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Situación postelectoral en colombia

  1. 1. SituaciónpostelectoralenColombia:sigueeldebate Laizquierdaentreimpotenciayreformismo Fuente de la imagen: http://notasdeaccion.blogspot.com/ Por vez primera, los movimientos y partidos políticos de izquierda y alternativos han influido de forma determinante en la victoria electoral de un Presidente de la República. Esta situación inédita implica para sus distintos componentes un replanteamiento político cargado tanto de nuevas oportunidades como de nuevas dificultades. Andre-Noël Roth. 29 junio 2014 La configuración política luego de la elección presidencial del 15 de junio 2014 ofrece para la izquierda un panorama complejo para su futuro desempeño como fuerza tanto de gobierno como de oposición. La defensa del proceso de paz ha permitido a la izquierda encontrar un importante punto de coincidencia cuasi unánime en esta coyuntura para apoyar el proceso de paz del centro-derechista presidente Santos y bloquear la vía para un regreso al poder de la derecha conservadora y extrema. Por vez primera, los movimientos y partidos políticos de izquierda y alternativos han influido de forma determinante en la victoria electoral de un Presidente de la República. Esta situación inédita implica para sus distintos componentes un replanteamiento político cargado tanto de nuevas oportunidades como de nuevas dificultades. La izquierda puede aspirar a ser un componente para un gobierno de coalición de centro izquierda, de tendencia social liberal. A su vez, la gran mayoría de sus líderes (quién sabe sus electores) expresaron su
  2. 2. voluntad de quedar en la oposición y no aceptar responsabilidad política o representación burocrática. Pero no todos. Sin embargo, para analizar la situación es necesario partir de unos elementos de hechos concretos. Así, primero, la izquierda de gobierno (esencialmente Polo y Progresistas) sigue siendo una minoría sin mayor influencia en el Congreso de la República (así como prácticamente en todas las asambleas legislativas departamentales y municipales del país). Segundo, la derecha – hoy dividida entre derecha liberal (Partido de la U, Partido Liberal, Cambio Radical, elementos del Partido Conservador y otros partidos “regionales”) y derecha conservadora (Centro Democrático y Partido Conservador) – sigue ampliamente mayoritaria en el país (p.e. recordemos que, en la segunda vuelta, la sola campaña presidencial de Zuluaga se impuso en la mayoría de los municipios y en 14 de los 33 departamentos de Colombia). De allí se deriva que, si aún había dudas, la derecha domina el país, y en particular todas las asambleas legislativas del país, incluso la del Distrito Capital de Bogotá. Y seguramente ampliará aún su representación en los comicios territoriales de 2015 con una campaña agresiva del Centro Democrático. Es aún difícil vaticinar cuál será el efecto “paz” sobre los resultados electorales de la izquierda. Por ahora, significa que electoralmente la izquierda sigue siendo minoritaria en todas partes. Sus victorias electorales importantes (gobernaciones, alcaldías) son todas relativas y se deben más a personalidades y situaciones de división de la derecha que a una incrustación política consolidada capaz (por ahora) de poner en jaque a las maquinarias clientelistas neo-tradicionales. La victoria de Santos se logró, grosso modo, en las tierras históricamente liberales, en las ciudades (con excepción de Medellín) y en las zonas de conflicto (incluido el Urabá antioqueño) para conformar una curiosa corona de zonas periféricas (costas y fronteras), más Bogotá. En la actual coyuntura política postelectoral se abren dos frentes políticos para la izquierda: 1) la relación con el Gobierno nacional y 2) lo relativo a la preparación de los comicios territoriales de 2015. En relación al gobierno nacional, es posible que la izquierda tenga alguna posibilidad de participación burocrática en el próximo gobierno. Si bien el Polo manifestó su desinterés, es probable que el gobierno encuentre mayor eco del lado de la Alianza verde (Partido verde, Progresistas) y de alguna personalidad “independiente”. Sin embargo, es poco probable que obtenga un ministerio importante, serán más bien algunas dependencias relacionadas con los temas de la paz y de las víctimas. Eso por una razón sencilla ya mencionada: la izquierda no tiene ningún peso en el Congreso. Podrá realizar alguna gestión político-administrativa pero no podrá obtener la modificación
