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3167 257 Caletti -unidad 2

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Material de estudio de la UBA, Facultad de Ciencias Sociales, cátedra: CALETTI

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3167 257 Caletti -unidad 2

  1. 1. www.apuntesallprint.com.ar c o n s t i t u c i o n @ a p u n t e s a l l p r i n t . c o m . a r Página 1 de 257 Catedra: CALETTI APUNTE 3167 Materia: TEO. Y PRACT. DE LA COMUNICACIÓN 3 UNIDAD 2 TEXTOS: -CONTRADICCIÓN Y SOBREDETERMINACIÓN. (ALTHUSSER) -EL CAPITAL. PROLOGO A LA SEGUNDA EDICIÓN. CAP. 1 Y 2. (MARX) -SOBRE LA DIALÉCTICA MATERIALISTA. (ALTHUSSER) -LA INTERPRETACIÓN DE LOS SUEÑOS. CAP 6. EL TRABAJO DEL SUEÑO. (FREUD) -¿CÓMO INVENTÓ MARX EL SÍNTOMA?. ( ZIZEK) -LA FILOSOFÍA DE MARX. CAMBIAR EL MUNDO: DE LA PRAXIS A A PRODUCCIÓN. (BALIBAR)
  2. 2. www.apuntesallprint.com.ar c o n s t i t u c i o n @ a p u n t e s a l l p r i n t . c o m . a r Página 1 de 20 3Alflw·Wj ,L.1 '' C,A~."J'tói~ 1J'l-<rtk~CNJ," 1>' b. ~~ L,L;o !> r~ ~~r XXI ~./J., )%"¡. 1 CONTRADICCióN Y SOBREDETERMINACióN (NOTAS PARA UNA INVESTIGACiüN) En Hegel estaba cabeza abajo. Es preciso invertirla para descubrir el n•dco racional, encubierto cti la envoltura mlstica. 1 i K. M.ux, Das Kapítal. "Nachwort zur zweiten Auflage". A 1.!AJI.CRITTF. .y A r.tiJ Subrayé hace algún tiempo, en un articulo consagrado aJ · joven Manc,S el equívoco del concepto de "inversión de Hegel". Me pare- ció que, tomada rigurosamente, esta expresión convenia perfecta- mente a Fcuerbach, qui.cn volvía a poner efectivamente ..la filosofía especulativa sobre sus pies", para.no sacar de ello, en vir~ud de una ¡ · lógica implacable, sino una antropología idealista; pero que no podla aplicarse a 'Marx, al menos al Marx liberado de esa fase "antropo- lógica". · Iré más lejos, sugiriendo que en la expresión conocida: ·"La dia- léctica, en Hegel, estaba cabeza abajo. Es preciso invertirla para descubrir el núcleo racional encubierto en la envoltura mfstica",= la 1 Ver apitulo 2. a K. Marx, "Advertencia final a la segunda edición", traducción literal del texto de la edición alemana original. La haducción 11folitor (fr;:ancesa) sigue igu~lmentc este texto (Costes, Le capital, t. r, p. xcv) no sin ciertas fantaslas. En cuanto a Roy, cuyas pruo- bas revisó Marx, aten6a el texto traduciendo por ejemplo: "die mystilizirende Srire clcr h. Diafelc!ik" por "d lado mlstic:o" •.•, cuando no lo corta directamente. Ejemplo: el texto original dice que en Hegel '1a dial~ctica estaba abeza abajo. Es preCiso inver· tiria para descubrir el n6clc:o racional en la em·oltura mlstica", pero Roy traduce: "en ~1 marcha sobre la cabeza; basta ponerla sobre los pies para encontrarle una fisonomfa total· mente razonable" (111). El n6clc:o y su envoltura han $ido escamoteados. Es necesario decir, por lo dcm~s. lo que no deja de tener inter~s, que Marx aceptó c:n la vc:nión de Roy un texto menos "difíetl", o menos equivoco, que el suyo. ¿Habr:l aceptado, con ello, a posferiori, reconoCer la dificultad de algunn de sus aprcsioncs prlmitivas7 He aqul la traducci6n de pasajes importantes del texto alem'n: "Mi método dial~ctic:o no es sólo en su principio (dec. Crundfage nach) distinto del m~todo de Hegel, sino que es directamente su opuesto (Cegenteil). Para llegel, el pro- ;. l9 [ 71 1 1 E ~_!-··----------·-····-··· .. www.apuntesallprint.com.ar c o n s t i t u c i o n @ a p u n t e s a l l p r i n t . c o m . a r Página 2 de 257
  3. 3. www.apuntesallprint.com.ar c o n s t i t u c i o n @ a p u n t e s a l l p r i n t . c o m . a r Página 2 de 20 7Z CONTRM)ICCiúN Y SOBIU:DETE!ll11:-.liCION ~ Umnula de la "invetsióu" 110 es sino inditali'a, aún tti'ÍS nH:Iafóti<.:a, y que plantea tantos problemas como Jos que resuelve. ¿Cómo entenderla, en efecto, en este ejemplo preciso? No se trata de una "inversión" general de Hegel, es decir, de una in'ersión de la filosofía espcculali'a como tnl. A partir de LA ideología tilemcrna sabe- mos qne esta empresa no tiene ningún sentido. Quien pretende in- vertir pura y simplemente la filosofía -especulatim (p:ua sacar de ella, por ejemplo, el materialismo), no será nunca sino el Proudhon de la filosofía, su prisionero incon~cicnte, como Proudhon lo era de la cco- nomí.t"burguesa. Nos referimos al1ora a la dialéctica y a ella sola; Pero cuando Marx escribe que es necesario "descubrir el nrícleo racional encubierto en la· envoltura mfstica", podría creerse que el "ntÍcleo ra- cional" es la dialéctica mismtl, v la envoltura mística la filosofía es- pecul~ti•a. .. Es, por lo dern~s; lo que Engcls dil'c en los términos que la tradición ha consagrado, cuando distingue el método del sis- temll.3 Botaríamos entonces la escoria, la envoltura mística (la filo- sofía especulativa) para guardar el núcleo precioso: la dialéctica. Sin embargo, en la misma fmse Marx dice qne el clcscortc'l.amicnto del n(tclco y la inversión de la dialéctica se producen en un mismo acto. Pero, ¿cómo puede esta extr:~cción ser una inversión? De otra manera ¿qué es lo que se ''invierte":en esta extracción? Veamos esto ,.le más ec:rca. Una vez qne la dialéctica ln sido extraída de su escoria idealista, llega a ser el "contrario directo de la dialé<:tica 1tegeliana". ¿Quiere esto decir que, en lugar de concernir al mundo sublimado é irivértido de Hegel, se aplicará ele ahora en adelante, con Marx, al mundo real? En este sentido, Hegel ha sido sin duda "el primero en exponer, en toda su amplitud y con toda ceso del pensamiento, que ~~ con•i~te, bajo el nombre· de idea, en sujeto autónomo, es el dcmiuico· (crndor) de lo real y o!ste no representa (bildct) sino su fenómeno. Para mí, por el contrario, lo mental (dar ldie!f~) no es mis que. 1~ .material tra~p.u~sto y tradu· cido en ·la cabéu dd hombre. Yo crtt1q11~ el aspecto mrsbhcador (myshfa:rrcndc) de la dialéctica hegeliana hace cerca d~ 30 iallos, cuando todavía estaba de. moda... Por eso rnc he declarado abil;rtamente cl•sc!pnlo de aquel. gran pCII$3dor e mc!nso, en ~lgunos pasajes dcl capitulo sobre la tcarla del ·alor, he 11egado a coquetear (rcl1 ltultelfutc .•• rnit.. :) con su modo particul:lr de exptcsane. La mistificación sufrida por 1J dialéctica c:n manos de llq¡cl, no impide.reconocer que haya sido el primero .en. exrone! de la ma- nera m5, complcl11 y m4s consetcnte las formas ac:nerales de su movmucnto. En ~~ c~taba cabcu abajo. Es prc:ciso invertirla (umstDipc:n). para descubrir el n6cleo (Kem) ractonal encubierto c:n la envoltura mlstic:a (rnyslíKhe Uülle). F.n su forma mistificada la dial~c­ tic:a se puso de: moda en Alemania, )11 qne parcela trnnsfignrado d:ulo (clas Desteltcndc). F.n su forma (Gestall) racional, es un csdndalo y 11n objc:to de horror pan los burguc· ses••• Como incluye en la com~~l6n de lo dado (Bcstehendc) al mismo tiempo la· comprensión de su negación y de su dcshuccí6n necesaria, como concibe tolJ forma ma· dura (gcwordne) en el curso de su ~ovimic:nto y por lo tanto bajo su aspecto efímero, no se dc:jt dominar por nadie. Es, Ci_s ·su csc:ncia, critica y rC·olucionana." DJs Kapilal, "Nacbirlort zur zweiten AuH;¡ge" · . a Cf. Fcoermch y el fin de Ja filosofl:a dJsica alemana, Ed. en Lenguas Extran¡eras, Mosc4. "" .. ---· -- - .. ~--·'"~~-· -·~--~----~----- '2...() CONTRiDICCION Y SOBREDETE"RMINACION 73 cottcicm:ia, las formas generales de su movimiento". Se trataría, por lo tanto, de tomar la dialéctica y de aplicarla a la vida en lugar de aplicarla a la Idea. La "inversión" seria una inversión del "sentido" de la dialéctica. Pero esta inversión del sentido dejaría, en efecto, intacta la dialéctica. Ahora bien, en e1 artículo citado sugería, justamente, tomando el ejemplo del joven Marx, que la utilización rigurosa, de la dialéc- tica en su forma hegeliana no podía sino conducirnos a equívocos peligrosos, en la medida en que es impensable concebir, en virtud de los principios mismos de la interpretación marxista de un fenó- meno ideológico cualquiera, que la dialéctica pueda ser alojada en el sistema de Hegel como un núcleo en su envoltura! Con ello quería señalar que es imposibl~ que la ideología hegeliana no haya contaminado la esencia de la dialéctica en Hegel mismo o, ya que esta "contaminación" no puede descansar sino en la ficción de una dialéctica pura, anterior a la "contaminación", qile la dialéctica he· geliana pueda dejar de ser l1egf!;liana )' llegar a ser marxista por rl simple milagro de una "extracci6n". Ahora bien, en las líneas rápidas de las palabras finales a la se- . gunda edición de El capital ob~ervamos que Marx ha percibido sin duda la dificultad, y que no solamente sugiere, con la a~umulación de metáforas, y en particular con el encuentro singular de extraccibn e inversión, más de lo que dice, sino que, más aún, lo dice cla!a· mente en otros pasajes, escamoteados a medias por Roy. Basta leer de cerca el texto alemán para descubrir que la em·ol- tura mística no es en absoluto;· como podría creerse (confiando en ciertos escritos ulteriores de Engels),1 la filosofía especulativa, o la • Acerca del ••núcleo" cf. Hcccl: Iiitroduccl6n a la lilosolfa de la histeria: "[• los grandes hombres) se les d¿bc llamar h~ro..S en cuanto han sacado sus fines y su vocación no s6lo dcl curso de los acontecimientos, franquilo, ordenado, consagrado por el sistema en vigor, sinr;¡ de una fuente cuyo contenido: cst6 oculto y no ha logtado la existc:nci~ actual, en el espirito interior, todavia subterráneo, que golpea conlr~, el ~undo extenor y lo ro111pc, porque no es la ahncmlra que conviene a ese n6cco. Vanante Interesante en la larga historia del núcleo, la pulpa y la almc:ndra. El n6cleo dese~npella aqul el ptptl de la d~cara que contiene una almendra, ..siendo el núcleo lo estertor y la almendra lo interior. 1..:1 almc:nd~a (el nuevo principio) tcr:nina por ~aecr estallar el antiguo. núcleo, que )"11 no le convrenc m5s (era el q6ceo de la anbpa almcnd.ra .•.); qurcre un tuiclco que sea el suyo: nuevas formas polltic:as, social~, c:t~••• Se ~dd record~r es_te tcrtó en alpnos instantes mh cuando se bate de la dmlécttC:a hesehana de la hrstona. a Cf. el Fcuerbaclt de Engcls. No e~ necesario, sin duda, tomar al pie de la letra todas las fórmubs de un texto, por una parte destinado a una aran difusión popular -y por ello, Eng:ls no lo oculta, bastante esquem4tico- y, por otra parte. redactado por un hombre que hahla vivido -10 allos antes la l!tlln aventulll intel~l del descu. brimiento del materialismo histórico, que habla, poF lo tanto, pasado por lu formas de conciencia filosóficas de las que hace, a grandes rascas, su historia. Y, de hecho, le encuc:ntra c:n este: texto una critica bastante notable a la ldeologla de Feuerbacb ·(ER«els ·e bicu que en ~~ '1a natutaleza y el hombre slpen sic:ndo meras palabras" [p. l9J y un buen enfoque de los puntos de n:laci6n entre cl marxismo y el hqclianismo. Ensc1s ------'-----'--"~~"· ,_...,_."- -·-··-··- ... ·-·. ·······- www.apuntesallprint.com.ar c o n s t i t u c i o n @ a p u n t e s a l l p r i n t . c o m . a r Página 3 de 257
