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Material de estudio de la UBA, Facultad de Ciencias Sociales, cátedra: CALZADO

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  1. 1. 2581 !UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES FACULTAD DE CIENCIAS SOCIALES § CÁTEDRA:e ~w ()) "'C oO) ro:.¡::; e ro (/) 1-- z MATERIA: 1 - - - ] CALZADO SEM. SEGURIDAD ~ a.. .....J .....J <( 1 UNIDAD 4 -- -- 1 ALUMNO: www.a untesa/1 rint.com.ar www.apuntesallprint.com.ar c o n s t i t u c i o n @ a p u n t e s a l l p r i n t . c o m . a r Página 1 de 96
  2. 2. ALL PR1NT - Santiago del Estero 1127 CATEDRA: CALZADO UNIDAD: 4 CONTENIDO AUTOR OUTSIDERS. INICIATIVAS MORALES. CAP. 8. BECKER LA LEY DE LOS PROFANOS. SUCESO DE CINEMATOGRÁFICOS EFECTOS. CAlMARI TEORlA Y ESTRUCTURA SOCIALES. ESTRUCTURA SOCIAL Y ANOMIA. MERTON LOS LABERINTOS DEL MIEDO. UN RECORRIDO PARA FIN DE SIGLO. REGUILLO DELITO Y SOCIEDAD. VENTANAS ROTAS. LA POLICIA Y LA SEGURIDAD EN LOS BARRIOS. WILSON www.apuntesallprint.com.ar c o n s t i t u c i o n @ a p u n t e s a l l p r i n t . c o m . a r Página 2 de 96
  3. 3. Traducción de Jaime Arrambide [ - Á ......'. ' T 1' 1 rr E -ll ~- t_! ~ .( ¡ACJ.. -~~--~-:.~·~~--.... ' .. -·::~ • 2' ~ t111 n~ ....~...,.,.·•V:./l ¡ ''* r·- .. - .....r. 11··"~'··,.{•¡'····"1''''~·· .-, ' · - ~ ~ 'i!"' ·! _-J~1 ~¡·'1r ~~ ~ ~: ·-~ .; ~ . ': • h a(j~.r~!.! :; '• . .)'":e,; 'i,- ~ ¡, ~'J· ' n.·.~eomt" (::. •1. ,, .f.f ,, i -OUTSIDERS hacia una sociologra de la desviación howard becker ~ siglo veintiuno /Jl'IJ editores www.apuntesallprint.com.ar c o n s t i t u c i o n @ a p u n t e s a l l p r i n t . c o m . a r Página 3 de 96
  4. 4. 8. Iniciativas morales Las normas son el resultado de la iniciativa y el em- prendimiento de personas a las que podríamos definir como em- prendedores morales. Hay dos especies de empre~dedores morales, quienes crean las reglas y quienes las aplican, y de ellos nos ocu- paremos a continuación. LOS CREADOltES DE NORMAS El prototipo del creador de normas -aunque no su única va- riante, como ya veremos- es el cruzado reformista. Al cruzado re- formista le interesan los contenidos de las normas. Las reglas existentes no lo satisfacen pues existe un mal que lo perturba profundamente. Siente que nada estará bien en el mundo hasta que haya normas que corrijan ese mal. Opera desde una ética ab- soluta: lo que ve es malo, total y absolutamente malo, sin matices, y cualquier medio que se emplee para eliminarlo estájustificado. El cruzado es ferviente y recto, y las más de las veces se siente mo- ralmente superior. Resulta apropiado pensar en los reformistas como cruzados porque es típico que crean que su misión es sagrada. Los prohibi- cionistas son un excelente ejemplo, así como las personas que quieren suprimir los vicios y los delitos sexuales o quienes quieren eliminar eljuego y las apuestas. Esos ejemplos pintan a los cruzados morales como metiches en- trometidos interesados en imponer a los demás su propia moral, pero ése es sólo un punto de vista parcial. Muchos cruzados mora- "{ www.apuntesallprint.com.ar c o n s t i t u c i o n @ a p u n t e s a l l p r i n t . c o m . a r Página 4 de 96
  5. 5. 168 OUTSIDERS les tienen un fuerte sesgo humanitario. El cruzado no sólo está in- teresado en lograr que los demás hagan lo que él cree que es co- rrecto. Cree que si hacen lo correcto, será bueno para ellos. O puede sentir que la reforma que impulsa servirá para impedir que algunas personas exploten a otras. Los prohibicionistas no sentían simplemente que estaban imponiendo su propia moral a los de- más, sino que intentaban generar mejores condiciones de vida para las personas a quienes la bebida podía impedirles llevar ade- lante una buena vida. Los abolicionistas no trataban solamente de impedir que los propietarios de esclavos hiciesen algo malo, sino de ayudar a los esclavos a tener una vida mejor. A raíz de la impor- tancia de esos motivos humanitarios (y a pesar de su devoción in- quebrantable por una causa en particular), los cruzados morales suelen prestar su apoyo a otras cruzadas humanitarias. Como se- ñalajoseph Gusfield: Durante el siglo XIX, el movimiento antialcohólico nor- teamericano formó parte de un esfuerzo generalizado por dar mayor valor al ser humano, no sólo a través de una moralidad más elevada, sino también de mejores condiciones económicas. Esa mezcla de religión, igualita- rismo y humanitarismo era un aspecto sobresaliente del reformismo moral de muchos movimientos. Los partida- rios de la abstinencia alcohólica integraban un amplio segmento de movimientos como el sabatarianismo, el abolicionismo, el movimiento en pos de los derechos de la m~er, el movimiento agrario, y los esfuerzos del huma- nitarismo por mejorar el destino de los pobres (... ). La WCTU (Unión Cristiana de Mujeres por la Tem- planza) demostró que uno de sus intereses secundarios era el mejoramiento de las condiciones de vida de las clases bajas. La organización tuvo una participación muy activa en campañas a favor de la reforma penal, de la re- ducción de lajornada de trabajo y el aumento del salario de los u·abajadores, así como de la abolición del trabajo infantil, y de toda suerte de iniciativas humanistas e igua- litaristas. Durante la década de 1880, la WCTU luchó a INICIATIVAS MORALES 169 favor de leyes que protegiesen a las niñas trabajadoras de la explotación de los hombres. (Gusfield, 1955, p. 223) Como afirma Gusfield: "Este tipo de reformismo moral sugiere el acercamiento de una clase dominante a los menos favorecidos en la estructura económica y social". Generalmente, los cruzados mo- rales quieren ayudar a los que están por debajo de ellos a alcanzar u'n estatus mejor. Que quienes están debajo de ellos no siempre estén de acuerdo con los medios propuestos para su salvación es otro tema. Pero el hecho de que las cruzadas morales típicamente estén dominadas por los niveles más altos de la estructura social significa que al poder que se deriva de la legitimidad de su posi- ción moral se suma el que se deriva de su posición social superior. Naturalmente, muchos cruzados morales consiguen el apoyo de gente cuyos móviles son mucho menos elevados que los suyos. Así, algunos industriales apoyaron la Prohibición porque sintieron que les garantizaría una fuena laboral más manejable (véase McCarthy, 1959, pp. 395-396). Del mismo modo, cada tanto circula la versión de que los grupos que controlan el juego en Nevada apoyan a quienes se oponen a que eljuego sea legalizado en California, por- que su negocio se vería seriamente perjudicado, ya que depende en gran medida de los habitantes del sur de ese estado.39 Al cruzado moral, de todos modos, le preocupan más los fines que los medios. A la hora de delinear normas específicas (habi- tualmente bajo la forma de leyes propuestas a la legislatura esta- dual o el Congreso Nacional), suele recurrir al consejo de exper- tos. Ese rol suele ser cumplido por los abogados, especialistas en la elaboración de leyes admisibles. Las oficinas de gobierno bajo cuyajurisdicción cae el problema también pueden contar con los conocimientos necesarios, como ocurrió con la Oficina Federal de Narcóticos en el caso de la marihuana. Sin embargo, a medida que la ideología psiquiátrica ha ido ga- nando aceptación, un nuevo experto ha entrado en escena: el psiquiatra. En su análisis de la historia natural de las leyes sobre 39 Esto ha sido sugerido por Osear l..ewis en Sagoúrv.sh Casino>: 1M Story ofúgal Ganú>ling in Nroada (1953), pp. 233-234. www.apuntesallprint.com.ar c o n s t i t u c i o n @ a p u n t e s a l l p r i n t . c o m . a r Página 5 de 96
  6. 6. 170 OUTSIDERS los psicópatas sexuales, Sutherland señala su influencia (1950, pp. 142-148). En el siguiente texto explica cuáles son las condi- ciones de aprobación de la ley sobre psicópatas sexuales, que es- tipula que una persona "que es diagnosticada como psicópata sexual puede ser confinada indefinidamente en un hospital pú- blico por insania" (p. 142). Primero, esas leyes suelen ser aprobadas después de una serie de delitos sexuales cometidos sucesivamente que despiertan el temor de la comunidad. Ése es el caso de Indiana, donde la ley fue aprobada después de que se produjeran tres o cuatro ataques sexuales consecutivos en Indianápolis, seguidos de muerte en dos de los casos. Los jefes de familia compraron armas y perros guardia- nes, y el stock de cerraduras y candados de los negocios de la ciudad se agotó(...). Un segundo elemento en el proceso de elaboración de las leyes sobre psicópatas sexuales es la encendida respuesta de la comunidad a ese temor. La atención de la opinión pública se centra en los delitos sexuales y la gente co- mienza a imaginar las más variadas situaciones de peligro ysiente que es necesario y posible controlarlo (...). La tercera fase en el desarrollo de estas leyes ha sido la designación de un comité asesor. El comité reúne las opiniones, encontradas o no, de personas y grupos de personas, intenta establecer "los hechos", estudia los procedimientos en otros estados y hace recomendacio- nes, que generalmente incluyen el envío de leyes a la le- gislatura. Si bien el miedo generalizado suele aplacarse en unos pocos días, el comité tiene la responsabilidad formal de continuar hasta que se tomen medidas activas en el caso. Si no desemboca en la designación de un co- mité, es menos probable que el temor dé por resultado una ley. (Sutherland, 1950, pp. 143-145.) En el caso de las leyes sobre psicópatas sexuales, por lo general no hay organismos del gobierno especializados en desviaciones de INICIATIVAS MORALES 171 este tipo. Por lo tanto, cuando surge la necesidad de consultar a un experto para la elaboración de la ley, suele recurrirse con fre- cuencia al grupo profesional que más relación tiene con esos pro- blemas: En algunos estados, en la etapa en la que la ley sobre psi- cópatas sexuales era analizada por el comité, los psiquia- tras jugaron un papel importante. Los psiquiatras han sido el principal respaldo de los grupos interesados en la ley. Un comité de psiquiatras y neurólogos de Chicago redactó el proyecto que se convirtió en la ley sobre psicó- patas sexuales del estado de ·lllinois. La ley fue auspi- ciada por la Asociación de Abogados de Chicago y por el representante legal del estado por el condado de Cook, y fue aprobada sin demasiada resistencia en la siguiente sesión de la legislatura estadual. En Minnesota, todos los integrantes del comité del gobernador eran psiquiatras excepto uno. En Wisconsin, la Sociedad de Neuropsi- quiatría de Milwaukee se unió a las presiones que exis- tían sobre la Comisión contra el Crimen de Milwaukee para que promulgaran la ley. En Indiana, el comité del fiscal general del estado recibió de parte de la Asocia- ción Americana de Psiquiatría copias de todas las leyes de psicopatologías sexuales que habían sido aprobadas en otros estados. (Sutherland, 1950, pp. 145-146) En los últimos años, la influencia de los psiquiatraS en otros ámbi- tos de la ley penal se ha ido incrementando. En cualquier caso, lo que importa de este ejemplo no es la cre- ciente influencia de los psiquiatraS, sino la necesidad que tienen frecuentemente los cruzados morales de recurrir a los servicios profesionales de quienes pueden elaborar normas apropiadas en una forma apropiada. El cruzado no suele ocuparse él mismo de esos detalles. Le basta con saber que el primer punto ya está ga- nado, y delega en otros su implementación. Al dejar el delineamiento de una normá específica en manos de otros, los cruzados morales dejan la puerta abierta a influencias www.apuntesallprint.com.ar c o n s t i t u c i o n @ a p u n t e s a l l p r i n t . c o m . a r Página 6 de 96
