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BIBLIOTECA DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA

RAMON A.  TOVAR L. 

 

CARACAS /  1986

ESTUDIOS,  MONOGRAFIAS Y ENSAYOS
DE LA GEOGRAFIA FISICA A LA ECOGEOGRAFIA

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mitad del s...
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sana],  que funcionaba como una prolongación de las actividades agrícolas
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EL ENFOQUE cnorusromco 33

El maestro de la Geografía Física,  Emmanuel De Martonne,  pre-
sentia el peligro que se cernía...
34 ESTUDIOS,  MONOGRAFIAS Y ENSAYOS

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36 ESTUDXOS,  MONOGRAFIAS v ensayos

Un nuevo instrumento conceptual viene a enriquecer el enfoque
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EL FENOMENO URBANO DEL ESPACIO ACTUAL

Los grupos humanos —se ha afirmado——— organizan su espacio den-
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Señalemos:  nunca la oposición entre estados o conglomerados ricos
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EL ENFOQUE GEOHISTORICO 39

Han surgido “nuevas teorías del espacio que toman para sí buena
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la planificación apoyada en la dencia o en teorías científicas actualizadas, 
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minarlos a “sangre y fuego”,  como bien se conoce,  para desestructurarlos
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18 de ellas en los países del Tercer Níundo.  La Ciudad de Arléxico será la
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La superficie terrestre es el dominio específico de la residencia del
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Gastón Bardet plantea como problema central,  el del divorcio entre
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Ramon Tovar. El Enfoque Geohistorico

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Ramon Tovar (1986) El Enfoque Geohistorico. Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia. Caracas.

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  1. 1. BIBLIOTECA DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA RAMON A. TOVAR L. n El rumana GEOHISTGRICU ESTUDIOS, MONOGRAFIAS Y ENSAYOS
  2. 2. BIBLIOTECA DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA RAMON A. TOVAR L. CARACAS / 1986 ESTUDIOS, MONOGRAFIAS Y ENSAYOS
  3. 3. DE LA GEOGRAFIA FISICA A LA ECOGEOGRAFIA Para cuando se sistematizó la geografía como ciencia, en la segunda mitad del siglo xxx, la dinámica del espacio se ofrecía en un marco sus- ceptible de ser integrado al conocimiento por Ia vía de la observación inscrita dentro de los límites de la captación humana. La urbanización con la industrialización apenas si asomaba en muy contados puntos de Europa Occidental; eran fenómenos de excep- ción. Todo contribuia para que se produjera una ordenación del objeto geográfico, concebido como una unidad, en dos direciones fundamenta- les e indispensables. Ni siquiera se vislumbraba la presencia de los hi- drocarburos con las implicaciones que ahora le conocemos; esto es las que conforman nuestra civilización del petróleo. Pareciera que se estaba en el mejor de los mundos posibles; las concepciones funcionaban como anillo al dedo: determinismos frente a posibilismo. Un objeto escindible en dos órdenes, cada uno con su es- pecificidad: el natural y el antrópico. Si bien Gastón Bardet’ denuncia que la geografía se transformó en humana con Vidal de La Blanche y Jean Brunhes, cada una de esas di- recciones optó por independizarse. Partia de una supuesta relación del Hombre con su Medio, un medio aceptado como soporte que para unos es determinante mientras que para otros se propone como abanico de posibilidades a elegir según un proceso necesariamente dimanante de lo histórico. Sin embargo, las condiciones reinantes actuaron para que se pro- fundizara la separación. La gran industria rompe con su antecedente arte- l. BARDET, GASTON: L'Urbanísn¡c. París, 1959. Presscs Universitnircs de France.
  4. 4. 32 ESTUDIOS, MONOGRAFIAS Y ENSAYOS sana], que funcionaba como una prolongación de las actividades agrícolas tanto vegetal como animal. Producir para la misma industria antes de colocar el producto en el mercado; nace así la industria de maquinarias con la demanda masiva de productos del subsuelo; combustibles y mine- rales. La mecanización interesa no sólo a las instalaciones fabriles sino también a los transportes y posteriormente a la agricultura. La ciudad impone su dominio al campo. La geografía seducida por la tendencia, sacrificó su autonomía. La escisión de su objeto, ontológicamente indivisible, la introdujo en un campo donde termina por dispararse con la pérdida de unidad; unidad de criterio tanto científico como epistemológico. La región que hubiera sido el instrumento para su rescate, aparecía propuesta a voluntad de los autores. Fue sólo recientemente cuando vino a repartirse en su calidad conceptual y sometida a críticas y reflexiones. Pero el terreno andado fue suficiente para llevar a la ciencia geográfica a la situación de crisis por la que atraviesa en nuestros dias. II La Geografía física ha resultado hasta ahora la más afectada. Ex- plicable; desde su sistematización como ciencia, la geografía asume el cariz de social. Su pieza matriz es el paisaje; concebido por Vidal de La Blanche como un producto histórico “Una individualidad geográ- fica, no resulta de la simple consideración de la geología y el clima. No es un producto dado de antemano por la naturaleza. Es necesario arrancar de esta idea: una comunidad es un reservorio donde duermen energías en las cuales la naturaleza ba puesto sus gérmenes pero cuyo empleo depende del Hombre. Es él quien, al plegaria a sus necesidades, imprime la luz de su individualidad. Es él quien establece una conexión entre elementos dispersos; a efectos incoherentes de circunstancias locales él introduce el concurso sistemático de sus fuerzas. Es entonces cuando una comunidad se yergue y se diferencia; y es así como —a la larga— se instituye como una medalla, reflejo de la imagen de un pueblo”? Dos categorías se suman a la de Paisaje, los Géneros y los Modos de Vida. 2. GEORGE, PIERRE: “Géographie et Histoire”, en Révue Historique. Avril-juin, París, 1963.
