Monografía sobre filosofía

1,126 views

Published on

Una monografía sobre la filosofía y las premisas del lenguaje.

Published in: Education
0 Comments
0 Likes
Statistics
Notes
  • Be the first to comment

  • Be the first to like this

No Downloads
Views
Total views
1,126
On SlideShare
0
From Embeds
0
Number of Embeds
4
Actions
Shares
0
Downloads
16
Comments
0
Likes
0
Embeds 0
No embeds

No notes for slide

Monografía sobre filosofía

  1. 1. UN DISCURSO SIN AMBIGÜEDADES EN LA FILOSOFÍA Introducción. El tema a tratar en está monografía es: cómo buscaron expresar los filósofos las ideas en el lenguaje sin producir ambigüedades. El trabajo se dividirá en cuatro partes. En la primera parte se presentará un recorrido histórico por las escuelas más importantes del pensamiento filosófico. La segunda, tratará acerca de los filósofos de los siglos XVII y XVIII y la dificultad que tenían al momento de formular las preguntas filosóficas y poner las ideas en palabras; esta situación se ejemplificará con un cuento de Sheckley, “Preguntas ingenuas”. La tercer parte se referirá al período de la filosofía que buscaba conseguir un discurso público correctamente establecido del conocimiento: en esta etapa lo que se busca encontrar es la verdad de las proposiciones. Aparecen varias teorías acerca del significado y se trabaja sobre el concepto de verificación. En el cuarto apartado, se llega a la conclusión de que el estudio de las cuestiones lingüísticas se volvió algo excesivo lo que produjo una estrechez en el análisis filosófico, sin embargo, como positivo decantó en mostrar que el lenguaje no era algo estable y estructurado, ni representativo mediante la experiencia de una realidad sino que es construcción de la humanidad. Algunas consideraciones de la historia de la Filosofía. La Filosofía griega surge a partir de las primeras reflexiones de los presocráticos, centradas en la naturaleza, teniendo como base el pensamiento racional o logos. El objetivo de los filósofos presocráticos será encontrar el arjé, o elemento primero de todas las cosas, origen, sustrato y causa de la realidad o cosmos. La búsqueda de una sustancia permanente frente al cambio, de la esencia frente a la apariencia, de lo universal frente a lo particular será lo que siente las bases de las posteriores explicaciones filosóficas. Se podría decir que la Filosofía es una ciencia, pero lo difícil es definir qué tipo de ciencia es y cuál es su objeto de estudio, si se tiene en cuenta que cualquier objeto puede servir para la reflexión filosófica. 1
  2. 2. El inicio de la historia de la filosofía occidental se sitúa en Grecia hacia el siglo VII a. C., en las colonias de Jonia. Suele considerarse como primer filósofo a Tales de Mileto, uno de los Siete sabios de Grecia, que fue además astrónomo y matemático. Los grandes períodos en los que se suele dividir la historia de la filosofía occidental no son absolutamente precisos, ya que el pensamiento filosófico no ha seguido una evolución lineal, sino con avances y retrocesos. La filosofía griega abarca desde el siglo VII a. C. hasta el siglo III a. C.; pero su influencia se ha prolongado hasta nuestros días, llega hasta nosotros aún el pensamiento de las escuelas de Platón y Aristóteles (siglo IV a. C.). La principal característica de la filosofía griega es el esfuerzo de la razón humana por explicar todos los fenómenos cósmicos y humanos mediante análisis y argumentos racionales sin acudir a explicaciones de carácter mítico o religioso. Para la escuela jónica, la filosofía se confunde con la física. Estos filósofos por buscar la esencia universal en un substrato material son considerados como filósofos naturalistas. Para la escuela pitagórica se incluye las matemáticas dentro de la filosofía. Para esta escuela la explicación de los fenómenos se encuentra en las relaciones cuantitativas. La escuela eleática da un paso a la abstracción, debido a que considera el principio de todo lo existente como algo inmutable que no es percibido