Ortografia emmental

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Trabajo de la asignatura de Lengua I de un estudiante de Aulas de la Experiencia del Campus de Gipuzkoa (Universidad del País Vasco) sobre vivencias y curiosidades de la ortografía de la lengua española

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Ortografia emmental

  1. 1. Ortografía Emmental Uno En algún curso de bachillerato, a finales de los 60, nos pusieron de maría una asignatura que venía a ser “repaso de lengua”. La daba un cura encapotado que llegaba a clase en olor de multitudes, con los alumnos esperándole a la puerta para aclamarle y jalear frases de alabanza. En las sesiones de repaso repetía y tripitía siempre los mismos ejemplos, las mismas frases modelo. “Oración concesiva. Aunque la mona …” El ambiente de clase era participativo a tope, así que los alumnos, en cuanto oíamos aquello de la mona montábamos un follón mayúsculo coreando como energúmenos “se vista de seda, mona se queda”. Luego con aplausos y vítores le hacíamos ver que habíamos acertado, golpeábamos los pupitres con los puños y brincábamos de alegría sobre los asientos. Eran, sin duda, clases de gramática viva. Cuando la bulla se apaciguaba, le decíamos a aquel catedrático ensotanado que con él aprendíamos más que con otros, que era un santo y que nos bendijera. Y vuelta a empezar. A veces las frases lanzadera tardaban en llegar y éramos los de letras los que dinamizábamos la sesión con un sinfín de preguntas trampa. Un día nos salió el tiro por la culata. Ocurrió mientras corregíamos un dictado en que aparecían “cabos de pies cavos” y gansadas así. El cura, investido de todas la ciencias gramaticales, vagaba por el aula pavoneándose de saber diferenciar entre “vaca” que da leche y “baca” de autobús. Pero cometió un desliz. “No es lo mismo baca con be, que vaca con uve. Tengan mucho cuidado, las dos (?)acas son distintas según se escriba”. Los alumnos que estábamos en el turno de incordio no podíamos dejar escapar una ocasión de oro. “Yo no sé escribir eso”, dijo alguien. “¿Las dos (?)acas esas, dichas a la vez, con qué se escribe, con be o con uve? Nos fulminó con la mirada y luego nos habló de la imposibildad de referirnos a las dos vacas a la vez. Pero el alumno erre que erre: “Claro, es que usted dice Las dos (?)acas no existe porque no puede existir. Es un ser imposible y no se puede decir. Pero lo dice. Lo hemos oído todos”. Terciaron otros: “¿Qué no se puede decir? ¡Si estáis venga decirlo! Será que no se puede escribir”. “¿Y qué pasa con lo de los dos (?)arones? ¿Se puede decir, se puede escribir o no?”. El enviado de Dios al aula ya no pudo atajarlo, entró en estado de pánico y tuvo que recurrir a la intercesión de santos y al sistema de castigos. Fue el día de la ira del señor. El día en que alguno de letras acarició con su mejilla una mano de santo.