  3. 3. de alguna ley. Además, en la perspectiva de una posible refrendación popular de los acuerdos de paz, el voto favorable de la izquierda está prácticamente asegurado y, más bien, el gobierno deberá encontrar mayor apoyo hacia la derecha del espectro político. Por lo tanto, la posibilidad de ver una agenda legislativa progresista es casi nula, fuera de lo pactado en los eventuales acuerdos de La Habana: la paz está secuestrada por una derecha poderosa (45%) capaz de hacer tambalear el proceso de paz en las urnas (y ojalá lo haga solamente allí) si se refrendan popularmente. Así, a nivel nacional, únicamente con movilizaciones y presiones extraparlamentarias estarán las fuerzas progresistas en capacidad de promover algunos cambios legislativos. Es principalmente a través de esta presión directa sobre la rama ejecutiva y la administración que la izquierda podrá avanzar algo en la satisfacción de sus reivindicaciones. En este sentido, desde ya se deben ejercer las mayores exigencias para que existan compromisos claros en el próximo Plan Nacional de Desarrollo. Pienso en particular en avances en temas como el reconocimiento concreto de los derechos para pueblos indígenas y afrodescendientes (y demás) (p.e. regulación más favorable para la consulta previa, mayor autonomía para los resguardos, creación de un Departamento Administrativo para el Dialogo Intercultural – el proyecto ya existe); existen también importantes márgenes de acción en las distintas políticas (educación, salud, agricultura, etc.) para permitir una política activa de inclusión y reducción de las desigualdades sociales y de género; también en materia de profundización de la democracia participativa y directa. De forma general, se debe aprovechar, hasta los límites de las posibilidades, lo que permite la ley y el margen de poder administrativo para concluir todo tipo de acuerdos negociados, con su adecuada financiación, entre los movimientos sociales y políticos de un lado y la administración pública del otro. Se trata de jugar a fondo la carta de la construcción de acuerdos vía la presión, el diálogo y la negociación con la burocracia nacional mediante decretos, recordando al Presidente lo que le debe a las fuerzas progresistas, y que no puede reducirse a los hipotéticos acuerdos de La Habana. Es una oportunidad para avanzar en la democratización de la labor administrativa y de sus formas de relaciones con la sociedad. En este sentido, se debería trabajar en llave entre las fuerzas progresistas instaladas en el gobierno (si las hay) y las fuerzas de oposición de izquierda, tanto las parlamentarias como las extraparlamentarias. ¿Logrará la diversidad de la izquierda superar sus rivalidades personales, organizacionales y estratégicas para conquistar objetivos comunes más allá de la paz? En cuanto a las reformas políticas de fondo, si deben ser aprobadas por el Congreso, ¿serán las previstas por los acuerdos de La Habana (que no conocemos en el detalle) y nada más?
  4. 4. Eso nos lleva al segundo escenario: las elecciones del 2015. La reciente conformación de un Frente Amplio por la Paz, agrupando a todas las fuerzas de izquierda que apoyaron a Santos, suena como una plataforma electoral interesante. Sin embargo, si quiere ampliar su espacio político en las instituciones en 2015, este Frente Amplio tendría que ser capaz de presentar candidaturas únicas frente a una derecha que probablemente seguirá dividida. Situación que permitiría augurar algunos éxitos a nivel de alcaldías y gobernaciones. Sin embargo, si se quiere avanzar en la construcción de un movimiento progresista de ambición nacional (pensando en las presidenciales de 2018), sería pertinente que este Frente logre proponer al país un proyecto nacional, para su aplicación, en lo que les corresponde y resulta factible, a nivel de los entes territoriales conquistados para generar credibilidad. ¿Aguantará la coalición cuando se trate de presentar propuestas y nombres? La situación presentada muestra por lo tanto un panorama complejo para la izquierda. De un lado, está en posición de reclamar su parte del botín burocrático y de gobierno, pero a su vez no es capaz de transformar sus propuestas políticas en leyes de la República. Además, es probable que la agenda política siga polarizada por el Centro Democrático, tal como durante la campaña presidencial, entre paz y extrema derecha, obligando a la izquierda a defender lo malo para evitar lo peor. En estas condiciones, no sería raro que una agenda de reformas progresistas, democratizadoras y democráticas quede nuevamente postergada a nombre de una paz (y siempre será mejor una paz “mal lograda” que una “buena” guerra) hecha a la medida de los grupos armados. De toda evidencia, una oposición extraparlamentaria vigorosa seguirá siendo un elemento fundamental para hacer profundizar la democratización del Estado – y en particular de sus prácticas administrativas- y de la sociedad para hacer avanzar en el país una agenda progresista y democrática. Ojalá se pueda realizar en llave con esa parte de la izquierda con ganas de quedar instalada, y a veces acomodada, en las instituciones políticas y administrativas.
