R E V I S T R E D E S L A C E P A L 7C E • A A B 7 6 L                                                 A VI TA DE LA      ...
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REVISTA     DE   LA   CEPAL    76   •   ABRIL   2002                               35ca”, entendiéndola, al igual que Garc...
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REVISTA      DE    LA   CEPAL      76   •   ABRIL     2002                                          37tinúa siendo una con...
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"La noción de ciudadanía en el debate latinoamericano" Carlos Sojo (Universidad de Costa Rica)

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  1. 1. R E V I S T R E D E S L A C E P A L 7C E • A A B 7 6 L A VI TA DE LA 6 P L RI 2002 25 La noción de ciudadanía en el debate latinoamericanoCarlos SojoDirector, Sede Costa RicaFacultad Latinoamericana Este artículo examina algunas de las contribuciones más signi-de Ciencias Sociales.csojo@flacso.or.cr ficativas del debate contemporáneo latinoamericano sobre la cuestión de la ciudadanía. El tema ha adquirido importancia fundamental en la justificación de la política pública en todo el continente, sobre todo porque permite imaginar la cuestión social a partir de la integración activa de fenómenos económi- cos, sociales y culturales, y también abordar aspectos de la vida social —como los antagonismos de género, étnicos y ambientales— que plantean grandes desafíos a los regímenes políticos y a la estabilidad de los procesos económicos. Tras una sección introductoria, el artículo pasa revista a las bases conceptuales que originan la reflexión sociológica sobre la ciudadanía, examina las implicaciones del proceso de globali- zación en el análisis e identificación de los problemas asocia- dos a la condición ciudadana, reseña algunos aportes que des- de América Latina contribuyen a ampliar la capacidad explica- tiva y la utilidad práctica del concepto, y, por último, ofrece algunas consideraciones finales. LA NOCION DE CIUDADANIA EN EL B R I L 2 0LATINOAMERICANO • CARLOS SOJO A DEBATE 0 2
  2. 2. 26 REVISTA DE LA CEPAL 76 • ABRIL 2002 I IntroducciónLa revisión sociológica de la cuestión de la ciudada- lo son. En el mundo de la guerra fría las divisionesnía adquirió un nuevo impulso en el despertar europeo ideológicas contribuyeron a facilitar la identificaciónde los rigores autoritarios alentados por la Segunda ciudadana de comunidades a menudo sometidas a do-Guerra Mundial. Este reconocimiento histórico es im- minios políticos autoritarios: los socialistas enfrenta-portante porque parece claro, como lo señala Escalante dos al imperialismo; los capitalistas al comunismo.(1995), que pensar en torno a la cuestión ciudadana Actualmente esta noción de ciudadanía parece corres-tiende a ser un acto cíclico, a menudo posterior a trau- ponder con la noción formal de la “nacionalidad”,mas políticos. En América Latina el renacimiento del porque es el denominador común que identifica a ladebate sobre esta cuestión es contemporáneo con el comunidad ciudadana definida así como “nación”. Noperíodo de transición democrática que se generaliza en obstante, persisten algunas consideraciones político-toda la región desde mediados de la década de 1980. ideológicas que van más allá: las denominaciones re-Por ello la primera afirmación que puede presentarse ligiosas tienden a crear comunidad más allá de loses que el tema de la ciudadanía está íntimamente liga- Estados nacionales, en el más dramático de los ejem-do a la cuestión más general de la forma democrática plos. Las diversidades étnicas, por el contrario, sucum-de gobierno. Una vez establecidos los términos del ben ante la afirmación de una cultura dominante quepacto político prodemocrático, las sociedades inician se considera intérprete y garante de la ciudadanía.un debate respecto de las características particulares de La reflexión sociológica se fundamenta más en laesa relación entre los individuos y el poder, entre el dinámica de la integración social, o bien de la identi-interés particular y las necesidades colectivas, entre ficación de formas de exclusión dentro de entornos“nosotros” y “los otros”. comunitarios que aparecen formalmente homogéneos. En el plano jurídico formal la cuestión de la ciu- Como lo señala Jelin (1993, p.25) no se trata de ladadanía se resuelve por la definición de un marco afirmación ahistórica de un conjunto de prácticas quenormativo de derechos y deberes de observación obli- definen la condición de ciudadanía, sino más bien degatoria para el conjunto de individuos abarcados en unacomunidad histórico-territorial, denominada nación. un ámbito relacional que alude a “una práctica conflic-Los derechos de ciudadanía aparecen así en la carta tiva vinculada al poder, que refleja a las luchas acercaconstitucional que, al mismo tiempo, definen los suje- de quienes podrán decir qué, al definir cuáles serán lostos ciudadanos, y los portadores y beneficiarios de tales problemas comunes y cómo serán abordados”.derechos y deberes. En lo que sigue se pasa revista a algunos elemen- En el orden político-ideológico, la ciudadanía se tos de la discusión conceptual alrededor de la cuestiónrefleja como la autocomprensión dominante que se de la ciudadanía y sus implicaciones en el debate so-define como portadora del contenido integrador de la bre lo político en América Latina. En primer lugar sesociedad, a menudo en una afirmación que no admite analiza el concepto en su formulación clásica de lavalidación empírica. Así, como señala Tenorio (1995), sociología inglesa de posguerra; en segundo lugar serevisando los fundamentos excluyentes de la cultura examinan las implicaciones del proceso de globaliza-cívica gestacional en los Estados Unidos “son ciuda- ción sobre una noción fuertemente anclada en la espe-danos los que son ciudadanos, los que actúan ciuda- cificidad del Estado Nación, un locus en crisis en ladanamente”. La ciudadanía es una afirmación de la era de la trasnacionalización y, por último, se señalancomunidad, que se constituye en especial a partir de ciertas contribuciones basadas en la experiencia lati-la noción del “otro”. Se es ciudadano ante quienes no noamericana de la década de 1990. LA NOCION DE CIUDADANIA EN EL DEBATE LATINOAMERICANO • CARLOS SOJO
  3. 3. REVISTA DE LA CEPAL 76 • ABRIL 2002 27 II Marshall y la noción clásicaLa concepción moderna de la ciudadanía se origina en los quebrantos de la crisis económica y de las no menosel pensamiento del sociólogo británico Thomas H. severas medidas adoptadas para estabilizar economíasMarshall, presentado por primera vez en una serie de y reanudar el crecimiento.conferencias en la Universidad de Cambridge en 1949 Como se sabe, Marshall secciona la noción de ciu-y publicadas al año siguiente bajo el título un tanto dadanía distinguiendo tres elementos: civil, político yengañoso de Citizenship and Social Class. Digo enga- social. Le ha sido muy criticado el hecho de que en-ñoso porque en realidad dicho autor no se ocupa de contró un desarrollo cronológico demasiado secuencial.analizar las posibilidades diferenciales de comprender Pero reconociendo que no se trata de desarrollos autó-los problemas de la ciudadanía desde una teoría de las nomos que ocurren una vez que ha concluido el pro-clases sociales, puesto que más bien advierte que su ceso precedente, que los traslapos son evidentes, comopropuesta en cierto modo responde a una “lógica” dis- él mismo lo advirtió, y sosteniendo que es posible quetinta. Marshall creía que las clases sociales se podían se produzcan avances e incluso retrocesos en cuales-comprender sobre la base de dos procedimientos ana- quiera de los elementos, puede continuarse con menoslíticos: una comprensión ciertamente weberiana según aprensiones la reconstrucción de la propuesta analíti-la cual la clase se fundamenta en la “jerarquía del sta- ca de Marshall. Para él los derechos civiles están com-tus” sustentada por la ley y las costumbres, y una tipo- puestos por “los derechos necesarios para la libertadlogía de clases sociales que se origina en el producto individual”: libertad de expresión, de pensamiento ydel vínculo de las instituciones de propiedad y educa- religiosa, derecho a la propiedad privada y a la con-ción con el funcionamiento de la estructura producti- clusión de contratos y el derecho a la justicia. Losva. En ambos casos, uno referido a la estratificación derechos políticos se relacionan con el derecho a par-precapitalista y, el otro, a las formas más modernas de- ticipar en el ejercicio del poder político, como miem-rivadas de la industrialización, ciudadanía y clase apun- bro de un cuerpo investido de autoridad política o comotan a principios opuestos. ‘Ciudadanía es un status elector de los miembros designados para integrar talesasignado a todos aquellos que son miembros plenos de cuerpos. Los derechos sociales, finalmente, por suuna comunidad. Todos los que posean dicho status son expansión y por la mayor flexibilidad en su diseñoiguales con respecto a derechos y deberes... Clase so- debido a los diferentes problemas que pueden confron-cial, por otro lado, es un sistema de desigualdad. Y tar, son definidos dentro de un rango que va ‘desde eltambién, como ciudadanía, puede basarse en un con- derecho al bienestar y la seguridad económica hasta eljunto de ideales, creencias y valores’ (Marshall, 1992, derecho a compartir con el resto de la comunidad lap. 18).1 La argumentación subsecuente apunta a respon- herencia social y a vivir la vida como un ser civilizadoder una interrogante central, relativa a la forma en que de acuerdo con los estándares prevalecientes en la so-dos principios opuestos, “en guerra”, florecieron en la ciedad’ (Marshall, 1992, p. 8).Inglaterra de los tres siglos anteriores a la mitad del La primera sensación es que mientras la afirma-siglo XX. Aunque su propuesta es muy local, y puede ción e incluso la identificación de los derechos civilesser acusada de múltiples carencias, en especial a la luz y políticos no parece problemática, la tercera defini-de las transformaciones globales de fin de siglo, la ción es extraordinariamente amplia. Por ello es preci-definición de Marshall sigue siendo interesante para so recordar que Marshall se ocupa de identificar lasreflexionar en torno a las posibilidades de consolida- formas institucionales que se corresponden con el de-ción democrática en sociedades que apenas empiezan sarrollo de cada uno de estos derechos. En realidad, aexperiencias de gobierno civil o en otras que, no habien- esto dedica el resto del texto.do sufrido los rigores de la guerra civil, sí han sentido Así, las instituciones garantes y forjadoras de los derechos civiles son las cortes de justicia y el logro de los derechos de ciudadanía civil tiene mucho que1 En este artículo los textos entre comillas simples corresponden a ver con la consolidación de formas de administracióncitas que han sido traducidas del inglés por el autor. de justicia y defensa que sean accesibles para todos LA NOCION DE CIUDADANIA EN EL DEBATE LATINOAMERICANO • CARLOS SOJO
  4. 4. 28 REVISTA DE LA CEPAL 76 • ABRIL 2002desde el punto de vista económico. Los individuos son Esta aplicación “excluyente” de derechos socia-los sujetos primarios de estos derechos. A las cortes les tiene en la América Latina contemporánea algunasles compitió durante el siglo XVIII un papel funda- expresiones nuevas, aunque ciertamente no institucio-mental en la defensa de la libertad individual, incluso nales como las que cuestionaba Marshall. Eso se veráante los poderes públicos. En el campo económico, la más adelante.libertad de trabajo —lo que Marshall denomina ‘el Marshall reconoce que la aplicación y la expan-derecho a seguir la ocupación de nuestra escogencia, sión de los derechos así originados no habían contri-en el lugar que elegimos, sujetos sólo a legítimas exigencias buido hasta su época a una disminución sustantiva dede entrenamiento técnico preliminar’ (Marshall, la desigualdad. La respuesta que esboza está íntima-1992, p. 10)— fue fundamental para el desarrollo del mente ligada a su evaluación del desempeño de loscapitalismo industrial, como lo reconociera Marx a me- derechos sociales en el siglo veinte. Las luchas socia-diados del siglo XIX. Para comienzos de ese siglo la les en ese siglo implicaron una profunda transforma-libertad económica individual era considerada axio- ción de la aspiración de la ciudadanía social desde lomática. que eran intentos de combatir las privaciones sociales Entonces, piensa Marshall, se abre la posibilidad “elevando” el piso de la edificación pero dejando intac-para el comienzo del período formativo de los dere- ta la estructura. El propósito subsecuente es la trans-chos políticos. De lo que se trata no es de ampliar con formación estructural del sistema, convirtiendo —ennuevos derechos los logros de igualdad civil previa- las palabras de Marshall— ‘un rascacielos en unmente alcanzados, sino hacerlos llegar a segmentos bungalow’. Tal transformación, sin embargo, se vecada vez más extensos de la población. ‘En el siglo impedida por “límites naturales”, entre los cuales des-dieciocho —recuerda Marshall— los derechos políti- tacan los procedimientos destinados a combinar pro-cos eran deficientes, no tanto por su contenido, como pósitos de integración social con el sistema de preciospor su distribución; deficientes, es decir, para las exi- de mercado. Marshall concluye que la ampliación degencias de la ciudadanía democrática’ (Marshall, 1992, los servicios sociales no es necesariamente un mediop. 12). Atados durante largo tiempo a la ciudadanía para igualar ingresos, sino un instrumento de ‘enrique-civil, los derechos políticos aparecían como el privile- cimiento de la substancia material de la vida civiliza-gio de una minoría poderosa de hombres blancos y da’. En otras palabras el propósito de los sistemas deacaudalados. Eran menos un derecho y más una “ca- seguridad social no es la eliminación de las diferen-pacidad” de ciertos titulares de derechos civiles. Con cias de ingreso, como en el caso de la supresión de lasel siglo XX los derechos políticos se autonomizan ple- clases sociales así definidas, sino la eliminación de lasnamente, al menos para los hombres, porque se em- diferencias de status social que pueden originarse, entrepiezan a eliminar las restricciones pecuniarias para ele- otras cosas, en desigualdades de ingreso. Otro límitegir y ser electos y se transita claramente hacia el voto está dado por la disponibilidad de recursos para satis-adulto masculino universal. Fundamentados institucio- facer las expectativas crecientes de los individuos.nalmente en los parlamentos y los concejos municipa- Marshall reconoce que el ‘blanco es el movimientoles, los derechos políticos son primariamente colectivos. perpetuo hacia adelante, y el Estado podría ser siem- El origen de los