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Culdbura 6

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Revista cultural online de Burgos (ES)

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Culdbura 6

  1. 1. marzo 2017 nº 6 (primavera) Destacamos en este número: * Fotografías de Javier Contreras, incluidas portada y contraportada * Carpeta de Néstor Pavón * Recordatorios de ECC, Monográfico y Jaravaca * Relatos, poemas, artículos... Además:
  2. 2. Página2 Estoy convencido de que en un principio Dios hizo un mundo distinto para cada hombre, y que es en ese mundo, que está dentro de nosotros mismos, donde deberíamos intentar vivir. Óscar Wilde Paráfrasis: … aun a sabiendas de que sería en vano. Nuestra más sincero gradecimiento a Javier Contreras, por abrirnos las puertas al mundo con sus fotografías. En las bibliotecas municipales y pública de Burgos hay a disposición del lector ejemplares impresos de esta revista. No podemos sino expresar nuestra gratitud por ello. Cul uura es un empeño de: Fernando Ortega, Fernando Arnaiz, José Mª Izarra, Alfonso Hernando, Jesús Borro, Jesús Pérez, Luis Carlos Blanco y Félix J. Alonso, entre otros. ©de los textos (faltas de ortografía incluidas), ilustraciones y fotos, los respectivos autores. ©del logo, grafismo y maquetación: el maquetista, JMI. Contacto: culdbura@gmail.com
  3. 3. Página3 SUMARIO Fotografías, Javier Contreras Javier González Contreras nace en Burgos en 1953. En 1971 se suma a la idea de José Mª González Marrón y en compañía de éste, Ana Neila, Chema Alcácer, Epi Rubio y Blanca Llanillo funda la Escuela de Mimo e Iniciación Teatral “El Colacho”, colaborando ac- tivamente hasta principios de los 80. A mediados de la década de los 70 da sus primeros pasos en la fotografía de la mano de Ángel Herraiz y es en su laboratorio donde revela sus primeras fotografías. Su primera exposición individual data de junio de 1984 en el Monas- terio de San Juan de Burgos, en 1988 expone en el Hotel de Ville de la ciudad de Loudoun con motivo de su hermanamiento con Burgos, en 1990 en el Café de la Antigua de Burgos y en la Galería Moon de Logroño en mayo de 1991. En marzo de 2004 nueva exposición en la Sala Consulado del Mar en Burgos y en octubre de 2005 en el Espacio de los Mun- dos, en la Taberna de los Mundos de Bilbao; en marzo-abril de 2014 expone su trabajo en la Galería The Emerald Tablet en la ciudad de San Francisco (California) y en junio de 2015 nuevamente expone su obra en el Consulado del Mar de Burgos en la segunda quin- cena del mes de junio. Ha ganado diversos premios relacionados con la fotografía entre ellos los I y II Sa- lones de Fotografía organizados por la Caja de Ahorros Municipal en 1981 y 1983, el pri- mer premio del Concurso La Danza de la Diputación provincial de Burgos, de los concursos nacionales de fotografía ACRECA (1993 y 1994) y el del I Concurso Sony “Arquitectura” en 2014. 30/100-Espacio Cultural Cordón........................................................................ Pág. 5 30/200-Monográfico............................................................................................. 19 30/40 JARAVACA-MAKOKI..................................................................................... 31 Embarazo azul, Javier Villahizán ............................................................................ 35 La encuesta, Félix J. Alonso Camarero .................................................................... 39 Carpeta artística de Néstor Pavón, Fernando Ortega Barriuso ..................................... 45 El primer café de Victoriano Crémer, Alberto de Miguel Pliego .................................... 59 De profundis, J.A. Martínez Gutiérrez, “Guti”............................................................ 61 Simposio Popper, Alfonso Hernando........................................................................ 65 Sobre los poetas y la poesía, José María Izarra......................................................... 75 La escritura, Manuel Arandilla................................................................................ 79 La prisa y Nebulosa, David Jesús............................................................................ 81 Libro de instrucciones, Jesús Barriuso ..................................................................... 83 Meditación de primavera incipiente y Primeros pájaros, Isabel Mª Pérez-Espejo Kroner ...... 85 Punto de fuga, Montserrat Díaz Miguel .................................................................... 87
  4. 4. Página4 NEW YORK, Broadway St. / Javier Contreras
  5. 5. Página5 30/100 Bajo el lema de “Arte en Palacio” recientemente se ha realiza- do una exposición en el Espacio Cultural Cordón conmemorando los 30 años de exposiciones que se han realizado en ese lugar tan emblemático como es la Casa del Cordón, exposición que —a su vez— hacía el número 100 de las realizadas. Cantidad y calidad de las exposiciones que merecen, por ello, una referencia en esta revista cultural. En ese espacio expositivo los burgaleses hemos podido contemplar y disfrutar de la obra de artistas de primer nivel nacional e internacional, sin olvidarse de los pintores locales Luis Sáez, Modesto Ciruelos o Cuasante, las exposiciones Burgos en el grabado, Mirabilia, una visita singular a las colecciones de la Catedral de Burgos o la que inauguró ese espacio expositivo en noviembre de 1987 titulada Los Condestables de Castilla y la Casa del Cordón de Burgos. Entre esas decenas y decenas de exposiciones montadas en la Casa del Cordón fueron relevantes las muestras temáticas sobre el arte egipcio, africano o japonés, y las dedicadas al arte flamenco o barroco pasando por la monográfica sobre Diseño de Vanguardia y la Bauhaus o la titulada Gravedad Cero. De la Tierra a la Luna. Cien exposiciones arropadas con la edición de exquisitos catálogos y once ciclos de confe- rencias bajo la rúbrica de “Aproximación al arte contemporáneo”, impar- tidos por directores de museos, críticos de arte y artistas, con el com- plemento de talleres, documentales y las novedosas signoguías.
  6. 6. Página6 En primer término, a la derecha, Bibliothèque avec bougie (Miquel Barceló) / Foto Rufo C. En primer término, Déposit d’ ombra 13 (Susana Solano); detrás, Hotel París (Jaume Plensa) / Foto Rufo C.
  7. 7. Página7 A la derecha, Paloma Navares, Adolfo Scholosser, José Mª Cruz Novillo, Eduardo Chillida y Luis Gordillo / Foto Rufo C. A la izquierda, Le voyage (José Manuel Broto); a la derecha, Sin título (Adolfo Scholsser) / Foto Rufo C.
  8. 8. Página8 En el centro, S/T. (Santiago Serrano) / Foto Rufo C. A la izquierda, El viaje de Strandbock (Jordi Teixidor); a la derecha, Diafragma vertical ARVa / Foto Rufo C.
  9. 9. Página9 A la derecha, Charco-Tierra (Darío Villalba) / Foto Rufo C. En primer término, a la derecha, Objetos precarios nº 19 (Javier Vallhonrat) / Foto Rufo C.
  10. 10. Página10 A la izquierda, Bodegón del galletero (Carmen Laffón); a la derecha, La fábula (José Hernández) / Foto Rufo C. De izquierda a derecha, Rafael Canogar, Albert Rafols-Casamada, Matías Quetglas y Antonio López; en el centro, Esperanza y ella en el libro (Julio López Hernández) / Foto Rufo C.
  11. 11. Página11 En primer término, a la izquierda, Escrit (Antoni Tàpies); a la derecha, Marroc (José Hernándes Pijuan) / Foto Rufo C. A la izquierda, La voz (Guillermo Pérez Villalta); a la derecha, La cama de Marta (Eulàlia Valldosera) / Foto Rufo C.
  12. 12. Página12 De izquierda a derecha, Alberto García-Álix, Pablo Palazuelo y Luis Sáez / Foto Rufo C. En el centro, Tauromaquia (Juan Barjola) y Sin título (José María Cuasante) / Foto Rufo C.
  13. 13. Página13 Eix (Sergio Aguilar) / Foto Rufo C. A la derecha, Luzbel (Alfonso Albacete) / Foto Rufo C.
  14. 14. Página14 Al fondo, Limbo 15 (Ferrán García Sevilla) / Foto Rufo C. A la izquierda, Bañiland 1 (Txomin Badiola); a la derecha, S/T. (Juan Muñoz) / Foto Rufo C.
  15. 15. Página15En el centro, Iris Hybrid (Joan Fontcuberta); a la derecha, Peregrina 1 (Francisco Leiro) / Foto Rufo C.
  16. 16. Página16
  17. 17. Página17 SAN FRANCISCO, Polk St. / Javier Contreras
  18. 18. Página18 NEW YORK High Line / Javier Contreras NEW YORK, Central Park / Javier Contreras
  19. 19. Página19 30/200 Hace 30 años un joven Luis Ángel Martínez, nacido en el emblemático 1968, realizó como ejercicio de fin de curso su primer Monográfico y dio a conocer a su personaje, “M”, el hombre silencioso que en cuatro viñetas reflejaba el absurdo de la sociedad y la crítica corrosiva que impregnaba a su autor. Es- tos primeros fanzines –críticos, ácidos, irreverentes- fueron creciendo en calidad y cantidad hasta alcanzar, en este mes esos 30 años mencionados, con 200 números publicados y más de 600 colaboradores, de la entidad de Quim Monzó, El Roto, Eloy Luna, Gallardo, Giner, Calpurnio, Leopoldo Mª Panero, Lu- cía Etxebarría, etc. Fanzine que, además, promovió diversas iniciativas rompedoras, como el Festival BEM, centrado en el ar- te de acción de vanguardia, libros, etc. Fanzine, además gratui- to, que ha llegado a realizar una tirada de 30.000 ejemplares distribuido a escala nacional. ¡Felicidades, LuanMart! ¡Larga vida al Monográfico!
  20. 20. Página20
  21. 21. Página21 Diccionario monografiquero Huye de las tentaciones despacio para que puedan alcanzarte Monográfico 80 A Anarquismo del fetén, sutil, como ‘dios’ manda. B BEM, Burgos en movimiento, Festival internacional de arte de acción y vanguardias artísticas. Rompedor. C Cientos de colaboradores de calidad: Calpurnio y su Cuttlas, Ray Loriga, Jordi Cos- ta, Eloy Luna, Fernando Arrabal, El Roto, Leopoldo Mª Panero, Giner… D Drogas sanas de la mano de Antonio Escohotado: Hachis (M78), Marihuana (M80)… E Escuela de Arte de Burgos, lugar en el que a Luis Martínez se le encendió la bombi- lla y editó –como ejercicio de fin de curso- el primer Monográfico. Era el año del Señor de 1987 F Feísmo gráfico y provocador. G Gratuita. Si ya tiene número la pervivencia de Monográfico, lo es más si pensamos que ha sido gratuita y que ha segregado libros, postales y el Festival BEM. H Humor corrosivo, ácido y crítico para todos. Humor como filosofía de vida. I Junto a ese humor, la irreverencia. Nada es sagrado para el Monográfico, y lo que menos lo institucional. J Y para terminar esa triada, el jolgorio, la juerga, la jodienda. K Kilos y kilos de cachondeo y kilos y kilos de análisis, creación literaria, de humor fino y del otro. L LuanMart: Luis Ángel Martínez, el factótum del Monográfico. Siempre un paso por delante de los demás.
  22. 22. Página22 M El Hombre “M”, personaje escéptico, sarcástico, desconcertado (y desconcertante). Las primeras viñetas que salieron de la mano de LuanMart. N No. “M”, LuanMart, Luis Martínez dicen, sobre todo, no. Pero un no creativo, resis- tente, alternativo. O Osadía. Es difícil encontrar un fanzine más atrevido –y durante tantos años- que Monográfico. P Y provocador. Textos y dibujos satirizando y criticando a los iconos de todos los po- deres. Q Quijotismo. LuanMart puede considerarse el último Quijote, en su deseo de “en- mendar entuertos”, y poner las cosas en su sitio. R Radicalismo, en tanto que quiere ir a la raíz de las cosas y desenmascarar tanta hi- pocresía y literatura impostada. S Sexo y sexo. Sexo duro, humorístico, simpático, atrevido. Pero buenas dosis de se- xo. T Treinta años, doscientos números. Gratuita. Posiblemente el fanzine de calidad y cantidad más longevo de la historia. U Underground pero no cutre. Calidad en la maquetación y en el diseño. V Valentía. X Todas las x que tuviera a mano el censor de turno. Y Conjunción copulativa (de copular). Humor y crítica; buen hacer y feísmo; sexo, drogas y rock and roll. Z ¡Zas! Golpes al stablishment, a lo políticamente correcto, a la mediocridad.
