Todavía recuerdo aquel amanecer en que mi padre me llevó por primera vez   a visitar el Cementerio de los Libros Olvidados...
Dame la mano que empieza el paseo por...  La Sombra del Viento Siempre que paseo por Barcelona y paso por ciertos lugares ...
 
Mi padre y yo vivíamos en un pequeño piso de la calle Santa Ana, junto a la plaza de la iglesia. El piso estaba situado ju...
Al llegar a la calle Arco del Teatro nos aventuramos camino del Raval bajo la arcada que prometía una bóveda de bruma azul...
Gustavo Barceló era un viejo colega de mi padre, dueño de una librería cavernosa en la calle Fernando que capitaneaba la f...
Els Quatre Gats quedaba a  un  tiro de piedra de casa y era uno de mis rincones predilectos de toda Barcelona. Allí se hab...
A media tarde, rondando ya los treinta grados, partí rumbo a la calle Canuda para mi cita con Barceló en el Ateneo con mi ...
Me acerqué al balcón y me asomé hasta ver el reluz vaporoso que vestían las farolas de la Puerta del Ángel. La figura se r...
M e planté en la vivienda de Don Gustavo Barceló dispuesto a estrenarme como lector a domicilio y moscón de salón. El libr...
S e me iluminó la sonrisa antes de abrirla [...] Sobre la pinza de oro del capuchón había grabada una inscripción.  Daniel...
Anduve callejeando sin rumbo durante más de una hora hasta llegar a los pies del monumento de Colón. Crucé hasta los muell...
Poco después de la guerra civil, un brote de cólera se había llevado a mi madre. La enterramos en Montjuïc el día de mi cu...
Hijos de Antonio Fortuny Casa fundada en 1888 La sombrerería Fortuny, o lo que quedaba de ella, languidecía al pie de una ...
- Hola Daniel – dijo Beatriz Aguilar. La saludé con la cabeza, mudo al haberme descubierto a mi mismo babeando sin saberlo...
Penélope Aldaya Avenida del Tibidabo, 32, Barcelona -  Lo que tú llamas el Palacete Aldaya, en realidad tiene nombre propi...
La Plaza San Felipe Neri es apenas un respiradero en el laberinto de calles que traman el barrio gótico, oculta tras las a...
El asilo de Santa Lucía era una institución de reputación fantasmal que languidecía en las entrañas de un antiguo palacio ...
—   No. Me parece preocupante. Ya sé que a su edad estas cosas parecen el fin del mundo, pero todo tiene un límite. Esta n...
Colocamos a la Rociíto en un taxi con una buena propina y enfilamos la calle Princesa, que estaba desierta y sembrada de v...
Un hombre joven, tocado ya de algunas canas, camina por las calles de   una Barcelona atrapada bajo cielos de ceniza y un ...
El paseo llegó a su fin... Pero ¿sabes qué? Si algo bueno tienen los libros es que son para siempre... Como este paseo... ...
24 de enero de 2007.... ¿Has visto que gran día amanecía en Barcelona? Nuestro día! Mi niño... verte, estar contigo, mirar...
Cielo, recuerda que...  ... Pase lo que pase, estemos donde estemos... no te voy a olvidar nunca.  Lo que me das y como me...
<ul><ul><li>MUCHISIMAS FELICIDADES </li></ul></ul>...
¿PENSABAS QUE ME HABÍA OLVIDADO DEL REGALO MÁS IMPORTANTE? QUE NOOOOOOO!! T’ESTIMO MOLT XIQUET
... no dejes de pensar en mi...
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  1. 1. Todavía recuerdo aquel amanecer en que mi padre me llevó por primera vez a visitar el Cementerio de los Libros Olvidados. Desgranaban los primeros días del verano de 1945 y caminábamos por las calles de una Barcelona atrapada bajo cielos de ceniza y un sol de vapor que se derramaba sobre la Rambla de Santa Mónica en una guirnalda de cobre líquido.