por los sentidos: el ser puro. Heráclito fue el filósofo que estableció un puente entre las dos concepciones mencionadas: entre el ser puro y el mundo fenoménico. Heráclito afirma que el fundamento de todo está en el cambio incesante, el ente deviene, todo se transforma en un proceso de continuo nacimiento y destrucción al que nada escapa. El filósofo Anaxágoras acepta que todo existe desde siempre. Es así que sostenía que la materia está formada por diminutas partículas (semillas (spermata) como él mismo las llamaba) que se diferencian cualitativamente en color, forma y sabor. Estas semillas son indivisibles, imperecederas e infinitas, agrupándose en distintas proporciones para formar los distintos elementos. Por otro lado, hizo formar parte de su explicación de la realidad al concepto de nous, inteligencia, la cual, siendo un «fluido» extremadamente sutil, se filtra por entre los recovecos de la materia, a la que anima con su movimiento. El nous penetra algunas cosas y otras no, con lo que se explica, siguiendo a Anaxágoras, la existencia de objetos animados e inertes. (Kirk J. S.) 2
  3. 3. En el siglo V a. c. aparece la figura de Sócrates quien rechazó el relativismo moral y gnoseológico de los sofistas en lo que concierne a la búsqueda de una definición universal. Sócrates pretendía alcanzarla mediante el método inductivo, esta búsqueda no sólo tenía una intención teórica, sino sobre todo práctica. Conceptos como la “bondad” o la “justicia” para el relativismo no son susceptibles de una definición universal: son el resultado de una convención, lo que hace que lo justo en una ciudad pueda no serlo en otra. Sócrates, por el contrario, está convencido de que lo justo ha de ser lo mismo en todas las ciudades, y que su definición ha de tener un mismo valor para todos. La búsqueda de la definición universal se presenta como la solución del problema moral y la superación del relativismo. Lo cierto es que en los diálogos socráticos de Platón no se llega nunca a alcanzar esa definición universal. Todo parece indicar que la intencionalidad de Sócrates era práctica: descubrir aquel conocimiento que sirviera para vivir, es decir, determinar los verdaderos valores a realizar. El conocimiento se busca estrictamente como un medio para la acción. De modo que si conociéramos lo "Bueno", se podría actuar conforme a él; la falta de virtud en nuestras acciones sería identificada pues con la ignorancia, y la virtud con el saber. Platón fue alumno de Sócrates y maestro de Aristóteles. Su influencia como autor y sistematizador ha sido incalculable en toda la historia de la filosofía, Su teoría más conocida es la de las Ideas o Formas. En ella se sostiene que todos los entes del mundo sensible son imperfectos y deficientes, y participan de otros entes, perfectos y autónomos (Ideas) de carácter ontológico muy superior y de los cuales son copia, estos entes no son perceptibles mediante los sentidos. Cada Idea es única e inmutable, mientras que las cosas del mundo sensible son múltiples y cambiantes. La contraposición entre la realidad y el conocimiento es descrita por Platón en el célebre mito de la caverna, en La República. Para Platón, la única forma de acceder a la realidad inteligible era mediante la razón y el entendimiento; el papel de los sentidos queda relegado y se considera engañoso. Sin embargo el entendimiento y la inteligencia son para Platón aquellas operaciones de las que se obtiene el conocimiento. (Chamben) La diferenciación de los campos de investigación y la organización del conocimiento la realiza Aristóteles. A diferencia de su maestro, Platón, Aristóteles se inclina a los datos sensibles y hechos concretos en vez de ir primero al pensamiento y después a lo empírico. No dejó de lado las enseñanzas de Platón, sino que "ató los cabos 3
