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El Sistema de Estados Europeos En la Era de Bismarck.

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El Sistema de Estados Europeos En la Era de Bismarck. La Formación de los principales imperios coloniales. La Conferencia de Berlín (1885 y el Reparto de África
por Rosario de la Torre del Río

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El Sistema de Estados Europeos En la Era de Bismarck.

  1. 1. 16. EL «SISTEMA DE ESTADOS EUROPEOS» EN LA ERA DE BISMARCK.LA FORMACIÓN DE LOS PRINCIPALES IMPERIOS COLONIALES. LACONFERENCIA DE BERLÍN (1885) Y EL REPARTO DE ÁFRICA ©Rosario de la Torre del Río Catedrática de Historia Contemporánea Universidad Complutense de Madrid Entre 1871 y 1890, la vida internacional estuvo dominada por las políticas(principios, objetivos e iniciativas) de un conjunto de grandes potencias europeas que seestaban fortaleciendo con la industrialización mientras iban extendiendo sus dominios ysus antagonismos a escala mundial. Aunque la extensión mundial del dominio europeoprovoque tensiones entre las potencias, el sistema internacional siguió siendo un sistemamultipolar europeo compatible con la nueva preponderancia continental del Reich Alemány con la vieja hegemonía marítima de Gran Bretaña. La dirección de la políticainternacional siguió siendo responsabilidad de unas pocas personas aunque su manejo secomplique como consecuencia de tres factores nuevos: la intensificación de la agitación delas minorías nacionales, el crecimiento de la intervención de la opinión pública y elincremento de la competencia económica entre los Estados industrializados. Ladesconfianza hacia la preponderancia de Alemania, el permanente antagonismo franco-alemán, los problemas balcánicos y las rivalidades austro-rusa y anglo-rusa llevarán a losEstados a mantener de manera permanente ejércitos y flotas cada vez más nutridos ymejor armados. En cualquier caso, conviene no perder de vista que los años 1871-1890no son sólo los años de la Europa de Bismarck. El estadista prusiano empequeñeció,pero no consiguió eliminar ni a sus aliados ni a sus rivales; unos y otros –en distintamedida- no siempre le necesitaron y no siempre apreciaron sus consejos, sus amenazaso sus halagos.Europa, marco privilegiado de las relaciones internacionales En una época en la que se necesitaba una semana para ir de Londres a NuevaYork, más de tres semanas para ir de Barcelona a Buenos Aires y más de un mes para ir deMarsella a Shanghai o a Tokio, no deba extrañarnos que las relaciones entre Europa y elresto del mundo fueran limitadas. La desaparición de los espacios en blanco de losmapamundis no significaba el inmediato desarrollo de los intercambios económicos, delos desplazamientos humanos o del protagonismo de Estados extra-europeos en un juegointernacional tradicionalmente europeo; Europa –el continente y sus periferias- seguía
  2. 2. 2siendo el espacio privilegiado de las relaciones internacionales mientras la pujantecivilización europea, que se presentaba a sí misma como el mejor símbolo de la marcha delos hombres hacia el progreso y la razón, daba un fundamento común a la elitista sociedadinternacional cosmopolita formada por diplomáticos, políticos y monarcas que compartíanmaneras de vivir y que se entendían entre sí fundamentalmente en francés. Por supuesto, la Europa política estaba lejos de ser un todo homogéneo, hacia 1871se distinguían con claridad los Estados que contaban en las relaciones internacionales y lossecundarios. La lista de los primeros es breve y no difiere mucho de los protagonistas delperíodo anterior: Gran Bretaña, Rusia, Alemania, Austria-Hungría y Francia. Tanto elImperio Otomano como Italia deberán colocarse en una posición secundaria. Los demásEstados sólo podrán intervenir en los asuntos internacionales que les afecten directamente;como consecuencia de ello, unos permanecerán marginales a las grandes cuestiones,como siempre definidas por los intereses de las grandes potencias, otros buscarán elpatronazgo de alguna e ellas para mejorar su posición y, como consecuencia de ello,podrán verse peligrosamente involucrados en la gran política internacional. En estascondiciones, la vida internacional de los años que estamos estudiando estuvo dominadapor las relaciones entre las grandes potencias, por la fidelidad de sus políticas a objetivos yestrategias tradicionales, por la necesidad de poner en marcha nuevas políticas para hacerfrente a una situación internacional distinta, en la que destacaba por encima de cualquierotra cosa la formación –en el centro del continente europeo- de un nuevo Reich alemánbajo la dirección de Prusia. Sin duda, Gran Bretaña seguía siendo la mayor potenciamarítima y seguía deseando el mantenimiento del equilibrio de poder entre las potenciascontinentales –el equilibrio europeo-; tras las guerras napoleónicas, todo el mundoentendía que Londres no consentirá nunca una hegemonía sobre el continente y que haríatodo lo que estuviese en su mano para proteger la ruta a la India por el Cabo de BuenaEsperanza y, sobre todo, por el Mediterráneo y por el Canal de Suez inaugurado en 1869.En un grado distinto, el Imperio Zarista tenía unas preocupaciones similares; desde 1815aparecía como el principal guardián del orden establecido, había encontrado en Asiaamplio espacio para su expansión y, con unas fronteras europeas que englobaban unabuena parte de Polonia, Finlandia, Besarabia y los países bálticos, no parecía desear unmayor avance sobre sus fronteras occidentales; sin embargo, su percepción y objetivossobre el mar Negro y los estrechos Bósforo y Dardanelos no habían cambiado: haría todolo posible por abrirse paso hacia el Mediterráneo Oriental. Aunque tanto Gran Bretañacomo Rusia permanecieran neutrales durante la guerra franco-prusiana, la posición de las
  3. 3. 3dos grandes potencias vencedoras de Napoleón quedó alterada por el rotundo triunfo dePrusia y por la formación de un nuevo Reich alemán cuyos objetivos internacionalespodían ser mucho más ambiciosos que los de la vieja Prusia. Pero, sin duda, las posicionesinternacionales más alteradas eran la de Austria, expulsada del Norte de Italia y delproyecto alemán, y la de Francia, vencida, amputada de dos provincias y estigmatizadainternacionalmente por su régimen republicano.Las nuevas condiciones políticas El tratado de Frankfurt de 1871, al cerrar el período de inestabilidad, violencia yrevisión internacionales abierto por la guerra de Crimea, disipó las viejas ensoñacionesrománticas de una voluntaria federación de Estados construida por el empuje arrollador deunos pueblos supuestamente más amantes de la paz que sus viejos dirigentes. La realidadinternacional que se impuso tras la guerra franco-prusiana de 1870 fue la del viejo sistemaeuropeo de grandes potencias soberanas, que ahora se presentaban en el escenariointernacional industrializadas y dirigidas por gobiernos cada vez más poderosos. Los jefesde Estado, los jefes de Gobierno, los ministros de Asuntos Exteriores y los diplomáticossiguieron desempeñando un papel fundamental en la política internacional y en Europasiguió dominando el régimen monárquico; la conservación de las monarquías, incluso enaquellos Estados cuyos parlamentos limitaban el poder de los soberanos, siguióconstituyendo un elemento básico de las relaciones internacionales. Los reyes europeos,unidos por sólidos lazos familiares, mantuvieron una cierta solidaridad política entre ellosy jugaron a menudo un papel moderador. A la inversa, la existencia de un régimenrepublicano aislaba, de entrada, a quien lo establecía. A pesar de la difusión del telégrafo yde las nuevas facilidades para los desplazamientos, los diplomáticos mantendrían su viejaimportancia en el manejo de unos asuntos, que siguieron dependiendo de las decisiones demuy pocas personas muy condicionadas por la búsqueda de la seguridad militar de susEstados. Diplomáticos y políticos seguían pensando que los Estados estaban obligados adisponer de fronteras defendibles que, teniendo en cuenta las técnicas militares de laépoca, se afirmasen sobre las disposiciones naturales del territorio: mares, montañas y ríos.En 1871, a pesar de las consecuencias de las guerras de período anterior, las grandespotencias europeas entendieron que el beneficioso equilibrio de poder previamenteexistente entre ellas se mantenía, aunque Prusia hubiese sido substituida por una Alemaniamás poderosa, aunque Italia se hubiese unificado, aunque Austria hubiese quedado más