  5. 5. TRAS LA REELECCIÓN: REPOSICIONAMIENTO DE LA IZQUIERDA Fuente de la imagen: http://radiomacondo.fm/ La porción de la izquierda que se opuso a la alianza con Santos dio un paso atrás para afianzar su programa y preparar seguramente la oposición política hacia el próximo periodo de gobierno, para insistir en la viabilidad de un proyecto democrático y anti-neoliberal para Colombia. Paradójicamente la izquierda del Frente Amplio por la Paz, sin negarse a esa aspiración, es quien tiene en frente la oportunidad de liderarlo de la mano del compromiso activo con la implementación de los acuerdos de los diálogos de paz e implementación de las reformas sociales y del Estado. Carlos A. González Pasada la coyuntura electoral que comprendió elecciones legislativas y presidenciales, reelección de Santos, avances de un proceso de diálogo con las FARC-EP y adelantos de lo que podría ser una primera fase de diálogos con el ELN1 , la situación de la izquierda ha cambiado. En relación con la situación política del primer gobierno de Santos, un periodo de reacomodamiento en el bloque en el poder y en general en el conjunto de las fuerzas políticas y sociales, la izquierda hoy tiene oportunidades nuevas dispuestas por la coyuntura de paz. Legislativas Las legislativas cristalizaron la división interna del PDA, iniciada con la renuncia de los Progresistas en 2010, la expulsión posterior del Partido Comunista y finalmente la salida de otras agrupaciones más pequeñas que hicieron parte de este partido desde su fundación en 2005. Tras las legislativas, Progresistas está más lejos del PDA; el Parido Comunista, junto a otras expresiones sociales, reconstruyó la
  6. 6. UP y, posteriormente, estos dos agrupamientos se aliaron con el Parido Verde (PV) construyendo la Alianza Verde (AV) como un movimiento político de centro, con matices de izquierda y de derecha, que actuó hacia las legislativas 2014-2018. Esta izquierda se reorganizó, se alió con otros sectores democráticos con quienes hará oposición desde AV y cuenta con varias plataformas de acción política, partidistas y no partidistas. AV obtuvo 5 escaños en el Senado y 6 en Cámara, mantuvo la representación del anterior Partido Verde en la cámara alta y aumentaron los escaños (+3) en cámara baja. Entre los Senadores, dos son Progresistas, Navarro y Ospina; la UP no logró escaños y en consecuencia el PCC perdió su representación política. La composición interna en el AV es heterogénea ideológicamente, no cuenta con un programa definido y en consecuencia se recogen en su seno una variedad amplia de posturas que alcanzan hasta la centro-derecha de Peñalosa. Más allá de ello, esta participación le alcanza a la AV para hacer vida política institucional y seguramente activa por la calidad de sus senadores(as). Por su parte, el PDA obtuvo 5 escaños en el Senado y 3 Cámaras, redujo su representación en ambas cámaras, (-3) en Senado y (-2) en Cámara de Representantes para el periodo legislativo 2014-2018. La bancada de senadores electa tiene una ligazón más definida con los movimientos sociales y populares que la anterior, principalmente Robledo, Cepeda, López y Castilla representan distintas fracciones de la izquierda colombiana, así como sectores sociales determinados y una porción importante de la opinión ciudadana del país. El PDA cuenta con una unidad programática y una estructura política más definida que le permitirá mantener una personalidad de izquierda y seguramente liderar la oposición desde el campo de la izquierda. Presidenciales Para la izquierda, las presidenciales significaron tensionamiento de fuerzas y un diseño de campaña centrado fundamentalmente en el voto de opinión y el voto ideológico. La candidatura de izquierda fue la de Clara López y Aida Avella, dos mujeres que lograron habilitar un escenario político importante en un periodo crítico si de unidad se trata; esta campaña obtuvo en primera vuelta un poco más de 2 millones de votos quedando muy cerca de Martha Lucia Ramírez y por encima de Peñalosa; la votación fue un anuncio de las alianzas que posteriormente se harían. Por su parte, los Progresistas titubearon entre Peñalosa y Santos, para finalmente establecer una nueva alianza, ahora con el Partido Liberal, y colocarse al lado del presidente candidato desde primera vuelta, a todas luces un viraje muy cercano al oportunismo si se tiene en cuenta el fenómeno “destitución de Petro” en Bogotá.
