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Sun Tse/Los 13 principios       del buen guerrear
SUN TSE    Los 13 principios   del buen guerrear       Siglos VI y V a. C.Editorial CIENCIA NUEVA
Traducido por Eduardo Prieto de la             edición francesa basada en               la versión Amiot ( 1 7 7 2 )   ref...
1El pájaro que vuela olvida sus huellasLa cigarra que muda se despoja de su pielLa serpiente que se yergue deja sus escama...
Vida de Sun Tse   Sun Tse, subdito del rey de Tchi, era el hombre másversado que hubiera existido en el arte militar. LaOb...
8tancia de la teoría a la práctica. Es fácil imaginar exce-lentes medios cuando uno está tranquilo en su gabine-te y sólo ...
9cuando estén suficientemente instruidas, e iré yo mis-mo a hacer justicia a tu habilidad y talento.   El general, que sin...
10   Cuando el tambor suene dos veces, tendréis quevolveros de manera que vuestro pecho esté en la di-rección donde antes ...
11suficiente claridad e,n la instrucción que os he dado.Si es así, la falta es mía; trataré de corregirla hablán-doos de u...
12   Apenas hubo pronunciado estas últimas palabras sa-có su sable y, con la misma sangre fría que había mos-trado hasta e...
13pas. Este halagüeño destino no pudo, ¡ay!, calmarle eltemor que había concebido a raíz de la habilidad mos-trada por su ...
14     Entonces, Sun Pin dijo:          Emplea entonces tu tercera fuerza          en oposición con la primera de ellos,  ...
15ejércitos llevado en un carro, y trazó los planes en elcurso de la campaña.   Sun Pin dijo al intrépido Tien Tchi, que p...
16   Luego Sun Pin ordeno a las tropas que al entrar enU encendieran cien mil fuegos la primera noche, cin-cuenta mil la s...
Principio primero                          La evaluación    Sun Tse dice: la guerra es de una importancia vitalpara el Est...
18nos hace intrépidos e inconmovibles en las desdichasy en la muerte.   Si conocemos bien el Tiempo no ignoraremos esosdos...
19rán discernir, entre los príncipes que gobiernan el mun-do, el que tiene más doctrina y virtudes; conocerás alos grandes...
20ocultarás siempre, con extremo cuidado, el estado enque te encuentras.   Habrá ocasiones en que te rebajarás, y otras en...
21es superior a la del enemigo; indican la derrota cuandodemuestran que éste es superior en fuerza.   Considera que con mu...
Principio segundo              La iniciación de las                          acciones   Sun Tse dijo: supongo que comienza...
23embote el filo de tus espadas. La victoria es el princi-pal objetivo de la guerra.   Si se trata de tomar una ciudad, ap...
24cies que cada familia le debe; y al extenderse la mise-ria en el seno de las ciudades y llegar hasta los cam-pos, de die...
25éxitos acompañarán todos tus pasos, serás vencedor entodas partes, ahorrarás la vida de tus soldados, afir-marás la posi...
Principio tercero          Proposiciones de la      victoria y de la derrota   Sun Tse dijo: he aquí algunas máximas de la...
27hay; destruirlas, debe ser efecto de la necesidad. Si ungeneral actúa así, su conducta no diferirá de la de losmás virtu...
28   Luego, ataca a su ejército.   La peor de las políticas consiste en atacar a las ciu-dades;   No consientas en ello, s...
29 sin cesar ni desalentarse nunca todos aquellos que co- mandan ejércitos.    Vuestra finalidad sigue siendo la de apoder...
30manera; pero puede producirle un perjuicio muy gran-de de maneras muy diferentes.   Hacen falta muchos esfuerzos y una c...
31 VI. Hacer nacer la sospecha, que engendra la turba-     ción; un ejército confuso conduce a la victoria     del otro.VI...
32    Conoce a tu enemigo y conócete a ti mismo: si tu-vieras que librar cien guerras, serás cien veces victo-rioso.   Si ...
Principio cuarto          La medida en ladisposición de los medios    Sun Tse dijo: antiguamente quienes tenían expe- rien...
34en atacar. Si, por el contrario, se veían más débiles,se atrincheraban y mantenían a la defensiva.   La invencibilidad r...
35 penetrantes para descubrir el sol y la luna; no es ne- cesario tener oído muy delicado para percibir el trueno cuando b...
36tivan el Tao y preservan las reglamentaciones; sonentonces capaces de formular políticas de victoria.   Antes de llegar ...
37olvidéis pues nada de lo necesario para hacernos dig-nos del cargo que ejercéis. Atended a las medidas quecontienen las ...
Principio quinto                                   La firmeza   Sun Tse dijo: en general el comandante de un grannúmero de...
39   Utiliza generalmente fuerzas directas para iniciar labatalla y fuerzas indirectas para lograr que ésta se de-cida en ...
40ques de roca a las rápidas aguas cuyo cauce queremosestrechar; sólo se emplean redes tenues y finas paracapturar a las a...
41 propone). Para hacer surgir el coraje y el valor de en medio de la poltronería y de la pusilanimidad uno mis- mo tiene ...
Principio sextoDe lo lleno y de lo vacíoSun Tse dijo: una de las cosas más esenciales que de-bes hacer antes del combate e...
43dades que calcula, o los inconvenientes demasiado vi-sibles que descubre, renuncie a su designio. Perderíastu trabajo y ...
44  más mínimos pasos, no es sólo un hábil general sino  también un hombre extraordinario, un prodigio. Sin  que lo vean, ...
45   En lo que a ti respecta, no hagas lo mismo: que tusprincipales fuerzas estén todas del mismo lado; si quie-res atacar...
46   No trates de tener un ejército demasiado numeroso,pues la excesiva cantidad de personas es a menudomás dañina que úti...
47 atacar o mantenerse simplemente a la defensiva; cuán- do hay que permanecer tranquilo y si ha llegado el momento de pon...
48sólo al ejército que comanda sino también al de losenemigos.   Las tropas, como quiera que sean, no tienen cuali-dades c...
Principio séptimo  El enfrentamiento directo                e indirecto Sun Tse dijo: después que el general haya recibido...
50El arte de aprovechar lo cercano y lo lejano consisteen tener al enemigo alejado del lugar que hayas elegidopara instala...
51camino doble del común; que la parte escogida de tustropas esté a la cabeza; pon al final a los más dé-biles. Debes prev...
52migos lo sean también tuyos; no tengas nunca intere-ses en pugna con ellos, cédeles en las pequeñas cosas,en una palabra...
53tu voz y tu presencia. Debes instruir a tus tropas paraque conozcan todas las señales que puedes emplear.Si tienes que r...
54bes elegir, para hacerlo con ventaja, el momento enque creas que sus soldados están débiles o fatigados.Tomarás de antem...
Principio octavo               Los nueve cambios   Sun Tse dijo: comúnmente el empleo de los Ejérci-tos es tarea a cargo d...
56 III. Si te encuentras en lugares alejados de las fuen-      tes, los arroyos y los pozos, y no localizas con      facil...
57      provista de municiones de guerra y de boca, guár-      date bien de sitiarla; y si sólo te enteras del es-      ta...
Sun Tse / Los 13 principios del buen guerrear
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LIBRO PUBLICADO POR CIENCIA NUEVA http://www.ciencianueva.com/

Poco tiempo después de que comenzáramos a publicar los artículos del Ing. Hilario Fernández Long sobre el juego de GO, entramos en contacto con una empresa editora francesa que había editado la versión Amiot (de 1772).
Generosamente nos cedió la autorización para editar esa versión en castellano, ya que nos explicaron que era un manual decisivo para quien quisiera mejorar en el juego de GO.
Así fue y nuestra edición tuvo gran éxito.

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Sun Tse / Los 13 principios del buen guerrear

  1. 1. Sun Tse/Los 13 principios del buen guerrear
  2. 2. SUN TSE Los 13 principios del buen guerrear Siglos VI y V a. C.Editorial CIENCIA NUEVA
  3. 3. Traducido por Eduardo Prieto de la edición francesa basada en la versión Amiot ( 1 7 7 2 ) refundida y aumentada mediante losmanuscritos chinos de 812 y 983 d. C.,publicados en 1859, 1910, 1935 y 1957, preparada por Monique Beuzit, Roberto Cacérés, Paul Maman, Luc Thanassecos y Tran Ngoc An. Los libros de Ciencia Nueva Portada: Isabel Carbailo © 1972 by Editorial Ciencia Nueva SRL Avda. Pte. R. Sáenz Peña 825, Buenos Aires Hecho el depósito de ley Impreso en la Argentina - Printed in Argentina
  4. 4. 1El pájaro que vuela olvida sus huellasLa cigarra que muda se despoja de su pielLa serpiente que se yergue deja sus escamasEl dragón divino pierde sus cuernosEl hombre supremo sabe cambiarseEl hombre libre escapa a lo vulgarCabalga las nubes sin riendasCorre con el viento sin piesEl rocío suspendido es su cortinaEl ancho firmamento su techoEl vapor brumoso lo nutreLos nueve soles lo iluminanLas eternas estrellas son sus perlas brillantesLa aurora matinal su jade lucienteHacia las seis direccionesDeja ir su corazón adonde él quiereLas cosas humanas pueden pasarPor qué apresurarse y oprimirse. 2La Gran Vía es simplePero los que ven sus gérmenes son rarosDejarse ir sin reprobar nadaSeguir las cosas sin aprobar nadaDesde siempre el pensamiento gira y giraTortuoso, sinuoso, tediosoDe qué sirven todos los pensamientosLa suprema importancia está en míEnvío la angustia al CieloEntierro la pena bajo TierraEn rebelión arrojo los Libros ClásicosDestruyoniego las Canciones y las OdasLos cien filósofos son obscuros y mezquinosQuerría echarlos al fuegoMi voluntad se eleva más allá de los montesMi pensamiento flota más allá del marEl soplo Original es mi barcoEl Viento leve mi timónPlaneo en la pureza supremaDejo que mis pensamientos se disuelvan.
