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TERESA DE LOS ANDES,
ENAMORADA DE JESUCRISTO
“¿Qué quieres, si Jesucristo,
ese loco de amor, me ha vuelto loca?
Cuando u...
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redactar ningún tratado de cristología. Sin embargo, Teresa escribió mucho sobre
Cristo. Sin temor a equivocarnos podemo...
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de amar. En este amor a Cristo está toda la Cristología de Teresa. Es un Cristo
que amó, ama y continuará amando hasta e...
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“Dios está sediento del amor de sus criaturas. El mismo Dios es nuestro
mendigo. Démonos a Él. No seamos mezquinos, porq...
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Si le preguntáramos a Teresa de los Andes ¿dónde contemplas el amor de
Cristo? Teresa nos respondería muy convencidament...
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“(…) Hace tres días que estoy sumida en la agonía de Nuestro Señor. Se
me representa a cada instante moribundo. Con el r...
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Insiste así en que este Hijo de Dios no fue una idea, sino una persona
concreta, que fue enviada para darnos a conocer a...
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Y ¿de dónde aprendió Teresa ese título? Lo más probable es que lo haya
leído en los escritos de Santa Teresa de Jesús29...
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CICLASUR 2016 - TEMA 1 - "Teresa de Los Andes Enamorada de Jesucristo"

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CICLASUR 2016 - TEMA 1 - "Teresa de Los Andes Enamorada de Jesucristo"

  1. 1. 1 TERESA DE LOS ANDES, ENAMORADA DE JESUCRISTO “¿Qué quieres, si Jesucristo, ese loco de amor, me ha vuelto loca? Cuando una ama no puede sino hablar del objeto amado.” (Cta. 107) Se nos ha sugerido para esta conferencia el tema, Teresa de los Andes, enamorada de Jesucristo; no podría haber otro título que resuma tan bien la experiencia cristológica de Teresa de los Andes. En una carta dirigida a su hermano Luis, le dice: “Tanto que te predico en mis cartas, ¿no te lateas? (¿No te aburres? ¿No te cansas?) Pero perdóname. Cuando uno ama, no puede sino hablar del objeto amado (…) ¿Qué quieres, si Jesucristo, ese Loco de amor me ha vuelto loca?”1. Claramente en este trozo de sus escritos, como en tantos otros, podemos percibir, que ella, su vida, su mensaje no se entiende sin Jesucristo, su Señor, su Dios. Teresa se sabe amada por Jesucristo, y la expresión más grande de ese amor es, el sacrificio de este (Jesucristo) en la cruz y su permanencia en la eucaristía (su “anonadamiento” diría Teresita). Para Teresa es incomparable el amor de Jesucristo, sólo desde ese amor que nos tiene se entiende la muerte en la cruz y su permanencia perpetua en la eucaristía. Entender este misterio, es empezar a conocerle a Jesucristo y conocerle a Jesucristo es amarle más y más, por eso dice Teresa: “¡Qué grandeza de amor infinito! Amor no conocido, amor no correspondido por la mayoría de los hombres… Cómo quisiera traspasarte, hermanito de mi alma, mis sentimientos. ¡Cómo quisiera hacerte ver el horizonte infinito, hermosísimo, increado, que vivo contemplando! Amo a Dios mil veces más que antes, porque antes no lo conocía. Él se revela y se descubre cada vez más al alma que lo busca sinceramente y que desea conocerlo para amarlo”2. Es decir, cuanto más se conoce a Dios, más se le ama, más se le busca, al estilo de los grandes místicos del Carmelo. Cuanto más profunda es la experiencia de Dios, más perfecto es el amor. Más se busca el amor de Dios. Santa Teresa de los Andes, no ha estudiado teología sino solamente los escritos de los grandes experimentales de Dios; por eso, tampoco ella intentó –ni lo hizo– 1 Carta, 107 2 Ibid.
