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Capítulo 9           Una iglesia, ¿para qué?¿Q            ué significa para usted, amable lector, la palabra «sacramen-   ...
Para los adventistas solo hay dos sacramentos, es decir, dos ceremo-nias sagradas, mejor conocidas como ordenanzas o ritos...
donde habita el Espíritu de Dios.   El profeta Ezequiel también hizo referencia a esta relación entre elagua y el Espíritu...
tando la muerte de Cristo, y levantarse en forma similar a su resurrec-ción, se compromete a adorar al Dios vivo y verdade...
de forma automática. Mediante el acto bautismal el creyente testificaque vive bajo la autoridad y el control de Dios. Al s...
(Lucas 22:19-21; Mateo 26:26-29). Varias décadas después de la muertede Cristo, el apóstol Pablo repitió las palabras de C...
Asiría le ofreció al pueblo llevarlo a una «tierra de grano y de vino, tie-rra de pan y viñas» (2 Reyes 18:32). Jeremías p...
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«A la muerte de Cristo debemos aun esta vida terrenal. El pan        que comemos ha sido comprado por su cuerpo quebrantad...
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Libro complementario escuela sabatica 01/12/2012

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Libro complementario escuela sabatica 01/12/2012

  1. 1. Capítulo 9 Una iglesia, ¿para qué?¿Q ué significa para usted, amable lector, la palabra «sacramen- to»? Como aficionado al baloncesto, cuando yo escucho di- cho vocablo primero que viene a mi mente es un equipo de la NBA: The Sacramento Kings (Los Reyes de Sacramento). Dehecho, entre los adventistas esta palabra apenas se usa. En cambio, parael católico romano, «los sacramentos» es una expresión muy común,puesto que, según la teología católica, estos constituyen la «medicinaprincipal de la Iglesia», la única capaz de brindar santificación a loshombres y edificación al cuerpo de Cristo. De acuerdo con el Conciliode Trento, que siguió la propuesta de Hugo de San Víctor, los sacra-mentos que imparten fuerza espiritual en la vida del creyente son siete:Bautismo, Confirmación, Santa Eucaristía, Penitencia, Extremaunción,Ordenación sacerdotal y Matrimonio. El Concilio, además, se aseguróde declarar anatema a cualquiera que manifestara algún tipo reticenciaa estos sacramentos. Aunque los adventistas rechazamos que los sacramentos sean me-dios de gracia o de santificación, la realidad es que la palabra «sacra-mento» en sí misma es inocua. Proviene del vocablo latino sacramentumcuyo significado básico es "algo puesto aparte como sagrado". El pro-blema radica en, como hizo Agustín de Hipona, considerar el sacra-mento como «una señal visible de una gracia invisible», 1 o aceptar loque dijo el papa Pablo VI el 3 de septiembre de 1965 en la encíclicaMysterium fidei (El misterio de la fe): «Nadie ignora, en efecto, que los sacramentos son acciones de Cristo, que los administra por medio de los hombres. Y así los sa- cramentos son santos por sí mismos y por la virtud de Cristo: al tocar los cuerpos, infunden gracia en la almas». 2 © Recursos Escuela Sabática
  2. 2. Para los adventistas solo hay dos sacramentos, es decir, dos ceremo-nias sagradas, mejor conocidas como ordenanzas o ritos, que fueron es-tablecidos por el Señor a fin de que desempeñaran un papel clave den-tro de nuestro crecimiento espiritual: el bautismo y la Cena del Señor.A estos dos pilares espirituales dedicaremos este capítulo. El bautismo: inicio de una nueva creación La Biblia identifica la restauración de la relación del creyente conDios como un acontecimiento que da inicio a una nueva etapa en la vi-da de los seres humanos. Esta restauración no solo implica una simplemejora de la vida antigua, sino una renovación completa. A esto se refi-rió el apóstol Pablo cuando declaró: «Si alguno está en Cristo, nuevacriatura es: las cosas viejas pasaron; todas son hechas nuevas» (2 Corin-tios 5:17). Como esta nueva creación habría de ser visible para el mun-do, el mismo Jesús la vinculó simbólicamente