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La conversión de chiripa

  1. 1. efecto, se había mojado ya las dos veces de que La conversión habla el refrán; después había subido a la plataforma del kiosco de la música, pero bien pronto le arrojó de allí a latigazo limpio el agua de Chiripa. pérfida que se agachaba para azotarle de lado, con las frías punzadas de sus culebras cristalinas. Parecía besarle con lascivia la carne Leopoldo Alas, Clarín. pálida que asomaba aquí y allí entre los remiendos del traje, que se caía a pedazos. El sombrero, duro y viejo, de forma de queso, de un color que hacía dudar si los sombreros podrían tener bilis, porque de negro había venido a dar en amarillento, como si padeciese ictericia, semejaba la fuente de la alcachofa, rodeado de surtidores; y en cuanto a los pies, calzados con alpargatas que parecían terracota, al levantarse del suelo tenían apariencias de raíces de árbol, semovientes. Sí, parecía Chiripa un mísero arbolillo o arbusto, de cuyas cañas mustias y secas pendían míseros harapos puestos a... mojarse, o para convertir la plantaLlovía a cántaros, y un viento furioso, que muerta en espanta-pájaros. Un espanta-pájarosChiripa no sabía que se llamaba el Austro, que andaba y corría, huyendo de la intemperie.barría el mundo, implacable; despojaba detranseúntes las calles como una carga de Tenía Chiripa cuarenta años, y tan pococaballería, y torciendo los chorros que caían de había adelantado en su carrera de mozo delas nubes, los convertía en látigos que azotaban cordel, que la tenía casi abandonada, sin ningúnoblicuos. género de derechos pasivos. Por eso andaba tan mal de fondos, y por eso aquella misma y Ni en los porches ni en los portales valía trágica mañana le habían echado del infameguarecerse, porque el viento y el agua los zaquizamí en que dormía; porque se habíaninvadían; cada mochuelo se iba a su olivo; se cansado de sus escándalos de trasnochadorcerraban puertas con estrépito; poco a poco se intemperante que no paga la posada en años yapagaban los ruidos de la ciudad industriosa, y más años.los elementos desencadenados campaban porsus respetos, como ejército que hubiera tomado -Bueno, pero para ellos -se había dichola plaza por asalto. Chiripa sin saber lo que decía, y tendiéndose en el banco del paseo público, donde creyó hacer Chiripa, a quien había sorprendido la los huesos duros; hasta que vino a desengañarletormenta en el Gran Parque, tendido en un la furia del cielo.banco de madera, se había refugiado primerobajo la copa de un castaño de Indias, y en 1
  2. 2. Así como los economistas dicen que la aunque no lo juraría) lo tenía desde la remotaley del trabajo es la satisfacción de las infancia, sin que él supiera por qué, como nonecesidades con el mínimo esfuerzo, Chiripa, saben los perros por qué los llaman Nelson,vagamente pensaba que lo del mínimo esfuerzo Ney o Muley; si él supiera lo que era sarcasmoera lo principal, y que a él habían de amoldarse por tal tendría su mote, porque sería el hombretambién las necesidades, siendo mínimas. Era menos chiripero del mundo. Ello era que hacíamuy distraído y bastante borracho; dormía unos treinta años (todos de hambre y de frío)mucho, y como tenía el estómago estropeado le eran tres notabilidades callejeras, especie dedejaba vivir de ilusiones, de flatos y malos mosqueteros del hampa, Pipá, Chiripa y Pijueta.sabores, comida ruin y fría y mucho líquidotinto, y blanco si era aguardiente. La historia trágica de Pipá ya sabía Chiripa que había salido en papeles, pero la Vestía de lo que le dejaban otros suya no saldría, porque él había sobrevivido amiserables por inservible, y con el orgullo de su gloria. Sus gracias de pillete infantil ya nadieesta parsimonia en los gastos, se creía con las recordaba; su fama, que era casi disculpaderecho a no echar mano a un baúl sino de para sus picardías, había muerto, se habíaPascuas a Ramos y cuando una peseta era desvanecido, como si los vecinos del pueblo,absolutamente necesaria. envejeciendo, se hubieran vuelto malhumorados y no estuvieran para bromas. Ya él mismo se Un día, viendo pasar una manifestación guardaba de disculpar sus malas obras y sude obreros, a cuyo frente marchaba un holgazanería como gatadas de