Algunos cuentos de Don Juan Manuel

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Siete cuentos de El Conde Lucanor.
Actividades y textos complementarios

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Algunos cuentos de Don Juan Manuel

  1. 1. ALGUNOS CUENTOS DE DON JUAN MANUEL Selección de cuentos del Conde Lucanor, Actividades y textos complementarios 1. Cuento V :De lo que aconteció a una zorra con un cuervo que tenía un pedazo de queso en el pico 2. Cuento VII: De lo que aconteció a una mujer que le decían doña Truhana. 3. Cuento X : Lo que sucedió a un hombre que por pobreza y falta de otra cosa comía altramuces 4. Cuento XI : Lo que sucedió a un deán de Santiago con don Illán, el mago de Toledo 5. Cuento XXVI :Lo que sucedió al árbol de la Mentira 6. Cuento XXXV :Lo que sucedió a un mancebo que casó con una muchacha muy rebelde 7. Cuento XXXVIII : Lo que sucedió a un hombre que iba cargado con piedras preciosas y se ahogó en el ríoCuento V :De lo que aconteció a una zorra con un cuervo que tenía unpedazo de queso en el picoHablando otra vez el conde Lucanor con Patronio, su consejero, díjole así:-Patronio, un hombre que se dice amigo mío me empezó a elogiar mucho,dándome a entender que yo tenía mucho mérito y mucho poder. Cuando mehubo halagado de esta manera todo lo que pudo, me propuso una cosa que amí me parece que me conviene.
  2. 2. Entonces el conde le contó a Patronio lo que su amigo le proponía, que,aunque a primera vista se dijera provechoso, ocultaba un engaño, del quePatronio se apercibió. Por lo cual dijo al conde:-Señor conde Lucanor, sabed que este hombre os quiere engañar, dándoos aentender que vuestros méritos y vuestro poder son mayores que en larealidad. Para que os podáis guardar del engaño que quiere haceros, megustaría que supierais lo que sucedió al cuervo con la zorra.El conde le preguntó qué le había sucedido.-Señor conde -dijo Patronio-, el cuervo encontró una vez un pedazo muygrande de queso y se subió a un árbol para comer el queso más a gusto ysin que nadie le molestara. Estando así el cuervo pasó la zorra y, cuandovio el queso, empezó a pensar en la manera de poder quitárselo. Con esteobjeto dijo lo siguiente:-Don Cuervo, hace ya mucho tiempo que he oído hablar de vuestrasperfecciones y de vuestra hermosura. Aunque mucho os busqué, porvoluntad de Dios o por desdicha mía, no os vi hasta ahora, que hallo quesois muy superior a lo que me decían. Para que veáis que no me propongolisonjearos os diré, junto con lo que las gentes en vos alaban, aquellosdefectos que os atribuyen. Todo el mundo dice que como el color devuestras plumas, ojos, pico, patas y garras es negro, y este color no es tanbonito como otros colores, el ser todo negro os hace muy feo, sin darsecuenta de que se equivocan, pues aunque es verdad que vuestras plumasson negras, su negrura es tan brillante que tiene reflejos azules, como lasplumas del pavo real, que es el ave más hermosa del mundo, y, aunquevuestros ojos son negros, el color negro es para los ojos mucho máshermoso que ningún otro, pues la propiedad de los ojos es ver, y como elnegro hace ver mejor, los ojos negros son los mejores, por lo cual los ojosde la gacela, que son más oscuros que los de los otros animales, son muyalabados. Además, vuestro pico y vuestras garras son mucho más fuertesque los de ninguna otra ave de vuestro tamaño. También tenéis, al volar,tan gran ligereza, que podéis ir contra el viento, por recio que sea, lo queninguna otra puede hacer tan fácilmente como vos. Fuera de esto estoyconvencida de que, pues en todo sois tan acabado y Dios no deja nadaimperfecto, no os habrá negado el don de cantar mucho mejor que ningúnotro pájaro. Pero, pues Dios me hizo la merced de que os viese, y
  3. 3. contemplo en vos más perfecciones de las que oí, toda mi vida me tendríapor dichosa si os oyese cantar.Fijaos bien, señor conde, que aunque la intención de la zorra era engañar alcuervo, lo que dijo fue siempre verdad. Desconfiad de la verdad engañosa,que es madre de los peores engaños y perjuicios que pueden venirnos.Cuando el cuervo vio de qué manera le alababa la zorra y cómo le decía laverdad, creyó que en todas las cosas se la diría y la tuvo por amiga, sinsospechar que esto lo hacía por quitarle el queso que tenía en el pico.Conmovido, pues, por sus elogios y por sus ruegos para que cantara, abrióel pico, con lo que cayó el queso en tierra. Cogiólo la zorra y huyó con él.De esta manera engañó al cuervo, haciéndole creer que era muy hermoso yque tenía más perfecciones de lo que era verdad.Vos, señor conde Lucanor, pues veis que, aunque Dios os hizo merced entodo, ese hombre os quiere persuadir de que tenéis mucho más mérito ymás poder, convenceos que lo hace para engañaros. Guardaos bien de él,que, haciéndolo, obraréis como hombre prudente.Al conde agradó mucho lo que Patronio le dijo e hízolo así, y de estamanera evitó muchos daños. Como don Juan comprendió que este cuentoera bueno, hízolo poner en este libro y escribió unos versos en que seexpone abreviadamente su moraleja y que dicen así: Quien te alaba lo que tú no tienes, cuida que no te quite lo que tienes.Cuento VII : De lo que aconteció a una mujer que le decían doñaTruhanaOtra vez hablaba el conde Lucanor con Patronio en esta guisa:-Patronio, un hombre me dijo una razón y mostrome la manera cómo podíaser. Y bien os digo que tantas maneras de aprovechamiento hay en ella que,si Dios quiere que se haga así como él me dijo, que sería mucho de propues tantas cosas son que nacen las unas de las otras que al cabo es muygran hecho además.
