Prólogo
En 1964 Gordon H. Fraser publicó esta declaración
con cinismo: “el hecho de que el Libro de Mormón
esté desprovist...
X

PROLOGO

Reynolds y B. H. Roberts, han sugerido la necesidad
de un examen sincero y sistemático de los libros
seculares...
PROLOGO

XI

que respecta a lo que han encontrado, el resto de
nosotros no podemos muy bien comenzar a sacar
conclusiones....
XII

PROLOGO

encuentra en el Libro de Mormón. Este enfoque es
p a n o r á m i co y estim ulante; ve c osa s que ,
sencill...
Prefacio
El conocimiento que contiene este libro habría
tardado más tiempo en aparecer y tenido alguna otra
forma sin la i...
XIV

PREFACIO

personas que habían sabido de él por medio de sus
amigos. Parecía claro que su publicación como libro
satis...
PREFACIO

XV

expresan son estrictamente mías y no pretenden
representar las de la Universidad de Brigham Young,
donde yo ...
Introducción
El Libro de Mormón formó parte de mi ambiente
cultural general mientras crecía en el valle Caché en
Utah, alg...
INTRODUCCION

XVII

mismo asunto, haciéndome eco del acertado consejo de
Thoreau: “Haz lo que quieres, reconoce tu propio
...
XVIII

INTRODUCCION

en este aspecto. Los eruditos de la Biblia han aclarado
ese texto de escritura; mostrando la interacc...
INTRODUCCION

XIX

De hacer esto se derivarían principalmente dos
ventajas. Primero, los mismos santos de los últimos
días...
XX

INTRODUCCION

aspectos que nos cuentan de la América Antigua
nuestras fuentes arqueológicas e históricas. Pero no
pued...
INTRODUCCION

XXI

que la objetividad definitiva es del todo imposible. Mi
tarea ha estado más cerca de lo que Michael Pol...
XXII

INTRODUCCION

e se n c i a l un escepticismo salu da ble sobr e e l
conocimiento de uno mismo. Yo soy escéptico de q...
INTRODUCCION

XXIII

¿Estoy satisfecho con los resultados, después de
tantos años de estudiar este tema? No, todavía queda...
XXIV

INTRODUCCION

versículos que están relacionados podría ser una
pesada carga para el lector. Lo que se proporciona
si...
1
Trazando el Mapa del Libro de
Mormón
De forma preliminar a nuestra investigación,
debemos establecer donde se desarrolla...
2

UN MARCO GEOGRAFICO

Libro de Mormón de él y de sus asociados era amplia:
la tierra del sur era la totalidad de América...
TRAZANDO EL MAPA

3

e r a Jo h n Taylor. E l lugar que se me nc iona e s,
naturalmente, alrededor de tres mil millas al n...
4

UN MARCO GEOGRAFICO

No vamos a declarar categóricamente que las ruinas
de Quirigua (en Guatemala) son las de Zarahemla...
TRAZANDO EL MAPA

5

L a p r e ocupación principal de la siguie nte
generación de Santos fue simplemente sobrevivir.
Cuand...
6
UN MARCO GEOGRAFICO

cautela ha sido la trayectoria que se ha seguido
consecuentemente desde entonces, dejando libertad
...
TRAZANDO EL MAPA

7

Pero ¿se encuentra suficiente información para
mostrar una imagen coherente y digna de confianza en
e...
8

UN MARCO GEOGRAFICO

información suficiente para identificar con seguridad
algún lugar como el área donde tuvieron luga...
FORMA DE RELOJ
DE ARENA DE LAS
TIERRAS DEL
LIBRO DE
MORMON
10

UN MARCO GEOGRAFICO

Dimensiones
¿Qué largo y ancho tenían estas tierras? La forma de
reloj de arena podría, después d...
TRAZANDO EL MAPA

11

informa que a los viajeros que van en viaje comercial
de rutina, atravesar los senderos y corrientes...
12

UN MARCO GEOGRAFICO

Otros datos sobre la velocidad de los viajes entran
dentro de estas escalas establecidas. Existe ...
TRAZANDO EL MAPA

13

de las tierras lamanitas. Un tal Coriantumr condujo un
ejercito lamanita descendiendo por la tierra ...
1 El viaje de Omer a Ablom ("muchos
días")
2 El de Nefíah a Moroni (un día largo)
3 Los exploradores de Limhi ("muchos
día...
TRAZANDO EL MAPA

15

se encontraba a alguna distancia de “la estrecha franja
de yermo” propiamente dicha. En el lado lama...
16

UN MARCO GEOGRAFICO

haber sido bastante estrecha, ya que Alma 22:31-33 la
describe más que nada como una zona que se ...
TRAZANDO EL MAPA

17

Pudiera ser de ayuda, acostumbrados como estamos
a grandes distancias que podemos recorrer por aire ...
18

UN MARCO GEOGRAFICO

De Nefi a Zarahemla, en línea recta, había 180
millas. El doble de la distancia que les habría ll...
TRAZANDO EL MAPA

19

pueblo” (Eter 13:13). Vivió en esa cueva mientras
escribía “el resto de la historia”, o sea, el orig...
20

UN MARCO GEOGRAFICO

encontrar refugio cerca del mar occidental. Un grupo
de gente se trasladaría más lentamente, y, c...
TRAZANDO EL MAPA

21

atravesarla sin darse cuenta de que era un istmo.
(Recordemos que a su vuelta supusieron que habían
...
22

UN MARCO GEOGRAFICO

medio de viaje” resulta más problemático. Me parece
que una extensión de 75 a 125 millas resulta ...
24

TRAZANDO EL MAPA

23

la más importante de las cuatro. Tras capturarla
r á p i d a m e nte, el capitán Moroni pe r sig...
LA LOCALIZACION
RELATIVA DE LAS
TIERRAS Y LAS
CIUDADES
TRAZANDO EL MAPA

25

Al mismo tiempo, “las fronteras de la costa del mar
este”, como los escritores nefitas llamaban a es...
26

UN MARCO GEOGRAFICO

Ammoníah (Alma 8:6). Este lugar, al igual que Melek,
estaba cerca de la periferia occidental, com...
TRAZANDO EL MAPA

27

amplia como para que se distinguieran una zona de
altiplano al oeste y otra de tierras bajas al este...
28

UN MARCO GEOGRAFICO

distancia entre las dos ciudades era, digamos, de 400
millas, en vez de las 180 que se sugieren a...
TOPOGRAFIA DE
LAS TIERRAS Y LAS
REGIONES
30

UN MARCO GEOGRAFICO

principalmente al oeste de la corriente (Alma 2:15). La
ú n i c a z o n a nefita poblada, al e st...
TRAZANDO EL MAPA

31

pero al parecer el área costera del oeste era estrecha y
en su mayor parte insignificante. Puesto qu...
32

UN MARCO GEOGRAFICO

Z a r a h e m l a). L a tierra de Mele k se e nc ontr a ba
adyacente al yermo del este y por lo t...
TRAZANDO EL MAPA

33

amplia, “una región de muchas aguas, ríos y fuentes”
(Mormón 6:4). Esto implica un clima húmedo y un...
34

UN MARCO GEOGRAFICO

Aún más requisitos
Son escasos los detalles que se dan sobre el clima y
la vegetación, pero hay a...
TRAZANDO EL MAPA

35

podido tratar la poca información que se halla en el
texto de escritura, pero toda ella es consisten...
36

UN MARCO GEOGRAFICO

demuestran las abundantes evidencias geológicas y
arqueológicas. Además, por bastantes razones, P...
TRAZANDO EL MAPA

37

ejemplo, el Libro de Mormón deja bien claro que sus
habitantes guardaban extensos registros escritos...
38

UN MARCO GEOGRAFICO

asunto.) Se necesita más investigación sobre estos
puntos. Pero, desde mi punto de vista, ninguno...
TRAZANDO EL MAPA

39

auténticamente antiguo estamos convencidos de que
existen lugares reales, donde nefitas y lamanitas
...
40

UN MARCO GEOGRAFICO

Méjico no aparecen más abajo, al sur del istmo. En el
norte y el oeste el clima tiende a ser más ...
Un Escenario para el Libro de Mormon en La America Antigua - Por John L Sorenson
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Un Escenario para el Libro de Mormon en La America Antigua - Por John L Sorenson