  5. 5. Vida de Sun Tse Sun Tse, subdito del rey de Tchi, era el hombre másversado que hubiera existido en el arte militar. LaObra que compuso y las grandes acciones que realizóson una prueba de su profunda capacidad y de su con-sumada experiencia en este género. Incluso antes deque hubiera adquirido esa gran reputación que lo dis-tinguió luego en todas las provincias que componen elImperio, y que en su mayor parte llevaban entoncesel nombre de Reino, su mérito era conocido en todaslas comarcas vecinas de su patria. El rey de U tenía algunos problemas con el rey deTchu. Estaban a punto de entablar una guerra abierta,y de una y otra parte se hacían preparativos. Sun Tseno quiso permanecer ocioso. Persuadido de que elpersonaje de espectador no se avenía con él, fue a pre-sentarse al rey de U para obtener empleo en sus ejér-citos. El Rey, encantado de que un hombre de ese mé-rito se pusiera de su parte, lo acogió muy complacido.Quiso verlo e interrogarlo personalmente. Sun Tse, le dijo, he visto la Obra que has escritosobre arte militar y me satisfizo, pero los preceptosque das me parecen de ejecución muy difícil; hay in-cluso algunos que creo absolutamente impracticables:.¿tú mismo, podrías realizarlos?, pues hay buena dis-
  6. 6. 8tancia de la teoría a la práctica. Es fácil imaginar exce-lentes medios cuando uno está tranquilo en su gabine-te y sólo hace la guerra mentalmente; no es lo mismocuando uno se encuentra en la situación real. Ocurreentonces que resulta a menudo imposible lo que al co-mienzo parecía muy fácil. Príncipe, respondió Sun Tse, nada he dicho en misescritos que no haya puesto ya en práctica en los ejér-citos, pero lo que aún no he dicho, y que sin embargome atrevo a asegurar ahora a Vuestra Majestad, es queestoy en condiciones de hacerlo realizar por quienquie-ra que sea, y de formar a cualquiera en los ejerciciosmilitares cuando tenga autoridad para hacerlo. Te entiendo, replicó el rey: quieres decir que po-drías instruir fácilmente con tus máximas a hombresinteligentes dotados ya de prudencia y valor; que for-marías sin mucho esfuerzo en los ejercicios militaresa hombres acostumbrados al trabajo, dóciles y plenosde buena voluntad. Pero la mayoría de ellos no perte-nece a esta especie. No importa, respondió Sun Tse: he dicho a quien-quiera que sea, y no exceptúo a nadie de mi proposi-ción: incluyo en ella a los más díscolos, los más in-dolentes y los más débiles. Si me atengo a lo que dices, contestó el rey, pensa-ría que eres capaz de inspirar incluso a mujeres lossentimientos que hacen a los guerreros; que serías ca-paz de instruirlas en los ejercicios de las armas. Sí, príncipe, replicó Sun Tse con tono firme, y rue-go a Vuestra (Maj estad no dudar de ello. El rey, que ya no se complacía en las diversionesordinarias de la corte, a raíz de la circunstancia en quese encontraba entonces, aprovechó esta ocasión paraprocurarse una nueva. Que me traigan aquí, dijo, aciento ochenta de mis mujeres. Fue obedecido, y entra-ron las princesas. Entre ellas había dos en particulara las que el rey amaba tiernamente; las puso a la ca-beza de las otras. Veremos, dijo el rey sonriendo, ve-remos Sun Tse, si mantienes tu palabra. Te nombrogeneral de estas nuevas tropas. Podrás elegir, en todala extensión de mi palacio, el lugar que te parezca máscómodo para ejercitarlas en las armas. Me avisarás
  7. 7. 9cuando estén suficientemente instruidas, e iré yo mis-mo a hacer justicia a tu habilidad y talento. El general, que sintió todo el ridículo del personajeque se le quería hacer representar, no se desconcertópor ello, y pareció al contrario muy satisfecho del ho-nor que ¡el rey le hacía, no sólo dejándole ver a susmujeres sino también poniéndolas bajo su dirección.Os daré buena cuenta, Señor, le dijo con tono seguro,y espero que en poco tiempo Vuestra Majestad tendráocasión de sentirse satisfecha de mis servicios; os con-venceréis, por lo menos, de que Sun Tse no es hombreprecipitado y temerario. Luego que el rey se hubo retirado a aposentos inte-riores, el guerrero sólo pensó en cumplir su cometido.Pidió armas y todo el equipo militar para sus soldadosde nueva creación, y en espera de que todo esto seaprestara condujo a su tropa a uno de los patios delpalacio que le pareció el más adecuado para su desig-nio. No pasó mucho tiempo antes de que le trajeran loque había solicitado. Sun Tse dirigió entonces la pala-bra a las favoritas: Heos aquí, les dijo, bajo mi direc-ción y a mis órdenes; debéis escuchar atentamente yobedecerme en todo lo que os ordenaré. Esa es la pri-mera y más esencial de las leyes militares: cuidaosbien de transgredirla. Quiero que desde mañana ha-gáis el ejercicio ante el rey, y confío en que lo cum-pláis exactamente. Luego de estas palabras les hizo ceñir el tahalí, lespuso una pica en la mano, las dividió en dos gruposy colocó a la cabeza de cada uno de ellos a las prince-sas favoritas. Hecho este ordenamiento, comenzó susinstrucciones en estos términos: ¿Podríais distinguirperfectamente vuestro pecho de vuestra espalda, yvuestra mano derecha de vuestra mano izquierda? Res-ponded. La única respuesta que le dieron al principiofueron algunas carcajadas. Pero como guardaba silen-cio y se mantenía serio, sí, sin duda, le contestaron alunísono las concubinas. Si es así, contestó Sun Tse,retened bien lo que voy a deciros. Cuando el tambor suene una sola vez, os quedaréiscomo os encontréis en ese momento, prestando sóloatención a lo que está delante de vuestro pecho.
  8. 8. 10 Cuando el tambor suene dos veces, tendréis quevolveros de manera que vuestro pecho esté en la di-rección donde antes estaba vuestra mano derecha. Si en lugar de dos golpes oís tres, tendréis que vol-veros de modo que vuestro pecho esté precisamenteen el lugar donde antes estaba vuestra mano izquierda. Pero cuando el tambor suene cuatro veces, tenéisque volveros de modo que vuestro pecho se encuentredonde estaba vuestra espalda, y vuestra espalda dondeestaba vuestro pecho. Quizás no sea bastante claro lo que acabo de decir:lo explicaré. Un sólo toque de tambor debe significarpara vosotras que no debéis cambiar de posición, yque debéis manteneros alerta; dos toques, que debéisgirar a la derecha; tres toques, que debéis girar a laizquierda; y cuatro toques, que debéis dar media vuel-ta. Ampliaré la explicación. El orden que seguiré es el siguiente: haré tocar pri-mero un solo toque: a esta señal, os mantendréis pres-tas para lo que deba ordenaros. Unos segundos des-pués haré tocar dos toques; entonces todas juntas gi-raréis a la derecha con gravedad; luego de lo cual harétocar no tres toques sino cuatro, y completaréis la me-dia vuelta. Os haré volver en seguida a la primera po-sición, y como antes haré tocar un solo toque. Con-centraos cuando oigáis esta primera señal. Luego harétocar 110 dos toques sino tres, y giraréis a la izquierda;cuando oigáis cuatro toques completaréis la media vuel-ta. ¿Habéis comprendido bien lo que he querido de-ciros? Si subsiste alguna dificultad, bastará con que lodigáis y trataré de satisfaceros. Estamos al tanto, res-pondieron las damas. Si es así, contestó Sun Tse, voy a comenzar. No ol-vidéis que el sonido del tambor equivale a la voz delgeneral, puesto que éste os da las órdenes por interme-dio de tal instrumento. Luego de repetir tres veces esta instrucción, SunTse hizo formar de nuevo a su pequeño ejército, luegode lo cual ordenó un toque de tambor. Al oír el ruidotodas las princesas se pusieron a reír: hizo tocar dostoques, y las princesas rieron aun más fuerte. El gene-ral, sin perder su seriedad, les dirigió la palabra en es-tos términos: puede ser que no me haya explicado con
  9. 9. 11suficiente claridad e,n la instrucción que os he dado.Si es así, la falta es mía; trataré de corregirla hablán-doos de una manera que esté más a vuestro alcance(e inmediatamente repitió hasta tres veces lo explicadoen otros términos); veremos si luego de esto, agregó,obedecéis mejor. Ordenó un toque de tambor, y luego dos. Al ver elaire grave del general y la extravagancia de la situa-ción en que se encontraban, las damas olvidaron queera necesario obedecer. Después de esfozarse por unosmomentos en contener la risa que las sofocaba, la de-jaron escapar al fin en carcajadas inmoderadas. Sun Tse no se desconcertó, sino que en el mismotono en que les había hablado anteriormente, les dijo:si no me hubiera explicado bien, o vosotras no me hu-bierais asegurado unánimemente que comprendíais loque quería deciros, no seríais culpables; pero os he ha-blado claramente, como vosotras mismas lo confesas-teis. ¿Por qué no habéis obedecido? Merecéis castigo,y un castigo militar. Entre las gentes de guerra, quienno obedece a las órdenes de su general merece la muer-te: por lo tanto moriréis. Después de este corto preámbulo, Sun Tse ordenóa las mujeres que formaban las dos filas, que matarana las dos que estaban a su frente. Al instante, uno delos hombres encargados de cuidar a las mujeres, viendoque el guerrero no bromeaba, fue a advertir al rey delo que pasaba. El rey envió a alguien para comunicara Sun Tse que no debía ir más adelante, y en particu-lar, que se abstuviera de maltratar a las dos favoritas,a las que él más amaba y sin las cuales no podía vivir. El general escuchó con respeto las palabras que sele transmitían de parte del rey, pero no cedió a la vo-luntad de éste. Id a decir al rey, respondió, que SunTse lo cree demasiado razonable y justo como parapensar que haya cambiado tan pronto de opinión, yque quiera ser realmente obedecido en lo que venís aanunciar de su parte. El príncipe hace la ley, no podríadar órdenes que rebajen la dignidad de la cual me hainvestido. Me encargó de entrenar en los ejercicios delas armas a ciento ochenta de sus mujeres, me designósu general; a mí me corresponde hacer el resto. Ellasdesobedecieron y morirán.
  10. 10. 12 Apenas hubo pronunciado estas últimas palabras sa-có su sable y, con la misma sangre fría que había mos-trado hasta entonces, abatió la cabeza de las dos quecomandaban a las demás. Inmediatamente puso a otrasdos en su lugar, hizo ejecutar los diferentes toques detambor que había convenido con su tropa, y las muje-res, como si hubieran hecho durante toda su vida eloficio de la guerra, giraron en silencio y siempre conacierto. Sun Tse, dirigiendo la palabra al enviado, le dijo:id a advertir al rey que sus mujeres saben hacer el ejer-cicio, que puedo llevarlas a la guerra, hacerles enfren-tar toda clase de peligros e incluso pasar a través delagua y del fuego. El rey, enterado de todo lo ocurrido, se sintió pe-netrado por el más agudo dolor. He perdido entonces,dijo exhalando un profundo suspiro, he perdido en-tonces lo que más amaba en este mundo . . . Que eseextranjero se vaya a su país. No lo quiero, ni quierosus servicios. . . ¿Qué hiciste, bárbaro?. . . Cómo po-dría ya vivir, etcétera. Entonces Sun Tse dijo: el rey sólo gusta de palabrasvacías. Ni siquiera es capaz de unir el gesto a la pa-labra. Por más inconsolable que pareciera el rey, el tiempoy las circunstancias le hicieron olvidar pronto su pér-dida. Los enemigos estaban prestos a caer sobre él;hizo volver a Sun Tse, lo nombró general de sus ejér-citos ,y por medio de él destruyó el reino de Tchu.Aquellos de sus vecinos que le habían producido antesmás inquietudes, invadidos por el temor que produjola sola difusión de las hermosas acciones de Sun Tse,sólo pensaron en mantenerse quietos bajo la protecciónde un príncipe que tenía a su servicio a tal hombre. El monumento funerario de este héroe se yergue adiez leguas de la puerta de U. Tres generaciones después de su muerte, su descen-diente Sun Pin, nacido en algún lugar entre O y Tchuan,se entregó en compañía de su condiscípulo PangTchuan, en noble y feliz emulación, al estudio de lospreceptos de su ilustre antepasado. Pang Tchuan consiguió entrar en los ejércitos delEstado de U y tuvo a su cargo el comando de las tro-
  11. 11. 13pas. Este halagüeño destino no pudo, ¡ay!, calmarle eltemor que había concebido a raíz de la habilidad mos-trada por su compañero; envidioso del talento de éste,persuadido de su virtud, enterado de sus dotes, temíaa ese rival vigoroso y de una severa exactitud. El odiose apoderó de Pang Tchuan e hizo que se entregara aodiosas maquinaciones. El malvado resolvió la ruinade su émulo mediante una culpable empresa. Este hombre desleal, con una pérfida y admirabledestreza, llevó a Sun Pin a ,1a trampa que le había ten-dido, y sacó provecho de ello para urdir una acusaciónrespecto de él; su infortunado compañero fue entoncesentregado a los rigores del primero y tercero de loscinco suplicios,* antes que lo arrojaran a una mazmorra. El embajador del Estado de Tchi en la corte tuvonoticia del asunto; con habilidad consiguió sustraer aSun Pin a los injustos tormentos de que era víctima,y por su intermedio el cautivo obtuvo refugio junto alpoderoso Tien Tchi, jefe de los ejércitos del EstadoTchi. Este hombre de guerra de gran distinción se mos-traba satisfecho de albergar a un personaje cuyas facul-tades de penetración en todas las cosas parecían fuerade lo común, y rogó a Sun Pin que compartiera susdistracciones y entretenimientos favoritos. Los concursos hípicos eran particularmente aprecia-dos en la corte de los príncipes de Tchi, donde los ca-ballos se repartían sabiamente en tres clases: la prime-ra, la segunda y la tercera. Sun Pin observó que los equipos, constituidos porcaballos que pertenecían a las tres clases, no eran decalidad diferente; viendo esto, Sun Pin dijo al generalTien Tchi: debes intervenir en esta competencia, puestu servidor puede hacerte ganar. Concertada la carrera, Sun Pin dijo: es la disposiciónde las clases en la confrontación lo que te hace ganar;el general le creyó y obtuvo de los príncipes y del reyuna apuesta de mil piezas de oro.Los cinco suplicios: a) Marcar el rostro con un fuego al rojo. b) Cortar la nariz. c) Cortar los pies. d) Castración. e) Ejecución.