  7. 7. 172 OUTSIDERS impredecibles. Pues quienes redactan los borradores de las leyes para los cruzados también tienen intereses propios, que pueden afectar la legislación que están elaborando. Es probable que las le- yes sobre psicopatologías sexuales delineadas por psiquiatras con- tengan muchos elementos que las personas que fueron la punta de lanza de la campaña "hay que hacer algo con los crímenes se- xuales" nunca consideraron, elementos que sin embargo sí refle- jan los intereses profesionales de la psiquiatría organizada. EL DESTINO DE LAS CRUZADAS MORALES Una cruzada puede tener un éxito resonante, como fue el caso del movimiento a favor de la Prohibición que culminó con la aprobación de la Decimoctava Enmienda, o puede fracasar estre- pitosamente, como la campaña contra el tabaco y el movimiento contra la vivisección. También puede tener éxito en un primer momento para ver poco después cómo sus logros son barridos por cambios en la moral pública o en los límites y restricciones impuestos por las interpretaciones judiciales, como fue el caso de la cruzada contra la literatura obscena. Una de las principales consecuencias de una cruzada exitosa, por supuesto, es el establecimiento de una nueva norma o con- junto de normas, que por lo general viene acompañada de la ma- quinaria adecuada para aplicarla. Analizaré esta consecuencia luego con más detalle. Pero una campaña exitosa tiene, sin em- bargo, otra consecuencia que vale la pena mencionar. Cuando la iniciativa de un hombre para que se establezca una nueva norma tiene éxito -cuando ha encontrado, por así decirlo, el Grial-, ese hombre se queda sin trabajo. La cruzada que ha ocu- pado gran parte de su tiempo, energía y pasión ha terminado. Es probable que al comenzar su cruzada, ese hombre fuese un ama- teur, un hombre que se sumó a la cruzada por su interés en el tema, en el contenido de la norma impulsada. Kenneth Burke se- ñaló una vez que la ocupación de un hombre puede convertirse en su preocupación. Esa ecuación también funciona a la inversa: INICIATIVAS MORALES 173 la preocupación de un hombre puede convertirse en su ocupa- ción. Lo que comenzó como un interés amateur por un tema mo- ral puede transformarse en un trabajo de tiempo completo y, de hecho, para muchos ¡·eformistas, ése ha sido el caso. El éxito de una cruzada, por lo tanto, deja al cruzado sin un propósito. Ese hombre sin rumbo puede ampliar sus intereses y descubrir que hay otros temas que le causan alarma, un nuevo mal contra el cual se debe hacer algo. Se convierte entonces en un descubridor pro- fesional de errores que deben ser corregidos, de situaciones que requieren nuevas normas. Cuando en torno a la cruzada se ha generado una gran organi- zación dedicada a su causa, los funcionarios de ésta tendrán más interés aún que el cruzado mismo en encontrar nuevas ca,usas que abrazar. Ese proceso fue muy evidente en el campo de la salud, cuando la Fundación Nacional de Lucha contra la Parálisis Infan- til dejó de funcionar como consecuencia del descubrimiento de una vacuna que terminó con la epidemia de la poliomielitis. Bajo el nombre menos limitante de Fundación Nacional, a secas, sus empleados rápidamente encontraron otros problemas a los que la organización podía entregar sus esfuerzos y recursos. Una cruzada fallida -ya sea porque su misión ha dejado de su- mar adhesiones o porque una vez alcanzado su objetivo final- mente lo pierde- puede tomar dos caminos. Por un lado, puede simplemente abandonar su misión original y concentrarse en pre- servar lo que quede de la organización que han construido. Se- gún señala un estudio, ése fue el destino del Movimiento Town- send (Messinger, 1955). Por otro lado, el movimiento fallido puede ceñirse Iigidamente a una misión cada vez menos popular, · como le sucedió al movimiento a favor de la Prohibición. Gusfield ha descrito a los actuales miembros del WCTU como "moralizado- res jubilados" (Gusfield, 1955, pp. 227-228). Aunque la opinión que prevalece en los Estados Unidos es cada vez más contraria a la abstinencia, las mujeres que integran esa organización no han suavizado su postura respecto de la bebida. Muy por el contrario, guardan resentimiento contra las personas antes "respetables" que ya no apoyan su movimiento. El nivel de clase social de las mujeres que integran la WCTU ha descendido de la clase media www.apuntesallprint.com.ar c o n s t i t u c i o n @ a p u n t e s a l l p r i n t . c o m . a r Página 7 de 96
  8. 8. 174 OUTSIDERS alta a la clase media b¡ga. La organización ahora se dedica a atacar a la clase media que alguna vez le dio su apoyo, haciéndola res- ponsable de apañar la idea de "beber con moderación". Los si- guientes fragmentos de las entrevistas realizadas por Gusfield a lí- deres de la wcru nos dan una idea de la figura del "moralizador jubilado": Cuando esta unión fue creada, originalmente estaba compuesta por algunas de las damas más influyentes de la ciudad. Pero ahora parecen creer que las mujeres que nos negamos a tomar un cóctel somos un poco raras. Te-- nemos a la esposa del dueño de una funeraria y a la es-. posa de un pastor, pero las mujeres de los médicos y los abogados nos dan la espalda. No quieren que la gente piense que son raras. Nada nos asusta más que la moderación. La bebida se ha metido hasta tal punto en todo, basta en la vida religiosa y en las universidades. Se filtra; llega hasta las reuniones oficiales de la iglesia. Lo guardan en el refrigerador(...). El pastor de aquí piensa que la iglesia ha hecho mucho, que hace enor- mes esfuerzos para ayudar a nuestra causa. Debe tener miedo de pisarle los pies a alguien influyente. (Gusfield, 1955, pp. 227, 229-2~0) Sólo algunos cruzados, entonces, tienen éxito en su misión y, al crear una ley, crean también un nuevo grupo de marginales. Algu- nos de los que tienen éxito les toman el gusto a las cruzadas ybus- can nuevos problemas a los que atacar. Otros cruzados no tienen éxito, y, o bien apoyan a la organización que crearon; abandonando la misión que los distinguía y dedicándose a resolver el problema del mantenimiento de la organización en sf, o se vuelven outsidtn:s ellos mismos, ycontinúan predicando una doctrina que con el co- rr~r del tiempo resulta cada vez más ajena a todos. INICIATIVAS MORALEIS 175 AGENTES DE APLICACIÓN DE LA NORMA La consecuencia más obvia de una cruzada exitosa es la cntación de un nuevo conjunto de normas. Concomitantemente, s.)temos · ver que se establece también un nuevo conjunto de agencias y funcionarios para suaplicación. A veces, por supuesto, las encar- gadas de administrar la nueva norma son agencias que ya existían, pero por lo general se crea un grupo nuevo de agentes de aplica- ción. La aprobación de la Ley Harrison presagió la creaci6n de la Oficina Federal de Narcóticos, así como la aprobación de la Deci- moctava Enmienda condujo a la creación de las reparticiones po- liciales encargadas de hacer cumplir las leyes de la Prohibición. Con el establecimiento de organismos de agentes de aplicación de la ley, la cruzada que~i.a institucionalizada. Lo que había co- menzado como un impulso para convencer al mundo de la nece- sidad moral de una nueva norma, finalmente se convierte en una ~rganización abocada a asegurar su cumplimiento. Del mismo modo que los movimientos políticos radicalizados se transforman en partidos políticos y las flamantes sectas evangélicas se convier- ten en denominaciones religiosas establecidas, el resultado final de una cruzada moral es la creación de una fuerza policial. Por lo tanto, para entender cómo son aplicadas a cada persona en par- ticular esas normas que han creado un nuevo grupo de margina- les, debemos entender los motivos e intereses de la policía, agente de aplicación de la ley. Aunque indudablemente algunos policías tienen un interés si- milar al de los cruzados en hacer desaparecer el mal, es muy pro- bable que el caso más típico sea el del policía que tiene una visión desapegada y objetiva de su trabajo. No le preocupa tanto el con- tenido de alguna norma en particular como el hecho de que su tarea es hacerla cumplir. Cuando las normas cambian, castiga lo que antes era un comportamiento aceptable, así como deja de castigar un comportamiento que ha sido legitimado por un cam- bio de normas. Por lo tanto, el agente de la ley puede no estar in- teresado en el contenido de la norma en sí, sino sólo en el hecho de la existencia de una norma que justifica su trabajo, su profe-- sión y su razón de ser. www.apuntesallprint.com.ar c o n s t i t u c i o n @ a p u n t e s a l l p r i n t . c o m . a r Página 8 de 96
  9. 9. 176 OUTSIDERS Como hacer cumplir la ley justifica su forma de vida, el policía tiene dos intereses que condicionan su labor: primero, debe justi- ficar la existencia de su cargo, y segundo, debe ganarse el respeto de aquellos con quienes debe tratar. Esos intereses no son específicos de los agentes de aplicación de la ley. Los que tienen cualquier ocupación sienten la necesidad de justificar su trabajo y ganarse el respeto de los demás. Los mú- sicos, como hemos visto, querrían hacerlo, pero tienen dificulta- des para encontrar el modo de impresionar favorablemente a sus clientes con sus habilidades para el trabajo. Los porteros, por ejemplo, no logran ganarse el respeto de los inquilinos, pero desarrollan una ideología que pone el énfasis en la responsabili- dad casi profesional de mantener la confidencialidad de los deta- lles íntimos de la vida de los inquilinos que ellos han descubierto al realizar su trabajo (véase Gold, 1952). Médicos, abogados y otros profesionales, más hábiles para ganarse el respeto de sus clientes, desarrollan elaborados mecanismos para mantener con ellos una relación respetable. Parajustificar la existencia de su cargo, el agente de la ley en- frenta un doble problema. Por un lado, debe demostrar a los otros que el problema sigue existiendo: la regla que debe hacer cumplir tiene sentido, porque las infracciones ocurren. Por otro lado, debe demostrar que sus intentos de hacerla cumplir son efectivos y valiosos, que enfrenta adecuadamente el mal que debe combatir. Por lo tanto, las agencias de cumplimiento de la ley, en especial cuando reclaman fondos para su actividad, osci- lan típicamente entre dos tipos de afirmaciones. En primer lu- gar, aseguran que gracias a sus esfuerzos el problema del que se ocupan está a punto de solucionarse. Pero, al mismo tiempo, afirman que el problema quizás sea peor que nunca (aunque no por su culpa) y que exige redoblar los esfuerzos para mante- nerlo bajo control. Los agentes de la ley pueden ser más vehe- mentes que nadie al insistir en que el problema del que se su- pone que deben ocuparse está todavía entre nosotros, y que de hecho está más vivo que nunca. Con estas afirmaciones, Jos agentes de la ley justifican largamente la existencia del puesto que ocupan y el trabajo que realizan. 1' INICIATIVAS MORALES 177 También podemos señalar que las agencias y los agentes de la ley son proclives a asumir una visión pesimista del ser humano. Si no creen directamente en el pecado original, al menos les gusta concentrarse en las dificultades que tienen las personas para ce- ñirse a las nonnas, en los rasgos de la naturaleza humana que con- ducen a la gente hacia el mal. No suelen creer que quienes rom- pen la ley puedan ser reformados. El enfoque escéptico y pesimista del agente de la ley, por su- puesto, se ve ~onfimudo en la experiencia diaria. Mientras hace su trab:l:jo, constata la evidencia de que el problema sigue entre nosotros. Ve a la gente que reincide continuamente en el delito, lo que a sus ojos los confirma y los marca como outsiders. No hace falta esforzarse demasiado para imaginar que una de las razones que subyacen al pesimismo del agente de la ley respecto de la na- turaleza humana y sus posibilidades de reformarse es el hecho de que si ésta fuese perfectible y la gente pudiera reformarse perma-. nentemente, él se quedaría sin trab~o. Westley estudió a la policía de una pequeña ciudad industrial y nos brinda un excelente ejemplo de este fenómeno. En una entre- vista, le pregunta a un oficial de policía: "¿Cuándo cree que estájus- tificado que un policía le dé una paliza a un hombre?". Descubrió que "al menos el 37% de Jos agentes creían que era legítimo hacer uso de la violencia para imponer respeto" (Westley, 1953, p. 39). Al- gunas de las citas de sus entrevistas resultan muy esclarecedoras: Bueno, hay ciertos casos. Por ejemplo, cuando uno de- tiene a un hombre para un interrogatorio de rutina, uno de esos que se creen que saben, y empieza a contestar mal y a decir que uno no sirve para nada y esas cosas. Uno puede llevarse a un hombre por el cargo de con- ducta inapropiada, pero es casi imposible que prospere. Así que Jo que uno hace es molestarlo, pincharlo hasta que hace algún comentario que justifica que uno lo abo- fetee y, sí responde el golpe, uno puede detenerlo por , resistirse al arresto. Bueno, un prisionero merece que le peguen cuando llega al punto de querer ponerse por encima de uno. www.apuntesallprint.com.ar c o n s t i t u c i o n @ a p u n t e s a l l p r i n t . c o m . a r Página 9 de 96
