Successfully reported this slideshow.
We use your LinkedIn profile and activity data to personalize ads and to show you more relevant ads. You can change your ad preferences anytime.

Trabajo asalariado y capital

Related Audiobooks

Free with a 30 day trial from Scribd

See all
  • Be the first to comment

Trabajo asalariado y capital

  1. 1. Carlos Marx.Trabajo asalariado y capital.Escrito por C. Marx; sobre la base de las conferencias pronunciadasen la segunda quincena de diciembre de 1847.Introducción de F.Engels.Traducido del alemán.Primera Edición: "Neue Rheinische Zeitung. Organ der Demokratie"(Nueva Gaceta del Rin. Organo de la Democracia), del 5, 6, 7, 8 y 11de abril de 1849 y en folleto aparte, bajo la redacción y con unprefacio de F. Engels, en Berlín, en 1891.Fuente: Biblioteca Virtual Espartaco.Esta Edición: Marxists Internet Archive, 2000.
  2. 2. Introducción a la edición de 1891 de F.Engels El trabajo que reproducimos a continuación se publicó[1],bajo la forma de una serie de artículos editoriales, en la "NeueRheinische Zeitung" [2], a partir del 4 de abril de 1849. Lesirvieron de base las conferencias dadas por Marx, en 1847, enla Asociación Obrera Alemana de Bruselas [3]. La publicaciónde estos artículos quedó incompleta; el «se continuará» conque termina el artículo publicado en el número 269, no sepudo cumplir, por haberse precipitado por aquellos días losacontecimientos: la invasión de Hungría [4] por los rusos, lasinsurrecciones de Dresde, Iserlohn, Elberfeld, el Palatinado yBaden [5], y, como consecuencia de esto, fue suspendido elpropio periódico (19 de mayo de 1849). Entre los papelesdejados por Marx no apareció el manuscrito de la continuación[6]. De "Trabajo asalariado y capital" han visto la luz variasediciones en tirada aparte bajo la forma de folleto; la última,en 1884 (Hottingen-Zurich Tipografía Cooperativa suiza).Todas estas reimpresiones se ajustaban exactamente al textodel original. Pero la presente edición va a difundirse comofolleto de propaganda, en una tirada no inferior a 10.000ejemplares, y esto me ha hecho pensar si el propio Marxhabría aprobado, en estas condiciones, la simple reimpresióndel texto, sin introducir en él ninguna modificación. En la década del cuarenta, Marx no había terminado aún sucrítica de la Economía Política. Fue hacia fines de la década del[146] cincuenta cuando dio término a esta obra. Por eso, lostrabajos publicados por él antes de la aparición del primerfascículo de la "Contribución a la crítica de la EconomíaPolítica" (1859), difieren en algunos puntos de los que vieronla luz después de esa fecha; contienen expresiones y frases
  3. 3. enteras que, desde el punto de vista de las obras posteriores,parecen poco afortunadas y hasta inexactas. Ahora bien, esindudable que en las ediciones corrientes, destinadas alpúblico en general, caben también estos puntos de vistaanteriores, que forman parte de la trayectoria espiritual delautor, y que tanto éste como el público tienen el derechoindiscutible a que estas obras antiguas se reediten sin ningunaalteración. Y a mí no se me hubiera ocurrido, ni en sueños,modificar ni una tilde. Pero la cosa cambia cuando se trata de una reedicióndestinada casi exclusivamente a la propaganda entre losobreros. En este caso, es indiscutible que Marx habría puestola antigua redacción, que data ya de 1849, a tono con sunuevo punto de vista. Y estoy absolutamente seguro de obrartal como él lo habría hecho introduciendo en esta edición lasescasas modificaciones y adiciones que son necesarias paraconseguir ese resultado en todos los puntos esenciales. Deantemano advierto, pues, al lector que este folleto no es el queMarx redactó en 1849, sino, sobre poco más o menos, el quehabría escrito en 1891. Además, el texto original circula porahí en tan numerosos ejemplares, que por ahora basta conesto, hasta que yo pueda reproducirlo sin alteración en unaedición de las obras completas. Mis modificaciones giran todas en torno a un punto. Según eltexto original, el obrero vende al capitalista, a cambio delsalario, su trabajo; según el texto actual, vende su fuerza detrabajo. Y acerca de esta modificación, tengo que dar lasnecesarias explicaciones. Tengo que darlas a los obreros, paraque vean que no se trata de ninguna sutileza de palabras, nimucho menos, sino de uno de los puntos más importantes detoda la Economía Política. Y a los burgueses, para que seconvenzan de cuán por encima están los incultos obreros, aquienes se pueden explicar con facilidad las cuestiones
  4. 4. económicas más difíciles, de nuestros petulantes hombres«cultos», que jamás, mientras vivan, llegarán a comprenderestos intrincados problemas. La Economía Política clásica [7] tomó de la práctica industrialla idea, en boga entre los fabricantes, de que éstos compran ypagan el trabajo de sus obreros. Esta idea servíaperfectamente a los fabricantes para administrar sus negocios,para la contabilidad y el cálculo de los precios. Pero,trasplantada simplistamente a la Economía Política, causó aquíextravíos y embrollos verdaderamente notables. La Economía Política se encuentra con el hecho de que losprecios de todas las mercancías, incluyendo el de aquélla aque da el nombre de «trabajo», varían constantemente; conque suben y bajan por efecto de circunstancias muy diversas,que muchas veces no guardan relación alguna con lafabricación de la mercancía misma, de tal modo que losprecios parecen estar determinados generalmente por el puroazar. Por eso, en cuanto la Economía Política se erigió enciencia [8], uno de los primeros problemas que se leplantearon fue el de investigar la ley que presidía este azarque parecía gobernar los precios de las mercancías, y que enrealidad lo gobierna a él. Dentro de las constantesfluctuaciones en los precios de las mercancías, que tan prontosuben como bajan, la Economía se puso a buscar el puntocentral fijo en torno al cual se movían estas fluctuaciones. Enuna palabra, arrancó de los precios de las mercancías parainvestigar como ley reguladora de éstos el valor de lasmercancías, valor que explicaría todas las fluctuaciones de losprecios y al cual, en último término, podrían reducirse todasellas. Así, la Economía Política clásica encontró que el valor de unamercancía lo determinaba el trabajo necesario para suproducción encerrado en ella. Y se contentó con esta
  5. 5. explicación. También nosotros podemos detenernos,provisionalmente, aquí. Recordaré tan sólo, para evitarequívocos, que hoy esta explicación es del todo insuficiente.Marx investigó de un modo minucioso por vez primera lapropiedad que tiene el trabajo de crear valor, y descubrió queno todo trabajo aparentemente y aun realmente necesariopara la producción de una mercancía añade a ésta en todocaso un volumen de valor equivalente a la cantidad de trabajoconsumido. Por tanto, cuando hoy decimos simplemente, coneconomistas como Ricardo, que el valor de una mercancía sedetermina por el trabajo necesario para su producción, damospor sobreentendidas siempre las reservas hechas por Marx.Aquí, basta con dejar sentado esto; lo demás lo expone Marxen su "Contribución a la crítica de la Economía Política" (1859),y en el primer tomo de "El Capital". Pero, tan pronto como los economistas aplicaban estecriterio de determinación del valor por el trabajo a lamercancía «trabajo», caían de contradicción en contradicción.¿Cómo se determina el valor del «trabajo»? Por el trabajonecesario encerrado en él. Pero, ¿cuánto trabajo se encierra enel trabajo de un obrero durante un día, una semana, un mes,un año? El trabajo de un día, una semana, un mes, un año. Siel trabajo es la medida de todos los valores, el «valor deltrabajo» sólo podrá expresarse en trabajo. Sin embargo, consaber que el valor de una hora de trabajo es igual a una horade trabajo, es como si no supiésemos nada acerca de él. Conesto, no hemos avanzado ni un pelo hacia nuestra meta; nohacemos más que dar vueltas en un círculo vicioso. La Economía Política clásica intentó, entonces, buscar otrasalida. Dijo: el valor de una mercancía equivale a su coste deproducción. Pero, ¿cuál es el coste de producción del trabajo?Para poder contestar a esto, los economistas vense obligadosa forzar un poquito la lógica. En vez del coste de producción
  6. 6. del propio trabajo, que, desgraciadamente, no se puedeaveriguar, investigan el coste de producción del obrero. Este síque puede averiguarse. Varía según los tiempos y lascircunstancias, pero. dentro de un determinado estado de lasociedad, de una determinada localidad y de una rama deproducción dada, constituye una magnitud también dada, a lomenos dentro de ciertos límites, bastante reducidos. Hoy,vivimos bajo el dominio de la producción capitalista, en la queuna clase numerosa y cada vez más extensa de la poblaciónsólo puede existir trabajando, a cambio de un salario, para lospropietarios de los medios de producción: herramientas,máquinas, materias primas y medios de vida. Sobre la base deeste modo de producción, el coste de producción del obreroconsiste en la suma de medios de vida —o en sucorrespondiente precio en dinero— necesarios por términomedio para que aquél pueda trabajar y mantenerse encondiciones de seguir trabajando, y para sustituirle por unnuevo obrero cuando muera o quede inservible por vejez oenfermedad, es decir, para asegurar la reproducción de laclase obrera en la medida necesaria. Supongamos que elprecio en dinero de estos medios de vida es, por términomedio, de tres marcos diarios. En este caso, nuestro obrero recibirá del capitalista paraquien trabaja un salario de tres marcos al día. A cambio deeste salario, el capitalista le hace trabajar, digamos, docehoras diarias. El capitalista echa sus cuentas, sobre poco máso menos, del modo siguiente: Supongamos que nuestro obrero —un mecánico ajustador—tiene que hacer una pieza de una máquina, que acaba en undía. La materia prima, hierro y latón, en el estado deelaboración requerido, cuesta, supongamos, 20 marcos. Alconsumo de carbón de la máquina de vapor y el desgaste deésta, del torno y de las demás herramientas con que trabaja
  7. 7. nuestro obrero representan, digamos —calculando la partecorrespondiente a un día y a un obrero—, un valor de unmarco. El jornal de un día es, según nuestro cálculo, de tresmarcos. El total arrojado para nuestra pieza es de 24 marcos.Pero el capitalista calcula que su cliente le abonará, portérmino medio, un precio de 27 marcos; es decir, tres marcosmás del coste por él desembolsado. ¿De dónde salen estos tres marcos, que el capitalista seembolsa? La Economía Política clásica sostiene que lasmercancías se venden, unas con otras, por su valor; es decir,por el precio que corresponde a la cantidad de trabajonecesario encerrado en ellas. Según esto, el precio medio denuestra pieza —o sea 27 marcos— debería ser igual a su valor,al trabajo encerrado en ella. Pero de estos 27 marcos, 21 eranvalores que ya existían antes de que nuestro ajustadorcomenzara a trabajar. 20 marcos se contenían en la materiaprima, un marco en el carbón quemado durante el trabajo o enlas máquinas y herramientas empleadas en éste, y cuyacapacidad de rendimiento disminuye por valor de esa suma.Quedan seis marcos, que se añaden al valor de las materiasprimas. Según la premisa de que arrancan nuestroseconomistas, estos seis marcos sólo pueden provenir deltrabajo añadido a la materia prima por nuestro obrero. Segúnesto, sus doce horas de trabajo han creado un valor nuevo deseis marcos. Es decir que el valor de sus doce horas de trabajoequivale a esta cantidad. Así habremos descubierto, por fin,cuál es el «valor del trabajo». — ¡Alto ahí! —grita nuestro ajustador—. ¿Seis marcos,decís? ¡Pero a mí sólo me han entregado tres! Mi capitalistajura y perjura que el valor de mis doce horas de trabajo sonsólo tres marcos, y si le reclamo seis, se reirá de mí. ¿Cómo seentiende esto?