  2. 2. Dos Esta anécdota, para eso la he contado, deja a las claras que existen dos problemas. Por un lado que hay frases en castellano que no se pueden escribir aplicando las reglas de ortografía, por el otro que hay un montón de ciudadanos que se niegan a ver el problema. Los expertos en resolver problemas sociales suelen decir que un conflicto cualquiera pasa por una serie de fases: primero se niega que exista el problema; cuando ya no se puede ocultar su existencia, se le quita valor; cuando esto parece insuficiente se buscan alternativas para edulcorarlo; luego viene la etapa en que se reconoce el problema pero no se hace nada para afrontarlo; en el mejor de los casos, es la última fase, acaba por encontrarse una solución. Pues bien, estas fases se suceden también en asuntos de ortografía. No es difícil encontrar entre nosotros hablantes que se comportan igual que el cura de las bacas, vacas, barones y varones. Esos ciudadanos defienden tan ciegamente el idioma que rechazan de plano la idea de que la ortografía pueda fallar. Controlan las normas y se sienten seguros cuando las aplican. Esas reglas son su amuleto cultural. Además, están tan convencidos de las bondades del idioma que lo consideran superior a otros, y es que “aquí se escribe como se pronuncia”, una ventaja que nadie va a discutir. En consecuencia, piensan que toda expresión se puede poner por escrito en castellano y que si algo no se puede escribir lo es porque previamente no se puede decir. No les es concebible que algo se pudiera pronunciar y no se pudiera escribir, ya que, si así fuera, habría que reconocer un fallo en el idioma, un agujero en su gramática, y el orgullo nacional, mustio siempre, no está para nuevas alicaídas. Las bacas, vacas, barones y varones no son un problema fonético. Son un conflicto creado por la propia norma ortográfica al establecer dos grafías para el mismo sonido. Si desapareciese de la escritura una cualquiera de estas dos grafías, el problema dejaría de existir, lo que, dicho sea de paso, supondría un ahorro neuronal notable para cada ciudadano y un ahorro de cientos de horas de enseñanza en colegios, institutos y universidades. Entonces, ¿por qué se mantiene el doblete de be y uve? Pues por pura inercia etimológica, no hay que buscar otra razón. Y es que quienes han hecho de la lengua su medio de vida - escritores, lingüistas, docentes – ven el pedigrí de una palabra en su etimología. La baca de coche, se piensa, debe conservar la be que tiene en francés bache, mientras que la vaca de establo debe llevar uve porque ya pacía en los textos latinos con el nombre de vacca. Hoy, cuando la alfabetización es universal y no se realiza mamando los clásicos griegos y latinos, la situación se vuelve penosa para el ciudadano de a pie, el cual, ajeno a las sofisticaciones etimológicas, no tiene más remedio que aprenderse las reglas. “Se escriben con be todas las palabras que empiezan por bi-, bis-, biz- …” Lo malo es que hay tantas retahílas como para marear al más pintado. Que el ciudadano no las asimila, pues que sea toda su vida carne de burla y escarnio, que se rían de él, que ya aprenderá con los años. Otro gallo nos cantaría si quitásemos una de las dos grafías. En eusquera, por ejemplo, no hay uve. Todas las palabras, esto es, las neolíticas, las traídas del latín, del occitano o del castellano, las advenedizas o las de ultima hornada se escriben automáticamente con be sin coste neuronal alguno. ¿Acaso se resiente el idioma por ello? ¿Pierde expresividad? ¿Riqueza? ¿Capacidad de comunicar? Y ya en castellano, ¿por qué motivo no puede el vocablo baca significar el techo de una diligencia u otro vehículo (francés, bâche), el fruto del laurel (latín, bacca) o la hembra del toro (latín, vacca), dejando que la situación comunicativa
  3. 3. decida el significado? ¿Es baca una palabra tan distinta de bota, la cual puede significar calzado, recipiente para vino, clase de cuba o medida para líquidos? Me lo expliquen, porfa. Cuando las etimologías se convierten en una atadura hay que orillarlas y optar por la simplificación, hay que soltar el lastre y no andar con remiendos del tipo “sólo hay tres excepciones, no es tan difícil” (frase de fase 2); “pues no pongas voladizo, pon cornisa” (frase de fase 3); “Dentro de unos años será distinto pero mientras no cambien la norma” (frase de fase 4). De todos modos, eliminar una de las dos grafías es una opción, no la opción obligatoria. También se puede modificar uno de los sonidos para que contraste con el otro. De hecho, esta solución ya se ha intentado en alguna ocasión, aunque, todo hay que decirlo, de modo tibio. Hace ya tres siglos la RAE quiso convertir la uve en una especie de efe, pero el asunto no cuajó. Y tampoco cuajó, a finales del siglo XIX, cuando un grupo de profesores retomó la idea y quiso aplicarla en las escuelas utilizando dictados en los que se exageraba tanto la pronunciación como el movimiento de labios. De este modo, sin aprender reglas nemotécnicas, el alumno tendría que hacerse con el sonido nuevo o, en último término, mirar los labios del enseñante. La idea no tuvo la acogida que se esperaba y murió de muerte dulce. Al parecer, uno de los alumnos afectados por esta mini reforma fue el catedrático y alcalde de Madrid Tierno Galván, único hablante peninsular que todavía en 1986 pronunciaba los dos sonidos diferenciados. Y remato este apartado con una cita de García Márquez, escritor de rotundas frases de fase 5. “Jubilemos la ortografía, terror del ser humano desde la cuna, enterremos las haches rupestres, firmemos un tratado de límites entre la ge y jota, y pongamos más uso de razón en los acentos escritos, que al fin y al cabo nadie ha de leer lagrima donde diga lágrima ni confundirá revólver con revolver. ¿Y qué de nuestra be de burro y nuestra ve de vaca, que los abuelos españoles nos trajeron como si fueran dos y siempre sobra una?”