  2. 2. 2 redactar ningún tratado de cristología. Sin embargo, Teresa escribió mucho sobre Cristo. Sin temor a equivocarnos podemos afirmar que en todos los temas que tocó en sus escritos, de alguna manera, todos están impregnados de la figura de Jesucristo. Por eso, el centro de sus escritos, de su diario y sus cartas, es la persona y obra de Jesucristo. Es decir, su doctrina –porque si se puede hablar de doctrina; porque sus escritos son enseñanzas para nosotros; porque su experiencia personal de Jesucristo, nos invita a adentrarnos en esa experiencia de amor a Jesucristo. Por eso, sin temor equivocarnos, podemos hablar de doctrina– está toda ungida de Cristo. Porque, Teresa al hablarnos de su experiencia personal, nos habla de su amor a Jesucristo. Por eso, toda su experiencia espiritual está fundamentada en la experiencia personal de Cristo. En Teresa de los Andes hablar del proceso espiritual, es hablar de la experiencia de Cristo. Referirnos a sus escritos es referirnos inevitablemente a Jesucristo. A continuación trataremos de exponer, desde su experiencia, cómo vio ella, cómo vivió ella o cómo entendió ella a Jesucristo. Sin embargo, partamos de una premisa para entender esta parte de la exposición; Teresa intentó presentar la figura de Jesucristo (sobre todo en sus cartas) de tal manera, que los lectores de sus escritos se vean interpelados a la conversión; que las personas que se asomen a sus escritos se decidieran a una verdadera conversión, a una entrega a Dios sin condiciones, al cultivo de una amistad verdadera con Dios. Por tanto, su Cristología –si se puede utilizar este término– es más experimental que ontológica (ciencia, teoría), más praxis que pensamiento. Es decir, Cristo es una realidad vivida más que un pensamiento, es una realidad experimentada más que teoría; por eso sus escritos nos invitan a la experiencia de Cristo. De ahí se entiende, que para Teresa tenga mucha importancia las distintas presencias de Cristo en la Iglesia, en las personas (en cuya alma habita Dios) y en los sacramentos (de manera muy especial en el sacramento de la Eucaristía), porque a Cristo se le vive en estas realidades de la vida. Por lo tanto, sabiéndonos interpelados por Teresa, a través de sus escritos, a enamorarnos de Cristo, entremos a ver las distintas figuras de Cristo en Teresa de los Andes. 1. EL CRISTO DEL AMOR. Si tendríamos la oportunidad de preguntarle a Teresa ¿Quién es Cristo para ti? ¿Qué creen nos respondería? Sin pensar mucho se apresuraría en respondernos: Cristo “es un loco de amor”. Y, siguiendo con las preguntas, le haríamos otra pregunta más personal: ¿Quién es Teresa de los Andes? De la misma forma, sin demora nos diría: Teresa de los Andes es “una loca de amor”. Claramente podemos percibir que el Cristo de Teresa de los Andes, es el Cristo del Amor, Jesús es un “loco enamorado”; es un Cristo preocupado sólo
