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¿Qué tan religioso es el colombiano?, Por Carlos Muñoz y Camilo Herrera

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Es el capítulo de análisis sobre la religiosidad del colombiano en el Estudio Colombiano de Valores de 2005... un homenaje a Carlos Muñoz, quien murió el 11 de enero de 2016, para que se sepa que inclusive era mucho más que el mejor actor de Colombia.

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¿Qué tan religioso es el colombiano?, Por Carlos Muñoz y Camilo Herrera

  1. 1. ¿QUÉ TAN RELIGIOSO ES EL COLOMBIANO? 57 Las religiones como mecanismo de regulación y compromiso social han formado parte fundamental en el desarrollo de la humanidad. Sus estructuras internas, complejas y estructuradas, son el sustento operativo y logístico óptimo para el cumplimiento de su misión: llevar la verdad que proclaman a todos los hombres. Estas comunidades son una estructura perfeccionada en el tiempo, hasta el punto de presentarse como naciones establecidas con sus propias constituciones y territorios reconocidos, como lo es el Vaticano. No podemos desconocer que el fundamento de una sociedad está basado en las creencias religiosas. Estar o pretender estar por fuera de ella es quedar sin piso de legitimidad del compuesto articulado de la misma sociedad. La población mundial divide sus preferencias religiosas entre el catolicismo, el islamismo y el protestantismo, sin desconocer situaciones como las de sus vertientes como el cristianismo o la ortodoxia. Es claro que estas instituciones han jugado un papel político importante en la historia de la humanidad, al punto de utilizar sus enseñanzas como herramientas de conquista y colonización. En Colombia, se presenta de manera general una preferencia por la religión Católica (denominada Apostólica y Romana, por su relación con la iglesia romana y los discípulos de Jesús), generada por la colonización española, ya que las comunidades precolombinas que presentaban otras formas de religiones fueron fuertemente disminuidas por las armas españolas para la imposición de la Iglesia Cristiana en América. Actualmente en nuestro país, la Constitución Política de 1991 crea la figura de la libertad de cultos, dando pie a la creación de nuevas iglesias y la llegada de pensamientos religiosos variados. (Se definirán como iglesias ¿QUÉ TAN RELIGIOSO ES EL COLOMBIANO? Carlos Muñoz y Camilo Herrera
  2. 2. 58 NUESTRA IDENTIDAD todos los templos o espacios físicos donde se ofrecen servicios religiosos por medio de un sacerdote o pastor que representa un concepto teológico establecido). Dentro de su libertad religiosa2 , nuestro país ha acogido de manera importante a las iglesias Cristiana3 , Mormona, Masona y Judía, relegando aún más las tradiciones teológicas precolombinas. Las estructuras formales de estas religiones se parecen entre sí: un sacerdote mayor, que es representante de una filosofía religiosa y que regula a los sacerdotes menores, aquellos que tienen contacto directo con las comunidades y difunden las ideas y principios de su iglesia. De alguna manera, presentan jerarquías institucionales piramidales como en las Fuerzas Armadas. Para el caso de la Iglesia Católica, en Roma se encuentra la sede principal, donde el Papa, máximo Pontífice, preside esta comunidad como representante de Dios en la Tierra. Bajo esta figura se plantea un modelo escalafonado de cardenal a obispo, a monseñor, a párroco. Para que un ciudadano, –sólo un hombre– pueda ser sacerdote, debe recibir una estricta formación filosófica y teologal. Para esto existe el seminario de formación, que guarda cierta similitud con las universidades. El candidato se inscribe en el seminario y debe cubrir los costos de su educación, pero a diferencia de las universidades de todo el mundo, al egresar queda vinculado a una comunidad que le representa un sustento económico. Esto hace que la comunidad católica en Colombia tenga un importante Distribución de las religiones en el mundo. 1 Martin Tzschatschel, “El Atlas de la fe, un viaje a través de las confesiones religiosas del mundo”, 1996. 2 Artículo 19 de la Constitución Política de 1991. 3 En los últimos tiempos está pisando con fuerza dentro de las filas cristianas el movimiento pentecostal o carismático. Fuente: Tzschaschel1
  3. 3. ¿QUÉ TAN RELIGIOSO ES EL COLOMBIANO? 59 parecido con las Fuerzas Armadas, no sólo en su estructura piramidal sino en su estructura de formación, capacitación, ascensos y sector de influencia según el nivel de la jerarquía. Es en este punto donde queda claro que la Iglesia Católica se presenta a su comunidad como una estructura empresarial, pero con una importante diferencia en cuanto al producto ofrecido. De alguna manera, se puede afirmar que el producto ofrecido por las iglesias es un conocimiento determinado, que redunda en la formación de la fe. ¿CREEMOS EN DIOS? La clara herencia jacobino-católica española es muy fuerte en Colombia. Comprender que nuestra población cree en un 98% en alguna forma de dios demuestra lo importante que es esta herencia en nuestras vidas. Sin importar la fe que se profese, el colombiano cree que existe un dios, que está más allá de lo material y que le genera una serie de condiciones de vida y lo regula entre el bien y el mal. Esta concepción liga al ciudadano a un pensamiento católico apostólico, fortalecido por la innegable importancia de la Iglesia Católica en Colombia, que va desde el Concordato hasta la negociaciones de paz. Esta creencia enmarca al ciudadano en un concepto moderno que concibe algunas situaciones como fuera de su control. La estructura urbana colombiana parte de la plaza española, enmarcada siempre por el enfrentamiento de la Alcadía, como el poder humano, y la Iglesia, como el poder divino. Otro ejemplo de esta religiosidad proviene de los sicarios antioqueños de la década de los ochenta, quienes le pedían a la Virgen apoyo para cumplir con su misión. ¿Cree en Dios?