  4. 4. Y contó a Patronio la manera cómo podría ser. Desde que Patronioentendió aquellas razones, respondió al conde en esta manera:-Señor conde Lucanor, siempre oí decir que era buen seso atenerse elhombre a las cosas ciertas y no a las vanas esperanzas pues muchas veces alos que se atienen a las esperanzas, les acontece lo que le pasó a doñaTruhana.Y el conde le preguntó como fuera aquello.-Señor conde -dijo Patronio-, hubo una mujer que tenía nombre doñaTruhana y era bastante más pobre que rica; y un día iba al mercado yllevaba una olla de miel en la cabeza. Y yendo por el camino, comenzó apensar que vendería aquella olla de miel y que compraría una partida dehuevos y de aquellos huevos nacerían gallinas y después, de aquellosdineros que valdrían, compraría ovejas, y así fue comprando de lasganancias que haría, que hallóse por más rica que ninguna de sus vecinas.Y con aquella riqueza que ella pensaba que tenía, estimó cómo casaría sushijos y sus hijas, y cómo iría acompañada por la calle con yernos y nueras ycómo decían por ella cómo fuera de buena ventura en llegar a tan granriqueza siendo tan pobre como solía ser.Y pensando esto comenzó a reír con gran placer que tenía de su buenafortuna, y riendo dio con la mano en su frente, y entonces cayóle la olla demiel en tierra y quebróse. Cuando vio la olla quebrada, comenzó a hacermuy gran duelo, temiendo que había perdido todo lo que cuidaba quetendría si la olla no se le quebrara.Y porque puso todo su pensamiento por vana esperanza, no se le hizo alcabo nada de lo que ella esperaba.Y vos, señor conde, si queréis que los que os dijeren y lo que vos pensareissea todo cosa cierta, creed y procurad siempre todas cosas tales que seanconvenientes y no esperanzas vanas. Y si las quisiereis probar, guardaosque no aventuréis ni pongáis de los vuestro, cosa de que os sintáis poresperanza de la pro de lo que no sois cierto.Al conde le agradó lo que Patronio le dijo e hízolo así y hallóse bien porello.
  5. 5. Y porque a don Juan contentó este ejemplo, hízolo poner en este libro ehizo estos versos: A las cosas ciertas encomendaos y las vanas esperanzas, dejad de lado.Cuento X : Lo que sucedió a un hombre que por pobreza y falta deotra cosa comía altramucesOtro día hablaba el conde Lucanor con Patronio, su consejero, de estemodo:-Patronio, bien sé que Dios me ha dado mucho más de lo que me merezco yque en todas las demás cosas sólo tengo motivos para estar muy satisfecho,pero a veces me encuentro tan necesitado de dinero que no me importaríadejar esta vida. Os pido que me deis algún consejo para remediar estaaflicción mía.-Señor conde Lucanor -dijo Patronio-, para que vos os consoléis cuando ospase esto os convendría saber lo que pasó a dos hombres que fueron muyricos.El conde le rogó que lo contara.-Señor conde -comenzó Patronio-, uno de estos hombres llegó a tal extremode pobreza que no le quedaba en el mundo nada que comer. Habiéndoseesforzado por encontrar algo, no pudo más que encontrar una escudilla dealtramuces. Al recordar cuán rico había sido y pensar que ahora estabahambriento y no tenía más que los altramuces, que son tan amargos y sabentan mal, empezó a llorar, aunque sin dejar de comer los altramuces, por lamucha hambre, y de echar las cáscaras hacia atrás. En medio de estacongoja y este pesar, notó que detrás de él había otra persona y , volviendola cabeza, vio que un hombre comía las cáscaras de altramuces que él tirabaal suelo. Este era el otro de quien os dije también había sido rico.Cuando aquello vio el de los altramuces, preguntó al otro por qué comía lascáscaras. Respondiole que, aunque había sido más rico que él, había ahorallegado a tal extremo de pobreza y tenía tanta hambre que se alegrabamucho de encontrar aquellas cáscaras que él arrojaba. Cuando esto oyó el
  6. 6. de los altramuces se consoló, viendo que había otro más pobre que él y quetenía menos motivo para serlo. Con este consuelo se esforzó por salir depobreza, lo consiguió con ayuda de Dios y volvió otra vez a ser rico.Vos, señor conde Lucanor, debéis saber que, por permisión de Dios, nadieen el mundo lo logra todo. Pero, pues en todas las demás cosas os haceDios señalada merced y salís con lo que vos queréis, si alguna vez os faltadinero y pasáis estrecheces, no os entristezcáis, sino tened por cierto queotros más ricos y de más elevada condición las estarán pasando y que setendrían por felices si pudieran dar a sus gentes aunque fuera menos de loque vos les dais a los vuestros.Al conde agradó mucho lo que dijo Patronio, se consoló y, esforzándose,logró salir, con ayuda de Dios, de la penuria en que se encontraba. Viendodon Juan que este cuento era bueno, lo hizo poner en este libro y escribióunos versos que dicen: Por pobreza nunca desmayéis, pues otros más pobres que vos veréis.Cuento XI : Lo que sucedió a un deán de Santiago con don Illán, elmago de ToledoOtro día hablaba el Conde Lucanor con Patronio y le dijo lo siguiente:-Patronio, un hombre vino a pedirme que le ayudara en un asunto en queme necesitaba, prometiéndome que él haría por mí cuanto me fuera másprovechoso y de mayor honra. Yo le empecé a ayudar en todo lo que pude.Sin haber logrado aún lo que pretendía, pero pensando él que el asuntoestaba ya solucionado, le pedí que me ayudara en una cosa que meconvenía mucho, pero se excusó. Luego volví a pedirle su ayuda, ynuevamente se negó, con un pretexto; y así hizo en todo lo que le pedí.Pero aún no ha logrado lo que pretendía, ni lo podrá conseguir si yo no leayudo. Por la confianza que tengo en vos y en vuestra inteligencia, os ruegoque me aconsejéis lo que deba hacer.