con el bautismo, es decir,con el momento en que el creyente se apropiaba frente a los demás dela salvación que había recibido por gracia. Según nuestro Señor, estanueva etapa espiritual se halla íntimamente vinculada con el nacimien-to de agua y del Espíritu (Juan 3:3, 5). Cuando en la conversación con Nicodemo Jesús hizo mención tantodel agua como del Espíritu, probablemente evocaba los sucesos queocurrieron durante el primer día de la semana de la creación. En Géne-sis 1:1 se hace mención del movimiento del Espíritu de Dios sobre lasaguas. Los escritores antiguos consideraron esta declaración como unatipología de la obra que lleva a cabo el Espíritu de Dios en las aguas delbautismo. 3 De modo que el Espíritu que dio vida física al mundo (Job33:4) es el mismo Espíritu que ahora opera en nosotros una nueva vidaespiritual (Juan 6:63; 2 Corintios 3:6). La condición del mundo al iniciode la creación era sin forma y vacía, pero en la medida en que la Dei-dad iba ejecutando su voluntad, este planeta fue convirtiéndose en unlugar perfecto para el encuentro entre el Creador y su criatura. De igualmodo, la vida del ser humano sin Cristo carece de forma y está vacía,pero al llevar a cabo la obra regeneradora en nuestros corazones, el Es-píritu de Dios se mueve en las aguas bautismales y da inicio a un pro-ceso que hará de nosotros templos de Dios en esta tierra y, finalmente,nos permitirá habitar en el futuro templo de Dios, el Edén restaurado (1Corintios 3:16; 6:19; 2 Corintios 6:16). Al unirnos a Cristo por medio delrito bautismal, damos evidencia frente al mundo de que somos la casa © Recursos Escuela Sabática
  3. 3. donde habita el Espíritu de Dios. El profeta Ezequiel también hizo referencia a esta relación entre elagua y el Espíritu en el proceso del nuevo nacimiento espiritual. Heaquí la promesa: «Los rociaré con agua pura, y quedarán purificados.Los limpiaré de todas sus impurezas e idolatrías. Les daré un nuevo co-razón, y les infundiré un espíritu nuevo; les quitaré ese corazón de pie-dra que ahora tienen, y les pondré un corazón de carne. Infundiré miEspíritu en ustedes, y haré que sigan mis preceptos y obedezcan misleyes» (Ezequiel 36:25-27, NVI). El lavamiento del cual habla el profetaconstituye un símbolo de las «nuevas relaciones entre Jehová y su pue-blo. Es una alianza renovada, marcada por una ruptura previa con laimpureza y la idolatría. Del lado de Jehová no está solo la iniciativa,sino que él también es el autor de la» purificación. 4 El apóstol Pablo sigue esta misma línea de pensamiento al escribir:«Él [Cristo] nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramoshecho, sino conforme a su misericordia, por medio del lavamiento de laregeneración y la renovación por el Espíritu Santo» (Tito 3:5, LBA). Fí-jese que la salvación no solo es resultado del «lavamiento», es decir, delbautismo, sino que además debe producirse una renovación que es rea-lizada por el Espíritu Santo. El bautismo es un testimonio visible de quesomos nuevas criaturas, pues nos hemos bautizado para «unirnos conCristo Jesús» y al hacerlo comenzamos a disfrutar de «una nueva vida»(Romanos 6:3, 4, NVI). Elena G. White captó ese significado del bau-tismo cuando declaró: «Han sido bautizados en el nombre del Padre,del Hijo y del Espíritu Santo. Se han levantado del agua para vivir ennovedad de vida, para vivir una nueva vida. Han nacido para Dios y estánbajo la sanción y el poder de los tres Seres más santos del cielo»(Sermones escogidos, tomo 1, capítulo 39, p. 321, la cursiva es nuestra). El bautismo: pertenecemos a Cristo Así como el rito bautismal marca el inicio de una nueva creación,también es la celebración de nuestra entrada a la familia de Dios y denuestra ruptura con el mundo. Somos bautizados «en Cristo» (Roma-nos 6:3), por tanto le pertenecemos, puesto que el poderío satánico hasido derrotado en nosotros. Bien lo dijo Elena G. de White: «Cuandoalguien es bautizado en el nombre del Padre, del Hijo y del EspírituSanto, estos tres grandes poderes se comprometen a obrar en su favor.El hombre, por su parte, al descender al agua, para ser sepultado imi- © Recursos Escuela Sabática