  7. 7. Clara López fue la candidata de la opinión ciudadana en Bogotá, Cali y Tunja muy a pesar de los Progresistas; este hecho y los cálculos propios hacia las locales de 2015, la impulsaron a distanciarse de la posición mayoritaria del PDA y en consecuencia a establecer una adhesión a Santos hacia segunda vuelta, identificando en la reelección una posibilidad para el proceso de diálogo con la insurgencia y una opción política para la izquierda en su conjunto; se colocó de cara a las reformas que se vienen y no en la cola. La decisión de Clara es, en realidad, acompañada por otros sectores del PDA, como el de Cepeda, que decidieron respaldar a Santos mucho antes que el partido definiera “dejar en libertad a sus electores”. Esta discrepancia interna tiene hoy al PDA en camino de una nueva ruptura, polarizado en cuanto al énfasis táctico que implica para unos la alianza con Santos por los diálogos de paz o para otros, apegarse al programa antineoliberal del Partido y en consecuencia en contra de Santos; un dilema que de acuerdo con las estructura de oportunidades de la mesa de diálogos se traduce en cierre del conflicto con reformas del Estado y reelección o continuidad de la guerra. Reposicionamiento El reposicionamiento de la izquierda viene con reagrupamiento en torno a los diálogos de paz. La reelección de Santos dio a sus aliados mayores oportunidades de protagonizar, al lado de la coalición de gobierno, este proceso que seguramente será más visible en la tercera fase de los diálogos que comprende la implementación, verificación y refrendación de acuerdos. Implementación que es fundamentalmente un proceso político de reforma del Estado y de construcción de mayorías nacionales en el que puede avanzar un nuevo proyecto unitario de izquierda, esta vez con una política articuladora: la construcción de la paz. Teniendo de fondo este panorama, se puede entender los pasos dados en dirección del Frente Amplio por la Paz en donde una buena parte de la izquierda, de sectores sociales y sindicales y de ciudadanía se congrega para impulsar el proceso y disponer fuerzas para esta etapa decisiva de los diálogos. Desde el horizonte de los movimientos sociales, el paro agrario de 2014 deja fuerzas disponibles en esta misma dirección, un proceso de articulación importante en la Cumbre Agraria y Popular, en donde convergieron fundamentalmente organizaciones campesinas, indígenas, afrodescendientes y plataformas político-sociales, que tuvo logros en el trámite de demandas específicas y en la creación de un escenario de acción política desde los movimientos que incluye la interlocución con el gobierno reelegido. La Cumbre logró un posicionamiento por sus propios medios y es un escenario muy atractivo para otras organizaciones sociales que aún no tiene
  8. 8. protagonismo público; la Cumbre tiene en potencia también la unidad político-social desde la izquierda. Por otro lado, la porción de la izquierda que se opuso a la alianza con Santos dio un paso atrás para afianzar su programa y preparar seguramente la oposición política hacia el próximo periodo de gobierno, para insistir en la viabilidad de un proyecto democrático y anti-neoliberal para Colombia. Paradójicamente la izquierda del Frente Amplio por la paz, sin negarse a esa aspiración, es quien tiene en frente la oportunidad de liderarlo de la mano del compromiso activo con la implementación de los acuerdos de los diálogos de paz e implementación de las reformas sociales y del Estado. Finalmente, las oportunidades puestas sobre la realidad, presentan también amenazas, el Frente Amplio por la paz tiene limitaciones seguramente mayores que las propias del PDA, una de ellas y no menor es la dependencia de Santos y de los diálogos. Pues la reelección de Santos acercó la “derecha tradicional” con el centro y una parte de la izquierda, esta última un poco a regañadientes, dándole la opción a Santos de liderar este agrupamiento con la bandera de los diálogos; la dependencia radica en la disposición de Santos, y con ello la fracción hegemónica del Bloque, para construir y consolidar una nueva alianza multiclasista como fuerza política que impulse las reformas indispensables para el fin del conflicto armado. Esta dependencia es el reto de la izquierda que le implica avanzar en su recomposición y organización interna, de cara a contribuir en un escenario más favorable, diferenciándose al mismo tiempo del establecimiento. Es muy posible que el liderazgo de Santos vaya sólo hasta el fin del conflicto, por el carácter de clase de su proyecto, sin embargo