  3. 3. 3 de amar. En este amor a Cristo está toda la Cristología de Teresa. Es un Cristo que amó, ama y continuará amando hasta el fin de los tiempos. Pero el ejercicio del amar, eso no es cosa fácil, requiere sacrificio y entrega total. Por eso, para Teresa de los Andes la expresión de amor y de entrega más grande que Jesús nos mostró, el sacrificio más grande que ha hecho Jesús, es la muerte de Jesús en la cruz y su presencia permanente en el sacramento de la Eucaristía. Estos gestos de amor nos muestra el verdadero rostro de Cristo, el “loco enamorado”. Sin este amor, se desvanece la figura de Cristo para Teresa. Además, en estos dos gestos de amor, percibe a un Dios humanado o como diría el teólogo José Ignacio González Faus “El rostro humano de Dios”. En una carta dirigida a una amiga dirá: “Dios se hizo criatura. Padeció y murió por nosotros. Dios se hizo alimento de sus criaturas. ¿Has profundizado alguna vez esta locura infinita de amor? Créeme que siento mi alma deshecha de gratitud y amor”3. Es decir, la encarnación, la crucifixión y su presencia en el sacramento de la Eucaristía, son gestos de la locura de amor de Jesucristo por la humanidad. Esto es lo que le maravilla y le llena de gratitud, y le lleva a corresponder también con amor, porque al amor de Dios, sólo se puede corresponder con amor. Y ella lo ha descrito maravillosamente: “quisiera (…) que vieras en Jesús…el amor que nos ha demostrado…no miremos en Él nada más que amor (…) en el amor se hallan todas su perfecciones infinitas”. “No miremos en el nada más que amor”, esto es lo que Teresa, desde los comienzos, ha visto en Jesús y hacia el final de su vida se adentra y se consume en ese “océano de amor”4. Y esta es la herencia que quiere dejar, es lo central de su mensaje póstumo. Cada día ha ido adentrando más y más en ese amor infinito de Dios, por eso nos dice: “Ese amor divino es en mí de una fuerza irresistible, y cada día es más profundo. ¡Como quisiera hacer que todos lo amen!, pero antes que lo conozcan”5. Cada día adentra en ese amor, por eso, lo que ella escribe es pura experiencia, no lo ha sacado de libros. Desde esta experiencia personal nos dice: 3 Carta, 121. 4 Carta, 104 5 Carta, 60.
  4. 4. 4 “Dios está sediento del amor de sus criaturas. El mismo Dios es nuestro mendigo. Démonos a Él. No seamos mezquinos, porque Dios es todo generosidad y bondad para con nosotros”6. Es decir, no ver el amor de Cristo es simplemente no conocerlo, así de claro y drástica es Teresa de los Andes. Y el conocer a Jesús nos lleva inevitablemente a ver y contemplar el amor que nos ha demostrado. Por eso, el Cristo de Teresa es el Cristo del amor, sin no se ve este amor, no se conoce a Cristo: “Amo a Dios mil veces más que antes, porque antes no lo conocía, Él se revela y se descubre cada vez más al alma que lo busca sinceramente y que desea conocerlo para amarlo”7. “¡Cómo se transformaría su vida , si fuera a Jesús con frecuencia como a un amigo. ¿Cree acaso que Jesús no lo recibirá como a tal? Si tal cosa pensara, demostraría que no lo conoce. Él es todo ternura, todo amor para sus criaturas pecadoras”8. “(…) le aseguro mamacita, que es hambre, que es sed insaciable la que siento por que las almas busquen a Dios. Pero que lo busquen no por el temor, sino por la confianza ilimitada en su Divino Amor. Cuando un alma se entrega así. Jesús lo hace todo. Porque ve que esa alma es miserable e incapaz de todo bien, y como la ve llena de buena voluntad y desconfianza de sí misma, se conmueve su amante Corazón y la toma por su cuenta… Busque, mamacita, a Dios de esta manera y verá que Dios se acercará a usted y la arrojará más hondamente en el océano infinito de amor. Parece que a Nuestro Señor le agrada mucho esto, pues hace sentir su presencia al alma sensiblemente. Abandonémosle todo, mamachita linda, a su adorable Voluntad, y El todo lo hará, porque nos ama infinitamente”9. Teresa ha captado, sin duda, el núcleo del mensaje evangélico, por eso tiene un mensaje sencillo y convincente. Más que un Dios justiciero, el Dios de Teresa de los Andes es un Dios sufriente que necesita consolación. El Cristo de Teresa es un Dios ensangrentado que más que pedir reparación pide consolación. 