libro complementario 27/10/2012

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libro complementario 27/10/2012

  1. 1. Capítulo 4 Salvación: Don de la gracia divina “Todos somos unos bastardos». Quizá pocas declaraciones suenentan ofensivas como la que acaba de leer. Quien dijera esta frase es WillCampbell, profesor d« Teología y uno de los principales activistas delos derechos civiles en los Estados Unidos durante la década de 1960. Éldedicó gran parte de su ministerio a ayudar a cristianos blancos que seoponían tajantemente a que personas de otras razas formaran parte desus congregaciones. Mientras llevaba a cabo esta ardua tarea, Campbellconoció a un joven prominente, estudiante de Teología en la Universi-dad de Harvard, su nombre: Jonathan Daniels. En cierta ocasión P. D. East, un agnóstico, editor de un periódico an-ticristiano, le preguntó a Campbell: —Si pudiera, ¿cómo resumiría el mensaje cristiano en diez palabraso menos? —Dios nos ama a pesar de que todos seamos unos bastardos, —respondió Campbell. 1 Poco después de este incidente, Jonathan Daniels, el amigo deCampbell, fue asesinado por Thomas Coleman, un policía de Alabama,que se negaba a aceptar la igualdad de condiciones entre negros yblancos. Una vez más P. D. East se encontró con Campbell y lo confron-tó: —Campbell, si todos somos bastardos, tu amigo Daniels también loera, ¿verdad? —Sí, lo era, puesto que a pesar de que era un hombre muy bonda-doso, no puedo decir que no fuera pecador. East volvió a la carga: —Y su asesino, el señor Coleman, era otro bastardo, ¿no es cierto? —Por supuesto —replicó Campbell. © Recursos Escuela Sabática
  2. 2. Entonces, East, mirándolo fijamente a los ojos, le hizo la pregunta fi-nal: —¿A cuál de esos dos bastardos ama más Dios? ¿Qué respuesta daría usted? El mismo Campbell confesó que le re-sultaba difícil aceptar que Dios pudiera amar, perdonar y redimir a unapersona que entró a una tienda y segó la vida de un ser indefenso. Peroasí es el evangelio. Dios nos ama a todos por igual, aunque todos so-mos unos bastardos. 2 ¡A ojos humanos, que Dios nos ame a pesar denuestra maldad parece una locura! (ver 1 Corintios 1:18-25). Creo que la declaración de Campbell es verdadera de principio a fin:1) Dios nos ama, y 2) todos somos bastardos. Es más, según Elena G. deWhite, el pecado nos ha llevado a convertimos «en una contradicciónde la voluntad de Dios» (Manuscript Releases, tomo 5, p. 348). Nuestro mayor problema Aunque en nuestra época la palabra “pecado” ya no suele formarparte del vocabulario común, sigue siendo algo tan real como lo fuecuando se introdujo en el mundo por el desatino de nuestros primerospadres (Génesis 3:1-13; Romanos 5:12-21). Sin embargo, hemos de reco-nocer que en nuestra sociedad el pecado ha dejado de ser pecado. Aho-ra se ha convertido en un delito o en un trastorno de la conducta. Porejemplo, robar ya no es pecado, es una fechoría. Ser mentirosos com-pulsivos ya no es pecado, es una enfermedad. A la luz de estas nuevasdefiniciones, los responsables de corregir a los nuevos pecadores, esdecir a los malhechores y a los enfermos, son la justicia y los médicos.De ahí que el pecado, a pesar de ser un concepto concretamente religio-so, ha perdido su dimensión espiritual. Esta falsa concepción respecto a qué es pecado, nos conduce a unacomprensión incorrecta de lo que implica la salvación del pecado. Por eso,si de verdad queremos saber cuán grande es la salvación que hemos re-cibido, debemos tener una idea bastante clara de la naturaleza del pe-cado. Como dijo Anselmo de Canterbury: «El que ha reflexionado se-riamente en el peso de la cruz, ha pensado en serio en el peso del peca-do». 3 Siguiendo a Anselmo, vamos a estudiar primero «el peso del pe-cado», y luego veremos cuál fue la solución divina a dicha contrarie-dad. La Biblia expresa sin ningún tipo de ambages que los seres humanossomos proclives, de forma natural, a hacer lo malo. El mismo Dios © Recursos Escuela Sabática