  12. 12. 14 Entonces, Sun Pin dijo: Emplea entonces tu tercera fuerza en oposición con la primera de ellos, tu mejor fuerza en oposición con la segunda de ellos, y tu segunda fuerza en calidad en oposición con la más débil de ellos. Cumplidas las tres carreras en ese orden, si bien elgeneral no ganó la primera se aseguró la segunda y latercera," y ganó así la apuesta. Sun Pin fue incorporado a la corte para debatirasuntos militares y el rey lo nombró oficial de estadomayor. Cuando el Estado de U se lanzó al asalto contra elEstado Tchao, este último pidió ayuda al Estado Tchi.El rey deseaba ver a Sun Pin a la cabeza de sus tropas,pero este digno oficial prefirió que su benefactor TienTchi conservara ese cargo. Sun Pin dijo: si me acogisteis cuando era un exilado,¿cómo podría aceptar esta dignidad? El rey quiso interrumpir el curso de esta desgraciay calmar el dolor de tal herida; por ello, invistió a SunPin con el título de jefe de estado mayor. Así fue como el maestro, invalido, acompañó a los * Dos equipos de tres caballos, comparables dos a dos, y queconstituyen por lo tanto tres clases de valor: Equipo A Equipo B 1 1 2 2 3 que es el más débil 3Se aplica el algoritmo: 3 A contra I B B gana 1 A contra 2 B A gana 2 A contra 3 B A ganaA gana por 2 victorias contra 1 Sun Pin sacrifica en este caso su peor caballo de la maneramás eficaz posible, es decir, eliminando al caballo del adver-sario que habría podido, en una competencia puramente de-portiva, vencer al mejor elemento de su equipo.
  13. 13. 15ejércitos llevado en un carro, y trazó los planes en elcurso de la campaña. Sun Pin dijo al intrépido Tien Tchi, que para desa-fiar al enemigo deseaba lanzar al ejército sobre el Es-tado de Tchao: el que quiere desenmarañar lo que estáenmarañado, ¿puede agarrar la madeja toda junta?Cuando las partes hayan contribuido a deteriorar lasituación, ésta se resolverá por sí misma. Ahora los dos antagonistas desarrollan sus ofensivas.Las formaciones livianas y las tropas escogidas estánen los campos de batalla. Todas las fuerzas se reúneny se enfrentan en terreno abierto. En la región los vie-jos y los débiles están hartos de fatiga. Es entonces cuando hay que tomar las rutas y losprincipales caminos y marchar en dirección al EstadoU, que deberá desentenderse del Estado Tchao parabuscar su propia salvación. Así, de un solo golpe se puede asediar a Tchao yarrebatar el fruto de la derrota de U. Mientras se replegaba el ejército de U, Tien Tchile infligió una severa derrota. Quince inviernos más tarde, el Estado U coaligadocon el Estado Tchao atacó al Estado Han. Este últimopidió ayuda al Estado Tchi. El rey ordenó a Tien Tchi que organizara la campaña y marchara contra el Esta- do U. Enterado de esas disposiciones Pang Tchuan, co- mandante en jefe de los ejércitos U, interrumpió la in- vasión, se retiró de Han y trató de recuperar su país. Cuando el ejército Tchi ya había cruzado la fronte- ra del Estado Han, Sun Pin dijo: las tropas de nues- tros adversarios consideran a los nuestros como cobar- des. El guerrero hábil tomará en consideración esta circunstancia y establecerá su estrategia de modo de obtener beneficio de ella. Según el arte de la guerra, un ejército que en el afán de aprovechar una ventaja se apresura a recorrer una distancia de cien leguas, perderá la cabeza de la van- guardia, y en una distancia de cincuenta leguas, dejará en el camino la mitad de sus tropas antes de alcanzar el punto crítico.
  14. 14. 16 Luego Sun Pin ordeno a las tropas que al entrar enU encendieran cien mil fuegos la primera noche, cin-cuenta mil la segunda y treinta mil la tercera. Pang Tchuan marchó durante tres días y lleno devana alegría dijo: siempre he asegurado que los deTchi eran cobardes. He aquí que en sólo tres días queestán en mi país ya han desertado la mitad de los ofi-ciales y de los soldados. Y en seguida dejó atrás su in-fantería pesada y sus carros para proseguir con las tro-pas escogidas. Sun Pin había calculado que Pang Tchuan, a marchaforzada, llegaría al paso de Maling a la caída del día.Previo que se dispusieran tropas en emboscada. Sun Pin hizo descortezar un gran árbol y escribir enel tronco: Pang Tchuan muere baja este árbol. Luego apostó a los arqueros más hábiles del ejércitocon diez mil arcos a los dos lados de la ruta, y porúltimo ordenó que llegada la noche, cuando vieran unfuego, todos los arqueros lo tomaran por blanco. Pang Tchuan llegó esa noche y cuando vio que ha-bía algo escrito en el árbol encendió una antorcha paraleerlo. Antes de que pudiera terminar, los diez milarqueros de Tchi lanzaron sus flechas al mismo tiempoy el ejército de U fue puesto en fuga. Pang Tchuan, al ver cercana la muerte y presenciarla derrota de sus tropas, se cortó el cuello y dijo alexpirar: Así he contribuido a la celebridad de estemiserable. Sun Pin sacó ventaja de esta victoria; destruyó com-pletamente el ejército U y tuvo la precaución de apo-derarse del eventual heredero Tchen, luego de lo cualvolvió a Tchi. A causa de ello el renombre de Sun Pin se extendióa todo el mundo y las generaciones han transmitidosu estrategia.
  15. 15. Principio primero La evaluación Sun Tse dice: la guerra es de una importancia vitalpara el Estado. Es el dominio de la vida y de la muer-te: de ella dependen la conservación o la pérdida delImperio; es forzoso manejarla bien. No reflexionar se-riamente en todo lo que a ella concierna es dar pruebade una culpable indiferencia en lo que respecta a laconservación o la pérdida de lo que nos es más que-rido, y ello no debe ocurrir entre nosotros. Cinco cosas principales deben constituir el objetode nuestras continuas meditaciones y de todos nuestroscuidados, como lo hacen los grandes artistas que alemprender alguna obra maestra tienen siempre pre-sente en su espíritu el fin que se proponen, aprovechantodo lo que ven, todo lo que oyen, no descuidan nadaque les permita adquirir nuevos conocimientos y to-das las ayudas que pueden conducirlos felizmente asu fin. Si deseamos que la gloria y el éxito acompañen anuestras armas, no debemos perder jamás de vista: laDoctrinay el Tiempo, el Espacio, el Comando, la Dis-ciplina. La Doctrina hace nacer la unidad de pensamiento,nos inspira una misma manera de vivir y de morir y
  16. 16. 18nos hace intrépidos e inconmovibles en las desdichasy en la muerte. Si conocemos bien el Tiempo no ignoraremos esosdos grandes principios Yin y Yang que constituyentodas las cosas naturales y por obra de los cuales loselementos reciben sus diferentes modificaciones; cono-ceremos el tiempo de su unión y de su mutuo concur-so para la producción del frío, el calor, la serenidado la intemperie del aire. El Espacio no es menos digno de nuestra atenciónque el Tiempo; estudiémoslo bien y tendremos el co-nocimiento de lo alto y de lo bajo, de lo lejano así co-mo de lo cercano, de lo ancho y lo estrecho, de lo quepermanece y de lo que no cesa de pasar. Entiendo por Comando la equidad, el amor en par-ticular hacia aquellos que nos están sometidos y haciatodos los hombres en general; la ciencia de los recur-sos, el coraje y el valor, el rigor, tales son las cualidadesque deben caracterizar al que está investido de la dig-nidad de general; virtudes necesarias para cuya adqui-sición no debemos descuidar nada: sólo ellas puedenponernos en condiciones de marchar dignamente a lacabeza de los demás. A los conocimientos de los que acabo de hablar, hayque agregar el de la Disciplina. Dominar el arte de ordenar a las tropas; no ignorarninguna de las leyes de la subordinación y hacerlas ob-servar con rigor; estar instruido en los deberes parti-culares de cada uno de nuestros subalternos; conocerlos diferentes caminos por los cuales se puede llegar aun mismo término; no desdeñar la enumeración deta-llada y exacta de todas las cosas que puedan servir, yponerse al tanto de cada una de ellas en particular.Todo este conjunto forma un cuerpo de disciplina cu-yo conocimiento práctico no debe escapar a la sagaci-dad ni a la atención de un general. Tú, que fuiste elegido por el príncipe para estar alfrente de sus ejércitos, debes fundamentar tu cienciamilitar sobre los cinco principios que acabo de estable-cer; la victoria seguirá siempre tus pasos: en cambiosólo experimentarás las más vergonzosas derrotas si porignorancia o presunción liegas a omitirlos o rechazarlos. Los conocimientos que acabo de indicar te permití-
  17. 17. 19rán discernir, entre los príncipes que gobiernan el mun-do, el que tiene más doctrina y virtudes; conocerás alos grandes generales que puede haber en los distintosreinos, de modo que podrás conjeturar con bastanteseguridad cuál de dos antagonistas debe lograr la vic-toria; y si te ves obligado a entrar en la lucha, podrásjactarte razonablemente de salir victorioso. Estos mismos conocimientos te harán prever los mo-mentos más favorables, ya que el tiempo y el espaciose hallan conjugados, para ordenar el movimiento e iti-nerarios de las tropas, cuyas marchas debes disponeradecuadamente; no comenzarás ni terminarás nunca lacampaña fuera de estación; conocerás el lado fuerte yel débil tanto de aquellos que están confiados a tu cui-dado como de los enemigos que tienes que combatir;sabrás en qué cantidad y estado se encuentran las mu-niciones de guerra y de boca de los dos ejércitos, dis-tribuirás las recompensas con largueza, pero eligiendo,y no ahorrarás los castigos cuando sean necesarios. Los oficiales generales sometidos a tu autoridad, ad-miradores de tus virtudes y capacidades, te servirántanto por placer como por deber. Entrarán en todostus enfoques, y su ejemplo arrastrará infaliblemente alos subalternos, e incluso los simples soldados contri-buirán con todas sus fuerzas a asegurarte el más glo-rioso éxito. Al verte estimado, respetado, querido por los tuyos,los pueblos vecinos vendrán con alegría a alistarse ba-jo los estandartes del príncipe al que sirvas, o paravivir según tus leyes u obtener simplemente su pro-tección. Como sabrás igualmente lo que puedes y lo que nopuedes, no concebirás ninguna empresa no susceptiblede ser llevada a buen fin. Verás con la misma pene-tración tanto lo que está lejos de ti como lo que ocu-rre ante tus ojos, y tanto lo que ocurre ante tus ojoscomo lo que está más alejado de ellos. Aprovecharás la discordia que surja entre tus ene-migos para atraer a tu partido a los descontentos noescatimándoles promesas, dones o recompensas. Si tus enemigos son más poderosos y fuertes que tú, no los ataques, sino que debes evitar con gran cuidado lo que pueda llevarte a un enfrentamiento general;
  18. 18. 20ocultarás siempre, con extremo cuidado, el estado enque te encuentras. Habrá ocasiones en que te rebajarás, y otras en quefingirás tener miedo. Harás creer a veces que eres dé-bil para que tus enemigos, abriendo la puerta a la pre-sunción y al orgullo, se precipiten a atacarte en el mo-mento más inoportuno para ellos o se dejen sorpren-der y malbaratar vergonzosamente. Harás de suerte quequienes son inferiores a ti no puedan penetrar nuncatus designios. Tendrás a tus tropas siempre alerta, siem-pre en movimiento y ocupación, para impedir que sedejen ablandar en un vergonzoso reposo. Si atribuyes algún interés a las ventajas de mis pla-nes, haz de manera de crear situaciones que contribu-yan a su ejecución. Entiendo por situación, que el general actúe con ple-na conciencia, en armonía con lo que es ventajoso, ypor eso mismo disponga del dominio del equilibrio. Toda campaña guerrera debe regularse por la apa-riencia; finge el desorden, no dejes nunca de ofreceruna carnada al enemigo para engolosinarlo, simula lainferioridad para alentar su arrogancia, estudia la ma-nera de provocar su cólera para hundirlo mejor en laconfusión: su avidez lo lanzará sobre ti y lo precipitaráen el descalabro. Apresura tus preparativos cuando tus adversarios seconcentren; evítalos donde sean poderosos. Hunde a tu adversario en inextricables pruebas yprolonga su agotamiento manteniéndote a distancia;cuida de fortalecer tus alianzas en el exterior y de afir-mar tus posiciones en lo interno mediante una políticade soldados-campesinos. ¡Qué lástima arriesgarlo todo en un sólo combatedescuidando la estrategia victoriosa, y hacer dependerla suerte ,de tus armas de una única batalla! Cuando el enemigo esté unido, divídelo; y ataca don-de él no esté preparado, apareciendo cuando no te es-pere. Tales son las claves estratégicas de la victoria,pero ten cuidado de no comprometerlas de antemano. Que cada uno se represente como medidas las evalua-ciones hechas en el templo antes de las hostilidades:anuncian la victoria cuando demuestran que tu fuerza
  19. 19. 21es superior a la del enemigo; indican la derrota cuandodemuestran que éste es superior en fuerza. Considera que con muchos cálculos se puede lograrla victoria, teme no haberlos hecho en cantidad sufi-ciente. ¡Qué pocas probabilidades tiene de ganar quiénno los ha hecho! Gracias a este método examino yo la situación, yel resultado aparecerá claramente.
