#nocabeenuntweet - Historias de personas de pocas palabras

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#nocabeenuntweet - Historias de personas de pocas palabras

  1. 1. jesús malpartida#nocabeenuntweet historias de personas de pocas palabras
  2. 2. #nocabeenuntweethistorias de personas de pocas palabras Jesús Malpartida
  3. 3. Este libro no podrá ser reproducido, ni total ni parcialmente,sin el previo permiso escrito del editor.© Jesús MalpartidaTodos los derechos reservados.Esta obra está protegida por leyes de copyright y tratadosinternacionales.Edición, diseño de la cubierta: Jesús MalpartidaEsto es una obra colaborativa, todas las opinionesvertidas en este libro son de exclusiva responsabilidad dequienes las emiten.Segunda Edición, 2012. Impreso en España.
  4. 4. A todos los que colaboran en este libro. Sin ellos no habría sido posible.
  5. 5. ÍNDICEPrólogo por @_Queque_ 9Bienven(d)idos por @jdmalpartida 11Escribir un libro por @Cucutras 12La libertad de mi tiempo por @October__Lee 15Literatura Comparada 101 por @chokocriskis 18El prestigio en la farmacia de barrio por @HugoBonet 22Fauna de biblioteca por @Dr_Commonhate 24¿Y ahora sobre qué escribo yo? por @untipoconboina 28Trípoli por @violencevintage 31El tiempo perdido por @elbaronrojo 33Dispersos por @samuelhermoso 36 5
  6. 6. #ProblemasDelPrimerMundo por @anikaviro 41El síndrome de la estatua de la libertad por @Quico_Risi 44Humor se escribe con H de Hitler por @Alexico 46Artículo para Malpartida por @NtmeC 49Ser ser humano por @tuerce6 52Discrimi-nación por @luna1919 54A mal tiempo por @moedetriana 56Las monjas también tienen tetas por @Alfred_ego 58Famosos por @mrheston 62¡Gratis! por @Vigalondo 64La gracia es que sea real por @violencevintage 67Tuitstars, favstar y la madre que los parió por @untipoconboina 69Mal rollito por @theconcepto 7398 segundos por @potemkim 76Las musas viajan en taxi por @simpulso 79Pantallas por @estonoes1tuiter 81Presencia femenina por @200bares 83Agarra de aquí, triunfador por @Garzari 86La franja de (bra)gaza por @Quico_Risi 89 6
  7. 7. El chándal: una costura difusa entre vaquero y pijama por @patricil 92Nuria está feliz porque es martes por @HugoBonet 96Te quiero del verbo procastinar por @mariam_otea 99Él por @Girl_4 103Algunos consejos para ligar por @JaimeRubio 107Orgullos vergonzosos por @untipoconboina 113No estoy llorando, vomito por los ojos por @M_deMarxalenes 116A propósito de tuit por @c_malpartida 119Choripán por @casiotones 123 7
  8. 8. 8
  9. 9. @_Queque_ PRÓLOGO Estimado lector que te dispones a leer un libro plagado detuiteros, fakes, tuitstars, muchosfollowers y otras subespecieshumanas recién descubiertas; déjame decirte lo que ninguno deellos te va a decir: Twitter nos jodió la vida. Yo no era así. Yo no esperaba la cola del supermercado conel móvil en la mano, no siendo que algún desconocido cuya viday opiniones me importan un carajo me hubiera mencionado. Yono me entretenía en los aeropuertos y en los trenes soltándolechorradas a mis seguidores para hacer la espera más amena. Yono sabía qué era un FAV, ni un hashtag, y mucho menos un RTmanual. Y sí, mi primer tweet también fue «¿Esto cómo va?», oalgo parecido. Yo también tardé en comprender esta herramienta malvada ysibilina. Hasta que un día... Se me jodió la vida. Como a ti, pro-bablemente. Igual que les sucedió a otros compañeros de profesión, miperiodo de expansión tuitero coincidió con mi período de ale-jamiento de la televisión. Vamos, que me echaron y me aburría.Y así empecé a jugar con este arma de destrucción masiva cuyopoder nunca entenderán los adictos a Facebook o a Tuenti —unbuen tuitero nunca deja pasar la oportunidad de despreciar a losusuarios de otras redes—. 9
  10. 10. Desde entonces, he visto muchas cosas en Twitter. He visto a“artistas” huir despavoridos al darse cuenta de que esto no eraun club de fans; he visto a directores de periódicos conspira-noicos venir a vender Orbyt y marcharse trolleados. He visto ausuarios con un millón de followers y muy poca influencia —yviceversa—. He visto a gente inteligente enfadarse con @masa-enfurecida. He visto a directores de cine hacer chistes sobre elHolocausto y, acto seguido, a periodistas haciendo el ridículocomo si no hubiera Dios. He visto pirámides más allá de Egipto,faltas de ortografía más allá de Orión... Y casi todo, lo he vistomientras hacía caca. Casi todo está dicho ya sobre Twitter, excepto que nos jodióla vida. En España, cuando sales en la portada de El País Semanalo cuando Matías Prats cierra su noticiero hablando de ti, jus-to antes del desfile de ropa interior, es que has tocado techo.Pues bien, Twitter ya ha pasado por ambas pruebas —el análisisde Matías fue más profundo—, y sin embargo sigue ahí, entrenosotros, jodiéndonos la vida sin descanso. Y ya se ha dichocasi todo, pero la única verdad es que Twitter es tan interesantecomo la gente a la que sigues. Y en este libro hay unos cuantosejemplos. Poco se ha hablado,sin embargo, de lo más importante: queTwitter nos jodió la vida. Y si no se ha hecho, por algo será. #Quelodisfruten. 10
  11. 11. @jdmalpartida BIENVEN(D)IDOS Puta crisis, eh. Hace cinco años iba a sacar un libro gratis, sí,por los cojones. Aunque las pretensiones son claras, solo hayganas de hacer algo bueno y original, de dejar constancia delingenio de los aquí presentes para sacarnos una sonrisa. Y eso,querido lector, no tiene precio. El libro que tienes entre manos es fruto de muchos meses deduro trabajo. No es fácil idear un proyecto desde cero y, muchomenos, juntar a todos estos gañanes para que escriban un textode más de 140 caracteres. Todos los que colaboran en este librose han desnudando —metafóricamente— y han dado lo mejor desí mismos ante un público fiel que les sigue desde hace muchotiempo. Por eso, a todos ellos: Gracias. Gracias por el interés, las ganas y la ilusión que habéis pues-to desde el principio, gracias a toda la gente de mi alrededorque me ha apoyado, a mi novia, a mi familia, a todos los espa-ñoles, al Sagrado Corazón y al Cristo de Medinaceli —Pedro, silees esto, llámame—. No me enrollo más, solo quería chupar plano tras el prólogode Quequé, ventajas de ser el editor. Gracias por adquirir el libro,no olvides recomendarlo y disfrútalo. Por este precio dudo que encuentres algo mejor. 11
  12. 12. @Cucutras ESCRIBIR UN LIBRO Siempre he querido escribir un libro. Aunque sé que no es tandifícil como escribir en una nube o en la frente del Rey, sospechoque ésta es la vez en la que voy a estar más cerca de hacerlo. Porello, he decidido meter aquí todas las ideas que tenía para misfuturas novelas. Será casi como haberlas publicado por separadoy haberme hecho millonaria como para comprar la Luna y queme paguéis por mirarla. Casi. Mi ilusión por escribir un libro era tal que tengo ideas paravarios géneros, por si ponían pegas en mi editorial imaginaria: • Infantil: Consistiría en una serie de cuentos educativos pro- tagonizados por un berberecho que realiza distintas acti- vidades. El relato principal sería «El Berberecho Imberbe» que no tiene nada que ver con las barbas, pero me gusta el juego de palabras. • Histórica: mi idea para este género es centrarme en la inves- tigación acerca del nacimiento de cosas importantes, como los abanicos o los palitos para pinchitos. Son cosas que la gente quiere saber: la Segunda Guerra Mundial es muy inte- resante pero ¿Cómo surgió el bastoncillo de los oídos? • Gastronomía: «1000 maneras de dejar la zanahoria donde estaba: en el campo»; una detallada lista de cuán prescin- dible es la zanahoria, narradas en un tono pasivo-agresivo. 12
  13. 13. • Romántica: Cuenta la historia de dos locos amantes al más puro estilo de Romeo y Julieta, con la diferencia de que se sientan a hablarlo. Una novela, que sobre todo, es realista.• Policíaca: saga que versa sobre un detective adicto a mascar posos del café, que se enfrenta a una serie de asesinos y gente indeseable: - El asesino de la dentera: siempre va armado con un te- nedor, un plato y un paquete de folios para cortarte entre los deditos. Él no te mata, decides morirte tú cuando los dientes ya te van llegando al suelo. - El asesino confuso: que destaca por su limitada inteli- gencia. Siempre lleva una escopeta que usa para asestar puñaladas. - El asesino de la diversión: uno de los más sádicos. Viste completamente de marrón y siempre va cargado con un sillón orejero. Elije a una víctima, coloca su sillón muy cerca de ella, y le lee el BOE en tono muy monótono. - El asesino de la incertidumbre: se dedica a ver, en compa- ñía, películas que él ya ha visto, para así poder señalar lo que va a pasar antes de que ocurra. Este asesino funciona al revés, puesto que lo único que consigue es que lo ma- ten sus compañeros a puñetazos. - El asesino con sorpresa: usa el control remoto de la im- presora para que haga ruidito e imprima fotos de gatitos. Da tanto miedo que te quedas calvo. Y luego te mueres. - El asesino de las listas: al contrario de lo que podría pare- cer, no busca chicas inteligentes. Más bien le gusta hacer listas sobre lo que haces mal que luego te lee para que mejores. Esto no te mata por fuera, pero sí por dentro. - El Violador del triciclo: No va en triciclo, pero sí arroja al suelo a los niños que van montados en uno, para luego abusar del juguete.• Ciencia Ficción: Ambientada en un futuro tan lejano, tan lejano, que da la vuelta y se parece muchísimo a la Edad Media pero con puertas automáticas. Cuenta la experiencia de un niño que consigue ir de un planeta a otro en carruaje.• Poesía: está escrito en prosa y es el mismo que el del ber- berecho, solo que pondrá Poesía en la portada. 13
  14. 14. • Fantasía: Trata de un joven broker que descubre que puede viajar en el tiempo tirándose de los calzoncillos. Una vez tira tan fuerte de la prenda que viaja al momento del Big Bang, donde un asteroide es durante años su única compañía. Con él, descubre el verdadero sentido de la amistad. Datos cien- tíficos no contrastados. Estaba también trabajando en uno para la categoría de ‘litera-tura extranjera’, pero me dicen que no vale inventarse un idio-ma. Así que, de momento, éstas son mis ideas. Quien dice libro, dice película. 14
  15. 15. @October__Lee LA LIBERTAD DE MI TIEMPO Si hay algo que llevo realmente mal, es perder el tiempo. Nohacer nada porque no tengo nada que hacer o porque algo meimpide hacerlo. No me refiero a holgazanear voluntariamente,porque si elijo malgastar las horas tirado en un sofá mirando altecho, es en todo caso mi decisión. Pero si malgasto las horastirado en un sofá mirando al techo porque no se me ocurre nadamejor que hacer, puedo llegar a desesperarme. Ésa es la razónpor la que nunca me ha agradado demasiado tener tiempo libre.Tal vez no sea algo muy común, pero detesto el ocio. Hasta el día de hoy, he invertido mis horas libres en asuntosde lo más inútiles. Cuando era joven opté por aficionarme alfútbol, pero me daba demasiados disgustos y con los años lodejé. Lo cierto es que no había tenido asesoramiento alguno alrespecto, y siendo tan escasos mis conocimientos deportivos,en vez de decantarme por algún equipo decente me hice sociodel Quesos y Cremas de Leche Saturnino Aranda, un club lo-cal de la liga femenina que no sólo no había ganado nada ensu vida, sino que nunca había logrado hacer ni un solo tanto.Para más guasa, ni siquiera jugaba al fútbol. Eran un grupo deoctogenarias que practicaban el tiro de petanca. O al menos lointentaban, pobrecitas. 15