  7. 7. -Señor conde -dijo Patronio-, para que en este asunto hagáis lo que se debe,mucho me gustaría que supierais lo que ocurrió a un deán de Santiago condon Illán, el mago que vivía en Toledo.El conde le preguntó lo que había pasado.-Señor conde -dijo Patronio-, en Santiago había un deán que deseabaaprender el arte de la nigromancia y, como oyó decir que don Illán deToledo era el que más sabía en aquella época, se marchó a Toledo paraaprender con él aquella ciencia. Cuando llegó a Toledo, se dirigió a casa dedon Illán, a quien encontró leyendo en una cámara muy apartada. Cuandolo vio entrar en su casa, don Illán lo recibió con mucha cortesía y le dijoque no quería que le contase los motivos de su venida hasta que hubiesecomido y, para demostrarle su estima, lo acomodó muy bien, le dio todo lonecesario y le hizo saber que se alegraba mucho con su venida.»Después de comer, quedaron solos ambos y el deán le explicó la razón desu llegada, rogándole encarecidamente a don Illán que le enseñara aquellaciencia, pues tenía deseos de conocerla a fondo. Don Illán le dijo que si yaera deán y persona muy respetada, podría alcanzar más altas dignidades enla Iglesia, y que quienes han prosperado mucho, cuando consiguen todo loque deseaban, suelen olvidar rápidamente los favores que han recibido, porlo que recelaba que, cuando hubiese aprendido con él aquella ciencia, noquerría hacer lo que ahora le prometía. Entonces el deán le aseguró que, pormucha dignidad que alcanzara, no haría sino lo que él le mandase.»Hablando de este y otros temas estuvieron desde que acabaron de comerhasta que se hizo la hora de la cena. Cuando ya se pusieron de acuerdo, dijoel mago al deán que aquella ciencia sólo se podía enseñar en un lugar muyapartado y que por la noche le mostraría dónde había de retirarse hasta quela aprendiera. Luego, cogiéndolo de la mano, lo llevó a una sala y, cuandose quedaron solos, llamó a una criada, a la que pidió que les preparase unasperdices para la cena, pero que no las asara hasta que él se lo mandase.»Después llamó al deán, se entraron los dos por una escalera de piedra muybien labrada y tanto bajaron que parecía que el río Tajo tenía que pasar porencima de ellos. Al final de la escalera encontraron una estancia muyamplia, así como un salón muy adornado, donde estaban los libros y la salade estudio en la que permanecerían. Una vez sentados, y mientras ellospensaban con qué libros habrían de comenzar, entraron dos hombres por la
  8. 8. puerta y dieron al deán una carta de su tío el arzobispo en la que lecomunicaba que estaba enfermo y que rápidamente fuese a verlo si deseaballegar antes de su muerte. Al deán esta noticia le causó gran pesar, no sólopor la grave situación de su tío sino también porque pensó que habría deabandonar aquellos estudios apenas iniciados. Pero decidió no dejarlos tanpronto y envió una carta a su tío, como respuesta a la que había recibido.»Al cabo de tres o cuatro días, llegaron otros hombres a pie con una cartapara el deán en la que se le comunicaba la muerte de su tío el arzobispo y lareunión que estaban celebrando en la catedral para buscarle un sucesor, quetodos creían que sería él con la ayuda de Dios; y por esta razón no debía ira la iglesia, pues sería mejor que lo eligieran arzobispo mientras estabafuera de la diócesis que no presente en la catedral.»Y después de siete u ocho días, vinieron dos escuderos muy bien vestidos,con armas y caballos, y cuando llegaron al deán le besaron la mano y leenseñaron las cartas donde le decían que había sido elegido arzobispo. Alenterarse, don Illán se dirigió al nuevo arzobispo y le dijo que agradecíamucho a Dios que le hubieran llegado estas noticias estando en su casa yque, pues Dios le había otorgado tan alta dignidad, le rogaba queconcediese su vacante como deán a un hijo suyo. El nuevo arzobispo lepidió a don Illán que le permitiera otorgar el deanazgo a un hermano suyoprometiéndole que daría otro cargo a su hijo. Por eso pidió a don Illán quese fuese con su hijo a Santiago. Don Illán dijo que lo haría así.»Marcharon, pues, para Santiago, donde los recibieron con mucha pompa ysolemnidad. Cuando vivieron allí cierto tiempo, llegaron un día enviadosdel papa con una carta para el arzobispo en la que le concedía el obispadode Tolosa y le autorizaba, además, a dejar su arzobispado a quien quisiera.Cuando se enteró don Illán, echándole en cara el olvido de sus promesas, lepidió encarecidamente que se lo diese a su hijo, pero el arzobispo le rogóque consintiera en otorgárselo a un tío suyo, hermano de su padre. DonIllán contestó que, aunque era injusto, se sometía a su voluntad con tal deque le prometiera otra dignidad. El arzobispo volvió a prometerle que asísería y le pidió que él y su hijo lo acompañasen a Tolosa.»Cuando llegaron a Tolosa fueron muy bien recibidos por los condes y porla nobleza de aquella tierra. Pasaron allí dos años, al cabo de los cualesllegaron mensajeros del papa con cartas en las que le nombraba cardenal y
  9. 9. le decía que podía dejar el obispado de Tolosa a quien quisiere. Entoncesdon Illán se dirigió a él y le dijo que, como tantas veces había faltado a suspromesas, ya no debía poner más excusas para dar aquella sede vacante asu hijo. Pero el cardenal le rogó que consintiera en que otro tío suyo,anciano muy honrado y hermano de su madre, fuese el nuevo obispo; y,como él ya era cardenal, le pedía que lo acompañara a Roma, donde bienpodría favorecerlo. Don Illán se quejó mucho, pero accedió al ruego delnuevo cardenal y partió con él hacia la corte romana.»Cuando allí llegaron, fueron muy bien recibidos por los cardenales y porla ciudad entera, donde vivieron mucho tiempo. Pero don Illán seguíarogando casi a diario al cardenal para que diese algún beneficio eclesiásticoa su hijo, cosa que el cardenal excusaba.»Murió el papa y todos los cardenales eligieron como nuevo papa a estecardenal del que os hablo. Entonces, don Illán se dirigió al papa y le dijoque ya no podía poner más excusas para cumplir lo que le había prometidotanto tiempo atrás, contestándole el papa que no le apremiara tanto puessiempre habría tiempo y forma de favorecerle. Don Illán empezó a quejarsecon amargura, recordándole también las promesas que le había hecho y quenunca había cumplido, y también le dijo que ya se lo esperaba desde laprimera vez que hablaron; y que, pues había alcanzado tan alta dignidad yseguía sin otorgar ningún privilegio, ya no podía esperar de él ningunamerced. El papa, cuando oyó hablar así a don Illán, se enfadó mucho y lecontestó que, si seguía insistiendo, le haría encarcelar por hereje y pormago, pues bien sabía él, que era el papa, cómo en Toledo todos le teníanpor sabio nigromante y que había practicado la magia durante toda su vida.»Al ver don Illán qué pobre recompensa recibía del papa, a pesar de cuantohabía hecho, se despidió de él, que ni siquiera le quiso dar comida para elcamino. Don Illán, entonces, le dijo al papa que, como no tenía nada paracomer, habría de echar mano a las perdices que había mandado asar lanoche que él llegó, y así llamó a su criada y le mandó que asase lasperdices.»Cuando don Illán dijo esto, se encontró el papa en Toledo, como deán deSantiago, tal y como estaba cuando allí llegó, siendo tan grande suvergüenza que no supo qué decir para disculparse. Don Illán lo miró y ledijo que bien podía marcharse, pues ya había comprobado lo que podía