pillo célebre,estandarte que decía: ¡Ocho horas de trabajo!, como cosas de Chiripa.Chiripa, estremeciéndose, pensó: « ¡Bah! el mundo era malo; y si te vi, no -¡Rediós, ocho horas de trabajo; y para me acuerdo». Veía pasar, ya lleno de canas, aeso tiran bombas! Con ocho horas tengo yo los señoritos que antaño reían sus travesuras ypara toda la temporada de verano, que es la de le pagaban sus vicios precoces; pero no semás apuro, por los bañistas. acercaba a pedirles ni un perro chico, porque no querrían ni reconocerle. En llevando dos reales en el bolsillo,Chiripa no podía con una maleta, ni apenas Que estaba solo en la tierra, bien lotenerse derecho. sabía él. A veces se le antojaba que un periódico, o un libro viejo y sobado que oía Pero tenía un valor pasivo, para el deletrear a un obrero, hubiera sido para él unhambre y para el frío, que llegaba a heroico. buen amigo; pero no sabía leer. No sabía nada. Se arrimaba a la esquina de la plaza, donde Generalmente andaba taciturno, tristón, otros perdían el tiempo fingiendo esperary creía, con cierta vanidad, en su mala estrella, trabajo, y oía, silencioso, conversaciones más oque él no llamaba así, tan poéticamente, sino la menos incoherentes acerca de política o de laaporreada... en fin, una barbaridad. cuestión social. Su apodo, Chiripa (el apellido no lo Nunca daba su opinión, pero la tenía. Larecordaba; el nombre debía de ser Bernardo, principal era considerar un gran desatino el 2
  3. 3. pedir ocho horas de trabajo. Prefería, a oír pudiera cada quisque vestir con decencia y condisparates, que le leyeran los papeles. Entonces ropa estrenada en su cuerpo; ya que no habíaatendía más. Aquello solía estar hilvanado. Pero bastante dinero para que a todos les tocaseni siquiera los de las letras de molde daban en algo... ¿por qué no se establecía la igualdad y lael quid. Todos se quejaban de que se ganaba fraternidad en todo lo demás, en lo que podíapoco; todos decían que el jornal no bastaba para hacerse sin gastos, como era el llamarse ricos ylas necesidades... había exageración; ¡si fueran pobres de tú, y convidarse a una copa, y enseñarcomo él, que vivía casi de nada! Oh, si él cada cual lo que supiera a los pobres, ytrabajara aquellas ocho horas que los demás saludarlos con el sombrero, y dejarles sentarsepedían como mínimum (él no pensaba junto al fuego, y pisar alfombras, y sermínimum, por supuesto), se tendría por diputados y obispos, y en fin, darse la gran vidamillonario con lo que entonces ganaría. sin ofender, y hasta lavándose la cara a veces, si los otros tienen ciertos escrúpulos? «Todo se volvía pedir instrumentos detrabajo, tierra, máquinas, capital... para trabajar. Eso era la alternancia; eso había creído¡Rediós con la manía!». Otra cosa les faltaba a él que era el cristianismo y la democracia, y esolos pobres que nadie echaba de menos: debía ser el socialismo... como ello mismo loconsideración, respeto, lo que Chiripa, con una decía... cosa de sociedad, de trato, de juntarse...palabra que había inventado él para sus alternancia.meditaciones de filósofo de cordel, llamabaalternancia. ¿Qué era la alternancia? Pues nada; loque había predicado Cristo, según había oído Salió del Kiosco de la música a escape, hechoalgunas veces; aquel Cristo a quien él sólo una sopa, echando chispas contra el Fundadorconocía, no para servirle, sino para llenarle de de la alternancia y contra su Padre, y se metióinjurias, sin mala intención, por supuesto, sin en la población en busca de mejor albergue.pensar en Él; por hablar como hablaban los Pero todo estaba cerrado. A lo menos cerradodemás, y blasfemar como todos. para él. La alternancia era el trato fino, la Pasó junto a un café: no osó entrar.entrada libre en todas partes, el vivir mano a Aquello era público, pero a Chiripa le echaríanmano con los señores y entender de letra, y los mozos en cuanto advirtiesen que iba tanentrar en el teatro, aunque no se tuviera dinero, sucio, tan harapiento que daba lástima, y que nolo cual no tenía nada que ver con la gana de iba a hacer el menor gasto. A un mozo deilustrarse y divertirse. cordel en activo le dejarían entrar, pero a él, que estaba reducido a la categoría de pordiosero... La alternancia era no excluir de todos honorario, porque no pedía limosna, aunque ellos sitios amenos y calientes y agradables al uniforme era de eso, a él le echarían pocohombre cubierto de andrajos, sólo por los menos que a palos. Lo sabía por experiencia...andrajos. Ya que por lo visto iba para largo lode que todos fuéramos iguales tocante al Pasó junto al Gobierno de provincia,cunquibus, o sean los cuartos, la moneda, y donde estaba la prevención. Aquí me admitirían 3