  16. 16. Desterrado el deporte como entretenimiento, decidí estudiar yobtener un título. Me pudo la ambición y elegí el que me ofrecíael mejor equilibrio entre sueldo, estatus social y tiempo libre—para poder pensar que hacer con él—. Me dediqué a haceroposiciones a Rey de España. Me costó encontrar una academiadonde me preparasen, pero un fulano medio lelo que conocí enun bar de carretera accedió a suministrarme el material necesa-rio y a evaluarme semanalmente por tan sólo 600 euros al mes.Un primo, vamos. Estuve bastante tiempo hincando los codos, ycuando consideré que ya estaban lo suficientemente profundos,me puse a estudiar. Sin embargo, antes de llegar a la segundalínea de la primera página, ya lo había dejado. Me enteré de quehabía otro tipo que llevaba décadas preparando la misma opo-sición y que todavía no había conseguido la plaza. Al parecer,hoy malvive como interino y parece que la cosa va para largo. Haterminado casándose y mudándose a un apartamentito a pesarde no tener trabajo. Dos crías que alimentar, tiene ya el pobre.Esa vida no es para mí. Siempre he aspirado a algo más. Mientras mi gran pasión no aparecía ante mis ojos, me apun-té a un curso a distancia para aprender idiomas. En lugar dequedarme con la posibilidad de dominar una lengua extranjerautilizando sólo mil palabras, preferí aprender una sola palabraen mil idiomas distintos. El esfuerzo, lo admito, no me ha servi-do absolutamente para nada. Para que luego digan que estudiarsiempre tiene recompensa… Yo, en este caso, no se la veo. Desesperado, cuando estaba a punto de arrojar la toalla y re-signarme a desperdiciar mis horas libres leyendo —o lo que espeor, escribiendo—, di con algo que me hizo sentir al fin la ple-nitud: la caza furtiva de animales en peligro de extinción y laposterior venta de pieles, colmillos o cualquier otra parte de suanatomía al mejor postor. Aquello sí era vida. En cuanto tenía lamás mínima ocasión, me escapaba a África, Asia, Sudamérica oMóstoles en busca de alguna pieza importante. Adoraba ser elúnico capaz de cazar a un animal determinado. Cuando varioslo habían intentado sin éxito y todo el mundo lo daba por impo-sible, aparecíamos mi rifle y yo en olor de multitudes —a vecesaquellas gentes llevaban semanas en plena jungla sin poder la-varse decentemente y desprendían un cierto tufo—. La caza era 16
  17. 17. agradable, he de reconocerlo, pero mucho más lo era el acecho,la espera, el acoso al animal indefenso. Apuntar a un tigre entrelos ojos y sentir el placer de disponer de su vida era todavía másexcitante que el orgásmico disparo final, aunque donde residíael verdadero encanto era en el sonido de las monedas cayendoen mis sacas una vez el bicho había llegado a manos del com-prador. Los momentos más felices de mi vida se han producidoen mi casa de la costa, ofreciendo mis conquistas a mis clientes,a los que por cierto les tenía totalmente prohibido acercarse ala playa en coche para no dañar el ecosistema. Más adelante,gracias a la cordura que a uno le otorga la edad, me di cuentadel terrible error que cometía y de lo tremendamente equivocadoque estaba: viniendo en coche podían traer consigo a ancianoso minusválidos que de otro modo no podrían acercarse a la casapara comprarme algún animal muerto. Las cacerías, por desgracia, duraron tan sólo unos meses. Al-gunos majaderos tuvieron la estúpida idea de atarse con cadenaspara evitarlas. La primera vez se enlazaron entre sí en el sótanode sus casas, pero viendo el éxito nulo de su reivindicación, op-taron por encadenarse en buques balleneros, bosques de Secuo-yas y muchos otros sitios que también empezaban por -b y porotras muchas letras. Nuestro gozo en un pozo. Reunidas ambaspartes en un juzgado situado en algún lugar del mundo libre, eljuez nos requisó armas y equipos amenazando con darnos unosbuenos azotes si no nos comportábamos. Al salir de la sala devistas, un furtivo camarada me dijo con tono afrancesado: «Se lavi». Aún hoy no sé a qué se refería exactamente el muy afemi-nado. Desde entonces, la rutina que ha caracterizado siempremi vida amplió sus horizontes e inundó las pocas horas del díaque de las que aún no se había apoderado. Hay quien opina quees un modo muy triste de vivir, pero al menos ya no tengo quepreocuparme por llenar mi maldito tiempo libre. 17
  18. 18. @chococriskis LITERATURA COMPARADA 101 A veces siento que hay demasiadas ideas en mi cabeza. La pri-mera impresión ante este hecho es que debería tratarse de algopositivo, pero no lo es en absoluto. Las ideas de las que habloson el germen de mis mayores temores e inquietudes. Campana sus anchas por mi cerebro, quitándome el sueño y de vez encuando suelen aparecer en mis divagaciones etílicas, para la-mento de mis acompañantes, que suelen desconectar de lo queestoy diciendo. Una técnica que curiosamente han llegado a per-feccionar bastante bien todos aquellos que me conocen. Hace un par de años leí un libro que me marcó profunda-mente, Guerra Mundial Z. No debido a que fuera particularmenteentretenido —que lo era— ni a que la historia estuviese particu-larmente bien hilada —que lo estaba—, ni siquiera a que tuvieseun mensaje que trascendiese las páginas —que lo tenía—. Nadade eso. Si me marcó fue debido a una idea planteada de pasadaen uno de los capítulos y que se coló en mis pensamientos. Alprincipio parecía que estaba de paso, como muchas otras. Comoaquella de que si no me crujía el cuello cada noventa segundosseguramente moriría. No obstante, la idea en cuestión con eltiempo se asentó, se sentía a gusto en mi mente y pronto acabóhaciéndose con una posición seria y respetable en el vecindariopoblado por mis otras neuras. Suelen quedar todas para tomar 18
  19. 19. café y jugar al paddle los domingos. La idea de la que hablo es en realidad una pregunta: cómopodría sobrevivir en un mundo postapocalíptico. No me refiero a cómo sobrevivir a una plaga zombie. O a cómosobrevivir a una invasión alienígena. No me refiero a como ar-marse, a qué llevar contigo o a qué medios de transporte utilizar.Todo eso para mí resulta prácticamente secundario. Olvidémonosde toda la primera parte. A mí lo que me preocupa es lo quevendría después. Porque, imaginémoslo por un momento. Ya he sobrevivido.He conseguido llegar hasta un lugar seguro con vida. Quizás heperdido a mis seres queridos por el camino. Bueno, quizás no,seguro. Si una cosa hemos aprendido del cine es que todos lospersonajes postapocalipticos deben arrastrar consigo el dolor dela pérdida. Es algo que les hace más fuertes, les da más empaquey un cierto aire como de personaje de Raymond Chandler. Seríaun alma torturada, aunque nunca hablaría ello a no ser que fueramirando al infinito en compañía de alguien tan traumado comoyo, y justo antes de que todo nuestro sentimiento de vacío seconvirtiese en sexo desenfrenado. Pero bueno, me estoy yendo por las ramas. Volvamos al temaprincipal. Sigamos pretendiendo imaginar. Coincidimos en quelo peor ya ha pasado. Milagrosamente sigo viva y a salvo en unacolonia de supervivientes humanos. Dispuesta volver a la coti-dianeidad. Pero, ¿qué pasa entonces? ¿Cómo sobrevivo? ¿Cómome reinserto en la sociedad? Jamás podría hacerlo. Procedo a explicar mis razones. Teniendo en cuenta que después de que hubiera desaparecidocompletamente la civilización tal y como la conocemos y de quela estructura social se fuese a zurrir mierdas con un látigo, lofundamental sería ocupar un sitio en la nueva, flamante y reciénestrenada sociedad, y para ello necesitaría ocupar algún puestoque fuese de utilidad para la misma. Y aquí es donde mi mentesiempre me lleva al punto en el que descansa toda mi inquietud.¿En qué soy útil? ¿Qué sé hacer? ¿Para qué demonios sirvo? Porque todos coincidimos en que sabemos muchas cosas. Yprobablemente sirvamos para otras tantas. Pero considerémosloa nivel de la supervivencia más básica. Planteemos esa pregunta 19
  20. 20. poniéndonos en el contexto de una sociedad en la que hubiesedesaparecido el sector servicios y en la que se debiera comenzara construir desde cero la industria, el transporte y el comercio.Una sociedad en la que el 85% de los profesionales necesarios noson abogados ni publicistas, ni periodistas ni licenciados en ADE—a los que nunca he sabido cómo llamar—. Lo que se necesi-taría, por pura lógica, son profesionales que solucionen al restode los supervivientes las necesidades y problemas del día a día.Comida. Medicinas. Ropa. Calzado. Calefacción. Agua corriente.Electricidad si es que todavía puede mantenerse. ¿Cuántas de estas cosas puedo proporcionar yo? La dramá-tica respuesta es: ninguna. Entonces es cuando me doy cuentade que no sé hacer realmente nada con mis propias manos. Enuna situación crítica no podría arreglar un aparato eléctrico niconseguir agua, ni cuidar del ganado, ni hacerme unos zapatosque me protejan del frío. Joder no sabría ni cómo deshacerme demis propios desechos, cosa que ya es baja. Tendría que asaltarun supermercado e ir con pañales a todas partes —dado que enesta nueva sociedad, si de algo podemos estar seguros es de quedepositar tus excrementos en la vía pública estaría tan mal vistocomo en la vieja—. Al menos me queda el consuelo de los tontos. El de saber quela gran mayoría de gente que conozco tampoco podría hacerfrente a esta nueva situación y que estaría tan indefensa comoyo. Tan en pañales en todos los sentidos. Creo que la gran ma-yoría de los habitantes del mundo occidental se verían igual. Esuna imagen poderosa. Miles de personas que probablementetengan estudios superiores, cagándose encima. Una troupe quesobrevive a base de limpiarse el culo los unos a los otros, fun-cionando dentro del pequeño espacio que se les ha asignado, enequilibrio, sosteniéndose entre sí, a punto de caer. Nos hemospreocupado tanto de llegar al siguiente nivel de la vida que su-puestamente debíamos tener que ni siquiera nos hemos paradoa pensar por qué lo hacíamos. Me viene entonces a la mente aquello que decía Tolstoi —ocreo que lo dijo Tolstoi, no lo sé con seguridad. Hace demasiadotiempo que me copié ese trabajo de la Wikipedia—, de que sila vida compleja de tanta gente se desenvuelve inconsciente- 20
  21. 21. mente, es como si esa vida no hubiese existido. Y ahí es cuandocomienzo a sentir pánico, y a preguntarme si todo no estarámal planteado desde el principio. Si no nos hemos vuelto todosimbéciles. A preguntarme en qué momento perdimos el norte ynos convertimos en un hatajo de idiotas que viven y actúan porinercia. A preguntarme cuándo nos perdimos el respeto a noso-tros mismos. Pero en ese instante, de súbito, caigo en la cuenta de quenada de eso importa porque de vivir en una sociedad postapo-calíptica, esta estaría sin duda gobernada por militares, ya queen cualquier mundo catastrofista que se precie siempre hay unosserios, rectos y eficaces militares que aprovecharían la algarabíageneral para someter a los civiles. Y mi mente se relaja, y respirotranquila, porque se despejan las dudas y todo cobra sentido. Yano hay nada por lo que preocuparse. Además, seguro que seríanmilitares chinos y norcoreanos, y esa gente es muy eficiente…un segundo… entonces… ¿debería aprender chino para podersobrevivir en un incierto futuro de dominación asiática? Bienvenida nueva neura. Pase, relájese y póngase cómoda. Lepresentaré a sus vecinas. 21