2. ES AMOR QUE SE SACRIFICA. Este punto, de la figura de Cristo que se sacrifica, es consecuencia del punto anterior, de Cristo que ama. 6 Carta, 102 7 Carta, 107 8 Carta, 150 9 Carta, 104
  5. 5. 5 Si le preguntáramos a Teresa de los Andes ¿dónde contemplas el amor de Cristo? Teresa nos respondería muy convencidamente: “en la Cruz”. Si Teresa ha llegado a amar tanto la cruz, es porque ha descubierto detrás de ella el amor. Por eso escribe Teresa: “Jesús viene con una Cruz, y sobre ella está escrita una sola palabra que conmueve mi corazón hasta sus más íntimas fibras “Amor”. ¡Oh, qué bello se ve con su túnica de sangre!”10 El amor de Cristo, como nos enseña la doctrina cristiana, se nos ha demostrado en el sacrificio que él hizo de sí mismo por nosotros. Teresa considera que la Pasión de Jesucristo es la expresión más elocuente del amor que Dios ha mostrado por sus hijos. Por eso ella contempla el amor de Cristo preferentemente en su pasión. El Cristo de Teresa es el Cristo que sufre por ella. Teresa está convencida que Jesús ha sufrido, y ha sufrido también por ella. Ella así lo cree y así lo vive. Si de esta forma se manifiesta el amor de Cristo, entonces ¿cómo no confiar en su Jesús que la ha amado tanto?, y no sólo a ella, sino también a todos. Teresa, porque cree, por caminos de la experiencia personal, en el amor de Jesús, se abandona confiadamente en el amor de Dios y a su vez, este es el camino que aconseja a los demás, el camino del amor y de la confianza en el amor, no el del temor. Porque, ir por el camino del temor es no conocer a Jesús y no conocer a Jesús –vuelvo a repetir– es no amarlo. El temor, dirá Teresa, “seca el amor”. Y todo lo que no va en la línea del amor no vale para la Santa. “(…) la Pasión de Jesucristo es lo que mejor me hace para mi alma: aumenta en mí el amor al ver cuánto sufrió mi Redentor; al amor, al sacrificio, al olvido de mí misma. Me sirve para ser menos orgullosa. Me excita en la confianza de ese mi Maestro adorado, que sufrió tanto por amarme. La confianza es lo que más le agrada a Jesús. Si confiamos en el corazón de un amigo que nos ama, ¿cómo no confiar en el corazón de un Dios, donde reside la bondad infinita, de la cual la bondad de las criaturas es una pálida sombra? Desconfiar del corazón de un Dios que se hizo hombre, que murió como malhechor en un cruz, que se da en alimento a nuestras almas diariamente para hacerse uno con sus criaturas, ¿no es un crimen? (...) arrojémonos con nuestras faltas y pecados en el abismo, en el océano de misericordia. Jesús se compadece de nuestras miserias, conoce a fondo nuestro pobre corazón; así pues, mamacita, no tema, que el temor seca el amor”11. Y en su Diario, de mayo de 1919, escribe Teresa: 10 Diario, 16 11 Carta, 108
