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Presocráticos, sofistas y Sócrates

Tema 1 de la materia Historia de la filosofía.

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Presocráticos, sofistas y Sócrates

  1. 1. Presocráticos, sofistas y Sócrates
  2. 2. Tales de Mileto La mayoría de los primeros filósofos creyeron tan sólo principios a aquellos que se dan bajo la forma de la materia; pues afirman que el elemento y principio primero de todas las cosas es aquel a partir del cual todas las cosas existen y llegan por primera vez al ser y en el que terminan por convertirse en su corrupción, subsistiendo la sustancia pero cambiando sus accidentes; porque tal naturaleza se conserva siempre..., pues es necesario que haya alguna sustancia natural, una o múltiple, de la que nazcan las demás, mientras ésta se conserva. Respecto al número y la forma de tal principio no todos están de acuerdo, sino que Tales, el iniciador de tal tipo de filosofía, dice que es el agua (por lo que manifestó que también la tierra está sobre el agua), tomando, tal vez, dicha suposición de la observación de que el alimento de todas las cosas es húmedo y que el calor mismo surge de este y vive por este (el principio de todas las cosas es aquello de donde nacen); de aquí dedujo su suposición y del hecho de que la semilla de todas las cosas tiene una naturaleza húmeda; y el agua es el principio natural de las cosas húmedas. Aristóteles: Metafísica, I - 3, 983 b citado en Kirk G. S., Raven, J. E.: Los filósofos presocráticos, p. 130-31 Procesos: evaporación o la condensación «todo está lleno de dioses»
  3. 3. Tales de Mileto La filosofía griega parece iniciarse con una ocurrencia extravagante, con la tesis de que el agua es el origen y la matriz de todas las cosas. ¿Es realmente necesario mantener la calma y la seriedad ante semejante afirmación? Sí, y por tres razones: la primera, porque la tesis enuncia algo acerca del origen de las cosas; la segunda, porque lo enuncia sin imagen o fabulación alguna; y, finalmente, la tercera razón, porque en ella se incluye, aunque sólo en estado de crisálida, el pensamiento "Todo es uno." La primera de las razones enunciadas deja aún a Tales en compañía de la religión y la superstición, mientras que la segunda, sin embargo, lo excluye ya de tal compañía y nos lo muestra como un investigador de la Naturaleza; pero, a causa de la tercera razón, puede considerarse a Tales el primer filósofo griego.[...] Cuando Tales enuncia: "todo es agua", estremece al hombre y lo hace salir del manoseo vermiforme y de ese trastear por todos los rincones, tan característicos de las ciencias particulares; Tales presiente la solución última de las cosas, y en virtud de semejante presentimiento supera el vil cautiverio, la vulgar torpeza que reside en los grados más ínfimos del conocimiento. El filósofo trata de que resuene en sí mismo toda la armonía del universo, y luego intenta exteriorizarla en conceptos.(...) Se trata, ciertamente, de medios de expresión muy pobres; en el fondo, son también metafóricos: una traducción infiel realizada a una esfera y a un lenguaje diferentes. Tales intuyó la unidad absoluta del ser, y cuando la quiso comunicar, ¡habló del agua![...] Friedrich Nietzsche: La filosofía en la época trágica de los griegos, p. 45 y p. 51.