  22. 22. @HugoBonet EL PRESTIGIO EN LA FARMACIA DEL BARRIO Una de las cosas más importantes en la vida es tener un ciertoprestigio en el barrio donde vives. Y la farmacia es un sitio clave.Yo voy a la farmacia una vez al mes a comprar preservativos.Aunque nunca los use. Ya lo tengo marcado así en mi agenda,cada día quince del mes voy a comprar condones, religiosamen-te, valga la redundancia. Así me gano el respeto y la admiraciónde las farmacéuticas, que noto cómo hablan entre ellas en cuan-to salgo de la farmacia. No importa que en casa tenga un alijo de350 cajas de preservativos de 12 unidades. Sirven también comobolsas de congelados o como sustitutos de las bolas del árbol deNavidad —el efecto visual es precioso—. Incluso a veces, comolos compro de sabores, no vienen mal si te has quedado sinespecias y quieres hacer un pollo Tikka-Massala. Hay unos consabor a curry muy bien conseguidos. No siempre salen bien las cosas. La primera vez que fui a lafarmacia del barrio y pedí una caja de condones, la señora queme atendió, tras mirarme detenidamente preguntó: «¿se los en-vuelvo para regalo?», pero enseguida me sobrepuse, mis visitasregulares hicieron que cada vez me respetara más. 22
  23. 23. En cuanto a tallas pido la XL. Me consta que hay una XXL perotampoco es cuestión de abusar. Normalmente suelo pedir cajas de 12 unidades, pero hay ve-ces que se acaban las existencias en la farmacia y me dicen: «Losiento, solo hay de 36 unidades», pero yo no me dejo amilanary contesto: «Está bien. De 36. Y una caja de antidepresivos, porfavor». A veces, por aquello de la variedad, voy a farmacias de barrioscolindantes donde no me conocen, para expandir mi prestigiomás allá de mis fronteras locales. En esos casos me acerco a ladependienta y le digo: «¿Me pone una caja de preservativos?»,hago una pequeña pausa y añado: «para llevar.» Les encanta. 23
  24. 24. @Dr_Commonhate FAUNA DE BIBLIOTECA Cuando vas a empezar tus estudios en la universidad todoel mundo tiene algo que decirte: que si es la mejor época de tuvida, que no vas a parar de ir a fiestas, que ahora sabrás lo quees estudiar, que no vale la pena, total vas a acabar de barrenderoigual, que te has dejado la lavadora sin poner... En cualquier casoes inevitable crearse unas expectativas, y te advierto que seránerróneas. Probablemente pienses que irás a la facultad a haceramigos y, de vez en cuando, aparecerás por clase, que acabarásconociendo todos los sitios de fiesta de tu ciudad y cada sábadodespertarás en una casa diferente con el sabor de la resaca aúnen tu boca. No digo que no haya tiempo para eso, pero si hayun sitio que acabarás conociendo como la palma de tu mano, almenos si pretendes durar más de un año en la universidad, es labiblioteca. Y con ella a la inefable fauna que la habita. No hay otra manera de describir a lo que se puede encontraren el santuario del estudio. Todo es tan bizarro, pero a la vezincómodamente real que en más de una ocasión pensé que mehabían metido en Gran Hermano, que los que me rodeaban noeran sino actores y Karmele estaría comentando mi rendimien-to por televisión. Entonces salté de la silla, atravesé corriendola biblioteca buscando las cámaras y gritando que nos estabanobservando, pero me pincharon mi medicina y se me pasó. He 24
  25. 25. acabado por asumir que todo esto son personas de verdad, ya base de compartir el mismo techo en épocas en que puedessaborear el stress podría decir que los conozco, o al menos hevisto un patrón para clasificar a algunos. Igual resulta que estoes aún más loco que lo de correr buscando las cámaras, pero mimédico ya no quiere ni oír hablar de mí. Empezaré hablando de la situación crítica por excelencia enuna biblioteca: cuando suena un móvil. Hoy en día los teléfonostienen más opciones de las que pueden afrontar, aplicacionesque jamás necesitaremos y con suerte utilizaremos alguna vezexclamando «uy, qué curioso» para luego cerrarlas para siem-pre... maldita sea, si hasta los hay con modo avión. Sin embargosiempre hay alguien cuya inteligencia no alcanza a ponerlo ensilencio antes de estudiar. Entonces ese alguien recibe una lla-mada y comienza el drama: aumenta la tensión en el ambiente,la zona se llena de miradas asesinas y hay que tomar una de-cisión rápida. Pero esa decisión nunca es la acertada, porque lareacción del dueño del teléfono suele reducirse a dos: responderal teléfono rápidamente en un tono de voz siempre superior alesperado, o salir corriendo en un loco sprint mientras el móvilsigue sonando, haciendo un escándalo que retumbará durantealgunos minutos en la sala. Todo esto quedaría en una simpáti-ca y ruidosa anécdota si no fuera porque 15 minutos más tardevolverá a suceder lo mismo. A propósito del ruido producido por estas situaciones quierointroducir a la primera especie de este animalario en el que seconvierten las bibliotecas: los silenciadores. Esas personas quese perturban por cualquier ruido y no dudan en proyectar un so-noro shh en cuanto tienen ocasión. Cuídate de que no teclear condemasiado ímpetu o de que tu bolígrafo haga ruido al rasgar elpapel, o puedes verte sorprendido por un enérgico ¡chitón! —hefirmado una petición en actuable para recuperar esta palabra—.El enemigo natural de los silenciadores son las confidentes, esasamigas —reconozcámoslo, siempre son chicas— que no tienenotro momento mejor para contarse sus chismes que en la biblio-teca. Porque todo el mundo sabe que es mucho más divertidotener que susurrar las aventuras con erótico resultado del finde semana en un espacio lleno de desconocidos, sabiendo que 25
  26. 26. alguno te escuchará inevitablemente. Son las attention-whoresdel murmullo, las maestras de las risitas, las reinas de lo bajini,las grandes hijas de puta de la biblioteca. Una especie que me parece especialmente admirable son losdecoradores de interiores, esas personas que están en la uni-versidad pero en realidad desearían estar en casa eligiendo unascortinas nuevas que vayan a juego con los cojines de tapizadovintage que acaban de comprar. Me refiero a esos que llegan ala mesa y empiezan a ampliar su territorio a base de folios decolores colocados estratégicamente, despliegan una colecciónimpresionante de subrayadores y rotuladores y llenan los espa-cios vacíos con Post-its en los que escriben una única palabraque luego nunca consultan. Este despliegue de colores es lo máscercano que estarás en la universidad a un viaje psicotrópico,salvo que estés estudiando farmacia, claro. Lo que más me gustade este espécimen es que tras haber diseñado su zona de acciónno les queda más de media hora para estudiar, pero oye, bienbonito que les ha quedado. Sin duda, mi espécimen preferido es lo que me gusta llamarla zorra de biblioteca. La susodicha pasa mucho tiempo en la bi-blioteca, pero dudo que su principal preocupación sea estudiar,sino que se centra en tener largas conversaciones en cada des-canso y pasear cada día un nuevo modelito, siempre con taco-nes, por supuesto. Los tacones a su vez ayudan a diferenciarlas:si lo que buscan es llamar la atención —la gran mayoría— cami-narán como si nada, haciendo temblar a cada paso la superficiedel agua cual Tyrannosaurus rex; si en cambio tienen algo derespeto por el silencio, utilizarán unos andares propios de Velo-cirraptor para no pisar con el tacón. Una vez en la mesa suelenprestar gran atención a su pelo, preocupándose siempre de queesté bien peinado y pasando largo rato absortas observándoselas puntas como si el futuro del mundo dependiese de ello. Al-gún día reuniré el valor para acercarme a mirar esas puntas hip-nóticas; quién sabe, igual esconden el sentido de la vida. Por último tenemos a los que necesitan el ordenador para es-tudiar. Antes de que lo enciendan ya sabes perfectamente lo queva a suceder. Quieres acercarte y decirle que no lo haga, que vaa ser peor, pero en el fondo nos gusta ver el mundo arder y no 26
  27. 27. podemos apartar la vista, como si estuviésemos observando aun niño a punto de meter los dedos en un enchufe. Comien-za su ruta por redes sociales, periódicos on-line, quizás inclusoabre el correo, para al final acabar en cualquier página de mierdaque encuentra por el camino, y tú miras desde arriba sonriendomientras piensas «lo sabía», pero ahí estás, perdiendo el tiempoigual que él. En algún momento te das cuenta del tiempo que has pasadoobservando a toda esta gente, tiempo que quizás deberías haberempleado en estudiar o incluso en follar. Pero te convences deque siempre quisiste estudiar antropología, que estás haciendoun servicio a la humanidad y algún día toda la información quehas recopilado se recogerá en un libro que la gente llevará a lasbibliotecas y sigues a lo tuyo. Que lo de follar está muy difícil. 27
  28. 28. @untipoconboina¿Y AHORA SOBRE QUÉ ESCRIBO YO? «He has nothing interesting to say So he writes about himself, But he doesn’t want to seem self-obsessed So he writes in third person» Rock & Roll Nerd, Tim Minchin «Oye, ¿quieres colaborar en una cosilla que estoy preparan-do?». Con estas palabras —o similares, tampoco hay que poner-se quisquilloso— suelen comenzar muchos proyectos colectivosque reúnen a un grupo de personas dispares para que aportensu granito de arena a una obra que, con suerte, será mayor quela suma de sus partes. Vamos, como los Vengadores, pero sincuartel general ni superpoderes. Sin gracia, vaya. Bueno, al me-nos no hay que llevar mallas… creo. Al principio todo es entusiasmo: «¡Hombre, pues claro! ¿Quete escriba un par de artículos? ¡Sin problema!», dice entusias-mado el incauto juntaletras, de nombre, qué sé yo, Nóibez. Esdespués cuando el coordinador del asunto le informa de quiénesvan a ser algunos de los otros participantes en el proyecto, y alNECIO bloguero le entra el tembleque. Y es que, pese a que noes un novato precisamente en esto de plasmar por escrito lo queopina, de repente le asaltan las inseguridades. 28