  10. 10. 178 OúTSIDERS Cuando empiezan a insultarte, cuando te quieren hacer quedar mal delante de todos, hay que ponerse duro. Yo creo que la mayoría de los policías intentan tratar bien a la gente, pero a veces hay que hablarles con dureza. Es la única manera de tenerlos abajo, de hacer que te respe- ten. (Westley, 195~. p. 39) Lo que Westley describe es el uso de medios ilegales de coerción para lograr el respeto de los otros. Queda claro que cuando un agente tiene la opción de aplicar la ley o no hacerlo, su decisión puede depender de la actitud del infractor hacia su persona. Si el infractor es respetuoso, el agente de la ley puede minimizar la situación. Si el infractor no le demuestra respeto, es probable que las sanciones caigan sobre él. Westley (1951) ha mostrado que esa diferencia suele producirse en el caso de las infracciones de tránsito, donde la discrecionalidad policíaca es llevada al má- ximo. Pero es probable que sea también así en otros ámbitos. Como regla general, la discrecionalidad del agente de la ley es importante en muchos aspectos, en parte porque sus recursos no son suficientes para el volumen de infracciones de las que se su- pone que debe ocuparse. Eso significa que no puede hacerles frente a todas a la vez y que, por lo tanto, debe contemporizar con el mal. No puede hacer todo el trabajo, y lo sabe. Se toma su tiempo, presuponiendo que el problema con el que se enfrenta seguirá allí por largo tiempo. Se fija prioridades, se ocupa de un asunto por vez, primero de los más urgentes y apremiantes, y deja los demás para más tarde. Su actitud hacia su trabajo, en resumi- das cuentas, es profesional. Carece del ingenuo fervor moral que caracteriza al creador de la norma. Si el agente no puede ocuparse de todos los casos de infrac- ción al mismo tiempo, debe tener una base en función de la cual decidir cuándo aplicar la ley, o sea, cuáles de las personas que la infringen deben ser etiquetadas como desviados. Uno de los cri- terios para seleccionar personas es el de los "arreglados". Algu- nas personas tienen suficiente influencia política o suficiente ha- . bilidad para desactivarlos intentos de aplicar la ley, ya sea en el momento de la aprehensión del infractor, ya sea en un mo- INICIATIVAS MORALES 179 mento posterior del proceso. Muchas veces esa función del "arreglador" está profesionalizada: personas que efectúan el tra- bajo a tiempo completo y están disponibles para quien quiera contratarlas. Un ladrón profesional describe a los "arregladores" de esta manera: En toda ciudad grande, hay un arreglador para los ladro- nes profesionales. No tiene agentes y en general ni pide ni acepta casos que no sean de ladrones profesionales, así como nadie que no lo sea recurre a ellos. Este sistema centralizado y monopólico de arreglos para ladrones pro- fesionales existe en casi todas las grandes ciudades y en algunas de las pequeñas. (Sutherland, 1937, pp. 87-88) Como los que saben del arreglador y sus actividades son los la- drones profesionales, la consecuencia de la aplicación de este cri- terio de selección es que generalmente los amateurs suelen ser capturados, condenados y etiquetados como desviados con mu- cha mayor frecuencia que los profesionales. Como señala un la- drón profesional: Uno se da cuenta si el caso está arreglado por el modo en que lo tratan en la corte. Cuando el poli no está de- masiado seguro de si atrapó al hombre correcto, o el tes- timonio del poli y el demandante no concuerdan, o el fiscal trata con indulgencia al acusado, o el juez es arbi- trario en sus decisiones, entonces seguro que alguien es- tuvo haciendo su trab~o. Esto no ocurre en la mayoría de los casos de robo porque por cada caso de robo pro- fesional hay entre veinticinco y treinta casos de aficil,)na- dos que no saben una palabra de los arreglos. Esos nova- tos se llevan la peor parte siempre. Los polis vociferan contra los acusados, nadie contradice su testimonio, el juez da un discurso, y todos se llevan una medalla por combatir la ola de delitos. Cuando un profesional escu- cha el caso que se hajuzgado antes del suyo podría pen- sar: "¿No es una vergüenza que el poli mande a ese po- www.apuntesallprint.com.ar c o n s t i t u c i o n @ a p u n t e s a l l p r i n t . c o m . a r Página 10 de 96
  11. 11. 180 OUTSIDERS bre chico a la cárcel por robarse un par de medias, y en unos minutos me soltarán con una mínima fianza por robar un abrigo de piel?". Pero si la poli no enviara a los amateurs a la cárcel para engrosar el registro de los con- denados, no podrían intercalar a los profesionales a los que dejan sueltos. (Sutherland, 1937, pp. 91-92) Como no tienen intereses puestos en el contenido de las leyes en particula1·, los agentes de la ley suelen hacer una evaluación perso- nal acerca de la importancia de los distintos tipos de normas e in- fracciones. Esa escala de prioridades puede ser muy diferente de la que tiene la mayoría d~ la gente. Por ejemplo, es muy común que los consumidores de drogas crean (y esto es algo que me han confirmado personalmente algunos policías) que la policía no considera que el consumo de marihuana sea un problema tan p1·eocupante o peligroso como el consumo de opiáceos. La poli- cía extrae esa conclusión del hecho de que, según su experiencia, los consumidores de opiáceos cometen también otros delitos (como el hurto o la prostitución) para costearse la droga, mien- tras que los consumidores de marihuana no. Los agentes de la ley, entonces, responden a las presiones de su propia situación laboral, aplican las normas y producen mar- ginales de manera selectiva. Que una persona que realiza un acto desviado sea de hecho rotulada como desviada depende de muchos factores ajenos a su accionar en sí. Depende de que los oficiales de la ley sientan que en esa oportunidad tienen que dar muestras de que están haciendo su trabajo y asíjustificar su em- pleo, de que el infractor muestre respeto y deferencia, de que haya un "arreglo" de por medio y de que el tipo de infracción que haya cometido se encuentre en la lista de prioridades de los oficiales de la ley. La falta de fervor y el enfoque rutinario del trabajo de aplicar la ley puede hacer que los profesionales encargados de su cumpli- miento tengan problemas con quienes crearon las normas. Éstos, como hemos dicho, se preocupan por el contenido de las normas que les interesan. Las consideran un medio de acabar con el mal. No comprenden las implicancias a largo plazo que tienen para ;:.L ~:v_:t:iltvCf}'~~-~l :i~~;- ~' k'• ~.····'.,.,_ ..... ~ .... ... , r'~"~ tU INICIATIVAS MORALES 181 los agentes encargados de hacerlas cumplir, y no entienden por qué no es posible eliminar todo el mal que ven a su alrededor de un plumazo. Cuando la persona interesada en el contenido de la nonna ad- vierte que los encargados de hacerla cumplir son selectivos con el mal que lo preocupa, es probable que su ira justiciera se en- cienda. El profesional es denunciado por tratar con el mal con de- masiada ligereza, por fallar en su cometido. El cruzado moral, a cuya iniciativa se debe la norma, vuelve a surgir para afirmar que el resultado de la última cruzada no ha sido satisfactorio, o que los beneficios alguna vez obtenidos han sido desperdiciados y se han perdido. DESVIACIÓN E INICIATIVA: UN RESUMEN La desviación, en el sentido en que he usado la palabra, o sea, una mala acción etiquetada públicamente como tal, es siempre resul- tado de la iniciativa de alguien. Antes de que un acto sea visto como desviado, y antes de que ningún tipo de persona sea etique- tada y tratada como marginal por la comisión de ese acto, alguien tiene que haber creado la norma que establece que ese comporta- miento es desviado. Las normas no nacen espontáneamente. Aun- que una acción sea dañina en un sentido objetivo para el grupo donde ocurre, el daño tiene que ser descubierto e identificado. Primero, es necesario hacer que la gente sienta que hay que hacer algo al respecto. Alguien debe llamar la atención de la opinión pública sobre el tema, tener el empuje necesario para que las co- sas se hagan y ser capaz de dirigir esas energías para conseguir la creación de la norma. La desviación es producto de la iniciativa en un sentido amplio: sin la iniciativa necesaria para que las reglas se creen, la desviación, consecuencia de la infracción a esa norma, no existiría. La desviación es también fruto de la iniciativa en un sentido más restringido y particular. Una vez que la regla existe, debe ser aplicada a ciertas personas para que la clase marginal que la www.apuntesallprint.com.ar c o n s t i t u c i o n @ a p u n t e s a l l p r i n t . c o m . a r Página 11 de 96
  12. 12. 182 OUTSIDERS norma ha creado empiece a poblarse. Hay que descubrir a los in- fractores, identificarlos, arrestarlos y condenarlos (o identificarlos como "diferentes" y estigmatizados por su inconformismo, como es el caso de los grupos marginales legales, como los músicos de baile). El trabajo suele recaer sobre profesionales del cumpli- miento de la ley que, al aplicar las normas ya existentes, crean los desviados particulares que la sociedad luego considera outsiders. Es muy interesante el hecho de que la mayor parte de la investi- gación científica y la especulación sobre la desviación se ocupen más de las personas que rompen las normas que de quienes las producen-o aplican. Para lograr una comprensión cabal del com~ portamiento desviado, debemos mantener el equilibrio entre es- tos dos posibles enfoques de la investigación. Debemos considerar la desviación y a los outsidersque encarnan ese concepto abstracto como una consecuencia del proceso de interacción entre las per- sonas, algunas de las cuales, por propio interés, crean y aplican normas para atrapar a otros que también, por propio interés, han cometido actos que son etiquetados como desviados. www.apuntesallprint.com.ar c o n s t i t u c i o n @ a p u n t e s a l l p r i n t . c o m . a r Página 12 de 96
  13. 13. r-----------¡ . A~· ;:_' '"'·, ':,_· L __, l -·J')._, ¡ ' ~) i 1 .. .. ' .. . . -'. ___J ~~.r,r.#-·:-...;.:::·,: .,_..._.. ~"-P ............ _ ...._ r v ~ ~ ~!l J ~-;i1·"' -~. _,.__ ;,::· t: f.l'• »:, .. " .. ,·..,'·'·t .,-,:::. "''-"' .~ 1-..1 4:.~ í.:¡n~}J r~; r.~: ·· ~ I: ,. "· , :~/)'~ ~ ~ :;.:i!! ·.-.•¡ ~J •~<- ...........:.....,.::·...........~4 ..J LilA CAIMARI (compiladora) LA LEY DE LOS PROFANOS Delito, justicia y cultura en Buenos Aires (1870-1940) Pablo Ansolabehere - Lila Caimari Ariel de la Fuente -Mercedes Garda Ferrari Sandra Gayol - Pablo Piccato - Máximo Sozzo 1:-~~.,_~;-_ Y' :í<'"'t. _A;.-·~ ·!"...... '"""' rJUnvenldad d~ SanAndrés FONDO DE CULTURA ECON()MJCA (· 1 1 www.apuntesallprint.com.ar c o n s t i t u c i o n @ a p u n t e s a l l p r i n t . c o m . a r Página 13 de 96
  14. 14. 20H LA LEY DE LOS PROFANOS Pero la hisroria no sólo es ilustrativa para los alumnos argentinos de quinto y sexto grado a los que el libro está destinado (muchos de ellos inmigrantes o hijos de inmigrantes) sino para el lugar del anar- quismo y los anarquistas en el proyecto de construcción de una na- cionalidad que el Estado argentino lleva adelame por esos años. Si el anarquismo representa lo peor de la inmigración, si logra con- densar lo más temido de sus efecros -sobre todo en lo que ,respecta al orden social y la identidad nacional-, que un educador capaz y convencido de las virtudes patrióticas logre transformar a un anar- quista tirabombas en un ciudadano de provecho demuestra que la apuesta educativa -como lo volverá a decir Bunge en su dicramen- es el mejor anddorn comra el mal, contra las "malas ideas" del anar- l]Ulsmo. ·~ ¡J.. •;,J ~ ·~ ~ :j,¡ .~· ~~' ,.J. www.apuntesallprint.com.ar c o n s t i t u c i o n @ a p u n t e s a l l p r i n t . c o m . a r Página 14 de 96
