría. Conduce la hueste espectralFrancisco Solano. Todavía es presidente del Paraguay y Mariscal de laGuerra contra la Triple Alianza; si no ha podido dar el triunfo a los suyos,ofrecerá a las generaciones futuras el ejemplo tremendo de un heroísmonunca igualado. No traduce en su rostro impasible, ni en el cuidadouniforme, rastro de desesperación o de abandono. Conduce la retiradaespantosa como si fuera una parada militar: "aparentaba la misma clamay tranquilidad de otros tiempos" dirá un enemigo suyo en su detrimento.Aún es Jefe; y un jefe no puede abatirse. En medio de las selvas o losdesiertos, en lo alto de las cordilleras mientras lleva a la muerte el pulcroy sereno Leopoldo de América como lo llamara Mitre antes de la guerra.La caravana va hacia el Norte para eludir la maniobra envolvente de losbrasileños que los obligaría a entregarse sin combatir. A veces llega auna aldea, erigida solemnemente en "capital provisional de la República":Caraguatay, a los pocos días- el 28 de agosto- luego San Estanislao.Después el desierto, pues debe caminarse lejos del río dominado por loscaños imperiales. Una huella blanca, formada por las huestes de loscaídos, señala a los brasileños la ruta de los fugitivos. Ya no se entierraporque no hay tiempo ni energía para hacerlo; se camina hasta elagotamiento, y cuando se cae, un compañero o compañera toma el armay sigue. Los bueyes que tiraban de las carretas del parque y los cañoneshan debido sacrificarse, pero algunas mujeres fuertes y bravías se uncena los yugos y arrastran los convoyes. Solamente quedan caballos paraquienes se reservan los mejores alimentos: pertenecen a losescuadrones y son sagrados: apoderarse de ellos sería un sacrilegio,como inutilizar una carabina o abandonar un cañón.Siete meses, doscientas jornadas de ardiente sol tropical transcurren enesta marcha única en la historia. Hasta el 14 de febrero de 1870 lacaravana trágica llega a Cerro Corá ("escondido entre cerros", enguaraní), campo de buena gramilla, regularmente protegido, a pocodistancia del Aquidabán-niguí, afluente del Aquidabán. Diez mil muertosjalonan la ruta macabra desde la sierra de Azcurra, los que han podidollegar son poco más de cuatrocientos. López da la orden de detenerse enCerro-Corá, hay alimento para los caballos, alguna pesca y venados yguasunchos cruzan por los cerros. Allí se podría descansar y tambiénmorir.
  3. 3. Los colores de EspañaLlama el Mariscal a consejos de jefes y oficiales. Sentado en la sola silladel campamento (hay que guardar las formas) preside a los suyos quedeben hacerlo en el suelo. Habla Francisco Solano: se está en el últimorincón de la patria, después viene el Matto Grosso brasileño.Atravesándolo se ganaría asilo en suelo extranjero. Más allá de loscerros está la salvación, pero ya no sería suelo paraguayo. ¿Podríadarse fin a la epopeya escapando a la muerte, dejando a Paraguay enpoder de los brasileños? Para quitar solemnidad al momento deslizaalgunas bromas sobre los cambás. ¿Podrían ellos desde el extranjeroasistir impasible al apoderamiento de la patria?"Siguió un silencio -dice el coronel Aveiro- y viendo que nadie hacía usode la palabra, yo entonces dije al Mariscal que él era el Jefe de Estado yde nuestro Ejército; nuestro deber era someterse a lo que él resolviera. Yentonces el Mariscal dijo: "Bien, entonces peleemos aquí hasta morir".No se habló más del asunto. El Presidente lo descartó como cosaresuelta. A continuación hizo leer por el Ministro de Guerra, Caminos, undecreto otorgando la medalla de Amanbay a los sobrevivientes de esaacción. No había medallas y con trozos de metal grabado a cuchillo sesuple la falta; tampoco se encontraron cintas con los colores patrios, peroen una carreta se halló un trozo rojo y gualda de alguna tienda española.Con esas medallas y esas cintas improvisadas, Elisa Lynch había