  5. 5. EL ENFOQUE cnorusromco 33 El maestro de la Geografía Física, Emmanuel De Martonne, pre- sentia el peligro que se cernía sobre la unidad de la geografía. En el prcfacio de la cuarta edición de su tratado apunta: . .Crccmos en la unidad de la Ciencia geográfica, concebida corno una descripción razona- da de la superficie del globo- Los progresos de diversas ramas de la Geografía General, las técnicas, cada vez más delicadas que el geógrafo debe conocer para producir una obra original, llevan a una especializa- ción cada vez más estrecha; se hace más que necesario volver los ojos hacia los principios directores establecidos por los grandes antepasados: Los Humboldt y los Ritter, los Reclus, los Richthofen, los Vidal de La Blache. Nosotros sabemos más que ellos sobre cualquier aspecto en par- ticular, pero nosotros no debemos olvidar las visiones generales (sic) que a ellos lcs debemos. Les era imposible ahondar tanto como nosotros en cada cuestión, les era más fácil que nosotros captar los conjuntos”? En nuestra opinión el pecado estuvo en haberse divorciado de la tarea específica de lo geográfico: “captar y proponer los conjuntos”. El alto espíritu del maestro que si bien hubo de profundizar en la dirección “física” de la geografía no por ello perdía de vista que la validez dc la misma estaba en su carácter de "rínterir”. Sobre ésta se constituyó y fundó la autonomía de la disciplina geográfica. No esconde su temor frente a la amenaza que actúa sobre la con- cepción de Humboldt; aquélla que antepone “la relación de los hechos anteriormente obsevados al conocimiento de los hechos aislados aun cuando éstos sean nuevos”. “ La historia ha desembocado en la situación actual, denunciada con finura por Georges Bertrand cuando señala que el reto para la Geografía Física estaría en acceder a “una forma (que le permita) aprehendcr y aislar lo físico del espacio geográfico”? La unidad geográfica ha desaparecido; habrá que rescatarla. Donde pudo darse, en la Geografía Regional, no hay tal. En los mismos insti- tutos universitarios la desagrcgación no cede- Monografías de alta calidad que se ofrecen con carácter de regionales sufren del mal. Las hay 3. DE MARTONNE, EMMANIJEL: Traité de Géograpbie Pbyrique (T. I). Paris, 1950. Librairie Armand Colin. CLOZIER. RENÉ: La: Etapas de la Geografía. Barcelona (España), 1945. S. BERTRANI), GEORGES: Conrtruire la géograpbie pbysique, en “Hérodote” (Rev) N9 26. Paris, 1982. J: -
  6. 6. 34 ESTUDIOS, MONOGRAFIAS Y ENSAYOS producidas por un equipo de autores; cada uno propone su parte sin comercio alguno con las otras. Los congresos internacionales como los simposios reproducen la misma situación. Después de la sesión inaugu- ral, cada quien toma por su lado; reproduce una estructura profesional. Una armadura epistemológica que sustente a la Geografía y le imprima unidad no se vislumbra. III El papel de la geografía residía, para De Martonne, en aportar una explicación (descripción razonada) de la superficie del globo. En esta empresa la geografía fisica se convirtió en Geomorfología y la tenden- cia que ahora domina conduce a instituir-la en lo que Tricart denomina ïísctGeogtafía- El planeta Tierra, en los límites del orden natural se organiza en dos grandes niveles: el de la geodinámica interna y el dela geodmámica externa. La primera cae dentro de la competencia de la Geología en tanto que en la segunda, participa la Geomorfología. Esta tendria “por objeto específico, el estudiar los caracteres y las modificaciones de la superficie de contacto entre el medio sólido de la corteza terrestre (li- tósfera) y sus envolturas gaseosas (atmósfera) líquida (hidrósfera)”. ° En la superficie de contacto estaria el ámbito. La complejidad de este campo impone la necesidad de un hilo conductor o metodológico que oriente la “descripción razonada” o logos del mismo. En este sentido, a fines del siglo pasado el norteamericano W. Davis propuso su teoría de la "erosión normal”. Se cae así en una gcomorfología académica fun- dada sobre esquemas etéreos. Fueron necesarios más de sesenta años para poderse convencer de lo mismo. “Sólo entre 1930 y 1950 —asienta Tricart- es cuando se remite a1 estudio de procesos; gracias a los mis- mos se formulan objeciones a las teorías de Davis, no sin penas ni ries- gos para quienes osaran levantar la mano hacia el Idolo”.7 El problema central es la faz o relieve de la Tierra: su modelado. Davis estima, desde una visión mecanicista, que el mismo viene a ser el trabajo de las redes hidrográficas. Estas tienden a eliminar la pendiente 6. Truc/ mr, JEAN: L’Epíderme de la Terre. París, 1962. Masson et Cie. , Editeurs. 7. Tmcur, J. : op. nit.