  6. 6. 6 “(…) Hace tres días que estoy sumida en la agonía de Nuestro Señor. Se me representa a cada instante moribundo. Con el rostro en el suelo. Con los cabellos rojos de sangre. Con los ojos amoratados. Sin facciones, pálido, demacrado. Tiene la túnica hasta la mitad del cuerpo. Las espaldas están cubiertas de una multitud de lancetas, que entiendo son los pecados. En la paleta tiene dos llagas que permiten verle los huesos blancos, y enclavados en los huecos de estas heridas, lancetas que llegan hasta penetrar en los huesos. En la espina dorsal tiene lancetas que le duelen horriblemente, por ambos lados corre la sangre a torrentes e inunda todo el suelo. La Santísima Virgen está a su lado, de pie, llorando, y pidiendo al Padre misericordia. Esta imagen la veo con una viveza tal que me produce una especie de agonía (…)”12. Para Teresa el sufrimiento y la pasión de Cristo, solamente se explica desde el amor. Y el sufrimiento padecido por Cristo lo sufre como hombre y como Dios, y lo sufre más por ser precisamente Dios: "No creas que porque era Dios no sentía el pesar que esto le causaba. Era hombre como nosotros, hombre perfectísimo y, por lo tanto, su corazón era más pobre, más tierno, más sensible que ninguno, pues todo en Él era divino, infinito"13. Ahora, ¿cómo Teresa le da significado a los sufrimientos de Cristo en la vida diaria? ¿En su vida diaria? Negándose activamente a sí misma, a todo aquello que pudiera constituirse en obstáculo para que Dios ocupase en su vida el lugar que le correspondía. Citamos algunos pasajes de sus cartas para corroborar lo que afirmamos: “respecto a las mortificaciones, siempre sigo sus consejos y he tomado la resolución de negarme en todo”14; “Pero ya le he prometido a nuestro Señor volver con todo ahínco a negarme en todo y a vivir sólo para Él”15; “trato, pues, de negarme en todo para llegar a poseer al Todo (…) Siempre quiero negarme y renunciarme en todo, para así unirme más a Dios”16 También, aceptando gustosamente todo aquello que representaba dolor, sufrimiento, contradicción. Y lo hizo por amor a Dios, con el fin de unirse a la Pasión del Señor17. Basta pensar en su frágil salud y la serie de enfermedades 12 Diario, 55 13 Carta, 141 14 Carta, 29 15 Carta, 72 16 Carta, 116 17 Sorprende lo que escribió en D 16, correspondiente a la carta que escribe a su hermana Rebeca el 15 de abril de 1916. “Él viene con una cruz, y sobre ella está escrita una sola palabra que conmueve mi corazón hasta sus más íntimas fibras: “Amor” ¡Oh, qué bello se ve con su túnica de sangre! Esa sangre vale para mí más que las joyas y los diamantes de toda la tierra”.
  7. 7. 7 que le sucedieron durante su vida, para darse cuenta de cuánto sufrió y cuánto ofreció al Señor. Pero, hay algo que siempre tuvo muy presente, que estos sufrimientos y sacrificios obedecían a una razón sobrenatural: ofreció todo por los pecados. Ahí, diríamos, reside el sentido de la cruz y el sentido de sus sufrimientos. Teresa de los Andes fue consciente de que la Redención se llevó a cabo por la muerte y resurrección del Señor, y que por tanto, el primer gran fruto de la Pasión del Señor fue la Redención. Y como carmelita, Teresa se sentía verdaderamente “corredentora”, por eso sufre y ofrece ese sufrimiento por las almas y así le escribía a su madre: “(…) somos, por lo tanto corredentoras del mundo. Y la redención de las almas no se efectúa sin cruz. Animémonos, hermanita, para sufrir todo lo que Dios quiera”18. Es decir, Teresa no se quedó en consideraciones teóricas, sino que trató de sacar propósitos concretos para su vida 