VALE LA PENA CREER EN EL DIOS DE LA VIDA.
Queridos amigos: Cuántas veces hemos dicho: ¿merece la pena tanto trabajo,
tanto...
Homilía Domingo XXXII To. Ciclo C. Vale la pena creer en el dios de la vida
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Homilía Domingo XXXII To. Ciclo C. Vale la pena creer en el dios de la vida

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Homilía Domingo XXXII To. Ciclo C. Vale la pena creer en el dios de la vida

  1. 1. VALE LA PENA CREER EN EL DIOS DE LA VIDA. Queridos amigos: Cuántas veces hemos dicho: ¿merece la pena tanto trabajo, tanto esfuerzo, tanto tiempo, tanto sacrificio, tanto desprendimiento para esto…? Las lecturas bíblicas de este domingo nos interrogan sobre algo radical e importante en la vida: ¿merece la pena creer en el Dios de la Vida? Esa es la experiencia de los hermanos macabeos: “Vale la pena morir a manos de los hombres cuando se espera que Dios mismo nos resucitará. Tú en cambio nos resucitarás para la vida”. (2ª. Macabeos 7, 14). “Nuestro Dios, no es un Dios de muertos, sino de vivos, porque para él todos están vivos”. (Lc. 20, 38) ¿Vale la pena creer en el Dios de la Vida? En un Dios que escucha, que habla, que ve, que conoce, que es sensible a nuestras necesidades? En un Dios, cuya función es crear vida, proteger y propagar vida? Dios, lo único que produce es vida; todo lo que frena o debilita la vida viene de otro lado: de nuestra propia debilidad, de nuestro propio pecado, de nuestra propia limitación. Nuestro Dios ama la alegría, el entusiasmo, la generosidad. Nuestro Dios ama la Vida. ¿Qué es la vida? • • • • • La vida es como un movimiento pendular en el que debemos tener tiempo de nacer y de morir. “Tiempo de duelo y tiempo de bailar. Tiempo de callar y tiempo de hablar. Tiempo de guardar y tiempo de desechar. Tiempo de rasgar y tiempo de coser. Tiempo de llorar y tiempo de reír”. (Eclesiastés. 3, 1 – 8). La vida es algo más que velocidad creciente, algo más que adquisición de cosas. La vida es, ante todo, reposo y paz, remanso de experiencias y maduración silenciosa. La vida consiste en aprender a amar y compartir con los demás. La vida es creer y esperar en ella. Es creer en sus grandes posibilidades. Es confiar que ella nos lleva a crear, recrear, proteger y cuidar todo aquello que nos proporciona vida. Quien dice SÍ a la Vida, está dispuesto a amar y a compartir, aunque sea duro y difícil. Sabe que vale la pena hacer eso, porque “nuestro Señor Jesucristo y Dios nuestro Padre nos darán fuerza para toda clase de palabras y obras buenas”.(2ª. Tes. 2, 17. Amigos: vale la pena creer en el Dios de la Vida, dando y recreando la vida. ADOREMOS, ENSALCEMOS Y GLORIFIQUEMOS AL DIOS DE LA VIDA. Gabriel. 32º. Domingo Ordinario. Ciclo. C. Madrid. 10 de Noviembre de 2013.

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