  7. 7. m. ENFOQUE cnomsromco 35 que se establece entre sus cabeceras y el nivel de base general de los mares- Realizan así un trabajo de erosión que terminará cuando el río alcance su “perfil de equilibrio”; esto es, cuando la energia de las co- rrientes de agua no sea capaz de seguir erodando. Considera Davis que a largo plazo las desnivelaciones, en especial las montañas terminan por aplanarse con lo cual pasan a la categoría de planicies. Este esquema a todas luces lógico no tomó en consideración la presencia de otros agentes y factores que actúan en el modelado terrestre; entre los mismos el ca- rácter de individualidad zonal que se dispone desde el Ecuador hasta los Polos o sea el clima y sus resultantes de orden bíótico; cn particular la vegetación asociada al proceso de formación de los suelos. Considera Tricart que el esquema deivisiano de evolución a lo largo del ciclo de erosión no cs susceptible de generalización. Apenas sería válido para la zona templada húmeda, menos del lO por ciento de la superficie del globo. Tan pronto aparece un período de sequía, los caracteres de la morfología fluvial cambian; en las regiones semiáridas cálidas se asiste a una yuxtaposición violenta de sectores que registran acción erosiva frente a otros con escurrimiento tranquilo. En la zona intertropical’ húmeda “no parece que los ríos realicen un perfil de equi- librio como el dc la zona templada. Por todas partes hallamos los ca- nales de pendientes suaves alternando con rápidos que se instituyen en la característica dominante en todos los ríos intertropicales sin que exista para nada relación alguna con el grado de disección del ámbito drenado ni el tiempo invertido en la construcción de sus cauces”. Una evidencia morfoclimática se desprende de los hechos: la sus- titución del postulado de la “erosión normal” por la ley de la depen- dencia del relieve en correspondencia con el tipo climático. " La Geomorfología climática desplaza a la Geomorfología estructu- ral. La escuela francesa ofrece la síntesis desde el “Sistema de Erosión” controlado por la respuesta o síntesis climática constituida por la vegeta- ción. De la última asociada a los suelos, depende tanto la degradación como la conservación. La acción mecánica de las aguas por efecto graví- tacional enfrenta un intermediario: el tapiz vegetal. La alteración del mismo desencadena y acelera el proceso abrasivo. En este parámetro entra en acción quien ha desequilibrado la superficie terrestre: el Hombre. 8. TRICART, 1.: Cours de Géonzorpbalagie. París. Centre de Docummcntation Uni- vcrsitaire.
  8. 8. 36 ESTUDXOS, MONOGRAFIAS v ensayos Un nuevo instrumento conceptual viene a enriquecer el enfoque teórico: la erosión antrópica. La epidermis de la Tierra es un campo de conflicto de fuerzas sociales y fuerzas naturales. Por esta vía se reen- cuentra la totalidad original, la integridad holística u ontológica de la realidad. Pero el avance de las ciencias individuales referidas aLorden na- tural, la complejidad de los problemas, conducen a una retroalimentación entre las disciplinas científicas; la interdisciplinariedad se impone como una necesidad en los nuevos tiempos. Es así como la geomorfología se incorpora inevitablemente en cl campo de las ciencias naturales y asimila para sí la categoría ecológica de los Ecosistemas; entra por tanto en una nueva fase en ajuste con las condiciones históricas del tiempo actual, donde la “Geografía Física” de los clásicos al profundizar tanto en la extensión como en la intensidad de su objeto ha terminado por consoli- darse como ciencia integral e individual con búsqueda de respuestas teó- ricas y prácticas a la “geodinámica externa” de la superficie del globo. A la luz de lo expuesto debemos comprender que hablar de Geo- grafía Física resulta un anacronismo. De consiguiente la Geografía debe retomar sus pasos iniciales dentro de las directrices Humboldtianas y Vidalianas; la relación de hechos y no los hechos aislados; la comunidad como síntesis geohistórica. “Cuando expresamos que el medio greográfico de un pueblo, vigente en la actualidad, está formado de cuadros naturales y herencias históricas inspiradas por ese cuadro o superpuestas (imbrica- das) en el mismo; y que tienen sus cepas en medios secundarios, no hace- mos sino plagíar, a veces sin saberlo, a Ernesto Lavisse. Posiblemente porque, directa e indirectamente, somos discípulos de su alumno Vidal de La Blanche”? Y si como afirma el último, es la sociedad (el Hombre) quien pliega a la naturaleza a su servicio y al hacerlo le imprime su indivi- dualidad (identidad) a las comunidades; éstas (los pueblos que las inte- gran) son un producto histórico y en consecuencia la Geografía estaría reorientada hacia sus fundamentos ontológicos con el propósito de ofrecer una explicación científica del espacio construido por los grupos humanos dentro de condiciones históricas determinadas. Equivale a decir que la Geografía estricrus senso se ha convertido en Geohistoria y debe reencon- trarse con las visiones de conjunto que la condujeron a constituirse como una ciencia social desde la segunda mitad del siglo XIX. 9. GEORGE, PIERRE: Op. cil. TRICART, JEAN: Géograpbíe-Ecologiu, en “Hérodote”; ap. czt.
  9. 9. EL FENOMENO URBANO DEL ESPACIO ACTUAL Los grupos humanos —se ha afirmado——— organizan su espacio den- tro de condiciones históricas determinadas. Este espacio, así construido, consciente o inconscientemente, tiene el rol fundamental de facilitar tanto la conservación como la reproducción de la comunidad respectiva. Cuando decimos facilitar le asignamos una finalidad y necesaria- mente asume un sentido teleológico como todas las creaciones del hom- bre. Vale la pena destacarlo: el hombre es el único animal capaz de plantearse objetivos cada vez más elevados. Lo natural aparece dado, lo humano es creado, concebido, planeado. Esta acción se produce dentro de los términos de un sistema diná- mico Sociedad-Naturaleza. Responde a un equilibrio integrado por un complejo de relaciones factibles de ordenar en las de los hombres con su entorno y las de los hombres entre si. Se trata de un equilibrio xocíobirtórico. Detectable tanto a escala planetaria como en la del nivel que se seleccione. En términos geográficos podríamos sintetizarlo en la relación de oposición Campo-Ciudad; Ciu- dad-Campo. Nuestra civilización ha asumido el carácter de una civilización de ciudades; la misma mtegoría “civilización” es eso: propio de la civis. Pero en términos espaciales jamás se había producido la situación que ahora se vive. Se está en un dominio excluyente de la ciudad; nada es- capa a su dictamen. La estructura de la superficie del globo —en nuestros días- ofrece una imagen abigarrada, de intensa heterogeneidad; es la réplica de las vicisitudes que conforman la historia de los pueblos La faz terrestre registra una situación crítica; preocupante por la cantidad, calidad y grado de las soluciones o vías de solución que exige.