  3. 3. afirmó esta realidad cuando admitió que «el corazón del hombre se in-clina al mal desde su juventud» (Génesis 8:21). El profeta Jeremías vaen la misma dirección al decir que «no hay nada tan engañoso y per-verso como el corazón humano» (Jeremías 17:9, DHH). La podredum-bre moral y espiritual nos cubre «desde la planta de los pies hasta lacabeza» (Isaías 1:6). No hay nada en nosotros que no haya sido conta-minado por el pecado. El Nuevo Testamento también describe la depravación total que nosafecta. De acuerdo con el apóstol Pablo, el poder del pecado sobre el serhumano ha sido tan absoluto «que hasta su mente y su conciencia estáncorrompidas»; incluso los que dicen «conocer a Dios», en realidad,también «son abominables y rebeldes» (Tito 1:15, 16). En el libro deRomanos, Pablo nos dice que todos estamos «bajo pecado» puesto que«no hay justo ni aun uno; no hay quien entienda, no hay quien busquea Dios [...]. No hay quien haga lo bueno»; por tanto, todos estamos«destituidos de la gloria de Dios» (Romanos 3:9-12, 23). Como bien loexpresa Atilio Dupertuis, en Romanos 3 se pone de manifiesto que elpecado corrompió: «La mente: no hay quien entienda. El corazón: Nohay quien busque a Dios. La voluntad: no hay quien haga lo bueno». 4En otras palabras, el pecado ha inundado con su agua pestilente aunlos lugares más recónditos de nuestras almas. Elena G. de White está en sintonía con los escritores bíblicos al de-clarar que «el pecado [...] ha descompuesto todo el organismo humano,pervertido la mente y corrompido la imaginación. El pecado ha degra-dado las facultades del alma. Las tentaciones del exterior hallan eco enel corazón, y los pies se dirigen imperceptiblemente hacia el mal» (Elministerio de curación, capítulo 38, p. 323). Esclavos del pecado Volvamos a Romanos 3. Allí Pablo fue categórico al afirmar que to-dos estamos «bajo el pecado» (Romanos 3:9). En realidad, lo que elapóstol está diciendo en este pasaje es que todos nos hallamos bajo eldominio del pecado. Como dice el Comentario bíblico adventista, Roma-nos 3:9 «denota sujeción al pecado como un poder que rige en la vidade todos los hombres». 5 Pablo dice «todos». Según Lutero, este pasajeincluye «a los malhechores manifiestos» y a los que «tienen aparienciade buenos». 6 Como el pecado se ha enseñoreado de todo nuestro ser,los escritores bíblicos solían usar la metáfora de que el ser humano era © Recursos Escuela Sabática
  4. 4. «esclavo del pecado» (Juan 8:34; cf. Gálatas 4:4-8; Tito 3:3). Por ello elpecado es personificado como si fuera un rey (Romanos 5:21; 6:12). Enconsecuencia, nuestro mayor dilema no es que simplemente comete-mos actos pecaminosos, sino que, como bien lo dijo el teólogo DouglasMoo, somos «prisioneros indefensos del pecado». 7 A fin de que comprendamos mejor este asunto, resultará necesarioque examinemos, aunque sea someramente, algunos hechos relaciona-dos con la esclavitud en los tiempos bíblicos. 8 Aunque sabemos que laesclavitud es de lo peor que puede haber, el principal problema del es-clavo no radicaba en su condición, sino en el amo al que sirviera. Porejemplo, el criado de Abraham recibía tan buen trato que «era quien leadministraba todos sus bienes» (Génesis 24:2). Cuando José fue vendi-do y llevado como prisionero a Egipto (Génesis 37:28), fue a parar a lacasa de Potifar, quien «lo hizo mayordomo de su casa y entregó en supoder todo lo que tenía» (Génesis 39:4). La Biblia hace mención de hijasque se casaban con el esclavo de la casa (1 Crónicas 2:34, 35). La mismaley de Moisés prescribía que el esclavo no debía ser oprimido (Deute-ronomio 23:15, 16). En el mundo romano del Nuevo Testamento tam-bién había amos que trataban con bondad a sus esclavos. Lucas men-ciona a un centurión romano que «quería mucho» a su siervo (Lucas7:2). Séneca, un contemporáneo del apóstol Pablo, le escribió a Lucilo,quizá el procurador de la provincia romana de Cilicia: «He sabido consatisfacción por los que han estado contigo, que vives en familia con tusesclavos. Esto está de acuerdo con tu sabiduría y tu enseñanza. Son es-clavos, pero aún más, son personas». 