  10. 10. esperar de él, y que daría por mal empleadas las perdices si lo invitase acomer.»Y vos, señor Conde Lucanor, pues veis que la persona a quien tantohabéis ayudado no os lo agradece, no debéis esforzaros por él ni seguirayudándole, pues podéis esperar el mismo trato que recibió don Illán deaquel deán de Santiago.El conde pensó que era este un buen consejo, lo siguió y le fue muy bien.Y como comprendió don Juan que el cuento era bueno, lo mandó poner eneste libro e hizo los versos, que dicen así: Cuanto más alto suba aquel a quien ayudéis, menos apoyo os dará cuando lo necesitéis.Cuento XXVI :Lo que sucedió al árbol de la MentiraUn día hablaba el Conde Lucanor con Patronio, su consejero, y le dijo:-Patronio, sabed que estoy muy pesaroso y en continua pelea con unoshombres que no me estiman, y son tan farsantes y tan embusteros quesiempre mienten, tanto a mí como a quienes tratan. Dicen unas mentiras tanparecidas a la verdad que, si a ellos les resultan muy beneficiosas, a mí mecausan gran daño, pues gracias a ellas aumentan su poder y levantan a lagente contra mí. Pensad que, si yo quisiera obrar como ellos, sabría hacerloigual de bien; pero como la mentira es mala, nunca me he valido de ella.Por vuestro buen entendimiento os ruego que me aconsejéis el modo deactuar frente a estos hombres.-Señor Conde Lucanor -dijo Patronio-, para que hagáis lo mejor y másbeneficioso, me gustaría mucho contaros lo que sucedió a la Verdad y laMentira.El conde le pidió que así lo hiciera.-Señor Conde Lucanor -dijo Patronio-, la Verdad y la Mentira se pusieron avivir juntas una vez y, pasado cierto tiempo, la Mentira, que es muyinquieta, propuso a la Verdad que plantaran un árbol, para que les diese
  11. 11. fruta y poder disfrutar de su sombra en los días más calurosos. La Verdad,que no tiene doblez y se conforma con poco, aceptó aquella propuesta.»Cuando el árbol estuvo ya plantado y había empezado a crecer frondoso,la Mentira propuso a la Verdad que se lo repartieran entre las dos, cosa queagradó a la Verdad. La Mentira, dándole a entender con razonamientosmuy bellos y bien construidos que la raíz mantiene al árbol, le da vida y,por ello, es la mejor parte y la de mayor provecho, aconsejó a la Verdadque se quedara con las raíces, que viven bajo tierra, en tanto ella secontentaría con las ramitas que aún habían de salir y vivir por encima de latierra, lo que sería un gran peligro, pues estarían a merced de los hombres,que las podrían cortar o pisar, cosa que también podrían hacer los animalesy las aves. También le dijo que los grandes calores podrían secarlas, yquemarlas los grandes fríos; por el contrario, las raíces no estaríanexpuestas a estos peligros.»Al oír la Verdad todas estas razones, como es bastante crédula, muyconfiada y no tiene malicia alguna, se dejó convencer por su compañera laMentira, creyendo ser verdad lo que le decía. Como pensó que la Mentira leaconsejaba coger la mejor parte, la Verdad se quedó con la raíz y se pusomuy contenta con su parte. Cuando la Mentira terminó su reparto, se alegrómuchísimo por haber engañado a su amiga, gracias a su hábil manera dementir.»La Verdad se metió bajo tierra para vivir, pues allí estaban las raíces, queella había elegido, y la Mentira permaneció encima de la tierra, con loshombres y los demás seres vivos. Y como la Mentira es muy lisonjera, enpoco tiempo se ganó la admiración de las gentes, pues su árbol comenzó acrecer y a echar grandes ramas y hojas que daban fresca sombra; tambiénnacieron en el árbol flores muy hermosas, de muchos colores y gratas a lavista.»Al ver las gentes un árbol tan hermoso, empezaron a reunirse junto a élmuy contentas, gozando de su sombra y de sus flores, que eran de coloresmuy bellos; la mayoría de la gente permanecía allí, e incluso quienes vivíanlejos se recomendaban el árbol de la Mentira por su alegría, sosiego yfresca sombra.»Cuando todos estaban juntos bajo aquel árbol, como la Mentira es muysabia y muy halagüeña, les otorgaba muchos placeres y les enseñaba su
  12. 12. ciencia, que ellos aprendían con mucho gusto. De esta forma ganó laconfianza de casi todos: a unos les enseñaba mentiras sencillas; a otros,más sutiles, mentiras dobles; y a los más sabios, mentiras triples.»Señor conde, debéis saber que es mentira sencilla cuando uno dice a otro:«Don Fulano, yo haré tal cosa por vos», sabiendo que es falso. Mentiradoble es cuando una persona hace solemnes promesas y juramentos, otorgagarantías, autoriza a otros para que negocien por él y, mientras va dandotales certezas, va pensando la manera de cometer su engaño. Mas lamentira triple, muy dañina, es la del que miente y engaña diciendo laverdad.»Tanto sabía de esto la Mentira y tan bien lo enseñaba a quienes queríanacogerse a la sombra de su árbol, que los hombres siempre acababan susasuntos engañando y mintiendo, y no encontraban a nadie que no supieramentir que no acabara siendo iniciado en esa falsa ciencia. En parte por lahermosura del árbol y en parte también por la gran sabiduría que la Mentirales enseñaba, las gentes deseaban mucho vivir bajo aquella sombra yaprender lo que la Mentira podía enseñarles.»Así la Mentira se sentía muy honrada y era muy considerada por lasgentes, que buscaban siempre su compañía: al que menos se acercaba a ellay menos sabía de sus artes, todos lo despreciaban, e incluso él mismo setenía en poco.»Mientras esto le ocurría a la Mentira, que se sentía muy feliz, la triste ydespreciada Verdad estaba escondida bajo la tierra, sin que nadie supiera deella ni la quisiera ir a buscar. Viendo la Verdad que no tenía con quéalimentarse, sino con las raíces de aquel árbol que la Mentira le aconsejótomar como suyas, y a falta de otro alimento, se puso a roer y a cortar parasu sustento las raíces del árbol de la Mentira. Aunque el árbol tenía gruesasramas, hojas muy anchas que daban mucha sombra y flores de colores muyalegres, antes de que llegase a dar su fruto fueron cortadas todas sus raícespues se las tuvo que comer la Verdad.»Cuando las raíces desaparecieron, estando la Mentira a la sombra de suárbol con todas las gentes que aprendían sus artimañas, se levantó viento ymovió el árbol, que, como no tenía raíces, muy fácilmente cayó derribadosobre la Mentira, a la que hirió y quebró muchos huesos, así como a sus