  4. 4. Anaximandro de Mileto
  5. 5. Presocráticos, sofistas y Sócrates Anaxímenes de MiletoAnaxímenes de Mileto
  6. 6. Presocráticos, sofistas y Sócrates Heráclito de ÉfesoHeráclito de Éfeso
  7. 7. …no es posible introducirse dos veces en el mismo río, tocar dos veces una sustancia mortal en el mismo estado, dado que por el ímpetu y la velocidad de los cambios se dispersa y vuelve a reunirse, viene y desaparece. Heráclito, Fr. 91, citado en Kirk G. S., Raven, J. E.: Los filósofos presocráticos, p. 277-278 Este mundo (...) no lo ha creado ningún hombre o dios; siempre fue, es y será fuego eternamente vivo. Heráclito, Fr. 30, citado en Kirk G. S., Raven, J. E.: Los filósofos presocráticos, p. 281 Todas las cosas se cambian recíprocamente con el fuego y el fuego, a su vez, con todas las cosas, como las mercancías con el oro y el oro con las mercancías. Heráclito, Fr. 90, citado en Kirk G. S., Raven, J. E.: Los filósofos presocráticos, p. 281 La enfermedad hace a la salud agradable y buena, el hambre a la hartura, el cansancio al descanso. Heráclito, Fr. 111, citado en Kirk G. S., Raven, J. E.: Los filósofos presocráticos, p. 269 La guerra es el padre y rey de todas las cosas. Heráclito, Fr. 53, citado en Kirk G. S., Raven, J. E.: Los filósofos presocráticos, p. 276 La guerra es común a todas las cosas y la justicia es discordia, y todas sobreviven por la discordia y la necesidad. Heráclito, Fr. 80, citado en Kirk G. S., Raven, J. E.: Los filósofos presocráticos, p. 276 Continuo devenirContinuo devenir Principio afín del universo: El fuegoPrincipio afín del universo: El fuego Lucha de contrariosLucha de contrarios
  8. 8. Heráclito dice que lo opuesto concuerda y que de las cosas discordantes surge la más bella armonía, "y que todo sucede según discordia". …Dios es día-noche, invierno-verano, guerra-paz, hartazgo-hambre (todos los opuestos, este es su significado); cambia como el fuego, al que, cuando se mezcla con perfumes, se denomina de acuerdo con la fragancia de cada uno de ellos. …Lo mismo es vida y muerte, velar y dormir, juventud y vejez; aquellas cosas se cambian en éstas y éstas en aquellas. Para Dios todas las cosas son hermosas, buenas y justas, pero los hombres han supuesto que unas son justas e injustas otras. Siempre se quedan los hombres sin comprender que el logos es así como yo lo describo, lo mismo antes de haberlo oído que una vez que una vez que lo han oído; (...) Por tanto es necesario seguir lo común; pero, aunque el logos es común, la mayoría vive como si tuviera una inteligencia particular. (...) Tras haber oído al logos y no a mí es sabio convenir en que todas las cosas son una. No llegarías a encontrar en tu camino los límites del alma, ni aun recorriendo todos los caminos: tan profunda dimensión tiene. Un hombre cuando está ebrio es conducido por un niño imberbe y va dando tumbos, sin saber por dónde va con su alma húmeda Armonía: pensamiento dialécticoArmonía: pensamiento dialéctico Ley única, razón, logos.Ley única, razón, logos. Alma de naturaleza ígnea o fogosaAlma de naturaleza ígnea o fogosa
  9. 9. ¿Existe culpa, injusticia, contradicción y dolor en este mundo? iSí!, exclama Heráclito, pero sólo para el hombre de inteligencia limitada que ve únicamente lo separado, y no la unidad; y no para el dios. Para éste, todas las cosas y sus contrastes, los contrarios, no conforman más que una totalidad armónica, invisible para el ojo del hombre común pero comprensible para quien, como Heráclito, es semejante al dios contemplativo. Ante su ardiente mirada no queda ni una sola gota de injusticia en el mundo que se expande a su alrededor; incluso Heráclito superará aquella dificultad cardinal -cómo es posible que el fuego puro pueda adoptar formas tan impuras- mediante una metáfora sublime. Un regenerarse y un perecer, un construir y destruir sin justificación moral alguna, sumidos en eterna e intacta inocencia, sólo caben en este mundo en el juego del artista y en el del niño. Y así, del mismo modo que juega el artista y juega el niño, lo hace el fuego, siempre vivo y eterno; también él construye y destruye inocentemente; y ese juego lo juega el eón "consigo mismo". Metamorfoseándose en agua y en tierra, lo mismo que un niño construye castillos de arena junto al mar, el fuego eterno construye y destruye y de época en época el juego comienza de nuevo. Un instante de saciedad; luego, otra vez le acomete la necesidad tal y como al artista le oprime y le obliga el deseo de crear. No es el ánimo criminal suscitado por la saciedad, sino el ánimo incesante de jugar el que da vida nuevamente a los mundos. El niño se cansa de su juguete y lo arroja de su lado o de inmediato lo toma de nuevo y vuelve a jugar con él, según le dicta su libre capricho. Mas en cuanto construye, no lo hace a ciegas, sino que ensambla, adapta y edifica conforme a leyes, siguiendo un patrón, y conforme a un orden íntimo. Friedrich Nietzsche: La filosofía en la época trágica de los griegos, p.67-68. Nietzsche comparativa: Anaximandro vs Heráclito Nietzsche comparativa: Anaximandro vs Heráclito
  10. 10. PitágorasPitágoras Presocráticos, sofistas y Sócrates
  11. 11. ParménidesParménides Presocráticos, sofistas y Sócrates
  12. 12. Presocráticos, sofistas y Sócrates ProtágorasProtágoras Su tesis más conocida: "el hombre es la medida de todas las cosas, de las que son en cuanto que son, y de las que no son en cuanto que no son". Parecía defender, pues, un relativismo en cuestión de cualidades percibidas y valores. Defiende el valor de las ciencias y las artes como algo que necesita el hombre para sobrevivir -es un ser desvalido- y que le diferencia de los animales. Pero se necesita, además, el sentido de la justicia y la virtud política, sin las cuales sería imposible la vida en la ciudad.