  4. 4. www.apuntesallprint.com.ar c o n s t i t u c i o n @ a p u n t e s a l l p r i n t . c o m . a r Página 3 de 20 7·1 CUNTil:DICClúi Y SUBltEDETERMINACION "concepción del mundo" o: el "sistema", es decir, un elemento con· sidcndo de esta manera como exterior al mitodo, pero que tendría que ver .con 1a dialéctica misma. Marx llega a decir que la dialéctica sufre "uruz mistificación en las manos de Hegel", habla de su "aspec- to mistific:ctdor" y de su "forma mistificada" y opone precisamente a esta fomuz misti(icacla (mystifizirte Form) de la dialéctica hege- liana, la fonJUJ racional (rationelle Gestalt) de su propia dialéctica. Es difícil poder decir en fonna más. c1ara que la envoltura mística no es rino la forma mistificada de ]a dialéctica misma, es decir, no un elemento relativamente exterior a la dialéctica (como el "siste- ma"), sino un elemento interno, consustancial tt la dialéctica hege- liana. No basta entonces haberla separado de su primera envoltura (el sistema) para Jibcrarla.. Es necesario liberarla también de esa segunda em·oltura que se le pega al cuerpo, que es, me atrevo a decir, su propia piel, inseparable de ella misma, que es ella misma hegelÍdruz lwsta en su principio (Gnmdlc~ge). Digamos entonces que no se trata de una extracción siri dolor, y que este aparente descorteza. miento es en verdad una demistificaci6n, es decir, una operación que transforma lo que ella cxtme. Creo, por lo tanto, que :en su aproximación esta expresión meta- fórica de la "inversión" de la dialéctica no plantea el problema de la muestn, por ejnnplo (lo que me p:m:ce capital), la extraordinaria virtud cñtica de Hegd en relación con Kant (p. 28) y dcelara en ténninos adecuados que d método di2Uchco "bajo su forma hegeliana ;era inlR'rviblc:" (p. "11). Otra tesis fundamcnt:al: el desarrollo de la filosolla no es fii<?Sófico; SLin las "necesidades pr~cticas de su lucha" religiosa y política lo que obligó a los neo-hegelianos a oponcne al "sistema" de He- gel (p. 1S); es el progreso de la ciencia y de la in~ustria lo que trastorna las filosofías (p. 21).. Observemos toda•·la el reconocimiento de la profunda .inOuencla de Fem:r- bach s?bre L:a S:~grada Familia (p. 16), etc. Sin embargo, este mismo texto contiene fórmulas .que, .l'!rnaclas al pie de la letra, nos sitúan en un callejón sin salida. Asl, el tema. de la "im·cnión" es lo silficientemente vivo como para inspirar a Engels esta am- clusión ---es necesario reconocerlo-- lógica: ".•. por último, el sistema de Hegel ya no reprcscnt:i por su método y contenido sino un materialismo que aparece invertido de una manera idc:~lisla" (p. 22). Si la invasión de Hegel c:n el marxismo está verdadera· mente bien fundada, es nccesuio que im·ersamente Hegel no sea a su •·cz sino un materialismo im·crtido: dos ne¡;acioncs valdr.ln a~l una afirmación. ll:ís alU (p. H} vc:mos que esta .Jialc!ctica. hegeliana es inutilinble en su fonna hegeliana, precisamente porque camina sobre 13 eabcz:t (1:~ Idea y no lo real): "Pero, oon esto, la propia dia- l~ctica del concepto se com·ertl:1 simplemente en el rcOcjo consciente del movimiento dialéctico del mundo real, lo que equivali:1 :a con,·crtir la dialéctica hegeliana en pro- duelo d.; la cabeu, o, mejor dicho,· a im·crtir la dialéctica que está cabeza abajo, po· niéndola de pie." (p. "12). Fónnnlas e'•identcmcntc aproximativas, pero que en su aproxit"tacl/10 mi~m~ indic:m rl l11g.u •Ir nna diCicultacl. Ohservemos loclavla una afir· madón singular stJbre 13 neCC1itbd que tiene todo filósofo de construir 110 sistema. Hegel '·clase coaccionado por b necesidad de construir un sistema, y un sistema filo- sófico lit·nc que tener siempre, scgítn las exigencias traclicionalcs, su remate en un tipo cualquiera de .·erdad absoluta" (p. 10), exigencia que ''brota de una necesidad impe- recedera del espíritu humano: la nctesidnd de snpcrar todas las contradicciones" (p. 12); y otra dinnaeilm que l"X¡>Iirn las lilllitaciones del matcri:tlismo ele Feuerbadt por la vid:1 en "un puchlndlo" tlondc "se alcll'ani7aba y se adna¡;raha..." (p. 26). 1 ~- CONTRADICCióN Y SOBREDETER~·UNACION naturaleza de los objetos a los cuales se trata de aplicar un mismo método (el mundo de la Idea eq Hegel, el mundo de Jo real en Marx), sino el problema dé la naturaleza de la dialéctica considerada en sí misma, es decir, el problema de sus estructuras específicas. No plantea el problema de la inversión del "sentido" de la dialéctica, sino el problema de la transformáci6n de sus estmcturas. Es casi inútil indicar que, en el primer caso, la exterioridad de la dialé.ctica a sus objetos posibles,· es decir, la cuestión de la aplicación de un método, plantea una cuestión predialéctica, es decir, una cuestión que, en todo rigor, no puede tener sentido para Marx. Por el contra- rio, el segundo problema plantea ·una cuestión real, a la que scóa muy improbable que Marx y sus 4~scípulos no hubieran dado, en la teoría o en la práctica, una respuesta concreta. Terminemos esta explicación de texto, demasiado larga, dicien- do que si la dialéctica marxista es en su principio "mismo" lo opnc.c;- to de la dialéctica hegeliana, si es: racional y no mística-mistificada· mistificadora, esta diferencia radical debe manifestarse en su esen- cia, es decir, en sus detenninaciones;y·en sus estructuras propias. Para hablar claro, ello implica que estr:ueturas fundamentales de la dia- léctica hegeliaruz tales como la negación, la negación de la negación, la identidad de los contrarios, la· "superación", la transformación de la cantidad en cualidad, la contradicción, etc... , posean en 1farx (en la medida en que vuelven tt ser emplearJas: cosa que no ocurre siempre) una estructura diferente de la que poseen en Hegel. Ello implica también que es posible poper en evidencia, describir, detcr- miñat y pensar estas diferencias de estructura. Y si es posible, es por lo tanto necesario, y diría rná.s aún, vital para el marxismo, ya que no podemos contentarnos con repetir indefinidamente aproxi- maciones tales como: la diferencia del' sistema y el método, la im·cr- sión de la filosofía y la dialéctica, la extracción del "núcleo racio- nal", etc... , a menos de dejar a estas fónnulas la preocupación ele pensar en nuestro lugar, es decir, de no pensar, y de confiar ~ la magia de cierbs palabras totalmente desvalorizadas para reah1A1r la obra de Marx. Digo vital, pues estoy convencido de que el desarro- llo filosófico del marxismo depende de es~a tarea.8 e El folleto de Mao Tse-tung (Sobre la_.~ntradicc~ón) redactado en _19~7 conlknc una serie de an41isis en los que la concepctón marx1sla de la contradicCIÓn apare«: bajo nna forma c•trali• a la ¡>crspccli•·a hc:gdinna. En ~ano se hnscar:i en llcgd In< conceptos esenciales de este texto: .co·ntrac!icción p~n~pal y contr:'d~cción iccond~ria; aspecto pñncipal y aspceto sccu~dano de J,a contrad1ectón; contr.ldtcc!o~es antag~mstas y no antagonistas; ley de la des1gualdad del desarrollo de las contradtccJoncs. Stn ~m· bargo, el texto de Mao, inspirado en la lucha contr.l el dogmatisrf!o en el Parhdo chino, permanece en general en estado descriptivo, y en contr.lp~da,. abstracto tn ciertos aspectos. Dcscripth•o: estos conceptos corresponden a cxpenenc1as concreta<. En parte abstracto: estos conceptos nuc'OS)' fecundos son presentados rn:ls bien como www.apuntesallprint.com.ar c o n s t i t u c i o n @ a p u n t e s a l l p r i n t . c o m . a r Página 4 de 257
  5. 5. www.apuntesallprint.com.ar c o n s t i t u c i o n @ a p u n t e s a l l p r i n t . c o m . a r Página 4 de 20 CONTRADICCJó:-.: Y SOBREDETERiflNACION Y corno e~ necesario gue 'alguien lance la primera picdm querría intcular, por mi propia cuenta y riesgo, reflexionar un instante sobre el cilncepto marxista de contradicción, a propÓ$Íto de un ejemplo preciso: el tema leninista del "eslabón más débil". Lenin daba antes que nada un sentido práctico a esta metáfora. Una cadena vale lo qüe vale su eslabón más débil. .Quien quiera, cn gcncml, conlrol:u una sifuaci{m dada, se prcocup:mí de que nin· gún punto débil haga vulnemble el conjunto del sistema. A quien quiera por el contrario atacarlo, aun si las apariencias del poder están en sn contra, le basta dc~cubrir la única debilidacl, que hace precaria toda esa fucr1~1. Nada hasta aquí que parezca algo nuevll, cuando se ha lddo a Maqni:l'clo o a Vauban, que conocían tanto el arte de dcfe11cler como de tlc.~trnir un lugar, juzgando toda eora7~1 en su aspcdn débil. Pero he aquí el meollo del problema. Si la teoría del eslabón más clébil guía evidentemente a Lcnin en su teoría del partido revo- lucionario (será en su conciencia y en su organización una unidad sin fallas 'para escapar a todo golpe adverso y ser capaz de destruir al enemigo), inspira también su reflexión en la revolución misma: ¿Por qué fue posible la re,·.olución en Rusia? ¿Por qué logró la vic- toria? Fue posible en Rusi~ por una razón que iba más allá de Rusia: debido a que, con el desen~denamicnto de la guerra imperialista, la humanidad había entrado en una situación ob¡etivamente revolucio- naria.' El imperialismo había trastocado el rostro "pacífico" del viejo capitalismo. L.1 concentración de los monopolios industriales y su sumisión a los monopolios financieros habían acrecentado la explo- tación obrera y coloniaL La competencia entre los monopolios hacía ine·~table la guerra. Pero ·esta misma guerra, que enrolaba en sus r;nfrimienlos inh~rmin:thles .masas inmensas, y hasta pueblos colonia- les de los que se sa(-ah:tn tropas, arrojah:t su gigantcsm infantería no snl:nncntc a las malan;r~ts sino l:unbién n la ltisloria, 1.1 experiencia y el horror de la guerra ih:tn a servir, en todos lns paises, de refuerzo y de r•!vclador de la larga protesta de Ul,l siglo entero contra la explo- ladtin. c·:tpil:tlisla; y f:nnbit'·n de puntn dl' fijat·ic'n•. prol'ur:ímlnk, al . fin, la evidencia deslumbrante v los medios de acción efectivos. Pero esta conclustón, a la que fuerÓn conducidas la mayor parte de las masas populares ele Enropa (revoluciones en Alemania y Hungría, especificaciones de la diaMctica en general que como complicaciones neces:Jrias de la concepción marxista de la sociedad y de la historia. 7 Lenin, Ocu'les, t. xxm, p. 400 (traducción fran=a): "Son las condiciones objc- ti•·as reunida' ¡mr la guerra imperialista las q11e han conducido la humaniclad rntcra a un impas•e y In bnn roloado frente :.1 dilema: o dejar morir lodavla millones de l•ombrcs y aniquilar la civnlzación europea, o bien transmitir· d poder en todos los paises civiliza. dos al proletariado revolucionario, i'talizar lá revolución socialista." .. 1 '·r CONTRADICCióN Y SOBREDETERMINACION 77 motines y grandes huelgas en Francia e Italia, los soviets en Torino), no provocó el triunfo de la revolución sino en Rusia, precisamente en el país "más atrasado" de Europa. ¿A qué se debe esta excepción paradójica? Fundamentalmente a que Rusia representaba, en el "si.'1- tema de Estados imperialista,8 el punto más débil. La Gran Guerra precipitó y agravó esta situación, pero no fue la única en crearla. La revolución de 1905 había ya medido y mostrado, en su fracaso mismo, la debilidad de la Rusia zarista. Esta debilidad resultaba de 1 este rasga específico:IZa acumulación y la exasperat2~Ón .e!.~ .!..0..4!1s.las_, contradicciones entonces posibles en un solo Estado! ConhadiccionC!i de un régimen de explotación feudal reinante, bajo la impostura de los pope.~, sobre una enorme masa campesina "inculta",a al cmnictW.I) mismo del siglo xx, tanto más feroz cuanto má~ aumentaba la :nn<:· naza, circunstancia que acercó singularmente la rebelión campesina a la revolución obrera_.° Contradicciones de la explotación capita- lista e imperialista desarrolladas en gran esenia en las grandes ciuda- des y en los barrios suburbanos, las regiones mineras, petroleras, el<'. Contradicciones de la explotación y de las guerras coloniales, im- puestas a pueblos enteros. Contradicción gigantesca entre el grado de desarrollo de los métodos de la producción capitalista (en par- ticular en relación con la concentmción obrera: la fábrica más grande del mundo, la fábrica Putilov, que agrupaba 40 000 obreros y au~i­ liares, que se encontraba entonces en Petrogrado) y el estado mcdte- val del campo. Exasperación de la lucha de clases en todo el pais, no solamente entre explotadores y explotados, sino aun en el seno de las clases dominantes mismas (grandt;S propietarios feudales ligados al zarismo autoritario, policiaco y militarista; pequeños nobles que (?- mentaban constantemente conjuras; grandes burgueses y burgu~.ta lihcral en lucha contra el 7.ar; pequeños burgueses oscilando entre d conformismo v el "izquierdismo"· anarquizante). A lo que fueron agregándose, ~~~ el detalle de los .acontecimientos, otras cir('tll~t.an· cias "excepcionales",11 ininteligibles fuera de este "cntrchmumcn- to" de contradicciones interiores y exteriores de Rusia. Por ejemplo: el carácter "rn•ttn;:d!lo" de la élite revolucionaria rusa, obligada pm la represión zarista al exiliú, en la que se cultivó y recogió toda la hcret~­ cia de la experiencia política de las clases obreras de la Europa OCCI- dental (y ante todo: el marxismo), circunstancia que no fue cxtrafia a la formación del partido bolchevique, que iba mucho más ttlltf que todos los partidos "socialistas" occidentales, en cuanto a conciencia S Lenin, "Informe del ce al vm Congreso", Obras, t. XXIV, p. 122 (ed: rusa). e Lcnin, "Páginas del diario", Ol1us escogidas, F.d. Moscú, t. 3, p. 804. , lO Lcnin, "La cnfennedad infantil del.'izquierdismo' en el comunismo", Obm esrogt· das, t. 3, p. '109; "I..:J Troisi~me Intemationale", Oeu'fes, t. XXXIX, p. 313 (ed. francesa). 11 Lcnin, "Nuestra revoluci6n", Obras escogidas, t. 3, pp. 816-817. www.apuntesallprint.com.ar c o n s t i t u c i o n @ a p u n t e s a l l p r i n t . c o m . a r Página 5 de 257