  8. 8. Si antes, con nuestro valor del trabajo nos movíamos en uncirculo vicioso, ahora caemos de lleno en una insolublecontradicción. Buscábamos el valor del trabajo, y hemosencontrado más de lo que queríamos. Para el obrero, el valorde un trabajo de doce horas son tres marcos; para elcapitalista, seis, de los cuales paga tres al obrero como salarioy se embolsa los tres restantes. Resulta, pues, que el trabajono tiene solamente un valor, sino dos, y además bastantedistintos. Más absurda aparece todavía la contradicción si reducimos atiempo de trabajo los valores expresados en dinero. En lasdoce horas de trabajo se crea un valor nuevo de seis marcos.Por tanto, en seis horas serán tres marcos, o sea lo que elobrero recibe por un trabajo de doce horas. Por doce horas detrabajo se le entrega al obrero, como valor equivalente, elproducto de un trabajo de seis horas. Por tanto, o el trabajotiene dos valores, uno de los cuales es el doble de grande queel otro, ¡o doce son iguales a seis! En ambos casos estamosdentro del más puro absurdo. Por más vueltas que le demos, mientras hablemos decompra y venta del trabajo y de valor del trabajo, nosaldremos de esta contradicción. Y esto es lo que les ocurría alos economistas. El último brote de la Economía Políticaclásica, la escuela de Ricardo, fracasó en gran parte por laimposibilidad de resolver esta contradicción. La EconomíaPolítica clásica se había metido en un callejón sin salida. Elhombre que encontró la salida de este atolladero fue CarlosMarx. Lo que los economistas consideraban como coste deproducción «del trabajo» era el coste de producción, no deltrabajo, sino del propio obrero viviente. Y lo que este obrerovendía al capitalista no era su trabajo. «Allí donde comienzarealmente su trabajo —dice Marx—, éste ha dejado ya de
  9. 9. pertenecerle a él y no puede, por tanto, venderlo». Podrá, a losumo, vender su trabajo futuro; es decir, comprometerse aejecutar un determinado trabajo en un tiempo dado. Pero conello no vende el trabajo (pues éste todavía está por hacer),sino que pone a disposición del capitalista, a cambio de unadeterminada remuneración, su fuerza de trabajo, sea por uncierto tiempo (si trabaja a jornal) o para efectuar una tareadeterminada (si trabaja a destajo): alquila o vende su fuerzade trabajo. Pero esta fuerza de trabajo está unidaorgánicamente a su persona y es inseparable de ella. Por esosu coste de producción coincide con el coste de producción desu propia persona; lo que los economistas llamaban coste deproducción del trabajo es el coste de producción del obrero, y,por tanto, de la fuerza de trabajo. Y ahora, ya podemos pasardel coste de producción de la fuerza de trabajo al valor de éstay determinar la cantidad de trabajo socialmente necesario quese requiere para crear una fuerza de trabajo de determinadacalidad, como lo ha hecho Marx en el capítulo sobre la compray la venta de la fuerza de trabajo ("El Capital", tomo I, capítulo4, apartado 3). Ahora bien, ¿qué ocurre, después que el obrero vende alcapitalista su fuerza de trabajo; es decir, después que la ponea su disposición, a cambio del salario convenido, por jornal o adestajo? El capitalista lleva al obrero a su taller o a su fábrica,donde se encuentran ya preparados todos los elementosnecesarios para el trabajo: materias primas y materialesauxiliares (carbón, colorantes, etc.), herramientas ymaquinaria. Aquí, el obrero comienza a trabajar. Supongamosque su salario, es, como antes, de tres marcos al día, siendoindiferente que los obtenga como jornal o a destajo. Volvamosa suponer que, en doce horas, el obrero, con su trabajo, añadea las materias primas consumidas un nuevo valor de seismarcos, valor que el capitalista realiza al vender la mercancíaterminada. De estos seis marcos, paga al obrero los tres que le
  10. 10. corresponden y se guarda los tres restantes. Ahora bien, si elobrero, en doce horas, crea un valor de seis marcos, en seishoras creará un valor de tres. Es decir, que con seis horas quetrabaje resarcirá al capitalista el equivalente de los tresmarcos que éste le entrega como salario. Al cabo de seis horasde trabajo, ambos están en paz y ninguno adeuda un céntimoal otro. — ¡Alto ahí! —grita ahora el capitalista—. Yo he alquilado alobrero por un día entero, por doce horas. Seis horas no sonmás que media jornada. De modo que ¡a seguir trabajando,hasta [151] cubrir las otras seis horas, y sólo entoncesestaremos en paz! Y, en efecto, el obrero no tiene másremedio que someterse al contrato que «voluntariamente» hapactado, y en el que se obliga a trabajar doce horas enteraspor un producto de trabajo que sólo cuesta seis horas. Exactamente lo mismo acontece con el salario a destajo.Supongamos que nuestro obrero fabrica en doce horas docepiezas de mercancías, y que cada una de ellas cuesta, enmaterias primas y desgaste de maquinaria, dos marcos y sevende a dos y medio. En igualdad de circunstancias connuestro ejemplo anterior, el capitalista pagará al obrero 25pfennigs por pieza. Las doce piezas arrojan un total de tresmarcos, para ganar los cuales el obrero tiene que trabajardoce horas. El capitalista obtiene por las doce piezas treintamarcos; descontando veinticuatro marcos para materiasprimas y desgaste, quedan seis marcos, de los que entregatres al obrero, como salario, y se embolsa los tres restantes.Exactamente lo mismo que arriba. También aquí trabaja elobrero seis horas para sí, es decir, para reponer su salario(media hora de cada una de las doce) y seis horas para elcapitalista. La dificultad contra la que se estrellaban los mejoreseconomistas, cuando partían del valor del «trabajo»,
  11. 11. desaparece tan pronto como, en vez de esto, partimos delvalor de la «fuerza de trabajo». La fuerza de trabajo es, ennuestra actual sociedad capitalista, una mercancía; unamercancía como otra cualquiera, y sin embargo, muy peculiar.Esta mercancía tiene, en efecto, la especial virtud de ser unafuerza creadora de valor, una fuente de valor, y, si se la sabeemplear, de mayor valor que el que en sí misma posee. Con elestado actual de la producción, la fuerza humana de trabajo nosólo produce en un día más valor del que ella misma encierra ycuesta, sino que, con cada nuevo descubrimiento científico,con cada nuevo invento técnico, crece este remanente de suproducción diaria sobre su coste diario, reduciéndose, portanto, aquella parte de la jornada de trabajo en que el obreroproduce el equivalente de su jornal, y alargándose, por otrolado, la parte de la jornada de trabajo en que tiene que regalarsu trabajo al capitalista, sin que éste le pague nada. Tal es el régimen económico sobre el que descansa toda lasociedad actual: la clase obrera es la que produce todos losvalores, pues el valor no es más que un término para expresarel trabajo, el término con que en nuestra actual sociedadcapitalista se designa la cantidad de trabajo socialmentenecesario, encerrado en una determinada mercancía. Peroestos valores producidos por los obreros no les pertenecen aellos. Pertenecen a los propietarios de las materias primas, delas máquinas y herramientas y de los recursos anticipados quepermiten a estos propietarios comprar la fuerza de trabajo dela clase obrera. Por tanto, de toda la cantidad [152] deproductos creados por ella, la clase obrera sólo recibe unaparte. Y, como acabamos de ver, la otra parte, la que retienepara sí la clase capitalista, viéndose a lo sumo obligada acompartirla con la clase de los propietarios de tierras, seacrecienta con cada nuevo invento y cada nuevodescubrimiento, mientras que la parte correspondiente a laclase obrera (calculándola por persona), sólo aumenta muy
  12. 12. lentamente y en proporciones insignificantes, cuando no seestanca o incluso disminuye, como acontece en algunascircunstancias. Pero estos descubrimientos e invenciones, que se desplazanrápidamente unos a otros, este rendimiento del trabajohumano que va creciendo día tras día en proporciones antesinsospechadas, acaban por crear un conflicto, en el queforzosamente tiene que perecer la actual economía capitalista-. De un lado, riquezas inmensas y una plétora de productosque rebasan la capacidad de consumo del comprador. Del otro,la gran masa de la sociedad proletarizada, convertida enobreros asalariados, e incapacitada con ello para adquiriraquella plétora de productos. La división de la sociedad en unareducida clase fabulosamente rica y una enorme clase deasalariados que no poseen nada, hace que esta sociedad seasfixie en su propia abundancia, mientras la gran mayoría desus individuos apenas están garantizados, o no lo están enabsoluto, contra la más extrema penuria. Con cada día quepasa, este estado de cosas va haciéndose más absurdo y másinnecesario. Debe ser eliminado, y puede ser eliminado. Esposible un nuevo orden social en el que desaparecerán lasactuales diferencias de clase y en el que —tal vez después deun breve período de transición, acompañado de ciertasprivaciones, pero en todo caso muy provechoso moralmente—,mediante el aprovechamiento y el desarrollo armónico yproporcional de las inmensas fuerzas productivas ya existentesde todos los individuos de la sociedad, con el deber general detrabajar, se dispondrá por igual para todos, en proporcionescada vez mayores, de los medios necesarios para vivir, paradisfrutar de la vida y para educar y ejercer todas las facultadesfísicas y espirituales. Que los obreros van estando cada vezmás resueltos a conquistar, luchando, este nuevo orden social,lo patentizarán, en ambos lados del Océano, el día de mañana,1 de mayo, y el domingo, 3 de mayo [9].
  13. 13. Londres, 30 de abril de 1891 Federico Engels Trabajo Asalariado y Capital De diversas partes se nos ha reprochado el que no hayamosexpuesto las relaciones económicas que forman la basematerial de la lucha de clases y de las luchas nacionales denuestros días. Sólo hemos examinado intencionadamenteestas relaciones allí donde se imponían directamente en lascolisiones políticas. Tratábase, principalmente, de seguir la lucha de clases en lahistoria cotidiana, y demostrar empíricamente, con losmateriales históricos existentes y con los que iban apareciendotodos los días, que con el sojuzgamiento de la clase obrera,protagonista de febrero y marzo, fueron vencidos, al propiotiempo, sus adversarios: en Francia, los republicanosburgueses, y en todo el continente europeo, las clasesburguesas y campesinas en lucha contra el absolutismo feudal;que el triunfo de la «república honesta» en Francia fue, almismo tiempo, la derrota de las naciones que habíanrespondido a la revolución de febrero con heroicas guerras deindependencia; y, finalmente, que con la derrota de losobreros revolucionarios, Europa ha vuelto a caer bajo suantigua doble esclavitud: la esclavitud anglo-rusa. La batallade junio en París, la caída de Viena, la tragicomedia delnoviembre berlinés de 1848, los esfuerzos desesperados dePolonia, Italia y Hungría, el sometimiento de Irlanda por elhambre: tales fueron los acontecimientos principales en que seresumió la lucha europea de clases entre la burguesía y laclase obrera, y a través de los cuales hemos demostrado quetodo levantamiento revolucionario, por muy alejada queparezca estar su meta de la lucha de clases, tiene