  13. 13. Presocráticos, sofistas y Sócrates GorgiasGorgias
  14. 14. Presocráticos, sofistas y Sócrates Hipias de ElisHipias de Elis 1.Consideró la ley convencional y, además, contraria a la naturaleza. 2.Defendió la autonomía y autarquía del individuo y su derecho a rebelarse contra las leyes, porque siempre oprimen a los más débiles. 3.Recomendaba una vuelta a la naturaleza, pues la vida en sociedad va contra la naturaleza. Calicles y TrasímacoCalicles y Trasímaco Es necesario observar, mi muy cándido amigo Sócrates, que en todo sentido el hombre justo tiene menos que el injusto. En primer lugar, en Ios contratos entre unos y otros, allí donde éste se asocia con aquél, al disolverse la asociación nunca hallarás que el justo tenga más que el injusto, sino menos. Después, en los asuntos concernientes al Estado, cuando se establecen impuestos, aunque sus bienes sean iguales, el justo paga más, el injusto menos. Pero cuando se trata de cobranzas, aquel no recibe nada, éste cobra mucho. Y e cuando cada uno de ellos ocupa un cargo, al justo le toca, a falta de otro perjuicio, vivir miserablemente por descuidar sus asuntos particulares, sin obtener provecho alguno de los asuntos públicos, en razón de ser justo; y además de eso, es aborrecido por sus parientes y conocidos, por no estar dispuesto a hacerles un servicio al margen de la justicia. Al injusto le sucede todo lo contrario. Hablo de aquel al que hace un momento me refería, que es capaz de alcanzar los más grandes privilegios. A éste debes observar, si es que quieres 344a discernir cuánto más le conviene personalmente ser injusto que justo. Pues bien, lo aprenderás del modo más fácil si llegas a la injusticia más completa, la cual hace feliz al máximo al que obra injustamente y más desdichados a los que padecen injusticia y no están dispuestos a ser injustos. Esto es la tiranía, que se apodera de lo ajeno, no poco a poco, sino de un solo golpe, tanto con engaño como con violencia, trátese de lo sagrado o de lo piadoso, de lo privado o de lo público: cuando b alguien es descubierto, tras obrar injustamente en uno solo de esos casos, es castigado y vituperado, pues los que cometen tales delitos parciales son llamados sacrílegos, secuestradores, asaltantes, estafadores o ladrones. Cuando alguien, en cambio, además de secuestrar las fortunas de los ciudadanos, secuestra también a éstos, esclavizándolos, en lugar de aquellos denigrantes calificativos es llamado 'feliz' y 'bienaventurado' no sólo por los ciudadanos, sino por todos aquellos que se han enterado c de toda la injusticia que ha cometido. En efecto, los que censuran la injusticia la censuran no por temor a cometer obras injustas, sino por miedo a padecerlas. De este modo, Sócrates, la injusticia, cuando llega a serlo suficientemente, es más fuerte, más libre y de mayor autoridad que la justicia; y tal como dije desde un comienzo, lo justo es lo que conviene al más fuerte, y lo injusto lo que aprovecha y conviene a sí mismo. Platón: República, Libro I, 343 d - 344 d, pp. 84-86.