  1. 1. Prólogo En 1964 Gordon H. Fraser publicó esta declaración con cinismo: “el hecho de que el Libro de Mormón esté desprovisto de cualquier contenido literario, historia creíble, biografía, romance o enseñanza ética, es garantía de que no será leído o analizado de manera concienzuda; por lo tanto no hay peligro de que el lector medio, al estudiarlo, llegue al punto de tener una opinión sobre su credibilidad.” El libro que está ahora en sus manos demuestra el error y los prejuicios de la triste valoración de Fraser. Aquí hay una historia consistente. Aquí están los resultados de una lectura cuidadosa. Aquí hay una información creíble que sitúa al Libro de Mormón en el entorno del Nuevo Mundo de la antigüedad. Este libro ha estado en preparación muchos años y perdurará durante años. Se requerirá su lectura a todos aquellos interesados en la antigüedad del Libro de Mormón. Aquellos que hagan observaciones acerca de la historicidad de los registros que se encuentran en el Libro de Mormón de ahora en adelante o son unos irresponsables o no están informados o ignoran la presente obra del doctor Sorenson. Así como este estudio será fundamental para las investigaciones futuras, también es el producto de la tendencia, de las últimas tres décadas, hacia un estudio serio del Libro de Mormón. Muchos de los que lean este libro pueden apreciar lo lejos que han llegado estos estudios. Durante estos años, se han tomado diferentes vías para investigar sobre el Libro de Mormón. Algunas han sido apologéticas, hostiles, polémicas o eclécticas. Algunas han representado al Libro de Mormón como una prueba de la autenticidad, fecundidad y poder de la Restauración bajo el liderazgo del profeta José Smith. Eruditos santos de los últimos días, como George IX
  2. 2. X PROLOGO Reynolds y B. H. Roberts, han sugerido la necesidad de un examen sincero y sistemático de los libros seculares relevantes, pero ellos no podían prever cuándo se llevaría a cabo un trabajo serio histórico y analítico. El surgimiento de metodologías histórico-críticas en los estudios bíblicos (lo que una vez B. H. Roberts llamó “colgar grandes pesos con hilos finos”) trajo consigo técnicas para examinar el lenguaje y la composición de las escrituras hebreas antiguas, y se ha probado que éstas son efectivas a la hora de examinar los textos del Libro de Mormón. El sorprendente descubrimiento de documentos como los rollos del Mar Muerto también invitó a los especialistas santos de los últimos días a comparar el material que nos da el Libro de Mormón con las prácticas de otros pueblos religiosos antiguos. Sidney B. Perry adoptó la línea lingüística; él dijo a menudo que, sólo basándose en sus conocimientos del hebreo, sabía que el Libro de M o r m ó n no podía haber ten ido su or ige n exclusivamente en el siglo XIX. Durante algunos años, el curso que dio en la Universidad de Brigham Young sobre “El comportamiento y las costumbres hebreas” examinó caso por caso la narrativa del Libro de Mormón, demostrando que el libro tenía origen hebreo. Hugh W. Nibley y M. Wells Jakeman, mientras tanto, examinaban el contexto. Jakeman elaboró un m a r c o d o nde el L ibro de Mormón e nc a ja ba , e n términos de la tradición mesoamericana, mientras que el profesor Nibley siguió la pista, con sorprendente perspicacia, a enormes cantidades de materiales históricos que encuadraron al libro en la época y en el emplazamiento en el que declaraba estar escrito. Pero Nibley no hizo ningún esfuerzo por precisar conexiones con el Nuevo Mundo. “¿Que hay de las e x t r a o r d i n arias ruinas de A mé r ic a Ce ntr a l? ” , reflexiona. “Hasta que los que estudian esa área puedan llegar a un acuerdo entre ellos mismos en lo
  3. 3. PROLOGO XI que respecta a lo que han encontrado, el resto de nosotros no podemos muy bien comenzar a sacar conclusiones.” Ahora bien, tanta precaución puede revelar posibilidades concretas. Con el planteamiento del doctor Sorenson, ha comenzado en serio el proceso de entrever un contexto geográfico y arqueológico explícito. El presenta un modelo de marco verosímil para el Libro de Mormón en la América antigua. Este modelo presta atención a los detalles que se han dado en las descripciones de las tierras del Libro de Mormón, de los movimientos en las batallas, de las ciudades construidas y abandonadas, y de los datos geográficos. Sugiere que las tierras altas de Guatemala son buenas candidatas para ser la tierra de Nefi, que el istmo de Tehuantepec cumple todos los requisitos para ser la estrecha “lengua de tierra,” y que otros cientos de hechos encajan en su lugar cuando se lleva esta teoría a sus conclusiones lógicas. Este es un modelo y una hipótesis para que la consideren otros especialistas mormones y no mormones. A diferencia de muchos de sus predecesores, el doctor Sorenson insiste en que este modelo no se debe considerar sacrosanto. Invita a h a c e r c o nsideraciones críticas a la ve z que corroborativas. ¿Cómo lo hace? Dicho en pocas palabras, hace más preguntas que da respuestas. No deja piedra por mover. Sopesa sus palabras meticulosa y cuidadosamente. En cada hoja le esperan al lector grandes sorpresas e ideas que merecen la pena. Hace preguntas como: “¿Quiénes eran esos pueblos, en términos arqueológicos?” “¿Qué apariencia pudieron haber tenido?” “¿Quiénes eran sus vecinos?” “¿Cuántos nefitas había allí?” “¿Cómo vivían, comían, hablaban, trabajaban y luchaban?” Luego encuentra respuestas plausibles para estas preguntas haciendo corresponder datos específicos fiables, provenientes de estudios arqueológicos y antropológicos sobre Mesoamérica, con todo el espectro de información cultural e histórica que se
  4. 4. XII PROLOGO encuentra en el Libro de Mormón. Este enfoque es p a n o r á m i co y estim ulante; ve c osa s que , sencillamente, no se han visto antes. U n a b u ena pregunta vale tanto c omo me dia respuesta; sin embargo, una buena respuesta hace surgir todavía más preguntas. Este libro nunca ha caído en el error de pretender que una confirmación es una “prueba” definitiva. Lo más que puede conseguir un enfoque científico dentro de su terreno, como en cualquier otro, es lograr un grado de probabilidad. Está claro que este libro lo hace de manera plausible, aunque (ineludiblemente) todavía quedan preguntas. Así la dimensión religiosa queda “entre paréntesis”, por muy interesantes que resulten estos estudios para usos apologéticos. En su favor, John Sorenson es extremada y consistentemente consciente de estas limitaciones. Un Marco Geográfico para el Libro de Mormón en la Antigua América, escribe, por primera vez, la historia cultural y natural de Nefi en el contexto de la realidad del hemisferio americano. Aunque siempre puede que haya resistencia y controversia en torno al Libro de Mormón, aquí hay una invitación consistente para continuar las investigaciones y su comprensión. No se puede rechazar el libro como lo hace Fraser, con un manotazo de menosprecio. Leonard J. Arrington Truman G. Madsen John W. Welch
  5. 5. Prefacio El conocimiento que contiene este libro habría tardado más tiempo en aparecer y tenido alguna otra forma sin la insistencia y ayuda de algunas personas en particular. Para 1974, yo llevaba veinticinco años trabajando en la relación entre el Libro de Mormón y los datos geográficos y culturales de Mesoamérica, pero me sentía poco proclive a imponer mis opiniones al público o a mis colegas. David A. Palmer me insistió por entonces para que preparara un escrito explicando y documentando mi opinión; se ofreció a hacerlo circular privadamente para que un grupo selecto lo analizara, junto a un artículo que adoptara una posición diferente. A partir del intercambio de comentarios, Palmer y otros se convencieron de que mi material debía conocerse mejor, así que persuadió a miembros del personal de varias oficinas de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días para que me escucharan. En el otoño de 1975 nos reunimos una tarde por semana, en Salt Lake City, y presenté con cierto detalle una versión de lo que está en este libro. Jay Todd, director administrativo de la Ensign, que participó en aquellas sesiones, me invitó a preparar una serie de artículos para la revista general de la Iglesia. El y su personal (principalmente Lavina F i e l d i n g A nderson y L ane Johnson) tr a ba ja r on extensamente para mejorar lo que yo producía. Sin la continua fe del director Todd en la importancia de nuestro proyecto, yo no habría persistido. Pero no fue sino hasta 1983 cuando nuestros intentos de que el material estuviera expresado en condiciones aceptables para su publicación en la Ensign llegaron a término sin éxito. Para entonces unas 1.500 fotocopias de una versión anterior del libro llevaban circulando entre XIII
  6. 6. XIV PREFACIO personas que habían sabido de él por medio de sus amigos. Parecía claro que su publicación como libro satisfaría una amplia necesidad. L a F u n dación para la Inve stiga c ión de la Antigüedad y Estudios Mormones1 se decidió en 1983 a publicar el libro. John Welch y Kirk Magleby han sido acérrimos partidarios de esta decisión y han allanado considerablemente el camino. A otros hay que agradecer el haber puesto las bases para la entusiasta participación de la Compañía de Libros Deseret2 como editora junto a F.A.R.M.S. Sería imposible reconocer expresamente a todos los que debería dar gracias pero sobresalen algunos: George Reynolds por A Complete Concordance of the Book of Mormon3, una valiosa herramienta de trabajo; To m F e rg uson, por proporcionar me mi pr ime r a experiencia sobre el terreno en Mesoamérica; Hugh Nibley, por su ejemplo de paciencia e integridad que me impulsó a no cejar en esta tarea por otras menos i m p o r t a n t es; B en A lexander, que me e nse ñó la importancia de concebir lo inconcebible; mis amigos, que me han proporcionado el prefacio; los editores, incluyendo Don Norton y Jack Lyon, por obligarme a decir lo que yo quería expresar; Kathryn, mi mujer, que falleció posteriormente, porque nunca se quejó del tiempo que me costó; y a los arqueólogos, benditos sean, que siguieron excavando bajo condiciones absurdas en las que personas más racionales hubieran optado por la comodidad. Tom Peterson y Steve Gordon prepararon valiosos mapas, y Gary Gillum h i z o l o s índices. Si hay fallos e n e l libr o, son indudablemente debidos a mis propias limitaciones, no a las de otros. Naturalmente, las opiniones que se 1.-Foundation for Ancient Research and Mormon Studies (F.A.R.M.S.) (N. del T.). 2.-Deseret Book Company (N. del T.) 3.-”Una Concordancia Completa del Libro de Mormón”(N. del T.)
  7. 7. PREFACIO XV expresan son estrictamente mías y no pretenden representar las de la Universidad de Brigham Young, donde yo trabajo, las de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días, la Fundación para la Investigación de la Antigüedad y Estudios Mormones ni las de la Compañía de Libros Deseret. Todas las ganancias por los derechos de autor de la v e n t a d e l libro irán a la Funda c ión pa r a la I n v e st i g a ción de la A ntigüedad y los Estudios Mormones, para que continúe su investigación de las escrituras.
  8. 8. Introducción El Libro de Mormón formó parte de mi ambiente cultural general mientras crecía en el valle Caché en Utah, algo que se me había dado de manera tan incuestionada como las montañas que se encontraban al este de mi casa. Durante mis primeras clases universitarias (de ciencias), la guerra, y mi misión en Polinesia, todo lo cual me mantuvo ocupado la década de los cuarenta, el libro simplemente estaba allí, como punto de referencia y fuente de inspiración en la que tenía una incuestionable confianza. Ni entonces ni más adelante tuve que preguntar: ¿es este libro cierto? Nunca pedí apoyo externo para mi confirmación privada, de la cual ya disfrutaba. Cuando llegué a la Universidad de Brigham Young en 1949 con mi mujer y un hijo, había decidido sin ningún motivo racional dedicarme a los estudios arqueológicos. Durante los próximos tres años los profesores Jakeman, Nibley, y Sperry me hicieron entender que el Libro de Mormón no era sólo una fuente de información religiosa sino también un desafiante acertijo intelectual e histórico. Llegué a verlo como un documento tan sutil y complejo que prácticamente pedía ser analizado y entendido en diferentes términos. Mientras profundizaba mis conocimientos sobre arqueología, historia e idiomas, cientos de preguntas atrajeron mi atención, preguntas q u e l a s disciplinas académ icas que yo e sta ba comenzando a investigar prometían poder responder algún día. Los años que transcurrieron me condujeron a muchos otros intereses aunque continué fascinado por muchas de aquellas preguntas. Desde entonces, miles de días de detenida investigación han disciplinado mi inicial ingenuidad, pero no importa que otra cosa desvíe mi atención, siempre termino volviendo al XVI
  9. 9. INTRODUCCION XVII mismo asunto, haciéndome eco del acertado consejo de Thoreau: “Haz lo que quieres, reconoce tu propio h u e so ; r óelo, entiérralo, desen tié r r a lo y sigue royéndolo.” El hueso que he estando royendo durante estos años ha sido “¿Cómo sucedieron los hechos que se narran en el Libro de Mormón?”. En vez de probar de alguna manera que esos hechos ocurrieron realmente, lo que me ha preocupado ha sido la complejidad de su historia: el intrincado proceso humano e histórico que es el telón de fondo de su mensaje espiritual principal. Y cada vez que volvía al relato una y otra vez, incluso después de décadas de investigación, encontraba que el libro ganaba en amplitud y profundidad de significado, al mismo tiempo que yo ganaba en perspectiva cultural e histórica sobre las vidas de las personas que el libro d e sc r i b e . E n resum en, he podid o obte ne r a lgún conocimiento del contexto que Brigham Young nos instó a conseguir respecto a las escrituras: ¿Leeís las escrituras, hermanos y hermanas, como si las hubierais escrito hace mil, dos mil, o cinco mil años? ¿Las leeís como si estuviérais en el lugar de los hombres que las escribieron? Si no os sentís así, tenéis el privilegio de hacerlo.” 4 Este tipo de conocimiento del contexto requiere más que el mero estudio del texto como escritura, ni es suficiente tampoco el estudio erudito de su geografía. Son necesarios ambos conjuntamente. Entender cómo eran los nefitas y jareditas, sus lugares d e a se n t a m iento, lo que comía la ge nte , c ómo pensaban, las fuerzas que moldearon su historia, nos ayuda a entender más claramente lo que dijeron sus profetas Algunos lectores del libro no parecen conceder importancia al conocimiento del contexto; otros lo consideran imposible. Para mí, la Biblia es un ejemplo 4.- John Widtsoe, ed., Discourses of Brigham Young (Salt Lake City: Deseret Book Co., 1941), pág. 128.