  4. 4. confeccionado las condecoraciones, que el mariscal fue colgando en lasrotas guerreras (cuando las tenía), o en el tahalí que cruzaba el pecho deloas agraciados. Es la última ceremonia solemne del viejo Paraguay.Los colores españoles sirvieron para premiar, en el campo elegido paramorir, a estos nietos de conquistadores dispuesto a mantener enhiesta lavirtud de la raza.El ejército de Cerro-CoráDespués de repartirles "como recuerdo" algunas prendas suyas, elmariscal pasó revista al ejército, cuyos datos anotó minuciosamente elcoronel Panchito como jefe de su Estado Mayor. Por este papel recogidoen la faltriquera del niño-héroe pocos días después, pueden conocerselos efectivos de López el día del desastre final.Cuatrocientos nueve, exactamente 409 combatientes de todas lasedades, quedaban de los cien mil hombres llamados bajo bandera en loscinco años de guerra: cuatrocientos nueve sobrevivientes del granejército lanzado en 1864 contra el Imperio para defender la libredeterminación de las repúblicas hispanoamericanas. De sus doscientosregimientos originales todavía existían -por lo menos en la numeración-dieciséis cuerpos: algunos (el 25 de infantería) reducidos a once plazasentre jefes, oficiales, suboficiales y tropa; el más numeroso (el demaestranza) tenía cincuenta y dos. Estaba aún el famoso 4 de infanteríaorganizado por Eduvigis Díaz con los jóvenes de la mejor sociedadasunceña, aunque reducidos a 39 hombres en total. Su abanderadollevaba atado el brazo (pues debió abandonar el asta) un jirón del pañotricolor salvado de la metralleta.El 1 de marzo de 1870Catorce días esperan en Cerro Corá el desenlace. Mientras tanto nodescuidan las cosas cotidianas; el general Caballero va con unoscuantos jinetes a la caza de venados (esa ausencia le permitiría salvar suvida), el Mariscal y sus hijos tienen espineles en el Aquidabán. Sentadoen una palmera caída a orillas del Niguí, López cuenta chascarrilloscomo si nada ocurriera; diríase un padre de familia en excursióndominical con los suyos. Está tranquilo, muy tranquilo, e infundeconfianza a todos. Ha tomado las precauciones militares para recibir alos brasileños como es debido: los cañones custodian la picada de VillaConcepción por donde seguramente llegarán; los caballos estándispuestos y las armas en pabellón para el momento oportuno. Solo restaesperar.Por las noches -ardientes y húmedas del verano tropical- se oyen las
  5. 5. arpas paraguayas, y algún cantor entona en guaraní las melodíaspopulares. Como si lo que ha ocurrido y está por ocurrir, fuese la cosamás natural del mundo. Algunos indios caygús traen alimentos a losparaguayos: el 28 de febrero advierten a López la proximidad de losbrasileños; le ofrecen esconderlo en sus tolderías, en el fondo de losbosques, donde jamás podrían encontrarlos: Yahjá caraí, ndé, topá ichene rephé los cambá ore apytepe ("Vamos, señor; no darán con ustedlos negros adonde pensamos llevarle"). López agradeció y declinó elofrecimiento. Su resolución estaba tomada: moriría con su patria.A la mañana siguiente - 1 de marzo-, algunas mujeres escapadas de lospuestos avanzados, llegaron con la noticia de que los brasileños,conducidos por un traidor se habían apoderado, sin combatir, de loscañones. El general Roa, jefe de la retaguardia, acaba de ser degolladocon los suyos. No hubo combate, solamente un sorpresa y la matanza.Como a fieras.Con toda calma, López ordenó ensillar y disponerse en guerrilla. A esodel mediodía, irrumpieron los jinetes del general Cámara. Son muchos,veinte veces más que los paraguayos, y tienen armas de precisión ycaballos excelentes. Pero la presencia de los paraguayos dispuestos a lalucha los hace detener. Estos, sin mayores armas de fuego, avanzan ensus escuálidos jamelgos en una carga que debe hacerse al paso; losimperiales eluden a fin de mantener la superioridad que les dan suscarabinas. No se llega al entrevero y la caballería guariní es diezmada.Después, será el tumulto. Sobre López, atraídos por el uniforme delmariscal, se lanzan el coronel brasileño Silva Tabares y su guardia:Francisco Solano alcanza a ordenar a Panchito que proteja a su madre y