derechos sociales se remonta a pre incapaz de mantener ese ritmo. Se sigue entoncesmediados del siglo XIX, con las políticas de protec- que los derechos individuales deben subordinarse a losción a los pobres y de regulación de ingresos, pero con planes nacionales’ (Marshall, 1992, p. 35). Esta limi-una particularidad semejante a la de los primeros de- tación está condicionada por la fuerza diferencial derechos políticos. Las prestaciones sociales se otorga- las demandas en competencia, y no significa que losban en forma de ayuda a personas que no eran ciuda- derechos individuales queden en la indefensión: pue-danas; es decir, la ayuda social precursora de los de- den defenderse en el ámbito judicial correspondiente,rechos de ciudadanía social se originó en una asisten- mientras los intereses colectivos se originan y venti-cia que negaba la ciudadanía: ‘El estigma ceñido a la lan en el parlamento y los gobiernos locales.ayuda para los pobres expresa un sentimiento profun- La argumentación se dirige por último a la afir-do entre las personas que creen que aquellos que acep- mación de dos paradojas que ilustran la forma en quetan ayuda deben cruzar el sendero que separa la co- el principio del lucro individual, motor de la econo-munidad de los ciudadanos de la compañía proscrita mía de mercado, ha podido convivir y desarrollarse conde los destituidos’ (Marshall, 1992, p. 15). robustez frente a un principio contradictorio como el de LA NOCION DE CIUDADANIA EN EL DEBATE LATINOAMERICANO • CARLOS SOJO
  5. 5. REVISTA DE LA CEPAL 76 • ABRIL 2002 29la igualdad sustentado por el ideal de ciudadanía. En un pública es el motor de los derechos sociales. La nociónpárrafo tan lúcido como lírico, Marshall afirma que: de ciudadanía en la concepción de Marshall apela a ambos principios. Postula que el ciudadano está llama- ‘Los derechos sociales en su forma actual conlle- do ‘a responder el llamado del deber’, al mismo tiempo van una invasión del contrato por el status, la que abre espacio a los motivos del interés individual. subordinación del precio de mercado a la justicia En síntesis, pienso que la evolución de los dere- social, el remplazo de la libertad de comercio por chos de ciudadanía desde sus orígenes civiles hasta los la declaración de los derechos. ¿Pero son estos derechos sociales es el resultado de un enfrentamiento principios tan ajenos a la práctica mercantil de entre los ideales individualistas que impulsan el desa- hoy, o más bien se encuentran ya engarzados con rrollo del capitalismo y una buena parte de los valores el sistema de contratos mismo? Pienso que es muy igualitaristas que empujan la formación del sistema claro que lo están’ (Marshall, 1992, p. 40). político democrático. Este enfrentamiento, que Wolfe (1980) atribuyó al liberalismo y la democracia, Marshall La solución de esta paradoja radica en que la insti- lo ve como el tránsito positivo hacia adelante de dostución de la ciudadanía propone derechos a los indivi- principios opuestos que funcionan armónicamente por-duos pero impone también responsabilidades, las que que se autolimitan. Como señala Bryan Roberts en unse transforman no en un deber de sumisión a la volun- ensayo inédito, Marshall definió ciudadanía como ‘untad absoluta del Estado, sino en una incitación perma- principio de igualdad que coexiste, con dificultad, connente a orientar sus actos hacia el bienestar de la co- la desigualdad social que resulta del juego de las fuer-munidad. zas del mercado… Tiende a ver una ciudadanía ple- La otra paradoja deriva de la relación entre ciu- namente desarrollada cuando se reducen las tensionesdadanos y partes contractuales en la economía de mer- de la desigualdad social inducida por el mercado porcado. El lucro personal es la fuerza que rige el sistema medio del estímulo de la igualdad de oportunidades yliberal de contratos, mientras que la responsabilidad la movilidad social’ (Roberts, ed., 1998, p. 3). III Ciudadanía y globalizaciónEl principal reto en la actualización del pensamiento En un ensayo complementario al estudio dede Marshall es, a mi parecer, la adecuación de sus pro- Marshall, escrito 40 años después por Tom Bottomore,puestas a las condiciones cambiantes del mundo capi- su colega de la London School of Economics, se hacetalista de la época posterior a la guerra fría. Su utili- un sugerente recuento de los efectos que las transfor-dad es innegable porque, como se sugiere en el prólo- maciones globales más significativas de los últimosgo de Robert Moore al texto de Marshall comentado, años pueden tener sobre las reflexiones marshalianasla idea de ciudadanía emerge en el mundo de la pos- en torno a la ciudadanía (Bottomore, 1992).guerra fría no como una expresión del liberalismo que Los acontecimientos globales obligan a hacer unapudo haberla originado en su versión de mitad del si- distinción previa a la consideración de las tres áreasglo XX, sino como manifestación de resistencia a un de derechos ciudadanos definidas por Marshall.liberalismo presuntamente global y presuntuosamente Bottomore rescata la propuesta de otros autores deuniversal, que no conoce como legítima la intervención distinguir entre ciudadanía formal, definida como ladel Estado en la regulación de las relaciones entre las membresía de un Estado Nación, y ciudadanía sustan-personas y el mercado. Ese es en cierto modo el me- tiva, que implica tener derechos y capacidad de ejer-jor de los legados de la noción marshaliana de ciuda- cerlos, con cierto grado de participación en los ámbi-danía. No hay ciudadanía en un mercado total; los tos público y privado, dentro de las tres áreas defini-consumidores no son ciudadanos porque carecen de das por Marshall. Brubaker señala (citado por Botto-derechos. Sólo les compete el deber de la realización more, 1992) que la ciudadanía formal no es requisitodel lucro individual. previo para forma alguna de ciudadanía sustantiva, no LA NOCION DE CIUDADANIA EN EL DEBATE LATINOAMERICANO • CARLOS SOJO
  6. 6. 30 REVISTA DE LA CEPAL 76 • ABRIL 2002es condición suficiente ni necesaria. No es condición nal del Comercio (OMC) han servido para la formaciónsuficiente porque, como las mujeres y los grupos étni- de derechos de alcance global sobre el conocimiento,cos subordinados lo saben muy bien, se puede perte- su difusión y su uso comercial. Los titulares dominan-necer a una comunidad nacional y al mismo tiempo tes de tales derechos no son más individuos ancladosencontrarse excluido del disfrute de ciertos derechos a espacios nacionales, sino corporaciones que actúanacaparados por otros. No es condición necesaria por- en el escenario global.2 Sólo con propósitos ilustrativos,que se puede disfrutar de ciertos derechos sociales, cabe señalar que es notorio, y motivo de denuncia in-civiles y hasta políticos aun sin ser parte de una co- ternacional, cómo el conocimiento consuetudinario demunidad nacional. los pueblos nativos sobre usos curativos de ciertas Esta contribución es trascendental porque permi- especies vegetales y animales termina convertido ente sustraer el debate sobre el tema de la ciudadanía del derecho intelectual de las trasnacionales farmacéuticas.entorno legal formalista y colocarlo en un plano estric- Como lo señala Shiva (2001, p. 166):tamente sociológico. Según Bottomore, la dimensiónformal de la ciudadanía ha quedado en tela de juicio a “La competencia es muy desigual, no sólo por-partir de la expansión de tres