  10. 10. 38 rsrumos, MONOGRAFIÁS Y ENSAYOS Señalemos: nunca la oposición entre estados o conglomerados ricos y pobres había sido tan profunda. La pobreza, a escala mundial, es tan inmensa que en términos relacionales amenaza con la ruina de los ricos. La deuda externa se considera impagable. La inseguridad; jamás habíamos encontrado tal estado de incerti- dumbre; los caminos parecen truncados. Los medios de comunicación de masas contribuyen al incremento de la misma. La magnitud de los males que aquejan la educación, la salud, la alimentación y la provisión de ali- mentos, el desempleo, el deterioro ambiental, el hambre, la vivienda, re- viste grados jamás pensados. Cuando la tecnología es más que suficiente para resolver tantos problemas, los mismos alcanzan tales umbrales. Dos categorías globales sintetizan esta realidad: Desarrollo frente a subdesarrollo; con dos superpotencias como árbitros del destino de la especie humana. La proposición teórica de “un hombre constructor de su espacio”, aparece en un presente preñado de innumerables signos desconcertantes. Se trata de la cristalización de la civilización del subsuelo; la que ha con- centrado grandes masas en muy reducido territorio, creando e] desbalan- ce de la relación Campo-Ciudad, Ciudad-Campo de nuestros días. Esta geodinámica fracturó el equilibrio sociohístórico de las civilizaciones del suelo que reinaban desde los tiempos aurorales de la humanidad. En és- tas el código era “lo evolutivo”, sustituido ahora por “la distorsión”. En este plano se nos sitúa el componente espacial Cirxdad y su p1'O- blemática subsecuente de la urbanización. II Si la vertiente natural del objeto geográfico se individualizó y termi- nó por integrarse en una nueva ciencia que tentativamente se la ha lla- mado Eco-Geografía, la humana no ha escapado a la misma intensidad de alteraciones, y conducida a una situación no menos crítica que la su- frida por la anterior. Hemos asentado como “la geografía, ciencia hu- manística que definiera su objeto a finales del siglo pasado, no reparó a tiempo en la gama de cambios que interesaba su campo”, con lo que se encontró “sin respuestas suficientes o válidas que oponer a la nueva pro— blemática espacial".
  11. 11. EL ENFOQUE GEOHISTORICO 39 Han surgido “nuevas teorías del espacio que toman para sí buena parte del terreno que en otros tiempos competía a la Geografía”. En este orden encontramos a la “Teoría de la Urbanización”. La ciudad, como fenómeno espacial, aparece desorbitado; se ha instituido en una entidad cargada de problemas; desde la satisfacción de los servi- cios más elementales hasta la muy grave de la caída vertical de “la cali- dad de Vida”. Toda una problemática que ha incorporado para sí, una nueva ciencia social: la Urbanízacíón- Ciencia que como todas las contem- poráneas integran una extensa gama de disciplinas y experiencias dentro del criterio científico-metodológico de la interdisciplinariedad y el enfo- que sistémico. Gaston Bardet avizoró su presencia a mediados de la década de los cuarenta. “La multitud ha desplazado los grupos. Al triplicar de volumen, las poblaciones locales, dispersas en las regiones, lejos de organizarse a sí mismas en nuevas unidades personalizadas, se concentraron en aglome- raciones monstruosas al servicio de la gran industria. Es el fenómeno co- nocido como urbanización ( . . . ) nada basta para contener las multitudes; ni las ciudades, ni los edificios, ni los parques. Es la época de las masas que se compadece con la época de lo colosal, subraya O. Spengler. Conse- guir dónde ubicarse, el lugar, la plaza, es el problema de todos los ins- tantes, declara J. Ortega y Gasset. (. ..) Pero una ciudad no es por ningún concepto un amasijo de calles y viviendas; ellas no son sino la caparazón de una sociedad de seres humanos ( . . . ). Ese plano, esos es- pacios libres o construidos, no son sino las manifestaciones exteriores de la existencia de un ser colectivo cuya vida discurre con la substitución de generaciones. Conocer este ser colectivo, es lo que se impone como prio- ridad. Bien, el drama del urbanismo actual (escribía para 1945) consiste en el divorcio entre las formas urbanas, caducas y pesadas, y el ser urba- ' 191 no en prodigiosa renovacion . A1 hipertrofiarse uno de los elementos del conjunto, el resto nece- sariamente habría de resentirse, y la totalidad asumiría una nueva ima- gen, producto de la ruptura. Así de simple sería la proposición, pero cuan compleja ofrecer y realizar la solución. No hay oportunidad para lo “espontáneo? las tendencias no espe- ran; se impone la acción de “políticas”, no parciales sino globales, con- cebidas desde una totalidad y para una totalidad. Acá lo conducente es 1. BARDET, GASTON: L'Urbanisme. París, 1959. Presses Universítaíres de France.