  15. 15. 210 LJ LFY !lE 1_! lS I'IZOFJNll. indtistria del clltreu:nimicnw que por entonces daba un salw ex- traordinario, en un proceso que Incluyó el tratamiento del delito y la jmticia como !C!11JS de inrerés masivo. Adcm~s de considerar el crimen en tanto ventana para asomarsf a la udt11ra popular del pa- sado, se examin:m sus capacidades transfomudorJs, como Cltaliza- dor y disparador de efectos sociales. Argumenta, en este sentido, que la exrrao1·dinaria profusión de recursos expresivos del periodis- mo fue puesta al servicio de un crimen cuya singular morfología ge- ner<'l 1111 Ía1o de empatía inédito entre bs víctimas y las audiencias que sig11inon su historia. Por último, examina algunas comccuen- cias de esta operación, proponiendo que el secuestro fue el umbral crítico de revisión de b paleta de castigos considerados tolerables, el punro de apertura de nuevas illSLliJCi;:¡s ele presión soci;:¡J sobre el Es- tado. Transformado flOr el periodismo en una gran historia nacio- nal. el secuestro de los aflm treima fue, en fin, motivo esceniflcador y rearticulaJor de otros grandes temas del debate público en el mo- mento de crisis del liberalismo. 'l'nULARES En la déc;:¡da de 1930, una sucesión de grandes casos -Favelukes y Ayerza (l 932), Martin ( l')33), Pereyra lraola (1 937) y Srutz (193R), entre otros- instaló el secuestro en las conversaciones de los argenti- nos. 1 No se crataba de un crimen nuevo: en las primeras décadas del 1 En su libro sobre la historia de la mafia. Osvaldo Aguirrc ha hecho una recons- trucción minuciosa de al~unos de estos crímenes, 4ue presenta como el punto de llegada y de crisis de una larga evolución de la mafia siciliana que operaba con ba- se Cll Rosario desde principios de siglo. Este análisis, cuyos interrogantes centrales son aJcn<Js a la historia intema del submundo maftoso, se apoya en datos sobre los casos Favdukes y Aycrza provenientes de dicha investigación. Los célebres casos de 1ugcnio l'creyra lraola y Mana Ofclia S(l]tJ. ( 19.)7 y 1938), que involucraron la desa¡¡arición y asesinato de nii1os, no parecen haber tenido !elación con la escala- da de wcuestros maliosos d<' principius de la décad" (l ).waldo Aguirre, Historias de lrr lllll{iil m la A1;gmrill<I, Buenos Aires, AguiJar, 2000. El autor ha hecho un rcsu- ·,,:~ .~¡''.1 "liU.tl [)F UNF/slillH;!Z/IICU. A~I'ECIOS" 211 siglo, b pr;ícrica del r;lpto extor,ivo era bien conocida en algunas co- munidades santafesinas sometidas a la ild1uencia de redes mafiosas de origen siciliano, pero si bien hay evidencia abundante de esta pr.íctica, su evoluu<Ín resulta difícil de cuantificar. Las estadísticas de la Policía de la Capital y de las provincia.l son parcas y rudi- mentarias. Ninguna categoría específica fue creada para describir la evolución del secuestro, de modo que, según terminara en homici- dio o no, caía entre los crímenes colltra las personas que abarcaban una amplia vancdad de ofensas. Si se trata de identificar una ten- dencia propia del período, sí es posible distinguir, sobre un (incier- to) fondo en la evolución de la camidad de delitos, el aumento indis- uniblc de ,cicrta.r modalidades deJ ictivas.'Así pues, el gran secuestro de los aflos.tn:iiÍtaTue d~scripw como,una manifestación particu- lar del incremento global del crimen en bandas y, en este contexto, fue pensado como parte de 1111 coi!ÚI!llllr!l de asalws a mano amu- da y operativos de implcmcnt:Ki<Ín m;ÍS o menos compleja, cuya espectacularidad les aseguraba un lugar cotidiano en la prensa. Aunyue muchos diarios veían en la repetición de esros episodios un resultado directo de la abolición de la pena de muerte en el Código Penal s;111cionado en 1922, ésta era un subproducto -no exclusi- varneme argentino- del aumenro de la disponibilidad de bienes de consumo y de la modernización de la infraestructura estatal. El acceso a los automóviles estandarizados, la profusión de armas de fuego auromáticas y la expansión de la red de carreteras (que per- mitían huir a toda velocidad después de cada golpe) fueron condi- ciones materiales de posibilidad del "pistolerismo" de los años de entrcguerras. 4 men de estos y otros casos en "Secuestros cxrorsivos en la Argentina'", en lil{ío c.r Historia, septiembre de 2004, pp. 6-20). ; l-:nrrc fines de la década de 1920 y principios de la siguiente, la Reui.rtrJ rie Policía publicó innumcr:1bl.cs artículos describiendo este fenómeno. Véase la serie "La criminalidad en auge", en RmiJta de !'olidrr, Buenos Aires. 1(Í de enero de 19.3:1, p. :)S; 1o de febrero de 193.'3, p. 78; 1" marzo de 19.l.l, p. 147; y 1o de abril de 19.'13, p. 236. Además de ser escasas y discominuas, las estc1dísricas de la Policía www.apuntesallprint.com.ar c o n s t i t u c i o n @ a p u n t e s a l l p r i n t . c o m . a r Página 15 de 96
  16. 16. 212 LA LEY DE LOS PROFANOS Inmersa en una red de represemaciones y debates en torno a es- re fenómeno, la repenrina visi!)ilid~d ?oc:;i_al del secuesuo no fue ~un­ cióndel inicio, o siquiera del aumento de una práctica delictiva, si- no de s4 "descubrimiemo" periodísiico_;.>que c;menzó solamenr~ ~on el ra¡~·t·o de personajes de la aira sociedad por~eíía ~1 ~(d~-o~t~­ hrc de 1932. Acudiendo a una cita de atención domiciliaria de un. pacienre desconocido, un prestigioso médico de la comunidad ju- día, Jaime Favelukes, Fue arrapado en una casa en pleno cenrro de Buenos Aires, de donde desapareció. Horas después, su joven espo- sa recibía una cana con el pedido de cien mil pesos de rescate. Como las pistas sobre la idenridad de los secuestradores eran tenues y la pes- quisa oficial no tenía rumbo fijo, las hipóresis más diversas comen- zaron a competir en la calle, en un contexto de duda e incn:dulidad con respecto al alcance real de la amenaza: "¿Es posible -se pregun- ta la ciudad- que den muene a un hombre porque no se le quiera em regar dinero a cambio?". 5 Ante el silencio desorientado de las autoridades, todo el reperto- rio de personajes dclicriv~J~ de la época se activó rápidamente·. En primer lugar, los anarc¡uistas, cuya imagen criminosa tenía una rica genealogía en la et;!tt;ra argenrina, como muesrra Pablo Ansola- hehere en este mismo VQlumen. El rccieme fusilamiento de los anar- quistas expropiadores¡_?everino Di Giovanni y Paulino Scarfó (fe- brero de 1931 ), ejecutados en el comexro de una ola nacionalista amiinmigraroria} había reacrivado algunos viejos remas del "anar- LjttÍsra peligrusó1'. Que en su lucha por "reconquistar" bienes de la burguesía los "anarcodclincuenrcs" de los afios treinta practicaran el asa! ro a bancos y la falsitlcación de moneda, pero no el secuestro, no impidió qut.: la explicación hiciera su camino y que, gracias a una filtración de la policía en los diarios, tuviera incluso un breve mo- de la Capiral reproducen muchos de los problemas de inrerpretación propios de la rradicional manipulación de los daros por las auwridades policiales que las elabo- ran, máxime cuando de dichas cifras dependía su fumro en la insti{llción. '"Horas de angustia", en Critica, Bueno; Aires, 5 de ocrubre de 19.'32, p. 2. "SUCESO DE C!NEMATOGRÁI'ICOS ASPECTOS" 213 memo de triunfo. En un espectacular operativo mediático, se anun- ció que Favelukes estaba en manos de AsroiE y Romano (compañe- ros de Di Giovanni) en um cabaña de!Ddca, y que wdo el país po- dría seguir, desde la radio y los diarios, el operativo de rescate. Al día siguiente, los lectores se enteraban, confusamenrc, que en lugar de un reducto libertario se habían encontrado "ranchos deshabitados y viviendas de humildes pobladores". La pista fue abamlonada.6 Otra hipótesis se interesaba en los "sujetos LJUC por su aspecro parecían ser rusos'.', según decía La ?rema siguiendo otro modelo de delincuenre que también tenía ecos anriinmigrarorios (y aiitise- miras). En 1930, Favdukes, director del Hospital Israelita, había sido resrigo en los juicios que condenaron a la Zwi tvligdal, anri- gua organización judía responsable de miles de casos de rrata de blancas. Un arreglo de cuentas en el interior de la comunidad ju- día conectaría el misterioso secuestro a los recientes titulares sobre redes érnicas del crimen.7 Pero en orros rincones de los m isrnos díarios se perfilaba una explicación completamente diferenre: el filamrópico médico habría urdido su_auwsecuestro. Esta hipóre..,is ensombreció los días posteriores a la reaparición de Favclukes ocu- rrida el 9 de octubre.H 1' Yéanse /:'/Mundo, lluenos Aires, 8 de octubre de 1'1)2, p. 8; /.a N!lcirJ¡¡, Buenos Aires, 7 de octubre Je 1')32, p. l; y Crítica, Buenos Aire>, 7 Jc ocmhrc de 1'132, p. l. Sobre los anarquistas expropiadores: Osvaldo llay..:r, Sevaino Di Giovmmi. El idealista de la violencia, Luem>s Airt:s, l'bncta, 1998, cap. VI. 7 Por entonces, la trata internacional de blancas ya había hcchn su caminn de las páginas policiales a las secciones de entrerenimit:tHO de la prensa popul:lr. Critica cultivaba la nueva fascinación por el crimen organizado en el folledn ilus- trado "Los trituradLHes de manos", cuyos héroes luchaban contra conspiraciones internacionales al servicio de la explotación de mujeres inocemes (Crltim. Buenos Aires, diciembre de 19.32). K La versión de los hechos ofrecida por Favelukes no se ajustaba a las expccrati- vas del público y, por unos días, su propia inoccn<.:ia pareció cuestionada. Su resis- tencia a admitir maltraw de parte de sus captort:s y algunas contradicciones en su reconstrucción del crimen sembraron vagas sospechas de complicidad de la víui- ma (" Favelukes lo habría simulado", en Critica, Buenos Aires, 11 de octubre de 1932, p. 1). www.apuntesallprint.com.ar c o n s t i t u c i o n @ a p u n t e s a l l p r i n t . c o m . a r Página 16 de 96
  17. 17. ll ,¡ I.A LFY DL 1<b l'JZ( ll';N( lS Una multHud se co11gregó en la puerta de la casa del protagonis- ta del misterioso crimen. 1.~ gclltc quería verlo de cerca, saludar el desenlau: feli1. del caso y escuchar i:ls pabhras públicas de agradeci- miento del doctor bvclukes 11m el apoyo popular, La fiesta 111ediá tica que siguiÓ a este cncucmro entre el pt'tblico y el médico rapta- do inwmodó a algttnos testigos. "El alegre secuestrado" (así llamaba IZohcrto Arlc á l;aveluke.~ e11 sus "Aguafucrres'' de LJ Mu11rlo) era la tweva vedcrrc de los diario.s y b radio: r:u1 ak~~rc· el desarrollo del dclitu que m;Ís que un secuc·srro parece una (r;¡m;lchela jovial, en la cual el secuestrado, con el apoyo de los perió- dicos y de las Úrrlddcasting.r, rr:msmitc al país sus satisLJCtorias impresio- nes, como ocurre c·n las novebs de F.dgar Wallacc. Lo único que !alta ahora vs lllll' .1parczcan los secuestradores y que, como el doctor ¡:avclukcs, soliutm. v con idéntico derecho que éste, retratos m lus Ji~­ rios y reportajes cr1 b., 1adio.s, y se vayan, en patota, a visitar al ministro dd Interior.'! Mienrras Favclukes posaba para los f(Jtógrafos y concedía entrevis- tas sobre su odisea, el asesinaLo del corresponsal del diario Críticrl en !osario, Silvio Alzogaray, confirmaba la pista dt: las mafras sicilianas sobre la que este periodista había insistido desde el principio del ca- so. Las ra1nncs del asesinato de Alzogaray nunca fueron del todo es- clarecidas. Se habló de su intento de extorsionar al capo mafioso Juan l;ali!TI pidiendo tilla suma de dinero a camhio de una serie de documenws comprometedores. Simulando aceptar, los mafiosos concertaron una entrevista y lo acribillaron a balazos cuando d pe- rimlisra se disponía :1 entregar la evidencia recolectada, dice dicha vcrsirírL Al1ogaray había comcnJ,ado a ventilar daros con respecro a las pr<ÍLiiL·as conuptas de la policía santafc:;ina, sostienen otros, y sa- hía deilLlsiado sobre las conexiotles emre diversas familias de lama- " IZoh-:no irlr, "El <dcgre 'ccuestrado", en F1 ¡fundo, !uenos Aires, 1.1 de oc- tulnc de 1'!:2. i'· (,, "lJU SU UF CJNI'r1AIOCRÁFIC:US iSl'FCI t l'' ll'í fla. 10(Fn cualquier caso, la hipótesis m;¡f1osa cra inevitahle para un croni,sra familiari;ado con la trama del crimen en esa ciudad donde bandas organizadas practicaha11 la extorsión y el asesinato de~de ha- da dos década)Algunos de c.,tos episodios habían llegado a los dia- )'ios porteños, pero el perfil de las víctimas (cocheros, comerciantes de comunidades chicas o medianas) los manruvo fuera del escruti- nio del gra11 público: El homicidio de un periodista de la sección policial del principal diario del crimen sugería un cambio cn la es- 1, cala y la exposicir'Jil de las oper;1ciones, y apunraha directamente ;¡ Juan CaliHi ("Chicho Grande"), ntya identidad Alzogaray llegó a re- velar poco antes de su muerte. Concentrada la pesqui.sa en esta pis- ta, el 15 de octubre los diarios exhibían, en grandes fotografías for- mato p~,]icial, la identidad de los responsables del extraño secuestro del doctor Favc!ukes, rudos miembros de una red mafiosa sicilia- na.11 lnesperad:1menrc, el éxico de la pesquisa se vio opacado por la noticia de otro gran .