  2. 2. Dame la mano que empieza el paseo por... La Sombra del Viento Siempre que paseo por Barcelona y paso por ciertos lugares no puedo evitar pensar en cuánto me gustaría poder compartirlos contigo... Por eso y a falta de poder hacerlo realidad... me gustaría regalarte algo muy especial... He pensado que releer “nuestro” libro juntos, mientras paseamos por todos sus rincones, podría gustarte... ¿Te apetece pasear por Barcelona conmigo?
  3. 4. Mi padre y yo vivíamos en un pequeño piso de la calle Santa Ana, junto a la plaza de la iglesia. El piso estaba situado justo encima de la librería especializada en ediciones de coleccionista y libros usados heredada de mi abuelo, un bazar encantado que mi padre confiaba en que algún día pasaría a mis manos... Dibujaba su piel desnuda bajo mis manos y creía saborear de nuevo su aliento a pan dulce. Me sorprendía recordando con precisión cartográfica los pliegues de su cuerpo, el brillo de mi saliva en sus labios... Mientras escribo estas líneas sobre el mostrador de la librería, mi hijo Julián, que mañana cumple diez años, me observa sonriente e intrigado [...] Bea y yo llevábamos la librería ahora.
  4. 5. Al llegar a la calle Arco del Teatro nos aventuramos camino del Raval bajo la arcada que prometía una bóveda de bruma azul [...] Finalmente mi padre se detuvo frente a un portón de madera labrada ennegrecido por el tiempo y la humedad. Frente a nosotros se alzaba lo que me pareció el cadáver abandonado de un palacio, o un museo de ecos y sombras. […] - Daniel, bienvenido al Cementerio de Libros olvidados. - No digas nada – murmuró Bea -. Sólo llévame a ese lugar. Era ya noche cerrada cuando nos detuvimos frente al portón del Cementerio de los Libros Olvidados e n las sombras de la calle Arco del Teatro.
  5. 6. Gustavo Barceló era un viejo colega de mi padre, dueño de una librería cavernosa en la calle Fernando que capitaneaba la flor y nata del gremio de libreros de viejo. Vivía perpetuamente adherido a una pipa apagada que desprendía efluvios de mercado persa y se describía a sí mismo como el último romántico.
  6. 7. Els Quatre Gats quedaba a un tiro de piedra de casa y era uno de mis rincones predilectos de toda Barcelona. Allí se habían conocido mis padres en 1932, y yo atribuía en parte mi billete de ida por la vida al encanto de aquel viejo café. Dragones de piedra custodiaban la fachada enclavada en un cruce de sombras y sus farolas de gas congelaban el tiempo y los recuerdos. . - ¿Dónde la llevo? – me susurró, nervioso como un crío. - Yo la llevaría a Els Quatre Gats – le dije - Que me consta que trae suerte para asuntos del corazón
  7. 8. A media tarde, rondando ya los treinta grados, partí rumbo a la calle Canuda para mi cita con Barceló en el Ateneo con mi libro bajo el brazo y un lienzo de sudor en la frente. El Ateneo era – y aún es - uno de los muchos rincones de Barcelona donde el siglo XIX todavía no ha recibido noticias de su jubilación. La escalinata de piedra ascendía desde un patio palaciego hasta una retícula fantasmal de galerías y salones de lectura donde invenciones como el teléfono, la prisa o el reloj de muñeca resultaban anacronismo s futuristas. .
  8. 9. Me acerqué al balcón y me asomé hasta ver el reluz vaporoso que vestían las farolas de la Puerta del Ángel. La figura se recortaba en un retazo de sombra tendido sobre el empedrado de la calle, inerte. Al doblar la esquina de Puerta del Ángel y la Calle Santa Ana, el corazón me dio un vuelco. [...] El destino me aguardaba frente a la librería [...] - Mi padre cree que estoy en misa de doce – dijo Bea sin alzar la vista de su propia imagen.