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  26. 26. Página26 “Bendito ácrata”. LuanMart según Fernando Castro Flórez  LuanMart es, por simplificar desde el principio, un profanador.  Seguramente es ese carácter maldito y al mismo tiempo sarcástico el que ‘marca’ a Luan como un artista que no tiene nada que ver con la retórica institucional.  Luan es, más que underground, un conspirador de catacumba, un profanador que no quiere sacar plusvalías inmediatas de sus actos.  Su obra es, en muchos casos, molesta para las ‘buenas conciencias’ del mundo glo- balizado. No se podía esperar otra cosa que la marginalización, precisamente por- que no es freak.
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  29. 29. Página29 CHICAGO / Javier Contreras DSC / Javier Contreras
  30. 30. Página30 NEW YORK, Broadway / Javier Contreras DSC / Javier Contreras
  31. 31. Página31 30/40 JARAVACAy MAKOKI Juan Mediavilla (Burgos, 1950) está de enhorabuena. Este año cumplen años dos de sus personajes más emblemáticos: Makoki y Juan Jaravaca. Makoki es una serie de historietas protagonizadas por el personaje del mismo nombre, con di- bujo de Miguel Gallardo y guion de Juan Mediavilla, que vio la luz en la revista Disco-Exprés en 1977, historietas que fue- ron pasando por las páginas de las revistas Star, Bésame mucho y El Víbora y del que se editaron varios álbumes, el último un recopilatorio –Todo Makoki- en 2012. Diez años más tarde de ese nacimiento, el número 91 de El Víbora pu- blicó la primera tira de un nuevo personaje, Juan Jaravaca - posiblemente álter ego del artista burgalés-. Meses más tar- de el citado personaje visitaba las páginas de ABC, donde Marcos Ordóñez comentaba en la presentación del autor: “Mediavilla es esa carcajada asilvestrada y feroz que cae de súbito como un chubascazo de su tierra”.
  32. 32. Página32 (Tiras publicadas en ABC)
  33. 33. Página33 PARÍS, Gare du Nord / Javier Contreras PARÍS, Rue Verrerie / Javier Contreras
  34. 34. Página34 PARIS, Place Hotel de Ville / Javier Contreras PARÍS, Rue Bonapart / Javier Contreras
  35. 35. Página35 Embarazo azul I Estaba empapada. Llovía a cántaros cuando aquella mañana de marzo salí del pala- cio de Holyrood en dirección a mi casa sin haber tomado todavía una decisión clara sobre un asunto de vital importancia y que podía dar al traste con todos mis proyectos profesio- nales y personales que tenía en mente en ese momento. Acabábamos de dar una confe- rencia de prensa sobre nuestra posición progresista ante una posible decisión unilateral de Londres sobre la salida del Reino Unido de la Unión Europea, y no podíamos admitir que a nosotros, como escoceses, se nos volviera a ningunear y a no tener en consideración en una decisión tan relevante para el pueblo. Menos mal, que en este asunto teníamos el respaldo de la Bute House, pero eso, a la larga, no significaba nada. Sin embargo, esa no era mi preocupación más perentoria, mis pensamientos ron- daban en otra dirección. Así que decidí alejarme lo más posible de la Royal Mile a pesar del incesante agua que caía y aproximarme a una zona más comercial, y pasar así más desapercibida para mis propósitos más inmediatos. Una vez que alcancé Princess street, no lo dudé. Entré en una farmacia y solicité el test de embarazo no sin cierto sentimiento de culpa, como cuando tenías 18 años y entrabas a hurtadillas, sin que te viese nadie, a comprar preservativos. Esperabas el momento en el que no hubiese ninguna persona en el establecimiento, pero eso daba exactamente igual, porque siempre había una jubilada que se demoraba demasiado hablando de sus nietos con la dependienta o el típico padre de familia que requería un sin fin de vacunas y fármacos para su prole. Situación esta última de la que muy pronto podría yo formar parte si todo salía como Max y yo habíamos pla- neado. ¡Qué nervios! Sea como fuere, lo cierto es que salí de ese dispensador con mi co- rrespondiente prueba al módico precio de 10 libras. No podía esperar. Había pasado ya la hora del almuerzo así que los pubs circundan- tes estarían relativamente vacíos. Conocía uno excelente en George street, tranquilo, am- plio, apacible y con unos servicios que en nada se asemejaban a la imagen internacional que tienen los baños de la capital de Escocia a cuenta de la infame Trainspoting, película que tanto daño había causado a la noble, elegante y señorial Edimburgo. Así que, con de- cisión y aplomo, entré en su enmoquetada estancia con la firme intención de mear. Sí, sí, de mear sobre el papel secante que me diría si era azul o rojo, no sin antes pedirme una rebosante pinta de black isle. Dicho lo cual, me dirigí directamente al servicio de señoras, me sequé las manos y la abundante melena negra rizada que estaba completamente hú- meda por la lluvia y me dirigí al espacio más íntimo para las mujeres. Allí, me recogí la minifalda de mi traje chaqueta, me desenlacé mis zapatos planos, me bajé las bragas y oriné. Con ganas y fuerza.
  36. 36. Página36 Miré al techo azulejado y me vino a la memoria mi amiga española Alma, que esta- ba embarazada de seis meses y que esperaba ya a su segundo hijo. Había tenido hace tan solo dos años a Jaime y ahora venía Hugo, la parejita de hombres. ¡Pobrecita!, entre su amadísimo Alberto, un hostelero con muy pocas luces venido a menos, pero muy cachas, todo hay que decirlo, y ahora el dúo masculino en el séptimo piso del 420 del carrer del Llull, tenía la fiesta completa. No por nada, si no por aquello de que las niñas son más es- pabiladas, que se desarrollan antes y que son más inteligentes, aunque claro, también es- tá la educación y el sistema, que, no nos engañemos, es machista por naturaleza, y te la educan como a una princesita y todo eso. ¡Uf!, creo que la pinta y encima el hecho de es- tar en ayunas desde las seis de la mañana, más la tensión del parlamento, me estaba ha- ciendo efecto. Así que miré de reojo el papel secante y vi el color azul. ¡Sorpresa!. pero programada. ¡ESTOY EMBARAZADA! Espero que sea niña, fue lo primero que pensé. Salí a la barra, donde ya se acumulaban varios grupos de parroquianos y me pedí otra pinta, pero esta vez sin alcohol. Estaba tan intensa que no acertaba a llamar a Max, que estaría en la autopista volviendo a Edimburgo. La conversación fue breve y casi sin palabras, el resto del tiempo lo llenamos con risas. Esperábamos un hijo y todavía no sa- bíamos cómo iba a ser, aunque estábamos felices. II Acabamos de aterrizar en Jerez. El tiempo en Edimburgo era horrible, como siem- pre. Espero que donde vamos -un apartamento en la zona de Isla Cristina en pleno perío- do estival-, sea un paraíso porque en mi estado, con movilidad reducida y todavía con ma- reos y sofocos, cualquier contratiempo puede ser un infierno. Además, los primeros meses del embarazo fueron bastante horribles, con continuos vómitos, malestar general, energía bajo mínimos y encima con toneladas de trabajo. El Brexit parece que toma forma y todo apunta a que nos saldremos de la Unión a pesar de los esfuerzos e incluso amenazas rea- lizadas desde Escocia y otros lugares del Reino Unido. No creo que se repita el referéndum y todo indica que solo la Justicia o Westminster pueden parar algo que parece imparable. Escocia vuelve a estar en el lugar donde siempre ha estado desde 1707: bajo el yugo del Imperio. Pero ese no será mi problema durante los próximos quince días, o al menos si no sucede algo gordo, y todo parece indicar que a mediados de agosto, el sopor de la City se ralentiza considerablemente. Me he tomado unas pequeñas vacaciones con Max y hemos venido a Huelva, una zona de España que no conocíamos a pesar de mis orígenes madri- leños, a descansar, disfrutar de los largos días de sol, conocer sus salvajes playas, dar acopio de la buena comida andaluza y entablar jugosas conversaciones con los habitantes del lugar. Este sitio es una maravilla. Punta Umbría, El Rompido, Islantilla, Isla del Moral, Isla Canela. y eso sin citar su excelsa a la par que humilde gastronomía local: jamón de Jabu- go, gamba, fresa, vino, coquinas, choco. Un lujo para los sentidos. Ahora entiendo por qué los andaluces no quieren salir de su tierra, se encuentran tan recogidos que todo lo demás les es accesorio. Nosotros, sin embargo, buscamos y buscamos la perfección inte- rior para alcanzar, en muchas ocasiones, el mismo punto de partida. Cuestión de priorida- des. La estancia fue superior, salvo un pequeño contratiempo. A mitad de semana, y tras un ajetreado día de playa en Vilamoura, sentí un calor abrasador y un sofoco que no
  37. 37. Página37 era propio de los días anteriores. Así que decidimos acercarnos al hospital de Faro para saber qué pasaba y también para tranquilizarnos. Pero más lejos de esa posibilidad, nos comunicaron aquello que no queríamos oír. Tenía una infección de orina y, ¡horror!, tenía que ingresar para su tratamiento. No me lo podía creer. Estaba en el extranjero, fuera de mi casa, embarazada de seis meses y con una enfermedad. Llamé a todo el santo mundo. A mis amigas de Escocia y España, a mi madre en Madrid, a mi tío médico en Nueva York, a la oficina del Parlamento, a los padres de Max en Glasgow. En fin. No sabía qué hacer. Tenía fiebre y una pequeña personita en mi inte- rior que requería de todas mis atenciones y cuidados para que viese la luz de este mundo y ahora era lo que más me preocupaba, a pesar de que los sanitarios portugueses me re- petían una y otra vez que era una infección menor, que había que tratar con antibióticos intravenosos y que en un par de días -si todo iba bien- me darían de alta y podría volver a casa. Sí, todo eso estaba muy bien, pero la que estaba sufriendo esa situación y esa preocupación era yo. Siempre me habían dicho que bajo ningún concepto tomara antibió- ticos y que tuviera muchas precauciones con un sin fin de circunstancias, tales como ali- mentación, deporte en exceso, viajes largos y cansados o contacto con animales, además de evitar el calor, descansar más de lo habitual y eludir todo lo relacionado con el alcohol o el tabaco, aunque esto último no era ningún problema para mí ya que había dejado de fumar hacía casi una década. Me acordaba perfectamente de ese momento. Fue después de un viaje a Oriente Próximo cuando tomé la determinación de abandonar ese insano há- bito; eso sí, no sin antes comprarme tres cartones de 10 cajetillas cada uno en la zona in- ternacional del aeropuerto de Frankfurt. Así que una vez que dije a todos mis conocidos que iba a dejar de fumar y de aspirarme los correspondientes 600 pitillos, dije definitiva- mente: adiós vicio. Afortunadamente, tras 48 horas ingresada en el hospital de Faro EPE y una vez que desapareció la fiebre y la infección de orina, me dieron el alta. Acto seguido y con mejor cara cogimos un avión y regresamos a Edimburgo para descansar una semana más, ya sin preocupaciones sanitarias ni tampoco políticas. ¡Qué alivio! El Brexit ya estaba práctica- mente hecho tras el voto favorable de la Cámara de los Comunes y mi embarazo seguía viento en popa. III No me lo puedo creer. El dolor es insoportable. No dejo de dar alaridos, gritos, chi- llidos, bramidos y me agarro como puedo a las sábanas de la cama del hospital, al colchón o a la pelota que me han dejado para que me ponga en posición de cuclillas y dé peque- ños botecitos y así intentar suavizar las fuertes contracciones que me vienen como conse- cuencia del inminente parto. He roto aguas hace dos horas y la sensación de dolor es peor de lo que podía ima- ginar. Cada vez que me viene una contracción sería capaz de morder a alguien, de arran- carle un trozo de carne e incluso de comérmelo. Es algo literalmente insoportable. Así que reclamo, qué digo reclamo, exijo literalmente que me den algo, que me inyecten lo que sea para apartar de mí cuanto antes este sufrimiento infernal. Creo que mi cabeza ya casi ni funcionaba a causa del inmenso tormento y que incluso llegué a arañar a Max o a insul- tar a la matrona; ni me acuerdo, solo quería una solución, una droga, un respiro que me produjera algo de paz y sosiego.