  4. 4. 4debilitada y Francia vencida y amputada de Alsacia-Lorena. En 1871, medio siglo despuésde haber derrotado a Napoleón, las grandes potencias seguían considerando que Europaera múltiple y que lo peor para el conjunto era la hegemonía de uno; el equilibrio entreellas seguía existiendo y era fundamental evitar que se pusiera en cuestión, ya que esosignificaría probablemente la guerra –y la revolución- en Europa. De esta manera, en1871, los políticos y los diplomáticos entendieron que debían evitar esa guerra mientras sepreparaban para enfrentarse a ella en las mejores condiciones; para responder a estos dosobjetivos aparentemente contradictorios, entendieron, como en el pasado, que debíandeterminar de dónde les venían las amenazas y, en función de su situación geográfica,buscar las alianzas que mejor reforzasen su poder. En cualquier caso, los diplomáticos tenían que tener en cuenta la naturaleza y laextensión de las fuerzas militares en Europa. El Reich alemán disponía de un ejército detierra activo de 400.000 hombres en 1874 y de 490.000 en 1890, al que se añadían losreservistas que, en caso de conflicto, permitía a Alemania, hacia 1885, poner en línea1.800.000 hombres. Francia, a pesar de su menor potencia demográfica, podía disponer(sobre el papel) de unos efectivos activos comparables. El Imperio Ruso, gracias a susreservas humanas, contaba con cerca de 1.000.000 hombres. Conviene recordar que, enestos años, el papel de los militares en las relaciones internacionales se acrecienta y que nohabrá Embajada que no cuente entre su personal con agregados militares encargados delespionaje y de la venta de armas.Las nuevas condiciones económicas La manifestación más evidente de la existencia de las fronteras es la presencia delas aduanas y la legislación aduanera es uno de los atributos esenciales de la autoridad delos Estados. La política desarrollada por un Estado hacia los extranjeros se confunde amenudo con el grado de permeabilidad de sus normas aduaneras. De manera general, elperiodo que estudiamos se caracteriza por una tendencia muy clara: la transición delliberalismo al proteccionismo; de un mundo en el que las mercancías podían circularlibremente se pasa con rapidez a un mundo cerrado, erizado de barreras aduaneras queencarecen fuertemente los productos extranjeros. El liberalismo, que había triunfado en laEuropa Occidental hacia 1860, se bate en retirada desde 1876. Las causas de este cambioson múltiples; por una parte, la coyuntura económica mundial se transforme entre 1873 y1878 y de una fase de prosperidad y de crecimiento rápido, que duraba desde 1848-1850,se pasa a un período de contracción en el que bajan los precios y disminuye la producción;
  5. 5. 5por otra parte, el desarrollo de los transportes marítimos y de las redes ferroviarias quepermiten colocar en los mercados europeos productos agrícolas a precios muy inferiores alos que mantenían los productos nacionales similares; por último, los nuevos Estadosindustriales, que no pueden competir en un mercado abierto, entienden que, para crecer,necesitan asegurar las ventas de sus productos en unos mercados nacionales protegidos. Lamultiplicación de las barreras aduaneras fortaleció en estos años los crecientesnacionalismos europeos: del recelo hacia el competidor económico extranjero se pasaríacon rapidez a la desconfianza. Pronto la lucha comercial daría paso a verdaderas guerrasaduaneras como las que se desarrollaron en este período entre Francia e Italia en 1887-1888 o entre Rusia y Alemania en 1886. El desarrollo de la industria pesada y el crecimiento de la red ferroviaria y de laflota se convirtieron en bases tan necesarias para que un Estado fuera considerado unagran potencia como la existencia de un amplio territorio y de una población muynumerosa. En particular, la presión permanente del crecimiento demográfico europeoexigió la búsqueda de recursos -materias primas y alimentos- más allá de las fronteras, ylos gobiernos se sintieron llamados a jugar un papel fundamental en todas lasmanifestaciones de ese imperialismo económico: decidían las conquistas coloniales bajo lainspiración de sus preocupaciones políticas y estratégicas; firmaban tratados de comercioo tomaban medidas aduaneras que animaban rivalidades y suscitaban verdaderas guerraseconómicas; orientaban las inversiones de capitales autorizando las iniciativas extranjeraso presionando a los Estados que debían dar el visto bueno a las propias. Los hombres denegocios, por su parte, pidieron el apoyo de sus gobiernos para facilitar su actividad en elextranjero exagerando la relación existente entre los intereses generales del Estado y losintereses económicos derivados de su presencia en el mundo. El desarrollo de losintercambios internacionales de productos y de capitales profundizó la interdependenciade los diferentes países y pareció anunciar el nacimiento de un mundo más solidario; sinembargo las cosas no fueron por ese camino, sino por el del nacionalismo económico quesurgió tras el abandono generalizado del libre cambio. La nueva importancia de lasgrandes rutas mundiales multiplicó el número de zonas peligrosas en la medida en quevarios Estados tuvieron interés en controlarlas.El nuevo marco psicológico y social El aumento de las migraciones y la intensificación de las relaciones comerciales yfinancieras facilitaron la percepción de que todos los hombres pertenecían a un mismo
  6. 6. 6mundo. Aunque el horizonte cotidiano de la inmensa mayoría de la poblaciónpermaneciese limitado a pueblo o ciudad en la que habitaba, el conocimiento de “losotros” progresó entre las poblaciones que disfrutaban de un cierto confort material. Treseran entonces las principales fuentes de información: 1) los viajes personales, muyminoritarios, 2) los desplazamientos colectivos extraordinarios, que respondían a dostipos: las guerras, con sus cortejos de invasiones, movilizaciones y combates, y lastransferencias de población como consecuencia de acuerdos internacionales, y 3) la lecturade los medios de información. El progreso del parlamentarismo democrático y de la prensa de masas facilitó laparticipación de la opinión pública en la política exterior. El ruido que levantaban losacontecimientos internacionales se fue haciendo cada vez mayor y las rivalidades sefueron exacerbando en medio de pasiones que los gobiernos aprendieron a manejarorientando la opinión en la dirección que les interesaba. Aunque el desarrollo de la nuevaprensa popular y la influencia creciente en las mentalidades colectivas sea posterior, losaños ochenta lo prepararían con la difusión de la alfabetización de las gentes –sobre todoen Europa Occidental y América del Norte- e inventos como la rotativa (1872) o lalinotipia (1884). En cualquier caso, sorprende la mala calidad de las informaciones sobrelos vecinos -fragmentarias, falsas y estereotipadas- y la falta de objetividad con que serecogían los problemas internacionales o coloniales. Como sabemos que los fondossecretos de todos los Estados europeos fueron utilizados de manera generosa para sostenera esa nueva prensa popular, debemos entender que, en aquellos años, cuando estaba apunto de aparecer una sociedad de masas, las nuevas opiniones públicas fueronampliamente manipuladas. Pero para entender la elaboración de una política exterior, no basta con tener encuenta las “imágenes” que los habitantes de un Estado se hacen sobre los extranjeros,debemos tener en cuenta sobre todo las ideas –verdaderas o falsas- que esos habitantes sehacen de ellos mismos, de su lugar en el mundo, y de sus intereses fundamentales conrespecto a los demás. Cuando un conjunto de personas comparte el sentimiento de formarun todo que hace cuerpo con un Estado, estamos ante lo que podemos denominar Nación-Estado; si ese todo es una parte de un Estado más extenso, podemos denominarloNacionalidad. Según los casos, las Nacionalidades pueden integrarse en un Estado federalo oponerse al poder existente. La historia de Europa de los años que estamos estudiandoestuvo marcada por la constitución de Estados-Nación y por la existencia deNacionalidades que se consideraban oprimidas y que buscaban constituirse en un nuevo
