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  1. 1. Prohibida su reproducción sin permiso de sus autores y editores Medios, criminalización y sociedad Traducción y copilación de: Carlos Guillermo Blanco Comandante Mayor (R) Oficial de Estado Mayor Licenciado en Administración de Seguridad Pública Especialización en "Justicia Criminal y Gestión Policial" Magister en Ciencias en "Liderazgo y Gestión Policial" "Si un árbol cae en el bosque y no hay nadie allí para oírlo, ¿hace ruido?" 1
  2. 2. Prohibida su reproducción sin permiso de sus autores y editores ÍNDICE Autor Universidad de Leicester Módulo 2 Policing Diversity Unidad 7 Media, Criminalisation and Society Paul Virilio Jules Régis Debray Humberto Eco Silvia Hopenhayn Noam Chomsky Carlos G. Blanco Alejandra Folgarait LA NACIÓN Charles Remsberg Sofía Corral CBS News Lauri Stevens Christa M. Miller Christa M. Miller Lauri Stevens Lauri Stevens Hannah Simon Ariel Torres Associated Press Phil Bronstein PoliceOne Staff Justin Cox Juanjo Robledo John Rivera John Rivera Erica Goode Wikipedia MEDIOS, CRIMINALIZACIÓN Y SOCIEDAD 7.1. Metas y objetivos de esta Unidad. 7.2. Introducción. 7.3. "Medios-subversivos" (modelo funcionalista). 7.4. "Medios-hegemónicos" (modelo determinista). 7.5. "Medios-como-un-sitio-de-lucha-ideológica" (modelo pluralista). 7.6. "Medios-bufones" (modelo posmoderno). 7.7. Valores (o criterios) de las noticias (News Values). 7.8. Estableciendo la agenda. 7.9. Pánico Moral. 7.9.1 Los problemas con la tesis del "Pánico Moral". 7.10. Conclusión. 7.11. Sumario. 7.12. Guía para la lectura. 7.13. De la teoría a la práctica. 7.14. Bibliografía. MEDIOS DE COMUNICACIÓN SOCIAL El Arte del Motor Mediología Para qué sirven los diarios Foucault y los modos de circulación Noam Chomsky y las 10 Estrategias de Manipulación Mediática ¿Cómo interactuar con el periodismo? Hacia el fin de la privacidad Argentinos en la era digital Día de entrenamiento para los medios Las redes sociales cambian el empleo "SOCIAL NETWORKING" Foto en Facebook causa la expulsión de una policía de Carolina del Sur En defensa del uso de las herramientas de los medios en el servicio policial Use las redes sociales para llegar a su público Estudio de casos del Departamento para los medios en el servicio policial Actualización de las tres políticas institucionales sobre las redes sociales para la aplicación de la ley El método C.O.P.P.S. de los medios de comunicación social para oficiales Cinco recursos vitales para las redes sociales en la Ejecución de la Ley Fórmula mágica contra las agresiones virtuales Facebook ayuda a la policía filipina a arrestar a un sospechoso de homicidio Twitter y Facebook incrementan la transparencia policial Usando Internet como herramienta para prevenir la delincuencia juvenil Cinco maneras en que los medios pueden prevenir la violencia juvenil España: cuando las redes sociales vigilan a la policía Facebook y el Oficial de la Ley ¿Cómo pueden matarlo los metadatos? Las redes sociales, un arma de doble filo para la policía GLOSARIO 2 Pág. 3 3 3 6 8 10 10 12 12 16 17 17 18 18 19 21 21 22 22 23 24 27 27 31 31 34 37 37 37 39 41 42 47 51 53 55 55 56 58 58 60 61 62 64
  3. 3. Prohibida su reproducción sin permiso de sus autores y editores Módulo 2: "Policing Diversity"  Unidad 7: Medios, criminalización y sociedad 7.1 Metas y objetivos de esta Unidad. La meta de esta Unidad es introducir teorías que analizan y evalúan el rol de los medios de comunicación en los debates públicos acerca de la Policía. Para ello, tomará un amplio punto de partida sociológico. Los objetivos específicos de esta Unidad son:  Críticamente, examinar la cobertura que el periodismo da a la Policía;  Analizar de quiénes son los intereses servidos por la cobertura que los medios prominentes dan a los incidentes de desorden;  Considerar si los medios son culpables de "ampliar" algunos temas y grupos de personas por sobre otros; creando "pánico moral" sobre algunos tipos de desorden; inflamando temores públicos y creando una sociedad dividida;  Proveer un marco teórico de trabajo con el cual analizar incidentes específicos de conflicto. 7.2 Introducción. Siguiendo a Ericson (1995) y a Reiner (1997) esta Unidad sostiene que la investigación sobre la relación entre los medios de comunicación social y la policía (y otras actividades criminalizadas) ha sido dominada por dos perspectivas que son polos opuestos, políticamente y dentro de la comunidad académica. La primera, que se origina en las teorías de la sociedad de masas de comienzos del siglo XX, que puede ser claramente definida como conservadora, es la tradicional de los "medios-subversivos’. Más fuertemente apoyado por los psicólogos, esta perspectiva pretende demostrar el potencial efecto nocivo que los medios pueden tener sobre sus audiencias. La segunda, originada en las criminologías radicales de izquierda de los sesenta y setenta, e influidas por la sociología, es la tradicional de los "medios-hegemónicos" que ve a la industria de los medios promoviendo la agenda del Establishment [término inglés usado para referirse al grupo dominante visible o élite que ostenta el poder o la autoridad en una nación] y cultivando temores exagerados acerca de la criminalidad. Cada una de esas perspectivas, que pueden ser descriptas como "tipos ideales", han generado un vasto cuerpo de investigación, y juntas han dominado el estudio de los medios de comunicación en los últimos 50 años. En la última década, sin embargo, otras dos perspectivas emergieron; éstas, mientras comparten algunas de las características de las perspectivas dominantes, son más moderadas y, en algunos aspectos, son una caracterización más positiva del poder de los medios. Son definidas como los "medios-como-un-sitio-de-lucha-ideológica" y los "medios-como-bufones". Esas cuatro perspectivas no son mutuamente excluyentes; pueden coexistir en la interpretación de hechos específicos. 7.3 «Medios-subversivos» (modelo funcionalista). La historia de la investigación de la comunicación masiva es, en gran medida, la historia de la conceptuación y estudio de los efectos de los medios. En algunos países, liderados por investigaciones norteamericanas, ha sido dominada por la investigación psicológica que asume un vínculo directo entre la exposición a imágenes anormales o desviadas y un comportamiento imitador. Caracterizado como el modelo de los "medios-subversivos", tiene sus raíces epistemológicas en la escuela funcionalista de los cincuenta, aunque el interés acerca del efecto potencialmente nocivo de los medios masivos puede remontarse al menos a comienzos de los años veinte cuando la audiencia masiva de los cines y las radios comenzó a expandirse rápidamente. Desde aquel tiempo, los medios fueron acreditados como una poderosa influencia sobre el público, y una investigación anterior –coincidente con los movimientos de propaganda política en Europa y en Estados Unidos- destaca el potencial de los medios para persuadir y manipular audiencias. A pesar de que las investigaciones más recientes (particularmente británicas) se apartaron de la noción de las audiencias pasivas susceptibles a los mensajes de los medios, hacia una más sofisticada visión de las audiencias como usuarias activas del material de los medios que no puede ser vista aisladamente de sus contextos sociales, la noción de los todo-poderosos medios que pueden persuadir, manipular y corromper permanece fuerte. Así los medios en general, y la TV en particular, persistentemente fueron considerados responsables de la declinación de los estándares morales en general (especialmente entre gente joven) y culpados de un número específico de imitaciones. 3
  4. 4. Prohibida su reproducción sin permiso de sus autores y editores Entre las más populares proponentes de la teoría de la imitación del desorden (the copy-cat theory of disorder) está Mary Whitehouse. La organización que fundó en el Reino Unido, la Asociación Nacional de Telespectadores y Oyentes (National Viewers and Listeners Association, NVLA) ha sido el grupo que más presión ejerció, con la meta de preservar los estándares de gusto y decencia, en la transmisión de los últimos 30 años. La NVLA ha culpado persistentemente a los medios por la erosión de los valores tradicionales y las restricciones sociales, y ha culpado a la televisión en particular –entre otras cosas- de legitimar la violencia como una forma de protesta. Más sorpresivamente, dada la ausencia de alguna evidencia firme, Lord Scarman en su informe sobre los disturbios de Brixton de 1981 sostiene esta visión, y sugiere que el desorden o amotinamiento es un acto contagioso aprendido de los medios. Sin embargo, la teoría de la copia generalmente es desestimada por los expertos, aún cuando Lord Scarman enfatiza claramente la gran importancia que han tenido las desventajas políticas, sociales y económicas -incluyendo los altos niveles de desempleo, escasez de viviendas y discriminación racial-, como factores presentes en los disturbios de Brixton. [Copycat crime: Un delito de imitación es un acto criminal que se modela o es inspirado por un delito anterior que se ha informado en los medios o se describe en la ficción.] Un rasgo clave del modelo de los "medios-subversivos" es su fundamentalismo conservador populista (Sparks, 1995); una tendencia nostálgica que busca comparaciones y justificaciones mediante referencias a un ideal y orgánico pasado; una "era de oro" cuando el delito era raro y la cultura popular buscaba levantar los espíritus de la audiencia con inocuo pero comprometedor entretenimiento. Por supuesto, como Geoffrey Pearson (1983) demostró en «Rufianería: una historia de respetables miedos» (Hooligan: A History of Respectable Fears), nunca hubieron tales tiempos, y la diseminada tendencia a culpar a los entretenimientos populares por la delincuencia y el desorden ha sido un tema de largos debates públicos y políticos. Para muchos, es una cuestión de "sentido común" que la sociedad devino más violenta desde el advenimiento del film, la televisión y el video, y los dos fenómenos –medios y violencia- están por lo tanto "naturalmente" conectados. Como la columnista Anne Diamond escribiera en el Mirror el 1 de diciembre de 1993, al momento del asesinato del pequeño niño James Bulger a manos de dos niños de más edad: Nuestras entrañas nos dicen que ellos deben haber visto al muñeco diabólico Chucky. Deben haber amado el film. Y deben haberlo visto una y otra vez, porque algunas de las cosas que hicieron son una copia casi exacta de la película...Dios nos proteja de los "sociólogos" – porque su trillada percepción es peligrosa. Algunas veces pienso que alguna suerte de "discurso que da razón de las cosas" nos ciega al sentido común. Sabemos que la violencia engendra violencia (citado por Petley en O’Sullivan y Jewkes, 1997: 192-3). Actualmente no hay evidencia de que los perpetradores de este particular crimen hayan visto el film "Juego de Niños 3" (Child’s Play 3) al cual el escritor alude, y puede notarse que no hay paralelos significativos entre el film y el delito. Lo que es interesante es la apelación al "sentido común", un rasgo perenne de la teoría de la copia del delito y el desorden. El "sentido común" es visto por aquellos que lo invocan como natural e "inatacable"; pero es instructivo recordar la definición que Antonio Gramsci (1891-1937) da al término "sentido común": "una reserva de histórica discontinuidad y desunión de ideas que funciona como la filosofía de los no-filósofos", un folklore cuya distinción fundamental es su "fragmentario, incoherente e inconsecuente" carácter (Gramsci, 1971: 419). Otros mostraron cómo las incuestionables verdades que aceptamos como de sentido común son hoy mitologías culturalmente derivadas y por lo tanto específicas, no sólo de culturas individuales, sino también de distintos momentos en el tiempo (Barthes, 1973; Foucault, 1977; Geertz, 1983). Antonio Gramsci (1891-1937): filósofo, teórico marxista, político y periodista italiano. 4
