Había una vez un hombre y una mujer que vivíansolos y desconsolados por no tener hijos, hasta que,por fin, la mujer concib...
Un día asomóse la mujer a aquella ventana a con-templar el jardín, y vio un bancal plantado dehermosísimas verdezuelas, ta...
Pero apenas había puesto los pies en el suelo, tuvoun terrible sobresalto, pues vio surgir ante sí la bruja.“¿Cómo te atre...
Verdezuela era la niña más hermosa que viera elsol. Cuando cumplió los doce años, la hechicera laencerró en una torre que ...
El príncipe quiso subir hasta ella y buscó la puertade la torre, pero, no encontrando ninguna, se volvióa palacio. No obst...
En el primer momento, Verdezuela se asustó Ver-dezuela se asustó mucho al ver un hombre, pues ja-más sus ojos habían visto...
La hechicera nada sospechaba, hasta que un día Ver-dezuela le preguntó: “Decidme, tía Gothel, ¿cómoes que me cuesta mucho ...
El mismo día en que se había llevado a la muchacha,la bruja ató las trenzas cortadas al gancho de la ven-tana, y cuando se...
El ratoncillo,      el pajarito y la         salchichaUn ratoncillo, un pajarito y una salchicha ha-cían vida en común. Ll...
¡Cuando las cosas van demasiado bien, uno secansa pronto de ellas! Así, ocurrió que un díael pajarito se encontró con otro...
Y la salchicha no se movía del lado del puchero,vigilando que la comida se cociese bien, y cuan-do estaba a punto, no tení...
Al otro día el pajarillo, cediendo a las instigacio-nes de su amigo, declaró que no quería ir más abuscar leña; estaba can...
¿Veréis lo que sucedió? La salchichita se marchóa buscar leña; el pajarillo encendió fuego, y elratón puso el puchero; lue...
El pajarillo cargó tristemente con la leña y, devuelta a su casa, contó lo que acababa de very de oír. Los dos compañeros ...
Al volver el pajarillo pidió la comida, pero seencontró sin cocinero. Malhumorado, dejó laleña en el suelo de cualquier ma...
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  1. 1. Había una vez un hombre y una mujer que vivíansolos y desconsolados por no tener hijos, hasta que,por fin, la mujer concibió la esperanza de que DiosNuestro Señor se disponía a satisfacer su anhelo.La casa en que vivían tenía en la pared trasera unaventanita que daba a un magnífico jardín, en el quecrecían espléndidas flores y plantas; pero estaba ro-deado de un alto muro y nadie osaba entrar en él, yaque pertenecía a una bruja muy poderosa y temidade todo el mundo.
  2. 2. Un día asomóse la mujer a aquella ventana a con-templar el jardín, y vio un bancal plantado dehermosísimas verdezuelas, tan frescas y verdes, quedespertaron en ella un violento antojo de comerlas.El antojo fue en aumento cada día que pasaba, ycomo la mujer lo creía irrealizable, iba perdiendo lacolor y desmirriándose, a ojos vistas. Viéndola tandesmejorada, le preguntó asustado su marido: “¿Quéte ocurre, mujer?”- “¡Ay!” exclamó ella, “me moriré si no puedo comerlas verdezuelas del jardín que hay detrás de nuestracasa.” El hombre, que quería mucho a su esposa,pensó: “Antes que dejarla morir conseguiré lasverdezuelas, cueste lo que cueste.” Y, al anochecer,saltó el muro del jardín de la bruja, arrancó precipi-tadamente un puñado de verdezuelas y las llevó a sumujer. Ésta se preparó enseguida una ensalada y sela comió muy a gusto; y tanto le y tanto le gustaron,que, al día siguiente, su afán era tres veces más in-tenso. Si quería gozar de paz, el marido debía saltarnuevamente al jardín. Y así lo hizo, al anochecer. 2
  3. 3. Pero apenas había puesto los pies en el suelo, tuvoun terrible sobresalto, pues vio surgir ante sí la bruja.“¿Cómo te atreves,” díjole ésta con mirada iracunda,“a entrar cual un ladrón en mi jardín y robarme lasverdezuelas? Lo pagarás muy caro.”- “¡Ay!” respondió el hombre, “tened compasión demí. Si lo he hecho, ha sido por una gran necesidad:mi esposa vio desde la ventana vuestras verdezuelasy sintió un antojo tan grande de comerlas, que si nolas tuviera se moriría.”La hechicera se dejó ablandar y le dijo: “Si es comodices, te dejaré coger cuantas verdezuelas quieras,con una sola condición: tienes que darme el hijo queos nazca. Estará bien y lo cuidaré como una madre.”Tan apurado estaba el hombre, que se avino a todo y,cuando nació el hijo, que era una niña, presentóse labruja y, después de ponerle el nombre de Verdezue-la; se la llevó. 3
