Ciclo A  Segundo domingo de PASCUA Domingo 1 de mayo de 2011  Música: Aleluya, en arameo, de los primeros siglos del crist...
Murallas de Jerusalén Hechos 2,42-47 Los hermanos eran constantes en escuchar la enseñanza de los apóstoles, en la vida co...
Salmo 117  ¡Diga la casa de Israel: es eterno su amor! ¡Diga la casa de Aarón: es eterno su amor! ¡Digan los que están por...
¡Cómo me empujaban para tirarme!, pero Yahvé vino en mi ayuda. Mi fuerza y mi canto es Yahvé, él fue mi salvación. Clamor ...
La piedra que desecharon los albañiles  se ha convertido en la piedra angular; esto ha sido obra de Yahvé, nos ha parecido...
1Pe 1,3-9  Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que en su gran misericordia, por la resurrección de Jesucr...
ALELUYA  Jo 20: 29 Dícele  Jesús: Tomás, «Porque me has visto has creído. Dichosos los que no han visto y han creído.»
Amanecer en Jerusalén desde el monte de los Olivos. (Del santo evangelio según san Juan)  Jn 20: 19-31 Al atardecer de aqu...
Alegraos, dando gracias a Dios, que os ha llamado al reino celestial. Aleluya .  (4 Esd 2 : 36-37)
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Sa117 domingo ii pascua 01 05 11

  1. 1. Ciclo A Segundo domingo de PASCUA Domingo 1 de mayo de 2011 Música: Aleluya, en arameo, de los primeros siglos del cristianismo
  2. 2. Murallas de Jerusalén Hechos 2,42-47 Los hermanos eran constantes en escuchar la enseñanza de los apóstoles, en la vida común, en la fracción del pan y en las oraciones. Todo el mundo estaba impresionado por los muchos prodigios y signos que los apóstoles hacían en Jerusalén. Los creyentes vivían todos unidos y lo tenían todo en común; vendían posesiones y bienes, y lo repartían entre todos, según la necesidad de cada uno. A diario acudían al templo todos unidos, celebraban la fracción del pan en las casas y comían juntos, alabando a Dios con alegría y de todo corazón; eran bien vistos de todo el pueblo, y día tras día el Señor iba agregando al grupo los que se iban salvando.
  3. 3. Salmo 117 ¡Diga la casa de Israel: es eterno su amor! ¡Diga la casa de Aarón: es eterno su amor! ¡Digan los que están por Yahvé: es eterno su amor! ¡Dad gracias a Yahvé, porque es bueno, porque es eterno su amor!
  4. 4. ¡Cómo me empujaban para tirarme!, pero Yahvé vino en mi ayuda. Mi fuerza y mi canto es Yahvé, él fue mi salvación. Clamor de júbilo y victoria. se oye en las tiendas de los justos. ¡Dad gracias a Yahvé, porque es bueno, porque es eterno su amor!
  5. 5. La piedra que desecharon los albañiles se ha convertido en la piedra angular; esto ha sido obra de Yahvé, nos ha parecido un milagro. ¡Éste es el día que hizo Yahvé, exultemos y gocémonos en él! Dad gracias a Yahvé, porque es bueno, porque es eterno su amor!
  6. 6. 1Pe 1,3-9 Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que en su gran misericordia, por la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, nos ha hecho nacer de nuevo para una esperanza viva, para una herencia incorruptible, pura, imperecedera, que os está reservada en el cielo. La fuerza de Dios os custodia en la fe para la salvación que aguarda a manifestarse en el momento final. Alegraos de ello, aunque de momento tengáis que sufrir un poco, en pruebas diversas: así la comprobación de vuestra fe -de más precio que el oro, que, aunque perecedero, lo aquilatan a fuego- llegará a ser alabanza y gloria y honor cuando se manifieste Jesucristo. No habéis visto a Jesucristo, y lo amáis; no lo veis, y creéis en él; y os alegráis con un gozo inefable y transfigurado, alcanzando así la meta de vuestra fe: vuestra propia salvación.
  7. 7. ALELUYA Jo 20: 29 Dícele Jesús: Tomás, «Porque me has visto has creído. Dichosos los que no han visto y han creído.»
  8. 8. Amanecer en Jerusalén desde el monte de los Olivos. (Del santo evangelio según san Juan) Jn 20: 19-31 Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estando cerradas, por miedo a los judíos, las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: «La paz con vosotros.» Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron de ver al Señor. Jesús les dijo otra vez: «La paz con vosotros. Como el Padre me envió, también yo os envío.» Dicho esto, sopló y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.» Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor.» Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el agujero de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré.» Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro y Tomás con ellos. Se presentó Jesús en medio estando las puertas cerradas, y dijo: «La paz con vosotros.» Luego dice a Tomás: «Acerca aquí tu dedo y mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino creyente.» Tomás le contestó: «Señor mío y Dios mío.» Dícele Jesús: «Porque me has visto has creído. Dichosos los que no han visto y han creído.» Jesús realizó en presencia de los discípulos otros muchos signos que no están escritos en este libro. Éstos han sido escritos para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nombre.
  9. 9. Alegraos, dando gracias a Dios, que os ha llamado al reino celestial. Aleluya . (4 Esd 2 : 36-37)

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