  4. 4. Tres “Mira Juan, tú salme a mí con una de esas y ya no te hablo”. Con esta frase le hago ver a Juan que debe tener con cuidado conmigo. Si el afectado fuera otro, le diría “Mira Juan, salle a él con una de esas y ya no te habla”, frase que evidentemente no se puede escribir con las normas actuales. Pues bien, salle es la única expresión que la RAE reconoce como imposible de escribir. Esta perla fue descubierta en 2010 por un aficionado al fútbol que lo contó así en su página web: “Cuando ese maldito delantero me fintó a una velocidad endiablada y vi a Casillas durmiendo, quise gritarle que espabilara y le saliera al encuentro. Pensé en pronunciar /ko.xó.nes/ y luego /des.pjér.ta/ y luego /í.ker/ y luego /sál.le/, pero de repente me asaltó una duda, una duda impostergable: ¿y si en vez de gritar la palabra /sál.le/ quisiese escribirla? Sin poder respirar, en un arrobamiento divino, me vino la respuesta: ¡es imposible escribir eso en español! Y ahí ya me dio el telele.» El comentario levantó un pequeño revuelo en la red y cientos de internautas se lanzaron a opinar. El tema rebotó de página a página y acabó mereciendo la atención de un periódico de renombre internacional. Hubo opiniones para todos los gustos pero sólo una minoría vio la naturaleza del problema: aquel grito no se podía escribir. Se dieron opiniones variopintas, unas negando la evidencia y las más proponiendo parcheos o remiendos dignos. Hubo quien consultó a la RAE y forzó que se pronunciase. Y la RAE lo hizo en estos términos: “En relación con su consulta, le remitimos la siguiente información: La interpretación forzosa como dígrafo de la secuencia gráfica ll en español hace imposible representar por escrito la palabra resultante de añadir el pronombre átono le a la forma verbal sal (imperativo no voseante de segunda persona de singular del verbo salir), oralmente posible si, por ejemplo, ordenáramos a alguien salir al paso o al encuentro de otra persona aludida con el pronombre le: [sál.le al páso], [sál.le al enkuéntro]. Puesto que los pronombres átonos pospuestos al verbo han de escribirse soldados a este, sal + le daría por escrito salle, cuya lectura sería forzosamente [sá.lle], y no [sal.le]”. Es evidente que este pronunciamiento sentencia el tema. Y lo sentencia, además, en sentido literal, ya que para responder a una simple consulta de un internauta la RAE emplea unas frases retorcidas propias de extractos procesales. Pero en fin, lo que nos interesa es el contenido de la sentencia, que iremos desgranando poco a poco. Aquella parte del lomo, eso pal listillo de tu primo, muy mal lavado, son frases en las que coinciden dos eles seguidas, cada una en una sílaba diferente, lo que vamos a llamar ele geminada. En cambio es un canalla, dame la llave, la tapa de la olla, suenan distinto a lo anterior; a ese sonido lo vamos a llamar elle. Pues bien, en latín no existía elle, pero había cientos de palabras con ele geminada. El sonido arraigó, lógicamente, en la península pero con el tiempo se simplificó hasta convertirse en el sonido propio de la ele sencilla. Consecuencia: la ele geminada desapareció de la escritura y quedó libre para otros usos. Cuando apareció el sonido actual de elle, se recurrió al dígrafo ll. Ahora, por la aparición de nuevas palabras, la influencia de idiomas extranjeros y la evolución de la escritura digital, se produce una situación de colapso al querer escribir expresiones tipo salle. Salle es por fuerza un dígrafo, sentencia la RAE. Es decir, un sonido único representado por dos letras, situación que en castellano afecta a ch, ll, rr, gu, y qu. Es evidente que una reforma ortográfica realizada en el sentido que quiere
