Vietnam/Laboratorio    para el genocidio
Daniel Goldstein                Joel Jardim               Alain Jaubert         VIETNAMLaboratorio para el genocidio   Edi...
Los artículos "Vietnam: laboratorio para el genoci-dio" y "La guerra geofísica en Vietnam" aparecieronen la revista CIENCI...
Advertencia al lector   Los artículos reunidos en este volumen analizan al-gunos de los distintos ejemplos de aplicaciones...
Hace ya varios años, cuando el conflicto vietnamitaaún no había llegado a perturbar la totalidad de lapolítica internacion...
Introducción    El propósito de la presente selección de artículossobre la tecnología del genocidio perpetrado por losEsta...
8a tiempo la realidad de nuestra condición de genera-dores de conocimientos necesarios para aquellos quefinancian nuestro ...
que se convirtió en la avanzada mundial de la oposicióna la guerra genocida de los Estados Unidos.   El debate sobre la gu...
10específicos de vanguardia, de importancia política ymilitar, si no a crear en el ambiente científico corrien-tes de opin...
11          profundizar nuestro conocimiento científico          de problemas fundamentales que impiden el          desarr...
12en Fort Detrick que esas enormes instalaciones dedi-cadas a la investigación sobre armas biológicas y quí-micas serían d...
12de un nuevo tijo, de operación vertical, gran autono-mía y capaces de prestar apoyo efectivo a las fuerzasterrestres. Lu...
13universidades, el M. I. T. mantuvo hasta hace un añoel récord absoluto de contratos con el Departamentode Defensa de los...
Guerra química               y biológica                           Joel Jardim"Se define como guerra biológica el usointen...
John Fitzgerald Kennedy llegó al poder con algunasideas fijas. Entre ellas estaba su plan para flexibilizaruna posible res...
17y la National Science Foundation condujo a la élite delas universidades a la investigación de áreas de granpotencialidad...
18     "Capacidad de búsqueda (search capacity): Losagentes biológicos «antipersonal» pueden ser disemi-nados, en concentr...
19Historia de la G. Q. B.   Desde la antigüedad el uso de gases y gérmenes hacausado singular horror. En 1855 un almirante...
20 Protocolo de Ginebra fue firmado por 32 naciones —entre las que no estaban ni Japón pero sí los Esta- dos Unidos— y abi...
21 centro de investigación, relata cómo murieron entre 1.500 y 2.000 cobayos humanos, infectados con gér- menes de cólera,...
22fiebre amarilla. Los Estados Unidos refutaron los car-gos y las Naciones Unidas nunca se pronunciaron.Egipto utilizó gas...
231.300 acres y tiene un complejo edilicio evaluado en75 millones de dólares. De acuerdo con el folleto edi-tado por Fort ...
24 lidad, el problema de las enfermedades infecciosas per- siste. El porcentaje total de enfermedades causadas por agentes...
25ten normalmente por vía aérea. El resfrío común, lasinfluenzas, infecciones mico ticas como la coccidioido-micosis, son ...
26se mantuvo el sumario en secreto, como informaciónclasificada, el Departamento de Estado finalmente re-conoció que la pe...
27portante de la ciencia norteamericana —inspirada porel Servicio de Salud Pública y presionada por ciertosgrupos de la Am...
28tle, Inc., que son considerados como la más prolíficafuente de nuevos compuestos y agentes químicos.Nuevamente J. F. Ken...
29dominadas por el FLN. Fue entonces cuando RogerHilsman, jefe de Inteligencia del Departamento de Es-tado y Secretario As...
30otros países asiáticos, del mismo clima y tipo de terre-no que Vietnam pero sin guerrillas molestas. Este pro-yecto del ...
31gurada la venta de su producción por cuatro años, yque la prioridad del abastecimiento militar traeríaproblemas a los pr...
32Los herbicidas   Los tres herbicidas básicos utilizados en Vietnamdel Sur son los siguientes: a) agente naranja, mezclap...
33yores, estos derivados del ácido fenoxiacético son ve-nenos potentísimos, pues provocan en las plantas unaexplosión de c...
34el New York Times, elevaba a 52.000 hectáreas eltotal de sembradíos tratados con fitotóxicos desde1962. En febrero de 19...
35hongo Phytophtora infestants. Los esporos de los hon-gos son arrastrados por el viento, la lluvia, los ríos ypor insecto...
36   1. Algunos de los herbicidas utilizados, como el áci-do cacodílico, son suficientemente tóxicos para elhombre como pa...
37Peste bubónica, importación y exportación     En 1964, Vietnam del Sur exportaba 49 millonesde toneladas de arroz, en 19...
38Defoliación y malformaciones fetales   Mientras la defoliación continuaba en Vietnam, elFrente Nacional de Liberación y ...
39uso del 2,4,5-T en los Estados Unidos, mientras elPentágono anunciaba oficialmente que no había re-cibido ninguna orden ...
40de fallar sobre el caso, pero al hacerlo olvidó —pe-queño detalle— de constatar si existía o no algúnconflicto de intere...
41   En rigor, los Estados Unidos fueron parte y fir-maron el acuerdo de la Conferencia de Ginebra de1925 que declaró ileg...
42teamericano en Saigón dio a conocer un comunicadode prensa anunciando que el teniente coronel Utterestaba detenido y se ...
43corte marcial, o aplicarle sanción disciplinaria de nin-gún tipo".   Los resultados del asunto Utter fueron evaluadosasí...
44mazón en los ojos, dificultad creciente para respirar,dolor torácico, cierre involuntario de los ojos, mareosy pérdida d...
45con fines humanitarios se pasaba al uso de gas parafacilitar un presunto exterminio masivo mediante ata-ques aéreos post...
46medades infecciosas graves siempre en aumento, pa-recería ser muy fácilmente susceptible a sufrir los peo-res efectos de...
47Gases: segunda generación   Tampoco los gases clásicos hacen lo que deben:lo prueba una nota aparecida en el Wall Street...
48historia de la guerra: existen referencias de usos bé-licos del fuego en el tercer milenio antes de Cristo.Agentes incen...
49teamericana las descripciones de los espantosos efec-tos sobre la población civil y el mundo vio con horrorlas primeras ...
50de dólares invertidos también y proporcionalmente,las bajas militares.   Es decir, Vietnam comenzó como un banco de en-s...
Daniel Goldstein y Alain Jaubert / Vietman laboratorio para el genocidio
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Daniel Goldstein y Alain Jaubert / Vietman laboratorio para el genocidio

  1. 1. Vietnam/Laboratorio para el genocidio
  2. 2. Daniel Goldstein Joel Jardim Alain Jaubert VIETNAMLaboratorio para el genocidio Editorial CIÉNCIA NUEVA
  3. 3. Los artículos "Vietnam: laboratorio para el genoci-dio" y "La guerra geofísica en Vietnam" aparecieronen la revista CIENCIA NUEVA, en los números 17(julio de 1972) y 21 (diciembre de 1972), respecti-vamente. "La gran estafa de Mr. Nixon", "El sueñode Ripley" y "Los sociólogos millonarios", aparecieronen el semanario MARCHA, de Montevideo, en lasediciones correspondientes a los días 13 de marzo, 10de abril y 6 de marzo de 1970. "Guerra química ybiológica" apareció como el fascículo número 28 deTRANSFORMACIONES, del Centro Editor de Amé-rica Latina. Por último, "Vietnam: la derrota de laciencia cómplice", apareció en el diario LA OPINIONde fecha 27 de enero de 1973. Las fotografías provienen del audiovisual "Automa-ted Air War", producido por NARMIC (NationalAction/Research on the Military Industrial Complex)en 1972. Los libros de Ciencia Nueva Portada: Isabel Carballo © 1972 by Editorial Ciencia Nueva SRL Avda. Pte. R. Sáenz Peña 825, Buenos Aires Hecho el depósito de ley
  4. 4. Advertencia al lector Los artículos reunidos en este volumen analizan al-gunos de los distintos ejemplos de aplicaciones bélicasde la investigación científica, tal como se manifestarondurante la guerra de agresión que los EE.UU. lleva-ron contra Vietnam, e intentan mostrar el grado deperversión a que llegaron grandes sectores de la- co-munidad académica norteamericana, haciendo posiblela implementación del genocidio tecnológico. Así, loscinco primeros artículos tratan acerca de la guerraquímica, biológica, electrónica y geofísica, el siguienteacerca de la aplicación de la sociología a los problemasde contrainsurgencia y en los restantes se considera ladeformación colectiva de la comunidad científica ylos mecanismos que llevaron a ésta a convertirse enla Cuarta Fuerza Armada de los EE.UU. Pese a que aún se lucha en territorio indochino, elanálisis del genocidio perpetrado contra Vietnam pue-de parecer una reiteración inútil ante la urgencia delos problemas que se plantean hoy en América latina.Creemos, sin embargo, que este análisis es más quenunca pertinente, pues en Vietnam no sólo se luchópor el futuro de todos nosotros sino que allí se ensa-yaron las técnicas y las teorías a las que de ahora enadelante recurrirá el imperio para intentar someter alos pueblos que luchan por su liberación.
  5. 5. Hace ya varios años, cuando el conflicto vietnamitaaún no había llegado a perturbar la totalidad de lapolítica internacional, grupos norteamericanos comen-zaron a estudiar y a denunciar la complicidad de loscientíficos con el aparato militar de los EE.UU. Entrelos frutos más importantes de esa labor, que se regis-tró principalmente en las páginas de Viet Report, TheGuardian, Ramparts y Minority of One, es indispen-sable destacar la aparición en 1972 de un libro clave,War Without End: American Planning for the NextVietnams (Vintage Books), de Michael Klare, quienes tal vez el investigador más original y documentadosobre estos problemas. Aun cuando la mayoría de losartículos de la presente selección contienen referenciasbibliográficas, queremos señalar al libro de Klare comola fuente de referencia fundamental.