  15. 15. Sócrates a) La escultural Teodota, prostituta de lujo, a la que Sócrates visitaba. Teodota terminó siendo la fiel esposa de Alcibíades que, a su vez, estaba enamorado de Sócrates. b) Aspasia, prostituta y esclava, amada de Pericles, el dirigente ateniense, que la liberó y la convirtió en su amante causando un gran escándalo público. Algunos creen que esta Aspasia es la Diótima de El Banquete de Platón. c) Jantipa, la mujer de Sócrates y madre de su hijo Lamprocles. Tuvo fama de arpía, siempre gritando y reprochando a Sócrates su escasa valía social. En el diálogo Fedón, justo antes de morir, Sócrates pide a sus amigos que la saquen de la celda para poder morir en paz. d) Mirto. Es probable que Sócrates fuera bígamo. En tiempos de guerra la poligamia era una medida legal para aumentar la natalidad. Mirto fue su segunda esposa y madre de sus dos hijos Sofronisco y Menexeno. e) Fenarete, su madre, de oficio comadrona.
  16. 16. Sócrates Dedicó toda su actividad a examinarse a sí mismo y a los demás respecto al bien, la justicia y la virtud en tanto en el alma como en el Estado. Pensaba que la vida sin este tipo de reflexiones no merecía ser vivida. El método de la filosofía socrática es la ironía. Solía decir "sólo sé que no sé nada". Preguntado el Oráculo de Delfos sobre cuál era el hombre más sabio de Atenas, este respondió que Sócrates. Cuando se lo dijeron a Sócrates este pensó que el motivo de semejante sentencia era que el Oráculo sabía que la mayor sabiduría residía en el reconocimiento de la propia ignorancia. Esta ironía, que en el fondo es prepotencia, le sirve de excusa para interrogar a quien le de la gana y hacerle las preguntas más incómodas sobre los temas más comprometidos: la virtud, el bien, el buen gobierno, la justicia, la belleza. Sócrates incordiaba de tal manera a sus oponentes que no es de extrañar que sus enfrentamientos dialécticos terminasen en algo más que palabras. Se comparaba a sí mismo con un tábano que aguijonea a los demás para que no se duerman y presten atención a la virtud. Si leemos el Cármides de Platón podremos hacernos una idea de cómo era el filosofar cotidiano de Sócrates. Recorría los gimnasios de la ciudad buscando a los jóvenes más bellos e inteligentes para dialogar con ellos. Una vez que los encontraba preguntaba al joven hasta que lo obligaba a reconocer que no sabía nada de aquellos temas que creía tener claros gracias a las enseñanzas de sus padres y de los sofistas encargados de su formación. Una vez que reconocía su ignorancia Sócrates le incitaba a buscar respuestas por sí mismo. A este arte de ayudar a los demás a "parir" sus propias ideas se le llama mayéutica. Por ejemplo, Sócrates le pregunta a Cármides, joven extraordinariamente bello, qué es la sensatez, es decir, ¿en qué consiste esa virtud que le garantizará el éxito en la vida?. Sócrates va desmontando todas las respuestas de Cármides (la serenidad, el pudor, la autosuficiencia) demostrándole que son insuficientes o contradictorias. Cármides, avergonzado, se retira pero su maestro sofista que "anda por allí" continúa el debate y Sócrates refuta ordenadamente todas sus respuestas: ocuparse con buenas obras, conocerse a sí mismo, hasta que el debate termina sin conclusiones pero con la sensación de haber andado el camino del conocimiento. Lo más interesante y que, en cierto modo, le costó a Sócrates la vida, es ese cuestionamiento sistemático de las ideas de "sentido común", esa capacidad para hacer dudar y pensar a los demás. Dudar, pensar, liberarnos de la caverna, de los prejuicios y arrastrarnos hacia la luz.