  29. 29. «¿Y si no estoy a la altura? ¿Y si no tengo gracia? ¿Y si de re-pente un genio malvado gasea el globo terráqueo con un pro-ducto que causa que todo el mundo olvide el español y solo secomunique en HOYGAN? DEVERIA ESKRIVIR LO KE BOI HA ASERACI HO NO???’’??», se pregunta. Finalmente, el mastuerzo decideatarse los machos, abrir un documento de texto y ponerse teclasa la obra. No sé ustedes, pero cuando me piden que colabore en algo,suelo sufrir ese proceso —sí, ¡era yo! ¡Giro inesperado!— antesde ponerme a escribir. Una tontería, lo sé. A fin de cuentas, si auno le piden que colabore en algo debe de ser porque confíanen él, ¿no? ¡No va a ser porque saben que es un patán y lo ha-cen para dejarlo en evidencia, eh! ¡Jaja! Qué ridículo sería eso…¿verdad? Los hay que, en un intento de tranquilizarme, me aseguranque la calidad no depende de factores externos, que si un artícu-lo es bueno por separado, lo es también si se encuentra rodeadode otros. FALACIAS. Déjenme que lo ilustre con una experienciapersonal. Hace unos años, cuando servidor iba a bachiller, nosllevaron a Madrid, por eso de sacarnos de nuestra Valencia nataly pudiéramos descansar de tanto quemar cosas y beber horchataque, a fin de cuentas, es todo lo que hacemos los valencianos.Además de votar al PP, claro. Pues bien, como les decía, en este viaje nos llevaron a ver dosmusicales: Hoy no me puedo levantar, quizá más conocido comoEl musical de Mecano, y El diario de Ana Frank: un canto a la vida,quizá más conocido como… bueno, no. Apenas nadie lo conoce,ya que se canceló a los cuatro meses de estrenarse. ¿Quién iba aimaginar que un musical sobre Ana Frank no tendría éxito? «Vale, ¿pero qué narices tiene que ver esto con la calidad delas entradas?», se preguntan ustedes mientras dan un puñetazoen la mesa. Verán, yo no soporto a Mecano, por lo que la pers-pectiva de tener que sentarme y tragarme un musical de dos ho-ras y pico escuchando alaridos de «¡CRUZ DE NAVAAAAAJAS PORUUUUNA MUJEEEEEEEER!» pintaba poco halagüeña. Por suerte,una vez visto un musical en el que Ana Frank cantaba ripios conrimas en infinitivo y Hitler bailaba un vals —con mucha destreza,por cierto—, Hoy no me puedo levantar me supo a GLORIA. 29
  30. 30. La moraleja es, claro, que la percepción que se puede tener dealgo sí varía en función de con qué lo comparemos. Ah, y que unmusical sobre Ana Frank no puede funcionar. Al menos, no si nose pone a un Hitler afeminado que baile breakdance. Así pues, aquí me tienen, ante el reto de escribir un artículocompletamente nuevo para este libro, sin idea alguna de quéhacer y planteándome muy seriamente la posibilidad de fingirmi propio secuestro para poder escaquearme. Dichosas colabo-raciones. 30
  31. 31. @violencevintage TRÍPOLI Escribo sobre Trípoli porque ya no vivo en ella. De lo contrario,no perdería el tiempo delante de esta máquina de escribir. Re-correría la ciudad en uno de sus buses semi-profesionales, esosbuses-furgoneta cuya principal misión es encerrar a los viaje-ros, apiñarlos, hacer que sufran, que conspiren entre ellos, quese detesten, y en un plano muy secundario —casi anecdótico—,conducirlos a sus destinos correspondientes. La otra opción para circular por la ciudad es subir a un taxien marcha. Los taxis en Trípoli son siniestros y más concurridosque los buses, a pesar de lo reducido del espacio. Para no trans-portar cadáveres que en algún momento del día fueron pasaje-ros carecen de ventanas, reventadas a martillazos para un mejoracondicionamiento del vehículo, lo que mejora la temperatura enel interior pero empeora la acción del conductor, máxime en unaciudad tan sucia y con tal cantidad de insectos. Otra de las ven-tajas de viajar sin lunas es la exposición continua a vendedores ysaqueadores ambulantes, si bien es cierto que en determinadascoyunturas —hambre, sed, aburrimiento— pueden sacarnos deun apuro —los vendedores, se entiende—. Pero lo más emocionante de moverse por Trípoli comienza cuan-do tu taxi o bus deposita a todos los ocupantes en sus respectivascasillas de llegada y solamente queda una ficha a bordo: tú. 31
  32. 32. Lo primero que hace el conductor es preguntar por tu parada,para no dar rodeos innecesarios. «Hotel Vía Mina», le informas.Te mira con ojos de neurótico —los ojos de alguien que conducesin parabrisas durante 16 horas al día— mientras se desliza porcallejones y avenidas que no recuerdas haber cruzado en ante-riores trayectos. Rezas para que esté tomando un atajo y no laruta hacia alguna travesía abandonada —donde poco le costa-ría dejarte sin dinero, ropa y aliento—, hasta que ves a lo lejosun comercio, un arbusto, algo familiar entre tanta monotonía yvuelves a tu ateísmo de siempre, a pelear con el cobrador por lacifra de pago acordada, que siempre sube unas monedas cuandoel cliente tiene cara de extranjero, de tener cierta liquidez, de noentender bien el idioma. Cara de idiota. Te comportas como talpagando el doble del precio normal, das las gracias por nada ysaltas de un vehículo que ya está en marcha, como cuando su-biste, hace casi media vida. Durante el tiempo que residí en Trípoli nadie me atracó, nime vi inmerso en accidente de tráfico alguno, a pesar de que miestancia fue de varios años y viajé en infinidad de vehículos —acual más precario— con lo que alguien puede inferir cierta exa-geración en mi relato. Nada más lejos de la realidad. Ocurre quesoy hombre de desmesurada buena suerte. Pero la buena suerte tiene fecha de caducidad, por eso ya novivo en Trípoli, sino aquí, en Milán, una ciudad irresistible don-de cualquiera puede conseguir lo que se proponga. Como porejemplo, perder el tiempo delante de una máquina, escribiendosobre una época donde suerte y muerte convivían en armonía. Nota: No conozco Trípoli, ni Milán. Tampoco tengo máquinade escribir, ni buena suerte. Lo único real de toda esta historiaes mi cara de idiota. 32
  33. 33. @elbaronrojo EL TIEMPO PERDIDO Me recuerdo leyendo mis primeros tebeos mientras roba-ba horas al estudio y al sueño, arropado por la desaprobaciónmaterna, entre el remordimiento y la liberación que suponía elsaber que se podía dilapidar el tiempo de una forma tan placen-tera. No tardé en descubrir otros métodos más placenteros, esverdad, pero eso es otra historia. Empieza uno gastando los días como si fueran dinero fácil, conel ansia del que nunca ha tenido nada y se encuentra, cuandomenos se lo espera, a mitad de camino, con las balas contadas ylos enemigos intactos, esperando impasibles a que comencemosa disparar con el mal tino que nos caracteriza. Objetivos vitales, despeñaderos por los que precipitarse. Y es que, claro, llegó la hora de convertirme en un hombre deprovecho. Y llegaron los libros, las mujeres y las malas compa-ñías de las que siempre formé parte activa. Con ellas se fue untiempo, como cualquier otro, que considero amortizado, peroque no volverá. Porque solemos hablar del tiempo perdido como ese vecinoincómodo nos habla del tiempo revuelto en el ascensor: justifi-cándolo como una suerte de castigo divino por los males que leestamos inflingiendo entre todos a la madre Naturaleza. 33
  34. 34. –Ni tú, ni yo ¿sabes? Entre todos. –Perdona, si es entre todos, también es entre tú y yo. –Ajá… Bueno, pues… esto… que pases un buen día. No está de moda exigir responsabilidades, y menos asumir lasconsecuencias. Mejor compartidas que duelen menos. Y más en estos tiempos, en los que vivimos entregados diaria-mente a la catástrofe, con el fin del mundo acechando a la vueltade cada esquina en forma de nuevo artículo del BOE, de otrareforma laboral o del próximo fracaso deportivo patrio. Quiénsabe. Asomado pues al abismo de la madurez seguí perdiendo eltiempo, al por mayor esta vez. Sentado ante un teclado como elpazguato que hace un cursillo CCC y ya se cree. Pues así. Horas y horas forjando una identidad digital como quien re-copila un bestiario inmenso, plagado de brillantes mediocri-dades. Una amalgama de topicazos y desahogos soltados parasatisfacer esta innata necesidad de corretear desnudo y hacerel mamarracho mientras cientos de desconocidos desocupadosaplauden a rabiar. No hay nada como perder el tiempo en Internet y en las re-des sociales porque parece que no queda cicatriz más allá de lacostura de tu ombligo. Y qué ombligo, señores. Rematado enmacramé. Todo ese esfuerzo en perder el tiempo no queda impune, porsupuesto. Por el camino, una vida, pero a quién le importa si setrasciende durante unos breves minutos. Esa es la clave. Vestirtus distracciones banales con un traje barato de comercial paraconvencerte de que tu vida, sin ese producto que te están ven-diendo, es menos vida. Mantener un teléfono móvil de nueva generación con accesoa todo como alforja imprescindible para el viaje a la nada, porejemplo. Y procurar no explicarse qué es lo que a uno le ha traí-do hasta aquí. Tampoco pretendo que este sea el momento para los buenospropósitos. Me traicionaría a mi mismo. Mirar demasiado haciaatrás es la mejor manera de estrellarse contra el futuro pero nomirar nunca es la mejor manera de no saber hacia dónde voy. 34
  35. 35. Perdemos el tiempo buscando los buenos momentos mientrasse nos van las horas. Ese es el motivo de este texto, de esta ca-tarsis que al final sólo es reafirmación. Si algo tengo claro es que, si tuviese un precio y mucho dinero,probablemente compraría más tiempo. Aunque sólo fuera para quemarlo. 35
  36. 36. @samuelhermoso DISPERSOS La nueva forma de asimilar la información está haciendo quecambie nuestra forma de relacionarnos con los demás. Nuestra cabeza está discriminando anuncios, devorando in-formación y a la vez está pendiente de otros estímulos externoscomo la música de fondo o las notificaciones de Whatsapp. Te-nemos esa sensación de haber encontrado algo interesante, perono podemos permitirnos perder tiempo en leerlo en ese mo-mento. Ya nos basta con esa cierta satisfacción en el hecho dehaberlo encontrado. Aunque lo más probable es que no leamosmás allá de los titulares o lo destacado en negrita y lo acabemosapilando en la larga lista del «ya si eso, me lo leo otro día», queacaba siendo como la caja de ropa que nunca te pondrás. Nos gusta picotear. Nos quedamos con lo básico de los titula-res. No se profundiza, se lee todo por encima, como chapotean-do en la orilla de la playa sin bucear para adentrarse en la bellezadel océano. Somos incapaces de leer dos páginas de un libro sindesviar la atención y darnos cuenta a la cuarta página, que norecordamos nada. ¿Cuántos de nosotros habremos leído un postde un blog entero, sin saltarnos ciertos párrafos? La tecnología y el exceso de información están perturbando elparadigma social de las relaciones. Cágate lorito con el titular. Aver si me explico, porque es lo que he venido a contar. 36
  37. 37. Queremos saber todo de esa personas que nos ilusionan. Lobueno, lo malo... Todo. Facebook, Twitter... Y podemos inter-cambiar horas de chat en Google Talk o Whatsapp. Esa comodi-dad de poder estar en pijama tirado en casa, chatear a tu ritmoy poder interrumpir la conversación en cualquier momento parahacer otra cosa sin pedir disculpas a nadie, es la nueva formade comunicarse. Por eso nunca triunfará la videollamada en elmóvil. Es algo que ha quedado relegado a que nos enseñen a lossobrinitos y en un golpe de casualidad, nos vean en la pantallay saluden finalmente ante el asedio sin cuartel de sus padres:«Mira al tito... ¡Dile hola al tito! ¡Mándale un beso al tito! Di ho-laaaaa... Dile hola al tito. Di hola... Hola titoooo... Mándale unbesito. ¡Dale un besito al tito». Di muaaaa» y todo esta mierda,pero en la estridente tonalidad aguda sobreactuada que se sueleusar para hablarles a los niños pequeños, como el equipo de do-bladores al castellano de la serie Mujeres Desesperadas. Somos maximizadores. No estamos nunca conformes con loque tenemos por culpa del exceso de oferta. Típica situación con amigos intentando decidir donde vais acenar: —Cenamos en un japo, ¿no? —Pero el que digo yo, que es la polla. Y vienen aquí los co-mentarios en el Forsquare y lo ponen de puta madre. —Pero está a tomar por culo, mejor uno cerca. —¿Y si vamos a aquel que fuimos, la última vez? Aunque eraun poco caro. Bueno, venga, ¡decidid! —Pero si queréis luego tomar unos gintonics tiene que ser poraquí. Yo conozco uno... Bla, bla, bla. En fin, todos hemos vivido esta situación. Luego, habiendoelegido, la gente maximizadora siempre va a encontrar defectoso detalles que no le gustan y hacen que la elección final no seasatisfactoria. Si solo hubiera un restaurante en todo el pueblo nohabría ningún problema. ¿Dónde quiero llegar con esto? Pues que tengo la sensación deque en las relaciones nos está pasando algo parecido. Entiendo que es imposible encontrar a una persona con la quecompartir que reúna las cuatro virtudes: 37
