Día Internacional de la Mujer 2013

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Día Internacional de la Mujer 2013

  1. 1. DIA INTERNACIONAL DE LA MUJER 2013 CISCO Elena SerranoGracias por la invitación. Tengo los años suficientes como para haber conmemorado innumerablesDía Internacional de la Mujer. Estaba pensando que si registrara dondeestuve y qué hice en cada uno de ellos, éste sería un relato no solo de mivida, sino también un poco de la vida de Chile y de muchas de nosotraschilenas que quisimos salir al mundo, hacer visible nuestra exclusión,proponer un aporte para todas y todos. El relato daría cuenta del caminorecorrido, de los sueños forjados, las conquistas logradas, y por cierto de lasfrustraciones que hemos expresado y de las que nos hemos guardado.Es muy significativo el estar aquí, hoy, en una empresa privada multinacionalque celebra este día globalmente, motivando a sus trabajadoras a hacer usode su identidad y de su fuerza. Algo impensable en los comienzos, cuandoéramos solo un puñado de amigas encerradas en una casa tratando deentender qué significaba ser mujer. Lo que entendimos nos motivó aconvocar a otras. Aprendimos de las antiguas sufragistas que aun estabanvivas para contarnos como habían roto moldes rígidos y opresivos hastaconseguir el voto femenino. Nos tocaba ahora a nosotras ir más allá, a laconquista del poder. Queríamos cambiar el mundo mientras éste – nuestropequeño mundo - era de verdad cambiado por los militares que entonces nosgobernaban.Luego vino la democracia y la alegría llegó para muchos, pero no para todas.Vivíamos esa sensación de urgencia no explícita: había demasiado por haceren el país para detenerse en las demandas de las mujeres como sectorespecífico. Tuvo que pasar un tiempo en el que nos empapamos decorrientes mundiales lideradas por mujeres iluminadas de otras tierras comoGloria Steinhem, Angela Davis y otras, para que el así llamado “problema de
  2. 2. género” fuera considerado digno de tratarse públicamente, debatirse,estudiarse y ser objeto de políticas sociales.El camino ha sido largo, duro, pleno de obstáculos. Hemos tenido miedo, noshemos sentido solas. Hemos dudado de nuestro valor, perdidas en laviolencia del statu quo. Tuvimos que ensayar parecernos a los hombres pordentro y por fuera, pero no nos resultó. Tuvimos que enterrar, en loprofundo de nuestro ser, nuestra vulnerabilidad, porque ésta nos dabavergüenza.Nos ha costado ser creíbles. La sola palabra feminista despertaba losdemonios de la desintegración de la familia, el fin de los valores de sumisióny obediencia consagrados en el código civil en los cuales, se nos decía,estaba basada esta sociedad “conservadora en lo valórico y libre en loeconómico.”Fue muy difícil hacer entender a otros lo que nos parecía tan obvio: unavida con plenos derechos para las mujeres. NO queríamos ser iguales a loshombres, sino respetadas y valoradas por nuestra diferencia, la que no debíaser esgrimida como causa de discriminación y de menores oportunidades.No se trataba de reclamar un pedazo de la torta, sino de hacer una tortanueva.Por eso es significativo estar aquí un 8 de marzo. Lo que hoy celebramos NOes del día de la madre, ni de la secretaria, ni de la parvularia. Es ésta unafecha de reivindicación política. Es decir una vez más al mundo: queremosincidir en el acontecer público, acceder al poder, ser vistas, sentarnos en lamesa grande. Queremos ser profesionales exitosas, bien pagadas yreconocidas por lo que hacemos. Queremos ser esposas, novias, compañerasleales y cariñosas. Y por sobre todo queremos ser madres de ciudadanos quepuedan construir un mundo más equitativo cuando les toque hacerlo. Loqueremos todo, dirían algunos. Si, decimos nosotras, todo. Pero no solas,sino junto a ustedes.