habrá que ver la disposición de las otras fracciones del Bloque que pueda lograr, de eso dependerá su tareas. Del lado de los subalternos los anima la construcción de la paz tras la cual han resuelto acumular fuerzas sin contar con el timonel, en todo caso con la oportunidad de profundizar esta política y colocarla a la altura de la movilización social y popular. *** 1 Se recoge en este artículo el movimiento de las agrupaciones de izquierda, excluyendo la insurgencia. Las razones no tienen que ver con distinguir lo legal de lo ilegal como algunos hacen frecuentemente, pues las modalidades de acción política de la izquierda y la derecha no se reducen a los campos del sistema político. Tampoco es razón porque su política no haga parte del movimiento en general de las fuerzas político sociales, sino por el contrario por meras cuestiones de espacio. Es tarea de un artículo
  9. 9. complementario, seguramente que modifique algunas generalizaciones aquí consideradas y trate el curso de los diálogos. COLOMBIA 2014-2018:APAZ Y SALVO Fuente de la imagen: www.vanguardia.com En el proceso histórico el ser humano se crea a sí mismo. Bienvenidos los tiempos para que las nuevas generaciones de colombianos y colombianas sean hijos y constructores de la paz. Las reformas que necesita el país deben orientarse a garantizar el florecimiento humano de todas y todos, sin distingo alguno. Libardo Sarmiento Ganó la sensatez y la decencia, Colombia votó en favor de la paz. La esperanza triunfó sobre el miedo, afirmó Santos. El centro y la izquierda unidos en el proyecto político de reconciliación, perdón, verdad y fin del conflicto armado, representan 51% de los votos válidos; la extrema derecha, guerrerista y llena de odio, 45%. El 4% de los electores optó por el voto en blanco. Aun cuando la paz no significara más que la ausencia de guerra, de odio, de matanza, de locura, alcanzarla, argumenta el psicoanalista Erich Fromm, figuraría entre los logros más elevados que el ser humano se puede proponer. No obstante, el concepto profético de paz no puede ser definido como ausencia de guerra, es un concepto filosófico y espiritual: implica conciencia, razón, armonía, reconciliación, justicia, verdad, amor, libertad, igualdad, solidaridad y compasión. Además de las reformas estructurales que requiere la sociedad colombiana (en la justicia, la educación, la salud, el desarrollo rural, la distribución del ingreso y el modelo de desarrollo), las instituciones públicas, el sistema educativo, las organizaciones de la sociedad civil, los medios de comunicación y el sector empresarial tienen una amplia responsabilidad en afianzar este concepto profético de paz.
  10. 10. La sociedad colombiana debe emprender un proceso que haga realidad la verdad, la justicia, la reparación y las garantías de no repetición del horror, la barbarie y la demencia de estos últimos cincuenta años. De acuerdo con el informe del Centro Nacional de Memoria Histórica, la violencia prolongada durante más de 50 años y su progresiva degradación han generado impactos y daños devastadores tanto para las víctimas, familiares, comunidades y organizaciones e instituciones públicas, como para el conjunto de la sociedad colombiana. Este informe da cuenta de 220.000 asesinatos producto directo del conflicto armado. De acuerdo con la Unidad de Victimas de la Presidencia de la República el número de afectados por la violencia es de 6,5 millones de colombianos (el 40% de los responsables corresponde a la insurgencia y el 60% a agentes del Estado, paramilitares y bandas criminales). Con el propósito de construir la paz, el trabajo que nos espera por hacer es arduo. Demasiada población es todavía ajena a este anhelo de paz. El potencial electoral de Colombia en estas elecciones presidenciales es de 33 millones, pero en la segunda vuelta no ejercieron su derecho político 17,2 millones de potenciales votantes. Si bien la abstención en junio de 2014 es de 52,1% (disminuyó en cerca de 8 puntos porcentuales entre la 1ª y la 2ª vuelta) se encuentra 2 puntos arriba del promedio histórico, expresando el apoliticismo de la mayoría de la población económicamente inactiva, los desempleados, los trabajadores informales y pobladores populares urbanos y rurales. En concreto, la votación por Santos sólo representa 23,7% (entre la1ª y la 2ª vuelta aumentó de 10 a 23,7%) del potencial electoral. Entre los votos por la extrema derecha (20,9%), la abstención (52,1%) y el voto en blanco y nulo (3,3%) se agrupan tres de cada cuatro personas mayores a 18 años (ver gráficos 1 y 2).