  38. 38. Que te atraiga físicamente. Que sea inteligente. Que sea emocionalmente estable. Que folle bien. Con las distintas experiencias que hemos tenido en cada unade las relaciones —en mi caso, menos en total, pero largas enduración—, ya llega un punto en el que no sabemos lo que que-remos. Lo que sí sabemos es lo que no queremos. Y esa lista vaengordando cada día cual gitana recién casada. Uno se llega aplantear si existirá esa persona que se ajuste a todos nuestrosgustos. Y bien, la respuesta es no. Conformarse con la elecciónsabiendo de antemano que puede ser mejorable es el paso prin-cipal para que llegue a dejar de serlo. En este sentido, muchas veces, la ignorancia es la felicidad.Hay parejas que llevan toda la vida o que son los primeros no-vios que han tenido en la vida y son felices dentro de esa totalignorancia por no poder comparar. Uno no comete los mismoserrores en una segunda relación, ni en una tercera. De cada unase aprende, y mucho. Hay gente que es feliz siendo un calzona-zos, y los que ya hemos tenido varias y se nos han agotado loscartuchos de paciencia, pensamos que ya nada será para siem-pre, porque nunca estaremos contentos con lo que tenemos porculpa de ese exceso de oferta. Demos prioridad al mundo real. No solo el exceso de información es el culpable, No soportoestar en una mesa con gente y que algunos estén con el móvilconstantemente. Tampoco entiendo que estés enamorado de laimagen que proyectas en el mundo online. «Qué guapos esoszapatos en tu Instagram, qué delgada pareces tirando la fotoboca arriba en bikini», que sí, guapa... Y qué bonitos tu blusa deabuela, los muffins, y tus gatos. Está claro que tu vida debe seruna mierda seca, porque estás malgastando tu tiempo de reu-nión con gente real que te aprecia por lo que eres o por comoeres, y cuando estás ilusionado con alguien, no sueltas el móvilni para limpiarte el culo. Todo va demasiado rápido. Tu abuelo tardó meses en darle la mano a tu abuela. Se es-cribían cartas. No sabían nada el uno del otro durante semanas. 38
  39. 39. Ahora nos montan un pollo por no haber respondido a ese úl-timo mensaje de Whatsapp que aseguras no haber leído porqueno te diste cuenta, pero que la otra persona interpretó que sí porel jodido doble check y la hora de la última conexión. La inseguridad y los celos, que para el caso son lo mismo, ha-cen que nuestras parejas no tengan la oportunidad de echarnosde menos. A ver si os creéis que por que le preguntéis a vuestranovia dónde está, con quién anda o a qué hora vuelve, va a tenermenos posibilidad de engañaros. Si una tía nos quiere engañar,lo puede hacer en cualquier momento, y no precisamente se lovas a impedir tú con tus «¿y quién es ése que te ha puesto elcomentario?» o tus morreos descarados cuando otro tío la estámirando. Patéticos intentos de marcar terreno. Las relaciones basadas en una imagen online son muy fugaces.Es cierto que ahora es más fácil encontrar gente más afín a cadauno. Que se adapte a tus gustos, a tus aficiones. Pero si te hasenamorado vía online y ésta sigue siendo la principal vía de co-municación, prepárate para vivir un fake de relación; un enamo-ramiento artificialmente acelerado. Una curva de progresión deilusión puede permanecer en la cima durante varios días, pero dela cima no se puede subir más. Ya habéis llegado a lo más alto.Muy bien todo, CARI. Pero ahora, ¿qué? ¿Seguimos tuiteándonosgilipolleces por el timeline de Twitter para que todo el mundo sehaga eco de nuestro amor y de nuestra falta de escrúpulos? Noseamos exhibicionistas, que luego nos arrepentiremos. Slooooowdown, CARI. No es malo ser algo frío y distante en relaciones ficticias onlinepúblicas si luego puedes ser cercano y cariñoso a nivel privadoo en persona. No insistas, no seas pesado. ¿Por qué respondesal momento a ese mensaje de Whatsapp? ¿es tan urgente? Dejade estar siempre disponible y al pie del cañón para todas tusredes sociales y disfruta de lo que estés haciendo. Además, porinsistencia no se consigue entablar una relación con alguien sien algún momento empiezas a rozar el nivel cansino. Casos pe-liagudos como el «¡Nunca me respondes los mensajes! :—» o ya,la cumbre del despropósito: «Cuéntame algo, que me aburro»,ilustran tu necedad. No forcemos conversaciones vanales. Si tie-nes interés por alguien y que ese alguien lo tenga por ti, no le 39
  40. 40. escribas por todas las redes, llámale alguna vez, que tienes tarifaplana, gañán. Viaja, disfruta de la música y comparte tus experiencias ha-blando. Llama a tus amigos, queda para comer con tus padres,pregúntale a tu abuela qué tal está... Muestra interés por tugente cercana con los métodos antiguos. Que las facilidadestecnológicas sean para enriquecer tus relaciones, no para sus-tituirlas. Rodéate de gente feliz, divertida, no de gente tóxica.Porque todo se pega. Ten hijos y enséñales lo que has aprendi-do para que lleguen a ser mejores que tú. Porque ese es nuestrocometido en esta vida. 40
  41. 41. @anikaviro#PROBLEMASDELPRIMERMUNDO Hoy, volviendo de un viaje, iba rebobinando el carrete de micámara y he estado pensado cosas. Cosas como lo mejor que erala vida cuando hacer fotos era más complicado. Creo que a base de compartir con todos nuestra apretada yfantástica agenda hemos perdido eso que buscamos cuando sa-limos, que es la propia diversión. Porque en mi opinión, cuandouno sale de verdad, pierde todos los sentidos, entre ellos el dela fotogenia —que es una suerte de eufemismo de dignidad enlo que a redes sociales se refiere—, ese sentido que ya de por síno todos tenemos. Lo que quiero decir es que gracias a este boom de las cámarasy esta excesiva facilidad para compartir nuestras creaciones, he-mos conseguido no salir de fiesta a gusto. Viva y bravo. ¿No osimagináis los saraos tuiteros como un lugar lleno de gente quehace como que bebe, posando con un dignísima cara de fiesta-fingida- y venga a subir fotos sin ton ni son? ¿No era más diver-tido contarlo? ¿Dónde quedó ese exagerar sin ton ni son las ma-ravillosas aventuras que te ocurren ebrio? Ese coincidir en el ho-tel con José Coronado y picarte con él al futbolín, ese encontrarteuna réplica del sable láser de Darth Maul y salvarte de un atracousándolo como arma arrojadiza, ese beberte un litro de absentasin más ayuda que la de tu maltrecho hígado y, si me apuras, un 41
  42. 42. mendigo que pasaba por ahí. ¿Cómo decís? ¿Que nada de eso hapasado? Cuando no teníamos 3G, todo eso podía pasar. Viene a ser como la paradoja del árbol que cae en medio delbosque. Creo que decía algo como que al caer el árbol y no ha-ber nadie cerca para escucharlo, las anécdotas absurdas que tecuente al día siguiente de una borrachera pasan a ser totalmenteciertas. Pero ahora no. Ahora nos hemos encerrado en la tontería estade compartirlo todo y no solo ese sable laser ha pasado a ser unarama del indefenso árbol de la Calle Mayor, sino que además hayfotos que demuestran que, justo después de mutilar al arbolilloen cuestión, tropezaste con una bolsa de basura y te vomitas-te encima. Vaya por dios. Es más, posiblemente nada de estoocurrió porque a las nueve hiciste un check-in en el Mercadona—de cuya alcaldía presumes cual miss Puerto Rico— yendo a poruna pizza casa Tarradellas y pasaste la noche watching Game ofThrones S02E06 via Gomiso. No sé vosotros, pero yo prefiero laotra historia. Por tanto, nos encontramos en el complicado momento de to-mar una decisión, y se me ocurren pocas alternativas: ¿Abrazamos esta nueva época de compartirlo todo y nos cen-tramos en molar a toda costa, pese a que esto suponga menordiversión? Esta parece ser nuestra opción estándar. Quizá estébien para el ego, pero todos sabemos que es un poco forzaday que no se disfruta lo mismo. Además, los que pasan muchotiempo en twitter son -somos- gente muy mezquina y lo mismote admiran, que te presionan para participar en hashtags bo-chornosos o para ver un programa de televisión tróspido quedetestas. Pero, en fin, es el precio del poder, bitches. ¿Nos creamos cuentas alternativas y mentimos como bellacos?Claro, todo el mundo sabe que dividiéndote vas a obtener másatención de la que tenías antes. La izquierda bien nos ha ense-ñado que la división no es el camino para obtener una victoria,aunque es posible que así recuperes la dignidad perdida, no tedigo yo que no. ¿Nos liamos la manta a la cabeza y nos borramos de todaslas redes sociales? Ya, claro. Y ser una de esas personas sin-facebook-ni-whatsapp-ni-twitter que van por ahí todo el día 42
  43. 43. mandando SMS, llamando al fijo de tu casa —coolhunters: estoes el revival de los 90 y no lo de las revistas—, o cotilleandoredes sociales con el perfil de su compañero de piso. Mal. Estábien tener una visión romántica del pasado pero esto ya es pa-sarse. Además, si lo que buscamos es no renunciar a nuestra“dignidad”, haciendo esto no evitaremos que nuestros queridosamigos sigan recordándonos que aquel Vega Sicilia cosecha de2005 de la otra noche no era sino una indigesta garrafa de El Tíode la Bota. La sociedad está cambiando y, como casi en todos los casos,adaptarse es la opción más prudente. La dificultad, en este caso,radica en aprender a disfrutar, sin tapujos ni prejuicios pero sa-crificando parte de nuestra dignidad, o en mantener una imagencara a la galería buscando estar siempre estupendos, a costa deperder la espontaneidad y corriendo el riesgo de ser unos muer-mazos. No sé qué preferiréis, pero yo ya he elegido. 43
  44. 44. @Quico_Risi EL SÍNDROME DE LA ESTATUA DE LA LIBERTAD A los puristas y gafapastas del viaje les parecería una mierdaque alguien hablase del Big Ben en primer lugar tras volver deLondres por ser uno de los principales reclamos turísticos y unsímbolo del «mainstream» viajero. Pues bien, yo lo suelo hacer.Más que nada porque los puristas me parecen unos gilipollas. El Big Ben es un MUST SEE. Si vas a Londres tienes que ver elBig Ben, lo mismo que si vas a Nueva York has de visitar la Esta-tua de la Libertad, en Roma el Coliseo, en París la Torre Eiffel, osi vas a Tailandia tienes que hacerte una operación de cambio desexo. O por lo menos ponerte un buen par de tetas para disfrutede tus colegas. Los MUST SEE definen a las ciudades, pero hacen pagar uncaro peaje. Ese peaje es el «síndrome de la Estatua de la Libertad». Cuando uno visita monumentos mitificados en la gran pantallasiempre se lleva un chasco, más que nada porque no resultan tanimpresionantes a través del ojo humano. La primera vez que vesen directo la Estatua de la Libertad es inevitable pensar «Joder,¿Esto es todo? Es mucho más pequeña que en las películas. ¿Ydónde están los cazas sobrevolándola y bombardeando? Aquí 44