  38. 38. Página38 ¡Uff! Por fin llegó el descanso tras la epidural. Dejé de chillar como un animal herido y me relajé sobre la cama mientras me monitorizaban las contracciones, mi pulso y el de la pequeña. Todo parecía ir conforme al protocolo sanitario, así que me condujeron al pa- ritorio y allí con una dilatación de siete puntos y una enorme fuerza nació ella. Aún sucia, rugosa, caliente y muy, muy pequeña, allí estaba Azul, con sus ojitos almendrados abiertos, sus papitos de recién nacido y sus manitas diminutas que no deja- ba de mover. El mundo le daba la bienvenida y ella, Azul, la pequeña personita que había llevado durante más de nueve meses en mi barriga daba la bienvenida al mundo. “La vida es tuya, solo tienes que saborearla”, pensé. Javier Villahizán DSC / Javier Contreras
  39. 39. Página39 La encuesta A comienzos de los setenta, los ciudadanos de este país no habíamos perdido todavía el título de “reserva espi- ritual de Occidente”, diploma otorgado por el viento y por los pájaros, y en los lupanares el servicio era dispensado por indígenas con muy poca colaboración ex- tranjera. No obstante, los hippies lleva- ban tiempo reinando en Ibiza y en la calle ya se hablaba de la píldora anticonceptiva que se dispensaba en las farmacias con receta. Entonces, a pesar de mis treinta tres años y estar ya casado, yo era cán- dido y soñador, y pensaba ilusionado en el éxito a expensas de una actividad lite- raria cuyos frutos confiaba sacar de las catacumbas y pasear por medio mundo sin reparar en sacrificios y privaciones. Esta etapa, que debía percibir co- mo la más plena de mi vida, comenzó de improviso a adentrase el las aguas re- vueltas de una de mis crisis existenciales –por algo estaba de moda el viejo Scho- penhauer y su filosofía de la amargura-, y mi yo oprimido e inconforme se empeñó en buscar un camino distinto al que había trazado con la complicidad de mi matri- monio. Me parecía tan vulgar mi andadu- ra. Así que, con las primeras señales del naufragio, fui a refugiarme en el “Cabiria Club”, una barra americana o aliviadero para solitarios y depresivos, que no hacía mucho había descubierto en los límites del barrio. Sus camareras (morenas (las más), rubias (algunas) y pelirrojas (ex- cepcional mente), estaban siempre dis- puestas a escuchar los problemas y las cuitas de su fiel clientela, ni que decir tie- ne que masculina, a cambio de una invi- tación (quiero decir, una tras otra si la te- rapia se prolongaba): eufemísticas infu- siones de té con hielo en vaso de tubo que hacían pasar por whisky para justifi- car el alto precio. Debía ser así para no caer en los brazos del sueño a cuenta del alcohol en lugar de escuchar con la aten- ción debida las confesiones del pagano. Mis visitas al “Cabiria Club”, am- biente de rojo fuego salpimentado por el sahumerio de un pebetero escondido en algún rincón, me llevarían al trato con una beldad, supuestamente gaditana: treinta y cinco años, cabellos de azabache en cascada, frente despejada, mejillas angulosas, ojos como ascuas, nariz de juguete y cerezas como labios. Desde la primera noche, Kathia, que así se hacía llamar, mostró una decidida afición a mi persona, tal vez porque éramos de edad pareja o tal vez porque aquel individuo de extremada delgadez y gafas de estudian- te fracasado que la solicitaba le inspiraba ternura y compasión. En cuanto me veía traspasar la puerta, esperaba a que to- mara asiento dándose un retoque al pelo o al maquillaje, y apenas me había aco- modado, se me acercaba con su sonrisa de bienvenida y su mirada de mujer hambrienta, dispuesta a exhibir sus en- cantos solo para mí y a dedicarme el tiempo que aguantara mi cartera.
  40. 40. Página40 ¿Llegaría a decirme alguna vez verdad sobre ella y su pasado en el transcurso de nuestras largas sesiones de susurros?¡Dios!, para mí hubiera querido su capacidad de invención, pues como si ca- reciera de memoria, cada pocos días me brindaba una versión nueva de su in- fancia y de su juventud, invariablemente pagadas de calamidades y miserias. Ren- corosa con el destino, ¿trataría de justifi- car así la vida que llevaba? Lo cierto es que la táctica debía de darle buenos re- sultados a juzgar por sus muchos admi- radores. Como sucede con las películas que exageran la realidad hasta lo imposi- ble o la distorsionan descaradamente, sus elucubraciones me parecían de perlas en aquel ambiente de voluptuosidad y al- cohol, y mi alma salía confortada y forta- lecida para seguir un día más acompa- ñándome en mi desorientado deambular. La primera tarde que entré en el santuario venusino, ya tenía esbozado el cuestionario. Consideraba “la encuesta” un proyecto ambicioso en mi faceta de escritor. Se trataba de algo sencillo: reco- rrer prostíbulos para formular una serie de preguntas a sus trabajadoras en rela- ción con sus experiencias laborales, así como sobre lo que pensaban, lo que amaban y a lo que aspiraban como seres humanos. Con los cuestionarios respondi- dos, escribiría un libro y con su edición y venta, me apuntaría mi primer tanto co- mo escritor. Un día en que me sentía especial- mente agradecido a Kathia por su com- prensión (sus labios en mi oreja), por su apoyo incondicional (lo que yo intuía bajo la ropa su pezón derecho rozando el torso de mi mano, posada en el mostrador), por sus continuas proclamaciones de san- to varón (sus ojos derramando piedad) que no se merecía la mierda que le ofre- cía la vida, le abrí de par en par mi cora- zón y le expliqué mi proyecto. Era osado en cierta medida y acaso peligroso pues iba a ser eminentemente de campo, don- de de ordinario mandaban los chulos, siempre al acecho de intrusos indesea- dos. Para llevarlo a buen término había ahorrado una cantidad de dinero cercana a lo que hoy serían tres mil euros. Con esta cantidad tendría suficiente para cos- tear el transporte, la manutención y el alojamiento y, hasta donde llegara, los honorarios de las encuestadas. Había previsto pasar con cada una media hora, el tiempo equivalente al que solían em- plear con los clientes propiamente dichos y, por consiguiente, abonar su tiempo como si fuera uno de ellos, algo que daba por sentado aceptarían, pues solamente pretendía explorar, a diferencia de aque- llos, ciertas parcelas de su espíritu. Bajo la luz rojiza que nos envolvía era difícil leer los papeles que le mostré, cubiertos de una diminuta caligrafía ma- nual, mezclada con la dactilográfica de mi Hispano Olivetti. Así que Kathia sacó una pequeña linterna y al primer vistazo a aquella desordenada mezcla de signos di- jo: “Mira, chico, mejor los leo en la pelu- quería si te parece”. Y se guardó el cues- tionario. A mi confidente, de una inteligen- cia nada desdeñable y una cultura más que mediana, le pareció el proyecto muy interesante y el cuestionario ingenioso. Kathia se brindó a colaborar conmigo y yo acepté encantado pues frente a mi inexperiencia absoluta en aquel terreno ella conocía la sicología de las mujeres a las que iban dirigidas mis preguntas y el ambiente en que se desenvolvían, de manera que durante varias noches nos dedicamos a modificar el cuestionario en unos puntos y a ampliarlo en otros, lle- vando ella la iniciativa en todo momento. Cuando consideramos que el tra- bajo estaba hecho, cogí los papeles y me los llevé a casa. Mecanografié un nuevo cuestionario, el definitivo, y lo dejé sobre la mesa de mi estudio junto a la máquina de escribir. Recuerdo que era un viernes recién anochecido cuando abandoné mi casa y me dirigí al “Cabiria Club”. Su devenir de confidencias, caricias y alcohol transcu- rrían apaciblemente cuando, pasada la
  41. 41. Página41 medianoche, la policía irrumpió con toda su soberbia de autoridad bajo el pretexto de que aquello era un nido de prostitu- ción y un refugio de vagos y maleantes. No tengo que decir que empleadas y clientes fuimos detenidos de mala mane- ra y acabamos con nuestros huesos en la comisaría del distrito. En la fantasmagórica madrugada, (nunca llegaré a saber si lo vivido aquella noche fue real), mi fascinación por Kathia se apagó tan de improviso como un pabi- lo atacado por una súbita corriente de ai- re. De pronto, Kathia deja de ser ella, mi bella y admirada consejera, para trans- formarse en un tal Hermenegildo Bermú- dez, por obra y gracia de la burocracia que gobierna el mundo. Entonces caí en la cuenta de que había empezado a ena- morarme de una mujer inexistente. ¡Qué dulces las apariencias y qué cruel la reali- dad suplantadora! me dije, traumatizado por la sorpresa y el desencanto, mientras recorría con mis ojos tristes el devastado ambiente, poblado de durmientes vaga- bundos, madamas llorosas y borrachos visionarios. El día que llegaba iba a ser más largo de lo que hubiera sospechado y mucho más desconsiderado conmigo que la noche que acababa de irse. Sería ya mediodía cuando me pre- senté en casa, sucio y derrotado. Tras pasar por la ducha y tomar un té, entré en la pequeña estancia que las ilusiones de unos recién casados habían destinado a ser el día de mañana la habitación de los niños. Allí, sobre la pequeña mesa en la que mi máquina de escribir daba cuer- po y alma a mis desvaríos, seguían los seis folios de preguntas que había dejado el día anterior antes de salir, listos para presentarlos a la fotocopiadora al día si- guiente, o sea, aquella misma mañana. En el margen superior que había sobre la primera línea del cuestionario, pude leer con gran confusión, pues no podía dar crédito a mis ojos, este mensa- je de puño y letra de mi compañera: “Aquí te dejo mi cuestionario. ¡A puta a mí nadie me gana!”. ¿Debía dar por sentado que la des- agradable nota equivalía a una despedi- da? El golpe me produjo tal vuelco de estómago, que el mareo y las nauseas me obligaron a correr al cuarto de baño donde de hinojos ante el inodoro vacié hasta el último residuo de todos mis de- pósitos. Quise leer la encuesta pero el cansancio y la cobardía pudieron más que el valor. Era sábado tarde y por tanto fes- tivo, así que decidí refugiarme en el sue- ño en medio de una absoluta desorienta- ción mental. Mi vida había dado un giro de ciento ochenta grados hacia un nuevo estado de cosas en el que tardaría en si- tuarme. Me desperté pasada la medianoche y lo primero que me vino a la mente fue el abandono de mi pareja y la nota que había dejado. Me tomé un vaso de agua y me puse a leer las respuestas que la fugi- tiva había escrito debajo de cada una de las cincuenta preguntas que constituían la encuesta. Cuando acabé, mi cabeza giraba de nuevo, mi cuerpo temblaba, mi inteli- gencia estaba deslumbrada, mi corazón rechinaba de rabia y mi orgullo se arras- traba a la luz de la lámpara de la mesilla, pisoteado por mi propia ceguera. Es decir me veía como un auténtico y maldito gili- pollas, como un fracasado, como una ma- la persona, como un golfo… Tras dos años vividos con Lourdes, acababa de ente- rarme de que sin yo percatarme había si- do un hombre afortunado al tener a mi lado aquella mujer extraordinaria. ¿Qué hizo que me sintiera de aquella manera? Cada respuesta era un pozo de sabiduría, un ejemplo de cordu- ra, una prueba de superioridad intelectual y moral frente a mi cortedad y mi pobre- za de espíritu. Ideas que incluían varias