  6. 6. a sus hermanos, y hace frente a los imperiales con la sola arma de suespadín de oro -regalos de la patricias paraguayas, en cuya hoja se leeIndependencia o Muerte-; el ayudante de Silva Tabares, un apodadoChico Diavo, consigue asirlo de la cintura, al tiempo que que otro soldadole descarga un golpe de sable en la cabeza. López tira una estocada aChico Diavio, que el brasileño contesta con un lanzazo en el vientre."¡Muero con mi Patria!"En ese momento, algunos paraguayos -el coronel Aveiro, el médicoIbarra, el capitán Arguello- corrieron en auxilio del jefe. Pese a susheridas, López se mantiene sobre el caballo- "un bayo flacón"- y les grita:"¡Matemos a esos macacos!" Los imperiales, en orden, pero contenidospor el refuerzo que ha llegado a salvar a López, ponen alguna distancia.Aveiro se acerca a López: "Sígame señor". Lo conduce por una picadaque se interna en el bosque, mientras Ibarra y los demás contienen a losinvasores. Los brasileños lo sigue: "E o López, é o López" (Es López, esLópez), y la soldadesca se aprieta en su persecución porque la cabezadel Presiente está premiada con cien libras esterlinas, y todos quierenganarlas. También el general Cámara endereza su caballo tras elMariscal; no busca el premio en metálico, pero quiere cobrar la pieza,grande, dar el jaque mate definitivo.Abriendo sendas por la picada, los paraguayos llegan hasta el arroyo, elAquidabán-niguí. López, agotado y desangrado, cae de su cabalgadura.Apenas puede tenerse en pie, y Aveiro e Ibarra lo ayuda a cruzar lazanja; quiere subirlo por la barranca opuesta pero el peso del Presidentese lo impide: "Déjenme", les dice López en guaraní; pero no quierenabandonarlo. Les pide que busquen una subida menos escarpada,dejándolo mientras tanto junto al tronco de una palmera. Llegan losbrasileños: un soldado persigue al cirujano Estigarribia por el arroyo, y loatraviesa de un lanzazo. López trata de enderezarse, pero se desplomacayendo al agua; consigue sentarse y saca su espadín de oro con lamano derecha tomando la punta con la izquierda. Cámara se le acerca yle formula la propuesta de rigor: "Ríndase, Mariscal, le garantizo la vida",López lo mira con ojos serenos y responde con una frase que entra en lahistoria: "¡Muero con mi Patria!" al tiempo de amargarle con el espadín."Desarmen a ese hombre", ordena Cámara desde respetable distancia.Ocurre una escena tremenda: un trompudo servidor de la libertad searroja sobre el moribundo eludiendo las estocadas del espadín parasoltarle la mano de la empuñadura; el mariscal, anegada en sangre elagua que los circunda, medio ahogado, entre los estertores de la muerte,ofrece todavía resistencia; el cambá lo ase del pelo y lo saca del agua.Ante esa resistencia, Cámara cambia la orden: "Maten a ese hombre".Un tiro de Manlicher atraviesa el corazón del mariscal que queda muertode espaldas, con ojos abiertos y la mano crispada en la empuñadura del
  7. 7. espadín. "¡Oh! ¡diavo do López!" ("¡Oh! diablo de López!"), comenta elsoldado dando con el pie en el cadáver.El exterminio de los últimos paraguayos es atroz. El general Roa,sorprendido en el arroyo Tacuaras, había sido intimado. "¡Rendite,paraguayo danado!" (¡Rendite, paraguayo condenado!); "¡Jamás!", y sedeja degollar. El vicepresidente Sánchez, moribundo en su coche, esamenazado. "¡Ríndase, fio da put...!" ("¡Ríndase, hijo de ...!"); el viejooctogenario abre los ojos asombrado; "¿Rendirme yo, yo?", y descargasu débil bastón sobre el insolente: un tiro de pistola lo deja muerto.Panchito acompaña a su madre y sus hermanos pequeños que hanconseguido refugiarse en su coche; hace guardia junto a la puerta.Llegan los brasileños y preguntan si esa mujer es "la querida de López, yesos niños, "sus bastardos"; Panchito arremete contra los canallas, quesujetan al niño: "¡Ríndete!" "¡Un coronel paraguayo no se rinde!". Lomatan.Elisa Lynch cubre el cuerpo de su hijo. Algún desmandado quierepropasarse, y la mujer le impone. "¡Cuidado, soy inglesa!" La deja enlibertad. Elisa buscará esa noche el cuerpo de Francisco López Solanopara enterrarlo junto al de Panchito en una tumba cavada por sus propiasmanas. El cadáver del mariscal está desnudo, porque la soldadesca lo hadespojado (el reloj de oro que llevaba esa tarde fue mandado comotrofeo a la Argentina). Elisa encuentra una sabana de algodón y amortajalos cuerpos queridos.Entre el estrépito de triunfo de los vencedores que festejaban sudefinitiva victoria, Elisa reza su sencilla oración despidiendo a sucompañero y su hijo. La noche se ha puesto sobre las tremendasescenas de la tarde, y un farol mortecino, llevado por un niño de nueveaños, es la única luz que alumbra el sepelio del gran Mariscal.La guerra del Paraguay ha terminado

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