  4. 4. sueltos" y desarrolló las ideas de su antiguo maestro. Para Aristóteles, la idea de participación platónica no explica la verdadera realidad de la physis (de los procesos naturales). Aristóteles admite como Platón y Sócrates que la esencia es lo que define al ser, pero la diferencia está en que la esencia es la forma, que está unida inseparablemente a la materia y juntos constituyen el ser, que es la sustancia. La afirmación de la importancia del conocimiento sensible, del conocimiento de lo singular para llegar a lo universal, abrió posibilidades a la investigación científica. Pasando por alto a la Filosofía helenística, encontramos la inserción del elemento místico en la Filosofía cristiana de los primeros padres de la iglesia católica, el mayor representante de esta doctrina es San Agustín. En su concepción considera a un Dios creador, el cual mediante la nada crea al mundo. Concepción muy diferente a la que tenían los griegos que creían que el mundo era eterno, es decir, que siempre había estado como un continuo. San Agustín comienza la búsqueda de la verdad de una manera casi desesperada. A los diecinueve años rechazó la fe en nombre de la razón. Sin embargo, poco a poco va descubriendo que la razón y la fe no se oponen, sino que su relación es de colaboración. Si no existiese el pensamiento, no existiría la fe. La fe y la razón son dos campos que necesitan ser equilibrados y complementados. San Agustín quiere comprender el contenido de la fe, demostrar la credibilidad de la fe y profundizar en sus enseñanzas. La filosofía neoplatónica influyó en su doctrina. Tomó conceptos de esta filosofía por ser cercana a la del cristianismo, pero la corrigió de acuerdo a sus preceptos. Los principios que componen y en los que se inspira la filosofía de San Agustín son la interioridad, participación e inmutabilidad. Con el primer principio hace que el hombre se vea a sí mismo con la finalidad de que se dé cuenta que hay algo en él que trasciende, para lograr demostrar la existencia de Dios, la espiritualidad del alma y la inmortalidad de la misma, con esto explica la “Trinidad”. En el segundo principio se busca hacer entender el “bien” por su misma naturaleza y esencia. Este bien puede ser limitado o el bien sumo, tiene que ver con la participación del ser, la verdad y el amor. Respecto al tercero, a la inmutabilidad, el ser verdadero, genuino y auténtico es sólo el ser inmutable. No existe de alguna forma o en cierta medida, sino que es el Ser. Este principio vale para distinguir al ser por esencia del ser por participación. 4
  5. 5. Esta filosofía da paso a la Escolástica, que eran especulaciones filosóficas teológicas que se realizaban en las escuelas claustrales por lo cleros en la Edad Media. Esta escuela se esforzaba por conciliar la fe con la ciencia. La verdad, según los escolásticos estaba en las Sagradas Escrituras, pero también en las obras de los antiguos filósofos, como por ejemplo Aristóteles y Platón. Para descubrir la verdad era importante el aparato lógico aristotélico con su silogismo. Lo que se buscaba era validar la fe mediante argumentos lógicos y la reflexión filosófica. Ideológicamente la escolástica evolucionó en tres fases, a partir de la inicial identificación entre razón y fe, ya que para los religiosos el mismo Dios es la fuente de ambos tipos de conocimiento y la verdad es uno de sus principales atributos, de forma que Dios no podía contradecirse en estos dos caminos a la verdad y en última instancia, si había algún conflicto, la fe debía prevalecer siempre sobre la razón, así como la teología sobre la filosofía. De ahí se pasó a una segunda fase en que existía la conciencia de que la razón y la fe tenían sólo una zona en común. Por último, ya a fines del siglo XIII y comienzos del XIV, en una tercera fase, la separación y divorcio entre razón y fe fueron absolutos, así como entre filosofía y teología. La unión entre la ciencia y el dogma se quiebra con la obra de Duns Scoto y Guillermo de Occam, la Filosofía se empieza a independizar de la Religión. Dos acontecimientos intervienen en este proceso: el Humanismo; la tendencia del hombre a interesarse en sí mismo y no en Dios como antes y el Renacimiento; movimiento