  13. 13. acompañantes, que resultaron muertos o malheridos. Todos, pues, salieronmuy mal librados.»Entonces, por el vacío que había dejado el tronco, salió la Verdad, queestaba escondida, y cuando llegó a la superficie vio que la Mentira y todoslos que la acompañaban estaban muy maltrechos y habían recibido grandaño por haber seguido el camino de la Mentira.»Vos, señor Conde Lucanor, fijaos en que la Mentira tiene muy grandesramas y sus flores, que son sus palabras, pensamientos o halagos, son muyagradables y gustan mucho a las gentes, aunque sean efímeros y nuncalleguen a dar buenos frutos. Por ello, aunque vuestros enemigos usen de loshalagos y engaños de la mentira, evitadlos cuanto pudiereis, sin imitarlosnunca en sus malas artes y sin envidiar la fortuna que hayan conseguidomintiendo, pues ciertamente les durará poco y no llegarán a buen fin. Así,cuando se encuentren más confiados, les sucederá como al árbol de laMentira y a quienes se cobijaron bajo él. Aunque muchas veces en nuestrostiempos la verdad sea menospreciada, abrazaos a ella y tenedla en granestima, pues por ella seréis feliz, acabaréis bien y ganaréis el perdón y lagracia de Dios, que os dará prosperidad en este mundo, os hará muyhonrado y os concederá la salvación para el otro.Al conde le agradó mucho este consejo que Patronio le dio, siguió susenseñanzas y le fue bien.Y viendo don Juan que este cuento era muy bueno, lo mandó poner en estelibro y compuso unos versos que dicen así: Evitad la mentira y abrazad la verdad, que su daño consigue el que vive en el mal.Cuento XXXV:Lo que sucedió a un mancebo que casó con unamuchacha muy rebelde.Otra vez hablaba el Conde Lucanor con Patronio, su consejero, y le decía:-Patronio, un pariente mío me ha contado que lo quieren casar con unamujer muy rica y más ilustre que él, por lo que esta boda le sería muyprovechosa si no fuera porque, según le han dicho algunos amigos, se trata
  14. 14. de una doncella muy violenta y colérica. Por eso os ruego que me digáis sile debo aconsejar que se case con ella, sabiendo cómo es, o si le deboaconsejar que no lo haga.-Señor conde -dijo Patronio-, si vuestro pariente tiene el carácter de unjoven cuyo padre era un honrado moro, aconsejadle que se case con ella;pero si no es así, no se lo aconsejéis.El conde le rogó que le contase lo sucedido.Patronio le dijo que en una ciudad vivían un padre y su hijo, que eraexcelente persona, pero no tan rico que pudiese realizar cuantos proyectostenía para salir adelante. Por eso el mancebo estaba siempre muypreocupado, pues siendo tan emprendedor no tenía medios ni dinero.En aquella misma ciudad vivía otro hombre mucho más distinguido y másrico que el primero, que sólo tenía una hija, de carácter muy distinto al delmancebo, pues cuanto en él había de bueno, lo tenía ella de malo, por locual nadie en el mundo querría casarse con aquel diablo de mujer.Aquel mancebo tan bueno fue un día a su padre y le dijo que, pues no eratan rico que pudiera darle cuanto necesitaba para vivir, se vería en lanecesidad de pasar miseria y pobreza o irse de allí, por lo cual, si él daba suconsentimiento, le parecía más juicioso buscar un matrimonio conveniente,con el que pudiera encontrar un medio de llevar a cabo sus proyectos. Elpadre le contestó que le gustaría mucho poder encontrarle un matrimonioventajoso.Dijo el mancebo a su padre que, si él quería, podía intentar que aquelhombre bueno, cuya hija era tan mala, se la diese por esposa. El padre, aloír decir esto a su hijo, se asombró mucho y le preguntó cómo habíapensado aquello, pues no había nadie en el mundo que la conociese que,aunque fuera muy pobre, quisiera casarse con ella. El hijo le contestó quehiciese el favor de concertarle aquel matrimonio. Tanto le insistió que,aunque al padre le pareció algo muy extraño, le dijo que lo haría.Marchó luego a casa de aquel buen hombre, del que era muy amigo, y lecontó cuanto había hablado con su hijo, diciéndole que, como el manceboestaba dispuesto a casarse con su hija, consintiera en su matrimonio.Cuando el buen hombre oyó hablar así a su amigo, le contestó:
  15. 15. -Por Dios, amigo, si yo autorizara esa boda sería vuestro peor amigo, puestratándose de vuestro hijo, que es muy bueno, yo pensaría que le hacíagrave daño al consentir su perjuicio o su muerte, porque estoy seguro deque, si se casa con mi hija, morirá, o su vida con ella será peor que lamisma muerte. Mas no penséis que os digo esto por no aceptar vuestrapetición, pues, si la queréis como esposa de vuestro hijo, a mí mucho mecontentará entregarla a él o a cualquiera que se la lleve de esta casa.Su amigo le respondió que le agradecía mucho su advertencia, pero, comosu hijo insistía en casarse con ella, le volvía a pedir su consentimiento.Celebrada la boda, llevaron a la novia a casa de su marido y, como eranmoros, siguiendo sus costumbres les prepararon la cena, les pusieron lamesa y los dejaron solos hasta la mañana siguiente. Pero los padres yparientes del novio y de la novia estaban con mucho miedo, pues pensabanque al día siguiente encontrarían al joven muerto o muy mal herido.Al quedarse los novios solos en su casa, se sentaron a la mesa y, antes deque ella pudiese decir nada, miró el novio a una y otra parte y, al ver a unperro, le dijo ya bastante airado:-¡Perro, danos agua para las manos!El perro no lo hizo. El mancebo comenzó a enfadarse y le ordenó con másira que les trajese agua para las manos. Pero el perro seguía sin obedecerle.Viendo que el perro no lo hacía, el joven se levantó muy enfadado de lamesa y, cogiendo la espada, se lanzó contra el perro, que, al verlo venir así,emprendió una veloz huida, perseguido por el mancebo, saltando ambospor entre la ropa, la mesa y el fuego; tanto lo persiguió que, al fin, elmancebo le dio alcance, lo sujetó y le cortó la cabeza, las patas y lasmanos, haciéndolo pedazos y ensangrentando toda la casa, la mesa y laropa.Después, muy enojado y lleno de sangre, volvió a sentarse a la mesa y miróen derredor. Vio un gato, al que mandó que trajese agua para las manos;como el gato no lo hacía, le gritó:-¡Cómo, falso traidor! ¿No has visto lo que he hecho con el perro por noobedecerme? Juro por Dios que, si tardas en hacer lo que mando, tendrás lamisma muerte que el perro.