  5. 5. Prohibida su reproducción sin permiso de sus autores y editores Aún a pesar de esta especificidad histórica, el tema permanece continuamente en las actitudes del público respecto del delito y el desorden, y por muchos siglos las interpretaciones con "sentido común" que han jugado las fuentes de las conductas violentas dentro de los históricos temores de "la multitud" (Pearson, 1983). Estas ansiedades han sido cristalizadas en el nacimiento de la Era Moderna y desde el siglo XIX, cuando la Ilustración coexistió con la Revolución (más notablemente en Francia), habiendo temor al poder elemental de la masa, resumido por Charles MacKay en su libro, "Ilusiones populares extraordinarias y la locura de las multitudes" (Extraordinary Popular Delusions and the Madness of Crowds, edición 1841), así: los hombres "van enloquecidos en manadas, mientras que sólo recobran su sentido lentamente y uno por uno" (MacKay, 1956: xx). La visión de que es la predisposición psicológica -más que los arreglos espaciales de los individuos- la que forma el concepto esencial de multitud, halló su más enérgica e irresistible expresión en "La multitud: un estudio de la mentalidad popular" (The Crowd: A Study of the Popular Mind) por Gustave Le Bon (edición 1895) quien argumentó que las multitudes tienen a la bestia dentro de sí, la absoluta antítesis de los ciudadanos racionales. Este trabajo altamente influyente señaló que, cuando forma parte de la multitud, un hombre "desciende varios peldaños en la escala de la civilización" (Le Bon, 1960: 32); coincide exactamente con el primer film desarrollado en París, un evento que fue acompañado en la edad del cine comercial y otras formas de entretenimiento visual (Murdock, 1997). Igualmente Le Bon mismo alude a los poderes persuasivos de los medios al decir que: Las multitudes que son sólo capaces de pensar en imágenes son sólo impresionables con imágenes. Sólo las imágenes los atraen y devienen en motivos para la acción...Nada tiene un mayor efecto en la imaginación de las multitudes que una representación teatral...Algunas veces los sentimientos sugeridos por las imágenes son tan fuertes que tienden, como las sugestiones habituales, a transformarse a sí mismas en actos (Le Bon, 1960: 68). Gustave Le Bon (Francia, 1841-1931): psicólogo social, sociólogo y físico aficionado. Autor de numerosos trabajos en los cuales se expusieron teorías sobre los rasgos nacionales, la superioridad racial, el comportamiento y la psicología de las masas. El fin del siglo XIX también vio crecientes ansiedades sobre la popularidad del film cómico "Penny Dreadful" (novela de muy poca categoría) y, otra vez, las imágenes visuales en estas publicaciones se percibió contenían un efecto potencialmente corruptor, particularmente entre los jóvenes y los analfabetos o semianalfabetos. En efecto, los temores populares acerca de la influencia de los medios masivos en mentes vulnerables ha estado siempre basado en un prejuicio apoyado en clases interesadas acerca de la naturaleza de los textos periodísticos (como derrochadores de tiempo, de gusto desvalorizado, una nociva influencia en mentes indefensas, un modelo de comportamiento inmoral, etc.) siendo dirigidos a aquellos considerados en la sociedad como más vulnerables; los jóvenes, los enfermos mentales, los pobres, los inclinados al crimen. Estos grupos son homogeneizados y resumidos frecuentemente como el "más bajo común denominador" que -la crítica lo dice- están expuestos al peligro mayor de las influencias potencialmente corruptoras de los medios. Asumiendo que están compuestos por varones adolescentes de las clases trabajadoras más bajas, estos grupos son percibidos como la amenaza primaria al orden social, y los temores acerca de la delincuencia varonil juvenil van mano a mano con las ansiedades sobre los contenidos de los medios. En efecto, el ultraje público a las actividades y actitudes de los varones jóvenes aparece así más intensamente focalizado con la introducción de cada nueva innovación en los medios. La historia de miedos respetables puede ser así observada desde la introducción del film, de periódicos populares (ahora llamados "tabloides") y cómic (secuencia de viñetas con desarrollo narrativo) en el siglo XIX, a temores actuales acerca de la información no regulada e imágenes satelitales, de TV por cable o de Internet. 5
  6. 6. Prohibida su reproducción sin permiso de sus autores y editores 7.4. «Medios-hegemónicos» (modelo determinista). Hegemonía refiere al proceso por el cual quienes están en el poder ganan la aprobación para sus acciones por consenso más que por coerción. Es realizada extensamente a través de las agencias sociales y culturales tales como el estado, la ley, la familia, el sistema educativo y los medios que reproducen cada día las representaciones, los significados y las actividades de modo tal que presentan los intereses de clases de quienes están en el poder como algo natural, inevitable, y por lo tanto indiscutible. Así, aquello que a menudo es eufemísticamente descrito como el "interés público", con frecuencia es una sutil pero reforzada ideología que hoy va bien con los intereses de la élite dominante. El modelo de los "medios-hegemónicos", marxista en esencia, argumenta que los medios masivos, así como muchas otras instituciones sociales incluyendo la educación y la ley, son un aparato ideológico que mantiene las formaciones de clases. En otras palabras, los proponentes de esta perspectiva teórica argumentan que las estructuras de producción que caracterizan a la prensa, televisión, radio, cine y nuevos medios tecnológicos, están atados a los intereses de la clase dominante. Así, lejos de ofrecer un resultado imparcial, los medios ponen más allá una selectiva y distorsionada visión de la realidad que amplía las voces de los que están "en la cima" y sirve a los intereses corporativos capitalistas de nuevos propietarios y a los intereses ideológicos de quienes están en el poder. En otras palabras, la información fluye de arriba hacia abajo, con los medios amplificando las voces de los líderes políticos, jefes policiales, jueces, intelectuales, dueños de periódicos y opiniones de líderes, a menudo reduciendo al espectador al rol de receptor pasivo, ensombreciéndole en demasía sus opiniones, intereses y deseos. En el Reino Unido el prestigio de la BBC (British Broadcasting Corporation) reposa en el supuesto compartido por su gerencia de que la visión del grupo dominante es la correcta, y en consecuencia es reforzada en la sala de prensa por la mayoría de los reporteros masculinos de clase media dominantemente blanca. Un cuadro similar puede hallarse en la mayoría de las organizaciones de prensa, y a menudo parece que los medios y los transmisores no están alcanzando los resultados para su audiencia culturalmente diversa, sino más bien para sus editores, gerentes y propietarios. La hegemonía, entonces, no viene de la fuerza; en muy pocas sociedades la industria de los medios mantiene una política que equivalga a una censura abierta o etnocéntrica. Pero, de acuerdo a este modelo de influencia de los medios, en un mundo donde muchos reposan en los medios masivos para obtener la mayor vasta parte de su información, y donde una ideología dominante es filtrada hacia abajo a través de la sociedad, desde la "cima hasta la sima", la "realidad" está condenada a ser seleccionada, modelada y distorsionada de acuerdo a los derechos adquiridos de quienes están en el poder. Este proceso se resume como: "pocos hablando a muchos acerca de los problemas de muchos desde el punto de vista de esos pocos". Conforme a quienes apoyan la tradición de los "medios-hegemónicos", cualquier cosa que desafíe a la ideología dominante, o amenace el statu quo (estado de cosas en un momento dado) de cualquier modo, es igualmente: (a) Ignorado; por ejemplo la Marcha del Orgullo Homosexual (Gay Pride) llevada a cabo en Londres cada año, un evento que recibió poca o ninguna cobertura durante la última administración conservadora, generalmente calificada como una era política de ideología pro-familiar; (b) Llevado al ridículo; por ejemplo, los "viajeros de la nueva era" (new age travellers) y los "guerreros ecológicos" (eco-warriors) son casos de esta tendencia – ambos con etiquetas inventadas por la prensa británica; o (c) Devenido en moderna "gente diabólica" (folk devil); por ejemplo, los fanáticos del fútbol inglés en el exterior. Calificando a tales grupos como "extraños", de ese modo los medios sirven para reforzar el grado de compromiso del público en general hacia las normas sociales dominantes y crean un clima de opinión que apoye las operaciones de los agentes sociales dominantes. Cuando se percibe que la policía actúa de manera agresiva contra grupos extraños, su acción es usualmente retratada como infortunada 6
  7. 7. Prohibida su reproducción sin permiso de sus autores y editores pero necesaria para restaurar la ley y el orden, y en situaciones de conflicto, la violencia de parte de la policía es presentada por los medios como una retaliación, por lo tanto, legítima. Así, la hegemonía es mantenida y reproducida. Los Viajeros de la "Nueva Era" (New Age Travelers) son personas que suelen defender la Nueva Era y las creencias hippies, y viajan entre los festivales de música y las ferias con el fin de vivir en comunidad con otras personas que tienen creencias similares. Su transporte y sus hogares se componen de furgonetas, camiones, autobuses, coches y caravanas convertidas en casas móviles. También hacen uso de tiendas de campaña improvisadas, tipis y yurtas. Tienen su origen en la década de 1980 y principios de 1990 en el Reino Unido. El término guerrero-ecológico (eco-warrior) es una auto-descripción de un activista ambiental que adopta un esfuerzo "con las manos sobre" para salvar una parcela de tierra. En el Reino Unido, los medios que acuñaron el término en la década de 1990, una etiqueta que resisten muchas personas que toman activamente la acción directa ecológica, por razones filosóficas. La tendencia de los comunicadores profesionales a perpetuar los supuestos del consenso político tomados como garantía no es, entonces, algo que sea necesariamente abierto, deliberado o conciente, y por cierto, puede raramente ser descrito con alguna certeza como una conspiración. Más bien, puede ser atribuido a un "marco subyacente de la mente" que caracteriza a las nuevas organizaciones (Halloran y otros, 1970). En otras palabras, aquellos que trabajan dentro de las instituciones periodísticas son gradualmente socializados dentro de los caminos y el etos de aquellas organizaciones, y rápidamente dan con las vías apropiadas de respuesta a las sutiles presiones siempre presentes, pero que rara vez llegan a ser abiertamente aparentes. Esta serie de "modos de respuesta", desde la "corazonada" intuitiva del reportero individual a través de percepciones de lo que constituye una "buena historia" y de "darle al público lo que quiere", a sesgos ideológicos más estructurados, predispone a los medios a centrarse en ciertos eventos y a tornarlos en "noticias" (Cohen, 1980). Además, uno de los caminos por los cuales los periodistas operan por interés práctico de sus oficios, es el de las fuentes de información establecidas -oficiales y rápidamente disponiblestales como la policía, los políticos, y los líderes religiosos y académicos. Estas fuentes oficiales consideradas "expertas", junto con los propios periodistas, llegan a ser las "primeras definidoras" de muchas "noticias" e información (Hall y otros, 1978). Como dice Brian McNair, "los periodistas no están necesariamente inclinados hacia el poder – pero su organización burocrática y los supuestos culturales hacen de ellos conductos de aquel poder" (McNair, 1974). Una consecuencia de esta perspectiva "arriba-abajo", es que establece una "jerarquía de credibilidad", en la que las opiniones y definiciones de los miembros poderosos de la sociedad son privilegiadas, y el espectador "ordinario" o lector es prevenido con escaso material comparativo desde un agradable pensamiento crítico. En efecto, los periodistas se unen a otras agencias de control en una especie de "élite definidora de 7