  4. 4. tando la muerte de Cristo, y levantarse en forma similar a su resurrec-ción, se compromete a adorar al Dios vivo y verdadero, a salir delmundo y mantenerse apartado, y a guardar la ley de Jehová» (Sermonesescogidos, tomo 1, capítulo 34, p. 279). Ser bautizado conlleva ser miembro de la familia divina. Este senti-do de pertenencia del bautizado queda evidenciado en esta declaraciónpaulina: «Pues todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristoestáis revestidos. Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; nohay hombre ni mujer, porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús. Ysi vosotros sois de Cristo, ciertamente descendientes de Abraham sois,y herederos según la promesa» (Gálatas 3:27-29). Ser «bautizados enCristo» equivale a «ser de Cristo». El bautismo, entonces, es la ceremo-nia de bienvenida a nuestra nueva familia, pues ya no somos «hijos deira» (Efesios 2:3), sino que ahora somos «hijos de Dios» y, por lo tanto,«Jesús comparte su posición de Hijo con el bautizado». 5 WilhelmHeitmüller está en lo cierto cuando declara que ser bautizados en elnombre de Cristo significa que ahora hemos sido traspasados al Señor.Mediante la ceremonia bautismal el bautizado pasa a «pertenecer, a serpropiedad de Jesús», 6 pues en ese momento de la fe «la adopción [delcreyente en Cristo] es realizada». 7 Este cambio de propiedad queda evidenciado en el hecho de que albautizarnos hemos sido revestidos de Cristo. Ser revestido de Cristosignifica vivir una vida moldeada por el carácter de nuestro Señor. 8Como bien lo expresa Roberto Badenas, esta imagen es muy apropiadapara describir «la nueva vida en simbiosis con Cristo y en comunióncon todos los creyentes». 9 La expresión "revestidos de Cristo" tambiénevoca pasajes del Antiguo Testamento en los que el cambio de vesti-menta era un símbolo del cambio de carácter (Isaías 52:1). Al bautizar-nos nos vestimos de Cristo, puesto que en ese momento ponemos demanifiesto al mundo que Dios nos ha ataviado con «ropas de salva-ción» (Isaías 62:1, NVI). Ya vimos que la vestimenta de Cristo nos iden-tifica como soldados de su ejército. Por ello «el bautismo era la profe-sión pública, el sacramentum del soldado, el juramento de lealtad a Cris-to, la toma de posición por Cristo, la imagen simbólica del cambioobrado ya por fe». 10 Al ser bautizado y ser revestido por Cristo el cre-yente da testimonio de que está listo para pelear contra las fuerzas delmal con la armadura del Señor. 11 Es necesario que jamás olvidemos que el bautismo en sí mismo no esun baño en un halo de piedad. No es un rito que nos imputa santidad © Recursos Escuela Sabática
  5. 5. de forma automática. Mediante el acto bautismal el creyente testificaque vive bajo la autoridad y el control de Dios. Al ser bautizados en elnombre de Dios somos colocados en la esfera donde Cristo ejerce suhegemonía, pero ahora es necesario que el Espíritu Santo dé continui-dad y haga eficaz la obra que comenzó en nosotros. El bautismo es untestimonio público de que finalmente Dios ha levantado su altar en elsantuario de nuestras almas y el poder del enemigo ha sido echado portierra. Hace poco Dios me concedió el privilegio de bautizar a mis tres hi-jos, Lizangelys, Hasel y Mariangelis, en la Iglesia Adventista Central deMiami. Cuando ellos entraron al bautisterio, y justo antes de sumergir-los en el agua, leí las palabras que Philip Henry, padre del famoso pre-dicador Matthew Henry, escribió para sus hijos y que se convirtieronen su voto bautismal: «Recibo a Dios como mi fin principal y bien supremo. Recibo a Dios el Hijo como mi príncipe y Salvador. Recibo a Dios Espíritu Santo para que sea mi santificador, maestro, guía y consolador. Recibo la Palabra de Dios para que sea la regla de todas mis ac- ciones. Recibo al pueblo de Dios como mi pueblo. Por lo tanto, dedico y consagro al Señor todo lo que soy, todo lo que tengo y todo lo que hago. Todo esto lo hago deliberadamente, volunta- riamente y para siempre». 