  4. 4. 60 NUESTRA IDENTIDAD EL PERFIL DEL CREYENTE Si bien todos creemos en Dios, no todos creemos de la misma forma. 77 de cada 100 colombianos son católicos, 5 son evangelistas, 4 afirman que pertenecen a otro grupo y 22 dicen que no pertenecen a ningún grupo. En menor participación, 6 de cada 1.000 son protestantes, 1 de cada 1.000 es musulmán y 1 de estos, budista. Este fenómeno multi-religioso es más acentuado en las nuevas gene- raciones que claramente son menos religiosas (3 de cada 10 personas entre 18 y 25 años no pertenecen a ningún grupo religioso). Esto tiene origen en por lo menos tres factores principales: la secularización de la Pertenencia a grupos religiosos en Colombia. Pertenencia religiosa por grupos de edad.
  5. 5. ¿QUÉ TAN RELIGIOSO ES EL COLOMBIANO? 61 sociedad por el modelo educativo no católico, la libertad de culto de la constitución de 1991 y los arquetipos internacionales a los que los jóve- nes están expuestos por los medios de comunicación y por la industria del entretenimiento. ¿POR QUÉ DEJAMOS ATRÁS AL CATOLICISMO? Si bien la influencia de factores externos, paradigmas y modas, la pérdida de creyentes del catolicismo romano se debe a la rigidez de su dogma sobre temas como el aborto, el homosexualismo, el divorcio o las relaciones sexuales; se debe a que la iglesia católica no ha logrado mantener su poder fundamental en la población: ser la guía y el soporte espiritual del colombiano. 8 de cada 10 católicos y protestantes confían en la iglesia. 7 de cada 10 jóvenes entre los 18 y 25 años, y 9 de 10 mayores de 55 confían en la institución. Esta brecha muestra que el proceso, aunque lento, ha logrado causar mella en la imagen de la iglesia, lo cual es claramente preocupante para el obispado. Es posible que esta pérdida de confianza se deba a que las personas cada vez encuentran menos respuestas en la iglesia y en la religión. En la pregunta “si la iglesia le da las respuestas adecuadas a los problemas morales del individuo”, las respuestas nos dan una muy buena guía de análisis: 6 de cada 10 colombianos afirman que sí les da las respuestas adecuadas a los problemas morales: 1 de cada 2 menores de 25 años y 7 de cada 10 mayores de 50 responden esto. El tema tiene fuertes raíces sociales: responden que sí a la pregunta 7 de cada 10 personas de estrato 1 y 5 de estrato 6; en las proporciones, las personas con primaria terminada y universidad terminada. 6 de 10 católicos y 8 de 10 de evangelistas responden positivamente. En la pregunta sobre si la iglesia da respuestas a los problemas sociales de hoy, los resultados son más interesantes: 5 de 10 colombianos creen que la iglesia las da; 4 de cada 10 menores de 25 años y 6 de 10 mayores de 55 años piensan así. El cambio por estrato muestra que en la delegación de los problemas sociales no es responsabilizada la iglesia en los estratos altos (4 de 10), pero sí en los bajos (6 de 10), lo que muestra la racionalidad de esta respuesta. Mientras 7 de 10 protestantes y evangelistas responden positivamente, 1 de 2 católicos lo hace. Sin confianza ni respuestas sociales o individuales, el colombiano se la aleja de la iglesia –y en particular de la católica– sin dejar de creer en Dios. Esto tiene un precio muy grande en nuestra sociedad: cuando tomamos a Dios como un ser superior que podemos seguir sin una serie de códigos y formas, ocurre que no
  6. 6. 62 NUESTRA IDENTIDAD podemos diferenciar el bien del mal. 4 de 10 colombianos creen que el bien y el mal están bien definidos; 5 de 10 consideran que es circunstancial, y que el bien y el mal dependen de las situaciones en las que se les mire. Esta brecha moral nos demuestra la guía espiritual de la iglesia en nuestra vida. La tipificación de esta posición es aún más preocupante: 42% de los colombianos cree que existen guías absolutamente claras sobre lo que son el bien y el mal, que estas siempre se aplican a todos, cualesquiera sean las circunstancias; el 49% cree que nunca podrán existir guías absolutamente claras sobre el bien y el mal, pues lo bueno y lo malo dependen por completo de las circunstancias del momento; el 4% está en desacuerdo con las dos afirmaciones y el 5 % no sabe. En el Atlántico y Bogotá, la mayoría de las personas piensa que existen guías absolutamente claras sobre el bien y el mal, y que estas