  8. 8. Prohibida su reproducción sin permiso de sus autores y editores desviaciones" (Ericson y otros, 1987). Las definiciones alternativas en cualquier situación dada, una vez garantizadas por la diseminación de las fuentes, tienden a no ser propaladas; hay riesgo de que grupos culturalmente dominantes impongan patrones de creencias y comportamientos que entren en conflicto con los de las minorías étnicas, culturales y religiosas. El enfoque ideológico dominante o hegemónico es conocido en el Reino Unido a través del trabajo del Centro de Estudios Culturales Contemporáneos de la Universidad de Birmingham, más notablemente del trabajo de su director Stuart Hall, y también por las publicaciones del Grupo de Medios de la Universidad de Glasgow (Glasgow University Media Group, GUMG), bajo la dirección de Greg Philo. Ambos acusaron a los medios de aceptar y perpetuar procedimientos institucionales que equivalen a construir mecanismos de censura y control. Entre los pecados de los medios -de acuerdo a Hall, Philo y otros- están el hecho de proteger y preservar el statu quo concentrado en élites políticas, presentar incidentes más que temas, y promover ignorancia y prejuicios. El GUMG comenta: "Es claro que reglas diferentes se aplican para describir diferentes secciones de nuestra sociedad. Estas dependen de si usted es poderoso o débil, varón o mujer, negro o blanco" (Philo, 1995). 7.5 «Medios-como-un-sitio-de-lucha-ideológica» (modelo pluralista). Este modelo tiene sus orígenes intelectuales en la escuela pluralista de pensamiento. Menos funcionalista que el modelo subversivo y menos determinista que el hegemónico, considera a los diversos grupos e intereses compitiendo por la cobertura periodística, y reconoce que, mientras no compita a nivel del campo de juego, es posible para muchos intereses minoritarios articularse a través de los medios masivos. Así, además de los definidores primarios ya mencionados, también está la posibilidad que existan los contra-definidores: personas con visiones en conflicto con los comentaristas oficiales, a quienes se les da voz en los medios. Dos ejemplos de recientes contra-ideologías articuladas en (y en efecto apoyadas por) los medios masivos, son las protestas contra la exportación de animales vivos y la explotación de los "guerreros ecológicos" protestando contra iniciativas del transporte en base a preceptos ecológicos. Sin embargo, los críticos del modelo de los "medios-como-un-sitio-de-lucha-ideológica" argumentan que a estos grupos se les dio un amplio apoyo pese a haber contravenido la Ley de Justicia Criminal y Orden Público, porque no conformaron la tradicional noción de "desviación" de los medios (Critcher, 1996). Muchos que protestaban contra la exportación de animales en pie eran profesionales de clase media y, aunque los "guerreros ecológicos" están conformados más estrechamente con el perfil estereotipado del "manifestante" dado por los medios, recibieron un amplio apoyo de varios líderes locales de opinión que estaban de acuerdo en que las políticas de transporte introducidas (incluyendo varios caminos de desviación en un "cinturón verde" del campo y la construcción de una nueva carretera en el aeropuerto de Manchester) eran ecológicamente débiles. Igualmente el ahora famoso Swampy al que se dio gran cobertura periodística en 1997 y 1998, y que fijó la imagen del viajero de la Nueva Era que la prensa había denunciado previamente, fue tornado en "héroe popular". Aunque se lo hizo aparecer relativamente "convencional", apareció en varias entrevistas televisadas y programas de concursos populares, igual recibió llamadas proponiéndole se presente a elecciones parlamentarias. Así puede argüirse que, mientras las contra-ideologías existan, estas deben parecer convencionales y realmente consensuales, en orden a ganar la aprobación de los medios masivos. Sin embargo, una multitud de canales periodísticos proliferan ahora y los modernos medios masivos como diarios, radio, televisión y nuevas tecnologías comunicacionales (Internet) tienen el potencial de abrir la democracia y crear una esfera pública. Este término fue desarrollado primero por Jürgen Habermas quien lo describió como "un reino de nuestra vida social en el cual alguna aproximación de opinión pública puede ser formada" (Habermas, 1989: 49). Aunque la esfera pública tiene sus orígenes en las casas de café europeas de los siglos XVII y XVIII usadas como lugares de reunión para el intercambio de ideas entre la burguesía, ahora es usada para referirse a un espacio social, opuesto al espacio físico, y no tiene una connotación de lugar fijo. Dentro de la esfera pública, los individuos pueden entablar libremente diálogos y debates sin ninguna interferencia de alguna alta autoridad o de algún interés comercial entrometido. Distanciándose de la intervención estatal y del interés privado, la esfera pública puede concernir al bien público más que a la búsqueda de una ganancia política o privada. 8
  9. 9. Prohibida su reproducción sin permiso de sus autores y editores Jürgen Habermas (Alemania, 1929): filósofo y sociólogo, conocido por sus trabajos en filosofía práctica (ética, filosofía política y del derecho). Es el miembro más eminente de la segunda generación de la Escuela de Frankfurt y un exponente de la Teoría Crítica. En su capacidad de informar a la gente y facilitar la comunicación pública, los medios masivos son un importante vehículo para la esfera pública de estos días y tienen el potencial de habilitar la participación pública en la vida política democrática. En particular, los procesos de desregulación y privatización que han tenido lugar en las dos últimas décadas en la industria de los medios (especialmente, no exclusivamente, en Norteamérica y en Europa Occidental) ha tenido éxito en sacar a los medios de la regulación estatal y la censura, y en alentar una abierta competencia entre las instituciones periodísticas. Los sostenedores de estos procesos han anunciado una nueva era de libertad en la cual la creciente nueva televisión y los canales de radio, títulos de revistas y servicios basados en la computación han ofrecido una anteriormente inimaginable variedad de posibilidades de elección pública en un mercado periodístico de pluralidad y apertura. Los críticos, no obstante, han destacado las desventajas potenciales de un sistema basado en el mercado para la provisión de una esfera pública, argumentando que el creciente carácter comercial de los medios reflejado en fórmulas tratadas y probadas, con un sesgo de entretenimiento, está dirigido a una audiencia que es fácilmente identificable y a un blanco potencialmente lucrativo para los anunciantes. Esta es entonces, la principal limitación de la perspectiva pluralista. Aunque los medios son vistos como un sitio potencial de lucha ideológica, se cree sin embargo que todos los intereses minoritarios pueden ser servidos por la pluralidad de canales de comunicación disponibles. Es algo así como un punto de vista ideal, porque no tiene en cuenta los numerosos derechos adquiridos en torno a la propiedad de los medios y su control, ni le presta mucha atención a la naturaleza orientada a los beneficios de muchos medios que niegan una forma de participación pública a aquellos que no pueden afrontar sus costos. Puede sostenerse también que la competencia y la desregulación plantean una seria amenaza a la programación analítica informada. Una acusación frecuentemente dirigida a las organizaciones periodísticas en el creciente mercado comercial, es que la competencia por la audiencia lleva a un periodismo de poco sonido, en el cual hay una pequeña sala para antecedentes, explicaciones o contextos. Se sostiene, en consecuencia, que la ignorancia entre las audiencias es perpetuada, y que persiste el etiquetado y estereotipado de ciertos grupos. Igualmente los servicios de 24 horas de noticias por cable y satélite como CNN, están restringidos por los valores de las noticias en torno a los cuales deben conformarse, y por las presiones subsiguientes de un ambiente comercial. Como observa Blumler en los medios periodísticos norteamericanos, mientras puedan tener una tradición de periodismo político profesional, puede que las "competencias realzadas" inciten a las redes nacionales de noticias – para evitar la complejidad y mostrar solamente aquellos títulos destacados (highlights) que ganarán y mantendrán la atención de los "espectadores" (Blumler, 1991: 207). Esos títulos destacados rara vez se involucrarán en profundos comentarios políticos o análisis sostenidos. En lugar de ello, los espectadores serán alimentados con una dieta de "info-entretenimiento" (infotainment) que puede tener un fuerte ángulo de "interés humano" o un componente particularmente dramático o violento (ver los nuevos valores). Esta tendencia –recientemente etiquetada por sus críticos como de "embrutecimiento" de las noticias y de los asuntos de los medios- privilegia los índices de audiencia (rating) por sobre los análisis y debates, y resulta en "un defectuoso proceso de explicación pública, con pocos foros en los cuales los temas puedan ser regularmente explorados desde múltiples perspectivas" (Ibíd.: 207). Aunque los servicios de información al instante basados en la computación tienen el potencial de crear un medio de diálogo y el libre intercambio de ideas e información, están únicamente disponibles para aquellos que pueden afrontar los costos del hardware necesario, el software y la suscripción. Para los críticos de la desregulación y la privatización, la información deviene en un artículo para la venta a quienes tienen poder adquisitivo, más que un servicio público disponible para todos, e infotainment es todo aquello que se ofrece a las masas. 9