que recupera los escritos de la antigüedad clásica y se siente influenciado por los mismos. Estos hechos provocan una renovación en la ciencia: el hombre deja de interesarse en lo divino y empieza a interesarse en lo que hay en torno a él, las ciencias de la naturaleza cobran un rol protagónico. En búsqueda de las proposiciones ideales. Desde el principio de la humanidad el hombre se planteó interrogantes sobre lo que lo rodeaba y sobre sí mismo. Algunos de los primeros interrogantes fueron acerca de la muerte, el fin y el valor de la vida. Los problemas se pueden dividir en tres campos. El primero sería el problema teleológico: tiene que ver con saber cuál es la finalidad de nuestra existencia, del mundo y con lo que debemos hacer para ajustar 5
  6. 6. nuestra conducta a normas preestablecidas por un mundo ya formado con una finalidad. El segundo problema es el gnoseológico: tiene que ver con el límite y el valor de nuestros conocimientos. El tercero es el problema metafísico: el problema del ser, su origen y de dónde proviene la existencia. Aparecen en este campo preguntas como las siguientes: ¿Qué somos nosotros? ¿Qué es el mundo? ¿Somos materia?, etc. El planteamiento del problema: ¿qué es materia y qué es espíritu en su esencia?, por tratar de las esencias sobrepasa los límites del conocimiento directo y pasa a ser un problema ontológico, es decir, un problema del ser. Para conocer los secretos del hombre en relación a su entorno y Dios fue necesario abocarse a la filosofía y oír “la voz suprema”: a raíz de esto surgieron las proposiciones ideales. Pero esto no fue una tarea fácil debido a que ciertas preguntas de la filosofía tradicional no encontraron respuestas. En el cuento de ciencia ficción “Preguntas ingenuas”, Sheckley, el autor juega con este argumento acerca de la imposibilidad de conseguir conocimiento a través de preguntas. Esto sucede porque la preguntas están mal formuladas como lo estaban las que hacían los filósofos tradicionales: para lograrlo ingresa al texto el personaje de un Contestador que sería ese ser supremo que tiene todas las respuestas a nuestras incertidumbres “… el contestador lo sabe todo… En su interior estaban las respuestas. Conocía la naturaleza de las cosas y por qué las cosas son como son y qué son y qué significa todo.” (Sheckley, 1978) Pero al igual que los filósofos idealistas, quines aseguran que “sólo hay espíritus… conciencias con sus contenidos representativos y que el universo, el mundo de los cuerpos materiales, sólo existe como representación.” (Fingerman, 1955) Sheckley se plantea el inconveniente en el cuento de que hay que encontrar las proposiciones o las palabras indicadas para formular las preguntas, debido a que mientras se mantienen en la mente las ideas o abstracciones que se quieren indagar estas no se vuelven ambiguas, pero cuando deben expresarse en palabras a otros empiezan a aparecer las dificultades. En palabras del Obispo Berkeley “En tanto limite mis pensamientos a mis propias ideas despojadas de palabras, no veo cómo puedo equivocarme con facilidad. Los objetos que concibo los conozco clara y adecuadamente. No puedo engañarme pensando que tengo una idea que no tengo” (Fingerman, 1955) (Haking, 1979) Estaríamos afirmando que toda idea de pensamiento es idea de pensamiento y no puede ser expresada en palabras salvo cuando se hace una introspección. 6
  7. 7. El problema de encontrar un lenguaje ideal a la hora de conocer la naturaleza y a nosotros mismos se traslada en el cuento a una escala mayor: ya no sólo se trata del mundo y los seres humanos tratando de develar el conocimiento, sino que esta necesidad de conocer se vuelve interplanetaria. Todas las especies quieren consultar problemas pertinentes a sus situaciones y necesidades: el sentido de la existencia es muy diferente de un planeta a otro. Por eso el autor escribe que el personaje del contestador fue colocado por una antigua raza superior para contestar todas las preguntas de distintas razas y