  45. 45. sólo hay asiáticos disparando «flashazos», vaya puta decepción». El Big ben es impresionante, admitámoslo, pero también de-cepciona un poquillo así de primeras. Es majestuoso y bonito a lavez que elegante. Pero visto en directo hay algo que falla. Y ojo,que luzca mejor en la gran pantalla no implica que no sea unaobra de gran calidad. Pongamos un sencillo ejemplo: El síndrome de la estatua de la libertad lo padecerán tambiénlas chicas que liguen con actores porno y demás profesionalesque enseñan su miembro en la gran pantalla. Me las imaginoexclamando decepcionadas: «¿¡Ya está!? ¿¡Eso es todo!? Quiero decir, es un nabo enorme,pero en las películas parecía mucho más gigantesco. Vaya de-cepción... Por lo menos en la Estatua de la Libertad hay una tien-da de souvenirs y cafetería, ¿sabes? ¿Pero y tú qué? ¿Sólo puedesofrecerme una polla grande? ¿No puedo comprar camisetas nipostales? ¿Tampoco tienes un Starbucks en las pelotas? Vaya unamierda...» El Big Ben es una maravilla, lo mismo que la polla de un actorporno es del mismo tamaño que una de mis piernas, pero esono quita para que el síndrome de la estatua de la libertad afecte. No obstante, el tamaño no lo es todo. Las señas de identidado principales reclamos de un monumento también pueden de-cepcionarte. Recuerdo perfectamente una visita al Congreso conel colegio y cómo la guía turística comentaba con voz orgásmica: -Mirad al techo, chicos, ¡todavía se ven los disparos efectua-dos por Tejero! ¿No es emocionante? Es como pasear a través dela historia...- ¿Pasear a través de la historia? Pero si eso del techo son gote-ras, hija de puta. 45
  46. 46. @Alexicko HUMOR SE ESCRIBE CON H DE HITLER ¿Qué es el humor? El diccionario británico lo define como unmontón de palabras que no sé traducir, así que, en pos de poderresponder a tan capciosa pregunta, vamos a tener que empezarpor el principio. Supongo que el primer chiste de la historia aparecería en elmismo momento en el que un tiranosaurio intentó pegar un pu-ñetazo a otro. Pero me temo que como con la extinción de losdinosaurios vino también la desaparición de sus vídeos caserosnunca sabremos a ciencia cierta si tal cosa ocurrió. Pero inde-pendiente de ello se podría decir que existe una serie de carac-terísticas comunes que nos indican donde reside el humor, comoy porqué. A un nivel estructural básico se podría decir que elhumor, en todas sus variaciones, es la ruptura de una cadena deelementos previsibles en la que A debería ser igual a B, pero enrealidad es K. Y entonces es cuando la risa aparece. Y no por-que la K sea una letra divertidísima, que lo es, si no porque esaruptura nos trastoca la cabeza y, como animales temerosos quesomos, nuestra respuesta inmediata es reírnos como hienas. Entonces, ¿para qué sirve el humor? ¿Es esa risa el humor?La mayoría de la gente respondería que sí, pero no, la risa es 46
  47. 47. la respuesta al humor. En realidad el humor es un filtro quenos permite ver la realidad desde diferentes ópticas. Algo asícomo el Instagram de la vida pero sin la necesidad de poseer unsmartphone para utilizarlo. El humor puede ser absurdo, cínico,erótico, infantil… cualquiera etiqueta que se les ocurra y quelean o escuchen a lo largo del día. Es un elemento imaginativode distracción, de evasión de la triste realidad. Puede ser simplecomo un chiste del Lepe o elaborado como un guión de WoodyAllen pero nunca inteligente o tonto, porque no existe nada me-nos tonto que el hacer reír a otra persona y el humor inteligenteno es más que Stephen Hawking tirándose un pedo. Entonces, si no me río… ¿es humor? Por supuesto que sí. Ahíentra la experiencia, el conocimiento. Aunque servidor defiendeque un hombre resbalándose con una cáscara de plátano, el se-gundo chiste más antiguo de la historia después del de los dostiranosaurios intentado pegarse puñetazos uno a otro, ha sido,es y será siempre gracioso, también es cierto que la repeticiónes el gran enemigo del humor. Y como no todo el mundo acu-mula la misma experiencia ni conocimiento, se produce lo quese conoce, porque me lo acabo de inventar, como la disyuntivadel cómico. La decisión de hacer un chiste que llegue a la mayorgente posible pero que sea inane para el curtido en mil batallas orizar el rizo y conseguir que unos pocos se rían mucho mientrasel resto les mira con cara de desesperación. Piensen pues que elplaneta entero es una clase de instituto en la que, por una parte,el gracioso de la misma llega cada mañana repitiendo los chistesque ha escuchado a Pablo Motos la noche anterior y, por la otra,hay un grupo de chicos y chicas que se aíslan en una esquinariéndose de un montón de anécdotas y chistes privados que elresto de la clase no entiende y que a ellos les hace sentirse es-peciales. Y llegados a este punto toca meterse en barros más profun-dos. El humor, en menor o mayor porcentaje siempre es ofen-sa. Tanto el hombre que se resbala con una cascara de plátanocomo ese par de tiranosaurios que no pueden pegarse porquesus brazos son ridículamente pequeños están siendo blancos delas risas de los demás. ¿Pero dónde está la barrera entre el saberreírse de sí mismo y la indignación? Habrán escuchado o leído 47
  48. 48. mil veces acaloradas discusiones sobre los límites del humor,cuáles son, si existen, como delimitarlos, que está bien y queestá mal, que es políticamente correcto… cuando lo cierto esque el humor no tiene límites, lo tienen las personas. Y son es-tas personas las que poseen la libertad de llegar hasta dondequieran y acarrear con la crítica, que es necesaria y siempre debeexistir. Pero nunca deben ser censuradas o juzgadas por ello,por mucho que el linchamiento y la superioridad moral sean elsegundo deporte mundial por detrás del fútbol y por delante delvisionado de pornografía. Pero bueno, que me estoy alargando innecesariamente. Vasiendo hora de responder resumidamente a la pregunta, en unareflexión que abrirá la mente a propios y extraños y que acabarácon siglos y siglos de discusión. El humor es… [EL LIMITE DE CA-RACTERES HA LLEGADO A SU FIN, POR FAVOR ELIMINE PALABRASO GUARDE EL DOCUMENTO]. 48
  49. 49. @NtmeCARTÍCULO PARA MALPARTIDA He engañado a Jesús Malpartida. Soy una mala persona, un serdespreciable. Le he hecho creer que molo, y que podía escribirun artículo guay. Y todo porque le hacen gracia mis chistes deTwitter. ¡Soy un fraude, Jesús de mi vida! No puedo molar, aun-que yo quiero. Es verdad que tengo mis momentos en Twitter;que soy un poquito, por qué no decirlo, un gurú de lo 2.0 y unexcelso usuario de redes sociales, pero no soy el hombre delRenacimiento que tú esperabas. La culpa también la tienen los que me siguen en Twitter. Elloshan conseguido que me crea importante, a pesar de mi escasopar de lecturas y mi nulo conocimiento de nada. ¡Ellos, demo-nios, son los que me han llenado la cabeza de pájaros —pájaros,Twitter… Un no parar de reír— y me han encumbrado en los es-calafones de lo mierder! ¡Ya está bien! ¡Fuera vosotros! Yo quería usar Twitter como un medio. Yo pretendía que lagente supiera las veces que voy al servicio, porque el tema dela caca siempre me ha parecido interesante. Yo deseaba que meempezara a seguir mi prima Paqui la auxiliar de clínica para quepudiera llevar un estricto control de mis comidas por si un díame atragantaba, venía a practicarme la maniobra de Heimlich yquería traerse un tupper. Yo anhelaba poner enlaces de Youtu-be a videos heavys rodeados de emoticonos de manos haciendo 49
  50. 50. los cuernos. Yo albergaba la esperanza, el Niño Jesús bien losabe, de ser un señor normal, un ciudadano del mundo más, unmiembro responsable de la comunidad internetil. Pero mi ego,ansioso de alimento, se interpuso en mi camino hacia el relativoanonimato. No recuerdo bien cómo me enteré de que en Twitter había pe-ñita que hacía gracias. A servidor siempre le ha gustado el jajajá,y me puse a buscar a esos humoristas virtuales de los que tantose hablaba. Obviando, por aburridas, las cuentas de gente quehace risas cobrando de verdad encontré finalmente a la mafia dela carcajada de Twitter. Gente como yo —bueno, un poco menoschachis que yo—, que en sus ratos libres hacían chascarrillos porInternet. Algo así como la doble identidad de los superhéroes,pero superhéroes con el culo más gordo. Con el sano pensamiento de «yo puedo hacerlo mucho mejorque ellos» y la convicción de aprender lo antes posible cómomedrar en la red social fui soltándome con la mecánica del tuity empapándome del savoir-faire de los llamados tuistars o mu-chosfollowers, hasta convertirme en uno más de ellos. Inclusohe bebido con ellos. Hasta he ido a conciertos de heavy metalcon ellos, que en mi caso es lo más parecido a follar que puedohacer con la chorra dentro de los calzoncillos. ¡Gooble, gobble,one of us! Lo que pasa es que ahora mi ego es tan grande que a veces mecreo el superhombre nietzscheano. Un señor respetable, ay JesúsMalpartida de mi corazón, me encarga un artículo para incluirloen una recopilación junto a otros ensayos de gente igual o toda-vía más respetable que él y digo que sí. ¡Maldita generación delego y maldito ser el menor de seis hermanos, el mimado y porende un despreciable y repelente ser humano! Soy una mentira y me siento mal. Yo quisiera haber hechosentir orgullosos a mis padres por mis logros, haber encontra-do mi vocación en la vida y sentirme realizado, pero ahora meconocen por hacer el gilipollitas en Internet. Todo maravilloso,todo bello. Vale, a lo mejor he exagerado un poco. No me tomo Twitteren serio. Quiero que la gente se ría, quiero ser un poquito cool yya. Aún soy capaz de relativizar un poquito, y eso que en lo 2.0 50
  51. 51. relativizar es jodidísimo. En el constante medirse los penes quees Twitter el que tu miembro virtual esté un poquito por encimade la media puede volver loco a más de uno, y hasta te retirael saludo si la tuya es más pequeña. Y eso me da un poquitode penita porque, sin querer darle lecciones de moral a nadie…Bueno, venga: queriendo dar un poquito de lecciones de moral aalguien, lo del número de followers, al final, es una idiotez. No,claro que sigo queriendo los que tengo ahora, y más. ¡Soy unególatra, alimentado constantemente por el alimentador de egosmás potente, demonios! Pero tampoco me muero si no… eso. También entiendo que a veces nos creamos la hostia, porquehacer risa se pone feo en ocasiones. La mojigatería, la nula ca-pacidad de relativización de marras y el status de intocables queaún mantienen según qué temas continúan como siempre, peroencima si ahora haces un chiste de mariquitas pueden mencio-nar a tu madre al instante; porque las ciencias avanzan que sonuna barbaridad pero ciertos constructos sociales bien, gracias. Pero vamos, a lo que iba, que me pongo a hablar de otros y seme olvida hablar de mí: que no molo nada, lectores, Jesús Mal-partida, compañeros. Que ha sido todo un engaño; que yo no sénada de cultura popular, ni de música, ni de cine, ni de libros.Que yo solo hago un poquito de risas, algunas a costa de cosasmuy serias, y la masa enfurecida se enfada; y digo tonterías,y parece que a algunos insensatos les hace gracia eso. Que siqueréis otro artículo será otra mentira, os lo aviso desde ya, queluego no quiero quejas. Que todo es por la comedia, mire usted.Cuidado con eso. 51