  10. 10. Prohibida su reproducción sin permiso de sus autores y editores 7.6 «Medios-bufones» (modelo posmoderno). El cuarto modelo de influencia periodística es el de los "medios--bufones". Esta perspectiva también puede ser identificada razonablemente como posmodernista, porque enfatiza el estilo y la presentación de los productos de los medios sumados a la sustancia actual de su contenido. Su premisa central es que "entretener es la responsabilidad de los medios", y la gratificación de la audiencia es por lo tanto el único impacto por el cual vale la pena esforzarse. El problema con este modelo, en términos de sus implicaciones políticas, es cómo definimos entretenimiento. Como sugieren Hall y otros (1978), la violencia es considerada intrínsecamente entretenedora de una audiencia más desinteresada y emocionalmente insensibilizada con la vasta colección de imágenes visuales que la bombardea desde cada rincón del mundo. Muchos ven en esto un creciente problema. Jerry Mander lo resume así: Las conferencias de prensa brindan cobertura una vez. Las manifestaciones atraen más la atención que las conferencias de prensa. Las marchas, más que las manifestaciones. Las sentadas, más que las marchas. La violencia, más que las sentadas. Una teoría evolucionó: acelerar el drama de cada acción sucesiva para mantener el mismo nivel de cobertura (Mander, 1980: 22). Más aún, como veremos más adelante, los valores de las noticias aparecen en escena, y una demostración ruidosa o violenta será considerada siempre de mayor interés periodístico que el desarrollo de un movimiento político que trate de influir la agenda política de una manera moderada, porque va bien con el tiempo rápido de producción de la mayoría de los noticiosos y puede ser acompañado con imágenes gráficas visuales. Algunas organizaciones que caen fuera de la corriente de consenso político son bien prácticas en el arte de manipular los medios y "crear" una historia a través de su uso controversial, pero con técnicas de dirección de escenas que harán una buena copia. Greenpeace y Animal Liberation Front son ejemplos de grupos de presión que han sido muy exitosos en mantener la atención de los medios y asegurar la captación de titulares. 7.7 Valores (o criterios) de las noticias. [News values, news criteria, newsworthiness: determinan cuánta prominencia le da a una noticia un medio de comunicación, y la atención que le da la audiencia. De interés o importancia suficiente para el público como para justificar reportes de los medios.] Los que apoyan a las cuatro perspectivas ya delineadas, acordarían en que las noticias no son la realidad; son una versión de la realidad, culturalmente determinada y dependiente de una serie de nuevos valores. En esencia, los valores de las noticias aseguran que las historias creen interés y mantengan la atención, proveyendo a los editores y periodistas de un conjunto de puntos de referencia del criterio con el cual sistemáticamente habrán de graduar, elegir y seleccionar un evento particular y sus tópicos. Una historia no ha de conformarse a todos los valores delineados más abajo; aunque la mayoría de estos criterios se conformen a ellos, será considerado el de mayor interés periodístico. Los valores de las noticias descritos más abajo, son tomados y modificados de un conjunto de nuevos criterios profesionales mencionados por Galtung y Ruge (1973) para evaluar la selección de nuevas historias por parte de la prensa. Han sido modificados ligeramente de modo que pueden ser aplicados a todas las formas de los medios. Primero, es probable que los eventos sean reportados si ocurren dentro del día o si hay suficiente ‘acción’ en un corto lapso para justificar su continua cobertura. Como se indicara, una manifestación usualmente es considerada de interés periodístico, pero el desarrollo del movimiento político relacionado a ella o su contexto, no tienen la frecuencia correcta. Tiene que ser de una determinada magnitud o ser umbral, lo que variará de acuerdo a su significado local, nacional o global. Por ejemplo, una protesta local recibirá usualmente cobertura prominente en los medios de esa región, pero tiene que ser de mayor tamaño y su significación más universal para que sea propalada en la prensa nacional e internacional y los canales transmisores. Una historia debe ser no-ambigua y significativa; esto es, debe tener algún significado intrínseco o relevancia para la audiencia y ser fácilmente entendida. Puede ser también predecible, en cuyo caso los avances de noticias se hacen por adelantado para desplegar camarógrafos y reporteros, o puede ser completamente no esperada, en cuyo caso tiene un valioso factor "sorpresa". 10
  11. 11. Prohibida su reproducción sin permiso de sus autores y editores Una "historia en curso", como una disputa industrial en marcha o incidentes repetidos de desorden público, serán usualmente cubiertos por el interés de la continuidad, e historias similares serán a menudo ubicadas cerca del evento original. Esta composición de historias similares (por ej.: incidentes aislados y desconectados de desorden en diferentes partes del país) tenderá a menudo a crear pánico moral sobre ella. Los incidentes que involucran a naciones de élite son consideradas intrínsecamente de mayor interés periodístico; así una confrontación entre policías y manifestantes o algún otro acto de desorden público es más probable que aparezca en los medios periodísticos británicos si ocurre en Norteamérica o en alguno de los países europeos occidentales más cercanos al Reino Unido, que si ocurre en Latinoamérica o África. Cuando los desórdenes y las insurrecciones públicas en naciones en desarrollo o distantes son cubiertos por los medios británicos, frecuentemente las únicas imágenes que se verán de esos países serán las de trastorno y caos. Aspectos más positivos o más mundanos de la vida en, por ejemplo, India, China, Irak o Sudáfrica tienen raramente una cobertura similar dentro de los intereses del balance. Las personas de élite son de valor para los medios, y la obsesión de fines del siglo XX con la celebridad es evidente en el hecho de que, igualmente en historias de desorden público, un nombre célebre puede asegurar la cobertura más prominente. Los manifestantes por los derechos de los animales tienen que agradecerle frecuentemente a la actriz francesa Brigitte Bardot por traer sus campañas a la atención de los noticiosos, porque una "personalidad" es considerada usualmente de mayor interés periodístico que una ciudadana "ordinaria". Es así en parte porque la personalización es favorecida por sobre los conceptos abstractos y las instituciones (tales como el sistema de justicia criminal) y en parte porque las malas noticias son consideradas de máximo valor entre los nuevos reporteros y los editores. Esta lista no es exhaustiva; los valores de las noticias variarán ligeramente de acuerdo al tipo de medio y la percepción de la audiencia. En la mayoría de los países democráticos, los medios de radiodifusión adoptarán generalmente una aproximación menos partidista que la prensa escrita. Pero se hallan diferencias también dentro de la industria de los medios. Sumado a sus diferentes lealtades políticas, los diversos periódicos privilegiarán ciertos componentes nuevos sobre otros. En Gran Bretaña, los tabloides como Sun y Mirror harán prevalecer historias que incluyan sexo, escándalos o cualquier otro elemento sensacionalista. El Mail y el Express a menudo adoptarán un ángulo de "interés humano", y darán prioridad a historias que apelen a las lectoras femeninas. Folletos tales como Times, Telegraph, Independent y Guardian, a pesar de tener diferentes posturas políticas, pueden darle una alta prioridad a historias de ultramar, o a aquellas que tengan un impacto económico o financiero. Como se expresara, sin embargo, el valor de las noticias más común a todos los medios es la violencia. En "Servicio Policial de la Crisis: Asalto, el Estado y la Ley y el Orden" (Policing the Crisis: Mugging, the State and Law and Order), Hall y otros (1978) comentan: Cualquier crimen puede ser llevado a la escena de las noticias si la violencia está asociada con él, desde que la violencia es quizás el supremo ejemplo de "consecuencia negativa" de los valores periodísticos. La violencia representa una violación básica de la persona; el mayor crimen personal es el "homicidio", superado sólo por el asesinato de un agente de la ley, un policía. La violencia es además el último delito contra la propiedad y el Estado. Así, representa una ruptura fundamental en el orden social. El uso de la violencia marca la distinción entre quienes son de la sociedad y quienes están afuera de ella...El Estado, y sólo el Estado, tiene el monopolio de la violencia legítima, y esta "violencia" es usada para salvaguardar a la sociedad de sus usos ‘ilegítimos’. La violencia constituye así un umbral crítico en la sociedad; todos los actos, especialmente los criminales, que trasgreden los límites son, por definición, dignos de atención periodística. Hay quejas a menudo de que ‘las noticias’ están también llenas de violencia; un tema puede escalar al tope de la agenda noticiosa simplemente porque contiene un "gran estallido" (Big Bang). Los que se quejan así, no entienden acerca de qué tratan "las noticias". Es imposible definir "valores de las noticias" en vías que no coloquen a la "violencia" en o cerca de la cima de nueva atención (Hall y otros, 1978: 68). 11
  12. 12. Prohibida su reproducción sin permiso de sus autores y editores 7.8 Estableciendo la agenda. Aunque la posibilidad de una relación causal directa entre el consumo de los medios y el comportamiento como respuesta (por ejemplo, entre imágenes violentas en pantalla y la violencia de la vida real) es desestimada por muchos académicos de los medios, particularmente aquellos con base sociológica, no obstante es aceptado por la mayoría de los investigadores que quienes trabajan en los medios tienen algún grado de influencia en términos de qué historias potenciales seleccionan y cómo las organizan y definen, o amplían algunas cuestiones sobre otras. En otras palabras, quienes trabajan en los medios ayudan a establecer la agenda socio política que, si no dice qué pensar, ciertamente influirá acerca de lo que pensemos. Lo hacen tamizando y seleccionando nuevos temas, dando prioridad a algunas historias sobre otras, editando palabras y eligiendo imágenes visuales que convengan a cierto significado, y por eso creando una impresión general que encaje con los valores de las noticias de los medios y la característica distintiva de la compañía para la cual trabajan. Todo esto se resume como "cuidar la puerta" y los individuos que lo hacen son los "porteros". Así, a través de "porteros" los medios masivos comunican significados, ofrecen soluciones, asocian ciertos grupos con tipos particulares de comportamiento y proveen "cuadros del mundo" que ayudan a estructurar nuestros marcos de referencia. En estas vías, y en conjunto con muchas otras, las influencias que no vienen de los medios, establecen una agenda para el debate público y político. Para la mayor parte, la agenda periodística es estructurada de un modo ordenado y predecible. En consecuencia, habiendo establecido el marco de trabajo moral de un debate, los medios rara vez retornarán doblando en "u" y se reacomodarán a un conjunto diferente de principios. Por ejemplo, las manifestaciones son usualmente reportadas de una manera familiar y restrictiva de modo que la cobertura de los opositores a la Ley de Justicia Criminal y Orden Público a comienzos de los noventa marcó similitudes con la Protesta Por los Impuestos Urbanos en los ochenta. Más aún, en incidentes de desorden violento las cámaras estarán siempre cerca y detrás de las líneas policiales, de cara a una enojada y a menudo irregular "turba". Hay válidas razones para esto, no solo la seguridad de los camarógrafos y su costoso equipamiento, sino que la posición de las cámaras al lado o detrás de las fuerzas de la ley y el orden es muy importante para la impresión que se desea comunicar. Aún a pesar de que los parámetros para reportar están siendo largamente circunscriptos de este modo, definiciones alternativas y otras interpretaciones pueden existir bien en el reporte de un incidente dado. Por ejemplo, la cobertura periodística de una manifestación violenta puede coadyuvar a la diseminación de "destrezas para el desorden público" (¡para ambos, la policía y los manifestantes!). Puede producir una reacción violenta y repentina (en el caso, por ejemplo, de los new age travellers que traspasaron el campo en los ochenta y noventa). O puede alentar un incremento de la conciencia social y la responsabilidad (como se vio en la respuesta pública a las campañas ecológicas y a la exportación de animales vivos a Europa, mencionados previamente). Ciertos significados pueden ser alentados sobre otros en la presentación de un evento, pero estos serán aún susceptibles de un proceso de selección que refleja las relaciones del poder en una sociedad diferenciada y estratificada. Además debe recordarse que pocas personas tienen sus profundas creencias y prejuicios alterados como resultado del consumo de los medios; leemos, miramos e interactuamos con aquellos medios que representan más acertadamente nuestra amplia visión del mundo. Por ejemplo, hablando en general, quien ve a los medios-como-subversivos favorecerá a un periódico que tome una fuerte postura en torno a la ley y el orden, e igualmente cuando la cobertura sea probablemente condenatoria, podrán aún percibir que los medios como un todo ofrecen apoyo a los manifestantes al proveerles publicidad y alentar la posibilidad de imitar su comportamiento. En la acera opuesta, quienes creen en el poder-hegemónico-de-la-prensa están más inclinados a leer diarios que ofrezcan lecturas alternativas de la situación incluyendo, quizás, evidencia de la violencia policial, mientras insisten en que la mayoría de los medios toman una línea coincidente con los intereses de aquellos que están en el poder. 7.9 Pánico moral. La manipulación de la agenda pública por los medios, y la concentración en la violencia como un valor periodístico clave, a menudo resulta en el desarrollo del pánico moral, término generalmente acreditado a Stanley Cohen (aunque primero usado un año antes por Jock Young), en su libro de 1972, "Demonios populares y pánico moral", acerca de la lucha entre modernistas ["Mods": subcultura que se originó en Londres, Inglaterra, a finales de los años 1950 y alcanzó su punto máximo entre principios y mediados de la década de 1960] y "roqueros" en las playas británicas de mediados de la década de 1960. 12