12 ¿Cuándo volverán mis niños a renovar su compromiso con Dios? Lerecomiendo que siga leyendo el resto del capítulo. La Cena del Señor: somos un pueblo bendecido Aunque no es necesaria una repetición de nuestro voto bautismal amenos que hayamos caído en apostasía abierta, Dios nos dejó la Cenadel Señor como una ceremonia que testificaría la renovación constantede nuestra consagración a él. A principios de la era cristiana hubo ungrave malentendido respecto al uso de los emblemas del pan y el vinoen la Cena. Cuando los no cristianos escuchaban que el pan era el cuer-po de Cristo, y el vino, su sangre, tildaron a los cristianos de caníbales ymuchos le dieron crédito al esperpento de que los cristianos comían ybebían carne y sangre humana. Ahora bien, ¿qué significado tiene paranosotros esta antigua ordenanza? Poco antes de su muerte, Jesús ordenó a sus discípulos que celebra-ran la Cena del Señor de forma permanente hasta su segunda venida © Recursos Escuela Sabática
  6. 6. (Lucas 22:19-21; Mateo 26:26-29). Varias décadas después de la muertede Cristo, el apóstol Pablo repitió las palabras de Cristo y agregó quehabía enseñado lo que él mismo había recibido como una instruccióndirecta del Señor (1 Corintios 11:23). En este sentido, el apóstol dejabien claro que al tomar parte activa en la Cena del Señor, estamos obe-deciendo un mandato explícito del Salvador. Elena G. de White hacemención de que en su tiempo la Cena del Señor se celebraba por lo me-nos cuatro veces al año (Primeros escritos, p. 303). Hablando de la Cena del Señor, ella escribió lo siguiente el 25 de ju-nio de 1892: «Qué extraordinario Lugar para superar las controversias y perdonar a los que nos han hecho daño. Este es el momento, para quien tiene algo contra su hermano, de aclararlo y arreglar toda diferencia. Hagamos que el perdón sea mutuo. No dejemos que ningún fuego extraño sea llevado ante el altar, y que quienes se congregan alrededor de la mesa de la comunión no acaricien nin- guna maldad u odio. Que encumbrados y humildes, ricos y po- bres, sabios e ignorantes se reúnan como quienes han sido com- prados con la sangre de Cristo» (Manuscript Releases, tomo 21, p. 119). No he olvidado el momento cuando escuché por primera vez quehabría una «santa cena» en mi iglesia local. Lo primero que no lograbacomprender era que cenaríamos el sábado a las once de la mañana. Ymayor fue mi chasco al descubrir que no era el banquete que yo estabaesperando. Para mi sorpresa la «cena» fue bastante ligera: un poquitode pan sin levadura y un poquito de vino sin fermentar. ¡Tengo queconfesar que no disfruté nada de aquella cena! Precisamente, por noconocer el significado y la importancia de esta ordenanza nos perde-mos el gozo de recordar la muerte de Jesús, renovar nuestro pacto conél y poner en evidencia nuestra fe de que muy pronto participaremosdel banquete que nuestro Señor ofrecerá cuando lleguemos al cielo. Portanto, la Cena encierra elementos que tienen que ver con nuestro pasa-do, nuestro presente y nuestro futuro. Pero, ¿qué significan el pan y elvino? En la antigüedad, el pan y el vino solían ser símbolos de la aproba-ción divina. Cuando Melquisedec bendijo a Abram, el pan y el vino es-tuvieron presentes (ver Génesis 14:17-19). Cuando la gente tenía pan yvino consideraba que ya no le faltaba nada (Jueces 19:19). Con el objeti-vo de persuadir a Judá para que se rebelará contra Ezequías, el rey de © Recursos Escuela Sabática