9 ¿Podía quedar libre el esclavo? Según las ordenanzas del AntiguoTestamento, un esclavo podía ser liberado si cumplía cierta cantidad deaños (Deuteronomio 15:12). Otra forma de obtener la libertad consistíaen que un «pariente cercano» (hebreo goel) pagara el precio por su res-cate (Levítico 25:47-49). Esta costumbre también formaba parte delmundo grecorromano. Una inscripción encontrada en el templo deApolo, en Delfos, relata el momento en que este dios le pagó a Sosibiode Anfisa por la libertad de una esclava llamada Nicaea. La liberación através de la compra pone de manifiesto que el esclavo no puede hacernada para quedar libre y que debe ser hecha por alguien que no se ha-lle en cautividad. La esclavitud del pecado es mucho peor que la física. El pecado esun patrón tan despiadado que la única paga que otorga a sus siervos esla muerte (Romanos 6:23). Por otro lado, la esclavitud del pecado no © Recursos Escuela Sabática
  5. 5. tiene fecha de caducidad: es para «toda la vida» (Hebreos 2:15). Portanto, la única opción que tenemos para quedar libres del pecado esque alguien, que no sea esclavo del pecado, pague el precio por nuestra li-bertad. Ahí es donde entra Jesús, nuestro redentor. Salvación del pecado Sin duda alguna una de las frases más impactantes de Cristo es esta:«El Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir y paradar su vida en rescate por todos» (Marcos 10:45; cf. Mateo 20:28). Fíjeseque Jesús no vino a recibir, vino a dar su vida en favor de nuestro res-cate. Pablo se hace eco de estas palabras del Señor cuando escribe que«Jesucristo hombre» «se dio a sí mismo en rescate por todos» (1 Timo-teo 2:5, 6). La palabra griega traducida como «rescate» es lutrón. En do-cumentos antiguos este vocablo y términos afines se usaban para refe-rirse al precio que se pagaba para adquirir la libertad de un esclavo,por lo general, prisioneros de guerra o cautivos que se hallaban bajopena de muerte. 10 No hemos de olvidar que para los escritores bíblicos la liberación dela esclavitud, es decir, la redención, era un término equivalente e inter-cambiable con la salvación. Por ello, cuando Dios sacó a Israel del yugode esclavitud en Egipto, Moisés lo entendió como la «salvación queJehová» les había otorgado (Éxodo 14:13). Cuando Sansón liberó a Is-rael de los filisteos, en Jueces 15:18 se nos dice: «Tú [el Señor] has dadoesta grande salvación». La liberación de los amonitas también fue con-siderado un acto salvífico de parte del Señor (2 Samuel 11:9, 13). Israelquedó libre de Asiría porque «dio Jehová un salvador que los sacó delpoder de los sirios» (2 Reyes 13:5). Por todo esto Jehová se proclamabacomo «tu Salvador, tu Redentor» (Isaías 49:26; Isaías 60:16). Este aspecto salvífico desempeña un papel principal en la obra deredención que sería llevada a cabo a través de Cristo. Desde antes de sunacimiento, el ángel había anunciado que su misión consistiría en sal-var «a su pueblo de sus pecados» (Mateo 1:21). Él era «el poderoso Sal-vador» que Dios enviaría (Lucas 1:69). La mujer samaritana lo recono-ció como «el Salvador del mundo» (Juan 4:42; cf. 1 Juan 4:14). La obrasalvadora de Cristo fue una misión de rescate en el pleno sentido de lapalabra. Él vino a nuestro mundo para «pregonar libertad a los cauti-vos, [...] poner en libertad a los oprimidos» (Lucas 4:18). © Recursos Escuela Sabática