  3. 3. El debate sobre el tema de la mujer ha evolucionado enormemente a travésde loa años, influenciado por las propias organizaciones de mujeres, pororganismos internacionales que lo incluyeron en su agenda, por trabajosacadémicos en diversos países, y por hitos culturales como el libro “LaMística de la Feminidad”, donde Betty Friedan en los años cincuenta develara“aquel problema que no tiene nombre y del cual no se habla” refiriéndose ala depresión y rabia contenida de las mujeres encerradas en sus casas ensupuesta felicidad hogareña.Me salto algunas décadas para llegar al presente. Es ésta una historia muylarga y muy intensa para contarla ahora. El debate ha evolucionado. Ya noestá centrado en la discriminación, que se reconoce como cierta, sino en laconciliación vida familia y trabajo, en los obstáculos para acceder al poderpolítico, en las brechas salariales, en la distribución del trabajo doméstico, enla flexibilidad de los horarios y en el famoso “techo de cristal” bajo el cualtranscurre nuestra vida profesional.En Chile, a pesar de los avances registrados en los últimos veinte años, laparticipación laboral femenina sigue siendo muy baja. Ello refleja el vínculodesigual que hombres y mujeres tienen en el mercado de trabajo, lo quedetermina que la brecha entre ellos – equivalente a 30 puntos porcentuales -sea la más alta de América Latina, y muy lejos del promedio que registran lospaíses de la OCDE. La tasa actual de participación laboral de mujeres en Chile es de 47,8 porciento. A Latina es 50.7% y la OCDE de 70%. ¿Qué explica estos bajosniveles en un contexto de pleno empleo y fuerte crecimiento?Investigaciones sostienen que los factores son múltiples y actúan de maneracombinada. Uno de ellos es que las mujeres están a cargo de las tareasdomésticas y del cuidado en el hogar, y eso, que está culturalmente muyasentado, impone restricciones a la jornada laboral.Una de cada dos mujeres entre 18 y 65 años tiene al menos una personadependiente a su cuidado. Aproximadamente el 40% de las mujeres quetienen al menos un hijo menor de 14 años declara que la principal razón de
  4. 4. su inactividad es no tener con quien dejar a sus hijos. También influye lallamada rigidez del mercado laboral, es decir, su falta de flexibilidad paraacomodar las necesidades de las mujeres con hijos que cuidar. Si bien lassalas cunas han aumentado notablemente, aun es muy luego para evaluar losresultados. Los países desarrollados de la OCDE cuentan con una amplia redinstitucional de cuidado de niños y adultos desconocida aquí. Además, elnivel de escolaridad, la productividad y el acceso a capacitación es más altoque en Chile, lo cual permite que los salarios sean significativamentemejores, lo que a su vez estimula a las mujeres a participar en el mercado.Aquí nos encontramos frente a otro obstáculo: las brechas salariales. Enmuchos casos es probable que las mujeres no deseen entrar al mercadolaboral debido a que el salario no cubre el costo de oportunidad de losquehaceres del hogar o el cuidado de niños y ancianos. En A Latina, a igual edad y nivel educacional, los hombres ganan enpromedio un 17% más que las mujeres. En Chile los hombres ganan enpromedio un 38,2% más que las mujeres. Incluso pese a tener en promediomayor educación que los hombres, las mujeres aún se concentran enocupaciones peor remuneradas como la enseñanza, la salud o el serviciodoméstico. Aunque la participación femenina ha aumentadoconsiderablemente en la última década, ha sido en estos segmentos,considerados más flexibles pero también donde las disparidades salarialesson más marcadas. En 2009 se publicó la Ley de Igualdad Salarial, queestablece sanciones para las empresas que paguen menos a mujeres que ahombres por igual trabajo, pero ésta no ha sido aplicada del todo.La promesa de igualdad, por lo tanto, no constituye igualdad.Lo que mejor ilustra este punto es la enorme variación de la participaciónlaboral mirada a través de la distribución de ingresos. Mientras laparticipación laboral de las mujeres de más altos ingresos y mayor educación(el llamado quinto quintil) tiene una diferencia con la de los hombres de un20%, esta cifra se dobla en los segmentos más pobres, donde puede llegarhasta 40 %. Sucede entonces que las más necesitadas y vulnerables de las