  7. 7. ¿QUÉ TAN RELIGIOSO ES EL COLOMBIANO? 63 siempre se aplican a todos, cualesquiera sean las circunstancias, mientras la mayoría de las personas de las demás regiones del país piensan que nunca podrán existir guías absolutamente claras sobre lo que son el bien y el mal, y que lo bueno y lo malo dependen por completo de las circunstancias del momento. La mayoría de las personas de estratos 4 y 6 piensa que existen guías absolutamente claras sobre lo que son el bien y el mal, y que estas siempre se aplican a todos, cualesquiera sean las circunstancias. La mayoría de las personas los estratos 1, 2, 3, y 5 piensa que nunca podrán existir guías absolutamente claras sobre lo que son el bien y el mal, y que lo bueno y lo malo dependen por completo de las circunstancias del momento. El 50% de hombres y el 47% de mujeres opinan que nunca podrán existir guías absolutamente claras sobre lo que son el bien y el mal, y que lo bueno y lo malo dependen por completo de las circunstancias del momento. La mayoría de quienes se encuentran entre 18 y 45 años de edad opina que nunca podrán existir guías absolutamente claras sobre lo que son el bien y el mal, y que lo bueno y lo malo dependen por completo de las circunstancias del momento. La mayoría de los mayores de 55 años piensa
  8. 8. 64 NUESTRA IDENTIDAD que existen guías absolutamente claras sobre lo que son el bien y el mal, y que éstas siempre se aplican a todos, cualesquiera sean las circunstancias. La mayoría de las personas que se encuentran en secundaria, en otro y en ningún nivel educativo cree que existen guías absolutamen- te claras sobre lo que son el bien y el mal, y que estas siempre se aplican a todos, cualesquiera sean las circunstancias. La mayoría de las personas de los demás niveles opina que nunca podrán existir guías absolutamente claras sobre lo que son el bien y el mal, y que lo bueno y lo malo dependen por completo de las circunstancias del momento. Esto nos deja, por lo menos, las siguientes reflexiones: (1) a mayor estrato, mayor claridad sobre el bien y el mal, lo cual nos hace intuir que se presentan definiciones diferentes; (2) a menor edad, mayor subjetividad sobre la moral, lo cual nos hace prever una sociedad sub- jetiva hacia el bien y el mal; (3) a mayor educación, mayor subjetivi- dad, lo que demuestra la secularización de este fenómeno que parece estar sujeto a la mayor racionalidad de las personas. ¿Pero una socie- dad puede convivir sin esta claridad? Creemos que no. ¿DÓNDE ESTÁN LOS CREYENTES DE LAS RELIGIONES NO TRADICIONALES EN COLOMBIA? Esta nueva ola de creencias está distribuida por el país y responde a características muy claras: el 22% de los colombianos no pertenece a ningún grupo religioso; el 67% es católico romano; el 1%, protestante; el 7%, evangelista; el 0.01%, musulmán; el 0.01%, budista; el 3%, de otra religión y el 2% no sabe. Nunca podrán existir guías absolutamente claras sobre lo que son el bien y el mal. Lo bueno y lo malo dependen por completo de las circunstancias del momento. En desacuerdo con ambas. No sabe.Existen guías absolutamente claras sobre lo que son el bien y el mal. Éstas siempre se aplican a todos, cualesquiera sean las circunstancias. Nivel educativo
  9. 9. ¿QUÉ TAN RELIGIOSO ES EL COLOMBIANO? 65 En Atlántico, Noroccidente y Oriente del país, sin tener en cuenta la religión católica, el protestantismo es la segunda religión que más adeptos tiene. En las demás regiones es otra religión. Estrato socio-económico. El 4% de hombres y el 5% de mujeres son protestantes. Otro 4% de las mujeres pertenece a otros grupos religiosos. De las personas entre 36 y 45 años, la mayoría (sin tener en cuenta el catolicismo) pertenece a otra religión, mientras en los demás rangos de edad pertenece al protestantismo. Más de la mitad de los colombianos en todos los niveles educativos pertenece a la religión católica. En todos los estratos sociales el protestantismo es la segunda religión que más adeptos tiene.