  14. 14. necesariamente que fracasar mientras no triunfe la claseobrera revolucionaria, que toda reforma social no será másque una utopía mientras la revolución proletaria y lacontrarrevolución feudal no midan sus armas en una guerramundial. En nuestra descripción lo mismo que en la realidad,Bélgica y Suiza eran estampas de género, caricaturescas ytragicómicas en el gran cuadro histórico: una, el Estadomodelo de la monarquía burguesa; la otra, el Estado modelode la república burguesa, y ambas, Estados que se hacen lailusión de estar tan libres de la, lucha de clases como de larevolución europea. Ahora que nuestros lectores han visto ya desarrollarse lalucha de clases, durante el año 1848, en formas políticasgigantescas, ha llegado el momento de analizar más de cercalas relaciones económicas en que descansan por igual laexistencia de la burguesía y su dominación de clase, así comola esclavitud de los obreros. Expondremos en tres grandes apartados: 1) La relación entre el trabajo asalariado y el capital, laesclavitud del obrero, la dominación del capitalista. 2) La inevitable ruina, bajo el sistema actual, de las clasesmedias burguesas y del llamado estamento campesino. 3) El sojuzgamiento y la explotación comercial de las clasesburguesas de las distintas naciones europeas por Inglaterra, eldéspota del mercado mundial. Nos esforzaremos por conseguir que nuestra exposición sealo más sencilla y popular posible, sin dar por supuestas ni lasnociones más elementales de la Economía Política. Queremosque los obreros nos entiendan. Además, en Alemania reinanuna ignorancia y una confusión de conceptos verdaderamenteasombrosas acerca de las relaciones económicas más simples,
  15. 15. que van desde los defensores patentados del orden de cosasexistente hasta los taumaturgos socialistas y los geniospolíticos incomprendidos, que en la desmembrada Alemaniaabundan todavía más que los «padres de la Patria». Pasemos, pues, al primer problema: ¿Qué es el salario? ¿Cómo se determina? Si preguntamos a los obreros qué salario perciben, uno noscontestará: «Mi burgués me paga un marco por la jornada detrabajo»; el otro: «Yo recibo dos marcos», etc. Según lasdistintas ramas del trabajo a que pertenezcan, nos indicaránlas distintas cantidades de dinero que los burguesesrespectivos les pagan por la ejecución de una tareadeterminada, v.gr., por tejer una vara de lienzo o porcomponer un pliego de imprenta. Pero, pese a la diferencia dedatos, todos coinciden en un punto: el salario es la cantidad dedinero que el capitalista paga por un determinado tiempo detrabajo o por la ejecución de una tarea determinada. Por tanto, diríase que el capitalista les compra con dinero eltrabajo de los obreros. Estos le venden por dinero su trabajo.Pero esto no es más que la apariencia. Lo que en realidadvenden los obreros al capitalista por dinero es su fuerza detrabajo. El capitalista compra esta fuerza de trabajo por undía, una semana, un mes, etc. Y, una vez comprada, laconsume, haciendo que los obreros trabajen durante el tiempoestipulado. Con el mismo dinero con que les compra su fuerzade trabajo, por ejemplo, con los dos marcos, el capitalistapodría comprar dos libras de azúcar o una determinadacantidad de otra mercancía cualquiera. Los dos marcos con losque compra dos libras de azúcar son el precio de las dos librasde azúcar. Los dos marcos con los que compra doce horas deuso de la fuerza de trabajo son el precio de un trabajo de docehoras. La fuerza de trabajo es, pues, una mercancía, ni más ni
  16. 16. menos que el azúcar. Aquélla se mide con el reloj, ésta, con labalanza. Los obreros cambian su mercancía, la fuerza de trabajo, porla mercancía del capitalista, por el dinero y este cambio serealiza guardándose una determinada proporción: tanto dineropor tantas horas de uso de la fuerza de trabajo. Por tejerdurante doce horas, dos marcos. Y estos dos marcos, ¿norepresentan todas las demás mercancías que puedenadquirirse por la misma cantidad de dinero? En realidad, elobrero ha cambiado su mercancía, la fuerza de trabajo, porotras mercancías de todo género, y siempre en unadeterminada proporción. Al entregar dos marcos, el capitalistale entrega, a cambio de su jornada de trabajo, la cantidadcorrespondiente de carne, de ropa, de leña, de luz, etc. Portanto, los dos marcos expresan la proporción en que la fuerzade trabajo se cambia por otras mercancías, o sea el valor decambio de la fuerza de trabajo. Ahora bien, el valor de cambiode una mercancía, expresado en dinero, es precisamente suprecio. Por consiguiente, el salario no es más que un nombreespecial con que se designa el precio de la fuerza de trabajo, olo que suele llamarse precio del trabajo, el nombre especial deesa peculiar mercancía que sólo toma cuerpo en la carne y lasangre del hombre. Tomemos un obrero cualquiera, un tejedor, por ejemplo. Elcapitalista le suministra el telar y el hilo. El tejedor se pone atrabajar y el hilo se convierte en lienzo. El capitalista seadueña del lienzo y lo vende en veinte marcos, por ejemplo.¿Acaso el salario del tejedor representa una parte del lienzo,de los veinte marcos, del producto de su trabajo? Nada de eso.El tejedor recibe su salario mucho antes de venderse el lienzo,tal vez mucho antes de que haya acabado el tejido. Por tanto,el capitalista no paga este salario con el dinero que ha deobtener del lienzo, sino de un fondo de dinero que tiene en
  17. 17. reserva. Las mercancías entregadas al tejedor a cambio de lasuya, de la fuerza de trabajo, no son productos de su trabajo,del mismo modo que no lo son el telar y el hilo que el burguésle ha suministrado. Podría ocurrir que el burgués noencontrase ningún comprador para su lienzo. Podría ocurrirtambién que no se reembolsase con el producto de su venta niel salario pagado. Y puede ocurrir también que lo venda muyventajosamente, en comparación con el salario del tejedor. Altejedor todo esto le tiene sin cuidado. El capitalista, con unaparte de la fortuna de que dispone, de su capital, compra lafuerza de trabajo del tejedor, exactamente lo mismo que conotra parte de la fortuna ha comprado las materias primas —elhilo— y el instrumento de trabajo —el telar—. Una vez hechasestas compras, entre las que figura la de la fuerza de trabajonecesaria para elaborar el lienzo, el capitalista produce ya conmaterias primas e instrumentos de trabajo de su exclusivapertenencia. Entre los instrumentos de trabajo va incluidotambién, naturalmente, nuestro buen tejedor, que participa enel producto o en el precio del producto en la misma medidaque el telar; es decir, absolutamente en nada. Por tanto, el salario no es la parte del obrero en lamercancía por él producida. El salario es la parte de lamercancía ya existente, con la que el capitalista compra unadeterminada cantidad de fuerza de trabajo productiva. La fuerza de trabajo es, pues, una mercancía que supropietario, el obrero asalariado, vende al capital. ¿Para qué lavende? Para vivir. Ahora bien, la fuerza de trabajo en acción, el trabajo mismo,es la propia actividad vital del obrero, la manifestación mismade su vida. Y esta actividad vital la vende a otro paraasegurarse los medios de vida necesarios. Es decir, suactividad vital no es para él más que un medio para poderexistir. Trabaja para vivir. El obrero ni siquiera considera el
  18. 18. trabajo parte de su vida; para él es más bien un sacrificio desu vida. Es una mercancía que ha adjudicado a un tercero. Poreso el producto de su actividad no es tampoco el fin de estaactividad. Lo que el obrero produce para sí no es la seda queteje ni el oro que extrae de la mina, ni el palacio que edifica.Lo que produce para sí mismo es el salario; y la seda, el oro yel palacio se reducen para él a una determinada cantidad demedios de vida, si acaso a una chaqueta de algodón, unasmonedas de cobre y un cuarto en un sótano. Y para el obreroque teje, hila, taladra, tornea, construye, cava, machacapiedras, carga, etc., por espacio de doce horas al día, ¿sonestas doce horas de tejer, hilar, taladrar, tornear, construir,cavar y machacar piedras la manifestación de su vida, su vidamisma? Al contrario. Para él, la vida comienza allí dondeterminan estas actividades, en la mesa de su casa, en el bancode la taberna, en la cama. Las doce horas de trabajo no tienenpara él sentido alguno en cuanto a tejer, hilar, taladrar, etc.,sino solamente como medio para ganar el dinero que lepermite sentarse a la mesa o en el banco de la taberna ymeterse en la cama. Si el gusano de seda hilase para ganarseel sustento como oruga, sería un auténtico obrero asalariado.La fuerza de trabajo no ha sido siempre una mercancía. Eltrabajo no ha sido siempre trabajo asalariado, es decir, trabajolibre. El esclavo no vendía su fuerza de trabajo al esclavista,del mismo modo que el buey no vende su trabajo al labrador.El esclavo es vendido de una vez y para siempre, con su fuerzade trabajo, a su dueño. Es una mercancía que puede pasar demanos de un dueño a manos de otro. El es una mercancía,pero su fuerza de trabajo no es una mercancía suya. El siervode la gleba sólo vende una parte de su fuerza de trabajo. Noes él quien obtiene un salario del propietario del suelo; por elcontrario, es éste, el propietario del suelo, quien percibe de élun tributo.
  19. 19. El siervo de la gleba es un atributo del suelo y rinde frutos aldueño de éste. En cambio, el obrero libre se vende él mismo yademás, se vende en partes. Subasta 8, 10, 12, 15 horas desu vida, día tras día, entregándolas al mejor postor, alpropietario de las materias primas, instrumentos de trabajo ymedios de vida; es decir, al capitalista. El obrero no pertenecea ningún propietario ni está adscrito al suelo, pero las 8, 10,12, 15 horas de su vida cotidiana pertenecen a quien se lascompra. El obrero, en cuanto quiera, puede dejar al capitalistaa quien se ha alquilado, y el capitalista le despide cuando se leantoja, cuando ya no le saca provecho alguno o no le saca elprovecho que había calculado. Pero el obrero, cuya únicafuente de ingresos es la venta de su fuerza de trabajo, nopuede desprenderse de toda la clase de los compradores, esdecir, de la clase de los capitalistas, sin renunciar a suexistencia. No pertenece a tal o cual capitalista, sino a la clasecapitalista en conjunto, y es incumbencia suya encontrar unpatrono, es decir, encontrar dentro de esta clase capitalista uncomprador. Antes de pasar a examinar más de cerca la relación entre elcapital y el trabajo asalariado, expondremos brevemente losfactores más generales que intervienen en la determinacióndel salario. El salario es, como hemos visto, el precio de unadeterminada mercancía, de la fuerza de trabajo. Por tanto, elsalario se halla determinado por las mismas leyes quedeterminan el precio de cualquier otra mercancía. Ahora bien, nos preguntamos: ¿Cómo se determina el preciode una mercancía? ¿Qué es lo que determina el precio de una mercancía?