  7. 7. 7Estado-Nación o integrase en otro ya existente. Había nacido una potente ideología, elnacionalismo, y se estaba desarrollando un importantísimo movimiento político, elmovimiento de las nacionalidades, que buscaba la coincidencia entre sentimiento depertenencia a una comunidad cultural con su articulación política en un Estado-Nación, yque se había materializado tras la derrota de Napoleón tanto en el desarrollo de lasrevoluciones de 1820, 1830 y 1848 como en los procesos de unificación italiana yalemana. En los años que estudiamos, el movimiento de las nacionalidades sigue vivotanto en la Europa Occidental como en la Europa Oriental aunque no en todas partestenga consecuencias internacionales relevantes. Lo que caracteriza estos años es la profundidad con que la agitación de lasnacionalidades minoritarias empieza a debilitar a Estados multiculturales como Austria-Hungría o Imperio Otomano. El dualismo austro-húngaro, instituido en 1867, no tuvo encuenta el evidente descontento de las demás nacionalidades, tanto de las efectivas (polaca,checa y croata), como de las potenciales (eslovaca, rutena y eslovena), o de aquellas(serbia, rumana e italiana) que podían buscar su incorporación a Estados-Nación yaexistentes. En la parte europea del Imperio Otomano el problema de las nacionalidades seplanteará de otra manera; en 1870, Grecia, Serbia, Montenegro y Rumania eran Estadosautónomos con fronteras que no incorporan a todos los que se sentían de la mismacomunidad nacional, que seguían estando bajo la soberanía otomana de la misma maneraque lo estaban los búlgaros. En 1878, los primeros obtendrán la independencia y, a partirde ese momento, todos –también los búlgaros- reivindicarán su unidad nacional frente aun Imperio Otomano muy debilitado. El problema internacional se complicó porque tantoAustria-Hungría como Rusia animarán y utilizarán en beneficio propio lasreivindicaciones y rivalidades nacionales de los pueblos balcánicos.La victoria alemana y el equilibrio europeo En 1871, tras las derrotas de Austria y Francia, la realización de la unidad alemanatransformó el equilibrio de poder entre las grandes potencias europeas no sólo porque secreó un poderoso Estado alemán en el centro del continente, sino también porque aquelloalteró profundamente la posición relativa de Austria y de Francia en ese equilibrio depoder. Alemania alcanzó así, de golpe, la preponderancia en Europa gracias al poder de suejército y Otto von Bismarck encarnó esa primacía; hábil en las negociaciones complejas yen la adaptación de su sistema a las transformaciones sobrevenidas a lo largo de veinte
  8. 8. 8años, el canciller alemán dirigió el juego diplomático con el objetivo de conservar un statuquo europeo que favorecía los intereses prusianos que él representaba. La unificación de Italia y de Alemania redujo fuertemente la posición internacionalde Austria, simplificando y concentrado sus objetivos de política exterior en la región delos Balcanes. Aunque Bismarck no quisiera unirla al nuevo Reich, deseó contar con ella;pensaba que Austria había jugado un papel tan importante en el mundo germánico, que sucolaboración era indispensable para la existencia de una Alemania que se había unificadosin ella. El emperador austriaco Francisco-José, por su parte, tras la derrota de Sadowa,buscó la salvación del sistema político que coronaba en un compromiso con losnacionalistas húngaros que, en la nueva Monarquía Dual, convertirían sus interesesbalcánicos en predominantes y facilitarían el compromiso con la nueva Alemania. Lainfluencia determinante del conde Gyula Andrássy, miembro de una distinguida familiamagiar, marcaría la dirección que la política exterior austro-húngara mantuvo hasta 1914,una dirección que agudizaba un posible conflicto con el Imperio Ruso por el control de losBalcanes. Francia, que disponía de unas finanzas y una economía muy sólidas, reconstruyórápidamente su ejército y no se resignó a la pérdida de Alsacia-Lorena. La revancha seconvirtió en un tema enquistado en el recuerdo de la derrota y en el fuerte sentimiento deinseguridad y de aislamiento que aprisionó en estos años a la inmensa mayoría de losfranceses. Bismarck, que estaba convencido de que Francia no se conformaría, pensó que,sin aliados, debería posponer la revancha. Para garantizar el aislamiento francés, Bismarckestablecería un sistema de alianzas permanentes y usaría la amenaza, más para intimidarque con la voluntad de desencadenar una guerra preventiva. En cualquier caso, susmaniobras anti-francesas contribuyeron a mantener la tensión internacional a lo largo deestos años y a justificar el crecimiento de ejércitos y flotas. Con la seguridad que le proporcionaba la superioridad de su economía industrial yde su marina comercial y de guerra, Inglaterra no se inquietaría por el establecimiento deuna preponderancia alemana que respetaría la independencia de los territorioscontinentales del otro lado del puerto de Londres, que no incluiría la construcción de unaflota de guerra y que no ambicionaría un gran imperio colonial. Los británicos, queseguían confiando en su flota y en las soluciones empíricas, se mantuvieron fieles a unapolítica exterior sin alianzas permanentes que pudieran comprometer un futuro cuyosperfiles exactos se desconocían.
  9. 9. 9El Mediterráneo y la cuestión de Oriente En estos años aumentó la importancia internacional del Mediterráneo. Los británi-cos, que desde principios del siglo XVIII disfrutaban en ese mar de una posición hegemó-nica, habían tenido que contar, desde 1830, con la presencia de Francia en Argel. Laapertura del canal de Suez en 1869 y la unificación de Italia introdujeron incertidumbresen un espacio estratégico que sin duda se complicaba un poco más. Por otra parte, Austria-Hungría, rechazada en Italia y en Alemania, concentró todasu atención en el Sur-Este, el único campo de acción posible, el único que interesaba a loshúngaros. Así, obtener en los Balcanes una zona de influencia que asegurase lacomunicación entre el valle del Danubio y el puerto de Salónica se convirtió en unanecesidad vital desde el momento en que el compromiso dual entre austriacos y húngarosse mantuvo a costa de los intereses de eslavos y rumanos; la vigilancia -y el control- de losterritorios de soberanía otomana donde vivían otros eslavos y rumanos apareció como laúnica posibilidad de evitar el contagio de una insurrección nacionalista que podría destruirel Estado multinacional. Alemania favoreció esa dirección de la política austro-húngara;su apoyo sería indispensable en la medida en que esa política enfrentaba a Austria-Hungría con Rusia. Rusia, que soñaba con conseguir una salida libre al mar Mediterráneo, aprovechóla guerra franco-prusiana para recuperar su libertad de acción en el mar Negro. Sueconomía y sus finanzas seguían siendo frágiles; su ejército no tenía ni cuadros sólidos ni,a pesar de su crecimiento demográfico, reservas importantes. Pero sus dirigentes -el zarAlejandro II y el canciller Alexander Gorchakov- confiaron en que la gran debilidad delImperio Otomano les permitiría actuar a través del descontento de los pueblos cristianosque se encontraban bajo su soberanía. El Imperio Otomano era, más que nunca, el hombre enfermo de Europa. Lastímidas reformas introducidas bajo la presión de los jóvenes turcos no consiguieronconvertir en ciudadanos iguales ante la ley a los distintos súbditos del sultán deConstantinopla. El proceso de desmembración del Imperio continuó. Túnez y Egipto,teóricamente vasallos, eran en realidad Estados independientes. En los Balcanes, Grecia,un reino independiente, extendía su soberanía, tres principados vasallos que gozaban deuna cierta autonomía, Montenegro, Serbia y Rumania buscaban su total independencia y,en las tierras europeas bajo dominio directo otomano, los cristianos se movilizaban ydirigían sus esperanzas hacia sus hermanos emancipados políticamente. Por otra parte, ladebilidad económica del Imperio Otomano había permitido la entrada de capitales