especies vivientes avanzadas que reflexionen acerca de ellas mismas y de lo que las rodea. Pero ninguna raza puede dar con la formulación de las preguntas exactas, no son las palabras indicadas las que escogieron para elaborarlas. “El contestador sabía. Pero previamente debía recibir la pregunta correcta. Estudió sus limitaciones… Debieron haber incluido cierta tolerancia para con las tonterías semánticas… El contestador se contentó con murmurar las respuestas para sí.” (Sheckley, 1978) Se tiene un discurso mental que se lo traduce en palabras y a su vez el que lo escucha produce un discurso mental cuando recibe estas palabras. Para que esto se produzca las personas deben tener las mismas ideas de lo que significan las cosas, aunque no concuerden lo que dice uno u otro. Los filósofos idealistas creían que la vista era uno de los sentidos más importantes, porque ver el objeto era conocerlo. Locke creía que “las palabras pueden significar, de modo idóneo e inmediato, las ideas que están en la mente del hablante, sin embargo, al pensar los hombres les dan una referencia secreta respecto de dos cosas adicionales. Un de estas referencias secretas es la realidad de las cosas. En la otra referencia secreta los hombres.” (Haking, 1979) En el cuento de Sheckley las palabras no son señales de lo que quieren decir los hablantes para el interlocutor, el contestador, ya que este tiene otro significado de las cosas diferente a ellos, la situación que se produce es la sensación que hablarán lenguajes diferentes. “_ Muy bien _ replicó entonces Lingman, con su vocecita débil. Contestador. ¿Qué es la vida? Una voz respondió en el cerebro de cada uno: _ la pregunta no tiene significado alguno. Al decir “vida”, el interrogador se refiere a un fenómeno parcial, que resulta inexplicable, excepto en términos de su total. _ ¿De qué total forma parte la vida? _ preguntó Lingman. 7
  8. 8. _ La pregunta, en su formulación presente, no admite respuesta. El interrogador sigue considerando la “vida” desde un punto de vista personal y limitado. _ Responde en tus propios términos, en ese caso_ dijo Morran. _El contestador sólo puede responder a preguntas formuladas. El contestador volvió a pensar en las tristes limitaciones que le impusieron sus creadores. Silencio. _ ¿Está el Universo en expansión?_ preguntó Morran, con mayor confianza. _ “Expansión” es un término inaplicable a la situación. El Universo, tal como el interrogador lo considera, es un concepto ilusorio. _ ¿Hay algo qué puedas decirnos? _ Puedo responder a cualquier pregunta válida con respecto a la naturaleza de las cosas…” (Sheckley, 1978) Si el conocimiento o las ideas eran algo mental y se volvían ambiguas cuando se comunicaban, esto sirvió para que los filósofos se dieran cuenta de que en la ambigüedad de los términos estaba el problema para llegar al conocimiento: residía en las preguntas que formulaban los filósofos tradicionales. ¿Cómo lograr expresar las ideas en un lenguaje público sin que se produzcan ambigüedades? Cuando se paso del lenguaje privado al lenguaje público comenzaron los filósofos a interesarse por estudiar los significados y las oraciones, debido a las distintas interpretaciones y ambigüedades que se producían en la comunicación de las ideas. Así se pasa de la filosofía tradicional que se ocupaba de las ideas a la filosofía del lenguaje. Se creía que las cuestiones filosóficas se podían solucionar por medio del análisis del lenguaje. “… la pretensión carnapiana de que las cuestiones filosóficas son cuestiones de lenguaje si se trata el lenguaje no un asunto de significados sino justamente como una parte del mundo en la que es más posible que en cualquier otra lograr acuerdo” (Haking, 1979) Según Bergman las preguntas filosóficas surgen porque el lenguaje con el que hablamos es poco claro, entonces se ve la necesidad de filosofar, tiene la creencia de que si se creará un lenguaje ideal no habría necesidad de plantear tales preguntas. Pero esta postura llevaría a la desaparición de la Filosofía como disciplina. Lo que se pasaría 8