  20. 20. Es la competencia entre compradores y vendedores, larelación entre la demanda y la oferta, entre la apetencia y laoferta. La competencia que determina el precio de unamercancía tiene tres aspectos. La misma mercancía es ofrecida por diversos vendedores.Quien venda mercancías de igual calidad a precio más barato,puede estar seguro de que eliminará del campo de batalla alos demás vendedores y se asegurará mayor venta. Por tanto,los vendedores se disputan mutuamente la venta, el mercado.Todos quieren vender, vender lo más que puedan, y, si esposible, vender ellos solos, eliminando a los demás. Por esounos venden más barato que otros. Tenemos, pues, unacompetencia entre vendedores, que abarata el precio de lasmercancías puestas a la venta. Pero hay también una competencia entre compradores, quea su vez, hace subir el precio de las mercancías puestas a laventa. Y, finalmente, hay la competencia entre compradores yvendedores; unos quieren comprar lo más barato posible,otros vender lo más caro que puedan. El resultado de estacompetencia entre compradores y vendedores dependerá de larelación existente entre los dos aspectos de la competenciamencionada más arriba; es decir, de que predomine lacompetencia entre las huestes de los compradores o entre lashuestes de los vendedores. La industria lanza al campo debatalla a dos ejércitos contendientes, en las filas de cada unode los cuales se libra además una batalla intestina. El ejércitocuyas tropas se pegan menos entre sí es el que triunfa sobreel otro. Supongamos que en el mercado hay 100 balas de algodón yque existen compradores para 1.000 balas. En este caso, lademanda es, como vemos, diez veces mayor que la oferta. La
  21. 21. competencia entre los compradores será, por tanto, muygrande; todos querrán conseguir una bala, y si es posible lascien. Este ejemplo no es ninguna suposición arbitraria. En lahistoria del comercio hemos asistido a períodos de malacosecha algodonera, en que unos cuantos capitalistascoligados pugnaban por comprar, no ya cien balas, sino todaslas reservas de algodón de la tierra. En el caso que citamos,cada comprador procurará, por tanto, desalojar al otro,ofreciendo un precio relativamente mayor por cada bala dealgodón. Los vendedores, que ven a las fuerzas del ejércitoenemigo empeñadas en una rabiosa lucha intestina y quetienen segura la venta de todas sus cien balas, se guardaránmuy mucho de irse a las manos para hacer bajar los preciosdel algodón, en un momento en que sus enemigos se desvivenpor hacerlos subir. Se hace, pues, a escape, la paz entre lashuestes de los vendedores. Estos se enfrentan como un solohombre con los compradores, se cruzan olímpicamente debrazos. Y sus exigencias no tendrían límite si no lo tuvieran, ymuy concreto, hasta las ofertas de los compradores másinsistentes. Por tanto, cuando la oferta de una mercancía es inferior a sudemanda, la competencia entre los vendedores queda anuladao muy debilitada. Y en la medida en que se atenúa estacompetencia, crece la competencia entablada entre loscompradores. Resultado: alza más o menos considerable delos precios de las mercancías. Con mayor frecuencia se da, como es sabido, el casoinverso, y con inversos resultados: exceso considerable de laoferta sobre la demanda; competencia desesperada entre losvendedores; falta de compradores; lanzamiento de lasmercancías al malbarato. Pero, ¿qué significa eso del alza y la baja de los precios?¿Qué quiere decir precios altos y precios bajos? Un grano de
  22. 22. arena es alto si se le mira al microscopio, y, comparada conuna montaña. una torre resulta baja. Si el precio estádeterminado por la relación entre la oferta y la demanda, ¿quées lo que determina esta relación entre la oferta y lademanda? Preguntemos al primer burgués que nos salga al paso. Noseparará a meditar ni un instante, sino que, cual nuevoAlejandro Magno, cortará este nudo metafísico [1] con la tablade multiplicar. Nos dirá: si el fabricar la mercancía que vendome ha costado cien marcos y la vendo por 110 —pasado unaño, se entiende—, esta ganancia es una ganancia moderada,honesta y decente. Si obtengo, a cambio de esta mercancía,120, 130 marcos, será ya una ganancia alta; y si consigohasta 200 marcos, la ganancia será extraordinaria, enorme.¿Qué es lo que le sirve a nuestro burgués de criterio paramedir la ganancia? El coste de producción de su mercancía. Sia cambio de esta mercancía obtiene una cantidad de otrasmercancías cuya producción ha costado menos, pierde. Si acambio de su mercancía obtiene una cantidad de otrasmercancías cuya producción ha costado más, gana. Y calcula labaja o el alza de su ganancia por los grados que el valor decambio de su mercancía acusa por debajo o por encima decero, por debajo o por encima del coste de producción. Hemos visto que la relación variable entre la oferta y lademanda lleva aparejada tan pronto el alza como la baja delos precios determina tan pronto precios altos como preciosbajos. Si el precio de una mercancía sube considerablemente,porque la oferta baje o porque crezca desproporcionadamentela demanda, con ello necesariamente bajará en proporción elprecio de cualquier otra mercancía, pues el precio de unamercancía no hace más que expresar en dinero la proporciónen que otras mercancías se entregan a cambio de ella. Si, porejemplo, el precio de una vara de seda sube de cinco marcos a
  23. 23. seis, bajará el precio de la plata en relación con la seda, yasimismo disminuirá, en proporción con ella, el precio de todaslas demás mercancías que sigan costando igual que antes.Para obtener la misma cantidad de seda ahora habrá que dar acambio una cantidad mayor de aquellas otras mercancías.¿Qué ocurrirá al subir el precio de una mercancía? Una masade capitales afluirá a la rama industrial floreciente, y estaafluencia de capitales al campo de la industria favorecidadurará hasta que arroje las ganancias normales; o másexactamente, hasta que el precio de sus productos descienda,empujado por la superproducción, por debajo del coste deproducción. Y viceversa. Si el precio de una mercancía desciende pordebajo de su coste de producción, los capitales se retraerán dela producción de esta mercancía. Exceptuando el caso en queuna rama industrial no corresponda ya a la época, y, portanto, tenga que desaparecer, esta huida de los capitales iráreduciendo la producción de aquella mercancía, es decir, suoferta, hasta que corresponda a la demanda, y, por tanto,hasta que su precio vuelva a levantarse al nivel de su coste deproducción, o, mejor dicho, hasta que la oferta sea inferior a lademanda; es decir, hasta que su precio rebase nuevamente sucoste de producción, pues el precio corriente de una mercancíaes siempre inferior o superior a su coste de producción. Vemos que los capitales huyen o afluyen constantemente delcampo de una industria al de otra. Los precios altosdeterminan una afluencia excesiva, y los precios bajos, unahuida exagerada. Podríamos demostrar también, desde otro punto de vista,cómo el coste de producción determina, no sólo la oferta, sinotambién la demanda. Pero esto nos desviaría demasiado denuestro objetivo.
  24. 24. Acabamos de ver cómo las oscilaciones de la oferta y lademanda vuelven a reducir siempre el precio de unamercancía a su coste de producción. Es cierto que el precioreal de una mercancía es siempre superior o inferior al costede producción, pero el alza y la baja se compensanmutuamente, de tal modo que, dentro de un determinadoperíodo de tiempo, englobando en el cálculo el flujo y el reflujode la industria, puede afirmarse que las mercancías secambian unas por otras con arreglo a su coste de producción,y su precio se determina, consiguientemente, por aquél. Esta determinación del precio por el coste de producción nodebe entenderse en el sentido en que la entienden loseconomistas. Los economistas dicen que el precio medio de lasmercancías equivale al coste de producción; que esto es la ley.Ellos consideran como obra del azar el movimiento anárquicoen que el alza se nivela con la baja y ésta con el alza. Con elmismo derecho podría considerarse, como lo hacen en efectootros economistas, que estas oscilaciones son la ley, y ladeterminación del precio por el coste de producción, fruto delazar. En realidad, si se las examina de cerca. se ve que estasoscilaciones acarrean las más espantosas desolaciones y soncomo terremotos que hacen estremecerse los fundamentos dela sociedad burguesa. son las únicas que en su cursodeterminan el precio por el coste de producción. El movimientoconjunto de este desorden es su orden. En el transcurso deesta anarquía industrial, en este movimiento cíclico, laconcurrencia se encarga de compensar, como si dijésemos,una extravagancia con otra. Vemos, pues, que el precio de una mercancía se determinapor su coste de producción, de modo que las épocas en que elprecio de esta mercancía rebasa el coste de producción secompensan con aquellas en que queda por debajo de estecoste de producción, y viceversa. Claro está que esta norma
  25. 25. no rige para un producto industrial concreto, sino solamentepara la rama industrial entera. No rige tampoco, por tanto,para un solo industrial, sino únicamente para la clase enterade los industriales. La determinación del precio por el coste de producciónequivale a la determinación del precio por el tiempo de trabajonecesario para la producción de una mercancía, pues el costede producción está formado: 1) por las materias primas y el desgaste de losinstrumentos, es decir, por productos industriales cuyafabricación ha costado una determinada cantidad de jornadasde trabajo y que representan, por tanto, una determinadacantidad de tiempo de trabajo. y 2) por el trabajo directo; cuya medida es también el tiempo. Las mismas leyes generales que regulan el precio de lasmercancías en general regulan también, naturalmente, elsalario, el precio del trabajo. La remuneración del trabajo subirá o bajará según larelación entre la demanda y la oferta, según el cariz quepresente la competencia entre los compradores de la fuerza detrabajo, los capitalistas, y los vendedores de la fuerza detrabajo, los obreros. A las oscilaciones de los precios de lasmercancías en general les corresponden las oscilaciones delsalario. Pero, dentro de estas oscilaciones, el precio del trabajose hallará determinado por el coste de producción, por eltiempo de trabajo necesario para producir esta mercancía, quees la fuerza de trabajo. Ahora bien, ¿cuál es el coste de producción de la fuerza detrabajo?
  26. 26. Es lo que cuesta sostener al obrero como tal obrero yeducarlo para este oficio. Por tanto, cuanto menos tiempo de aprendizaje exija untrabajo, menor será el coste de producción del obrero, másbajo el precio de su trabajo, su salario. En las ramasindustriales que no exigen apenas tiempo de aprendizaje,bastando con la mera existencia corpórea del obrero, el costede producción de éste se reduce casi exclusivamente a lasmercancías necesarias para que aquél pueda vivir encondiciones de trabajar. Por tanto, aquí el precio de su trabajoestará determinado por el precio de los medios de vidaindispensables. Pero hay que tener presente, además, otra circunstancia. El fabricante, al calcular su coste de producción, y conarreglo a él el precio de los productos, incluye en el cálculo eldesgaste de los instrumentos de trabajo. Si una máquina lecuesta, por ejemplo, mil marcos y se desgasta totalmente endiez años, agregará cien marcos cada año al precio de lasmercancías fabricadas, para, al cabo de los diez años, podersustituir la máquina ya agotada, por otra nueva. Del mismomodo hay que incluir en el coste de producción de la fuerza detrabajo simple el coste de procreación que permite a la claseobrera estar en condiciones de multiplicarse y de reponer losobreros agotados por otros nuevos. El desgaste del obreroentra, por tanto, en los cálculos, ni más ni menos que eldesgaste de las máquinas. Por tanto, el coste de producción de la fuerza de trabajosimple se cifra siempre en los gastos de existencia yreproducción del obrero. El precio de este coste de existencia yreproducción es el que forma el salario. El salario asídeterminado es lo que se llama el salario mínimo. Al igual quela determinación del precio de las mercancías en general por el