  5. 5. mujeres son las que menos trabajan en relación a sus pares hombres y lasque participan menos en el mundo del trabajo comparadas con mujeres másfavorecidas.El techo de cristal, sin embargo, nos cubre a todas. The glass cieling. Esasuperficie superior invisible en la carrera laboral de las mujeres, muy difícil detraspasar, que les impide seguir avanzando. Es invisible porque no existenleyes ni normas oficiales que lo establezcan. Simplemente está ahí, comobarrera para alcanzar los niveles jerárquicos más altos en sus instituciones,independientemente de sus logros y meritos.Hay acuerdo, en especial en los gobiernos, que Chile necesita más mujeres enla fuerza de trabajo. Desde sus diversas concepciones sobre el rol femeninose han propuesto políticas públicas que han influido en el aumento de estaúltima década. Salas cunas, horarios flexibles, trabajo part time, teletrabajo,post natal ampliado, capacitación a todo nivel, programas para adultosmayores. Pero aún falta lo más importante: el cambio cultural que significaen una sociedad machista como la nuestra que los hombres se hagan cargode la mitad de trabajo doméstico y del cuidado de los hijos, y que este rol seavalorado por la sociedad, promovido en las empresas y considerado esencialpor los propios hombres para una vida más plena y con mayor sentido.La otra dimensión del poder a la que las mujeres demandamos acceder es ala política. En este ámbito la historia es más triste que en el laboral, y seconsidera un enorme déficit de la democracia. ¿Cómo puede haber unaverdadera democracia si la mitad de la población no está representada en losespacios de toma de decisiones que nos afectan a todos? Este déficit nosestá costando caro a la luz de los muchos rankings internacionales en los queChile pretende ser la joya de la corona latinoamericana.El Foro Económico Mundial ubica a Chile en el lugar 30 en competitividad,entre 132 países. Pero al considerar las brechas de género en los cargos deelección popular y miembros del poder ejecutivo, nuestro país desciende al
  6. 6. lugar 64. El Indice de Desarrollo Humano de PNUD, indica que Chile está enel lugar 75 entre 109 países en lo que se refiere al acceso igualitario demujeres y hombres a la toma de decisiones en el ámbito político, económicoy acceso a recursos.Y así es. Luego de la últimas elecciones, las cifras son elocuentes: 13,6% demujeres en el Congreso: 14% Cámara de Diputados y 5% Senado. El 12% delos alcaldes son mujeres, así como el 23% de los concejales y un 20% delgabinete. En comparación con los estándares mundiales el promedio demujeres chilenas en ambas cámaras está por debajo del presentado en todaslas regiones del mundo (exceptuando los países árabes) que es de 19.2%.Como ejemplo, Costa Rica tiene 38%, Ecuador 32%, Argentina 38% y Perú27%.Por qué, nos preguntamos. ¿Por qué en Chile ocurre así, cuando tenemostantas mujeres notables, incluso una Presidenta? La evidencia internacionalmuestra la existencia de factores político-institucionales que pueden reforzaro mitigar las barreras para el ingreso de ellas a los espacios de decisión.Estas son: el sistema electoral, el comportamiento de los partidos políticos enel proceso de nominación de los candidatos, y la inexistencia de medidas deacción positiva. Ciertamente no es éste un problema vinculado a laspreferencias de los electores, ya que ellos solo pueden escoger entre lo quelos partidos les ofrecen. Es más, los chilenos en un 73% manifiestan valorarla presencia de mujeres en política, por lo que no son los votantes los quediscriminan a las mujeres, sino todo lo contrario. Sin embargo, en las ultimas6 elecciones parlamentarias, el conjunto de partidos políticos presentó un90% de candidatos hombres y un 10% de mujeres.No quiero entrar en el detalle técnico de cómo influye cada uno de losfactores que he mencionado en la representación política de las mujeres.Hay estudios que se han encargado de demostrarlo. Baste constatar que enrelación al sistema electoral, el binominal es fatal para las mujeres. No así unsistema proporcional de listas abiertas. En el primero, es el partido quiendecide a quien va el cupo; en el segundo, ese poder se transfiere a los