  4. 4. Verdezuela era la niña más hermosa que viera elsol. Cuando cumplió los doce años, la hechicera laencerró en una torre que se alzaba en medio de unbosque y no tenía puertas ni escaleras; únicamenteen lo alto había una diminuta ventana. Cuando labruja quería entrar, colocábase al pie y gritaba:“¡Verdezuela, Verdezuela,Suéltame tu cabellera!”Verdezuela tenía un cabello magnífico y larguísimo,fino como hebras de oro. Cuando oía la voz de lahechicera se soltaba las trenzas, las envolvía en tornoa un gancho de la ventana y las dejaba colgantes: ycomo tenían veinte varas de longitud, la bruja trepa-ba por ellas.Al cabo de algunos años, sucedió que el hijo del Rey,encontrándose en el bosque, acertó a pasar junto ala torre y oyó un canto tan melodioso, que hubo dedetenerse a escucharlo. Era Verdezuela, que entrete-nía su soledad lanzando al aire su dulcísima voz. 4
  5. 5. El príncipe quiso subir hasta ella y buscó la puertade la torre, pero, no encontrando ninguna, se volvióa palacio. No obstante, aquel canto lo había arroba-do de tal modo, que todos los días iba al bosque aescucharlo. Hallándose una vez oculto detrás de unárbol, vio que se acercaba la hechicera, y la oyó quegritaba, dirigiéndose a o alto:“¡Verdezuela, Verdezuela,Suéltame tu cabellera!”Verdezuela soltó sus trenzas, y la bruja se encaramóa lo alto de la torre. “Si ésta es la escalera para subirhasta allí,” se dijo el príncipe, “también yo probaréfortuna.” Y al día siguiente, cuando ya comenzaba aoscurecer, encaminóse al pie de la torre y dijo:“¡Verdezuela, Verdezuela,Suéltame tu cabellera!”Enseguida descendió la trenza, y el príncipe subió. 5
  6. 6. En el primer momento, Verdezuela se asustó Ver-dezuela se asustó mucho al ver un hombre, pues ja-más sus ojos habían visto ninguno. Pero el príncipele dirigió la palabra con gran afabilidad y le explicóque su canto había impresionado de tal manera sucorazón, que ya no había gozado de un momentode paz hasta hallar la manera de subir a verla. Alescucharlo perdió Verdezuela el miedo, y cuando élle preguntó si lo quería por esposo, viendo la mu-chacha que era joven y apuesto, pensó, «Me querrámás que la vieja», y le respondió, poniendo la manoen la suya: “Sí; mucho deseo irme contigo; pero no sé cómo ba-jar de aquí. Cada vez que vengas, tráete una madejade seda; con ellas trenzaré una escalera y, cuandoesté terminada, bajaré y tú me llevarás en tu caballo.”Convinieron en que hasta entonces el príncipe acu-diría todas las noches, ya que de día iba la vieja. 6
  7. 7. La hechicera nada sospechaba, hasta que un día Ver-dezuela le preguntó: “Decidme, tía Gothel, ¿cómoes que me cuesta mucho más subiros a vos que alpríncipe, que está arriba en un santiamén?”- “¡Ah, malvada!” exclamó la bruja, “¿qué es lo queoigo? Pensé que te había aislado de todo el mundo, y,sin embargo, me has engañado.” Y, furiosa, cogió lashermosas trenzas de Verdezuela, les dio unas vueltasalrededor de su mano izquierda y, empujando unastijeras con la derecha, zis, zas, en un abrir y cerrarde ojos cerrar de ojos se las cortó, y tiró al suelola espléndida cabellera. Y fue tan despiadada, quecondujo a la pobre Verdezuela a un lugar desierto,condenándola a una vida de desolación y miseria. 8
  8. 8. El mismo día en que se había llevado a la muchacha,la bruja ató las trenzas cortadas al gancho de la ven-tana, y cuando se presentó el príncipe y dijo:“¡Verdezuela, Verdezuela,Suéltame tu cabellera!”la bruja las soltó, y por ellas subió el hijo del Rey.Pero en vez de encontrar a su adorada Verdezuelahallóse cara a cara con la hechicera, que lo mirabacon ojos malignos y perversos:“¡Ajá!” exclamó en tono de burla, “querías llevarte ala niña bonita; pero el pajarillo ya no está en el nidoni volverá a cantar. El gato lo ha cazado, y también ati te sacará los ojos. Verdezuela está perdida para ti;jamás volverás a verla.”El príncipe, fuera de sí de dolor y desesperación, searrojó desde lo alto de la torre. Salvó la vida, pero losespinos