  6. 6. Introducción El propósito de la presente selección de artículossobre la tecnología del genocidio perpetrado por losEstados Unidos en Vietnam, es el de ofrecer una ima-gen integrada de las múltiples facetas de la complicidadde la comunidad académica norteamericana con los crí-menes de guerra cometidos contra los pueblos de In-dochina. Porque la complicidad ha sido total: va des-de los técnicos más o menos anónimos que en los la-boratorios industriales, militares y universitarios di-señaron las armas antipersonal y las municiones de laguerra biológica y química, hasta los eminentes físicosteóricos que planificaron el empleo de esas armas atro-ces y evaluaron sus resultados. Sin embargo, no setrata de condenar a la comunidad científica norteame-ricana sino de señalar que los mecanismos mediantelos cuales esa complicidad se engendró, los presupues-tos ideológicos que sirvieron para convertir a los cien-tíficos estadounidenses en sirvientes de los dueños delimperio norteamericano y que los amordazaron y anes-tesiaron moralmente, también operaron con igual sol-vencia y rigor para atrapar y explotar a toda la comu-nidad científica del resto del mundo capitalista, inclui-dos los científicos de los países capitalistas dependien-tes. Todos somos culpables por no haber comprendido
  7. 7. 8a tiempo la realidad de nuestra condición de genera-dores de conocimientos necesarios para aquellos quefinancian nuestro trabajo, nuestra condición de asala-riados contratados para desarrollar labores bien pre-cisas necesarias para que aquellos que detentan el po-der imperial y sus aliados en los países periféricospuedan seguir manteniendo el statu quo. La gran mayoría de los científicos creímos que éra-mos libres intelectualmente, que investigábamos lo quese nos antojaba, qüe por el mero expediente de publi-car nuestros trabajos en revistas especializadas de libredifusión y rehuir contratos donde se hablara de secre-to militar, salvaguardábamos nuestra condición neu-tral como profesionales de la ciencia y nos colocábamospor encima del bien y del mal. Creímos que las modasde investigación las imponíamos nosotros, que los te-mas de actualidad provenían genuinamente de un de-sarrollo espontáneo del conocimiento, que los descu-brimientos se implementaban porque sí, de acuerdoa los humores o la suerte o el talento de míticos direc-tores de equipos científicos. En suma, nos habían con-dicionado para creernos superhombres, seres diferen-tes del resto de la humanidad, poseedores de la verdady lo que es aún mucho más grave, una gran soberbianos hizo suponer que la inteligencia y el talento cien-tífico nos eximían automáticamente de los tribunaleshumanos, que un premio Nobel o una teoría genialconstituían un salvoconducto eterno, natural y com-pleto. Recién cuando comprendemos cabalmente la mag- nitud de nuestros pasados errores de apreciación acer- ca de nuestra propia actividad científica podemos eva-luar en su verdadera dimensión la trayectoria de Ber- trand Russell, uno de los hombres más inteligentes que produjo nuestra civilización pero, además, el prototipo del ser humano libre, moralmente responsable por to- dos y cada uno de sus actos. Russell en Europa, Linus Pauling en los Estados Unidos, fueron los pioneros solitarios en la denuncia del genocidio perpetrado en Vietnam y de la hecatombe moral de la comunidad aca- démica. Su prédica pudo rescatar de la trampa a nu- merosos científicos y alentó una masiva toma de con- ciencia de la juventud universitaria norteamericana,
  8. 8. que se convirtió en la avanzada mundial de la oposicióna la guerra genocida de los Estados Unidos. El debate sobre la guerra se generalizó y la partici-pación —directa o indirecta— de los científicos fueinvestigada y expuesta públicamente. Se pudo demos-trar así que el otorgamiento de subsidios militarestiene objetivos bien precisos: ampliar el conocimientoen áreas de interés militar, resolver problemas básicosy tecnológicos en áreas claves para la tecnología de laguerra. Los directores de la investigación del Pentágono seencargaron de corroborar estas conclusiones. Así, eljefe de Investigación y Desarrollo del ejército nortea-mericano, teniente general Austin W. Betts, expresótextualmente: . .nuestra experiencia indica que aquellos que trabajan en las universidades, contratados por el ejército, en investigaciones básicas, están sin- cera y positivamente dedicados a un objetivo: la adquisición de conocimiento. Pero ellos de- berían entender, y la mayoría efectivamente lo reconoce así, que el conocimiento que generan pueden ser y probablemente será utilizado para reforzar nuestra posición militar."1 La guerra de Vietnam sirvió efectivamente paraalertar a muchos sobre esta realidad. Las denunciassobre la aplicación de los resultados científicos parala implementación del genocidio en Indochina se hi-cieron sobre bases fácticas incontestables: los docu-mentos "liberados" de las cajas fuertes universitariasdurante las ocupaciones estudiantiles. Allí aparecíannetas, sin los mantos hipócritas con que se las cubrepara el consumo masivo de profesores, estudiantes ylegos; las razones por las cuales se financiaban los pro-yectos, cómo se planificaban las "puestas de moda" detemas concretos, la complicidad de instituciones "irre-prochables" como la U.S. National Academy of Scien-ces y la National Science Foundation y el rol paragu-bernamental y estratégico de las Fundaciones Ford yRockefeller, destinadas no sólo a financiar proyectos 1 Army Research and Development Newsmagazine, noviem-bre de 1968.
  9. 9. 10específicos de vanguardia, de importancia política ymilitar, si no a crear en el ambiente científico corrien-tes de opinión favorables para la investigación sobretemas de interés militar para los Estados Unidos. Al-gunos de los documentos ponen en evidencia el des-precio que sienten los dueños del poder por sus asa-lariados científicos. La lectura de un archivo conquis-tado por los alumnos de la Universidad de Stanford 2muestra cómo el Departamento de Defensa le mientedescaradamente a sus subsidiados: las razones públi-cas" por las que se da dinero nada tienen que ver conlos objetivos reales que busca el Pentágono financiandoesa investigación. Por ejemplo, el desarrollo del láserultravioleta, que según el investigador subvencionadopuede llegar a tener importantes aplicaciones terapéu-ticas y tecnológicas, fue financiado por el Departa-mento de Defensa para completar el diseño de cier-tas armas capaces,3 entre otras cosas, de enceguecerdefinitivamente al personal de las dotaciones de artille-ros que controlan las armas antiaéreas convencionales,las responsables de la mayor parte de las bajas sufri-das por los Estados Unidos durante sus masivos bom-bardeos contra Vietnam del Norte.4 En este sistema, pues, no hay garantías. Toda inves-tigación financiada por los Estados Unidos de Norte-américa, ya sea a través de sus fuerzas armadas o susorganismos financieros o de sus agencias de desarrolloo de sus instituciones académicas o de sus fundacio-nes paragubernamentales, tanto dentro de los Esta-dos Unidos como en el exterior, tienen objetivos polí-ticos y militares concretos. Aceptar esa financiaciónargumentando la libre difusión de los resultados esuna excusa que en el mejor de los casos es infantil.Quien lo explicitó claramente fue el Dr. John S. FosterJr., director de Defense Research and Engineering delDepartamento de Defensa de los Estados Unidos: "Los laboratorios universitarios están dedi- cados a la investigación básica destinada á 2 DOD Sponsored Research at Stanford, SWOPSI Room590A, Oíd Union, Stanford, Calif. 94305. 3 Science, volumen 175, pág. 866, 25 de febrero de 1972. 4 New Scientist, 13 de julio de 1972, pág. 86.
  10. 10. 11 profundizar nuestro conocimiento científico de problemas fundamentales que impiden el desarrollo en,áreas claves de la tecnología de la defensa. El mayor valor de los trabajos de investigación de la universidad reside en el sector no secreto. No pretendo minimizar el valor del trabajo secreto realizado por esas instituciones. Sin embargo, creo que la parte más importante es el trabajo básico no se- creto realizado por las universidades."5 Lo importante es comprender que este problemano corresponde al pasado, que no se trata de una lec-tura de hechos históricos. Fuimos testigos de la remo-delación de la estrategia norteamericana en la décadade 1960, de la instauración de las tácticas de "respues-ta flexible" para enfrentar a las guerras de liberaciónnacional, eufemísticamente llamadas "small wars". Ysin embargo, nos sorprendimos por el grado de la es-calada en Vietnam y nos pareció un insulto personalel Plan Camelot. Luego nos hicimos expertos en Viet-nam y ahora lo sabemos todo sobre el Plan Camelot,pero mientras escudriñamos el pasado con una ciertavocación de anticuarios se nos filtra la realidad en susmúltiples formas: espionaje sociológico financiado porla Fundación Ford, gigantescos planes de investigaciónsobre reproducción y fecundidad financiados por elPopulation Council, proyectos de neurofisiología finan-ciados por la U.S. Air Forcé, estudios sobre efectosbiológicos de radiaciones ionizantes subsidiados por elDepartamento de Defensa de los Estados Unidos, y ladeformación sistemática de la totalidad de la cienciabásica hacia temas de moda que constituyen priorida-des militares y/o políticas para el imperio norteame-ricano, pero que son en gran parte financiadas condinero del Estado argentino. La guerra de Vietnam acabó con la total victoria delpueblo vietnamita, pero las técnicas que los EstadosUnidos emplearon en Indochina se siguen desarrollan-do. El 18 de octubre de 1971 Richard Nixon anunció 5 U.S. House of Kepresentatives, Commitee on Appropria-tions Subcommittee, Department of Defense - Appropriationsfor 1968, Hearings, 90th Congress, Ist Series, part 3, pág. 90.
  11. 11. 12en Fort Detrick que esas enormes instalaciones dedi-cadas a la investigación sobre armas biológicas y quí-micas serían desmanteladas y se remodelarían paraconvertirlas en un gran laboratorio de cancerología.Sin embargo, un año después, el coronel Stanley D.Fair, comandante del Fort McClellan Chemical Centerand School, tranquilizaba a los lectores de la revistaArmy asegurando que si bien "el hombre de la callepuede creer que el ejército norteamericano está aban-donando su potencialidad para instrumentar una gue-rra química, nada está más lejos de la realidad".6 Lasinstituciones especializadas en la evaluación de arma-mentos y tácticas de guerra, como el Institute of De-fense Analysis y la Rand Corporation, inventores delcampo de batalla automatizado, ahora se dedican al"crimen urbano", otro eufemismo con el que se deno-mina la organización de la represión en las ciudades,apelando a los mismos principios y las mismas técnicasensayadas en Vietnam y en Tailandia. Daniel J. Goldstein. 6 Neiv Scientist, 30 de noviembre de 1972, pág. 501.
  12. 12. 12de un nuevo tijo, de operación vertical, gran autono-mía y capaces de prestar apoyo efectivo a las fuerzasterrestres. Luego de un comienzo tímido en manos delos franceses durante la guerra de Indochina, el heli-cóptero pasó a primer plano y se convirtió en uno delos principales instrumentos bélicos en Vietnam. Las tácticas antiguerrilleras encontraron así respues-tas novedosas: un nuevo tipo de soldado, multifacéticoy politizado, y el uso sistemático del helicóptero paracontrarrestar la sorpresa y el empleo de terrenos es-cabrosos por parte de la guerrilla. Hacía falta, sin embargo, algo más. Ni los boinasverdes ni los helicópteros alcanzaban ya para lucharcon efectividad en Vietnam, donde las densas selvastropicales obstaculizan la detección de francotiradores,impiden localizar las emboscadas, disimulan los obje-tivos de la aviación y de la artillería. Por otra parte,dadas las características de la lucha guerrillera -—don-de según Mao (en un texto citado por todos los estra-tegas norteamericanos de la última década) "el com-batiente es como un pez que nada en el agua que es supueblo — era importante "secar el estanque", es de-cir, cortar la conexión logística y su base de apoyo po-pular. O más simplemente aún, dejarlo sin sustento. El presidente Kennedy no podía rehuir el compro-miso del siglo, es decir, la exploración de los fértilescampos de la ciencia para encontrar nuevas armas es-pectaculares. Y aunque los orígenes de su fortuna fa-miliar no lo entroncaban con los fundadores del esta-blishment (el contrabando de alcohol durante la LeySeca era demasiado reciente en la maculada foja de supadre) había vivido en Massachussetts y se había edu-cado en Harvard. La ubicación geopolítica del asesi-nado presidente norteamericano es importante paracomprender lo naturalmente que accedía a los pinácu-los de la ciencia norteamericana. El núcleo científicode los Estados Unidos tiene uno de sus centros enBoston, Massachusetts. Harvard y el M. I. T. (Insti-tuto tecnológico de Massachusetts) representan el pa-radigma de la acumulación de poder científico y porlítico en los Estados Unidos. El 25 por ciento de losmiembros de la célebre National Academy of Scienceprovienen de estas dos instituciones. De entre 300
  13. 13. 13universidades, el M. I. T. mantuvo hasta hace un añoel récord absoluto de contratos con el Departamentode Defensa de los Estados Unidos. Kennedy estaba en muy buenas relaciones con el es-tablishment científico. Su política interior le había va-lido el apoyo electoral de la universidad. Salvo dege-nerados sociales como Teller o Seaborg, los grandespopes de la academia coincidían con él en la necesi-dad de evitar holocaustos nucleares, pactar con laUnión Soviética y buscar otros métodos para la luchacontra el comunismo. Entusiastas con la actitud deKennedy en todo lo referente a la cultura —un ver-dadero oasis en el perpetuo desierto del anti-intelec-tualismo norteamericano del que Goldwater, Nixon yWallace son ejemplos contundentes— coincidieroncon el presidente en la necesidad de aguzar el ingeniopara diseñar armas piadosas. Además, J. F. K. era un asiduo lector de Ian Flem-ing, el autor de James Bond. La euforia cientificistade la Casa Blanca llevaba a los asesores de Kennedy averdaderos delirios salvacionistas, en los que se vi-sualizaban grandes batallas ganadas mediante gasessoporíferos que tumbaban a ejércitos enemigos sinmás consecuencias que un corto sueño reparador, sólopor el tiempo necesario para hacerlos prisioneros. Las universidades norteamericanas constituyen lacuarta fuerza armadas de los Estados Unidos de Nor-teamérica. La íntima relación existente entre las co-munidades militar y académica nació durante la Se-gunda Guerra Mundial. El proyecto Manhattan parael diseño y la producción de la bomba atómica, el di-seño y la tecnología del radar, la invención del napalm,son ejemplos clásicos de esta colaboración. Lejos determinarse con la derrota del Eje, esta relación entrela universidad y las fuerzas armadas se consolidó aúnmás con la Guerra de Corea y la Guerra Fría. El De-partamento de Defensa pasó a ser la principal fuentede subsidios federales para investigaciones básicas ytecnológicas. Pero el gobierno norteamericano no selimitó a reclutar científicos mediante subsidios mili-tares: movilizó también al máximo organismo cientí-fico de los Estados Unidos, la National Academy ofSciences, quien a través del National Science Board
  14. 14. Guerra química y biológica Joel Jardim"Se define como guerra biológica el usointencional de organismos vivos o susproductos tóxicos para causar muerte9invalidez o lesiones en el hombre, ya seacausando su muerte o enfermedad o através de la limitación de sus fuentes dealimentacón u otros recursos agrícolas.El hombre debe sostener una continuabatalla para mantenerse y defenderse así mismo9 a sus animales y a sus plantas9en competición con insectos y microbios•El objeto de la guerra biológica es ma-lograr estos esfuerzos mediante la dis-tribución deliberada de gran número deorganismos de origen local o foráneo9o sus productos tóxicos, haciendo usopara ello de los medios más efectivos dediseminación y utilizando puertas de en-trada inusuales. La guerra biológica hasido adecuadamente descrita como saludpública al revés"Del folleto Efectos de los agentes de la guerrabiológica, publicado por el Departamento de Salud,Educación y Bienestar de los Estados Unidos deNorteamérica, en julio de 1959.