  13. 13. Prohibida su reproducción sin permiso de sus autores y editores Un hallazgo clave de Cohen fue que, perversamente, los medios frecuentemente asocian ciertos grupos minoritarios con la desviación y condenan su uso de la violencia, aún aceptando que esa violencia es una vía legítima para la policía para tratar con problemas y es a veces una forma necesaria de retaliación. Las percepciones derivadas de estas presentaciones pueden además influir las actitudes "oficiales" de modo que encajan con los estereotipos. Las definiciones de la situación construidas por los medios son por lo tanto reforzadas y cada parte se comporta como "se espera" que lo haga (Cohen y Young, 1973). Hay tres amplios tipos de individuos que pueden ser etiquetados como "desviados" por los medios masivos. 1) El primer grupo es aquel que comete actos criminales serios, tales como asaltantes y manifestantes. 2) El segundo grupo es aquel cuyo comportamiento se desvía de los procedimientos organizacionales o que quiebra códigos convencionales de conducta en el lugar de trabajo, tales como los huelguistas en las industrias y los piqueteros. 3) El tercer grupo es aquel que adopta patrones de comportamiento, estilos de vestir y vías que los presenten a sí mismos diferentes de lo normal, tales como los punks, hippies, viajeros y rastafari [Seguidor de un movimiento religioso, social y cultural de origen jamaicano que se caracteriza por transmitir sus creencias a través de la música, defender el consumo de marihuana y el uso de una indumentaria y un peinado característicos.]. El Movimiento Rastafari es un movimiento espiritual que considera que Haile Selassie I es la tercera reencarnación de Yahvé, después de Melquisedec y Jesús. Surgió en los comienzos de los años 1930 en los barrios marginales y en los sectores rurales adyacentes de Kingston (Jamaica). La visión social y cultural de Marcus Garvey inspiró a los rastafaris, que lo consideran una reencarnación de San Juan Bautista. Son conocidos popularmente por sus trenzas rasta y su uso sacramental del psicotrópico cannabis. El concepto de pánico moral refiere a las reacciones públicas y políticas hacia grupos que parecen amenazar los valores sociales e intereses y que, en los últimos 20 años, han incluido asaltantes, "barra-bravas" (hooligans), "vividores" de la seguridad social, manifestantes contra las contribuciones urbanas, "viajeros de la nueva era" y padres solitarios. El pánico moral tiende a ocurrir en períodos de rápido cambio social, cuando las sociedades se sienten bajo algún tipo de tensión. Pero lo que hace a los grupos "desviados" el blanco del pánico moral es que las reacciones públicas hacia ellos son guiadas por los medios. Estos toman una postura moral, expresan agravios a las creencias o comportamientos del grupo bajo escrutinio y avivan la animosidad pública y el temor hacia ellos. Esto puede ser hecho de varios modos. Primero, los medios pueden exagerar y distorsionar los hechos. Una de las maneras más comunes de hacerlo es a través del uso del lenguaje emotivo tal como "motín", "batalla", "sitio", "alaridos de la turba" y "orgía de destrucción", los cuales han sido usados muchas veces en reportes sobre desorden público. Segundo, las historias de los medios frecuentemente involucrarán el valor periodístico de la predicción; lo que ocurrió, inevitablemente ocurrirá de nuevo, y si no ocurre, una historia será construida hacia ese efecto, reportando no-eventos que aparecen para confirmar las predicciones (Halloran y otros, 1970; Cohen, 1980). Tercero, la simbolización ocurre cuando los nombres pueden simbolizar ideas complejas y emociones; una palabra (ej.: Mod) deviene en símbolo de estatus (Ej.: "desviado") y objetos (Ej.: un estilo particular de peinado o forma de vestir) se transforma en símbolo de estatus más las emociones añadidas a él. El efecto acumulado es que el término Mod se disocia de alguna connotación neutral previa que haya tenido (tal es la denotación de un particular estilo de consumo) y adquiere un significado completamente negativo (Cohen, 1980). Los nombres de lugares pueden también simbolizar emociones complejas; Hungerford (un 13
  14. 14. Prohibida su reproducción sin permiso de sus autores y editores pueblo en el sudoeste de Inglaterra donde 16 personas fueron asesinadas por el pistolero Michael Ryan en 1987), Lockerbie (el pueblo en Escocia sobre el cual explotó el vuelo de Pan-Am como resultado de una bomba terrorista en 1988) y Dunblane (un pueblo escocés en el cual 16 niños y su maestra fueron acribillados en la escuela primaria por Thomas Hamilton en 1996) son todos ejemplos de nombres de lugares emotivos y simbólicos en el Reino Unido. Las escenas de cortos y esporádicos disturbios también pueden simbolizar amplios intereses por un largo lapso después que ocurrieran y fueran titulares, y Brixton, Toxteh y Handsworth están entre esos con persistente notoriedad después de los desórdenes a comienzos de los ochenta. Los reportes de desviación de esos modos –exageración, distorsión, predicción y simbolizaciónponen en movimiento una serie de respuestas interrelacionadas. Primero, los medios identifican y "etiquetan" lo que ven como un grupo subversivo minoritario, así establecen su estatus de desviados o "demonios populares" (Cohen, 1980). Esto crea conciencia pública del tema y obliga a la policía a monitorear al grupo más estrechamente, resultando en arrestos más frecuentes. No solamente aparece la atención policial para validar el interés inicial de los medios, puede resultar en que el grupo se sienta crecientemente extraño, particularmente cuando –como ocurre a menudo- los políticos y otros "líderes de opinión" comienzan a crisparse, demandando acción más severa para controlar y castigar a los "desviados" y advirtiendo sobre los posibles peligros a la sociedad si sus actividades no son controladas. Tal condena amplia puede llevar a que el grupo se sienta más perseguido y marginado, resultando en un incremento de su actividad desviada, de modo que parecen transformarse más en las criaturas originalmente creadas por los medios. La desviación continua resulta en mayor atención policial, más arrestos y más cobertura periodística. Así una "espiral de amplificación de la desviación" (Wilkins, 1964) o un "espiral significativo" (Hall y otros, 1978) es puesto en movimiento. La espiral de desviación puede seguir por semanas o meses, pero nunca fuera de control por un sinnúmero de razones. Primero, el interés de los medios mermará eventualmente y se moverá a otros temas. Segundo, tras un período de tiempo, el "demonio popular" se torna familiar y por lo tanto no se lo percibe tan amenazador. Tercero, evolucionan modos de copiado con la amenaza percibida. Puede resultar en una nueva legislación introducida para minimizar o eliminar el problema, o las personas más afectadas desarrollan estrategias más mundanas. Finalmente, después de un tiempo, el desviado puede simplemente dejar de serlo y los miembros de las sub-culturas juveniles crecerán y se moverán. La tesis del pánico moral no sólo ayuda a identificar ejemplos de exageración y distorsión de los medios; además sostiene que el reporte selectivo actualmente puede crear olas de crímenes y exacerbar problemas sociales. Los medios pueden agitar la indignación pública acerca de ciertos tipos de comportamiento aún cuando ese comportamiento no necesariamente justificará su atención. No hay nada nuevo acerca de ello; o bien la amenaza actual involucrada puede ser insignificante; pero algunas críticas (por ejemplo Young, 1974) van tan lejos que expresan que hay una necesidad institucionalizada en la prensa de crear pánico moral en orden a hacer "una buena imitación" y vender periódicos. Así, la cobertura del comportamiento desviado tiende a ser excitante y condenatoria. Funciona como un entretenimiento, mientras que al mismo tiempo moviliza el agravio colectivo y reúne a la comunidad en la indignación moral. Más específicamente, el comportamiento desviado – si toma la forma de peleas en las playas de Brighton, de protestas contra políticas de transporte ecológicamente débiles, de consumir éxtasis en clubes, o lo que sea- marca el borde externo de una comunidad o sociedad y da una estructura interior y fuerza al núcleo. Una vez que el "diablo" fue definido, el público sabe por deducción qué es "bueno", y el etiquetamiento de "demonios populares" da así el corazón interno al grupo (a menudo, eufemísticamente, se refiere a éste como ‘mayoría moral’) un sentido de su propia identidad cultural. Pero inevitablemente, la cobertura de los desviados deviene en una atracción secundaria, una táctica de diversión que remueve la atención de problemas más serios en la sociedad, particularmente aquellos de naturaleza política. En su creación del pánico moral, entonces, los medios pueden ser descriptos como "bufones" que sin embargo desempeñan una función hegemónica en la formación del consenso. ¡Irónicamente, ellos además son percibidos como un elemento subversivo que corrompe a la gente joven en primer lugar y los lleva a la desviación contra quienes la sociedad debe ser protegida! 14