  10. 10. 10franceses y británicos que habían ido controlando su deuda pública. Pero aunque todopareciese presagiar la pronta desaparición del poder otomano en el Sur-Este europeo, elenfrentamiento entre las grandes potencias impidió un acuerdo sobre su reparto; laexistencia de esos Estados ya emancipados y la agitación de los pueblos que se sentíandiscriminados, favorecieron el crecimiento de las ambiciones de Rusia sobre la región, eltemor de Austria-Hungría de que el nacionalismo de los eslavos del sur se contagiase a suImperio y la necesidad del Imperio Británico de defender los accesos a la India. Lasgrandes potencias no compartían intereses en esta zona de Europa y los turcos seaprovecharon de ello para prolongar su poder: mientras Austria-Hungría y Rusia sevigilaban y se neutralizaban, Inglaterra, que estaba decidida a frenar el avance ruso,consideró prioritario conservar el statu quo de la región y retrasar el reparto de unosterritorios ambicionados por muchos. El problema internacional derivado de ese juego deintereses encontrados se conoce en la historiografía como “cuestión de Oriente”.Oposiciones a escala mundial e inicios de una paz armada La penetración occidental en Asia y África en estos años fue frenada más por losenfrentamientos entre las potencias que por las resistencias locales. Estados Unidos seopuso a toda acción política y militar de Europa en América, pero no pudo evitar laintensificación de su penetración económica y financiera. Japón tuvo que contentarse conasegurar su independencia mientras modernizaba su economía, ejército y flota. Desarro-llándose bajo todas sus formas, el imperialismo europeo profundizó las rivalidadestradicionales y creó otras nuevas. Inglaterra evitó los problemas continentales y prefiriógarantizar y extender su posición en el mundo. Francia incrementó sus exportaciones decapital y en 1881 se lanzó a una ambiciosa expansión colonial. Rusia aceleró su penetra-ción en Asia. Italia probó suerte en África. Como consecuencia de todo ello, sefortalecieron rivalidades antiguas y nacieron rivalidades nuevas; entre las rivalidadesantiguas que se fortalecieron destacan las que siguieron enfrentando al Imperio Británicocon Francia, por el reparto de África, y con Rusia, por la defensa de la India; entre lasnuevas rivalidades destaca la que empieza a enfrentar a Italia con Francia por el reparto deÁfrica. Bismarck dará prioridad al aislamiento de Francia y al antagonismo franco-alemánpor Alsacia-Lorena y, fiel a consideraciones continentales en la tradición de Federico elGrande, no quiso comprometer la seguridad del Reich con ganancias colonialesconflictivas o que necesitase apoyar con una flota de alta mar cuya construcción leenfrentaría con el Imperio Británico. La limitada ambición de Bismarck en la carrera
  11. 11. 11colonial no quiere decir ni que el canciller alemán renuncie a toda conquista colonial, queno es el caso, ni que no utilice los enfrentamientos coloniales de las demás potencias –enparticular, la que enfrentaba a franceses y británicos- en beneficio de sus objetivosinternacionales. Fuera de Europa, los europeos emprendieron numerosas guerras contra pueblosafricanos y asiáticos, pero en Europa, los 43 años que siguieron a los cambios violentos de1854-1871 fueron años sin guerras y sin cambios fronterizos, con la excepción de lo queocurriría en los Balcanes. Podríamos pensar, por lo tanto, que las grandes potenciaseuropeas no sentirían la necesidad de rearmarse de manera compulsiva. Sin embargo, bajolos efectos de la guerra franco-prusiana, del desarrollo de la cuestión de Oriente y de laintensificación de las ambiciones imperialistas, la tensión entre las grandes potencias nodisminuyó. En concreto, la experiencia del inesperado y formidable éxito militar prusianoincitó a la mayor parte de los Estados a imitar su sistema militar aprovechando las grandesy nuevas posibilidades que les proporcionaba su creciente capacidad industrial. Por otraparte, para ser capaces de iniciar acciones imprevistas y para favorecer los esfuerzos alargo término, todos los Estados conservaron, de manera permanente, fuertes ejércitosactivos y organizaron reservas cada vez más considerables; la única gran potencia que nolo hizo fue Inglaterra, que se sentía protegida por su insularidad y por la absolutasuperioridad de su flota. Pero esos ejércitos masivos exigían una cuidadosa preparaciónpara poder ser concentrados en un punto y para poder maniobrar a gusto de sus mandos;de ahí el creciente papel estratégico de los ferrocarriles y la creciente importancia deplanes minuciosos, que incesantemente se elaborarían y se modificarían bajo la direcciónde escuelas de guerra y Estados-mayores. Se estaba poniendo en marcha la carrera dearmamentos que caracterizaría la paz armada de los años que conducen a la Gran Guerra.Las primeras precauciones de Bismarck (1871-1875) Aunque los gobiernos franceses que afrontaron las consecuencias de la derrota de1871 se inclinasen por una política exterior prudente, que alejó la revancha de losplanteamientos inmediatos, Bismarck no se confió. Dispuesto a que se cumplieseníntegramente las cláusulas del tratado de Frankfurt, el canciller fue consciente de suextrema dureza y buscó el aislamiento de Francia mientras retrasaba su reorganización.Para asegurar el pago de los cinco mil millones de francos-oro de la indemnización deguerra, Bismarck, cuyo ejército ocupaba una parte del territorio francés, procuró explotar
  12. 12. 12los inevitables incidentes que se produjeron. Para evitarlo, la República, presidida porAdolphe Thiers, adelantó el pago, y las tropas alemanas tuvieron que retirarse en 1873. Bismarck procuró entonces garantizar el aislamiento internacional de la Franciarepublicana; le tranquilizaba que Austria-Hungría se mostrase resignada ante la formaciónde la Pequeña Alemania y le convenía que Rusia quisiera evitar la formalización delapoyo alemán a la política balcánica de Austria-Hungría. Las tres tendencias confluyeronen la firma de los dos textos que constituyen la Liga de los Tres Emperadores de 1873:una convención militar defensiva germano-rusa y una convención política, a tres, en la quelos firmantes se comprometían a consultarse si aparecían dificultades. Alemania no teníaningún interés directo en la cuestión de Oriente y Bismarck esperaba poder conciliar losintereses de austro-húngaros y rusos en los Balcanes. Pero en 1875 la tensión franco-alemana se disparó. Un proyecto de ley francés,aumentando el número de los oficiales de su ejército para encuadrar mejor a susreservistas, llevó a algunos periódicos alemanes –bajo la inspiración directa de Bismarck-a hablar de una guerra preventiva para evitar el rearme francés. En realidad, el cancillersólo quería intimidar a Francia y obligarla a renunciar al incremento de oficiales; pero elgobierno francés amplificó la crisis y pidió apoyo a Inglaterra y Rusia, que realizaroniniciativas apaciguadoras, marcando con ellas límites al incipiente sistema bismarckiano:las dos grandes potencias que habían derrotado a Napoleón no admitirían una mayorexpansión en el continente de la Alemania unificada que rompiese el equilibrio europeo.La crisis oriental de 1875-1878 y el Congreso de Berlín En 1875 estalló también una insurrección eslava en Herzegovina que se extendió aBulgaria; el gobierno turco desató contra sus gentes toda su violencia. La situación secomplicó todavía más en 1876, cuando los pequeños Estados eslavos autónomos de Serbiay Montenegro atacaron a los turcos y fueron rápidamente derrotados por ellos. La derrotade serbios y montenegrinos vino a fortalecer a Austria-Hungría al impedir la formación deuna gran Serbia que se hubiese extendido a Herzegovina y a Bosnia, un triángulo detierras eslavas que se empotraba en la frontera de la Monarquía Dual, en medio deterritorios habitados por poblaciones descontentas también eslavas. Con el apoyo deBismarck, el conde Andrássy, ministro de Asuntos Exteriores del gobierno de Viena,intentó entonces controlar la situación liderando una presión colectiva de las potenciaspara que los turcos emprendieran reformas políticas que apaciguaran el descontento de los