  15. 15. John Fitzgerald Kennedy llegó al poder con algunasideas fijas. Entre ellas estaba su plan para flexibilizaruna posible respuesta militar norteamericana, hastaentonces enmarcada rígidamente en el uso de disposi-tivos nucleares. J. F. K. sabía que el futuro de su paísestaba poblado por guerras limitadas, en las cuales,por razones políticas, se haría muy difícil si no impo-sible utilizar todo el arsenal nuclear táctico. Los con-flictos limitados deberían pues enfrentarse con méto-dos nuevos, que aseguraran una gran versatilidad derespuestas, que se adecuaran a requerimientos tácticosvariables. Por empezar hacía falta un nuevo tipo de soldadode élite, superentrenado para operar con la mayor in-dependencia y en el cual la esencial neutralidad ideo-lógica del conscripto se reemplazara por una formaciónpolítica adecuada que le permitiera matar, torturar ysabotear con cabal conocimiento de causa. Este solda-do debía ser no sólo un operador sino un formador decuadros cívico-militares nativos de los países invadi-dos. Así surgió el cuerpo de los green berets (boinasverdes). Los teatros de operaciones de estas nuevas guerraslimitadas prometían dificultades insalvables para lasarmas convencionales. Hacía falta utilizar transportes
  16. 16. 17y la National Science Foundation condujo a la élite delas universidades a la investigación de áreas de granpotencialidad bélica: la biología molecular, la físicaatómica, la matemática aplicada y la sociología. Esta hábil conducción del esfuerzo científico norte-americano se hizo evidente cuando el ejército de losEstados Unidos, durante la administración de J. F.Kennedy, implemento su nueva estrategia para lucharcontra los movimientos de liberación nacional dentroy fuera del país. La guerra química y biológica tomóun nuevo ímpetu y el remozamiento de los arsenalestácticos hizo que se convirtiera en una necesidad eldesarrollo de la genética de microorganismos, la in-munología, la neurofisiología y la neuroquímica. Por-que sin conocimientos básicos adecuados en estasramas de la ciencia, el desarrollo de los agentes bio-lógicos, el diseño de neurotoxinas y drogas psicotró-picas y de dispositivos defensivos para sus propiossoldados es imposible. La sociología y la psicologíasocial pasaron a tomar un lugar preponderante en losplanes de investigación, frente a la necesidad de im-plementar programas complejos y amplios de controlpolicial de poblaciones civiles, necesarios tanto en elexterior como en los mismos Estados Unidos, frenteal avance del movimiento de liberación de la poblaciónnegra. Frente a la destructividad sin límite de las armasnucleares —que nunca cesaron de desarrollarse y per-feccionarse— o de las nuevas armas convencionales—cada vez más mortíferas— la farmacología, la toxi-cología y la microbiología modernas aportaban teóri-camente una posibilidad de diseño de dispositivosefectivos pero carentes de letalidad. Además, uniendolo útil con lo agradable, los gastos de producción e in-vestigación en farmacología, toxicología y microbio-logía son ridiculamente bajos si se los compara con losdel desarrollo de armas nucleares.Las ventajas El U. S. Arrny Field Manual FM3-10 titulado Em-pleo de agentes químicos y biológicos dice textual-mente:
  17. 17. 18 "Capacidad de búsqueda (search capacity): Losagentes biológicos «antipersonal» pueden ser disemi-nados, en concentraciones efectivas para producir ba-jas, sobre superficies extremadamente amplias. Mu-chos kilómetros cuadrados pueden ser efectivamentecubiertos por un solo avión o misil. La «capacidadde búsqueda» de las nubes de agentes biológicos y lasdosis relativamente pequeñas que se necesitan paracausar infecciones entre la tropa dan a las municionesbiológicas la capacidad de cubrir grandes áreas dondelos objetivos militares no están precisados con exac-titud pero donde los informes de los servicios de inte-ligencia hacen suponer que pueden existir tropasenemigas." "Ausencia de aviso: Un ataque biológico puedeocurrir sin dar ningún aviso ya que los agentes bioló-gicos pueden ser diseminados, mediante sistemas dearmamentos que no llaman la atención, en un áreaconsiderablemente alejada del blanco ya que se cuen-ta con el movimiento del aire para llevar el agente asu objetivo. Los agentes biológicos no pueden ser de- tectádos por los sentidos sin ayuda de instrumentación adecuada. La detección y la posible identificación delos mismos requiere por lo general una apreciable can-tidad de tiempo y técnicas de laboratorio complicadas (que por supuesto no están a disposición de unidadesguerrilleras)." "Penetración de estructuras: Las nubes de agentesbiológicos pueden penetrar fortificaciones, refugios y otras estructuras (incluyendo bunkers y túneles sub- terráneos) desprovistos de filtros adecuados. Esta ca- pacidad provee un medio para atacar tropas que se encuentran en fortificaciones tales que constituyen un blanco difícil para municiones dotadas de explosivosde alto poder o para armas nucleares de potencia reducida." "La no destrucción de material y estructuras: Los agentes biológicos antipersonal llevan a cabo su co-metido sin destruir físicamente —o afectando muy poco— sus blancos. Esto constituye una ventaja en ( . . . ) operaciones de combate, donde puede ser ne- cesario conservar esas estructuras para las fuerzas amigas."
  18. 18. 19Historia de la G. Q. B. Desde la antigüedad el uso de gases y gérmenes hacausado singular horror. En 1855 un almirante inglés,Lord Dundonald propuso a Su Majestad Británica eluso del azufre contra los rusos en la Guerra deCrimea, pero tras largo debate la propuesta fue dese-chada por el gobierno inglés, por considerar a la gue-rra química horrible y no honorable. También se re-chazaron sugestiones parecidas durante la Guerra Ci-vil de los Estados Unidos. Pero los posteriores usos,pronto desechados por ineficaces por el ejército bri-tánico, del ácido pícrico y la lidita en la Guerra de losBoer, hacen pensar que la tecnología de la época aúnera insuficiente. Después de la Guerra dejos Boer sefirmaron en La Haya, en 1899 y 1907, resolucionesprohibiendo "el uso de proyectiles cuyo único objetofuera la difusión de gases asfixiantes". Los términosde tal acuerdo eran demasiado específicos. Así empezóla historia moderna de la guerra química, durante laPrimera Guerra Mundial. El 22 de abril de 1915 los alemanes lanzaron sobrelas líneas francesas en Ypres una nube de gas de cloro,matando a más de 5.000 soldados y produciendo otras10.000 bajas. El desastre fue tal que la línea del fren-te se quebró, abriendo a los alemanes el camino delCanal de la Mancha. Pronto empezaron las técnicasde defensa y a fines de abril de 1915 los Aliados inau-guraron el uso de máscaras antigás en los frentes decombate. Se inició una escalada continua de gases tó-xicos y técnicas paliativas, que culminó con el uso ma-sivo del mortífero gas de mostaza (iplirita). Aunqueéste no fue usado hasta la última parte de la guerra,se estima que produjo 400.000 bajas. Se calcula queen total ambos bandos insumieron 124.200 toneladasde gases tóxicos en la contienda. Los horrores de la guerra química y la presencia enlos países europeos de miles y miles de veteranos ga-seados, inválidos condenados a una supervivencia dehospital, impactaron de tal modo a la opinión públicainternacional que se convocó a la Conferencia que enGinebra en 1925 convino la prohibición de todo usode gases asfixiantes, venenosos e incapacitantes. El
  19. 19. 20 Protocolo de Ginebra fue firmado por 32 naciones —entre las que no estaban ni Japón pero sí los Esta- dos Unidos— y abiertamente violado aún antes del comienzo de la Segunda Guerra Mundial: en 1936 las tropas de Mussolini emplearon el gas de mostaza con- tra los etíopes durante la Campaña de Abisinia. Dos particularidades caracterizaron los avances dela, guerra química y biológica durante la Segunda Guerra Mundial: los tremendos progresos, científicos y tecnológicos que produjeron los países en conflictoy su no utilización en los campos de batalla europeos.Años antes del comienzo de la guerra se empezó a desarrollar en Alemania un tipo de gases más mortí-fero de los conocidos hasta ahora: los gases neuro- tóxicos. Estos gases son dos órdenes de magnitud másletales que los utilizados en la Primera Guerra y ade-más carecen de olor. El primer descubrimiento fueaccidental: tratando de conseguir insecticidas más po-derosos, el doctor Gerhard Schrader, investigador delas industrias I. G. Farben, sintetizó un poderosotóxico u órgano fosforado, que fue manufacturadocon el nombre de tabún. En 1938 sintetizó un gasaún más tóxico, el sarín, que mata paralizando el sis-tema nervioso; en 1944 logró el tercer gas neurotóxi-co, el más terrible, el somán. Era demasiado tarde . . .A todo esto también en los países aliados contra elEje se investigaba en el tema. En 1943 el Office of Strategic Services (O.S.S., ser-vicio de informaciones predecesor de la C.I.A.) in-formó a la Junta Suprema de Comandantes que losalemanes podían efectuar un ataque con armas bioló-gicas. Ese mismo año se abrieron las instalaciones deFort Detrick, por muchos años el centro fundamentalde las investigaciones estadounidenses en guerra quí-mica y biológica. De las potencias en guerra fue el Japón la que nose limitó a la investigación de laboratorio en el tema.Además de centros de investigación en guerra quími-ca, como la Escuela de Guerra de Narashino, contócon campos de prueba, donde se experimentaba sobrevíctimas humanas. En un artículo aparecido en 1955 en la revistaBungei Shunju, Hirosh Akiyama, que trabajó en el
  20. 20. 21 centro de investigación, relata cómo murieron entre 1.500 y 2.000 cobayos humanos, infectados con gér- menes de cólera, tifus y peste bubónica. ¿Por qué las armas químicas y biológicas no fue-ron utilizadas en los campos de batalla de Europa nientre los Estados Unidos y Japón? La respuesta esparecida a la de por qué pierden valor las armas nu-cleares estratégicas ante la paridad de "poder de di-suasión" entre las grandes potencias: el desencadenartales armas entre partes igualmente capaces de utili-zarlas se vuelve fatal para todas ellas. Hay que teneren cuenta que el uso de armas químicas y biológicases relativamente sencillo y que, por ejemplo, menosde un cuarto kilo de toxina botulínica, conveniente-mente distribuido, alcanza para matar a toda la po-blación del mundo. Las armas químicas no causaron bajas más que ac-cidentalmente entre los ejércitos que lucharon en Eu-ropa, pero los gases tóxicos fueron empleados durantela guerra. Con Zyklon B, un gas letal también fabri-cado por las I. G. Farbenindustrie, los nazis matarona cientos de miles de judíos y opositores antinazis enlas cámaras de gas de los campos de concentración. Después de la Segunda Guerra Mundial, las armasbacteriológicas reaparecieron en la Guerra de Corea.En febrero de 1952 se denunció el uso que de ellashacían los Estados Unidos. Para comprobar estas de-nuncias se formó la Comisión Científica Internacionalpara la investigación de los hechos concernientes a laguerra bacteriológica en Corea y en China, integradapor científicos de renombre de varios países. Esta co-misión concluyó, tras una larga investigación que "lospueblos de Corea y China han servido de blanco paralas armas bacteriológicas. Estas armas fueron usadaspor destacamentos del ejército de los Estados Unidos,que utilizó para este fin muchos y variados métodos,algunos de los cuales son continuación de los métodosutilizados por el ejército japonés en la Segunda Gue-rra Mundial". Se produjo un informe de 700 páginas,presentado ante las Naciones Unidas en octubre de1962, citando el uso de moscas, piojos, mosquitos,roedores, conejos y otros animales pequeños infecta-dos con gérmenes de cólera, antrax, peste bubónica y