  4. 4. si estuviera borracho, pero en mi sano juicio y Pasó por el Banco, por el cuartel, por elsin alguna fechoría, de ningún modo. No sabía teatro, por el hospital... todo lo mismo, para élChiripa qué era todo lo demás que había en cerrado. En todas partes había hombres conaquel caserón tan grande; para él todo era gorra de galones, para eso, para no dejar entrarprevención; cosas para prender, o echar multas, a los Chiripas.o tallar a los chicos y llevarlos a la guerra. En las tiendas podía entrar... a condición Pasó junto a la Universidad, en cuyo de salir inmediatamente; en cuanto seclaustro se paseaban, mientras duraba la averiguaba que no tenía que comprar cosatormenta, algunos magistrados que no tenían alguna, y eso que todas le faltaban. En lasqué hacer en la Audiencia. No se le ocurrió tabernas, algo por el estilo. ¡Ni en las tabernasentrar allí. Él no sabía leer siquiera, y allí dentro había para él alternancia!todos eran sabios. También le echarían losporteros. Y, a todo esto, el cielo desplomándose en chubascos, y él temblando de frío... calado Pasó junto a la Audiencia... pero no era hasta los huesos... Sólo Chiripa corría por lashora de oír a los testigos falsos, única misión calles, como perseguido por el agua y el viento.decorosa que Chiripa podría llevar allí, pues lade acusado no lo era. Como testigo falso, sin Llegó junto a una iglesia. Estaba abierta.darse cuenta de su delito, había jurado allí Entró, anduvo hasta el altar mayor sin que nadievarias veces decir la verdad; y en efecto, le diera nada. Un sacristán o cosa así cruzó a susiempre había dicho la verdad... de lo que le lado la nave y le miró sin extrañar su presencia,habían mandado decir. sin recelo, como a uno de tantos fieles. Vagamente se daba cuenta de que Allí cerca, junto al púlpito de laaquello estaba mal hecho, pero ¡era por unos Epístola, vio Chiripa otro pordiosero, demotivos tan complicados! Además, cuando rodillas, abismado en la oración; era un viejo deseñoritos como el abogado, y el escribano, y el barba blanca que suspiraba y tosía mucho. Elprocurador, y el ricacho le venían a pedir su templo resonaba con los chasquidos de la tos;testimonio, no sería la cosa tan mala; pues en cosa triste, molesta, que debía de importunar atodo el pueblo pasaban por caballeros los que le los demás devotos esparcidos por naves ymandaban declarar lo que, después de todo, capillas; pero nadie protestaba, nadie parabasería cierto cuando ellos lo decían. mientes en aquello. Pasó junto a la Biblioteca. También era Comparada con la calle, la iglesia estabapública, pero no para los pobres de solemnidad, templada. Chiripa empezó a sentirse menoscomo él lo parecía. El instinto le decía que de mal. Entró en una capilla y se sentó en unaquel salón tan caliente, gracias a dos banco. Olía bien. «Era incienso, o cera, o todochimeneas que se veían desde la calle, le junto y más; olía a recuerdos de chico».echarían también. Temerían que fuese a robarlibros. El chisporroteo de las velas tenía algo de hogar; los santos quietos, tranquilos, que le miraban con dulzura, le eran simpáticos. Un 4
  5. 5. obispo con un sombrero de pastor en la mano, A él era. Se puso colorado, cosaparecía saludarle, diciendo: -¡Bien venido, extraordinaria.Chiripa!