  9. 9. a hacer es historia de la filosofía: se estudiaría la reconstrucción de los enunciados en cuanto a su sintaxis y su interpretación, con el fin de ver tesis tradicionales filosóficas como sugerencias de un lenguaje ideal. Pero para hacer esto habría que presuponer que los antiguos filósofos buscaban un lenguaje en el que no pudieran realizar preguntas ni proposiciones. Sin embargo, no es así, para filósofos como Sócrates esto nunca pasaría porque la filosofía es el amor a la sabiduría. A raíz de lo expuesto anteriormente, la oración se torna el objeto fundamental para analizar la verdad, el significado, la experimentación y la realidad en una proposición debido a que la oración es lo principal en el discurso público. “En esa trama del discurso público las oraciones son un instrumento del sujeto cognoscente… ellas son las responsables de la representación de la realidad en un cuerpo de conocimiento. Es así como las oraciones han reemplazado a las ideas.” (Haking, 1979) Se produjeron varias teorías acerca del significado a partir del siglo veinte. Estás teorías tenían por finalidad llegar al conocimiento y la verdad de las oraciones, para hacer realidad la posibilidad de un discurso público sin ambigüedades. Relacionado a las teorías del significado encontramos el principio de verificación. El principio de verificación se uso como un instrumento de crítica con el fin de eliminar la metafísica, destruir la pseudociencia y transformar la ética. El empirismo ofrece la tesis de que el conocimiento proviene de la experiencia. El Círculo de Viena a esa tesis agrega una doctrina del significado. Según esta doctrina un hablante hace una aserción de una cuestión fáctica “… cuando hay una relación entre lo que dice y alguna experiencia de lo que dice” (Haking, 1979) Todos los intentos que hubo por hacer un principio de verificación exactos para la relación mencionada fracasaron. Entonces Popper, que tenía preocupaciones similares a las del Círculo de Viena y metas afines, trató de buscar una solución para esto. Su fin era distinguir a la ciencia buena de la pseudociencia. Debido a esto surge el problema de la demarcación: según Popper la especulación precientífica puede ser más fascinante y audaz que la rutinaria actividad científica. En cambio, el Círculo de Viena sostenía que la demarcación era dada por el significado mismo. En un principio toda proposición genuina debía ser verificable, aunque se admitía que había enunciados con significados que no eran verificables. Si un enunciado era lógicamente posible verificarlo, entonces era verificable en principio, ya que ningún enunciado se puede verificar concluyentemente debido a que no se pueden examinar todos los casos, estos se agotarían en un número indefinido muy amplio de 9
  10. 10. verificaciones que equivaldrían a un número infinito. Popper invirtió el verificacionismo, pasó a ser la refutación de las proposiciones, no su verificación, lo que distingue la ciencia buena de la pseudociencia. En consecuencia “las proposiciones universales y las proposiciones acerca de los objetos pueden ser declaradas falsas.” (Haking, 1979) Según Schlick en “Meaning and Verification”: “enunciar el significado de una oración equivale a enunciar las reglas de acuerdo con las cuales la oración va a ser usada, y esto es lo mismo que enunciar la manera en que puede ser usada.” (Haking, 1979). Para Schlick el giro lingüístico se caracteriza por ver a la lingüística como un sistema de actos: como una actividad a través de la cual se determina el significado de los enunciados. Los significados tienen una atribución final mediante actos, y estos actos constituyen la actividad filosófica. La actividad filosófica, según Wittgenstein, debe disolver los problemas filosóficos. El giro lingüístico en la filosofía terminó restando interés a los problemas filosóficos tradicionales, en vez de buscarles soluciones y se abocó con mayor entusiasmo a reflexionar sobre