  6. 6. www.apuntesallprint.com.ar c o n s t i t u c i o n @ a p u n t e s a l l p r i n t . c o m . a r Página 5 de 20 78 CONfRADICCióN Y SOBREDETER!1INAClóN r organiwción;12 la "lección general" de la rc'olución de 1905, que hi:r.o m:s evidentes las relaciones de clase, las cristalizó, como ocurre generalmente en todo período de crisis grave, y permitió también el "dcsc:uhrimienlo" de nna llueva forma de organi1A1cit'm política de las 111asas: los soviets." Finalmente, y 110 es lo menos singular, la "trc· gua" inesperada que el agotamiento de las naciones imp "alistas ofrccib a los bolcheviques para "abrirse paso" en la historia, el apoyo involuntario pero eficaz de la burguesía franco-inglesa, que qnc iendo .descmbara7.arse del zar, hizo, en el momento decisivo, el jueg a la rcvolución.u En pocas palabras, y hasta en las eircunstanc as de .detalle, la situación privilegiada de Rusia frente a la posible evolu- ci6n se elche a una acumulación }' exasperación tale.~ de la.~ ontra- dicciones IJistóricds, que hubieran sido ininteligibles en todo ot país que no hubiera estado, como Rusia, a la ''ez, en retardo de or lo menos un siglo en relación con el mtmdo imperialista y, al ismo tiempo, a su ccJ!JC'ztl. Todo esto lo dice Lenin en numerosos textos,t5 los que ha resumido en términos particularmente claros, en sus co feren- cias de ahril de 192.4.1n La desigualdad del desarrollo del capita- lismo termina, a través de la guerra de 19H, en la Revolución rusa debido a que Rusia era, en ese periodo revolucionario abierto a la humanídad, el eslabón más débil de la cadena de Estados imperia- listas; porque acumulaba la mayor cantidad de contradicciones hist6-. ricas entonces posible; porque era, al mi'imo tiempo, la nación más atrasada y la más tn·anzada, contradicción gigantesca que sus clases dominantes no podían eludir: pero tampoco resolver. En otras pala- bras, Rusia se encontraba en retardo frente a la revolución burguesa y a la víspera de una revolución proletaria; gestando, por lo tanto, dos revoluciones, incapa7., aun postergaúdo una, de contener la otra. Lenin no se equivocó al discernir en esta sitnaciém excepcional y "sin s:tli<h" (para las dases dirigentes) ,11 1as condicione.<: obtetivas de la re"olnci<'m en Rusia, y al forjar, en ese partido comumsta que fue 17 J.rnin. '"f.:t f"nlrJtur•rb•1 inhhti1 .. .··. np. cif., J' liEi. u l.~nin, '"l.a 'l'widl:m<' lntem.ltioualc", op. t·it., J'JI. 311·311. u J.cnin "Conlérenrc de l'étro¡:rad.villc", Ocm·t<·s. t. x.x1v, pp. 135-136 (cd. francesa). tr. '~:nr: rn p;ntin•br: ..1.:. r"1;r,·nnr•1:ul inrantil. .''. op. dt.; •·r.:~ "l"rui,it'mr lnlr.T· natinnall!:·. CIJ'· cit.¡ "Nucst.ra revoluc:ión':, ':1'" cil.¡ '"C;uta~ dc"lc lejos. (l'rimc1a .~rtn). L:t prinicra etapa de la pnmcra rc•·oluc16n , Obrns cscog1das, t.· 2, pp. 25-35; Lcttrc d'adieu aux ou·riers suisses'', Ocu•·rcs, t. :un, pp. 396 ss., cte. . La notable teoría lenini~la de las condiciones de una rcmluci6n ("La enfermedad Jn· fantil ... ", op. cit., 1'1'· -126:-127, 135-437) cubre pcrfccta•ucntc Jos cfcclos decisivos de la situación especifica ~e Rmia. . • . • . • . . ~8 Stalin, CncsiiOncs del Icmmsrno, Ediciones Somlcs, Mcx1co, 19H (traducc1ón según la undécima ·edición msa de 1939). Cap. "Sobre los fundamentos del leninismo", pp. 9-98. Textos en mnchos aspcdos notables a pesar de sn sequedad "pedagógica". H J..cnin, "Nuestra revolución". op. cit., p. 818. · CONTRADICCióN Y SOBREDETERMINACION 79 una cadena sin eslabón débil, las condiciones subjetivas, el medio de asalto dccisi,·o contra ese eslabón débil de la cadena imperialista. ¿Marx y Engcls habían dicho otra cosa al declarar que la historia progresa por su lado más 1TU1lo? 18 Debemos entender por ello el lado menos bueno para los que la dominan. Entendamos también, sin forzar 1:>~ palabras, el lado menos bueno para aquellos que... espe- ran la historia desde el otro lado, los social-demócratas alemanes de fines del siglo XIX, pr.>r ejemplo, que creían ser· llevados, en corto plazo, al triunfo socialista por pertenecer al Estado capitalista más poderoso, en plena expansión económica, y encontrándose ellos mis- mos en plena expansión electoral (existen ciertas coincidencias ... ). Creían, evidentemente, que la Historia avanzá por el otro lado, el "bueno", aquel del más grande desarroUo económico, de la más grande expansión, de la contradicci6n reducida a su más pura ptuifi- cación (la del Capital y el Trabajo)-, Olvidaban que todo ello ocurrla en una Alemania armada de un poderoso aparato de Estado y qnc contaban con una burguesía que, desde hacía mucho tiempo, se había · tragado "su" revolución política a 'tambio de la protección policiaca, burocrática y militar de Bismarck-y luego de Guillermo, a cambio de los beneficios gigantescos de la explotación capitalista y colonia- lista, rodeada de una pequefia burguesía chauvinista y reaccionaria. Olvidahan que esta purificación tan simple de la contradicción era simplemente abstracta: la contradicción real se confunde de tal modo con estas "circunstancias" que no es discernible, identificable ni manuable sino a través de ellas y en ellas. Intentemos captar lo esencial de esta experiencia práctica y la reflexión que inspira a Lcnin. Perp digamos, en un principio, que esta experiencia no fue la única en aclarar a Lenin. Antes de 1917 existió 1905; antes de 1905, las grandes decepciones históricas de Inglaterra y de Alemania; antes de éstas, la Comuna; aún más lejos, el fracaso alemán del 48-49. Todas estas experiencias hablan sido reflexionadas en el camino (Engels: Revolución y contrarrel'Dluci6n en Alemania; Marx: LA lucha de clases en Fra11cia; El 18 Brumario; Lcz guerra civi_l en Fnmcit1; Lt crílic:d del fm>gmrrw tic Cotlur; Engd~: LA critica del programa de Erfurt, etc...} directa o indirectamente, y hablan sido puestas en relación con otras cxp<.:ricncias revolucionarias anteriores: las revoluciones burguesas de Inglaterra y Francia.... Cómo rcst.mir entonces estas experiencias prácticas y sus comen- tarios teóricos, sino diciendo que toda la experiencia revolucionaria marxista demuestra que, si la contradicción en general (que está ya especificada: contradicción entre las fuerzas de producción y lar rela- 18 Miseria de la filosoffa, Ediciones en Lenguas Extranjeras, Moscú, pp. 116·117. www.apuntesallprint.com.ar c o n s t i t u c i o n @ a p u n t e s a l l p r i n t . c o m . a r Página 6 de 257
  7. 7. www.apuntesallprint.com.ar c o n s t i t u c i o n @ a p u n t e s a l l p r i n t . c o m . a r Página 6 de 20 80 CO!'-,lTRADICC!óN Y SOBRFDETERMINAC!ó); ciones de producción, cnc;un~c~a esencialmc~t~ en la ;claci.~n entre dos clases antagónicas} es .suftctcntc para dcfum una sttuac.wn en ~a que la rcvoluci6n está "a la ?,r~lcn ~lcl día", no.¡mcc~c:. por snnplc nr· tud directa, pro'ocar una sttuactón rcvoluct~mana y,. con mayor ra:r.r'>n,' nna silnaribn ,Jc. ruplma rcvohlt'ltlll:llla y d lnnnfo cll' !:1 rcvclnción. Para que esta contradicción llegue a ser ··activa" <.:11 el sentido fuerte del término, es decir, principio de ruptura, es nccc· sario que se produzca una acumulación de "circ~mslanciils". y de "cmricntes", de tal forma que, sea cual fuere su ong~n y sentido_ (y mm·has de entre ellas son necesc~riamenle, por su ongcn y sentido, parad6jicamentc cxtraiias, aím más, "absolutamente opuestas" a la revolución), puedan "fusionarse" en una unidad de ruptura: lo que ocurre cuando se logra df~ru{>ctr la inmensa maro~í~ de las ma_sas populares para derrocar un régimen cuyas clases dmgentes son tm- .c::- potentes para defcnderlo.19 gsta situación supone, n~ s;o!amcn~e la "fusibn" de dos condiciones fundamentales en una cnsts nactonal mita", sino que cada condiciém misma, tomada aparte (abstractamcn· te), snptmc a sn vez la "rnsi{m" de una "ac·unmlat:ilm" de coulra· dicciones. ¿Cómo es posible de otra manera que las masas popula- rc.'!, divididas en clases (proletarios, campcsino;o;• pcquciios hnrgucscs} pucdau, consc.:icntc o confns:uncntc, l:m~~usc ¡untos al asalto gc~•cml del régimen existente? Y ¿cómo es postble que las clases domman- tes, que saben después de tan largas exp~rienci~s Y· con tan seguro instinto sellar entre ellas, a pesar de la dtferencta de clases ~!cuela­ les, gmndcs lmrgue!'ies, imlmtrialc.o;, .finat_tcicros, etc.), _la mu:m sa· grada contra )os explotados, hayan podtdo ser. recluctdas .ast a la impotencia, destrui<las en el instante supremo, s~n que contaran con una !ioluci6n ni dirigentes políticos de relevo, pn'adas de _sus apoyos de clase en el extranjero, desarmadas en la fortaleza mtsma de su aparato de Estado y hundidas de repente, por es~·,pueblo _que ~Has hablan tan bien smnetido a tra,·és de la explotac10n, la vtolen~m Y la impostura? Cuando en esta si_t~tación,entra e~ j~ego,,en el miS1no ;uer,o, una prodigiosa acumulaeton de contrad1cc1ones., de las q~e algun:s son mdicalmente heterogéneas, que no !odas hcncn el nn~· mo origl'll, ni el mismo st·:nticln, ni el ~!1ismo mrcl .Y lugar de ap~t· cación, y que, sin embargo, "se funden en una mudad de ruptura, n Sobre todo este pasaje, ,.Ene: 1. Lenin, '"La en!em1cda~. infantil;·.", op. cft., .f26·i27 i 35·H7; en particular: "Sólo cuando Jos de aba¡o no qu1eren y l~s de ~frihJ' no pueden seguir vi,icndo a b antigua manera, sólo entonces puede trmnfu la revolución .. :· (p. <127). Estas condiciones formales son ilustradas en las pp. _135·H7. 2. I.cnin, "'Cartas desde lcjo!. (Primer:~ carta.)" Op. cil., PI'· 817·818 Y cspec•~bnct•te: '"Si la rC·olución ha triunbdo con tanta rapidez . . . es únicamente porque, deb•d<! a la situadón histórica original en extremo, se fundieron, con 'unanimidad' nota~le,. comentes absolutamente diferentes, intereses de clase absolntarrrcntc h~terogéncos,. aspuac1oncs poli· ticas y sociales absolutamente opuestas" (pp. 28-29). [Curs••·as de Lcmn.J CONTRADICC!60J Y SOI3REDETERf!I:-JAC!