  5. 5. García Márquez los quitaba de en medio en los primeros asaltos. Por ejemplo, si le ge sonara siempre suave y la jota siempre fuerte, sobraría el dígrafo gu y los problemas que crea. Pues bien, si algún día, el dígrafo ll se escribiera, por ejemplo, ł, no había conflicto entre sałe y salle, y esta última tendría derecho a la vida en papel. La Academia nos recuerda que sal es el imperativo no voseante de segunda persona del singular del verbo salir. Vamos a ver qué quiere decir esto. Vosear es tratar de vos a familiares, personas de confianza o compañeros de trabajo. Vosear es usar frases del tipo Decime que el carro te gusta en vez de Dime que el carro te gusta. Esta forma de tratar a la gente cuajó a partir del siglo XV en casi todos los territorios de Europa, salvo Inglaterra, un país en que hoy todas las personas son tratadas de tú, incluida la reina. Este modo de hablar elevaba el estatus social de la gente, nadie lo niega, pero destrozaba idiomas, como ocurrió con el francés y el vasco, que aún se resienten de ello. En España arraigó el tiempo suficiente para que pizarros y hernán corteses pudieran llevarlo a América y hacerlo cuajar allí de verdad; en cambio aquí no arraigó del todo, al fin y al cabo en estas tierras se reza de tú a dios, virgen y santos. El problema de salle nace del voseo. Un aficionado chileno o argentino grita con normalidad el imperativo voseante: ¡Salíle, salíle! Pero esta expresión no vale en nuestro entorno, donde sólo podemos usar sal o salid. Y no me imagino yo a un hincha furioso gritando al guardameta ¡Salidle, salidle! Sonaría más raro que escuchar en el ascensor Para, que yo voy al piso décimo séptimo, que es lo que había que decir. Así que sólo nos queda sal, un imperativo que da poco juego y que es de un verbo rarillo que termina en lir. Si miramos otros verbos que están en la misma situación nos encontraremos con sobresalir, abolir, pulir y pocos más. Pero no nos aportan nada; sobresalir nos lleva inmediatamente a sobresalle; abolir no vale para dar órdenes y además ya es conflictivo de por sí (¿yo abuelo o abolo?). El imperativo de pulir podría valer; si se dice pule y púlele, por analogía habría que decir sale y sálele. Ahora bien, me temo que si gritamos ¡Sálele, sálele! es probable que alguien se lance a buscar el salero. En Andalucía salle tiene sustituto. La pronunciación a la andaluza del verbo salir, como en Sar a la caye pa verlo, elimina el problema. Al parecer los hinchas andaluces no le hacen ascos a gritar ¡Sarle, sarle! Y puestos a pensar arreglos creativos, también podríamos usar sad, imperativo del verbo salir que utiliza Calderón de la Barca en la obra Fieras Afemina Amor, donde dice: “... y pues al encuentro quiere / salirte: sadle al encuentro ...” Que sea un error de imprenta o un capricho de estilo no debería preocuparnos si con ello nos saca del entuerto. También podemos intentar otro tipo de soluciones, que no afecten al decir, sino al grafismo. Por ejemplo, intercalar puntos altos. Esta es la solución adoptada para el catalán en 1913 y su objetivo es que se pueda distinguir en la lectura el sonido único de “ll” del sonido de dos eles consecutivas, cada una de ellas en diferente sílaba. La solución propuesta se conoce con el nombre de ele geminada y consiste en intercalar un punto alto entre ambas letras, como en aquarel·la, intel·ligent, col-lectiu, col·loqui. Hay pegas, claro. La primera de ellas es que el punto alto puede confundirse con el punto normal; la segunda es que a final de línea ha de sustituirse por un guión. ¿Ventajas? Que ese signo es muy accesible en los teclados de ordenador, justo en la tecla 3. Por cierto, el PP de la comunidad valenciana, para marcar su coto de caza, ha eliminado la ele geminada, no sea que el valenciano se considere apéndice del