  27. 27. coste de producción, este salario mínimo no rige para elindividuo, sino para la especie. Hay obreros, millones deobreros, que no ganan lo necesario para poder vivir yprocrear; pero el salario de la clase obrera en conjunto senivela, dentro de sus oscilaciones, sobre la base de estemínimo. Ahora, después de haber puesto en claro las leyes generalesque regulan el salario, al igual que el precio de cualquier otramercancía, ya podemos entrar de un modo más concreto ennuestro tema. El capital está formado por materias primas, instrumentosde trabajo y medios de vida de todo género que se empleanpara producir nuevas materias primas, nuevos instrumentosde trabajo y nuevos medios de vida. Todas estas partesintegrantes del capital son hijas del trabajo, productos deltrabajo, trabajo acumulado. El trabajo acumulado que sirve demedio de nueva producción es el capital. Así dicen los economistas. ¿Qué es un esclavo negro? Un hombre de la raza negra. Unaexplicación vale tanto como la otra. Un negro es un negro. Sólo en determinadas condiciones seconvierte en esclavo. Una máquina de hilar algodón es unamáquina para hilar algodón. Sólo en determinadas condicionesse convierte en capital. Arrancada a estas condiciones, notiene nada de capital, del mismo modo que el oro no es de porsí dinero, ni el azúcar el precio del azúcar. En la producción, los hombres no actúan solamente sobre lanaturaleza, sino que actúan también los unos sobre los otros.No pueden producir sin asociarse de un cierto modo, paraactuar en común y establecer un intercambio de actividades.Para producir los hombres contraen determinados vínculos y
  28. 28. relaciones, y a través de estos vínculos y relaciones sociales, ysólo a través de ellos, es cómo se relacionan con la naturalezay cómo se efectúa la producción. Estas relaciones sociales que contraen los productores entresí, las condiciones en que intercambian sus actividades ytoman parte en el proceso conJunto de la producción variarán,naturalmente según el carácter de los medios de producción.Con la invención de un nuevo instrumento de guerra, el armade fuego, hubo de cambiar forzosamente toda la organizacióninterna de los ejércitos. cambiaron las relaciones dentro de lascuales formaban los individuos un ejército y podían actuarcomo tal, y cambió también la relación entre los distintosejércitos. Las relaciones sociales en las que los individuos producen,las relaciones sociales de producción, cambian, por tanto, setransforman, al cambiar y desarrollarse los medios materialesde producción, las fuerzas productivas. Las relaciones deproducción forman en conjunto lo que se llaman las relacionessociales, la sociedad, y concretamente, una sociedad con undeterminado grado de desarrollo histórico, una sociedad decarácter peculiar y distintivo. La sociedad antigua, la sociedadfeudal, la sociedad burguesa, son otros tantos conjuntos derelaciones de producción, cada uno de los cuales representa, ala vez, un grado especial de desarrollo en la historia de lahumanidad. También el capital es una relación social de producción. Esuna relación burguesa de producción, una relación deproducción de la sociedad burguesa. Los medios de vida, losinstrumentos de trabajo, las materias primas que componen elcapital, ¿no han sido producidos y acumulados bajocondiciones sociales dadas, en determinadas relacionessociales? ¿No se emplean para un nuevo proceso deproducción bajo condiciones sociales dadas, en determinadas
  29. 29. relaciones sociales? ¿Y no es precisamente este carácter socialdeterminado el que convierte en capital los productosdestinados a la nueva producción? El capital no se compone solamente de medios de vida,instrumentos de trabajo y materias primas, no se componesolamente de productos materiales; se compone igualmentede valores de cambio. Todos los productos que lo integran sonmercancías. El capital no es, pues, solamente una suma deproductos materiales; es una suma de mercancías, de valoresde cambio, de magnitudes sociales. El capital sigue siendo el mismo, aunque sustituyamos lalana por algodón, el trigo por arroz, los ferrocarriles porvapores, a condición de que el algodón, el arroz y los vapores—el cuerpo del capital— tengan el mismo valor de cambio, elmismo precio que la lana, el trigo y los ferrocarriles en queantes se encarnaba. El cuerpo del capital es susceptible decambiar constantemente, sin que por eso sufra el capital lamenor alteración. Pero, si todo capital es una suma de mercancías, es decir, devalores de cambio, no toda suma de mercancías, de valores decambio, es capital. Toda suma de valores de cambio es un valor de cambio.Todo valor de cambio concreto es una suma de valores decambio. Por ejemplo, una casa que vale mil marcos es un valorde cambio de mil marcos. Una hoja de papel que valga unpfennig, es una suma de valores de cambio de fennig. Los productos susceptibles de ser cambiados por otrosproductos son mercancías. La proporción concreta en quepueden cambiarse constituye su valor de cambio, o, si seexpresa en dinero, su precio. La cantidad de estos productosno altera para nada su destino de mercancías, de ser un valor
  30. 30. de cambio o de tener un determinado precio. Sea grande opequeño, un árbol es siempre un árbol. Por el hecho decambiar hierro por otros productos en medias onzas o enquintales, ¿cambia su carácter de mercancía, de valor decambio? Lo único que hace el volumen es dar a una mercancíamayor o menor valor, un precio más alto o más bajo. Ahora bien, ¿cómo se convierte en capital una suma demercancías, de valores de cambio? Por el hecho de que, en cuanto fuerza social independiente,es decir, en cuanto fuerza en poder de una parte de lasociedad, se conserva y aumenta por medio del intercambiocon la fuerza de trabajo inmediata, viva. La existencia de unaclase que no posee nada más que su capacidad de trabajo esuna premisa necesaria para que exista el capital. Sólo el dominio del trabajo acumulado, pretérito,materializado sobre el trabajo inmediato, vivo, convierte eltrabajo acumulado en capital. El capital no consiste en que el trabajo acumulado sirva altrabajo vivo como medio para nueva producción. Consiste enque el trabajo vivo sirva al trabajo acumulado como mediopara conservar y aumentar su valor de cambio. ¿Qué acontece en el intercambio entre el capitalista y elobrero asalariado? El obrero obtiene a cambio de su fuerza de trabajo mediosde vida, pero, a cambio de estos medios de vida de supropiedad, el capitalista adquiere trabajo, la actividadproductiva del obrero, la fuerza creadora con la cual el obrerono sólo repone lo que consume, sino que da al trabajoacumulado un mayor valor del que antes poseía. El obrerorecibe del capitalista una parte de los medios de vidaexistentes. ¿Para qué le sirven estos medios de vida? Para su
  31. 31. consumo inmediato. Pero, al consumir los medios de vida deque dispongo, los pierdo irreparablemente, a no ser queemplee el tiempo durante el cual me mantienen estos mediosde vida en producir otros, en crear con mi trabajo, mientraslos consumo, en vez de los valores destruidos al consumirlos,otros nuevos. Pero esta noble fuerza reproductiva del trabajoes precisamente la que el obrero cede al capital, a cambio delos medios de vida que éste le entrega. Al cederla, se queda,pues, sin ella. Pongamos un ejemplo. Un granjero abona a su jornalerocinco silbergroschen por día. Por los cinco silbergroschen eljornalero trabaja la tierra del granjero durante un día entero,asegurándole con su trabajo un ingreso de diez silbergroschen.El granjero no sólo recobra los valores que cede al jornalero,sino que los duplica. Por tanto, invierte, consume de un modofecundo, productivo. los cinco silbergroschen que paga aljornalero. Por estos cinco silbergroschen compra precisamenteel trabajo y la fuerza del jornalero, que crean productos delcampo por el doble de valor y convierten los cincosilbergroschen en diez. En cambio, el jornalero obtiene en vezde su fuerza productiva, cuyos frutos ha cedido al granjero,cinco silbergroschen, que cambia por medios de vida, loscuales se han consumido de dos modos: reproductivamentepara el capital, puesto que éste los cambia por una fuerza detrabajo [*] que produce diez silbergroschen;improductivamente para el obrero, pues los cambia por mediosde vida que desaparecen para siempre y cuyo valor sólo puederecobrar repitiendo el cambio anterior con el granjero. Porconsiguiente, el capital presupone el trabajo asalariado, y éste,el capital. Ambos se condicionan y se engendranrecíprocamente. Un obrero de una fábrica algodonera ¿produce solamentetejidos de algodón? No, produce capital. Produce valores que
  32. 32. sirven de nuevo para mandar sobre su trabajo y crear, pormedio de éste, nuevos valores. El capital sólo puede aumentar cambiándose por fuerza detrabajo, engendrando el trabajo asalariado. Y la fuerza detrabajo del obrero asalariado sólo puede cambiarse por capitalacrecentándolo, fortaleciendo la potencia de que es esclava. Elaumento del capital es, por tanto, aumento del proletariado, esdecir, de la clase obrera. El interés del capitalista y del obrero es, por consiguiente, elmismo, afirman los burgueses y sus economistas. En efecto, elobrero perece si el capital no le da empleo. El capital perece sino explota la fuerza de trabajo, y, para explotarla, tiene quecomprarla. Cuanto más velozmente crece el capital destinado ala producción, el capital productivo, y, por consiguiente,cuanto más próspera es la industria, cuanto más se enriquecela burguesía, cuanto mejor marchan los negocios, más obrerosnecesita el capitalista y más caro se vende el obrero. Por consiguiente, la condición imprescindible para que lasituación del obrero sea tolerable es que crezca con la mayorrapidez posible el capital productivo. Pero, ¿qué significa el crecimiento del capital productivo?Significa el crecimiento del poder del trabajo acumulado sobreel trabajo vivo. El aumento de la dominación de la burguesíasobre la clase obrera. Cuando el trabajo asalariado produce lariqueza extraña que le domina, la potencia enemiga suya, elcapital, refluyen a él, emanados de éste, medios de trabajo, esdecir, medios de vida, a condición de que se convierta denuevo en parte integrante del capital, en palanca que le hagacrecer de nuevo con ritmo acelerado Decir que los intereses del capital y los intereses de losobreros son los mismos, equivale simplemente a decir que el