óN 111 ya no se puede hablar más de la {mica virtud simple de la "contra· dicción" general. Sin duda, la eontraclicción fundamental que domina todo este tiempo (en el que la revolución está "a la orden del día"), cst;í activa en todas esas "contradicciones" y ha~ta en s11 "fmión''. l'em 110 ~t: pnedc.:, sin tlldl:lrgo, prdcmkr c:ou todo rigor que C:1 "contradicciones" y su "fusiún" sean su puro fenómeno, ya que las "circunstancias" o las "corrientes" que la llevan a cabo son m:ís que su puro y simple fenómeno. Surgen de las relaciones de producción, que son, sin duda, uno de los términos de la contradicción, pero al mismo tiempo, su condición de existencia; de las superestruct1tras, instancias que derivan de ella, pero que tienen su consistencia y eficacia propias; de la cortmtura internacional misma que interviene como determinación y desempclia su papel específico!0 Ello quiere decir que las "diferencias" que constituyen cada una de las instancias en juego (y que se manifiestan en esta "acumulación" de la que habla Lenin) al fundirse en una unidad real, no se "disipan'' como un puro fenómeno en la nnidacl interior de una cnnlrarliccic'm 5im· (Jle~ L."l uuidacl que constituye1Í 'eon esta "fusión" de ruptura rc.vo- lucionaria,21 la constitu)'en con· su esencia y su eficacia propias, a partir de lo qnc son y seg1'm las modnlidndcs específicas de sn act:ilnt. Constituyendo esta unidad, constituyen y llevan a cabo la unidad fundamental que las anima, pero, haciéndolo, indican también la naturaleza de dicha unidad: que la "contradicción"· es inseparable de la c.~trnctura del cuerpo social todo entero, en el que ella act(Ja, .. inseparable de las condiciones ·formales de su existencia y de las in.~tancias mismas que gobierna; que ella es ella misma afectada, en lo más profundo de sn ser, por dichas instancias, determinante pero también detcrininada en un solo y mismo movimiento, y detcrmi· nada por los diversos niveles y las diversas instancias de la formación social que ella anima; podríamos decir: sobredeterminada en su principio.22 No me aferro especiahncnte a este término de sobredetermina- ci6n (sacado de otras disciplinas.), pero lo empleo a falta de uno to Lcnin llega a considerar, entre bs causas del triunfo de la rcvoluci6n sovi~tlca, hs riquezas naturales del pals y la extensión de su espacio, abqgo de la revolución y de sus inevitables "retiradas" militares y polítias. 21 La situación de "crisis"' dcsempclla, ··como Lcnin lo ha dicho a menudo, un papel revelador de la estructura y de la din~mica· de la formación social qui: la vive. Lo que se ha dicho de la situación revolucionaria concierne, por lo tanto, guardándose tambibl. todas las proporciones, a b formación sociol.en una situación anterior a la crisis rcvoh1· cionuia. · 22 Véase· el desarrollo consagrado por Mao Tsc-tung al tema de la distinción de las contradicciones antagónicas (explosivas, JC'Qlucionarias) y de las contradicciones no-anta· gónicas. ~Sob~e la contradicción, ed. Pcldn, e2p. vr: "El papel del antagonismo en 1a contradiCCión", pp. S0-53.} www.apuntesallprint.com.ar c o n s t i t u c i o n @ a p u n t e s a l l p r i n t . c o m . a r Página 7 de 257
  8. 8. www.apuntesallprint.com.ar c o n s t i t u c i o n @ a p u n t e s a l l p r i n t . c o m . a r Página 7 de 20 82 COI':TittDICCI<')t ' S! lBREDETlm:-.ti!'ACióN mejor; a la vez como un lnclice y como un f1roblcmw, y también porque permite ver, bastante bien, por qné se trata de algo total- mente diferente a la contradicción hegdiana. La contradicción hegeliana, en efecto, no está jamás realmente sobredetermínada aunque, a menudo, parezca tener todas las apa- riencias de ello. En la Fenomenología, por ejemplo, que describe las "experiencias" de la conciencia y su dialéctica culminando en el advenimiento del Saber ab;oluto, la contradicción no aparece simple sino, por el contrario, muy compleja. En rigor, sólo puede conside- mrsc! simple la primera contradicción: aquella de la conciencia sen- sible y de su saber. Pero mientras más se avanza en la dialéctica de su producción y mientras más rica llega a ser la conciencia, más compleja se hace su contradicción. Sin embargo, podría mostrarse que esta complejidad no es la complejidad de una sobredetermina- ción efectiva, sino la complejidad de una interiori%dci6n acumula- tiva, que no posee sino las apariencias de sobredetcrminación. En efecto, en cada momento de sn evolucibn la cnucicncia vive y expe- rimenta su propia esencia (que corresponde al grado que ha alcan- 7..ado), a través de todos los ecos de las esencias anteriores a ella mis- ma, y :1 11':1'{·s de la fm•sc>nritf dlusiwt dt: loclas bs. fnrnms hist{,ricas <·orrespondicntcs. Con lo que 1legel indica (Jlte toda conciencia tiene un pasado snprimido-cons<:rvaclo (auf::c·IJOlJen) en ~~~ presente mi~­ mo, y un munclo (el mundo del que podría ser la conciencia, pero que permanece como al margen en la Fenomenología, con una pre- Sl'rlC'ia virtual y btcntc) y que, por lo tanto, pmcc también cnmo pasado los murulos de ltt.'l e~enc:ias supemclas. .Pero estas figuras pa- sad:~s de la conciencia y estos. mundos lalentes (correspondientes a esta:; figuras) no afectan jamás la conciencia presente como deter- minacione~ efectivas difermtcs de ella mi.<;ma: estas figuras y estos mundos no la conciernen sino como ecos (recuerdos, fantasmas de ltll historicidad) de lo que ella ha llegado a ser, es decir, como anti- cipaciones de sí o alusiones· de sf. Debido a que el pasado no es jamás sino la escuela interior (en-si) del futuro que encierra, esta presencia dd p:isado es la presencia ante sí de la conciencia misma, y no una wrc!ttdera detcmninttción exterior a ella. Círculo de círcuTn.<r, la con- C'ÍI'IIcitl no tiene sino un c•t>r~tro, c¡ne es el lmil'o lllll'la determina: IIC:l'C- sitarí:t poseer círculos que tuvieran otro centro que el de ella, círculm dcs("cntrados para que pndicrn ser afectada en su centro por su efi- cach, para que su esencia fuera sobredetenninada por e1los. Pero éste no es el caso. Esta verdad aparece aún más claramente en la Filosofía de la Tristntúr. Aquí, nuevamente, se encuentran las apariencias de la so- hn·ddcrminacilm: ¿toda ~ocicclacl lJi~tiJrica nn r~l~ a(';lm c.omlilni 25 CONTRADICCJór-.: Y SOBREDETERMINACióN 83 da por una infinidad de determinaciones concretas, de las ·leyes políticas a la religión, pasando par las costumbres, los usos, los regí- menes financiero, comercial, económico, el sistema de educación, las artes, la filosofía, etc.? Sin embargo, ninguna de estas detenninacio- nes es en su esencia exterior a las otras, no solamente porque cons- tituyen todas juntas una totalidad orgánica original sino, más aLin· y sobre todo, porque esta totalidad se refleja en un principio interno único, que es la verdad de todas las determinaciones concretas. Asi Róma: su gigantesca historia, sus instituciones, sus crisis y sus em- presas, no son sino la manifestación en el tiempo y luego la destruc- ción del principio interno de la personalidad jurídica ctbstTjlcta. Este principio interno contiene en éJ., como ecos, todos los principios de las formaciones históricas superadas, pero como ecos de si mis- mo, y a ello se debe que no tenga sino un centro, que es el centro de todos los mundos pasados conservados en su recuerdo, razón que explica que sea simple. Y en esta simplicidad misma aparece su pro- ph contradicción: en Roma, la ~onciencia estoicc1, como conciencia de la contradicción inherente al concepto de la personalidad jurfdica abstracta, que apunta sin duda al:mundo concreto de la subjetividad, pero rerra el tiro. F.sta contrndiC'ción lmr!t estallar a la rnillma Rmua y producirá aquello que la cont~nuará: la figura de la subjetividad en el cristianismo medieval. Tod·a la complejidad de Roma no sobre- determina en nada la contradiecjón del principio simple de Roma, que no es sino la esencia interior de esta infinita riqueza histórica. Dasta entonces interrogarse sobre la ra7.Ón por la que los fenll- menos de la mutación histórica: son pensados por 1legel en «.'le concepto simple d~ la contradicción, para plantear justamente la cuestión esencial. La simplicidaci de la contradicción hegeliana no es posible, en efecto, sino a partir de la simplicidad del principio in- temo que constituye la esencia de todo período histórico. Es debido a que es posible de derecho reducir la totalidad y la infinita diversi- dad de una sociedad histórica dada (Grecia, Roma, el Sacro Impe- rio, Jngl.1terra, etc...) a un principio interno simple, que esta misma simplicidad, adquirida así de derecho a la contradicción, purde re- flcj:use en ella. ¿Es necesario ser :uín más claro? Esta rcducci6n ·misma (cuya idea sacó llcgcl -de Montcsquicn), la rcducdém de todos los elementos que· forman la 'ida concreta de un mundo his- tórico (instituciones económicas, sociales, políticas, jurídicas, costum- ' bres, moral, arte, religión, filosofía, y hasta los acontecimientos históricos: guerras, batallas, derrotas, etc.) a un principio de unidad interna, esta reducción misma no es en sí posible sino bajo la condi- ción absoluta de considerar toda .la vida concreta de un pueblo como In cxtcrinri7.1drSn·cnajcn:H·itm ( F:nfilw;serrmg F.fllfremdrmg) de 11n ·-······-····-------1________ . www.apuntesallprint.com.ar c o n s t i t u c i o n @ a p u n t e s a l l p r i n t . c o m . a r Página 8 de 257
  9. 9. www.apuntesallprint.com.ar c o n s t i t u c i o n @ a p u n t e s a l l p r i n t . c o m . a r Página 8 de 20 84 CONTRADICCióN Y SOllltEDEI'ERIINACK>N princi(Jio es(Jíritual írrtemo que 110 es, c11 dc{i11itint, .~i11o la forma abstracftl de la conciencia de sí de ese mu11do: su conciencia religiosa o filosófica, es decir, su propia icll'ología. Creo que se percihe bien aqui en qué sentido la "envoltura mlstica" afecta y contamina el "núcleo", ya que la simplicidad de la contradicció11 lwl!,elirmct no es sino la reflexión de la simplicidad de este principio interno de un pueblo. es decir, no de su realidad material sino de su ideología más abstractii~ A ello se debe, por lo demás, que IIcgcl pueda represen- tarnos como "dialéctica", es ·decir, movida por el juego sencillo de un principio de contradicci6n simfJle, la llistoria Uni·crsal desde el Lejano Oriente hasta nuestros días. A ello se debe que para él no haya jamás, en el fondo, una verdadera ruptura, un fin efectivo de una hi~toria real, ni tampoco un comien?.o radical. A ello se debe también el que su filosofía de la Historia se encuentre llena t.lc mu- taciones, todas ellas uniformemente "dialécticas". No puede defen- der esta conccpciém aturdidora· sino manteniéndose en la cima del Espíritu, donde poco importa que un puchlo muera, ya que ha en- carnado el principio determinado de un momento de la Idea (que tiene otros a vuestro servicio), y ya que encarn~índolo lo ha despoja- do, al mismo tiempo, para lcgarlo a esa ~lcmoria de Sí qn~.: es la Historia, y al mismo tiempo,. a tal otro pueblo (¡aun si su relación histórica con él es muy débil!), quien, reflejándolo en su sustancia, encontrará en él la promesa de su propia principio interno, es decir, corno por a7.ar, el momento lógicamente consecutivo de la Idea, cte. Es necesario comprender ele una 'ez y para siempre que todas estas arbitrariedades (aunque atravesadas por instantes de visión verda- clcrarncnte geniales) no C!itán milagrosamente c:ollfinctclr~s a 3:t sola "concepción del mumlo", al solo "sistema" de llt.-gcl, sino que se reflejan de hecho en la estructura, en las estructuras mismas de la clia- léctica, y particularmente en esa "contradicción" que tiene por tarea mover mágicamcnte ha.cia su Fin ideológico los contenidos concre- tos de ese mundo histórico. A ello se debe que la "inversión" marxista de ]a dialéctica hege- liana ~ct algo totalmente diferente ele una cxlraccic'm pnra y simple. Si se percibe claramente, en ·efecto, la rcladc'm Intima, cstrct'h:t c¡nc la dial~etica hegeliana guarda con la "concepción del mundo" de Jlc~cl, es decir, cmt su fJio~ofía espcculath~t. es imposible echar por la hurd:t tosta "ccmccpl'i(m del mmulo", sin c1nc mm se vea uiJii· gado a transformar profundamente las estructure/.