  10. 10. XVIII INTRODUCCION en este aspecto. Los eruditos de la Biblia han aclarado ese texto de escritura; mostrando la interacción entre las influencias divinas y humanas y estableciendo la Biblia como un registro aún más profundo, porque está afianzada en una compleja realidad temporal, espacial y de comportamiento. Yo he intentado buscar lo mismo en Lehi, su pueblo y su libro. La tarea de establecer un marco geográfico real para el Libro de Mormón es enorme y desafiante. Las investigaciones de algunos santos de los últimos días y de otros durante los últimos 40 años han hecho posible que conozcamos bastantes detalles concretos sobre la Jerusalén desde la cual Lehi condujo a su familia; en nuestra imaginación ahora podemos seguir a su grupo a través de una hilera de campamentos a lo largo del Mar Rojo en la Península Arábiga y cruzar hacia una determinada “Tierra de Abundancia” en la costa de Hadhramaut.5 Pero desde el momento en que el grupo subió al barco de Nefi e inició su viaje hacia el Océano Indico perdemos esa sensación de solidez. Después de desembarcar en el Nuevo Mundo, se encuentran en “algún lugar” impreciso. Hasta hace poco, pasados 150 años desde que el registro nefita fue publicado por primera vez por José Smith, habíamos descuidado fijar la situación de una sola ciudad, identificar con se g u r i d a d aunque sólo sea una r uta por la que atravesara el pueblo del que trata el libro, o bosquejar una imagen creíble de cualquier porción de su vida en su tierra prometida de América. En varios aspectos, el Libro de Mormón sigue siendo un libro sellado para nosotros, porque no hemos trabajado lo necesario para situarlo en su marco geográfico. 5.- Lynn Hilton y Hope Hilton In Search of Lehi´s Trail (Salt Lake City: Deseret Book Co., 1976)
  11. 11. INTRODUCCION XIX De hacer esto se derivarían principalmente dos ventajas. Primero, los mismos santos de los últimos días podrían comprender con mayor fuerza el mensaje de este libro de escritura, porque los acontecimientos y personajes resultarían más creíbles. Las vidas y palabras de sus principales protagonistas tendrían un impacto más vivo en nuestra conciencia si se pudiera sacar a esos individuos de esa tierra indefinida y representarles como personas de carne y hueso igual q u e n o so tros. S egundo, se podr ía tr a nsmitir la importancia del libro con mayor fuerza a otros, los cuales ahora se mantienen a distancia del Libro de Mormón, juzgando que le falta realidad y consistencia. La apatía de los Santos nos puede privar de ambos beneficios. Algunos de ellos dicen que realmente no necesitamos más explicaciones ni aclaraciones de una escritura que ya tenemos, que tenemos suficiente guía con el Espíritu. Estoy bien acompañado -por personas cómo José Smith o Brigham Young- en la creencia de que nuestros esfuerzos por esclarecer el significado de las escrituras pueden ayudar a los propósitos de Dios. Cuan irónico resultaría si los propios santos de los ú l t i m o s días rechazaran el ob te ne r má s luz y conocimiento sobre el registro nefita, en efecto, parafraseando 2 Nefi 29:6 así: “Un Libro de Mormón, tenemos un Libro de Mormón y no necesitamos saber nada más que la doctrina del Libro de Mormón.” ¿No deberíamos utilizar todos los medios a nuestro alcance para clarificar y ampliar este volumen de escritura para que su mensaje pueda alcanzar a toda persona, y especialmente a nosotros mismos, con el máximo impacto?. Necesito poner en claro algunas de mis intenciones y supuestos. El primer punto es que este trabajo no se compromete a probar la veracidad del Libro de Mo r m ó n . Mientras avanzamos ve r e mos que los sucesos y circunstancias que se encuentran en el libro tienen paralelo en muchos, y a menudo notables,
  12. 12. XX INTRODUCCION aspectos que nos cuentan de la América Antigua nuestras fuentes arqueológicas e históricas. Pero no puede haber una prueba segura con estos paralelismos; u n a p o r c ión de ellos no po dr ía e sta ble c e r i n e q u í v o cam ente este libro como un a uté ntic o documento precolombino, ni el no conseguirlos lo refutaría. Hoy en día, la mayor parte de los filósofos están de acuerdo en que nunca se pueden obtener resultados definitivos por este método. Diversos lectores juzgaran de diferente modo los materiales y argumentos que se presentan más abajo. Aquellos que ya están inclinados a aceptar llegarán a la conclusión de que estos paralelismos constituyen una abrumadora evidencia de que el Libro de Mormón es un auténtico registro antiguo, mientras que mentes más escépticas a c h a c a r á n los mismos parale lismos a da tos equivocados, a una serie de malinterpretaciones por mi parte, o a una mera coincidencia. Repito que mi intención no es poner “a prueba” el Libro de Mormón llevándolo fingidamente al banquillo de la ciencia. No puede haber un Tribunal Supremo en este asunto. Cada individuo tiene que emitir su propio juicio. El propio libro insiste en que debe ser puesto a prueba por cada lector: “...quisiera exhortar a que preguntéis a Dios ... si no son verdaderas estas cosas; y ...él os manifestará la verdad de ellas por el poder del Espíritu Santo” (Moroni 10:4). ¿Presento yo entonces una hipótesis para que sea examinada científicamente? La idea misma resulta anticuada. Los científicos nunca harían este tipo de cosas de la manera fría y “objetiva” que a muchos profanos se les ha dado a entender, excepto, quizás, en algunos asuntos menores y sin interés. Nadie examina nunca “todas” las pruebas de ningún asunto porque hay mucho por descubrir o controlar. De cualquier modo l o s p r o p i o s sentim ientos y presuposic ione s de l investigador, especialmente en un asunto como éste, entran a formar parte de la manera de expresarlo, así
  13. 13. INTRODUCCION XXI que la objetividad definitiva es del todo imposible. Mi tarea ha estado más cerca de lo que Michael Polanyi describe en su libro Personal Knowledge6. El sostiene, de forma persuasiva, que los intereses y convicciones de los investigadores dan forma poderosamente a toda investigación. Por supuesto que mis puntos de vista subjetivos acerca del Libro de Mormón y del área cultural con la que lo compararé han influido en lo que he escrito aquí. Sin un vivo interés en ambos, el área y e l l i b r o d e escritura, nunca habr ía inve r tido e l considerable esfuerzo que lleva incluso sólo hacer la comparación. “Un hombre no aprende a entender nada a menos que lo ame”, afirmó Goethe. Mi deseo de entender el libro y su emplazamiento geográfico inevitablemente da color a todo mi trabajo, afectando a ambos. Pero probablemente esto mismo es verdad en cualquier científico o erudito que trabaja en un problema complejo, tanto si se trata de desarrollar una nueva variedad de arroz o de reconstruir la historia de los judíos. 7 Pero los sentimientos fuertes no deben quitar mérito a una disciplinada investigación. La comprensión exige algo más que una celosa preocupación o incluso una extensa investigación. También requiere disciplina. Yo he intentado ser d i sc i p l i n ado en lo que respecta a los muc hos y relevantes hechos que he podido ir comprendiendo acerca de la geografía de Mesoamérica y del mismo v o l u m e n de escritura. H e renun c ia do a muc ha s atractivas preconcepciones a la vista de evidencias contrarias o de escasez de datos. Por otra parte, es 6.-”Conocimiento personal” (N. del T.). Michael Polanyi, Personal Knowledge: Towards a Post-Critical Philosophy (Chicago: University of Chicago Press, 1958). 7.- El profesor Cyrus Gordon, hace veinticinco años, señaló que la “energía y el vigor necesarios para dominar un conjunto complejo o fuentes difíciles” dependen de algún compromiso más allá de la abstracta ciencia o erudición. Introduction to Old Testament Times (Ventnor, New Jersey: Ventnor Publishers, 1953), p. v.
  14. 14. XXII INTRODUCCION e se n c i a l un escepticismo salu da ble sobr e e l conocimiento de uno mismo. Yo soy escéptico de que alguna vez pueda llegar a comprender todo lo que determinado texto dice. Tengo aún más dudas de que n i y o m ism o ni otros podamos c ompr e nde r enteramente los hechos científicos e históricos que parecen incidir en el texto. A pesar de todas estas reservas, he llegado ya al punto donde parece que merece la pena compartir con otros lo que sé. Concretamente, he desarrollado un cuadro o modelo de cómo se desarrollaron los hechos que se describen en el Libro de Mormón. Este es un modelo plausible. Esto significa que el emplazamiento geográfico que se describe podría ser razonable tal como yo lo represento. Este modelo funciona como una pequeña réplica de un aeroplano o una máquina de vapor, en el sentido de que unidas las partes, encajan, explicando punto por punto aspectos del Libro de Mormón que de otro modo parecerían inexplicables. Algunas personas comentan: “Pero no puede estar seguro, todo lo que tiene es una teoría, ¿no es así?” Bien, si aparece una persona con, digamos, un nuevo m o d e l o de “m aquina voladora,” la ma yor ía de nosotros, sabiamente, pediríamos una demostración. Una vez que hubiéramos visto al aparato despegar, dar varias vueltas y aterrizar con seguridad, y después de haberle hecho, nosotros mismos, dar varias vueltas con éxito, lo tomaríamos en serio. Llamen a esto teoría si quieren, pero si mi modelo funciona -el modelo de cómo los hechos que relata el Libro de Mormón ocurrieron en un determinado tiempo y lugar en la América antigua- cualquier persona debería tomarlo en serio. De esta manera el resto de este libro presenta un sistema coherente y plausible de interpretación del Libro de Mormón en términos geográficos, históricos y culturales específicos.
  15. 15. INTRODUCCION XXIII ¿Estoy satisfecho con los resultados, después de tantos años de estudiar este tema? No, todavía quedan muchas preguntas; cualquier persona debería estar deseosa de corregir la debilidad de sus puntos de vista una vez que le son señalados. Ciertamente estoy a n si o so d e hacerlo. A la larga, sólo la ve r da d permanece. Este libro en particular está escrito principalmente para un público: aquellos que están deseosos de aprender más verdad acerca del Libro de Mormón y la América Precolombina. Mi selección del material y mi presentación están pensadas para ayudar a estos lectores a seguir adelante con la tarea. He edificado sobre la base del trabajo de muchos en el pasado, cuyos esfuerzos yo respeto. Mi experiencia personal en cuanto a las disciplinas que tratan de la vida en la antigüedad me confirma que la motivación de los que trabajan en estos campos es la búsqueda de la verdad. Los Santos de los Ultimos Días que han estudiado las escrituras han realizado también contribuciones vitales. Reconozco con gratitud ambas fuentes. Las extensas notas a pie de página son, en parte, un tributo a algunos de los que me han precedido. Estas mismas son también una guía para aquellos que continuarán con nuevas investigaciones, corrigiendo mis errores e i g n o r a n c ia. P uede que m uchos e n la pr óxima g e n e r a c i ón, exploren detenidame nte lo que se encuentra al otro lado de las puertas que yo solamente h e e n t r eabierto. A dem ás estos a pa siona dos investigadores y potenciales colaboradores quizás sean personas reacias, curiosas, o críticas que desean también leerlo todo. Son bienvenidos, pero este mensaje es principalmente para los apasionadamente ambiciosos. Más adelante se citan con frecuencia capítulos y versículos del Libro de Mormón. El no leer estos v e r sí c u l os nos inducirá a per de r impor ta nte información, sin embargo el que yo cite todos los
  16. 16. XXIV INTRODUCCION versículos que están relacionados podría ser una pesada carga para el lector. Lo que se proporciona si r v e , a l menos, com o punto d e pa r tida pa r a e l investigador que quiera saber más. Lo mismo se aplica a la literatura técnica citada. Todo lo que intento hacer es proporcionar puntos tanto en las fuentes escriturales como en las profesionales, a partir de las que una persona puede comenzar a leer más, sin agotar las referencias. Y si un tema se trata superficialmente en e l t e x t o , no significa que no fue r a te nta dor un tratamiento más completo. Pero todos debemos enfrentarnos con los mismos problemas, como se lamentaba Herman Melville: "¡Oh, tiempo, dinero y paciencia!”.
  17. 17. 1 Trazando el Mapa del Libro de Mormón De forma preliminar a nuestra investigación, debemos establecer donde se desarrollaron los hechos del Libro de Mormón dentro del hemisferio occidental. D e b e r í a mos saber si ocuparon la tota lida d de l continente americano. Si el escenario fue un territorio r e st r i n g i do, entonces este hec ho e s e se nc ia l. Equivocarnos en la geografía nos envolvería en un conjunto de errores en cadena que inevitablemente harían fracasar cualquier conclusión que sacáramos. Si nosotros no supiéramos dónde, y naturalmente cuándo, encontrar datos comparativos, podríamos también tratar de dar luz al Libro de Mormón asumiendo su emplazamiento en España o en Siberia. ¿Un mapa autorizado? Algunos Santos de los Ultimos Días se enfrentan a problemas como el de la geografía del Libro de Mormón recurriendo automáticamente a los líderes de la Iglesia para encontrar respuestas. Parece apropiado, entonces, comenzar preguntandonos si la geografía del Libro de Mormón ha sido determinada por estos líderes o no. Las fuentes históricas no nos indican que entre las instrucciones que Moroni dio a José Smith se incluyera la geografía, ni tampoco José Smith declaró tener inspiración sobre el asunto. Las ideas que él expresó más tarde, acerca de la localización de los hechos de los que se habla en el libro, aparentemente reflejaban lo mejor de su opinión personal. Lo que parece la primera interpretación consensuada de la geografía del 1