  21. 21. 22fiebre amarilla. Los Estados Unidos refutaron los car-gos y las Naciones Unidas nunca se pronunciaron.Egipto utilizó gases vesicantes en Yemen, desde 1963hasta por lo menos 1967.Los antecedentes Cuarenta años duró la soledad, el cruel aislamientoen que vivían los militares y científicos del Army Che-mical Corps (ACC), ignorados por el Estado Mayor,despreciados por las universidades importantes y ame-nazados cotidianamente con su disolución como orga-nismo. Hartos ya de tantas postergaciones, decidieronen 1959 pasar a la ofensiva lanzando en combina-ción con la Armed Forces Chemical Association —engrupo de militares e industriales directamente subven-cionados por las principales corporaciones químicasnorteamericanas— una campaña publicitaria denomi-nada Operación Cielos Azules. Era el momento delauge de los psicofármacos, y por radio y televisión yla prensa escrita estos profetas de la guerra químicapredicaron el evangelio de las armas incapacitantes,con su slogan hacia una guerra sin muerte. Los gru-pos de presión parlamentarios de la industria químicacompletaron el movimiento de pinzas (la muy impor-tante Comisión de Ciencia y Aeronáutica de la Cá-mara de Representantes se puso de su lado) y en1961 el Army Chemical Corps se vio súbitamentesumergido en dólares, constituyéndose en el núcleocentral de un programa interdisciplinario en "Chemi-cal and Biological Warfare" (Guerra Química y Bio-lógica). De ahí en más, nadaron literalmente endinero. El presupuesto inicial (1961) fue de 57 mi-llones de dólares; en 1965 había ascendido a 155millones, pero esta cifra es parcial ya que en con-cepto de adicionales había recibido otros 117 mi-llones. En 1969, el monto de adicionales había sidocandorosamente sumergido en el rubro de secreto mi-litar. Y además de este presupuesto líquido, están losfondos suplementarios para la construcción de edifi-cios y su equipamiento. El instituto más importante—y más publicitado— del Army Chemical Corps eraFort Detrick, en Maryland, que ocupaba un área de
  22. 22. 231.300 acres y tiene un complejo edilicio evaluado en75 millones de dólares. De acuerdo con el folleto edi-tado por Fort Detrick para atraer investigadores, elestablecimiento era "una de las granjas de animalesmás grandes del mundo" donde "los equipos para es-tudiar los organismos patogénicos (serán) los mejores<^el mundo". A fines de 1970, Fort Detrick fue des-mantelado como parte de la campaña con que el go-bierno del presidente Nixon pretendió publicitar susaperturas pacifistas. Lo peculiar de Fort Detrick no residía en su tamañoni en sus equipos. Mientras un reducido número desus 600 científicos trabajaban en temas de microbio-logía básica, el resto del equipo se dedicaba a pro-gramas que tenían la cualidad de invertir el principiofundamental de la medicina y la salud pública: en for-ma coordinada se buscaba reforzar, perfeccionar, lacapacidad patogénica de ciertos microorganismos cui-dadosamente elegidos; y en los casos en que se in-vestigaba la producción de vacunas protectoras contraciertas infecciones, los resultados eran del más clasi-ficado secreto militar. Sólo el 15 por ciento de losresultados científicos recogidos anualmente en FortDetrick aparecieron publicados en revistas científicasconvencionales, accesibles. El resto forma parte de laliteratura secreta administrada por el Departamentode Defensa (D.O.D.) y sólo accesible en parte paraotras agencias gubernamentales y firmas que realizantrabajos para el gobierno.Microbios a medida La gran mayoría de las enfermedades humanas yanimales de etiología conocida son producidas poragentes biológicos, virus, rickettsias, hongos, proto-zoarios y nematodes. La importancia de las enferme-dades infecciosas en la medicina reside precisamenteen su enorme incidencia y en la contagiosidad. Si bienel desarrollo de la quimioterapia y de las técnicas deinmunización han permitido, junto a los avances dela ingeniería sanitaria y el control de insectos trans-misores, eliminar ciertas infecciones, curar otras y, engeneral, reducir grandemente la mortalidad y morbi-
  23. 23. 24 lidad, el problema de las enfermedades infecciosas per- siste. El porcentaje total de enfermedades causadas por agentes microbianos no ha decrecido, y han prolifera- do nuevas infecciones de muy difícil tratamiento. Para que un microorganismo pueda ser utilizado como arma de guerra, tiene que ser altamente infec- cioso, conservar su virulencia y su capacidad multi- plicativa durante el almacenamiento, transporte y di- seminación; debe ser resistente a las condiciones ex- tremas que le esperan una vez diseminado; la tasa de inactivación espontánea debe ser mínima y la estabi- lidad genética máxima, para no retromutar a formas convencionales; y, finalmente, debe ser factible su cultivo en gran escala. Fort Detrick se ocupaba, en síntesis, en seleccionar ciertas enfermedades tácticamente apetecibles para un enemigo y en forma meticulosa —una verdadera in- geniería de la infección— manipulaba su agente causal hasta convertirlo en un arma biológica, a la vez desa- rrollaba vacunas para proteger a los soldados norte- americanos. La aerobiología Fort Detrick fue uno de los principales centros de investigación en el área de la aerobiología, que es algo así como el estudio de los mecanismos de infección por vía inhalatoria. La aerobiología es especialmente im-^ portante para la guerra biológica, porque la idea de vehiculizar agentes infecciosos por medio de aerosoles —suspensión de pequeñas partículas en el aire— está desplazando los métodos convencionales para transmi- tir enfermedades. El análisis estadístico de los recur- sos clásicos de infección masiva —por ejemplo, el en- venenamiento o la contaminación de fuentes de agua o sistemas de ventilación cerrados— ha demostrado que el número de personas simultáneamente afectadas por la enfermedad es relativamente pequeño y que las po- sibilidades de contrarrestar la maniobra son nume- rosas. Por el contrario, utilizar el aire como vehículo ofrece una masividad excepcional a la vez que hace muy difícil una respuesta sanitaria rápida y efectiva. Muchas de las enfermedades infecciosas se transmi-
  24. 24. 25ten normalmente por vía aérea. El resfrío común, lasinfluenzas, infecciones mico ticas como la coccidioido-micosis, son unos pocos ejemplos que ilustran la efec-tividad de la puerta de entrada respiratoria. Las en-fermedades virales respiratorias son, como grupo, res-ponsables de la mitad o más de las enfermedadesagudas que aquejan al hombre y del 30 al 50 porciento del ausentismo al trabajo de adultos. En las pocas ocasiones en que los científicos deFort Detrick emergieron de sus laboratorios secretospara asistir a congresos técnicos, mostraron una es-pecial predilección por las conferencias multidiscipli-narias sobre infecciones respiratorias, donde casi todoslos trabajos versaban sobre técnicas de aerosolizacióny desarrollo de infecciones por puertas de entrada noconvencionales. Por ejemplo, les interesaba la obten-ción de aerosoles microbianos de gérmenes normal-mente infecciosos por otras vías. Es muy ilustrativo elcaso de la infección de monos con aerosol conteniendoRickettsia rickettsii, el organismo responsable de laterrible fiebre moteada de los montañas Rocallosas, yla infección con aerosol con virus de la fibre amarilla. El virus de la fiebre amarilla cumple normalmenteun ciclo en el que interviene un reservorio —el hom-bre o el mono enfermo— y un vector, el mosquitoAédes aegypti. El hombre enfermo se convierte en undador de virus, que el mosquito transporta infectandoal picar. La profilaxis clásica de la enfermedad con-siste en vacunar a los habitantes de una zona endé-mica y exterminar al mosquito. Es decir, en la formanatural de la enfermedad, la infección respiratoria noexiste. Fort Detrick la inventó. Desde el punto devista clínico, el tipo de puerta de entrada utilizadopor un microorganismo dado puede o no afectar eldesarrollo ulterior de la enfermedad. De por sí, élutilizar una nueva vía de acceso confunde radicalmen- te la sintomatologa clínica y convierte, en el caso dela infección por vía respiratoria, a cada enfermo en unpotencial diseminador —a través de las expectoracio- nes y la tos o el estornudo, clásicos aerosoles bio- lógicos. En Fort Detrick se enfermó hace años un técnico de laboratorio, de una fulminante peste bu- bónica de forma pulmonar. Si bien por varios años
  25. 25. 26se mantuvo el sumario en secreto, como informaciónclasificada, el Departamento de Estado finalmente re-conoció que la persona trabajaba en un laboratoriodonde se perfeccionaban aerosoles de Pasteurella pes-tis, la bacteria causante de la peste bubónica. La for-ma pulmonar de la peste, invariablemente mortal en 1 a 5 días si no se inicia inmediatamente el trata-miento específico con antibióticos es sensacionalmentecontagiosa y es la más temida porque prescinde de larata como vector; por otra parte, su sintomatología estan diferente a la de la peste bubónica ganglionar quelos médicos —si no sospechan la posibilidad de unainfección por P. pestis—, encuentran muy difícil lle-gar al diagnóstico (y por ende al tratamiento) con larequerida celeridad.Posibilidades biológicas Los manuales no clasificados del ejército norteame-ricano sobre guerra biológica, los folletos del Departa-mento de Defensa y de Fort Detrick utilizados paraatraer y reclutar investigadores y las publicaciones paramilitares permiten obtener una idea del tipo de en-fermedades consideradas útiles por el Pentágono. To-das son invalidantes, algunas con períodos agudos degran mortalidad, otras con tendencia a una cronicidadsiderante. Entre los organismos estudiados y presumiblementeen primera línea de utilidad, están los causantes de labrucelosis, la tularemia, la fiebre moteada por las Mon-tañas Rocallosas, la psitacosis, la coccidioidiomicosisy el botulismo. La magnitud de los proyectos de gue-rra química y biológica y la enorme cantidad de dinerodisponible hicieron muy popular en el ambiente cien-tífico norteamericano, tanto industrial como universi-tario, el tema de la guerra biológica. La cooperación einterrelación entre organismos militares y otros cen-tros de investigación comenzó cuando el Army Che-mical Corps transfirió al Servicio de Salud Pública uncuantioso subsidio, que aseguró la ayuda de esta úl-tima institución a proyectos clasificados "de interésnacional". Poco tiempo después, la National Acade-my of Sciences, el organismo más prestigioso e im-