fenómenos. Primero, la que las empresas son poderosas y los pobres notendencia creciente a la migración no sólo desde los lo son, sino porque las normas del libre comerciopaíses periféricos a las potencias desarrolladas, sino permiten a las empresas emplear la maquinaria deentre polos de desarrollo dentro de las mismas perife- la nación-Estado para arrebatar recursos a la po-rias, que ha implicado demandas crecientes, sobre todo blación, e impiden a la gente que reafirme y ejer-de derechos sociales, que los Estados no pueden sim- za sus derechos”.plemente desatender aunque quienes así exigen no seanciudadanos formales. Segundo, una tendencia a la La cuestión del desarrollo sostenible, por otrointernacionalización del trabajo legal que exige facili- lado, abre un espacio donde no están claros los lími-dades de desplazamiento y de residencia legal a extran- tes de la libertad individual, la importancia de lo na-jeros. Y tercero, el problema más general de la rela- cional ni incluso la primacía de “lo humano” o “loción entre residencia y ciudadanía, así como la defini- social” como factores de desarrollo. En este sentidoción de “la nación” como el locus exclusivo de la ciu- Van Steenbergen (1994) señalaba el limitado desarro-dadanía. llo del análisis sobre la vinculación entre la cuestión Los derechos ciudadanos sustantivos no se presen- ciudadana y “la problemática ambiental o ecológica”.tan de manera acumulativa y mecánicamente subse- Postula que esta reflexión puede realizarse en tres sen-cuente como podría interpretarse, ciertamente con li- tidos: Primero, enfrentando la visión antropocéntricagereza, en alguna lectura de Marshall. La transforma- de los derechos para incluir en ella los derechos de losción de los países socialistas dejó en claro que los animales o incluso de los seres humanos no nacidos,derechos sociales podían desarrollarse en forma bas- un elemento particularmente sensible en la lucha “portante libre en situaciones de extendida supresión de los la vida” de las organizaciones antiabortistas. Segundo,derechos políticos y civiles. Por otra parte, la reforma en la aproximación ambiental a la cuestión ciudadana,democrática permitió una rápida recuperación de liber- haciendo hincapié en la “responsabilidad” de las per-tades civiles y derechos políticos en esos países y a la sonas por la defensa del mundo natural: este enfrenta-vez ha generado un paulatino aminoramiento de los miento con “la primacía de la sociedad sobre la natu-logros de igualdad social en el sentido marshaliano, es raleza” (Ibid, p. 146) es sin duda un aspecto de impor-decir, más allá de los ingresos. Por otro lado, aunque tancia primordial en el diálogo Norte-Sur sobre lasse tiene bastante información acerca de las deficien- oportunidades de desarrollo, dado que supone una suer-cias en el logro de objetivos vinculados con los dere- te de penalización de los usos sociales del territorio ychos sociales, existen y han emergido nuevas áreas de una disminución de la soberanía de los Estados nacio-carencia alrededor de las libertades civiles y los dere-chos políticos. La cuestión de la propiedad intelectual,a mi parecer, ilustra bastante bien un campo en el que 2 El Convenio sobre Derechos de Propiedad Intelectual Relaciona-la globalización empieza a confrontar seriamente in- dos con el Comercio fue concebido y determinado por tres organi-tereses individuales y beneficios colectivos. Los acuer- zaciones: el Comité de propiedad intelectual, integrado por 12 cor- poraciones estadounidenses; la Federación japonesa de organiza-dos adoptados en materia de protección de propiedad ciones económicas (Keidaren) y la Unión de confederaciones in-intelectual en el marco de la Organización Internacio- dustriales y de empleados de Europa (Shiva, 2001, p. 170) LA NOCION DE CIUDADANIA EN EL DEBATE LATINOAMERICANO • CARLOS SOJO
  7. 7. REVISTA DE LA CEPAL 76 • ABRIL 2002 31nales sobre los recursos naturales. Y tercero, viendo la “Se estructuran —estas identidades— menos des-ciudadanía ecológica global como la resultante de una de la lógica de los Estados que de los mercados;comprensión integral de recursos planetarios a partir en vez de basarse en las comunicaciones orales yde la combinación de opciones basados en el control escritas que cubrían espacios personalizados y sey el cuidado de los recursos. La idea del control se efectuaban a través de interacciones próximas,relaciona con el desarrollo de los medios técnicos, operan mediante la producción industrial de cul-políticos e institucionales para enfrentar las tareas del tura, su comunicación tecnológica y el consumodesarrollo sostenible. La idea del cuidado, por el con- diferido y segmentado de los bienes”.trario, apunta a mirar la tierra como un hábitat, unarelación indisoluble basada en la igualdad de derechos Son, por lo tanto, patrones de integración quede todas las criaturas vivas. responden bien a este escenario global donde la rela- Lo mismo ocurre con las debilidades conocidas ción con el mercado también da sentido de pertenen-del proceso democrático que han sido magistralmente cia y conforma comunidad social. Se trata entonces deexpuestas por Bobbio (1985) en su conocida obra El comprender la globalización no solamente como unfuturo de la democracia. Las limitaciones a la acredi- proceso de ampliación y generalización de intercam-tación de individuos capaces de elegir; la exclusión de bios bursátiles y comerciales o incluso —según hansectores de la población del derecho de representar señalado Held y otros (1999, p. 28)— como un cam-intereses colectivos en la esfera pública; la homoge- bio en los lugares del poder y un distanciamiento deneidad creciente de las ofertas políticas, que disminu- ellos respecto de los escenarios que experimentan susye la posibilidad efectiva de elegir entre opciones al- efectos. Se propone la generalización de una idea deternativas, y el acotamiento del ámbito de las decisio- consumo que supone superar la lógica del individua-nes que se someten a la acción electoral son algunas lismo posesivo (McPherson, 1981) en beneficio de “lade las limitaciones con las que cotidianamente se en- apropiación colectiva, en relaciones de solidaridad yfrenta el ejercicio pleno de los derechos de ciudadanía distinción con otros, de bienes que dan satisfaccionespolítica aun si entendemos, como propone Bobbio, la biológicas y simbólicas” (García Canclini, 1995, p. 53).democracia en su sentido más estrecho como procedi- No obstante, puede pensarse que en lo que toca amiento para la toma de decisiones. Es en este ámbito los derechos políticos y civiles existe, como expresióndonde la cuestión cultural ha implicado una redefi- del proceso de globalización, una tendencia a la uni-nición en marcha de la diversidad de situaciones con formidad, a la definición de parámetros universalmentelas que la globalización confronta la visión tradicional aceptables por encima de diferencias culturales o téc-de ciudadanía. Habermas (1994, p. 25) lo plantea como nicas (como en el caso de los sistemas políticos). Nouna visión de ciudadanía activa donde la organización sucede lo mismo respecto de los derechos sociales, quede los individuos no origina un status legal ante el son los más controvertidos, primero por el alcance deEstado, una credencial, puesto que: las políticas sociales que generan en la actualidad y, segundo, por su definición misma atinente al efecto que ‘...los ciudadanos están integrados en la