  18. 18. 2 UN MARCO GEOGRAFICO Libro de Mormón de él y de sus asociados era amplia: la tierra del sur era la totalidad de América del Sur, la tierra del norte, el continente norteamericano. Un indicador de esto es un registro manuscrito de 1836 de Frederick G. Williams, que atribuye a José Smith la d e c l a r a c i ó n de que: “L ehi y su tr ipula c ión desembarcaron en el continente sudamericano, en Chile, a treinta grados de latitud sur.”1 Líderes de la Iglesia como B. H. Roberts y John A. Widtsoe, ambos críticos prudentes, vacilaron al aceptar el origen de la declaración del profeta,2 sin embargo ciertamente no sería sorprendente que el profeta haya sostenido alguna vez este punto de vista, ya que otros primeros miembros parecen haberlo creído.3 (Williams dijo más tarde que la declaración sobre Chile le fue hecha a él por un ángel en vez de por José Smith.)4 En vista del hecho de que, con el tiempo, las ideas del Profeta sobre otros temas maduraron, sus ideas sobre la g e o g r a f í a del L ibro de Morm ó n podr ía n ha be r experimentado un cambio. En 1842, un editorial en el periódico de la Iglesia Times and Seasons (del 15 de septiembre, páginas 921-22) afirmaba que “Lehi... desembarcó un poco más al Sur del Istmo de Darién (Panamá).” José Smith había asumido seis meses antes ( p á g . 7 1 0 ) la responsabilidad e xc lusiva por e l contenido del periódico, a pesar de que el editor oficial 1.- Franklin D. Richards y James A. Little, eds., Compendium (Salt Lake City: Deseret News Press, 1886), p. 289. 2.- Brigham H. Roberts, New Witnesses for God, vol. 3 The Book of Mormon, vol. 3 (Salt Lake City: Deseret News Press, 1926), pp. 501-3; John Widtsoe, “Is the Book of Mormon Geography Known?” en A Book of Mormon Treasury: Selections from the Pages of the Improvement Era (Salt Lake City: Bookcraft, 1959), pp. 128-29. 3.- Por ejemplo, la declaración de Oliverio Cowdery en Francis W. Kirkham, A New Witness for Christ in America: The Book of Mormon (Independence Missouri: Zion´s Printing and Publising Co., 1942), p. 93. 4.- Nancy C. Williams, Meet Dr. Frederick Granger Williams ... After One Hundred Years (Independence, Missouri: Zion´s Printing and Publishing Co., 1951), pp.101-3.
  19. 19. TRAZANDO EL MAPA 3 e r a Jo h n Taylor. E l lugar que se me nc iona e s, naturalmente, alrededor de tres mil millas al norte del punto de Chile que menciona la cita de Williams. En el plazo de pocas semanas apareció otro artículo sobre geografía en el periódico. Un notable “bestseller” de aquel tiempo era el libro de John Lloyd Stephens Incidents of Travel in Central America, Chiapas and Yucatán, 5 publicado en 1841. En el número de septiembre de 1842 se hizo una reseña e n t u si a st a del libro de S tephens, c on e xte nsos extractos del fascinante relato, que describía las maravillas de las ruinas mayas, por primera vez en una fuente de lengua inglesa fácilmente accesible. Al comentar el primer extracto, el anónimo escritor afirmó que los nefitas “vivieron alrededor de la e st r e c h a franja de tierra, que a hor a a ba r c a C e n t r o a m érica, con todas las c iuda de s que se encuentran allí” (pág. 915). Dos semanas después el escritor llegaba a una nueva conclusión: Desde que nuestro “Extracto” del libro “Incidentes de viaje” etc. del señor Stephens fue publicado, hemos encontrado otro hecho importante relacionado con la veracidad del Libro de Mormón. América Central, o Guatemala, está situada al norte del Istmo de Darién y en otro tiempo abarcaba varios cientos de millas de territorio de norte a sur. La ciudad de Zarahemla, incendiada en el tiempo de la crucifixión del Salvador, y reconstruida más adelante, se encontraba en esta tierra. El autor del artículo añadió, con frases pintorescas pero con cautela digna de elogio, 5.- Incidentes de viaje por Centroamérica, Chiapas y Yucatán. (N. del T.)
  20. 20. 4 UN MARCO GEOGRAFICO No vamos a declarar categóricamente que las ruinas de Quirigua (en Guatemala) son las de Zarahemla, pero cuando la tierra, y las piedras, y los libros narran la historia tan claramente, somos de la opinión, de que se requerirían más pruebas de las que los judíos podían aportar para probar que los discípulos robaron el cuerpo de Jesús de la tumba, para demostrar que las ruinas de la ciudad que nos ocupa no son las que se mencionan en el Libro de Mormón. No tenemos seguridad de que las declaraciones del periódico fueran hechas por José Smith aunque él tenía la responsabilidad editorial del mismo. Ni tampoco podemos estar seguros mediante otra fuente de la conclusión a la que llegó sobre el asunto. Tanto si el profeta personalmente creyó que las tierras nefitas se encontraban en Centroamérica o no, los líderes que se asociaban diariamente con él sintieron que esta era la mejor contestación a la pregunta “¿dónde?”. Incluso podría ser más importante para los Santos de los Ultimos Días darse cuenta de que ellos la consideraban como una pregunta abierta, para ser meditada e investigada, y ellos complementaban su estudio de las escrituras con los mejores recursos del limitado saber se c u l a r q u e les era accesible en a que l tie mpo. Veintitrés meses después de las afirmaciones del Times and Seasons, murieron José Smith y su hermano Hyrum. Los sucesos que se acumularon durante este agitado periodo anterior al martirio del profeta, le dejaron escaso tiempo libre para estudios de geografía. Sin embargo, una afirmación de Orson Pratt, de 1848, demuestra la continuidad de las ideas expresadas por el Times and Seasons seis años antes. Los nefitas, dijo Pratt, “habitaron las ciudades del Yucatán durante el tiempo en que fueron atacados y expulsados de la tierra del sur”, 6 obviamente esto excluye a Panamá como “la estrecha franja de tierra”. 6.- Millennial Star 10 (15 de Noviembre 1848): 347.
  21. 21. TRAZANDO EL MAPA 5 L a p r e ocupación principal de la siguie nte generación de Santos fue simplemente sobrevivir. Cuando más adelante, durante el siglo XIX, se reavivó el interés por la geografía del Libro de Mormón, los líderes de la Iglesia tuvieron cuidado de no dejar que se produjeran divisiones entre los Santos por esta cuestión o que las opiniones se convirtieran en dogmas. El Elder George Q. Cannon, una de las fuerzas intelectuales de aquel tiempo en la Iglesia, dijo en 1890: Existe la tendencia, que se manifiesta con fuerza en estos momentos entre algunos hermanos, de estudiar la geografía del Libro de Mormón. ... Se pide a menudo a los hermanos que dan discursos sobre las tierras de los nefitas que preparen sugerentes mapas ilustrativos de la geografía nefita, pero nunca deberían haber consentido en hacerlos. Tampoco sabemos de ningún apóstol que quisiera emprender tal labor. La razón es que, sin más información de la que tienen, no están preparados ni siquiera para sugerir [una solución]. 7 El presidente Joseph F. Smith, el presidente de los setenta Anthony W. Ivins, y el apóstol John A. Widtsoe se encontraban entre las autoridades que más tarde afirmaron que la Iglesia no adoptaba ninguna posición sobre las localizaciones específicas del Libro de Mormón. El presidente Smith, por ejemplo, cuando se le pidió aprobar un mapa “mostrando el lugar exacto donde Lehi y su tripulación desembarcaron,” se negó a hacerlo, alegando que el “Señor todavía no lo ha revelado.”8 Elder Ivins advirtió en 1929, “Todavía no se h a a n u nciado nada definitivo que r e sue lva definitivamente la cuestión [de la geografía del Libro de Mormón]. Así que la Iglesia dice, sí, estamos simplemente esperando a descubrir la verdad.” 9 Esta 7.- Juvenile Instructor 25 (Enero de 1890): 18-19. 8.- The Instructor 73 (Abril de 1938): 160. 9.- Informe de la Conferencia de Abril de 1929 (Salt Lake City: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días, 1929), pp. 15-66.
  22. 22. 6 UN MARCO GEOGRAFICO cautela ha sido la trayectoria que se ha seguido consecuentemente desde entonces, dejando libertad para que los individuos estudien y examinen el tema sin poner a las autoridades en el compromiso de tener que defender o refutar el punto de vista personal de alguien. Incluso en un resumen tan breve como éste, queda claro que las autoridades de la Iglesia desde la época de José Smith hasta ahora no han llegado a ningún c o n se n so , no han hecho ninguna de c la r a c ión autorizada, ni han informado de ninguna solución definitiva a la cuestión de la geografía de Libro de Mormón. Sin embargo, nunca les ha parecido un problema insoluble, sólo difícil. Elder Widtsoe pensaba que “a fuerza de un estudio diligente, con oración, podemos llegar a comprender mejor la época y los lugares de las personas que se mueven a través de las páginas del divino Libro de Mormón.” 10 No, las autoridades de la Iglesia no nos han resuelto ninguno d e l o s p roblem as más im porta nte s sobr e e l emplazamiento geográfico del Libro de Mormón. Debemos buscar las respuestas en algún otro lugar. ¿Qué Dice el Libro? E l p r i mer lugar donde d e be mos busc a r conocimiento sobre el contexto del Libro de Mormón es el propio libro. Recurrir al original es la base de todo conocimiento sólido cuando alguien trabaja con un texto antiguo. Un renombrado experto en tierras bíblicas y del Antiguo Testamento lo dice de este modo: “No se puede nunca enfatizar demasiado el que los descubrimientos arqueológicos tienden a justificar el significado literal del texto contra [cualquier otra] interpretación erudita y tradicional. Esto no sólo es válido para la Biblia, sino para todos los textos antiguos en general.”11 10.- Witdsoe, “Book of Mormon Geography,” pág. 130. 11.- Cyrus Gordon, Introduction to Old Testament Times (Ventor, New Jersey: Ventnor Publishers, 1953) pág. 107.
  23. 23. TRAZANDO EL MAPA 7 Pero ¿se encuentra suficiente información para mostrar una imagen coherente y digna de confianza en el mismo libro? Algunos Santos de los Ultimos Días han escudriñado las claves que el Libro de Mormón proporciona sobre geografía y han elaborado varios mapas mostrando lo que ellos consideran que son las conexiones entre las tierras y ciudades mencionadas. Decir que han llegado a conclusiones variadas, es una expresión exageradamente moderada. En efecto, nosotros debemos elaborar un mapa semejantesistemática y extensamente. De cada afirmación del libro debemos extraer toda la información importante, y debemos hacerla encajar toda sin contradicciones. A pesar de sus contribuciones, todos los mapas anteriores han sido incompletos y poco consistentes al tratar la i n f o r m a c ión im portante del L ibr o de Mor món. Ninguno es totalmente digno de confianza. Construir un mapa que sea internamente coherente no es mas que el primer paso. Seguidamente debemos hacer que correspondan las tierras y ríos del Libro de Mormón con lugares existentes, lugar por lugar, tal como lo han hecho los expertos en lo que respecta a gran cantidad de la información que se encuentra en la Bi b l i a . S i no fuera por eso, los suc e sos que se encuentran en el libro permanecerían en un limbo geográfico; y nosotros tendríamos sólo un mapa simulado. Nuestra primera tarea consiste en analizar las características esenciales de las tierras descritas en el libro. Esto determinará un conjunto de requisitos. Cualquier área de las Américas que se proponga como la localización de los sucesos del Libro de Mormón d e b e e n c a jar con estos criterios o si no se la considerará equivocada. Mientras comparamos los requisitos con porciones del mapa actual del mundo, debemos eliminar de nuestra consideración todos los territorios que estén en conflicto con lo que se requiere. Es concebible que pudiéramos terminar sin la
  24. 24. 8 UN MARCO GEOGRAFICO información suficiente para identificar con seguridad algún lugar como el área donde tuvieron lugar los acontecimientos del Libro de Mormón. Sin embargo, prosigamos. El requisito más obvio, que es la configuración, tiene que ver con el bosquejo básico del Libro de Mormón. Pronto nos enteramos de que una “estrecha lengua de tierra” o istmo separaba la “tierra del norte” de la “tierra del sur”, con forma, a rasgos generales, de reloj de arena. (Ver el mapa 1). Alma 22:32 nos dice que la tierra del sur estaba “ c a si r o d e ada de agua,” pero no ha c e ninguna declaración clara acerca de la relación de la tierra del n o r t e c o n sus m ares adyacentes. Ta l y c omo la concebían los nefitas, la tierra del sur estaba dividida principalmente en dos: la tierra de Nefi más al sur, y hacia norte de ésta la tierra de Zarahemla, la cual se extendía tanto que casi llegaba hasta la lengua de tierra. La porción sur del istmo se denominaba tierra de Abundancia. Directamente al norte de la tierra de Abundancia, en la estrecha franja de tierra, estaba la tierra de Desolación. No lejos, al norte de Desolación, se e n c o n traba la primera zona pr inc ipa l de asentamiento jaredita, la tierra de Morón (Eter 7:6). Al norte de Desolación, a lo largo de la costa oriental yacía una tierra cubierta de agua (Alma 50:29; Eter 15:8-11). Al norte de Morón y al sur de Nefi, la situación permanece nebulosa; pero en medio de todo esto, el conjunto de estas conexiones _ tierra del norte/istmo/tierra de Zarahemla/tierra de Nefi _ están más allá de toda discusión.
  25. 25. FORMA DE RELOJ DE ARENA DE LAS TIERRAS DEL LIBRO DE MORMON