3. ES AMOR QUE SE ENCARCELA. Para Teresa de los Andes, otra de las formas con que Dios nos ha demostrado su amor, es el sacramento de la Eucaristía. En ese sentido, Dios es un Dios encarcelado por amor en la hostia: “Dios infinito y encarcelado por nuestro amor”19, dirá Teresa. Y en otra carta escribirá: “[es] todo un Dios, bajo las especies de pan, y hasta la consumación de los siglos (…) amor infinito (…) amor no conocido (…) amor no correspondido”20 (c.107) Y en su Diario escribe: “Nuestro Señor, en la oración, me manifestó cómo Él había sido triturado por nosotros y convertido en hostia. Me dijo que para ser hostia era necesario morir a sí misma (…) una hostia no tiene voluntad propia, donde quiera la transportan. Una hostia no ve, no oye, no se comunica exteriormente sino con el interior (…) Después me mostró como, a pesar de su agonía en el altar, las criatura no lo amaban, no reparaban en Él…se me presenta a cada instante como agonizante. ¡Es horrible…! Me dijo lo acariciara, lo besara, porque esto le servía de consuelo”21. Y en otras cartas nos dirá: 18 Carta, 135 19 Carta, 44 20 Carta, 107 21 Diario, 55
  8. 8. 8 “Rodeemos su sagrario muchas veces al día con el pensamiento. Él siempre nos mira y ansía que le amemos, a pesar que es un Dios. Él vive allí más pobre que en Belén; más impotente está que cuando era niño; no se puede valer por Sí mismo y Él es la vida misma”22. “No sé lo que me pasa al contemplar a Nuestro Dios desterrado en los tabernáculos por el amor se sus criaturas, las cuales lo olvidan y ofenden. Quisiera vivir hasta el fin del mundo sufriendo junto al divino prisionero”23. “Nuestro Señor tiene sed de nuestro amor. Ha sufrido desde Belén hasta el Calvario y se ha forzado cadenas para vivir en el tabernáculo junto a nosotros. ¿No tendremos un poquito de amor para este Divino Mendigo?”24. “(…) al ver que Jesús vive y vivirá allí hasta el fin de los siglos en continua agonía y abandono, me dan deseos de constituirme en su compañera del destierro a que por nuestro amor se ha sometido”25. 4. LOS TÍTULOS DE JESUCRISTO. Siguiendo a algunos autores, Teresa aplicó a Jesús una serie de títulos a través de los cuales expresó su pensamiento sobre su misterio. Recogemos aquí los que, de acuerdo a nuestro criterio, consideramos más importantes. Sin embargo, no hay que olvidar que Teresa confirió esos títulos a Jesús desde su corazón, porque antes de pronunciarlos y escribirlos, antes lo ha sentido y vivido así, por eso, lo que ha vivido lo ha plasmado en sus escritos. a. El Hijo. Tal como lo ha plasmado Teresa en sus escritos, la palabra “Hijo” dirigida a Jesucristo encierra diversos significados. De entre ellos, hay uno que es primordial: significa, por una parte, el amor –encarnado y accesible– de Dios al hombre y, por otra, el gozo del “Hijo” al cumplir ese designio de amor, pues es Él el enviado del Padre para llevar a término la obra de la salvación. Cada vez que escribe la palabra Hijo, Teresa la vincula estrechamente al Padre, aunque en otras ocasiones lo haga refiriéndose a la Virgen26. 22 Carta, 156 23 Carta, 116 24 Carta, 111 25 Carta, 109 26 D, 15 Anotación sin fecha: “Ven Tú (la Virgen) con tu Hijo y mi felicidad será completa”. D, 19, anotación del 12 de febrero de 1917: “Si es afligido, Tú (la Virgen), con tus miradas lagrimosas, le muestras la cruz y en ella a tu divino Hijo”.