  33. 33. capital y el trabajo asalariado son dos aspectos de una mismarelación. El uno se halla condicionado por el otro, como elusurero por el derrochador, y viceversa. Mientras el obrero asalariado es obrero asalariado, su suertedepende del capital. He ahí la tan cacareada comunidad deintereses entre el obrero y el capitalista. Al crecer el capital, crece la masa del trabajo asalariado,crece el número de obreros asalariados; en una palabra, ladominación del capital se extiende a una masa mayor deindividuos. Y, suponiendo el caso más favorable: al crecer elcapital productivo, crece la demanda de trabajo y crecetambién, por tanto, el precio del trabajo, el salario. Sea grande o pequeña una casa, mientras las que la rodeanson también pequeñas cumple todas las exigencias sociales deuna vivienda, pero, si junto a una casa pequeña surge unpalacio, la que hasta entonces era casa se encoge hastaquedar convertida en una choza. La casa pequeña indica ahoraque su morador no tiene exigencias, o las tiene muyreducidas; y, por mucho que, en el transcurso de lacivilización, su casa gane en altura, si el palacio vecino siguecreciendo en la misma o incluso en mayor proporción, elhabitante de la casa relativamente pequeña se irá sintiendocada vez más desazonado, más descontento, más agobiadoentre sus cuatro paredes. Un aumento sensible del salario presupone un crecimientoveloz del capital productivo. A su vez, este veloz crecimientodel capital productivo provoca un desarrollo no menos veloz deriquezas, de lujo, de necesidades y goces sociales. Por tanto,aunque los goces del obrero hayan aumentado, la satisfacciónsocial que producen es ahora menor, comparada con los gocesmayores del capitalista, inasequibles para el obrero, y con elnivel de desarrollo de la sociedad en general. Nuestras
  34. 34. necesidades y nuestros goces tienen su fuente en la sociedad ylos medimos, consiguientemente, por ella, y no por los objetoscon que los satisfacemos. Y como tienen carácter social, sonsiempre relativos. El salario no se determina solamente, en general, por lacantidad de mercancías que pueden obtenerse a cambio de él.Encierra diferentes relaciones. Lo que el obrero percibe, en primer término, por su fuerzade trabajo, es una determinada cantidad de dinero. ¿Acaso elsalario se halla determinado exclusivamente por este precio endinero? En el siglo XVI, a consecuencia del descubrimiento enAmérica de minas más ricas y más fáciles de explotar,aumentó el volumen de oro y plata que circulaba en Europa. Elvalor del oro y la plata bajó, por tanto, en relación con lasdemás mercancías. Los obreros seguían cobrando por sufuerza de trabajo la misma cantidad de plata acuñada. Elprecio en dinero de su trabajo seguía siendo el mismo, y, sinembargo, su salario había disminuido, pues a cambio de estacantidad de plata, obtenían ahora una cantidad menor de otrasmercancías. Fue ésta una de las circunstancias quefomentaron el incremento del capital y, el auge de la burguesíaen el siglo XVI. Tomemos otro caso. En el invierno de 1847, a consecuenciade una mala cosecha, subieron considerablemente los preciosde los artículos de primera necesidad: el trigo, la carne, lamantequilla, el queso, etc. Suponiendo que los obreroshubiesen seguido cobrando por su fuerza de trabajo la mismacantidad de dinero que antes, ¿no habrían disminuido sussalarios? Indudablemente. A cambio de la misma cantidad dedinero obtenían menos pan, menos carne, etc. Sus salarios
  35. 35. bajaron, no porque hubiese disminuido el valor de la plata,sino porque aumentó el valor de los víveres. Finalmente, supongamos que la expresión monetaria delprecio del trabajo siga siendo el mismo, mientras que todas lasmercancías agrícolas y manufacturadas bajan de precio,merced a la aplicación de nueva maquinaria, a la estación másfavorable, etc. Ahora, por el mismo dinero los obreros podráncomprar más mercancías de todas clases. Su salario, portanto, habrá aumentado, precisamente por no habersealterado su valor en dinero. Como vemos, la expresión monetaria del precio del trabajo,el salario nominal, no coincide con el salario real, es decir, conla cantidad de mercancías que se obtienen realmente a cambiodel salario. Por consiguiente, cuando hablamos del alza o de labaja del salario. no debemos fijarnos solamente en laexpresión monetaria del precio del trabajo, en el salarionominal. Pero, ni el salario nominal, es decir, la suma de dinero por laque el obrero se vende al capitalista, ni el salario real, o sea, lacantidad de mercancías que puede comprar con este dinero,agotan las relaciones que encierra el salario. El salario se halla determinado, además y sobre todo, por surelación con la ganancia, con el beneficio obtenido por elcapitalista: es un salario relativo, proporcional. El salario real expresa el precio del trabajo en relación con elprecio de las demás mercancías; el salario relativo acusa, porel contrario, la parte del nuevo valor creado por el trabajo, quepercibe el trabajo directo, en proporción a la parte del valorque se incorpora al trabajo acumulado, es decir, al capital. Decíamos más arriba, en la pág. 14: «El salario no es laparte del obrero en la mercancía por él producida. El salario es
  36. 36. la parte de la mercancía ya existente, con la que el capitalistacompra una determinada cantidad de fuerza de trabajoproductiva. Pero el capitalista tiene que reponer nuevamenteeste salario, incluyéndolo en el precio por el que vende elproducto creado por el obrero; y tiene que reponerlo de talmodo, que, después de cubrir el coste de produccióndesembolsado, le quede además, por regla general, unremanente, una ganancia. El precio de venta de la mercancíaproducida por el obrero se divide para el capitalista en trespartes: la primera, para reponer el precio desembolsado encomprar materias primas, así como para reponer el desgastede las herramientas, máquinas y otros instrumentos de trabajoadelantados por él; la segunda, para reponer los salarios por éladelantados, y la tercera, el remanente que queda después desaldar las dos partes anteriores, la ganancia del capitalista.Mientras que la primera parte se limita a reponer valores queya existían, es evidente que tanto la suma destinada areembolsar los salarios abonados como el remanente queforma la ganancia del capitalista salen en su totalidad delnuevo valor creado por el trabajo del obrero y añadido a lasmaterias primas. En este sentido, podemos considerar tanto elsalario como la ganancia, para compararlos entre sí, comopartes del producto del obrero. Puede ocurrir que el salario real continúe siendo el mismo eincluso que aumente, y, no obstante, disminuya el salariorelativo. Supongamos, por ejemplo, que el precio de todos losmedios de vida baja en dos terceras partes, mientras que elsalario diario sólo disminuye en un tercio, de tres marcos ados, v. gr. Aunque el obrero, con estos dos marcos, podrácomprar una cantidad mayor de mercancías que antes contres, su salario habrá disminuido, en relación con la gananciaobtenida por el capitalista. La ganancia del capitalista (porejemplo, del fabricante) ha aumentado en un marco; es decir,que ahora el obrero, por una cantidad menor de valores de
  37. 37. cambio, que el capitalista le entrega, tiene que producir unacantidad mayor de estos mismos valores. La parte obtenidapor el capital aumenta en comparación con la del trabajo. Ladistribución de la riqueza social entre el capital y el trabajo esahora todavía más desigual que antes. El capitalista mandacon el mismo capital sobre una cantidad mayor de trabajo. Elpoder de la clase de los capitalistas sobre la clase obrera hacrecido, la situación social del obrero ha empeorado, hadescendido un grado más en comparación con la del capitalista. ¿Cuál es la ley general que rige el alza y la baja del salario yla ganancia, en sus relaciones mutuas? Se hallan en razón inversa. La parte de que se apropia elcapital, la ganancia, aumenta en la misma proporción en quedisminuye la parte que le toca al trabajo, el salario, yviceversa. La ganancia aumenta en la medida en quedisminuye el salario y disminuye en la medida en que ésteaumenta. Se objetará acaso que el capital puede obtener gananciacambiando ventajosamente sus productos con otroscapitalistas, cuando aumenta la demanda de su mercancía, seamediante la apertura de nuevos mercados, sea al aumentarmomentáneamente las necesidades en los mercados antiguos.etc.; que, por tanto. las ganancias de un capitalista puedenaumentar a costa de otros capitalistas, independientementedel alza o baja del salario, del valor de cambio de la fuerza detrabajo; que las ganancias del capitalista pueden aumentartambién mediante el perfeccionamiento de los instrumentos detrabajo, la nueva aplicación de las fuerzas naturales, etc. En primer lugar, se reconocerá que el resultado sigue siendoel mismo, aunque se alcance por un camino inverso. Es ciertoque la ganancia no habrá aumentado porque haya disminuido
  38. 38. el salario. pero el salario habrá disminuido por haberaumentado la ganancia. Con la misma cantidad de trabajoajeno, el capitalista compra ahora una suma mayor de valoresde cambio, sin que por ello pague el trabajo más caro; esdecir, que el trabajo resulta peor remunerado, en relación conlos ingresos netos que arroja para el capitalista. Además, recordamos que, pese a las oscilaciones de losprecios de las mercancías, el precio medio de cada mercancía,la proporción en que se cambia por otras mercancías, sedetermina por su coste de producción. Por tanto, los lucrosconseguidos por unos capitalistas a costa de otros dentro de laclase capitalista se nivelan necesariamente entre sí. Elperfeccionamiento de la maquinaria, la nueva aplicación de lasfuerzas naturales al servicio de la producción, permiten crearen un tiempo de trabajo dado y con la misma cantidad detrabajo y capital una masa mayor de productos, pero no, nimucho menos, una masa mayor de valores de cambio. Si laaplicación de la máquina de hilar me permite fabricar en unahora el doble de hilado que antes de su invención, porejemplo, cien libras en vez de cincuenta, a cambio de estascien libras de hilado no obtendré a la larga más mercancíasque antes a cambio de las cincuenta, porque el coste deproducción se ha reducido a la mitad o porque, ahora, con elmismo coste puedo fabricar el doble del producto. Finalmente, cualquiera que sea la proporción en que la clasecapitalista, la burguesía, bien la de un solo país o la delmercado mundial entero, se reparta los ingresos netos de laproducción, la suma global de estos ingresos netos no seránunca otra cosa que la suma en que el trabajo vivo incrementaen bloque el trabajo acumulado. Por tanto, esta suma globalcrece en la proporción en que el trabajo incrementa el capital;es decir, en la proporción en que crece la ganancia, encomparación con el salario.