comuni- deben tener en la estructura social. dad política como partes de un todo, esto es, de De esta última apreciación desprende una argu- una forma tal que sólo pueden constituir su iden- mentación central para la comprensión del fenómeno tidad personal y social en un horizonte de tradi- de ciudadanía, que no fue explorada por Marshall. La ciones compartidas y de reconocimiento institu- definición de los derechos es campo de lucha social, cional intersubjetivo’. es arena de enfrentamiento político y de lucha de cla- ses. Señala el profesor emérito de Sussex: Alude así a rasgos de integración cultural queadquieren renovada importancia al buscar en la adap- ‘Es evidente hoy, que lo que llamamos derechostación de la cuestión de los derechos a las transforma- de ciudadanía, que ahora considero, en un con-ciones sociales y políticas del momento actual. Así, texto más amplio, como derechos humanos, es-resulta esclarecedora la forma en que García Canclini tán en un proceso continuo de desarrollo profun-(1995, p. 30 y siguientes) propone que la formación damente afectado por cambiantes condicionesde identidades posmodernas está fundada en la externas (especialmente en la economía), por latransterritorialidad y el multilingüismo. emergencia de nuevos problemas y la búsqueda LA NOCION DE CIUDADANIA EN EL DEBATE LATINOAMERICANO • CARLOS SOJO
  8. 8. 32 REVISTA DE LA CEPAL 76 • ABRIL 2002 de nuevas soluciones. Un factor principal más o En seguida Bottomore reconoce, un poco a menos constante de este proceso, lo he regañadientes, que a fines del siglo XX algunos anta- enfatizado, ha sido la antítesis entre la estructura gonismos no asociados a la producción (como el de desigual y las consecuencias del capitalismo y el los sexos o las etnias) adquieren una importancia cen- clamor por mayor igualdad realizado por diver- tral, aunque se apresura a indicar que muchos de ellos sos movimientos sociales desde finales del siglo se originan parcialmente en desigualdades generadas dieciocho. En el marco de esta oposición gene- por el capitalismo. Como veremos más adelante, esos ral de intereses y valores, el conflicto entre cla- antagonismos —que ciertamente no pueden compren- ses y partidos clasistas todavía desempeña un derse aislados de la esfera capitalista pero que no le papel protagónico como fuente principal de po- son propios— resultan esenciales para comprender el líticas dirigidas a limitar o extender el ámbito de debate contemporáneo en América Latina en torno al los derechos humanos, y de modo particular el tema de la ciudadanía. Lo esencial de esta contribu- grado de recursos colectivos requeridos para al- ción de Bottomore, a mi modo de ver, es que rescata canzar lo que es definido como las necesidades la centralidad de la acción social en la definición de básicas de todos los miembros de una sociedad lo que una sociedad entiende y defiende como dere- en diversas etapas de su desarrollo’ (Bottomore, chos de ciudadanía en una circunstancia histórica par- 1992, p. 89). ticular. IV América Latina y el tema de la ciudadaníaEl siguiente repaso de algunas contribuciones sobre el estabilización y reforma centradas en la contención deltema de la ciudadanía en América Latina parte por gasto público.3 La cuestión de la sociedad civil haseñalar que el renovado interés por él tiene mucho que permitido el desarrollo de nuevos debates alrededor dever con un proceso de reconciliación de los sectores los sujetos sociales, debates especialmente relevantespolíticos y académicos con la forma democrática del después de la superación de una buena parte de lossistema político. Primero considerada expresión del enfrentamientos político-militares que supusieron ladominio burgués, juego de apariencias para el totali- localización de la relación Estado-sociedad en untarismo de clase, la democracia se ha convertido en un ámbito cargado de determinaciones estructurales rígi-valor indiscutible. No por ello, sin embargo, se ha das. El debate sobre la sociedad civil, aunque todavíaabandonado la actitud vigilante y el señalamiento de muy centrado en aspectos taxonómicos, ha permitidolas carencias que el novel proceso de democratización reconocer la diversidad de procesos sociales y de po-actual en la región presenta, en particular respecto del siciones subjetivas que articulan el movimiento socialdesarrollo social. La búsqueda de posibilidades de contemporáneo.4enfrentar esa nueva relación con la forma democrática La idea de ciudadanía resulta adecuada para en-ha propiciado el surgimiento de debates conceptuales carar los desafíos sociopolíticos de América Latina, enque otrora no fueron considerados y que indudable- mi opinión, por dos razones centrales. En primer lu-mente han enriquecido el conocimiento de la realidad gar, porque parte de un precepto de igualdad que con-política de la región: el tema de la gobernabilidad, la cuerda con el propósito de la modernización democrá-cuestión de la sociedad civil y más recientemente la tica aunque se enfrente a los efectos de las reformasreflexión en torno a los derechos integrales en el mar-co del concepto de ciudadanía responden a ese propó- 3 Véase en Camou (2000) un análisis conceptual sobre goberna-sito. El tema de la gobernabilidad se volvió relevante bilidad que es sensible a las peculiaridades del problema en Amé-cuando las noveles democracias de la región empeza- rica Latina. 4 En el análisis de Biekart (1999) sobre la construcción de la socie-ron a confrontar problemas cotidianos de gestión polí-tica en un horizonte marcado por demandas sociales dad civil en la Centroamérica de posguerra se sintetizan los rasgos más salientes del debate en América Latina a partir de la primacíacrecientes y posibilidades limitadas de respuesta pú- que él observa del enfoque gramsciano, que enfatiza la lucha popu-blica debido a la crisis económica y las políticas de lar contra la hegemonía del mercado y del Estado. LA NOCION DE CIUDADANIA EN EL DEBATE LATINOAMERICANO • CARLOS SOJO
  9. 9. REVISTA DE LA CEPAL 76 • ABRIL 2002 33económicas y de la organización actual de la estructu- transnacionales. Por ello es explicable la concentraciónra productiva. En segundo lugar, porque como lo se- de los estudios conocidos en aspectos vinculados añala Roberts (ed., 1998) permite una aproximación in- carencias particulares, a ciudadanías deficitarias o ategral a las cuestiones políticas, económicas y socia- ciertas subjetividades (por ejemplo, mujeres, etnias,les, que posiblemente sea el único camino para hacer jóvenes en espacios urbanos marginales, etc.). En es-frente a un escenario futuro que parece privilegiar tos casos, aun cuando se trata de análisis específicos,siempre el crecimiento de las empresas por sobre el se reconoce la presencia explicativa de procesos quebienestar de las personas. Es en cierto modo una posi- trascienden la espacialidad nacional. Dicho en otro sen-bilidad de comprender la democracia que no se rela- tido, el denominador común es que se trabaja con cri-ciona sólo con las capacidades del Estado, por un lado, terios de ciudadanía sustantiva y no de ciudadanía for-o con la generación de libertad y riqueza en el merca- mal.do, por otro. Es una oportunidad para reconocer el Desde diversas perspectivas analíticas, el tema depoder liberador de los derechos. Como señala Touraine la ciudadanía se ha instalado en la reflexión sobre el(1995, p. 108): desenvolvimiento político de las democracias latinoa- mericanas