  16. 16. El gato siguió sin moverse, pues tampoco es costumbre suya llevar el aguapara las manos. Como no lo hacía, se levantó el mancebo, lo cogió por laspatas y lo estrelló contra una pared, haciendo de él más de cien pedazos ydemostrando con él mayor ensañamiento que con el perro.Así, indignado, colérico y haciendo gestos de ira, volvió a la mesa y miró atodas partes. La mujer, al verle hacer todo esto, pensó que se había vueltoloco y no decía nada.Después de mirar por todas partes, vio a su caballo, que estaba en la cámaray, aunque era el único que tenía, le mandó muy enfadado que les trajeseagua para las manos; pero el caballo no le obedeció. Al ver que no lo hacía,le gritó:-¡Cómo, don caballo! ¿Pensáis que, porque no tengo otro caballo, osrespetaré la vida si no hacéis lo que yo mando? Estáis muy confundido,pues si, para desgracia vuestra, no cumplís mis órdenes, juro ante Diosdaros tan mala muerte como a los otros, porque no hay nadie en el mundoque me desobedezca que no corra la misma suerte.El caballo siguió sin moverse. Cuando el mancebo vio que el caballo no loobedecía, se acercó a él, le cortó la cabeza con mucha rabia y luego lo hizopedazos.Al ver su mujer que mataba al caballo, aunque no tenía otro, y que decíaque haría lo mismo con quien no le obedeciese, pensó que no se trataba deuna broma y le entró tantísimo miedo que no sabía si estaba viva o muerta.Él, así, furioso, ensangrentado y colérico, volvió a la mesa, jurando que, simil caballos, hombres o mujeres hubiera en su casa que no le hicieran caso,los mataría a todos. Se sentó y miró a un lado y a otro, con la espada llenade sangre en el regazo; cuando hubo mirado muy bien, al no ver a ningúnser vivo sino a su mujer, volvió la mirada hacia ella con mucha ira y le dijocon muchísima furia, mostrándole la espada:-Levantaos y dadme agua para las manos.La mujer, que no esperaba otra cosa sino que la despedazaría, se levantó atoda prisa y le trajo el agua que pedía. Él le dijo:
  17. 17. -¡Ah! ¡Cuántas gracias doy a Dios porque habéis hecho lo que os mandé!Pues de lo contrario, y con el disgusto que estos estúpidos me han dado,habría hecho con vos lo mismo que con ellos.Después le ordenó que le sirviese la comida y ella le obedeció. Cada vezque le mandaba alguna cosa, tan violentamente se lo decía y con tal vozque ella creía que su cabeza rodaría por el suelo.Así ocurrió entre los dos aquella noche, que nunca hablaba ella sino que selimitaba a obedecer a su marido. Cuando ya habían dormido un rato, le dijoél:-Con tanta ira como he tenido esta noche, no he podido dormir bien.Procurad que mañana no me despierte nadie y preparadme un buendesayuno.Cuando aún era muy de mañana, los padres, madres y parientes seacercaron a la puerta y, como no se oía a nadie, pensaron que el novioestaba muerto o gravemente herido. Viendo por entre las puertas a la noviay no al novio, su temor se hizo muy grande.Ella, al verlos junto a la puerta, se les acercó muy despacio y, llena detemor, comenzó a increparles:-¡Locos, insensatos! ¿Qué hacéis ahí? ¿Cómo os atrevéis a llegar a estapuerta? ¿No os da miedo hablar? ¡Callaos, si no, todos moriremos, vosotrosy yo!Al oírla decir esto, quedaron muy sorprendidos. Cuando supieron loocurrido entre ellos aquella noche, sintieron gran estima por el manceboporque había sabido imponer su autoridad y hacerse él con el gobierno desu casa. Desde aquel día en adelante, fue su mujer muy obediente yllevaron muy buena vida.Pasados unos días, quiso su suegro hacer lo mismo que su yerno, para locual mató un gallo; pero su mujer le dijo:-En verdad, don Fulano, que os decidís muy tarde, porque de nada osvaldría aunque mataseis cien caballos: antes tendríais que haberlo hecho,que ahora nos conocemos de sobra.Y concluyó Patronio:
  18. 18. -Vos, señor conde, si vuestro pariente quiere casarse con esa mujer yvuestro familiar tiene el carácter de aquel mancebo, aconsejadle que lohaga, pues sabrá mandar en su casa; pero si no es así y no puede hacer todolo necesario para imponerse a su futura esposa, debe dejar pasar esaoportunidad. También os aconsejo a vos que, cuando hayáis de tratar conlos demás hombres, les deis a entender desde el principio cómo han deportarse con vos.El conde vio que este era un buen consejo, obró según él y le fue muy bien.Como don Juan comprobó que el cuento era bueno, lo mandó escribir eneste libro e hizo estos versos que dicen así: Si desde un principio no muestras quién eres, nunca podrás después, cuando quisieres.Cuento XXXVIII : Lo que sucedió a un hombre que iba cargado conpiedras preciosas y se ahogó en el ríoUn día dijo el conde a Patronio que deseaba mucho quedarse en una villadonde le tenían que dar mucho dinero, con el que esperaba lograr grandesbeneficios, pero que al mismo tiempo temía quedarse allí, pues, entonces,correría peligro su vida. Y, así, le rogaba que le aconsejase qué debía hacer.-Señor conde -dijo Patronio-, en mi opinión, para que hagáis en esto lo másjuicioso, me gustaría que supierais lo que sucedió a un hombre que llevabaun tesoro al cuello y estaba pasando un río.El conde le preguntó qué le había ocurrido.-Señor conde -dijo Patronio-, había un hombre que llevaba a cuestas grancantidad de piedras preciosas, y eran tantas que le pesaban mucho. En sucamino tuvo que pasar un río y, como llevaba una carga tan pesada, sehundió más que si no la llevase. En la parte más honda del río, empezó ahundirse aún más.»Cuando vio esto un hombre, que estaba en la orilla del río, comenzó adarle voces y a decirle que, si no abandonaba aquella carga, corría elpeligro de ahogarse. Pero el pobre infeliz no comprendió que, si moría