  6. 6. Para lograr el rescate, nuestro Salvador tuvo que padecer los horro-res de la cruz. El apóstol Pedro describe esto con vividas palabras:«Fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir (la cual recibisteisde vuestros padres) no con cosas corruptibles, como oro o plata, sinocon la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sincontaminación» (1 Pedro 1:18). Cristo nos liberó del poder del pecadosufriendo en sí mismo las consecuencias que nuestra transgresión habíaprovocado. Con el fin de obtener nuestra salvación, él murió en nuestrolugar. Según Elena G. de White «los pecados y la culpa del mundo, quesimbólicamente son "rojos como el carmesí", fueron imputados sobre elGarante divino» (Manuscrito 84, 1897). El rescate llevado a cabo porCristo no solo implicaba nuestra liberación, sino también su muerte. ¿Qué tuvo que hacer Jesús para poder ser nuestro Redentor? Segúnlas leyes levíticas el redentor tendría que ser nuestro «pariente», nues-tro hermano más cercano, nuestro goel. Por tanto, Cristo no podía lle-var a cabo nuestra redención a menos que fuera partícipe de nuestrahumanidad. Por ello el Dios creador tuvo que encamarse y habitar en-tre nosotros, despojarse de su condición divina y venir a la tierra comoun hombre (Juan 1:14; Filipenses 2:7, 8). De esta manera, «por cuantolos hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lomismo» (Hebreos 2; 14). Al hacerse hombre, Jesús estableció un vínculocon la raza humana que nadie podrá destruir. Él se hizo nuestro parien-te más cercano, él no se avergüenza de consideramos sus hermanos(Hebreos 2:11). De hecho, ante él somos sus hermanos más pequeños(Mateo 25:40). No escatimó esfuerzo alguno para liberarnos del poderdel pecado. Como nuestro Salvador, y pariente más cercano, pagó elprecio de nuestra redención. La redención conlleva «la identificación de Dios con la humanidaden su condición, y la seguridad de la liberación de la humanidad a tra-vés de la obediencia, el sufrimiento, la muerte y resurrección del Hijoencarnado». 11 Por ello Jesús es el único camino para obtener la salva-ción (Juan 14:6). «Y en ningún otro hay salvación, porque no hay otronombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos»(Hechos 4:12; cf. Isaías 43:11). Elena G. de White fue muy clara cuandodijo: «No hay otra fuente en el cielo de quien podamos recibir libertady vida, sino por medio de Jesucristo, nuestra justicia» (Sermones escogi-dos, capítulo 14, p. 108). Por más abyecta que sea nuestra esclavitud, enCristo tenemos la ayuda que necesitamos para liberamos de ella. © Recursos Escuela Sabática
  7. 7. Una verdad axiomática que se desprende de la metáfora de la re-dención establece que nosotros no podemos obrar nuestra liberación.Aunque trabajemos duro para liberarnos del pecado, todo lo que ha-gamos por nuestra propia cuenta, por bueno que sea, lo único que con-seguirá será profundizar nuestra servidumbre. La redención del peca-do es un proceso que se inicia fuera de nosotros. Es otro el que tieneque redimimos. Basándose en su sacrificio sustitutivo, cuando Cristoderramó su sangre en la cruz, obtuvo el derecho de reclamar nuestra li-beración. 12 Como dijo Elena G. de White, «nuestro rescate ha sido pa-gado por nuestro Salvador. Nadie está forzado a ser esclavizado porSatanás. Cristo está entre nosotros como nuestro poderoso ayudador»(Mensajes selectos, tomo 1, p. 364). Ahora podemos decir que «tenemosredención por medio de su sangre» (Efesios 1:7), que recibimos la justi-ficación «gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es enCristo Jesús» (Romanos 3:24). «Por gracia sois salvos, por medio de lafe; y esto no de vosotros, pues es un don de Dios» (Efesios 2:8). ¡Diosnos regaló la liberación! Siempre que leo estás palabras de Charles R. Swindoll quedo conuna agradable sensación de paz interior al saber que mi liberación delpecado es una obra de gracia de principio a fin: «En el cielo no habrá testimonios que suenen muy espirituales y quecaptan la atención hacia los logros supercolosales de alguna persona. ¡Nada de eso! Todos tendrán escrito en su vida la palabra gracia. –¿Cómo llegaste aquí? –¡Por gracia! –¿Qué lo hizo posible? –La gracia». 13 No hay méritos en nosotros. Somos libres del pecado por la graciade Dios. Existimos para enseñar a otros el milagro de gracia que Cristoha operado en nuestra vida. Como bien lo dijo Elena G. de White, «to-do lo debemos a la gracia gratuita y soberana. En el pacto, la gracia or-denó nuestra adopción; en el Salvador, la gracia efectuó nuestra reden-ción, nuestra regeneración y nuestra adopción» (Testimonios para la igle-sia, tomo 6, p. 271). ¿Pero a quién liberó Cristo? ¿Acaso su muerte en la cruz solo es pro-vechosa para gente supuestamente buena como Jonathan Daniels?¿Qué sucede con aquellos que son asesinos como Thomas Coleman?Así como el pecado nos esclavizó a «todos»; Cristo también «murió portodos» (2 Corintios 5:14, 15). Por tanto, no importa lo grave que haya © Recursos Escuela Sabática