  20. 20. Principio segundo La iniciación de las acciones Sun Tse dijo: supongo que comienzas la campañacon un ejército de cien mil hombres, que estás suficien-temente provisto de municiones de guerra y de boca,que tienes dos mil carros, mil de ellos para la carreray los otros únicamente para el transporte; que hastacien leguas de ti habrá por todas partes víveres parala manutención de tu ejército; que haces transportarcon cuidado todo lo que pueda servir para la repa-ración de las armas y carros; que los artesanos y lasdemás personas que no forman parte del cuerpo desoldados te han precedido ya o marchan separadamentedetrás de ti; que todas las cosas que sirven para usosajenos a la guerra, como las que se emplean exclusiva-mente en ella, están siempre a cubierto de la acciónatmosférica y protegidas de los accidentes embarazososque puedan ocurrir. Supongo además que tienes mil onzas de plata paradistribuir cada día a las tropas, y que se les paga siem-pre su soldada a tiempo y con la más rigurosa exac-titud; en ese caso, puedes avanzar directamente contrael enemigo; atacarlo y vencerlo serán para ti la mismacosa. Digo además: no difieras el entablar combate, noesperes a que tus armas se cubran de orín ni que se
  21. 21. 23embote el filo de tus espadas. La victoria es el princi-pal objetivo de la guerra. Si se trata de tomar una ciudad, apresúrate a sitiar-la; piensa sólo en eso, orienta a tal fin todas tus fuer-zas; en esto hay que ser expeditivo; si no lo eres, tustropas corren el riesgo de soportar una larga campaña,que será fuente de funestas desdichas. Las arcas del príncipe al que tú sirves se agotarán,tus armas corroídas por el óxido ya no te servirán, secalmará el ardor de tus soldados, se desvanecerán sucoraje y sus fuerzas, se consumirán las provisiones eincluso quizás te veas llevado a los extremos más em-barazosos. Cuando los enemigos conozcan el lamentable estadoen que te encontrarás entonces, saldrán frescos y cae-rán sobre ti y te descalabrarán. Aunque hayas gozadohasta ese momento de una gran reputación, perderáspara siempre tu prestigio. Es inútil que en otras oca-siones hayas dado muestras extraordinarias de tu va-lor, pues toda la gloria que hayas adquirido quedaráborrada por este último fracaso. Lo repito: no se puede tener largo tiempo a las tro-pas en campaña sin producir un perjuicio muy grandeal Estado y sin afectar mortalmente la propia reputa-ción. Quienes poseen los verdaderos principios del artemilitar no se engañan pensando dos veces. Desde laprimera campaña todo queda terminado; no consumeninútilmente víveres durante tres años seguidos. En-cuentran la manera de hacer subsistir a sus ejércitos aexpensas del enemigo, y ahorran al Estado enormesgastos que éste se ve obligado a hacer cuando es nece-sario transportar muy lejos todas las provisiones. Esos generales no ignoran, y tú debes saberlo bien,que nada agota tanto a un reino como los gastos deesta naturaleza, pues esté el ejército en las fronteraso en regiones alejadas, el pueblo sufre siempre por ello;todas las cosas necesarias para la vida aumentan deprecio, se vuelven difíciles de encontrar e incluso quie-nes disfrutan, en tiempos comunes, de una posicióndesahogada llegan pronto a carecer de medios paracomprarlas. El príncipe se apresura a percibir el tributo en espe-
  22. 22. 24cies que cada familia le debe; y al extenderse la mise-ria en el seno de las ciudades y llegar hasta los cam-pos, de diez partes de lo necesario uno se ve obligadoa prescindir de siete. Ni siquiera el soberano deja depadecer su parte de las desdichas comunes. Sus cora-zas, sus cascos, sus flechas, sus arcos, sus escudos,sus carros, sus lanzas, sus dardos, todo se destruirá.Los caballos, incluso los bueyes que trabajan las tie-rras del dominio perecerán, y de diez partes de susexpensas ordinarias el rey se verá obligado a prescindirde seis. Para prevenir todos estos desastres un general há-bil no (debe olvidar nada que le permita abreviar lascampañas y vivir a expensas del enemigo, o por lo me-nos consumir mercaderías extranjeras, a precio de pla-ta, si es necesario. Si el ejército enemigo tiene una medida de granoen su campo, ten veinte en el tuyo; si tu enemigo tie-ne veinte libras de forraje para sus caballos, ten dosmil cuatrocientas para los tuyos. No dejes escapar nin-guna ocasión de molestarlo, hazlo perecer en todas suspartes, busca los medios para irritarlo y hacerlo caeren alguna trampa; disminuye sus fuerzas lo más quepuedas haciéndole realizar movimientos diversivos, ma-tándole de tanto en tanto algún destacamento, saquean-do sus convoyes, sus equipajes y otras cosas que puedanserte de alguna utilidad. Cuando tu gente haya tomado al enemigo más dediez carros, comienza por recompensar liberalmentetanto a quienes guíen la empresa como a los que iaejecuten. Emplea esos carros para los mismos usos quedas a los otros, pero antes quítales las marcas distin-tivas que puedan tener. Trata bien a los prisioneros, alimentándolos como atus propios soldados; si es posible, haz que se encuen-tren mejor contigo que en su propio campo, o inclusoen el seno de su patria. No los dejes nunca ociosos,saca partido de sus servicios con la desconfianza con-veniente, y para decirlo en dos palabras, condúcete asu respecto como si fueran tropas enroladas libremen-te bajo tus estandartes. He aquí lo que llamo ganaruna batalla y llegar a ser más fuerte. Si haces exactamente lo que te acabo de indicar, los
  23. 23. 25éxitos acompañarán todos tus pasos, serás vencedor entodas partes, ahorrarás la vida de tus soldados, afir-marás la posición de tu país en sus antiguas posesiones,le procurarás otras nuevas, aumentarás el esplendor yla gloria del Estado, y tanto el príncipe como los sub-ditos te serán deudores de la dulce tranquilidad enque se deslizarán sus días en el futuro. Lo esencial está en la victoria y no en las operacio-nes prolongadas. El general, que se conoce en el arte de la guerra, esel ministro del destino del pueblo y el árbitro del des-tino de la victoria. ¡Qué objetos podrían ser más dignos de tu atencióny de todos tus esfuerzos!
  24. 24. Principio tercero Proposiciones de la victoria y de la derrota Sun Tse dijo: he aquí algunas máximas de las quedebes compenetrarte antes de querer forzar ciudadeso ganar batallas. Conservar las posesiones y todos los derechos delpríncipe al que sirves, he aquí cuál debe ser el primerode tus cuidados; engrandecerlos quitando bienes a losenemigos, es lo que sólo debes hacer cuando te veasforzado a ello. Velar por el reposo de las ciudades de tu propio país,he aquí lo que debe ocuparte principalmente; pertur-bar el de las ciudades enemigas, sólo debes hacerlo enel peor de los casos. Poner a cubierto de toda ofensa a las aldeas enemi-gas, he aquí aquello en que debes pensar; irrumpircontra las aldeas enemigas, es cosa que sólo debes ha-cer cuando te veas forzado por la necesidad. Impedir que las chozas y los caseríos de los campe-sinos sufran el más pequeño daño, es lo que mereceigualmente tu atención; producir estragos y llevar ladevastación a las instalaciones agrícolas de tus enemi-gos, es cosa que sólo debes emprender en caso de pe-nuria extrema. Conservar las posesiones de los enemigos, es lo quedebes hacer en primer lugar, como lo más perfecto que
  25. 25. 27hay; destruirlas, debe ser efecto de la necesidad. Si ungeneral actúa así, su conducta no diferirá de la de losmás virtuosos personajes; estará de acuerdo con el cie-lo y la tierra, cuyas operaciones tienden a la produc-ción y a la conservación de las cosas, más bien que asu destrucción. Una vez bien grabadas estas máximas en tu corazón,te garantizo el éxito. Digo además: la mejor política guerrera es tomarun Estado intacto, una política inferior a ésta consisti-ría en arruinarlo. Vale más que el ejército del enemigo sea hecho pri-sionero y no destruido; importa más tomar un batallónintacto que aniquilarlo. Si tuvieras cien combates por librar, cien victoriasserían el fruto. Sin embargo, no trates de tomar a tus enemigos alprecio de los combates y de las victorias; pues si haycasos en que lo que está por encima de lo bueno no esbueno en sí mismo, tenemos aquí uno en que cuantomás nos elevamos por encima de lo bueno más nosaproximamos a lo pernicioso y lo malvado. Hay que subyugar más bien al enemigo sin darlebatalla: éste será el caso en que cuanto más te elevespor encima del bien más te acercarás a lo incompara-ble y lo excelente. Los grandes generales logran sus fines descubriendotodos los artificios del enemigo, haciendo abortar to-dos sus proyectos, sembrando la discordia entre suspartidarios, teniéndolo siempre en suspenso, impidién-dole recibir ayuda extranjera y quitándole todas lasposibilidades que podría tener de decidirse a algo ven-tajoso para él. Sun Tsé dijo: es de suprema importancia en la gue-rra atacar la estrategia del enemigo. Quien sobresale en resolver las dificultades, lo haceantes de que se presenten. Quien arrebata el trofeo, antes de que tomen for-ma los temores de su enemigo, sobresale en la con-quista. Ataca el plan del adversario en el momento en quenace; Luego, quiebra sus alianzas;
  26. 26. 28 Luego, ataca a su ejército. La peor de las políticas consiste en atacar a las ciu-dades; No consientas en ello, salvo que no sea posible po-ner en práctica ninguna otra solución. Hacen falta por lo menos tres meses para preparary tener listos para el combate los carros, las armasnecesarias y el equipo, y tres meses más para cons-truir taludes a lo largo de los muros. Si te ves forzado a poner sitio a una plaza y re-ducirla, debes disponer tus carros, tus escudos y to-das las máquinas necesarias para organizar el asalto,de modo que todo esté en buen estado cuando llegueel momento de utilizarlo. Sobre todo, haz de manera que la rendición de laplaza no se prolongue más allá de tres meses. Si ex-pirado ese término no has llegado aún a realizar tusfines habrá habido seguramente algunas fallas de tuparte; no olvides nada para remediarlas. A la cabezade tus tropas, redobla tus esfuerzos; al marchar alasalto imita la vigilancia, la actividad, el ardor y latozudez de las hormigas. Supongo que habrás hecho de antemano los atrin-cheramientos y las demás obras necesarias, que habráselevado reductos para descubrir lo que pasa entre losasediados, y que habrás remediado todos los incon-venientes que tu prudencia te haya hecho prever. Sipese a todas estas precauciones ocurre que de tres par-tes de tus soldados has tenido la desdicha de perderuna sin lograr la victoria, convéncete de que no hasatacado bien. Un general hábil no se encuentra nunca reducidoa tales extremos; sin librar batallas, conoce el arte dehumillar a sus enemigos; sin verter una gota de san-gre, incluso sin sacar la espada, logra su fin de tomarlas ciudades; sin poner los pies en los reinos extran-jeros, encuentra el medio de conquistarlos evitandoprolongadas operaciones; y sin perder un tiempo con-siderable a la cabeza de sus tropas, procura una gloriainmortal al príncipe al que sirve, asegura la felicidadde sus compatriotas y hace que el universo le debael reposo y la paz: tal es el fin al que deben tender
  27. 27. 29 sin cesar ni desalentarse nunca todos aquellos que co- mandan ejércitos. Vuestra finalidad sigue siendo la de apoderarse del imperio mientras está intacto; así tus tropas no se agotarán y tus ganancias serán completas. Tal es el arte de la estrategia victoriosa. Hay una infinidad de situaciones diferentes en lascuales puedes encontrarte respecto del enemigo. No sería posible preverlas todas; es por ello que no entro en mayores detalles. Tus luces y tu experiencia tesugerirán lo que tendrás que hacer, a medida que lascircunstancias se presenten; sin embargo, voy a dartealgunos consejos generales que podrás utilizar cuandollegue la ocasión. Si eres diez veces más fuerte en número que el ene-migo, rodéalo por todas partes; no le dejes ningún pa-saje libre; haz de manera que no pueda evadirse parair a acampar a otra parte, ni recibir la menor ayuda. Si tienes cinco veces más soldados que él, dispontu ejército de tal manera que pueda atacar por cuatrocostados a la vez, cuando sea el momento. Si el enemigo es una vez menos fuerte que tú, con-téntate con dividir tu ejército en dos. Pero si una y otra parte tienen la misma cantidadde soldados, lo único que puedes hacer es arriesgarteal combate. Si en cambio eres menos fuerte que él, manténtecontinuamente en guardia, pues la más pequeña fallate acarrearía las peores consecuencias. Trata de man-tenerte al abrigo y evita en lo posible llegar a un en-frentarniento abierto con él; la prudencia y la firmezade un pequeño número de personas pueden lograr elpropósito y domar incluso a un ejército numeroso. Asíserás a la vez capaz de protegerte y de lograr unavictoria completa. Quien está a la cabeza de los ejércitos puede consi-derarse como sostén del Estado, y en efecto lo es. Sies como debe ser, el reino vivirá en la prosperidad;si en cambio no tiene las cualidades necesarias paradesempeñar dignamente el puesto que ocupa, el reinosufrirá infaliblemente por ello y se encontrará quizásllevado muy cerca de su pérdida. Un general sólo puede servir bien al Estado de una
  28. 28. 30manera; pero puede producirle un perjuicio muy gran-de de maneras muy diferentes. Hacen falta muchos esfuerzos y una conducta cons-tantemente acompañada por el valor y la prudencia,para lograr éxito: basta una falta para perderlo todo;y entre las faltas que se pueden cometer, ¿de cuántostipos no las hay? Si un general recluta tropas fuerade estación, si las hace salir cuando no tendrían quesalir, si no tiene un conocimiento exacto de los lu-gares por donde debe conducirlas, si las hace acamparerf posiciones desventajosas, si las fatiga sin finalidad,si las hace reprender innecesariamente, si ignora las ne-cesidades de quienes componen su ejército, si no co-noce el tipo de ocupación que cada uno de los hombresejercía con anterioridad para poder aprovecharlo se-gún sus capacidades; si no conoce los puntos fuertesy débiles de sus soldados, si no puede confiar en lafidelidad de éstos, si no hace observar la disciplinacon todo rigor, si carece de talento para dirigir bienal ejército, si es irresoluto y vacila en ocasiones en quehabría que tomar partido de inmediato, si no com-pensa adecuadamente a sus soldados por los sufrimien-tos que hayan padecido, si permite que los maltratensin razón sus oficiales, si no sabe impedir las disiden-cias que podrían producirse entre los jefes; un generalque cometiera todos estos errores tendría un ejércitoclaudicante y agotaría los hombres y víveres del reinohasta transformarse él mismo en la vergonzosa víctimade su incapacidad. Sun Tse dijo: en la dirección de los ejércitos haysiete males: I. Imponer órdenes surgidas de la corte por deci- sión arbitraria del príncipe. II. Crear perplejidad entre los oficiales enviando emisarios que ignoran los asuntos militares. III. Mezclar reglamentos propios del orden civil y del orden militar. IV. Confundir el rigor necesario para el gobierno del Estado y la flexibilidad que requiere el coman- do de las tropas. V. Hacer compartir la responsabilidad a los ejér- citos.