  9. 10. M e planté en la vivienda de Don Gustavo Barceló dispuesto a estrenarme como lector a domicilio y moscón de salón. El librero y su sobrina compartían un piso palaciego en la Plaza Real. El cuerpo desnudo de Clara yacía sobre sábanas blancas que brillaban como seda lavada. Las manos del maestro Neri se deslizaban sobre sus labios, su cuello y su pecho . Salí de la ducha y me planté sobre la alfombrilla de felpa. El halo de vapor ardía en motas de plata, la claridad del tragaluz un velo blanco sobre el rostro de Clara. No había cambiado un ápice de cómo yo la recordaba. Cuatro años de ausencia no me habían servido de casi nada .
  10. 11. S e me iluminó la sonrisa antes de abrirla [...] Sobre la pinza de oro del capuchón había grabada una inscripción. Daniel Sempere, 1953 M ás tarde, cuando Julián bajó a buscar algo de comida, hice el equipaje y dejé el estuche con la pluma sobre su máquina de escribir. Aquella noche, al intentar conciliar el sueño, volví la cabeza sobre la almohada y comprobé que el estuche estaba abierto y que la pluma había desaparecido. Para mi amigo Daniel, que me devolvió la voz y la pluma. Y para Beatriz, que nos devolvió a ambos la vida.
  11. 12. Anduve callejeando sin rumbo durante más de una hora hasta llegar a los pies del monumento de Colón. Crucé hasta los muelles y me senté en los peldaños que se hundían en las aguas tenebrosas junto al muelle de las golondrinas. [...] Recordé los días en que mi padre y yo hacíamos la travesía en las golondrinas hasta la punta del espigón. Desde allí podía verse la ladera del cementerio en la montaña de Montjuïc y la ciudad de los muertos, infinita. A veces yo saludaba con la mano, creyendo que mi madre seguía allí y nos veía pasar. Mi padre repetía mi saludo. Hacía años que no embarcábamos en una golondrina, aunque yo sabía que él a veces iba solo.
  12. 13. Poco después de la guerra civil, un brote de cólera se había llevado a mi madre. La enterramos en Montjuïc el día de mi cuarto cumpleaños. Sólo recuerdo que llovió todo el día y toda la noche, y que cuando le pregunté a mi padre si el cielo lloraba le faltó la voz para responderme. El viejo Isaac, el guardián del Cementerio de los Libros Olvidados, no había acudido al entierro de su hija.
  13. 14. Hijos de Antonio Fortuny Casa fundada en 1888 La sombrerería Fortuny, o lo que quedaba de ella, languidecía al pie de una angosto edificio ennegrecido de hollín y de aspecto miserable en la Ronda San Antonio, junto a la plaza de Goya. Al día siguiente acudimos a la sombrerería Fortuny, sin grandes esperanzas de encontrar a Julián allí. Resultó que Julián había estado también visitando a su padre sin que él lo supiera.
  14. 15. - Hola Daniel – dijo Beatriz Aguilar. La saludé con la cabeza, mudo al haberme descubierto a mi mismo babeando sin saberlo por la hermana de mi mejor amigo, la Bea de mis temores. Las hojas de los naranjos del claustro parpadeaban como lágrimas de plata y el rumor de la fuente serpenteaba entre los arcos. [...] Su silueta se recortaba frente a la fuente, sentada en uno de los bancos con la mirada escalando las bóvedas del claustro. - Perdón, buscaba a Beatriz Aguilar. ¿Sabéis si asiste a clase?
  15. 16. Penélope Aldaya Avenida del Tibidabo, 32, Barcelona - Lo que tú llamas el Palacete Aldaya, en realidad tiene nombre propio. La casa se llama “El Ángel de la Bruma”, pero casi nadie lo sabe. Nada me había dicho que aquel embrujo de piel pálido y tembloroso, de aquel primer roce de labios ni de aquel espejismo que parecía arder en cada poro de la piel [...] - Hazme lo que quieras – susurró. Penélope Aldaya David Aldaya 1902- 1919 1902 - Llévate a Beatriz de aquí, Daniel. Ella sabe lo que debéis hacer. No te separes de el la . No dejes que te la arrebaten. Nada ni nadie. Cuídala. Más que a tu vida.