  10. 10. 66 NUESTRA IDENTIDAD ¿CUMPLIMOS LOS MANDAMIENTOS? En el Libro del Éxodo (capítulo 20) y en el Libro del Deuteronomio (capítulo 5) se listan los 10 Mandamientos, que se constituyen el eje fundamental de la fe católica, ampliados por Jesucristo con el llamado Decimoprimer Mandamiento: “Amaos los unos a los otros como yo os he amado”. Ya entre estos dos libros hay grandes diferencias, pero se nos enseñó en el colegio, en la iglesia y en nuestra casa que eran diez. El incumplimiento de estos pone al católico en pecado mortal. Es decir que si muriese no sería salvado a menos que, arrepentido, confesase sus pecados y cumpliera una penitencia. Cabe la pregunta: ¿qué tanto cumplimos los diez Mandamientos? 1. Amarás a Dios4 : aunque el 95% de los colombianos dice que Dios es importante en su vida, esto cambia en diferentes segmentos5 : el 90% de los colombianos de 18 a 25 años, el 98% de los mayores de 55; el 97% del Noroccidente y el 91% de los bogotanos; el 96% de las personas del estrato 1 y el 93% del 6; el 92% de los hombres y el 95% de las Rangos de edad. Nivel educativo. 4 Para establecer este mandamiento se usó la pregunta 196 del ECV. 5 Se listan el mayor y el menor de cada segmento.
  11. 11. ¿QUÉ TAN RELIGIOSO ES EL COLOMBIANO? 67 mujeres; todas las personas no educadas y el 92% de los profesionales dicen creer en Dios: la creencia es muy alta en nosotros. 2. No tomarás el nombre de Dios en vano6 : este mandamiento va más allá de lo que su texto dice. Según el catequismo, se refiere a que las personas sean justas, ya que el jurar por el nombre de Dios obedecía en tiempos antiguos a que si la palabra no se cumplía, Dios la vengaría. El 33% de los colombianos es justo con su prójimo; también el 38% de los menores de 25 años y el 32% de los mayores de 55; el 28% de los que viven en Bogotá y el 40% de los que viven en Oriente; el 31 % de los que viven en el estrato 2 y el 45% de los del 5; el 35% de los hombres y 30% de las mujeres; el 80% de las personas no educadas y 27% de los que no terminaron primaria. Esto nos muestra que la justicia sobre la responsabilidad de nuestra palabra es muy baja y es más fuerte en los jóvenes educados de estratos medios, lo cual llama la atención porque demuestra un valioso cambio hacia el respeto por la palabra. 3. Santificarás las fiestas7 : este mandamiento se refiere al cumpli- miento con la misa dominical. El 53% de los colombianos va a misa al menos una vez a la semana; lo mismo que el 41% de los menores de 25 años y 71% de los mayores de 55; el 43% de los que viven en el Suroccidente y el 63% de los que viven en el Atlántico; el 37% de los que viven en el estrato 6 y el 65% de los que viven en el 4; el 45% de los hombres y el 61% de las mujeres; el 61% de los que no han terminado primaria y el 51% de los que la terminaron. Esto nos muestra que el co- lombiano ha dejado de frecuentar la misa semanal siendo esto un tema de edad y de la clase media, ya que las clases bajas y las altas educadas tienen asistencia frecuente. 4. Honrarás a tu padre y a tu madre8 : este mandamiento es un mecanismo de seguridad social. Se refiere a disciplina, formación y aseguramiento de la institución familiar. El 91% de los colombianos afirma que honra a su padre y a su madre en la misma proporción en los rangos de edad; también lo hacen el 95% de los que viven en el Oriente y el 86% de los que viven en Bogotá; el 95% del estrato 3 y el 82% del 2; el 89% de los hombres y el 92% de las mujeres; y con igualdad por nivel educativo. Esto muestra la importancia de la familia en el colombiano y de su homogeneidad de prioridad por segmentos. 5. No matarás9 : aunque nuestro país tiene altas tasas de homicidios, el colombiano no es asesino, pero sí es cada vez más dado a las formas “socialmente” aceptadas de muerte: el aborto, la eutanasia y el suicidio. El 78% de los colombianos no justifica ningún tipo de muerte; también lo 6 Para establecer este mandamiento se usaron las preguntas 25 y 26 del ECV. 7 Para establecer este mandamiento se usó la pregunta 185 del ECV. 8 Para establecer este mandamiento se usó la pregunta 13 del ECV. 9 Para establecer este mandamiento se usaron las preguntas 210, 212 y 213 del ECV.