  42. 42. Página42 respuestas o que dejaban entrever otras muchas; unas sugerían lo más noble, otras lo más ruin y perverso. La razón y la locura volaban parejas por aquel len- guaje hasta la frontera de lo imaginable. La persona que había escrito aquello re- velaba toda la prodigalidad intelectual y toda la moral plurivalente. El bien y el mal, la nobleza y la bajeza, combinados tan equilibrada, tan inteligentemente… En cada línea, llegué a entrever todas las respuestas posibles que podían darse. Con aquel único cuestionario, me dije, ya podía hacer el libro que pretendía si examinaba detenidamente cada con- testación, si estudiaba la ambigüedad de algunos puntos, el doble significado de ciertas palabras, si me dejaba llevar por lo que sugerían o me adentraba por los túneles y bifurcaciones de muchas de las insinuaciones que saltaban a mi conside- ración a cada paso. Leyendo el cuestiona- rio me veía como afortunado cazador en medio de un campo, desbordado por el avistamiento de toda clase de hermosos trofeos animales. ¿Por qué Lourdes durante nuestra vida en común no pudo o no supo reve- larme la clase de mujer que era: comple- ja, profunda, maliciosa, inteligente, per- versa…? ¿Por qué no fui yo capaz de des- cubrirla? De pronto salté de la cama y me puse a recorrer la casa. Quizá estaba en un error y mi esposa sólo había sido pre- sa de un arrebato momentáneo, o dicho más explícitamente, de un ataque de cuernos. Lourdes tenía que volver. Volve- ría. Si no, yo no sé lo que iba a hacer. Registré el pequeño apartamento (dos habitaciones desiguales en cuanto a su capacidad, un salón comedor raquítico y una cocina minúscula), en busca de prue- bas que me dieran una esperanza por li- gera que fuera de que su marcha no era definitiva. Por ejemplo, cosas que para ella eran esenciales, tal que alguna de sus bisuterías preferidas para adornar su cuello y sus manos que consideraba ar- mas de defensa para determinados días. Lourdes tenía sus manías. Fiel estudiosa y más fiel observante del horóscopo, vivía a caballo de un puñado de supersticiones. Era una mujer vulnerable, insegura, qui- zás porque su enorme sensibilidad le de- volvía la certeza de los muchos peligros que de sus perfumes, tan poco perseve- rante con algunos y tan exigente siempre con los olores que su persona debía ema- nar. De vuelta del trabajo, algunas veces la notaba malhumorada a causa de que el perfume que llevaba ese día le había ju- gado una mala pasada al entender que una observación inesperada o una reac- ción extraña de su jefe estaba relaciona- da con su olor corporal. En los momentos de mayor sinceridad, llegó a decirme que el malhumor que traía se debía a eso. Lourdes trabajaba como secretaria de di- rección. Empecé a pensar en los lugares adonde podría haber ido. Busqué mi agenda telefónica y dediqué la mañana del domingo a llamar a familiares, ami- gos, compañeros de trabajo. Nadie me dio razón de su paradero. Unos no supie- ron dármela y otros no quisieron proba- blemente. Una semana después me llegó la noticia de que se había trasladado a Chile con su jefe, a una nueva sucursal que acababa de abrir la empresa. Medio año después me confirma- ron algo que yo había supuesto mucho antes, que vivían juntos. De mi vida a partir de entonces, ni les cuento. Por cierto, sigo conservando aquel prolijo cuestionario que me haría célebre como escritor. Si la curiosidad les quita el sueño, puedo enviárselo. Félix J. Alonso Camarero
  43. 43. Página43 DSC / Javier Contreras
  44. 44. Página44 DSC / Javier Contreras
  45. 45. Página45 [Carpeta artística de Néstor Pavón] Por Fernando Ortega*
  46. 46. Página46 Néstor Pavón, o el equilibrio frente al caos Su obrador artístico se asoma a los campos castellanos y escucha las campanas de la cercana Cartuja. Ese silencio, esos colores cambiantes del campo castellano combinados con su larga colaboración con importantes arquitectos en su época madrileña han hecho una mezcla explosiva donde se combinan los colores del terruño, el silencio y el trabajo laborioso, cual meticuloso artesano, con una visión y un conocimiento universal. Para él le son tan familiares los páramos burgaleses o el campo de Lilaila como Henry Moore, Do- nald Judd o Larry Bell. Un hombre del Renacimiento que ha realizado fotografías, pelícu- las, bastones artísticos, poesía pero, sobre todo y ante todo, más de mil pinturas y dibujos y más de quinientas esculturas realizadas o en proyecto. Sin olvidarnos de sus cuatro li- bros sobre las marcas de cantero, serie de libros única –por su extensión e importancia– en el mundo. Ese hombre es Néstor Pavón Espiga (Burgos, 1928), que comenzó su afición artísti- ca en la Academia Provincial de Dibujo para continuarla en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, ciudad donde ha vivido la mitad de su vida y donde desarrolló su vida profesional, aunque siempre vinculado a sus raíces burgalesas. Pintor en su primera época, la evolu- ción hacia una cierta abstracción le condujeron a la escultura. Su línea es de una escultura emancipada de conceptos convencionales, influida por sus contactos con la arquitectura durante esos años. Más de treinta exposiciones individuales y más de cien colectivas que tiene su culmen en la retrospectiva celebrada en Burgos en el año 2006 como resumen de cincuenta años de trabajo continuado de dibujo, pintura, escultura y diseño, trabajo que –como veremos- ha continuado hasta el día de hoy. Con motivo de la citada exposición comentó: “Durante esta primera década del siglo XXI realizo una serie de obras que pretenden resumir toda una trayectoria artística. Han sido unos años de intenso tra- bajo, como si fuera una traca final. Todas estas últimas obras son fundamentalmente de estructuración geométrica”. Piensa que si os arquitectos desarrollan una escultura habita- da, los escultores deben hacer una escultura arquitectónica, con el mínimo de elementos, utilizando referentes geométricos básicos, como la proporción áurea o el triángulo de Pitá- goras o el de Timeo, todo compuesto y ordenado.
  47. 47. Página47 Paisajes para el recuerdo A comienzos de los años 40 comenzó a pintar los paisajes burgaleses, vocación pic- tórica que con el tiempo cambiará por la escultura, influido quizá por el trabajo con impor- tantes arquitectos en Madrid. Esos volúmenes, con sus vacíos, y sus luces y sombras, le seducirán hasta que en los años 2011-2012 vuelve a coger los pinceles y retoma su afi- ción por la pintura. Pinta paisajes que recuerda, muchos de ellos ya transformados en la realidad. Pueblos terrosos de adobe, vacíos y algunos desaparecidos en los que ya no es- tán “aquellos labriegos castellanos, enjutos y altivos, austeros y devotos”. Como él mismo reconoce “Estos paisajes quizá no sean más que recuerdos de un artista”. 1 Pueblo agazapado en la hondonada protegida del viento norte. Paleta muy sobria de colores, la de los colores castellanos, los de la siembra, la siega y la trilla.
  48. 48. Página48 2 Tarde serena con cielo liso y luminoso sobre el que se recortan unos cerros rojizos, sensuales, a cuyos pies florecen unas zarzas de andrinos espinosos. Castilla tiene tramos con una paleta de colores muy diversa. Es parda en otoño y en el invierno, verde en pri- mavera, y de tonos ocres y amarillos en el periodo estival.
  49. 49. Página49 3 Paisaje de una mañana de otoño, de luz atenuada sobre los campos desnudos, con colores rebajados que el verano agostó, ahora bajo un cielo levemente agrisado con la luz blanca sobre el horizonte. Paisaje que tantas veces dibujé y pinté desde distintos ángulos.
  50. 50. Página50 4 Paisaje de la Castilla profunda, donde muchos pueblos han sido abandonados, las casas derruidas y un manto de maleza cubre los muros derruidos por donde trepan las la- gartijas. Labriegos que huyeron hacia otras tierras menos ásperas y menos duras. Proyectos escultóricos Néstor Pavón ha realizado decenas de conjuntos escultóricos que siempre suele bautizarlos con nombres tan sugerentes como Pasaje de Caronte, Enigma, Euclides, Evo- cación o Yunque de las rememoraciones.
  51. 51. Página51 1 Los motivos hacen alusión a su título -Paraje de Caronte-, del que según la mitolo- gía clásica, era el encargado de pasar las almas o los muertos, a través de la Laguna Esti- gia, al otro lado, a ese Paraje donde parece no existir nada, “ni siquiera nada”. El elemen- to escultórico situado en primer plano representa el túnel, ese que al final tiene un punto luminoso y que dicen ver todos aquellos que creen haber estado a las puertas de la muer- te, o más bien en la frontera, en la línea que separa la vida de la muerte. Un segundo elemento tiene vaciada una cruz de lados desiguales, la que indica el lugar de los buenos y los malos, a la derecha el cielo; a la izquierda, los malos, el fuego eterno, según nos cuentan las metáforas bíblicas. Y el tercer elemento formado por una alusión a la Tau, va- ciada en el volumen, que simboliza aquellas variables donde supuestamente se situarán los agnósticos, los ateos y los escépticos.
  52. 52. Página52 2 La escultura está compuesta por dos elementos verticales con una cierta alusión antropomorfa. El aspecto que sugiere es de estar comunicándose, revelándose un secreto, algo confidencial.
  53. 53. Página53 3 El título del Yunque de los desencantos hace alusión a un yunque, no al del forja- dor, si no a ese yunque íntimo donde el martillo golpea tantas ilusiones y las transforma en desencantos.
  54. 54. Página54 Futuro abierto
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  56. 56. Página56 Cubo de las utopías El artista siempre está bordeando la utopía. Imagina y plasma en sus obras algo que no existe, con las formas y el color, en las artes plásticas, y que al materializarlo en el lienzo, en la piedra, en la partitura, en la arquitectura, la literatura o la poesía, o en otras artes, la obra toma cuerpo y la utopía se hace realidad.
  57. 57. Página57 Los cubos de Pavón. Cubos en mutación geométrica. “Cada posición de estos cubos de las seis posibles que tiene cada uno, aportan dis- tintas sugerencias y motivan diversas reflexiones. Cada luz proyectada en las distintas formas geométricas pueden sugerir recuerdos lejanos sobre paisajes vividos. Estos cubos son como cajas de Pandora, donde existen espacios místicos, serenidades y un profundo silencio. Lugares donde meditar, donde rememorar aquellos días que ilusionados recorri- mos aquellos tramos que no pisaremos más”.  La escultura debe crear un conjunto armónico, integrándose volúmenes y vacíos, cuya resultante debe ser el equilibrio de la composición.  Los escultores solemos ser hombres silenciosos, quizá porque nuestro trabajo pro- duce ruido  En el universo hay mucho más espacio vacío que el que ocupa la materia.  La escultura debe crear tensiones integradas entre el volumen, los planos y el va- cío, equilibrando las formas.  La geometría tiene la armonía de lo perfecto, la serenidad de lo armónico y la com- posición de lo bello.  Espacios, superficies, volúmenes, vacíos, luz y sombras, organizados armónicamen- te, eso es escultura.  Entre el volumen y el vacío se crean a veces habitáculos despoblados de verdades y mentiras. Son espacios para la reflexión.  En el arte es preferible estar en el lado de los incomprendidos que figurar en la in- diferencia de los informados.  El poder expresivo y formal de la escultura no depende de sus alusiones más o me- nos figurativas, más bien la define el impacto visual que presenta su composición y las sugerencias que proyecta el motivo.