  26. 26. 27portante de la ciencia norteamericana —inspirada porel Servicio de Salud Pública y presionada por ciertosgrupos de la American Chemical Society y de la Ame-rican Society for Microbiology— inició la colaboracióncon el Departamento de Defensa y abrió una serie deoportunidades para investigaciones en guerra biológicay química, muy bien remuneradas, para atraer talentoa Fort Detrick. Una vez que la Academia estableció el contacto, lasuniversidades norteamericanas se abalanzaron sobreesta jugosa fuente de fondos y se formó así una enor-me red de laboratorios que, funcionando en diferentesinstituciones, dependían económica y temáticamentede Fort Detrick. Pennsylvania State University esta-ba enteramente dedicada al D.O.D. John HopkinsUniversity, por ejemplo, recibió entre 1955 y 1963más de un millón de dólares dedicados a estudiar lapatología y la clínica de enfermedades de potencial usocomo agentes de guerra química y biológica y la eva-luación de ciertas respuestas inmunológicas y clínicasa toxoides y vacunas. Estas investigaciones, que pro-seguían hasta 1967, no eran comentadas en los semi-narios normales de la universidad, y sus resultados nose publicaron nunca en las revistas científicas habi-tuales. El Centro Médico de la Universidad de Dukeha estado trabajando desde hace 10 años en la pro-ducción de una vacuna contra el Coccidiodes immitis,y solo parte de los hallazgos ha sido publicada. EnStanford, la totalidad de los proyectos relacionadoscon G. Q. B. son clasificados. Varios grupos delM.I.T., Michigan State University, Ohio State Univer-sity, University of Minnesota y University of Chicago,están subvencionados por proyectos de defensa peropueden publicar en los canales convencionales. Unode los medios más atrayentes para desviar talento yrecursos a la investigación sobre guerra química ybiológica es el de ofrecer becas para doctorado a es-tudiantes graduados. Importante como es la contribución de las univer-sidades al desarrollo de la guerra química y biológica,más de la mitad del dinero invertido con este propó-sito es otorgado a firmas industriales y de centros deinvestigación independientes, como la Arthur D. Lit-
  27. 27. 28tle, Inc., que son considerados como la más prolíficafuente de nuevos compuestos y agentes químicos.Nuevamente J. F. Kennedy El cientificismo del malogrado presidente Kennedyprodujo otro proyecto, denominado Agüe, con un pre- supuesto inicial de 30 millones de dólares anuales quecontemplaba la investigación y desarrollo de produc- tos tóxicos para plantas, a ser utilizados en guerras decontrainsurgencia. Las ventajas de estos productos aparecen expuestas en detalle en el Manual del Ejército NorteamericanoTM 3-216, "Biología Militar y Agentes Biológicos",en el que se describen a los productos químicos defo-liantes y herbicidas como dotados de "un alto poderofensivo para destruir o limitar seriamente la produc-ción de alimentos agrícolas y para defoliar vegeta-ción". Agrega que "no existen recursos defensivosprobados contra estos compuestos. Cuando los sínto-mas aparecen en las plantas tratadas, nada puedehacerse para evitar la destrucción. Los productos sondetoxificados en el suelo después de un período devarias semanas o meses". Otro malogrado dirigente de pueblos libres, el pre-mier survietnamita Ngo Dinh Diem, fue el inspiradordel uso masivo de estos agentes químicos. Los norte-americanos comenzaron en 1961 un plan de defolia-ción de Vietnam del Sur, cuyo objetivo táctico era ladestrucción de las selvas utilizadas por el Frente deLiberación Nacional como refugios, bases de opera-ciones militares y sitios de emboscada. El pobre Diem .tenía otras ideas del respecto, y no cesaba de repetir,en un show bien estudiado lleno de mapas y cifras,que la destrucción de la selva no era lo importante.Lo que Diem quería era la destrucción sistemática detodos los campos cultivados en zonas de influencia delFrente de Liberación Nacional. Después de muchoinsistir —ningún visitante norteamericano podía evi-tar, en Saigón, el show de Diem— accedieron a llevaren cada vuelo de rociamiento con gases fitotóxicos, unoficial survietnamita responsable, encargado de iden-tificar y ordenar el tratamiento de cultivos en zonas
  28. 28. 29dominadas por el FLN. Fue entonces cuando RogerHilsman, jefe de Inteligencia del Departamento de Es-tado y Secretario Asistente para Asuntos del LejanoOriente durante la administración Kennedy, se opusoa la utilización de aviones y pilotos norteamericanosporque las "repercusiones políticas a la larga seríantales que dejarían sin valor las posibles ventajas tác-ticas" de la defoliación, ya que la guerra fitotóxica era"muy reminiscente de la guerra de gases".Pentágono I Pero el Pentágono, con su clásica indiferencia porla opinión y las órdenes de las autoridades civiles, sededicó a entrenar pilotos survienamitas que tomaron asu cargo los programas de guerra química, utilizandoaviones norteamericanos repintados con los colores deVietnam del Sur. Cuando en febrero de 1962 la Unión Soviética acu-só a los Estados Unidos de estar utilizando recursosde guerra química en Vietnam, el New York Timesrechazó los cargos aduciendo que sólo se considerabanobjetivos militares las selvas y los pastizales, y quepilotos norteamericanos no intervenían en operacionescontra sembradíos. La contestación era técnicamentecorrecta, pero se olvidaba del informe semioficial apa-recido en la revista Newsweek de fines de noviembrede 1961, donde se explicitaba que instructores norte-americanos de las Fuerzas Especiales estaban instru-yendo a pilotos vienamitas en el uso de agentes quí-micos que podían destruir instantáneamente cultivosde arroz o de cualquier otra planta, para ser utiliza-dos contra las bases agrícolas del Frente de LiberaciónNacional. Como hasta 1961 toda la investigación sobre herbi-cidas provenía de terrenos experimentales situados enlas zonas templadas del hemisferio norte, especial-mente en los Estados Unidos, Gran Bretaña, Alema-nia y Suecia, poco o nada se sabía sobre el efecto delos fitotóxicos en terrenos y vegetaciones como lasexistentes en Vietnam. El Pentágono, urgentementenecesitado de información, concibió entonces la ideade instalar centros de investigación en herbicidas en
  29. 29. 30otros países asiáticos, del mismo clima y tipo de terre-no que Vietnam pero sin guerrillas molestas. Este pro-yecto del Pentágono fue enfáticamente combatido porel Departamento de Estado, a través del embajadorplenipotenciario Averrel W. Harriman, pero pese a laoposición se materializó a los pocos meses en forma deuna serie de centros secretos, muchos de ellos en Tai-landia, país en el que se los engloba en un proyectodenominado en código Ocunus Defoliation Test. Des-de de 1964, es incesante el uso de estos centros tailan-deses, en dos regiones que comprende jungla tropicalperenne seca y bosques secundarios con vegetaciónachaparrada, para la experimentación de fitotóxicos. Como el resto de la aventura vietnamita, el pro-grama de defoliación norteamericano tuvo orígeneshumildes. En noviembre de 1961, se utilizaban seisaviones de transporte de tropas C-123, reacondiciona-dos y provistos de tanques externos de fumigación ca-paces de transportar 10.000 libras de defoliante —casi5.000 kilogramos—, cantidad necesaria para rociar120 hectáreas con la concentración máxima de 28 li-tros por hectárea. Estos aviones, que utilizaban comobase el aeropuerto militar de Clark Field, en las Fili-pinas, efectuaron 60 vuelos entre noviembre y diciem-bre de 1961 y 107 misiones en 1962. El nombrede guerra de la unidad de rociamiento era entoncesOperative Ranch Hand y su comandante, el mayorRalph Dresser de la Fuera Aérea, le comentó una vezal corresponsal de la revista Flying (el órgano de pren-sa de la industria aeronáutica norteamericana) que suequipo era el más odiado en todo Vietnam. A pesarde su modestia inicial, en el 1967 el programa de defo-liación tenía asignados —conocidos— 60 millones dedólares anuales y contaba con una flota mucho másnumerosa de C-123 y con 18 supertanques a reacción.Y con dinero de misterioso origen, el proyecto adqui-rió para 1967 un total de 60 millones de dólares enherbicidas y defoliante no clasificados, cantidad quealcanza para 12.000 raids de C-123, es decir, pararociar 1.440.000 hectáreas, la mitad de la superficiearable de Vietnam del Sur. Esta compra desmesuradade herbicidas significó, según la revista Business Week,que las industrias dedicadas a este rubro tenían ase-
  30. 30. 31gurada la venta de su producción por cuatro años, yque la prioridad del abastecimiento militar traeríaproblemas a los productores agrícolas norteamerica-nos, que habían experimentado una situación similaren 1964, cuando era casi imposible conseguir 2,4,5-Ty 2,4-D, dos de los herbicidas más utilizados en losEstados Unidos.Entre lo útil y lo agradable A principios de 1968, los corresponsables acredita-dos ante el Pentágono recogieron las razones por lascuales el comando militar norteamericano decidió de-sarrollar la guerf& fitotóxica: la necesidad de realizarexperimentos de defoliación en zonas de jungla densa,las necesidades tácticas de la infantería combatienteen Vietnam, que considera la defoliación sistemáticacomo la única manera de terminar con el constantepeligro de las emboscadas en senderos y caminos sel-váticos y, por último, a la presión monstruosa ejercidapor el Army Chemical Corps, que a toda costa queríavender al ejército los inventarios completos, en el ru-bro herbicida, de ciertas firmas industriales. No esningún secreto que las principales productoras de her-bicidas son la Dupont de Nemours y la Dow Chemical—la misma firma que manufactura y distribuye elnapalm. El otro lado de la historia se deja entrever en elinforme presentado por Roger Hilsman al Comité deDefensa de la Cámara de Representantes, cuando co-mentando su inspección de zonas de combate defolia-das, expresó textualmente: "Las hojas no estaban, pero permanecían las ramasy los troncos. Pero ( . . . ) no son las hojas ni los tron-cos lo que los guerrilleros utilizan como escondite,sino las curvas del camino, las alturas y los valles.Más tarde, el decano de la Misión Militar Australianaen el Vietnam del Sur, coronel Serong, me indicó quela defoliación en realidad favorece a las emboscadas,porque cuando hay vegetación cerca del camino lossoldados atacados pueden buscar protección en ella,pero cuando ha sido destruida, los guerrilleros tienenun campo de fuego mucho mayor."
