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Abuso sexual prostitución infantil. los niños con precio

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Abuso sexual prostitución infantil. los niños con precio

  1. 1. Los niños con precio. La explotación sexual infantil enCartagena (Primera parte).Por: Laura Ardila Arrieta. El Espectador 19/03/2011Silencioso, discreto, este delito recorre las calles de esa ciudad y parece ignorado por autoridades,residentes y turistas que disfrutan de festivales, cumbres y fiestas cada mes.Yo me llamo Dayana Andrea*, tengo 16 años y comencé a ejercer la prostitución desde quetenía 13… No, no, no, desde que tenía 12… Todo comenzó porque yo me iba a trotar ahí ala Plaza de Toros y conocí a un señor que me dijo que si yo quería ganar dinero… Él mellevó a un sitio que se llama El Maracaná. Era un burdel. Él me conquistó a mí diciéndomeque iba a ganar dinero, ¿ya? Y como esta ciudad es tan pobre… ¿ya me entiendes? Y yo noes que esté muy bien que digamos, ¿ya? Yo acepté porque mi mamá no me quería regalarni pa mis toallas higiénicas… Y yo ya era una señorita… Él cobraba 40 mil por mí y me daba20. Si el cliente tenía dinero cobraba 100. Siempre sacaba la mitad… Después empecé yosola. Ya los policías me dejaban trabajar… porque ellos lo dejan trabajar a uno… Todavíaestoy trabajando…Ella es el rumor que niegan los promotores turísticos. El dolor de cabeza de algunasautoridades. Un mal chiste en las plazas del Centro Histórico amurallado que de tanto entanto se engalana con la presencia de un presidente, un artista internacional, un cualquiera.En el mundo de los grandes festivales culturales que se realizan aquí anualmente, de losinvitados de lujo atraídos por la historia de este jardín de las delicias de casi 500 años, estamuchachita con cuerpo de mujer es apenas la negraza de culo firme que se ve en una callepor ahí, se mira un segundo y deja de existir.Ella ni siquiera forma parte de las estadísticas. Porque no hay cifras confirmadas ni registroúnico de datos sobre menores explotados sexualmente en Cartagena de Indias —laconsentida de Colombia y sede alterna del Gobierno Nacional, 1.090 kilómetros al norte deBogotá—. Extraoficialmente, se dice que llegarían a los 2.000. Andan por ahí, casi invisibles,en cualquier esquina, en cualquier cuarto de hotel barato. La ciudad que fue un pueblo deesclavos, siglos después, lo sigue siendo.De vez en cuando se escuchan noticias de ellos. Registros discretos, claro. La más recientees de hace un mes cuando el Departamento Administrativo de Seguridad (DAS) capturó alciudadano inglés Paul Anthony Brailsford en la vecina Santa Marta. Vivía en Cartagenadesde 2001 y en su apartamento se encontraron fotos de niñas desnudas. La postal de lainfamia: dos hermanitas, de 12 y de 14, teniendo sexo oral entre ellas. Se declaró inocente.Viernes, 11:00 p.m. De nuevo un festival (esta vez el Internacional de Cine de Cartagena)concentra la atención de ese único 30% de población que no vive en condiciones depobreza. La noche promete movimiento en la Plaza de los Coches, donde se levanta laantigua Torre del Reloj, que es la entrada principal a la ciudad amurallada: suena elbullerengue de un grupo folclórico, la salsa de un establecimiento al aire libre y las botellasde cerveza en las mesas del lugar. Sonríen los turistas, sonríen los nativos. Empiezan aaparecer las chicas solas que también sonríen, a cada extraño que pasa por su lado.