  17. 17. Fue condenado a muerte acusado por los demócratas que derrocaron a los Treinta Tiranos. La acusación fue de corromper a la juventud y de impiedad, que significa ignorar a los dioses de la ciudad e introducir a otros. Pero los verdaderos motivos fueron: a) Su escasa simpatía hacia la democracia, es decir, hacia la idea de que en democracia la mayoría, y no los más sabios, siempre tiene la razón. b) Había sido el maestro de Critias, tío de Platón que formó parte del gobierno de los Treinta Tiranos que acabó con la democracia en Atenas, y de Alcibíades, personaje de muy mala reputación entre los atenienses, por sus juergas y por sus coqueteos con Esparta y con los persas. En una noche de borrachera con sus amigos Alcibíades se dedicó a destrozar todas las estatuas sagradas de Hermes que había en la ciudad por lo que fue expulsado de Atenas c) Su estilo de filosofar, que sólo pregunta y no encuentra verdad alguna, que actúa como un disolvente, como un veneno sobre las opiniones del sentido común, que puede ser utilizado de igual modo en la búsqueda de la verdad que para la manipulación y el engaño. La filosofía de Sócrates cuestionaba el modo clásico de entender el mundo y ponía de manifiesto la profunda crisis que atravesaba la sociedad ateniense. Sócrates
  18. 18. 1.Decepcionado de los planteamientos de los primeros filósofos -sobre la naturaleza, el cosmos, etc.- decidió dedicarse a reflexionar sobre sí mismo y sobre la vida del hombre en la ciudad. Pensaba que de los seres y objetos de la naturaleza nada podía aprender; sólo de los hombres que viven en la ciudad. Se dio cuenta de que en su momento lo más importante eran los problemas éticos y políticos. 2.Entiende la filosofía como un diálogo que hace posible la búsqueda colectiva de la verdad. Estaba convencido de que cada hombre posee dentro de sí una parte de la verdad, pero a menudo sólo puede descubrirla con ayuda de los otros. Rechazaba, por tanto, que alguien posea ya la verdad y que ésta pueda ser encontrada de forma individual. 3.Su método se apoyaba en la característica ironía socrática. Agobiado por las preguntas de Sócrates, el que se creía listo acababa reconociendo que no sabía nada. A partir de este momento recurría a su estrategia mayéutica ("arte de la comadrona", su madre), intentando que el otro llegase a descubrir la verdad por y en sí mismo. 4.Sócrates no enseñó ni dictó doctrina propia alguna, ni parecía tenerla: sólo ayudaba a los demás a pensar, y buscaba la verdad con ellos. Semejante modestia y búsqueda en común contrastaban con el individualismo y autosuficiencia de los que hacían gala los sofistas. 5.Con su método, Sócrates pretendía ir construyendo definiciones, cuya formulación debía encerrar la esencia inmutable o cualidades permanentes de lo estudiado o investigado. Buscaba las definiciones de la virtud, de la justicia, de la belleza, de la poesía. Se oponía así al convencionalismo y relativismo de los sofistas, inaugurando la búsqueda de esencias en Filosofía. 6.La estrategia de Sócrates para, mediante la mayéutica, llegar hasta la definición verdadera, era inductiva: del análisis y examen de casos particulares se llegaba a una generalización que nos diese la definición buscada. Sin embargo, su búsqueda en el ámbito de la moral no tuvo, aparentemente, mucho éxito. 7.Centró toda su atención en los problemas éticos, en examinar cuál era la esencia de la virtud y cómo enseñarla. A su doctrina se le conoce como "intelectualismo ético", y defiende que el saber y la virtud coinciden: sólo el ignorante actúa malvadamente, pues si conociera el bien se comportaría moralmente. Más tarde, Aristóteles criticará fuertemente este planteamiento. 8.Defendía Sócrates una especie de utilitarismo moral: lo bueno es lo moralmente útil, y todo el mundo busca la felicidad y la utilidad. Por tanto, la virtud consiste en discernir qué es lo más útil en cada caso. Y este tipo de saber útil puede ser enseñado (nadie es bueno y virtuoso por naturaleza). Sócrates