  12. 12. 68 NUESTRA IDENTIDAD piensan el 80% de mayores de 55 años y el 74% de menores de 25; el 82% de quienes viven en el Atlántico y el 71% de los que viven en Bogotá; el 80% de los que viven en estrato 1 y el 72% del 6; el 77% de los hombres y el 79% de las mujeres; el 81% de los no educados y el 76% de los profesionales. Esto muestra que hay una mayor aceptación de las formas sociales de muerte en las élites del país. 6. No cometerás actos impuros10 : este mandamiento inicialmente se refería a la infidelidad en el matrimonio (adulterio), pero se ha trans- formado cualquier forma de acto impuro hacia la institución natural del matrimonio, por esto el homosexualismo, la prostitución y el di- vorcio son un buen indicador. El 70% de los colombianos no justifica los actos impuros contra el matrimonio; tampoco el 66% de los meno- res de 25 años y el 77% de los mayores de 55; 66% de los que viven en el Noroccidente ni el 75% de los del Atlántico; el 72% de los que viven en el estrato 1 ni el 66% de los que viven en el 5; el 70% de los hombres ni el 75% de las mujeres; el 76% de los no educados ni el 68% de los bachilleres. 7. No robarás11 : al igual que en el tema de la muerte, nuestra realidad social causa que este pecado sea muy frecuente y poco justificado. El 76% de los colombianos no justifica ninguna forma de robo; tampoco el 73% de los menores de 25 años ni el 77% de los mayores de 55; el 72% de los que viven en Noroccidente ni el 82% de los del Atlántico; el 77% de los que viven en el estrato 1 y el 80% de los del 6; el 76% de los no educados y el 83% de los profesionales. Esto muestra que hay un mayor sentido de propiedad privada en los grupos donde ésta es más grande. 8. No dirás falso testimonio ni mentiras12 : la mentira es uno de los pecados más frecuentes según la curia, ya que ha sido socialmente aceptada como una herramienta positiva en sus formas de mentira blanca o verdad a medias. El 82% de los colombianos no justifica las mentiras; tampoco el 80% de los menores de 25 años ni el 86% de los mayores de 55; el 86% de los que viven en el Oriente ni el 82% de los del Noroccidente; el 82% de los hombres ni el 84% de las mujeres; el 82% de los no educados ni el 87% de los profesionales. 9. No consentirás pensamientos ni deseos impuros13 : este es el mandamiento más difuso del decálogo de Moisés. Inicialmente no existía ni en el Éxodo ni el Deuteronomio; surgió del mandamiento sobre no codiciar a la mujer del prójimo y terminó refiriéndose a mantener el alma tranquila de pensamientos inquietantes. El 80% de los colombianos se considera persona religiosa; también el 71% de los 10 Para establecer este mandamiento se usaron las preguntas 208, 209 y 211 del ECV. 11 Para establecer este mandamiento se usaron las preguntas 205, 207 y 211 del ECV. 12 Para establecer este mandamiento se usó la pregunta 206 del ECV. 13 Para establecer este mandamiento se uso la pregunta 206 del Cuestionario del ECV.
  13. 13. ¿QUÉ TAN RELIGIOSO ES EL COLOMBIANO? 69 menores de 25 años y el 85% de los mayores de 55; el 91% de quienes viven en el Atlántico y el 74% de los bogotanos; el 82% de los del estrato 1 y el 77% de los del 6; el 76% de los hombres y el 83% de las mujeres; el 73% de los no educados y el 81% de los profesionales. Esto demuestra que la espiritualidad puede ser formada en el sistema educativo, pese al fenómeno económico. 10. No codiciarás los bienes ajenos14 : la codicia pone en riesgo los otros mandamientos y por ella estamos dispuestos a matar, a robar, a mentir, y aún a más si codiciamos lo que no merecemos. El 70% de los colombianos no justifica la codicia; tampoco lo hace el 66% de lo menores de 25 años ni el 72% de los mayores de 55; ni el 67% de los que viven en el Noroccidente ni el 77% de los del Atlántico; ni el 68% de los de estrato 3 ni el 74% de los de estrato 6; ni el 68% de los hombres ni el 72% de las mujeres; tampoco el 65% de los no educados 14 Para establecer este mandamiento se uso la pregunta 206 del Cuestionario del ECV. ni el 74% de los profesionales. Los resultados muestran que la codicia está concentrada en las clases medias con deseo de movilidad social. El colombiano promedio intenta cumplir ocho de los diez Mandamientos. Sepuedendiferenciarcuatrogrupos,segúnlasprioridadesdadas:enelprimero está la creencia en Dios; en el segundo (superior a 9 de 10) están las normas sobre relaciones (no robar, no matar, no mentir y honrar a la familia); en el tercero está la codicia (no consentir deseos ni codiciar bienes ajenos); en el cuarto están las acciones de Dios (no tomar su nombre en vano y santificar las fiestas). Esto nos permite comprender por qué el colombiano es muy dado al respeto de la propiedad ajena, a las relaciones con los demás y a sus relaciones con Dios. Así, en este orden: Dinero, Prójimo, Dios.