~ecuestro, que en poco tiempo se transfi:nmó en cuestión nacional: entre el 25 de octubre de 19.32 y el 21 de febrc- r;J-~le 1953, la opini<;n-p2tbfi~a ~ivió pendiente de bs novedades del jov~n Ábel Aycrza, raptado durante una estancia en el campo. Hijo de unacradicional famil~a católica de Buenos Aires y de un médico de gran prestigio, estudiante de medicina y miembro de la organización ¡nrarnilitar urihurista Legión Cívica, Abd Ayerza es- tuvo desaparecido durante casi cuatro meses. De los tres acompa- : ñantes -dos amigos y un peón que conducía el vehículo- .'iolamcn- te Santiago Hueyo (hijo del ministro de Hacienda del gobierno de Justo) fue capturado y liberado horas después en las cercanías de Ro- 111 Gustavo Cerm;ín (;onzjJez, legendario periodista de la <ccción policial de Crítica, es quien afirma que la muerte de Al1ogaray se debió a '11 intento de extor- sionar a (;aliffl. Véase El Hampa porto/a. 55 añv.r entrf poficím y delinwmrn, t. !, Buenos Aires, Prensa Aumal, 1'J71, p. GG. Osvaldo Aguirre cuestiona dicha hipó- tesis en flistoria.r d,, la 1111ifia, op. cit., p. 29G. 11 Los responsables directos del secuestro de Favclukcs fueron Vicente !(Jrna- selli, Salvador Criarcnga y Vicente Culese. www.apuntesallprint.com.ar c o n s t i t u c i o n @ a p u n t e s a l l p r i n t . c o m . a r Página 17 de 96
  18. 18. 216 LA LEY DE LOS PROFANOS sario. Gracias al precedente de los casos Favelukes y Alzogaray y los daros apOrtados por Hueyo, la hipótesis de un secuestro mafioso se impuso de entrada y, con ella, la presión de la prensa sobre la (cues- tionada) policía santafesina. Para contrarrestar su imagen corrupta e indlcaz, las autoridades desplegaron espectaculares allanamienros a domicilios con conocidas conexiones mafiosas, exhibiendo a~~~ tralladoras en el techo de los camiones y profusión ele armas largas.) "Ti·cs aviones de la base de El Palomar sobrevolaron la zona del cri- men. Se multiplicaron las detenciones. Las entradas y salidas de Rosario fueron sometidas a esuicw escrutinio policial, los autos que las transitaban detenidos y sus conducrores requeridos de docu- mentación. Despliegue inútil: días, semanas y meses transcurrieron sin novedades de Ayen.a. Después de innumerables pistas falsas y acusaciones mutuas, la policía de Buenos Aires intervino, sin avan- ces de pesquisa sustantivos. La~ sensacionales noticias iniciales fue~ ron cediendo el paso a notas más discretas, que pasaron al interior de los diarios. El caso fue ingresando gradualmente en un enrareci- do compás de espera. Las historias sobre la suene del joven Ayerza ocuparon muchas conversaciones de aquel verano del 1932 a 1933. Anuncios radia- les sobre su aparición precipitaron prematuras celebraciones con si- renas y bombas de estruendo. Aquí y allá aparecían botellas con mensajes del secuestrado puestos en circulación por bromistas. El popular radiot<.:auo "Ronda Policial" difundió sketchs dramatizan- do la desaparición del hijo de una familia de Buenos Aires y el triunFo de la ley sobre los misteriosos malhechores. 12 La figur;¡ d<:f secuestro se transformó en metáfora del mundo político: la oposi- ción antijustista hablaba del "secuestro" de la democracia argentina . a manos qe los políticos conservadores-, que mantenían maniatada a la gran rehén de la políti-¿a, la Ley Sáenz Peña. Mientras tanto, 11 Véanse "!.a Maffia" y "El secuestro", en Ramón-Corrés Conde y Roberro Carda lbáiícz, Ronda i'oliáal. Episodios, Skt"tchs y (;/o.ws Teatm/iz¡Jdm para el micró- . fimo, Buenos Aires, Verbum, col. Biblioteca de Radio Teatro, vol. 3, 1934, p. 127. "'SUCESO DE CINEMATOGRÁFICOS ASPECTOS" 217 no había rastros de Ayerza, a pesar de los insistentes rumores sobre el pago del rescate. Una vez más s<.: insinuaba la hipótesis dt: un aurosecuesrro: quizá se estaba e:scondiendo, aventuraban algunos. Quiiá se había idode viaje a Europa, mofándose de la preocupación general. Quizá rodo esto no era más que una broma de niños deso- cupados.13 El descubrimiento dd cadáver de Abe! Ayerza, el 21 de febrero, ~pcró como la detonación de una bomba social. ManiFestaciones es· pontáneas de dolor y simpatía se multiplicaban en todas las estacio- nes por bs que pasó el tren que transportaba el cajón con sus resros desde Córdoba, donde fue hallado, a Reti ro, donde !u esperaban ,;representantes oficiales, personalidades de nuestros círculos socia- les, universitarios y deportivos, altos jefes del Ejército, amigos del extinto, mujeres y hombres del pueblo".14 El coche que llevaba los restos del joven asesinado se desplazó lentamente entre la multitud. A-su paso, se arrojaban flores y se juraba venganza, se lloraba y se insultaba, había crisis de nervios y desvanecimientos. "En las aceras, en los balcones, en las puertas de calle, en los re- fugios de la calzada, muchas familias y gentes del pueblo formaron cordón al paso de la comitiva", dicen las crónicas del cortejo fúne- bre. Miembros uniformados de la Legión Cívica hicieron guardia junto al féretro. Uno de los oradores, ahogado de emoción, sólo ati- nó a gritar con los puños en alto "¡Abe! Ayerza, serás vengado!".. Los demás discursos combinaron el recogimienro piadoso con denun- cias·& la inmigración indiscriminada y de las blanduras del nuevo Código Penal. Hablando en nombre: de la familia, Juan Antonio BQt!rdieu acusó al Estado de complicidad con el crimen y llamó a la,militarización de los ciudadanos dcsprotcgidos: 11 Véanse "La Bella Secuestrada", en Crit1Út, Buenos Aires, I9 de octubre de 1932, p. l ~;"¿Qué hay del secuestro de Abe! Ayerza?, en Crítica, Rucnos Aires, 14 de diciembre de 1932, p. 9; y "¿Abe! Ayerza se oculta?", en CrítiCtt, Buenos Aires, 29 de dicierohre.Je l932,p. 7. 1•-L.:Nación, Buenos Aires, 24 de febrero 9ii933, p. 7. www.apuntesallprint.com.ar c o n s t i t u c i o n @ a p u n t e s a l l p r i n t . c o m . a r Página 18 de 96
  19. 19. 21H LA LFY ()L 1OS 1'10hNUS ipmténumos <lia propia defensa. Sr la sal pierde su sabor, dice el Evan- gelio. (COll Ljllt' sc· salará' Si los encarg<~dos de dcf'mdcrnos pactan con ,.¡delito. llcv;ÍndonOS asÍ a lliLI rcgiLIit'Jn que destruya hasta los funda- !llelllOS de la org;ulrución social. seamos nosouos mismos los que nos dd~·ml:unos comrot UIHlS ' tllros: contra los prorcgrdos y corura .sus pro- llTllHL·s. l S Otra t1gura de la.s fuciLls de choque uriburisras, Alfredo Villegas Oromí. LCllll la cnemonia demandando leyes más represivas del dcliw. Bajo esa comigna, la multitud se encaminó ;yla Plaza de M:1yo. Los secuestradores de Ayerza, que estaban efectivamente vincula- dos a J,¡ banda de Juan C;aliffl, fueron detenidos y encarcelados en abril de csc mismo año. Recién en julio de 1'J39, la Cámara de Apelaciones dio a conocer la scntcnci<l definitiva: pt·isión pcrperua para los cinco ejecutores direcros y condenas de diG., nueve y sictc años ¡1ara lus Loautot-cs. Califtl fue dqllJrtado el 17 de abril de 1')j'í. El arresm de su célchre hija Ágata, en mayo de 1939, simho- lil.a el ocaso de las matlas sicilianas cn la Argcntin<t. 16 l.FNCUAJF.S Y l'RUlAGONISTtS DI'. LA CR()NIC:A DEL CRIMEN La c.~ccna se dcspliega en torno al;automóvil, ol~jctofctiche de. la so- ciedad dc consumo de entreguerras y protagonista dc todo un ima- ginario dcl crimen modcrno. Con la luz irradiando desde el centro, un grupu de acttncs de rostro oculto, traje cruzado y sombrero ; 1' {,¡ N{/{irín, Buenos Aires, 24 de febrero Je 1'J.l'l; p. 5. , . I<· 1.,;, condenas Íucroil: prisié>n perpetua para Romeo Capuani, José La Torre, Vicente v Pablo 1)i Crad,, (que ocultaron a la víctima) y Juan Vimi (que aparen- temente la asesill<Í), por senrcstn> exwrsivo y homicidio calificado; diez años a Pedro Cianni; nuc'e a Salvador Rinaldi (luego Jeporrado a Italia) y María Fabclla; y siete a ( ;1 acicla Marino. como coautores de sccucsuo cxrorsivo (Osvaldu Aguir¡c, lli.<trmm de la llltl(ia, op. cit.. p. 360). "SlJCLSO LJF UN F.MAI UI;IÁ i·H .US A.'li'F< !O.S" 219 apuntan sus arruas largas a las siluetas de las víctimas, recortadas a contraluz. Así recreaba Cmm y C-:arctm los momentos más especla- cularcs del crimen de Ayerza. cuando la escasa información sobre el caso permitía mezclar libremente, en imágenes empapadas de reso- nancias cinematográficas, noticia, ficción y cnrretenimiento. "El sen.sacional .,entestru de los jóvenes Hueyo y Ayerza", en Caras y C..arettlJ, Buenos Aires, 29 de octubre de 1932. Las exuberantes crónicas policiales de la prensa popular de aquellos años desafían la sensibilidad del lector contemporáneo. Su reperto- rio de recursos gráficos y narrativos, ficticios y documentales, con- fluía eQ. sinforiías cacofónicas que exhihían el caos de la ciudad mientras alimentaba la sensación de confusión y pequeñez del pú- blico mediante shocks perceptivos permanentes. 17 Ese abigarrado co- 17 Ben Singer ha visto en el "hiperesrimulo" de la prensa sensacionalista un as- pecto de la dimensión neum!ógicfl de la emergencia de la modernidad, puntuada por los JhockJ flsicos y perceptivos del medio urbano. Bcn Singer, "Modernity, hyperstimulus, md the rise of popular sensatiunalism", en Leo Charney y Vancssa R. Schwarrz, Cinema and the lnvention nf ivfodern Lifi, Berkeley, Universiry of California Press, 1995, p. 72. www.apuntesallprint.com.ar c o n s t i t u c i o n @ a p u n t e s a l l p r i n t . c o m . a r Página 19 de 96
  20. 20. ,'!:' r 120 LA LEY DE LOS I'ROI'ANOS llage de texro e iconografía tenía su sede en diarios y revistas cuyas tiradas llegaban a los centenares de mijes de ejemplares. "El impacto de los diarios tabloide/en sus primeras tres o cuatro décadas -desde el Dtlily NewH!e 1919- es algo que podemos ima~ ginar con mucha dificultad", dice Luc Same, llamando la atención sobre la falta de competencia que en los Estados Unidos (como en la Argentina) los diarios populares enfrentaban para definir los tér- minos simbólicos del crimen. 1H Buenos Aires tenía una añeja tradi- ción en este género. Aunque su historia nos es todavía mal conoci- da, sabemos que se rcmnntaha :ti menos al diario Triburw y que, en la década de 1!l70, continuó en la Revista Criminal, analizada por Máximo Sozzo en este libro. A partir del cambio de siglo, los prin- ,cipales diarios desarrollaron una crónica del homicidio modelada sobre los grandes casos cubierros por la prensa francesa, reproduci- -dos gracias a la introducción del telégrafo. Verdadera moda perio- dística, esa crónica combinó fuerte influencia de la literatura natu- ralista y préstamos ahundantes (si no ortodoxos) de la terminología medicalizada de la criminología positivista. 19 En la década de 1920, la espectacularización de la noticia del crinu:n adquirió dimensiones diferentes. La Nación y La Prewa, pioneros de la nora roja finisecu- lar, cedieron la cobertura estelar de estas noticias a nuevos diarios .populares: La Razón, Últúrltl Hora y, muy especialmente, Crítica, lJUe haría de su show de la truculencia y el melodrama una imagen de marca. La historia del crimen también se desarrolló en los nue- vos rnagazines ilustrados: d más importante, Ctmzs y Caretas, le re- IN Luc Sanee. "lnrrnducrion", en William Hannigan, New York Noir. Crime l'homs From tht• Dtúly Nt·ws Archive, Nueva York, Ri2.zoli, 1~'.1~. p. 7. Aunque el formato tahloiJe fue relativamente excepcional en la Argt:ntina (en Buenos Aires sólo lo adoptaron E:1 A1undo y en los años treinta d Jiario católico t."/ Pm:blo), este tipo Jc diario conslimyó un referente de la prensa popular porrc1ía. 1'1 He anali1.ado la uónica finisecular del crimen en Lila Caimari, Apwas un delinment~:. Crirnm, mstigo y cultJtrt.t eu la Argmtina, 1880-1955, Buenos Aires, Siglo XXI, 2004. cap. 5. Sobre li'ilmna; Alvaro Abós, 1:..1 crimen de Clorind,¡ Samtcdn. Buenos Aires, Sudamericana, 2003. "SUCESO DE CINEMATOGRÁFICOS ASPECTOS" 221 servó un lugar a lo largo de roda su historia de cuan·u décadas, que se inició en 18~8. 