  31. 31. 32Los herbicidas Los tres herbicidas básicos utilizados en Vietnamdel Sur son los siguientes: a) agente naranja, mezclapor partes iguales de esteres n-butilos de 2,4-D y2,4,5-T, para defoliaciones de selva; b) una combi-nación de picloram y 2,4-D en un solvente poco volá-til especial para control de arbustos y que requiere—en aplicaciones civiles— una técnica muy cuidadosay precisa para evitar destrucciones masivas de vegeta-ción, y c) el agente azul, o ácido cacodílico, un herbi-cida arsenicado empleado en Vietnam del Sur paradestruir arrozales y en Estados Unidos para el controldel pasto. Esta lista escueta, publicada por el Pentágono, re-sulta ampliamente superada por la que dio a conocerla Associated Press en marzo de 1967, que conteníaen su mayor parte productos nombrados por sus de-nominaciones en código. Mientras el Pentágono in-siste en que estos productos no son tóxicos para elhombre ni sus animales, la información química habi-tual dice lo contrario. El ácido cacodílico, o agenteazul, es un ácido orgánico arsenicado que tiene un54,29.por ciento de arsénico, según el Merck Index ofChemicals and Drugs, y cuya letalidad en perros esconsiderable: la dosis letal media es de 1 gramo porkilo peso. Es precisamente por esta extrema toxicidadque, en el uso civil, la aplicación de ácido cacodílicorequiere la colaboración de pilotos muy experimenta-dos, ya que se .debe evitar la contaminación de fruta-les y otros vegetales, según lo advierte Alden Croft,profesor de la Universidad de California, en su texto"The Chemistry and Mode of Action of Herbicides".Los compuestos 2,4-D y 2,4,5-T también requierenuna cuidadosa aplicación, pues se trata de fitotóxicosinespecíficos que según la dosis, destruyen una granvariedad de árboles y plantas. Estos compuestos —áci-dos diclorofenoxiacético y triclorofenoxiacético, res-pectivamente— én pequeña cantidad se comportan co-mo si fueran las hormonas normales de crecimientode las plantas, induciendo el crecimiento de tallos, raí-ces, hojas, la floración, la fructificación, la maduracióny la caída de los frutos y las hojas. En cantidades ma-
  32. 32. 33yores, estos derivados del ácido fenoxiacético son ve-nenos potentísimos, pues provocan en las plantas unaexplosión de crecimiento: los tejidos vegetales creceny se diferencian en minutos, desenfrenadamente, cum-pliendo en poco más de un día su ciclo vital, para ter-minar marchitándose y muriéndose por el enormegasto metabólico. La falta de especificidad de estoscompuestos y su gran potencia hace que una fumiga-ción ineficiente determine una masiva destrucciónvegetal en una vasta zona. Por otra parte, como lafumigación se efectúa a baja altura, en zonas de co-rrientes aéreas variables, es necesario tener un máximode cuidado a fin de evitar la dispersión y el desplaza-miento del tóxico. Pero los detalles de las operacionesde rociamiento que ofrecen los pilotos del proyectoRanch Hand no dejan ninguna duda sobre el particu-lar: como deben volar tan bajo, sus aviones son so-metidos a un intenso tiroteo desde tierra, que losobliga- a ejecutar maniobras evasivas constantementey en momentos de peligro mayor, deben expulsar en30 segundos su cargamento de 3.700 litros de herbi-cida para retomar altura y escapar de los proyectilesde rifle y ametralladora liviana que los reciben al volarsobre los pueblos. Es decir, que una operación de fu-migación de sembrados con herbicidas resulta unaaventura peligrosa, que impide hacer las cosas conmucho cuidado y donde la requerida parsimonia delpiloto se reemplaza por un sálvese quien pueda. El re-sultado es una ciega diseminación de tóxicos sobre unárea muy amplia y en muchos casos, como las emer-gencias tan comunes, las concentraciones de compues-tos químicos rociados llegan a niveles inauditos. Losmismos norteamericanos experimentaron estos azaresde la fumigación cuando el rociamiento poco cuida-doso de un área militar provocó la defoliación de latotalidad de la plantación de caucho de la Michelin,cerca de Saigón, con un costo estimado de 87 dólarespor árbol para el erario público norteamericano. En 1961 sólo se hablaba de defoliación de selvas.Recién en marzo de 1966 el Departamento de Estadoreconoció oficialmente que 20.000 acres de cultivoshabían sido deliberadamente tratados con herbicidas.Sin embargo, un despacho desde Saigón aparecido en
  33. 33. 34el New York Times, elevaba a 52.000 hectáreas eltotal de sembradíos tratados con fitotóxicos desde1962. En febrero de 1962 el Pentágono informó, através del Departamento de Defensa, que se habíanutilizado suficiente cantidad de fitotóxicos como parafumigar 386.000 hectáreas, pero que como muchasáreas fueron repetidamente tratadas, el "área total dedefoliación es significativamente menor". Si bien este informe no especificaba la cantidad dehectáreas defoliadas y la cantidad de cultivos destrui-dos, el general John P. McConnell, el entonces jefe deEstado Mayor de la Fuerza Aérea, declaró en 1967,.ante el Senado, que del millón de acres tratados desde1962, 60.000 hectáreas correspondían a sembradíos.Estas cifras contrastan con las presentadas por el pro-fesor Yoisi Fukushima, presidente de la Sección deAgronomía del Consejo Nacional de Ciencia del Japón,que realizó en 1967 un estudio sobre la campaña defo-liativa norteamericana en Vietnam del Sur. Según Fu-kushima, los ataques norteamericanos con herbicidas ydefoliantes habían destruido, hasta entonces, más de1,6 millones de hectáreas de sembradíos y tierra ara-ble, con un saldo de 1.000 campesinos muertos y másde 13.000 cabezas de ganado envenenadas. Una nueva generación de defoliantes está siendoya utilizada en Vietnam. El corresponsal del NewYork Times en Vietnam, Charles Mohr, anunció el 17 de octubre de 1967 que se estaba utilizando unanueva droga defoliante en el sudeste de Laos, paracontrarrestar la infiltración de guerrilleros a lo largode la Senda de Ho Chi Minh. Este nuevo tóxico, segúnlos informantes de Mohr, es especialmente efectivopor la rapidez de su acción y por su prolongada per-manencia en el suelo después de aplicado. Es posible—Mohr no lo identificó en su nota— que el nuevofitotóxico aludido sea el Tordon 101, el agente blancodesarrollado por la benemérita Dow Chemical Co.,comentado elogiosamente en el Technical AbstractBulletin del 1? de julio de 1965. Entre los agentesbiológicos más efectivos contra plantas se destacan loshongos. La trágica Hambruna de las Papas que desvas- tó Irlanda en 1840 se debió a una epidemia de mil-diu, una enfermedad de las papas causada por el
  34. 34. 35hongo Phytophtora infestants. Los esporos de los hon-gos son arrastrados por el viento, la lluvia, los ríos ypor insectos, animales y restos de plantas; pequeñascantidades de esporos pueden infectar áreas muy ex-tensas. Una de las pestes más dañinas del trigo estácausada por el hongo Puccinia graminis tritici; entrelos proyectos conocidos del Departamento de Agri-cultura de la Universidad de Minnesota está la eva-luación de diversas cepas de este hongo en sú viru-lencia y aplicabilidad militar. Otra peste muy útil esla enfermedad del arroz causada por el hongo Piricu-laria oryzae. En 1966 el ejército otorgó a una investi-gadora de Fort Detrick la Medalla del Servicio Dis-tinguido —la condecoración más alta a que puedeaspirar un civil en los Estados Unidos— por el desa-rrollo de cepas especialmente virulentas de hongos queatacan el arroz en tiempos récord.Los efectos de la defoliación La totalidad de los datos científicos existentes sobrela persistencia y metabolización de los herbicidas pro-venían, hasta la guerra de Vietnam, de estudios reali-zados en suelos norteamericanos o europeos.. Mientrasque en esas regiones los microorganismos del suelodan cuenta muy rápidamente de los herbicidas, des-componiéndolos o alterando sus moléculas hasta hacer-las inofensivas —el proceso de detoxificación— hayuna creciente evidencia que en los barros anaeróbicosde los fondos de los pantanos y arrozales vietnamitasnada de esto ocurre, y que los compuestos quedan portiempo indefinido ejerciendo su acción tóxica. Quiensin duda tiene datos sobre el particular es el Pentá-gono, que recoge información de sus campos experi-mentales asiáticos, pero en el informe ofrecido a laprensa en enero de este año, se hacía hincapié a queen base a la experiencia norteamericana, no se corríaningún riesgo de alterar gravemente la ecología por eluso de los herbicidas en cuestión. Arthur W. Galston,profesor de Biología en la Universidad de Yale y actualpresidente de la Sociedad Botánica de Norteamérica,puntualizó así sus objeciones puramente científicas aluso militar de herbicidas en Vietnam:
  35. 35. 36 1. Algunos de los herbicidas utilizados, como el áci-do cacodílico, son suficientemente tóxicos para elhombre como para prohibir su uso indiscriminadosobre áreas pobladas. Otros, como los derivados delácido fenoxiacético, son poco tóxicos en pequeñasdosis —las utilizadas en Estados Unidos con fines ci-viles— pero la exposición repetida a los mismos, yen las altas concentraciones utilizadas en Vietnam,provocan en el hombre lesiones cutáneas, oculares yrespiratorias cuya evolución se desconoce. 2. Algunos de los productos químicos utilizadosen Vietnam, como el picloram, tienen una vida mediaen el suelo que es excesivamente larga. La Dow Che-mical, que lo manufactura, informa que sólo el 3 porciento desaparece —en suelos norteamericanos— a los400 días. Es decir, que la falta de detoxificación efec-tiva en el suelo vietnamita permite producir un efectodesorbitado sobre las áreas rociadas. 3. Aun si fueran totalmente inocuos y se detoxi-ficaran rápidamente, los efectos del uso continuado yrepetido de derivados del ácido fenoxiacético tendránefectos terribles en la ecología del habitat selvático.La estabilidad del suelo depende de la flora micro-biana, que produce sin cesar sustancias que cemen-tan entre sí a partículas elementales de tierra, hastaformar terrones unitarios. Con las defoliaciones ma-sivas, la fotosíntesis cesa y la alimentación de losmicrobios, provista por sustancias nitrogenadas secre-tadas por las raíces, se interrumpe. En estas condicio-nes, el suelo pierde cohesividad, se hace inestable bajolluvias intensas como las de Vietnam, y el resultadoes la movilización de grandes capas fértiles a los ríos. 4. La defoliación de las selvas altera totalmentelos ciclos vitales de insectos, roedores y mamíferospequeños, que a su vez resulta en la alteración totalde los mecanismos naturales que hacen posible larealización exitosa de labores agropecuarias, tornandoa su vez el lugar altamente vulnerable a epidemiasy epizootias.
  36. 36. 37Peste bubónica, importación y exportación En 1964, Vietnam del Sur exportaba 49 millonesde toneladas de arroz, en 1968, debió comprar 800.000toneladas al Departamento de Agricultura de los Es-tados Unidos para solucionar parcialmente la escasezdel grano en ciertas zonas del país. El 3 de diciembre de 1967, el New York Times dioa conocer el informe del Comando de Defoliación delI I I Cuerpo de ejército norteamericano —que operaen la zona norte del Vietnam del Sur— donde seasegura que 40.800 hectáreas han quedado sin ras-tros de vegetación después de campañas de rocia-miento reiterado para evitar la repoblación vegetal. La Organización Mundial de la Salud, en su in-forme de enero de 1968, indica que las enfermedadespor carencia vitamínica —beri beri, ceguera nocturna,anemias— son ya masivas en Vietnam del Sur. Porotra parte, denuncia la aparición de enfermedades in-fecciosas como la peste bubónica en tal número quese corren riesgos de epidemias masivas. La malnutri-ción ¿n la población civil, concluye el informe, hallegado a un punto nunca visto en el país con ante-rioridad. ¿Quiénes sufren los efectos de la defolia-ción? Como los norteamericanos saben por su do-lorosa experiencia, no son las Fuerzas de LiberaciónNacional las afectadas. Los viejos, los inválidos, losniños, los lactantes, las embarazadas y las parturientasconfiguran el grupo directamente afectado por la li-quidación sistemática de los sembradíos. Sin embargo,la campaña sigue, y el número de zonas devastadaspor agentes químicos continúa el ascenso. La asime-tría de la guerra de Vietnam se muestra aquí también:el único objetivo militar alcanzable por los norteame-ricanos es la población civil, a quien diezma y con-vierte simultáneamente en enemiga. El objetivo mi-litar del Frente de Liberación es el ejército norteame-ricano, a quien diezma y confunde. El FLN mata ene-migos, los norteamericanos fabrican Vietcongs.