  12. 12. 40 ESTUDIOS, MONOGRAFIAS Y ensayos la planificación apoyada en la dencia o en teorías científicas actualizadas, positivas. No podemos contar con apoyos legales suficientes, no era po- sible legislar para situaciones frente a las cuales nos comportábamos co- mo desensibilizados; que se fueron incubando sin receso y con ignorancia de su especificidad; máxime si se considera las resistencias que oponen las instituciones de la propiedad individual y de su concomitante la ges- tión de la empresa privada. Por eso las instituciones que se convienen con las relaciones arriba denunciadas (del Hombre con su entorno y de los Hombres entre sí) deben transformarse por haber sido rebasadas. Idear formas nuevas para estadios nuevos: “la multitud ha desplazado los grupos”. La Geografía —ciencia humanística de corte universitario- no aportó la teoría general que la introdujera entre las ciencias sociales con respuestas válidas para 1a nueva situación- Pareciera que su rol está amenazado; no sabemos si su papel sc verá disminuido frente a otras disciplinas a no ser que reaccione en el camino; son los problemas epistemológicos en el seno de lo polisístémico. Por lo pronto asistimos a una corriente que afirma la necesidad de “ecologizar” la teoría de la urbanización. La Geografía no debería permitir que se le sustrajera del campo de su competencia, el conocimiento científico de "ese ser colectivo” localizado en el subconjunto urbano del espacio; cuya vida es el producto de la sustitución de generaciones; reflejo obligado del equilibrio sociohistórico. III La presión demográfica de las sociedades apoyadas en el “CampOÏ se resolvió en migraciones y en una distribución en el sentido de la “ex- tensión”. Este no ba sido el caso de las que ba generado la “Gran In- dustria”. El paralelismo “Industrialización”-“Urbanización” es un fc- nómeno único y relativamente reciente en la historia de la humanidad. Ilusorio pretender encontrar modelos en estadios anteriores. Hacerlo es caer en el grave error metodológico de explicar el presente desde el pa- sado cuando la realidad aconseja todo lo contrario. Esta ha sido una dc las piernas falsas sobre la que se ha levantado la geografía. El pasado contrastada desde el presente para descubrir las tendencias; el pasado ilu- minado desde lo actual para reconstruir como han funcionado las estruc- turas; tiene que ser lo procedente. La perspectiva inapropiada adoptada por la geografía es causa del estado en que se encuentra. Explicablc por
  13. 13. EL ENFOQUE GEOHÏSTORICO 41 haberse confinado en el ámbito puramente universitario, sustraída de la realidad que cambiaba. Los desequilibrios ecológicos que afectan al medio ambiente, como resultado de la actividad humana, ha puesto en evidencia dos hechos íun- damentales: la unidad de la sociedad y la naturaleza; y, el equilibrio crí- tico del sistema que ambas categorías constituyen. Esto significa que al no solventarse la situación que ahora se vive, terminaríamos con la desaparición de la especie. Ello aclara el carácter prioritario a considerar con los propósitos humanísticos sociales del sistema denunciado. Si el hombre contemporáneo no adquiere y asume una conducta eco- lógica positiva, el porvenir de la humanidad está en peligro. Se impone una interpretación social del saber ecológico que con su aplicación se tra- duzca en la formación de grupos humanos alertas de que su futuro re- posa en la intervención conveniente del entorno; que en las condiciones históricas actuales abarca todo el planeta. La interpretación social, o el deslinde del alcance social del saber ecológico plantea dos órdenes de premisas. Las sociohistóricas, vigentes y actuantes como saldo de la gestión antrópica, y las cognoscitixras. Las socíohistóricas obedecen a que la conducta de los hombres, tan- to con su trabajo como con el desenvolvimiento vital en su hábitat, muy en especial en la vertiente “artificial” del mismo, ha procreado cambios que ttascienden al marco del sistema históricamente constituido. La presencia de tales cambios generan una nueva imagen de la su- perficie terrestre La acumulación insensible de los mismos ha desembo- cado en la situación contemporánea. A través del desarrollo histórico de la humanidad constatamos ca- sos semejantes. Al ser resueltos favorablemente se ha entrado en un nuevo equilibrio sociohistórico que se ha traducido en una nueva adap- tación. Pero cuando esto no ha sido posible, civilizaciones enteras han dejado de existir. Reparemos en la cultura maya de nuestro continente americano; las sumerias del Cercano Oriente, entre otras. En Venezuela el vigor de nuestra civilización agraria andino-costera, así como e] estan- camiento de las colectividades aborígenes que permanecen en un ámbito calificable de “marginal”. Opuesto este último con los pobladores aborí- genes de Norteamérica quienes asimilaron “el caballo” y hubo que exter-
  14. 14. 42 ESTUDIOS, MONOGRAFIAS Y ENSAYOS minarlos a “sangre y fuego”, como bien se conoce, para desestructurarlos de su territorio. No cabe dudas que los que permanecen han solventado sus medios y modos de producción así como la incorporación de nuevos “modos de vi ” funcionales con la “realidad”. Aquellos que conservaron sus antiguos “usos y costumbres” y no desaparecieron, figuran entre los que emigraron a otros parajes. Alterna- tiva histórica esta última que aparece cancelada para nuestra época. No olvidar que todos los casos ofrecidos por la historia se han registrado en el seno de condiciones históricas diferentes a las del presente. La escala de los cambios del habitat de nuestro tiempo, reviste ca- rácter mundial. Esto conduce a elevar a primer plano, la regulación cons- ciente y planificada del funcionamiento del equilibrio sociohistórico So- ciedad-Naturaleza. Las premisas de orden cognoscitivo responden al nivel del desarro- llo operado por la ciencia así como la asimilación o participación mutua de sus ramas en el diagnóstico requerido; base de las soluciones deseadas. Asistirnos a la era de la aplicación del conocimiento científico sin apela- ciones; su base epistemológica viene a ser la interdisciplinariedad; su instrumento -por ahora- la teoría general de sistemas, el análisis sis- témico y el enfoque sistémico. En términos epistemológicos surge la necesidad de organizar los co- nocimientos por materia en el plano disciplinario y por problemas en el interdisciplinario. La integración conllevaría la elección de la disciplina que lideríce en la misma. El conocimiento logrado funciona como adver- tencia y nos coloca frente a la toma de decisiones que implica "una po- lítíca". La urbanización es el problema; ¿cómo alcanzar la intelección del fenómenoh tal es el ret_o- Lograrlo es la premisa a su solución. IV Para el comienzo del próximo milenio, más de la mitad de la po- blación mundial residirá en áreas urbanas. El censo de 1981 registra para Venezuela el 84,10 por ciento en el tipo. “En 1950 sólo las ciudades de Nueva York, Londres y Shangai tenian una cifra superior a los 10 millones de habitantes. Para el año 2000, habrá 22 de esas megalópolis,