~ de esta misma dialéctica. Si no, quiérase o no, se arrastrará todavía, después de 150 afios de la muerte de Hegel, y 100 afíos clt:spués de 1farx, los anclra- jos de la fa mosa "cnvoltura mfstica". Volvamos :1 Lenin y, a través ele él, a lfarx. Si es verdad, como CO!:TRADICCION Y SODREDETERMINACION 85 la práctica y la reflexión lcninistas lo prueban, que la situación revo- lucionaria en Rusia se debía al carácter de inte11Sct sobredetermina- cirín de la contradicción fundamental de clase, es necesario intcrro- g:lrse, tal vez, sobre l_o excepcional de esta "situación excepcional" y s1, como toda cxcepctón, ésta no aclara la regla, sino que es, a espal- das de. la regla, la regla mi~r;na. Ya que, al fin de cuentas ¿no esta- mos szempre en la excepcron? Excepción es el fracaso alem~n del 49; excepción, el fracaso parisino del 71; excepción, el fracaso social- d~t~6crata alemán de comienzos del siglo xx, y aun la traición ch:m- vmJsta del 14; excepción, el_ éxito del 17... Excepciones, pero ¿en relación a qué? si no es en relación con una cierta idea abstracttl pero cómoda, tranquilizante, de un esquema "dialéctico" purifica- do, simple que, en su simplicidad misma, l1abía guardado la memoria del modelo hegeliano, y la fe en la '·irtud" solncionadora de la contradicción abstracta como tal: la "bella" contradicción entre Ca- pital y Trabajo. No niego que ]a "simplicidad'' de este esquema pu- rificado haya podido ciertamente. responder a algunas n~esidaclc~ subjetivas de la movilización de las masas; después de todo, sabemos bien que las forma~ del socialismo utópico han desempeñado, tam- bién ellas, un papel histórico, y lo han dc!iempciiado porque toma- ba!! l~s masas al nivel de su conciencia, porque es necesario tomarlas allí, aun cuando (y sobre todo) se desee conducirlas más lejos. Scroi necesario hacer algún día lo que 1farx y Engels hicieron en relación con el socialismo utópico, pero esta 'ez para las formas todavía es· qncmáticas-utópicas de la conciencia de las masas influidas por d mctrxismo (aún más, la conciencia de algunos de sus teóricos) en );t primera mitad ele su lli!toria: un. vercladero e.~tuclio IJi.~tórico ele las condicimws )' ele Tcts fomlds de esia concienc:ia.23 Ahora bien, ocnrrc ::o Enscls escribía en 1890 ("Carta a J...Bioch", 21 de septiembre de 1890): "Que los discípulos hagan a 'CCCS más hincapié del debido en el aspecto económico, es cosa de la que, en parte, tenemos la culpa Marx y yo mismo. Frente a los adversarios tenia- 11_105 que subrayar este principio cardinal que se negaba y no siempre disponlamos de !lempo, c.pacio y ol-asi6n pan dar la debida importancia a los demás factores qne intr.t· vienen en el jncg•> de las accione~ y reacciones." Sobre la repr~cntaci6n que se ha< r J•:u,!d' de 1:1 dc:knnin:td{ut .."" ldtÍJna in'iln.tu:ia... v~a'«" t"l ..Anexo". l•:n rd;onfon t·•m •·~1:1s in,·t·~lir.a•·i..un que <ldoen Clllprcoulcm·, '"'" gu~tarla dtar b• not:.os r¡ue Grarn1d COII$agra a la,tenladón mccanicisb·fatalista rn la hitoria del marxim1o del siglo XIX (Ocrl'rcs dwi•~. 1-:d. Soci~Jcs, pp. 33-H); "1~1 elemento dc!Nminhta, f~ta. lista, lllt'l":lnidsla, lm sido el :aronm' idroMgieo inruc:dialo de b filo,oll~ d~ 1~ praxi<, "'" fuun:~ <le: u·lit;ii,u y tll' c~cit~nlc (p•·ru a la inant·ra <le CIUI>t:fod•·nlc<), •Jnc hada n<'•·•·· sario y ju~tificaha hislóricamcntc d carácter -'suballeino' de capas sociales dclrnniuada. Cuando no se tiene la iniciativa de la lucha y cuando b lucha termina por identificarse con una serie de derrotas, el determinismo mcdnico llrga a ser una formidable fucn~ de resistencia rnm:ol, rlc rohcsifm, <le poncverancia, paciente y oh•lina<la. 'S"y V<'llti<ln rnomentáncamcnt~; pero a la larga la fuerza de.);~~ ro<as lrahaja para mi', etc'. ·l.a vnlnnlad inclividnal se tran<iouna en un acto de .fe en ·cierta racionalidad hist~rica, en 1111~ frmna emplriéa )' prim'ti;a de finalismo aJ•a,innarln que ap;rrrrc romo 1111 <mlilnh• clr la prrrk•· www.apuntesallprint.com.ar c o n s t i t u c i o n @ a p u n t e s a l l p r i n t . c o m . a r Página 9 de 257
  10. 10. www.apuntesallprint.com.ar c o n s t i t u c i o n @ a p u n t e s a l l p r i n t . c o m . a r Página 9 de 20 86 CONTRADICCióN Y SODREDETER!IINACióN que todos los textos políticos e históricos im_portantes de_ Marx y Engcls en este período nos ofrecen la matcna de una pnmcra re- flexión sobre las llamadas "excepciones". De ellos se desprende la idea fundamental de que la contradicción CafJitai-Trabajo no es ja- más simple, sino que se encuentra siempre especificada por_ las formas v las circunstancias históricas concretas en Ins cuales .~e e¡erce. Espe- ~ificada por las formas de la sufJerestruclura (~~stado, ideología e!~· minntc, religión, movimientos políticos orgamzados, etc.); c.speciÍI" cada por lct situación l1istórica íntenw )' externa qnc la determina en fnnci•"m del fJasctdo nclcional mismo, por una parte (rcn>lución bur- guesa realizada o "reprimida", explotación feudal eliminada, total- mente,· parcialmente o no, "costumbre~" locales, tradiciones nacio- nales específicas, aún más, "estilo propio·· de las luchas y de los comportamientos políticos, etc...), y del contexto 1Jtunclial exist~n­ tc, por la otm (lo que allí domina: competencia de naciones capita- listas. o "internacionalismo imperialista", o competencia en el seno del imperialismo, etc... ): pudiendo pro"cnir numerosos de estos fenómenos de la "ley del desarrollo desigual" en el sentido leni- nista. ¿Qné <¡neda pnr decir sino que la contradiccilm aparentemente simp· •: está sientf1re solJrccleierminctda? Es nllí donde la cxecpciém se descubre como regla, la regla de la regla, y entonces, a partir de la rwem reglct, <khen ser pensadas las antiguas "excepciones" como ejemplos metodolélgicos simples de la regla. ¿Pt~cdo entonces adelan- tar, para inlcnl:tr <.·uhrir, desde el ¡mnto dc "Isla dc csla regla, el conjunto de los fenómenos, (¡uc la "conlrmficcidll mlm~cletcrmiuacla" puede ser sobredetermirwdc1 en el sentido de una inhibición lristó- ricct, ele un 'erdaclcro "bloqueo" de la contradicción {ejemplo, la 1lcmania guillcrmina}, o ~n el sentido de la ruptura re1·oluciona- tinodén, de la Providencia, etc. , • de las religiones confe~ionalcs. Es necesario insistir que aun en ese caso oiste una fuerte actividad de la "Ol~~tad. . . Con'"icne poner _de relieve cómo r.1 fatalismo no sin·e sino p~ra cubrir la deb•hdad de una voluntad act1va y real. lle aqul la razón por la cual es necesario demos~rar siempre la futilida.d del dcter· minismo mecánico que, explicable romo filosofla ingenua de la mn5a, y úmcamcnte en cuanto tal elemento intrinsero de fuen:a, llega a ser, cuando es considerado como filosofla reflcxi·:a y coherente de parte de los intckctualcs, una fuente de pasividad y autosu~i- . cienci:. imbécil. .•" Esta oposición ("intdcctualcs"·"masa··) puede parecer extra~a baJO la pluma de un teórico rn3Txista. Pero es necesario saber que el concepto gramsCiano de inlelettual es infinitamente m~s vasto que el nuestro, no es definido por la idea que los intcle<"tnales se hacen de ellos mismos, sino por su papel soda! de organizoclores y de diri- gentes (más o menos subalternos). En este sentido, Gramsci puede escribir: "Que todos los miembros de un partido político deben ser considerados como intelectuales, he aquí una afinnaci6n que puede prestarse a bromas y caricaturas, sin embargo, desde el punto de ,-ista de la reflt"llión no hay nada más exacto. Será necesario distinguir grados, un partid•! podd tener una extensión mayor en su grado más bajo o en su grado m~s alto, lo qn< importa c:s $11 función de dirección y organización, o sea, ~~~ función eduativa, o ora, '" "función intclctlu3l" (Ot'u•·rrt c-hoitia, l!.d. Soci>lrJ, p. HO). C0NTRtmiCCióN Y SOBREDETERMINACióN 87 ría u (la Rusia del 17), pero que en ambos casos no se presenta jamás en estado "puro"? Entonces es la "pureza" misma la que seria una excepción, pero no veo bien qué ejemplo podría citarse. Pero, entonces, si toda contradicción se presenta en la práctica histórica y en la experiencia histórica del marxismo como una contra- dici6n sobredeterminada, si esta sobredeterminación constituye, frente a la contradicción hegeliana, la especificidad de la contradicción marxista; si la "simplicidad" de la dialéctica hegeliana envía a una "concepción del mundo" y particularmente a una concepción de la historia que se refleja en ella; es necesario interrogarse, sin duda, acerca de cuál es el contenido, cuál es la raz6n de. ser de la sobredeter- minaci6n de la contradicc_:ión marxista, y plantearse la cuestión de saber cómo la concepción marxista de la sociedad puede reflejarse en esta sobredeterminaci6n. Esta cuestión es capital, ya que es e'i- dentc que si no se_ muestra el lazo necesario que une la estructura propia de la contradicción en Marx a su concepción de la sociedad y de la historia, si no se funda esta sobredeterminación en los con- ceptos mismos de la teoría de la historia marxista, esta categoría permanecerá "en el aire" ya que, ·aunque exacta, aunque verificada por la pr;Íctim política. hasta ac¡ní no es sino descriptiwr y. por lo tanto, corrtíngcnle. y por este hecho, como toda c/(•.w:rifJC"Ítín. qtH·rh :1 merced de las primeras o úllimas teorías film.úficas qnc ap<11t'i'<··t11. Pero aquí encontraremos, nncvanientc, d fanlasma del modelo hegeliano, ya ng el modelo abstracto de la contradicción sino el modelo concreto de la concepción de la lristaria que se refl(.ja en ella. Para mostrar, en efecto, que la cstmclura específica de la con- tradicción marxista está fundada en ]a concepción de la historia marxista, es necesario asegurar que esta concepción no es ella misma la pura y simple "inversión" de ]a concepción hegeliana. Ahora bien, es verdad que en una primera aproximación se podría sostener que I'vlarx ha "invertido" la concepción hegeliana de la Historia. Mostrémoslo rápidamente. La dialéctica de los principios internos a cada sociedad, es decir, la dialéctica de los momentos de la idea, domina toda la concepción hegeliana; como :r..farx lo ha repetido muchas- veces, Hegel explica la vida material, la historia concreta de los pueblos, a través de ]a dialéctica de la conciencia (conciencia u Engels, "Carta a Schmidt" (27 de octubre de 1890): "La reacción del poder riel Estado ante el desarrollo económico puede: ser de tres tipos: puede proyectarse en b misma dirección, en cuyo aso todo discurre más de prisa; puede ir en sentido inVCM, y entonces, en nuestros dlas, y si se trata de un pueblo grande, acaba siempre, a la larga, sucumbiendo; o puede finalmente cerrar al desarrollo económico ciertos derroteros ,. tra· zarle impcrati•-amente otros, caso éste que se reduce, en última instanci3, a uno de lPs dos anteriores." K. Marx y F. Engels, Obras escogidas, t. 2, p. 526. La caracterlstica de h• dos silnncioncs limite' se encucntm acJnl bien sc:nalada. www.apuntesallprint.com.ar c o n s t i t u c i o n @ a p u n t e s a l l p r i n t . c o m . a r Página 10 de 257