  14. 14. 70 NUESTRA IDENTIDAD Esta figura nos da más claridad al respecto. Es claro que existe una relación negativa entre el nivel de satisfacción con la vida y el cumplimiento de mandamientosquetienenlosgruposlíderes:comolosbogotanos,loshombres, los menores de 25 años y los estratos altos. ¿A qué se debe esto? A dos factores fundamentales: el primero es que la sociedad hace que prime la propiedad privada; el segundo, la pérdida por el temor a Dios. La propiedad privada es el reconocimiento que le hacemos a una persona sobre su propiedad de un bien. Esta es la base del modelo capitalista y de la democracia. La propiedad privada tiene tres características fundamentales: (1) es acumulable, (2) es negociable y (3) es auto-productiva. Por ejemplo, un terreno es acumulable porque se pueden tener más terrenos; es negociable porque se puede vender y es auto-productivo porque se puede sembrar o arrendar. Este concepto se ha insertado en nuestras relaciones sociales bajo el soporte de la libertad y la libre personalidad. Claro, no se puede cambiar de padres, pero sí negociar con la propiedad del otro. Pero lo más llamativo es la inserción de este concepto en las relaciones de pareja: “cuanto más, mejor”, “si me canso, la cambio”, “es un buen partido”. El otro factor es la pérdida del temor de Dios. Si bien la iglesia construyó su dogma bajo el temor al castigo de Dios, con la llegada de los libros del Nuevo Testamento se comenzó a trabajar con una doctrina menos dominante y más abierta, al punto que en Colombia 6 de cada 10 cree que hay vida después de la muerte y 9 de 10 creen que tienen alma. CREENCIAS EN CIELO E INFIERNO Lo curioso es cuando se analizan las creencias en el más allá: el castigo y el premio divinos. 6 de 10 colombianos creen en el Cielo y en el Infierno; Nivel de satisfacción frente a cumplimiento de mandamientos.
  15. 15. ¿QUÉ TAN RELIGIOSO ES EL COLOMBIANO? 71 2 de 10 creen en el Cielo, pero no en el Infierno; 1 de 10 no cree en ninguno. Si una persona no cree que la omnipresencia de Dios conlleva un castigo en la otra vida, quizá crea que esa pena será en esta vida; por lo tanto culpará a Dios de sus malos ratos y, algunas circunstancias, lo recordará para sus bienaventuranzas. ¿EL NIÑO DIOS, LOS REYES O PAPÁ NOEL? Es poco prudente simplificar la discusión del impacto de la cultura en la economía a la tesis determinista de Weber o su antagonista de Marx, pero es claro que ambas instituciones se afectan mutuamente y que, quizá, su mejor expresión se encuentra en el fenómeno navideño. La tradición católica celebra la natividad de Jesús la noche del 24 de diciembre. En algunos países –sobre todo en latinoamericanos– se estila dar regalos, costumbre que surge de la deformación de la tradición de los Reyes, quienes, según las sagradas escrituras, son los que dan ofrendas al niño rey recién nacido. En el mundo entero esta fecha se ha transformado en dos instancias fundamentales: el encuentro familiar y la mejor fecha del comercio. Esta tradición se celebra en países donde el catolicismo no es mayoritario logrando que la familia –como ha sido conocida en Occidente– se reúna y mantenga cálidos lazos. Pero no se puede desconocer que esta tradición tiene serios efectos de mercado, como la inflación de final de año y la presencia de pagos legales extras en los salarios de los trabajadores. Igualmente, por efecto del trabajo de mercadeo de Coca-Cola, la navidad de convirtió en roja y con un Papá Noel que se insertó en el mundo