  19. 19. ahogado en el río, perdería la vida y también su tesoro, aunque podríasalvarse desprendiéndose de las riquezas. Por la codicia, y pensando cuántovalían aquellas piedras preciosas, no quiso desprenderse de ellas y echarlasal río, donde murió ahogado y perdió la vida y su preciosa carga.»A vos, señor Conde Lucanor, aunque el dinero y otras ganancias quepodáis conseguir os vendrían bien, yo os aconsejo que, si en ese sitiopeligra vuestra vida, no permanezcáis allí por lograr más dinero ni riquezas.También os aconsejo que jamás pongáis en peligro vuestra vida si no esasunto de honra o si, de no hacerlo, os resultara grave daño, pues el que enpoco se estima y, por codicia o ligereza, arriesga su vida, es quien no aspiraa hacer grandes obras; sin embargo, el que se tiene a sí mismo en mucho hade hacer tales cosas que los otros también lo aprecien, pues el hombre no esvalorado porque él se precie, sino porque los demás admiren en él susbuenas obras. Tened, señor conde, por seguro que tal persona estimará enmucho su vida y no la arriesgará por codicia ni por cosa pequeña, pero enlas ocasiones que de verdad merezcan arriesgar la vida, estad seguro de quenadie en el mundo lo hará tan bien como el que vale mucho y se estima ensu justo valor.El conde consideró bueno este ejemplo, obró según él y le fue muy bien.Y como don Juan vio que este cuento era muy bueno, lo mandó poner eneste libro y añadió estos versos que dicen así: A quien por codicia su vida aventura, sabed que sus bienes muy poco le duran.ACTIVIDADES 1. Los 51 cuentos (o exempla) que forman El conde Lucanor tienen una misma estructura narrativa y dos personajes comunes (el conde y Patronio, su consejero), que hacen de hilo conductor. A partir de la lectura de los cuentos anteriores, explica cuál es ese esquema constructivo que se repite. 2. EXEMPLO XXXV: La mujer de mal carácter :
  20. 20. El origen de este cuento es persa ; Shakespeare hizo una versión célebre enLa fierecilla domada. . Explica cuáles son los temas de este cuento y cómorefleja la concepción que se tenía en la época de Don Juan Manuel sobre elmatrimonio y el papel de la mujer en la familia y la sociedad.. 3. EXEMPLO X: Lo que sucedió a un hombre que por falta de otra cosa comía altramuces.En La vida es sueño de Calderón de la Barca hay unos versos (Cuentan deun sabio…) que ilustran bastante bien este cuento. Se inician de la formasiguiente : “Cuentan de un sabio que un día…” Copia la estrofa completa eidentifica de qué tipo de estrofa se trata. 4. EXEMPLO VII: De lo que acontenció a una mujer que decían Doña Truhana.De este cuento existen muchas versiones. La más antigua corresponde a unfabulista griego del siglo VI a.C., Esopo. Casi veinticuatro siglos después,otro fabulista, en este caso español,,Felix María de Samaniego, la recreó denuevo, en verso.Compara las tres versiones y señala los parecidos y diferencias 5. Como puedes deducir de las actividades anteriores ,muchos cuentos medievales han sido recreados con posterioridad. Así el Ejemplo XI, que narra la historia de don Illán, ha fascinado a muchos escritores, entre otros al argentino Jorge Luis Borges (Buenos Aires, 1899 - Ginebra, 1986). En su libro Historia universal de la infamia se encuentra un relato titulado «El brujo postergado».Compara este cuento de Borges con el de Don Juan Manuel. 6. Comenta qué cuento te ha gustado más y por qué.TEXTOS COMPLEMENTARIOS 1. EL BRUJO POSTERGADO
  21. 21. En Santiago había un deán que tenía codicia de aprender el arte dela magia. Oyó decir que don Illán de Toledo la sabía más que ninguno, yfue a Toledo a buscarlo. El día que llegó enderezó a la casa de don Illán y lo encontróleyendo en una habitación apartada. Éste lo recibió con bondad y le dijoque postergara el motivo de su visita hasta después de comer. Le señaló unalojamiento muy fresco y le dijo que se alegraba mucho de su venida.Después de comer, el deán le refirió la razón de aquella visita y le rogó quele enseñara la ciencia mágica. Don Illán le dijo que adivinaba que era deán,hombre de buena posición y buen porvenir, y que temía ser olvidado luegopor él. El deán le prometió y aseguró que nunca olvidaría aquella merced, yque estaría siempre a sus órdenes. Ya arreglado el asunto, explicó don Illánque las artes mágicas no se podían aprender sino en sitio apartado, ytomándolo por la mano, lo llevó a una pieza contigua, en cuyo piso habíauna gran argolla de fierro. Antes le dijo a la sirvienta que tuviese perdicespara la cena, pero que no las pusieran a asar hasta que la mandaran.Levantaron la argolla entre los dos y descendieron por una escalera depiedra bien labrada, hasta que al deán le pareció que habían bajado tantoque el lecho del Tajo estaba sobre ellos. Al pie de la escalera había unacelda y luego un a biblioteca y luego una especie de gabinete coninstrumentos mágicos. Revisaron los libros y en eso estaban cuandoentraron dos hombres con una carta para el deán, escrita por el obispo, sutío, en la que le hacía saber que estaba muy enfermo y que, si queríaencontrarlo vivo, no demorase. Al deán lo contrariaron mucho estasnuevas, lo uno por la dolencia de su tío, lo otro por tener que interrumpirsus estudios. Optó por escribir una disculpa y la mandó al obispo. A los tresdías llegaron unos hombres de luto con otras cartas para el deán, en las quese leía que el obispo había fallecido, que estaban eligiendo sucesor y queesperaban por la gracia de Dios que lo eligieran a él. Decía también que nose molestara en venir, puesto que parecía mucho mejor que lo eligieran ensu ausencia. A los diez días vinieron dos escuderos muy bien vestidos, que searrojaron a sus pies y besaron sus manos y lo saludaron obispo. Cuando doIllán vio estas cosas se dirigió con mucha alegría al nuevo prelado y le dijoque agradecía al Señor que tan buenas nuevas llegaran a su casa. Luego lepidió el decanazgo vacante para uno de sus hijos. El obispo le hizo saberque había reservado el decanzago para su propio hermano, pero que habíadeterminado favorecerlo y que partiesen juntos para Santiago.