  52. 52. @tuerce6 SER SER HUMANO El ser humano es extraordinario. No, no estoy hasta las cejasde Aquarius, lo digo totalmente en serio. No existe ni ha exis-tido —ni existirá— otro animal capaz de extender los límites dela naturaleza hasta niveles que rayan la magia única y exclusiva-mente para amargarse su propia existencia. De hecho, el monoal que se le ocurrió que «palo más cabeza igual a más comidapara mí» debería considerarse el primer gran filósofo de nuestrahistoria. Todo un Nobel. Y es que la maldad nos hace más inte-ligentes, sí; y más humanos. ¿A qué viene esta apología tan gratuita de la violencia? Viene,en gran parte, de ti. Y de mí. Bueno, de todos. Nuestro día a díaestá plagado de monos dándose de palos por un poco más defruta. Que si Juanito le quita el coche a Pepito. Que si la Vane seha liado con el novio de la Jessi y jo tía, qué fuerte me parece.Que si Alemania no deja que el BCE preste dinero a España por-que son unos vagos y se lo gastan todo en drogas y putas, cosaque es mentira. También compramos tabaco. Francamente, meextraña que no sigamos apoyando nuestros nudillos en el sueloal andar. Bueno, algunos siguen haciéndolo, pero el traje y lacorbata lo disimula bastante bien. O eso creen. Empezamos jóvenes a mostrar esta belicosidad innata, dan-do patadas al vientre de nuestra madre. A la persona que más 52
  53. 53. no querrá en nuestras vidas, a pesar de todos los pesares. OttoRank no tuvo en cuenta el otro lado que existe en el trauma delnacimiento. He visto vídeos de partos y la verdad, no sé hastaqué punto es comparable la angustia del niño al abandonar elseno materno con una cabeza como un melón de tres kilos sa-liendo de tu vagina. Pero, la violencia es natural, ¿no? ¡El fuerte debe someter aldébil! ¡Darwin nos lo dijo! ¡Si funciona con los ñandúes, debefuncionar con nosotros! Y en cierta manera, estoy de acuerdocon ese pensamiento. Pero cuando me pongo las gafas de pastay veo los documentales de La 2 noto algo en mi interior que medice que no es lo mismo. Me niego a aceptar que una leona ca-zando una cebra para alimentar a su manada, o una mantis reli-giosa comiéndose la cabeza de su conyugue después de copular,tengan algo que ver con matar a otro ser humano simplementepor el color de su piel. Formalmente es parecido, pero el motivode esas acciones —y sus consecuencias—, son devastadoramen-te diferentes. No tengo razonamiento válido para apoyar estaidea, sólo un sentimiento trágico sobre la vida y el ser humano.Y me temo que está caducado. A decir verdad, estas palabras no están teñidas de crítica,tampoco de amargor. Reflejan resignación. La capacidad de au-todestrucción está demasiado arraigada como para empezar ahacer algo a estas alturas. Hemos llegado cenit de nuestra espe-cie. Qué curioso que también sea nuestro fracaso. 53
  54. 54. @luna1919 DISCRIMI-NACIÓN De extranjera en mi propio país, a inmigrante en un país ex-traño, el cual considero mi hogar. El Perú me duele. Me duele porque soy peruana, porque noestoy allí. Crecí en una ciudad grande, con calles coloniales yesquinas llenas de putas. Con madres coraje y padres ausentes.Donde la juventud es una mezcla de rabia, pasión y alegría. Unlugar donde la pobreza es un golpe que debes esquivar cada vezcon más astucia, cada vez prendiéndole más velitas al santo. En la escuela desde pequeñitos nos hacían cantar el himno.Cada mañana la espalda recta, mirando al frente. «¡La mano enel corazón, carajo!» Y todos cantábamos orgullosos de un pasa-do glorioso. Sonaba la campana y al llegar a clase el orgullo seinvertía. Todos nos mirábamos para ver quien era más negro,más cholo. Si tu pelo es claro u oscuro. No importa tanto serzambo si tienes los ojos claros, eso te salva. ¿Y cómo te apelli-das? Chang, López, Aramburú, Kanashiro, Chávez, Sánchez. Si teapellidabas Mamani o Quispe o algún otro apellido quechua, lahabías cagado. Y entonces pensaba yo, ¿dónde quedó el orgullo Inca? Al salir del colegio me hice dos tatuajes, un piercing en la na-riz y me corté el cabello a lo Cranberries. Y sin quererlo pasé aformar parte de una minoría de la sociedad. A mi madre solo le 54
  55. 55. preocupaba que no pudiese conseguir trabajo pero tuve suertede cruzarme siempre con personas juiciosas —y extranjeras—que me valoraron por mis conocimientos y no por como se meveía. Vivir etiquetada no era tan malo. Pero siempre había una noti-cia, una mirada, un algo que hería. Como cuando amas a alguienque no te quiere. Amaba a mi país, pero él no me quería. No mequiso nunca. Ni cuando luché por sus derechos a grito pelado envarias manifestaciones y huelgas. No me quiso tampoco cuan-do le cantaba todas las mañanas en la escuela. No me aceptóporque yo era más blanca que los cholos, pero no tanto. Porquedecidí adornar mi cuerpo. Porque quise ser individual. Entonces conocí una persona que me ofreció un mundo di-ferente. Y aquí estoy frente al ordenador intentando entenderporque nos cuesta tanto. ¿Por qué si queremos tanto lo nuestronos avergonzamos de lo que somos? ¿Por qué si gritamos «¡Vivael Perú, carajo!» no podemos gritar igual «¡Soy cholo!»? Pasé deser una extranjera en mi propio país a ser extranjera en otro. Yme siento en casa. Porque aunque la sociedad aquí no sea per-fecta, me deja ser yo misma. Porque he visto doctores atendercon igual interés a un negro, a un chino, y a un español. Porquelos jóvenes luchan por su futuro juntos. Porque aquí no te miranmal si has abortado, o si quieres casarte con alguien de tu mis-mo sexo. Porque aquí mi vida vale igual que la de cualquier otrapersona. Y el Perú me duele. Quiero que cambie porque quiero volvera vivir en sus calles y ver el cielo color panza de burro. Quierovolver pero quiero que me quiera por lo que soy. No porque soymenos chola o porque vengo de ‘fuera’. Si no porque cuando yome ponía la mano derecha en el pecho, lo sentía. Por eso llorocuando recuerdo a mi hermano llamarme ‘cholita’. Lloro cuandoescucho los huaynos cortavenas «Mozo, tráigame dos cervezasmás». Lloro por este amor no correspondido y vivo con la espe-ranza de los amantes. De encontrarme nuevamente frente a eserostro color trigo, de ojos achinados y pelo trinchudo. Mirarle fija-mente a los ojos negros y preguntarle: «¿Por qué me dejaste ir?». 55
  56. 56. @moedetriana A MAL TIEMPO Vaya tiempos estos que vivimos, ¿eh? El pesimismo lo llenatodo, la preocupación se palpa en el ambiente y la palabra «cri-sis» monopoliza todas y cada una de las conversaciones que sellevan a cabo diariamente a lo largo y ancho de este país. Crisis.Sí, crisis, sinónimo de una España que no hace más que pen-sar que cualquier tiempo pasado fue mejor por muy pasado quefuera. Con este comienzo lo más normal es que penséis que os quie-ro agobiar hablando de bancos, privatizaciones, expropiaciones,paro y rescates, pero ni mucho menos es esa mi intención. Paranada. Ya veréis. Esto es un intento por haceros entender que hayesperanza más allá de los palos que puedan darnos los tiemposque corren. A lo mejor es que soy andaluz y estoy acostumbrado a ver elfuturo negro desde pequeñito, pero pienso que el optimismo esmuy necesario en nuestra existencia, un optimismo que cuestaencontrar pero del que merece la pena contagiarse porque úni-camente así seremos capaces de mirar las cosas desde una pers-pectiva que nos haga comprobar qué es lo que de verdad debepreocuparnos e importarnos. Derrumbándonos y bajando los brazos nos hacemos un fla-co favor. Lo perdemos todo. Esa conducta no vale nada. Es una 56
  57. 57. mierda: no nos hará inmortales, ni va a pagarnos las facturas, nimucho menos va a ayudarnos a encontrar un trabajo decente.No. Salir adelante es cuestión de actitud. Eso es algo que sóloestá es nuestras manos, y para ello tenemos que dar lo mejorde nosotros mismos cada vez que tengamos ocasión. Ese es elcamino, mostrar y demostrar que estamos llenos de vitalidad yque podemos afrontar cualquier adversidad sin perder el po-sitivismo. Así es como se exhibe la fortaleza. Eso es lo que sedenomina tener dos cojones. Haciendo un símil escolar, nuestros años son como las pági-nas de un cuadernillo Rubio: ellos pone los problemas y nosotroshemos de aportar las soluciones. Hay soluciones más fáciles deencontrar, y soluciones más rebuscadas, pero todo, -absoluta-mente todo- tiene solución, excepto la calvicie, eso sí que esjodido. Ahí no hay nada que hacer. Ojo. No soy ningún inconsciente. Sé que las cosas están peorque nunca. Sé que todos pasamos por dificultades. Sé que lo másfácil en estos momentos es ver el vaso completamente vacío. In-cluso sé que es normal contagiarse de esta atmósfera oscura queenturbia nuestros días, pero tenemos que hacer el esfuerzo porcambiar el chip. Sí, nuestro puto chip. Respirar hondo y aprendera disfrutar de las cosas insignificantes que nos divierten y gra-cias a las cuales desconectamos un poco de la cruda realidad quenos endosa hostias minuto a minuto. Pensemos que no hay maldure eternamente, y que todos tenemos a nuestro lado a fami-liares y amigos dispuestos a echarnos un cable y a sobrellevar alunísono esta situación por mal que pinte. Para terminar –que noes plan de seguir dando la brasa- recordemos que bajo ningúnconcepto debemos perder la sonrisa. Sí, debemos sonreír. Nodebemos desaprovechar una de las pocas cosas que no cuestandinero en esta vida. Partiendo de esta base, pocas cosas puedensalir mal. Vamos digo yo. 57
  58. 58. @Alfred_egoLAS MONJAS TAMBIÉN TIENEN TETAS Me eduqué en un colegio de monjas. Digo que me eduqué, a mí mismo, porque ellas —las monjas—hicieron lo posible por deseducarme. Más bien intentaron adoc-trinarme en la religión cristiana. Pero yo siempre he sido máslisto de lo que me tocaba, hasta que descubrí el sexo las drogasy el rock and roll. Genocidio neuronal. En mi casa eran rojos y fachas a partes iguales. Las —esca-sas— discusiones sobre política y/o religión siempre acababancon una coreografía de portazos, puñetazos en la mesa y gritos,que ya me hacían sospechar que esos dos temas iban a dar mu-cha guerra en mi vida. Lo de «guerra» era un chiste. Ja. Yo, ateo por parte de madre y pragmático por parte de abuela,asistía mudo a esas discusiones, pero mi pequeño pero inquietocerebro tomaba notas de todo lo que allí se decía. ¿Cómo acabé en un colegio de monjas? Era muy pequeño yno lo recuerdo bien. Supongo que pasaría por allí y entré a in-formarme y me gustó la directora y me quedé. La directora eramonja, claro, pero oye, qué tetas. Las monjas y las tetas sontotalmente compatibles, esto lo aprendí desde bien pequeñito. Como digo, sin proponérmelo, me tomé la educación por micuenta y cuando entré en el colegio yo ya sabía leer y escribir. Ymientras los demás leían a Teo, a mí me daban cuentos «de ma-yores», casi todos relacionados con la biblia, dios, etc. 58