  13. 13. 13eslavos y que impidieran las iniciativas rusas en nombre de la protección internacionalque entendía deber a los eslavos del sur. Pero el planteamiento de Andrássy no tuvo éxito y ello facilitó la intervención deBenjamin Disraeli, primer ministro británico, que lógicamente puso el acento en el peligroruso y no quiso colaborar en la dirección por Viena. La posición británica permitió ganartiempo al Imperio Otomano. El sultán Abdul Hamid II entregó el poder a los jóvenesturcos y prometió una constitución con el único objetivo de paralizar la acción de lasgrandes potencias. Conseguido esto, retornó a sus anteriores prácticas políticas. En 1877,Rusia decidió intervenir tras asegurarse la neutralidad austro-húngara y británica con lapromesa de no tocar ni Bosnia, ni Salónica ni los Estrechos. Animada por el entusiasmo delos eslavófilos, la guerra ruso-turca de 1877-1878 se desarrolló en los Balcanes y en laTranscaucasia. Aunque la campaña no fue un cómodo paseo militar, el ejército rusoavanzó en pleno invierno hasta las cercanías de Constantinopla y, el 3 de marzo de 1878,el Zar impuso a los turcos el Tratado de San Stefano, sin tener en cuenta el rechazo de suscláusulas por parte de británicos y austro-húngaros, ofuscado por su innegable éxito frentea los turcos. Rusia había logrado una gran victoria: había extendido sus fronteras enTranscaucasia y había incrementado su influencia sobre los Balcanes con elreconocimiento de la independencia -con promesa de engrandecimiento- de Rumania,Serbia y Montenegro y con el reconocimiento de la autonomía política de Bosnia-Herzegovina y de una Gran Bulgaria que incorporaba territorios turcos, cortaba el caminoaustro-húngaro a Salónica y se acercaba a los estrechos Bósforo y Dardanelos. Losgobiernos de Londres y Viena no estuvieron dispuestos a permitirlo y amenazaron a Rusiacon el desencadenamiento de la guerra. Bismarck ejerció entonces una influenciaapaciguadora que, en realidad, beneficiaba a Austria-Hungría, y propuso la reunión de uncongreso internacional en Berlín para acordar de manera colectiva un nuevo statu quo parala región. Rusia, aislada, tuvo que ceder y respetar los intereses de las otras potencias. Losgobiernos británico, austro-húngaro y ruso acordaron primero las cuestiones esenciales;después, Bismarck pudo reunir el Congreso en Berlín (junio-julio de 1878). Rusia tuvoque reducir sus anexiones en Transcaucasia y admitir la partición de su Gran Bulgaria. Encompensación, Austria-Hungría obtuvo el derecho de ocupar militarmente -y deadministrar- la provincia otomana de Bosnia-Herzegovina. De manera paralela, Inglaterrarecibió la administración provisional de Chipre como premio por su protección de losintereses del gobierno turco. Rumania, Serbia y Montenegro vieron reconocidas
  14. 14. 14internacionalmente sus independencias. La ambición de Rusia había sido frenada en losBalcanes; su descontento fue evidente para todos.Europa y el mundo En los años 1871-1890, la época que estamos estudiando, así como en los añosinmediatamente posteriores, Europa estalló de hombres, de necesidades, de capitales, deiniciativas y de ambiciones; sus emigrantes y sus escritores extendieron por todas partessus costumbres, su pensamiento y sus instituciones; sus hombres de negociosestablecieron su dominación económica incluso en las regiones más lejanas que seconvirtieron en una dependencia y en un complemento de su propia vida. En particular,numerosos Estados engrandecieron o crearon, no sin rivalidades internacionales, imperioscoloniales, a menudo difíciles de organizar. Esta expansión, bajo todas sus formas, sirvió alos intereses de los países europeos y provocó al mismo tiempo profundastransformaciones en las sociedades extra-europeas que comienzan a reaccionar, unascomo Estados Unidos y Japón, compitiendo con Europa, otras con los primerosnacionalismos anti-coloniales, intentando limitar la empresa europea. 13 MM de europeos abandonaron Europa entre 1840 y 1880, otros 13 MM lohicieron entre 1880 y 1890, y 20 MM lo harán entre 1890 y 1914; eso sin contar a losrusos que marchan a Siberia. ¿Por qué y cómo? Pasando de 266 MM en 1850 a 452 MMen 1914, la población europea aumentó de manera más rápida que las demás, a pesar de laemigración y los Estados animaron los desplazamientos para favorecer la estabilidadsocial. Los transporte marítimos eran más abundantes y más baratos y algunos paísesquisieron poner en valor sus inmensos territorios. En concreto, la palabra Américaadquirió un valor mágico y evocó el camino hacia la prosperidad y la libertad. Británicos eirlandeses fueron los primeros en partir, después fueron los escandinavos y alemanes, quealcanzaron sus cifras más altas entre 1880 y 1890, finalmente sería la hora de eslavos ylatinos. El primer gran destino fue América de Norte, después llegará la hora de Américadel Sur; destinos menos numerosos fueron también Australia, África del Sur y África delNorte. También se produjeron corrientes migratorias entre países europeos o desde Chinae India hacia el Sur-Este asiático, Insulindia, África del Sur y América. Además de a sus hombres, Europa envió en esta época al resto del mundo suscapitales. En 1914, Gran Bretaña, Francia y Alemania, y en un grado menor, los PaísesBajos, Bélgica, Suiza y Suecia, habían colocado más de 200.000 MM de francos-oro en elextranjero; el 75 % de esa cantidad, fuera de Europa. Esos Estados financiaban así no sólo
  15. 15. 15sus colonias sino también Estados Unidos, Turquía, Irán, China, Japón y América del Sur.Los europeos, ampliamente provistos de capitales gracias a su crecimiento industrial,encontraban tasas de interés ventajosas en los países en los que faltaban capitales o enaquellos en los que promovían producciones que necesitaban. Empujados porpreocupaciones políticas y estratégicas, o influidos por los medios de negocios, enparticular por los bancos que servían de intermediarios, los gobiernos autorizaban estosmovimientos de fondos y a veces obligaban a los Estados desprovistos de capitales aabrirse al comercio y a consentir la instalación de empresas extranjeras. La difusión de lenguas y obras europeas acompañó a la emigración, a lacolonización, a la creación de numerosos escuelas y de algunas universidades y a lasuperioridad económica como había acompañado con anterioridad –y seguirá haciéndolo-a las acciones misioneras. La consecuencia fue la expansión del pensamiento europeo engeneral y de todas las formas del racionalismo y del positivismo en particular. Si Europaextrae de sus relaciones con el mundo el gusto por lo exótico, el mundo extrajo de susrelaciones con Europa el gusto por la literatura naturalista así como por las formas devestir y las distracciones de los europeos. Los espacios en blanco de los mapas fueron desapareciendo. El espíritu deaventura y la curiosidad científica multiplicó las expediciones. El gran público se apasionócon los relatos de viajes y las sociedades geográficas, a través de los periódicos, sugeríanproyectos y ofrecían premios. Los Estados, para preparar posibles penetracionescoloniales, subvencionaban a las expediciones y les proporcionaban apoyo militar. A pesarde la oposición –evidentemente por razones diferentes-, de musulmanes y negreros, Áfricafue el terreno fundamental de las expediciones de esta época en busca de las fuentes de losríos Nilo y Zambeze. El inglés Stanley, que encontró a Livingstone en 1871, siguió suobra con evidente rudeza entre 1872 y 1877. De 1875 a 1885, el francés Brazza exploró entres viajes el territorio que se extendía de Gabon al Congo. Viajeros aislados habíanatravesado el Sahara a mediados del siglo XIX, ahora encontraremos misiones enviadassistemáticamente por Francia. Y no fue sólo África; también se enviaron exploraciones alAsia Central; el ruso Prjevalsky estudió con asombroso detalle el Turquestán chino(Sinkian) y Mongolia entre 1970 y 1885; el sueco Sven Hedin completará esasexploraciones entre 1896 y 1910. En el mar, la exploración de los fondos reemplazó a laexploración de la superficie; la oceanografía científica nació con la vuelta al mundo delChallenger en 1873-1874 y se desarrolló después con las expediciones del príncipe de