  11. 11. www.apuntesallprint.com.ar c o n s t i t u c i o n @ a p u n t e s a l l p r i n t . c o m . a r Página 10 de 20 li8 CONTRADICCiúN Y SüllltEDETER;>.JJN,Cl6N ele sí ele nn pnehlo, sn iclrologí:l). Par':! !farx. por rl contrario, la villa Jll;llc:rial de los hmnhn~s explica sn hislmia: no su coueicucia, su idcologla sinc:l el fenómeno de su vida material. Todas las aparien- cias de "im·crsi6n" se rctmcn en esta oposición. LJc,·cmos las cosas al extremo, casi hasta la caricatura. ¿Qué vernos en Hegel? Una con- cepción de la sociedad que toma las adquisiciones de la teoría política }' de la cconoml:t política del siglo xvm y qne considera que toda sociedad (moderna, sin duela:· pero los tiempos modernos no hacen sino hacer aparecer lo que antes estaba en germen} cst: constituida por clos sociedades: la sociedad de necesidades, o sociedacl ciril, y la sodc:dacl política o Estado y todo lo que se encarna en él: rcligir)n, filosofía, en una palabra, lá conciencih de sí de un tiempo. Dicho de otra manera, esquemáticamente, por la vida material, de una parte, y. por la vida espiritual, de la otra. Para Hegel, la vida material (la suciedad civil, es decir, la economía) no es sino una Astucia de la Rct%6n; bajo las apar-iencias de la autonomía, es movida por una ley que le es extraña: su propio Fin, que es al mismo tiempo su condi- ción de posibilidad: el Estado, por lo tanto, la 'ida espiritual. Pues bien, hay una manera de invertir a Hegel, dándose el aire de engen- drar a' Marx. Esta manera consiste justamente en irwcrtir la relación de lc'S términos Tlf!gelittnos, es clecir, en coll!:c>n'rlr rstns términos: la suciedad dvil y el Jo:stadu, ·Ja cconomla y la pulitica-idculogla, pero transformando la escnci:1 en fenómeno y el fenómeno en esencia o, si se prefiere, haciend!J jugar la Astucia de la Razón a contrapelo. Micntra~ en 1Icgcl es lo político-ideológico la esencia de lo económi- co, w Ivlanc sería lo econ(,mico lo que constituiría toda la esencia de lo político-ideológico. Lo político, lo ideológico no serían en- tonces sino el puro fen6meno de lo económico, que constituiría su "verdad''. El principio "puro" de la conciencia (de sí de un tiem- po), principio interno simple que, en Hegel, es el principio de inte- ligibilidad de todas las determinaciones de un pueblo histórico, hn- hría sido sustituido por otro principio simple, su contrario: la vida material, la economía, principio simple que llega a ser a su vez prin- cipio Ínico de inteligibilidad uni'crs:tl de todas las dctt'Tminaciones de un· pueblo histórico.~5 ¿Caricatura? En este sentido se orientan, si se la~ toma a la letra, las famosas frases de l.tarx acerca del molino movido a brazo, el molino hidráulico y la máquina de ':Jpor. En el horizonte de esta tentación nos encontr:1mos con la pendiente exacta de lrt dialéctica hegeliana, con la (mica diferencia de que ya no se trata de engendrar los momentos succsi'os de la Idea, sino los mo- mentos sucesivos de la Economía, en 'irtnd del mismo principio 25 Y, por snpttesto, como en t11da "inversión" se: habrán conscn·ado todos los térmi- nos mismos de la concepción hegeliana: la sociedad ci,.¡¡ y el Estado. ... 28.... CO:'TRADICCiúN Y SOflREDETERMIN:CION ck la contr;~elircirm interna. F.st;¡ tentativa termina con la rrclnccit'l~l radical <.le la dialéctica de la historia a la dialéctica generadora de lm modos de producción sucesivos, es decir, al extremo, de las diferen- tes técnicas de producción. Estas tentaciones tienen en la historia del marxismo nombrcs propios: el economismo, o sea, el tecnolo- gismo. Pero basta citar estos dos términos para hacer aparecer en la me- moria las luchas te6ricas y prácticas llevadas a :cabo por 1farx y sns discípulos contra estas "desviaciones". Y al lado del demasiado fa- moso texto de la máquina de 'apor, ¡cmíntos textos decisivos conlra el cronomismo! Abandonemos, por Jo tanto, c~t:t caricatura, no pam oponer al cconomismo la lista de ]as condenas oficiales, sino para exa- minar los principios auténticos que están e.n acción en estas condenas y en el pensamiento efectivo de Marx. Entonces es decididamente imposible mantener, en su aparente rigor, la ficción de la "im·crsi6n'', ·ya que, en verdad, ~ larx. no IICI conservado, aunque invirtiéndolos, .los términos del modelo hegelia- no de la sociedad. Los sustituyó por otros que no tienen sino rela- ciones lejanas con ellos. Mucho más aím, trastocó la relcJC:ión CJile reinaba entre los términos. En Marx, son a la vez los términos y su relaciór~ lo cpte camhia ele natur.1lcza y ele 1;cntido. Los térmiuos, primero, no so11 .los mismos. Sin duda Marx habla toda'Ía de "sociedad civil" (en p:uticular en 1.A ideología alenldna: térmitw que se ha traducido inexacta- mente por "sociedad bu~gucsa"), pero no ]o hace más que para hacer alusión al pasado, para designar el lugar de sus descubrimien- tos, y no para vol'er a emple-ar el·:concepto. Serta nccc.~aril estudiar de cerca la formación de este concepto. Veríamos <lclinc¡lfc;c allí, bajo las formas abstractas de la filosofía polític-.1, y l>ajo las formas m<Ís concretas de la economía política del siglo X'111, no u~1a vercla- dera tcoda de la historia económica, ni una 'crdadera teoría de la economía, sino una descripción }' una fundamentación de comporta- mientos económicos, en una palabra, una especie de I~enomenolo­ gfct filosófico-económica. Ahora bien, lo notable en esta cmpn:sa, tao· toen los filósofos (Locke, 1-Iclvedo, cte.·..). wino en los economistas (Smith, Turgot, cte...)• es que esta dcseripcibn ele la mdCfl:ul ei'il se efectúa como si se tratara de la 'descripción (y de la fmul:t<:illil) lit lo que Hegel, resumiendo perfectamente su forma de pensar, llama "el mundo de las necesidades", es decir, un mundo relacionado inme- diatamente, como con su esencia interna, con las relaciones de los individuos definidos por su 'Olnntad particular, su intcd'!i personal, en una palabra: por sus "necesidades". Cuando se sabe que :Man ha fundado toda su concepción de la economía política a partir de la -------------- -=~=·~·..~----~----------- www.apuntesallprint.com.ar c o n s t i t u c i o n @ a p u n t e s a l l p r i n t . c o m . a r Página 11 de 257
  12. 12. www.apuntesallprint.com.ar c o n s t i t u c i o n @ a p u n t e s a l l p r i n t . c o m . a r Página 11 de 20 90 CON I"RADICCio,_. Y SOIIIU:DETER:IIN:CióN crítica de este supuesto (el 'lwmo mconomicus, y sn abstracción jurí- dica o. moral el "hombre" de los filósofos) se puede estar seguro de q1.1c no pudo utili1..ar un· concepto que sería su producto directo. Lo que interesa a 1farx no es, en efecto, ni esta descripción (abs- tracta) ele los comportamientos económicos, ni su pretendida fun- damentación en el mito del /romo mconomicus, es la "anatomía'' de ese mundo, es lct dialéctica de las mutaciones de esta "anatomía". A ello se debe que el concepto de "sociedad civil" (mundo de los com- portamientos económicos iitdividuales y su origen ideológico) des- aparezca en Marx. A ello se debe que la realiclacl económica abstracta (que Smith encuentra, por "ejempio, en la;; leyes del mercado, como resultado de su esfuerzo de fundamentación) es considerada por 1o'farx como el efecto de nn=1 realidad más concreta y más profunda: el modo de producción ele ~ma formación social determinada. Aquí, los comportamientos cconémicos individuales (que ser"Ía;¡ de pre- texto a esa Fenomenología económico-filosófica) son, por primera vez, ·relacionados con su condición de existencia. Grado de desarro- 1lo de las fuerurs de /JToducción, estado de las rclctciones ele produc- ción: he aquí, de ahora en adelante, los conceptos fundamentales de Marx. La "sociedad civil" le indicaba, sin duda, el lugar en el que podían encontrarse (es aquí donde hay que buscar... ), pero es necesario con- fesar que no le proporcion:tba en absoluto su materia. ¿Dcínde en- cuuh:unns todo esto cu llcgd? I~n cuanto al Estado se refiere, es demasiado fácil demostrar que n.o tiene ¡)ara 1.larx el mismo contenido que para Ilegd. No ~nl:um:ult•, por supuesto, pou¡uc el Estado 1111 pnnlc comidcrarsc eom<• la "realidad de la Idea", sino también y sobre todo porque el Estado es pensado, sistcmáticamcnk, como tm instrumento de cocrcirin al servicio de la clase dominant-e de los explotadores. Aquí mte',llllente, bajo la "dcsnipl'ir;n" y la sublimaci(m de los atributos del Estado, 1.·farx descubre un nue·m concepto, presentido antes que él desde el siglo xvm (Longuct, Rousscau, etc.), tomado aun por Hcgd en la l•'ilmmfía del ([ert.'clln (qne ltizn de él un "fen6mcno" de la Astucia ele la Raz(m c:uyo triunfo ('S el l•:stordo: la oposición de la pobrc7.a y la rique7.a ), y' utilizado abundantemente por los histo- riadores de 1830: el concepto de clase social, en relación directa con ltt.~ n•Títrinnt>s clt> fJrnrlurc·ián. Esl:t intCI"'C'nci!'m ele un nnc·n ronrrp- to, sn puesta en relación con un concepto fundamental de la estruc- tura económica, he aquí la materia para modificar de punta a cabo la es<?ncia clel Edctdo, qnc de ahora en adelante no se sittía más por encima de los grupos ltumanos, sino al scí·icio de la clase dominan- te; que. no tiene ya como misión realizarse en el arte, la religión y la z;q .L. CONTRAD!CC!ó0: Y SOBREDETERlfiNACióN 91 filosofía, sino ponerlos al sen·icio.. de la clase dominante, más aún, obligarlas a constituirse a partir de las ideas y de los temas que él constituye en dominantes; que deja, por lo tanto, de ser la "verdad'' de la sociedad civil, para llegar a ser, no la "verdad de" cualquier otra cosa, ni aun de la economía, ·sino el instrumento de acción y ele dominación de una clase social, cte. Sin embarao, no son solamente los términos los que cambian:!::> son sus relaciones mismas. · Aquí no se debe pensar que se trata de una nueva distribución técnica de los papeles que sería impuesta por la multiplicación de los nuevos términos. ¿Cómo se agrupan en efecto estos nuevos tér- minos? Por un lado, la estructura (base económica: fuerzas de pro- ducción, relaciones de producción); por el otro, superestructura (el Estado y todas las formas jurídiCás, políticas e ideológicas). liemos visto que se podía, sin embargo, intentar mantener entre estos dm; grupos de categorías la relación hegeliana misma (la que Hegel im- pone a las relacionc!S entre la sociedad civil y el Estado): una relación de esencia a fenómeno sublimada en el concepto de "verdad -le•••", Así, en Hegel, el Estado es la "verdad de" la socieda~ civil, la qu~, gracias al juego de la Astucia de la Razón, no es smo su propo fenómeno, reali%ado en ella. Ahora bien, en un Marx, que sería así situado en el status de un Hobbcs o de un Locke, la sociedad civil podría sin duda no ser sino la "verdad del" Estado, su fenómeno, qne uua Astucia de la Rnzón económica pondría entonces al scrvic.:iu de una clase: la clase dominante. Desgraciadamente, para este es- quema demasiado puro, las cosas no ocurren asl. En Marx, la iden- tidad liicita (fcnómcno-cscnciu-vcrdad de...} de lo económico y de lo político desaparece en provc~ho de una concepci4n nueva de )a relación de las instancias determinantes en ~~ complejo estructura· superestructura qnc constituye la esencia ele toda formacic)n sndal. Que estas relaciones cspecífitas entre la estructura y la supercstruc· tura merezcan todavía una elaboración e investigaciones teóricas, no cabe la menor duda. Sin embargo, :r..-farx nos da los "dos extremos . de la cadena" y nos dice que entre ellos hay que buscar... : de una , parte, la detcrminaci6n en última instancia por el modo ele procluc- . ción (económico); de la otra, la autonomía relath·a de las superes- : tructuras y su eficacia específica.-. Con ello rompe claramente con el i prÍiwipin hq~cliaJ''l de la explicación a tr:n·és de la conciencia de $Í. (ideología), pero también con d tema hegeliano fenómeno-esencia- . verdad de... Realmente, nos enfrentamos a una nueva relación entre nuevos términos. . .• Escuchemos al viejo Engels del 90 volver a poner en claro las · cosas contra los jóvenes "economistas", quienes no habían compren- www.apuntesallprint.com.ar c o n s t i t u c i o n @ a p u n t e s a l l p r i n t . c o m . a r Página 12 de 257