20 Como comprobaron rápidameme los editores, el gran potencial de entretenimiento de las historias del delito se multiplicaba cuan- do dichas hi~_torias incluían imágenes, esas fotografías ruidosas y chocantes separadas de los hechos por unas pocas horas.21 Su mo- delo erad gran tabloide estadounidense, cuyos fotógrafos recorrían la ciudad buscando el "plato del día". Joseph Pulitzer, dueño del ar- chipopular New York World y pionero en la expansión de la pmn_Y press de principios dd siglo, aseguraba que las fi:ltos eran lo que per- mitía lograr el objetivo de su diario: hablar a la naciún en lugar de a un selecto comité.22 Más y más competitivos, algunos de estos t~J­ tógrafos alcanzaron cierra mezclada celebridad. El más famoso fue Arthur fdlig ("Weegee"), el primero en obtener un permiso para poseer una conexión a la radio policial que le permitió jactarse mu- chas veces de llegar a la escena del crimen ames que sus competi- dores. En una profesión en la que la suerte jugaba un papel central, Weegec llevó hasra las últimas consecuencias la obsesión por estar en el lugar indicado en el momento indicado. .Su fantasía ültima era lograr fotografías del crimen mismo: ''Aigün día voy a seguir a uno de estos sujetos de sombrero gris perla con mi cámara preparada, y ; 211 Sobre Crítica véanse; Sylvia Saítta, Regueros de tima. El diario Crítica m la dt- mdtl de 1920, Buenos Aires. Sudamericana, 19~8. cap. 6; Lila Caimari, Apenm im delim·ueme... , op. cit., cap. 6; y acerca de los inicios de Ct1ms .Y Litreta>: Eduardo Romano, Revolucióu eu laleaum. l:./ discurso periodlstico-litemrio dt·lm primems re- vistas ilustradas riopfatenus, Buenos Aires, Catálogos/ t.l Calafate, 2004. 21 La expansión Jc la fotografía esmvo vinculada a ciertos av:mccs técnicos: la introducción de la lámpara de flash, que permitía mayor velocidad en el obturador, la progresiva transición a la pelrcula de acetaro que aceleraba la velocidad del filme, las emulsiones más sensibles y la introducción de cámaras más pequeñas que per- mitían disparar foros en serie. Combinado a la nueva y m;Ís rápida óptica, csw sig- niflcab~ imágenes más precisas y menos limitaciones. (William Hannigan, "Ncws Noir", en New York Noir... , op. át., p. 19). 21 Hclen MacGill Hughes, News and thr Human lntemt Sror_y, Ncw Brunswick, Transaction 13ouks, 1981, p. 221. www.apuntesallprint.com.ar c o n s t i t u c i o n @ a p u n t e s a l l p r i n t . c o m . a r Página 20 de 96
  21. 21. 2:Z.' 1! l rY !JF LOS l'!Z<Jl'iN(JS ' voy a ohtcncr la i111agen dd aoesutaro", advenía en su aurocclebra- ': torio libro Nt~!zd Cityn eL1I era tarnhién la fantasía de sus colegas l de ofluo, incluidos Ji,s que en Buenos Aires hadan malabares para lograr acceso a las imágenes del dcliw. La forografía del crimen poneilo tenía anrecedenres muy preco- ces en los grandes 11Jt1gllúnn ilustrados, comem.;111do por la pionera Cams y Caretas. Allí, el hormcillio del momemo convivía con los conwrsos de belleza iitfantil, las notas de sociedad, la celebración de los avances de la cicncia, la sátira política, las viseas de viaje y mu- cho más. Los f(Jtógraf(¡s de su cnínica roj<t estaban eu todas partes: retratando sospechosos, testigos, el arma asesina, el cadáver, la; manchas de sangre, los personaJeS oftciales y nrraoficiales de la pes- ' quisa. Bajo el manto de su asociación con un crimen, los objeros m;Ís comunes de la ciudad -la f1chada de una casa, un árbol, un au- ro r1 un zaguán-- .~e imantaban de significados. Como a Weegee, a los fotr)graftls de Carm y Carl'las les faltaba solameiJte acceder a la irn;Jgt·n más impactanlc, la del crimen mismo. Criando estallaron los grandes casos de secuestro, hacía varios años que este obsr:í.culo era sorteado mediante la publicación de es- cenificaciones abierramcmc ficcionalcs, un recurso periodístico ins- pirado en la pr<Íctica de I"CUlllStrucción policial/judicial del crimen ,para los fines dd proceso.2r¡ Asaltos y ;tscsinatos eran narrados en dos o tres escenas protagonizadas por actores que cmpuilaban armas de fuego con la cara cubierta. La tradicional crónica roja, organizada en torno a la pcsL¡uisa, estaha mutando en un relato en el que el crimen era el ccmro y, a menudo, la cxclusiuidacl de la noticia. EstJ evolu- ción de la crónica era f1allc de una tendencia más general de Caras y 21 Wecgcc, Nt~kal Cuy, Nueva York, Da Capo l'rcss, 1973. p. 78 (originalmen- te publicado w 194 5). Sobre Wccgee, véase Penclope Pelizzon y Nancy M. Wcst, '"Cood srorics" lrom thc mean srrcets: Wcegce and hard-boiled aurobiography", en !he )ii/c joumr~l ofC:riticism, vol. 17, núm. 1, 2004, pp. 20-~0. 2"' Ocasion;dmcntc, la reconslllllCión periodística y la estatal eran la misma, y los il"ctores imaginaba11 el crimen cnn la~ mismas forograllas con las que trabajaba la policía y la justicia. ti' . ~ ~ . . ~ .· ,, ·: -~· :· · -~:.:. ~·· ~ ti: ~ ~f.¡ r/.. Y. ').,~v ....:t~ .*~·-•._1 !l :t ~? ·-'-',, rr~.;:~ ti! F;.~ ,1, ... ;1 A :¡ Ol • '~UCLSU DE CJNE/vliTOCRÁF!CUS ASPECTOS" 221 Caretas a recurrir a escenificaciones fotográficas para representar ins- tancias de violencia urbana con potencial espectacular: como las es- cenas de asaltos, las fotos que relataron el atemado al presidente Yrigoyen o las que mostraban el momento exacto en el que un tren atropellaba a un auto que cruzaba las vías apostaban a la multiplica- ción del efecto de asombro y shock que producía la inmediatez de la imagen de la tragedia mis1úa. Las representaciones fotográfico fic- cionales de la violencia urbana incorporJban al viejo ejercicio perio- dístico del entretenimiento los nuevos lenguajes del espectáculo. Y éstos no eran otros que los del cine: el medio que, reconocían mu- chos, mejor representaba el ambiente moderno de cambio y caos. Figuras enmascaradas, extras y montajes escénicos en bancos, domi- cilios particulares y calles del centro recreaban para los lectores los crímenes sensacionales de la gran ciudad. Caras y Caretas, Buenos Aires, 14 de enero de 1933. Caras y Caretas, Buenos Aires, 4 de enero de 1930. Sin la menor duda, los fotógrafos más audaces -y los editores más osados- eran los de Critica, el diario más emparentado al espíritu del tabLoid norteamericano. Con una tirada que entonces superaba los 100 mil ejemplares diarios, mostraba. el cadáver del carnicero que se había suicidado colgándose como una res, el de la anciana asesinada por asfixia y también la cara de la mujer tajeada por su amante. Para cubrir el vacío de la imagen del crimen, Critica con- www.apuntesallprint.com.ar c o n s t i t u c i o n @ a p u n t e s a l l p r i n t . c o m . a r Página 21 de 96
  22. 22. i 1 '1 224 LA LEY DE LOS PROFANOS vocaba a sus artistas plásticos: en sus páginas, "la tragedia sólo co- braba imaginariamentela forma dada por el ilustrador", dice Mar- cela Gené en su análisis de los "periodistas del dibujo".25 Las enor- mes ilustraciones hablaban por sf mismas o insertas en montajes que reconstruían la historia combinando dibujo con imágenes "do- cumentales" obtenidas por los fotógrafos. En los años treinta, Crítica había agregado a este concierto gráfico un género nuevo: la historieta, también puesta a relatar los tramos de acción espectacular que escapaban a los fotógrafos. Catástrofes fe- rroviarias, la fuga de los presos de la Cárcel de Encausados o "Una 25 Los dos dibujantes principales de la crónica policial de Crítica eran el carica- rurisra polirico Diógenes "Mono" Taborda, fallecido en 1926, autor de algunas imágenes legendarias del "Peludo" Yrigoyen, y el prestigioso Pedro de Rojas, ilus- trador español que operó corno mediador entre las uadiciones de prensa ilusuada europeas y las del Piara. En 1923, Critica decía: "en sus treinta y cinco años de vi- da [Rojas] ha reconsrruído ya ocho mil quinientos hechos graves" (Marcela Cené, "Periodistas del dibujo. Representaciones de crímenes y delincuentes en el diario Critica.' Buenos Aires, 1925", en la revista virtual Intercambios. Revista de Derecho Penal de la Especialización de Derecho Penal y Criminologia-Facultad de Ciencias jurídicasy Sociales, núm. 6, La Plata, Universidad de La Plata, junio de 2003. Dis- ponible en línea: <hrtp://www.jursoc.unlp.edu.ar>. Un colorido perfil de Taborda en Helvio Botana, Memorias. Tras los dientes del perro, Buenos Aires, Peña Lillo, 1985, p. 44. "SUCESO DE CINEMATOGRÁFICOS ASPECTOS" 225 Dramática Sucesión de Escenas Impresionantes" eran narrados en series cotidianas de imágenes en secuencia.26 La historieta, enton- ces, también participaba del espectáculo del crimen: el secuestró de ' Favelukes, el asesinato de Alzogaray el fusilamiento de Ayerza y es- cenas de muchos casos más fueron materia de los cómics policiales de Crítica. Como vimos, la gran crónica finisecular del crimen había seguido el modelo de la crónica roja francesa, que llegaba a las redacciones de Buenos Aires gracias al flamante telégrafo y era traducida para los diarios localesY Treima.años más tarde, el periodismo policial mi- raba a los Estados Unidos. O mejor dicho: a las historias del crimen mediadas por una cultura popular cada vez más dominada por las zG Crítica, Buenos Aires, 3 de octubre de 1932, p. 7. Para mediados de la déca- da, la historieta argemina y las traducciones de cómics estadounidenses circulaban masivamente en diarios y revistas, sin contar la difusión de El Tony, primera pu- blicación consagrada al género que ganó las calles en 1928. Un análisis pionero de este material en Osear Masona, La historieta en el mundo moderno, Buenos Aires, Paidós, 1970, p. 142. 27 La novela naturalista y los conceptos de la criminología positivista, en su ver- tiente antropológica lombrosiana, permearon la crónica del crimen desarrollada en La Nación y La Prensa en los años de entre siglos. Los sujetos que la protagoniza- ban, a menudo inmigrantes pobres, eran regularmente examinados mediante la an- tropometría mi generis del periodismo (véase Lila Caimari, Apenas un delincuen- te... , op. cit., cap. 5). www.apuntesallprint.com.ar c o n s t i t u c i o n @ a p u n t e s a l l p r i n t . c o m . a r Página 22 de 96
  23. 23. 22() LA LFY DF. 1<lS i'IH ll:INI lS industrias estadounidemes del entretenimiento. Circulaba en histo- rietas, sí. Y también, en traducciones de la literatura policial dura y la ficción pulp. En los primeros at1os de la década de 1930, indican Jorge Lafforgue y Jmge RiverJ, .>e configura en Bttcnos Aires 1111 pú- blico masivo comurnidor de novelas dctectivesus y policiales. El Jlvfagazi11e Srxl!m fllalcr, publicación quincenal inspiradJ en los pu/ps est::~dounidenscs e impulsada a pan ir de 1'J2'J por la editorial Tor, ftiC seguido de la Colccci<'lll Misterio, distribuida por la misma edi-- torial y más tarde refundida en la Serie Wallace. Ambas colecciones pusieron al alcance de la mano traducciones de los nuevos autores del género. Las más populares fueron las novelas del británico Edgar Wallace -las mismas yue inspiraron a Ar!t su comparación con los ribetes espectaculares del ca.m Favclukes-. Su fórmula estaba lejos de la sofisticad;¡ trama detectivesca de enigma, del policial resuelto en la biblioteca inglesa: "Delito, sangre y tres asesinatos por capítu- lo. Fl tiempo es así de enloquecidd'', decía el propio Wallace.28 l'or dchajo y por encima del mundo de la historieta y la liLeratll- ra policiales, en un juego de influencias mutuas capilarizado a mu- cho~ niveles, estab::~ el universo de Hollywood, que en las décadas _de; 1930 y 1940 llevó a];:¡ pantalla tanws ejemplos de esta flcci<Ín.-:Así _ como sus guionistas se basaban en las historias de la literatura p<';¡¡_ cial de moda, los periodistas del crimen (y no pocos escritores) adoptaron recursos narrativos del cin'e. El lugar dominante que te- nía este medio como vehículo de representación de emociones fuer- 2" El policial Je enigma y la rwvda negr:1 se difundieron en la década de 1940 gracias a In Serie Amarilla de la cditorial'li>r que, en ejemplares Jc bajo cmm, pu- so en circulación las traducciones de J. S. Flerchcr, Sax Rohmcr, Wallacc y a su vez Conan Dodc. Fdg.tr AJian !'oc, (;aston Lcrt>ux y Ccorges Simenon. Para enton- ces, lm gra tllles macsu os del h.zrdbollal Raymond Chandlcr y Dashidl Hammctt, también hahi:1n .,ido pt~hlicados en casrcllano, en diversas colecciones del gc:neru y en la r<·vrsta Lt'llpldn Cuando Btll ges y llioy Casares bmaron la kgcndaria seri~ El s,:ptimu CirLulo, en 1'!4 5. iniciuon llll largo procc'o Je "JignificacilÍn" imclcc- fll:JI dv un g<'ncro por crHonccs ya muy dif'unJido en Buenos Aires (jorge LaHorguc y Jorge B. Rivera.