enfrentadas en algunos casos a las tenden- “El tema de la ciudadanía significa la construc- cias disgregadoras de una cultura de la globalización ción libre y voluntaria de una organización social que ejerce fuerza centrífuga sobre la formación de que combine la unidad de la ley con la diversi- identidades nacionales. Desde otras perspectivas se ha dad de los intereses y el respeto a los derechos examinado el impacto de la transformación producti- fundamentales. En lugar de identificar la sociedad va en la consolidación de formas menos deficitarias de con la nación, como en los momentos más rele- integración social y, de manera muy especial, se han vantes de la independencia americana o de la estudiado las características de las experiencias de Revolución Francesa, la idea de la ciudadanía da exclusión y de ciudadanías deficitarias, particularmente a la de democracia un sentido concreto: la cons- las relacionadas con la preocupación de los estudios de trucción de un espacio propiamente político, ni género por la evolución de las formas de discrimina- estatal, ni mercantil”. ción contra las mujeres. No está demás señalar que una parte significativa del debate regional sobre la cuestión El retorno a la ciudadanía se presenta entonces de la ciudadanía se origina en las contribuciones delcomo una oportunidad para devolver a lo social la pensamiento feminista latinoamericano a la compren-centralidad en el análisis del rendimiento de los siste- sión de los límites de la participación plena de lasmas políticos y económicos. En la diversidad de estu- mujeres en el ejercicio de los derechos ciudadanos quedios latinoamericanos sobre el tema se distingue este les corresponden.propósito mayor. En particular, sin embargo, debe re- La ciudadanía como identidad ha sido muy bienconocerse que el tema de la ciudadanía ha sido poco tratada, como hemos señalado antes, en la propuestaabordado desde perspectivas integrales y se ha concen- de García Canclini (1995) en su estudio sobre los con-trado mucho más en el análisis de problemas de ciu- sumos y las políticas culturales. Su argumentacióndadanías específicas, para plantearlo de algún modo. parte del efecto de uniformación que la globalizaciónLos estudios nacionales abordan el tema haciendo hin- ejerce sobre las identidades nacionales, las que repre-capié en aspectos particulares, como la cuestión étnica, sentan un sentido de igualdad pero, sobre todo, unala cuestión cultural o los problemas políticos y socia- conciencia de la diferencia: “La ciudadanía y los de-les, pero no es usual encontrar análisis que ponderen rechos no hablan únicamente de la estructura formalla cuestión ciudadana en sus múltiples dimensiones en de una sociedad; además, indican el estado de la lu-sociedades concretas. Esta ausencia relativa, hasta cha por el reconocimiento de los otros como sujetosdonde hemos podido indagar, de estudios integrales de ‘intereses válidos, valores pertinentes y demandassobre las tres dimensiones de la cuestión ciudadana, legítimas’.” (Ibid., p. 21) En su argumentación Garcíapuede ser un claro indicador de que los problemas de Canclini postula que la condición de consumidor es lociudadanía en América Latina están poco centrados en que integra cada vez más a las comunidades naciona-coordenadas geopolíticas y de Estados nacionales, les y que en el proceso de globalización esa mismaporque se entiende que los procesos que generan esos condición se desprende de los vínculos originarios yproblemas están también localizados en espacios se redefine: LA NOCION DE CIUDADANIA EN EL DEBATE LATINOAMERICANO • CARLOS SOJO
  10. 10. 34 REVISTA DE LA CEPAL 76 • ABRIL 2002 “Una nación, por ejemplo, se define poco a esta nes, servicios y símbolos) que han sobredimensionado altura por los límites territoriales o por su histo- la fuerza del individualismo y minimizado la impor- ria política. Más bien sobrevive como una comu- tancia de la cohesión nacional. No obstante, puede nidad interpretativa de consumidores, cuyos há- indicarse que lo que aparece como explicativo de una bitos tradicionales —alimentarios, lingüísticos— situación cultural generalizada puede desarrollarse con los llevan a relacionarse de un modo peculiar con mayores o menores matices en distintas dimensiones. los objetos y la información circulante en las redes Por ejemplo, es obvio que los flujos de comunicación, internacionales. Al mismo tiempo, hallamos co- y por consiguiente la información disponible para munidades internacionales de consumidores —ya orientar la gestión ciudadana de los consumos, son mencionamos las de jóvenes y televidentes— que mucho mayores en zonas urbanas que en entornos dan sentido de pertenencia donde se diluyen las rurales y aunque es cierto que la región se encuentra lealtades nacionales” (Ibid., pp. 49-50). en un proceso intensivo de urbanización, algunos paí- ses continúan siendo predominantemente rurales, como Al finalizar su reflexión el autor se interroga so- los de Centroamérica. La creación de una cultura debre los efectos de estos nuevos asideros de identidad la vida informal, resultante de la ampliación de redespara la formación de ciudadanías en lo que denomina no mercantiles de intercambio y producción, coloca ala “participación creciente a través del consumo”. Está una proporción cada vez más importante de la pobla-consciente de que la racionalidad del beneficio indivi- ción de las ciudades latinoamericanas al margen de ladual que orienta el consumo no favorece necesariamen- racionalidad de un consumo que, visto desde la lógicate propósitos de solidaridad y bien común. No obstan- del capital, sólo atiende intereses individuales. La ri-te, reconoce que muchos antagonismos que son cen- gidez de los mercados de trabajo ha propiciado el de-trales en los planos nacionales se desarrollan y venti- sarrollo de formas de capital social que no relacionanlan en entornos más amplios e informados de lo que las prácticas de producción y consumo con el lucro in-acontece a su alrededor. Propone entonces la restaura- dividual y el ideal de la competencia, sino más biención de una acción “política” para convertir a los con- con prácticas de cooperación y redes de solidaridad,sumidores en ciudadanos por medio de la redefinición que crean beneficios colectivos mucho más que ganan-del rol social del mercado y de la integración social cias individuales (Pérez Sáinz, 1996). No se trata so-por medio de “subsistemas culturales” que no se defi- lamente de adscripción a flujos transnacionales alter-nen en la socioterritorialidad nacional. nativos, sino más bien de una estrategia local de for- El meollo de su propuesta estriba en la compren- mación de identidades sociales que permite la incor-sión de los requisitos previos del tránsito de consumi- poración a las redes dominantes de la cultura transna-dores a ciudadanos y no, como podría afirmarse, en la cional.supresión de los consumidores por un ciudadano utó- Calderón, Hopenhayn y Ottone (1996) aportan apico, altivo, que atiende el interés colectivo antes que esta reflexión una propuesta de ciudadanía extensa queel individual. Los requisitos de una sana articulación procura ubicar vínculos funcionales entre las exigen-del consumo con el ejercicio de la ciudadanía son tres: cias del desarrollo económico y las necesidades de lai) acceso fácil a una oferta vasta, diversificada y re- integración social. Su contribución además plantea unpresentativa de los mercados de