  26. 26. 10 UN MARCO GEOGRAFICO Dimensiones ¿Qué largo y ancho tenían estas tierras? La forma de reloj de arena podría, después de todo, encajar tanto con todo el hemisferio occidental como con una porción relativamente pequeña del mismo. Es vital establecer la extensión del territorio donde tuvieron lugar los hechos narrados en las escrituras. Para determinar sus dimensiones, la información crucial que se encuentra en el texto es cuánto tiempo les llevaba a las personas trasladarse de una parte a otra. Consideremos la distancia entre la ciudad de Nefi y la de Zarahemla. El grupo de misioneros que dirigió Amón, intentando llegar hasta la tierra de Nefi, “no sabían el rumbo que debían seguir en el desierto para ir a la tierra de Lehi-Nefi”; por tanto encontraron el lugar después de 40 días de viaje (Mosíah 7:4). El viaje de Alma y sus conversos nos es de más ayuda, ya que recorrieron prácticamente el mismo camino en sentido contrario. Salieron de las aguas de Mormón, que probablemente no se encontraba a más de dos días de la ciudad de Nefi, y lograron llegar a Zarahemla en 21 días (Mosíah 18:1-7; 23:1-3; 24:20; 25). El grupo incluía mujeres, niños y “rebaños.” ¿Cuán rápido pudieron haber viajado? Los pioneros mormones, conduciendo yuntas de bueyes a través del llano territorio de Nebraska, hacían un promedio de 10 a 11 millas por día. En Guatemala les lleva a los porquerizos ocho días conducir una p i a r a d e cerdos 90 millas a tr a vé s de te r r e no montañoso, hasta llegar al mercado (una media de poco más de 11 millas por día). 12 Otros grupos de viajeros no lo hacen ni siquiera tan rápido. R.E.W. Adams, un arqueólogo que ha trabajado en Guatemala, 12.- R. E. W. Adams, “The Ceramic Chronology of the Southern Maya.” Segundo informe preliminar de la Fundación para las Ciencias Nacionales, Grant GS 610, Universidad de Minnesota, duplicado en Minneapolis, 1966, pág. 5.
  27. 27. TRAZANDO EL MAPA 11 informa que a los viajeros que van en viaje comercial de rutina, atravesar los senderos y corrientes de la j u n g l a d e sde el valle de C otzal ha sta Pe té n aproximadamente 120 millas de distancia por aire -les cuesta 19 días o más, haciendo una media de poco más de 6 millas por día. Gran parte del camino se hace en piragua río abajo. Además, una persona puede recorrer en seis horas, andando por esa zona, una distancia que le llevaría siete a caballo. Si lleva animales consigo, el tiempo se alarga hasta diez horas.13 Otros viajeros son mucho más rápidos. R. F. Heizer informa que en el siglo XIX en California, pequeños grupos de indios Mohave podían recorrer cerca de 100 millas al día, en algunas ocasiones sin comida ni agua durante días. Hace aproximadamente 75 años, un indio tuvo fama de haber hecho un viaje de 100 millas y regresar después de descansar solamente unas pocas horas. En el caso de los indios Mohave 14 no era excepcional hacer un promedio de seis millas por hora, no por día. El padre Sahagún escribió acerca de un pueblo mejicano pre-hispánico: “Los Toltecas eran altos, con el cuerpo más grande que los que viven a c t u a l m e n te; por esta razón le s lla ma ba n los tlanquacemilhuique que significa que podían correr el día entero sin cansarse.”15 Durante los traslados de los Toltecas, descritos en las crónicas mejicanas, en marchas desde el amanecer hasta la puesta del sol, sin animales, hacían una media de seis leguas, entre 15 y 24 millas.16 13.- Ibid. 14.- Robert F. Heizer, “Physical Capabilities of the Capabilities of the California Indians,” Masterkey 45 (1971): 109-13. 15.- Bernardino de Sahagún, Historia de las cosas de Nueva España (México: Editorial Nueva España, 1946), pág. 281. 16.- Mariano Veytia, Historia antigua de México, vol 1 (México Leyendia, 1944), pág. 152; Fernando de Alva Ixtlilxochitl, Obras históricas, vol. 1 (México: Editora Nacional, 1952) pág. 24.
  28. 28. 12 UN MARCO GEOGRAFICO Otros datos sobre la velocidad de los viajes entran dentro de estas escalas establecidas. Existe una amplia gama de posibilidades, dependiendo del terreno, de cómo estaban de acostumbradas las personas a viajar, o de si se trataba de un simple mensajero, de todo un p u e b l o o de un ejercito los que se ha lla ba n involucrados. Si asumimos que el grupo de Alma y sus animales fueron a velocidad normal, es plausible que hayan viajado a razón de unos once millas por día. Desde las aguas de Mormón, de donde partió el grupo de Alma, Zarahemla estaría a 21 días o a 231 millas de viaje real haciendo 11 millas por día. Helam, la tierra a la que huyó Alma, parece haber estado fuera de la ruta principal, lo cual podría haber resultado un poco más corto (viajeros posteriores no pasaron por Helam; comparar Mosíah 23:30, 35). Además el texto deja claro que parte del viaje se hizo atravesando un yermo montañoso (donde se encontraba la cabecera del río Sidón; Alma 16:6; 22:27; 27:14), por una retorcida ruta con la que no estaban familiarizados Alma y su gente. El lugar denominado las aguas de Mormón estaba a un par de días de la ciudad de Nefi (Mosíah 18:4-7, 30-34; 23:21). Así que la cantidad real de millas del sendero o camino entre Zarahemla y Nefi, las dos ciudades predominantes en este temprano periodo de la historia, debe de haber sido del orden de 250 millas, asumiendo un ritmo de velocidad de 11 millas por día. Considerando las vueltas y curvas de una ruta verdadera, que sería probablemente la seguida en semejante terreno, la distancia en línea recta se aproximaría más a 180 millas. (Ver el mapa 2) Usando la distancia entre Nefi y Zarahemla como modelo tentativo, podemos calcular las distancias que había entre otros lugares. Moroni dijo que la ciudad de Zarahemla era el “corazón” o “centro” de la tierra de Zarahemla (Alma 60:1, 19, 22; Helamán 1:17-18, 2223). Sin embargo, Zarahemla no estaba lejos del límite
  29. 29. TRAZANDO EL MAPA 13 de las tierras lamanitas. Un tal Coriantumr condujo un ejercito lamanita descendiendo por la tierra de Nefi directamente hacia Zarahemla, “y su marcha fue tan sumamente rápida, que no hubo tiempo de que los nefitas reunieran sus ejércitos” (Helamán 1:19). Si la distancia entre las fronteras del asentamiento nefita y su ciudad principal hubiera sido muy grande, los nefitas habrían recibido alguna advertencia de la fuerza que se aproximaba. Antes de esto, otro ejercito lamanita, procedente de Nefi, irrumpió en escena cerca de Zarahemla con sólo escaso aviso (Alma 2:23-25). Aparece una corroboración de esto en el relato del rey Mosíah, quien, años antes, condujo a su gente fuera de la tierra de Nefi; parece ser que ellos “llegaron a la tierra...” e incluso a la ciudad de Zarahemla, más bien precipitadamente (Omni 1:13-14). Estos hechos sugieren que la ciudad de Zarahemla puede haber estado en algún lugar al sur del centro geográfico del país, a pesar de que conceptualmente estaba en “el corazón” del mismo. H a y o t ra razón para pensar que la c iuda d de Zarahemla podía no haber estado exactamente en el centro de la tierra de Zarahemla. Al norte de la ciudad, entre Zarahemla y Abundancia, la cuál estaba aún más al norte, (Helamán 1:27-28), se encontraban “las partes principales de la tierra.” Esta importante zona parece haber estado a lo largo del río Sidón, el cual fluía al norte de la tierra de Zarahemla (Alma 22:27-33; 2:15). Con el área más importante de asentamiento situada corriente abajo desde Zarahemla, nos da la impresión de que la ciudad principal estaba más cerca de las fronteras lamanitas que de donde se concentraba la población de la gran tierra de Zarahemla. Más tarde, pero todavía antes de Jesucristo, una continua franja de tierra yerma separaba la Zarahemla nefita del territorio lamanita. Además, por lo menos durante los sucesos que relatan los libros de Mosíah y Alma, la ciudad de Nefi (también llamada Lehi-Nefi)
  30. 30. 1 El viaje de Omer a Ablom ("muchos días") 2 El de Nefíah a Moroni (un día largo) 3 Los exploradores de Limhi ("muchos días" perdidos por el desierto) 4 El grupo de Alma 5 La huida de Nefi ("muchos días en un territorio inexplorado) 6 El grupo de Ammón (40 días) LOS VIAJES QUE NOS INDICAN LAS DISTANCIAS
  31. 31. TRAZANDO EL MAPA 15 se encontraba a alguna distancia de “la estrecha franja de yermo” propiamente dicha. En el lado lamanita de l a z o n a fronteriza parece ser que un e spa c io considerable de yermo separaba la ciudad de Nefi de la franja de transición. Una cantidad considerable de búsquedas de tierras perdidas, avances y retrocesos de los enemigos, y viajes en el yermo tuvieron lugar en este extenso territorio. (Ver, por ejemplo, Mosíah 19:911, 18, 23, 28; 23:1-4, 25-31, 35; Alma 17:8-9, 13; 23:14, a la luz de los versículos 9-12; 24:1.) No se hace ninguna mención de si alguna vez se hizo un viaje hacia el sur de la ciudad de Nefi, así que debe de haber estado cerca del límite sur o de lo que los nefitas reconocían como la gran tierra de Nefi (Alma 22:28). Si tomamos todas estas consideraciones en cuenta, parece razonable dividir nuestras cifras tentativas sobre la cantidad de millas de esta manera: del orden de 180 millas en línea recta separaban la ciudad de Nefi de la de Zarahemla; había alrededor de 100 millas de distancia desde Nefi hasta el punto medio de la “angosta faja de terreno desierto” (Alma 22:27); luego, eran 80 millas desde este punto bajando hasta la m i sm a c i u dad de Z arahemla. Aunque sólo son estimaciones, estas distancias y relaciones se derivan cuidadosa y fielmente de los anales nefitas tal y cómo lo permite nuestra información actual. Al norte, más allá de las fronteras de la tierra de Zarahemla, se encontraba una tierra sin nombre, la “tierra que estaba entre la tierra de Zarahemla y la tierra de Abundancia.” El lugar sólo se menciona en 3 Nefi 3:23. (La línea que contiene estas palabras se o m i t e d e l texto im preso duran te muc hos a ños, aparentemente por un error del impresor, pero se repuso en la edición de 1981 del Libro de Mormón en inglés.17) La tierra de Abundancia, en conjunto, parece 17.-Stan Larson, “Change in Early Texts of the Book of Mormon,” Ensign 7 (Septiembre de 1976), pp. 28-33. Estas palabras todavía no están en la traducción al castellano. (N. del T.)
  32. 32. 16 UN MARCO GEOGRAFICO haber sido bastante estrecha, ya que Alma 22:31-33 la describe más que nada como una zona que se extendía a través de la estrecha lengua de tierra. No se dice mucho más acerca de ella. ¿A cuánta distancia se encontraba Zarahemla de Abundancia? Si la primera se encontraba ligeramente al sur del centro geográfico, como se ha razonado anteriormente, podría haber alrededor de 100 millas desde la ciudad de Zarahemla hasta la frontera norte de una tierra más extensa que la que se denominaba Zarahemla en los días de Alma (Alma 5:1; 6:7; 8:1-3, 6, 11-12; 16:1-15; 28:1). Si añadimos la tierra sin nombre, “la tierra entre la tierra de Zarahemla y la tierra de Abundancia”, y también la estrecha tierra de Abundancia, 80 millas más, debía de haber una amplia distancia desde el límite norte a la tierra del sur. Más allá se extendía la tierra de Desolación, en la tierra del norte, de la cual hablaremos más adelante. Repasemos estas distancias. La “tierra de la primera herencia” estaría en el límite del extremo sur, pero no podemos estar seguros de su relación con Nefi o sus alrededores, excepto de que la primera era una región costera y la otra un territorio elevado. Nuestro primer punto claro de referencia, entonces, es la ciudad de Nefi. El siguiente es una extensión situada a 100 millas del punto desde el que se inicia la influencia nefita. Unos 80 millas adicionales nos llevan a la misma ciudad de Zarahemla. Alrededor de 100 millas al norte de Zarahemla estaba el límite de la tierra que era controlada directamente por la ciudad durante el reinado del último rey (Alma capítulos 5-15) y que continuó por mucho tiempo después como una unidad geográfica real (3 Nefi 3:23). Ochenta millas más cubren la extensión unida de la “tierra intermedia” y Abundancia. Así que la longitud total de la tierra del sur, donde tuvo lugar la mayor parte de la historia que narra el Libro de Mormón, no debía de ser ni más ni menos que de 360 millas.
  33. 33. TRAZANDO EL MAPA 17 Pudiera ser de ayuda, acostumbrados como estamos a grandes distancias que podemos recorrer por aire y automóvil, que recordáramos que Palestina, desde Dan hasta Beersheba, tenía sólo 150 millas de largo y menos de la mitad de ancho; a pesar de esto el 95 por ciento de los hechos mencionados en el Antiguo Testamento tuvieron lugar dentro de ese reducido espacio. Desde esta perspectiva, la extensión estimada a la que hemos llegado del escenario nefita parece razonable. Naturalmente, posteriores indicaciones del Libro de Mormón nos ayudan a confirmar estas dimensiones. En la historia del grupo de exploración del rey Limhi se encuentra una comprobación vital de la extensión del conjunto de estas tierras. Gobernando sobre un grupo sometido a servidumbre en la tierra de Nefi, Limhi mandó exploradores a encontrar Zarahemla, de la cual sus antepasados habían venido casi 50 años antes (Mosíah 8:7-8). Sus mensajeros iban a pedir a la gente de Zarahemla que les ayudaran a librarse del y u g o l a m anita. D esafortunadame nte , de a lguna manera, esta ruta sobrepasó Zarahemla, y atravesaron la “estrecha lengua de tierra”, sin ni siquiera darse cuenta, y les llevó al lugar donde había tenido lugar la batalla final de una población anterior, los jareditas. Allí encontraron ruinas y un conjunto de 24 planchas dejadas por el último profeta jaredita, Eter (Eter 15:33; Mosíah 21:25-27). Con tristeza, los exploradores volvieron a su tierra, a Nefi, para informar a Limhi, e q u i v o c a dam ente, de que los re stos que ha bía n encontrado debían de ser los de Zarahemla destruida. El grupo de exploración sabría aproximadamente c u á n t o l e s había llevado a sus pa dr e s via ja r de Zarahemla a Nefi, tan sólo dos generaciones atrás, así que cuando ellos viajaron, digamos, el doble de la distancia normal, hasta Zarahemla, se debieron de h a b e r p r e guntado acerca de su posic ión y probablemente no habrían ido mucho más lejos.