  11. 11. La extrema derecha es un peligro latente para el logro de la paz. Una tercera parte del Congreso elegido en 2014 tiene vínculos con el paramilitarismo y las mafias. Una quinta parte de la población potencial sufragante milita o simpatiza con la ideología de extrema derecha. No pocos de los líderes de estos grupos fascistas y autoritarios son verdaderos psicópatas, esto es, personas de carácter inestable, antisocial y con faltas de empatía, ególatras y mesiánicas, apenas sienten emoción por nada, asesinos que infligen dolor al prójimo sin ningún tipo de remordimiento. Las bases sociales están representadas por gran parte de la lumpen oligarquía, la pequeña burguesía, los terratenientes, transportadores, comerciantes, miembros de los grupos armados legales e ilegales y rentistas del capital. La fragmentación del territorio y de las elites regionales también da cuenta de esta polarización entre la guerra y la paz; aquellas regiones que aun cultivan las mentalidades coloniales e influenciadas del fanatismo religioso son proclives a la barbarie sin fin. La consigna de estos grupos sociales: «todo vale», su cultura la necrofilia. Es clara la relación entre los factores socioeconómicos, de un lado, y los factores caracterológicos, por otro. Colombia, a pesar de triunfar la convocatoria por la paz, es una sociedad polarizada. Entre la primera y la segunda vuelta por la elección presidencial, Santos y Zuluaga aumentaron, en conjunto, 7,7 millones de votos; estos tienen como origen la reducción de la abstención (2,6 millones de votos), la redistribución de los votos del Partido Conservador, el Polo y los Verdes (5 millones) y la baja del voto en blanco (151 mil). La redistribución de estos votos durante la segunda vuelta fue 41% para Zuluaga y 59% para Santos (ver gráfico 3).
  12. 12. El número de votos válidos por la elección de presidente aumentó entre la 1ª y la 2ª vuelta de 12,8 millones a 15,3 millones. La polarización entre la guerra y la paz conmovió a más de un escéptico. El voto en blanco cayó de 6 a 4% del total de votos válidos. Santos duplicó su participación relativa al ser favorecido por 51% de los electores. Zuluaga, ganador en la primera vuelta con el 29,3% de los votos, aumentó a 45% en la segunda vuelta (ver gráficos 4 y 5). La ciudad capital fue clave en estos resultados; a pesar de los errores de las administraciones de izquierda y de los ataques furibundos y continuos de la Cámara de Comercio, los medios de comunicación, los
  13. 13. contratistas y la extrema derecha bogotana, no lograron desanimar a un electorado independiente, demócrata, humanista y amante de la vida digna. En el proceso histórico el ser humano se crea a sí mismo. Bienvenidos los tiempos para que las nuevas generaciones de colombianos y colombianas sean hijos y constructores de la paz. Las reformas que necesita el país deben orientarse a garantizar el florecimiento humano de todas y todos, sin distingo alguno. De acuerdo con la experiencia humanista, todo lo vivo tiene una tendencia primaria a crecer y a desarrollarse; lo destructivo en el ser humano tiene sus raíces en el impedimento y en el fracaso de estas leyes propias de lo vivo. Según Fromm, se puede mostrar que las tendencias destructivas, es decir, las tendencias de las pulsiones de muerte, son el resultado de un fracaso del arte de vivir, del vivir no-correcto, de la indecencia y la inmoralidad. Tal es paz en el sentido profético. La palabra hebrea para decir paz,shalom, traduce «plenitud», «bienestar». La Declaración Universal de Derechos Humanos considera que la libertad, la justicia y la paz en el mundo tienen por base el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana. Sin embargo, la historia humana enseña que la garantía y disfrute de los derechos humanos deben estar fundamentados en una sociedad en paz, orientada por relaciones de amor, solidaridad, justicia, igualdad y libertad. Paz y derechos humanos se implican recíprocamente. En resumen, la democracia, la paz y el desarrollo sostenible requieren de la conciencia, la concertación y el compromiso en torno al bien común entre las instituciones públicas, el sector empresarial y la sociedad civil. Son los tiempos de una ciudadanía educada en el amor, la pluralidad, la dignidad, la compasión y la cultura de la no violencia.

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