  8. 8. sido nuestro yerro, su sangre es capaz de cubrirlo y perdonarlo. EnCristo «tenemos redención por su sangre, el perdón de los pecados»(Colosenses 1:14). Resulta oportuno que para Pablo esta redención operdón de pecados equivalga a ser librado del «poder de las tinieblas»(Colosenses 1:13). Cuando Dios salva, también libera. Y esta obra de li-beración nos alcanza a todos. Por lo tanto, en lugar de vivir aferrados alconcepto de que tenemos que hacer algo para salvamos, disfrutemos deesta gran verdad: Cristo ya hizo todo lo necesario para nuestra salva-ción. Ahora nuestro papel es creer en ello y permanecer «firmes en lalibertad con que Cristo nos hizo libres» (Gálatas 5:1). La experiencia de la salvación y el crecimiento en Cristo Eduardo Galeano escribió un breve relato que captó mi atencióndesde el primer momento en que me lo leyó un amigo. Tanto me gustóque ese amigo no tuvo más remedio que regalarme el libro. Cuenta Ga-leano que en cierta ocasión un pastor llamado Miguel Brun tuvo unaconversación muy interesante con un cacique de los indios del Chaco,en Paraguay. El cacique tenía fama de ser un personaje muy sabio. Losmisioneros llegaron para compartir con la tribu el mensaje cristiano.«El cacique, un gordo quieto y callado, escuchó sin pestañear» el men-saje que le leyeron en su propia lengua. Luego de un momento de re-flexión, emitió su opinión sobre las palabras de los misioneros. Les dijo:«"Eso rasca. Y rasca mucho, y rasca muy bien". Y sentenció: "Pero rascadonde no pica"». 14 Probablemente, muchos mensajes cristianos están centrados en as-pectos periféricos de la fe; dicen la verdad, son buenos, pero mucha ve-ces rascan donde realmente no nos pica. En cambio, la salvación pormedio de Cristo siempre rasca, y rasca bien, y rasca donde más nos pi-ca. La salvación por gracia echa por tierra nuestro orgullo y pone demanifiesto nuestra inmensa necesidad: somos grandes pecadores queprecisan de un gran Salvador. La sangre de Cristo rascará en los ámbi-tos más recónditos de nuestras almas. Ella penetrará donde nada ninadie podrá hacerlo. No vale la pena seguir negando nuestra verdade-ra condición, ni escondernos detrás de un mera religiosidad; la sangrede Jesús puede, no solo «perdonar nuestros pecados», sino también«limpiamos de toda maldad» (1 Juan 1:9). Elena G. de White resumió todo esto diciendo: «Cristo murió pornosotros. Satanás dice: "Eres pecador y no puedes mejorarte a ti mis- © Recursos Escuela Sabática
  9. 9. mo". Sí, soy pecador, y necesito un Salvador. Me aferró a los méritos deJesucristo para que me libre de toda transgresión. Nos lavamos en lafuente que ha sido preparada para nosotros y somos limpiados de todaimpureza de pecado» (Sermones escogidos, tomo 1, capítulo 26, p. 218).Esto puede ser una realidad ahora, en este instante, tal como lo indicauna de mis declaraciones favoritas del Espíritu de Profecía cuando dice:«Si crees que estás perdonado y limpiado, Dios lo da por hecho [...]. Di:"Lo creo, así es, no porque yo lo sienta, sino porque Dios lo ha prome-tido» (El camino a Cristo, ed. 2005, capítulo 6, p. 78). Creer en Cristo, esaes la cuestión. Como editor de libros he sido cautivado por la imagen que usaThomas Gataker para describir nuestra triste condición. Según este teó-logo puritano, el hombre es como «un libro que se ha echado a perderpor los errores y faltas». 