  7. 7. electores. Y adivinen ustedes qué deciden los partidos. Como escuché decira un conocido jerarca: “los espacios de los compañeros no se los puedenllevar las minas”.Las medidas de acción positiva que hemos propuesto desde CM, refrendadaspor otras entidades, contemplan reformas al sistema político que serándifíciles de convertir en realidad, ya que son materia de ley. Es probable quelos actuales miembros del Congreso deban sus cargos justamente a losmecanismos que nosotras queremos impugnar. Se requiere un grado devoluntad política difícil de conseguir.Las medidas propuestas son:Primero, establecer cuotas de género en la nominación de candidaturas acargos de elección popular. La mayoría de los países que he nombrado conparticipación política de mujeres superior a Chile han establecido ley decuotas. Ello obliga a cada partido a la nominación de un porcentaje mínimoobligatorio de candidatas (un 30% suele ser el piso), con sancionesestablecidas por incumplimiento. Ojo que no se trata de aumentar lacantidad de mujeres elegidas; sino de aumentar y diversificar la ofertaelectoral, el universo de candidatos que entran en competencia.Segundo, otorgar financiamiento público a los partidos políticos para serutilizado en el reclutamiento y preparación de líderes mujeres que compitanpor cargos de elección popular.Tercero, establecer limite a la reelección indefinida de los congresistas paraasí contribuir a la renovación de la política y abrir espacio a más mujeres,jóvenes y sectores sub representados. El actual sistema permite que losparlamentarios se queden durante décadas en sus cargos.Cuarto, cambiar el sistema electoral por uno que incorpore una mayorproporcionalidad y refleje una sociedad más heterogénea.Este paquete de medidas tiene partidarios convencidos, así comovehementes detractores. La negativa para hacer estos cambios – que
  8. 8. cambian también las relaciones de género – son clarísimas: una pérdida depoder para los hombres, lo que es difícilmente digerible; una enorme cargacultural, debido a la visión patriarcal que acepta como “natural” que lasmujeres asuman una posición subordinada.Por último está la barrera ideológica. El así llamado “liberalismo” dominanteen Chile sostiene que los mecanismos de acción afirmativa sondiscriminatorios porque “menoscaban la dignidad de las mujeres”. En estavisión resultaría errado otorgar preferencias para enmendar la brecha. Loque en CM no suscribimos, pues lo que no se está considerando es la enormediscriminación que actualmente existe. Un verdadero liberal propicia elrespeto a los derechos individuales para todos por igual, lo que en este casono ocurre.Hasta aquí he dado cuenta de las barreras externas que nos excluyen delpoder. Existen también barreras internas, dentro de nosotras mismas, conraíces profundas en el estereotipo colectivo. Se debate a menudo sobre siellas son culturales, adquiridas a través de nuestra socialización comomujeres, o si son “naturales”, es decir, serían producto de nuestro rolbiológico como reproductoras y cuidadoras de la especie humana.Me refiero a rasgos tales como la aversión al riesgo, la falta de ambición parapensar en grande, la indefensión económica, la dependencia emocional, lafalta de pensamiento estratégico. Se habla de nuestra debilidad como líderes,de nuestro afán de consensuar, de nuestra inclinación por lo doméstico, dela negación de nosotras mismas en favor de la familia, de lo poco concreto denuestra inteligencia y de nuestro lenguaje. Se agrega la escasez dehabilidades matemáticas y ese eterno tratar de complacer.Sobre cada uno de estos rasgos se ha especulado, escrito y conversadomucho. Cada una de nosotras sabe perfectamente donde está parada ydonde le aprieta el zapato. Nadie lo explica mejor que la filósofa francesaSimone de Beauvoir en su libro El Segundo Sexo: “No se nace mujer, se
  9. 9. aprende a serlo. La hembra humana no está definida, es la civilización quienelabora este producto calificado como femenino”.Yo no tengo respuestas, solo experiencias. Para asimilarlas he tenido quevivir muchos años, observar con atención, y hacerme muchas preguntas.Como coach ejecutiva he visto a mis clientas librar desgarradoras batallasinternas contra la culpa, el cansancio, el exceso de responsabilidades, la faltade tiempo propio, el abuso de otros, las penas de los hijos, el desamor de sushombres.Hoy declaro sin tapujos que la fuente de nuestro poder está dentro denosotras, en la compleja riqueza de nuestra condición. Ella nos lleva a cultivarvalores que hacen mejor el mundo, como la confianza, la empatía, el respetoy la capacidad de escuchar para aprender. Solo en conexión con esa fuerzallegaremos a ser dueñas de nuestros éxitos. Haremos los ajustes necesariospara lograr ese añorado equilibrio entre la vida y el trabajo, pero nunca nosalejaremos de esos sueños de niña en los que queríamos ser princesas.Ahora somos mamás y gerentes, lo que en cualquier idioma es mejor que serprincesa.La visión de CISCO como empresa proclama: Cambiar la forma en que elmundo trabaja, vive, juega y aprende. Inspiradora, sin duda. Junta lospedazos de la vida y los integra. Eso es lo que hacemos las mujeres todos losdías.Muchas gracias

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