  15. 15. Prohibida su reproducción sin permiso de sus autores y editores Otro aspecto del pánico moral digno de nota es que frecuentemente (aunque no exclusivamente) toma como chivo expiatorio a la gente joven. Puede ser en parte debido a su ocurrencia durante períodos de cambio social e incertidumbre, porque sobre todo lo demás, la "juventud" representa el futuro. Si la gente joven aparece evitando todos los estándares morales y tradicionales de sus predecesores, el futuro de la sociedad puede parecer ser –a sus generaciones más viejas, finalmente- igualmente más precario. Por muchos años, los medios masivos han enfocado a la juventud como un problema y el comportamiento desviado entre los niños y adolescentes es visto a menudo como síntoma de una sociedad enferma. En otras palabras, el comportamiento de la gente joven es usado como una vara de medición o barómetro con el cual examinar la "salud" de la sociedad. Hay muchas razones para la criminalización y demonización de la gente joven [la demonización es la técnica retórica e ideológica de desinformación y/o alteración de hechos y descripciones, que consistente en presentar a entidades políticas, étnicas, culturales o religiosas, etc., como fundamentalmente malas y nocivas; como forma de justificar un trato político, militar o social diferenciado, y/o también para atribuir de incorrecto lo que esta en contra de lo que se cree o apoya], no sólo el hecho que cerca de la mitad de los delitos es cometido por personas menores de 21 años (Pitts, 1996; Newburn, 1997). Pero el problema es que los medios masivos permiten la generalización simple al referirse a toda la juventud de modo que los jóvenes en general son caracterizados como "un problema" y con frecuencia usados como un motivo de declinación percibida en los valores morales tradicionales. Tal es la marginación de los jóvenes por los medios masivos, que muchos escritores han caracterizado a los jóvenes delincuentes como el demonio popular número uno de la sociedad. Pero a pesar del hecho que los adolescentes han sido vistos con temor por siglos (Pearson, 1983; Murdock, 1997) es sólo en tiempos recientes –desde el fin de la Segunda Guerra Mundial- que puede sostenerse que su cobertura por los medios masivos constituye un pánico moral. Los cincuenta en Gran Bretaña vieron una explosión de subculturas juveniles con sus estilos itinerantes, movimientos y música y en ese momento más que nunca la juventud representó el futuro; era una metáfora para los amplios intereses sociales acerca de la vida moderna, el crecimiento de la ciudad, aumento de oportunidades para el ocio y lo demás. La gente joven representó todo lo que era "moderno", pero como modernidad en sí misma, la posición y el estatus de adolescente eran vistos con una tremenda ambivalencia. Los finales de los cincuenta y sesenta fueron un tiempo de pleno empleo y de opulencia de los jóvenes nunca vistos antes. También formaron una sección de la sociedad más amplia que la de otros grupos de edades por la explosión de bebés (baby boom) en los años de la posguerra, y eran consecuentemente más visibles que nunca. Tenían un significativo poder de consumo, y representaron la vitalidad y la movilidad social a un grado que los marcó con relación a otras generaciones. Pero para los medios y el Establishment hubo otra cara para los, al parecer, positivos rasgos de la juventud de los sesenta. "Modernista" equivalió a "descarado"; siendo cosmopolitas y sin clases, fueron inextricablemente ligados a tener demasiado dinero y muy poca moralidad, y los hicieron desconsiderados y egoístas a ojos de muchos de sus padres. Fue su reticencia a conformarse a los códigos morales de sus padres (y, por implicancia, al Sistema) y su -al parecer- irrestricta opulencia lo que los llevó a la demonización por los medios masivos. Cohen lo resumió así: Los Mods y los Rockers simbolizaron lejos algo más importante que lo que realmente hicieron. Tocaron los delicados y ambivalentes nervios a través de los cuales fueron experimentados los cambios sociales de posguerra en Gran Bretaña. Ninguno deseaba depresión o austeridad, pero mensajes tales como "nunca la tuvieron así de bien" fueron ambivalentes ya que algunas personas estaban obteniéndolo muy bien y muy rápido (Cohen, 1980: 192) Desde aquel tiempo un conjunto vasto de leyes fue introducido, afectando el camino por el cual los niños y los jóvenes eran percibidos por la policía, el sistema de justicia criminal, y la sociedad en su conjunto. En Gran Bretaña estas medidas trajeron aparejados el descenso de la edad a partir de la cual los niños podían ser convictos por crímenes serios y el aumento de sentencias de custodias de menores. En un ambiente político en el cual los políticos son sondeados para ser severos en torno al crimen y el desorden, una forma popular de punición está siendo perseguida, que incluye la demonización de los jóvenes a una edad crecientemente más temprana. Newburn (1977) lo remonta a los disturbios urbanos de 1991 que tomaron lugar en un número de urbanizaciones en pueblos y ciudades británicos, más notoriamente Blackbird Leys en 15
  16. 16. Prohibida su reproducción sin permiso de sus autores y editores Oxford y Meadowell en Tyneside. El vandalismo hacia las propiedades y los autos, y las escaramuzas con la policía, no estaban a la altura de los desórdenes que ocurrieron en Gran Bretaña diez años atrás. Pero como lo comenta Newburn: Lo que estos disturbios públicos hicieron, fue permitir que el interés de largo tiempo atrás acerca de los delincuentes jóvenes o muy jóvenes se sacudiera el polvo, se distorsionara, a veces se exagerara, y fuera servido entonces en forma simbólica a través de los medios masivos. En muchos de los reportes de estos eventos, fue crecientemente sugerido que el mayor azote en la vida en el interior de las ciudades eran las comunidades locales de criminales jóvenes. Más aún, según se declamó -primero la policía, pero seguidas de cerca por los políticos-, que la policía y las cortes eran débiles para tratar con tales infractores (Newburn, 1997: 646). Así, la desviación es condenada porque se cuestiona una visión consensual del mundo y la gente joven es el recipiente favorito del horror porque las perspectivas de la estabilidad futura reposan en sus manos. Realmente las actividades de los jóvenes son consideradas a menudo potencialmente dañinas para la imagen de los medios sobre el mundo –"un solo mundo consigo mismo"- que ellos (los medios) con frecuencia equiparan con placer, actividad sexual (especialmente si ocurre fuera del matrimonio), homosexualidad, uso de alcohol y drogas, grandes reuniones tales como festivales y otras parecidas, con su justa recompensa – SIDA y otras enfermedades de transmisión sexual, criminalización, aún la muerte. El mensaje de que la desviación es no-placentera, peligrosa y una amenaza al orden social. Pero, cuando se tiene una escala relativamente grande de desviación en desarrollo tal como el desorden público, se suma una complicación porque tal desviación diseminada no puede ser explicada en términos de muy pocos individuos pervertidos. Así, el concepto de engaño inocente o ignorante es delineado y en muchos reportes de infracciones al orden público, los participantes son caracterizados como enfermos, en cuyo caso deben ser tratados; ignorantes, en cuyo caso deben ser protegidos; o agitadores políticamente motivados, que deben ser hallados y castigados. 7.9.1 El problema con la «tesis del Pánico Moral». La teoría del pánico moral ha sido inmensamente útil, además de una herramienta conceptual popular en el estudio de los medios masivos y la desviación en las últimas dos décadas. Tiene, sin embargo, un número de limitaciones, la más obvia de las cuales es que hay diferentes niveles de "desviación". Una teoría que da cuenta del pánico público acerca del ritual satánico de los abusadores de niños puede no ser apropiada en consideración a las reacciones públicas hacia las madres solteras o los usuarios de cannabis. Más aún, las subculturas juveniles "espectaculares" –reserva de los promotores del pánico moral- no son, discutiblemente, tan evidentes como lo fueron. La teoría del pánico moral tiende a sugerir que los jóvenes en los años 1950, 1960, 1970 y 1980 tuvieron chances limitadas en sus opciones de estilo, personalidad y consumo. Pero en la sociedad actual, la gente joven es capaz de hacer la transición desde la niñez a la edad adulta a través de un vasto y variado rango de subculturas coexistentes, que hacen aparecer las actividades "desviadas" de cada grupo menos visible y menos importantes en el contexto más amplio. Más aún, los individuos pueden moverse de adentro hacia fuera de varias subculturas, haciendo así que su lealtad a grupos particulares sea solo marginal y efímera. Otro factor importante, como Simon Watney (1987) y Angela McRobbie (1994) lo señalan, es que el pánico moral raramente ocurre de repente, como a veces se sugiere. En efecto, puede decirse que lejos de tratarse de incidentes aislados, los pánicos morales son, de hecho, parte de las luchas ideológicas de largo plazo que son realizadas a través de la sociedad y dentro de todos los campos de la representación pública. Puede decirse así que es una parte integral de la función hegemónica de los medios masivos, narrándonos más acerca de la naturaleza de los medios y su relación con aquellos en el poder, que lo que hacen sobre la cadena de eventos que llevan a los casos que culminan en pánico moral. Los pánicos que han habido en años recientes sobre víctimas del HIV, padres solitarios, madres solteras, delincuentes juveniles, miembros homosexuales del parlamento y bandas de niñas constituyen parte del discurso moral abiertamente santurrón que ha caracterizado a los medios y a las agendas políticas de las últimos 15 años, y que alcanzaron su cenit en la fatal campaña del "Regreso a las Bases". 16
  17. 17. Prohibida su reproducción sin permiso de sus autores y editores Similarmente, el pánico moral sobre los asaltos en los comienzos de los ochenta puede ser puesto en el contexto de temores persistentes a los "extranjeros" que ganaron ímpetu siguiendo a la inmigración al Reino Unido a fines de los cincuenta y comienzos de los sesenta. En el mismo camino en el cual el estudio original de Cohen levantó ciertos rasgos de los eventos de los Mods y los Rockers, tocando tensiones sociales muy profundas, así Hall y otros en Policing the Crisis (1978) mostraron también cómo los temas de raza, crimen y juventud fueron condensados dentro de la imagen del asaltante –la juventud negra violenta- y lo usó para articular mayores cambios en la vida política y económica británica desde la Segunda Guerra Mundial. Algunos sectores de la prensa británica continúan expresando xenofobia general y fracaso en ver una sociedad británica moderna, multirracial e integrada; como se viera en la histeria de algunos de esos sectores al referirse a los gitanos perseguidos en la República Checa que buscaban asilo. Aunque podría parecer un agregado al pánico moral, puede señalarse en realidad como una tendencia continua y recurrente. 7.10 Conclusiones. Por más de una década, una visión populista de las penas ha caracterizado al gobierno británico con relación a la ley y el desorden, una postura que es replicada en Estados Unidos y en muchos otros países alrededor del mundo. Parece haber muy poca oposición efectiva de la corriente principal de partidos políticos en el Reino Unido, a proposiciones para encarcelar a los delincuentes juveniles, introducir toques de queda, legislar para prevenir delirios y modas (raves), y para introducir nuevas y más duras medidas contra los ocupantes ilegales, los viajeros, los manifestantes, los jóvenes sin hogar y los desempleados. Mientras tanto, aquí y en todas partes, se ha tratado de imponer un modelo de servicio policial de tolerancia cero que, si la historia actúa como guía, sea probablemente dirigida a la ya marginada juventud (Crowther, 1998). Todos estos temas son transmitidos extensamente al público en general – seleccionado, enmarcado, manipulado o realmente ignorado- por los medios de comunicación masiva. El análisis de los cuatro modelos -a veces complementarios- del poder de los medios aclaró un número importante de dimensiones sobre el reporte de la desviación. La vista desde la derecha (el amigo del insurgente) y desde la izquierda (un instrumento del estado) puede ser muy simplista para describir una situación compleja. Pero igual aquellos (tales como Hansen y Murdock, 1985) que han intentado adoptar una aproximación más flexible y caracterizaron a los medios como un campo de continuo conflicto en el cual se da la lucha de discursos compitiendo entre sí por la publicidad y la legitimación, han concedido que el desarrollo de temas existentes en la historia y la cultura popular llevan al "significado" de las noticias fijado antes en un proceso de producción. Así, igualmente en un mercado de los medios dominado por la pluralidad y la diversidad, un desorden público es invariablemente asociado, en forma negativa, con una "turba" y puesto en oposición a connotaciones más positivas de "comunidad". Al mismo tiempo, los medios han descubierto que la mezcla de atracción y hostilidad sentida por la mayoría hacia las acciones y creencias de una minoría subversiva, es hecha para una audiencia garantizada; la gente ávidamente mira y lee noticias que excitan sus sensibilidades y al mismo tiempo confirman y refuerzan sus prejuicios. Los medios reconcilian el fomento de la indignación moral con ‘darle al público lo que quiere’ mediante la oferta de reportes seleccionados y lujuriosos, pero además reasegurando su audiencia mediante la condena de las acciones de los desviados. En otras palabras, los medios juegan con las inseguridades colectivas y las indignaciones del público y reúnen a la sociedad en torno a la indignación moral hacia el grupo de subversivos identificados. Mientras tanto, el despliegue de reporteros de noticias en fuentes institucionales, tales como las cortes, donde es más probable obtener historias de interés periodístico, la necesidad de producir reportes que encajen con los tiempos de la producción de noticias, la concentración en crímenes específicos a expensas de procesos causales o políticas, las consideraciones de seguridad personal que llevan a los camarógrafos a cubrir incidentes de orden público desde detrás de las líneas policiales, la sobre-dependencia de fuentes acreditadas de información acerca de los crímenes y su esclarecimiento, y el imperativo de entretenimiento, todo estructura una imagen de crimen y policía que, sobre el tiempo, ha devenido en una especie de profecía auto-cumplida. 7.11 Sumario 17