bienes y mensajes; tema central en la definición de los nuevos contornosii) control de la calidad de los productos, basado en de la ciudadanía sustantiva que se refiere a la construc-una adecuada información y capacidad de resistencia ción de identidades basadas en una comprensión noa la propaganda, y iii) “participación democrática de antagonista de la otredad. La ciudadanía extensa no selos principales sectores de la sociedad civil en las de- construye más en la afirmación de una identidad con-cisiones del orden material, simbólico, jurídico y po- traria a “los otros”, sino de una identidad solidaria ylítico donde se organizan los consumos: desde la ha- cooperativa. En su propuesta la idea de ciudadaníabilitación sanitaria de los alimentos hasta las concesio- adquiere “complejidad semántica” y contribuye a lanes de frecuencias radiales o televisivas...” (García ampliación de la noción de integración social y políti-Canclini, 1995, pp. 53). ca en tres sentidos: Ante todo, “mayor equidad produc- Observo en la propuesta de García Canclini una tiva” que alude a las capacidades de incorporación enpreocupación correcta por la identificación de meca- los ejes dinámicos del crecimiento económico y quenismos de construcción de ciudadanía en un entorno por ello modifican el acceso al disfrute de bienes yque está dominado por relaciones de consumo (de bie- servicios. En segundo lugar, “mayor equidad simbóli- LA NOCION DE CIUDADANIA EN EL DEBATE LATINOAMERICANO • CARLOS SOJO
  11. 11. REVISTA DE LA CEPAL 76 • ABRIL 2002 35ca”, entendiéndola, al igual que García Canclini, como un entorno macrosocial y macropolítico sujeto a pro-la ampliación de las capacidades de obtener y mane- fundas transformaciones, como resultado de la gene-jar información, así como de acceder a las redes de ralización de la forma democrática de gobierno enconsumos culturales; esta equidad simbólica es crucial forma simultánea con un programa de reformas eco-para la formación de capacidades de diagnóstico acer- nómicas que resitúa a las economías, las posicionesca del déficit de ciudadanía, para la formación de de- estructurales de los individuos y el papel del Estadorechos y para el cumplimiento de normas, y está ade- frente al crecimiento y el desarrollo económico. Estosmás indisolublemente ligada a la transformación de los son elementos nuevos que, desde la perspectiva lati-espacios públicos en la dirección del buen gobierno: noamericana, se reconocen como primordiales para lamás transparencia, más información y mayor capaci- restauración de la noción de ciudadanía.dad de interpelación de los gobernantes por los gober- Más allá de esas preocupaciones y más acá de lanados. El tercer y último elemento que señalan los experiencia vital se halla un conjunto de reflexiones enautores concierne a una mayor equidad en el ejercicio torno a la ciudadanía, que parte ante todo de la nece-de los derechos en un plano de reconocimiento de la sidad de una reconstrucción semántica “desde abajo”existencia de otras identidades. y, después, de la denuncia de derechos cercenados y Calderón, Hopenhayn y Ottone (1996) reconocen de ciudadanías deficitarias.que los avances en los procesos de integración social En un aporte para la “construcción desde abajo”considerados en el plano de ciudadanías extendidas no de ciudadanía, Jelin (1993) entrega una interpretaciónocurren de modo secuencial y ordenado. Por el con- del concepto anclada en dos consideraciones básicas:trario, señalan que hay una tendencia a la ampliación la construcción social de los derechos y el carácterde la equidad en el plano simbólico que mejora las “revolutivo” de los mismos, en la medida en que ge-capacidades ciudadanas de escrutinio de la gestión neran responsabilidades de conciencia colectiva. Jelinpública. Pero ese proceso de formación y ampliación advierte que el derecho esencial es “el derecho a tenerde expectativas no se corresponde con una tendencia derechos”, según lo rescata de la propuesta de Arendta la disminución de la equidad productiva. Esta mis- (1973). Y más adelante afirma que esto es indispensa-ma paradoja puede reconocerse cuando, en la termi- ble para el reconocimiento de la plasticidad de losnología marshaliana, el avance de los derechos de ciu- derechos y de su posibilidad de instalarse en una lógi-dadanía civil y política crea conciencia sobre las limi- ca incrementalista.taciones de la ciudadanía social. Como lo plantean La dinámica de construcción social de derechosdichos autores: y deberes tiene de particular en América Latina que se da en medio de experiencias de transición democráti- “La asincronía entre una tendencia más lenta en ca y con prácticas socioculturales destinadas a preser- los procesos de integración socioeconómica (pro- var rasgos de identificación colectiva en el entorno movidos por efecto de la transformación produc- político-autoritario. Por ello el desafío de la construc- tiva y racionalización social) y una tendencia más ción de ciudadanía aparece asociada por un lado a la intensiva de integración en el nivel simbólico y responsabilidad estatal de consolidación de institucio- cultural (por efecto de la apertura política demo- nes democráticas y, por el lado de la sociedad, a la crática y la industria cultural) podrá constituir, en gestación de prácticas nuevas y la adecuación de las los próximos años, un importante núcleo temáti- anteriores, autoritarias y solidarias, para hacerlas co en la lucha por la ciudadanía en buena parte concordantes con los ideales democráticos y sus pla- de las sociedades de la región” (Ibid., 1996, p. 78). nos institucionales. Está claro que una revisión contemporánea sobre “Desde la perspectiva de la formación de sujetos,la cuestión de la ciudadanía debe incorporar el efecto el tema es el aprendizaje de las expectativas recí-de contar con flujos de información y comunicación procas en los vínculos con las(los) otras(otros):más avanzados que acercan a los individuos la posibi- ¿Qué derechos tengo? ¿Cuáles son mis responsa-lidad de reconocer y seleccionar opciones de política bilidades? Este proceso implica un doble juego eno de consumo, en mayor medida que en un pasado el que simultáneamente reconozco cuáles son lasseñalado por la centralización autoritaria de la infor- responsabilidades del otro hacia mí (y mis dere-mación y el conocimiento. Además, la restauración del chos) y aprendo cuáles son mis responsabilidadesanálisis sociológico de la ciudadanía debe reconocer hacia el otro. Proceso que no sólo implica este LA NOCION DE CIUDADANIA EN EL DEBATE LATINOAMERICANO • CARLOS SOJO