  9. 9. 9 Insiste así en que este Hijo de Dios no fue una idea, sino una persona concreta, que fue enviada para darnos a conocer al Padre y su proyecto. Y también resaltó algunas virtudes del Hijo. La primera, la obediencia: vio claramente que Jesús es modelo de obediencia al Padre, pues cumplió el designio de salvación que le fue encomendado. Y muy unido a la obediencia está la humildad, especialmente al cumplimiento de la voluntad del Padre.27 b. El Maestro. Para Teresa este es el título que mejor define a Jesús. Teresa considera que Jesucristo es por antonomasia el que enseña a la humanidad el camino que conduce al Padre. Jesús fue para Teresa el verdadero Maestro de oración, porque considera que sólo pudo tener verdadera oración cuando Él le enseñó. Es Maestro en cuanto que se nos hace accesible en la naturaleza humana, pues su magisterio llega a nosotros mediante su humanidad. Consecuentemente también Jesús fue Maestro de humanidad28. c. El Esposo. Hemos de entender por amor esponsal, desde la teología espiritual, como la entrega total a Jesucristo por amor, sobre todo en la vida consagrada de clausura; también se suele referir al celibato; pero también se suele referir a los últimos grados de la mística y finalmente también se suele referir para describir cualquier relación del alma con Dios. Pero Teresa de los Andes utilizó la palabra Esposo para designar a Jesús como consecuencia de su entrega total por amor. Teresa se sintió esposa de Jesús, en esa su entrega total a Jesucristo y utilizó esa palabra aplicada a Jesucristo en varias ocasiones, especialmente en las invocaciones y exclamaciones. 27 D, 17, anotación sin fecha: “Estar dispuestas a seguir a Jesús donde Él quiera. Él elige la pobreza, las humillaciones, la cruz y exige para mi todos estos dones”; D, 24, anotación del 22 de junio de 1917: “Quiero ser humilde como Cristo crucificado”. Carta 149, sin fecha dirigida a Elisa Valdés Ossa: “Mi Dios eterno, infinito (…) Amemos y adoremos y escuchemos al Verbo (…) que dice de humildad, de silencio, de pobreza. Escuchemos “Ecce venio”: “Vengo, oh Padre, a hacer tu voluntad”. 28 Es decir, para Teresa Jesucristo fue Maestro de vida: cfr, por ejemplo, Carta 14, del 5 de septiembre de 1917, dirigida a la Madre Angélica: “Rda. Madre, mi Jesús me ha enseñado desde chica estas tres cosas. ¡Cuánto debo agradecer a mi Divino Maestro las lecciones que da a una miserable como yo”.
  10. 10. 10 Y ¿de dónde aprendió Teresa ese título? Lo más probable es que lo haya leído en los escritos de Santa Teresa de Jesús29, quien lo meditó frecuentemente y que lo dejó como legado para sus carmelos. El saberse esposa del Esposo, tuvo sus consecuencias en la vida de Teresa de los Andes: en primer lugar, la decisión firme de cumplir siempre y en todo la Voluntad de su Esposo; después, el propósito de seguir a Jesús en una mayor unión; la intensión de estar con Él en todos lados, también en el momento de la prueba de la cruz; la determinación de amarle más y de asemejarse más a Él; la finalidad de tener un único querer y de pertenecer completamente al Esposo. d. El Rey. Este título explica perfectamente la dignidad de Jesucristo. Teresa utilizó este título como un verdadero título cristológico. Es decir, como reflejo de la gloria y soberanía de Jesús, como le corresponde verdaderamente a un Rey. Aunque no hay nada explícito, es innegable la influencia de la Santa (Teresa de Jesús) en la utilización de este título. Teresa de los Andes da este título a Jesús teniendo presente sobre todo dos conceptos: el de la creación y de la redención. Por lo tanto Jesucristo, es el Rey de la Creación y tiene soberanía sobre todo lo creado; y es también el Rey de la Redención y como redentor, es el salvador de la humanidad. CONCLUSIÓN. A manera de conclusión podemos afirmar, que la figura de Jesucristo es central en la vida de Teresa de los Andes, desde donde se explica su vida y su experiencia espiritual. Es posible que se repitan los temas, y se repite, pero no la forma de tratar y vivir estos temas. Ella, como otros, tiene la manera peculiar y particular de vivir a Jesucristo. Y así lo querría también ella lo viviéramos nosotros a Jesucristo en nuestra vida. Su experiencia de Jesucristo debe ser para nosotros una invitación a vivir y adentrarnos en la experiencia de Jesucristo, el “loco de amor”. 29 Carta 109, del 13 de junio de 1919, dirigida a Elisa Valdés Ossa: “Nuestra Santa Madre recomienda esta mirada amorosa al Esposo de nuestra alma”.
  • Diosorio

    Jul. 12, 2019
  • cmelladod

    Oct. 10, 2016

CICLASUR 2016 - TEMA 1 - "Teresa de Los Andes Enamorada de Jesucristo"

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