  39. 39. Vemos, pues, que, aunque nos circunscribimos a lasrelaciones entre el capital y el trabajo asalariado, los interesesdel trabajo asalariado y los del capital son diametralmenteopuestos. Un aumento rápido del capital equivale a un rápido aumentode la ganancia. La ganancia sólo puede crecer rápidamente siel precio del trabajo, el salario relativo, disminuye con lamisma rapidez. El salario relativo puede disminuir aunqueaumente el salario real simultáneamente con el salarionominal, con la expresión monetaria del valor del trabajo,siempre que éstos no suban en la misma proporción que laganancia. Si, por ejemplo, en una época de buenos negocios,el salario aumenta en un cinco por ciento y la ganancia en untreinta por ciento, el salario relativo, proporcional, no habráaumentado, sino disminuido. Por tanto, si, con el rápido incremento del capital, aumentanlos ingresos del obrero, al mismo tiempo se ahonda el abismosocial que separa al obrero del capitalista, y crece, a la par, elpoder del capital sobre el trabajo, la dependencia de éste conrespecto al capital. Decir que el obrero está interesado en el rápido incrementodel capital, sólo significa que cuanto más aprisa incrementa elobrero la riqueza ajena, más sabrosas migajas le caen para él,más obreros pueden encontrar empleo y ser echados almundo, más puede crecer la masa de los esclavos sujetos alcapital. Hemos visto, pues: Que, incluso la situación más favorable para la clase obrera,el incremento más rápido posible del capital, por mucho quemejore la vida material del obrero, no suprime el antagonismoentre sus intereses y los intereses del burgués, los intereses
  40. 40. del capitalista. Ganancia y salario seguirán hallándose,exactamente lo mismo que antes, en razón inversa. Que si el capital crece rápidamente, pueden aumentartambién los salarios, pero que aumentarán con rapidezincomparablemente mayor las ganancias del capitalista. Lasituación material del obrero habrá mejorado, pero a costa desu situación social. El abismo social que le separa delcapitalista se habrá ahondado. Y, finalmente: Que el decir que la condición más favorable para el trabajoasalariado es el incremento más rápido posible del capitalproductivo, sólo significa que cuanto más rápidamente la claseobrera aumenta y acrecienta el poder enemigo, la riquezaajena que la domina, tanto mejores serán las condiciones enque podrá seguir laborando por el incremento de la riquezaburguesa, por el acrecentamiento del poder del capital,contenta con forjar ella misma las cadenas de oro con las quele arrastra a remolque la burguesía. El incremento del capital productivo y el aumento del salario,¿son realmente dos cosas tan inseparablemente enlazadascomo afirman los economistas burgueses? No debemoscreerles simplemente de palabra. No debemos siquieracreerles que cuanto más engorde el capital, mejor cebadoestará el esclavo. La burguesía es demasiado instruida.demasiado calculadora, para compartir los prejuicios del señorfeudal, que alardeaba con el brillo de sus servidores. Lascondiciones de existencia de la burguesía la obligan a sercalculadora. Deberemos, pues, investigar más de cerca lo siguiente:¿Cómo influye el crecimiento del capital productivo sobre elsalario?
  41. 41. Si crece el capital productivo de la sociedad burguesa enbloque, se produce una acumulación más multilateral detrabajo. Crece el número y el volumen de capitales. Elaumento del número de capitales hace aumentar laconcurrencia entre los capitalistas. El mayor volumen de loscapitales permite lanzar al campo de batalla industrial ejércitosobreros más potentes, con armas de guerra más gigantescas. Sólo vendiendo más barato pueden unos capitalistasdesalojar a otros y conquistar sus capitales. Para poder vendermás barato sin arruinarse, tienen que producir mas barato; esdecir, aumentar todo lo posible la fuerza productiva deltrabajo. Y lo que sobre todo aumenta esta fuerza productiva esuna mayor división del trabajo, la aplicación en mayor escala yel constante perfeccionamiento de la maquinaria. Cuantomayor es el ejército de obreros entre los que se divide eltrabajo, cuanto más gigantesca es la escala en que se aplica lamaquinaria, más disminuye relativamente el coste deproducción, más fecundo se hace el trabajo. De aquí que entrelos capitalistas se desarrolle una rivalidad en todos losaspectos para incrementar la división del trabajo y lamaquinaria y explotarlos en la mayor escala posible. Si un capitalista, mediante una mayor división del trabajo,empleando y perfeccionando nuevas máquinas, explotando deun modo más provechoso y más extenso las fuerzas naturales.encuentra los medios para fabricar, con la misma cantidad detrabajo o de trabajo acumulado, una suma mayor deproductos, de mercancías, que sus competidores; si, porejemplo, en el mismo tiempo de trabajo en que suscompetidores tejen media vara de lienzo. él produce una varaentera, ¿cómo procederá este capitalista? Podría seguir vendiendo la media vara de lienzo al mismoprecio a que venía cotizándose anteriormente en el mercado,pero esto no sería el medio más adecuado para desalojar a sus
  42. 42. adversarios de la liza y extender sus propias ventas. Sinembargo, en la misma medida en que se dilata su producción,se dilata para él la necesidad de mercado. Los medios deproducción, más potentes y más costosos que ha puesto enpie, le permiten vender su mercancía mas barata, pero almismo tiempo le obligan a vender más mercancías, aconquistar para éstas un mercado incomparablemente mayor;por tanto, nuestro capitalista venderá la media vara de lienzomás barata que sus competidores. Pero, el capitalista no venderá una vara entera de lienzo porel mismo precio a que sus competidores venden la media vara,aunque a él la producción de una vara no le cueste más que alos otros la media. Si lo hiciese así, no obtendría ningunaganancia extraordinaria; sólo recobraría por el trueque el costede producción. Por tanto, aunque obtuviese ingresos mayores,éstos provendrían de haber puesto en movimiento un capitalmayor, pero no de haber logrado que su capital aumentasemás que los otros. Además, el fin que persigue, lo alcanzafijando el precio de su mercancía tan sólo unos puntos másbajo que sus competidores. Bajando el precio, los desaloja yles arrebata por lo menos una parte del mercado. Y,finalmente, recordamos que el precio corriente es siempresuperior o inferior al coste de producción, según que la ventade una mercancía coincida con la temporada favorable odesfavorable de una rama industrial. Los puntos que elcapitalista, que aplica nuevos y más fecundos medios deproducción, puede añadir a su coste real de producción, al fijarel precio de su mercancía, dependerán de que el precio de unavara de lienzo en el mercado sea superior o inferior a suanterior coste habitual de producción. Pero el privilegio de nuestro capitalista no es de largaduración; otros capitalistas, en competencia con él, pasan aemplear las mismas máquinas, la misma división del trabajo y
  43. 43. en una escala igual o mayor, hasta que esta innovación acabapor generalizarse tanto, que el precio del lienzo queda pordebajo, no ya del antiguo, sino incluso de su nuevo coste deproducción. Los capitalistas vuelven a encontrarse, pues, unos frente aotros, en la misma situación en que se encontraban antes deemplear los nuevos medios de producción; y si, con estosmedios, podían suministrar por el mismo precio el doble deproducto que antes, ahora se ven obligados a entregar el doblede producto por menos del precio antiguo. Y comienza lamisma historia, sobre la base de este nuevo coste deproducción. Más división del trabajo, más maquinaria en unaescala mayor. Y la competencia vuelve a reaccionar,exactamente igual que antes, contra este resultado. Vemos, pues, cómo se subvierten, se revolucionanincesantemente el modo de producción y los medios deproducción, cómo la división del trabajo acarreanecesariamente otra división mayor del trabajo, la aplicaciónde la maquinaria, otra aplicación mayor de la maquinaria, laproducción en gran escala, una producción en otra escalamayor. Tal es la ley que saca constantemente de su viejo cauce a laproducción burguesa y obliga al capital a tenerconstantemente en tensión las fuerzas productivas del trabajo,por haberlas puesto antes en tensión; la ley que no le dejapunto de sosiego y le susurra incesantemente al oído:¡Adelante! ¡Adelante! Esta ley no es sino la que, dentro de las oscilaciones de losperíodos comerciales, nivela necesariamente el precio de unamercancía con su coste de producción.
  44. 44. Por potentes que sean los medios de producción que uncapitalista arroja a la liza, la concurrencia se encargará degeneralizar el empleo de estos medios de producción, y, apartir del momento en que se hayan generalizado, el únicofruto de la mayor fecundidad de su capital es que ahora tendráque dar por el mismo precio diez, veinte, cien veces másproducto que antes. Pero como, para compensar con lacantidad mayor del producto vendido el precio más bajo deventa, tendrá que vender acaso mil veces más, porque ahoranecesita una venta en masa, no sólo para ganar más, sinopara reponer el coste de producción, ya que los propiosinstrumentos de producción van siendo, como hemos visto,cada vez más caros, y como esta venta en masa no es unacuestión vital solamente para él, sino también para sus rivales,la vieja contienda se desencadena con tanta mayor violenciacuanto más fecundos son los medios de producción yainventados. Por tanto, la división del trabajo y la aplicación demaquinaria seguirán desarrollándose de nuevo, en una escalaincomparablemente mayor. Cualquiera que sea la potencia de los medios de producciónempleados, la competencia procura arrebatar al capital losfrutos de oro de esta potencia, reduciendo el precio de lasmercancías al coste de producción, y, por tanto, convirtiendoen una ley imperativa el que en la medida en que puedaproducirse más barato, es decir, en que pueda producirse máscon la misma cantidad de trabajo, haya que abaratar laproducción, que suministrar cantidades cada vez mayores deproductos por el mismo precio. Por donde el capitalista, comofruto de sus propios desvelos, sólo saldría ganando laobligación de rendir más en el mismo tiempo de trabajo; enuna palabra, condiciones más difíciles para el aumento delvalor de su capital. Por tanto, mientras que la concurrencia lepersigue constantemente con su ley del coste de producción, ytodas las armas que forja contra sus rivales se vuelven contra
  45. 45. él mismo, el capitalista se esfuerza por burlar constantementela competencia empleando sin descanso, en lugar de lasantiguas, nuevas máquinas, que, aunque más costosas,producen más barato e implantando nuevas divisiones deltrabajo en sustitución de las antiguas, sin esperar a que lacompetencia haga envejecer los nuevos medios. Representémonos esta agitación febril proyectada al mismotiempo sobre todo el mercado mundial, y nos formaremos unaidea de cómo el incremento, la acumulación y concentracióndel capital trae consigo una división del trabajo, una aplicaciónde maquinaria nueva y un perfeccionamiento de la antigua enuna carrera atropellada e ininterrumpida, en escala cada vezmás gigantesca. Ahora bien, ¿cómo influyen estos factores, inseparables delincremento del capital productivo, en la determinación delsalario? Una mayor división del trabajo permite a un obrero realizarel trabajo de cinco, diez o veinte; aumenta, por tanto, lacompetencia entre los obreros en cinco, diez o veinte veces.Los obreros no sólo compiten entre sí vendiéndose unos másbarato que otros, sino que compiten también cuando uno solorealiza el trabajo de cinco, diez o veinte; y la división deltrabajo, implantada y constantemente reforzada por el capital,obliga a los obreros a hacerse esta clase de competencia. Además, en la medida en que aumenta la división deltrabajo, éste se simplifica. La pericia especial del obrero nosirve ya de nada. Se le convierte en una fuerza productivasimple y monótona, que no necesita poner en juego ningúnrecurso físico ni espiritual. Su trabajo es ya un trabajoasequible a cualquiera. Esto hace que afluyan de todas partescompetidores; y, además, recordamos que cuanto más sencilloy más fácil de aprender es un trabajo, cuanto menor coste de