  7. 7. Asiría le ofreció al pueblo llevarlo a una «tierra de grano y de vino, tie-rra de pan y viñas» (2 Reyes 18:32). Jeremías profetizó el momento enque los redimidos correrían tras los bienes del Señor, y los primerosque menciona son el «el pan y el vino» (Jeremías 31:11-13). Estos pasa-jes demuestran que el pan y el vino constituían ejemplos reales de ben-dición. Al participar de una comida especial, los judíos alababan a Diospor haber creado tanto el pan como la vid. 13 Cuando Jesús ofrece pan y vino a sus discípulos, está compartiendocon ellos su bendición. Al recibir dicha bendición, queda manifestada«cuán íntima es la unión entre el cristiano que participa de la Cena yCristo». 14 Por ello, el que participa de la mesa del Señor ya no formaparte de la mesa de los demonios (1 Corintios 10:21). Pablo dice sinningún tipo de ambages que la «copa de bendición» y el «pan que par-timos» durante la celebración de la Cena del Señor, nos pone en comu-nión con Cristo (1 Corintios 10:16). Al comer el pan y el vino estamosproclamando que nuestro pacto con Dios sigue vigente y que el rom-pimiento con nuestros antiguos «compañeros de mesa», es decir, losdemonios, es definitivo. Mediante los emblemas del pan y del vino, Jesús pone al alcance detodos la mayor bendición que podría recibir el ser humano: el don de lavida eterna. Esta bendición es mucho más grande que cualquier rique-za terrenal, puesto que nos asegura vivir para siempre (Juan 6:51). Porsupuesto, no somos salvos por comer el pan o beber el vino, y no haynada mágico en ellos. El pan y el vino que comemos no se transmutanliteralmente en el cuerpo o la sangre de Cristo, como afirmó el Conciliode Trento al imponer el dogma de la transubstanciación. No hay graciasalvífica en estos elementos. Son símbolos, no la realidad. La gracia seencuentra en Cristo, y al ingerir el pan y el vino simplemente estamosdando testimonio de que nos apropiamos por fe de la gracia salvadorade Cristo. Puesto que el pan y el vino representan el cuerpo y la sangre deCristo, Elena G. de White consideró que la Cena del Señor constituyeun «monumento conmemorativo de su muerte» (Review and Herald, 22de junio de 1897), pues «es el medio por el cual ha de mantenerse frescoen nuestra mente el recuerdo de su gran obra en favor nuestro» (ElDeseado de todas las gentes, capítulo 72, p. 624). Como la Cena era un símbolo del pacto de Dios con su pueblo (Lu-cas 22:20), cada vez que la celebramos estamos ratificando nuestro pac- © Recursos Escuela Sabática
  8. 8. to con Cristo. ¿Por qué es necesaria la renovación del pacto? ¿Alguienhabrá fallado? Pablo le dijo a Timoteo: «Si sufrimos, también reinare-mos con él; si lo negamos, él también nos negará; si somos infieles, élpermanece fiel, porque no puede negarse a sí mismo» (2 Timoteo 2:12,13). Dios se mantiene leal al pacto. Quienes fallan somos nosotros; deahí la necesidad de que, al comer el pan y beber el vino, testifiquemosque seguimos siendo parte del pueblo del pacto y que muy pronto par-ticiparemos en el banquete celestial que Cristo ofrecerá a todos aquellosque hayamos permanecido en él (Apocalipsis 19:9; cf. Mateo 26:29). Dos columnas de nuestra fe y nuestro crecimiento A principios del siglo XX, Elena G. de White declaró: «Los ritos delbautismo y la Cena del Señor son dos pilares monumentales [...]. Sobreestos ritos Cristo ha inscrito el nombre del verdadero Dios» (Manuscri-to 27, 1900). El bautismo y la Cena del Señor han de celebrarse diaria-mente si de verdad queremos avanzar en nuestro crecimiento en la vi-da cristiana. Pero usted se preguntará: ¿Cómo puedo ser bautizado dia-riamente y de igual modo celebrar la Cena del Señor? ¿De qué maneraestas ordenanzas contribuyen a mi crecimiento espiritual hoy? El bautismo de agua es un acontecimiento ocasional. Sin embargo,hemos de recibir diariamente el bautismo del Espíritu Santo (Hechos1:5; 11:16). «Cada obrero debiera elevar su petición a Dios por el bau-tismo diario del Espíritu» (Los hechos de los apóstoles, capítulo 5, p. 39).De esta manera, la experiencia del nuevo nacimiento y de nuestraunión con Cristo se tornan reales todos los días de nuestras vidas. En launción diaria del Espíritu Santo radica la garantía de que estamos reci-biendo «el crecimiento que da Dios» (Colosenses 2:19). Puesto que cada miembro «recibe su crecimiento para ir edificándo-se en amor», resulta indispensable el «bautismo cotidiano del amor queen los días de los apóstoles los mantenía en común acuerdo. Este amorle dará salud al cuerpo, a la mente y al alma» (Testimonios para la iglesia,tomo 8, p. 203). Y la Cena, ¿la celebraremos cada día? Mi respuesta comienza condos preguntas: ¿Acaso solo somos bendecidos por Dios cuatro veces alaño? ¿Renovaremos nuestro pacto cada vez que fallemos o únicamentelo haremos cuando se convoque la Santa Cena en la iglesia? ¡Por su-puesto que no! ¿Entonces cómo podremos celebrar la Cena cada día?He aquí una de mis declaraciones favoritas de la sierva de Dios: © Recursos Escuela Sabática