  34. 34. 18 UN MARCO GEOGRAFICO De Nefi a Zarahemla, en línea recta, había 180 millas. El doble de la distancia que les habría llevado hasta la “línea” (Alma 22:32, lógicamente un río) que separaba Abundancia de Desolación, el comienzo de la tierra del norte. A semejante distancia de casa debían de haber pensado en volver. Seguramente hombres tan diligentes como los que el rey habría mandado no habrían seguido mucho más allá. Así que no es razonable que el campo de batalla de los jareditas, donde terminaron los exploradores de Limhi, hubiera estado, dentro de la tierra del norte, a más de 100 millas desde la “línea” en el istmo. (Ver mapa 2.) L a c o l ina de R am ah, donde los ja r e dita s se autodestruyeron, era la misma colina que la Cumorah nefita (Eter 15:11). Todo este asunto nos dice pues, que es improbable que la distancia total de la ciudad de Nefi al último campo de batalla en Ramah o Cumorah fuera de más de 450, o quizás 500, millas. Tengan presente que estas cifras son estimaciones razonables de acuerdo con las afirmaciones de las escrituras; no se pueden determinar distancias más exactas. De todos modos, cualquier incremento de las dimensiones, haría más difícil de sostener la historia d e l o s e x ploradores de L im h i. La c olina de Ramah/Cumorah parece entonces, haber estado 100 millas al interior de la estrecha lengua de tierra, y esto concuerda con que los nefitas llamaran “Desolación” a la porción que estaba más al sur de la tierra del norte, la cual incluía el último campo de batalla, salpicado de huesos y armas oxidadas (Alma 22:30-31). En lo que respecta a la propia tierra del norte, nuestros datos sobre distancias nos llegan del registro jaredita, de sus últimos años de guerras entre ellos. Mientras los jareditas se aproximaban a su destrucción final, el profeta Eter huyó, para salvar su vida, desde los cuarteles generales del rey, en Morón: “y él se ocultaba en el hueco de una roca durante el día, y salía de noche para ver las cosas que le sobrevendrían al
  35. 35. TRAZANDO EL MAPA 19 pueblo” (Eter 13:13). Vivió en esa cueva mientras escribía “el resto de la historia”, o sea, el original del libro de Eter, que fue más tarde compendiado por Moroni para que nosotros lo leyéramos. La gran guerra civil jaredita comenzó el mismo año en el que huyó Eter, y el profeta registró todo aquello de lo que se enteraba sobre ella, desde su refugio (Eter 13:14, 18, 2 2 - 2 4 ) . D espués de ocho años de c omba te intermitente, todavía continuaban las batallas en el valle de Morón, que aún estaba dentro del campo de observación de Eter. Y él continuaba en su cueva después que una población de más de dos millones de personas, las cuales habían cubierto “toda la superficie de la tierra”, murieran (Eter 14:11, 22-23; 15:2). Finalmente, tras una catastrófica batalla cerca de la colina de Ramah, el Señor hizo salir a Eter de su cueva para que hiciera la última anotación en su registro y lo depositara donde el grupo de exploración de Limhi pudiera encontrarlo. La conclusión parece clara. Todas las batallas finales de los jareditas tuvieron lugar en la tierra del norte, dentro de un territorio lo suficientemente pequeño como para que Eter pudiera observar la mayor parte de la acción moviéndose sólo distancias muy cortas desde su base, en la cueva. Además, el linaje de Jared tuvo su principal asentamiento en Morón desde poco tiempo después de su desembarco en la costa hasta poco tiempo antes de la destrucción final. Y la tierra de Morón estaba “cerca” de la tierra que los nefitas llamaban Desolación (Eter 7:6). Probablemente cien millas desde Morón hasta la colina de Ramah, se acomodarían a todos estos hechos. La confirmación de la proximidad de Ramah con Morón se encuentra en el relato acerca del rey Omer. El gobernó durante los primeros años de la historia jaredita, cuando la población inmigrante pudo haber sido escasa. Retirándose de Morón, al ser amenazado por un rival, viajó con su familia “muchos días” hasta
  36. 36. 20 UN MARCO GEOGRAFICO encontrar refugio cerca del mar occidental. Un grupo de gente se trasladaría más lentamente, y, con niños y mujeres, probablemente por una ruta más larga y más llana, que el solitario Eter. En su camino desde Morón hasta el mar, Omer pasó por Ramah/Cumorah (Eter 9:3). Cuando se enteró de que los acontecimientos se habían puesto a su favor en casa, Omer volvió. (Eter 9:13). Si el área a la que huyó, y por lo tanto la de la última batalla, estaba más o menos dentro de las 100 millas desde Morón, la huida y vuelta de Omer tiene sentido; una distancia más grande parecería extraña, dada la poca cantidad de población. Muchos Santos de los Ultimos Días tendrán que cambiar notablemente su manera de pensar para ajustarla a las dimensiones de las que hemos hablado. Y tenemos otras evidencias en el Libro de Mormón de que los nefitas ocuparon un área bastante compacta. Por ejemplo, 3 Nefi 3 nos cuenta cómo los nefitas y los lamanitas justos, amenazados por los ladrones de Gadiantón, se reunieron en una fortaleza común, con provisiones de alimentos para siete años, para hacer sa l i r d e su tierra a los parasita r ios la dr one s, haciéndoles pasar hambre. El tamaño de la población reunida se describe como de “miles y decenas de miles” provenientes de la tierra del sur y la del norte, todos reuniéndose desde asentamientos de los cuales unos pocos años antes el relato de Helamán dice: “empezaron a cubrir la superficie de toda esta tierra, desde el mar del sur hasta el mar del norte, y desde el mar del oeste hasta el mar del este.” (Helamán 3:8). Sin embargo, se dice que toda esta gente se reunió en una sola zona, lo suficientemente pequeña como para ser sitiada (3 Nefi 4:16-18). El texto, claramente, trata de un área que en conjunto sólo tiene una dimensión de cientos de millas. ¿Que sabemos de la estrecha lengua de tierra? Primero, tenía que ser lo suficientemente ancha como p a r a q u e los exploradores de Limhi pudie r a n
  37. 37. TRAZANDO EL MAPA 21 atravesarla sin darse cuenta de que era un istmo. (Recordemos que a su vuelta supusieron que habían estado todo el tiempo en la tierra del sur.) Por otro lado, era tan estrecha que “la distancia no era sino de un día y medio de viaje para un nefita, por la línea de Abundancia y la tierra de Desolación, desde el mar del este al del oeste” (Alma 22:32). Por supuesto no sabemos cuánto tiempo podía ser “un día de viaje”. Las referencias dadas anteriormente ilustran cuán gran variedad de distancias podría abarcar este término. También pueden variar las interpretaciones de esta expresión. Posiblemente “la distancia de un día y medio” era una distancia estándar. Los nefitas podían h a b e r e n t endido que “un día y me dio de via je ” significaba una determinada cantidad de millas. De la m i sm a f o rma, la legua española signif ic a ba e l promedio de la distancia que una mula cargada podía viajar en aproximadamente una hora; el término no dice nada de ninguna mula ni de una cantidad de horas determinadas de viaje continuado. O quizás las palabras “un nefita” podrían sólo implicar que el que hacia el trayecto era un mensajero especial, ya que la frase se encuentra en un contexto de defensa militar. ¿Y qué medio de transporte se podría haber empleado? Si asumimos un viaje a pie -probablemente el modo normal- podemos proceder a calcular la anchura del istmo. Como ya hemos calculado anteriormente, la velocidad de “un nefita”, un sólo individuo, podía potencialmente ser de hasta seis millas por hora durante un tiempo de 24 horas, lo cual entra dentro del “día y medio.” Esto haría un total de 144 millas. Si se utilizó otro medio para viajar aumentaría la cifra de 144. O la distancia sería quizás más pequeña, digamos, de 50 millas. Si se aplica la cifra mínima, hubiera sido muy difícil que los exploradores de Limhi no se dieran cuenta de que atravesaban un largo istmo; si nos vamos al extremo contrario, la cifra más alta, el “día y
  38. 38. 22 UN MARCO GEOGRAFICO medio de viaje” resulta más problemático. Me parece que una extensión de 75 a 125 millas resulta un término medio plausible. Hay todavía otro relato de un viaje que nos ayuda a precisar distancias, esta vez en la costa este de la tierra del sur. El comandante nefita Moroni estableció allí una hilera de ciudades con guarniciones, contra un anticipado asalto lamanita dirigido a Abundancia y a la estratégica zona del istmo. El área pronto se convirtió en una zona crucial de batallas cuando el disidente nefita Amalickíah tramó cómo hacerse con el control de los ejércitos lamanitas y atacó por sorpresa a lo largo de la costa, capturando ciudad por ciudad hasta que se encontró en la misma frontera de la tierra de Abundancia (Alma 5:22-28). Abundancia era la ciudad que estaba más al norte en el camino de avance hacía la tierra del norte. Al llegar a este punto, un grupo de soldados nefitas hicieron salir a la guarnición lamanita fuera de su fortaleza de Mulek, conduciéndoles hacia Abundancia, mientras una segunda fuerza se introducía furtivamente en la retaguardia enemiga para tomar p o se si ó n de Mulek (A lm a 52:21- 31) . Mule k y Abundancia estaban tan cercanas la una a la otra que las fuerzas de Teáncum pudieron recorrer la mayor parte de la distancia y regresar durante parte de un día caluroso, aunque esto supuso un esfuerzo extenuante (versículo 31). Sobre la base de estas declaraciones, podemos inferir que para los soldados había más o menos un día regular de marcha desde Mulek hasta Abundancia; digamos casi 25 millas. Un poco después, Gid, la ciudad que seguía a la de Mulek, fue recapturada por los nefitas con una única maniobra. Después de más escaramuzas, se mencionan cuatro ciudades que continuaban en manos lamanitas: Moriantón, Lehi, Nefíah y Moroni. En un decisivo día de batalla, los nefitas expulsaron al enemigo de todas e l l a s ( A l ma 62:24-35). E l contr a a ta que ne f ita comenzó, probablemente al amanecer, contra Nefíah,
  39. 39. 24 TRAZANDO EL MAPA 23 la más importante de las cuatro. Tras capturarla r á p i d a m e nte, el capitán Moroni pe r siguió a los l a m a n i t a s que se retiraban a tr a vé s de Le hi y Moriantón hasta la playa (versículo 32); después, a lo largo de la orilla, fueron corriendo hacia Moroni, llegando al anochecer (versículo 35). Pasaron el día p r i n c i p a l m ente persiguiendo a los la ma nita s derrotados, no luchando contra ellos. Cargados de adrenalina, los ejércitos pueden haber ido a tres millas o más por hora, durante 15 horas, casi 50 millas. Podemos determinar, por otras evidencias sobre la localización de estas ciudades, que la ruta era más un semicírculo que una línea recta. Nuestra conclusión debe ser que la porción de litoral que recorrieron ese día no pudo haber sido de más de 30 millas de largo. Todas estas cifras combinadas nos dicen algo importante acerca de la longitud de la costa este, en p o se si ó n de los nefitas. C omo he mos visto, Abundancia estaba a 25 millas de Mulek. En el otro extremo, el sector de Nefíah-Moroni contaba con quizás 25 millas más. Esto deja el centro, en el cual só l o se nombran las ciudades de Gid y Ome r. Careciendo de datos sobre este sector, yo simplemente añado otras 30 millas, por analogía con los otros. En resumen, no resulta plausible que la distancia desde Abundancia, en el extremo norte, hasta Moroni, en el extremo sur de la costa este, se extendiera mucho más de 85 millas. (Ver mapa 2.) L a c o sta este, controlada po r los ne f ita s, de aproximadamente 85 millas, tiene mucha menos longitud que la tierra del sur medida desde Zarahemla a Nefi. La longitud de este eje era del orden de las 350 millas. La diferencia entre estas longitudes es tan grande que no se puede deber a presupuestos erróneos. El Libro de Mormón realmente requiere que la costa este, importante para los nefitas, fuera mucho más corta que la del oeste, y cualquier mapa que sugiramos debe acomodarse a este hecho.
  40. 40. LA LOCALIZACION RELATIVA DE LAS TIERRAS Y LAS CIUDADES
  41. 41. TRAZANDO EL MAPA 25 Al mismo tiempo, “las fronteras de la costa del mar este”, como los escritores nefitas llamaban a esta zona costera, tenían que ocupar un pedazo considerable de terreno. Cuando Moroníah y sus ejércitos luchaban por regresar de una desastrosa guerra, que había dejado todo el territorio nefita de la tierra del sur ocupado por los lamanitas, recobraron “la mitad de sus posesiones,” y esta mitad estaba constituida por el área fronteriza del este más la tierra de Abundancia (Helamán 4:5, 10, 16). Como no hay ninguna indicación de que ni siquiera la propia tierra de Abundancia fuera extensa, las “fronteras” tenían que ser un territorio de buen tamaño para que, unidas ambas áreas, constituyeran la mitad del territorio nefita. Adviértase también que el ataque relámpago de Amalickíah en este sector realizó un corte en forma de guadaña “cerca de las costas del mar”, a lo largo del litoral, hasta cerca de Abundancia (Alma 51:25-28), pero pasó de largo Nefíah, la cual estaba más tierra adentro. Incluso, después que Nefíah cayera finalmente en manos enemigas, los nefitas retuvieron una hilera de tierras bajas en el interior, donde se hallaba situada Jersón, su base militar. Para que esta situación tenga sentido militarmente, la región costera habría debido tener por lo menos 30 o 40 millas de ancho, y las palabras “la mitad de sus posesiones” confirman tal tamaño. De todos modos, podemos decir que la tierra del sur en conjunto no era ni mucho menos tan ancha como larga. Adviértase que las migraciones, viajes, guerras, expediciones misionales -prácticamente todos los traslados- tendían a ser hacia el norte o hacia el sur en vez de ser en dirección transversal. El viaje misional de Alma es uno de los pocos que nos enseñan mucho acerca de la anchura. En su recorrido como predicador, Alma dejó Zarahemla, junto al río Sidón, para predicar en Melek en el límite oeste de la tierra colonizada (Alma 8:3-5). De allí regresó al norte, paralelo al yermo del oeste (Alma 22:27-28), hasta llegar a