  46. 46. producción supone el asimilárselo, más disminuye el salario,ya que éste se halla determinado, como el precio de todamercancía, por el coste de producción. Por tanto, a medida que el trabajo va haciéndose másdesagradable, más repelente, aumenta la competencia ydisminuye el salario. El obrero se esfuerza por sacar a flote elvolumen de su salario trabajando más; ya sea trabajando máshoras al día o produciendo más en cada hora. Es decir, que,acuciado por la necesidad, acentúa todavía más los fatalesefectos de la división del trabajo. El resultado es que, cuantomás trabaja, menos jornal gana; por la sencilla razón de queen la misma medida hace la competencia a sus compañeros, yconvierte a éstos, por consiguiente, en otros tantoscompetidores suyos, que se ofrecen al patrono en condicionestan malas como él; es decir, porque, en última instancia, sehace la competencia a sí mismo, en cuanto miembro de laclase obrera. La maquinaria produce los mismos efectos en una escalamucho mayor, al sustituir los obreros diestros por obrerosinexpertos, los hombres por mujeres, los adultos por niños, yporque, además, la maquinaria, dondequiera que se implantepor primera vez, lanza al arroyo a masas enteras de obrerosmanuales, y, donde se la perfecciona, se la mejora o se lasustituye por máquinas más productivas, va desalojando a ;losobreros en pequeños pelotones. Más arriba, hemos descrito agrandes rasgos la guerra industrial de unos capitalistas conotros. Esta guerra presenta la particularidad de que en ella lasbatallas no se ganan tanto enrolando a ejércitos obreros, comolicenciándolos. Los generales, los capitalistas rivalizan a verquién licencia más soldados industriales. Los economistas nos dicen, ciertamente, que los obreros aquienes la maquinaria hace innecesarios encuentran nuevasramas en que trabajar.
  47. 47. No se atreven a afirmar directamente que los mismosobreros desalojados encuentran empleo en nuevas ramas detrabajo, pues los hechos hablan demasiado alto en contra deesta mentira. Sólo afirman, en realidad, que se abren nuevasposibilidades de trabajo para otros sectores de la clase obrera;por ejemplo, para aquella parte de la generación obrera juvenilque estaba ya preparada para ingresar en la rama industrialdesaparecida. Es, naturalmente, un gran consuelo para losobreros eliminados. A los señores capitalistas no les faltaráncarne y sangre fresca explotables y dejarán que los muertosentierren a sus muertos. Pero esto servirá de consuelo más alos propios burgueses que a los obreros. Si la maquinariadestruyese íntegra la clase de los obreros asalariados, ¡queespantoso sería esto para el capital, que sin trabajo asalariadodejaría de ser capital! Pero, supongamos que los obreros directamente desalojadosdel trabajo por la maquinaria y toda la parte de la nuevageneración que aguarda la posibilidad de colocarse en lamisma rama encuentren nuevo empleo. ¿Se cree que por estenuevo trabajo se les habría de pagar tanto como por el queperdieron? Esto estaría en contradicción con todas las leyes dela economía. Ya hemos visto cómo la industria moderna llevasiempre consigo la sustitución del trabajo complejo y superiorpor otro más simple y de orden inferior. ¿Cómo, pues, una masa de obreros expulsados por lamaquinaria de una rama industrial va a encontrar refugio enotra, a no ser con salarios más bajos, peores? Se ha querido aducir como una excepción a los obreros quetrabajan directamente en la fabricación de maquinaria. Vistoque la industria exige y consume más maquinaria, se nos dice,las máquinas tienen, necesariamente, que aumentar, y conellas su fabricación, y, por tanto, los obreros empleados en lafabricación de la maquinaria; además, los obreros que
  48. 48. trabajan en esta rama industrial son obreros expertos, inclusoinstruidos. Desde el año 1840, esta afirmación, que ya antes sólo eraexacta a medias, ha perdido toda apariencia de verdad, puesen la fabricación de maquinaria se emplean cada vez en mayorescala máquinas, ni más ni menos que para la fabricación dehilo de algodón, y los obreros que trabajan en las fábricas demaquinaria sólo pueden desempeñar el papel de máquinasextremadamente imperfectas, al lado de las complicadísimasque se utilizan. Pero, ¡en vez del hombre adulto desalojado por la máquina,la fábrica da empleo tal vez a tres niños y a una mujer! ¿Yacaso el salario del hombre no tenía que bastar para sostenera los tres niños y a la mujer? ¿No tenía que bastar el salariomínimo para conservar y multiplicar el género? ¿Qué prueba,entonces, este favorito tópico burgués? Prueba únicamenteque hoy, para pagar el sustento de una familia obrera, laindustria consume cuatro vidas obreras por una que consumíaantes. Resumiendo: cuanto más crece el capital productivo, mas seextiende la división del trabajo y la aplicación de maquinaria. Ycuanto más se extiende la división del trabajo y la aplicaciónde la maquinaria, más se acentúa la competencia entre losobreros y más se reduce su salario. Además, la clase obrera se recluta también entre capas másaltas de la sociedad. Hacia ella va descendiendo una masa depequeños industriales y pequeños rentistas, para quienes lomás urgente es ofrecer sus brazos junto a los brazos de losobreros. Y así, el bosque de brazos que se extienden y pidentrabajo es cada vez más espeso, al paso que los brazosmismos que lo forman son cada vez más flacos.
  49. 49. De suyo se entiende que el pequeño industrial no puedehacer frente a esta lucha, una de cuyas primeras condicioneses producir en una escala cada vez mayor, es decir, serprecisamente un gran y no un pequeño industrial. Que el interés del capital disminuye en la misma medida queaumentan la masa y el número de capitales. en la que crece elcapital, y que, por tanto, el pequeño rentista no puede seguirviviendo de su renta y tiene que lanzarse a la industria,ayudando de este modo a engrosar las filas de los pequeñosindustriales. y, con ello las de los candidatos a proletarios, escosa que tampoco requiere más explicación. Finalmente, a medida que los capitalistas se ven forzados,por el proceso que exponíamos más arriba, a explotar en unaescala cada vez mayor los gigantescos medios de producciónya existentes, viéndose obligados para ello a poner en juegotodos los resortes del crédito, aumenta la frecuencia de losterremotos industriales, en los que el mundo comercial sólologra mantenerse a flote sacrificando a los dioses del avernouna parte de la riqueza, de los productos y hasta de lasfuerzas productivas; aumentan, en una palabra, las crisis.Estas se hacen más frecuentes y más violentas, ya por el solohecho de que. a medida que crece la masa de producción y,por tanto, la necesidad de mercados más extensos, el mercadomundial va reduciéndose más y más, y quedan cada vezmenos mercados nuevos que explotar, pues cada crisisanterior somete al comercio mundial un mercado noconquistado todavía o que el comercio sólo explotabasuperficialmente. Pero el capital no vive sólo del trabajo. Esteamo, a la par distinguido y bárbaro, arrastra consigo a latumba los cadáveres de sus esclavos, hecatombes enteras deobreros que sucumben en las crisis. Vemos, pues, que, si elcapital crece rápidamente, crece con rapidezincomparablemente mayor todavía la competencia entre los
  50. 50. obreros, es decir, disminuyen tanto más, relativamente, los medios de empleo y los medios de vida de la clase obrera; y, no obstante esto, el rápido incremento del capital es la condición más favorable para el trabajo asalariado.NOTAS: [1] Al publicar "Trabajo asalariado y capital", Marx se proponía describir en forma popular las relaciones económicas, base material de la lucha de clases de la sociedad capitalista. Quería pertrechar al proletariado con la arma teórica del conocimiento científico de la base en que descansan en la sociedad capitalista la dominación de clase de la burguesía y la esclavitud asalariada de los obreros. Al desarrollar los puntos de partida de su teoría de la plusvalía, Marx formula a grandes rasgos la tesis de la depauperación relativa y absoluta de la clase obrera bajo el capitalismo. [2] La "Neue Rheinische Zeitung. Organ der Demokratie (Nueva Gaceta del Rin. Organo de la Democracia) salía todos los días en Colonia desde el 1 de junio de 1848 hasta el 19 de mayo de 1849; la dirigía Marx, y en el consejo de redacción figuraba Engels. [3] La Asociación Obrera Alemana de Bruselas fue fundada por Marx y Engels a fines de agosto de 1847 con el fin de dar instrucción política a los obreros alemanes residentes en Bélgica y propagar entre ellos las ideas del comunismo científico. Bajo la dirección de Marx y Engels y sus compañeros de lucha, la Asociación se convirtió en un centro legal de agrupación de los proletarios revolucionarios alemanes en Bélgica. Los mejores elementos de la Asociación integraban la Organización de Bruselas de la Liga de los Comunistas. Las actividades de la Asociación Obrera Alemana de Bruselas se suspendieron poco después de la revolución de febrero de 1848 en Francia, debido a las detenciones y la expulsión de sus componentes por la policía belga.
  51. 51. [4] Se alude a la intervención de las tropas del zar en Hungría, en1849, con el fin de sofocar la revolución burguesa en este país yrestaurar allí el poder de los Habsburgo austríacos. [5] Se trata de las insurrecciones de las masas populares enAlemania en mayo-julio de 1849 en defensa de la Constituciónimperial (adoptada por la Asamblea Nacional de Francfort el 28 demarzo de 1849, pero rechazada por varios Estados alemanes).Tenían un carácter espontáneo y disperso y fueron aplastadas amediados de julio de 1849. [6] Posteriormente, entre los manuscritos de Marx se descubrió unborrador de la conferencia final o de varias conferencias finales sobreel trabajo asalariado y el capital. Era un manuscrito titulado"Salarios" y llevaba en la tapa las notas: «Bruselas, diciembre de1847». Por su contenido, este manuscrito completa en parte la obrainacabada de Marx "Trabajo asalariado y capital". Sin embargo, laspartes finales preparadas para la imprenta, de este trabajo, no sehan encontrado entre los manuscritos de Marx. [7] Marx escribe en "El Capital": «Por Economía Política clásicaentiendo toda la Economía Política que, comenzando por W. Petty,investiga la conexión interna de las relaciones burguesas deproducción». Los principales representantes de la Economía Políticaclásica en Inglaterra eran Adam Smith y David Ricardo. [8] F. Engels escribe en su obra "Anti-Dühring" que «la EconomíaPolítica, en el sentido estricto de la palabra, aunque hubiese surgidoa fines del siglo XVII en las cabezas de algunas personalidadesgeniales, tal como fue formulada en las obras de los fisiócratas y deAdam Smith es, en esencia, hija del siglo XVIII». [9] Engels se refiere a la celebración del 1º de Mayo en 1891. Enalgunos países (Inglaterra y Alemania), la fiesta del 1º de Mayo secelebraba el primer domingo posterior a esta fecha; en 1891 cayó enel día 3.

    Be the first to comment

    Login to see the comments

  • LuisMorocho3

    May. 12, 2014

Views

Total views

1,001

On Slideshare

0

From embeds

0

Number of embeds

2

Actions

Downloads

4

Shares

0

Comments

0

Likes

1

×