  15. 15. EL ENFOQUE GEOHISTORICO 43 18 de ellas en los países del Tercer Níundo. La Ciudad de Arléxico será la mayor: se calcula que tendrá al final de este siglo 26,30 millones de lia- bitantes, más de la ¡voblación total que tiene actualmente Canadá en todo su territorio de más de nueve ¡nillrvnes de kilómetros cuadrados. Se uni- rán a la capital mexicana, aunque en menor escala, Sao Pablo con más de 20 millones; Setil (Corea del SUM. con 19,10 millones; Nueva York, que zipenas aumentaría su nivel actual de 14,3 millones; y Buenos Aires y Río de Janeiro bordeando los 12 y 13 millones respectivzimenteÏi Nueva York, en oposición a las del Tercer Mundo, objetiva las ten- dencias divergentes propias de sus espacios respectivos. En las megaló- polis de los países altamente industrializados se ha inscrito el rechazo hacia las mismas. Lo contrario en la de los ámbitos subdesarrollados. Las condiciones de vida en las megalópolis aplastan la criatura humana en niveles sin precedentes; experimentan un indeclinable deterioro. La ciu- dad de Nueva York padece una crisis fiscal crónica. Su centro, en otro tiempo habitado por familias de altos recursos, capaces de pagar fuertes impuestos, ahora es un “gl1eto": es el mismo proceso que sufren las gran- des ciudades. La seguridad crítica: el “strees" urbano es la nota pa- tológica asociada con la caída vertical en la calidad de vida. Pero los ci- tadinos al emigrar al campo se encuentran con la falta de empleos; su “género de vida" urbano no se compadece con una ocupación masiva que los pueda absorber. Un espacio calificado como "interurbano" ha aparecido. Está com- binado con las características reinantes en las nuevas empresas industria- les. “Cuando la mayoría de las empresas entre las dos guerras, y buena parte de las mismas en la década de los cincuenta, se caracterizaban por la importancia de su masa de trabajadores obreros. por el peso de las limitaciones impuestas por la localización, por la organización científica y racionalizada de las labores obreras a gran escala; cada vez más, en la actualidad, las empresas se alejan —en número considerable— de tales características. La fábrica de los años ochenta dista mucho de la que tí- pificaba a la de la década de los cuarenta. Jin primer término su contin- gente obrero ha cambiado; el peso de esta clase de mano de obra se ha reducido fuertemente en oposición al ascenso de los efectivos de “cuello blanco"; tales como ingenieros, técnicos. cuadros en general. Evolución que responde a la mecanización y robotización pero obedece específica- 2. “Lu Álitiad de la Población hlundíal vivirá en Zoms Urbanas en el 2010; en E! Universal, 13-05-86 (Naciones Unidas). p. l-2.
  16. 16. 44 ESTUDIOS, MoNomnAs Y ensayos mente a las modificacicones introducidas por la “tercera revolución indus- trial" en la naturaleza de las producciones. Las empresas afectadas con la explotación de la energía nuclear y similares, la informática, la de ar- mamentos, han destronado a las de los sectores de automotores propios del período comprendido entre las dos querras; así la siderúrgica como la industria automovilística por ejemplo” La I. B. M. viene a ser buena muestra. La región que abriga la ma- yor concentración de sus empleados es propiamente una región rural. La dinámica pone en crisis las categorías conceptuales. En términos ortodoxos se ofrecía siempre a la ciudad unida a su “banlieue”. Fundo naba como el espacio dedicado a las producciones que no soportan el transporte a larga distancia: horticultura, florieultura, ganadería lechera. El término es expresivo: alrededor del lugar o en el límite (ban; extra- muros) del sitio. Hoy en día este espacio suburbano por su función es- pecífica se ha desplazado a cantones del Tercer Mundo donde la tierra abunda y es barata: Africa, América Latina, Asia. La tecnología, entre otras las del frigorífico conjuntamente con la revolución en los transpor- tes rápidos con alta capacidad de carga, colocan al día estos productos “frescos”: flores, cítricos, bananas, productos lácteos. Las comidas pro- pias de la “estación” en la zona templada han cedido al nuevo “impul- so”; la diferencia está en el costo y los establecimientos que lo ofrecen a su clientela en cualquier momento del año. Nuevos umbrales, nuevas estimaciones a nivel del espacio geográfico. Hasta la década de los sesenta “los alrededores” de Caracas pro- porcionaban: legumbres, flores, leche y otros frutos. Con la expansión del espacio construido se desplazaron hacia Los Teques, San Pedro, San Antonio, etc. En la actualidad desde el extremo Este (La Urbina-Petete) hasta el extremo Oeste (Antímano-Los Teques y aledaños) las edifica- ciones para residir y producir se han impuesto; la floriculttira, la horti- cultura, y similares han migrado hacia el contacto del Centro Norte con Los Llanos. Nosotros hemos propuesto los siguientes pasos en el pro- ceso: Ocupación-Fijación, Expansión, y Cristalización. La cristalización objetiva la situación crítica; la del equilibrio inte- rrogado. Las antiguas zonas construidas son dcmolidas para ceder a la ,5 Dmanruwx, BERNARD: I. M. i; la Campagne: ¡‘evolution du dutches Coun- ty (Emi de New York; 1940-1984), en Annales de Géograpbie, Mai-juin, 1985. N“ 323, pp. 270-297.