al mismo nivel que la popular marca. Hay que aceptar que en 1931 Coca-Cola –o Haddon Sundblom, que para el efecto es igual– llevó a Santa Clauss a ser el ícono que hoy es, partien- do de la imagen de San Nicolás, el obispo holandés que botaba monedas de oro por las chimeneas de los hogares pobres en su pueblo natal, y que en 1804 ya era usado como imagen por la Sociedad Histórica de Nueva York. ¿Afecta la navidad a la economía? Claro que la afecta. ¿Y viceversa? En este punto las variables sociales causan desafortunados efectos en las pobla- ciones pobres con influencia de los medios de comunicación con contenidos
  16. 16. 72 NUESTRA IDENTIDAD extranjeros. Tal es el caso de Latinoamérica, que ha crecido con muchas señales de televisión estadounidenses: ahora considera que la navidad es una época de recibir y de dar, más que un momento espiritual. Por esto en estas fechas –más que en los otros días– se ven más personas pobres pidien- do ayuda en la calle; y en muchos de los casos los padres aprovechan a sus hijos para lograr generosidad por medio de la lástima. La navidad nos hace generosos y nos lleva a ser “buenos”, como hábilmente lo expone Bill Watterson en su tira cómica Calvin and Hobbes. En ella, un niño de 5 años y bastante inquieto debe evaluar si le arroja una bola de nieve a una niña y si Santa Clauss le traerá regalos por haber sido bueno. Esta sensibilidad es ma- nipulada por la población vulnerable (con razones obvias) y por los almace- nes que convocan a celebrar una navidad brillante, con cosas nuevas y llena de generosidad… tan sólo con el deseo de aumentar sus utilidades. Al hacer un alto en esta desordenada reflexión vemos que una tradición católica fue transformada por la combinación de los medios de comunica- ción, las herramientas del mercadeo, y la teoría del color en un escenario donde la motivación causada por el orgullo y el egoísmo lleva a que las per- sonas deseen dar el mejor regalo, la mejor comida, tener la mejor decoración y ser los más generosos para obtener el reconocimiento de su círculo social y lograuniralafamiliaporunanoche.Estacadenadeacontecimientoscognitivos dejan un vacío: ¿y la tradición qué? Esta transculturalidad no es mala: es un punto de inflexión muy fuerte causado por lo que llamamos globalización. La idea católica de la navidad se verá limitada a aquellos firmes creyentes que se acojan a la novena del Vati- cano. Este deberá luchar contra molinos de viento y con poca probabilidad de éxito para evitar que su costumbre desaparezca. La tradición como la conocemos cambiará, habrá más Papá Noel que Niño Dios o Reyes Magos. Pero, seguramente, los sacerdotes encontrarán cómo hacer el giro hacia la Santidad de San Nicolás para mantener el status quo en esta tradición. ¿Qué hacer? Nada: no hay que hacer nada. Intentar detener una transfor- mación cultural sería como creer que el sol gira alrededor de la Tierra. Hay que comprender que un cambio en la cultura local seguramente afectará la cultura universal. Esto tendrá serias implicaciones en los mercado y, si hay una crisis económica, la costumbre se adecuará como ocurrió en los años treintas en los Estados Unidos. UNA REFLEXIÓN FINAL: ¿PECADO O DELITO? El ser humano es sujeto de la dicotomía que es consecuencia de los con- trastes de la naturaleza: el día y la noche, el macho y la hembra, el frío y el calor. Esta presencia de antagonistas naturales ha llevado a que tan pronto se define un concepto, inmediatamente se crea su contrario.