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  59. 59. Página59 El primer café de Victoriano Crémer Me lo imagino entrando por primera vez en este “Bar Río”, sentándose a una mesa junto a la ventana; la misma donde se sentaría todos los días durante los siguientes diez años para desayunar, leer el periódico acompañado por una lupa, tomar notas, dejarse adular por escritores y periodistas bisoños aunque por fuera les gruñera. “Cuando entraba alguno como tú decía: “ya vienen a joderme”, me comenta Vicente, el dueño, mientras me sirve el café con leche. Me creo el subtítulo del bar, “expertos en desayunos”, al ver que lo acompaña con una buena magdalena, y se me quitan los temores de que yo pueda pasar por un moscón como aquellos, que viene a hacer preguntas movido por admiración al maestro, cuando, a renglón seguido, Vicente añade que lo de Crémer con los que se le acercaban se podía resumir en algo así: “me tenéis hasta los huevos, pero no os mar- chéis”. A otro cliente de la barra, que protesta porque le ha llenado demasiado el vaso de mosto, le dice: “¿Sabes lo que hacía uno en mi pueblo, cuando se le quejaban de que les había echado mucho? Le pegaba un trago y resuelto: “Así ya te eché suficiente”. Pero vuelvo al primer café de Crémer. Se conoce que aquel día había bastante mo- vimiento, y él, sentado a su mesa, esperaba pacientemente, sin decir nada, a que apare- ciese el suyo. Así cinco, diez minutos. Hasta que levantó la voz –que dicen le daba tanta presencia, sobresaliendo de su menuda figura–, y se le oyó: “¿Es que mi café lo están preparando en Colombia?” Vicente se ríe. Y yo también, claro. “Era un poco protestón”, me dice, casi confiden- cialmente, el hombre del mosto cuando ya se marcha. El caso es que, finalmente, el due- ño le sirvió al escritor el café en su mesa, Crémer le miró y dijo: “No me lo vuelvas a traer. A partir de mañana, voy siempre yo a por ello”. ¡Qué presentación más cojonuda! A la altura del mito que me ha traído, tras sus pasos, por segunda vez a León. Es un día muy distinto al primero, lleno de niebla y frío, creadores de una atmósfera tan propicia para descubrir “Tendiendo el Vuelo”, su primer libro, fascinante y remoto como aquel otro sobre la risa que desencadenara los misterios de los monjes medievales de Umberto Eco, frente a esta mañana de lunes, en que mi pa- seo por la ciudad pudiera parecer casi un capricho de señorito ocioso. Pero es un trabajo grato escribir un articulillo desde este bar, que me recuerda a una sala como de café-casino de provincias reducido, donde tuvieran lugar tertulias litera- rias y políticas, supongo que idealizadas por los que no las hemos conocido, pero que nos hacen soñar con la época en que ser liberal era otra cosa de la que se acostumbra hoy. Así lo han frecuentado también el poeta Gamoneda –atraído por las sopas de ajo que anuncia un cartel detrás de la barra–, treinta años más joven que Crémer y, al que, sin embargo, le decía este cuando se juntaban: “A ver si vos cuidáis, que luego vos morís y
  60. 60. Página60 me dejáis solo”, o Pedro Trapiello, que se llevaba muy bien con Victoriano porque era más joven pero igual de zorro que él. Cuando el número de visitantes o buscadores de consejo era excesivo, don Victo- riano le pedía a Vicente que los mandara a paseo, aunque, si a los efectos de la lisonja an- tes mencionados se añadía pagar el desayuno del maestro, ya era otra cosa. Que alguien con el siglo XX e inicios del XXI a sus espaldas sabía lo que costaba la vida. “¿Qué, don Victoriano, le han dado otra medalla?” ; “¡Ya podían darme más dinero, en lugar de tanta medalla!” * * * Parece que no nos queda más Crémer de que hablar. Al coincidir con un momento en que se calma el trasiego en la barra, siento, entre apunte y apunte, el color, el tacto de la madera por todo el bar, la tranquilidad solo rota por los tiros que pega el sheriff desde la televisión –“como soy de la época de Crémer, me gusta poner las del Oeste”–, el par de hombres leyendo el periódico con buena concentración… Y me acerco a la estantería, situada tras la mesa del escritor, que contiene su lupa, un abrecartas, alguno de sus títulos –“La cueva del Minotauro”, “Los extraños terroristas de la Sábana Santa”–, un par de ejemplares del Diario de León –“¡No darían todas sus pá- ginas para lo que tuviera que decir hoy sobre cómo están el mundo y la política!”–, un re- trato, y algunas fotografías; el recuerdo más personal de su paso por el bar. (La mujer de Vicente asegura que su marido todavía tiene la foto con Victoriano en el móvil.) Sentido homenaje a este buen paisano. O, como decía el verso de José Hierro, “Ahora sé que mi padre está vengado”. Alberto de Miguel Pliego AMBERES / Javier Contreras
  61. 61. Página61 De profundis A esta edad, releo con asiduidad libros que me dejaron una huella que el tiempo no ha hecho más que enriquecer. Libros que me cautivaron y conmovieron. La lista es larga y considero innecesario enumerarla. No me hicieron más feliz, ni mejoraron mi situación la- boral, ni me ayudaron a convivir con mis contradicciones y mis dudas. Pero fueron dejan- do en mi interior la creencia en ciertas verdades que me ayudaron a comprender y respe- tar la complejidad de la vida y las intermitencias del corazón que acompañan al ser hu- mano. Estos días, un libro me ha enseñado y deslumbrado más que la primera vez que lo leí. Me refiero a De profundis y a su autor Óscar Wilde; ese dandy nacido en Dublín un día de octubre de 1854, dotado por los dioses de brillantez y audacia intelectual, de actos y palabras que no dejaron de asombrar a la gente, pero que necesitó del infortunio para co- nocer que el fin supremo del arte es suprimir toda acusación y justificarlo todo, la vida y los hombres, en una luz que es la luz de la belleza, porque es la luz de la verdad. Wilde escribió De profundis, la carta más extensa que conoce la historia, desde la cárcel de Reading, a donde fue arrojado para cumplir dos años de trabajos forzados, por uno de esos delitos que una sociedad hipócrita y puritana, como la victoriana, no podía perdonar. Hasta ese momento, Wilde se había aplicado a probar por el ejemplo de su vida, que los más grandes dones de la inteligencia y los más brillantes prestigios del talento, no bastan para hacer un creador. Creía, en efecto, que hay dos mundos: el de todos los días y el del arte; que el primero se repite fastidiosamente, mientras que la obra de arte es única. Había, pues, vuelto la espalda a la realidad, para convertir su propia vida en una obra de arte bajo la única ley del refinamiento. Fue preciso que se arriesgara a un juicio que tenía de antemano perdido, y que sufriera en su propia vida los efectos de un aparato judicial que debió de considerar no tenía otra función que la de servirle a él, un privilegia- do, para conocer el rostro de la verdad en el corazón de la desgracia. Por una extraña pa- radoja esos tribunales lo condenan a él: quiso utilizar la ley y fue utilizado por ella. Entonces supo que había prisiones, y a partir de ese momento comenzó a recorrer “todas las posibilidades del sufrimiento”, y a comprender que donde “hay dolor hay un suelo sagrado”. Él, que despreciaba el mundo en nombre de la belleza, y él mismo en la medida del arte verdadero, no era casi nada. “Me rodeé de las naturalezas más pequeñas, y de las mentes más mezquinas, me convertí en el derrochador de mi propio genio y encontré un goce extraño en malgastar mi eterna juventud. A la postre, el deseo fue una enfermedad, una locura o ambas cosas”.
  62. 62. Página62 “Llegué a despreocuparme de las vidas ajenas. Olvidé que hasta la mínima acción diaria construye o destruye un carácter. Mi error fue limitarme exclusivamente a los árbo- les de los que me parecía el lado soleado del jardín y desechar el otro lado a causa de sus sombras y de su oscuridad”. Pero súbitamente el sol se apaga. Los tribunales en que tuvo la debilidad de ampa- rarse le condenan. El mundo para el que vivía le descubrió de golpe, y se precipitó sobre él como una jauría. Del día a la noche, en nombre del escándalo se le acosa escandalosa- mente. Sin darse todavía cuenta de lo que había sucedido, se despierta en un calabozo, vestido de preso y tratado como un esclavo. ¿Quién vendrá a socorrerlo? No, desde luego, sus refinados amigos de las noches del Ritz, sino ése que en el paseo de los condenados, camina ante él, mascullando las palabras sueltas. “Óscar Wilde, le compadezco porque us- ted debe sufrir más que nosotros”. Y Wilde, sobrecogido, le dice entonces que no y que todos sufren igualmente en ese lugar. ¿Puedo pensar que en ese instante, Wilde conoció una dicha que jamás antes pudo imaginar? Para él una soledad acababa de cesar, y de golpe, en el gesto de ese condenado, encontró una luz que colocaba a cada cosa en su lu- gar. Al mismo tiempo descubre algo más. El día en que por un refinamiento de sus per- seguidores, Wilde es llevado a la Corte, con las manos atadas, entre dos policías; el día aquel en que ve a un antiguo amigo, en medio de la multitud, quitarse el sombrero a su paso y saludar con él al infortunio, ese día en que comprende y escribe que esa acción ín- tima ha abierto para él “las compuertas de todos los manantiales de la piedad y me libra de la amargura del solitario exilio, para ponerme en armonía con el gran corazón del mundo, roto y herido”, Wilde está en condiciones de escribir De profundis, uno de los li- bros más hermosos que hayan nacido del sufrimiento de un hombre. En efecto, desde las primeras palabras del De profundis, resuena un lenguaje que Wilde, si lo había buscado antes, no lo había encontrado, y al instante quedan en segundo plano los frágiles y brillan- tes edificios de sus primeras obras. En lo esencial, De profundis es la confesión de un hombre que se había equivocado menos sobre la vida que sobre el arte, y donde reconoce que, por haber querido separar el arte del dolor, le había cortado una de sus raíces y se había quitado a sí mismo la ver- dadera vida, pues el genio, en su más alta expresión, es el que crea para que sea honra- do, a los ojos de todos y a los propios, el último miserable en el corazón del más oscuro presidio. “Para nosotros solo hay una estación, la estación del dolor. Se diría que nos han arrebatado hasta la luna y el sol. En nuestra celda y en nuestro corazón siempre es la ho- ra del crepúsculo. Y nada se mueve en la espera del tiempo ni en la espera del pensa- miento. De hoy en adelante, la única gente cuya compañía buscaré serán los artistas y los hombres que han sufrido: quienes saben lo que es la Belleza y quienes saben lo que es el Dolor”. Por eso, al salir de la prisión, lo único que podía interesar a Wilde eran sus herma- nos en el sufrimiento y en la desgracia. Y así, en las últimas páginas del De profundis se prometió identificar en adelante el arte y el dolor. “La balada de la cárcel de Reading”, completó esta promesa, terminando así el itinerario vertiginoso que lo había llevado del arte superficial y refinado de los salones, en el que cada uno se escucha a sí mismo, en los otros, al de las prisiones en el que todas las celdas gritan el mismo grito de agonía que arroja el hombre encerrado por sus semejantes. Después, no produjo nada más. Extenuado, errabundo, solitario y desgraciado, abandonado por ese mundo para el que había vivido y que le volvió la espalda, murió el 30 de noviembre de 1900 en uno de esos barrios de París, donde el arte y el trabajo
  63. 63. Página63 fraternizan en la misma estrechez. Pero ahí quedan, como una herencia real, De profundis y la “Balada”, el testimonio de un hombre que lloró en voz alta y que oculto en algún pun- to de su naturaleza encontró algo que le dijo: “Que nada en el mundo, y mucho menos el dolor, carece de sentido”. NOTA. Si este artículo consigue despertar la curiosidad de algún lector, le reco- miendo la edición de De profundis, traducción del poeta José Emilio Pacheco, Muchnik edi- tores. En las notas finales encontrará la posibilidad de enriquecer esa curiosidad. Idéntico consejo puede darse, a pesar de resultar inútil, a cualquiera de los personajillos corruptos, hipócritas e inmorales que fueron noticia en esta sociedad, que vive en su celda acomoda- da, tan alejada de las condiciones inhumanas que tenía la de Wilde, donde los tormentos físicos y mentales que sufrió dañaron el resto de su vida. J. A. Martínez Gutiérrez, “Guti” SFC, Market St. / Javier Contreras
  64. 64. Página64 BRUSELAS, Quai des Charbonnages / Javier Contreras
