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Ilusiones de restauración en el país de las arenas. Lecturas recomendadas. Samuel Martín-Sosa

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Ilusiones de restauración en el país de las arenas. Lecturas recomendadas. Samuel Martín-Sosa

  1. 1. Ilusiones de restauración en el país de las arenas bituminosas Ausencia de legislación y de preparación financiera debilitan los esfuerzos de restauración. Después de más de 40 años de remover hileras de árboles, ciénagas y suelos en el noreste de Alberta para llegar al alquitranado oro negro subyacente, el primer certificado de restauración de un área de explotación de arenas bituminosas de Alberta fue emitido finalmente en marzo con una gran ovación. Aproximadamente 1 km2 de tierra (104 ha), en Gateway Hill donde operaba la empresa Syncrude, fue declarada “restaurada” por el gobierno de Alberta. Pero existen numerosas razones para acallar las trompetas. Primero, este certificado representa un insignificante 0.2 por ciento de la tierra afectada por la minería de arenas bituminosas– alrededor de 480 km2 en 2006. Segundo, el área restaurada fue un vertedero donde se colocó el "excedente de tierra" que se extrajo para llegar al mineral que se encontraba debajo; la tarea de restaurar diques de cola significará un desafío mucho mayor —y quizás insalvable. Y tercero, restaurar no significa que el terreno vuelve a su estado anterior. Los sitios restaurados por Syncrude tienen escasa similitud con el ecosistema de bosque boreal original. Un complejo de bosques y zonas bajas de humedales han sido transformados en terrenos altos accidentados y áridos con nuevos senderos para actividades humanas. La declaración del vocero de Syncrude Alain Moore acerca del sitio, dada a conocer luego de que el certificado fue otorgado, dice mucho: "Si la gente no mira con detenimiento, el terreno se confunde con el paisaje natural." ¿Es eso suficiente? ¿O esperamos que quienes han explotado la tierra la restauren para dejarla en el estado anterior a la explotación? En aras a poder "mirar con detenimiento," comencemos por analizar el significado jurídico de la restauración—¿qué deben hacer exactamente las empresas dedicadas a la explotación de arenas bituminosas para reunir los requisitos para obtener un certificado de restauración? Según la Ley de Protección y mejoramiento del medio ambiente de Alberta (EPEA), el objetivo es que la tierra recupere "posibilidades de uso equivalentes," lo que significa que "la capacidad de la tierra para diversos usos luego del proceso de conservación y restauración sea similar a la capacidad previa a la actividad a la que fue destinada, pero que los usos individuales de la tierra no necesariamente serán los mismos" (énfasis añadido). La vaguedad del lenguaje empleado es preocupante, al igual que la ausencia en los documentos de EPEA de un plazo límite vinculante para cumplir con las tareas de restauración para que sea aprobada. "El terreno ya no será idéntico a lo que fue en el pasado,” afirma Kem Singh, gerente de la oficina de autorizaciones para la región norte del organismo de protección del medio ambiente de Alberta. De hecho, el conocimiento acerca de "lo que existía antes en el lugar" en muchos casos es fragmentario y en gran medida está basado en datos de la industria. "Dependemos de las propias empresas para que nos brinden datos de referencia". Según Singh, el objetivo de restauración de Alberta Environment es de un tipo de capacidad que "permita que la tierra sea destinada a diversos usos, determinados según la región." Uno de los documentos guías del proceso de restauración, Pautas para la restauración de la vegetación forestal en la región de arenas petrolíferas de Athabasca, identifica dos objetivos de uso de la tierra objeto de restauración "establecimiento de zonas de bosques destinados al comercio y la creación
  2. 2. de un hábitat para la vida silvestre". Otro documento orientativo básico, la Clasificación de suelos según sus posibles usos para ecosistemas forestales en zonas de arenas petrolíferas (LCCS), aclara cuáles de estos objetivos tiene prioridad. Según el informe de mayo de 2008 del Instituto Pembina, Fact or Fiction: Oil Sands Reclamation, " (Realidad o ficción: la restauración de arenas petrolíferas). La LCCS implica de manera indirecta que los factores económicos o de productividad dictaron el paisaje del objetivo de restauración - un ecosistema forestado. Usar las categorías de terrenos y de suelos de LCCS reduce el valor de los humedales y lleva a una situación perversa en la que los defensores de la restauración de arenas petrolíferas sostienen que habrá mejoras en los posibles usos del suelo luego de la restauración." En el caso de los humedales como la turbera del lago McClelland, aprobada en 2002 para la minería de arenas petrolíferas del proyecto de arenas bituminosas de Fort Hills de la empresa Petro-Canada, la frase "capacidad equivalente de uso de suelo" puede haberse reducido al punto de ser casi insignificante. Prácticamente todos están de acuerdo en que nadie sabe cómo restaurar este ecosistema a algo similar a lo que es ahora —una singular turbera que tardó 8,000 años en formarse y está hidrológicamente conectada a varios humedales tanto en la superficie como a través de aguas subterráneas. En un informe de 2004, la Junta nacional de energía declaró, que el "restablecimiento de los ecosistemas autosustentables es un gran desafío para la restauración de terrenos afectados por operaciones de minería de arenas petrolíferas." En nuestra opinión suponer que los responsables de esas operaciones saben cómo restaurar los paisajes naturales incluso a una"capacidad de uso equivalente" es extremadamente ingenuo, especialmente en lo que respecta a los humedales con base de turba. En Alberta, parece que estamos poniendo