Modelo educativo Eduard Punset

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Modelo Educativo Eduard Punset

  1. 1. Modelo educativo Eduard Punset Eduardo Punset: "Muchos docentes y padres intuyen que existen problemas graves en el modelo educativo y desconfían de él, buscando alternativas para desactivar su parte más brutal. Piensan que conviene, por ejemplo, anular las evaluaciones para evitar las comparaciones lesivas"... Título: El viaje a la felicidad. Las nuevas claves científicas Autor: Eduardo Punset Ediciones Destino Editorial: Círculo de Lectores El modelo educativo imperante consiste en encerrar en un espacio reducido a un grupo de niños de la misma edad para que desarrollen exactameente las mismas aptitudes: treinta niños escuchando a un maestro sentando cátedra sobre lo que él sabe, más que sobre lo que a ellos les puede interesar y necesitan aprender para situarse más tarde en la vida. Se trata de amoldarlos a un molelo concreto; no de una convivencia entre una variedad de personas de edades y aptitudes variadas, desarrollando caminos personales y colaborando entre sí para ayudarse mutuamente y como grupo. Los avances realizados en la digitalización de los bancos de datos y conocimientos permirirán, con el tiempo, individualizar la oferta educativa, en lugar de digitalizar lo obsoleto, como ocurre en la mayoría de centros educativos. Este modelo cerrado crea, inevitablemente, condiciones competitivas extremas. Los niños se comparan constantemente unos con otros. No aprenden a apoyarse, a colaborar ni a dividirse las tareas. Todos sirven para lo mismo, llevan a cabo tareas idénticas; no aportan nada específico al grupo, ni desarrollan sus cualidades personales, ni valoran su propio aprendizaje, y compiten por la atención del mismo profesor. Si se pretende formar adultos que sepan colaborar, éste es el peor sistema posible. Los niños extraen de las comparaciones sus conceptos de normalidad y de éxito. Y, sin embargo, de entrada se sabe que en el mundo adulto uno de los granes escollos para ser feliz es la manía de compararse con los demás, que genera frustración e inseguridad. Es decir, que el sistema educativo no sólo enseña a los niños a competir, sino a competir con los más allegados y a compararse en todos los sentidos. ¿A quién se le dan mejor las "mates"? ¿Quién se viste de determinada manera? ¿Quién es más guapo, más popular? ¿Quién se lleva mejor con el "profe"? Los niños crecen en un ambiente cerrado, excesivamente comparativo y competitivo. Muchos docentes y padres intuyen que existen problemas graves en el modelo educativo y desconfían de él, buscando alternativas para desactivar su parte más brutal. Piensan que conviene, por ejemplo, anular las evaluaciones para evitar las comparaciones lesivas. Pero si se resta importancia a los logros académicos, pero se mantiene el entorno competitivo y comparativo, no se desactiva la parte negativa del sistema, ya que los niños siguen compitiendo, aunque exclusivamente centrados en comparaciones personales que, en casos extremos, pueden derivar en conductas de acoso escolar. Se mantiene, pues, el foco destructivo de la competitividad, desplazando su influencia hacia donde más daño puede hacer: hacia el ámbito personal. Se crea un entorno asfixiante y artifical, necesariametne competitivo en el peor sentido de la palabra, y luego se dejan los parámetros para medirse en manos de los propios niños. En contrapartida, se deja ciego al sistema porque ya no puede evaluar su propia eficacia o sugerir al niño pautas de superación y de competencia académica. En suma, evitar las evaluaciones académicas no impedirá que el niño viva en un ambiente competitivo. Para esto, habría que cambiar las bases del propio sistema. Es necesario idear un sistema educativo capaz de fomentar los valores de colaboración, cosa que sólo se consigue si los jugadores, los niños en este caso, llegan a confiar en el resto y en que, a largo plazo, les resultará más beneficioso colaborar que competir. Si Lynn Margulis está en lo cierto al definir el concepto de endosimbiosis, la misión fundamental del sistema educativo debería ser, pues, sentar las bases psicológicas de colaboración, ya que ninguna sociedad podrá dar cauce a la lógica cooperativa si su sistema educativo no enseña a pensarlo.

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