  65. 65. Página65 Simposio Popper BURGOS, CAPITAL DE LA FILOSOFÍA MODERNA EL SIMPOSIO DE BURGOS SOBRE LA OBRA DE POPPER. Hay cosas que pasan y otras que no, las que pasan a veces acaban en los li- bros de historia, otras, las más, es como si no pasara. La realidad se esconde de modo misterio- so entre el azar de los hechos fugaces y lo que nunca llegó a ocurrir. V. M. Escritos póstumos EL ESPÍRITU DEL SESENTA Y OCHO LLEGA A BURGOS En el mes de septiembre de 1968, una pequeña ciudad provinciana alberga- ba durante unos días a un reducido grupo de personas congregado en torno a Luis Martín Santos, profesor de filosofía del Instituto femenino de Burgos. Sí, feme- nino, porque entonces las chicas con las chicas y los chicos con los chicos1 . Toda- vía estábamos en el franquismo, en unos 1 El actual IES “Cardenal López de Mendoza”, pasó en 1963 a ser instituto femenino, mientras que los varones se iban a estudiar al que hoy es el IES “Diego Porce- los”. Este desdoblamiento se produjo porque el número de alumnos crecía muy rápidamente y ya no cabían en un solo centro. años de curiosa mezcolanza. Por un lado, una ciudad que era la quintaesencia del conservadurismo, y, por otro, los recién llegados, casi todos jóvenes y llenos de ideas políticas que se situaban en las an- típodas de los principios del movimiento. ¿Y para qué se reunían? Pues para hablar de su obra con uno de los filósofos más famosos del momento, el austriaco Karl R. Popper (1902-1994)2 . Curioso, ya que, si por algo había destacado este pensa- dor, era por su escaso aprecio del acti- vismo izquierdista, no digamos del mar- xismo. Claro que si nos quedamos ahí, perderíamos lo más enjundioso. Estos animosos congresistas venían a hablar sobre todo de filosofía de la ciencia. En un país en el que, como decía Francisco Hernán en el libro sobre el simposio, no había mucho ni de lo uno ni de lo otro. El caso es que el entusiasmo de Martín San- tos hizo posible que Popper se trasladara a tan remoto lugar (al parecer, sencilla- mente se le invitó y él acudió a la llama- da3 ). El protagonista del evento, que para 2 La escasa documentación de este divertimento proce- de en gran medida del libro: Simposio de Burgos. En- sayos de Filosofía de la Ciencia. En torno a la obra de Sir Karl R. Popper. Tecnos, 1970. No se puede ni debe tomar este artículo como una evaluación de la filosofía de Popper, todo lo más, como una serie de apostillas que toman algunas de sus ideas como disculpa. 3 Para preparar este artículo, he contado con inestima- ble ayuda de Francisco Hernán que, fue, junto con Martín Santos, el organizador del simposio en nombre
  66. 66. Página66 entonces tenía la respetable edad de se- senta y seis años, observó con flema an- glosajona cómo desfilaba una serie de contribuciones en las que se hablaba de su obra, casi siempre para criticarla, vi- niera o no a cuento. Esta era la primera vez que Popper venía a España, y, como él mismo decía, no entendía gran cosa, ya que no hablaba castellano. Después de cada intervención, se organizaba un colo- quio en el que también participaba el homenajeado, tomando como base un re- sumen en inglés que le pasaban. Aunque solo se conserva la transcripción de unas pocas charlas, es suficiente para com- prender el ambiente: estábamos en el se- senta y ocho, incluso en España. Cual- quier idea, solo por ser nueva, ya parecía mejor. Ese abigarrado grupito de perso- nas entusiastas y brillantes hablaban de lo divino y de lo humano sin que se les pusiera nada por delante, tratando de en- señar al mundo y al mismo Popper todo lo que sabían (o lo que creían saber). Ahora bien, el tema estrella de aquella pintoresca reunión giraba en torno al fa- moso principio de falsación de Popper. Sin duda una de las ideas más interesan- tes que dio el pasado y bien difunto siglo XX. PARA LOS INTERESADOS EN LAS IDEAS DE POPPER El principio de falsación de Popper afirma que lo que caracteriza a una teoría científica no es tanto que se pueda verifi- car como que se puede falsar por medio de la experiencia. Es decir, dentro de la teoría hay resortes que hacen que sea posible que la propia teoría pierda vali- dez. Ejemplo: La mecánica clásica fue falsada por la teoría de la relatividad de Einstein. Durante más de 200 años la mecánica de la Sociedad Española de Historia y Filosofía de la Ciencia. Muchos de los detalles de este artículo se ba- san en las cosas que me ha ido contando (¡Muchas gra- cias!). Cuando le pregunté, Hernán me dijo que Popper aceptó la invitación y que, además, se mostró siempre muy amable durante los días que duró el simposio. clásica fue acumulando éxito sobre éxito. Todos los fenómenos conocidos se podían explicar utilizando la ley de la gravitación de Newton. Solo había algún pequeño de- talle en la órbita de Mercurio que no se explicaba bien. La mayoría de los científi- cos pensaban que observaciones más cuidadosas o nuevos descubrimientos acabarían por explicar las “anomalías”. Sin embargo, las cosas acabaron de otro modo. La Teoría de la Relatividad fue ca- paz de explicar perfectamente las salidas de tono del pequeño planeta (que es el único que tiene una órbita con unas ca- racterísticas suficientemente raras para que las correcciones relativistas sean ob- servables). Además pocos años después, en 1919, durante un eclipse solar se hi- cieron unas medidas que dieron la razón a Einstein frente a la teoría de Newton. La física newtoniana había sido falsada. El ejemplo que hemos puesto es relevante ya que Popper cuenta que que- dó muy impresionado por el éxito de la teoría de la relatividad cuando era muy joven. El desarrollo de la física en aque- llos años (de 1895 a 1930 aproximada- mente) dio lugar a unos cambios tan pro- fundos (relatividad, mecánica cuántica) que hicieron pensar por primera vez que la historia de la ciencia no es lineal, sino que está llena de conflictos y de teorías que tienen que abandonarse para dejar su lugar a otras más potentes. Hasta que Popper entró en escena, ca- si todos los interesados por la filosofía de la ciencia se devanaban los sesos para estudiar la forma de con- firmar una teoría. Popper da la vuelta al problema, y se da cuenta de que lo más importante para una teoría científica es que permita que se la pueda criticar, y, Karl R. Popper
  67. 67. Página67 en último término, abandonar. En otras palabras, la ciencia no consiste en una colección de verdades absolutas e intoca- bles. Al contrario, gran parte de su en- canto está en su provisionalidad, en su ser liviano alejado de verdades absolutas, en su debilidad. No cabe duda de que el criterio de falsación de Popper no puede, por sí solo, explicar todo el desarrollo histórico y que, en muchas ocasiones, hay otros muchos aspectos relevantes. Sin embargo, creo que es una de esas pocas ideas que realmente ayudan a entender mejor la naturaleza del conocimiento humano. El criterio de Popper ha dado lugar a innumerables discusiones entre lógicos, epistemólogos, historiadores y filósofos en general4 (¡hasta la ribera del Arlanzón llegaron los coletazos de tan tremendas polémicas!). Ahora bien, el meollo de la cuestión es mucho más fácil de entender: los humanos necesitamos creer en algo y tendemos a defender nuestras creencias a toda costa. Por otro lado, a muchos grupos humanos les interesa creer en al- go y, de nuevo, tienden a acorazar esas creencias, presentándolas como verdades intocables. La crítica más terrible que puede hacer Popper a una teoría no es que no sea cierta, sino que no haya manera de demostrar que no lo es. La astrología es un bonito ejemplo. Los astrólogos siguen publicando sus horóscopos pase lo que pase. No importa que la astrología se di- señara cuando se pensaba que la Tierra era el centro del mundo (no solo del sis- 4 Popper diseñó su idea de la falsación, entre otras co- sas, para jorobar a Carnap y a los neopositivistas del círculo de Viena. Posteriormente, Kuhn publicó un fa- moso libro, La estructura de las revoluciones científi- cas, que, en parte, generalizaba las ideas de Popper, y, en parte, se oponía a ellas. Las visiones de ambos se confrontaron en un congreso que tuvo lugar en Londres en 1965. Allí el ambiente fue menos relajado que en Burgos. Un libro sencillo y muy útil sobre las ideas de los dos es Popper y Kuhn de C. Ulises Moulines, Ba- tiscafo, publicado en 2015. tema solar), y que solo había otros 5 pla- netas. También se pensaba que los obje- tos celestes ejercían una misteriosa in- fluencia sobre la Tierra. Hoy se sabe que nada de esto es cierto, pero da igual, ni se inmutan. Ellos siguen haciendo predic- ciones (eso sí, suficientemente tontas y vagas para que no se jorobe el negocio). Si, en vez de los planetas conocidos, se hubieran descubierto otros de distintos tamaños y a diferentes distancias, no ha- bría habido ninguna dificultad. La razón es muy sencilla: la astrología no se puede falsar porque su premisa básica (o sea, que se puedan hacer horóscopos) no se puede discutir ni criticar: pase lo que pa- se, un astrólogo seguirá haciéndolos (ló- gicamente las predicciones que hacen jamás se han sometido a ningún control empírico, así que no hay peligro de que la teoría falle). Otro ejemplo de teoría no falsable es cualquier religión. Aunque las religio- nes tienen a su favor que reconocen que no pueden ser contrastadas empírica- mente, mientras que muchas teorías a lo largo de la historia se han protegido con- tra la contrastación, pero sin reconocerlo. LOS PARTICIPANTES EN EL SIMPO- SIO Volvemos a 1968 y a Burgos. La mayoría de los ponentes no eran perso- nas demasiado conocidas entonces, pero estaban bien escogidos. Encontramos en- tre ellos a Miguel Boyer y a Luis Ángel Rojo. Lo que mucha gente no sabe es que Boyer, inicialmente se sentía más atraído por la física, por eso, en el simposio habló sobre todo de filosofía de la ciencia, y, por cierto, con mucho fundamento. El fu- turo superministro, después de terminar la licenciatura en C. Físicas, quiso entrar en la Junta de Energía Nuclear, pero los responsables se percataron de que era un tanto rojillo y no le dejaron5 . Así que se 5 Así lo contaba él mismo en ABC, 21 de julio de 2002. Los responsables de la Junta de Energía Nuclear supie- ron que había estado en la cárcel por motivos políticos
  68. 68. Página68 dedicó a la economía. Tampoco le fue mal. Luis Ángel Rojo, que llegó a ser gobernador del Banco de España, fue un economista muy influyente. En sus inter- venciones en el simposio, además de mostrar su conocimiento de la historia de la teoría económica, queda claro que era uno de los que mejor entendieron la pro- pia obra de Popper. Otras intervinientes, que después han sido bastante conocidos, son Pedro Schwartz y Javier Muguerza. El primero, perteneciente a una familia de gentes de caletre y posibles, había sido discípulo de Popper por lo que tenía una relación directa con él y, al parecer, du- rante el simposio hacía las funciones de traductor. Schwartz se caracteriza en los últimos años por su defensa del liberalis- mo económico. O sea, que, a fecha de hoy. muy de izquierdas no se puede decir que sea. Sin embargo, en el año 68, sus puntos de vista eran, como se comprueba fácilmente al leer las actas del Simposio, bastante distintos (aunque desde luego, no era de los más izquierdistas). Javier Muguerza durante muchos años ha sido, y sigue siendo, un filósofo muy conocido y quizá el más influyente en España dentro de lo que se dio en lla- mar filosofía analítica, bastante relacio- nada con el neopositivismo, el Círculo de Viena y la propia obra de Popper. De he- cho, su trabajo en el simposio, que es el que más se acerca a los que se entendía como filosofía de la ciencia, expone las diferencias entre los enfoques de Carnap (Círculo de Viena) y Popper, así como sus implicaciones. Todos los participantes, y esto in- dica que algo se movía en este país, eran, aparte de cualquier otra considera- ción, buenos conocedores de la obra de Popper, y algunos, incluso, se habían en- cargado de la traducción de sus obras. Este era el caso de Víctor Sánchez de Za- dos años antes, de manera que se le impidió su entrada como físico. Esto ocurrió unos años antes del simposio de Burgos. vala, que había traducido su primera obra6 . Además, había más personas que se habían interesado por su filosofía. En- tre ellos destacaba Tierno Galván, que había desempeñado un papel relevante en la introducción de muchos autores más o menos relacionado con Popper7 . Por ejemplo, había traducido, ya en 1957, el famoso Tractatus de Wittgenstein. El futuro alcalde de Madrid también estaba invitado, pero las autoridades optaron por prohibir su presencia. Fue el único al que no se dejó participar. No era de extrañar, tres años antes se le había separado de la cátedra universitaria y había estado en una especie de exilio, justo hasta 19688 . Por mucho que el simposio fuese sobre materias abstrusas, las autoridades no estaban para sutilezas. Finalmente cita- remos que en el simposio hicieron contri- buciones otros filósofos, cuya obra es menos conocida: Albendea, Barraclough y Rodríguez. Al último y a su intervención nos referiremos un poco más adelante. En medio de este curioso grupo es- taba Luis Martín Santos (1921-1988). Al- go debía tener este profesor que era ca- paz de traer a la vieja Castilla a un ilustre Sir, y además aglutinar a su alrededor tantos y tan variados personajes. No hay 6 La lógica de la investigación científica, apareció en 1962 en Tecnos y era una traducción de la edición in- glesa (la obra de Popper inicialmente estaba en alemán) de Sánchez de Zavala. El propio Popper en una de sus intervenciones señalaba que Sánchez de Zavala conocía bien su libro citado (aunque posiblemente no supiera que además era el traductor). 7 Tierno Galván dirigió la colección Estructura y Fun- ción, en la Editorial Tecnos, en la que se publicaron numerosas obras (todas traducciones) de autores vincu- lados a las corrientes analíticas y a la historia de la ló- gica y de la ciencia. Entre ellas estaban (véase la nota anterior) algunas obras de Popper. Esta colección, que había comenzado en 1961, se mantuvo hasta 1978. 8 La información sobre la censura a Tierno Galván me la facilitó Francisco Hernán. Tierno Galván, García Calvo y Aranguren fueron separados de sus cátedras en 1965. En año 1976, tras la muerte de Franco, se les re- puso en sus puestos.