  59. 59. Merchandising cristiano. Mi colegio era privado pero concertado. La mayoría de misamigos eran de una clase social un poco más alta que la mía.Algunos incluso hasta sus padres tenían coche en lugar de Mobi-lette y —flipa— televisión en color en su casa. Esto está muy biensaberlo desde pequeño, según la clase social a la que pertenez-can tus padres eres más o menos en la vida. Si tienes unas Nike,es de cajón que eres más guapo, todos quieren ser tu amigo,juegas mejor al futbol y le gustas a las chicas. Si tus padres sonpobres, lo tuyo es la lectura, ser un poco solitario, llevas las ga-fas con esparadrapo y las chicas no te miran ni para darles pena. Pero sin duda el hecho diferencial de un colegio de monjas esla religión. Religión everywhere. Si te enseñan los ríos de España no lo cuestionas. El Ebro esel Ebro y punto pelota. Pero lo de Adan y Eva y todo lo que vienedespués tenía —para alguien como yo, muy leído ya a mis diezaños— más lagunas que la coartada de Bartolín. Y claro, empecéa hacer preguntas. Preguntas que eran esquivadas de forma chapucera y nuncaeran respondidas. Paso así a desmontar algunos de los argu-mentos que escuchaba. • La iglesia es necesaria porque hace muchas cosas buenas por los más pobres y necesitados. Mi cerebro racional lo traducía como, si no eres cristiano, no puedes hacer cosas buenas por los demás. Si no eres cristiano eres un hijo de puta. En algún momento de la historia, algún papa le com- pró a dios la exclusiva del bien. Eso encajaba perfectamente con que si no eres cristiano vas al infierno —el infierno, vaya conceptazo—. • Cristo murió en la cruz para salvarnos. Nunca he visto la re- lación entre que te claven en un palo en lo alto de un monte y hacer un favor a alguien. Mucho menos a toda la huma- nidad. Se me ocurrió preguntar si la cruz la había fabricado un carpintero —único beneficiado económicamente por eso, claro está— y si tal vez San José tuvo algo que ver. La monja no me pego una torta pero cerro los puños muy fuerte y casi le sangran las manos. Como a Cristo. • Los curas y las monjas no se casan ni tienen hijos porque se 59
  60. 60. entregan por completo a dios. Por lo tanto tener una mujer o un marido, e hijos, debería ser lo suficientemente cercano al mal, como para alejarte un poco de dios, o por lo menos distraerte de hacer el bien. Es de cajón. Estoy seguro que yo he provocado malos pensamientos a mis padres más de una vez.• Cristo renunció a todos sus bienes materiales porque sólo cuando uno se despoja de todo lo material puede acercarse a dios. BIEN!! Yo era el único que no llevaba ropa de marca y no tenía chalet con piscina. Algo positivo. Lo que no entendí muy bien es algo que me contó mi abuelo una vez, que es- tuvo en el vaticano —el cuartel general de los cristianos— y por lo visto allí todo es oro y lujos. Me dijo que incluso te- nían un banco propio. Pero bueno, que yo por ahí iba bien, éramos tirando a pobres.• El resto de religiones están equivocadas. Sólo hay un dios único y verdadero. El resto de religiones adoran al mismo dios, pero sin saberlo. Pero claro, nosotros comíamos cerdo y los musulmanes lo tienen prohibidísimo. Incluso llegué a oír que había religiones con más de un dios. Pero estaban muy lejos, por China o más allá. Esto de las normas y los dioses tenía que tener algún significado lógico que no alcan- zaba a entender. Igual relacionado con el punto siguiente.• Sectarismo. Claro que las monjas no lo llamaban así, lo lla- maban evangelización. Es decir. Si no eres de los nuestros, haremos lo posible para que lo seas. Esto estaba en clara contraposición con el concepto de libertad y respeto. Con- ceptos que también intentaban enseñarme. Yo me quedé con estos últimos. No sé, me molaban más. Ya entonces co- mencé a mosquearme en serio porque se supone que si no pensaba como ellas —las monjas— estaba en el bando con- trario y era uno de sus objetivos.• LA FE. Y lo pongo así, con mayúsculas. Era el concepto que más me quitaba el sueño. Era algo tan inexplicable que ro- zaba lo paranormal —la biblia en sí era una recopilación de sucesos paranormales que ya quisiera Iker Jiménez—. La fe es una fuerza invisible que viene a decir, QUE SI NO LO EN- TIENDES TE LO CREES PORQUE ES ASÍ Y NO TIENE EXPLICA- 60
  61. 61. CIÓN RACIONAL Y PUNTO PELOTA. Era claramente un truco para que los niños como yo no hicieran muchas preguntas. Aunque se han dado casos de adultos que siguen teniendo FE en dios. Muy raro todo. Luego, uno va creciendo, y va viendo la cruda realidad, pero amí ya no me pilló de sorpresa. Y se entera uno de que a lo largode la historia y hoy en día, ha habido y hay sangre y muertos—miles, millones, cientos de millones— disfrazados de religiónpara ocultar los verdaderos motivos, siempre económicos o depoder territorial —económicos al fin y al cabo—. Pero da mucha pereza adentrarse en todo eso. Mi paso porel colegio de monjas ya dio de sí lo suficiente, ya tenía claro elmensaje. Mi mente racional no concibe ritos, sacramentos, sim-bología, para dar respuesta a la parte espiritual. Que también latengo, como todo el mundo. Dejo el tema con una anécdota real. En televisión vi no hacemucho un reportaje de una señora muy agradecida a dios porquesu marido, en lugar de morir de un derrame cerebral, se habíaquedado en estado vegetativo. «El señor no se lo ha queridollevar, es un regalo que me hace para que lo cuide y sea mejorpersona». Señora, es usted una hija de la gran puta. No creo quehaga falta explicarlo. Esa frase resume muy bien todo lo quepienso de la religión cristiana. Nos vemos en el infierno, pecadores. 61
  62. 62. @mrheston FAMOSOS A ver: me parece muy raro que sea tan fácil encontrarse conun famoso. No me refiero a encontrarte con alguien conocido enel preestreno de una película o en un concierto, porque eso seríalo normal. Estoy hablando de ir caminando por la calle y cruzartecon un actor o con un músico conocido, algo totalmente casual,una de entre miles de millones de posibilidades. Hace cuatro o cinco años me encontré con Willem Dafoe enRoma. Fue muy normal: yo estaba cruzando por debajo de unosandamios colocados sobre la acera y él venía de frente. ¡Me sue-na esa cara! Cojones, pero si es el malo de Spiderman. Vayasituación. Bajó a la calzada para esquivarme porque no habíamucho espacio para cruzarnos los dos, y fue un gesto que leagradezco. Un par de años después me encontré a dos de los miembrosde Aqua en un bar en Copenhague. La cantante y otro más. Me locomentó un amiguete Alemán del Erasmus y yo tuve que creerle,claro, porque no sabría ponerle cara a esa gente, pero al llegar acasa lo miré en Wikipedia y sí, eran ellos. Es algo lógico, tampoconos volvamos locos, porque son de Copenhague y son un grupode mierda, pero ey, en esa ciudad vive más de medio millón depersonas. Y yo soy de España, ¿qué coño hacía yo ahí? A lo mejordeberían sorprenderse más ellos que yo. 62
  63. 63. El año pasado me encontré a Justin Timberlake haciendo colaen Moscú para ver la colección de diamantes del Kremlin. Yoestaba con unos amigos y no nos dimos cuenta hasta pasadoel rato, pero iba con dos guardaspaldas americanos, dos rusos,una traductora y una negra que supongo que sería su asistente.Un séquito de los buenos, no sé cómo nos costó tanto verle por-que estábamos inmediatamente detrás de ellos. Llegamos a laconclusión de que estaba en Moscú promocionando una películaque protagonizaba con Mila Kunis y que estrenaban en Rusia enesos días. ¿Sabes que Mila Kunis habla ruso perfectamente y quede hecho nació en Ucrania? A mí me pareció estupendo cuandome enteré: la gente que domina dos idiomas tan distintos mealucina. También he encontrado famosos de medio pelo a patadas; sinir más lejos, de niño era compañero de parque del hijo del condeLecquio, así que por ahí andaba Antonia Dell’Atte casi todos losdías. En fin, un famoso de segundo o tercer nivel pero un famosoa fin de cuentas. Y Amaia Salamanca iba a un curso menos enmi colegio, pero tengo entendido que se empezó a follar a todosuna vez yo ya me había ido de ahí. Perfect timing. Así que este asunto me obsesiona un poco. Quería compartirlocon vosotros. Pásame el teléfono, Ramón, que tengo que llamar. 63
  64. 64. @Vigalondo ¡GRATIS! La persona que quiero ser sopesa sus decisiones con ente-reza y consecuencia. Mantiene su lista de tareas en constanteequilibrio. La persona que soy es víctima de sus decisiones. Ledigo que sí a todo de lunes a jueves y el viernes me doy cuentade que la he cagado por completo, entonces me doy cuenta deque tengo demasiados platos chinos girando en lo más alto delas varillas. Y no es un problema inmediato, consigo que todossigan girando, y si alguno se cae, lo cojo al vuelo y lo vuelvoa colocar en su sitio —qué cariño le tengo a esta metáfora delmultitasking—. El problema es que si doy un paso atrás y con-templo la situación en conjunto puedo darme cuenta de que elesfuerzo que conlleva mantener los platos en equilibrio no medeja tiempo ni energías para más. Y con «más» me refiero a...¡Mi trabajo!. Lo que estoy tratando de decir con este grito deauxilio es que me paso más tiempo diciendo o escribiendo quehago cine que haciendo cine. Y mis únicas defensas a todo estoes que 1) Soy una persona amable 2) Me siento responsable. Sonunas bonitas excusas, que aluden a sentimientos bonitos. Peroque se ponen especialmente a prueba en una época en la que elblog que te entrevista por email te pide un vídeo con un saludopara los visitantes de la página y la lista comentada de tus diezpelículas favoritas de terror, te pone en contacto con un colega al 64
  65. 65. que le gustaría que dieses una charla en su escuela de cine, quede paso te pide ser jurado de un festival de cortos online, que asu vez te pone con un amigo al que le gustaría que colaborasesen el teaser de una webserie, y que de paso le echases una manocon un saludo en vídeo para una web que busca inversores paraun proyecto de crowdfunding, y ya que estamos que también lepasases tu mail para que te escriba una colega que quiere contarcontigo para un trabajo de investigación, y a la que también legustaría que le echases un ojo en un guión que acaba de escribir,y que tiene un amigo – a este le conoces de la Uni- al que le gus-taría contactar contigo porque necesita una carta de recomenda-ción para entrar en nosequé sitio, y que tiene un vídeo colgado alque le gustaría que echases un ojo y le hiciéses una crítica, y unvideoclip para unos amigos, y una firma para que echen del paísa la madre que lo parió. He escogido cuidadosamente ejemplos de actividades que nome reportan ningún beneficio económico. O un número de doscifras que da palo facturar —¡ya me pagas una cena, salao!—.Como soy una persona desordenada, o sea, que se contempla así mismo por rachas, sólo de vez en cuando me angustia la can-tidad de esfuerzo que dedico a actividades gratuítas, mientrasque mi actividad laboral, la dirección de cine, tiene una rentabi-lidad más y más difusa cada mes que pasa. La mañana en la @jdmalpartida me pidió escribir este texto degorra coincidió con una de esas oleadas de pánico. Había puestoen twitter algo así como: «Acabo de darme cuenta de que sólo el diez por ciento de misactividades semanales me da dinero. Algo hago mal.» Ese era el estado mental antes de recibir el encargo de escribirun texto gratis para una publicación de la que no sabía nada, una«colaboración especial» bastante difusa, pero que @jdmalpartidaya anunciaba de antemano en la portada provisional del proyec-to, ¡hay que ser hijo de puta! Y con un plazo de entrega de unasemana, que en mi caso estaba aplastada por un viaje de ida yvuelta bastante aparatoso a otro continente. ¿Por qué dije que sí a esta guinda-marrón a un pastel ya com-puesto de tres capas de marrones? Hace poco leí el siguiente tweet: 65

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