  16. 16. 16Mónaco. La conquista de los polos corresponde al período posterior; 1909 el Norte y 1911el Sur. Pero el ejemplo más espectacular de la expansión europea fue la expansióncolonial que se impuso a pesar de las iniciales reticencias de algunos países sin pasadocolonial, de algunos políticos que rechazaban la dispersión de los recursos y lascomplicaciones internacionales, de algunos economistas liberales que denunciaban lasexclusividades comerciales y del movimiento obrero que condenaba la violación de losderechos de los pueblos más débiles y el gasto de unos Estados que lo hurtaban a suspolíticas sociales. Pero a pesar de las reticencias y de los rechazos, una mentalidadcolonial e imperial se extendió por todo el tejido social europeo con el apoyo decidido deteóricos, revistas especializadas y ligas coloniales. La explicación es compleja; existieronfactores materiales (necesidades de la industrialización, materias primas y mercados,excedentes de población y de capitales, y unos transportes más fáciles), existieron factoresindividuales (fuertes personalidades que se realizaron en las exploraciones, banqueros,altos funcionarios y jefes militares decididos a empujar la empresa colonial), existieronfactores políticos y estratégicos (las flotas necesitaban puntos de apoyo para carbonear, losterritorios previos necesitaban protección contra vecinos turbulentos y el nacionalismoentendía que las colonias significaban poder por el que luchar), y existieron factoresmorales (la supresión de la trata de esclavos en África y la protección de los misionerospor todas partes); todos esos factores promovieron la penetración colonialLos imperios coloniales La primera oleada colonial estalló alrededor de 1880 con Disraeli, los rusos, Ferry,Leopoldo II y algunos alemanes aislados. A pesar de las reticencias, entonces fuertes, lacompetición fue lo suficientemente grave como para necesitar una reglamentacióninternacional. Como vimos con anterioridad, la Conferencia de Berlín, al fijar en 1885 elestatuto del Congo, decidió que sólo la ocupación efectiva, y no la instalación en lascostas, daba derecho a la posesión de un territorio. Esta decisión precipitó la carrera paraunir los pedazos coloniales existentes en conjuntos coherentes, y esa carrera por laconquista colonial se aceleró con la entrada en el juego de Alemania, Italia, EstadosUnidos y Japón, y con la progresiva disminución de los territorios susceptibles de serconquistados. Los acuerdos de reparto se multiplicarán a finales del siglo. El Imperio Británico llegó a ser el más basto y el más poblado (la cuarta parte de latierra emergida en 1914) a pesar de hecho de que, hacia 1875, mostrasen un cierto
  17. 17. 17desinterés por sus colonias. Fue necesario que Gran Bretaña empezase a sufrir algunasdificultades económicas para que se manifestase un despertar imperialista que desembocó,pocos años después, en un frenesí de conquistas y de expansión de su poder. El Imperiocomprendía dos tipos de territorios: las colonias de poblamiento blanco y las colonias deexplotación. En primer lugar estaban las grandes colonias de poblamiento blanco; en Canadá yen Australia, tierras muy poco pobladas, en Nueva Zelanda, donde los maoríes fueronrápidamente diezmados, los colonos de origen británico se instalaron sin grandesdificultades e implantaron instituciones y costumbres que reflejaban las abandonadas enla metrópoli. En África del Sur, donde se descubrirían ricas minas de oro y diamantes afinales del siglo, el empeño era más difícil ya que los dueños de la colonia del Cabo, losbritánicos, si querían progresar hacia el interior, necesitaban enfrentarse a los colonos deorigen holandés organizados en las colonias boers de Orange y Transvaal, lo que seproducirá entre 1899 y 1902, a través de una terrible guerra muy costosa también para losbritánicos. Desde 1867, los países de poblamiento blanco fueron recibiendo el estatuto dedominio, amplia autonomía interior y fuertes lazos con la metrópoli que sigue dirigiendosu diplomacia y su defensa. Por otra parte estaban las colonias de explotación, repartidas por todos loscontinentes, que proporcionaban a Gran Bretaña productos coloniales, materias primas ymercados de sus productos industriales. La clave del arco de todo el Imperio era India, dela que Victoria pasará a ser Emperatriz en 1877 y donde los británicos dominabanaprovechando los enfrentamientos entre príncipes y comunidades religiosas. Para protegerla ruta de la India, los británicos mantienen un cierto número de enclaves estratégicos,como Gibraltar, Malta, Adén y Singapur, consiguen asegurarse el control del Canal deSuez, construido bajo el Segundo Imperio Francés, y terminan por imponer suprotectorado a Egipto, provincia del Imperio Otomano, a pesar de la oposición de Francia. La Tercera República Francesa completaría y ampliaría la obra colonial de laMonarquía de Luis Felipe y del Segundo Imperio de Napoleón III. Además de las islas yde los territorios en América, en India y en Oceanía, el Imperio Francés estaba formadopor dos piezas maestras, la africana y la asiática. En África los franceses controlaron uninmenso territorio comprendido entre el Mediterráneo y la desembocadura del Congo, elAtlántico y los países del Nilo. La ocupación del África Negra se realizó sin grandesoposiciones, lo mismo que la de Madagascar, sometida en 1885. La ocupación del Áfricadel Norte fue más difícil. Conquistada a partir de 1830, Argelia fue lentamente pacificada
  18. 18. 18y los franceses necesitaron dos expediciones para someter Túnez, cuyo Bey firmó en 1881el Tratado del Bardo, que colocó al país bajo el protectorado de Francia. En cuanto aMarruecos, los franceses penetraron lentamente y necesitarán esperar hasta 1912 para verreconocido su protectorado. En Asia Sur-Oriental, los franceses habían ocupadoConchinchina y Camboya durante el Segundo Imperio y necesitaron una guerra muydifícil para conquistar Tonkin. Esos territorios, junto a los de Annan y Laos, formaron en1887 la Unión Indochina. Además de los británico y francés, otros imperios coloniales se engrandecierondurante la segunda mitad del siglo XIX. Bélgica, España y Portugal se hicieron conterritorios en África. Los Países Bajos conservaron de su gran pasado colonial importantesterritorios en Indonesia y numerosos enclaves. En cuanto a Alemania, llegada más tardeque los demás al reparto del mundo, tuvo que contentarse con algunas posesionesinsulares en el Pacífico y modestos territorios en el África Subecuatorial. La nueva conquista colonial planteó a las metrópolis importantes problemasadministrativos; es evidente que se crearon cuerpos especializados para administrar lascolonias, pero también es verdad que los políticos o los generales encargados de sudirección gobernaron frecuentemente como verdaderos procónsules y que, en algunoscasos privatizaron la administración de las colonias a través de compañías contratadas. Entodos los casos, un problema no menor era cómo proceder con los autóctonos, cómoutilizar los cuadros locales, qué derechos políticos reconocerles. En general, las metrópolis quisieron desarrollar en sus colonias actividadeseconómicas complementarias de las suyas; es lo que se ha llamado pacto colonial: muchasmaterias primas y pocas industrias de transformación y, sobre todo, muchoproteccionismo. Para poner en valor los recursos coloniales que les interesaban, capitalesmetropolitanos fueron invertidos para construir ferrocarriles y puertos. Como es lógico,todas aquellas actuaciones económicas transformaron la vida de las colonias. Los nuevos estatutos políticos, las nuevas relaciones económicas y los contactoscon una civilización diferente comenzaron a transformar también a los hombres. Enalgunos lugares se implantaron doblamientos europeos aunque la vida de los colonos nofavorecía las relaciones con los autóctonos como consecuencias de las medidas desegregación. La esclavitud fuese abolida por todas partes mientras la demografía localevolucionaba profundamente; a menudo, los combates, el trabajo forzado, y laintroducción del alcohol provocaron un aumento de la mortalidad, después, el desarrollodel comercio, la disminución de las hambrunas y el progreso de la higiene neutralizó la