  69. 69. Página69 duda de que, por mucho que hiciesen un acercamiento crítico a su obra, todos aquellos congresistas estaban encantados de contar con la presencia de un filósofo tan prestigioso en la árida Castilla. Poder conocer de primera mano sus ideas debía resultar verdaderamente impresionante. Algo difícil de olvidar9. Después de este primer éxito, Mar- tín Santos cogió carrerilla, al año siguien- te trajo a la ciudad del Cid a Alain Tourai- ne, que también era un personaje céle- bre, y, por lo que parece, en esta ocasión con mucha más afluencia de público. No contento con eso, organizó en 1970 otra reunión, en este caso el personaje invita- do fue filósofo Henry Lefèbre. Unos años más tarde, en 1978 (ya en plena transi- ción), dio cobijo a un bullicioso congreso de Flósofos Jóvenes, al que acudieron, entre otros muchos, Eugenio Trías, Fer- nando Savater, Javier Sádaba , Xavier Rubert de Ventos… Esta reunión tuvo lu- gar en la Casa de la Cultura, situada en la misma plaza que el Monasterio de San Juan. Por otro lado, también fue director durante muchos años de los famosos cur- sos Merimée de Sebastián para alumnos extranjeros, a los que dio un notable im- pulso. Estos cursos de verano, que son los más anti- guos de España, hacían que Burgos se llenara de chi- cos y chicas pro- cedentes de varios países, y allí esta- ba, cómo no, el in- cansable Martín Santos10 . 9 Así lo recuerda, y de una manera muy vívida, Fran- cisco Hernán. 10 En Diario de Burgos, 5 de abril de 2011, se pueden consultar datos sobre los creadores de los cursos y su desarrollo. En la época en la que Martín Santos los di- rigía, España era todavía un país muy atrasado, de ma- nera que algunos de los alumnos extranjeros (sobre to- do, según precisa Hernán, las chicas norteamericanas) procuraban incluir en el equipaje papel higiénico. Sus alumnos le recuerdan como un profesor que hacía las cosas de un modo bien distinto a lo que era habitual, que hablaba de ideas y de personas que no habían pasado nunca ni siquiera cerca de tan conservadora villa, y que tenía un ta- lante mucho más liberal de lo que enton- ces era la norma. Hasta, según recuerdan algunos antiguos alumnos, se iba a la po- pular churrería el Abrigaño con los alum- nos del preu, cosa que debía parecer cosa punto menos que diabólica a más de uno. Martín Santos tenía mucha vinculación con el mundo del arte dramático11 , en torno a los años del congreso de Popper, organizaba representaciones teatrales, en ocasiones con obras propias, y también fue el promotor de, entre otras cosas, un homenaje a García Lorca que tuvo lugar en el Arco de Santa María. Fue muy noto- rio su compromiso político ligado a la oposición al franquismo. Su vinculación con el Partido Comunista le llevó a ir en las listas de esta formación por la provin- cia de Burgos en las primeras elecciones al congreso que se celebraron en la Espa- ña democrática12 . Aunque hoy puede pa- recer muy lejano, en el tardofranquismo, en torno al PCE, se organizaba no solo gran parte de la oposición ilegal, sino también de la vida cultural, ya que eran muchísimos los intelectuales más o me- nos cercanos a sus ideas. No podemos dejar de hablar del otro organizador del simposio: Francisco 11 Su interés en este campo viene de lejos, su obra dra- mática Prometeo fue publicada por primera vez en 1970, pero solo fue representada, de modo oficial, des- pués de su muerte en 1989. Hemos incluido como anexo una relación de la bibliografía de Luis Martín Santos que aparece en una página web de la UCM. Su literatura siempre está llena de referencias filosóficas. 12 En la lista de candidatos del PCE al congreso de los diputados, Martín Santos fue el número dos por la pro- vincia de Burgos. El número uno era Marcos Ana, el preso político que más tiempo estuvo en las cárceles franquistas, y que fue muy conocido por su poesía. No hace falta ser un analista muy fino para ver que las per- sonas que iban en las listas electorales de esas primeras elecciones no eran como las de ahora. Luis Martín Santos
  70. 70. Página70 Hernán que, en esos años, ocupaba una cátedra de matemáticas de instituto de bachillerato en Burgos. Hernán había ido venido a parar a nuestra ciudad por puro azar, como antes había estado en Lugo. Aquí estuvo poco tiempo, posteriormente, fue muy conocido (y lo sigue siendo) en el mundo de la innovación en la pedago- gía de la matemática, campo en el que ha hecho contribuciones muy interesantes13 . En la época del simposio era un joven profesor con inquietudes en muchos campos y que, desde luego, había leído a Popper. Fue buen amigo de Martín Santos y colaborador en muchas de sus empre- sas. POPPER Y EL MARXISMO Casi todos los ponentes dedicaron sus charlas a analizar y discutir diferentes aspectos del principio de falsación del famoso filósofo vienés. En los coloquios se aprecia que Popper no presta dema- siada atención a muchas de las críticas por la sencilla razón de que, para enton- ces, no daba un papel central a esa idea, sino a la de que cualquier teoría científica tenía que ser susceptible de crítica racio- nal más que de falsación propiamente di- cha. En el fondo es decir lo mismo, pero atendiendo más al contexto histórico de cada caso, o sea, flexibilizando la idea de partida. Popper, por otro lado, se había dado cuenta de que su criterio de falsación po- día aplicarse a otros campos y no solo a la ciencia. Esta constatación le llevó a su desembarco en la teoría política con su obra La sociedad abierta y sus enemigos. En ella aparecen diferentes ejemplos de teorías no falsables, pero entre ellas des- taca el psicoanálisis de Freud y, sobre to- do, el marxismo. Actualmente no tienen ni mucho menos tanta relevancia, pero en la época en la que Popper escribía 13 Hernán fue uno de los miembros más destacados del Grupo Cero de Valencia, que llevó a cabo numerosas experiencias educativas, publicando algunos trabajos memorables desde los años 80 del pasado siglo. eran muy boyantes (la obra citada se pu- blica en 1945), y, por eso, sus opiniones le granjearon numerosas críticas. Por ejemplo, qué cosas, en la España tardo- franquista era una rareza (una extrava- gancia diría yo) para un intelectual no ser un punto (o varios) marxista. José Rodríguez dedicó su contribu- ción al simposio de Burgos a criticar a Popper por sus ideas antimarxistas14 . Ro- dríguez trata de explicar que el marxismo no es un historicismo como otros y que tiene un carácter perfectamente científi- co. Seguramente, una buena parte de los asistentes al simposio compartían las re- ticencias a las ideas de Popper sobre el marxismo. Sin embargo, el tiempo le ha ido dando la razón: el marxismo, por mu- cho que presumiera de científico, tenía muchos elementos que no lo eran. Es verdad, y Popper así lo reconocía, que Marx analizó las relaciones económicas dentro de la sociedad de una manera mu- cho más profunda que las teorías previas (cosa que alarmaba a muchos sectores conservadores que afirmaban que la es- tructura social tradicional era intocable, o sea, no falsable). Pero de ahí a suponer que la historia va a seguir las líneas pro- féticas marcadas por el marxismo ortodo- xo va un buen trecho que, desde luego, Popper se negaba a seguir, y menos de un modo tan rígido. Hoy en día todos sa- bemos que esas profecías no han acerta- do ni de lejos, pero en la España fran- quista de los años 60 todavía muchas personas pensaban que el paraíso estaba en la Dictadura del Proletariado. Popper, que al principio escribía solo sobre Filoso- fía de la ciencia, fue ocupándose más y 14 El título de su contribución es: “Marxismo e histori- cismo (notas críticas a K. R. Popper)”. Rodríguez Mar- tínez, que había nacido en Burgos, era profesor de filo- sofía en la escuela de magisterio de Bilbao. En 1970, debido a que en sus clases hacía caso omiso de la divi- nidad, fue sometido a un expediente disciplinario que acabó con su traslado forzoso a Ceuta. Una vez más se aprecia cómo en los últimos años de la dictadura con- vivían actitudes tolerantes, con otras claramente repre- sivas (y ridículas).