  29. 29. 31 VI. Hacer nacer la sospecha, que engendra la turba- ción; un ejército confuso conduce a la victoria del otro.VII. Esperar órdenes en todas las circunstancias es como informar a un superior que quieres apagar el fuego; antes de que te llegue la orden las ce- nizas estarán ya frías; sin embargo, ¡se dice en el código que hay que consultar al Inspector en estas materias! Como si al construir una casa al borde de la ruta, se pidiera consejo a los que pasan; ¡el trabajo no habría terminado aún! Tal es mi enseñanza: Nombrar pertenece al dominio reservado al gobier-no; decidir acerca de la batalla, al dominio del ge-neral. Un príncipe de carácter debe elegir al hombre quele conviene, investirlo de responsabilidades y esperarlos resultados. Para vencer a los enemigos son necesarias cinco cir-cunstancias. I. Saber cuando es adecuado combatir y cuando con- viene retirarse. II. Saber emplear lo poco y lo mucho según las cir- cunstancias.III. Combinar hábilmente las filas. Mensius dice: "la estación apropiada no es tan importante como las ventajas del suelo: y todo esto no es tan importante como la armonía de las relaciones humanasIV. Quien se prepara con prudencia para enfrentar al enemigo que aún no existe, ese mismo será el victorioso. Poner como pretexto la propia rusti- cidad y no prever, es el más grande de los crí- menes; estar presto fuera de toda contingencia es la mayor de las virtudes. V. Mantenerse al abrigo de las ingerencias del sobe- rano en todo lo que se puede intentar para su ser- vicio y la gloria de sus armas. En estas cinco materias se encuentra el camino dela victoria.
  30. 30. 32 Conoce a tu enemigo y conócete a ti mismo: si tu-vieras que librar cien guerras, serás cien veces victo-rioso. Si no conoces a tu enemigo y te conoces a ti mismo,tus posibilidades de perder y de ganar serán iguales. Si no conoces ni a tu enemigo ni a ti mismo, sólocontarás tus combates por tus derrotas.
  31. 31. Principio cuarto La medida en ladisposición de los medios Sun Tse dijo: antiguamente quienes tenían expe- riencia en el arte de los combates procuraban hacerseinvencibles, esperaban a que el enemigo fuera vulne-rable y no emprendían jamás una guerra si no pre-veían que ésta debía terminar con ventaja para ellos. Antes de emprenderla, se aseguraban el éxito. Sila ocasión de marchar contra el enemigo no resultabafavorable, esperaban tiempos más felices. Tenían por principio el de que uno sólo podía servencido por su propia falta, y que nunca se lograbala victoria como no fuera por las faltas cometidas porlos enemigos. Hacerse invencible depende de uno mismo, asegu-rarse de que el enemigo sea vulnerable, depende de élmismo. El hecho de que uno esté instruido en los medios queaseguran la victoria, no equivale a obtenerla. Así, los Generales hábiles sabían de entrada loque tenían que temer o lo que podían esperar, y avan-zaban y retrocedían en sus operaciones, libraban ba-talla o se atrincheraban, según lo que sus propias lu-ces les indicaban tanto sobre el estado de sus tropascomo de las tropas del enemigo. Si se creían más fuer-tes, no temían entrar en combate y ser los primeros
  32. 32. 34en atacar. Si, por el contrario, se veían más débiles,se atrincheraban y mantenían a la defensiva. La invencibilidad reside en la defensa, la posibilidadde victoria en el ataque. Quien se defiende muestra que su fuerza es inade-cuada, quien ataca, que es abundante. El arte de mantenerse deliberadamente a la defen-siva no es menos complejo que el de combatir conéxito. Los expertos en la defensa deben hundirse hasta elcentro de la tierra. Aquellos que, por el contrario, de-sean brillar en el ataque deben elevarse hasta el no-veno cielo. Para ponerse al abrigo del enemigo hay queocultarse en el seno de la tierra, como esas venas deagua cuya fuente no se conoce y cuyos caminos seríaimposible localizar. Así, ocultarás todos tus pasos yserás impenetrable. Quienes combaten deben elevarsehasta el noveno cielo, es decir, tienen que procederde manera que el Universo entero resuene con el ru-mor de su gloria. La conservación de sí mismo es el fin principal quehay que proponerse en los dos casos. Saber el artede vencer como quienes han honrado esta misma ca-rrera, es precisamente lo que deberás tratar de hacer;querer superar a todos y tratar de ser demasiado sutilen las cosas militares equivale a correr el riesgo deno igualar a los grandes maestros, de exponerse inclusoa quedar infinitamente por debajo de ellos; pues esen este aspecto donde lo que es superior a lo buenono es a su vez bueno. Lograr victorias por medio de combates fue con-siderado en todas las épocas por el Universo enterocomo algo bueno; pero me atrevo a decirte que tam-bién en este caso lo que está por encima de lo buenoes a menudo peor que lo malo. Predecir una victoriaque el hombre ordinario puede prever, y ser llamadoumversalmente experto, no es el colmo de la habilidadguerrera. Pues cortar el vello de los conejos en otoño *no requiere gran fuerza; no hay que tener ojos muy * A l referirse al vello de los conejos en otoño Sun Tse aludea la tenuidad del pelo de estos animales a comienzos de esaestación.
  33. 33. 35 penetrantes para descubrir el sol y la luna; no es ne- cesario tener oído muy delicado para percibir el trueno cuando brama con estrépito; nada más natural, nada más fácil, nada más simple que todo eso. Los guerreros hábiles no encuentran más dificulta- des en los combates; proceden de manera de venceren la batalla luego de haber creado las condiciones ade- cuadas. Lo han previsto todo; se han preparado por su par-te para todas las eventualidades. Conocen la situaciónde los enemigos, sus fuerzas, y no ignoran lo que pue-den hacer y hasta dónde pueden ir; la victoria es unaconsecuencia natural de su saber. Por ello, las victorias obtenidas por un maestro enel arte de la guerra no le ganaban reputación de sabioni mérito de hombre valeroso. Que una victoria se obtenga antes de que la situa-ción esté cristalizada es algo que el común de la genteno comprende. Por ese motivo, el autor de la conquista no se re-viste de ninguna reputación de sagacidad. Antes quela hoja de su espada se haya cubierto de sangre, elEstado enemigo ya está sometido. Si subyugas a tuenemigo sin librar combate, no te consideres hombrevaleroso. Tales eran nuestros Antepasados: nada les era másfácil que vencer; por lo tanto, no creían que los vanostítulos de valientes, de héroes, de invencibles fueranun tributo de elogios que ellos hubieran merecido. Sóloatribuían su éxito al cuidado extremo que ponían enevitar hasta la más pequeña falta. Evitar hasta la más pequeña falta quiere decir queel comandante, haga lo que hiciere, asegura la victoria;conquista a un enemigo que ya ha sufrido la derrota;en sus planes nunca hay un desplazamiento inútil, ensu estrategia jamás un paso en vano. El jefe hábil adop-ta una posición que no lo puede llevar a la derrota;no omite ninguna circunstancia susceptible de garanti-zarle el dominio sobre su enemigo. Un ejército victorioso lleva ventaja antes de haberentrado en batalla; un ejército destinado a la derrotacombate con la esperanza de ganar. Quienes son minuciosos en el arte de la guerra cul-
  34. 34. 36tivan el Tao y preservan las reglamentaciones; sonentonces capaces de formular políticas de victoria. Antes de llegar al combate trataban de humillar asus enemigos, los mortificaban, los fatigaban de milmaneras. Sus propios campamentos eran lugares siem-pre al abrigo de todo ataque, siempre a cubierto detoda sorpresa, siempre impenetrables. Esos generalescreían que para vencer era necesario que las tropas bus-casen el combate con ardor; y estaban persuadidos deque cuando estas mismas tropas buscaban la victoriacon entusiasmo, ocurría generalmente que eran ven-cidas. No quieren que las tropas abriguen una confianzademasiado ciega, que degenere en presunción. Las tro-pas que buscan la victoria están ablandadas por la pe-reza o son tímidas o presuntuosas. Las tropas que, porel contrario, buscan el combate sin pensar en la vic-toria, están endurecidas en el trabajo, son realmenteaguerridas y vencerán siempre con seguridad. Es así como en tono seguro se atrevían a prever lostriunfos o las derrotas, incluso antes de haber dadoun paso para asegurar las primeras o preservarse delas segundas. Ahora, he aquí los cinco elementos del arte de laguerra : I. La medida del espacio; II. La estimación de las Cantidades;III. Las reglas de Cálculo;IV. Las Comparaciones; V. Las chances de Victoria; Las medidas del espacio derivan del terreno; las cantidades derivan de la medida; las cifras emanan de las cantidades; las comparaciones provienen de las cifras; y la victoria es el fruto de las comparaciones. Mediante la disposición de las fuerzas un Generalvictorioso es capaz de llevar a su pueblo al combate,como las aguas contenidas que al ser repentinamenteliberadas se precipitan en un abismo sin fondo. Vosotros, que estáis a la cabeza de los ejércitos, no
  35. 35. 37olvidéis pues nada de lo necesario para hacernos dig-nos del cargo que ejercéis. Atended a las medidas quecontienen las cantidades, y a las que determinan lasdimensiones: recordad las reglas de Cálculo; consideradlos efectos de la balanza; la victoria sólo es fruto deuna suputación exacta. Las consideraciones sobre las diferentes medidas osllevarán al conocimiento de lo que la tierra puede ofre-ceros de útil; sabréis lo que produce y aprovecharéissiempre sus dones; no ignoraréis las diferentes rutasque habrá que tomar para llegar con seguridad al tér-mino que os hayáis propuesto. Mediante el Cálculo, estimaréis si el enemigo puedeser atacado, y sólo después de esto debe movilizarsea la población y reclutar las tropas; aprended a dis-tribuir siempre a propósito las municiones de guerray de boca, y a no caer nunca en el exceso del dema-siado o del demasiado poco. En fin, si recordáis en vuestro espíritu las victoriaslogradas en diferentes épocas y todas las circunstan-cias que las han acompañado, no ignoraréis los diversosusos que de ellas se han hecho, y sabréis cuáles sonlas ventajas que esas victorias han procurado o losperjuicios que causaron a los vencedores mismos. Un Y sobrepasa a un Tchu.* En los platillos de unabalanza el Y pesa más que el Tchu. Debéis ser paravuestros enemigos lo que el Y es al Tchu. Después de una primera ventaja, no os durmáis que-riendo dar a vuestras tropas un reposo fuera de opor-tunidad. Proseguid adelante con la misma rapidez queun torrente que se precipitara desde miles de toesasde altura. Que vuestro enemigo no tenga tiempo dereconocerse, y no penséis en recoger los frutos de vues-tra victoria hasta que su completa derrota os hayapuesto en condiciones de hacerlo con seguridad, ocioy tranquilidad. * Un Y pesa alrededor de 700 gramos, y un Tchu no llegaa pesar un gramo.