de cabeza al principio precautorio. El principio del gobierno y la industria, el que funciona con posterioridad a la advertencia, parece ser "la falta de plena certeza científica no será un obstáculo para el lucro" o "Cava ahora, preocúpate luego por las consecuencias para el ambiente." En su solicitud de autorización para el proyecto Horizon, Canadian Natural Resources hizo la siguiente declaración: "la mitigación combinada con la restauración supone una tasa de éxito una vez concluido el proyecto del 100 por ciento... La incertidumbre respecto a los métodos de restauración se supone que será resuelta con el constante seguimiento de las tareas de restauración e investigación." Este enfoque "improvisado" basado en la fe en la restauración parece satisfacer a los departamentos del gobierno responsables de la aprobación de proyectos. "Increíblemente, la Junta de energía y servicios (EUB) y los departamentos de Ambiente y Desarrollo sustentable aceptan este enfoque para hacer frente a la incertidumbre," señaló Dan Woynillowicz, un veterano analista de políticas del Instituto Pembina, en su presentación de septiembre de 2006 ante el Comité multilateral de arenas petrolíferas en Fort McMurray. "Esta incertidumbre también tiene potenciales consecuencias económicas para los habitantes de Alberta." Le tomó 10 años a Syncrude restaurar el terreno de 104-hectáreas donde se depositaba la tierra que se extraía para llegar al mineral que obtuvieron la certificación en marzo. Considerando que la restauración de minas y diques de cola implica un desafío mucho mayor, obtener el certificado de restauración de los proyectos actuales requerirá varias décadas. Dada la creciente preocupación del público por temas ambientales vinculados con la producción y el consumo de combustibles fósiles, es difícil predecir lo que sucederá en el país de las arenas petrolíferas dentro de 40 o 50 años. Los científicos pronostican que el proceso de decantación de toxinas de los diques de cola tomará al
  3. 3. menos 150 años. ¿Quién deberá pagar la cuenta? Y ¿quién será políticamente responsable? Seguramente no serán quienes hoy están firmando los contratos de concesión y autorizando los proyectos. La posibilidad de que existan minas de arenas petrolíferas abandonadas dentro de una o dos generaciones no sería algo que no tenga precedentes. Según el informe de mayo de 2008 de MiningWatch Canada, se detectaron 2,100 minas de carbón abandonadas en Alberta y constan en los archivos del gobierno provincial. "Muy pocas de las minas han sido evaluadas para determinar su estabilidad físico-química, y menos del 1 por ciento del total han sido objeto de tareas de remediación," señala el informe. "Un cálculo conservador de mediados de la década de 1990 indicó que el costo de limpiar todas las minas abandonadas en Canadá era de $6 mil millones o una cifra superior." Para tratar de garantizar que no sean los residentes de Alberta quienes reciban la factura por la limpieza en el futuro, el gobierno de Alberta ha creado un Fondo de garantía para la protección ambiental al que las empresas que explotan las arenas petrolíferas están obligadas a aportar. La garantía, que puede integrarse en efectivo,con bonos o letras de crédito, le será devuelta al operador cuando obtenga el certificado de restauración aprobado. Aunque el "monto de garantía debe cubrir el costo de la restauración en caso de que el operador sea incapaz de completar personalmente la tarea de restauración del sitio" (de la página web de Alberta Environment), han surgido numerosos inconvenientes vinculados con el Fondo de garantía. En primer lugar, la investigación de la restauración de arenas petrolíferas aún está en sus inicios—con tanta incertidumbre acerca de cómo restaurar determinados ecosistemas, incluso a una"capacidad equivalente," ¿cómo se puede pronosticar el costo de restauración con precisión? Además, en base a nuestro actual y limitado conocimiento, el fondo parece ser lamentablemente inadecuado. Syncrude no ha presentado el desglose del costo de la restauración de Gateway Hill, pero en 2006 la empresa gastó $30.5 millones para restaurar 267 hectáreas, alrededor de $114,000 por hectárea. Según el Informe anual del Fondo de garantía para la Protección ambiental hasta el 31 de marzo, un total de aproximadamente $469 millones (incluyendo depósitos en efectivo más intereses, bonos y garantías) han sido depositados para ser destinados a la restauración de la minería de arenas petrolíferas. Con cerca de 48,000 hectáreas afectadas y que hasta 2006 no tenían certificado de restauración, eso es menos de $10,000 por hectárea, ni siquiera una décima parte de los costos aproximados pagados por Syncrude para la restauración de quizás el más simple paisaje afectado por la explotación de arenas petrolíferas. Los diques de cola ahora cubren más de 50 km2 del bosque boreal de Alberta. Randy Mikula, jefe de la investigación de residuos mineros en el organismo de Recursos Naturales de Canadá, le dijo al periódico The Globe and Mail, "Existen partículas de arcilla en suspensión suficientes flotando en los diques de cola para llenar un foso de 20 metros de ancho y 10 metros de profundidad desde Fort McMurray a Edmonton y de ahí a Ottawa." Incluso si fuera posible restaurar los diques de cola de la explotación de arenas petrolíferas —y hasta ahora, nunca se ha intentado—¿cuál será el precio? Enorme, si tomamos como antecedente los diques de arenas petrolíferas de Sydney. En 2004, los gobiernos de Canadá y Nueva Escocia anunciaron un plan a 10 años, de $400 millones para la limpieza de los diques y hornos de coque, que cubren en conjunto un área de 68 hectáreas. Eso es poco más de $6 millones por la limpieza de cada hectárea—más de 600 veces el monto actual de reservas para restauración en Alberta.

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