  9. 9. «A la muerte de Cristo debemos aun esta vida terrenal. El pan que comemos ha sido comprado por su cuerpo quebrantado. El agua que bebemos ha sido comprada por su sangre derramada. Nadie, santo, o pecador, come su alimento diario sin ser nutrido por el cuerpo y la sangre de Cristo. La cruz del Calvario está es- tampada en cada pan. Está reflejada en cada manantial. Todo esto enseñó Cristo al designar los emblemas de su gran sacrificio. La luz que resplandece del rito de la comunión realizado en el apo- sento alto hace sagradas las provisiones de nuestra vida diaria. La despensa familiar viene a ser como la mesa del Señor, y cada co- mida un sacramento» (El Deseado de todas tas gentes, capítulo 72, p. 630). Si, día tras día recibimos el bautismo del Espíritu y damos gracias aDios por la bendición que nos ha dado al comer nuestro pan diario,muy pronto llegaremos a «alcanzar la estatura de la plenitud de Cristo»(Efesios 4:13).Referencias1 De la catequización de los rudos, 26. Citado por Justo L. González, Breve historia de las doctrinas cris-tianas (Nashville, Tennessee: Abingdon, 2007), p. 171.2 Pablo VI, Encíclica "Mysterium fidei" sobre la doctrina y culto de la Sagrada Eucaristía, disponible en:http://www.vatican.va/holy_father/paul_vi/enqrdicals/documents/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium_sp.html, consultado en 4/6/12.3 Everett Ferguson, «The Typology of Baptism in the Early Church», Restoration Quarterly, 8, n° 1(1965), pp. 41-52.4 Ganoune Diop, «El bautismo: Significado veterotestamentario y extrabíblico» en Teología y prácti-ca del bautismo. Estudios de Eclesiología Adventista, vol. III (Comité de Investigación Bíblica de laDivisión Euroafricana, 2010), pp. 10, 11.5 G. R. Beasley-Murray, «Baptism» en Dictionary of Paul and His Letters, Gerald F. Hawthorne,Ralph P. Martin y Daniel G. Reid, eds. (Downers Grove, Illinois: InterVarsity, 1993), p. 62.6 Citado por Gerhard Barth, El bautismo en el tiempo del cristianismo primitivo (Salamanca: Sígueme,1986), p. 55.7 G. R. Beasley-Murray, Baptism in the New Testament (Grand Rapids, Michigan: Eerdmans, 1961),p. 151.8 Charles B. Cousar, Reading Galatians, Philippians, and 1 Thessalonians. A Literary and Theologi-cal Commentary (Macon, Georgia: Smyth & Helwys, 2001), p. 67.9 «El bautismo en las Epístolas de Pablo» en Teología y práctica del bautismo. Estudios de Eclesiolo- © Recursos Escuela Sabática
  10. 10. gía Adventista, vol. III (Comité de Investigación Bíblica de la División Euroafricana, 2010), p. 96.10 Archibald Thomas Robertson, Imágenes verbales del Nuevo Testamento, t. 4 (Barcelona: CLIE, 1989),p. 404.11 J. Louis Martyn, Galatians. A New Translation with Introduction and Commentary. The Anchor YaleBible, vol. 33 (New Haven/Londres: Yale University, 2010), p. 376.12 Citado por Charles R. Swindoll, Growing Deep in the Christian Life (Grand Rapids, Michigan:Zondervan, 1995), pp. 363, 364.13 Herbert Kiesler, «Los ritos: bautismo, lavamiento de pies y cena del Señor» en Teología: Funda-mentos bíblicos de nuestra fe, t. 6 (Doral, Florida: APIA, 2007), p. 68.14 L. Cereaux, El cristiano en Pablo (Madrid: Desclée De Brouwer, 1965), p. 280. Material facilitado por RECURSOS ESCUELA SABATICA © http://ar.groups.yahoo.com/group/Comentarios_EscuelaSabatica http://groups.google.com.ar/group/escuela–sabatica?hl=es Suscríbase para recibir gratuitamente recursos para la Escuela Sabática © Recursos Escuela Sabática

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