  2. 2. Un primer intento con un vendedor ambulante de chicles y cigarrillos que pasa por la plaza:— ¿Cómo te llamas?— Julio.— Julio, ¿sabes dónde se consiguen chicas jóvenes?— ¡Pero claro! Si tu quieres te llevo ya, es aquí cerquita.Ciertamente no está lejos. Es con exactitud a una cuadra del Palacio de la Aduana, dondefunciona la Alcaldía Mayor, en la calle Cochera del Gobernador. Es un puticlub y se llamaIsis. La alcaldesa Judith Pinedo nos contó que han intentado cerrarlo varias veces, pero losdueños “tienen todo en orden”. No parece haber menores aquí.Julio se desaparece. La Plaza de los Coches, el Camellón de los Mártires y las callesPrimera de Badillo y de la Media Luna están ahora llenas de “chicas jóvenes” que caminansolas de un lado a otro, atentas, acaloradas. También las hay viejas, gordas, negras,blancas. Muy pocas parecen menores de edad con esos tacones altos y todo ese maquillaje.Son pura calle.3:00 a.m. El hombre es flaco, de cabello largo, bigote canoso y acento paisa. Tiene puestauna chaqueta negra con el logo de Isis. Dijo llamarse Rafael:— Me dijeron que estaban buscando chicas. Ustedes estaban en Isis, ¿verdad?El reportero gráfico que me acompaña apenas alcanza a asentir.— Encontraron al que era, papá. Yo soy el tipo que hace el putitour en esta ciudad. Ustedesdíganme qué quieren no más que yo se los consigo. ¡Lo que quieran! Miren, miren no másestos folletos, mijo.— ¿Tiene menores?— ¡Lo que quieran! ¿De cuánto la quieren? ¿De 13, de 14? Hace poquito un español meestuvo pidiendo una de nueve.— ¿Y cuánto cobra?— Ah no, hermano, eso sí usted arregla directamente con la pelada, pero eso sí le puedodecir: son unas ricuritas, con la piel suavecita, de buen cuerpo, mamacitas, como las mujeresde aquí. Eso sí, el pelo lo tienen apretadito.— ¿La puede buscar ya?— Nooo, a esta hora ya no. Mire, ellas están por aquí más temprano, porque muchas vivencon sus papás. Las encuentran como de 9 a 11. ¿La quieren para un trío?— ¿Hace cuánto trabaja acá?— Ustedes como que están haciendo muchas preguntas. Pilas, no me saldrán con que sonentrevistadores, hijueputa. Yo llevo mucho aquí, papá, yo soy el hombre, el propio para loque quieran. Pidan, pidan lo que quieran…Dayana Andrea parió a los 14. Le puso Sebastián. El padre era un cliente, un taxista, al quese lo daba por 40 mil pesos la hora y quien después, por supuesto, no quiso volver a saberde ella. Dayana Andrea no sólo sería uno de los 2.000 niños prostituidos de Cartagena. Es,además, una de las 4.600 madres adolescentes que cada año dan a luz en la ciudad. No esla madre más chiquita. En 2009, la Clínica de Maternidad Rafael Calvo atendió a cuatroniñas de 11 que tuvieron ahí a sus hijos. Dayana Andrea a veces se pierde de la casa en la
  3. 3. que vive con su abuela y su hermano, pero nunca deja de ir a llevarle jugos y pañales aSebastián.Tenía 7 años cuando la violó el marido de su madre. La violó a los 7, a los 8, a los 9. Ella,dice, era la segunda mujer del tipo. Tenía 13 años la primera vez que se vio amenazada porla acción de la Policía: una madrugada hubo redada en El Maracaná porque corrió el rumorde que ahí estaba trabajando una menor de edad. La escondieron debajo de una camasobre la cual otra muchacha prestaba un servicio. Tenía 15 años cuando comenzó aconsumir drogas en un prostíbulo llamado Añoranzas. Marihuana. Se la brindó unacompañera de labores. También probó el perico, pero no le gustó.Ahora trabaja en la calle. En el sector conocido como la bomba El Amparo, una esquina en laque funciona una gasolinera a unos 45 minutos del Centro Histórico, por el que de vez encuando se pasa para buscar más clientes. Dayana Andrea no lo sabe, pero en un año lleganen promedio a la ciudad entre 500 mil y 700 mil turistas, por tierra, por avión, en cruceros (alaeropuerto internacional Rafael Núñez, por ejemplo, arribaron 137 mil pasajeros de otrospaíses en 2010). La cifra es lo de menos. Ella sólo sabe que llegan y que traen dinero. Eldinero que ella necesita para sus cosas del colegio, uno público en el que cursa por lasnoches los grados 8° y 9°. Y para su niño.Yo salgo más que todo los viernes, sábados y domingos… Trabajo de 1 a 5 de la mañana…Pero mi bebé nunca me ve ni llegar ni salir… En un día me hago 200, pero los extranjeros,mira, pagan más. Yo he estado con italianos, con gringos. Me dan 100, 150… Aquí gananmucho las menores de edad porque a los hombres les gustan las niñas. O sea, no lasbuscan tanto por menor, sino por la morbosidad, ¿si me entiendes? Piensan que las niñitasson más cerraditas… Esas cosas… ¿ya?... Tu sabes cómo son los hombres… Yo ahoraestoy con un hombre, él no hace nada, él es bandido… antes