  36. 36. Principio quinto La firmeza Sun Tse dijo: en general el comandante de un grannúmero de soldados es igual que el que dirige un pe-queño número; se trata sólo de una cuestión de orga-nización. Controlar el número grande y el pequeño esuna sola y misma cosa; no se trata más que de forma-ción y de transmisión de las señales. Debes tener los nombres de todos los oficiales tantogenerales como subalternos; inscríbelos en un catálogoaparte, con una observación sobre los talentos y capa-cidad de cada uno de ellos, a fin de poderlos emplearcon ventaja cuando llegue la ocasión. Haz de maneraque todos los que debes comandar estén persuadidosde que tu principal atención consiste en preservarlosde cualquier daño. Las tropas que harás avanzar contra el enemigo de-ben ser como piedras que lances contra huevos. Entretú y el enemigo no debe haber otra diferencia que laque existe entre lo fuerte y lo débil, lo vacío y lolleno. La certeza de que se aguantará el ataque del ene-migo sin sufrir una derrota es función de la combina-ción entre la utilización directa e indirecta de las fuer-zas.^ ; % * Directa: Fijar y distraer. Indirecta: Irrumpir por dondeno se espera el golpe.
  37. 37. 39 Utiliza generalmente fuerzas directas para iniciar labatalla y fuerzas indirectas para lograr que ésta se de-cida en tu favor. Los recursos de quienes son hábilesen la utilización de las fuerzas indirectas son tan infi-nitos como los de los Cielos y de la Tierra, y taninagotables como el curso de los grandes ríos. Debes atacar al descubierto pero vencer en secreto.He aquí, en pocas palabras, en qué consiste la habili-dad y toda la perfección misma del gobierno de lastropas. El pleno día y las tinieblas, lo visible y losecreto; he ahí todo el arte. Quienes lo poseen soncomparables al Cielo y a la Tierra, cuyos movimientosno carecen nunca de efecto; se parecen a los ríos y alos mares cuyas aguas no podrían agotarse. Si se hun-dieran en las tinieblas de la muerte, podrán volver ala vida; como el sol y la luna, tienen el tiempo en quehay que mostrarse y el tiempo en que hay que desa-parecer; como las cuatro estaciones, tienen las varie-dades que les convienen; como los cinco tonos de lamúsica, como los cinco colores, como los cinco gustos,pueden combinarse al infinito. En efecto, ¿quién hallegado a oír alguna vez todos los aires que puedenresultar de la diferente combinación de los tonos?¿Quién ha visto alguna vez todo lo que pueden pre-sentar los colores distintamente matizados? ¿Quién hasaboreado alguna vez todo lo que los gustos mezcladosen forma diferente pueden ofrecer de agradable o depicante? Sin embargo, sólo se han establecido cincocolores y cinco1 tipos de gustos. En el Arte Militar y en el buen gobierno de las tro-pas sólo hay por cierto dos clases de fuerzas; comosus combinaciones son ilimitadas, nadie puede abarcar-las todas. Estas fuerzas son mutuamente productivasy actúan entre sí. Se trataría en la práctica de unacadena de operaciones cuyo fin no se lograría percibir,como esos anillos múltiples y entremezclados que hayque juntar para formar un anular, de una rueda en mo-vimiento que no tiene comienzo ni fin. En el Arte Militar cada operación particular tienepartes que requieren el pleno día y otras que exigenlas tinieblas del secreto. Querer denominarlas es im-posible; sólo las circunstancias pueden hacerlas cono-cer y determinarlas. Se oponen los más grandes blo-
  38. 38. 40ques de roca a las rápidas aguas cuyo cauce queremosestrechar; sólo se emplean redes tenues y finas paracapturar a las aves pequeñas. Sin embargo, el ríorompe a veces sus diques después de haberlos minadopoco a poco y los pájaros logran quebrar las cadenasque los retienen, a fuerza de debatirse. El agua de los torrentes, con su impulso, choca con-tra las rocas; el halcón se ajusta a la medida de la dis-tancia para desgarrar el cuerpo de su presa. Quienes poseen verdaderamente el arte de gober-nar bien a las tropas son los que han sabido y sabenhacer formidable el poderío de éstas, los que han ad-quirido una autoridad sin límites y no se dejan abatirpor ningún acontecimiento, por molesto que sea; losque no hacen nada sin precipitación; los que se com-portan, incluso cuando son sorprendidos, con la san-gre fría que muestran ordinariamente en las accionesmeditadas y en los casos previstos largo tiempo antes,y que actúan siempre en todo lo que hacen con esaprontitud que sólo es casi el fruto de la habilidad,unida a una larga experiencia. Así, el impulso de quienes hábil en el arte de la guerra resulta irresistible, ysu ataque está regulado con precisión. El potencial de estos tipos de guerreros es como elde los grandes arcos tendidos a fondo, todo cede a susgolpes, todo se descalabra. Como un globo que pre-senta una igualdad perfecta en todos los puntos de susuperficie, éstos son igualmente fuertes por todas par-tes; en todos los puntos su resistencia es la misma.En el momento álgido del encuentro y de un evidentedesorden saben guardar un orden que nada puede in-terrumpir, hacen nacer la fuerza del seno mismo de ladebilidad, hacen salir el coraje y el valor de en mediode la poltronería y de la pusilanimidad. Pero no se puede aprender a guardar un orden ma-ravilloso en medio mismo del desorden sin haber re-flexionado antes profundamente sobre todos los acon-tecimientos que pueden ocurrir. Sólo pueden hacer nacer la fuerza del seno mismo dela debilidad quienes tienen un poder absoluto y unaautoridad ilimitada (con la palabra poder no quierosignificar aquí la dominación sino la facultad que haceque se pueda traducir en actos todo lo que uno se
  39. 39. 41 propone). Para hacer surgir el coraje y el valor de en medio de la poltronería y de la pusilanimidad uno mis- mo tiene que ser un héroe, más que un héroe, debe estar por encima de los más intrépidos. Un comandante hábil busca la victoria en la situa- ción y no la exige de sus subordinados. Por más grande, por más maravilloso que parezca todo esto, exijo aún, sin embargo, algo más de quienesgobiernan las tropas, y es el arte de hacer mover a su voluntad a los enemigos. Quienes poseen este arteadmirable disponen de la firmeza de su gente y delejército que comandan, de manera que hacen acudir alenemigo siempre que lo juzgan a propósito; saben con-ceder liberalidades cuando conviene, y las hacen in-cluso a aquellos a los que quieren vencer; dan al ene-migo y éste recibe, le abandonan algo y éste viene atomarlo. Están preparados para todo; aprovechan detodas las circunstancias; siempre desconfiados, hacenvigilar a los subordinados a los que emplean y, comodesconfían de sí mismos, no descuidan ningún medioque pueda serles útil. Consideran a los hombres contra los que deben com-batir como piedras o trozos de madera que tuvieranque hacer rodar de lo alto a lo bajo. La piedra y la madera no tienen ningún movimientoque les sea natural; una vez que llegan a la situaciónde reposo no salen de ella por sí mismas sino quesiguen el movimiento que se les imprime; si tienenforma cuadrada, se detienen en seguida; si son redon-das ruedan hasta que encuentran una resistencia másfuerte que la fuerza que se les imprimió. Debes hacer de modo que el enemigo esté en tusmanos como una piedra de figura redonda que tengasque hacer rodar de una montaña de mil toesas de al-tura; la fuerza que se le imprime es mínima; los re-sultados son enormes. En esto se reconocerá que tienesel poder y la autoridad.
  40. 40. Principio sextoDe lo lleno y de lo vacíoSun Tse dijo: una de las cosas más esenciales que de-bes hacer antes del combate es elegir bien la ubicaciónde tu campamento. Para esto hay que ser diligente,no se debe permitir al enemigo que se anticipe, hayque acampar antes de que éste haya tenido tiempo dereconocerte, incluso antes de que se haya enterado detu marcha. La menor negligencia en este aspecto puedeserte de fatales consecuencias. En general, acampardespués de los otros sólo es motivo de desventaja. Quien es capaz de hacer acudir al enemigo por supropia iniciativa lo logra ofreciéndole alguna ventaja;y el que desea impedírselo, lo hace hiriéndolo. Quien está a cargo de la conducción de un ejércitono debe confiarse en otros para una elección de estaimportancia; y todavía tiene que hacer algo más. Sies realmente hábil, podrá disponer a su voluntad delcampamento mismo y de todos los movimientos de suenemigo. Un gran general no espera a que se le hagair, sabe hacer venir al enemigo. Si procedes de modoque el enemigo trate de marchar por su propia volun-tad hacia los lugares a los que quieres precisamente quevaya, trata también de allanarle todas las dificultades,de eliminar todos los obstáculos que pudiera encon- trar, por temor de que alarmado ante las imposibili-
  41. 41. 43dades que calcula, o los inconvenientes demasiado vi-sibles que descubre, renuncie a su designio. Perderíastu trabajo y tus esfuerzos, y quizás incluso algo más. La gran ciencia consiste en hacerle querer todo loque deseas que haga, y proporcionarle, sin que se décuenta, todos los medios de secundar tus ambiciones. Después que hayas dispuesto del lugar de tu cam-pamento y del que ocupará el enemigo mismo, esperatranquilamente que tu adversario dé los primeros pa-sos; pero mientras esperas trata de hambrearlo en me-dio de la abundancia, de procurarle conmociones en elseno del reposo y de suscitarle mil terrores en los mo-mentos mismos en que está más seguro. Si después de haber esperado largo tiempo no vesque el enemigo se disponga a salir de su campo, sal-drás tú del tuyo; mediante tu movimiento provocarásel suyo, dale frecuentes alarmas, hazle nacer la oca-sión de cometer alguna imprudencia de la cual puedassacar beneficio. Si se trata de vigilar, vigila con energía: no te ador-mezcas. Si se trata de ir hacia él, ve prontamente, vecon seguridad por caminos que sólo tú conozcas. Acu-de a los lugares a los que el enemigo no pueda sos-pechar que te propones ir. Sal de golpe por donde note espera y cae sobre él cuando menos lo piense. Para estar seguro de que tomarás lo que atacas, tie-nes que lanzar el asalto por el lado en que el enemigono se protege; para estar seguro de que conservaráslo que defiendes, tienes que defender un lugar que elenemigo no ataque. Si después de haber marchado durante bastante tiem-po, si por tus marchas y contramarchas has recorridoel espacio de mil leguas sin haber sufrido aún daño al-guno, incluso sin que te hayan detenido, llegarás a laconclusión de que el enemigo ignora tus designios oque te teme, o que no hace guardar los lugares quepueden ser de importancia para él. Evita caer en seme- jante falla. El gran arte de un general consiste en proceder de manera que el enemigo ignore siempre el lugar en que tendrá que combatir, y en ocultarle con cuidado elconocimiento de los sitios que uno hace vigilar. Si elgeneral logra eso, y puede ocultar también hasta sus
  42. 42. 44 más mínimos pasos, no es sólo un hábil general sino también un hombre extraordinario, un prodigio. Sin que lo vean, ve; oye sin que lo oigan; actúa sin ruido y dispone como le place de la suerte de sus enemigos. Además, si una vez desplegados los ejércitos no per- cibes que haya un cierto vacío que pueda favorecerte, no intentes arrollar a los batallones enemigos. Si cuan- do éstos se dan a la fuga, o vuelven sobre sus pasos, muestran una extremada diligencia y marchan en buen orden, no intentes perseguirlos; o si lo haces, que no sea nunca hasta muy lejos ni internándote en regiones desconocidas. Si cuando te propones librar batalla los enemigos permanecen en sus trincheras, no vayas a ata- carlos allí, sobre todo si están bien atrincherados, si tienen largos fosos y elevadas murallas que los cubren. Si por el contrario, en la creencia de que no es conve- niente librar combate deseas evitarlo, manténte en tus atrincheramientos y disponte a sostener el ataque y a hacer algunas útiles salidas. Deja que los enemigos se fatiguen, espera que estén en desorden o se sientan muy seguros; podrás salir entonces y caer sobre ellos con ventaja. Debes prestar constantemente una extrema atención para no separar nunca los diferentes cuerpos de tus ejércitos. Haz que puedan sostenerse siempre fácil- mente unos a otros; en caso contrario, trata de hacer que el enemigo se divida lo más posible; si se distri- buye en diez cuerpos, ataca a cada uno de ellos sepa- radamente con tu ejército entero; éste es el verdadero medio de combatir siempre con ventaja. De esta ma- nera, por pequeño que sea tu ejército, el gran número estará siempre de tu lado. Que el enemigo no sepa nunca de qué manera te pro-pones combatirlo, ni el modo en que piensas atacarlo odefenderte. En efecto, si se prepara en la vanguardia,su retaguardia será débil, si se prepara en la retaguar-dia, su frente será frágil; si se prepara a su izquierda,su derecha será vulnerable; si se prepara a su derecha,su izquierda se debilitará, y si se prepara en todos loslugares su posición será en general defectuosa. Si loignora en absoluto, hará grandes preparativos, trataráde fortalecerse en todos los sectores, dividirá sus fuer-zas, y esto lo llevará justamente a la ruina.