el lenguaje como tema central de interés. “… la filosofía es una tentativa por comprender el mundo, lo dado. Russell nunca pensó que la respuesta a los problemas filosóficos, o su abolición, pudiera restringirse a una reflexión sobre el lenguaje” (Haking, 1979) La filosofía después del giro lingüístico. Con el transcurso del tiempo se empezó a dilucidar que los problemas filosóficos no se solucionaban mediante el análisis del lenguaje. Según R. Rorty hay dos razones para no creer que los problemas filosóficos se solucionen arreglando los problemas del lenguaje. Una razón es que la tarea filosófica podría dejar de verse como una actividad humana identificable. La otra, es que no existe una identidad llamada lenguaje, y por lo tanto no hay problemas de lenguaje. Lo que hicieron los filósofos del siglo XX fue cambiar el método de describir el conocimiento y la investigación. Lo que se hizo no fue disolver los problemas viejos demostrando que se apoyaban en malos entendidos o confusiones en el lenguaje, sino que mostraron como evitar el representacionalismo. El aporte con que favoreció el giro lingüístico a la filosofía fue “… haber contribuido a sustituir la referencia a la experiencia como medio de representación por la referencia al lenguaje como tal 10
  11. 11. medio.” (Rorty, 1998) Davidson fue el filósofo que polemizó los usos que se le dieron tradicionalmente a los términos “hecho” y “significado”. También estuvo en contra del modelo de “esquema y contenido”. Estas cuestiones entran dentro de una polémica mayor acerca del lenguaje y la idea de que este tiene una tarea fija que cumplir y que existe una entidad llamada “el lenguaje” que sirve de mediador entre el hombre y la realidad. El lenguaje liberado de la representación de la experiencia se empezó a ver como un conjunto de signos arbitrarios usados de acuerdo a la necesidad de una sociedad. La ciencia, los políticos, las instituciones inventan descripciones que le sirven para manejarse en la praxis. Por lo tanto aparecen y desaparecen palabras de acuerdo a la necesidad del momento, estas se adecuan a la descripción de la realidad construida. Si la naturaleza está ahí afuera, el lenguaje no. Las construcciones que se hacen con el lenguaje son un producto erigido por el hombre al igual que las posibles soluciones a los problemas tradicionales. Esto se debe que no podemos encontrar una verdad de los fenómenos naturales, sino sólo una percepción que en definitiva será siempre un concepto o teoría construida por el hombre. “El mundo no habla. Sólo nosotros lo hacemos. El mundo, una vez que hemos ajustado el programa de un lenguaje, puede hacer que sostengamos ciertas creencias. Pero no puede proponernos un lenguaje para que nosotros hablemos.” (Rorty, 1998) Conclusión. Desde el inicio de la filosofía se ha querido conocer el ser y la naturaleza. Ante la duda e incertidumbre que producen las cosas que nos rodean, se han abierto interrogantes que no pudieron ser respondidos. Se pretendió que en el lenguaje estaba la solución para encontrar la verdad del conocimiento. Pero tras los intentos fallidos se puede llegar a la conclusión de que nos manejamos con las percepciones que tenemos de la naturaleza, por lo tanto, se construyen teorías momentáneas de acuerdo a estas percepciones y el lenguaje sólo sirve de instrumento para tal fin. 11
  12. 12. Bibliografía Chamben, W. K. Historia de la Filosofía Griega. Madrid: Gredos. Fingerman, G. (1955). Lecciones de Filosofía, La Metafísica en Tiempos Modernos. Bs. As.: libreria "El Ateneo". Haking, I. (1979). ¿Por qué el lenguaje importa a la filosofía? Bs. As.: Sudamericana. Kirk J. S., R. J. Los filósofos presocráticos. Gredos. Rorty, R. (1998). El giro Lingüístico. Barcelona- Bs. As.-México: Paidós. Sheckley, R. (1978). Ciudadano del Espacio, Preguntas Ingenuas. Bs.As.: Sudamericana. Filosofía sobre el Lenguaje. by Gómez Zabala Debora is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial 4.0 Internacional License. 12
  13. 13. 13

×