- Él, en justo pago, intentó santiguarse,pero no supo. -¡Tiene gracia! -se dijo, pero con gran satisfacción, esponjándose-. Le llamaban a él No sabía nada. Cuando la oscuridad de creyendo que iba a confesarse, y le hacían pasarla capilla se fue aclarando a sus ojos, ya delante de las señoritas aquellas que estabanacostumbrados a la penumbra, distinguió el formando cola. ¡Cuánto honor para un Chiripa!grupo de mujeres que en un rincón arrodilladas En la vida le habían tratado así.formaban corro junto a un confesionario. Devez en cuando un bulto negro se separaba del El cura insistió en su gesto, creyendogrupo y se acercaba al armatoste, del cual se que Chiripa no lo notaba.apartaba otro bulto semejante. -¿Por qué no? -se dijo el perdis-. Por -Ahí dentro habrá un carca -pensó probar de todo. Aquí no es como en elChiripa, sin ánimo de ofender al clero, creyendo Ayuntamiento, donde yo quería que me diesensinceramente que un carca valía tanto como un voto, pa ver lo que era eso del sufragio, ysacerdote. resultó que aunque era para todos, para mí no era, no sé por qué tiquis-miquis del padrón o su Le iba gustando aquello. «Pero ¡qué madre.paciencia necesitaba aquel señor, para aguantartanto tiempo dentro del armario! ¿Cuánto Y se levantó, y se fue a arrodillar en elcobraría por aquello? Por de pronto nada. Las sitio que dejaba libre la penitente.beatas se iban sin pagar». -Por ahí, no; por aquí -dijo el sacerdote «Y nada. A él no le echaban de allí». haciendo arrodillarse a Chiripa delante de susCuando la capilla fue quedando más despejada, rodillas.pues las beatas que despachaban, a poco salían,Chiripa notó que las que aún quedaban, se El miserable sintió una cosa extraña enfijaban en su presencia. «¿Si estaré faltando?» el pecho y calor en las mejillas, entre vergüenzapensó; y por si acaso, se puso de rodillas. El y desconocida ternura.ruido que hizo sobre la tarima llamó la atencióndel confesor, que asomó la cabeza por la -Hijo mío, rece usted el acto deportezuela que tenía delante y miró con contrición.atención a Chiripa. -No lo sé -contestó Chiripa humilde, « ¿Iría a echarle?». Nada de eso. En comprendiendo que allí había que decir lacuanto el cura despachó a la penitente que tenía verdad... verdadera, no como en la Audiencia.al otro lado del ventanillo con celosías, se Además, aquello del hijo mío le había llegadoasomó otra vez a la portezuela y con la mano al alma, y había que tomar la cosa en serio.hizo seña a Chiripa. El cura le fue ayudando a recitar el -¿Es a mí? -pensó el ex-mozo de cordel. Señor mío Jesucristo. 5
  6. 6. -¿Cuánto tiempo hace que no se ha modo lo que sentía, su amor y fidelidad a laconfesado? religión en cuyo seno se le albergaba. Entonces Chiripa, después de pensarlo, exclamó como -Pues... toa la vida. inspirado: -¡Cómo! -¡Viva Carlos Sétimo! -Que nunca. -¡No, hombre; no es eso!... No tanto -dijo el confesor sonriendo. Era un monte virgen de impiedadinconsciente. No tenía más que el bautismo; a la -Como a los carcas los llamanconfirmación no había llegado. Nadie se había clerófobos...cuidado de su salvación, y él sólo habíaatendido, y mal, a no morirse de hambre. -¡Tampoco, hombre!... El cura, varón prudente y piadoso, le fue -Bueno, a los curas...guiando y enseñando lo que podía en tan brevetérmino. Chiripa no resultaba un gran pecador En fin, aplazando las cuestiones de puramás que desde el punto de vista de los pecados forma y lenguaje, se convino en que Chiripade omisión; fuera de eso, lo peor que tenía eran seguiría las lecciones del nuevo amigo, en aquelunas cuantas borracheras empalmadas, y la templo que había estado abierto para él cuandopícara blasfemia, tan brutal como falta de se le cerraban todas las puertas; allí donde seintención impía. había librado de los latigazos del aire y del agua. Pero si jamás había confesado susculpas, penitencia no le había faltado. Había -¿Conque te has hecho monago,ayunado bastante, y el frío y el agua y la dureza Chiripa? -le decían otros hambrientos,del santo suelo habían mortificado sus carnes burlándose de la seriedad con que, días y días,no poco. En esta parte era recluta disponible seguía tomando su conversión el pobre diablo.para la vida del yermo; tenía cuerpo deanacoreta. Y Chiripa contestaba: Poco a poco el corazón de Chiripa fue -Sí, no me avergüenzo; me he pasao a latomando parte en aquella conversión que el Iglesia, porque allí a lo menos hay...clérigo tan en serio y con toda buena fe alternancia.procuraba. El corazón se convertía muchomejor que la cabeza, que era muy dura y noentendía. El clérigo le hacía repetir protestas defe, de adhesión a la iglesia, y Chiripa lo hacíatodo de buen grado. Pero quiso el cura algomás, que él espontáneamente expresara a su 6

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