  17. 17. El. ENFOQUE cnomsromco 45 densificación. Sin embar o se mantiene el mismo lan vial con sus reto- 8 ques, las mismas empresas de servicios públicos, el mismo descontrol en la zonificación sus es ecificidades; con la situación caótica ue se Y padece. Para 1967, en Strasbourg, el coloquio sobre regionalización y de- sarrollo se enfrentó a esta nueva problemática. La ciudad se delineó como una región económica en sí o como la metrópoli (centro) de un territorio más extenso considerado como una región también económica; la ciudad aislada fue suplantada por el “sistema de ciudades". La ciudad no puede escapar a su necesidad de importadora de materias primas como de otras mercancías que no puede producir en su propio terreno, por lo general reducido. Esta calidad de importador obliga a la de exportador; la exportación puede corresponderse bien con la producción o bien con los servicios; la ciudad se define como centro dispensador de bienes y servicios. Su oposición el “Campo” se individua- lizaría por el peso de los elementos naturales; su actividad económica ——por lo general— se desenvuelve a cielo abierto. Esto conduce a que se establezca la ciudad como el espacio organizado para residencia, tra- bajo y reposo cuotidiano de sus moradores; equipado con sus propias intalaciones infraestructurales claramente diferenciadas. Esta definición responde a la oposición Ciudad-Campo. ‘ Pero la individualización entre los espacios urbanosy rurales, en la actualidad, no es tan marcada. La ciudad se expande más allá de sus límites tradicionales y hasta ha alterado su antigua zona de influencia; se asiste a un fenómeno de “urbanización” del campo- Este experimenta una especialización que destierra su autonomía tradicional y lo convierte en “mercado” incluso de mercancías que antes generaba, o de productos industriales que actúan como sucedáneos de los mismos. Se inscriben los circuitos y la retroalimentación en un Sistema Ciudad-Campo. La relación campo-ciudad, ciudad-campo de nuestros días se ha complicado; una nueva red coexixste con la tradicional; hablamos de “paisajes imbricados” y más recientemente de sistemas. El lenguaje geo gráfico no reaccionó a tiempo frente a los cambios y la necesidad de explicación de la dinámica no espera; así surge la “Teoría” de esta nueva ciencia social: el Urbanismo. 4. Centre National de la Recherche Scientifique Régionaiisation et Développement (Strasbourg, 26-30, juin, 1967), Paris, 1968.
  18. 18. 46 nsrunros, MONOGRAFIAS r ENSAYOS Para 1964, en el coloquio sobre “El Problema de las Capitales ‘en América Latina” organizado por el Instituto de Estudios Hispanos, Hispano-Americanos y Luso-Brasileños de la Universidad de Toulouse (Francia) y realizado en la misma, el participante Michel Rochcfort subs- cribió la insistencia conque el profesor Pierre Monbeíg se refería a la debilidad y casi incapacidad por parte de nuestros centros capitales dc mantener y animar una red urbana densa. Señaló que se trataba de “algo muy significativo y valdría la pena interrogarse por qué, esas ca- pitales en general, excepto Sao Pablo. no acusan una red de tal natura- leza. Se impone encontrar la causa en la diferencia de pesos económico y urbano que tales ciudades capitales representan con relación a su hinterland si se las compara con las capitales y grandes ciudades de Europa Occidental. ¿Sobre qué podria apoyarse una capital, aparte de sus funciones políticas y administrativas. para animar una red urbana? Puede hacerlo preferentemente sobre los altos servicios como la banca, comercio especializado, medicina de aim calificación, dotación cultural, etc. Ahora bien, los utilizadorcs dc esos servicios de alto nivel son los responsables de las actividades lilclustríales y las personas ricas. ¿Dónde se encuentran en América Latina? Esencialmente en las capitales, lo que equivale a aceptar que la ciudad vive de si misma; esos servicios son para quienes residen en la propia ciudad y en consecuencia se produce una carencia dc elementos valederos que puedan utilizar esos servicios en el resto de la región. El hinterland sin peso, la capital no dispone de una zona de influencia aceptable; de donde deriva que no pueda surgir una red urbana densa, es decir centros “relais" en el seno de la zona de influencia”? Lo que equivaldría a admitir que la mayoria de nuestras ciudades no integran propiamente un "sistema urbano". La vertiente humana de la Geografia ha sido invadida como en el caso de la “natural” por nuevas disciplinas. Las oficinas de planeamiento urbano son instituciones obligadas en casi todos los estados avanzados como en determinadas áreas de algunos ámbitos subdesarrollados. El urbanista es un cuadro altamente calificado, especie de arquitecto armado de planificador. Estos organismos, en Caracas existe la OMPU, insospe- chables para fines del siglo xxx, hoy registran a diario las tensiones pro- pias de los conflictos de intereses que suscitan por la utilización de los espacios citadinos concretos o potenciales PTCVÍSÍOS en las zonificaciones. w S. “Le Problcme des capitales en Amériquc Latine". en Caravelle. .’" ), 1964. Cahiers du Monde Híspnniqnc. Université de Toulouse.