  18. 18. Prohibida su reproducción sin permiso de sus autores y editores  Cuando se analizan las construcciones ideológicas detrás de los informes de los medios sobre la desviación, resulta útil considerar los cuatro modelos de poder de los medios que pueden ser tanto competir como ser complementarios entre sí; los medios-subversivos, los medios-hegemónicos, los medios-como-un-sitio-de-lucha-ideológica y los medios-bufones. Cada una de estas perspectivas, si son vistas aisladamente, o juntas, pueden ayudar a aclarar porqué los medios están tan interesados en el servicio de policía; los intereses de quiénes son servidos por la cobertura periodística más prominente de la desviación y el desorden; y si los medios son culpables de crear pánico moral sobre ciertos tipos de crímenes, inflamando temores públicos y creando una sociedad dividida.  Cualquiera sea el marco de trabajo favorecido para la explicación, una cosa en torno a la cual los cuatro modelos están de acuerdo es que todas las historias periodísticas deben conformar a los valores de las noticias profesionalmente definidos, en orden a ser considerados de interés para el público. Uno de los más importantes valores periodísticos es la violencia; también algún incidente o evento subirá aceleradamente al tope de la agenda de noticias, si contiene un elemento violento.  Algunas veces un pánico moral es creado; ocurre cuando algún tipo de comportamiento desviado es promovido al tope de la agenda y se le da cobertura prominente, creando una impresión de problema que está totalmente fuera de proporción con relación al problema inicial. Uno de los primeros y más notorios pánicos morales refieren a los Mods y los Rockers en los 1960s. Desde entonces, han incluido asaltantes, viajeros, gitanos, inmigrantes (legales e ilegales), adolescentes, niños, pedófilos y madres solteras.  Hay tres características especiales de pánico moral: 1) define los parámetros morales de la sociedad, llevando a la comunidad en general a una condena colectiva a los así llamados ‘desviados’; 2) ocurre en períodos de rápido cambio social, cuando la sociedad está bajo alguna forma de tensión; 3) usualmente (aunque no exclusivamente) refiere a culturas juveniles.  La tesis del pánico moral tiene, sin embargo, sus limitaciones; y aunque ha aparecido alguna ortodoxia desde la publicación de ‘Demonios populares y pánico moral’ de Stanley Cohen (1972), quizás sea más instructivo pensar sobre el reporte de los medios acerca de la desviación como parte de una más amplia y extendida ideología que penetra en la vida pública y privada. 7.12 Guía para leer. Ahora se le recomienda leer el siguiente artículo, anexado a esta Unidad: Murdock, G. (1984) Reporting the Riots: Images and Impact, en Benyon, J. (ed.) Scarman y después – "Ensayos reflexionando sobre el Informe de Lord Scarman, los Desórdenes, y las Consecuencias", pp. 73-95. Oxford: Pergamon Press. 7.13 Vinculando la teoría a la práctica. Usted debería escribir ahora aproximadamente 300 palabras para contestar cada una de las preguntas de más abajo. Creemos que es un importante ejercicio que lo ayudará a la comprensión del material y una ayuda para el progreso en el curso. Sus respuestas deben ser parte de sus apuntes personales y no deben ser enviadas a la Universidad. 1. Analice las fortalezas y debilidades de los cuatro modelos de poder de los medios –denominados subversivo, hegemónico, de lucha ideológica y bufón, con relación a la cobertura periodística de la Investigación de Mac Pherson respecto de la muerte de Stephen Lawrence. 2. Estudie una cobertura periodística particular de algún tema relacionado a la diversidad y al servicio de policía. ¿Cuáles son los valores de las noticias a hallar en la historia, y cómo encajan con la ideología del periódico y su audiencia percibida? 3. Considere cuán convincente es la tesis del pánico moral en el contexto del informe de los medios acerca de un grupo minoritario particular. 18
  19. 19. Prohibida su reproducción sin permiso de sus autores y editores 7.14 Bibliografía Barker, M. and Petley, J. (eds.) (1997) Ill Effects: The Media/Violence Debate. London: Routledge. Barthes, R. (1973) Mythologies. St Albans: Paladin. Blumler, j. (1991) ‘The New Television Marketplace: Imperatives, Implications, Issues’, in J. Curran and M. Gurevitch (eds) Mass Media and Society. London: Arnold. Cohen, S. (1980) Folk Devils and Moral Panics: The Creation of Mods and Rockers. London: MacGibbon and Kee; new edition with Introduction, Oxford: Martin Robertson. Cohen, S. and Young, J. (eds) (1973) The Manufacture of News: Deviance, Social Problems and the Mass Media, London: Constable. Critcher, C. (1996) ‘On the Waterfront: Applying the Flashpoints Model to Protest against Live Animal Exports’, in C. Critcher and D. Waddington (eds) Policing Public Order: Theoretical and Practical Issues. Aldershot: Avebury. Crowther, C. (1998) ‘Policing the Excluded Society’, in R. Hopkins Burke (ed.) Zero Tolerance Policing. Leicester: Perpetuity Press. Ericson, R. (1991) ‘Mass Media, Crime, Law and Justice’, British Journal of Criminology, 31(3):219-49. Ericson, R. (ed.) (1995) Crime and the Media. Aldershot: Dartmouth. Ericson, R., Baranek, P. And Chan, J. (1987) Visualizing Deviance: A Study of News Organizations. Milton Keynes: Open University Press. Foucault, M. (1977) Discipline and Punish: The Birth of the Prison. London: Penguin. Galtung, J. and Ruge, M. (1973) ‘Structuring and Selecting News’, in S. Cohen and J. Young (eds) The Manufacture of News: Deviance, Social Problems and the Mass Media. London: Constable. Geertz, C. (1983) Local Knowledge: Further Essays in Interpretative Anthropology. New York: Basic Books. Goode, E. and Ben-Yeheuda, N. (1994) Moral Panics: The Social Construction of Deviance. Oxford: Basil Blackwell. Gramsci, A. (1971) Selections from the Prison Notebooks. London: Lawrence and Wishart. Habermas, J. (1989) The Structural Transformation of the Public Sphere, trans. T. Burger. Cambridge: Polity Press. Hall, S., Critcher, C., Jefferson, T. Clarke, J. and Roberts, B. (eds) (1978) Policing the Crisis: Mugging, the State and Law and Order. London: Macmillan. Halloran, J., Elliott, P. and Murdock, G. (1970) Demonstrations and Communication: A Case Study. Harmondsworth: Penguin. Hansen, A. & Murdock, G. (1985) ‘Constructing the Crowd: Populist Discourse and Press Presentation’, in V. Mosco and J. Wasko (eds) Popular Culture and Media Events, Vol. III. Norwood, N.J.: Ablex. 19
  20. 20. Prohibida su reproducción sin permiso de sus autores y editores Kidd-Hewitt, D. and Osborne, R. (eds) (1995) Crime and the Media: The Postmodern Spectable. London: Pluto. Le Bon, G. (1960) The Crowd: A Study of the Popular Mind. New York: Viking Press. MacKay, C. (1956) Extraordinary Popular Delusions and the Madness of Crowds. London: George Harrap. McRobbie, A. (1994) Postmodernism and Popular Culture. London: Routledge. Mander, J. (1980) Four Arguments for the Elimination of Television. New York: Harvester. McNair, B. (1994) News and Journalism in the UK. London: Routledge. Mosco, V. and Wasko, J. (eds) (1985) Popular Culture and Media Events, Vol. III. Norwood, N.J.: Ablex. Murdock, G. (1997) ‘Reservoirs of Dogma: An Archaeology of Popular Anxieties’, in M. Barker and J. Petley (eds) Ill Effects: The Media/Violence Debate. London: Routledge. Newburn, T. (1997) ‘Youth, Crime and Justice’, in M. Maguire, R. Morgan and R. Reiner (eds) The Oxford Handbook of Criminology, 2nd edition. Oxford: Oxford University Press. O’Sullivan, T. and Jewkes, Y. (1997) The Media Studies Reader. London: Arnold. Pearson, G. (1983) Hooligan: A History of Respectable Fears. London: Macmillan. Philo, G. (ed.) (1995) The Glasgow University Media Group Reader, vols. I and II. London: Routledge. Pitts, J. (1996) ‘The Politics and Practice of Youth Justice’, in E. McLaughlin and J. Muncie (eds) Controlling Crime. London: Sage. Reiner, R. (1997) ‘Media Made Criminality: The Representation of Crime in the Mass Media’, in M. Maguire, R. Morgan and R. Reiner (eds) The Oxford Handbook of Criminology, 2nd edition. Oxford: Oxford University Press. Scarman, Lord (1981) The Brixton Disorders 10-12 April 1981. London: HMSO. Sparks, R. (1995) ‘Entertaining the Crisis: Television and Moral Enterprise’, in D. Kidd-Hewitt and R. Osborne (eds) Crime and the Media: The Postmodern Spectacle. London: Pluto. Tumber, H. (1982) Television and the Riots. London: BRU. Watney, S. (1987) Policing Desire: Pornography, Aids and the Media. London: Methuen. Wilkins, L. (1964) Social Deviance: Social Policy, Action and Research. London: Tavistock. Young, J. (1974) ‘Mass Media, Drugs and Deviance’, in P. Rock and M. McKintosh (eds) Deviance and Social Control. London: Tavistock. 20
  21. 21. Prohibida su reproducción sin permiso de sus autores y editores Medios de Comunicación Social El Arte del Motor Paul Virilio «La bomba informática. Análisis filosófico de las nuevas tecnologías» Enrique Valiente Noailles (LA NACIÓN - 17 de noviembre de 1996) Ya en los años cincuenta, Einstein sostenía que nos encontrábamos frente a tres bombas: "La primera, la atómica, acaba de explotar. La segunda es la bomba informática. Y la tercera, la bomba demográfica, que explotará en el siglo XXI". Es la segunda bomba la que absorbe el análisis de Paul Virilio, urbanista de formación, profesor de arquitectura, especialista en cuestiones estratégicas y filósofo. En "El arte del motor", su decimocuarto libro, señala Virilio que el hombre contemporáneo se encuentra des-territorializado a partir de las tecnologías de la inmediatez, de la ubicuidad, de la instantaneidad. Estas técnicas hacen a los hombres más contemporáneos que conciudadanos y asistimos a la destrucción de la sociedad como comunidad por el efecto de aceleración que introducen las técnicas de comunicación. Paul Virilio (París, 1932): Teórico cultural y urbanista. Conocido por sus escritos acerca de la tecnología y cómo ha sido desarrollada en relación con la velocidad y el poder, con diversas referencias a la arquitectura, las artes, la ciudad y el ejército. La interfaz del ambiente humano corre el riesgo de ir borrándose de a poco en beneficio del mundo virtual. Si "suprimir la distancia mata", como dice René Char, estamos en un tiempo en el que asistimos a una comprensión entre lo cercano y lo distante. Las distancias se desvanecen; hay un efecto de empequeñecimiento del mundo, dada nuestra inmersión en la urgencia de las técnicas de comunicación que nos acercan los acontecimientos en tiempo real. Esta reducción del mundo a un solo punto se tornará rápidamente insoportable para el hombre, por su efecto similar al de un encarcelamiento. Cabe preguntarse, por otra parte, si el hacer de todo algo próximo no destruye la idea del prójimo. Ahora bien, ¿a qué motor se refiere Virilio