  37. 37. 38Defoliación y malformaciones fetales Mientras la defoliación continuaba en Vietnam, elFrente Nacional de Liberación y el Gobierno Provi-sional Revolucionario de Vietnam del Sur luego, de-nunciaban una y otra vez que en las áreas rociadas con2,4,5-T la incidencia de recién nacidos con deformi-dades y de abortos de fetos monstruosos había subidoalarmantemente. En tanto la prensa norteamericana yeuropea callaba esas denuncias o las englobaba en lacategoría degradante de "propaganda", el NationalCáncer Institute de los Estados Unidos había encar-gado en 1966 a los Bionetics Research Laboratoriesuna empresa norteamericana dedicada a efectuar in-vestigaciones básicas y tecnológicas por cuenta de ter-ceros, la realización de un estudio sobre el posibleefecto teratogénico (productor de malformaciones fe-tales) de los defoliantes. Estas investigaciones ultra-secretas arrojaron resultados positivos: el 2,4,5-T esaltamente teratogénico para los animales de experi-mentación. Pese a que en 1968 la Federal Drug Ad-ministration y el National Cáncer Institute habíansido ya oficialmente notificados por la Bionetics acercade la teratogenicidad del 2,4,5-T, ese año se defolia-ron más de medio millón de hectáreas en Vietnam delSur. Sin embargo, una filtración informativa análogaa la que permitió el conocimiento público de los in-formes sobre Vietnam del Pentágono en 1971, causóuna gran conmoción general en los Estados Unidos,al publicarse una comunicación secreta de los Bione-tics Research Laboratories a fines de 1969. El Na-tional Cáncer Institute no tuvo más remedio queconfirmar públicamente tanto el resultado de las in-vestigaciones como el hecho de haber sido notificadocasi dos años antes. Nuevamente la opinión pública en general y loscientíficos en particular se enfrentaron con la realidadde la guerra colonial. La masacre de Mi Lai estabafresca en los titulares cuando apareció el informe so-bre la toxicidad de los defoliantes para el /feto. Lapresión política sobre el gobierno de Nixon determinóque el físico Lee DuBridge, asesor del presidente encuestiones científicas, prohibiera en abril de 1970 el
  38. 38. 39uso del 2,4,5-T en los Estados Unidos, mientras elPentágono anunciaba oficialmente que no había re-cibido ninguna orden presidencial para interrumpirlos programas de defoliación en Vietnam. Una vezmás el establishment norteamericano dio una pruebade racismo a escala internacional; a las bombas deHiroshima y Nagasaki, arrojadas sobre Japón cuandola guerra estaba ya ganada, "porque los amarillos sonprescindibles" se suma ahora Vietnam, donde en for-ma indiscriminada y abrumadora se rocía con agentesdefoliantes teratogénicos objetivos civiles, mientras seprohibe su utilización en los Estados Unidos. Estaprohibición constituye una verdadera farsa, ya que lascondiciones en que se lo usa en los Estados Unidosno revisten ninguna peligrosidad, pues se lo empleacomo herbicida (no como defoliante masivo) y ja-más cerca de fuentes naturales de agua ni de po-blaciones. Confirmando las denuncias del Frente Nacional deLiberación y del Gobierno Provisional Revolucionariode Vietnam del Sur, el doctor Mathew Meselson, pro-fesor de Biología Molecular de la Universidad deHarvard, miembro de la National Academy of Scien-ces, y recipendario del premio más importante de laciencia norteamericana para la biología experimental—el U. S. National Academy Prize for MolecularBiology— visitó hospitales survietnamitas a princi-pios de 1971 y comprobó personalmente que desdeel comienzo de los programas de defoliación las mal-formaciones congénitas se acrecentaron en ese país,como puede leerse en la revista científica norteame-ricana Science (8 de enero de 1971). Sin embargo, la cuestión defoliantes no acabó ahí,ya que la decisión oficial sobre el uso del 2,4,5-Tfue impugnada por dos de las empresas que lo ma-nufacturan, la Dow Chemical Company y la HerculesIncorporated. Y sucedió algo escandaloso: se decidióapelar a la National Academy of Sciences, el organis-mo más importante de la ciencia norteamericana yuna de las corporaciones científicas de más renombrey prestigio del mundo. La Academia aceptó el papelsalomónico y comenzó por confeccionar una lista deposibles nombres para integrar la comisión encargada
  39. 39. 40de fallar sobre el caso, pero al hacerlo olvidó —pe-queño detalle— de constatar si existía o no algúnconflicto de intereses entre las personas propuestasy el tema en cuestión. Sucedió que sí existía, porqueentre los panelistas propuestos había un candidatode la Dow Chemical y otro de Monsanto, dos de losproductores más importantes de 2,4,5-T. Inmediata-mente se planteó la incompatibilidad y si bien seexcluyeron a esos nombres, la presidencia de la co-misión recayó en J. G. Wilson, lo cual también sus-citó una violenta reacción ya que no son secretas susconexiones con la Hoechst Pharmaceutical Company,los Mcneil Laboratories y Procter and Gamble. Final-mente se formó un panel sin conexiones muy evidentescon los productores de 2,4,5,-T, que falló en contrala prohibición del defoliante en base a "falta de da-tos". Esto suscitó otro escándalo en la comunidad cien-tífica (ver Science, 13 de agosto de 1971) y la se-riedad de la National Academy of Sciences por primeravez pasó a ser cuestionada por mucha gente que hastaentonces suponía que constituía el paradigma y lasgarantía de juicios científicos no contaminados por losintereses corporativos.Pentágono II " . . .Los Estados Unidos no han adherido a ningúntratado, actualmente en vigencia, que prohiba, o res-trinja, el uso en guerra de gases tóxicos —o no— ohumo, o materiales incendiarios, o de guerra bacterio-lógica". Así dice el Army Field Manual 27-10 delejército norteamericano. El Departamento de Estadonunca fue partidario demasiado entusiasta de los agen-tes de guerra biológica y química, pero cuando en losprimeros meses de 1964 el Pentágono le solicitó enforma oficial que evaluara jurídicamente el uso degases no letales en Vietnam presentó un .informe ecléc-tico dando el visto bueno, pero con "limitaciones"—.De todos modos, el pedido del Pentágono había sidopura formalidad, porque desde 1962 estaba equipan-do a los soldados survietnamitas con una variedadde gases lacrimógenos perfeccionados, como simplepreámbulo a su uso en el campo de batalla en 1964.
  40. 40. 41 En rigor, los Estados Unidos fueron parte y fir-maron el acuerdo de la Conferencia de Ginebra de1925 que declaró ilegal el uso en guerra de gasesasfixiantes, venenosos y de todo tipo/Lo ambiguo dela situación proviene del hecho que el Comité de Re-laciones Exteriores del Senado, en una sesión a puer-tas cerradas, se negó en 1926 a ratificar la firma delacuerdo. Era un peculiar momento en la vida políticanorteamericana, donde una nueva ola de aislacionismose hacía sentir en todo momento y cuando la LegiónAmericana, con el apoyo de la American ChemicalSociety, tenía opiniones muy definidas a favor de losarsenales químicos. En 1943, F. D. Rooselvet definió la política nor-teamericana referente al uso de gases en la SegundaGuerra Mundial: no iban a emplearse a menos que laspotencias del Eje lo hicieran primero. El mismo Ei-senhower se negó a usarlos en Corea en forma ofen-siva. Pero en 1960 tanto el Departamento de Estadocomo el Pentágono, en forma oficial, ratificaron queel objetivo del desarrollo de arsenales biológicos yquímicos era el tener un espectro de armamentos ade-cuado para responder a una acción hostil de todo tipo. En 1965, ocurrió un cambio radical en el conte-nido de las declaraciones oficiales del Departamento^de Estado: Dean Rusk y Cyrus Vanee comenzarona asegurar, reiteradamente, que los Estados Unidos"no utilizaban gases letales en Vietnam del Sur". Delos otros, sí.El caso Utter Los técnicos de psicología social del Pentágonoefectuaron uno de los mejores trucos publicitarios queregistra la historia política norteamericana, para ven-derle a la población el uso de gases en Vietnam sinque protestara por el mal olor. Fabricaron el casoUtter, que efectivamente paralizó todo tipo de pro-testa organizada de la opinión pública, mientras eluso de gases se generalizaba hasta convertirse en otrorecurso habitual de la guerra. L. N. Utter era un te-niente coronel de los Marines, que comandaba unbatallón. El 7 de setiembre de 1965, el comando ñor-
  41. 41. 42teamericano en Saigón dio a conocer un comunicadode prensa anunciando que el teniente coronel Utterestaba detenido y se le había instituido un sumariopor haber autorizado el uso de 18 granadas de gas la-crimógeno en el transcurso de una pequeña operaciónde patrulla. Según la versión de New York Times, el coronelUtter había desechado la idea de usar granadas defragmentación, lanzallamas o armas automáticas paradesalojar a "sospechosos" de sus reductos, porqueéstos se escudaban con mujeres y niños. El uso de gaslacrimógeno, pues, le había parecido lo más humani-tario. La promesa de una investigación y de ser ne-cesario, un juicio, y la abundante propaganda sobrelos motivos humanitarios de la acción del teniente co-ronel Utter colmaron inmediatamente la prensa nor-teamericana. Se acusaba a Utter por no haber pedidoautorización a Westmoreland antes de ordenar el usode gases. Dos semanas más tarde, el 22 de setiembre,Westmoreland solicitaba —con una gran parafernaliapublicitaria— permiso para utilizar gases cuando suaplicación fuera más humanitaria que el uso de armasconvencionales. El New York Times, al comentar elpedido, recalcaba que Westmoreland había tenidosiempre esa autorización. El 25 de setiembre, Westmoreland anunció queno se tomaría ninguna medida disciplinaria contraUtter; se negó en lo sucesivo a discutir el caso y elsumario nunca fue dado a conocer a la prensa. En octubre de 1965, en el documento público queprodujo una compañía de consultores del TravellersResearch Center, de Hartford, Connecticut, por en-cargo del Pentágono, para analizar la política oficialde los Estados Unidos con respecto al uso de armasquímicas y biológicas, se deja bien establecido queni el Pentágono ni la comandancia norteamericana enSaigón habían dado nunca órdenes de no usar gas,que el uso de gas de cualquier tipo lo determinaba elcomandante de cada unidad en el teatro de operacio-nes y que el general Wallace M. Greene, comandanteen jefe del Cuerpo de Marines, había confirmado enuna carta privada que "no había habido, ni hay ahora,ni habrá ninguna intención de someter a Utter a una
  42. 42. 43corte marcial, o aplicarle sanción disciplinaria de nin-gún tipo". Los resultados del asunto Utter fueron evaluadosasí por el semanario Navy, órgano oficial de la ma-rina norteamericana, en su editorial de octubre de 1965: "La reacción de la prensa esta vez ha sido muyfavorable, indicando que ahora los editores norteame-ricanos se dan cuenta cuanto más humanitario es eluso de gas que los mortales efectos del napalm, loslanzallamas y las armas automáticas."Gas: primera generación Hasta 1964, los tres gases utilizados en Vietnamdel Sur eran el CN, el CS y el DM. Los manuales decampo del ejército norteamericano definen la acciónde estos agentes como productores de "efectos fisio-lógicos irritantes o invalidantes temporariamente cuan-do entran en contacto con los ojos o cuando se in-halan. Estos gases para control de turbas, usados enconcentraciones adecuadas, no lesionan en forma per-manente". Estos gases tienen una historia antigua: elCN y el DM fueron inventados en los últimos añosde la Primera Guerra Mundial, y el CS fue inventadoen Inglaterra en la década del 50 y adaptado por losnorteamericanos. El nombre químico del CN es clo-roacetofenona. Es un gas lacrimógeno de acción rá-pida y un irritante de las vías respiratorias superiores.Según un texto militar, el TM3-215, en "concentra-ciones altas es un irritante de la piel, que causa sensa-ciones de quemadura y escozor en las partes húmedasdel tegumento; concentraciones aún mayores producenampollas, y en general la sintomatología es la de que-maduras actínicas". El CS es el -o-clorobenzalmalo-nonitrilo, y el TM3-215 comenta sus efectos fisioló-gicos: "el CS produce efectos inmediatos aún en con-centraciones bajas. El comienzo de la incapacitaciónes a los 20 ó 30 segundos después de la exposicióny la duración de sus efectos se prolonga hasta 10 mi-nutos después que el individuo se encuentra respiran-do aire fresco. Bajo efectos de la droga, el individuoestá incapacitado para efectuar ninguna acción coor-dinada. Tos, abundantes lágrimas, sensación de que-
  43. 43. 44mazón en los ojos, dificultad creciente para respirar,dolor torácico, cierre involuntario de los ojos, mareosy pérdida del sentido. Concentraciones mayores pro-ducen náuseas y vómitos". Hasta la fecha el ejércitonorteamericano arrojó en Vietnam más de 7.000 to-neladas de CS. El DM, o adamsita, es el más tóxico de estos agen-tes. Fue inicialmente desarrollado por los alemanesdurante la primera guerra mundial, y es un compuestoarsenicado: difenilaminocloroarsina. Todo el mundoacepta que si bien se llora bajo los efectos del DM,la acción principal de este tóxico es la de irritar mar-cadamente las vías respiratorias: según Prentiss, unbrigadier británico que dirigió el Chemical WarfareService, una exposición de diez minutos con 3 mili-gramos de tóxico por litro de aire es letal. En Viet-nam, los norteamericanos utilizan granadas de DMy CN mezclados, con el objeto de reunir un agentede acción rápida —el CN— con otro de acción pro-longada y de efectos fisiológicos más incapacitantes.De los túneles a los B-52 Hasta 1965, los norteamericanos y sus mercenariossurvietnamitas utilizaban los gases para controlar ma-nifestaciones callejeras, revueltas urbanas y para des-pejar túneles. En febrero de 1966, la administraciónJohnson cambió cualitativa y cuantitativamente el usodejases lacrimógenos. El 21 de ese mes, un pequeñosector de jungla a 265 millas de Saigón fúe simple-mente sumergido en gas mediante granadas lanzadasdesde helicópteros. Pocos minutos después, un escua-drón de gigantescos B-52 saturó el 85 por ciento delárea con bombas. La evaluación militar del ataque fuetan optimista que esta técnica se extendió rápidamentea todos los frentes de lucha. El New York Times,citando fuentes de Washington, explicó al día siguien-te que la nueva táctica de lanzamiento de granadasde gas mediante helicópteros para obligar a los gue-rrilleros a salir de sus túneles para saturar luego lazona con bombardeos aéreos masivos contribuía a res-tituir la eficacia de las misiones de los B-52, quehabían perdido todo valor. Es decir, del uso de gas