  42. 42. 26 UN MARCO GEOGRAFICO Ammoníah (Alma 8:6). Este lugar, al igual que Melek, estaba cerca de la periferia occidental, como se demuestra en Alma 16:2 y 25:2. Desde Ammoníah, el profeta viajó por la costa este hacia una ciudad llamada Aarón (Alma 8:13), sin llegar realmente a ella. Más tarde se dice que Nefíah “unía las fronteras de Aarón y Moroni” (Alma 50:14); Nefíah era una de las ciudades defensivas construidas en las tierras bajas del este, y la ciudad de Moroni estaba al lado del mar del e st e ( A l ma 50:13; 62:32-34). Esta inf or ma c ión establece que una hilera de ciudades se extendían desde el oeste hasta la costa este, a través de la tierra al norte de Zarahemla: Ammoníah, Aarón, Nefíah y Moroni. (Ver mapa 2.) Estos cuatro lugares, alineados a través de la mayor parte de la tierra del sur, debieron de haber ocupado 150 millas, lo que prácticamente vendría a suponer el límite. Es probable que la distancia de costa a costa de este corte transversal no excediera de las doscientas millas. (Ver mapa 2.) Nunca se aclara la anchura de la tierra de Nefi, la porción de tierras montañosas de la tierra del sur. Evidentemente la ciudad de Nefi no estaba lejos de la costa; el grupo inicial de colonos de Nefi no habría ido mucho más lejos de lo necesario para escapar de los l a m a n i t a s (2 N efi 5:6-8), quie ne s f ina lme nte contactaron con ellos bastante pronto (versículos 14, 34). Además, se contaba como parte de la tierra de Nefi la franja costera oriental colindante (Alma 22:28“en la tierra de Nefi”), aunque hacia el norte sólo se concibe esta franja como “al lado de la tierra de Zarahemla”. Definitivamente, no se habla de nada que se encuentre al este de Nefi. Toda el área este, desde Nefi, queda sin definir, excepto en que formaba parte del conjunto de las tierras del sur que “casi se hallaban rodeadas de agua” (Alma 22:32). También se desconocen el tamaño y forma de la tierra del norte. Más allá de la lengua de tierra se encontraba una extensión de tierra lo suficientemente
  43. 43. TRAZANDO EL MAPA 27 amplia como para que se distinguieran una zona de altiplano al oeste y otra de tierras bajas al este (Eter 9:3; 10:32; 11:15; 14:3, 6-7, 11-12, 16-17). No podemos decir a cuánta distancia estaba Morón, el centro Jaredita en estas tierras montañosas, de la costa oeste, pero, puesto que fue colonizado por los jareditas poco tiempo después de su desembarco (Eter 6:13; 7:5, 16-17, 20), podemos suponer que no distaba mucho del mar. Recordemos también la restricción que impone el que Eter observara las últimas guerras jareditas desde su posición en una cueva (Eter 13:13-14). A la luz de estas consideraciones, no es probable que la tierra del norte, que se encontraba en esta crucial área jaredita, haya tenido más de un par de cientos de millas de anchura. Esta larga excursión a través de las dimensiones del escenario del Libro de Mormón nos ha permitido fijar unos requisitos vitales. Ahora podemos estar seguros de que la historia del Libro de Mormón tuvo lugar en una limitada parte del hemisferio occidental, y aproximadamente con la forma de un reloj de arena. El tamaño del territorio se midió en cientos, no en miles d e m i l l a s. L os traslados de la ge nte , los via je s individuales y el tiempo de duración de los viajes que se registran en el libro encajan razonablemente con una tierra del sur de alrededor de 350 millas de largo y no mucho más de la mitad de esta cifra de ancho, hasta un punto al norte de Zarahemla. La tierra del norte está menos definida pero no parece tan larga. (Ver mapa 3.) L o s d a tos del L ibro de Mor món y nue str a s suposiciones nos han llevado a pensar que, desde luego, estas conclusiones no son perfectamente claras. Jugando con la información del texto se pueden dar resultados ligeramente diferentes. Si alguna persona llega a la conclusión de que la distancia de Nefi a Zarahemla era un 25 por ciento mayor de lo que hemos dicho, yo estaría muy interesado en oir tal argumento; quizás sea correcto. Pero cualquiera que afirme que la
  44. 44. 28 UN MARCO GEOGRAFICO distancia entre las dos ciudades era, digamos, de 400 millas, en vez de las 180 que se sugieren aquí, no podría demostrar su punto de vista de una manera plausible apoyándose en las afirmaciones que se encuentran en el Libro de Mormón. Algunos de los requisitos sobre la extensión son bastante específicos. También están ligados entre ellos por intrincadas relaciones. Es imposible resolver tan sólo en parte el problema de las ubicaciones y distancias, porque, al igual que un rompecabezas, todas las características deben encajar. Yo encuentro que encajan juntas limpiamente. Por lo tanto, la situación espacial es coherente, pero también se deben cumplir otros requisitos para realizar un mapa aceptable del Libro de Mormón. A continuación, vamos a considerar la configuración de la tierra. Topografía Tenemos más información sobre las características de la superficie de la tierra de lo que da a entender una l e c t u r a despreocupada de las e sc r itur a s. Los encargados de guardar los registros escribieron consistentemente acerca de ir “arriba”, “abajo”, o “sobre”. (Algunos lectores han mantenido que estas expresiones reflejan simplemente convenciones culturales, como la expresión yanqui “down South”18. Pero en muchos casos, el libro conecta estas palabras con claras y consistentes circunstancias topográficas; no veo razón para no tomar estas preposiciones literalmente). Esta información nos permite obtener una clara imagen de las elevaciones relativas. (Ver mapa 4). Una característica predominante es el río principal, el Sidón, que bajaba desde las montañas que separaban las ciudades de Nefi y Zarahemla. El río corría “por” la tierra local de Zarahemla, la cual se encontraba 18.- Abajo, al sur. (N. del T.)
  45. 45. TOPOGRAFIA DE LAS TIERRAS Y LAS REGIONES
  46. 46. 30 UN MARCO GEOGRAFICO principalmente al oeste de la corriente (Alma 2:15). La ú n i c a z o n a nefita poblada, al e ste de l r ío, e r a , seguramente, el valle de Gedeón. (Alma 6:7). Puesto que los viajeros tenían que ir “arriba” hasta Gedeón, y ya que estaba la “colina Amnihu”, nada más atravesar el río desde la ciudad de Zarahemla, extensa pero con una inclinación lo suficientemente leve como para que hubiera espacio para una gran batalla, la cuenca del S i d ó n d ebe de haber estado inc lina da má s abruptamente hacía el lado este que al oeste. También sabemos que el río debe de haber sido bastante largo. Su nacimiento se encontraba en lo profundo del yermo, en una altura superior a la de la más alta ciudad nefita, cerca del río, Mantí (Alma 16:6). Zarahemla estaba corriente abajo. La ciudad de Sidón estaba aún más al norte y probablemente cerca del río. (Al tener un nombre tan parecido al del famoso puerto fenicio, se p u e d e d e ducir que el lugar fue r a un punto de embarque del río; el énfasis que se da en Alma 15:14 al bautismo en Sidón refuerza la idea de que estaba localizado al lado de la corriente.) La corriente debía de correr a través del territorio nefita por lo menos un par de cientos de millas antes de desembocar en el mar, dada la extensión global de la tierra del sur. Podía ser atravesada a pie con un poco de dificultad, por un punto y probablemente durante la parte más seca del año (Alma 2:27, 33-35; 43:40). P a r t e d el territorio nefita inc luía los ye r mos adyacentes a las áreas de asentamiento, a los cuales era difícil entrar, lo que nos conduce a esperar que una porción de la ruta del río se extendiera a través de un terreno inhóspito de colinas. De cualquier modo, la ciudad de Zarahemla estaba a una altura intermedia, “arriba” desde la costa (Alma 22:31) pero “abajo” desde Nefi (Alma 22:31; Helamán 1:17). El río Sidón probablemente desembocaba en el mar del este, no en el del oeste. Las tierras bajas del este eran extensas, como se ha demostrado anteriormente,
  47. 47. TRAZANDO EL MAPA 31 pero al parecer el área costera del oeste era estrecha y en su mayor parte insignificante. Puesto que se supone que el curso inferior y la desembocadura de un río principal se forman y fluyen a través de una llanura importante, el río debía de desembocar en las tierras bajas del este. Las descripciones de las batallas que tuvieron lugar en el este mencionan la “costa del mar” y las “llanuras”, pero nunca hacen mención de ninguna colina de importancia, excepto en el lugar llamado A n t i ó n u m, que probablemente e sta ba a a lguna distancia, tierra adentro (Alma 32:4; 25-26, 32; 52:20; 6 2 : 1 8 ) . N o se hace ninguna me nc ión de donde desembocaba Sidón en el mar, aunque semejante río debe de haber tenido una desembocadura considerable. Teniendo en cuenta lo corta que era la porción de costa en posesión de los nefitas, el río probablemente alcanzaba el mar en el límite de las posesiones nefitas o más allá de éstas, donde no habrían tenido ninguna razón para mencionarlo. Naturalmente, sabemos que la “tierra de la primera h e r e n c i a ” estaba en la costa oeste . De spué s de desgajarse el grupo de Lehi en dos, Nefi condujo al suyo hacia una altitud mayor; huyeron a las tierras montañosas del interior (2 Nefi 5:7-8; comparar con Alma 22:28). La tierra costera de su primera herencia estaba al sur de la tierra de Zarahemla, que era mayor, pero continuaba hacia el norte como una franja paralela a aquella tierra. Esa franja se extendía durante todo el trayecto hacia el istmo (Alma 22:27-29). El yermo del oeste consistía también en una hilera de montañas deshabitadas paralelas a la zona costera, porque los grupos de personas tenían que cruzar sobre el yermo o por un pasaje, en el sur (cerca de AntiparaAlma 56:31-40), o por otro, al norte (Alma 25:2). Naturalmente las corrientes de agua del lado oeste de esta cordillera habrían desembocado en el Sidón, el c u a l c l a r am ente recibía su agu a de una c ue nc a principal. No se menciona otro río en la tierra de
  48. 48. 32 UN MARCO GEOGRAFICO Z a r a h e m l a). L a tierra de Mele k se e nc ontr a ba adyacente al yermo del este y por lo tanto en un margen de tierra cultivable, en la cuenca (Alma 8:3-5). Se podía acceder fácilmente a su posición desde la ciudad de Zarahemla (versículo 3; comparar con Alma 35:13-14; 45:18) pero estaba resguardada de la costa por un yermo montañoso al oeste, puesto que los A m m o n i t a s fueron dispuestos e n Me le k pa r a protegerlos de las represalias lamanitas (Alma 35:13). Melek nunca fue atacado por los lamanitas, quienes pasaron furtivamente a lo largo de la costa por lo menos dos veces, para atacar Ammoníah, que se encontraba más lejos, al norte (Alma 25:1-2; 49:1, 25). La ciudad de Abundancia estaba cerca del nivel del mar (Alma 51:32); se encontraba, después de todo, cerca de la costa este del istmo. Hagoth eligió un lugar, en la costa oeste, “en los confines de la tierra de Abundancia, cerca de la tierra de Desolación” para construir y botar sus barcos (Alma 63:5-6). El lenguaje e m p l e a d o aquí podría indicar que la tie r r a de Abundancia no llegaba hasta el mar del oeste, en el istmo, pero al menos la tierra debe de haber sido relativamente baja, en la mayor parte de la anchura del istmo, como se sugiere en Alma 22: 29-33. En la tierra del norte estaba la tierra de Cumorah, como una subdivisión de Desolación, o cómo una c o n t i n u a c ión de ella. D entro de e sta tie r r a se e n c o n t r a b a por lo menos una “ c olina ” (Ramah/Cumorah), lo bastante alta como para que el puñado de supervivientes nefitas que la escalaron se e sc o n d i e r an con éxito de los ene migos que se encontraban agrupados al pie de la colina (Mormón 6:6, 11). En las proximidades se encontraban la colina jaredita Comnor y dos valles (Eter 14:26-28), y la colina Shim pudo haber estado ubicada en la misma región (Eter 9:3; Mormón 4:23). Así que las batallas finales tuvieron lugar en este sector de colinas o en otro adyacente, lo que era, desde una perspectiva más
  49. 49. TRAZANDO EL MAPA 33 amplia, “una región de muchas aguas, ríos y fuentes” (Mormón 6:4). Esto implica un clima húmedo y un desagüe hacia el este desde el altiplano, lo que incluía la tierra jaredita de Morón (Eter 15:8-11). Este húmedo territorio debe de haber sido, en general, la misma área a la que se refiere Moriantón como “cubierta con grandes cuerpos de agua” y la cual él codiciaba. Potencialmente podían formar un bloque o alianza con Abundancia, que se encontraba cerca ( A l m a 5 0 :29,32). L os jaredita s e sc r ibie r on constantemente que sus antiguas tierras estaban “arriba” en relación con la zona del este, y el registro político aclara que las dos áreas -presumiblemente las tierras bajas del este y las tierras montañosas del oestefueron durante largo tiempo rivales (Eter 7:4-6, 15-21; 8:2-3; 11:15, 18; 13:27-30; 14:3-7, 11-16, 26). De todos modos, las tierras bajas parece que habían llegado a ser la zona más poblada e importante para el tiempo de la destrucción del pueblo jaredita, como se demuestra por el hecho de que las últimas batallas entre grupos rivales tuvieron lugar allí. Así parece que la división geográfica sirvió de apoyo a una constante división social y política. En suma, la tierra del norte constaba por lo menos de dos partes: las tierras bajas del este y las porciones de zona montañosa del oeste. Esta después sería la zona donde se encontraba la capital jaredita de Morón, aunque no se menciona ninguna ciudad llamada Morón,dentro de la “tierra [jaredita] de la primera herencia” (Eter 7:5, 16-17). En la tierra del sur, son importantes cinco características principales: la zona montañosa del sur, el valle de Sidón, una considerable llanura litoral en el este, una estrecha lengua de tierra situada en tierras bajas, y una estrecha franja costera al oeste, paralela a las montañas que bordean la cuenca del río Sidón.