  43. 43. 45 En lo que a ti respecta, no hagas lo mismo: que tusprincipales fuerzas estén todas del mismo lado; si quie-res atacar de frente, elige un sector y pon a la cabezade tus tropas lo mejor que tengas. Raramente se re-siste a un primer esfuerzo, pero también es difícil re-cuperarse cuando se ha llevado al comienzo la peorparte. El ejemplo de los bravos basta para alentar alos más cobardes. Estos siguen sin esfuerzo el caminoque se les muestra; pero no sabrían abrírselo por símismos. Si quieres combatir con el ala izquierda, vuel-ca tus preparativos hacia ese lado y pon en el ala de-recha lo más débil que tengas; pero si quieres vencercon el ala derecha, que ésta la ocupen tus mejorestropas y reciba toda tu atención. Quien dispone de pocos hombres debe prepararsecontra el enemigo, quien tiene muchos debe procederde modo que el enemigo se prepare contra él. Esto no es todo; así como resulta esencial que co-nozcas a fondo el lugar en que debes combatir, no esmenos importante que estés instruido acerca del día,la hora, el momento mismo del combate; es una cues-tión de cálculo que no hay que descuidar. Si el ene-migo está lejos de ti, debes saber, día por día, el ca-mino que recorre, seguirle paso a paso, aunque per-manezcas en apariencia inmóvil en tu campamento;tienes que ver todo lo que hace, aunque tus ojos nopuedan llegar hasta él; escuchar todos sus discursos,aunque estés fuera de alcance para oírlo; ser testigode toda su conducta, entrar incluso en el fondo de sucorazón paar leer allí sus temores o sus esperanzas. Plenamente instruido de todos sus designios, detodas sus marchas, de todas sus acciones, lo harás lle-gar cada día exactamente al sitio al cual quieres quellegue. En ese caso lo obligarás a acampar de maneraque el frente de su ejército no pueda recibir ayuda dequienes están al final, que el ala derecha no puedaayudar al ala izquierda, y lo combatirás así en el lugaiy momento que más te convengan. Antes del día determinado para el combate, no estésni demasiado lejos ni demasiado cerca del enemigo. Elespacio de unas pocas leguas es el límite más cercanoal que debes llegar, y diez leguas enteras son el espaciomás grande que debes dejar entre tu ejército y el suyo.
  44. 44. 46 No trates de tener un ejército demasiado numeroso,pues la excesiva cantidad de personas es a menudomás dañina que útil. Un pequeño ejército bien disci-plinado es invencible si lo manda un buen general.¿De qué le servían al Rey de Yue las excelentes y nu-merosas cohortes de que disponía cuanto estaba enguerra contra el Rey de U? Este con pocas tropas, conun puñado de personas, lo venció, lo domó y sólo ledejó, de todos sus Estados, un recuerdo amargo yla vergüenza eterna de haberlos gobernado tan mal. Digo que la victoria puede crearse; aunque el ene-migo sea numeroso, puedo impedirle trabar combate;pues si ignora mi situación militar, puedo hacer de suer-te que se preocupe de su propia preparación: así lequito el ocio necesario para hacer planes con el fin dederrotarme. I. Determina los planes del enemigo y sabrás cuál estrategia será coronada por el éxito y cuál no lo será. II. Pertúrbalo y hazle revelar su orden de batalla.III. Determina sus disposiciones y hazle revelar su campo de batalla. IV. Ponlo a prueba y entérate dónde su fuerza es abundante y dónde es deficiente. V. La táctica suprema consiste en disponer las pro- pias tropas de un modo evidente; entonces los espías más penetrantes no podrán huronear y los sabios no podrán establecer planes contra ti. VI. Yo elaboro planes para la victoria según las for- mas, pero la multitud no lo comprende. Aunque todos puedan ver los aspectos exteriores, nadie puede comprender la vía por la cual he creado la victoria.VII. Y cuando vencí en una batalla, no repito mi tác- tica, sino que respondo a las circunstancias si- guiendo una variedad infinita de caminos. Sin embargo, si sólo tienes un pequeño ejército notrates de medirte en posición desventajosa con un ejér-cito numeroso; debes tomar muchas precauciones an-tes de llegar a ello. Cuando se tienen los conocimientos aque me he referido anteriormente, se sabe que hay que
  45. 45. 47 atacar o mantenerse simplemente a la defensiva; cuán- do hay que permanecer tranquilo y si ha llegado el momento de ponerse en movimiento; y si es forzoso combatir, se sabe si uno será vencedor o vencido; al ver simplemente la actitud de los enemigos, se puedeconcluir acerca de su victoria o su derrota, su perdi- ción o su salvación. Una vez más, si quieres ser el pri-mero en atacar, no lo hagas antes de haber examinado si tienes todo lo necesario para lograr éxito. En el momento de desencadenar tu acción, debesleer en las primeras miradas de tus soldados; mantén atención a sus primeros movimientos; y por su ardoro dejadez, por su temor o intrepidez, podrás concluiracerca del éxito o la derrota. No es presagio engañosoel de la primera actitud de un ejército presto a librarcombate. Hay algunos que lograron la más notable vic-toria pero habrían sido totalmente derrotados si la ba-talla hubiera ocurrido un día antes, o unas horas mástarde. Debe ocurrir con las tropas más o menos lo queocurre con el agua corriente. Así como el agua quecorre evita las alturas y se apresura hacia las zonasbajas, de la misma manera un ejército evita la fuerzay golpea sobre la debilidad. Si la fuente es elevada, el río o arroyo se deslizarápidamente; si la fuente está casi a nivel, es difícilpercibir algún movimiento; si hay algún vacío el agualo llena por sí misma cuando encuentra el más mínimoresquicio que la favorezca; si hay lugares demasiadollenos el agua trata naturalmente de descargarse haciaotros sectores. * En tu caso, si al recorrer las filas de tu ejércitoves que hay vacío, hay que llenarlo; si encuentran algoque abunda en exceso, hay que reducirlo; si percibesalgo demasiado alto, hay que rebajarlo; si algo esdemasiado bajo, hay que elevarlo. El agua sigue en su curso la situación del terrenopor el cual fluye; igualmente, tu ejército debe adap-tarse al terreno en el que se mueve. El agua que notiene pendiente no podría fluir; las tropas que no sonbien conducidas no podrían vencer. El general hábilsacará partido aun de las circunstancias más peligrosasy críticas. Sabrá hacer tomar la forma que quiera no
  46. 46. 48sólo al ejército que comanda sino también al de losenemigos. Las tropas, como quiera que sean, no tienen cuali-dades constantes que las hagan invencibles; los peoressoldados pueden cambiar para bien y transformarse enexcelentes guerreros. Debes conducirte según este principio; no perderninguna ocasión cuando te resulte favorable. Los cin-co elementos no son en todos los aspectos ni siempreigualmente puros; las cuatro estaciones no se sucedende la misma manera cada año; la salida y la puestadel sol no ocurren siempre en el mismo punto del ho-rizonte. Entre los días, unos son largos, otros cortos.La luna crece y decrece y no tiene siempre el mismobrillo. Un ejército bien guiado y disciplinado imita ade-cuadamente todas estas variedades.
  47. 47. Principio séptimo El enfrentamiento directo e indirecto Sun Tse dijo: después que el general haya recibido del soberano la orden de emprender la campaña, reunirálas tropas y movilizará al pueblo; hará del ejército unconjunto armonioso. Ahora debe prestar atención aprocurarle campamentos ventajosos, pues de ello de-pende principalmente el éxito de sus proyectos y detodas sus empresas. Esta tarea no es de ejecución tanfácil como podría imaginarse; se tropieza a menudo enella con dificultades innumerables, y de todas clases;no hay que olvidar nada para allanarlas y vencerlas. Una vez acampadas las tropas, hay que prestar aten-ción a lo cercano y lo lejano, a las ventajas y las pér-didas, al trabajo y al reposo, a la diligencia y la len-titud; es decir, es necesario acercar lo que está lejos,sacar ventaja incluso de las pérdidas, substituir el ver-gonzoso reposo por el útil trabajo, convertir la len-titud en diligencia; es necesario estar cerca cuando elenemigo te cree lejos; que tengas una ventaja realcuando el enemigo cree haberte ocasionado algunaspérdidas; que estés ocupado en algún trabajo útil cuan-do él te crea hundido en el reposo, y que utilicestoda clase de diligencia cuando el sólo cree percibiren ti lentitud: así, al engañarlo, lo adormecerás parapoder atacarlo cuando menos lo espere y sin que tengatiempo de orientarse.
  48. 48. 50El arte de aprovechar lo cercano y lo lejano consisteen tener al enemigo alejado del lugar que hayas elegidopara instalar tu campamento y de todos los sitios quete parezcan de alguna importancia; en alejar al ene-migo de todo lo que podría resultarle ventajoso y enacercar a ti todo aquello de lo que puedas sacar algúnbeneficio; consiste además en mantenerte continua-mente en guardia para no ser sorprendido y en vigilarsin cesar espiando el momento de sorprender a tu ad-versario. Así, debes tomar una vía indirecta y distraer al ene-migo presentándole el señuelo *; de esta manera po-drás ponerte en camino después de él y llegar antesde él. Quien es capaz de hacer esto comprende el en-foque directo e indirecto. Además: no emprendas nunca pequeñas acciones sino estás seguro de que te resultarán ventajosas y ade-más no lo hagas en absoluto si no te ves forzado aello, pero sobre todo guárdate muy bien de emprenderuna acción general cuando no estés seguro de la com-pleta victoria. Es muy peligroso proceder con preci-pitación en casos semejantes; una batalla librada ino-portunamente puede perderte por completo; lo menosque te ocurrirá, si el acontecimiento es dudoso o sólologras un éxito a medias, es verte frustrado en la ma-yor parte de tus esperanzas y no poder lograr tus fines. Antes de llegar a un combate definitivo es necesarioque lo hayas previsto y estés preparado para él desdelargo tiempo atrás; no cuentes nunca con el azar entodas las cosas de este género que lleves a cabo; des-pués que hayas resuelto librar batalla y que ya esténhechos para ello los preparativos, deja en lugar seguro todo el bagaje inútil, haz despojar a tu gente de todolo que podría resultarles embarazoso o constituir unacarga excesiva; incluso de sus armas no les dejes llevar más que las que puedan transportar fácilmente. Vigila, cuando abandonas tu campamento con la es- peranza de una ventaja probable, que ésta sea superior a los aprovisionamientos que dejas en lugar seguro. Si debes ir un poco lejos, marcha día y noche; haz * Señuelo: trozo de cuero rojo en forma de pájaro al quese ataba un cebo para hacer volver el halcón a la mano.