  19. 19. 19mortalidad y fortaleció el desarrollo demográfico. En cualquier caso, allí donde llega elcolonialismo europeo se produjo una importante modificación de las estructuras sociales.La colonización sacudió a las agrupaciones sociales que rodeaban a los individuos; elservicio militar, el trabajo en las obras públicas y el inicio del crecimiento urbano alejarona los hombres de su mundo de origen. La creación de escuelas planteó problemasdelicados. ¿Había que respetar la cultura local con el riesgo de separar a las poblacionesautóctonas de los supuestos beneficios del pensamiento y las técnicas modernas europeas? Para terminar, conviene recordar que el imperialismo europeo no se manifestósolamente a través de las conquistas territoriales. Allí donde subsistían grandes imperiosmilitarmente débiles, aunque herederos de antiguas y muchas veces brillantecivilizaciones, las grandes potencias se contentaron con extender su influencia económica.Es el caso del Imperio Otomano donde dominó la influencia alemana antes de 1914, y esel caso sobre todo de China que, a pesar de las resistencias, fue repartida en zonas deinfluencia, concesiones de vías férreas, puertos y territorios en alquiler. En 1911 la dinastíamanchú será destronada y se proclamará la República bajo la dirección del partidonacionalista del Kuomintang.Las nuevas rivalidades a escala mundial de los años ochenta Los años ochenta asistieron al despliegue de las políticas expansionistas delbritánico Benjamin Disraeli, del francés Jules Ferry y del belga Leopoldo II. Allí dondeencontraban pueblos primitivos o Estados débiles, sus imperios coloniales crecían comono lo había hecho desde hacía mucho tiempo. Allí donde encontraban la ambición de otrapotencia, el conflicto internacional en Asia o África afectaba al juego de poder europeo.Así, Rusia, frenada en los Balcanes, concentró entonces su atención en Asia e intensificósu viejo conflicto con una Inglaterra que la veía acercarse demasiado a las fronteras de laIndia; la presión rusa sobre Afganistán y la determinación británica provocó una amenazade guerra en 1884-1885; en realidad, los diplomáticos rusos esperaban que su presiónsobre la India llevara a los británicos a ser más comprensivos con los intereses rusos en losBalcanes. El acuerdo de 1885 evitó el conflicto convirtiendo a Afganistán en un Estadotapón que separaba los Imperios ruso y británico. Por otra parte, la penetración financiera facilitó la penetración política occidentalen Túnez y Egipto que, casi al mismo tiempo, pasaron a estar controlados el primero porFrancia y el segundo por Inglaterra. En 1881, la instalación de Francia en Túnez suscitó elresentimiento de Italia que, a partir de ese momento, concentraría su interés en
  20. 20. 20Tripolitania. Las relaciones franco-británicas entraron entonces, en 1882, en un largoperíodo de rivalidad que se concentraría en Egipto. Francia había permitido, en 1875, queInglaterra comprara las acciones de la Compañía del Canal de Suez en poder del Kediveegipcio y, en 1876, había aceptado el condominio financiero. Pues bien, esta actitudcambió en 1882 y aunque, en un primer momento, la Cámara de Diputados francesa sehabía retirado de la acción militar conjunta que habían propuesto los británicos paraterminar con un pequeño levantamiento egipcio contra los intereses occidentales, cuandola intervención militar británica tenga lugar y prefigure el establecimiento de unprotectorado informal, Francia no lo aceptará y reclamará la retirada de las tropas enviadaspor el gobierno de Londres. Desde ese momento -y hasta 1904- París y Londres sosten-drán una querella internacional continuada por el control de Egipto que se ampliaría conlos conflictos sobre Madagascar, Indochina, China y Siam. Bismarck, que alentó laexpansión colonial de Francia, se beneficiaría de la intensificación de los conflictoscoloniales de los británicos con rusos y franceses. Conviene no perder de vista que, en losaños que estamos estudiando, los gobiernos de Londres no se sintieron amenazados porAlemania y que siguieron más preocupados por las amenazas de las ambiciones colonialesde rusos y de franceses que por el predominio alemán en Europa. Finalmente, Francia y Leopoldo II -en su condición de presidente de una compañíaprivada- venían intentando controlar el comercio del centro de África. Inglaterra que nodeseaba que la cuenca del río Congo se convirtiera en un mercado exclusivo de suscompetidores, apoyó los intereses de Portugal, que poseía territorios en las costascercanas, y procuró conducir el asunto a una Conferencia internacional que se reunió enBerlín en 1884-1885 y que fijó el estatuto del Estado Libre del Congo y decidió que sólola ocupación efectiva de los territorios daba, en principio, derechos de soberanía. Estadecisión internacional precipitaría la carrera colonial, acelerada por la entrada en ella dealemanes e italianos, para unir los pedazos ocupados en conjuntos territoriales sin soluciónde continuidad.La plenitud del sistema bismarckiano (1879-1885) Bismarck aprovechó las rivalidades austro-rusa, anglo-rusa, franco-británica yfranco-italiana para establecer un sistema defensivo que asegurase, mejor que el de 1873,la preponderancia europea del II Reich. La primera pieza del nuevo sistema se establecióen 1879, cuando Alemania y Austria-Hungría concluyeron una alianza defensiva frenteRusia: la Dúplice, que se renovaría sin cambio alguno hasta 1914. Bismarck y el Kaiser
  21. 21. 21Guillermo I sintieron reparos al establecer una alianza para frenar a una Rusia que no teníaaliados, pero se impusieron los planteamientos de Andrássy, y Bismarck cedió paraasegurar la amistad austro-húngara. Aunque la alianza era secreta, Rusia fue consciente delos peligros que se derivarían para sus intereses si permanecía aislada. Por esa razón nofue difícil la conclusión, en 1881, de un Segundo Acuerdo de los Tres Emperadores sobrela base del respeto a los recientes compromisos sobre los Balcanes y de una promesa deneutralidad que no contradecía formalmente a la Dúplice. Alemania se aseguraba de queRusia no ayudaría a Francia, y Rusia se aseguraba de que Austria no ayudaría a Inglaterra. La segunda pieza se estableció en 1882 y fue la Triple Alianza que asoció aAlemania, Austria-Hungría e Italia. La iniciativa fue italiana; el gobierno de Roma buscóel apoyo alemán para fortalecer su posición frente a Francia; pero Bismarck no aceptó unanegociación en la que no participase el gobierno de Viena; el canciller alemán intentóneutralizar el irredentismo italiano y, considerando que Austria-Hungría e Italia sólopodían ser aliadas o enemigas, condujo la negociación a un acuerdo a tres, concluido porcinco años, que se renovaría, con cambios, hasta 1914. La Triple Alianza fue uncompromiso anti-francés que comprometía a italianos y alemanes, completado con lapromesa de neutralidad italiana en caso de conflicto austro-ruso. A pesar de los compromisos asumidos para mantener el statu quo, la situación enlos Balcanes fue evolucionando en favor de los intereses austro-germanos. El ImperioOtomano había reclamado la presencia de instructores militares alemanes para su ejércitoy sus compras de armamento habían abierto la vía a la influencia económica. Serbia yRumania se venían orientando hacia Austria-Hungría; en 1881, el rey de Serbiaprofundizó el compromiso y, en 1883, se firmó otra Triple Alianza que unió, en unacuerdo defensivo anti-ruso, a Alemania, Austria-Hungría y Rumania. Sin duda, Alemaniadominaba el juego internacional: Dúplice con Austria-Hungría, Acuerdo con Rusia yTriples con Italia y Rumania. Pero es más; Bismarck, que desde 1884 apoyaba una políticacolonial alemana más incisiva, mantenía relaciones cordiales con Inglaterra y colaborabaocasionalmente con Francia, a la que animaba a realizar una política colonial ambiciosacon la esperanza de posponer la revancha e incrementar el antagonismo franco-británico.La crisis búlgara y la transformación del sistema (1886-1887) En 1886 una nueva crisis búlgara reabrió la cuestión de Oriente. Bulgaria era unapieza de la influencia rusa en los Balcanes; en 1883, los rusos instalaron en su trono a unpríncipe de la casa Battenberg, supuestamente amigo, pero que de manera inmediata