  12. 12. 36 REVISTA DE LA CEPAL 76 • ABRIL 2002 aprendizaje de expectativas y conductas respon- danía. Este proceso se puede dar por asimilación o por sables sino también cómo definir la amplitud del inclusión. Según señalan Bareiro y Clough, la asimi- espacio de la responsabilidad de cada sujeto” lación supone la homogeneización del grupo y, en (Jelin, 1993, p. 34). consecuencia, la incorporación se da una vez que los excluidos adquieren las características de los incluidos. Este proceso de identificación de derechos a par- La inclusión, por el contrario, acepta las diferencias detir de un juego de dilucidación de responsabilidades los miembros y los integra en su diversidad. Aunquepropias y ajenas es determinante en la reconstrucción las autoras reconocen la utilidad de esta distinción entrefeminista de la cuestión de la ciudadanía que, como posibilidades de integración social para el debate so-hemos señalado, se encuentra en la base de la mayor bre la diferencia, esencial para la cultura política fe-parte de las exploraciones teóricas y empíricas alrede- minista, no elaboran acerca de ella. Sin embargo, esdor de este concepto en la América Latina contempo- evidente que uno y otro de los mecanismos señaladosránea.5 Las autoras Bareiro y Clough (1996, p. 29) tienen consecuencias altamente diferenciadas.indican que la aproximación feminista a la cuestión de Consideremos en este sentido algunos procesosla ciudadanía se ha centrado en dos consideraciones: contemporáneos. Las medidas de compensación social,primero, el diseño de estrategias para insertar a las por ejemplo, tienden a la igualación por ingresos, peromujeres en los espacios públicos con pleno reconoci- no desarrollan medios para eliminar otras desigualda-miento de sus derechos tradicionales y específicos des que impiden el disfrute de ciudadanías plenas a(como los relacionados con la sexualidad, el trabajo, mujeres y hombres. La aceptación de la diversidad enla violencia); segundo, una exploración de las lógicas los órdenes civil y político de la ciudadanía, comode la conquista de derechos, de la formación subjetiva puede quedar de manifiesto en el proceso de incorpo-(lo que implica revalorizar la agenda política), de la ración de los pueblos indígenas a los sistemas políti-participación ciudadana y del tema del poder. cos de elección y gobierno, no incluye aceptación res- Las autoras citadas proponen revisar el origen del pecto de sus derechos sociales. O como ocurre con lasconcepto de ciudadanía plena como un aporte a la mujeres en el plano de la política, la aceptación en suaspiración del feminismo latinoamericano de alcanzar- diversidad de su derecho a elegir no implica necesa-la. Centrándose en una propuesta rastreada hasta riamente que haya la misma intención de inclusiónTalcott Parsons, destacan la importancia de identificar respecto a su derecho de participar en el proceso delos mecanismos que gobiernan el proceso de inserción toma de decisiones y en las estructuras de poder.de grupos excluidos en el disfrute pleno de la ciuda- V Consideraciones finalesPensar la política en clave de ciudadanía, originalmente ella son severos, más agudos para mujeres y etnias,una aspiración de analistas liberales, es hoy, especial- pero generales. Las carencias no son sólo de derechosmente en América Latina, una demanda política pro- sociales, pero es evidente que la formación de respon-piamente tal. Esto quiere decir que la ciudadanía, más sabilidades colectivas para la construcción de sistemasque una práctica consolidada, es una aspiración social sociales no excluyentes es requisito indispensable paraen una región donde los déficit de ejercicio pleno de la consolidación de la democracia. Dicho en otras pa- labras, el desarrollo democrático sin derechos sociales es posible pero no es sostenible.5 Véase una muestra de las reflexiones en torno al tema de la mujer Las carencias de otras formas del derecho ciuda-y la ciudadanía en la compilación de ponencias presentadas en elTaller “Mujeres, Participación Política y Ciudadanía”, organizado dano son notorias en sistemas políticos cada vez máspor la Maestría Regional en Estudios de la Mujer (1997) de la monocromáticos y ajenos al escrutinio popular. La li-Universidad de Costa Rica. En lo que en particular concierne a la bre empresa o libertad económica, centro de los dere-exclusión de los derechos políticos, puede verse García Prince(1997). chos civiles en el entorno social del capitalismo, con- LA NOCION DE CIUDADANIA EN EL DEBATE LATINOAMERICANO • CARLOS SOJO
  13. 13. REVISTA DE LA CEPAL 76 • ABRIL 2002 37tinúa siendo una condición elitista. Uno de los princi- nes materiales y simbólicos ya no pasan por ahí, lapales signos del presente es que aunque es posible que segunda porque lo poco que todavía depende de lasla reorganización productiva impuesta por la globali- voluntades nacionales no la favorece.zación no esté generando mayor exclusión absoluta, La reconstrucción de la ciudadanía, por lo tanto,porque la pobreza extrema al menos no tiende a au- exige integración social en diversos planos. Nacionalmentar de manera generalizada, hay cada vez mayor y transnacional, porque no se puede aspirar a la con-evidencia de su capacidad para crear desigualdad y ello solidación de identidades de aislamiento. La ofuscaciónconduce a crear situaciones de exclusión. Los ciuda- de los nacionalismos, como queda de manifiesto en eldanos modelo de la globalización son los “hiper-ciu- desconcierto del Este europeo, es expresión de la im-dadanos”, que no adscriben a identidades nacionales posición autoritaria de la ciudadanía formal. Las nue-acreditadas por el Estado y que transitan en los flujos vas identidades pasan por el reconocimiento de unotransnacionales del comercio, la información y el ca- mismo y el de los “otros” en el espacio nacional y fuerapital. Los demás quedan en una condición “preciuda- de él. La nueva reconstrucción exige también su ins-dana”, en la cual la identidad es producto de la caren- talación en coordenadas a la vez socioeconómicas ycia común y de la limitada participación en los bene- políticas: los derechos al bienestar no pueden ser aje-ficios más elementales de la pertenencia ciudadana: en nos a la libertad y ésta no existe en un ambiente delo civil, el derecho a la contratación libre no está más privaciones y de desesperada lucha por la superviven-disponible para contingentes de población lanzados al cia cotidiana. La ciudadanía plena de hombres y mu-desempleo permanente o al autoempleo de subsisten- jeres es integral, aunque todavía tiene sentido el exa-cia; en lo político, sufren la invisibilidad como sujetos men segmentado de sus deficiencias.porque están fuera de las listas de electores o de candi- Por último, toda aspiración reconstructiva de losdatos; y en lo social enfrentan el hecho de que —hoy ideales de ciudadanía debe partir del reconocimientocomo ayer— claramente no hay automatismo en la re- de su heterogeneidad semántica y de su connotaciónlación crecimiento económico y bienestar social. En de constructo social. Es decir, la lucha por la ciudada-último análisis, sin embargo, la “hiperciudadanía” y la nía es acción cotidiana permanente, espacio de conflic-“preciudadanía” comparten una suerte de divorcio con to y antagonismo social. La ciudadanía plena es lalo público, cuando es sinónimo de lo estatal nacional. utopía y, como se sabe, nadie ha encontrado la isla deLa primera porque los flujos de acumulación de bie- los sueños de Moro. BibliografíaArendt, H. (1973): The origins of totalitarianism, Nueva York, Escalante Gonzalbo, F. (1995): El problema de la ciudadanía. Harcourt, Brace & World. Moralidad, orden y política, Estudios Sociológicos, Vol. XIII,Bareiro, L. y J. Clough Riquelme (1996): Nuevas voceras de la N° 39, México, D.F., El Colegio de México. ciudadanía plena. Borrador para los debates de la plenaria del García Canclini, N. (1995): Consumidores y ciudadanos. Conflic- PMGL de la Unión Internacional de Autoridades Locales tos multiculturales de la globalización, México, D.F., Grijalbo. (IULA)/ Centro Latinoamericano de Capacitación y Desarro- García Prince, E. (1997): Derechos políticos y ciudadanía de las llo de Gobiernos Locales (Celcadel), realizada en Cochabam- mujeres. 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