  71. 71. Página71 más de asuntos relacionados con la políti- ca y la economía. No se suele reparar, sin embargo, en la profunda unidad de sus planteamientos en uno y otro campo. Su interés por la política se vincula con la constatación de que había una gran can- tidad de sistemas políticos que se carac- terizaban por su dogmatismo y su rigidez. Lo que equivale a decir que no eran fal- sables. A la vista de lo anterior, podemos tener la tentación de pensar que ahora ya no está de moda ninguna teoría no falsa- ble. Nos equivocaríamos. Cada uno de los muchos lemas que se suelen conocer co- mo “corrección política” (no pongo ejem- plos, por si acaso) se toma como verdad absoluta sin que sea posible su puesta en tela de juicio. O sea, son inmunes a cual- quier crítica racional. En las sesiones del simposio bur- galés se achacaba con frecuencia a la metafísica su no falsabilidad y, de resul- tas, se la miraba con antipatía. Ahora bien, si se observa con un poco de cuida- do, se comprobará que la cultura moder- na está literalmente atiborrada de zonas de sombra a las que la crítica racional no llega nunca (otra vez, dado mi natural apacible, me abstendré de poner ejem- plos). De la misma manera que los dog- matismos filosóficos prometen un cono- cimiento absoluto, mientras que la cien- cia, más humilde, solo aventura conoci- mientos provisionales y revisables; los to- talitarismos políticos prometen una felici- dad absoluta y una sociedad perfecta, mientras que la democracia, más humil- de, solo garantiza un ordenamiento pro- visional y revisable. Popper, como era de esperar, siempre mostró su simpatía por la ciencia y la democracia. Por si queda- ran dudas, el siglo XX (y lo que llevamos del XXI) ha mostrado que todas las dicta- duras acaban siendo un desastre. No hay cosa que se parezca más a una dictadura que otra. No importa cómo empiecen, to- das terminan igual. POPPER VUELVE A ESPAÑA EN 1991 En 1991 Popper (ya rozando los noventa años) volvió a España. En esta ocasión se sustituyó la crítica y la discu- sión por una actitud mucho más anodina. El que más y el que menos quería presu- mir de estar de acuerdo con el ilustre an- ciano. Durante esta visita, se habló mu- cho menos de ciencia y mucho más de política. Pedro Schwartz hizo de maestro de ceremonias, organizando una especie de doble homenaje, eso sí, ahora ya des- de posiciones neoliberales bien claras. Otra vez la historia nos hace un guiño burlón. En el ya lejano 1968, en un país todavía sumido en la penuria intelectual, se hablaba con libertad de asuntos com- plejos y de un modo crítico y matizado. En el democrático 1991, dejadas atrás la dictadura y sus prohibiciones, la discusión intelectual se había empobrecido de ma- nera alarmante. Tanto es así que Sánchez Ron se veía obligado a recordar que la parte de la obra de Popper que trata con los problemas científicos tenía más enti- dad que la que se encarga de la política15 . 15 En un artículo publicado en El País (25/11/1991) ti- tulado “Popper, España y la consolación de la filoso- fía”, Sánchez Ron recuerda que Popper no solo hablaba de política. En este artículo se señala que Schwartz promovió el doctorado honoris causa de Popper por la Universidad Complutense de Madrid y que, previamen- te, dirigió un curso de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo sobre su obra. En este curso también estuvieron presentes Miguel Boyer y Luis Ángel Rojo. Sala capitular del Monasterio de San Juan, lugar de celebración del simposio.
  72. 72. Página72 Todo apuntaba a que se quería dar la idea de que Popper era sobre todo y ante todo un defensor del liberalismo econó- mico. Independientemente de lo que se opine de tan extendida ideología, no se repara en que, si se defiende de manera dogmática, estamos cayendo inevitable- mente en lo que Popper criticaba, es de- cir, en la elaboración de una teoría no fal- sable. Por tanto, muchos neoliberales que se acogen bajo la autoridad de Popper, harían bien en leerlo con un poco más de cuidado. APLICANDO LAS IDEAS DE POPPER A LA DEMOCRACIA Con la democracia ha pasado lo mismo que con la ciencia: a menudo se cree que es algo absoluto, intocable, y, por supuesto, ajeno a toda crítica. Ahora bien, de este modo se oculta su verdade- ra esencia. Es evidente que una estupi- dez, aunque sea creída por muchas per- sonas, sigue siendo una estupidez. El va- lor de la democracia radica en que evita un conflicto cuando hay puntos en los que no se puede buscar otro criterio. Por ejemplo, elegir quién será el próximo presidente de gobierno. Hace no tantos años, la idoneidad de los candidatos se dirimía a mamporros. El procedimiento democrático es igualmente arbitrario, pe- ro mucho menos violento. En realidad, la esencia de la democracia consiste en que, cuando no hay una forma mejor de hacer algo, se recurre a la votación. Por des- gracia, esto se suele olvidar, y se toma como depositario de la bondad o de la verdad lo que las mayorías decidan. Las preferencias de los votantes no otorgan valor moral a lo que se decide de esta De algún modo, se trataba de continuar el “famoso simposio de Burgos” (así se referían a él). Boyer en su contribución al congreso de 1991 habló de la relación (tormentosa) de Popper con la historia de la mecánica cuántica. Es decir, aprovechó, como en Burgos, para hablar más de ciencia que de economía. De hecho, mantuvo siempre un notable interés por la filosofía de la ciencia. forma, más bien la democracia (bien en- tendida) se basa en la ausencia de ese valor. Cuando se sacraliza algo siempre se acaba en lo mismo: no hay manera de que se le pueda criticar (es exactamente lo que ocurre con las teorías no falsables, vengan de donde vengan). No hay nada sagrado en las decisiones que se toman por procedimientos democráticos, es simplemente una forma eficaz de evitar conflictos, así como una defensa contra los sistemas totalitarios y la acumulación de poder. Concepción Arenal, hace bas- tantes años, lo resumió magistralmente: “Al pueblo, desde que se le denomina so- berano, le han salido, como a todos, mu- chos aduladores”. La obra de Popper recuerda que siempre hay que mantener el espíritu crí- tico alerta, de lo contrario se nos colará el dogmatismo y la insensatez en cualquier parte. Y eso incluye a la ciencia y a la democracia. Reiteramos que lo interesan- te de su reflexión es que pone de mani- fiesto que la fuerza de ambas (ciencia y democracia) es su flexibilidad, su provi- sionalidad, su fragilidad. Por eso hay que cuidarlas. Frente a la idea de que hay que acorazar las teorías y las sociedades, se alza la constatación de su fragilidad inevi- table, de su delicado equilibrio. Si las ha- cemos fuertes, inexpugnables, será a costa de perder su auténtica esencia. La pleitesía y la muda subordinación siempre conducen, por muy luminoso que sea su comienzo, a lugares ajenos a la razón, a la verdad y a la belleza. SEPTIEMBRE DE 1968 En el Monasterio de San Juan de Burgos tiene lugar una sesión del simpo- sio. La ciudad seguía a lo suyo, sin hacer caso de tan mínimo acaecer. Hay unas pocas personas en su monumental Sala Capitular, estamos en el coloquio después de la comunicación de Luis Ángel Rojo. La última intervención es la de un hombre menudo que habla en inglés al que todos escuchan con respeto. Explica que, des-
  73. 73. Página73 pués de todo, solo una pequeña parte de nuestra forma de comportarnos se puede relacionar con la ciencia: “Si la vida pue- de representarse como la superficie de una pizarra, la ciencia solo ocuparía una esquina.” Continúa hablando de que hay que ir aumentando el espacio ocupado por la ciencia. Claro que también hay as- pectos que quizá no se pueden racionali- zar: el amor, los sentimientos16 . Así ter- mina la sesión. Los pocos asistentes se levantan y la sala va quedando vacía. Los organizadores, Luis Martín Santos y Paco Hernán, se ocupan de llamar al ordenan- za para que apague las luces y cierre las puertas. Los demás ya han salido. Des- pués de recorrer el claustro llegan a las ruinas de la antigua Iglesia, solo quedan sus paredes, el techo es el cielo azul, así pueden disfrutar de la tibia tarde. Los dos charlan amigablemente. Paco Hernán comenta todavía en- simismado: −Qué cosas, si a mí me dicen hace unos pocos años que ahora iba a estar dando clases en Burgos, y hablando nada más y nada menos que con Popper… Martín Santos, casi sin pensar, dice sonriendo a las viejas piedras: −La vida tiene a veces cosas mis- teriosas y maravillosas. Alfonso Hernando 16 La frase entrecomillada está en la p. 115 del libro so- bre el simposio, también es cierto que está colocada en el coloquio que siguió a la exposición de Rojo, así co- mo el sentido de lo que dijo Popper. Lo demás es, claro está, una pequeña invención. ANEXO: Lista de publicaciones de Martín Santos, tal y como aparece en una página web de la Universidad Com- plutense de Madrid (1970) Editor del libro sobre el Simposio de Bur- gos, Tecnos, Madrid. (1976) Una epistemología para el marxismo, Ed. Akal, Madrid. (1977) Teoría marxista de la revolución, Ed. Akal, Madrid. (1981) Max Scheler: crítica de un resentimiento, Ed. Akal, Madrid. (1986) El combate de Santa Casilda, Ed. Akal, Madrid. (1986) Encuentros en Sils-María, Ed. Akal, Ma- drid. (1987) La muerte de Dionisos, Ed. Akal, Madrid (1988) Diez lecciones de sociología, Ed. F.C.E., Madrid. (1989) El combate de Santa Casilda, Ed.Pamiela, Navarra. (1989) María Quetzal, Ed. Pamiela, Pamplona. (1989) Homenaje a Luis Martín Santos, Ed. Uni- versidad Autónoma de Madrid. (1990) El zigzag husserliano, Ed. Endymion, Ma- drid. (1991) Diez lecciones de epistemología, Ed. Akal, Madrid. (1991) La paradoja del vencido, Ed. Ambito, Va- lladolid. (2000) Inéditos de Luis Martín Santos, Ed. Fun- dación de Investigaciones Marxistas, Madrid. (2001) Prometeo, Ed. Amábardos S.L., Burgos. (Hay por lo menos una edición anterior de esta obra).
  74. 74. Página74 BURANO / Javier Contreras BURANO / Javier Contreras
  75. 75. Página75 Sobre los poetas y la poesía Nos duele tener que decirlo, pero no hacemos sino constatar lo evidente: no hay poetas; no existen los poetas. Y dudamos de que los haya habido nunca. Ni siquiera cuan- do se estilaban los mecenazgos. ¿Por qué afirmamos semejante cosa? Fundamentalmente, porque la de poeta no es ninguna profesión, entendiendo como tal la actividad habitual de una persona por la que tiene derecho a percibir una remuneración o salario. No es profesión, y mucho menos ofi- cio, puesto que el oficio viene a ser lo mismo que la profesión, diferenciándose de esta únicamente en que no precisa de una preparación teórica exhaustiva (sí de una más prác- tica y concreta) y en que, normalmente, requiere cierta habilidad manual o esfuerzo físico. No hay poetas, no existen los poetas porque no se puede ser y no ser al mismo tiempo. Y solo se es cuando, por ser, nos pagan. Por tal razón todos los poetas, todos aquellos a los que reputamos poetas, antes que nada, son, o han sido durante su vida la- boral, ingenieros, abogados, profesores, albañiles, electricistas, fresadores…; profesiones y oficios que conllevan una actividad retribuida. Abundando un poco más en el referido argumento, tenemos que se puede ser, ver- bigracia, odontólogo o camionero, o desempeñar cualquier otra profesión u oficio, en ex- clusiva o compaginándolos con otros; no así poeta. Poeta ya hemos dicho que no se puede ser, porque, si alguna cualidad puede atribuírsele a tal categoría es la de la no esencia, que únicamente toma carta de naturaleza cuando va indefectiblemente unida, como adorno o ente de razón, a una profesión u oficio; de ahí que nos encontremos con perso- nas que, en su biografía, currículum o esquela, aparecen como peluquero y poeta; futbo- lista, camarero y poeta; banquero, anticuario, político y poeta… Pero no se puede ser poeta en exclusiva; como tampoco soñador, paseante, mi- rón… porque no se puede ser lo que carece de esencia, y la esencia como ya hemos podi- do verificar, o revierte en rendimiento crematístico o no es esencia, sino insolvencia. Con todo, se nos objetará que si no hay poetas cómo es que existe la poesía. Ob- viamente, no nos vamos a detener en un problema cuya solución ya dejó esbozada Gus- tavo Adolfo Bécquer, y decimos esbozada porque, cediendo a las presiones del establish- ment de la época, en vez de negar categóricamente, se limitó a apuntar de manera sibili- na la posibilidad de que fuera así. “[…] Podrá no haber poetas, / pero siempre habrá poe- sía”, dejó enunciado en una de sus rimas. Hay poesía, a pesar de que no haya poetas; es más, continuaría habiéndola si al- guna vez llegaran los poetas a profesionalizarse, ya que no hay que confundir poesía con poemas, estrofas o versos. Versos, estrofas y poemas son continentes trampa que aspiran

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