  22. 22. 22intentó escapar de su influencia; el gobierno ruso favoreció entonces un golpe de Estadopara desplazarlo; vano intento, los búlgaros lo reemplazaron por un Sajonia-Coburgoprotegido por Austria-Hungría. Rusia, aislada, vio como su influencia en la regiónquedaba reducida. De manera paralela, la conjunción de los intereses políticos internos de Bismarck ydel general francés Georges Boulanger condujo a la intensificación de la permanentetensión franco-germana. Boulanger quería aparecer ante el electorado de la Repúblicacomo el hombre de la revancha y Bismarck necesitaba justificar una nueva ley militar delReich; un incidente menor facilitó, en 1887, la escalada de provocaciones. En estecontexto, cuando llegó el momento de renovar la Triple, Italia pareció a ojos de Bismarckmás útil que en 1882 y la renovación de 1887 introdujo nuevos compromisos: Alemaniaprometió a Italia apoyo militar en Tripolitania y a Austria-Hungría compensaciones si seintroducían cambios en los Balcanes. Bismarck asumía más riesgos y se comprometía asostener militarmente tanto a Italia, frente a una Francia que se extendiese en el Norte deÁfrica, como a Austria-Hungría, frente a una Rusia que se extendiese en los Balcanes. Pero como su objetivo seguía siendo mantener el statu quo, Bismarck entendióentonces que debía impedir que las pretensiones francesas en Egipto y en Marruecos y laspretensiones rusas en Bulgaria y en los Estrechos desencadenaran una crisis en la que élestaría obligado a apoyar respuestas militares de Roma o de Viena. Para mantener el statuquo en el Mediterráneo, Bismarck, que lógicamente podía contar con los intereseshegemónicos de Imperio Británico en ese mar y en sus accesos (Gibraltar y Suez), semantuvo en la sombra: no le importaba que se supiese que estaba detrás de uncompromiso anti-francés, porque todo el mundo sabía que su política buscaba aislar aFrancia, pero no quería aparecer detrás de un acuerdo anti-ruso, porque no quería aislar aSan Petersburgo. Se establecieron así los Acuerdos Mediterráneos de 1887 por los queGran Bretaña, Italia y Austria-Hungría –a través de un conjunto de Notas intercambiadasentre sí- se comprometieron a mantener el equilibrio existente. Roma y Viena, bajo lamirada atenta de Berlín, se comprometieron con Londres a no extender su control en elMediterráneo; la participación británica en un compromiso para conservar el statu quo delMediterráneo reducía el peligro de guerra que implicaba el Segundo Tratado de la TripleAlianza. En este contexto, España –con Sagasta en el poder y con Segismundo Moretdirigiendo sus relaciones internacionales- volvió a intentar la conexión con el sistemabismarckiano. España volvió a buscar una alianza e intentó abrir unas negociaciones para
  23. 23. 23adherirse a la Triple. Aunque Berlín, Viena y Roma rechacen la pretensión del gobiernode Sagasta, en aquel contexto internacional, podía tener sentido para las grandes potenciasfortalecer la posición internacional de España en el Mediterráneo Occidental dándolealguna seguridad sobre el mantenimiento del statu quo de Marruecos a cambio de sucompromiso de no secundar allí las ambiciones francesas. Este fue el sentido del AcuerdoHispano-Italiano de 6 de mayo de 1887 –otro intercambio de Notas- que conectar aEspaña con los Acuerdos Mediterráneos, fortalecía también su conexión tanto con laTriple Alianza como con Inglaterra. De manera paralela, el profundo descontento de Rusia por el desarrollo de la crisisbúlgara y su recelo hacia la política balcánica de Austria-Hungría impidió la renovacióndel Acuerdo de los Tres Emperadores. Fue entonces cuando dio sus frutos la discreción dela posición adoptada por Bismarck en la negociación de los Acuerdos Mediterráneos. Enel mayor de los secretos, Bismarck negoció con San Petersburgo un tratado de reaseguropor tres años: a cambio de la neutralidad rusa si Francia atacaba a Alemania, Bismarckprometía apoyo a la política rusa en los Balcanes. Bismarck evitaba el aislamiento deRusia consciente de que su temor a encontrarse sola frente a la política balcánica deAustria-Hungría podía llevar a su gobierno a buscar un acercamiento a Francia.El final del sistema bismarckiano (1887-1893) No resulta fácil discernir si el juego de alianzas alcanzado por Bismarck en 1887significaba el apogeo de su habilidad diplomática o la evidencia de la fragilidad de susistema. Realmente, el Tratado de reaseguro con Rusia contradecía a la Dúplice y a losAcuerdos Mediterráneos. De hecho, Bismarck seguía favoreciendo a Austria a costa deRusia, aunque su habilidad diplomática le permitiese rehacer, una y otra vez, el lazo quemantenía a Rusia unida a su sistema. Sin embargo, desde 1887, el gobierno del Zar teníaun nuevo e importante motivo de disgusto: no estaba encontrando en la Bolsa de Berlín loscapitales que necesitaba para abordar su equipamiento militar y ferroviario. Si añadimos aese problema el hecho de que, en 1889, Bismarck parezca acercarse a Inglaterra, la granantagonista de Rusia, entenderemos que, en 1890, San Petersburgo quisiera renovar elTratado de reaseguro sobre bases más firmes. Estas contradicciones -y las complicaciones que desencadenaron- favorecieron lacaída de Bismarck en 1890. El nuevo káiser Guillermo II decidió apartar al viejo canciller;considerando políticamente imposible el acercamiento del autocrático Imperio Ruso a laliberal República Francesa, pensó que la política rusa de Bismarck constituía una traición
  24. 24. 24innecesaria al imprescindible aliado austro-húngaro y no renovó el Tratado deReaseguro. El gobierno del zar Alejandro III entendió esta negativa como la evidencia delaumento de unos riesgos que debía contrarrestar. En realidad, hacía mucho tiempo que los dirigentes franceses habían iniciado unacercamiento a Rusia, pero el Imperio oriental no había querido saber nada ni derevanchas en el Rin ni de compromisos con un régimen político que le repugnaba. Eldeterioro de las relaciones germano-rusas que siguió a la crisis búlgara favoreció elacercamiento. Los hechos decisivos fueron tres: las facilidades que la Bolsa de Parísofrecía a los requerimientos rusos de capitales desde 1888, la negativa alemana a lapropuesta rusa de renovar del Tratado de Reaseguro y el temor ruso a que Inglaterraterminara por unirse a la Triple Alianza. En 1891 se estableció un acuerdo político franco-ruso muy vago: los dos Estados se consultarían en caso de peligro. El gobierno francésinsistió en su deseo de lograr un acuerdo militar que, finalmente, sería firmado en 1892 yque supondría una verdadera alianza defensiva frente a la Triple. El nuevo acuerdo nopermitía ni la revancha francesa ni una acción fuerte de Rusia en los Estrechos y el zarAlejandro III dudó mucho antes de poner su firma en el documento. Pero el gobiernoalemán no sólo no hizo nada para evitar la sensación de inseguridad que embargaba a losrusos, además, bajo la presión de los grandes propietarios de la tierra, se embarcó en unaguerra aduanera con Rusia que terminó por decidir la situación. En 1893 el Zar ratificó elnuevo tratado; con él desaparecía el principal rasgo de la diplomacia bismarckiana.

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