· /l.<tJ/111/J de pr!j'cl. l:.'usayo.r sohrc 11r1rmtivrl p11ficial, !Íuenm Aires, Culihue. 1<Jl)(,, pp. lit)' 1'i). t "UCI r J !lE UNHviJUr; IVF!Cr) :Sl'FC !t lS. 227 tes apenas IH.:cesi ta ser demostrado: baste un si 111 pie vistazo a las comparaciom:s cunsrautes entre la trama desatada por los secuestros y la de los Filmes que se estrenaban en las salas ponefias: "suceso de cincmatogrMicos a.,pcctos", "motivo auténtico para un film emo- cionan te", "gol11e de audacia verdaderamente cinematográfico". La comparación rarnhién funcionaba en sentido inverso, pues los suce- sos y personaJeS delictivos de la realidad eran presentados en rela- ción con su potencial de traducción al cinc o la literatma: al relatar (en historieta) la fuga de un dclincuenrc de la cárcel de Rawson, Crítica titulaba "El Cinematógrafo Perdió una de las Escenas Más Interesantes al Dejar de hlmar la Fuga de Claps" y, desde su co- lumna en tl Mundo, Roberto Arlt lamentaba l]Ue el ladrón Tórriglia utilizará su gran capacidad inventiva para planear golpes dignos de la imaginación de Edgar Wallace, en lugar de conseguirse un editor y canal iz.ar J icho potencial escri hiendo novelas poi iciales.2'! Algunos tramos de los ctsm eran directamente pl;Jsm;¡dos, "Como un hlm",' en sucesiones de pcquefios dibujos montados en una cint;¡ que imi- taba al celuloide: así circuló la historia del fracasado rescate de Favclukes en el Delta, encarnada en personajes de pesquisa jóvenes e inexpresivos, con rasgos esbo1.ados esquemáticamente, que seguían las convenciones gráficas de las historietas de detectives. Los investi- gadores vestidos Je sombrero e impermeable que buscan a Favelukes recuerdan más al insobornable Dick 'li-acy yue a los cuestionados in- vestigadores locales que intentaban rastrear al médico en el Tigre. Parte de un proceso general de la cultura popular, la evolución de la noticia del crimen constituye un capítulo de la vertiginosa mun- dialización del cine y, con él, de la cultura estadounidense. Nos de- tenemos solamente en un elemento Je este fenómeno que atafic a los protagonistas de la crónica policial "cincmatografizada" y a un nuevo tipo de crimen de moda. Los grandes proéagonistas del pe- 2'! Véanse Crítiw, llucnm Aires, 2.1 de septiembre de 1932, p. 'i; y Roberto Arlt, "Un protagonista Jc l·~dgar Walbce", en El Mundo, Buenos Aires, 2.3 Jc julio Je l<J =J7, p. G. ¡, www.apuntesallprint.com.ar c o n s t i t u c i o n @ a p u n t e s a l l p r i n t . c o m . a r Página 23 de 96
  24. 24. 228 LA LEY DE LOS PROFANOS riodismo policial no son los sujetos pobres y patologizados__g~l_ 1900,: el homicida pasional, la mujer que defiende su honor, el in- migrante que mata a su concubina en el conventillo han ce~i~o el lugar estelar a un modelo de delincuente que es propio de los años treinta. Bien vestido, organizado en bandas, sus armas y sus aiú:~ ·. móviles sugerían profesionalismo, modernidad y acceso a la· última tecnología. Y un dato ineludible: las imágenes que los representan recuerdan a las películas de gángsters. "Como un Film", en Critica, Buenos Aires, 28 de septiembre de 1932. "El grotesco film de la pesquisa del Dehá', en Crítica, Buenos Aires, 7 de octubre de 1932. Proyectar sobre estos "gángsters criollos" los atributos de sus equi- valentes hollywoodenses es un ejercicio inevitable pero riesgoso, ya que entre estas imágenes y nuestra mirada median varias generacio- "SUCE~O DE CINEMATOCRÁJ'lf:OS ASPECTOS" 229 nes de películas de pistoleros que han dado origen a wda una cons- telación de asociaciones en torno a la ropa, las armas y los automó- viles de los años u·eima. Pero sería un error suponer que los con- temporáneos miraban esas fotografías libres de tales estereotipos, pues b evidencia conrraria es abrumadora. Es que cuando se incor- poró el cim: sonoro, en 1929, las películas de Hollywood --que constituían el 90% de las proyt:ctadas en la Argentina- se tramfor- maron en una moda fulminame y en una fuemt: de modelos socia- les que abarcó a vasdsimos st:ctores. Esos primeros años de los "tal- lúes" fueron también los del auge de las pdículas dt: gángsters, cuando periodistas comerciaks y pruducwres cinemartJgráficos es- tadounidenses comaron y desarrollaron la figura del dclitlCuente or- ganizado, y en particular la del pistolero urbano, producto de la era de la prohibición y la Depresión. Esos personajes modernos, a la vez empresariales y gbmorosos, consumidores ele bienes sofisticados, elegantemente vestidos, rodeados de bellas mujeres con las qut: se desplazaban por las calles de Chicago en automóviles de lujo, fue- ron los protagonistas.,_ck un folclore de épocaw B !-lera/do del Ci- nematograjista, publicación dirigida a exhibidores de películas de Buenos Ain:s, recomendaba sistemáticamente las películas de gángs- ters para proyt:cción en cines populares, popularidad que debía mu- ·clw a las posibilidades abiertas por el sonido, que permitía mayor verosimilimd en las escenas introduciendo el chll"l·idu de los autos a gran velocidad o el repiqueteo de las ametralladoras clcstrm.amlo to- do a su paso.31 La vistosa pelea final con ametralladoras que coro- naba Los misterios de Chicrzgo aumentaba su valor comercial, deda ti Heraldo. En el aí1o previo a los secuestros, se estrenaron en Bue- nos Aires más de 50 películas policiales, incluyendo no pocas de gángsters -Los misterios de Chimgo, La voz mprema, B testigo, etc~. :w David Ru¡h, lnueming the Public Enemy. !he Gangster in /lmerict/11 Culture, 1918-1934, Chicago, Univnsiry of Chicago Prcss, 1')')6. .ll Véase El Hemlt!v t!t:l Cinerwuvgmjistrl, Buenos Aires, L de abril de 1'!32, p. 163. Agradezco a Clara Kriger su ayuda para ubicar esta fuente. www.apuntesallprint.com.ar c o n s t i t u c i o n @ a p u n t e s a l l p r i n t . c o m . a r Página 24 de 96
  25. 25. 210 li 1IY DF 1OS I'IHJI'iNOS Los porreílos también vieron los gr~mdcs cL1sicos del génem: El me- migo público, ?equáio César y Scillface. 12 ( :omo en tantas capitales latinoamericanas, entonu:s, todas las películas del subgénero "pisro- lcro'', relevantes e irrelevantes, fueron proyecrac!Js en los f1amantes cines de Buenos Ain~s a poco de m esrreno en los Estados i.Jnidos. Ycomo en aquel paí.~, adonde fueron sometidas a una crecienre cen- wra moral. la moda causaba preocupación: La Prewa veía en la fas- cinación por el crimen de Chicago la ¡1cligrosa difusión de las arres del bandolerismo ame públicos de hombres, mujeres y ninos. Cuando en julio de 1:>32 le llegú el turno ;1 Scarjcuc, el público por- teCJO estaba tan habituado a los recursos del cinc de gángsters que los especialistas se pregunrahan por el éxito de la obra anre una au-- diencia algo cansada de es ros argur11t:n tos y escenarios.n Entretanto, el periodismo adoptó muy permisivamente el tér- mino "gángster" para hablar de una variedad de fenómenos loca- les yue iban del viejo crimen organizado en redes émicas a los ma- tones de la política sucia de la Provincia de Buenos Aires, pasando por toda una gama de asaltames profesionales, semiprofesionales y simples imitadores amateurs. Periodistas y policías descontaban por igual la inspiración de los propios criminales en los modelos gangsterilcs: "Los delincuemes criollos, que suelen imitar a los nor- teamericanos, realizan ya. como ellos, los más audaces asaltos y crímenes", decía Crítim, miemras la Revista de Policía denunciaba las metodologías "a la yanki" de los nuevos delincuentes: el uso de autos veloces y armas modernas, los "wínchesters" y los revólveres de gran calibre. A ellos se debían los espectaculares asaltos aban- cos, los arayues a camiones de transporte de caudales y una nueva fimna de delito que se Jifumlía en Buenos Aires: el robo a los le Aunyuc las películas estrenadas eran en su mayoría estadounidenses, no fal- taron producciones francesas basadas en las nuvl'las de Gasron Lcroux, inspiradas en el personaje del detective Arsene L.upin y el fascinante ddincue,;lr parisino de prcgucrra, Fantímas. 11 Véase Fl Hmtldo del CínrmatogmjiJta, Buenos Aires, 27 de julio de 19.?2. ):;,_ ' 1:' '~ ', ' . ., ,..,, $ri~~t.~ ' ·~ "'~..,.,_ ~· & ~i •.,_. $: ~ ··;'1,,; '~"-.,-! ." ? ~, .. ···:r. ..'~; ···~~'·-"'·....,..·~ <il!·~-;. "~UU:i<l UF CINEMAJOc;IZAHC:OS iSl'ECTOS" 231 chau!Jéurs de taxis. 14 Acaso la novedad tecnológica más emblemá- tica fuese la amctr<dladora, cuya rapidez y poder destructivo la transformaron en símbolo de la recnologi1.ación de la delincuencia moderna, más allá de su escasa utilización real. Así era interpreta- da esta novedad en los tiroteos entre los pistoleros de Avellaneda: en manos de los hombres de la banda de choque del caudillo Bar- celó, las ametralladoras mií11etizaban al servicio de la política crio- lla los códigos del mundo de L1 alta delincuencia estadounidense, corno se infería de la contigüidad de las foros de Al Capone y su imitador noplateme, el matón "Ruggierito". Tiroteos por el con- trol del juego -emergentes de lógicas de poder territorial propias de ciertas localidades del conurbano bonaerense en las que se mez- claba lo político, lo delicrual y la corrupción estructural de la poli- cía- eran descriptos por Critica como un eco de las batallas entre los rivales de la mafia de Chicago. El pistolero de la gran ciudad es- tadounidense, que llegaba por la literatura, la historieta y, sobre to- do, el cinc, había desplazado al gran homicida parisino. Su moder- nidad operativa, técnica y estética se mezclaba de muchas maneras con los viejos estereotipos del malcvo suburbano "de pañuelo c:n el pescuezo". Este gángster criollo, reconocible en dos o tres rasgos distintivos, se filtraba en los vados de información de la crónica del crimen para protagonizar, una tras otras, las escenificaciones dibu- jadas y fotográficas del crimen violento en Buenos Aires.35 La explícita escenificación, el recurso a un género despojado de pretensiones realistas como la historieta y la permeabilidad al mo- 14 Enm fines de la déc~da de 1920 y l 933, la Revma de Policía publicó nume- rosos artículos sobre el crecimienw de estas prácticas delictivas en la ciudad de !3ucnos Aires. 15 Véasc, por ejemplo: "No existe eÍ menor indicio sobre los asesinos del far- macéutico", en Crítica, Buenos Aires, 30 de diciembre de 1932, p. 4. El "pañuelo en el pescuezo", que aparecía en ramas escenificaciones fotográficas de Gtm.< _y Caretm, era el rasgo vcstimentario señalado por Manuel (;á]vcz en su dcscripcic'Jn de los compadritos del "más bajo populacho de Buenos Aires" (Rewerdos ele la vi- da literaria [1944], r. 1, Buenos Aires, Taurus, 2002, p. 179). li,, )ji 111 :iil 1 l'il, :¡ '1';:i! .¡[ 1 1 '.:1' .¡illj i!ll . :¡¡¡11 '1' 1¡/ www.apuntesallprint.com.ar c o n s t i t u c i o n @ a p u n t e s a l l p r i n t . c o m . a r Página 25 de 96