me regalaba y me regalaba,pero ya ahora es diferente... Porque mira, él me partió la boca… Yo no lo dejo porque él meayuda cuando yo doy cosquillas, ¿sabes qué es eso? O sea, yo meto los dedos en losbolsillos sin que se den cuenta. A veces saco 600, a veces saco un millón, a veces saco 100.Es fácil. O sea, yo vengo y me acerco a los hombres… Comienzo a seducirlos, les saco eldinero… ¡Ay! Pero si te digo esto y tu lo sacas, ¡imagínate! Después los hombres no sedejan… Después yo te muestro pa que sepas…Los niños prostitutos existen. Están en las calles. Toca buscar su rastro en las instituciones.Allá, donde está la gente seria con sus papeles y sus estadísticas. Allá, donde, se supone,se encuentra el plan mágico de las autoridades para acabar con este delito.Los números son muy pocos: la Unicef asegura que en Colombia 30.000 menores sonexplotados sexualmente. A la Fundación Renacer, con sede en la ciudad, se le atribuye queen Cartagena podrían ser de 2.000 a 3.000, aunque la institución no confirmó el dato y másbien aclaró que llegar a uno definitivo es complicado. En las entidades estatales la cifra esuna hoja en blanco: ni la Alcaldía ni la Policía Metropolitana ni el Instituto Colombiano deBienestar Familiar (ICBF) ni la Fiscalía pudieron dar una.Pero hay algunos números para entender el fenómeno: la llamada ciudad Heroica tieneoficialmente 852.236 habitantes, aunque se habla de que éstos ya sumarían el millón. El70% vive en condiciones de pobreza, algunos en las tristes invasiones que conforman un
  4. 4. cordón de miseria que ha sido comparado con las zonas más infortunadas de África. De ahí,de entre los pobres, saldría gran parte de los muchachitos que terminan prostituidos.Es la explicación de Quelis Rodríguez y Antoine Lissorgues, de la fundación suiza Tierra deHombres, que trabaja desde hace 30 años en el país y es la única en Cartagena que,además de realizar acciones de prevención, representa jurídicamente a las víctimas sinningún costo.El director regional del ICBF, Jorge Redondo, declara que si la pobreza fuera uncondicionante, “el 75% de la población cartagenera estaría en esa situación”.Como sea, Rodríguez y Lissorgues describen el siguiente panorama: “Antes de 2005 eramuy común ver a los menores en la calle. Ahora, con la tecnología que brindan las redessociales y el celular, es menos evidente el contacto”.Y describen las modalidades de los explotadores: prostitución infantil en el barrio, en la calle,en los establecimientos, en las redes sociales (ver recuadro). El entramado del turismosexual incluye en ocasiones a taxistas, cocheros, botones de los hoteles, vendedoresambulantes, como Julio, el hombre de la Plaza de los Coches.Dayanas y Rafaeles andan por todas partes en este salón nacional de fiestas que esCartagena de Indias sin que nadie repare mucho en ellos. Excepto, claro, los interesados enel negocio. Incluyendo a uno que otro extranjero. Los extranjeros, mija… ay, ojalá un extranjero me sacara de pobre… pero yo no les creo… aveces me arman unos shows porque yo les prometo una hora y después apenas los dejocomo 15 minutos… Un día uno me partió la cara, todo esto, mira… Me quería quitar la plataque él ya me había pagado y yo no me quería dejar… ¿Qué historia, verdá?“A los 15 le vendí mi virginidad a una agencia de prepagos”: DavidComo perdí el 10º decidí salirme del colegio y meterme a una agencia de prepagos quemanejaba un muchacho bogotano. Yo tenía 15, pero él siempre me pedía que, con losclientes, aparentara ser de menor edad. Que me vistiera como niño, especialmente con losextranjeros, que pagaban de 200 para adelante, aunque la mitad siempre iba para laagencia. Cuando les dije que era un pelao virgen, me dijeron que eso se podía vender bien.Me tomaron unas fotos y como un día después la vendí en millón y pico. El tipo me dijo queera un médico como de 40 años, profesor en una universidad. La agencia conseguía todoslos clientes con avisos en el periódico, pero yo nunca estuve en ninguna oficina. O sea, todofuncionaba como clandestino. A mí nunca me gustaron las mujeres, por eso me siento yo enel mundo gay. Yo no estoy en la prostitución, sólo dejo que me agreguen por Facebook y sihay gente que gusta de mí y me ofrece algo, yo estoy con ellos. Eso sí, nunca me bajo de200. Así me compro mis cosas, mi Blackberry, ropa para mí.Mira, yo nunca he visto a niñas de seis años en esto. Yo cumplí 18 en noviembre y siempreveo que es con peladas de 14, de 15, que lo hacen porque quieren. Mira, a uno nadie loobliga a meterse a esto. * Los nombres de los menores fueron cambiados para proteger suidentidad.

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