  6. 6. catalán. Por supuesto, al tomar esta decisión lo que menos ha pesado ha sido la gramática y la coherencia ortográfica. En nuestro caso, la solución catalana nos haría escribir sin mayores problemas sal·le. Y ya puestos a eliminar escollos de lectura, podríamos aplicar la regla en otras situaciones conflictivas como sub·lunar, sub·rayar, ab·rogar, post·romántico, o hiper·realismo. Pero se ve claro que esta medida parchea un problema y crea otro, pues ¿cómo deberíamos escribir estos vocablos?: ¿sub·rayar o sub·rrayar?, ¿post·romántico o post-rromántico?, ¿hiper·realismo o hiper·rrealismo? Además, ¿qué pasaría con otras consonantes geminadas? ¿Escribiríamos Pon·nos dos cervezas, Dejen·nos en paz, Me voy en el trans·siberiano, Yo en un trans.atlántico? Vayamos a una solución a la gallega. En esa comunidad usan el guión para separar el verbo y el pronombre. Dicen así: ve-lo, fa-las, chamo-me Pedro, que equivalen a velo, hazlas, me llamo Pedro. De hacer esto, diríamos ¡Sal-le, sal-le! El guión, ya sobrecargado de funciones, tendría una más pero el costo sería asumible. También podríamos intentar una solución a la francesa: ¡Sal´le, sal´le!, o usar el guión bajo: ¡Sal_le, sal_le!, o meter una “h” de separación como en ahíto, alcohol, búho, tahona. En ese caso diríamos ¡Salhle, salhe!, que podría parecer un himno brahmánico pero lo prometo, sólo la primera semana de uso. También podríamos intentar una solución óptica, algo que se cuele por el ojo y no chirríe demasiado en la conciencia del ciudadano necesitado de muchas normas. Recuerdo que hace años salió al mercado una revista de nombre sosito, los diseñadores, buscando el impacto visual, partieron el logotipo en dos trozos: el trozo “tele” y el trozo “radio”. Ambos trozos bien pegaditos, con inicial mayúscula y distinto color en cada tramo formaban la palabra “TeleRadio”. Nadie leía lo que realmente ponía. No se sabe cómo, el ojo añadía automáticamente una segunda “r” que no estaba escrita. Hoy un vistazo por el Google me acaba de ofrecer esto: Teleradio ventas, Teleradio Electrodomésticos, Teleradio América Canal 45, Teleradio Donoso, Teleradio 1350Am, Teleradio América en vivo, Teleradio Agropecuario, y tantos más. O sea, que estamos leyendo lo que nos va bien y no lo que pone. Pues bien, una solución óptica bien diseñada (distinto color, distinto tamaño, distinta letra, superíndices, subíndices, versalitas, tachados) podría hacernos leer correctamente salle. Pero, claro, no es una solución para la escritura diaria. En plan medida extrema aún cabe otra maniobra: cambiar el tiempo verbal y usar el infinitivo para dar una orden, algo que se hace de continuo a pie de calle pero que figura como pecado mortal en la tabla de mandamientos de la RAE. En ese caso al guardameta le gritaríamos ¡Salirle, salirle! Sin embargo, no termina de encajar del todo. Como dice el refrán, mejor será no meneallo. Y por cierto, ¿esto último cómo se pronuncia? ¿Menea·llo o meneal·lo? Los libros de poesía antigua lo muestran muy claro: tenello rima con ello, descomponello con cuello, ponello con cabello, por lo que puede decirse que la “r” se fuga de su sílaba y se mete en otra que no es suya. Lo malo es cuando el pueblo llano funciona al revés. En Murchante te pueden meter a una bodeguilla con el sonsonete “Pasal, pasal, que ya os darán de bebel! Y yo me pregunto si eso que oímos en la Ribera, ¡Agarrallo, pegalle, dalle una paliza!, tiene derecho a transcripción escrita o no. Es decir, si nuestro sistema ortográfico es consistente o más bien es una gran bola de queso repleta de agujeros que no llega a cerrar su carne.
  7. 7. ¡Ah, casi se me olvidaba! Hay una solución tan fácil que sólo el niño que empieza en la escuela, el niño aún no contaminado, puede verlo: escribir cada palabra separada de las demás. ¡Jopé, poniendo se lo como se lo ponen! Así que los hinchas a gritar sin parar hasta que reviente la carótida: ¡Sal le, sal le! Angel U.

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