  13. 13. www.apuntesallprint.com.ar c o n s t i t u c i o n @ a p u n t e s a l l p r i n t . c o m . a r Página 12 de 20 92 CO~TRADICCiói'-: Y SOBREDF.TER:'fl~.CIO~ elido qnc se trataba de una nueva relación."" La prodncción es el f.tclor ddl'rmiu:ntlc, prro c:u "tiltim11 iusf111rcia" solanH·ntc. "Ni 1Jcux ni yo liemos afirmado nunca mlÍs que esto. Si alguien lo tergiversa diciendo que el factor económico es el único determinan- te, coJÚ•ertircí aquellc1 tesi.~ en una frase mcucr, abstmcla, alJ.wrdd. La situación económica es la base, pero los clirersos factores de la super- estntctura que solJre ella se lewmtd -las formas po7íticas de lt1 luclza ele clcJscs )' sus resultados, l,1s Constituciones que, clespub de ganada una batalla, redacta la cla::e triunfante: las formas ;uríciicas, filosó- ficas, la.~ idects religiosas y. el desarrollo ulterior de éstas lwsta con- l'ertirlas en un sistema ele clogmas- e¡ercen también su irlfluencia sobre el curso de las luclzas históricas )' determinan predominante- mente, en mucl10s casos, su forma.. ." Es necesario tomar esta pa- labra "forma" en sentido fuerte y hacerla designar algo totalmente diferente de lo formal. Escuchemos tod:t'Í:l :t Engcls: "TcnnlJién el :Estctdo (Jrusiano lla nctcido .y se ltct desarrollado fJor causcts históricas que son, en ríltima instancia, causas económicas. Pero apenas podrá afirmarse, sin incurrir en pedantería, que ele los muclws Estados del norte! de Alemania fuese {:!recisamente BrandemlJurgo, por imperio de la necesidad económica y no por la inten•ención ele otros factores mcís (}' fJrinc:i(Jalmente su complicación, meclicmte la fJosesión de Prus;ct, en los asuntos de Polonia, y a trtn•és clr! t.'sto. en las ;elacio- nes políticas internacionalés, que fueron también decisivas en la fomuzción ele la potencia dincí.~tica austric1ca), el clcstinado el conver- tirse en lct gran potencia en que tomaron cuerpo las diferencias eco- nómic.·cis, lingiiísticas y, desde lct Reforma, tam1Jién las religio.~as, entre el norte )' el sur." 27 IIc. aquí los dos extremos de la cadena: la economía determina, pero cm última instancia, a b larga dice Engcls, el curso de la Histo- ria. Pero este curso se "abre paso" a través del mundo de las formas ítltimas de la superestructura, de )as tradiciones locales :s r de los acontecimientos internacionales. Dejo a<JUÍ de lado, en este exa- men, la solución teórica que Engcls propone al problema de la rel:t· ci6n entre la determinación cm última in.~tancia, lo económico, v las otras determinaciones proj>ins impuestas por las supcrestruct~ras, las tradiciones nacionalt'S y Jos acontecimientos internacionales. :tvie bao;ta retener aqu( lo que es necesario denominar: acumulación de cletenninctciones eficaces (surgidas de las superestructuras y de cir- 2" Engcls: "Carta a Blocb", 21 de se¡>licmbrc de 1890. 27 F.ngrl• a~:rq:a: "l'lfanc rara vcz ha rscrito al~:n rlnmlr r•la trnrla nn clr•cmpr.llc sn 1"'1'"'• ¡>ctn El JH. Jhmu:uiu es 1111 ejemplo t•xcdcnlc: de ~~~ a¡>liucilm. El t·npiral nos remitr a menudo a 1!1." Cita tambil!n el Anti-Dlihríng y el Feuerbaclt. 28 F.ngtls, ibid.: "Pero tambi~n dcsempellan su' papel. . . las condi~iuncs polllicas, y hasta 13 lradid6n, que mcrodca como un duende en las c:shc7.aS de los hombres." CONTRADICCION Y SOBREDF.TF.R11~:CION 93 cunstancias particulares nacionales e internacionales) sobre Ta deter- rrrirwci6n err IÍ/timcr iusict11cict por la 'ecmrumicl. Es aqnl donde me parece que puede aclararse la expresión de contradicción sobredeter- minada que he propuesto anteriormente, ya que en este momento no poseemos el hecho puro y simple de la existencia de la sobrcdetcrmi- nación, sino que lo hemos relacionado, en lo esencial, y aun cuando nuestro esfuerzo es todavía indicativo, con su fundamento. Esta sobredeterminaciórt llega a ser inevitable y pensable, desde el mo- mento en que se reconoce la existencia real, en gran parte espedfica y autónoma, irreductible, por lo tanto, a un puro fenómeno, de las formas de la superestructura y de la coyuntura nacional e interna- cional. Es necesario entonces ir hasta el fin y decir que esta sobre- determinación no está basada en situaciones aparentemente singu- lares y aberrantes de la historia (por ejemplo, Alemania), sino que es universal. Jamás la dialéctica económica juega al estado puro. Jamás se ve en la Historia que las instancias que constituyen )as superestructuras, de., se separen respetuosamente cuando han rcali- . 7.ado .su obra o que se disipen como su puro fco6meno, para dejar · pasar, por la ruta real de la dialéctica, a su majestad la Economía porque los Tiempos habrían llegado. Ni en el primer instante ni en el último, suena jamás la hora soHtaria de la "última instancia". 30 En resumen, la idea de una contradicción "pura y simple", y no sobredetcnninada, es, como lo dice E.ngels en relación con la "frase" economista: "una frase vacua, abstracta y absurda". Que pueda servir de modelo pedagógico, o más bien, que haya podido, en un cierto momento preciso de la historia, .servir de instrumento polémico y pedagógico, no marca para siempre su destino. Después de todo, los sistemas pedagógicos cambian en la .historia. Es hora .de hacer .un esfuerzo por elevar la pedagogía a. ~a altura de las cucunstancms, es decir, de las necesidades históricas. Pero ¿quién no ve que este esfuerzo pedagógico presupone otro, esta vez puramente tcórico7 Ya que si Marx nos da principios generales y ejemplos concretos (El 18 Brumttrio,_lA guerra civil en Francia, etc.), si toda la práctica poUtica del-movimiento socialista y comunista constituye una reserva inago· tablc de "protocolos de experiencia~" concretas, es necesario decir que la teoría de la eficacia específica de las superestructuras y otra~ "circunstancias" debe todavfa ser en gran parte elaborada: y antes de la teoria de su eficacia o al mismo tiempo (ya ,que por la compro- bación de su eficacia puede alcanzarse su esencia} la teorfa de la esencia propia de los elementos de la superestmctura. F.sta tcorkt permanece, como el mapa de Africa antes de las grandes explora- ciones, un dominio reconocido en sus contornos, en sus grandes cadenas y en sus grandes ríos. pero con mayor frecuencia, a excep· . ·~·- 1- ~~---~-----------------------~~~------· ... www.apuntesallprint.com.ar c o n s t i t u c i o n @ a p u n t e s a l l p r i n t . c o m . a r Página 13 de 257
  14. 14. www.apuntesallprint.com.ar c o n s t i t u c i o n @ a p u n t e s a l l p r i n t . c o m . a r Página 13 de 20 CONTRADICCióN Y SOllREDETER~tiNAClON . ción ele algunas regiones l>ien dibujadas, clesconociclo en ms dctn- llcs. ¿Qniéu después de Marx y I.cnin Ita 'enltJ<fettlltWIIic intentado o continuado su exploración? No conozco sino a Gramsci.20 Sin embargo, esta tarea es indispensable para permitir enunciar, aunque sea; sblo proposiciones m~s precisas que esta aproximación acerca del carácter, fundado antes que nada en la existencia y la natura- leza de las superestructura~;. de la sobredeterminación de la contra- dicción marxista. Permítaseme todavía una última ilustración. La práctica política marxista choca constantemente con esa realidad que se llama ]as "supervivencias". Ninguna duda: existen efectivamente, si no no tcndrlari una vida tan dura... Lenin las combatía en el seno del Partido mso aun antes de la revolución. Inútil recordar qt.c después de la ·Revolución, y desde e.ntonces y a(m hoy día, han proporcio- nado la materia a muchas dificultades, batallas y comentarios. Ahora bien, ¿qné es una supervivencia?, ¿cuál es su status teórico?, ¿es de esencia psicológica?, ¿o social? ¿Se reduce a la supervivencia de cier- tas estructuras económicas que la Revolución no pudo destruir con sus primeros decretos: ]a pequeña producción (campesina, sobre todo en Rusia), por ejemplo, que preocupaba tanto n Lenin? ¿O pmw ella también en cuestión otras estructuras, políticas, i(lcol!lgi- cas, etc... costumbres, hábitos, aún más, "tradiciones", como la "tradición nacional" con sús rasgos específicos? "Supervil'encia": he aquí un tém1ino constantemente invocado y que está todavía en esta- do de investigación, no diré de su nombre (tiene uno) sino de Stl conce{Jto. Ahom bien, pretendo que para darle el concepto (Jlle me- rece (y que ha ganado a ley) no podemos contentarnos con el vago hegelianismo ele la "superdci6u" y del ''mantenimiento-de-lo-que-es- negado-en-la-negación-misma" (es decir, de la negación de la nega- ción) ... ya que, si volvemos todavía un momento a Hegel, compro- bamos que la supervivencia del pasado como "superado" (ttufgehGben) se reduce simplemente a la modalidad del recuerdo, que no es sino lo inverso de la anticipaci6'n, es decir, la misma cosa. De la misma manera, en efecto, que desde 13 aurora de la Historia humana, en los ~3 Las lcntath·a5 de Lukáe1, lin1itados 3 la lristoria de b literatura y a la filosofía, me lurcccn contaminadas por un hegelianismo vergonzoso: como si Lnkáe1 c¡uisiera ser ab· uelto por Hegel por haber sido disclpulo de Simmcl y de Dilthey. Gmmsci es de otra tJlla. Los desarrollos y las notas de sus Cuadernos de b prisión tocan todos Jos proble- mas fundamcnl3lcs de 13 historia it:rliana y europC3: ccon6rnica, social, política, cultural. Uuo encuentra alll 1·isioncs absolutamente originales y a veces geniales sobre este pro- blema. ho)' día fundamental, de la$ superestructuras. Se encuentra allí t:rmbién, como ocurre cuando se lr:rta de 'crdadcros ckscubrimicnto5, conceptos nuevos, por ejemplo d concepto de hegemonía, notable ejemplo ele un e1bo1o ele solución teórica a los proble· ma.• de _la inlcrprctaci6n de lo ccon(imico y de Jo político. nc.lr,raci:zclamcntc, lqnién ¡,. rontinu•elo. ol mr:nos en Fmncio, el esfuerzo teórico de Gmn"ci7 31 CONTRADICCION Y SOBRF.DETERMINACION á:-'~ primeros balbuceos del Espíritu Ó{iental, alcgrcmcnte(tut1~Vqte.;-A las 9ig~ntcsca: figuras de~ ~iclo, el" mar y el d.csi~rto, l.~ego d.c su ) bcshano de ptedra, se tra~cwnaba ya el presenhmtento mc!onsctef!te.-{.¡: de los futuros que serán realizados por el Espíritu absolu'ro~...~~;l~Y misma manera, en cada instante del Tiempo, el pasado se sobreviVe bajo la forma de recuerdo de lo que ha sido, es decir, de la promesa susurrante de su presente. A ello se debe que el pasado no sett nunca ni opaco ni obstáculo. Es siempre digerible porque ha sido di~erido de antemano. Roma puede reinar muy bien en un mundo impreg- nado de-Crecía: la Grecia "sup«:cada" sobrevive en sus recuerdos objetivos: esos templos reproducidos, esa religión asimilada, esa filo- sofía repensada. Siendo ya Roma, sin saberlo, cuando se encarnizaba en morir para dar a luz su futuro romano, jamás obstaculiza a Roma en Roma. A ello se debe que el presente pueda alimentarse con. las sombras de su pasado, más aún, proyectarlas delante de él, como esas grandes efigies de la Virtud Romana que abrieron a los jacobinos la vía de la Revolución y del Terror. Su pasado no es nun- ca más que él mismo y no le recuerda jamás sino la ley de ]a inte- rioridad que es el destino de toda Evolución Humana. Creo que esto es suficiente para hacer comprender que la "supe- ración" en Marx, mientras esta palabra tenga todavía un sentido (a decir verdad no tiene ning(m sentido riguroso), no tiene nada que ver con la dialéctica de la comodidad histórica; que el pasado es algo totalmente diferente a una sombra, aun cuando ésta sea "objetiva", · es una realidad estructurada terriblemente positiva y activa, como para el obrero miserable del que habla Marx lo es c1 fdo, el h:tm- brc y la noche. Pero entonces, ¿cómo pensar las supervivencias? A partir de un cierto número de r~alidades, que son justamente para l'viarx realidades, trátese de superestructuras, de ideologías, de "tra- diciones nacionales", más aún, de costumbres y del "espíritu" del pueblo, etc. A partir de esta sobredeterminación de toda contradic- ción y- de todo elemento constitutivo de una sociedad, que hace 1) que una revolución en la éstrudura no modifica ipso facto en un relámpago (lo que se produciría, sin embargo, si ]a determinación económica fuera ]a única determinación) las superestructuras exis- tentes y, en particular las ideologías, ya que tienen como tales una consistencia suficiente para sobrevivir fuera del contexto inmediato de su vida, más aún, para recrear-, "secretar" durante un tiempo, condiciones de existencia de sustitución; 2) que la nueva sociedad salida de la revolución puede, a ]a yez por las formas mismas de su nueva superestructum, o por "circunstancias" específicas (naciona- les, internacionales), provocar, ella misma, la supervivencia, es decir, la rcactivaci6n de los eleme11tos antiguos. Esta reactivación es incon- www.apuntesallprint.com.ar c o n s t i t u c i o n @ a p u n t e s a l l p r i n t . c o m . a r Página 14 de 257