  22. 22. Fueron a Santiago los tres, donde los recibieron con honores. A los seis meses recibió el obispo mandaderos del Papa que le ofrecía el arzobispado de Tolosa, dejando en sus manos el nombramiento de sucesor. Cuando don Illán supo esto, le recordó la antigua promesa y le pidió ese título para su hijo. El arzobispo le hizo saber que había reservado el obispado para su propio tío, hermano de su padre, pero que había determinado favorecerlo y que partiesen juntos para Tolosa. Don Illán no tuvo más remedio que asentir. Fueron para Tolosa los tres, donde los recibieron con honores y misas. A los dos años recibió el arzobispo mandaderos del Papa que le ofrecía el capelo de cardenal, dejando en sus manos el nombramiento de sucesor. Cuando don Illán supo esto, le recordó la antigua promesa y le pidió ese título para su hijo. El cardenal le hizo saber que había reservado el arzobispado para su propio tío, hermano de su madre, pero que había determinado favorecerlo y que partiesen juntos para Roma. Don Illán no tuvo más remedio que asentir. Fueron para Roma los tres, donde los recibieron con honores, misas y procesiones. A los cuatro años murió el Papa y nuestro cardenal fue elegido para el papado por todos los demás. Cuando don Illán supo esto, besó los pies de Su Santidad, le recordó la antigua promesa y le pidió el cardenalato para su hijo. El Papa lo amenazó con la cárcel, diciéndole que bien sabía él que no era más que un brujo y que en Toledo había sido profesor de artes mágicas. El miserable don Illán dijo que iba a volver a España y le pidió algo para comer durante el camino. El Papa no accedió. Entonces don Illán (cuyo rostro se había remozado de un modo extraño), dijo con una voz sin temblor: - Pues tendré que comerme las perdices que para esta noche encargué. La sirvienta se presentó y don Illán le dijo que las asara. A estas palabras, el Papa se halló en la celda subterránea en Toledo, solamente deán de Santiago y tan avergonzado de su ingratitud que no atinaba a disculparse. Don Illán dijo que bastaba con esa prueba, le negó su parte de las perdices y lo acompañó hasta la calle, donde le deseó feliz viaje y lo despidió con gran cortesía. (Del Libro de Patrimonio del infante don Juan Manuel, que lo derivó de un libro árabe: Las cuarenta mañanas y las cuarenta noches) Jorge Luis Borges, Historia universal de la infamia. 2. ESOPOUna lechera llevaba en la cabeza un cubo de leche recién ordeñada y caminaba hacia
  23. 23. su casa soñando despierta. "Como esta leche es muy buena", se decía, "dará muchanata. Batiré muy bien la nata hasta que se convierta en una mantequilla blanca ysabrosa, que me pagarán muy bien en el mercado. Con el dinero, me compraré uncanasto de huevos y, en cuatro días, tendré la granja llena de pollitos, que se pasaránel verano piando en el corral. Cuando empiecen a crecer, los venderé a buen precio, ycon el dinero que saque me compraré un vestido nuevo de color verde, con tirasbordadas y un gran lazo en la cintura. Cuando lo vean, todas las chicas del pueblo semorirán de envidia. Me lo pondré el día de la fiesta mayor, y seguro que el hijo delmolinero querrá bailar conmigo al verme tan guapa. Pero no voy a decirle que sí debuenas a primeras. Esperaré a que me lo pida varias veces y, al principio, le diré queno con la cabeza. Eso es, le diré que no: "¡así! "La lechera comenzó a menear la cabeza para decir que no, y entonces el cubo de lechecayó al suelo, y la tierra se tiñó de blanco. Así que la lechera se quedó sin nada: sinvestido, sin pollitos, sin huevos, sin mantequilla, sin nata y, sobre todo, sin leche: sinla blanca leche que le había incitado a soñar.Fábulas de Esopo. Vicens Vives 3. La Lechera (Samaniego) Llevaba en la cabeza una lechera el cántaro al mercado con aquella presteza, aquel aire sencillo, aquel agrado, que va diciendo a todo el que lo advierte ¡Yo sí que estoy contenta con mi suerte! Porque no apetecía más compañía que su pensamiento, que alegre le ofrecía inocentes ideas de contento. Marchaba sola la feliz lechera, y decía entre sí de esta manera: "Esta leche vendida, en limpio me dará tanto dinero, y con esta partida un canasto de huevos comprar quiero, para sacar cien pollos, que al estío merodeen cantando el pío, pío" "Del importe logrado de tanto pollo mercaré un cochino; con bellota, salvado,
  24. 24. berza, castaña engordará sin tino;tanto que puede ser que yo consigaver como se le arrastra la barriga""Llevarélo al mercado:sacaré de él sin duda buen dinero;compraré de contadouna robusta vaca y un ternero,que salte y corra toda la campaña,hasta el monte cercano a la cabaña".Con este pensamientoenajenada, brinca de maneraque a su salto violentoel cántaro cayó. ¡Pobre lechera!¡Qué compasión! Adiós leche, dinero,huevos, pollos, lechón, vaca y ternero.¡Oh loca fantasía!,¡Qué palacios fabricas en el viento!Modera tu alegría;no sea que saltando de contento,al contemplar dichosa tu mudanza,quiebre tu cantarilla la esperanza.No seas ambiciosade mejor o más próspera fortuna;que vivirás ansiosasin que pueda saciarte cosa alguna.No anheles impaciente el bien futuro:mira que ni el presente está seguro.

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