  44. 44. 45con fines humanitarios se pasaba al uso de gas parafacilitar un presunto exterminio masivo mediante ata-ques aéreos posteriores. Sin embargo, esto no fue todo.Se implementaron dos tácticas nuevas: la saturacióndesde el aire con gas, con posterior descenso en he-licóptero, de tropas de infantería aerotransportadasu§ando máscaras de gas; y saturación gaseosa de sec-tores enemigos seguidos por ataques de infantería conmáscara de gas. Este último método fue utilizado el8 de mayo, en la frontera con Camboya, y según losdespachos de las agencias noticiosas norteamericanas,se había utilizado DM en concentraciones lo sufi-cientemente altas como para causar vómitos. El re-portaje de la United Press International calificó esteataque como aquel en que "más gas y en mayor con-centración se había usado hasta entonces en la guerra". Lo notable de estas tácticas combinadas es su faltade efectividad militar, como se puede juzgar por losresultados. En enero de 1967, el corresponsal de laAssociated Press en Saigón informaba que desde 1964se habían experimentado numerosos gases y numero-sas técnicas para su utilización, pero que los resul-tados eran desastrosos: el Vietcong no salía de lostúneles y el número de prisioneros no había aumen-tado significativamente.Los viejos, los niños, los enfermos ¿Qué significa gas no-letal? Dos médicos de laUniversidad de Harvard, en un artículo publicado enel New England Journal of Medicine —una de lastres publicaciones más prestigiosas de medicina de losEstados Unidos— atribuyen a los tres gases utilizadosen Vietnam del Sur las siguientes potencialidades:" . . . son invalidantes, pero generalmente no-letales,aunque pueden matar en ciertas condiciones: concen-traciones muy altas del tóxico, susceptibilidad especialdel gaseado, como en el caso de ancianos, enfermoso niños". Teniendo en cuenta el ya mencionado in-forme de la Organización Mundial de la Salud del23 de junio de 1968, la población civil de Vietnamdel Sur, en su estado de malnutrición crónica agra-vado por avitaminosis específicas, anemias y enfer-
  45. 45. 46medades infecciosas graves siempre en aumento, pa-recería ser muy fácilmente susceptible a sufrir los peo-res efectos del gas. El doctor E. W. Pfeiffer, profesorde Zoología de la Universidad de Montana, dio a co-nocer una carta de un médico canadiense, A. Ven-nema, que integraba el equipo profesional del Hos-pital Provincial de Quang Nai, fechada el 23 de no-viembre de 1967. En una parte, el doctor Vennemadice: "Durante los últimos tres años, examiné y traténumerosos pacientes gaseados; hombres, mujeres, yniños expuestos a gases militares cuyos nombres des-conozco. El tipo de gas usado es tal que uno se en-ferma con sólo tocar la piel del paciente o inhalar elaire de sus pulmones. Después de estar con ellos du-rante tres minutos, uno tiene que dejar el consultoriopara no descomponerse. La historia clínica de los pa-cientes es el haber estado en una cueva o refugio enel cual estalla una granada de gas, arrojada para obli-garlos a salir. En los pacientes que me tocó atender,me llamó poderosamente la atención la similitud desus síntomas y signos con la de los veteranos gasea-dos de la Primera Guerra Mundial que tratábamos enel Queen Mary Veterans Hospital de Montreal. Laúnica diferencia residía en que los pacientes vietna-mitas estaban más agudamente enfermos. Los pacien-tes están febriles, semicomatosos, severamente disnei-cos (marcada dificultad para respirar), con vómitos,inquietos e irritables. La tasa de. mortalidad de adul-tos es de un 10 por ciento, y en niños de 90 porciento." Pero quizás resulte más claro aún recordar un des-pacho de la agencia Reuter publicado en el New YorkTimes del 13 de enero de 1966, que confirmaba lamuerte de un soldado australiano de 24 años y el es-tado grave de otros seis luego de un ataque con ga-ses a un sistema de túneles del noroeste de Saigón.El cable señala que tanto el australiano que murióasfixiado, como sus compañeros, estaban utilizandomáscaras antigás.
  46. 46. 47Gases: segunda generación Tampoco los gases clásicos hacen lo que deben:lo prueba una nota aparecida en el Wall Street Journaldel 5 de enero de 1966, en la que se anuncia que es-taba a consideración de los jefes de Estado mayornorteamericanos el uso de nuevos gases en Vietnam,los gases de "segunda generación". Pierre Darcout,escribiendo para UExpress en 1968, describió un ata-que de la Primera División Aeromóvil en la que seutilizó BZ, el producto más incapacitante que poseenhasta ahora los norteamericanos en Vietnam. Pocose sabe sobre el BZ, y lo único que aparece en infor-mación no clasificada puede leerse en el manual téc-nico del ejército TM3-215, que cita los siguientesefectos del tóxico: interferencia con actividad ordi-naria, retardo de la actividad psíquica y física, dolorde cabeza, mareos, alucinaciones, comportamiento ma-níaco, fiebre y desorientación. Por último, cabe con-signarse la existencia de una variedad de gases queafectan en formá muy específica el funcionamiento delas terminales nerviosas que controlan los movimien-tos musculares, que si bien aún no han usado en Viet-nam, forman parte del arsenal permanente norteame-ricano, en una variedad de formas que abarcan desdebombas convencionales hasta cohetes y misiles comoel Little John, el Honest John, y el Sergeant.Napalm El napalm es gasolina gelatinizada. Originariamenteel término napalm ( derivado de las primeras sílabasde naftenato y palmitato, ácidos grasos) designaba ala droga que, al ser mezclada con gasolina, producíauna gelatina incendiaria; actualmente se emplea paranombrar a esta gelatina y a sus derivados. Existentambién el super-napalm enriquecido con sodio, mag-nesio o fósforo, capaz de producir temperaturas entre1.500°C y 2.000°C. el napalm-B, una de las varieda-des incendiarias utilizadas en Vietnam, consiste enuna mezcla de un cuarto de gasolina, un cuarto debenceno y un medio de poliestireno. Las armas in-cendiarias tienen una muy temprana aparición en la
  47. 47. 48historia de la guerra: existen referencias de usos bé-licos del fuego en el tercer milenio antes de Cristo.Agentes incendiarios fueron utilizados —sin mayorefectividad— durante la Primera Guerra Mundial yeste uso condujo a la prohibición de su manufacturamediante los tratados de Saint-Germain-en-laye (1919)y del Trianon (1920). AL comenzar la Segunda Guerra Mundial, ante lasposibilidades abiertas por los avances de la aviación,los Estados Unidos se interesaron en el desarrollode agentes incendiarios. El Dr. Louis Fieser, eminenteprofesor de química orgánica de la Universidad deHarvard, inventó el napalm y lo desarrolló en cola-boración con el Servicio Químico de Guerra del Ejér-cito de los Estados Unidos (U. S. Army ChemicalWarfare Service). Este es uno de los ejemplos másperfectos de investigación aplicada con fines bélicosrealizada en una universidad. El equipo responsablenunca manifestó sentir el menor remordimiento frentea los terribles usos del descubrimiento. Las víctimasdel napalm sufren fundamentalmente por las quemadu-ras de tercer grado causadas por el calor intenso ypor el envenenamiento por monóxido de carbono. Laadhesividad de la gelatina produce quemaduras ex-tensas y profundas embebiendo los tejidos, que siguenardiendo mucho después del trauma inicial. La insu-ficiencia renal aguda es la más grave de las compli-caciones, además de las deformaciones y pérdidas demiembros. 4La imposibilidad de efectuar en las áreas de com-bate transfusiones sanguíneas masivas e injertos depiel agrava considerablemente los casos. Las tasas demortalidad y morbilidad son desproporcionadamentealtas en los niños. Las anemias preexistentes, presen-tes en forma endémica en las regiones donde la po-blación está malnutrida e infectada de parásitos, ha-cen imperativa la necesidad de transfusiones. Esta me-dida no suele ser aplicable en las zonas donde se rocíacon napalm." (P. Reich y W. Sidel, Napalm, NewEngland Journal of Medicine, 13 de julio de 1967,p. 86-88). En 1965 comenzó el uso del napalm en Vietnam.Desde entonces se multiplicaron en la prensa ñor-
  48. 48. 49teamericana las descripciones de los espantosos efec-tos sobre la población civil y el mundo vio con horrorlas primeras fotografías de niños totalmente desfigu-rados por las quemaduras. (Un artículo del New YorkTimes del 6 de junio de 1965 relataba: "Cuando loscomunistas abandonaron Quang Ngal el lunes pasado,los bombarderos norteamericanos hicieron blanco so-bre las colinas hacia donde se dirigían. Muchos viet-namitas —unos 500— murieron en el ataque. Se es-tima que se trataba de soldados Vietcong. Pero tresde cada cuatro pacientes hospitalizados por quema-duras con napalm eran mujeres campesinas.") El napalm, en tanto que arma incendiaria, no esconsiderada como arma química propiamente dichasino como arma física (conjuntamente con los explo-sivos, aunque uno y otros son, técnicamente hablan-do, también químicos). De acuerdo a este concepto,el documento más importante para el control de lasarmas químicas y bacteriológicas, el Protocolo de Gi-nebra de 1925, no lo menciona. Dado el relativo éxitoobtenido por las campañas contra las armas nucleares,se considera importante luchar por separado por laabolición de las armas incendiarias, químicas y bio-lógicas. El napalm tiene una característica muy im-portante en común con las armas químicas y bioló-gicas: su bajo costo. Por otra parte es relativamentefácil de lanzar, desde aviones comunes. Por estos mo-tivos ha sido utilizado en guerras donde no estabaninvolucradas directamente grandes potencias. Las or-ganizaciones palestinas han denunciado el uso delnapalm por Israel. Aunque ha tenido poca difusión,han llegado ocasionalmente a la prensa evidencias debombardeos con napalm contra los movimientos gue-rrilleros en las selvas de Guatemala, Venezuela yColombia. La maquinaria militar norteamericana inició laaventura survietnamita con el propósito de poner aprueba, refinar y estandarizar una tecnología modernade contrainsurgencia. Se contaba con la economía másfuerte del mundo, con la tecnología más avanzada ycon un ejército listo para acomodarse a las peculia-res exigencias de un rol policial. El número de hom-bres empleado comenzó siendo muy bajo, la cantidad
  49. 49. 50de dólares invertidos también y proporcionalmente,las bajas militares. Es decir, Vietnam comenzó como un banco de en-sayo y con el definido objetivo político de ser elgran escarmiento. Ahora sigue siendo el banco de en-sayo y su objetivo político, para los norteamericanos,está perdido: ya no pretenden escarmentar más a na-die, sino terminar de una vez por todas con el pro-blema y salvar algo de cara. Para los países subdesa-rrollados que deberán pasar inexorablemente por laexperiencia de la guerra de liberación nacional, Viet-nam es una lección de recursos y un acabado mues-trario del tipo de dificultades y problemas creadospor un enemigo altamente singular. Los bombarderosde 8 motores a reacción, los B-52, con su enormeprecisión de ataque y su tremenda carga destructiva,no pueden impedir el accionar del Frente de Libera-ción Nacional. Combinar su poder de fuego con elgaseo indiscriminado tampoco prueba ser efectivo. Loshelicópteros no pueden suplir la movilidad del gue-rrillero; nueve años de escalada defoliante no handestruido los pastizales por donde se desliza el ejér-cito popular de liberación. La respuesta norteameri-cana a la impotencia militar no encuentra otro caminoque la intensificación ciega e inútil dentro de sus pa-trones clásicos: aumentar más el poder de fuego desus aviones, tanques y cañones, aumentar el númeroy el poder de sus agentes herbicidas y fitotóxicos, pa-sar de los gases lacrimógenos convencionales a gasesnauseantes y de ahí a eventuales gases psicotrópicos.La guerra química y biológica es una realidad. Nosólo perdió su carácter disuasivo sino que se convir-tió en arma ofensiva. Por otra parte, nada hace supo-ner que el resto del arsenal biológico y químico per-manecerá realmente en la reserva. Es muy probableque se comience a probar tóxicos y agentes biológicosespecíficos, entre los cuales el hongo contra el arrozde Fort Detrick es un prototipo. Cada región delmundo subdesarrollado tiene un recurso agrícola bá-sico de sustentación; muchos laboratorios probable-mente compiten por la obtención de venenos especí-ficos para cada uno de ellos. Tampoco tiene que serobvia como hasta ahora la guerra biológica. Hay en-

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