  19. 19. Con respecto a mí, la suerte me llama hoy, como diría un poeta trágico; y ya es tiempo de que me vaya al baño, porque me parece que es mejor no beber el veneno hasta después de haberme bañado, y ahorraré así a las mujeres el trabajo de lavar mi cadáver. —Cuando Sócrates hubo acabado de hablar, Critón, tomando la palabra, le dijo: bueno, Sócrates; pero ¿no tienes nada que recomendarnos ni a mí ni a estos otros sobre tus hijos o sobre cualquier otro negocio en que podamos prestarte algún servicio? —Nada más, Critón, que lo que os he recomendado siempre, que es el tener cuidado de vosotros mismos, y así haréis un servicio a mí, a mi familia y a vosotros mismos, aunque no me prometierais nada en este momento; mientras que si os abandonáis, si no queréis seguir el camino de que acabarnos de hablar, todas las promesas, [108] todas las protestas que pudieseis hacerme hoy, todo esto de nada serviría. —Haremos los mayores esfuerzos, respondió Critón, para conducirnos de esa manera; pero, ¿cómo te enterraremos? —Como gustéis, dijo Sócrates; si es cosa que podéis cogerme y si no escapo a vuestras manos. Y sonriéndose y mirándonos al mismo tiempo, dijo: no puedo convencer a Critón de que yo soy el Sócrates que conversa con vosotros y que arregla todas las partes de su discurso; se imagina siempre que soy el que va a ver morir luego, y en este concepto me pregunta cómo me ha de enterrar. Y todo ese largo discurso que acabo de dirigiros para probaros que desde que haya bebido la cicuta no permaneceré ya con vosotros, sino que os abandonaré e iré a gozar de la felicidad de los bienaventurados; todo esto me parece que lo he dicho en vano para Critón, como si sólo hubiera hablado para consolaros y para mi consuelo. Os suplico que seáis mis fiadores cerca de Critón, pero de contrario modo a como el lo fue de mi cerca de los jueces, porque allí respondió por mí de que no me fugaría. Y ahora quiero que vosotros respondáis, os lo suplico, de que en el momento que muera, me iré; a fin de que el pobre Critón soporte con más tranquilidad mi muerte, y que al ver quemar mi cuerpo o darle tierra no se desespere, como si yo sufriese grandes males, y no diga en mis funerales: que expone a Sócrates, que lleva a Sócrates, que entierra a Sócrates; porque es preciso que sepas, mi querido Critón, le dijo, que hablar impropiamente no es sólo cometer una falta en lo que se dice, sino causar un mal a las almas. Es preciso tener más valor, y decir que es mi cuerpo el que tú entierras; y entiérrale como te acomode, y de la manera que creas ser más conforme con las leyes. Al concluir estas palabras se levantó y pasó a una habitación inmediata para bañarse. Critón le siguió, y [109] Sócrates nos suplicó que le aguardásemos. Le aguardamos, pues, rodando mientras tanto nuestra conversación ya sobre lo que nos había dicho, haciendo sobre ello reflexiones, ya sobre la triste situación en que íbamos a quedar, considerándonos como hijos que iban a verse privados de su padre, y condenados a pasar el resto de nuestros dios en completa orfandad. Después que salió del baño le llevaron allí sus hijos; porque tenía tres, dos muy jóvenes y otro que era ya bastante grande, y con ellos entraron las mujeres de su familia. Habló con todos un rato en presencia de Critón, y les dio sus órdenes; en seguida hizo que se retirasen las mujeres y los niños, y vino a donde nosotros estábamos. Ya se aproximaba la puesta del sol, porque había permanecido largo rato en el cuarto del baño. En cuanto entró se sentó en su cama, sin tener tiempo para decirnos nada, porque el servidor de los Once entró casi en aquel momento y aproximándose a él, dijo: Sócrates, no tengo que dirigirte la misma reprensión que a los demás que han estado en tu caso. Desde que vengo a advertirles, por orden de los magistrados, que es preciso beber el veneno, se alborotan contra mí y me maldicen; pero respecto a ti, desde que estás aquí, siempre me has parecido el más firme, el más dulce y el mejor de cuantos han entrado en esta prisión; y estoy bien seguro de que en este momento no estás enfadado conmigo, y que sólo lo estarás con los que son la causa de tu desgracia, y a quienes tú conoces bien. Ahora, Sócrates, sabes lo que vengo a anunciarte; recibe mi saludo, y trata de soportar con resignación lo que es inevitable. Dicho esto, volvió la espalda, y se retiró derramando lágrimas. Sócrates, mirándole, le dijo: y también yo te saludo, amigo mío, y haré lo que me dices. Ved, nos dijo al mismo tiempo, qué honradez la de este hombre; durante el tiempo que he permanecido aquí me ha venido a ver muchas veces; se conducía como el [110] mejor de los hombres; y en este momento, ¡qué de veras me llora! Pero, adelante, Critón; obedezcámosle de buena voluntad, y que me traiga el veneno si está machacado; y si no lo está, que él mismo lo machaque.