  26. 26. 232 LA LEY DE LOS PROFANOS delo cinematográfico exploraban tan libremente los márgenes inter- pretativos de los mal conocidos hechos que instalaba una suerte de complicidad permisiva con ellccror, mediatizando la relación con la verdad más allá de los límites habin.Íales, de por sí importantes.36 Quizá por eso mismo, estas imágenes plamean un evidente distan- .ciarniento en la relación establecida con la figura dd delincuente: en 1~ sociedad de los años treinta, la historia del transgresor y las ra- zones detrás de su delito preocupaban menos que su espectacular performance. Los pistoleros urbanos son un tipo social, un mismo personaje estilizado, sin rostro, panc gángster, parre matón criollo. ¿ll·ivialización de los personajes del crimen al servicio del espec- táculo? Sin duda: junto a los siniestros retratos de los homicidas del pasado, que los periodisras rodeaban de datos antropométricos y re- tazos de información patológica, el peso ideológico de esta represen- tación es más débil. Pero el gángster criollo tampoco está desprovis- to de sentido moral: por definición, el nuevo criminal organizado no delinquía por honor ni por pasión, y mucho menos por necesidad económica: era un delincuenre raciOnal. Pero, en última instancia, sus motivaciones nü importaban. Las particularidades de su rosrro eran irrelevantes y también las explicaciones médicas y psiquiátricas de su inclinación al deliro. La frenología y la antropometría Jui ge- nerú del periodismo poi icial penenecían a una vertiente gráfica que no era perrinente en un contexto de fijación en la escenifica- .. ción del crimen. Recién recuperaría su lugar central al pasar del cri- men al criminal. .La slnt.losa pesquis;! pciliclafen~rorl1oaT C:iso Ayerza se ~n~---~ febrero de 1933 y, con ella, las incógnitas sobre la identidad de sus asesinos, poniendo límites precisos a los recursos puestos en juego en su representación. Según se hablara del responsable ideológico y capo máximo de la famosa red mafiosa rosarina, Juan Galiffi (Chi- ·1" Sobre las limitaciones de los relaws pcriodísricos del crimen, tal como son , concebidos por sus consumidores, véase J~ck KaJ, "What makcs crirne 'news'?", en Media, Culture 1111d Society, núm. 9, 1987, p. 74. ··suCESO DE CINEMATOGRÁFICOS ASPECTOS" 233 cho Grande) o de los más modestos responsables materiales del cri- men, Juan Vinri y los hermanos Di Grado, los retratos se configu- raron siguiendo dos regímenes simbólicos diferentes. La fl.gura de Galiffi Fue modelada sobre la de Al ~¡~.pone, que pre- sidfá el Imaginario gangsteril de los aftos treinta.l=OI;lparación casi.......~·· inevitable, ya que se trataba, a fin de cuentas, de dos grandes expo- nentes del tramplante de prácticas mafiosas en la gran ola inmigra- toria al nuevo mundo, que incluía el secuestro exrorsivo, profun- damente arraigado en la cultura sicilia1;3.J:.=omo su alter ego, Chicho Grande había recorrido una trayecroria de Sicilia a América que lo había transformado de pobre campesino en exitoso sel/mttt!e nJall, triunfante en el bminess del crimen moderno de la Chicago argen- tina. Tal era la trama del "film diabólico" que relataba 1.:11 Crítica la vida de Galiffi -una vez más, inserto en una cinta '"¡ue imiraba al ce- luloide-Y Él era el nuevo "enemigo püblico", denominación otor- gada por la Comisión General contra el Crimen de Chicago en 1~30 y difundida en rodo el mundo por la película homónima al afio si- guienre.'H Otro filme inspirado en la vida ele Capone, SmrjiJce, ftte estrenado en Buenos Aires dos meses antes del secuestro de Abe! Ayerza. Eternamente obsesionado por el mumio del crimen, la tec- nología y las uropías de enriquecimiento vertiginoso, Roberro Arlt .l7 El epígrafe: "La vida de Don Chicho ha superado la fantasía. En un film dia- bólico ha pasado los mejores años de su vida. Ahora, la policía porteña le sigue los rastros" ("Como en Chicago, Contra Al Capone", en Crítica, Buenos Aires, 9 de octubre de 1932, p. 2). Otro titular: "Seglin las constancias policiaks es un 'sdf- made meñ[s1c] del delitu".~~thrcrm-;*i-1=, ~~~4.44.~f!-r4.- '" La denominación "enemigo público" también fue adoptada para hablar del Pibe Cabe1.a, a su vez comparado con Jnhn Dillinger, líder de la Dillinger Hand que asaltaba bancos en los a1íos de la Depresión (Osvaldo Aguirre, Enemigos públicm. Los máJ buscados en la historia cnminal argmtina, Buenos Aires, AguiJar, 2Ull3, cap. 5). Aguirre muestra que las representaciones del Pibe Cabeza también era híbridas, mezclando elementos del pistolero urbano y del gaucho matrero. Capone tite d re- ferente de los delincuentes retratados en las primeras películas policiales argentinas. En Fuem de la ley (1937, Manuel Romero), el protagonista se mezclaba con una banda de ladrones y secuestradores luego de leer una biografía del '"enemigo pú- blico" número uno de los Estados Unidos. www.apuntesallprint.com.ar c o n s t i t u c i o n @ a p u n t e s a l l p r i n t . c o m . a r Página 26 de 96
  27. 27. 2)1¡ LA 1 EY DEl OS I'ROI:ANOS no podía ser inmune a los encantos de lm gángstcrs de película. A fines de la dt(cada, sus resefias de episodios del delito estadouniden- se estaban salpicadas de palabras en inglés y personajes del hampa que usaban ametralladoras, corbatas de seda, fumaban cigarros y se llamaban "-lóny Berman" o "Frank Lombardo". Al Capone era un tema recurrente en sus aguafuertes de t! Mundo. Celebridad cuida- dosa de su imagen püblica, amigo de jueces y hombres de la alta po- lítica, objew de atención de todos los fotógrafos, organizador de grandes fiestas de agasajo, el pistolero retratado por el fascinado Arlt también tenía tiempo para ocuparse de los menos afortunados.>9 Junto al estereotipo Galiffi-Capone se insinuaba otro, desprovis- to de roJo matiz seductor: el de los ejecutores directos del crimen. Los secuestros y asesinatos de la mafia eran reservados, por encargo, a sus miembros más modestos, habitualmente inmigrantes de re- cieme radicaciót~.lEl cautiverio del joven Ayerza, descubría la opi- nión püblica después de meses de especulación, habla transcurrido en manos de la familia Di Grado, propietaria de una verdulería de RosJrio. (Los secuestradores de Favclukcs tampoco eran pistoleros de película, sino simples albañiles.) Sus fotografías no seguían las convenciones de iluminación y encuadre del cine de Hollywood, si- no las de la oficina de identificación policial, con los rostros de fren- te arrebatados por el jlmh. Mal afeitados, los delincuentes exhibían gorros y atuendos que no se diferenciaban de los de otros inmi- grantes de origen rural. A pesar de su enriquecimiento ilícito, el ma- 1'1 Roberto Arlt, "Un argentino entre gangsters. Cuento policial", en El Hogar, Buenos Aires, 26 de febrero de 1937, pp. 6 y 7; y "Está loco o se hace el loco Al Capone?", en ti Mundo, Buenos Aires, 12 de febrero de 1938, p. 3. Sylvia Saítta ha identificado esta zona de lns intereses de Arlt a fines de los años treinta (E/ cs- rritor m rl bosque de ladrillos. Una bio¡;rafla de Roberto Arlt, Buenos Aires, Sudame- ricana. 2000, p. 18')). La fascinación por el idioma de los delincuentes estadouni- denses y los ambientes del hardboiled fue común a muchos escritores de la época. Uno de los grandes novelistas del género, James Hadlcy Chase (seudónimo de René Brabawn Raymond), que era inglés, situó cerca de la mirad de su centenar de novelas en escenarios estadounidenses que apenas conocía, reproduciendo los climas buscados medianre mapas y diccionarios del slan¡; del hampa de aquel país. "5UCF.SU DF. CINEMATOCIAFICOS ASPECTO:-.'· 2.15 floso seguía siendo "un analfabeto de modales, grosero que limpia el pésimo vino de sus labios con la manga del saco descolorido y ro- ro".40 Las mujeres regordetas de mejillas enrojecidas y atuendo de entreca.~a que habían sido sus cómplices también desarticulaban la estética del crimen-show. () más bien, imponían un cambio de su lenguaje. · Cuando la crónica dio el .~alto de la estilizada flcci(m del crimen a la más cruda realidad de sus detalles, volvió a las hien probadas hc- rramiemas que de.,dc hacía cuatro tkcadas el periodismo robaba de los archivos de la ciencia. Este giro implicaba un retorno al rostro del delincuente como fuente de claves interpretativas de su crimi- nalidad, un ejercicio que los criminólogos habían desechado hacía tiempo, pero que el periodismo sensacionalista resucitaba regu- larmente. Como ha sido demostrado, la descripción "periodístico cier1tíflca" _del sujeto ajeno a la comunidad siempre había sido un ejercicio <.:n estigmatización y, en 1933, este ejercicio cobraba senti- do-s muy pr~ci~o;· gracias a un comexto de lectura particularmente cargado.41 k5os eran los rostros que colmaban de contenido a un pe- ~!gro para la comunidad, hasta entonces Imaginado sólo confllsamen- te en un mar de estímulos representacionales..,Encarnaban, rambién, los argumentos de un imaginario antiinmigratorio ret11o.?:ado en el c¿nrext¿-Je-·~r!s!s.T!be!:ál y ~special~1cnte ~q~cl argumento tan caro a la crítica nacionalista: el de la irresponsable generosidad de la clase dirigente ante la mrda inmigración. Transformados t:n objeto público de observación, los rostros de los asesinos de Ayerza fueron descifrados utilizando datos etnográ- l!cos, lingüísticos y psicopatológicos. El viejo tema (médico y so- ciológico) de la simulación recuperó vigencia para referirse a las es- tratagemas de los asesinos L!1 el ocultamiento de su exterioridad a la 411 "El mafnóso", en Crítica, Buenos Aires, 27 de febrero de 1933. p. 4; véase también "La Cámara fotográfica en Corral de Bustos", en La Razón, Buenos Aires, 24 de febrero de 1933, p. 17. 41 He analizado los poderes estigmatizadores de la criminología mi generi.< del periodismo en Apent/J un delinwente... , op. cit., cap. 5. ¡ www.apuntesallprint.com.ar c o n s t i t u c i o n @ a p u n t e s a l l p r i n t . c o m . a r Página 27 de 96
  28. 28. 236 LA LEY DE LOS PROFANOS comunidad que los había acogido -el repliegue en los lazos perso- nales construidos en la región de origen (Agrigento, Sicilia), los in- descifrables tatuajes, el lunar identitario, semioculto en la mano o el párpado-. Esta galería de rostros funcionaba en contrapunto con la fotografía de la víctima que publicaron todos los medios gráficos: los rasgos finos y reposados de Ayerza, vestido de saco y corbata, •eran un ícono permanente junto a las más horrendas noticias de las .violencias perpetradas por las caras arrebatadas y desencajadas de sus asesmos. "Las caras y los ojos trágicos de los asesinos de Abel Ayerza", en Critica, Buenos Aires, febrero de 1933. "Abel Ayerza fue secuestrado el 21 de octubre... ", en Caras y Caretas, Buenos Aires, 4 de marzo de 1933. En esa oposición de rostros propios y ajenos estaba inscripto ~1 te- ma del ataque al núcleo de la comunidad nacional, que gobernó el desenlace del caso y ordenó su interpretación ideológica. Otra ima- gen lo corroboró más eficazmente aún. El esclarecimiento de la in- vestigación reveló que Abe! Ayerza había sido ejecutado en los mai- zales del Corral de Bustos, en Córdoba, por uno de esos rústicos personajes ahora conocidos por todos. Ninguna arenga nacionalista .podía sintetizar más eficazmente los peligrqs para el alma argentina "SUCESO DE CINEMAfOGRAFlCOS ASPECTOS" 2.7 implícitos en las blandas generosidadesdelliberalismo cosmopolita. La ejecución del joven uriburista de rancia esúrpe católica de cspal- das, con las manos ar::~das anrc el inmigraqte rústico que le apunta- ba con un riflc, fuc retomada, una y otra vez, en crónicas, fotografías escenificadas, ilustraciones, historietas. M El.UDH.AMA l'OLICJAL Y MORFOLOGÍA DE UN Cltlld EN SPUl~FR: -Y se marchó tranquilamem~ a llevar a su diann la noricia despampaname de la viuoria sobre la temible banda de maFIIosos y la !Tstiturión del niño a los esposos Vally. Se agotó la edición. Radimeatru "Ronda Policial" Paradigma de la era del periodismo comercial, la tlgura del cronista de moral dudosa, dispuesto a explotar sin piedad las facetas melo- dramáticas de los casos más sencillos, pobló los radioteatros de mis- terio, d cinc y la liu:ratura policial. En este sentido, el gran secues- tro era un "bello crimen". ·Introducía un temor desconocido, un nuevo asombro. Su localización espacial, la idcmidad de sus vícri- mas y su morfología hacían de él una gran historia. A pesar de su práccica recurrcnre, vimos, las referencias al secuestro habían man- tenido un carácter marginal, que solamente cambit', con el rapro del médico en pleno centro de l3uenos Aires y la captura del hijo dilec- to de la elite porteña en el campo: hechos que desatlaban rodo sen- tido común sobre los lugares y ocasiones donde podía temerse un crimen, y sobre la identidad de sus víctimas. Un arraigado universo de referencia era violentado y este cambio imponía la noticia mu- cl~o más allá de los diarios especializados, en los editoriales de la prensa "seria" y bienpensante, Como Favelukes y Ayerza, todoJ esta- ban amenazados.. Ya no hab(~ lugar segur¿;· ·bcasión previsible, ni p-erpetrador recoÍ1ocible. Esta cita de Crítica parece un eco de los editoriales de La Prensa, La Nación o El Mundo: www.apuntesallprint.com.ar c o n s t i t u c i o n @ a p u n t e s a l l p r i n t . c o m . a r Página 28 de 96

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