  16. 17. La Plaza San Felipe Neri es apenas un respiradero en el laberinto de calles que traman el barrio gótico, oculta tras las antiguas murallas romanas. Los impactos del fuego de ametralladora en los días de las guerra salpican los muros de la iglesia   Miquel Moliner / Núria Monfort 3º 2ª Núria Montfort tenía su despacho en un escritorio que ocupaba la esquina junto al balcón. - Es la historia que usted buscaba, Daniel. La historia de una mujer que nunca conocí, aunque llevara mi nombre y mi sangre. Ahora le pertenece a usted.
  17. 18. El asilo de Santa Lucía era una institución de reputación fantasmal que languidecía en las entrañas de un antiguo palacio en ruinas ubicado en la calle Moncada.   - Me la quitaron entre todos – dijo -. A mi niña.
  18. 19. — No. Me parece preocupante. Ya sé que a su edad estas cosas parecen el fin del mundo, pero todo tiene un límite. Esta noche usted y yo nos vamos de picos pardos a un local de la calle Platería que al parecer está causando furor. Me han dicho que hay unas fámulas nórdicas recién llegadas de Ciudad Real que le quitan a uno hasta la caspa. Yo invito.
  19. 20. Colocamos a la Rociíto en un taxi con una buena propina y enfilamos la calle Princesa, que estaba desierta y sembrada de velos de vapor. — Habría que irse a dormir, por lo de mañana —dijo Fermín.
  20. 21. Un hombre joven, tocado ya de algunas canas, camina por las calles de una Barcelona atrapada bajo cielos de ceniza y un sol de vapor que se derrama sobre la Rambla de Santa Mónica como una guirnalda de cobre líquido. Lleva de la mano a un muchacho de unos diez años, la mirada embriagada de misterio ante la promesa que su padre le ha hecho al alba, la promesa del Cementerio de los Libros Olvidados
  21. 22. El paseo llegó a su fin... Pero ¿sabes qué? Si algo bueno tienen los libros es que son para siempre... Como este paseo... este libro siempre significará algo que no olvidaré en la vida. Cada página y cada uno de esos rincones de Barcelona siempre tendrá un pedacito de ti y de mi... Como otros tantos.... Que sólo son nuestros... Espero que te haya gustado pero... aunque ya esté atardeciendo no pienses que esto se ha acabado eh!! No me sueltes de la mano.... Que me queda algo que contarte...
  22. 23. 24 de enero de 2007.... ¿Has visto que gran día amanecía en Barcelona? Nuestro día! Mi niño... verte, estar contigo, mirarte a los ojos, reírnos juntos., cogerte de la mano, besarte, abrazarte, sentirte, escuchar nuestra canción.... Ser felices por un día.... Ser yo misma, sin miedos y sobretodo, verte sonreír... Es algo que no tiene precio!! Daría lo que fuera por verte siempre así, feliz! Nada de todo esto estaba planeado pero surgió y a pesar de no ser fácil no me arrepiento de nada... ¿Seny?¿trellat? No me importa haber olvidado lo que significan. Me importas tú... y con eso me quedo... Oírte decirme TE QUIERO, y saber que es de verdad, es lo más bonito de las 24 horas que tiene el día...
  23. 24. Cielo, recuerda que... ... Pase lo que pase, estemos donde estemos... no te voy a olvidar nunca. Lo que me das y como me haces sentir, no tiene precio. Formas parte de mi vida ... Gracias por haberme hecho creer de nuevo en el amor, por haberme devuelto la ilusión..... Gracias por hacer que cada día valga la pena subirse al mundo... TE QUIERO MUCHO MI AMOR Gracias por esta locura!
  24. 25. <ul><ul><li>MUCHISIMAS FELICIDADES </li></ul></ul>...
  25. 26. ¿PENSABAS QUE ME HABÍA OLVIDADO DEL REGALO MÁS IMPORTANTE? QUE NOOOOOOO!! T’ESTIMO MOLT XIQUET
  26. 27. ... no dejes de pensar en mi...

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