  20. 20. —Pienso, Sócrates, dijo Critón, que el sol alumbra todavía las montañas, y que no se ha puesto; y me consta, que otros muchos no han bebido el veneno sino mucho después de haber recibido la orden; que han comido y bebido a su gusto y aun algunos gozado de los placeres del amor; así que no debes apurarte, porque aún tienes tiempo. —Los que hacen lo que tú dices, Critón, respondió Sócrates, tienen sus razones; creen que eso más ganan, pero yo las tengo también para no hacerlo, porque la única cosa que creo ganar, bebiendo la cicuta un poco más tarde, es hacerme ridículo a mis propios ojos, manifestándome tan ansioso de vida, que intente ahorrar la muerte, cuando esta es absolutamente inevitable{29} . Así, pues, mi querido Critón, haced lo que os he dicho, y no me atormentes más. —Entonces Critón hizo una seña al esclavo que tenía allí cerca. El esclavo salió, y poco después volvió con el que debía suministrar el veneno, que llevaba ya disuelto en una copa. Sócrates viéndole entrar, le dijo: muy bien, amigo mío; es preciso que me digas lo que tengo que hacer; porque tú eres el que debes enseñármelo. —Nada más, le dijo este hombre, que ponerte a pasear después de haber bebido la cicuta, hasta que sientas que se debilitan tus piernas, y entonces te acuestas en tu cama. Al mismo tiempo le alargó la copa. Sócrates la tomó, Equecrates, con la mayor tranquilidad, sin ninguna emoción, sin mudar de color ni de semblante; y [111] mirando a este hombre con ojo firme y seguro, como acostumbraba, le dijo: ¿es permitido hacer una libación con un poco de este brebaje? —Sócrates, le respondió este hombre, sólo disolvemos lo que precisamente se ha de beber. —Ya lo entiendo, dijo Sócrates; pero por lo menos es permitido y muy justo dirigir oraciones a los dioses, para que bendigan nuestro viaje, y que le hagan dichoso; esto es lo que les pido, y ¡ojalá escuchen mis votos! después de haber dicho esto, llevó la copa a los labios, y bebió con una tranquilidad y una dulzura maravillosas. Hasta entonces nosotros tuvimos fuerza para contener las lágrimas, pero al verle beber y después que hubo bebido, ya no fuimos dueños de nosotros mismos. Yo sé decir, que mis lágrimas corrieron en abundancia, y a pesar de todos mis esfuerzos no tuve más remedio que cubrirme con mi capa para llorar con libertad por mí mismo, porque no era la desgracia de Sócrates la que yo lloraba, sino la mía propia pensando en el amigo que iba a perder. Criton, antes que yo, no pudiendo contener sus lágrimas, había salido; y Apolodoro, que ya antes no había cesado de llorar, prorrumpió en gritos y en sollozos, que partían el alma de cuantos estaban presentes, menos la de Sócrates. ¿Qué hacéis, dijo, amigos míos? ¿No fue el temor de estas debilidades inconvenientes lo que motivó el haber alejado de aquí las mujeres? ¿Por qué he oído decir siempre que es preciso morir oyendo buenas palabras? Manteneos, pues, tranquilos, y dad pruebas de más firmeza. Estas palabras nos llenaron de confusión, y retuvimos nuestras lágrimas. —Sócrates, que estaba paseándose, dijo que sentía desfallecer sus piernas, y se acostó de espalda, como el hombre le había ordenado. Al mismo tiempo este mismo hombre, que le había dado el veneno, se aproximó, y [112] después de haberle examinado un momento los pies y las piernas, le apretó con fuerza un pié, y le preguntó si lo sentía, y Sócrates respondió que no. Le estrechó en seguida las piernas y, llevando sus manos más arriba, nos hizo ver que el cuerpo se helaba y se endurecía, y tocándole él mismo, nos dijo que en el momento que el frío llegase al corazón, Sócrates dejaría de existir. Ya el bajo vientre estaba helado, y entonces descubriéndose, porque estaba cubierto, dijo, y estas fueron sus últimas palabras: Critón, debemos un gallo a Esculapio; no te olvides de pagar esta deuda{30} . —Así lo haré, respondió Critón; pero mira si tienes aún alguna advertencia que hacernos. —No respondió nada, y de allí a poco hizo un movimiento. El hombre aquel entonces lo descubrió por entero y vimos que tenía su mirada fija. Critón, viendo esto, le cerró la boca y los ojos. —He aquí, Equecrates, cuál fue el fin de nuestro amigo, del hombre, podemos decirlo, que ha sido el mejor de cuantos hemos conocido en nuestro tiempo; y por otra parte, el más sabio, el más justo de todos los hombres. {29} Alusión de un verso de Hesíodo. (Las Obras y los días, v. 307.) {30} Era un sacrificio en acción de gracias al dios de la medicina, que le libraba por la muerte de todos los males de la vida.

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