sobre los que fue a caer se le clavaron en losojos, y el infeliz hubo de vagar errante por el bosque,ciego, alimentándose de raíces y bayas y llorando sincesar la pérdida de su amada mujercita. Y así andu-vo sin rumbo por espacio de varios años, mísero ytriste, hasta que, al fin, llegó al desierto en que vivíaVerdezuela con los dos hijitos los dos hijitos geme-los, un niño y una niña, a los que había dado a luz.Oyó el príncipe una voz que le pareció conocida y,al acercarse, reconociólo Verdezuela y se le echó alcuello llorando. Dos de sus lágrimas le humedecie-ron los ojos, y en el mismo momento se le aclararon,volviendo a ver como antes. Llevóla a su reino, don-de fue recibido con gran alegría, y vivieron muchosaños contentos y felices. Fin 9
  9. 9. El ratoncillo, el pajarito y la salchichaUn ratoncillo, un pajarito y una salchicha ha-cían vida en común. Llevaban ya mucho tiempojuntos, en buena paz y compañía y congeniabanmuy bien. La faena del pajarito era volar todoslos días al bosque a buscar leña. El ratón cuida-ba de traer agua y poner la mesa, y la salchichatenía a su cargo la cocina.
  10. 10. ¡Cuando las cosas van demasiado bien, uno secansa pronto de ellas! Así, ocurrió que un díael pajarito se encontró con otro pájaro, a quiencontó y encomió lo bien que vivía. Pero el otrolo trató de tonto, pues que cargaba con el traba-jo más duro, mientras los demás se quedaban encasita muy descansados pues el ratón, en cuantohabía encendido el fuego y traído el agua, podíairse a descansar en su cuartito hasta la hora deponer la mesa. 2
  11. 11. Y la salchicha no se movía del lado del puchero,vigilando que la comida se cociese bien, y cuan-do estaba a punto, no tenía más que zambullirseun momento en las patatas o las verduras, yéstas quedaban adobadas, saladas y sazonadas.No bien llegaba el pajarillo con su carga deleña, sentábanse los tres a la mesa y, terminadala comida, dormían como unos benditos hastala mañana siguiente. Era, en verdad, una vidaregalada. 3
  12. 12. Al otro día el pajarillo, cediendo a las instigacio-nes de su amigo, declaró que no quería ir más abuscar leña; estaba cansado de hacer de criadode los demás y de portarse como un bobo. Erapreciso volver las tornas y organizar de otromodo el gobierno de la casa. De nada sirvieronlos ruegos del ratón y de la salchicha; el pájarose mantuvo en sus trece. Hubo que hacerlo,pues, a suertes; a la salchicha le tocó la obliga-ción de ir por leña, mientras el ratón cuidaría dela cocina, y el pájaro, del agua. 4
  13. 13. ¿Veréis lo que sucedió? La salchichita se marchóa buscar leña; el pajarillo encendió fuego, y elratón puso el puchero; luego los dos aguardarona que la salchicha volviera con la provisión deleña para el día siguiente. Pero tardaba tanto enregresar, que sus dos compañeros empezarona inquietarse, y el pajarillo emprendió el vueloen su busca. No tardó en encontrar un perroque, considerando a la salchicha buena presa, lahabía capturado y asesinado. El pajarillo echóen cara al perro su mala acción, que calificó derobo descarado, pero el can le replicó que la sal-chicha llevaba documentos comprometedores, yhabía tenido que pagarlo con la vida. 5
  14. 14. El pajarillo cargó tristemente con la leña y, devuelta a su casa, contó lo que acababa de very de oír. Los dos compañeros quedaron muyabatidos; pero convinieron en sacar el mejorpartido posible de la situación y seguir haciendovida en común. Así, el pajarillo puso la mesa,mientras el ratón guisaba la comida. Queriendoimitar a la salchicha, metióse en el puchero delas verduras para agitarlas y reblandecerlas; peroaún no había llegado al fondo de la olla que sequedó cogido y sujeto, y hubo de dejar allí lapiel y la vida. 6
  15. 15. Al volver el pajarillo pidió la comida, pero seencontró sin cocinero. Malhumorado, dejó laleña en el suelo de cualquier manera, y se puso allamar y a buscar, pero el cocinero no aparecía.Por su descuido, el fuego llegó a la leña y pren-dió en ella. El pájaro precipitóse a buscar agua,pero el cubo se le cayó en el pozo con él dentro,y, no pudiendo salir, murió ahogado. 7

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