  15. 15. www.apuntesallprint.com.ar c o n s t i t u c i o n @ a p u n t e s a l l p r i n t . c o m . a r Página 14 de 20 96 CO~'f'RADICCió~ Y SOBREDETERMINACION cehihle en una dialéctica desprovista de sobrcdcterminación. Por ejemplo, para no eludir la cuestión candente, me parece que cuanclo 11110 ~e plantea el problema de saber cómo el pueblo mso, l:m gen~· roso y orgulloso, ha podido soportar en una escala tan v~sta los cn· menes de la represión staliniana; más aún, cón~o el part~~o bol~he· vique pudo tolerarlos -sin hablar de la última tntcrro~acwn: ¿c~nno un dirigente comunista pudo ordenarlos?-, es nc~esano ~enunc1ar a toda lógica de la "superaeibn", o renunciar a dec1r la pnmera pala· bra. Pero aun allí es claro que, teóricamente, queda mucho por hacer. No hablo sólo de los trabajos de historia, que dominan todo: pero, ya que lo dominan todo, me refiero a aqt~cllo que ~omina hasta los trabajos de historia que se consideran. marx1stas: el.ngo~, u~a con· cepci6n rigurosa de los conc;ePt?s marxrstas, de s~~ tmpllcacwnes Y de su desarrollo; una investrgacrón y una concepcron n~~osa de lo que les pertenece propiamente, es decir, de lo que los dtStrngue para ·~re·b~~m~ , . M;ís que nunca es necesario ver hoy cha q~c uno de los pnmeros fantasmas es la sombra de HegeL Es nccesano un poco mas de lm: sobre Marx, para que este fantasma vuelva a la noc~e o, lo 9ue es lo mismo, un poco más de luz marxista sobre llegel mtSmo. Solo ~ este precio escaparemos de la "inversión", ~e sus equívocos y confuswnes. ANEX0 30 Quisiera detenerme un instante en el pasaje ele la .carta a Bloch que dejé ele lado, deliberadamente,. ~n el t~xto que~ precede, ya que este pasaje que concierne a la solucmn teónca que Engels da al problema del h;ndamcnto de la determinación "en última instancia" por la economía, es, de hecho, independiente de las tesis marxistas que En- gcls opone al dogmatismo "economista". . Se trata, sin duda, de una simple carta. Pero como con~btuye un documento teórico deci!ivo en la refutación del esquematismo Y del cconomismo, como ha desempeñado y puede desempeñar en este sentido un papel histórico, ·es mejor no disimular qt~e la .fund~Il!en­ tación del argumento ya no responde a ·nuestras exJgenc1as cnhcas. L1· solución de Engels hace intervenir un mismo moddo a dos niveles diferentes de análisis. A. PRIMER Nl'EL: Engels acaba de mostrar que ]as superestructuras, lejos. dé ser un puro fenómeno de ]a economía, tienen una eficacia zo Este anexo al articulo "Contradicción y sobrc:dctcrminación" permaneció im!dito. La arta de Engcls a Bloch data dd 21 de scptien_¡bre de 1890. JC. Marx y F. Engels: Obr;~s escogidas, t. 2, Ediciones en Lenguas Ext:ranJcras, Mosc6, pp. 520-~22. ANEXO 97 propia: " ... eiercen también su influencia sobre el curso de las luclzas hist6ricas y determinan, predominantemente, en muchos casos su forma". El problema que se plantea entonces es el siguiente: ¿cómo pensar en estas condiciones 1::! unidad de la eficacia real, pero rcla- ti'a, de las superestructuras, y del principio determinante en última instancia de la economía? ¿Cómo pensar la relación entre estas efi· cacias distintas? ¿Cótno fundar en esta unidad el papel de "última instancia" de la economía? Respuesta de Engels: "Es un ;uego mutuo de acciones )' reacciones entre iodos estos factores, en el que a través de toda la muchedumbre infinita de casualidades (es decir, de cosas y acaecimientos cuya trabazón intema es tan remota, o tan difícil de probar, que podemos considerarla como inexistente, no hacer caso de ella), acaba siempre imponiéndose como necesidad el movimiento económico." He aquí e1 modelo explicativo: "los diwzr- sos elementos de la superestructura" actúan y reaccionan Jos unos sobre los otros, producen una infinidad de efectos. Estos efectt?S son asimilables a una infinidad de azares (su número es infinito, y su unión íntima es tan lejana y, de hecho, tan difícil de ser conocida que puede dejársela de lado), a través de Jos cuales "el movimiento" económico se abre paso. Estos efectos son hechos accidentales, el movimiento económico es la necesidad, su necesidad. Dejo un ins- tante de lado el modelo: azar·necesidad y sus supuestos. Lo singu- lar en este texto es el papel atribuido a los diversos elementos de la superestructura. Todo ocurre como si estuvieran encargados, una ,·ez desencadenado entre ellos el sistema acción-reacción, de fundar la infi11ita din'rsiclad de los efectos (cosas y hechos, dice Engcls) entre los cuales, como entre otros tantos azares, la economía trazará su YÍa soberana. Dicho de otra manera, los elementos de la super- estructura tienen sin duda una eficacia, pero esta eficacia se dispersa en cierto sentido al infinito, en la infinidad de los efectos, de Jos a7.ares, cuyas relaciones íntimas' podrán ser consideradas, cuando se haya alcanzado el extremo de lo infinitesimal, como ininteligibles !demasiado difíciles d.e demostrar) y en razón de ello inexistentes. La dispersión infinitesimal tiene por efecto disipar en la inexistencia microscópica. la eficacia reconocida a las superéstructuras en su ex;s- tcncia macros-:ópica. Sin duda, esta inexistencia es epistemológica (se puede "considerar como" inexistente la relación microscópica, no se afirma que no exista: sino que es inexistente para el conocí· miento). Pero, sea como fuere, en el seno de esta diversidad micros- cópica infinitesimal, )a necesidad macroscópica "termiM por abrirse paso". es decir, termina por pre,·alecer. Aquí es necesario hacer dos advertencias. . 3Z www.apuntesallprint.com.ar c o n s t i t u c i o n @ a p u n t e s a l l p r i n t . c o m . a r Página 15 de 257
  16. 16. www.apuntesallprint.com.ar c o n s t i t u c i o n @ a p u n t e s a l l p r i n t . c o m . a r Página 15 de 20 < 98 CONTRADICCióN Y SOBREDETERMINACióN Primera advertencia: En este esquema no nos encontramos frente a ur.a l'erdadera soluci6n, nos encontramos frente a la elaboración de una parte de la solucibn. Nos damos cuenta de que las super- estructu~as en su acción-reacción reciproca pul'erizan su cficaéia en "hechos y acontecimientos" infinitesimales, es decir, en "azares". Vemos que al nivel de estCis azares debe poder fundarse la solución, ya que estos azares tienen por objeto introducir el contra-concepto de ia necesidad (económica) determinante en última instancia. Pero ésta no es sino una solución a medias, ya que la relación entre esos azares y esta necesidad no se encuentra fundada, ni explicitada; ya que (y es negar propiamente esta relación y su problema) Engels presenta la necesidad misma como algo totalmente exterior a estos azares (como un movimiento que logra abrirse paso entre una infi- nidad de azares). Pero entonces no sabemos si esta necesidad es ;ustaniente la necesidad de estos d%tlres, y si lo es, por qué. Este problema queda aquí en suspenso. Segunda adl•ertencia: Uno·se asombra al ver cómo Engcls considera en este texto las formas de la superestructura como el origen de una infinidad microscópica. de··hechos cuya relación interna es ininteli- gible (y, por lo tanto, despreciable). Ya que, por una parte, se podría decir lo mismo de las formas de la infraestructura (¡y es ver- dad que el detalle de los hechos económicos microscópicos podría ser considerado como ininteligible y despreciable!). Pero sobre todo debido a que estas formas, como tales, son justamente formas en cuanto son principios de realidad, y también formas en cuanto son principios de inteligibilidad de sus efectos. Pueden ser perfectamente conocidas, y en este sentido son la razón transparente de los hechos que surgen de ellas. ¿Cómo se explica que Engels pase tan rápido por cndma de estas formas, por encima de su esencia }' su papel, para detenerse sólo en el polvo microscópico de sus efectos, despre- ciables e ininteligibles? En forma más precisa: ¿esta reducción al polvo de azares no es _absolutamente contraria a la función real y epistemológica de estas .formas? Y, ya que Engels lo invoca, ¿qué ha hecho Marx en El 18 Brumario, si no un análisis de la acción y reacciones de estos "diferentes factores", un análisis perfectamente inteligible de sm efectos? Pero Mane no pudo desarrollar esta "de- mm,tración'' sino gracias a no confundir los efectos históricos de estos factores con sus efectos microscópicos. Las formas de la super- estructura son, sin duda, la causa de una infinidad de hechos, pero todos estos hechos no son hechos históricos (cf. Voltaire: todos los nifios tienen un padre, pero todos los "padres" no tienen niños), 93 L ANEXO 99 só~o lo son aquellos que, entre los "factores" nombrados, retienen, eltgen y producen como tales (para no temar sino un caso: todo hombre po1ítico, instalado en el gobierno hace, en función de su política, en función también de sus medios, una elección entre los -hechos, y los promueve de hechos al rango de acontecimientos his- tóricos, aunque sólo sea reprimiendo una manifestación). En este primer nivel, podría decir para resumir: 1) no poseemos todavía la verdadera solución; 2) la "pulverización" de la eficacia de las formas de la superestructura (en cuestión aquí) en el infinito de los efectos microscópicos (azares ininteligibles) no corresponde a la concep- ción marxista de la naturaleza de las superestructuras. n. SECUNDO 1"IVEL: Y de hecho,. en el segundo nivel de su análisis, vemos cómo Engels abandona el caso de las superestructuras, y aplica su modelo a otro objeto, ·que esta vez sí le corresponde: la combinación de las voluntades. individuales. Aquí también le vemos responder al problema a tra~es de la relación entre los azares y la necesidad, es decir, fundándolo. ". . . la his"loria se hace de tal modo que el resultado fint~l siempre deriva de los confictos entre · muchas voluntades individuales, cada una de las cuales, a su vez, es lo que es por efecto de Und multitud de condiciones especitJlet de vida; son, pues, innumerables fuerzas que se entrecru%tln 148 unas con las otras, un grupo infinito de .pt~ralelogramos c;le fuer:ut, de los que surge una resultante -el acontecimiento histórico- que, a su vez, puede considerarse producto de una potencia única, que, como un todo, actúa sin conciencia y ·sin voluntad. Pues lo que uno quiere tropieza con la resistencia que le opone otro, y lo que resulta de todo ello es algo que nadie ha querido. De este modo, hasta aquí toda la historia ha discurrido a modo de un proceso 11t1tural y sometida también, sustancialmente, a las misnuJS leyes dindmicas. Pero del hecho de que las distintas voluntades individUttles -cadt~ una de las cuales apetece aquello a que le impulsa su constitución física y una serie de circunstancias externas, que son en última ins- tancia circunstancias económicas (o las suyas propias personales o las generales de la sociedctd)- no alcancen lo que desean, sino que se funden todás en una media total, en una resultante común no debe inferirse que estas voluntades sean iguales a cero. Por el ~ontrario, todas contribuyen a la resultante y se hallan, por lo tanto, incluidas- en ella." Pido disculpas por esta larga cita, pero tuve que reproducirla porque contiene sin duda la respuesta a nuestro problema. Aquí, en efecto, la necesidad se encuentra fundada al nil-el de lo11 azares mismos, sobre los azares mismos como su resultante global: es, por www.apuntesallprint.com.ar c o n s t i t u c i o n @ a p u n t e s a l l p r i n t . c o m . a r Página 16 de 257

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