  49. 49. 51camino doble del común; que la parte escogida de tustropas esté a la cabeza; pon al final a los más dé-biles. Debes preverlo todo, disponerlo todo y caer so-bre el enemigo cuando éste te crea aún a cien leguasde distancia: en ese caso, te anuncio la victoria. Pero si al tener que recorrer cien leguas para poderalcanzarlo sólo haces por tu parte cincuenta, y el ene-migo en su avance hace otras tantas, de diez parteshay cinco en que serás vencido; como de tres parteshay dos en que serás vencedor si el enemigo sólo seentera de que vas hacia él cuando no te quedan másde treinta leguas que recorrer para alcanzarlo, pues esdifícil que en el poco tiempo que le resta pueda pre-ver todo lo necesario y prepararse para recibirte. Con el pretexto de hacer reposar a tu gente, cuí-date bien de no fallar en el ataque si llegas a él. Unenemigo sorprendido está ,a medias vencido; no ocu-rre lo mismo si le das tiempo para orientarse; prontopuede encontrar recursos para escapar de ti y quizásaun para causar tu pérdida. No descuides nada de lo que pueda contribuir albuen orden, a la salud, a la seguridad de tus gentesmientras estén bajo tu conducción; ten gran cuidadode que las armas de tus soldados se hallen siempre enbuenas condiciones. Haz de manera que los víveressean sanos y no les falten nunca; presta atención a quelas provisiones sean abundantes y se las reúna a tiem-po, pues si tus tropas están mal armadas, y hay escasezde víveres en el campamento, y si no tienes de antema-no todas las provisiones necesarias, es difícil que lo-gres éxito. No olvides mantener entendimientos secretos conlos ministros extranjeros y manténte siempre instruidode los designios que pueden abrigar los príncipes alia-dos o tributarios, de las intenciones buenas o malas dequienes pueden influir sobre la conducta del señor alque sirves y provocar órdenes o prohibiciones suscep-tibles de entorpecer tus proyectos y hacer que por ellotus cuidados resulten inútiles. Tu prudencia y tu valor no podrían enfrentar largotiempo sus cábalas o malos consejos. Para obviar esteinconveniente consúltalos en ciertas ocasiones, comosi tuvieras necesidad de sus luces: que todos sus ene-
  50. 50. 52migos lo sean también tuyos; no tengas nunca intere-ses en pugna con ellos, cédeles en las pequeñas cosas,en una palabra, mantén la unión más estrecha quepuedas. Ten un conocimiento exacto y detallado de todo loque te rodea; entérate de donde hay un bosque, unmontecito, un río, un arroyo, un terreno árido y pedre-goso, un lugar pantanoso y malsano, una montaña, unacolina, una pequeña elevación, un valle, un precipicio,un desfiladero, un terreno abierto, en fin, todo lo quepueda servir o dañar a las tropas que comandas. Siocurre que no estás en situación de instruirte por timismo acerca de la ventaja o desventaja del terreno,debes valerte de guías locales en los que puedas con-fiar plenamente. La fuerza militar está regida por su relación con laapariencia. Desplázate cuando estés en posición venta-josa y provoca cambios de situación dispersando y con-centrando las fuerzas. En las ocasiones en que se trate de estar tranquilo,que reine en tu campamento una tranquilidad pareci-da a la que existe en medio de los bosques más espe-sos; cuando por el contrario se trate de hacer movi-mientos y ruido, debes imitar el bramido del trueno;si hay que .estar firme en un lugar, manténte inmóvilen él como una montaña; si hay que salir para practi-car el pillaje, muéstrate activo como el fuego; si es ne-cesario enceguecer al enemigo, sé un relámpago; si de-bes ocultar tus designios, hazte oscuro como las tinie-blas. Guárdate sobre todo de hacer salida alguna envano: cuando procedas a enviar algún destacamento,que sea siempre con la esperanza, o mejor dicho conla certidumbre, de una ventaja real; para evitar el des-contento, practica siempre una exacta y justa reparti-ción de todo lo que hayas arrebatado al enemigo. Quien conoce el arte de la aproximación directa eindirecta logrará la victoria. He aquí el arte del en-frentamiento. A todo lo que acabo de decir hay que agregar la ma-nera en que debes dar tus órdenes y hacerlas ejecutar.Hay ocasiones y campamentos en que la mayor partede tus soldados no podrían verte ni oírte; los tambo-res, los estandartes y las banderas pueden reemplazar
  51. 51. 53tu voz y tu presencia. Debes instruir a tus tropas paraque conozcan todas las señales que puedes emplear.Si tienes que realizar evoluciones durante la noche, hazejecutar tus ordenes al son de una gran cantidad detambores; si por el contrario debes actuar de día, em-plea las banderas y los estandartes para hacer conocertu voluntad. El redoble de un gran número de tambo-res servirá durante la noche tanto para espantar a tusenemigos como para reanimar el coraje de tus solda-dos; el esplendor de un gran número de estandartes,la multitud de sus evoluciones, la diversidad de suscolores y el efecto extraño que producirá su concen-tración, al instruir a tus soldados, los tendrán siempreansiosos durante el día, los ocuparán y regocijarán sucorazón, creando a la vez perturbación y perplejidaden el de tus enemigos. Así, además de la ventaja que obtendrás haciendoconocer prontamente tu voluntad al ejército entero enel momento mismo, gozarás también de la consistenteen cansar a tu enemigo, en hacerle prestar atención atodo lo que crea que deseas emprender, en provocarledudas continuas acerca de la conducta que seguirás einspirarle eternos pavores. Si algún valiente quiere salir solo de las filas para ira provocar al enemigo, no se lo permitas; raramenteocurre que un hombre tal pueda volver. Perece común-mente por la traición o abrumado por el gran número. Cuando veas a tus tropas bien dispuestas, no dejesde aprovechar su ardor; la habilidad del General es loque provoca las ocasiones y distingue las que son fa-vorables; pero éste no debe dejar por ello de consultarla opinión de los Oficiales Generales ni de aprovecharsus luces, sobre todo si éstas tienen por objeto el biencomún. Se puede robar a un ejército su espíritu y quitarlesu habilidad, así como privarlo del coraje de su co-mandante. De mañana temprano los espíritus son penetrantes;durante el día languidecen y al atardecer vuelven a sucasa. Mei Yao-tchen dice que la mañana, el día y el atar-decer representan las fases de una larga campaña. Por lo tanto, cuando quieras atacar al enemigo de-
  52. 52. 54bes elegir, para hacerlo con ventaja, el momento enque creas que sus soldados están débiles o fatigados.Tomarás de antemano tus precauciones, y tus tropasdescansadas y frescas tendrán de su lado la ventaja dela fuerza y del vigor. Tal es el control del factor moral. Si ves que el orden reina en las filas enemigas, es-pera a que se interrumpa, y a que percibas algún des-orden. Si su excesiva proximidad te ofusca o molesta,aléjate para ponerte en disposición más serena. Tal esel control del factor mental. Si ves que los enemigos muestran ardor, espera has-ta que éste se aplaque y se vean abrumados bajo elpeso del fastidio o de la fatiga. Tal es el control delfactor físico. Si los enemigos han buscado refugio en lugares ele-vados, no los persigas hasta allí; si tú mismo te en-cuentras en lugares poco favorables, no dejes pasarmucho tiempo sin cambiar de posición. No emprendasel combate cuando el enemigo despliegue sus pendonesbien ordenados y formaciones en rango impresionante;he ahí el control de los factores de cambio de las cir-cunstancias. Si los enemigos, reducidos a la desesperación, vie-nen para vencer o morir, evita encontrarte con ellos. A un enemigo cercado debes dejarle una vía de sa-lida. Si reducidos al extremo abandonan su campamentoy quieren abrirse camino para ir a acampar en otro lu-gar, no los detengas. Si son ágiles y ligeros, no corras tras ellos; si care-cen de todo, impide su desesperación. No te encarnices con un enemigo acorralado. He aquí lo que tenía que decirte sobre las diferentesventajas que debes tratar de procurarte cuando estés a la cabeza de un ejército y tengas que medirte con enemigos quizás tan prudentes y valientes como tú, pero a los que no podrías vencer si no haces uso, por tu parte, de las pequeñas estratagemas de las que aca-bo de hablar.
  53. 53. Principio octavo Los nueve cambios Sun Tse dijo: comúnmente el empleo de los Ejérci-tos es tarea a cargo del Comandante en jefe, luego queel Soberano le ha dado orden de movilizar al puebloy reunir las fuerzas. I. Si estás en lugares pantanosos, en sitios donde sean de temer las inundaciones, en regiones cu- biertas de espesos bosques o de montañas escar- padas, en lugares desiertos y áridos, en sitios donde sólo haya ríos y arroyos, en lugares, en fin, de los que no puedas valerte con facilidad, y donde no tengas ninguna clase de ayuda, trata de salir de allí lo más pronto posible. Ve a bus- car algún lugar espacioso y vasto en que tus tropas puedan desplegarse, de donde logren salir con facilidad y adonde tus aliados puedan lle- varte sin fatiga la ayuda que necesites. II. Evita con extremada atención acampar en lu- gares aislados; o si la necesidad te fuerza a ello, quédate allí sólo el tiempo necesario para reti- rarte luego. Toma de inmediato medidas efica- ces para hacerlo en seguridad y con buen orden.
  54. 54. 56 III. Si te encuentras en lugares alejados de las fuen- tes, los arroyos y los pozos, y no localizas con facilidad víveres y forrajes, no tardes en aban- donarlos. Antes de levantar campamento, fíjate si el lugar que eliges está al abrigo de alguna montaña en medio de la cual te halles a cubierto de las sorpresas del enemigo, si puedes salir de ese sitio fácilmente, y si dispones en él de las comodidades necesarias para procurarte los ví- veres y las demás provisiones; si es así, no va- ciles en tomar posesión de él. IV. Si estás en un lugar de muerte, busca la ocasión de combatir. Llamo lugar de muerte a esas re- giones en las que no hay ningún recurso, donde uno muere insensiblemente por la destemplan- za del aire, donde las provisiones se consumen poco a poco sin esperanza de reponerlas; donde las enfermedades comienzan a difundirse por el ejército y tienen el aspecto de producir rápida- mente grandes estragos. Si te encuentras en ta- les circunstancias, apresúrate a entablar algún combate. Te respondo de que tus tropas no omi- tirán nada para batirse bien. Morir a manos de los enemigos les parecerá algo muy dulce frente a todos los males que amenazan con abrumarlos. V. Si por azar o por falta tuya tu ejército se en- contrara en lugares llenos de desfiladeros, don- de fuera fácil tenderle emboscadas, de donde no fuera fácil huir para salvarse en caso de perse- cución, donde se corriera riesgo de ver cortados los víveres y los caminos, cuídate bien de ata- car en tal caso al enemigo; pero si el enemigo te ataca mientras te encuentras en tal posición, debes combatir hasta la muerte. No te conten- tes con alguna ventaja pequeña o una victoria a medias; tal cosa podría ser un cebo destinado a descalabrarte por completo. Debes mantenerte en guardia incluso después que tengas todos los visos de una victoria completa. VI. Cuando sepas que una ciudad, por pequeña que fuere, está bien fortificada y abundantemente
  55. 55. 57 provista de municiones de guerra y de boca, guár- date bien de sitiarla; y si sólo te enteras del es- tado en que se encuentra luego de haber comen- zado el sitio, no te obstines en continuarlo, pues correrías el riesgo de fracasar con tus fuerzas contra este lugar y tener luego que abandonar- lo vergonzosamente. VII. No descuides perseguir una pequeña ventaja cuando puedas procurártela con seguridad y sin pérdida alguna de tu parte. Varias de estas pe- queñas ventajas, que sería fácil lograr y sin embargo se pasan por alto, provocan a menudo grandes pérdidas y daños irreparables.VIII. Antes de pensar en procurarte alguna ventaja, compárala con el trabajo, la pena, los gastos y las pérdidas de hombres y de municiones que pueda ocasionarte. Trata de establecer aproxi- madamente si puedes conservarla con facilidad; luego te determinarás a tomarla o dejarla, según las leyes de una sana prudencia. IX. En las ocasiones en que haya que tomar partido con rapidez, no esperes las órdenes del Príncipe. Si hay casos en que resulta necesario actuar con- tra las órdenes recibidas, no vaciles, actúa sin temor. La primera y principal intención de quien te pone a la cabeza de sus tropas es que venzas a los enemigos. Si él hubiera previsto la circuns- tancia en que te encuentras, te habría dictado él mismo la conducta que quieres seguir. He aquí lo que llamo los nueve cambios o las nuevecircunstancias principales que deben hacerte cambiarla actitud o la posición de tu ejército, cambiar de si-tuación, ir o volver, atacar o defenderte, actuar o man-tenerse en reposo. Un buen General no debe decirnunca: Suceda lo que sucediere haré tal cosa. iré allá,atacaré al enemigo, sitiaré tal lugar. La circunstancia eslo único que debe determinarlo; no hay que atenersea un sistema general ni a una manera única de dirigir.Cada día, cada ocasión, cada circunstancia requiereuna aplicación particular de los mismos principios. Los

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