en el título de su libro? Cada uno de los motores que fueron inventados trajo consigo una forma de revolución y a la vez un tipo de catástrofe específica, ya fuese el motor de vapor, de explosión o de reacción. Cada uno de estos inventos trajo consigo su accidente. Inventar el tren es a la vez inventar el descarrilamiento, pero el nuevo motor del que habla Virilio –de las computadoras- no ha mostrado aun el tipo de catástrofe que le es propia. Alguna sospecha, sin embargo, queda esbozada por Virilio: la lógica de la información tiende a reemplazar a los acontecimientos reales. Estamos ante una modalidad de declinación de los hechos mismos, en la que la cosa descripta le gana a la cosa real. Por eso los medios de comunicación se encuentran también bajo la lupa crítica de Virilio; para él los intereses que están detrás de cada grupo informativo son los verdaderos usufructuarios de la libertad de prensa, ocultos bajo el manto de la "objetividad". Y si las leyes, como decía Montaigne, "son dictadas a partir de usos que aceptan indiferentemente cualquier cosa y nacen de la masa flotante de las opiniones de un pueblo o príncipe", fácil es adivinar que los medios, al tener el poder de influir en esas opiniones, pueden manipular secretamente no sólo la legislación en general sino en particular las leyes que les conciernen y que los afectan. Del mismo modo, cualquier crítica independiente dirigida contra el cuarto poder será desconocida por el gran público, porque no tiene ninguna posibilidad de ser difundida con amplitud. Es así, entonces, como el poder de los medios es para-constitucional, pues son en conjunto la única institución capaz de escapar a todo control democrático eficaz. Los medios "no disponen de la libertad de anunciar falsas noticias, pero nuestra legislación les concede en cambio el poder exorbitante de mentir por omisión". 21
  22. 22. Prohibida su reproducción sin permiso de sus autores y editores No hay condescendencia en el análisis panfletario y violento de Virilio. Y esto es un verdadero oxígeno frente al monóxido celebratorio y acrítico de nuestros habituales popes virtuales. Virilio no es "políticamente correcto" y esto lo torna teóricamente atractivo. "Si un árbol cae en el bosque y no hay nadie allí para oírlo, ¿hace ruido?" Mediología: «Estudio de los medios de comunicación social» Jules Régis Debray (Francia, 1940) Para qué sirven los diarios Humberto Eco (Italia, 1932) L’Espresso (LA NACIÓN - 30 de diciembre de 2006) Traducción de Helena Lozano Miralles Durante algunos días los periódicos italianos han salido sin las firmas de sus autores, por lo menos las de los periodistas de planta, no las de los colaboradores extranjeros u ocasionales. Fue una forma de protesta por parte de los periodistas profesionales. He estado de viaje casi todo el mes y no he entendido si la regla valía también para los semanarios (por razones extremadamente misteriosas, se pueden encontrar diarios italianos de la misma mañana incluso en Tombuctú, pero en París y en Zúrich los semanarios llegan con siete días de retraso, cuando se tiene suerte). Si la regla vale también para L’Espresso, estoy dispuesto a anonimizarme por solidaridad, aunque tratándose de una columna donde sale también mi caricatura me parece un poco ridículo figurar sin nombre, pero con retrato, a menos que sustituyamos el retrato por un manchón negro. Ahora bien: el problema no es personal. Estoy reflexionando, más bien, sobre mis sensaciones de lector que se ha encontrado ante artículos acéfalos, por definirlos de alguna manera, donde alguien me habla y no sé quién es, con la añadidura de que, como buen lector italiano, estoy acostumbrado a que los editoriales del periódico estén siempre firmados, no sólo las columnas de opinión. Alguien podría objetar: "Perdona, un periódico da las noticias y se espera que lo haga de forma verídica, por lo cual si la noticia que te da es importante y tú supones que es verdadera ¿qué te importa quién te la ha dado?". Objeción férrea si los periódicos fueran todos como esos cuadernillos que se distribuyen gratis en el subte, donde se nos dice, precisamente, que ha habido un nuevo atentado en Bagdad, que ha nevado en el Caribe mientras crecían plátanos en Estocolmo (casos, por desgracia, cada vez más probables), o que Silvio Berlusconi se ha sentido mal durante un acto político. El caso es que los diarios están dejando de ser así. 22
  23. 23. Prohibida su reproducción sin permiso de sus autores y editores Han pasado los tiempos en los que se discutía si la prensa era objetiva y si se podían separar los hechos de las opiniones, y cómo. Me acuerdo de furibundas aunque muy cordiales discusiones con Piero Ottone. El defendía un periodismo que entonces llamábamos "a la inglesa", en el que se separaban los hechos de las opiniones (creo que Ottone se ha resignado, puesto que ahora publica únicamente una columna de opinión), y otros sosteníamos que incluso allí donde esta diferencia se respeta formalmente (un ejemplo modélico es The New York Times, donde los artículos de opinión, firmados, están sólo en las últimas páginas, junto a las cartas de los lectores, y lo demás deberían ser hechos), pues bien, que incluso en ese caso el mero hecho de poner dos sucesos en la misma página (por ejemplo, dos noticias que tratan de un asalto a mano armada por parte de bandidos calabreses) se convierte ya en la sugerencia de una opinión, y que muchos reportajes anglosajones en los que se cita entre comillas a dos señores con opiniones contrarias sobre el mismo hecho suelen ser bastante hipócritas, puesto que es el periodista el que ha elegido a quiénes iba a citar. Pero el problema no atañe ya a aquella antigua polémica. El problema es que un periódico hoy en día se encuentra en la situación de tener que hablar de hechos de los que ya ha hablado ampliamente la televisión un día antes, por no hablar de los que leen las noticias frescas en Internet. Y, por lo tanto, no puede comportarse como un periódico que, opiniones aparte, da noticia de los hechos, porque si no el lector dejaría de leer los periódicos. Véase, por ejemplo, el Corriere della Sera, que, en la página final, pone una especie de sumario de los hechos relevantes del día anterior. Excelente para los que tienen poco tiempo o no han visto los noticieros de TV (pero si el acontecimiento es notable ya le habrá llegado un mensaje de texto de un amigo). Ahora bien: si ésa fuera la función de un periódico, el Corriere della Sera podría distribuirse gratis en las estaciones con formato de tarjeta de visita, lo cual no llenaría de dicha a sus propietarios, supongo. Yo cito siempre dos episodios. Uno, la bomba de Piazza Fontana. Cuando sucedió, yo estaba en Nueva York (me divierto coleccionando coartadas para todos los delitos y matanzas) y se me informó del hecho muy temprano, teniendo en cuenta que Nueva York está seis horas adelantada respecto de Italia. Preocupado, llamé a Milán, y mi mujer, que todavía no había visto el programa de noticias de la noche, no sabía nada. Digo siempre que supe de la matanza con seis horas de antelación. No es verdad, pero da la idea. Muchos años después, a las seis de la tarde, un amigo periodista me llamó diciendo que había muerto Bettino Craxi. Inmediatamente después me llamó por otros motivos mi secretaria y me pareció interesante darle la noticia. Lo sabía ya: alguien le había mandado un mensaje de texto. Llamé a mi mujer. Lo sabía ya: se lo habían dicho por teléfono antes de que la televisión diera la noticia. Díganme ustedes, entonces, para qué sirve un periódico. A estas alturas, un periódico sirve para empaquetar los hechos con opiniones. Es lo que ahora les pedimos, y puesto que se trata de opiniones sobre los hechos, queremos saber quién expresa esa opinión, si es un autor de quien nos fiamos o un escritorzuelo que habitualmente menospreciamos. Por eso, un periódico que hace huelga suprimiendo las firmas se vuelve muda, lo cual significa que la protesta sindical tiene su relevancia.Foucault y los modos de circulación Michel Foucault (1926-1984) (LA NACIÓN - 12 de agosto de 2006) Silvia Hopenhayn 23
  24. 24. Prohibida su reproducción sin permiso de sus autores y editores Juan Libro se despertó una mañana pensando que la realidad era un bien –o un mal– de consumo. Se ofrecían realidades por todas partes, ninguna parecida a la que él creía vivir a diario. Realidades paranoicas, opresivas; realidades extáticas, virtuales. La televisión era una oferta de realidades, desde las más suntuosas hasta las más escatológicas o miserables. Por eso, en su mesita de luz crecían los libros afines a su forma de estar en el mundo. No es que él se creyera excéntrico o distinto, consideraba más bien que las personas con las que se cruzaba por la calle eran más parecidas a los personajes que encontraba en los libros que a los que se exhibían en pantallas o revistas. Tampoco lo suyo obedecía a un afán escapista. No hallaba en la ficción un consuelo, aunque allí buscara mitigar su desidia. Pero esa sensación de estar viviendo en un presente distinto del decretado por los medios lo llevó, irremediablemente, al pasado. No acudió solo ni desprovisto de herramientas; sí, digo bien, herramientas. Porque las ideas de las que se armó son consideradas "herramientas" por el filósofo francés Michel Foucault. Así es. Juan Libro consiguió el texto de los cursos de Michel Foucault dictados en el Collège de France en 1978, recién editados por Fondo de Cultura Económica con el título Seguridad, territorio, población. El pensador francés, cruza de Nietzsche (sobre todo su Voluntad de Poder) y de Heidegger (el "ser tecnológico"), buscó, en las entrañas del siglo XVIII, las claves del funcionamiento de la sociedad actual. En una Francia sumida en graves problemas económicos y cada vez más rezagada con respecto a Inglaterra, surgía un grupo de intelectuales que proponía, por primera vez, un esquema del funcionamiento del sistema económico. Foucault se interesó por la Escuela Fisiocrática, que empieza a surgir en 1757, a partir de una conversación en la que el médico François Quesnay explicaba a Mirabeau las ideas que había estado madurando durante varios años. De esta ebullición teórica, que se nutre del crecimiento de las ciudades, se sirve Foucault para abordar los problemas de seguridad en los medios urbanos, diferenciando la ley del sistema disciplinario: «En el sistema de la ley, lo indeterminado es lo que está permitido; en el sistema del reglamento disciplinario, lo determinado es lo que se debe hacer y, por consiguiente, todo el resto, al ser indeterminado, está prohibido». Juan Libro prosiguió la ardua pero urgente lectura de las lecciones de Foucault, que le permitían comprender las aristas del presente: sus excesos y sus represiones. Conservó en su mente algunos conceptos foucaultianos que le ayudaban a construir un espacio propio, tales como "circulación y casualidad" o la impronta de "lo indeterminado". Es cierto, lo determinado se termina demasiado pronto. Juan Libro prefería seguir circulando, al amparo de la casualidad.Noam Chomsky y las 10 Estrategias de Manipulación Mediática Avram Noam Chomsky (EE.UU. 1928) El lingüista Noam Chomsky elaboró la lista de las "10 Estrategias de Manipulación" a través de los medios: 1. La estrategia de la distracción. El elemento primordial del control social es la estrategia de la distracción que consiste en desviar la atención del público de los problemas importantes y de los cambios decididos por las élites políticas y económicas, mediante la técnica del diluvio o inundación de continuas distracciones y de informaciones insignificantes. La estrategia de la distracción es igualmente indispensable para impedir al público interesarse por los conocimientos esenciales, en el área de la ciencia, la economía, la psicología, la neurobiología y la cibernética. 24

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