  50. 50. 34 UN MARCO GEOGRAFICO Aún más requisitos Son escasos los detalles que se dan sobre el clima y la vegetación, pero hay algo de información que nos proporciona requisitos adicionales para nuestro mapa. Se dice que en la tierra de Nefi crecían el trigo y la cebada. Si lo tomamos literalmente, esto sugeriría un clima templado; en el trópico, esto indica tierras montañosas. Parece que la cosecha más importante era el maíz (Mosíah 9:9, después el versículo 14), una planta básicamente semi-tropical. La única referencia que se hace en todo el Libro de Mormón de nieve o frio son las citas que se dan de Isaías, acerca del Próximo Oriente. En algunas áreas del territorio nefita se daban fiebres endémicas, que tienden a confirmar la existencia de un clima casi tropical (Alma 46:40). Se da a entender que, por lo menos en las fronteras del mar del este, había un calor húmedo enervante (Alma 51:33; 52:31; 62:35). Las sequías no eran comunes pero podían ser serias (Helamán 11:4-6; Eter 9:28-35). Un requisito importante, que sólo se menciona de paso, son las características sociales y culturales. Cu a l q u i e r área que se propong a c omo la tie r r a prometida debe satisfacer ciertos criterios culturales. Por ejemplo, (1) los antiguos habitantes debían ser capaces de leer y escribir, pues mantenían una larga tradición de extensos registros históricos; (2) también están presentes otros elementos básicos de esta civilización, como el desarrollo de la agricultura y el comercio; y (3) el área debía contener para el siglo IV a. C., por lo menos, una población total de millones, incluyendo ciudades de un tamaño considerable. También, estas características y otras debían aparecer en ciertos lugares y épocas pero no en otras. A h o r a poseemos una lista d e r e quisitos, lo suficientemente detallados como para ser de valor: la forma de la tierra, las distancias, la topografía, las características naturales y culturales. Aquí sólo hemos
  51. 51. TRAZANDO EL MAPA 35 podido tratar la poca información que se halla en el texto de escritura, pero toda ella es consistente consigo misma y con otros datos demasiado específicos para citarlos en esta obra de tipo general. Lo que tenemos hasta ahora nos proporciona una lista preliminar que podemos utilizar para examinar cualquier área geográfica, de un mapa actual, que pueda ser la tierra prometida de los descendientes de Lehi. Correlación con el Mundo Real ¿ S a t i sf a ce algun área de las Amé r ic a s e stos requisitos presentados en el Libro de Mormón?19 En la historia del pensamiento mormón sólo se han propuesto seriamente unas pocas correlaciones entre la geografía del registro y el mapa del hemisferio occidental. 20 Para comenzar, hay muy pocas posibles “lenguas estrechas” que valga la pena considerar. El punto de vista más antiguo suponía que era Panamá la lengua estrecha de la que habla el Libro de Mormón, siendo Sudamérica, o una parte de ella, la tierra del sur. Tan sólo las dimensiones que nos da el Libro de Mormón excluyen a todo el continente, mientras que c u a l q u i e r intento de considerar sólo pa r te de Sudamérica cómo tierra del sur entra en conflicto con unos cuantos puntos del texto (por ejemplo, Alma 22:32, “casi se hallaban rodeadas de agua”). La idea que a veces se sugiere, de que parte del continente Sudamericano pudiera haber estado sumergido bajo el mar, dejando en la superficie sólo la reducida tierra que ocupaban los nefitas, no tiene mérito, cómo lo 19.- Para un análisis mucho más detallado de toda la información geográfica que se encuentra en el Libro de Mormón, ver mi libro The Geography of Book of Mormon Events: A Source Book. Edición revisada, F.A.R.M.S., 1992. 20- Resumidos en The World of the Book of Mormon de Paul R. Cheesman (Salt Lake City: Deseret Book, 1978), pp. 28-33. Ver un completo tratamiento de la historia de docenas de interpretaciones del mapa en The Geography of Book of Mormon Events, parte una y dos.
  52. 52. 36 UN MARCO GEOGRAFICO demuestran las abundantes evidencias geológicas y arqueológicas. Además, por bastantes razones, Panamá no podía ser la lengua estrecha a la que se refiere el L i b r o d e Morm ón. Por ejem p lo, e l gr upo de exploración de Limhi dificilmente podría haberla atravesado y haber vuelto sin darse cuenta de que habían salido de la ciudad de Zarahemla. Se ha sugerido otra correlación para la que la península de Yucatán, al sureste de Méjico, es la tierra d e l n o r t e , siendo la tierra del sur Gua te ma la y Honduras. La debilidad más obvia de este esquema es la ausencia de un istmo aceptable. La base de la península del Yucatán no sirve de ninguna manera, y los intentos de identificar como una “estrecha lengua de tierra” un pedazo de tierra aquí o allá, en otro sentido que no sea el literal de un istmo con el mar por ambos lados, contradice las claras declaraciones que nos hace la misma escritura. No es más creíble la propuesta de que la tierra prometida se encontraba por completo en Nicaragua. Las distancias y una multitud de cosas imposibles descarta completamente esta idea. La ú n i c a “lengua estrecha” pote nc ia lme nte aceptable de acuerdo con los requisitos del Libro de Mormón es el istmo de Tehuantepec al sur de Méjico. Todos los Santos de los Ultimos Días que estudian la geografía del Libro de Mormón, y han trabajado, durante las últimas décadas, sistemáticamente en este problema han llegado a este acuerdo. Cómo hemos visto anteriormente, los líderes de la Iglesia en el tiempo de José Smith aparentemente llegaron a un punto de vista similar, y probablemente él también. Esto situaría los hechos del Libro de Mormón en Mesoamérica, la región cultural del centro y sur de Méjico y el norte de América Central, donde tuvo l u g a r l a mayor intensidad de c iviliz a c ión e n la América antigua. Aquí encontramos los requisitos físicos de la tierra prometida, y sólo aquí se evitan los principales defectos de las otras correlaciones. Por
  53. 53. TRAZANDO EL MAPA 37 ejemplo, el Libro de Mormón deja bien claro que sus habitantes guardaban extensos registros escritos, y Mesoamérica es el único lugar de toda América donde sabemos que se emplearon regularmente y durante largo tiempo genuinos sistemas de escritura antes de la llegada de los europeos. No obstante, los estudiantes del Libro de Mormón que aceptan el istmo de Tehuantepec como la lengua estrecha de tierra no están de acuerdo entre ellos mismos en cómo se deben interpretar los territorios de alrededor de acuerdo con las tierras que se detallan en el Libro de Mormón. En el transcurso de 35 años de preocupación por el tema, he estudiado todos estos puntos de vista y a veces, me han atraído varios. Hasta hace poco, la correlación más conocida ha hecho del río Usumacinta, parte de cuyo curso forma la frontera entre Méjico y Guatemala, el río Sidón. Cierto número de funestos fallos estropean esta imagen. Por ejemplo, no logra en absoluto hacer plausible la razón por la cual Amalickíah atacó por la costa este (Alma 51; 52: 1-14), porque, si fuera el río Usumacinta el río Sidón, todo el relato contradiría una sólida y segura estrategia militar. Además, las distancias a lo largo de la costa e st e , q u e requerirían una cor r e la c ión de l r ío Usumancita con el río Sidón, desafían todas las dimensiones que hemos establecido para el territorio nefita. N o se r ía de provecho conside r a r a quí c a da correlación geográfica que se ha propuesto, indicando una a una las discrepancias entre las mismas y el texto. Baste decir que cuando se consideran exhaustivamente los requisitos geográficos y culturales, sólo queda una correlación. Se corresponde con las afirmaciones del texto en todos sus puntos importantes. Todavía hay unas pocas afirmaciones del Libro de Mormón que no se pueden ajustar a lo que hoy sa b e m o s a cerca del área Mesoa me r ic a na . ( Este también sigue siendo el caso de la Biblia, en este
  54. 54. 38 UN MARCO GEOGRAFICO asunto.) Se necesita más investigación sobre estos puntos. Pero, desde mi punto de vista, ninguno de estos problemas es serio. La mayor parte del resto de este libro estará dedicada a los detalles de una exitosa correlación y sus implicaciones culturales. Esta correlación añade mucho a nuestra comprensión del Libro de Mormón, porque nos permite situar la mayor parte de los hechos y descripciones del texto de escritura en un escenario geográfico, histórico y arqueológico específico. Esto crea una sensación de que es algo concreto y nos permite profundizar en su significado de forma sólo comparable a la que hoy es posible hacer con la Biblia en su escenario del Próximo Oriente. Es prematuro afirmar una precisa identificación de todas las tierras y ciudades del Libro de Mormón. La imagen general es sólida y convincente. Naturalmente, cuanto más nos acercamos a los lugares exactos las preguntas son más numerosas. Una buena razón es q u e , a u n que el L ibro de Mormón nos da una considerable información global, en detalles como, por e j e m p l o , la ruta entre N efíah y Ge de ón, sólo e n c o n t r a mos unas pocas palabr a s, ni siquie r a indicaciones. (Esto es como el problema de la persona que pronostica el tiempo: puede decirnos si va a llover en nuestro estado pero no necesariamente si la lluvia va a caer en la parte de la ciudad donde vivimos). Te r m i n a r e mos con un panorama pla usible : la s identificaciones que hacemos en nuestro mapa son verosímiles. No es convincente la evidencia contra el emplazamiento de los hechos del Libro de Mormón en los lugares que muestran nuestros mapas. Algunas de las identificaciones específicas parecen incluso a l t a m e n t e probables. Sin em bargo, no e sta mos absolutamente seguros de ninguna de ellas. Un punto en el que se debe poner énfasis: la historia que narra el Libro de Mormón realmente sucedió en a l g ú n l u gar. L os que creemos que e l libr o e s
  55. 55. TRAZANDO EL MAPA 39 auténticamente antiguo estamos convencidos de que existen lugares reales, donde nefitas y lamanitas r e a l e s, h i c ieron las cosas que el libr o dic e que hicieron. Algún día esperamos identificar esos lugares, convertir el emplazamiento del Libro de Mormón en a l g o c o n creto. ¿P or qué no pu e de se r a hor a e l momento? El Sur y Centro de Mesoamérica cualifican de forma tan notable para ser el emplazamiento geográfico y cultural del Libro de Mormón que estoy convencido de que esta fue la tierra de Lehi. Para simplificar, a partir de ahora sólo me ocuparé de esta correlación geográfica, cómo si este asunto estuviera resuelto. La Forma de Mesoamérica El istmo de Tehuantepec, con su forma de silla de montar, se consideró por mucho tiempo como un buen e m p l a z a miento para el canal que f ina lme nte se construyó a través de Panamá. El lado del istmo que da al Atlántico es muy húmedo y lleno de bosques, ascendiendo gradualmente alrededor de unas cien millas hacia una cuenca cubierta de hierba en un desfiladero de unos 400 pies por encima del nivel del mar. Por el lado del Pacífico, el terreno pierde altura a menos de 20 millas desde la cima hasta una serie de extensas lagunas conectadas con el mar. Los frecuentes vientos secos sólo permiten la existencia de alguna clase de vegetación árida alrededor de las lagunas. La distancia total desde la costa Atlántica hasta el borde de las lagunas es de 120 millas, en línea recta. (Ver el mapa en la portada interior.) Las cordilleras a ambos lados del istmo pertenecen a diferentes zonas geográficas y biológicas. El sur y centro de Méjico, que se encuentran al oeste y norte del istmo, marcan el término de América del Norte, en lo que a plantas y animales autóctonos se refiere, p u e st o q ue muchos de los que e nc ontr a mos normalmente en áreas más templadas y secas de
  56. 56. 40 UN MARCO GEOGRAFICO Méjico no aparecen más abajo, al sur del istmo. En el norte y el oeste el clima tiende a ser más seco que en el sur y este. En el lado Atlántico, o zona del Golfo, el río Coatzalcoalcos forma una línea bien determinada que separa las moderadas elevaciones que se levantan al norte, de las extensas, y húmedas llanuras del sur y este. A pesar de estas diferencias de gran escala entre los dos lados del río, muchas características botánicas y climáticas se encuentran a todo lo largo de la llanura costera del golfo. Los efectos del medio ambiente en la población humana fueron ampliamente similares en todas las tierras bajas o “tierra caliente”. Esta zona m a n t e n í a una gran población por que e r a muy productiva agricolamente, a pesar de lo que podrían parecernos formidables obstáculos. Más allá del río Coatzacoalcos, a través del estado mejicano de Tabasco, se extiende una tierra baja poco drenada que sufre grandes inundaciones cada año. Fuertes lluvias caen en las áreas montañosas que corren hacia el sur, hacia el mar, durante la estación húmeda. La costa está bordeada con antiguas dunas de arena, a veces de una anchura de millas. Esta franja permite viajar, con alguna dificultad, paralelamente a la playa, pero una maraña de lagunas y pantanos, justo detrás del grupo de dunas, interrumpe la mayor parte de las rutas que van hacia la orilla o que salen de ésta. A lo largo de los ríos principales, los diques de lodo depositados allí por las inundaciones están un poco elevados por encima de los pantanos de alrededor. La mayor parte de la población se encuentra a lo largo de pequeñas elevaciones de buena tierra. Antes de que h u b i e r a m odernos sistemas de tr a nspor te , prácticamente todo los viajes por tierra, en esta costa de Tabasco, cesaban durante las inundaciones, que llegan a su punto máximo en junio y otra vez en septiembre. Incluso en la estación seca, los viajeros pueden pasar cómodamente sólo a través de unas pocas rutas.

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