  19. 19. EL ENFOQUE GEOHISTORICO 47 V La superficie terrestre es el dominio específico de la residencia del Hombre. La misma implica una evolución que en su fase más reciente coincide con los cambios climáticos del cuaternario y su estabilización respectiva. El acontecimiento más radical que registra ese momento, es la presencia del Hombre. La humanidad en su desarrollo ofrece estadios donde predominan las determinantes naturales y en los períodos más avanzados situaciones con peso excluyente de las determinantes socio- históricas. La época Contemporánea es la punta máxima de esta evolu- ción con el imperio de la tecnología sustitutiva no sólo del trabajo me- cánico sino incluso del mismo trabajo intelectual Estas revoluciones han tenido como escenario la ciudad. Sólo en ellas, por las economías de escala que le son específicas, se han hecho posibles tales progresos. Pero la consecusión de los mismos se ha traducido en alarmantes alteraciones no sólo en cuanto a la contaminación ambiental y sus efectos, sino en lo atinente a la inoperancia del hábitat (espacio geográfico) que nues- tra civilización ha estructurado, Ciudad y ciencia son dos hechos insepa- rables. Para nosotros esta línea cambiante ajustada al binomio reproduce el proceso que se inscribe en el espacio terrestre, derivado de la división geográfica del trabajo que se recoge desde la estructura inicial aldeana hasta las redes urbanas complejas de nuestros días. Sin embargo la distorsión operada en la misma es relativamente rc- ciente; tan reciente que la podemos calificar de contemporánea. Está unida al aumento violento en la productividad del trabajo por la sustitu- ción de la estructura artesanal por la industrial; al desplazamiento de la herramienta por la máquina y sucedáneos; por el dominio casi exclu- yente del trabajo acumulado, muerto, a expensas del trabajo vivo. Rea- lidad complejísima que cabalga sobre el combinado industrialización-ur- banización. Ruptura de la escala humana. El fenómeno al asumir una dinámica inusitada hipertrofió sus so- portes tanto físicos como humanos. Hoy es el drama de la sociedad y de la ciencia. Corregir sus males, reorientar sus ritmos, en una palabra hu- manizarla, es la preocupación central de los urbanistas, planificadores, políticos, expertos en diseños, empresarios, y de todos los estamentos dirigentes de la sociedad. Ante la magnitud de los desequilibrios se ha le- vantado un criterio: ecologizar la urbanización.
  20. 20. 48 asrumos, MONOGRAFIAS y ensayos VI Gastón Bardet plantea como problema central, el del divorcio entre “ser y forma” urbanas. Asienta que hasta el Renacimiento asistimos a “un vivo sentimiento de biología perfecta, de armoniosa corresponden- cia entre la forma: suma de esfuerzos convergcntes hacia un mismo fin y la comunidad urbana en sí misma". " V Se impone el predominio de la recta. El trazado tiende a resumirse en una simple expresión esquemática, sólo perceptible a nivel del plano, en el papel. Se ha ganado un método de organización de las grandes ciudades, caracterizadas por la amplitud de las concepciones, las visiones de con- junto, pero “la forma se separa poco a poco de la vida urbana”. Es así como “el arte clásico pierde su apogeo y no se conserva sino por es- casos momentos y en limitadas composiciones. Renuncia a su came, luego a . su ritmo para no ser sino un esquema cómodo y racional de distribu- ción de terrenos, un nuevo trazado de colonización”.7 Es una modalidad de la deshumanízación del arte denunciada por Ortega y Gasset- Lo esquemátíco ejerce su dominación. “La ciudad no es más que simple ensamblaje de tuberías, distribuidores de automóviles ( ruidosos y apermasados). Es el divorcio de la forma y el ser, es la caída irrefrenable de la espiritualidad, del arte, después de la etapa renacentis- ta. Ahora bien, el arte urbano se fuga de los artistas, escapa a ellos con el advenimiento de la masificación, la revolución industrial y el fenóme- no de la urbanización que rebasan las estructuras de las aglomeraciones. Las que se encuentran totalmente desprovistas de cánones. Los proble- mas sociales así planteados conducen a transformar el arte urbano en una ciencia social: el urbanismo; y un arte urbano nuevo no podrá renacer sólo cuando esta ciencia baya reencontrado las estructuras fundamentales de las agrupaciones humanas“ Jacqueline Beaujeu-Garnier en uno de sus últimos libros’ se enfrenta a la complejidad que ahora reviste el fenómeno urbano. “¿Qué vamos a Banner, GASTONS op. cin, p. 11. Ibídem, p. 13. Ibídem, p. 15. BEAUJEU-GARNIER, JACQUELINE: Géagrapbie Urbaíue. París, 1980. Libraíxie Armand Colin. Dml@
  21. 21. m. ENFOQUE csoursromco 49 entender por una ciudad en términos generales? Su definición es perma- nente o, como lo piensan algunos, está ligada a determinadas caracterís- ticas de la sociedad? Para los primeros la respuesta parecía no oponer problemas hasta la gran explosión del siglo xxx, pero la revolución in- dustrial introdujo un vuelco total”. '° Esto la conduce a plantear que la ciudad como un elemento media- dor (intermediario) se aleja sensiblemente de la caracterología tradicio- nal. “El acento no puede limitarse únicamente al aspecto concreto del paisaje urbano y al uso del terreno, ni en la descripción de los aspectos demográficos y sus actividades económicas, así como en la determinación de los niveles y géneros de vida ( . . . ) sino esencialmente en las combi- naciones de estas diferentes características, sobre el compleja global de su: interrelaciones. . . . La búsqueda de estas combinaciones promueve inmediatamente la necesidad de recurrir a métodos específicos desde las observaciones tradicionales de la realidad. Estamos emplazados a conce- bir no sólo desde las características yuxtapuestas o aún enlazadas de ma- nera lineal (el emplazamiento de una fábrica y el crecimiento del empleo obrero. . . ) sino a enfocar la aproximación en tres niveles: la estructura estática, las relaciones funcionales y el proceso dinámico (Berry, lac. cit. 1968, ‘Beaujeju-Garnier, 1971). El conjunto constituye el esquema acce- sible por el análisis, sobre el cual numerosos autores coinciden para defi- nirlo como un ‘sistema’ ”. “ Acá estamos; enfrentamos una encrucijada. VII Podría avanzarse que, a la luz de lo que se vive, la alternativa indis- cutible, para la Geografía, estaría en la Geohistoria. Acá se reencontraría con su génesis. Ella se sistematizó a fines del pasado siglo para responder a necesidades de carácter histórico; accede- ríamos a un regreso enriquecido con todo el caudal de experiencia acu- mulada y asistida por la consolidación del pensamiento cientifico occi- dental. —. .¿. :.. 10. Ibídem, p. 15. 11. Ibidem, p. 25.

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