  17. 17. ¿QUÉ TAN RELIGIOSO ES EL COLOMBIANO? 73 De aquí surge en las religiones originarias de la media luna fértil la diferencia entre el bien y el mal. Cuando Abraham comenzó a proclamar la existencia de un único dios bondadoso y desarrolló una lucha contra el paganismo, es decir contra los politeístas, unificó el bien bajo el manto de un dios omnipresente que podría saber si nuestras acciones eran buenas o no. Esto fue el pilar de la construcción de las sociedades de la Edad de Piedra en el Medio Oriente, pilar que ejerció un fuerte papel político para la creación de convivencia entre las entonces tribus nómadas. Lue- go, cuando Moisés le entregó a su comunidad las Tablas de la Ley, intro- dujo dos conceptos fundamentales: los Mandamientos y los pecados. Los mandamientos son los deseos sociales de Dios: aquellas normas que de- bemos cumplir para ser salvados y merecer la vida eterna. Los pecados son el incumplimiento de esos mandamientos, faltas que limitan la posi- bilidad de obtener un sitio en el más allá. Las normas divinas se erigen sobre el concepto de la omnipresencia de Dios y la existencia de la vida eterna. Esto genera sus antagonistas: el castigo divino y el Infierno. La definición del bien y del mal sobre las normas divinas no sólo es el generador del concepto de pecado sino es un paso para la conceptualización de lo correcto y de lo incorrecto, y la abolición de los azares y de los puntos medios del actuar humano. Cuando Jesús invocó un nuevo mandamiento, el amor filial, con el que planteó la bondad y la convivencia como ejes sociales fundamenta- les, dejó un nuevo antagonismo hacia el egoísmo y la competencia. Cerca del siglo octavo la Iglesia Católica planteó la existencia de los diferentes pecados relativos a los excesos, siendo particulares los pecados veniales y sus consecuentes y redentoras obras de caridad. En esta misma dirección, Mahoma, después de muchas luchas contra el paganismo ára- be, impuso un concepto muy similar al católico por sus orígenes comu- nes. Pero adicionó un concepto diferenciador: la relación directa entre el creyente y Alá, sin la necesidad de mediación eclesiástica. Al mismo tiem- po, en Oriente, diferentes creencias conceptuaron la presencia del Yin y el Yang y otras, la búsqueda del equilibrio y de la felicidad, fundamenta- dos por el respeto al prójimo. Por otra parte, los griegos y los romanos, siendo sociedades paganas, estructuraron formas políticas fundamenta- das en lo correcto y en lo incorrecto, partiendo de los logros individuales y no de la voluntad divina. Es claro que la propiedad privada no podía ser robada, pero sí ser aumentada por medio de botines de guerra o por el comercio. Esta legislación aceptaba que las personas podían cometer ac- tos que molestaran a los dioses, pero sus actos no eran guiados por estos. Las civilizaciones mediterráneas, incluida la egipcia, por más que venera- ban dioses, dejaban a las personas el espectro de lo correcto y de lo incorrecto y, por lo tanto, sus acciones y reacciones podían ser juzgadas y
  18. 18. 74 NUESTRA IDENTIDAD castigadas en vida, aunque aceptaran la existencia de una vida ulterior. Finalmente, después de que Occidente se declarara católico, apostólico y romano, surgió en Francia el Derecho Napoleónico, que abrió el espec- tro de avatares y probabilidades de combinación entre lo correcto y lo incorrecto, sentado suficiente materia para la racionalidad en el actuar humano y su juicio posterior. Bien sea por norma divina o por norma humana, la mayoría de las personas actúan correctamente por miedo al castigo divino o al humano: el caso es que al final no actúa con libertad. Este concepto ha llevado a que nuestras sociedades sean presas del temor al castigo, situación que comienza en el hogar, donde los padres usan el castigo como medio de formación. El temor está relacionado con la fragilidad del ser humano y con su deseo de ser libre. (Es interesante el caso de México, en donde la legislación no define como delito la fuga de prisión, ya que es innato al ser humano querer ser libre). El miedo es el antagonista de su creador: la venganza. El derecho está fundamentado en ésta y su forma legal, la res- titución y la reparación, logra que aquel que falte contra otro sea venga- do. Aparece, pues, un pilar clave en el ejercicio del bien y de lo correcto: la presencia de la autoridad, la encargada del cumplimiento de las nor- mas. Aquí las divinidades tienen por ventaja la omnipresencia (o del car- go de conciencia) frente a la necesidad de la presencia física de la autori- dad humana. Dios no pide pruebas, descargos o tribunales para saber si somos buenos o no… La duda persiste. ¿Por qué actuamos así? ¿No robamos porque es de- lito o porque es pecado? Si peco y rezo, ¿empato? Si la policía no me ve, ¿puedo hacerlo? ¿Aceptamos lo bueno que tiene lo malo y lo malo que tiene lo bueno? Ciertamente los excesos no son buenos para nuestra con- dición frágil –más por salud que por otra cosa– pero la mayoría de los católicos actúan bien o mal y los más racionales actúan de forma correcta o incorrecta: es decir que la influencia de la forma política es fundamen- tal en el espectro de la llamada moral pública. Todo delito es un pecado, pero no todo pecado es un delito. La infidelidad es claramente criticada por la religión pero, en el marco secular, sólo es delito cuando se configu- ra como bigamia. Esto causa que los libros religiosos y las constituciones y códigos confluyan en la creación de la moral pública, en la que el castigo legal y el rechazo social coartan la libertad extrema el sujeto. Esta migra- ción conceptual de lo bueno a lo correcto es mucho más que el abando- no de los dogmas religiosos: es parte del proceso de modernización y de la presencia de la motivación al logro sobre la solidaridad: es el triunfo de la competencia sobre la colectividad. El pecado es algo malo, pero efí- mero; el delito es una trampa en el mundo de la competencia.

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