15 Hace poco una de mis compañeras me co-mentaba sobre un libro cuyo contenido le pareció muy interesante, pe-ro luego dijo algo que parecía contradictorio: «Comencé a leerlo, perono he podido disfrutar la lectura debido a la mala edición del texto». Lamentablemente, el texto de nuestra vida ha sido manchado por elpecado, ¿acaso habrá algún editor que pueda corregir todos los erroresy faltas que han llegado a formar parte de la redacción de nuestra exis-tencia? Pablo identifica a los que han recibido la salvación por graciacomo la «carta de Cristo» que ha sido escrita «con el Espíritu del Diosvivo» (2 Corintios 3:3). Con razón, de manera simbólica, al Espíritu selo llama «el dedo de Dios» (Lucas 11:20; cf. Mateo 12:28). Cuando acep-tamos la redención por medio de la fe en Jesús, nuestra vida comienzaa ser editada, corregida, guiada por Dios. Él se encargará de ir corri-giendo todas nuestras faltas. Puesto que disfrutamos en toda su pleni-tud los beneficios redentores de la muerte de Cristo, el mundo podráleer el mensaje de salvación que Dios ha escrito en nuestros corazonesy que se hace visible en nuestra vida diaria. Pensándolo bien, en un sentido Campbell tenía razón: como conse-cuencia del pecado, todos somos unos bastardos, pero Dios nos amatanto que envió «a su Hijo [...] a fin de recibiéramos la adopción de hi-jos» (Gálatas 4:4, 5). Por esta razón podemos decir: «¡Abba, Padre!»(Romanos 8:15). Querido lector: solo si disfrutamos diariamente de laexperiencia de la salvación por fe en Cristo, llegaremos a «alcanzar laplenitud de la estatura de Cristo» (Efesios 4:13). © Recursos Escuela Sabática
  10. 10. Referencias1 Philip Yancey con Brenda Quinn, Gracia divina vs. condena humana (Miami, Florida: Vida, 1998), p.164.2 Ibid., pp. 165, 166.3 Citado por George R. Knight, Guía del fariseo para una santidad perfecta (Miami, Florida: APIA,1998, p. 66.4 Atilio René Dupertuis, Romanos: El poder transformador de la gracia (Berrien Springs, Michigan:Pioneer Publications, 2009), p. 54. La negrita es del autor.5 Francis D. Nichol, ed. Comentario bíblico adventista, tomo 6 (Buenos Aires: ACES, 1996), p. 494.6 Martín Lutero, Romanos, (Terrassa: CUE, 1998), p. 122.7 Douglas J. Moo, Romans. The NIV Application Commentary to Contemporary Life (Grand Rap-ids, Michigan: Zondervan, 2000), p. 122.8 Para más detalles sobre este tema ver R. de Vaux, Las instituciones del Antiguo Testamento (Barce-lona: Herder, 1976), pp. 124-138; James S. Jeffers, The Greco-Roman World of the New Testament Era(Downers Grove, Illinois: InterVarsity Press, 2000), pp. 220-236; J. A. Harril, «Slavery» en Diction-ary of New Testament Background (Downers Grove, Illinois: InterVarsity, 1999, pp. 1124-1126.9 Séneca, Epístola 47, citado por Joaquín González Echegaray, Los hechos de los apóstoles y el mundoromano (Estella: Verbo Divino, 2002), p. 58.10 León Morris, New Testament Theology (Grand Rapids, Michigan: Zondervan, 1986), p. 110.11 R. David Rightmire, «Redimir, redención» en Walter A. Elwell, ed. Diccionario teológico de la Bi-blia (Nashville, Tennessee: Editorial Caribe, 2005), p. 722.12 Para más detalles sobre la relación entre la redención y la sustitución ver Ángel Manuel Rodrí-guez, «Salvation by Sacrificial Substitution», Journal of the Adventist Theological Society (vol. 3, n° 2),pp. 49-77.13 Charles R. Swindoll, El despertar de la gracia (Nashville, Tennessee: Caribe, 1990), p. 35.14 Eduardo Galeano, El libro de los abrazos (Guatemala: Siglo XXI, 2010), p. 16.15 Citado en Brian W. Ball, The English Connection: The Puritan Roots of Seventh-day Adventist Belief(Cambrigde, Gran Bretaña: James Clarke, 1981), p. 68. Material facilitado por RECURSOS ESCUELA SABATICA © www.escuela-sabatica.com http://ar.groups.yahoo.com/group/Comentarios_EscuelaSabatica http://groups.google.com.ar/group/escuela–sabatica?hl=es Suscríbase para recibir gratuitamente recursos para la Escuela Sabática © Recursos Escuela Sabática

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